Memorias del Simposio CIRE 2026
¿A DÓNDE nos moviliza EL DESEO?
Resumen Como equipo del CIRE quisimos centrar la reflexión del simposio 2026 en la exploración del deseo en la espiritualidad ignaciana. Consideramos el deseo como un dinamismo humano y espiritual que, lejos de ser un simple impulso o aspiración individual, constituye un lugar de revelación que debe orientarse al discernimiento. Bajo la pregunta articuladora “¿A dónde nos moviliza el deseo?”, el encuentro integró la espiritualidad ignaciana con las juventudes y los llamados de Dios en medio de la realidad social de Colombia. Algunas conclusiones relevantes del espacio de reflexión están orientadas hacia la consideración de que el deseo requiere ser escuchado, discernido y ordenado para transformarse en mayor servicio al Reino de Dios y sus valores. Se destacó la importancia de habitar una suerte de “metamorfosis” espiritual -ilustrada a través de la vida de San Ignacio en su Autobiografía-, en la que la experiencia de la fragilidad, la amistad, el dolor y el fracaso fueron espacios de transformación vital y se convierten en una suerte de “mapa” interior para todos.
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Metodológicamente, nuestro simposio validó que el discernimiento no es un ejercicio puramente intelectual, sino integral, que involucra el cuerpo, la afectividad y la escucha de la realidad de los territorios. En este escrito profundizaremos sobre las conclusiones y principales aprendizajes durante nuestro Simposio CIRE 2026.
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“PEDIR CONOCIMIENTO INTERNO DE TANTO BIEN RECIBIDO, PARA QUE YO, ENTERAMENTE RECONOCIENDO, PUEDA EN TODO AMAR Y SERVIR A SU DIVINA MAJESTAD”. EE 233
1. El Deseo y su horizonte espiritual El deseo es, por así decir, punto de partida de la experiencia espiritual ignaciana. Al comienzo de la Autobiografía esto es evidente: Íñigo es el hombre de muchos deseos y, al escuchar y confrontar estos deseos, puede reconocer también allí la voz de Dios que lo llama a cosas nuevas. Al estar en su centro, la espiritualidad ignaciana, a diferencia de otras tradiciones espirituales, no busca anular los deseos sino su reconocimiento y reconducción: hay que evidenciar su procedencia y hacia dónde conducen a la persona. En este sentido hablamos de la espiritualidad de Ignacio como una mistagogía de los deseos. Algunos puntos centrales de esta reflexión colectiva fueron:
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El deseo es una puerta por la cual la libertad entra en relación con Dios, con los demás y la casa común. Se hizo distinción entre deseos hondos e impulsos fugaces, intuiciones de Dios y formas sutiles del ego.
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Tomando como base la vida de Ignacio de Loyola, observamos cómo sus deseos iniciales de vano honor y gloria mundana no fueron eliminados sino reorientados hacia la “mayor gloria de Dios”. Hay un proceso en Ignacio que comienza por su herida en Pamplona y esta herida y el tiempo de su sanación marca un hito fundante en su vida. Este hito interrumpió su proyecto personal para abrir un espacio de escucha más profunda de sí mismo y de la voluntad de Dios a través del nacimiento en su vida de un ideal de servicio pobre inspirado en la Vita Christi.
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La pregunta clave del discernimiento que hace posible la espiritualidad de Ignacio (elemento ya presente en su tiempo de conversión) consiste en si lo que se desea hace a la persona más libre para amar y servir o si la encierra en su propio amor, querer e interés.
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2. Metodología del simposio En cuanto a la metodología, el “modo de proceder” del simposio constituyó en sí mismo parte del mensaje. La dinámica alternó momentos de silencio, palabra, interioridad, celebración y análisis de la realidad social. A través de “Cartografías” y “LabORATORIOS” (jugando un poco entre las palabras “oratorio” y “laboratorios” como espacios de creatividad) se implementó una secuencia pedagógica que facilitó la aproximación al tema mediante distintos niveles de conocimiento y experiencia. En concreto, el proceso se desarrolló a través de cuatro momentos inspirados en la Contemplación para Alcanzar Amor (EE: 233): “pedir lo que quiero: será aquí pedir conocimiento interno de tanto bien recibido, para que yo enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad”. Esta propuesta siguió estos niveles:
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Pedir conocimiento interno: el simposio comenzó asumiendo el desafío de comenzar por la experiencia personal y comunitaria. El mirar la realidad y los territorios heridos sin negarlos y reconocer en ellos llamados, invitaciones, movimientos y deseos.
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Reconocimiento del bien recibido: el objetivo fue releer la historia personal como una metamorfosis personal y comunitaria (especialmente desde la Autobiografía de Ignacio).
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Enteramente reconociendo: en este momento identificamos el momento en el que el deseo debe convertirse en elección de vida o reforma y requiere perseverancia. Las historias de vida de muchas personas nos ayudaron a identificar ese “flechazo” con el que Dios pudo valerse para encarnar opciones de vida compasivas, solidarias y bondadosas.
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Para en todo amar y servir: la elección o lo que decidimos con nuestros deseos demanda un proceso que vincula la oración, el discernimiento y la confirmación. Es decir, ordenar los deseos y verificar su autenticidad mediante la fecundidad y la opción por los débiles.
Testimonios “La experiencia del Simposio me ha parecido muy fructífera porque me ha permitido reconocer los movimientos de mi corazón y los deseos hacia donde me quiero mover. En ese sentido, me llevo el aprendizaje de descubrir que el amor que verdaderamente siento viene de Dios y que lo que está moviendo mi vida es realmente su voluntad, que habla a mi corazón”. Gean Nicolás Acevedo Loaiza - Pasto
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“Me llevo también la importancia de seguir visibilizando espacios donde podamos mirarnos a la cara, reconocernos como parte de un mismo cuerpo apostólico y descubrir que todos estamos llamados a ser portadores de vida. Así como nosotros podemos ser fuente para otros, también los otros se convierten en fuente de vida para nosotros en esta construcción colectiva”. Marla Guarín - Bogotá
“Me llevo especialmente el LabORATORIO de Biodanza, porque aprendí que también se puede orar desde el cuerpo y sentir la presencia de Dios a través del movimiento y la danza. Creo que las juventudes son las que mueven el mundo. Nosotros podemos compartir con ellas nuestras experiencias de vida y, como dice san Ignacio, "encender fuegos que encienden otros fuegos”. Edna Sarai Sámugal - Bogotá
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“Me ha gustado que tenga una dinámica más adaptada a los jóvenes, con testimonios muy comprometidos con las realidades del país y unos LabORATORIOS que, desde diferentes temáticas, ayudan a crecer espiritual y humanamente. Me parece un evento muy importante para la Provincia, porque fortalece el trabajo con las juventudes y anima a seguir creando espacios como este”. P. José Roberto Arango, SJ - Medellín
3. Ejes temáticos del simposio CIRE 2026 Es importante tomar nota de los ejes temáticos en los cuales nuestra conversación pudo ahondar en la temática del deseo.
3.1. La importancia de “aterrizar los deseos” La espiritualidad ignaciana cobra su sentido más profundo cuando se encarna en la historia viva de Colombia, un territorio marcado por el dolor del conflicto y movilizado por una inquebrantable búsqueda de esperanza, por experiencias concretas de resistencia y construcción de paz. La paz tiene rostro y nombre.
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Los testimonios de los jóvenes nos recordaron que la paz se construye en la elección cotidiana de habitar de un cierto modo el territorio, cuidar la vida y tejer comunidad. Esta vivencia nos interpeló sobre el lugar desde donde miramos la realidad, invitándonos a preguntarnos dónde decidimos situar el corazón frente a los dolores de la sociedad y el cuidado de la Casa Común. En esta tarea, ríos, montañas y animales dejan de ser un paisaje silencioso; el territorio es víctima, la naturaleza misma también siente, nos enseña a sanar y participa activamente en la misión de la reconciliación.
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3.2. La metamorfosis del deseo La metáfora de la metamorfosis -desde el huevo y la oruga hasta la crisálida- permitió contemplar el itinerario de San Ignacio en su Autobiografía como un camino de profunda transformación interior que es válida para la experiencia nuestra como seres deseantes. El quiebre vivido por Ignacio en Pamplona nos mostró cómo la herida abre una grieta en las certezas personales y deja una marca aunque sea sanada. Lejos de glorificar el sufrimiento por sí mismo, la experiencia ignaciana reconoce que Dios se abre paso en medio de nuestra vulnerabilidad y nuestras heridas para hacer resonar los deseos más profundos del alma. De ese repliegue, a veces doloroso, nace una verdadera libertad: no del esfuerzo personal o la capacidad de aguante, sino una libertad como despojo interior, un descentramiento del yo que nos hace caminar más ligero, nos permite liberarnos de apegos para abrazar, en todo, el mayor bien y el mayor servicio a Dios y al Reino.
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3.3. Ordenar los deseos A veces sostener una elección en el tiempo suele ser un desafío mayor que el acto inicial de tomarla o la conciencia de hacerlo. Toda elección animada por Dios exige abrazar la renuncia (lo propio del seguimiento en Tercera y Cuarta Semana de Ejercicios) y reconocer con humildad los propios límites, fracasos y limitaciones. Esto implica desplazar al “ego salvador”, es decir, aquella idealización de que son nuestras propias capacidades y medios los que nos llevan adelante en el seguimiento. En el ámbito del compromiso con la realidad de nuestro país, es necesario salir de allí para comprender que los procesos de transformación pertenecen a un esfuerzo colectivo, a las comunidades y no a los protagonismos individuales. En este camino, la consolación espiritual no se experimenta como una ausencia de cansancio o de dudas: es hallar un sentido y una paz profunda en la elección desde lo cotidiano, en la vida de todos los días. La consolación, concluimos, es también una gracia que se revela en gestos sencillos pero transformadores, como devolverle la sonrisa a un niño en medio de la labor compartida. Y esa consolación debe atesorarse como un don que no nos pertenece.
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3.4. Discenir los deseos y elegir El simposio profundizó en el discernimiento de los “buenos deseos”. En esta “Cartografía” final se identificaron los criterios para reconocer las mociones auténticas y desenmascarar los sutiles autoengaños del “mal espíritu”, en el lenguaje de Ignacio. En este espacio se recordaron los tres tiempos para hacer una buena elección (cf. EE: 175 en adelante): la claridad incontestable que se impone como “sin dudar ni poder dudar”, la alternancia cambiante entre consolaciones y desolaciones y el tiempo sereno o tranquilo donde la razón pondera con sosiego los pros y los contras o la historia de las mociones espirituales.
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Para verificar la autenticidad de lo que se mueve interiormente, se destacaron varios indicadores o elementos de discernimiento. La duración es el primero: mientras los impulsos pasajeros se desvanecen rápido, los deseos verdaderos permanecen y maduran con el tiempo. Asimismo, el auténtico deseo no se repliega en el egoísmo o encierra en las propias convicciones o fuerzas sino que mueve a la “salida de sí”, moviliza hacia la alteridad, el servicio y el cuidado de los otros. El cuerpo mismo se convierte en caja de resonancia de esta búsqueda, es decir, la buena elección se manifiesta en el cuerpo, hay paz, hay sintonía o armonía interior. En el caso contrario, puede haber pesadez e inquietud, hay algo que “no calza”, incomoda, no se integra o se tuerce.
En esta misma línea, la imagen ignaciana de la “cola serpentina” nos alertó sobre aquellas mociones o deseos que se presentan con apariencia de bien pero que, en realidad, revelan intenciones torcidas y dejan un rastro de desolación en la vida. Por último, se enfatizó una regla de oro evangélica: cuando la decisión se orienta hacia el cuidado y la opción por los más vulnerables, encontramos la señal más clara de que la moción proviene verdaderamente de Dios. Allí donde hay salida del propio amor, querer e interés hay un signo fidedigno de la confirmación en el camino del seguimiento de Jesús pobre y humilde, en obediencia a la voluntad del Padre.
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“Somos música que espera ser cantada, instrumento que busca ser interpretado, sonido que resuena en cada encuentro, en cada ser. Somos y seguiremos siendo aun después de dejar ser, porque en aquel lugar que un día fuimos allí seremos para siempre. Se sentirá nuestro ritmo y la tierra recordará que allí algún día fuimos y seremos”. Anónimo
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“Fue una perfecta conexión que me llevó a sentir mis raíces, mis ancestros, mi sentir en la creación, en mi fuente de amor. La presencia de mi creador que me permite ser tierra, ser aire, ser fuego, ser ritmo, ser vida”. “La experiencia superó mi estado de llegada. La resonancia que brota de mi interior fue generando una profunda conexión que fluye y da ritmo a los sentidos, al cuerpo, al corazón”.
Anónimo
Anónimo
Testimonios
7. Ideas relevantes a lo largo del simposio Para concluir, presentamos algunas importantes en el desarrollo del espacio.
ideas
que
fueron
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El deseo profundo tiene historia y suele aparecer mezclado con heridas y expectativas sociales.
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La auténtica libertad ignaciana (indiferencia) exige una renuncia interior a los apegos personales para abrazar de manera serena el mayor bien y servicio.
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Elegir un camino es solo el primer paso; la mayor fidelidad radica en sostener la elección en el tiempo a través de la renuncia y el reconocimiento de los propios límites.
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La comunidad es fundamental para protegerse frente al autoengaño y descubrir lo que uno no alcanza a ver solo.
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La confirmación de un deseo se reconoce en sus frutos: libertad, paz profunda, comunión y servicio a los demás y a la casa común.
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La autenticidad de un buen deseo se verifica en la persistencia en el tiempo (frente a la inestabilidad de los impulsos), la movilización hacia el servicio al otro, la resonancia corporal (paz vs. pesadez) y, fundamentalmente, la opción prioritaria por los vulnerables.
8. ¿Cuál sería una síntesis interpretativa (frase, expresión, etc.) del simposio?
“El deseo que Dios pone en la vida y en la realidad: se escucha, se discierne y se encamina al bien y al servicio”.
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Sistematizan:
P. Jonathan Marín Cano, SJ, (Reflexión y Formación CIRE) Paula Gamboa (Equipo organizador) Laura Perdigón (Asistencia de Apostolados) Natalia Vargas (Colegio San Pedro Claver)