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Apuntes Ignacianos 44. Aportes para Crecer viviendo juntos

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APUNTES IGNACIANOS ISSN 0124-1044 Director José de Jesús Prieto, S.J.

Carátula

Consejo Editorial

Diagramación y composición láser

Clara Delpín, S.A. Javier Osuna, S.J. Darío Restrepo, S.J. Hermann Rodríguez, S.J. Roberto Triviño, S.J. Juan C. Villegas, S.J.

Tarifa Postal Reducida: Número 912 - Vence Dic./2006 Administración Postal Nacional.

Oleo de Montserrat Gudiol (1991)

Ana Mercedes Saavedra Arias Secretaria del CIRE

Impresión: Editorial Kimpres Ltda. Tel. (1) 260 16 80

Redacción, publicidad, suscripciones CIRE - Carrera 10 N° 65-48 Tels. 57-1-640 50 11 / 57-1-640 01 33 / Fax: 57-1-640 85 93 Página Web: www.cire.org.co Correo electrónico: cire@cire.org.co Bogotá, D.C. - Colombia (S.A.)

Suscripción Anual 2005 Colombia: $ 45.000 Número individual: $ 18.000 Cheques: Comunidad Pedro FabroCompañía de Jesús

Exterior: $ 50 (US) Cheques: Juan Villegas


Apuntes Ignacianos

Número

44

Año 15

Mayo-Agosto 2005

Aportes para Crecer viviendo juntos Conferencias CIRE 2004 CENTRO IGNACIANO DE REFLEXION Y EJERCICIOS - CIRE Espacios para el Espíritu Carrera 10 Nº 65-48. Tel. 640 50 11 Bogotá - Colombia


Aportes para Crecer viviendo juntos Conferencias CIRE 2004 Presentación ...............................................................

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Espiritualidad del Seguimiento ................................... Luis Raúl Cruz Cruz, S.I.

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«Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia» ...... Luis Fernando Granados Ospina, S.I.

26

«¡Creo, ayuda a mi poca fe!» ........................................ Roberto Triviño Ayala, S.I.

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Crecer viviendo juntos Reflexiones sobre las condiciones del crecimiento en la vida compartida ................................................ Hermann Rodríguez Osorio, S.I. Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005)

51


«Orando nuestras despedidas» .................................. Clara Delpín, S.A.

65

La Experiencia de Vivir en Soledad ........................... Luis Fernando Granados Ospina, S.I.

74

Ignacio de Loyola, ¿Loco o Santo? Un cambio de 180 grados .......................................... Darío Restrepo Londoño, S.I.

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Colección Apuntes Ignacianos ..................................

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Espiritualidad del Seguimiento

Espiritualidad del Seguimiento

Luis Raúl Cruz Cruz, S.I. *

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a clave de la espiritualidad1 cristiana es el seguimiento de Jesús, que se vehicula en la invitación y exigencia, para estar con él 2 y evocarlo en lo concreto de la vida, porque es algo dinámico, en camino, un acontecer en tensión hacia la plenitud, porque la base es un hecho histórico: la misión de Jesús y el anuncio del reinado de Dios. El seguimiento es la forma más genuina de la fe en Jesús, tanto en su existencia terrena, como en la vida de las primeras comunidades. La fe se realiza en la vinculación de la propia vida a la de él, por eso el seguimiento es relación del creyente con Jesús3 que pasa por un cambio de vida, que rompe el sedentarismo y se pasa al desprendimiento de posesiones, status social, familia y que trae como consecuencia la vida de intemperie: pobreza e indefensión, sin equipaje normal del itinerante 4 .

Sacerdote jesuita. Miembro del Equipo CIRE. Evitar toda tendencia individualista (fino y sutil egoísmo), espiritualista (dualismo) y privada (relación ser humano-Dios y de relación interpersonal, casi al margen de la sociedad), como muchas veces se percibe la espiritualidad. 2 Cfr. Mc 3, 13. 3 Cfr. Mt 4, 20.22; Mt 9, 9; Mt 19, 21; Jn 1, 37-43; Mt 8, 19.22. 4 Lc 9, 3; 4, 16-21; 10, 4; Mt 10, 9-10. *

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En los evangelios se presenta un esquema de la llamada: Jesús pasa, ve a alguien, indicación de la actividad, la llamada, dejarlo todo, quien es llamado sigue a Jesús5. Igualmente encontramos una afirmación central para comprender el sentido del seguimiento: «el que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga»6 , de validez para todo cristiano, lo cual exige adhesión de conducta y de vida 7. El seguimiento es toda la cercanía a alguien (carácter relacional y de proximidad8), gracias a una actividad de movimiento (ir donde va él), porque Jesús va siempre de camino9 y un rasgo importante del grupo es la pluralidad y diversidad de procedencia (publicanos, zelotes, mujeres, pescadores, marginados) que se integran en torno a una persona y son uno en torno a Jesús10. Esta novedad propuesta por Jesús es un fenómeno especial y único, porque el seguimiento está en correspondencia con su misión, por eso, su actividad es misional, su vida ambulante, en medio del desarraigo social y la marginación y la pertenencia al grupo de pecadores y mujeres, que rompe con el esquema de la «escuela rabínica» de enseñanza, estabilidad, prestigio comunitario, la normativa legal y solo hombres justos.

EL SENTIDO DEL SEGUIMIENTO La invitación de Jesús a estar con él, es una elección profética que tiene como fin ser enviados, para proclamar y actualizar el acontecimiento liberador de Dios, por eso, no es para formar un grupo especial de elegidos, como si fuese una secta, o estar en un tiempo de aprendizaje para luego compartir lo aprendido. Jesús exige una comunión con él y participación en su destino. Los llamados al seguimiento son signo vivo de la presencia del reinado de Dios y su poder transformador, por ser

Cfr. Mc 1, 16-20. Mc 8, 34; Mt 16, 24; Lc 9, 23; Mt 10, 38; Lc 14, 27. 7 Jn 8, 12; 10, 27; 12, 26. 8 Cfr. Mc 3, 14; Jn 6, 35; 12, 26; 1, 38. 9 Cfr. Mt 20, 17.30; 21, 8.19; Mc 2, 23; 8, 27; 9, 33-34; 10, 17.32.46.52; Lc 9, 57; 18, 35; 19, 36; 24, 32; Jn 4, 6. 10 Cfr. Gál 3, 28. 5 6

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presencia viva de una nueva realidad posible que despunta en una presencia esplendorosa del banquete del reinado de Dios 11. No hay fe donde no hay seguimiento; y no hay seguimiento donde no hay movimiento. El seguimiento es en libertad. El seguimiento lleva a no dejarse retener por nada, ni por nadie, a renunciar a todo, a abandonarlo todo y participar de la comunidad de vida y destino de Jesús. Lo anterior es en una clave continua de disponibilidad de mente y espíritu, para aceptar y acoger lo desconocido, quizá lo insospechado. La llamada al seguimiento genera dinámica en un proceso gradual y se percibe en las exigencias fuertes: en caso que sea de deseo «Te seguiré»12 Jesús responde «el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza», seguidamente, aparece la invitación de Jesús «sígueme»13, se percibe la exigencia absoluta de la llamada y la desvinculación radical, porque se trata de seguir a Jesús participando de su humillación, sin seguridad y sin patria, asumiendo la cruz14, finalmente, aparece la necesidad de asumir la suerte y el destino trágico de Jesús, vinculado a los anuncios de la pasión15, que tiene como respuesta una doble reacción: por un lado la incapacidad para entender (que lleva a volverse consejero de Jesús)16 pero Jesús no da un paso atrás, antes reitera la invitación a seguirle de manera radical. La otra resistencia la de el temor y el miedo, que lleva a algunos discípulos a retirarse y no ir con él17.

No hay fe donde no hay seguimiento; y no hay seguimiento donde no hay movimiento

Jesús invoca el seguimiento en los momentos decisivos, en los cuales se está destruyendo las ideas y esperanzas del mesianismo terreno y mundano que poseían los discípulos18 , que exige en ellos un cambio 11 12 13 14 15 16 17 18

Cfr. Lc 6, 20-21. Lc 9, 57. Lc 9, 60-61. Cfr. Lc 14, 25-27. Cfr. Mc 8, 31-35; Jn 12, 24-25. Cfr. Mt 16, 22. Cfr. Jn 6, 68ss. Cfr. Mt 16, 24, Mc 8, 34; Lc, 9, 23; Mt 10, 38.

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de mentalidad, criterios, valores y sistema de interpretación, por eso los más grandes enemigos de Jesús son los que sabían todo en materia de religión. Nada raro, entonces que hoy muchos busquen cercanía con Jesús, sin movimiento en una religión que sea tranquila, de seguridad, más que un evangelio que inquiete y desinstale. Con la radicalidad que pide Jesús en su seguimiento y la exigencia de autodonación genera tensión, porque es una renuncia total, un vuelco total respecto a las perspectivas humanas que lleva al Joven rico 19 a echarse para atrás, a pesar de sus grandes pretensiones. El llamamiento es igual para todos, porque todos tenemos ataduras de las que hay que liberarse, por eso el seguimiento de Jesús va más allá del cumplimiento de los mandamientos. Seguir a Jesús es abrirse a lo nuevo, a lo que está por venir, en tensión al futuro. El Antiguo Testamento está inspirado en la esperanza de un futuro mejor y el Nuevo Testamento es la plenitud del Antiguo, porque la promesa se ha cumplido, pero muchas veces olvidamos que Dios está con nosotros y no falta encontrar ocasiones en las que la oposición a este componente decisivo de seguir a Jesús, lleva a una velada tendencia al conformismo que se puede denominar involución 20, convirtiéndose en factor de alta preocupación para la Iglesia, porque es una amenaza sutil y tranquilizante de su apertura al futuro y su fidelidad al seguimiento de Jesús. EL Antiguo Testamento nos da pistas para el seguimiento, pues nos muestra que Israel fue un pueblo de nómadas y su religión fue la de la promesa. El Dios transmigrador de los nómadas no está atado a lugar o territorio, sino que avanza, está en camino21 y el sentido más profundo de Dios no consiste en que sea absoluto, sino en la constancia de su fidelidad y cumplimiento de las promesas, que en los hechos históricos son el medio por el que Dios se revela en promesa y fortalece la esperanza. No es posible el seguimiento al margen de la historia, menos en contra de Cfr. Mc 10, 17-31. Fase regresiva en un proceso biológico ó proceso de atrofia de un órgano, esclerosis propios de la vejez. 21 JURGEN MOLTMANN, Teología de la Esperanza, Salamanca 1981, 125. 19 20

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ella, por eso, el seguimiento es una práctica o experiencia histórica y concreta de vida Como seguidores de Jesús, hoy vivimos el seguimiento y lo hacemos en comunión con la persona y la obra del Señor resucitado, porque somos creyentes en él, estamos en relación con el Señor Exaltado, por la fe que tenemos en él; participamos en la misma existencia de Cristo Jesús (somos bautizados y estamos en comunión creyente con el Señor y participamos de la muerte y resurrección de Cristo Jesús )22, igualmente, realzando algún aspecto de la comunión creyente con Cristo que podría llamarse «imitación» pero no en el sentido de copiar o hacer lo mismo sino de ver en Jesús un ejemplo y fundamento (sufrimientos, servicios)23 y caminar como pueblo peregrino, siguiendo el camino inaugurado y recorrido por Cristo, que recorremos en medio de dificultades, pero en esperanza, un camino nuevo y vivo porque la obra de Cristo es en obediencia en medio del sufrimiento24. La presencia nueva y misteriosa del resucitado, así como la memoria de la vida y la palabra de Jesús y la obra del Espíritu Santo conduce a un seguimiento, que no se reduce a ir en pos de él, sino profundizado por la identificación espiritual del discípulo con el pensamiento, la palabra y la vida de Cristo25 en comunión con el en un solo cuerpo26 y ser testigos ante el mundo27.

¿SEGUIMIENTO O IMITACIÓN? La idea del discipulado ya está presente en el Antiguo Testamento con los profetas. Hablar de discípulos supone la existencia de un maestro. Cristianamente hace referencia, según la tradición, a una invitación y según nuestra forma de entenderlo hoy, un seguimiento. Jesús Cfr. Rom 6, 3-11; Gál 2, 19-20; 1 Cor 15, 20-22; 2 Cor 4, 10-11; Col 2, 11-13; 2 Tim 2, 11-12; 1 Pe 1, 3-4, 11. 23 Cfr. 1 Tes 1, 6; 1 Cor 11, 1; Flp 2, 5; Rom 14, 15; Ef 4, 32-5, 2; 1 Cor 9, 19-22; Jn 13, 12-17. 24 Cfr. Heb 3, 7-4, 11; 10, 20; 5, 7-9. 25 Cfr. 1 Cor 2, 10-16. 26 Cfr. 1 Cor 12, 12-14. 27 Cfr. Lc 24, 48. 22

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no se deja escoger, es Él quien elige. Establece un nuevo orden de relaciones del ser humano con Dios. No se trata de un cambio de valores, sino una radicalidad de seguimiento en el que la mediación de la Ley ya no sirve. No está, por tanto, propiciando una actitud de impiedad, sino originando un nuevo tipo de relación entre Dios y el ser humano. Sólo se hará comprensible esta manera de seguimiento después de la pascua, porque así lo entendieron los primeros cristianos. Más aún, este seguimiento sólo es posible desde la dimensión del Espíritu. No es un volver a interpretar la Ley, sino un ir tras la persona de Jesús28. Tras la crisis galilea, exige a sus discípulos tomar una decisión frente a Él 29 . Se pasa del seguimiento entusiasta, a un cuestionamiento. Después de esto, Jesús sigue proclamando el Reino de Dios y lo hace a un grupo pequeño de seguidores que continúan tras Él en medio de su conflictividad (no es un grupo excluyente). Su propósito es prepararlos para afrontar el escándalo de la cruz. Seguir a Jesús es seguirlo en la Cruz, a tal punto que anuncia por tres veces su pasión. El discípulo ha de negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguirlo. No es espiritualidad de simple imitación, sino de seguimiento. Los Sinópticos usan el verbo  (ákolouzein), que quiere decir seguimiento y aparece 90 veces30, para indicar con ello la invitación a recorrer el mismo camino de Jesús, mientras que nunca utilizan el verbo  (mimeomai), que quiere decir imitar. La exigencia fundamental es ir detrás de Él. El seguimiento de Jesús conlleva una ética comportamental. Es una invitación a adentrarnos en la voluntad de Dios. Es asumir en nosotros la radicalidad del Dios del amor: «sean perfectos como su Padre celestial es perfecto»31. Ello no es otra cosa que vivir la fidelidad hasta el final, obrando con misericordia, es decir, ser don de Dios para los demás, como lo es Dios para nosotros.

Cfr. Gál 2, 15. Cfr. Lc 9, 55 y Jn 6, 68. 30 25 veces en Mateo, 18 en Marcos, 17 en Lucas, 19 en Juan (Evangelio), 4 en Hechos, 1 en Pablo y 6 en Apocalipsis. 31 Mt 5, 48. 28 29

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Cumplir esta exigencia primordial supone una experiencia fundamental. Tal experiencia no es otra que la conversión y ella sólo se da en el seguimiento de Jesús. La conversión se da dentro de la dinámica espiritual del éxodo: salir y entrar, un «pasar a» (pascua). Y es un haber experimentado el Jesús afirmó que amor salvífico y misericordioso de Dios, un el ofrecimiento y amor que se conmueve por la necesidad o la urgencia del otro. Tal conversión sólo sale el llamamiento de desde un corazón que se halla en plan de búsDios estaban queda, en una disposición de experimentar, en disposición de seguimiento. dirigidos a todos

los hombres sin

Una fe cristiana así entendida necesariamente concluye en el compromiso. El reco- distinción alguna rrido a hacer es el siguiente: per-sigo; con-sigo; pro-sigo. No se trata, entonces, de hacer únicamente una Cristología expositiva, un estudio desde el Cristo de la fe, sino de abordar también su dimensión metodológica de tal manera que podamos reconocer cuál ha sido y cuál es la praxis histórica. En últimas, ¿se trata de imitar o de seguir a Jesús? La imitación se puede dar en el caso de un modelo inmóvil, estático y fijo, mientras que el seguimiento supone siempre la presencia de un agente principal que se mueve y avanza, de tal manera que por esto es posible el seguimiento. En la imitación, el centro de interés está en el propio sujeto, mientras que en el seguimiento ese centro está situado en el destino que se persigue. Si pudiéramos compararlo, diríamos que la imagen cabal de la imitación es el espejo; la imagen del seguimiento es el camino. En otras palabras, la imitación respondería más a una Cristología cuyo punto de partida es el Cristo de la fe, mientras que el seguimiento es la concreción de una Cristología cuyo punto de partida es el Jesús Histórico. Jesús afirmó que el ofrecimiento y el llamamiento de Dios estaban dirigidos a todos los hombres sin distinción alguna. Esta visión universal de la oferta de la salvación hecha por Jesús estaba, pues, en abierta oposición con los otros grupos religiosos de Israel de aquel tiempo (fariseos, esenios). De aquí se desprende que Jesús no se propuso fundar un grupo especial, una especie de selección dentro de la sinagoga judía, una organizaApuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 3-25

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ción de un resto de elegidos. Su mensaje estaba dirigido a todo hombre de buena voluntad. Pero este mensaje era incompatible con la mentalidad judía y la estructura exclusiva de la institución, que ni siquiera toleraba el trato con los pecadores o gentes que supuestamente llevaban mala vida y mucho menos, aceptaba cualquier tipo de relación con los paganos. La comunidad que debía surgir de las palabras y actitudes de Jesús era una comunidad abierta, lo cual suponía o una profunda transformación del judaísmo oficial, hasta la pérdida de los elementos externos que expresaban su identidad (la Ley, el Templo, el culto...) o una escisión dentro del judaísmo con la formación de un grupo independiente, pero sin limitaciones ni fronteras, fuera de las que impone la fe en el Crucificado-Resucitado. Pablo, que entendió la amplitud del Plan de Dios, podía decir: Ya no tiene importancia el ser griego o judío, el estar circuncidado o no estarlo, el ser extranjero, inculto, esclavo o libre; lo que importa es que Cristo es todo y está en todos32.

Y escribiendo a los romanos, dice: No hay diferencia entre los judíos y los no judíos, pues el mismo Señor es Señor de todos y da con abundancia a todos los que le invocan. Porque esto es lo que dice: «Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación»33.

La comunidad de Jesús, descrita por Pablo, no reconoce diferencias reales ni fronteras políticas o religiosas. En vista de esto, como elegidos de Dios, consagrados y predilectos, vístanse de ternura entrañable, de agrado, humildad, sencillez, tolerancia..., sobre todo, revístanse de amor que es el perfecto lazo de unión y que la paz de Cristo dirija sus corazones, porque con este propósito los llamó Dios a formar un solo cuerpo34. 32 33 34

Col 3, 11. Rom 10, 12-13. Col 3, 12-16.

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EL CONOCIMIENTO INTERNO DEL SEÑOR 35 Sólo Jesús de Nazaret revela el más adecuado conocimiento de Dios. Ese conocimiento presencia del Dios-Padre pasa a través de Jesús para quedarse en seres humanos definitivamente. Dicho de otra manera, el conocimiento del Dios-Padre a través de Dios-Hijo sólo es alcanzable de forma creyente por la acción de su Espíritu. Es decir, como la acción propia de la revelación de Dios-Espíritu en el fondo de nuestro espíritu. Según lo anterior, podemos estar de acuerdo con Karl Rahner cuando afirma: Se puede ser cristiano sin haber oído una sola palabra del corazón de Jesús. Pero, no se puede ser cristiano sin que el espíritu pase por el Espíritu Santo a través de la humanidad de Cristo y en ella, a través del centro unificador que llamamos Corazón 36.

De esta manera, lo que Ignacio de Loyola presenta en el texto de los Ejercicios Espirituales al pedir «Conocimiento Interno del Señor»37, posee la perspectiva cristiana del conocimiento humano de Dios38. Para ello hay que presuponer que el contenido del concepto Dios, revelado en Jesucristo, se sitúa dentro del saber acerca de Dios que todo hombre puede tener. El «Conocimiento Interno» del Señor se expresa abiertamente en una confesión de fe, según la cual:  Sólo Jesús revela la forma auténticamente humana de vivir en la historia,  Sólo en Jesús se revela la manera como Dios quiere revelarse al ser humano.  Sólo Jesús revela lo que el ser humano es, según Dios. Flp 3, 10. KARL RAHNER, Escritos de Teología, Tomo III, Madrid 1967, 59. 37 Ejercicios Espirituales 104. 38 La manera como conoce el ser humano a Dios es al mismo tiempo sapiente y creyente. Esto significa que ninguna de estas dos dimensiones puede entenderse a sí misma sin contar con la otra. Tampoco podemos confundirlas entre sí, ni subsumir la una en la otra, ni mucho menos entenderlas la una con desprecio de la otra. Son dimensiones mutuamente respectivas. 35 36

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Por consiguiente toda la revelación de Dios no habla solamente de Dios, sino también de la forma como el ser humano puede ser radicalmente humano, según Dios. La revelación es para el ser humano. En el ámbito cristiano, el conocimiento de Dios no es un conocimiento metafísico de Dios sino un conocimiento experiencial de Dios. Eso significa que Dios no es una cosa, una idea regulativa, un infinito abstracto, sino un ser personal, un Tú con quien el ser humano puede entablar un diálogo real e histórico. En este sentido la pregunta ¿Quién es Dios? Presupone necesariamente la pregunta ¿Cómo quién ha experimentado el ser humano a Dios en la Historia? La respuesta a esta pregunta fundamental, no lleva a postular el en sí de Dios sino en el contenido de un encuentro personal con un Tú único, libre y amoroso a través de la toma de consciencia diferenciada de la experiencia. La fuerza radica en un conocimiento relacional que no tiene como meta, de manera exclusiva y excluyente, un contenido intelectual y abstracto de Dios. Tiene un contenido experiencial-pragmático, afectivo de Dios. Se trata como dice Ignacio de Loyola de un «Conocimiento Interno» del Señor. Esto lleva a postular que todo contenido de Dios que no sea producto del encuentro con el Hijo, esta destinado a la abstracción, a ideas bonitas o a la autoadoración de sí mismo en la idea de Dios. Karl Rahner dirá al respecto: Quien ve a Cristo ve al Padre, y quien no lo ve a él –él hecho hombre–, tampoco ve a Dios. Podemos hablar de lo absoluto sin necesidad de aludir a la carne no-absoluta del Hijo, pero sólo en él podemos encontrar verdaderamente al Absoluto, en el que la plenitud de la divinidad está escondida en la corteza terrena de su humanidad. Sin él, todo absoluto del que hablamos o que creemos haber logrado en el fervor místico no es, en definitiva, más que el relato objetivizado –jamás alcanzado– de la infinidad vacía, hueca y tenebrosa que somos nosotros mismos, de la infinidad que se devora a sí misma, de la infinidad de la infinitud insatisfecha; pero nunca será la bienaventurada infinidad de la plenitud verdaderamente ilimitada; ésta sólo puede encontrarse donde está Jesús de Nazaret, este finito y concreto, este contingente, que permanece para toda la eternidad39. 39

KARL RAHNER, Op. cit., p. 56.

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Gracias al carácter mismo de la revelación, el ser humano es un ser que necesariamente cuenta con la posibilidad del silencio o de la escucha a la Palabra; cuenta con la posibilidad de responder o de negarse a responder. Solo que cuando esa Palabra se «ha hecho carne»40, la respuesta o no a la Palabra, la escucha o no de la Palabra, tiene relación o se lleva a cabo mediante la relación con el Dios hecho carne: Jesús de Nazaret y no con relación a la idea que se tenga de Dios. Es decir, en el cristianismo, Dios ha quedado en manos de los seres humanos. Tal es la apuesta de Dios en Jesús de Nazaret. ¿Cómo no creer en el ser humano, si Dios esta allí? El «Conocimiento Interno», al ser una experiencia personal de carácter afectivo, íntimo, renovador del corazón por el encuentro exclusivo del creador con la criatura, permite expresar que, si ello es real, el ser humano que ha vivido dicha experiencia puede salir de sí al encuentro con la humanidad, colocarse a trabajar por ella, limpiar poco a poco sus propios egoísmos e intereses y participar de la misma suerte de quien se ha convertido en Señor y prototipo para vivir, con una entrega de carácter total y de disposición a ser fiel a dicha voluntad. Cuando hemos renunciado completamente a hacer algo por nosotros mismos (...) para vivir en lo que yo llamo la realidad temporal, es decir en la plenitud de las tareas, de los problemas, de los éxitos y de los fracasos, de las experiencias y de las perplejidades, entonces nos entregamos por entero en los brazos de Dios; ya no nos preocupamos por nuestros propios sufrimientos, sino por el sufrimiento de Dios en el mundo, y velamos con Cristo en Getsemaní: (...) es así como se logra ser un hombre, un cristiano41.

Aquí nace lo que se podría denominar una espiritualidad del seguimiento. Ella es una mística y una actitud, así como práctica y ejercicio, que exigen una dinámica de apoyo y refuerzo mutuo y constante. Esta mística debe ser proyecto a lo largo de toda la existencia y ha de ser renovada constantemente en el encuentro con Dios, para evitar Jn 1, 14. DIETRICH BONHOEFFER: Diakonía 59 (Septiembre 1991) 54. Este texto aparece allí, como una frase colocada al interior de este número de la revista, no es de artículo alguno. 40 41

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cosificar y trastocar los llamados del Señor. Es una mística que protege de una búsqueda amañada de los intereses propios, confundiéndolos con la voluntad de Dios. Esto exige superar unos ideales y una causa nacida en el plano ideológico para mantener con fuerza y densidad lo que ha nacido de una experiencia de Dios. La fuente de la mística está en la experiencia de Dios y se comprueba en la fidelidad a las grandes causas y a los compromisos auténticos. Sin embargo, como en el ser humano está presente la ambigüedad y la precariedad, es necesario estar en el camino del discernimiento para no sucumbir en la tentación y amenaza de creer alcanzado el camino, cuando se puede estar en estancamiento y justificaciones humanas. La mística cristiana nace en la experiencia de fe y allí está la diferencia y originalidad respecto de otras místicas humanas que mueven a seres humanos. Con ellas comparte también la motivación que impregna proyectos y compromisos vitales, bien sea en lo espectacular o en lo cotidiano. Al ser la mística cristiana el resultado de la fe en Cristo y el Evangelio hecho experiencia, el seguimiento es fruto de una experiencia religiosa profunda y transformante. Es decir, al ser marcado tan fuertemente en el corazón, con una huella única, quien ha vivido dicha experiencia se abre a una entrega, a un amor mayor, que nace de motivos evangélicos con referencia explícita a Jesús, a su Evangelio, así como a su Reinado, con actitudes concretas de entrega como ofrenda, de solidaridad como servicio, de amor incondicional como fidelidad. No se puede olvidar entonces las dificultades que surgen al tratar de integrar la práctica y el ejercicio de la fe, porque no son desconocidas las tendencias farisaicas que sobrevaloran lo exterior, y actuar de manera incoherente con los desafíos de la realidad y las exigencias históricas. Igualmente, no se puede hacer dicotomía entre la vida y el espíritu, ni separar la vida interior del compromiso y la realidad, pues la fe ha de encarnarse en la realidad y al estar en interacción con ella se pueden alimentar la fe y la vida y no transitar por vías paralelas. La espiritualidad cristiana no separa la mística y el compromiso con un Amor Mayor, por eso, celebra y alimenta por medio de prácticas de fe (sacramentos, oración) y en acciones de servicio (acción, compasión, solidaridad). No puede por tanto, existir dicotomías en la vida del creyenApuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 3-25


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te, sino coherencia entre la fe y la vida. Si no se alimentan mutuamente, se acaban. La fe es tan trascendente como lo es de encarnada, no surge ni se nutre de la pura realidad. La fe es un don gratuito de Dios y viene a través de la Palabra y de una acción de la Gracia de Dios.

LA AUTENTICIDAD DEL DISCÍPULO El seguimiento del Jesús terreno, así como resucitado, es de una persona viva, que se deja sentir, se trata de una presencia, así como de una comunión personal en el camino y la vida de Jesús. El seguimiento de Jesús se concreta y especifica en una serie de actitudes que dan cuenta de la autenticidad del discípulo. Por eso, tener presente algunas de ellas puede ayudar a revisar el camino recorrido, así como a realizar un balance de la manera concreta de ir, aquí y ahora, tras las huellas de Jesucristo. Libertad. El seguidor de Jesús no puede estar atado a nada ni a nadie. Por lo tanto, nada de anclaje en situaciones que encadenen al pasado (involución) o al presente (inmovilismo). El seguidor de Jesús vive abierto al futuro, es decir, al Dios del Éxodo. Disponibilidad. Se sigue a una persona viva, no se imita un modelo fijo. Cuando Jesús llama a alguien, simplemente le pide que esté disponible; no le dice para que llama, ni aduce motivos, ni admite condiciones. Su llamada La fe es un don es abierta a todas las posibilidades, es una gratuito de Dios y aventura, un riesgo. Puede implicar, asumir viene a través de como propio el destino de Jesús, es decir, el compromiso incondicional por el bien de la la Palabra y de persona hasta la muerte.

una acción de la Gracia de Dios

Encuentro personal. Ser amigo del Señor, por ser una amistad que se comprende y vive como entrega, fidelidad y confianza. Sin amistad difícil el seguimiento (no olvide a Judas), por más que existan otras cosas, tales como el entusiasmo, trabajo o fanatismo.

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Servicio liberador a favor de los pobres, marginados, excluidos y crucificados de la tierra. Jesús no llama a sus seguidores para hacer un grupito de pasarla bueno y nada más. La entrega cristiana es auténtica en la medida que se expresa y traduce en compromiso a favor de la humanidad sufriente y en contra de los poderes que causan injusticia, desigualdad, muerte. Denunciando, cuando sea necesario, las instituciones y poderes que alimentan dichas estructuras, y anunciando la Buena Nueva que puede llevar incluso hasta dar la vida. Seguimiento y cruz tienen mucho que ver entre sí. Audacia que vence el miedo. En la vida del cristiano, el miedo es una experiencia relativamente frecuente, porque seguir a Jesús es emprender una aventura que no sabemos hasta dónde lleva. Es normal que a veces surja cierto miedo de tomar en serio el seguimiento, de ahí la necesidad de vigilar para que el miedo no se adueñe de las opciones más fundamentales. Radicalidad. La mediocridad no tiene cabida. Las renuncias que exige el seguimiento son decisivas: a los bienes, a la familia, a toda forma de dominio. Alegría. Vivir el Evangelio como Buena Noticia de vida y esperanza para todos, es ser testigo de la alegría del Reino. Ello lleva a afrontar el seguimiento de Jesús y los contratiempos o dificultades que conlleva, no como algo frustrante, sino como una profunda experiencia de felicidad. Utopía. No es hablar de imposibles, sino de un proyecto de tantas exigencias, cargado de grandes deseos y anhelos, de sueños y esperanzas. El proyecto de Jesús se orienta hacia la consecución de una sociedad nueva en fraternidad, solidaridad, libertad e inclusiva teniendo como preferencia los más pobres y desgraciados.

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Espiritualidad del Seguimiento

EL ASUNTO ES VOLVER A LA ESPIRITUALIDAD DEL SEGUIMIENTO... Antes de presentar lo que se pretende expresar sobre espiritualidad del seguimiento, valga la pena expresar una palabra sobre «Volver», es el intento por hacer realidad, no el paraíso perdido sino la recuperación para la vida de todo aquello que siempre ha estado presente, pero que en momentos de extravío no se han alcanzado los resultados esperados. En el encuentro con Dios siempre existe la posibilidad de realizar el camino, de volver a la casa del Padre. Es en este sentido que se propone volver a la senda de la espiritualidad del seguimiento para realizar, en la praxis, todo aquello que se ha visto y oído y así poder comunicarlo42. En términos de Ignacio es «no ser sordo a su llamamiento, más presto y diligente para cumplir su santísima voluntad»43. Es conveniente expresar que entendemos por Praxis44. Este es el proceso mediante el cual el ser humano se autoconstituye hombre o mujer en la historia. La praxis supone siempre una finalidad, una intencionalidad, una teleología que busca la transformación objetiva de la naturaleza, de la realidad social, de la vida personal, con miras a resolver las necesidades inherentes del ser humano. Por esta razón, la praxis es el criterio de diferenciación del hombre con los animales, pues éstos actúan instintivamente, mientras que los seres humanos actúan de manera pulsional, con intencionalidades, y es de esperar que sea de manera responsable. Es decir, sus acciones tienen el carácter histórico. En la actualidad se habla de la caída de las utopías y de los grandes discursos, se da el crecimiento desaforado en el consumismo y del vivir todo en un canje sin retorno, y la humanidad está obnubilada por el crecimiento económico que arruina pueblos, genera pobreza, injusticia, desigualdad y muerte. Todo ello genera la dificultad de la realización de una humanidad nueva para que florezca la vida en la primavera del nuevo milenio. Es en este momento histórico de crisis en el cual ha de ondear

42 43 44

Cfr. 1 Jn 1, 1-4. Ejercicios Espirituales 91. Cfr. FRANCISCO TABORDA, Sacramentos, praxis y fiesta, Madrid-España 1987, 25-40.

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la bandera del gozo y la esperanza. Ambas nacen de la urgencia de vivir con exigencia, compromiso, fidelidad y obediencia al llamado que Dios hace desde quienes sufren en medio de la crisis. La praxis cristiana no se limita al anuncio doctrinal y a la administración de bienes y servicios, como funcionarios de un establecimiento, sino a la creación de comunidades contraste, por medio de las cuales se establece un interrogante permanente para la vida misma hasta llegar a la comunidad mundial. Es llevar a colocar «el amor más en las obras que en las palabras»45. En ellas hay mujeres y Hombres espirituales que viven con espíritu y que desde el punto de vista cristiano «son aquellos que están llenos del Espíritu de Cristo y lo están de una manera viva y constatable, puesto que la fuerza y la vida de ese Espíritu invade toda su persona y toda su acción 46.

La espiritualidad ha de ser entendida como el encuentro del Espíritu Divino con la humanidad. Dicho encuentro se realiza en seres humanos, en la comunidad de la Iglesia. La exigencia es el discernimiento para saber por dónde está invitando el Espíritu en el retorno a las fuentes del evangelio desde una experiencia histórica. El camino de la Espiritualidad es el proceso de la praxis del seguimiento de Jesús. Proceso real pero inacabado, en el cual hay identificación con el proyecto de Dios sobre la humanidad y la creación, a través de la identificación con la voluntad de Dios de instaurar su Reinado, esto conduce a que A Dios hay que responder (en fe y esperanza) dejándole ser Dios, pero hay que corresponderle promoviendo en la historia lo divino de su realidad (misericordia, justicia, amor, verdad, gracias) y, así, estar en afinidad con él47.

Ejercicios Espirituales 230. JON SOBRINO, Espiritualidad y seguimiento de Jesús. Mysterium Liberationis, Tomo II, Madrid 1990, 452. 47 JON SOBRINO, El principio-misericordia, Santander 1992, 70. 45 46

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Espiritualidad del Seguimiento

La espiritualidad del seguimiento que lleLa misericordia va a la praxis histórica ha de entenderse como es la acción que la vivencia que anima y jalona la acción-reflexión en el ser humano. La espiritualidad no hace posible la se refiere a lo inmaterial o a la experiencia estransparencia piritual alejada de las luchas cotidianas. Se redel amor de fiere al horizonte de la praxis que subyace en y por la misma praxis, a la fuerza transformadora Dios a través que brota de ella, se confirma en ella y vuelve de la historia nuevamente a ella. Es decir, existe una espiritualidad no religiosa de la praxis; espiritualidad que debe ser respetada, pero al mismo tiempo superada desde la espiritualidad cristiana. En este sentido hay que dejar atrás una espiritualidad cristiana anónima, para mostrar en la vida cotidiana, la acción del resucitado que transforma seres humanos, ser la transparencia de Dios 48, tal como lo propone el tercer grado de humildad (...) por imitar y parecer más actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobios con Cristo lleno dellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo, que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo49.

Gustavo Baena50 al hablar de la praxis de Jesús, coloca como referencia clave la misericordia, porque siempre se ve que Jesucristo es Dios mismo tocando al débil en su propia miseria; por eso, el verdadero cristiano si no toca la miseria humana no es cristiano. Jesucristo es el lugar donde Dios toca la enfermedad, la locura, la invalidez, la miseria, etc. La misericordia es la acción que hace posible la transparencia del amor de Dios a través de la historia. La manera como Dios toca la humanidad a través de Jesús no es desde arriba sino desde abajo. El se coloca

Muchas veces la impresión que damos es de apariencia… fariseísmo espiritual o algo por el estilo, en lugar de dejar pasar el fuego de la vivencia del seguimiento y del amor que traspasa el corazón. 49 Ejercicios Espirituales 167. 50 Cfr. Apuntes de clase primer semestre de 1999, en la asignatura de «Síntesis Bíblica». 48

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debajo del débil. Jesús es la mano de Dios que se responsabiliza de asistir la miseria humana. Jesús es un ser humano que tiene la Gracia de Dios sobre la humanidad. Un cristiano es un ser humano que posee conciencia histórica de la miseria. La opción por los pobres se centra en la experiencia de Jesús. Dios mismo hace su opción por los pobres. Cuando Dios quiere obrar misericordia, crea manos que la hagan. Cuando Dios quiere pensar en misericordia crea cerebros que la piensen. ¡Lo que pasa es que somos irresponsables! La función principal del amor de Dios es la de levantar al débil. Los seres humanos están hechos para ser instrumentos de la creación. Es volver a la realidad renovados con la experiencia de los Ejercicios o con la intensidad de la vida espiritual, que se concretiza en experiencias de vida y de servicio. Como se puede apreciar, el problema es de espiritualidad del seguimiento de Jesús. No basta con tener una espiritualidad o con vivir desde una espiritualidad. Hay que preguntarse si la espiritualidad con la que se vive es la espiritualidad del sistema, de la cultura o si es la espiLa función ritualidad que surge del encuentro del «Conocimienprincipal to Interno» con Jesús que se muestra, obviamente, en el seguimiento dentro del sistema social y del amor de la cultura de la cual se participa, para poder estar Dios es la de en el mundo sin ser del mundo51.

levantar al débil

La espiritualidad del seguimiento es praxis que anuda la dimensión de la experiencia del encuentro cara a cara con el Señor, a lo largo de todo el itinerario de los Ejercicios Espirituales. La espiritualidad de la praxis es cristiana, en tanto la dimensión de trascendencia esté animada y sostenida no solo por la utopía de una sociedad reconciliada sino por el advenimiento del Reinado de Dios. De ahí se sigue que la Iglesia –comunidad de los que creen en Jesús el Cristo– se encarne en la historia como presencia sacramental del Reinado: allí donde los hombres y muje-

51

Cfr. Jn 17, 14-16.

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Espiritualidad del Seguimiento

res se relacionen en justicia e igualdad, luchen por más justicia y fraternidad, se celebre la experiencia de solidaridad con los pobres como experiencia del amor de Dios que todo lo trasciende, ahí está la Iglesia. El seguimiento a Jesús tiene mucho que ver con la diafanía (transparencia) de la acción del mismo Jesús como acción de Dios. Tiene que ver con el testimonio de salir de sí al encuentro amoroso del otro con praxis de misericordia. La experiencia de la misericordia consiste en que el dolor que al otro le duele, también le duele a quien se acerca hasta quien está en necesidad y sufre. El dolor del Otro, invita a la apertura hacia él y a la identificación con la fragilidad de su humanidad, y además hace tomar conciencia de la propia fragilidad52. La espiritualidad del seguimiento al nacer de una experiencia de fe y de sentir el compromiso histórico con la realidad, en términos jesuíticos «el anuncio de la fe y el trabajo por la justicia», exige el creer en la promesa –tema fundamental de los dos testamentos– pues allí aparece que la revelación de Dios es una promesa de liberación total y dicha promesa se va dando progresivamente en la historia cuyo cumplimiento definitivo será en la Parusía. No ha llegado el «fin de la historia», como algunos dicen, sino que se constata que ningún momento histórico agota la promesa. El trabajo del creyente es seguir confiado en la promesa y trabajar dentro de la historia por la llegada del Reinado de Dios. Ignacio invita a la generosidad total al Señor «por tanto, quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena también me siga en la gloria»53, «así mismo ha de trabajar conmigo (sic) en el día y vigilar en la noche…»54 porque el cristiano es un insatisfecho, así como fermento de cambio en una sociedad55.

52 53 54 55

Cfr. 2 Cor 4, 7-12. Ejercicios Espirituales 95. Ejercicios Espirituales 93. Cfr. Mt 5, 3-12.

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La espiritualidad esta tensionada por la promesa. Se alimenta y se sustenta en la esperanza que es la escatología de toda acción liberadora, por la cual el cristiano aspira a lo que no se ve 56. En este sentido el discernimiento de los signos de los tiempos juega un papel importante, de conocer por donde sopla y se insinúa el Espíritu para superar fracasos, frustraciones, retrocesos, así como para alimentar el dinamismo de su esperanza, por que ella no decepciona 57. La espiritualidad del seguimiento exige necesariamente vivir la experiencia pascual (Tercera y cuarta semana de los Ejercicios). Esto es, el Dios que llama es el mismo que lanza al compromiso, lo cual exige unir la pasión por Dios con la pasión por quienes sufren. La pasión de Dios en Jesucristo ha de ser vivida en la pasión de los hermanos que sufren y están necesitados. Es llegar a ser contemplativos en acción como construcción histórica del Reinado Dios. El compromiso de seguimiento es en servicio al Señor, un asociarse a la obra redentora y liberadora, así como a una real liturgia en el Espíritu. Se crece en el sentido de la cruz como paso necesario para la victoria, en el silencio elocuente de la pasión58. La Resurrección es vivida como el momento de triunfo de la justicia. Esta hace la vida mas digna de ser vivida y manifestada por los efectos de la misma actuación del resucitado en medio de seres humanos59. Esto ha sido vida y mística de muchos cristianos a lo largo de la historia. La espiritualidad del seguimiento se queda en puras palabras si no se concretiza en experiencias de vida en común, como lo hizo el peregrino de Loyola60, que fomentan la fraternidad. La solidaridad, que es la cara histórica del Reinado divino que ya ha comenzado, supone la convicción de la paternidad común de Dios, (hijos de un mismo Padre) la hermandad universal, al ser hijos en el Hijo, y constituidos en templos vivos del Espíritu que habita en los seres humanos. Tal es el trabajo de 56 57 58 59 60

Cfr. 2 Cor 4, 18. Cfr. Rom 5, 14ss. Cfr. Ejercicios Espirituales 196. Cfr. Ejercicios Espirituales 223. Cfr. Autobiografía 85.

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Espiritualidad del Seguimiento

construir la Iglesia desde pequeñas comunidades que expresen el seguimiento incondicional de Jesús, fruto del encuentro con Dios, en diferentes formas de expresión con compromisos temporales, así como de saber encontrar El seguimiento a Jesús, como Señor de la historia en las ambigüedades de las historias actuales. de Cristo es la

dimensión

La espiritualidad de seguimiento vivifundamental y da a plenitud propicia el vivir bajo el arco iris de la Gracia y del gesto transformador contioriginal que nuo de Dios en Jesucristo. La pasión por Dios identifica la expresada en la pasión por la humanidad, porque El no está fuera de la humanidad sino espiritualidad dentro de seres humanos trabajando por hacristiana cer de todos hijos suyos. Es el Señor quien nos conduce por su Espíritu e invita a todos a la fiesta del Banquete del Reinado61 en el cual se celebra la justicia y el derecho en plenitud62. El amor hecho praxis de misericordia63, el asumir la cruz del Señor como cruz de salvación64 y el vivir la vida como expresión del único mandamiento65, exige asociarse a la praxis divina de transformar la humanidad, y acoger el llamado a tomar la propia cruz y a sentirse enviado en el mundo. El seguimiento de Cristo es la dimensión fundamental y original que identifica la espiritualidad cristiana. Es el seguimiento de un Dios que asumió la condición humana66, que tuvo una historia, que hizo opciones, que se entregó a una causa que le hizo sufrir, tener alegrías, éxitos y fracasos. Ese hombre es Jesús de Nazaret, igual a los seres humanos menos en el pecado.

Cfr. CARLOS RAFAEL CABARRÚS, La mesa del banquete del Reino. Capítulo IV. Cfr. Mt 25, 31-46. 63 Cfr. l Cor 10, 25-37. 64 Cfr. Mc 8, 34. 65 Cfr. Mt 19, 19; 22, 38. 66 Cfr. Flp 2, 5-11. 61 62

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La espiritualidad del seguimiento como praxis se arraiga en el encuentro con la humanidad de Jesús. Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales lo plantea como el Conocimiento Interno. De esa manera le infunde realismo y evita el espiritualismo de un cristianismo idealista de valores abstractos y ajenos a experiencias y exigencias históricas. El Conocimiento Interno no es fruto de estudios sino del discipulado; de ser seguidor y no un investigador. Se conoce a Jesús en la medida que se le El Conocimiento sigue: quien tenga juicio y razón lo dará todo para estar con él; es sentir que todo es pérdida Interno no es o basura a causa de Cristo67.

fruto de estudios sino del discipulado; de ser seguidor y no un investigador

Una espiritualidad, como la descrita, está sujeta a enriquecimientos que vienen de las e xper ie n ci as per son ales, f am i li ar es, eclesiales, de hombres y mujeres, que disciernen el paso de la divinidad en medio de las realidades históricas.

Esta reflexión de toma de conciencia de la realidad del seguimiento, se ve reflejada en las siguientes palabras Siempre habrá seres humanos (...) que, mirando a Jesús crucificado y resucitado, se atrevan, dejando a un lado todos los ídolos de este mundo, a entregarse incondicionalmente a la incomprensibilidad del Dios que es amor y misericordia68.

67 68

Cfr. Flp 3, 7. Karl Rahner, Palabras de Ignacio de Loyola a un jesuita de hoy, Santander 1979, p. 37.

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Espiritualidad del Seguimiento

A SAN IGNACIO DE LOYOLA EN EL QUINTO CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

¿«Solo y a pie», caballero? Todo con Dios y con Tantos Que han aprendido en tu acero El temple que hace a los santos. En las grandezas, primero; Mayor, en los desencantos; Siguiendo al Rey verdadero, Vasco total, sin quebrantos. Rota la pierna, y la espada Rendida a la otra Amada, Tú vas y enseñas a ir En compañía y a pie, Por la justicia y la Fe Y «en todo amar y servir» Pedro Casaldáliga

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«Desde mi Fragilidad, Dios se hace Misericordia»

Luis Fernando Granados Ospina, S. I. *

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EL AGUIJÓN EN LA CARNE

iertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte1.

Licenciado en Teología y Diplomado en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Licenciado en Pedagogía de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Actualmente es el Director de la especialización en Pedagogía Ignaciana de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. 1 2 Cor 12, 1-10. *

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Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

En el fondo de nuestro ser existe un deseo profundo de felicidad, que se traduce en una búsqueda de plenitud. No obstante, esta vocación se ve tocada en su medula por la experiencia radical de la fragilidad en la vida, fragilidad que de tan diversas maneras, entra en contravía con ese instinto humano de plenitud y por ende oscurece la búsqueda de la felicidad. Ahora bien ¿qué significa la fragilidad? ¿Podremos vivir la existencia y ser felices, aunque experimentemos en nuestra carne y en nuestro espíritu tal experiencia desgarradora? ¿Dios tiene que ver con la fragilidad humana? ¿Qué me aporta la experiencia de Dios, en mi propia experiencia de fragilidad? ¿Si la fragilidad entra aparentemente en contradicción con el deseo de felicidad y realización humana, por qué se nos presenta como un acontecimiento constitutivo de la existencia, como una mediación para crecer en humanidad? ¿Cómo hacernos más humanos a partir de nuestras propias experiencias de fragilidad? Estos y otros interrogantes, nos abren la discusión que pretendemos abordar de una manera sencilla. En un primer momento partiendo de una visión de la fragilidad desde una comprensión antropológica, mostramos una descripción fenomenológica de algunas realidades vividas por el ser humano como rasgos de su finitud. En un segundo momento, presentamos lo que entenderíamos por un ordenar la vida desde la fragilidad personal. Para finalizar con algunos comentarios y sugerencias que orienten la vida frágil en búsqueda de un auténtico desarrollo humano integral.

VISIÓN FENOMENOLÓGICA DE LA FRAGILIDAD El primer contacto de la experiencia de existir se da con el propio ser y no con lo sensible exterior. En nuestro caso, la experiencia se produce por el contacto con el ser en la propia conciencia, es decir, dentro de si, en la hondura de si mismo. Este encuentro nos dice que el ser humano es un ser bio-cultural por que es producto de un proceso evolutivo de hominización. Un proceso generativo, relacional en el que intervienen de forma dialógica los niveles biológico / cerebral / individual / social / cultural / ecológico. El hombre es una realidad compleja, considerado como un sistema bio-cultural. Un sistema en el que la autoorganización biológica es posible gracias a que la información cultural producida por las interacciones sociales entre los individuos, actúa Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 26-39

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como estímulo que hace que el cerebro complejice sus interrelaciones internas. Complejidad socio-cultural y complejidad bio-cerebral van a la par. No hay lugar a dudas, el cerebro es también un «órgano social». Esta realidad bio-cultural nos muestra que el ser humano es por un lado capacidad, proyecto, posibilidad. El ser, que se identifica con un continuo estar haciéndose, señala a la conciencia las inmensas posibilidades que tiene el yo de llegar a ser; la abre a las innumeras posibilidades de llegar a ser sí mismo, en la forma de un proyecto con posibilidades de muchas realizaciones posibles. De esta forma, el hombre queda, desde su misma hondura, situado, y en apertura, de cara a innumeras posibilidades de llegar a No hay lugar a ser sí mismo; de llegar a actualizar, de modo múltiple y diverso, la conciencia de ser y exis- dudas, el cerebro tir, de ser yo para si y para otros.

es también un «órgano social»

No obstante, ese mismo ser que trasciende experimenta la radical finitud. Trascendemos en nuestra existencia pero al mismo tiempo nos sabemos espacios temporales, ningún ser humano escapa al radical encuentro con la muerte. Hay que racionalizar lo irracionalizable: la pérdida de la propia individualidad. La consciencia de la muerte es conciencia de una ruptura, un traumatismo, un desgarramiento asociado a este hecho fundamental. La consciencia de la muerte es una consciencia objetiva, subjetiva y temporal. Consciencia objetiva porque la muerte es un hecho que el hombre reconoce como tal. Consciencia temporal al saberse limitado por el tiempo, el hombre es finitud; se sabe sujeto, se experimenta contingente. Consciencia subjetiva ya que el hombre no acepta la muerte, se afirma ante la muerte con la creencia en la inmortalidad. Con el mito, la magia, el rito trata de superar la muerte. Trata de colmar la brecha, el desgarramiento, la angustia de su pérdida de identidad. El progreso de la individualidad es el progreso de la autoconsciencia. El encuentro entre la consciencia de sí y la consciencia del tiempo determina la consciencia de vivir en el tiempo y de tener que experimentar la muerte. La consciencia de la muerte introduce en el corazón de la identidad del ser y en el corazón de su universo, el anuncio de la pérdida irremediable de la identidad, del ser y del universo, abre la brecha absoluta en el corazón de la consciencia de sí. Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 26-39


Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

Si algo arrastramos en la existencia, es la consciencia de fragilidad

Ligado a la consciencia de la muerte y la consciencia temporal de la finitud encontramos un ser devorado por la ansiedad; la crisis; la neurosis; las soledades afectivas; los conflictos emocionales; la enfermedad de todo tipo. Es precisamente la gran lucidez, el espantoso realismo con los que el ser humano toma consciencia de la muerte y de las diferentes «muertes» que amenazan su vida. Todo esto lo convierte en un ser en el que se dan grandes regresiones de consciencia. El hombre pierde la consciencia no solo al perder su individualidad, sino también en el momento en el que su lucidez sobre el hecho de la muerte le ciega y le transporta a nuevos y tremendos escenarios, donde experimenta en carne su finitud. De ahí que la muerte y todas las «muertes» sea el fenómeno que le hace consciente de si mismo y al mismo tiempo el fenómeno que más le saca de sus casillas. Con la consciencia antropológica de la muerte la hominización desembarca en la humanidad. En adelante el hombre es el hombre y su finitud. Destino que le espera desde su nacimiento; destino que tratará de conjurar por todos los medios. Esa lucidez es una de las fuentes de las mayores racionalizaciones en las que el hombre se va a embarcar, para siempre. Si algo arrastramos en la existencia, es la consciencia de fragilidad. Desde un punto de vista antropológico, tanto si nos interrogamos por el proceso de autoorganización bio-cerebral, como si nos interrogamos por el proceso de la emergencia de la consciencia, debemos concluir que la originalidad del hombre no está en ser al animal racional, sino en el hecho de que en el hombre se da una relación dialéctica entre humanización y humanidad; infinitud y finitud, trascendencia y contingencia, consciencia y demencia; razón y locura: la incertidumbre entre lo que es real y lo que es puramente imaginario. Entre el vivir y el padecer en la existencia. Al reconocer esta complejidad existencial, nos encontramos con la experiencia humana de la fragilidad. En la vida de todo ser humano la fragilidad se presentan en cualquier momento, fragilidad que puede ser física, psicológica, espiritual, moral, social, cultural o incluso política. Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 26-39

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Desde una visión amplia presentamos los rasgos de una fragilidad, cada uno sabrá añadirle lo conveniente de su propia experiencia.  Fragilidades fruto de las necesidades básicas no satisfechas. (El dolor de la marginalidad, el hambre, la explotación y la pobreza estructural).  Problemas de Salud que generan dolores físicos y psíquicos. (Todo tipo de enfermedad o dolencia, puntual o crónica).  Tormentos por una sexualidad mal integrada o no asumida. (Las crisis de identidad).  Somatizaciones de las experiencias de vida. (Dolores creados por fragilidad psíquica).  Limitaciones personales. (De personalidad, carácter, físicas o síquicas).  Inseguridades.  Frustraciones. (Historias personales que han dejado huella).  Fragilidades a causa de heridas familiares. (Experiencias de abandono, soledades, enfrentamientos familiares, tensiones que hacen daño: esposos, padres – hijos. Tensiones por herencias, malos tratos, un padre alcohólico, abusador, o un familiar...).  Las angustias y desequilibrios psíquicos. (Toda enfermedad psíquica).  Los desamores. (El no ser correspondido en el amor).  No poder amar. (Incapacidades afectivas).  Necesidad de estima y valoración. (Una baja autoestima, una falta de reconocimiento personal por nuestros padres, familiares, maestros y amigos). Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 26-39


Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

 Fragilidades, fruto de desajustes en la vida psicológica. (Las tensiones de una vida normal, el estrés, la rabia, la ansiedad, la vivencia del conflicto y los problemas de la vida: familiares, económicos, sociales).  Fragilidad que produce el rencor y la amargura acumulada.  La pérdida de sentido para vivir. (Los intentos fallidos de vivir, el querer dejar de vivir, el para qué de la vida).  Fragilidad al experimentar la depresión. (De los mayores dolores de nuestro tiempo).  Fragilidad por sentimientos que nos manejan y nos atormentan. (Los apegos a personas, cosas, lugares, poderes. Nos quitan libertad, somos conscientes, queremos liberarnos pero son más fuertes que nuestras propias fuerzas frágiles e inconstantes).  Fragilidad al no poder olvidar ni perdonar. (Ni perdonar, ni perdonarme a mi mismo).  El resentimiento. (Vivido como destino de una relación con otra persona).  Los miedos y temores como fragilidades.  Miedo a la libertad. (A actuar y a decir libremente lo que siento y pienso).  Fragilidad a causa de encadenamientos afectivos. (Situaciones creadas, personas, rutinas, teologías, modos de pensar y actuar).  La fragilidad que trae el envejecer. (El miedo y la incapacidad de no saber envejecer).  La experiencia de la muerte.  La fragilidad que se experimenta al vivir un fracaso personal. (El Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 26-39

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dolor de haber fallado, el sentimiento de culpa por lo no realizado, la pena por el desconcierto, el que dirán, el miedo al reproche, a la censura, a estar en el rumor de todos).  El no aceptarse a si mismo. (Incapacidad de hacernos con nuestra propia vida, con sus posibilidades pero también con sus limitaciones).  La fragilidad de una respuesta a medias. (El no haber podido o querido responder al llamamiento, las respuestas a medias o en la tibieza de vivir a dos aguas, el dejar la vocación por algo que fue de momento y no era fundamental).  Fragilidad de los pecados. (Reales, objetivos, con conciencia y malicia, también los de omisión, el remordimiento por las heridas causadas a otros y a mi mismo).  Fragilidad de la soledad vivida desde el silencio. (El dolor de aquellas experiencias vividas y que quedan en el recuerdo del silencio, de no poder comunicarlas. Experiencias que siguen haciendo daño, por el recuerdo de la herida o el daño causado a otros: una experiencia de agresión sexual, un aborto, una infidelidad responsable...).

ORDENAR LA VIDA DESDE LA VIVENCIA HUMANA DE LA FRAGILIDAD La fragilidad entra pues en disonancia con el instinto de felicidad y puede desordenar la vida. Las preguntas serían:  ¿Cómo ordenar la vida desde la fragilidad?  ¿Cómo hacernos humanos para afinar la vida y la libertad desde la experiencia de la finitud?  ¿Cómo integrar experiencia de fragilidad y sentido de vida?

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Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

La fragilidad como destino Existen experiencias de fragilidad que son dadas y no buscadas por el sujeto. En la vida la mayoría de las realidades frágiles se las encuentra uno por el camino de la vida. Tales experiencias de fragilidad no buscadas, nos lleva a vivir la radical dimensión de nuestra finitud que nos recuerda la contingencia del ser. Asumimos la vida en lo que llamamos pasividad por disminución, para ir asumiendo el crecimiento que es fruto de una fragilidad vivida como destino.

Enfrentando nuestras fragilidades En la vida existen experiencias de fragilidad que son destructoras de la persona. Situaciones que afectan la dignidad humana. Tales fragilidades deben ser combatidas ya que no permiten la auténtica realización del ser. En algunos casos se necesitará una ayuda profesional, en otros se apelará a la fuerza de voluntad del sujeto y a su firmeza de carácter. No podemos acostumbrarnos a nuestras propias fragilidades destructoras ni a aquellos hábitos que enganchados en nuestras afecciones desordenadas nos ofrecen una realización engañosa.

La respuesta de Dios frente a nuestra fragilidad o la manifestación de un Dios crucificado La experiencia de vida muestra que a mayor experiencia de fragilidad, sentimos desde la fe la misericordia de Dios que abraza compasivamente nuestra realidad finita. Dios acontece en nuestra experiencia de fragilidad como misericordia. Misericordia entendida como aquel amor que se inclina frente a nuestra miseria para dignificarla. El amor de Dios se expresa en un amor al débil, al caído del camino, al excluido de la ley y a todo ser humano que por el poder del pecado, experimenta el bloqueo de su finitud que le impide abrirse a la acción creadora de Dios en su existencia. Aunque la libertad humana implica posibilidad de caída y fracaso, esta posibilidad de «oscuridad» consciente no escapa a la mirada compasiva de su Creador y Señor. La posibilidad de caída y la labilidad, no impide

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al hombre contemplar la respuesta de Dios a su ser criatural. La tragedia del fracaso humano es siempre evitable, y revertible. Por la acción de la conciencia libre experimentamos la caída y con ella la experiencia universal y mundana del límite y la carencia, originando en el espíritu humano una permanente añoranza y nostalgia de la trascendencia. El amor de Dios que experimentamos en nuestra fragilidad, se sitúa en un plano superior a toda la esfera de la racionalidad. A la luz de la parábola del «Padre Misericordioso»2, el amor de Dios rompe con la antigua idea de justicia, centrada en las leyes de la vida impulsiva y natural, expresadas en el odio al enemigo, la venganza y la compensación, para centrarse en la realidad de la misericordia. Lo esencial del amor-misericordia, es el cambio de dirección motriz respecto a la concepción moral de los antiguos, para quienes el amor es aspiración-tendencia de inferior a superior, de imperfecto a perfecto, de informe a forma. En esta perspectiva, el amor es sólo un camino, un método, que lleva al Primer Motor que atrae hacia sí con El amor de Dios que fuerza irresistible. La vivencia del amor- experimentamos en misericordia que nos ofrece Jesús, va a innuestra fragilidad, vertir radicalmente el concepto de amor en se sitúa en un la Creación y más aún en la Encarnación: el Creador cristiano no es «primer motor», plano superior a sino el que da el ser a toda creatura por pura toda la esfera de benevolencia. Dios crea no por indigencia, sino movido tan solo por su liberalidad. la racionalidad Dicha inversión llega a su clímax en los acontecimientos de Galilea y Jerusalén, en la Encarnación y Pascua de Jesucristo, frente a los cuales va a perder todo sentido la tesis de amar a los buenos y odiar a los malos. Aquí hay que amarlo todo, hasta al malo para hacerlo bueno. Con todo esto se manifiesta el «Summum Bonum», no sólo como el ser que se comunica, sino como la Persona que no tiene nada sobre sí, sino que todo lo que existe es fruto de su acto amoroso y creador.

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Cfr. Lc 15.

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Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

La bondad de Dios se concreta en que Dios esta a favor de la vida. De la vida del frágil y del débil. El ama sin medida a los privados de vida, esa es su realidad y acción última. El misterio de Dios como misericordia aparece magnifico y tremendo en la cruz. Es en ese misterio insondable de un Dios crucificado donde se revela quién es Dios realmente. Es un Dios que no solo esta a favor de las víctimas, sino a merced de sus verdugos. Dios se hace «frágil» en su identificación con las víctimas, manifestando su absoluta solidaridad con ellas. La cruz en la que esta el mismo Dios, es la forma más clara de decir que Dios ama a los frágiles, haciéndose uno de ellos. En ella su amor es impotente pero es creíble.

Jesús o la Misericordia encarnada del Padre La primigenia misericordia de Dios es la que aparece historizada en la práctica y en el mensaje de Jesús. Cuando Jesús quiere hacernos ver quien es un ser humano auténtico, nos cuenta la parábola del buen samaritano. El buen hombre es «movido a misericordia». La misericordia como re-acción frente a la fragilidad y el sufrimiento del herido del camino, se torna la única acción posible del hombre cabal. Ser un ser humano es para Jesús, reaccionar con misericordia; de lo contrario queda viciada la raíz esencial de lo humano, como ocurrió con aquellos que frente al herido «dieron un rodeo». Jesús tiene misericordia y actúa movido por la misericordia porque siente compasión de la gente. La misericordia no es lo único que ejercita Jesús, pero si es lo que esta en su origen y lo que configura toda su vida, su misión y su destino. Como trasfondo de la práctica de Jesús siempre aparece la fragilidad del hombre, de los pobres, de los débiles, de los privados de dignidad, ante los que se les conmueve las entrañas. Y estas entrañas conmovidas son las que configuran todo lo que él es: su saber, su actuar y su celebrar. En Jesús, Dios mismo sale al encuentro del hijo pródigo y cuando lo ve «movido a misericordia», reacciona, lo abraza y organiza una fiesta. Esa es la única respuesta posible de Dios frente a nuestras fragilidades.

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Llamados a Ser y a Hacer misericordia Si con la misericordia se describe al ser humano, a Cristo y a Dios, es porque la misericordia es algo fundamental que especifica el amor cristiano. La misericordia se constituye en la actitud fundamental frente a la fragilidad y el sufrimiento ajeno, en virtud de la cual se reacciona para enfrentarlo y erradicarlo. Vivir la misericordia realiza lo más hondo del ser humano, se hace afín a Jesús en consonancia con las consignas últimas del Padre. El pathos de la misericordia debe configurar todas nuestras acciones. Nuestro lugar como creyentes son los heridos del camino. El lugar de nuestro amor son los «otros», es sin duda un de-centramiento de nuestros intereses para nacer a una práctica de la misericordia. Lo que permanece para siempre, y por ello tiene ya primacía en la historia, es la caridad3. La fe llega a ser cuando actúa por la caridad4. La verdadera religión consiste en visitar huérfanos y viudas5. Quien no ama no ha conocido a Dios6. Lo que esta en juego en el ejercicio de la misericordia frente a nuestra fragilidad, tiene que ver con la comprensión y el cuidado tanto de uno mismo como de los demás. Se trata de la resignificación de lo humano para que nuestra fragilidad no sea impedimento, sino camino para una auténtica liberación.

Conclusiones Generales  En la existencia humana, se trata de asumir la fragilidad como una oportunidad para vivir lo más auténticamente humano de nuestro ser criatural.  La manera de asumir la fragilidad depende para los hombres de fe, de la imagen de Dios que tengamos. La imagen de un Dios castigador por los males hechos, justificará la experiencia de la 3 4 5 6

Cfr. 1 Cor 13. Cfr. Gál 5-6. Cfr. Sant 1, 27. Cfr. 1 Jn 4, 8.

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Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

fragilidad en la vida. Se entenderá equivocadamente como un castigo o en el mejor de los casos como una prueba. Las dos visiones traicionan el Dios de Jesús que se presenta como el Dios de la misericordia, aquel que se conmueve en sus entrañas y que expresa con su cercanía frente al dolor y el sufrimiento.  Cuando el hombre vive su fragilidad se humaniza y aprende. Tal vez lo absolutamente cierto de la fragilidad es que nos hace en medio de la dureza y el sufrimiento que trae, madurar y hacernos mejores seres humanos, más humildes, más sensibles a los otros, más conscientes del dolor y el sufrimiento que pueden vivir los demás, porque hemos pasado también nosotros por la «prueba» de la fragilidad y el sufrimiento. En este sentido, vivir nuestra propia fragilidad nos hace más solidarios.  Aprender de la fragilidad, ayudarse en ella, esa es la cuestión. La fragilidad llega y en algunos casos para quedarse indefinidamente. La clave es afrontarla con fortaleza y esperanza. La vida verdadera es una lucha a muerte contra todo lo que nos destruye. Los dolores hay que enfrentarlos, algunos desecharlos y otros en medio de la pasividad de no poder cambiarlos, vivirlos con altura existencia, es decir, hacernos más humanos en la fragilidad.  La respuesta auténticamente humana frente a tal experiencia de finitud es la solidaridad. Esta es una consecuencia propia de una vivencia auténtica.  Se trata de asumir la propia limitación y crecer a partir de ella.  La fragilidad como dimensión constitutiva se debe integrar humanamente en cada persona. Si bien, tiende a desordenar la vida, el proceso de asumirla y de vivirla, nos permite activar fibras y procesos humanos de liberación interior, que nos permitan mantener la salud psíquica en medio de los dolores y las enfermedades.  Según el absoluto que se tenga en la vida se responde a la fragilidad en la existencia. Según la idea que tengamos de Dios,

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del sentido de lo humano y de la existencia, así será nuestra respuesta.  La fragilidad hay que aceptarla, asumirla y construirse desde ella. Esta es la única alternativa humana posible.  La fragilidad nos abre a la experiencia del misterio en y de la vida misma. Hay fragilidades que no se pueden explicar. Frente a aquellos que casi siempre son dadas, no buscadas, ni queridas; hay que irlas integrándolas como penetración en el misterio de la vida que nos coloca en situaciones complejas y a veces absurdas cuando menos lo esperábamos. Tal vez la actitud sea el silencio y la contemplación de este misterio que incomprensible, revela lo humano, frágil y finito de toda existencia criatural.  Es fundamental aceptar y comprender al ser humano en su experiencia de fragilidad. Se trata de acoger y acompañar. Los otros en sus fragilidades nos necesitan. Es necesario tender la mano, es necesario hacerse prójimo del herido del camino. Es necesario salir de sí, vencer nuestro egoísmo para abrazar la fragilidad y el sufrimiento de los otros como propio.  Jesús no explica ni justifica la fragilidad pero si nos muestra como vivirla.  Hay que aprender a estar en silencio frente a la fragilidad.  La auténtica idenficación con el crucificado como clave de solidaridad con el dolor propio y del mundo.  La fragilidad en la vida se puede experimentar como destino: aparecen las pasividades por disminución. Existen pasividades que son pura oscuridad. ¿Cómo asumirlas? ¿Cómo vivirlas? ¿Cómo aparece en ellas el Señor?. Dios actúa en ellas como tensión de profundidad, como podadera, como catalizador, detector de lo mejor que hay en nosotros mismos. Dios acontece en ellas como sentido y como apertura al misterio de la vida.

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Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia

 Entregarse al Misterio. Comulgar con Dios por disminución. Solo cabe el silencio y la admiración. Nos salva la memoria de un Dios que nos ama. Un Dios pedagogo, purificador, humanizador. Se nos pide disposición para acoger el misterio de la fragilidad como misterio de salvación, humanización y liberación.

La fragilidad como dimensión constitutiva se debe integrar humanamente en cada persona

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«¡Creo, ayuda a mi poca fe!»

Roberto Triviño Ayala, S.I. *

L

a escena evangélica de la curación de un muchacho epiléptico, tiene lugar al bajar Jesús con sus discípulos Pedro, Santiago y Juan del monte de la Transfiguración. El texto de Marcos presenta a un hombre desesperado buscando la curación de su hijo. Acudió primeramente a otros discípulos y éstos no han podido curarlo. De allí que acude el padre directamente a Jesús y le ruega: «si algo puedes hacer, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le respondió: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!». El hombre cree en el poder curativo de Jesús, pero reconoce que su fe es débil, incipiente; por eso pide a Jesús que le ayude en esta necesidad: «Creo, ayuda a mi poca fe»1. Este texto del evangelista San Marcos nos introduce en el tema de la fe, tan importante en el día de hoy, ya que creer hoy no es fácil debido al ambiente de increencia, materialismo y secularismo en el cual nos encontramos. Podemos hacer nuestra también esta petición del padre del muchacho: «Creo, pero ayuda a mi poca fe». * 1

Sacerdote jesuita. Miembro del Equipo del CIRE. Mc 9, 14-29.

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«¡Creo, ayuda a mi poca fe»!

Pero, ¿qué es la fe? Intentaré exponer algunas ideas referentes al tema. Me parece que así como hay que purificar la imagen de Dios que actualmente tenemos, igualmente hay que purificar la imagen de fe para tener un concepto claro sobre el asunto. La razón es que nuestra fe debe estar basada en la verdadera imagen de Dios y en la verdadera imagen del hombre.

IMÁGENES FALSAS DE LA FE Las más frecuentes son las siguientes:  Un tranquilizante para la conciencia. Algo así como un sedante o un narcótico que adormece y conduce a evadir las realidades presentes. Es el opio que aliena al pueblo.  Un catálogo o lista de verdades que hay que creer a la fuerza y que a veces yo no entiendo nada o casi nada La razón es que pero las admito por miedo a la condenación.

nuestra fe debe estar basada en la verdadera imagen de Dios y en la verdadera imagen del hombre

 Algo hereditario y que se transmite por los cromosomas. La fe se reduce a transmitir verdades de generación en generación sin ningún compromiso personal. Es la fe que se reduce solamente a un compromiso social. La fe de fachada exterior.  Un código de leyes morales que se trata de vivir por intranquilidad de conciencia. Se reduce al cumplimiento solamente de «la letra». Eterna tentación del fariseísmo.

 Algo ritualista, de folclor, de espectáculo. Suena a sensacionalismo o teatralidad. Fe que se queda únicamente en el rito.  Resultado de un silogismo o fruto de un raciocinio.

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 La fe como noción, concepto o idea más del diccionario. Una ideología.  Un amuleto, un fetiche o dije que me trae buena suerte y me preserva de toda clase de accidentes. Fe supersticiosa, de agüero.  Un enigma, un absurdo, algo difícil de comprender. Una quimera irrealizable.  Fe comercial que se puede comprar y vender como si se tratara de una cosa de valor en dinero.  Fe que se reduce a un mensaje de salvación para la otra vida.  O a un mensaje de santificación individual; reducirla a un conjunto de virtudes privadas, sin fuerza ni capacidad para influir en la vida pública de los pueblos y de la sociedad. Fe anodina.  Reducir la fe a una praxis socio-política con vistas a transformar las condiciones sociales, económicas y políticas de la sociedad. Es la tentación del zelotismo, o sea, hacer del Mesías un líder político, para instaurar una teocracia en la que lo divino y lo humano se confundieran en un único proyecto (José Ma. Castillo)  «Algunas culturas contemporáneas tienden a reducir la fe religiosa al recinto de lo privado y personal»2. Por lo tanto, «no hacer el juego a la dinámica privatizadora de la fe, sino vincular la experiencia de la fe a un modo de vida cotidiana, promover gestos que interpelen, susciten preguntas y hagan significativos para hoy los contenidos del evangelio, recuperar lo sacramental y la exterioridad comunitaria en la vivencia de la fe»3.

COMPAÑÍA DE JESÚS, Congregación General 34, Decreto 4, n. 19. Cfr. DARÍO MOLLA, S.J., Parroquias: Comunidades para la solidaridad: Información S.J. 54 (Marzo-abril 1996) 46-47. 2 3

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IMÁGENES VERDADERAS DE FE ¿Qué es la fe?  «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven»4.  La fe es obediencia: Obediencia de la fe5. El obediente es antes que nada un creyente.  Fe es la respuesta que da el hombre a Dios que se le revela o le habla6; «Dios invisible habla a los hombres por la abundancia de su amor, como amigos, y mora con ellos para invitarlos a unirse con El y recibirlos en su compañía»7. Existe, pues, una relación dialogal de Dios con el hombre y viceversa. «Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios»8.  Es una adhesión a una persona. Le fe no es tanto una adhesión a algo, incluso a unas verdades, sino adhesión a Alguien, y ese Alguien es Dios. Es una verdadera Alianza en el amor. Adhesión a la persona de Jesucristo: «Creéis en Dios, creed también en mí»9. Esa adhesión supone una creencia total a su persona, a sus palabras y a sus obras10. Cuando se acepta a una persona, se la acepta como es. No se puede dividir a la persona en quien se cree.  Es una iluminación. Todo cobra sentido a la luz de la fe. «En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado... Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad»11; «La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifies4 5 6 7 8 9 10 11

Heb 11, 1. Cfr. Rom 1, 5. Cfr. Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum n. 5. Ibid., n. 2. Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes n. 19. Jn 14, 1. Cfr. Jn 10, 38. Gaudium et Spes n. 22

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ta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas»12.  Es una opción fundamental, por lo tanto, es un acto consciente, libre y personal. La fe, nos dice el Concilio Vaticano II, es el acto por el cual «el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad asintiendo libremente a lo que Dios revela»13. Como consecuencia de lo anterior, en la doctrina conciliar encontramos que «el acto de la fe es voluntario por su propia naturaleza, ya que el hombre , redimido por Cristo Salvador y llamado por Jesucristo a la filiación adoptiva, no puede de adherirse a Dios, que se revela a sí mismo, a menos que, atraído por el Padre, rinda a Dios el obsequio racional y libre de la fe»14; no obstante siempre se mantuvo la doctrina de la Iglesia de que nadie debe ser forzado a abrazar la fe15.  La fe es don, apertura, respuesta y fidelidad16.  Un regalo de Dios. La fe es iniciativa de Dios. La fe no se consigue a base de raciocinio; la fe pertenece al campo del amor y, si es amor, es de Dios porque El es el que llama primero. La fe ni se compra ni se vende, sino que es un don que Dios regala al hombre.  Fe es seguridad. Es una entrega confiada con la plena seguridad de que Dios no nos fallará. Podemos decir lo mismo que San Pablo exclamaba: «porque yo sé bien en quién tengo puesta mi confianza»17.  Es compromiso. Que implica una entrega total personal a Cristo y entrega al hermano y esto se traduce en la praxis: «Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta»18. La exhortación que en este momento se nos puede hacer a todos, es que el 12 13 14 15 16 17 18

Ibid., n. 11. Dei Verbum n. 5. Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa n. 10. Ibid., n. 12. III Conferencia General de Episcopado Latinoamericano. Puebla n. 296. 2 Tim 1, 12. Sant 2, 17.

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servicio, especialmente a los más pobres hará que nuestra vida de fe sea más honda, «más pascual, más compasiva, más tierna y más evangélica en su sencilléz»19.

GRUPOS DE PERSONAS ACERCA DE LA FE Es frecuente encontrar los siguientes tipos de personas en torno a la fe. Podríamos señalar los principales:  Personas que no quieren ver ni creer. Es el extremo de la incredulidad y del escepticismo. Toman la actitud del avestruz: cerrar los ojos a la realidad. Es la categoría de los que «viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden»20.  Personas que primero quieren ver para luego creer. Tomás, el discípulo del Señor, es el exponente de esta actitud. Jesús le dijo: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído»21.  Personas que primero creen para luego ver. Bienaventurados los que pertenecen a este grupo de creyentes: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»22. Muchos viven en esta escuela de la fe aun con una fe pequeña como semilla de mostaza. Tenemos muchos modelos como Abrahán, el paralítico cuando escucha a Jesús que le dice: «A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»23, o como en el caso de Lázaro: «aunque estés muerto, vivirás»24. A nosotros el Señor cientos de veces nos ha permitido ver primero con los ojos de la fe para luego ver con nuestros ojos físicos. «Todo es posible para el que cree»25, dice Jesús.

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COMPAÑÍA DE JESÚS, Op. cit., Decreto 2, n.1. Mt 13, 13. Jn 20, 29. Jn 11, 40. Lc 5, 24. Jn 11, 25. Mc 9, 23.

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 Finalmente, están los que no creen porque los demás no creen. Para el que ama, mil objeciones no llegan a formar una duda, para el que no ama, mil pruebas no llegan a constituir una certeza 26.

LA DINÁMICA DE LA FE Para entender esta dinámica de la fe bíblica o teologal, nos es necesario entender primero qué se entiende por fe a nivel humano. La fe bíblica, es pues, una analogía de la fe humana.  La fe humana. Es adherirnos al testimonio de una persona que nos inspira confianza. A este nivel, el acto de fe entre los hombres supone una persona que habla y alguien que cree. El que habla dice algo que él conoce, para que otro conozca. Comunica una verdad apoyaLa fe bíblica, do en que lo que dice es cierto y puede gaes pues, una rantizarla. Eso que revela pertenece a la verdad de su mundo interior y quiere com- analogía de la partirlo con el otro, para hacerle un bien. El fe humana que habla supone que va a ser comprendido y aceptado por la libertad del otro. De parte del que cree está la disposición de atender respetuosamente lo que se le ha comunicado. Al aceptar esa verdad, implícitamente se está aceptando a su interlocutor tanto en lo que dice como en lo que hace. En este caso, la fe humana requiere una gran capacidad de amor y de adhesión a la persona que nos habla. La fe humana es el encuentro de dos libertades y un acto de amistad y de aceptación mutua que se hace proyecto de verdad común. La fe humana requiere el principio ignaciano «de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla»27, lo que quiere decir que debe existir entre los dos interlocutores una mutua credibilidad y completa sinceridad en lo que hablan. Lastimosamente hoy se ha perdido la fe en las palabras. La fe humana no sólo une las mentes sino también los corazones en la verdad. 26 27

L. EVELY Ejercicios Espirituales 22.

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 La fe bíblica o teologal. Como en la anterior, la fe teologal también está basada en un diálogo entre dos personas. En este caso, entre Dios y el hombre. Dios habla y el hombre responde. Esa respuesta que da el hombre es la fe. El diálogo es de absoluta iniciativa de Dios, «porque El nos amó primero»28. Dios concibió un Plan de salvación de los hombres, nos dio a conocer el Misterio de su voluntad29. Ese Plan fue progresivamente revelado por medio de los Profetas, pero últimamente revelado por Jesucristo 30. El se convirtió en el culmen de la revelación salvadora. Y para dar a conocer este designio, Cristo empleó la forma dialogal en la predicación de la Buena Nueva. El nos habla claramente en el Evangelio a través de sus discursos, de las parábolas, de los milagros y de su modo de actuar. Así cumple lo que aparece en el evangelio según San Mateo: «Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo de lo quiera revelar»31. Esa palabra que nos habla Dios «es una palabra viva, eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón»32. Esa palabra de Cristo queda confirmada por el Espíritu que nos envió y que nos enseñará todo y nos recordará todo lo que El nos ha dicho33. El realiza su acción a través de la Iglesia que fundó sobre la roca de los Apóstoles y que se ha convertido en «Luz de los pueblos»34 y en «sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano»35; Sacramento universal de salvación36. Y es también por medio de este Cuerpo eclesial desde donde Dios se nos sigue revelando a través de sus sacramentos. Escuchemos lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia a este propósito: «La Iglesia, que 28 29 30 31 32 33 34 35 36

1 Jn 4, 19. Cfr. Ef 1, 3-14. Cfr. Ef 3, 5-12. Mt 11, 27. Heb 4, 12. Cfr. Jn 14, 26. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen Gentium n. 1. Ibidem. Cfr. Gaudium et Spes n. 48.

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La fe como semilla germina en el corazón del hombre y da fruto en la oración

es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3, 15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los apóstoles37. Muchos han sido los «testigos» de esta fe que han entregado su vida por confesarla. Por ser la Iglesia divina y humana a la vez, la fe se historiza en realidades concretas dando lugar así a una «historia de salvación». En fin, creer es aceptar a Cristo como modelo de nuestra vida: «Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él»38.  El lenguaje de la fe. Dice un teólogo hablando precisamente acerca de este tema: «La fe está más allá de toda definición, porque pertenece a la esfera psíquica de la persona, al entramado y contexto de la experiencia religiosa y personal, al contacto vivencial con Dios en nuestro ser íntimo. Por ello la fe se sitúa en el ámbito de las vivencias y valores como el amor, la amistad, la alegría, la esperanza, el miedo, la confianza en alguien, en una promesa o una palabra dada»39. Y nuevamente el Catecismo nos trae esta consideración: No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que éstas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad (enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir al fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez40.

 Medios para cultivar la fe. 1) la oración: la fe como semilla germina en el corazón del hombre y da fruto en la oración. Hay una relación entre este binomio: la oración alimenta la fe y la fe hace crecer la vida de oración. La oración es fe madura en el

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Catecismo de la Iglesia Católica n. 171. 1 Jn 2, 6. BASILIO CABALLERO, La Palabra cada día, San Pablo, Madrid 1990, 643. Catecismo de la Iglesia Católica n. 170.

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diálogo con Dios. Sin fe la oración se convierte en monólogo estéril ya que no tiene el referente del Tú. La oración es un diálogo «como un amigo habla con otro amigo»41. La oración como toda alianza de amor se expresa a través de los signos, es decir, de las palabras, de los gestos, de los actos y esto es lo que hace la comunión entre las personas. Santa Teresa decía que la oración es asunto de amistad. La oración manifiesta la riqueza de lo que es la Revelación y el vigor de la fe del creyente. La oración es como el amor. Es un arte. Siempre hay que estar aprendiendo y nunca se llega a aprender suficientemente. La oración es buscar a Dios, es dejarse interpelar por El, es escucharle a El. 2) la lectura espiritual como alimento para el espíritu. 3) la práctica sacramental de los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía. 4) el apostolado puesto que «la fe se fortalece dándola»42, decía Juan Pablo II.

CARACTERÍSTICAS DE LA FE Serían muchísimas las características, solamente me limito a señalar las principales:  plena: sin reservas, que lo invade todo y lo trasciende todo,  segura: sin temores, que transmita paz y confianza,  libre: sin ningún tipo de coacción. Que me exprese como persona creyente,  madura: propia de mi condición actual como adulto,  dinámica: activa, misionera, apostólicamente comprometida con la evangelización. Sin comodidades ni buscando el camino ancho,  luminosa y pujante: no adormecida ni esclerotizada,  fuerte y viva: sin cansancio, que supera la contradicción,  alegre y gozosa: que infunde felicidad,  humilde y sencilla: sin durezas ni rigideces,  eclesial: porque debe estar dentro del ámbito de la Iglesia,  coherente: entre lo que se dice y se hace. Con cierta congruencia entre la vida y la fe que se profesa,

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Ejercicios Espirituales 54. JUAN PABLO II, Redemptoris missio n. 2.

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 inserta: «Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, ni totalmente pensada, ni fielmente vivida»43.

TERMINO CON LA LETRA DE ESTE CANTO 44 Creo, aunque todo te oculte a mi fe. Creo, aunque todo me diga que no. Porque he basado mi fe en un Dios inmutable, en un Dios que no cambia, en un Dios que es Amor. Creo, aunque todo subleve mi ser. Creo, aunque sienta muy solo el dolor. Porque he fundado mi vida en palabra sincera, en palabra de amigo, en palabra de Dios. Creo, aunque todo parezca morir. Creo, aunque ya no quisiera vivir. Porque el cristiano que tiene a Dios por amigo, no vacila en la duda, se mantiene en la fe. Creo, aunque veo a los hombres odiar. Creo, aunque veo a los niños llorar. Porque aprendí con certeza que El sale al encuentro en las horas más duras, con su amor y su luz. Creo, pero aumenta mi fe.

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JUAN PABLO II, Discurso al mundo de la cultura, Lima 15.V.88. IGNACIO LARRAÑAGA, Encuentros–Manual de oración. Canto n. 8, Bogotá 1996, 98.

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Crecer viviendo juntos

Crecer viviendo juntos Reflexiones sobre las condiciones del crecimiento en la vida compartida

Hermann Rodríguez Osorio, S.I. * Así que si Cristo los anima, si el amor los consuela, si el Espíritu está con ustedes, si conocen el cariño y la compasión, llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito. No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque su propio bien, sino también el bien de los otros1

DOS CONSIDERACIONES PRELIMINARES Lo festivo y lo trágico de la vida en común

L

a primera consideración inicial es recordar lo que dice Jean Vanier en su libro Comunidad: lugar de perdón y de fiesta, cuando se refiere a las dos realidades con las que se encuentra quien quiere

Licenciado en Filosofía y Magister en Psicología Comunitaria de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Doctor en Teología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Actualmente es Director del CIRE. 1 Flp 2, 1-4. *

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aventurarse a construir una comunidad fraterna: Lo festivo y amable, por un lado, y lo trágico y terrible, por el otro. Al referirse a lo positivo y agradable de la experiencia comunitaria, Jean afirma lo siguiente: En estos tiempos en que las ciudades son tan despersonalizadas y despersonalizantes muchos buscan la comunidad, sobre todo cuando se sienten solos, fatigados, débiles y tristes. Para otros, estar solo es insoportable, es un gusto anticipado de la muerte. La comunidad aparece entonces como maravilloso lugar de acogida y participación 2.

Podríamos decir, con Gabriel García Márquez que «morir es no estar nunca más con los amigos»3. La vida en comunidad nos rescata de la muerte, del anonimato, de la soledad, del silencio... La vida en comunidad se convierte así, en una tabla de salvación para las personas en medio de una sociedad que nos encierra cada vez más en nuestros pequeños mundos. Pero esto no es todo. Cuando vivimos con otros, también nos encontramos con una dimensión trágica de la existencia: Pero bajo otro ángulo, la comunidad es un lugar terrible. Es el lugar donde se revelan nuestras limitaciones y egoísmos. Cuando empiezo a vivir todo el día con otras personas, descubro mi pobreza y debilidad, mi incapacidad para entenderme con algunos, mis bloqueos, mi afectividad o mi sexualidad perturbada, mis deseos que parecen insaciables, mis frustraciones, mis celos, mis odios y mis deseos de destrucción. Mientras estaba solo, podía creer que quería a todo el mundo; ahora con otros, constato lo incapaz que soy de amar y rehuso la vida con otros. Si soy incapaz de amar, ¿qué queda de bueno en mí? Sólo hay tinieblas, desesperanza y angustia. El amor es una ilusión. Estoy condenado a la soledad y a la muerte4.

Se trata de dos caras de una misma moneda que hay que tener presentes a la hora de iniciar una aventura comunitaria. La comunidad JEAN VANIER, Comunidad: lugar de perdón y de fiesta, Madrid, 51985, 13. Esta frase se encuentra en la Introducción a su libro Doce cuentos peregrinos, cuando cuenta un sueño que tuvo mientras vivía en Barcelona, lejos de su familia y de sus mejores amigos. 4 JEAN VANIER, Op. cit., p. 13. 2 3

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no se puede ver sólo como «mayor penitencia», según el decir de un joven santo jesuita, pero tampoco es el paraíso original al que aspiramos a llegar lo más rápidamente posible. La vida comunitaria nos hará vivir momentos de alegría y de tristeza, experiencias de comunión y de conflicto, situaciones de paz y de El crecimiento guerra, es decir, en ella nos acercamos a la dimensión festiva de nuestras existencias, al tiem- comunitario es po que probamos lo que puede ser el sentido trágiun don que es co de la vida. Dios es el que da el crecimiento

necesario pedir con humildad

En segundo lugar, antes de entrar a proponer algunas condiciones del crecimiento en la vida compartida, es importante recordar que el crecimiento en la vida de comunión, como en todo lo que implica la vida espiritual de las personas, es un regalo de Dios, una gracia. El crecimiento comunitario es un don que es necesario pedir con humildad. Dietrich Bonhoeffer, teólogo alemán, sostiene que: Comunidad cristiana significa comunión en Jesucristo y por Jesucristo. Ninguna comunidad cristiana podrá ser más ni menos que eso. Y esto es válido para todas las formas de comunidad que puedan formar los creyentes, desde la que nace de un breve encuentro hasta la que resulta de una larga convivencia diaria. Si podemos ser hermanos es únicamente por Jesucristo y en Jesucristo5.

Hablando del Reino de Dios, que es lo que queremos hacer realidad cuando nos reunimos para construir la comunión fraterna, Jesús nos recuerda que se trata de una realidad que acontece aún durante nuestros momento de descanso. El Reino de Dios crece, aunque los que han sembrado la semilla estén despiertos o dormidos: Jesús dijo también: Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra: que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de

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DIETRICH BONHOEFFER, Vida en Comunidad, Salamanca, 41987, 12.

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Hermann Rodríguez Osorio, S.J. noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga. Y cuando el grano ya está maduro, la recoge, porque ha llegado el tiempo de la cosecha6.

En este mismo sentido se expresa Pablo, para quien el constructor principal de la comunidad no es el dueño de ésta, ni el crecimiento puede ser atribuido a alguien particular. Eso le da una característica muy propia a la comunidad cristiana, porque es de Dios y todos los miembros de una comunidad son sólo servidores unos de otros y del proyecto de comunión: A fin de cuentas, ¿quién es Apolo?, ¿quién es Pablo? Simplemente servidores, por medio de los cuales ustedes han llegado a la fe. Cada uno de nosotros hizo el trabajo que el Señor le señaló; yo sembré y Apolo regó, pero Dios es quien hizo crecer lo sembrado. De manera que ni el que siembre ni el que riega son nada, sino que Dios lo es todo, pues él es quien hace crecer lo sembrado. Los que siembran y los que riegan son iguales, aunque Dios pagará a cada uno según su trabajo. Somos compañeros de trabajo al servicio de Dios, y ustedes son un sembrado y una construcción que pertenece a Dios7.

Hay algunos superiores o responsables de las comunidades que sienten la obligación de responder por el crecimiento de la comunidad y de cada uno de los miembros. Esto los lleva a tomarse demasiado a pecho la santificación de sus súbditos, como si de ellos dependiera este crecimiento espiritual. Dicen que Dios le dijo una vez a un superior y a un ecónomo de una comunidad: «Ustedes encárguense de hacerlos felices; de hacerlos santos, me encargo yo...».

LAS CONDICIONES DEL CRECIMIENTO Lo que nos une está más allá de nosotros Cuando nos reunimos alrededor de una comunidad, incluso, la comunidad matrimonial, tenemos en común un proyecto, una búsqueda

6 7

Mc 4, 26-29. 1 Cor 3, 5-9.

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compartida. En las comunidades religiosas esto se recoge en el carisma, el proyecto apostólico, el espíritu que anima la misión... No nos reunimos a vivir juntos, por lo menos no en principio, por el mero gusto de vivir juntos... Tenemos sueños, planes, programas para realizar; y creemos que podemos realizarlos mejor si unimos nuestras fuerzas y carismas alrededor de algo que nos entusiasma y nos anima. Si algunas personas comienzan a vivir juntas sin especificar por qué y para qué se unen, no podrán durar mucho tiempo unidas. Las expectativas de los distintos miembros de una comunidad pueden ser muy diversas y cada uno buscando una cosa diferente, y caminando por su lado, hará imposible la convivencia fraterna. Jean Vanier, citando a Bruno Bettelheim dice lo siguiente: «Estoy convencido de que la vida en común sólo puede florecer cuando existe un fin fuera de ella. No es posible más que como consecuencia de un compromiso profundo hacia otra realidad más allá de la de ser una comunidad»8. «Amar no es mirarse el uno al otro sino mirar ambos en la misma dirección», se dice popularmente. No es posible construir la comunión si no hay un polo de atracción fuera de la misma comunidad que le de sentido al proceso de construcción que es necesario vivir para crecer juntos. Algunos estudiosos de la Biblia sostienen actualmente que la expresión Yo soy el que soy, con la que se identifica Yahvé ante Moisés al enviarlo a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto9, debería traducirse mejor como Yo soy el que seré. Se trata de una definición menos estática y, por tanto, más acorde con el Dios peregrino que hizo el camino del desierto con su pueblo y que sigue caminando hoy junto a nosotros. La expresión Yo soy el que seré es un intento por expresar la dinámica de un Dios que nos promete, que no descansará hasta ser nuestro Dios y hasta que nosotros seamos su pueblo10. Dicho de otra manera, como lo expresa Ira Progoff en una poesía: «Como el roble está latente en el fondo de la bellota, la plenitud de la personalidad humana, la totalidad de sus posibilidades creadoras y espirituales está latente en el fondo del ser 8 9 10

JEAN VANIER, Op. cit., p. 16-17. Cfr. Ex 3, 14. Cfr. Ex 6, 7.

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humano incompleto que espera, en silencio, la posibilidad de aflorar». Cuando una institución humana se plantea su visión, desde la perspectiva de lo que se conoce como el Direccionamiento estratégico, está formulando su deseo de hacer el camino presente, desde el sueño del futuro. Otra expresión de esta realidad que estoy tratando de comunicar, es el título de uno de los libros de Benjamín González Buelta, S.J.: La utopía ya está en lo germinal. El final ya está presente al comienzo del camino. Cuando damos el primer paso, como Abraham, ya llevamos a cuestas la tierra prometida hacia la que nos mueve la promesa. Así lo expresa una de la poseías que este autor presenta en su obra, con el título de «Espera»: Esperaré a que crezca el árbol y me dé sombra. Pero abonaré la espera con mis hojas secas. Esperaré a que brote el manantial y me dé agua. Pero despejaré mi cauce de memorias enlodadas. Esperaré a que apunte la aurora y me ilumine. Pero sacudiré mi noche de postraciones y sudarios. Esperaré que llegue lo que no sé y me sorprenda. Pero vaciaré mi casa de todo lo conquistado. Y al abonar el árbol, despejar el cauce, sacudir la noche y vaciar la casa, 11

BENJAMÍN GONZÁLEZ BUELTA, La utopía ya está en lo germinal, Santander, 1998, 128-129.

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Crecer viviendo juntos la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza11 .

Esto, precisamente, es lo que quieren señalar los evangelios cuando nos presentan la transfiguración del Señor. Lo que quieren señalar es, precisamente, la dirección que orienta el camino de Jesús y de sus seguidores. La transfiguración nos está señalando el final del camino, hacia el que vamos en compañía de Jesús. Como el Dios peregrino que marchó con el pueblo de Israel, nosotros no sólo somos lo que fuimos en el pasado, o lo que somos en el presente, sino que también somos ya lo que seremos en el futuro. Somos ya el sueño de Dios realizándose en esta historia concreta. Permitamos que Dios nos cree y nos salve, como es claramente su voluntad para nosotros hoy, dejando aflorar todas las posibilidades creadoras y espirituales que están latentes en el fondo silencioso de nuestra finitud. Eso es vivir la comunidad desde el proyecto que Dios nos señala como horizonte y utopía. Los amigos y los enemigos: peligros para la vida en común Una segunda condición del crecimiento en la vida compartida es cuidar a la comunidad de los dos mayores peligros que la acechan y la pueden destruir: Los «amigos» y los Permitamos «enemigos»12. En cualquier comunidad humana se generan muy rápidamente simpatías y antipatías muy que Dios fuertes. Las unas y las otras son inevitables y se nos cree y desarrollan sin mucha lógica. Los especialistas en relaciones humanas tienen que reconocer que las nos salve sorpresas en este campo, no son la excepción sino la regla. Nos caemos bien o nos caemos mal y no sabemos muy bien por qué. Es cuestión de «química», dicen algunos; es asunto de «feeling», dicen otros; pero nadie explica completamente estas reacciones nuestras de apegos y desapegos, de filias y fobias que nos sobrepasan y somos incapaces de manejar. Por el lado de los «amigos», se puede presentar un cuadro como el

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Cfr. JEAN VANIER, Op. cit., p. 19-21.

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siguiente: Muy rápidamente ocurre que «Dios los cría y ellos se juntan»; se desea estar al lado de quien nos gusta, de quien tiene nuestras mismas ideas, la misma manera de concebir la vida, el mismo tipo de humor. Nos alimentamos el uno del otro; nos halagamos: «eres maravilloso» «tu también lo eres», «somos maravillosos porque somos inteligentes, astutos». Las amistades humanas pueden enseguida caer en un club de mediocridades donde se cierran los unos en los otros; se halagan mutuamente y se hacen creer que son inteligentes. La amistad no es entonces una tendencia a ir más lejos, a servir mejor a nuestros hermanos y hermanas, a ser más fieles al don que se nos ha dado, más atentos al Espíritu y a continuar la marcha a través del desierto hacia la tierra prometida de la liberación. Se convierte en sofocante y constituye un fardo que impide dirigirse a los otros, atendiendo sus necesidades. A la larga, ciertas amistades se transforman en dependencia afectiva que es una forma de esclavitud13.

Pero en las comunidades no sólo aparecen las simpatías y las amistades que pueden enriquecer a sus miembros o destruir la comunidad; también aparecen enemistades y antipatías que son igualmente bondadosas y peligrosas. Hay personas que no somos capaces de comprender y acoger con la misma facilidad que a las demás. Personas que despiertan nuestras agresividades. Jean Vanier describe así a estas personas: Siempre hay personas que no me entienden, que me bloquean, que me contradicen y ahogan el impulso de mi vida y de mi libertad. Su presencia parece amenazarme y provocarme agresividades o un cierto tipo de regresión servil. En su presencia, soy incapaz de expresarme y vivir. Otros hacen nacen en mí sentimientos de envidia y celos, son lo que yo quisiera ser y su presencia me recuerda que no lo soy. Su valía e inteligencia me retroraen a mi propia indigencia. Otros me piden demasiado. No puedo responder a su búsqueda afectiva incesante. Me veo obligado a rechazarlos. Estas personas son mis «enemigos»; me ponen en peligro, e incluso aunque no lo admita, les odio. Este odio no es psicológico, ni aún moral, es decir, querido. Pero cuánto me gustaría que no existieran. Su desaparición, su muerte, me parecería una liberación 14.

13 14

JEAN VANIER, Op. cit., p. 19. Ibid., 19-20.

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Crecer viviendo juntos

Crecer viviendo juntos, supone, entonces, cuidar que las personas que son más amigas no se cierren frente al resto de la comunidad, de manera que sigan siendo referencia para el resto; pero, por otra parte, supone la acogida y la aceptación de aquellas personas que no son cercanas a mi y que son capaces de producir bloqueos y rechazos que no siempre se pueden entender. Tenemos que aprender a vivir con caridad esas antipatías naturales que se pueden suscitar en medio de la comunidad en la que vivimos. En estas personas significan para nosotros retos, preguntas, cuestionamientos, que nos ayudan a mantenernos en camino y no dar por terminada la construcción comunitaria. En alguna parte leí que los monasterios medievales tenían como regla de vida contar siempre en sus comunidades con un hermano(a) «cruz». El hermano o la hermana «cruz», ayudaba al resto a caminar con más prisa hacia la santidad. Incluso, cuentan que cuando un hermano(a) «cruz» moría, el Abad o la Abadesa correspondiente, debía pedir de la abadía más cercana, que le enviaran otro hermano o hermana «cruz» lo más pronto que fuera posible. Esas personas que podemos llegar a considerar como nuestra «cruz», pueden estar haciéndonos un gran favor. Por eso es importante cuidarlo o cuidarla. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre Una tercera condición de crecimiento comunitario es la necesaria cercanía y la justa distancia que debe existir entre todos los miembros de una comunidad. Cuando Jalil Gibrán se refiere al matrimonio en su famoso libro El Profeta, afirma la necesidad de estar juntos que tienen los esposos pero, con la misma fuerza defiende la importancia de mantener ciertas distancias y dejar determinados espacios entre las personas para que puedan crecer con fortaleza y determinación: Juntos nacisteis, y juntos estaréis para siempre jamás. Juntos estaréis cuando las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días. Sí, juntos estaréis también en la silente memoria de Dios. Pero dejad que entre vosotros haya espacios. Y que los vientos del cielo puedan bailar entre vosotros. Amaos el uno al otro, mas sin hacer del amor una cadena.

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Hermann Rodríguez Osorio, S.J. Que éste sea más bien un mar, moviéndose entre las orillas de vuestras almas. Que cada uno llene la copa del otro, mas no bebáis de una misma copa. Compartid vuestro pan, pero no comáis de la misma hogaza. Cantad y danzad juntos, y sed felices, mas que cada uno pueda estar solo. Tal como las cuerdas de la lira que aunque separadas, todas vibran con la misma música Dad vuestro corazón, mas no para ser conservado por ningún otro. Porque sólo la mano de la vida es la que es digna de conservar vuestros corazones. Y estad juntos, mas no demasiado cerca; porque las columnas del templo se levantan separadas. Y el roble y el ciprés no crecen el uno a la sombra del otro15.

Estar unidos, sí. Esta es una condición fundamental del crecimiento. Ya lo decía el Salmo: «¡Vean qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos! Es No hay que como el perfume que corre por la cabeza de los sacerdotes y baja por su barba hasta el cuello de su olvidar que ropaje. Es como el rocío del monte Hermón, que también es cae sobre los montes de Sión. Allí es donde el Senecesario ñor envía la bendición de una larga vida»16.

guardar las

Pero no hay que olvidar que también es distancias necesario guardar las distancias para crecer. Cuando uno de los miembros del grupo crece para crecer desproporcionadamente, los demás pueden atrofiarse y quedar reducidos a su mínima expresión. Sólo hay que ver dos árboles grandes luchando codo a codo por la luz del sol y el agua que los riega, para entender que es importante el apoyo que se puedan ofrecer el uno al otro, pero también las dificultades que se pueden producir por el exceso de cercanía entre los dos. Cualquier campesino sabe que si quiere sembrar dos palos de mango, debe dejar entre ellos más de diez metros de distancia, aunque al comienzo parezca exagerado y alguien pueda pensar que se está desperdiciando el espacio del patio.

15 16

JALIL GIBRÁN, El Profeta. Sal 133 (132).

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Crecer viviendo juntos

Un formador, un superior religioso, un líder comunitario, un padre de familia o una madre, no pueden vivir «encima» de sus hermanos, hermanas, hijos o personas a su cargo. No los va a dejar crecer. Y esto no es sólo posible, sino muy común. Hay personas que se imaginan que entre más encima de sus hermanos o hijos estén, mejor crecerán. Y, como está dicho, esto es contraproducente. Es decir, produce exactamente lo contrario de lo que se pretende. Desde luego, tampoco se trata de alejarse de ellos de tal manera que no lo vean nunca. Estar presente el uno al otro en la comunidad, pero dejando los espacios para que cada uno crezca y se desarrolle según el proyecto de Dios. De «la comunidad para mí» a «yo para la comunidad» Cuentan que John F Kennedy le dijo a los ciudadanos norteamericanos el día de su posesión: «Compatriotas, no se pregunten qué puede hacer su país por ustedes, sino que pueden hacer ustedes por su país». Ninguna comunidad podrá ser lugar de crecimiento hasta que una buena mayoría de sus miembros haya dejado atrás la actitud infantil de «la comunidad es para mi» y haya tomado la decisión de ser «para la comunidad». «Es el paso del egoísmo al amor, de la muerte a la resurrección; es la pascua, el paso del Señor y también el paso de una tierra de esclavitud a la tierra prometida, la de la liberación interior»17 . Este paso no puede darse sin que los miembros de la comunidad vivan un proceso de conversión y decidan entregar sus vidas para que todos crezcan. Nadie se convierte de un día para otro. Esto no es magia. Hay que caminar día a día hacia este ideal de la comunidad. Por esto, hay que evitar dos extremos: el primero, pensar que ya llegamos y que no necesitamos cambiar nada, ni mejorar nada en nuestras relaciones comunitarias. Este extremo difícilmente se dará, pero puede haber personas que, como el fariseo del evangelio, se sienten buenos y santos y que no necesitan conversión. El segundo extremo que hay que evitar es el de quien vive desilusionado y considera que todo esfuerzo en el camino de la

17

Cfr. JEAN VANIER, Op. cit., 17-19.

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construcción comunitaria está perdido de antemano. Es el extremo de la decepción, de la desesperanza, del desengaño, del desencanto: «Esto es imposible» y «construir una comunidad es una aventura quijotesca sin ninguna probabilidad de éxito» repetimos cuando se encuentran los obstáculos. Estos tales han olvidado que «para Dios no hay nada imposible»18. El perdón tiene que estar en el centro Por último, quiero hacer referencia al perdón, como el centro de este proceso de crecimiento en la vida compartida. Si podemos mantener la esperanza y seguir caminando a pesar de nuestras limitaciones, es porque podemos perdonarnos unos a otros para continuar adelante en medio de las dificultades. Bastantes personas van a una comunidad para encontrar algo, pertenecer a un grupo dinámico y tener un estilo de vida cercano al ideal. Si entran en una comunidad sin saber que se va para descubrir el misterio del perdón, enseguida se desengañarán19.

Aprender a perdonar es la primera tarea de quien quiere vivir con otros, ya sea en la vida matrimonial, en la vida religiosa o en cualquier otro tipo de comunidad cristiana. La segunda es aprender a perdonarse a sí mismo. El perdón está en el centro de la construcción comunitaria: Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse. Peor háganlo amablemente; y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba. Ayúdense entre sí a soportar las cargas, y de esa manera cumplirán la ley de Cristo20.

CONCLUSIÓN Desde los orígenes de los tiempos, los seres humanos hemos aprendido que unidos podemos sobrevivir más tiempo y tener una mejor calidad de vida. Estar separados y enfrentados, es el primer síntoma de la desapa18 19 20

Lc 1, 37. Cfr. JEAN VANIER, Op. cit., 22. Gál 6, 1-2.

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Crecer viviendo juntos

Sin el apoyo de unos a otros, ningún organismo vivo, puede seguir siendo tal

rición de una organización humana. Por eso los pueblos se han ido organizado de distintas formas y han creado estructuras, cada vez más amplias, de convivencia humana: tribus, pueblos, naciones, países, Estados... Incluso, recientemente, los pueblos y las naciones, que lucharon en otras épocas con tanta convicción por su independencia, han ido caminando hacia estructuras de unión supranacional, dejando atrás diferencias que antiguamente parecían insalvables. Estas formas nuevas de organización social han tratado de respetar las identidades particulares de cada pueblo, es verdad, pero buscan la supervivencia particular en la posibilidad de la supervivencia común. «O vivimos todos, o aquí no vivirá nadie», parecen decirse entre ellos. Claro que todavía hay demasiados pueblos y naciones, es decir, seres humanos de carne y hueso, pero sobretodo de hueso, que quedan por fuera de estos planes de unión de los poderosos de este mundo, y se ven, cada vez más, condenados a la desaparición. En las Reducciones jesuíticas que se crearon en el siglo XVII al sur del continente americano, entre los indígenas que habitaban esas tierras, el mayor castigo que recibía una persona, era ser apartado de la comunidad, es decir, civilmente hablando, ser excomulgado. Ellos sabían, perfectamente, que en esas selvas inhóspitas, era imposible vivir estando separados de la comunidad. El que recibía este castigo, prácticamente, estaba condenado a morir. Este mismo principio de la supervivencia social, funciona en el ámbito de la vida en todas sus expresiones: los microorganismos, las plantas, los animales, la vida misma, se sostiene y crece, gracias a una dinámica de sinergias y alianzas. Sin el apoyo de unos a otros, ningún organismo vivo, puede seguir siendo tal. Esto es lo que quiere señalar la comparación que nos presenta Jesús en el Evangelio de san Juan con la comparación de la vid y los sarmientos21. No hay que ser un agricultor muy experto para saber que una rama, desprendida del tronco, no puede

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Cfr. Jn 15, 1-8.

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dar frutos. Todos sabemos, incluso, que si la rama se separa del tronco, se muere... Jesús señala así la cualidad que debe caracterizar a sus seguidores, si quieren participar de su vida, como Él participa de la vida de Dios: o nos mantenemos unidos a Jesús, o no podremos dar fruto, porque la vida de Dios se muere en nosotros. Permanecer unido es estar con otro allí donde él está; participar con él de lo bueno y de lo malo; acompañarlo en todo momento y disfrutar de su cercanía. Jesús nos invita no sólo a estar unidos a él en los ratos de oración, más o menos generosos, o en las celebraciones en las que participamos con alguna regularidad. Nos invita a estar unidos a él en todo lo que hacemos; a buscar y hallar su presencia a cada instante, en cada paso que damos, en cada acción que emprendemos, en cada decisión que tomamos. Permanecer unidos a Él en la vida toda, en los momentos de pasión y en los tiempos de resurrección. Sólo así, como los pueblos, podremos seguir viviendo y creciendo juntos, y no desaparecer...

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«Orando nuestras despedidas»

«Orando nuestras despedidas»

Clara Delpín, S.A. *

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as despedidas son parte de todas nuestras vidas. ¿Quiénes de nosotros o nosotras podemos decir que no hemos vivido una separación, pérdida o un dolor? La historia de adquisición y pérdida, alegría y tristeza, de vida y muerte, unión y separación nos habita indiscriminadamente. El ciclo de nuestras vidas comienza con nuestro nacimiento, cuando salimos del vientre de nuestra madre. Si nacimos por cesárea fue menos el esfuerzo que hicimos para encontrarnos en un nuevo ambiente. Los y las que nacimos por parto usual fuimos expulsados hacia la vida y nuestro llanto saludó un mundo nuevo. El ciclo continúa a través de toda la vida, las despedidas acompañadas por el dolor de la separación, las tristezas profundas que nos invaden. A Dios, que Dios te acompañe, que vayas con Dios; todas son frases que denotan o reconocen que Dios es una parte significativa de la despedida, del partir hacia. El «a Dios» es una despedida de amor. Para el que se va, se siente acompañado o acompañada. Con nuestra despedida le compartimos nuestro cariño y la certeza que Dios lo/la llevará con bien.

Maestría en Espiritualidad Cristiana de Creighton University, Omaha, Nebraska. U.S. Miembro del Equipo del CIRE. *

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Calra Delpín, S.A. Yahvé irá delante de ti. El estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas pues, ni te desanimes1.

Las despedidas a veces nos escogen al igual que en otros momentos las escogemos nosotros. A veces no nos duelen, a igual que en ocasiones nos causan dolor y/o heridas profundas. A veces una despedida nos deja un vacío interior. Dice la autora Joyce Rupp que un «a Dios» es cualquier situación en la cual hay una pérdida, un espacio interior que necesita ser ocupado2.

Nos vamos despidiendo a través del proceso de envejecimiento

Nos despedimos de nuestros padres, cónyuges, hijos/as, amistades, superiores/as por un día o un tiempo más largo. Nos despedimos de lugares familiares y seguros. Cambiamos de trabajos, colegios, universidades, países, ciudades, párrocos, parroquias, conventos. A veces de esposos, esposas o parejas y hasta de religión. Los desastres naturales nos llevan a perder bienes materiales y a veces nuestros seres queridos. La violencia nos arrebata sueños, vidas, seguridad, tranquilidad. Las enfermedades nos exigen despedirnos de algún tipo de independencia ya sea por debilidad, movilidad o discapacidad. También nos vamos despidiendo a través del proceso de envejecimiento. Hay despedidas en nuestro proceso de conversión cuando optamos por vivir en la verdad, cuando soltamos nuestros pecados, rabias, enojos o maneras que nos han consumido. Experimentamos despedidas en las etapas transitorias de la vida cuando luchamos con nuestra auto-imagen, metas y sueños. Hay despedidas que son más reconocibles, por ejemplo una muerte o un divorcio, una separación legal, la ida de un hijo o hija a otro país. Pero a veces tenemos dificultad en identificar los rompimientos menos

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Dt 31, 8. Cfr. JOYCE RUPP, OSM, Praying our Goodbyes, Notre Dame, Indiana, USA 1991, 26.

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«Orando nuestras despedidas»

notables y así podemos perder la orientación interior que nos puedan ofrecer esas despedidas. Las siguientes preguntas pueden ayudar a identificar esas despedidas: 1. ¿Qué te está doliendo en este momento? ¿Qué te preocupa, que te está causando sentimientos negativos como celos, envidia, ira, ansiedad, temor o miedo? 2. ¿De qué te quisieras deshacer en tu vida? 3. ¿Será del sentido de pérdida causado por la muerte de un ser querido, una enfermedad o dolor físico, problemas en el hogar o en el trabajo?... Soledad, algún pecado ¿Qué sería aquello que nunca más quisieras experimentar? Una vez que reconocemos y aceptemos ¿Qué es lo que nos está causando el dolor?, Podemos comenzar un proceso… Los «adioses», especialmente los que son más intensos nos llevan a preguntarnos, ¿Por qué se sufre, hacia dónde voy? ¿Cuáles son mis valores más apreciados? ¿En qué creo? Cuando experimentamos nuestras despedidas encaramos las preguntas que tienen que ver con el seguimiento. También nos podemos encontrar cara a cara con el Dios que sufre con nosotros, un Dios que quiere que seamos libres. Jesús da evidencia de esto toda su vida a través de bendiciones y sanaciones, liberando y consolando, haciendo todo lo posible para aliviar el sufrimiento que es parte de la condición humana. A través de las escrituras encontramos la promesa de Dios; de su cercanía para confortarnos, su presencia para sostenernos y para ayudarnos.

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Calra Delpín, S.A. Yo te he rescatado, te llamo por tu nombre, me perteneces, soy tu salvador, vales mucho, te aprecio, te amo, Estoy contigo… 3. Andamos con graves preocupaciones pero no desesperados, perseguidos pero no abandonados, derribados pero no aplastados. Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra persona 4.

Dios permanece con nosotras/os en nuestras luchas –aunque tengamos resistencias cuando estamos en contacto con nuestros dolores y sufrimientos– ¿Qué he aprendido yo de mis experiencias de dolor y sufrimiento? ¡Que duelen! Que muchas veces he reclamado angustiosamente a aquel que amo y a la vez se del amor y cuidado de Dios en mi vida y cuando he dejado que su cuidado y protección me invadan descubro la responsabilidad que tengo de mi propia vida y que Dios no me cambiará los EVENTOS sino que me ayudará a crecer a través de ellos. El amor de Dios es compañía, Dios nos puede ayudar a recuperar nuestra esperanza, coraje y dirección. Si nos permitimos conocer a Dios de esta manera, tendremos una aproximación distinta al querer de Dios sobre nuestras vidas. En un libro que se titula Compasión, sus autores nos dicen: «La voluntad de Dios no es una etiqueta que se le puede poner a situaciones desagradables… En vez de declarar cualquier cosa y todo como voluntad de Dios, tenemos que estar dispuestos(as) a preguntarnos dónde en medio del dolor y sufrimiento podemos discernir la presencia amorosa de Dios»5. Esta presencia amorosa de Dios puede ser nuestra fuerza en las despedidas de la vida.

Is 43, 1-5. 2 Cor 4, 7-18. 5 Cfr. DONALD P. MCNEILL; DOUGLAS A. MORRISON; HENRI J. M. NOUWEN, Compassion, Garden City, N.Y. 1982, 40. 3 4

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«Orando nuestras despedidas»

La IMAGEN que tenemos de Dios es importante cuando llegamos a término con el sufrimiento. Si Dios está allá afuera exigiendo para purificar o castigarnos, o si vemos a Dios como el que siempre nos envía penas para ponernos aprueba o retarnos, obtendremos poco consuelo y consolación de nuestra relación con Dios durante el tiempo de nuestras despedidas. Al contrario, pudiéramos sentir rabia, amargura, culpabilidad y resentimiento hacia Dios. Nuestra conciencia de la presencia amorosa de Dios, no quiere decir que nunca tendremos momentos de sentimientos de enojo o abandono por parte de Dios en tiempos de pérdidas. Estas son naturales, respuestas humanas de dolor o pesar. Pero no seguiremos eternamente culpando a Dios por la situación o por no intervenir para poner fin a lo sucedido. Si nuestra imagen de Dios es positiva, eventualmente regresamos al momento cuando reconocemos el consuelo y amor que nos están esperando. Nuestro Dios habita en cada persona, es una presencia de amor cercana que desea nuestra felicidad, camina con nosotros(as) en nuestras luchas. Si nuestro Dios es un Dios quien nos abraza «como la gallina recoge a sus pollitos bajo las alas»6 entonces viviremos nuestras despedidas con un sentido más profundo del cuidado y ternura de Dios y sacaremos consuelo y fuerza de esta presencia. Cuando una mujer va a dar a luz, se aflige porque le ha llegado la hora; pero después que nace la criatura, se olvida del dolor a causa de la alegría de que haya nacido un niño en el mundo. Así también, ustedes se afligen ahora; pero yo volveré a verlos, y entonces su corazón se llenará de alegría, una alegría que nadie les podrá quitar7.

¿Qué nos dice el mensaje y la vida de Jesús? Nos dice que él vivió momentos de dolor, despedidas, vacío. Jesús como nosotras/os vivió el patrón humano de bienvenidas y despedidas. La caminada de Jesús al desierto de su mundo seguro, lo lleva a pasar 40 días donde tuvo que despe6 7

Mt 23, 37. Jn 16, 21-22.

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dirse de los años en Nazaret y dejar ir el pasado para acoger el mundo de ministerio nuevo que lo esperaba. El Evangelista Lucas nos dice que Jesús dejó el desierto con el poder del Espíritu8. A la vez que consolaba a otros, Jesús también tuvo sus despedidas. Su amiga María con lágrimas en sus ojos le contó de la muerte de su hermano, el hermano que Jesús tanto quería, Jesús lloró 9. El capítulo 17 del Evangelio de Juan es una oración de alguien que está llegando a término con el tener que despedirse. Jesús sabe que su hora ha llegado. Ante el Padre, dispuesto a entregar todo, con el deseo profundo de «ir a casa» dice: Salí de la presencia del Padre para venir a este mundo, y ahora dejo el mundo para volver al Padre10.

Padre ha llegado la hora, vuelvo a ti11. Ahora voy a donde tú estás; pero digo estas cosas mientras estoy en el mundo, para que ellos se llenen de la misma perfecta alegría que yo tengo12.

Una vez que Jesús se despidió y desafió la tristeza de su última cena antes de su muerte, siguió el camino del abandono total. Sabía que necesitaba fuerzas para abrazar el vacío que le esperaba «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?13. Este es el llanto, el grito de toda persona que ha conocido y tenido una despedida devastadora en su vida, el sentimiento de soledad, vacío, desolación, abandono llena el espíritu humano. Y con voz fuerte grito: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu!14. 8 9 10 11 12 13 14

Cfr. Lc 4, 14. Jn 11, 35. Jn 16, 28. Cfr. Jn 17, 1-11. Jn 17, 13. Mt 27, 46. Lc 23, 46.

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«Orando nuestras despedidas»

Con solo la entrega o muerte no es suficiente para sostener el dar y recibir. Seríamos consolados pero no esperanzados para una nueva bienvenida. La belleza del misterio Pascual, el misterio de pasar de la muerte a la vida, es que pasamos de una despedida a un «Hola», que termina con vida nueva. Si el calvario es el adiós más profundo que se ha conocido, la Resurrección Con solo la es el hola o bienvenida más grande que se ha entrega o muerte proclamado.

no es suficiente para sostener el dar y recibir

Estamos invitados/as a tomar nuestros sufrimientos y/o nuestras despedidas y verlos desde la perspectiva de la Resurrección, en ella hay fuerza y esperanza. Este es el poder la Resurrección obrando en nosotros/as:

No queremos que se queden sin saber lo que pasa con los muertos, para que ustedes no se entristezcan como los otros, los que no tienen esperanza. Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios va a resucitar con Jesús a los que murieron creyendo en él15.

ORANDO NUESTROS ADIOSES 16 Cuando hacemos oración con nuestras separaciones, tendemos a enfocarnos en el dolor y en el sanar. A veces nos quedamos en el dolor o al comienzo del proceso de sanación. Puede haber cuatro aspectos para orar las despedidas:  Reconocimiento  Reflexión  Ritualizar  Re-orientación

15 16

1 Tes 4, 13-14. Cfr. JOYCE RUPP, Op. cit., p. 77-94.

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Cuando hacemos oración estos elementos se mezclan, a igual que pueden haber momentos cuando alguno de estos no este presente. Necesitamos reconocer el dolor de nuestras despedidas y acercarnos a él de una manera que lleve a un crecimiento personal. Cuando oramos una despedida hacemos más que orar sobre lo perdido porque eso sería mantenerlo fuera de sí. Cuando verdaderamente oramos una despedida la vivimos, conectamos nuestra vida con Dios y llevamos ese dolor a nuestra relación íntima con Dios. Sabemos que el toque de Dios es el toque de sanación. Toda la gente quería tocar a Jesús, porque los sanaba a todos con el poder que de él salía17.

Una de las maneras como oramos nuestras despedidas, es a través de los funerales o memoriales, pero estos no son suficientes. Estos no permiten hacer el duelo de otras pérdidas, como pueden ser una separación matrimonial, pérdida de un trabajo, salida de una comunidad religiosa o lo que se puede llamar transición en la vida adulta. Además nuestras pérdidas muchas veces las tenemos que orar más de una vez. Necesitamos orar continuamente para sentirnos sostenidos y sanados día a día.  Reconocimiento. Comenzamos identificando o nombrando la perdida experimentada. También nombramos el dolor o sufrimiento vivido por causa de lo que hemos perdido.  Reflexión. Darnos tiempo para la reflexión, nos ayuda a sentirnos confortables con el «bajón» de energía que nos puede llegar, con la soledad que podemos experimentar. Usualmente hacemos lo contrario y buscamos con que llenar nuestro tiempo, para mantenernos ocupados/as. Aquí la propuesta es de tomar el tiempo para mirar a nuestro interior y ahondar lo más profundamente que se pueda18.

17 18

Lc 6, 19. Cfr. Lam 2, 19; Sal 13, 2, 22, 14 y 31, 9-10.

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«Orando nuestras despedidas»

 Ritualizar. Así como los funerales son rituales, también lo son las imágenes, símbolos o algún tipo de movimiento corporal en nuestra oración. Nuestros movimientos diarios nos pueden ayudar a ritualizar:  Compartiendo una comida con un amigo/a que pueda nutrir mi «vacío».  Encendiendo una vela.  Limpiando u organizando armarios o cajones que también simbolicen el ordenamiento de «mi interior».  Mirando fotos y recordando lo vivido.  Escribiendo una carta como recuerdo del amor que aún puedas sentir.  Re-orientación. El uso de gestos e imágenes nos conecta con Dios, sucede en medio de nuestra reflexión y ritualización. Es ahí que nuestra vida es re-orientada, recibiendo nueva dirección o energía: Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se los dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; y se dijeron el uno al otro: ¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las escrituras? 19

Todos necesitamos conectar e integrar el dolor causado por las despedidas. La oración, al través del reconocimiento, reflexión y ritualización nos ayudarán a integrar lo fragmentado de nuestra vida. Dios, amor y luz iluminará lo que necesitamos y reanimará nuestra esperanza. Es ahí donde las palabras del salmista tocarán nuestro corazón: Tú, Señor, eres mi fuerza; yo te amo. Tú, Señor, me das luz; tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad20.

19 20

Lc 24, 30-32. Sal 18, 1.28.

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Luis Fernando Granados Ospina, S.I. * «Pero porque pido silencio no crean que voy a morirme. Me pasa todo lo contrario Sucede que voy a vivirme, Sucede que soy y que sigo…» Pablo Neruda

INTRODUCCIÓN

E

l tema de la soledad pareciera no estar de actualidad en un mundo donde los seres humanos están cada vez más ligados entre si, donde se realizan diversas formas de relaciones sociales y de redes de comunicación, y donde se percibe el valor del grupo como indispensable para ser más eficaces y eficientes en el mundo de la vida. Sin embargo, el mundo de la «comunicación» por excelencia, del Internet, de los teléfonos celulares, el fax, los sistemas de conexión múltiple por redes televisivas, no impide que el hombre de hoy se sienta más

Licenciado en Teología y Diplomado en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Licenciado en Pedagogía de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Actualmente es el Director de la especialización en Pedagogía Ignaciana de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. *

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solo que nunca. El hombre contemporáneo, se relaciona con los otros de las más diversas formas, pero se le escapa la simplicidad de un auténtico conocimiento mutuo. Los rápidos contactos generalizados, rehuyen lo íntimo y lo personal, ante ellos el «ser» se queda cada vez más saciado de No hay peor estímulos, y al mismo tiempo más anhelante de soledad que la vinculación. Posiblemente se hace cada vez más de dos en consciente de su vacío, y aparece en él la terrible realidad de la «soledad en compañía» mucho más compañía terrible que aquella soledad de quien no tiene a nadie a su alrededor por hallarse aislado. La abundancia de palabras y de medios de comunicación, denota pues, la existencia de una angustia colectiva que busca febrilmente la comunicación, para solo encontrar en ella espejismos. En realidad se impone mirar de frente a la soledad en estos tiempos de frágil socialización. Pero mirarla desde una reverencia a la experiencia profunda que de ella experimenta cada ser humano en su intimidad. ¿Existe algo más original que la soledad de cada uno? La soledad con el silencio que genera, asusta y atrae. Es una característica del hombre y la mujer maduros poder estar solos, convivir integradamente con la soledad. Tenemos que distinguir la soledad del aislamiento y de la solitariedad. Aislamiento como veremos más adelante es una condena a una especie de soledad. Nos habla de cárcel, de ausencia de otros, de castigo, de frustración, de inhabitabilidad. En la solitariedad el hombre en su soledad, esta gritando la incapacidad de comunicación. El desierto de las relaciones humanas. No hay peor soledad que la de dos en compañía. La soledad puede ser evasión, huida o, simplemente impotencia para la relación verdadera. Pero la soledad puede convertirse en encuentro; allí en el horizonte de una experiencia de búsqueda. Se trata de una soledad ni compulsiva, ni obligada. Soledad elegida; hecha de renuncia, de búsqueda, de esperanza y de sentido. Soledad pasada por el encuentro y el contacto auténtico, sin interferencias con uno mismo. La soledad auténtica es sonora, soledad habitada por uno mismo en

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contacto con el propio corazón. Para experimentar esta soledad es necesario un mínimo de salud y madurez. El niño no puede estar solo, el adolescente no quiere estar solo, la mujer, el hombre inmaduro no sabe estar solo. Maslow cuando habla de autorrealización, uno de los rasgos que más subraya es la capacidad del sujeto para establecer relaciones humanas profundas y para la soledad. Es difícil esta soledad cuando se viva aislado, (se percibe como una soledad inhóspita), o cuando se viven relaciones sin definición de límites o identidades claras, porque se vivirá la soledad como ausencia o confusión. Sin el otro no se quien de verdad soy, con el otro tampoco si no sé estar solo. La auténtica soledad son «los otros»: los que me hacen conscientes de mi soledad no querida. La soledad da miedo por sus cortejos de fantasmas: abandono, perdida, amenaza de no tener a quien acudir para ser ayudado, responsabilidad e impotencia. Estos fantasmas se multiplican si poblamos a la soledad de: autoagresión, culpabilidad, antipatía, resentimiento, disgusto por vernos y entrar en contacto con nosotros mismos. La soledad es oportunidad y libertad de ser uno mismo, de trazar nítidamente las fronteras para poder ser yo y, a la vez, estar de verdad con los otros y poder decirles mi silencio y mi palabra. La soledad es una conquista de la madurez, un espacio de crecimiento personal. Aunque no la busquemos no podremos nunca evitarla. En la soledad puedo ejercitar desnudamente la creatividad y mi originalidad irrepetible. No obstante, desde una lectura cultural, la soledad es probablemente junto con la depresión uno de los mayores problemas psicológicos de hoy en día y uno de los más temidos por las nuevas generaciones a las que el silencio y la soledad por no decir menos, las angustia o desespera. Como hemos afirmado, los escenarios en los que estamos inmersos favorecen la aparición del fenómeno, la automatización del trabajo, las prisas, el ruido continuo y excesivo, el consumismo desborApuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 74-87


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El hombre y la mujer están solos en las experiencias más profundas de dolor, y de gozo, auque estén, relativamente, acompañados

dado, la competitividad salvaje, y otros muchos «estilos» de la vida de nuestra cultura, alejan al hombre de los otros y lo dejan solo en medio de la multitud. No obstante, hoy más que nunca somos conscientes de la necesidad de los otros, pero paradójicamente hay más gente que se siente sola.

Naturalmente la pretensión de nuestra reflexión es finita y por tal limitada. No esperamos resolver el asunto que se esconde en el misterio del corazón del sujeto, no buscamos recetas para un camino que es personal en cada uno, solo proponemos algunas intuiciones fruto de nuestra propia vivencia interior y de la experiencia de entrar en contacto en los Ejercicios Espirituales y en la dirección espiritual, con seres humanos que en diferentes contextos y circunstancias, aman o padecen la soledad.

DIFERENTES TIPOS DE SOLEDAD Según el Diccionario de la Lengua Española, la soledad es: «la carencia voluntaria o involuntaria de compañía», hace relación a una carencia que vivencia el sujeto al sentirse sin esa presencia calidad del otro. Por otro lado, define la soledad como «el pesar y la melancolía que se siente, por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo». Expresión que deja claro el carácter nostálgico que deja pasar la soledad. Como el que deja una ciudad bulliciosa para ir al desierto, como el viajero que se despide de los suyos para emprender un largo viaje, como el monje que acaricia con su mirada los muros de su clausura, así también todos nosotros debemos abrir nuestra existencia a las pequeñas o grandes soledades de la vida. Todos vivenciamos una soledad que llevamos en nuestro propio equipaje personal. El hombre y la mujer están solos en las experiencias más profundas de dolor, y de gozo, auque estén, relativamente, acompañados. El ser

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humano se encuentra solo ante las más radicales decisiones, ante la opción responsable por el amor, en la experiencia de libertad y la experiencia personal de la muerte. El primer paso hacia la soledad es una partida. Todos hemos vivido o estamos viviendo diferentes partidas que nos permiten aprender a despedirnos y experimentar el camino de la soledad que se va abriendo en el silencio de nuestra intimidad. «Te llevaré a la soledad y en ella hablaré a tu corazón» Toda soledad requiere del silencio. El silencio es algunas veces callarse, pero siempre, escuchar. Al silencio no le gustan la abundancia de palabras. Sabemos hablar o callar, pero no nos sabemos contentar con las palabras necesarias. Constantemente oscilamos entre un mutismo que destruye la caridad y una explosión de palabras que enturbian la verdad. Nos asusta el silencio de la soledad porque la soledad pasa por el aprendizaje muchas veces doloroso del silencio. La soledad es un diálogo con el silencio. Nada fácil, pero si es auténtico es profundamente fecundo. Detengámonos un poco en esta dimensión de la soledad.  Para entrar en la dinámica del reconocimiento interior y de la auténtica soledad, nada mejor como la experiencia del callar, donde el silencio es imprescindible. En un mundo lleno de ruidos, en una sociedad cuyas manifestaciones muchas veces son estridentes, es necesario recuperar el valor del silencio. Primero el silencio exterior para poder conseguir una actitud de escucha, pero sobretodo el silencio interior para recuperar la paz del espíritu y la auténtica soledad del alma disponible.  ¿Qué es el silencio? Es todo un proceso de acallar ruidos, la propia palabra, hasta llegar a la escucha del hombre interior del mensaje de todos los seres y del Señor de todos los seres. Es un vacío no lleno de nada, lleno de presencias que estan allí aunque no les prestemos atención. No es una evasión de la realidad y de la dureza de la vida diaria por domesticarla. Es un entrar en lo más profundo de la realidad misma. Es un viaje al interior de las cosas, de los hechos, de las personas, de la vida. Un renunciar si Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 74-87


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se quiere temporalmente a revolotear en la superficie de las cosas, las personas y los acontecimientos.  Es difícil el silencio. Hay que experimentarlo periódicamente para lograr el reencuentro de la persona que somos: centro de decisiones y de responsabilidades.  Es, ante todo, defensa necesaria de la persona frente a los ataques, a los que estamos interrumpidamente sometidos desde fuera; mil vientos de doctrinas, influencias, personas que intervienen, situaciones que nos condicionan y en algunos casos nos determinan.  La libertad personal se reconquista desde el interior de uno mismo palmo a palmo. El silencio es atmósfera imprescindible para soldar fracturas de personas descoyuntadas, entre decisiones y contradicciones. La extroversión hecha hábito hace que dé miedo y vértigo el vacío del silencio y se rebuscan dosis de ruido y de acción. Nos debe mover la voluntad de ser libres y de experimentar esa libertad. Es necesaria la familiaridad con el silencio para alcanzar la contemplación de la vida en el amor, para poder redimir, redimiéndonos desde nuestra interioridad que ha sabido hacer silencio.  El silencio es distancia necesaria para quien ha de cambiar la historia, haciéndola no a ciegas, sino discerniéndola iluminadamente. Una experiencia no reflexionada es una experiencia no vivida.  El silencio es un reducto de desierto interior portátil, lugar de encuentro personal entre la trascendencia y el hombre. No es lujo, es el derecho de ser persona. Esta dimensión personal la purifica de convertirse en visión egoísta.  El silencio es también palabra humana frente al misterio del dolor propio y ajeno, ante la violencia y la injusticia que se nos inflingen.

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 No malgastemos palabras y acciones que no han nacido del silencio.  La auténtica soledad, aquella que construye el corazón, surge del SILENCIO del corazón. La soledad verdadera surge del silencio que sabe escuchar y callar al mismo tiempo. Ahora bien, la soledad desde una mirada, es un estado afectivo por el que la persona se hace consciente del sentimiento, de estar apartada y alejada de otros seres humanos. La soledad surge de esta necesidad del sujeto de ser-con con-otros. Si esto no se logra, surge la experiencia de estar como incompleto y el estado de desazón derivado de ello. En esta experiencia vivida como desgarramiento interior, el sujeto se siente con una «falta de algo», que aparece cuando el sujeto no encuentra otro afín con quien complementarse. La soledad se puede entender entonces como el convencimiento de sentirse excluido, de no tener acceso, a ese mundo de interacciones tiernas y profundas tan necesarias para la vida. La experiencia es la de estar como des-ligado de todo La soledad y de todos. Seguramente muchos experimentan los otros a su alrededor que se preocupan, pero verdadera surge echan en falta ese alguien que quiera «darse», del silencio que un ser concreto, individual, singular, que se ensabe escuchar cuentre con nosotros en nuestra intimidad, que y callar al nos ayuden a re-conocernos y a re-componernos. En tales circunstancias, el ser experimenta un mismo tiempo tremendo sufrimiento por el «abandono» al que se ve sometido: esa terrible falta de ambiente humano y psicológico que aterroriza a muchos seres humanos. Ahora bien, la soledad se encuentra presente en la experiencia intima del ser. Nos enfrentamos solos ante la vida y solos tendremos que enfrentarnos ante la muerte. En muchos momentos de nuestra vida la soledad aparece: en un destino que nos lleva a desprendernos, una experiencia de abandono no-buscada ni querida, la muerte de un ser querido, el aviso de una enfermedad de nuestro cuerpo con pronostico reservado, la separación de nuestros padres, el final de un noviazgo o una larga Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 74-87


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amistad. Todo ello conlleva experimentar diferentes maneras de vivir la soledad, las cuales tenemos irremediablemente que afrontar solos. Si bien tendremos la compañía de muchos que nos quieren, es un hecho que muchas situaciones de nuestra vida tendremos que vivirlas en el lo más profundo de nuestra intimidad. Existen soledades prolongadas, como una forma generalizada de estar en el mundo por parte del sujeto. Otras son intermitentes, surgen de maneras transitorias y pasajeras, tras un abandono, por muerte, o por tragedia. Esta soledad intermitente adquiere, a menudo, la condición de «nostalgia», integrándose con el paso del tiempo. Unas y otras según su apropiación permitirán el crecimiento humano del sujeto, despertándonos al misterio de la soledad y abriéndonos a la capacidad de entender, lo que otros están experimentando en su propia carne.

CAUSAS DE LA SOLEDAD La diversidad de los sujetos nos dice acerca de la diversidad de la soledad. Algunas soledades surgen sin saber por qué, y sin causa aparente. Otras tienen su raíz en la pérdida de un objeto amoroso con el que previamente se tenía una relación significativa. Estas pérdidas experimentadas como abandono suele desatar procesos de soledad. En la primera la soledad obedece con frecuencia a factores que rayan en lo patológico. Tal es el caso de personas que nunca han tenido relaciones significativas con otros seres humanos, o aquellos que por haber tenido experiencias dolorosas de relación, se bloquean para abrirse a nuevas relaciones. Desde la perspectiva patológica, al psicótico le resulta muy difícil comunicarse empáticamente y sintónicamente. Lo mismo les ocurre al neurótico, y a otros, que sin serlo, adolecen de una falta de confianza en sí mismos y en los otros. Algunos no quieren asumir un vinculo por miedo a que los destruyan o se aprovechen de ellos.

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Ahora bien, los sentimientos de soledad abundan más entre los adolescentes y entre los ancianos que en cualquier otra época de la vida. En la adolescencia el sujeto se encuentra desconcertado, inseguro e incapaz de apropiarse de su propia realidad. En la vejez se experimentan insuperables pérdidas que llevan al sujeto a enfrentarse cara a cara la soledad. Las limitaciones en el moverse, el ritmo de vida más lento y sosegado dentro de una comunidad acelerada y económicamente eficientista. Particularmente penosa es la soledad que surge del desamor. Porque es mucho más desgarrada e ilógica que cualquier otro tipo de soledad. Cuando una pareja deja de quererse, o cuando se descubren dos extraños sin posibilidad de reencuentro, surge así la pena de la soledad de estar con alguien pero en la más absoluta ruptura existencial. La soledad es aquí la antitesis del amor, en el que por encima de todo importa el otro y todas sus posibilidades de «ser».

SOLEDAD Y DEPRESIÓN La soledad se acompaña a menudo de depresión. Ambas realidades se pueden confundir sin llegar a ser lo mismo. El deprimido, o no siente nada, y en ese caso, no experimenta sus lazos de amistad o amorosos, pero tampoco la soledad, percibe el abandono o el aislamiento de los otros, pero lo interpreta como algo justificado y comprensible desde sus propios errores y defectos. Una cosa sería la soledad, vivida honda y profunda, desgarradora, de ausencia de un «otro», y otra la depresión vivida como anulación global de las posibilidades vitales y de toda capacidad de sintonía y de disfrute. La depresión suele mejorar con los tratamientos, y al hacerlo renace la posibilidad de encuentro interpersonal y del reencuentro con el otro. Para la soledad el único tratamiento es la irrupción de «otro» ser singular en la vida de uno.

DEL AISLAMIENTO A LA SOLEDAD Ahora bien, al hombre de hoy le duele estar solo. Se encuentra con la paradoja de hallar dificultades para establecer verdaderas relacio-

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nes con los que tiene más de cerca, como para soportar la soledad. Constantemente vivimos la tensión de permanecer en el anonimato que lo disuelve en la multitud, y la retirada en un aislamiento por el que se reafirma frente contra ella. Todo ocurre como si el hombre de hoy viviera en una doble incaEl que vive pacidad: la de vivir con los demás y la de vivir conscientemente solo. No solo no se soporta a sí mismo, sino que le cuesta soportar a los demás.

su soledad no como aislamiento, sino como condición del ser, no está perdido en el mundo ni aislado dentro de sí

El aislamiento se diferencia de la soledad en que niega la posibilidad de abrirse a los demás. El aislamiento es la negación del deseo del que somos portadores, el deseo de los demás. El aislamiento va unido al mutismo, porque la relación con el otro encuentra su vinculo en la palabra. El aislamiento es a la soledad como el mutismo al silencio. Callarse significa que existe algo que decir, estar solo supone la posibilidad de no estarlo y de estar abierto al mundo. La presencia del ser amado se siente en la soledad como una ausencia. En el aislamiento, se vive el aislamiento como una ruptura que amenaza con el contacto. El que no se espanta ni angustia frente a la soledad es que ha aprendido, en sus relaciones con los demás, que la presencia no era un acto devorador del otro, ni la ausencia una homicida separación y ruptura de la relación. Aprendiendo así a esquivar estos dos escollos: el de la destrucción por el objeto, y el de la pérdida del objeto por el alejamiento. Entre retener y ser retenido, atropellar y ser atropellado. En menor grado la propia actividad puede convertirse en la manifestación de un proceso de aislamiento. El activismo es, quizás, el obstáculo que se opone más frecuentemente al conocimiento propio y al de los demás. Por el contrario, la soledad marca el paso de la revelación de un ser a si mismo. El que vive conscientemente su soledad no como aislamiento, sino como condición del ser, no está perdido en el mundo ni aislado dentro de sí. Su abertura al mundo es la sustancia misma de su única persona. En su camino de soledad, no se deja seducir ni engañar Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 74-87

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por sus espejismos. Solamente se convierte en un ser para los demás, experimentando la realidad de ser don de sí mismo para otros. El sentimiento de aislamiento va con frecuencia acompañado de angustia y de una agresividad que obliga a los que la padecen a visitar al psicoterapeuta. Este «funciona» siempre como un reflejo de lo que acontece en el corazón del paciente. La gran verdad es que el terapeuta acompaña el descubrimiento de que solamente aprendiendo a estar solos, podemos liberarnos del aislamiento. La trayectoria de un buen acompañamiento, lleva al sujeto a pasar de la desproporción del aislamiento, a la auténtica soledad que permite establecer relaciones con los demás, sin confundirse con ellos. Aprender a estar solo es en últimas aceptar ser diferente de los demás, sin confundirse con ellos, ni tener la impresión de dejar de existir para ellos y para sí mismo. La soledad no solo se opone al aislamiento sino que adquiere sentido convirtiéndose en un signo de amor. No hay amor sin el doloroso aprendizaje de la soledad, que supera la seudo-soledad del aislamiento. No te dejes aprisionar por ningún afecto. Preserva tu soledad. Si llegara alguna vez el día en que te fuera dado un verdadero afecto, no habrá oposición entre la soledad interior y la amistad, sino todo lo contrario. Por este signo infalible lo reconocerás1.

RESPUESTAS A LA SOLEDAD Cuando un ser humano se reconoce solo y se siente solo, puede incurrir en dos posibles errores alternativos. O bien tratará de no quedarse a solas consigo mismo, para evitar que entre en su conciente el conocimiento de su abandono; o bien se abocará a la autocompasión por su desamparo y se atrincherará en ella, ajeno a cuanto le rodea. Desplazar las necesidades afectivas hacia otros seres vivientes, por lo general animales de compañía, o ha otras posesiones, bienes o conocimientos suele ser una respuesta posible. No obstante, estas solu1

SIMONE WEIL, La pesanteur et la grâce, Paris 1948, 73.

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ciones no pertenecen a categorías propias del ser humano, y aunque nos den seguridades afectivas, no pueden compensar la desolación de no sentir la calidad presencia de los otros en nuestro mundo intimo. La única respuesta humana frente a la soledad, es abrirse a los demás, desprendiéndonos de nuestro yo, desplegándose a la posibilidad de un nosotros enriquecedor. Esta es a nuestro juicio, la única solución real, cualquier otra, se demuestran siempre insuficientes. Con todo, la comunicación es la clave de la lucha contra la soledad. Cuando existe auténtica comunicación, la soledad se vive como condición propia del ser, pero nunca como aislamiento. La comunicación que buscamos, supera la comunicación estrictamente operativa. Se trata de una comunicación intima. Capacidad de penetrar y penetrarse en el otro, para que ambos sujetos se reconozcan. La comunicación intima nos permite aprehender la auténtica realidad del otro ser, esa realidad presente en su propia intimidad. La comunicación como respuesta a la soledad es, pues, una creación de dos que exige la participación comprometida de ambos. Comunicación intima que pasa por la intimidad de la confidencia y del «hacerse en común». De un crecer adentrándose prudencialmente en el mundo del otro para, desde dentro de él, reencontrarse y «dejar de ser lo que se era» (como decía Gadamer), a fin de llegar a ser lo que en potencia se es. En la comunicación intima se vivencia la «alteridad» y la «gratuidad» en su máxima expresión, surgiendo en ella las dinámicas de la «reciprocidad» y de la «aventura compartida». Todas estas realidades unidas a la «comunión» interpersonal, son capaces de desvelarnos el sentido de la vida y de acercarnos a él. Vivir el «encuentro» de la comunicación nos «descubre» al otro y nos «abre» a la riqueza de la fraternidad. Ahora bien, la comunicación como es un arte, exige desarrollar una serie de habilidades y competencias, que implican el aprender a escuchar, dialogar y en últimas a conversar con los otros, que es un verdadero intento de converger llegando a un acuerdo. Le apostamos a vivir la solidaridad con el otro, con el ánimo de «des- extrañarlo». Y de hacerlo «cercano» al corazón de uno mismo para, Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 74-87

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desde allí compartir sus necesidades, sus búsquedas y sus sueños.

La soledad es el crisol del amor

Quien se siente solidario con el otro y con los otros, porque su corazón esta abierto a los demás, quien les presta cobijo y acogida, además de apoyo y «abrazos» para realizar las tareas comunes, cada vez se siente «solo». La soledad como aislamiento, tiende a ser patrimonio del «alejado», que espera que los otros vayan a protegerle y salvarlo. Con todo, la soledad es el crisol del amor. Es la prueba por donde pasan en diversos grados todos los seres humanos, desde el esposo, el amigo o el místico. No es un replegamiento estéril, sino la realización de la experiencia intima de los sujetos expresada en el deseo del otro, deseo de abrirle esa parte de nosotros mismos que escapa a nuestras propias miradas, ese otro que nos es más íntimo que nosotros mismos. Es fidelidad a ese deseo único de acallar nuestras soledades, solo en aquel que nos conforta en lo más íntimo: Dios.

UNA HISTORIA PARA FINALIZAR En una isla cercana a la costa de la india, existía un templo que tenia mil campanas que al ser movidas por la brisa del mar, formaba una música deliciosa. Los fieles acudían a aquel templo para hacer sus cultos y para escuchar esa música profunda y conmovedora. Sucedió que vino un maremoto y se hundió la isla, junto con el templo. No obstante, los pescadores de la isla mantuvieron la convicción de que en algunos días de especial silencio, se podía escuchar la música de las mil campanas del templo. Un joven del norte de la india, seducido por la leyenda emprendió un largo viaje para poder escuchar la música de las campanas. Se levantó al amanecer, recorrió la larga playa buscando un lugar silencioso para tener la experiencia de escuchar el sonido de las mil campanas y siempre se sentía interrumpido por el rumor del oleaje, la brisa y el viento, las gaviotas pescando, los sonidos y los cantos de los pescadores cuando volvían de su trabajo en el mar.

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Después de muchos meses de estar saliendo todos los días a la playa se dio por vencido y decidió renunciar a su empresa y volver a su tierra. Antes de hacerlo quiso despedirse de aquellas gentes amables y sencillas, recorrer los paisajes que tanto habían recorrido sus pies y, cuando lo estaba haciendo, comenzó a darse cuenta de que el sonido y el rumor de las olas era hermoso, que el viento y las gaviotas llenaban su corazón de vida y de paz, que los cantos de los pescadores eran un himno de vida. Cuando estaba concentrado en esos sonidos habituales que siempre había despreciado, escuchó de repente en su interior una campana, otra y otra, hasta tener la experiencia de la música de aquel antiguo templo. Si no escuchamos la vida y sus sonidos, incluso sus ruidos, si no escuchamos la risa y el llanto de la humanidad, nos será muy difícil adentrarnos en la experiencia del silencio profundo. Aprendamos a escuchar para llegar al corazón de esos sonidos en los que se alberga el silencio.

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Darío Restrepo Londoño, S.I. * -DE IÑIGO LÓPEZ A SAN IGNACIO DE LOYOLA-

I

ñigo López nació en Loyola en 1491, en vísperas del descubrimiento de América, último de los 13 hijos de Beltrán Ibáñez de Oñate y María Sánchez de Licona. Su padre, como se estilaba entonces, fue marcando el futuro de los hijos. A Iñigo lo destinó para ser clérigo y recibir la tonsura clerical. Pero el arisco joven se negó a seguir el sendero eclesiástico elegido para él por destino paterno, para dedicarse por voluntad propia a tratar de hacer cuajar sus sueños de grandeza humana y mundana en la caballería cortesana. Inició entonces su desenfrenada carrera descrita por él mismo con estas palabras: «Hasta los veintiséis años de su edad fue hombre dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas, con gran deseo de ganar honra»1. Así, de un plumazo, queda contada toda su vida anterior. Todo lo que tiene vida cambia, hace crisis en bien o en mal, y el cambio siempre produce expectativas. Sólo un esqueleto no hace crisis, permanece osificado. Los seres vivos estamos en perpetua evolución, en Miembro del Equipo CIRE. Doctor en Teología, Instituto Católico de París, 1971. Actualmente Superior de la Comunidad Universidad Javeriana en Bogotá. 1 Autobiograía 1. *

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continuo cambio. ¿De qué a qué?; ¿por qué?; ¿para qué?; Esto es lo que importa. Pero el verdadero cambio es el que hacemos cuando tomamos en las manos el timón de la vida y lo orientamos, no a las estaciones intermedias sino al destino final. A Iñigo López de Loyola, en la defensa del castillo de Pamplona (20 de mayo de 1521), una bomba le astilló una pierna y le hirió la otra. Pero el estallido hizo mayores estragos en su castillo interior, hasta ahora, totalmente inexplorado: le hirió mortalmente su orgullo, sus ilusiones humanas, sus proyectos de grandeza y heroísmo. Este cambio puso en crisis todo su ser; hirió de muerte su vida. Es un Loyola y sabe muy bien que no nació para ser un mediocre sino para ser y hacer siempre «más». ¡No había nacido para morir sin haber vivido! A falta de otras distracciones, quiere matar el interminable tiempo de convalecencia con la lectura. Pide libros que no se encuentran y le traen libros que no ha pedido: ¡así habla Dios! Le dan una Vida de Cristo y otra, de los santos. Esta segunda bomba hizo en su interior mayores estragos que la primera. El herido sueña despierto durante largas horas en su noble dama que le exige nuevas hazañas de caballería. Y esta dama no era condesa ni marquesa sino que su estado era todavía 'más' alto: ¡princesa! Quiere ser una réplica exacta del prototipo de caballeros, Amadís que sale a la conquista de su bella Oriana en medio de un sinnúmero de proezas dignas de tal paladín. Pero también, y sobre todo, ahora sus pensamientos vuelan hacia su nuevo héroe y rey, Cristo, que lo llama y hacia sus caballeros, los santos. ¡Dos ciudades, dos glorias, dos amores! «Y, por consiguiente, si alguno no aceptase la petición de tal rey, cuánto sería digno de ser vituperado por todo el mundo y tenido por perverso caballero», exclamará él mismo más tarde en su Ejercicios Espirituales. Estas lecturas le roban, primero su atención, luego sus deseos y, finalmente, todo su corazón. Y este corazón, ya en ascuas, le gritaba: «si Santo Domingo, si San Francisco hizo esto yo también lo tengo que hacer...». Sus deseos lo elevan en el torbellino de lo imposible: y así «se proponía hacer más que ellos». Esta palabra «más» («magis») será la más característica de toda su personalidad, en lo mundano y en lo divino. ¡Está loco! Pero su locura tendrá remedio. Dios le hablaba pero todavía él no sabía escucharlo. Entre unos pensamientos, unos deseos, unos afectos y otros, había una gran diferencia. Y, lentamente, descubrió la clave para descifrar esta diferencia. Iñigo Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 88-100

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fue un autodidacta en el discernimiento espiritual, pues en la tierra no encontró ningún maestro de tal arte. Entonces acudió al Maestro de los maestros: Dios mismo se lo enseñó como un «maestro de escuela enseña a un niño». Se le abrieron entonces los ojos del entendimiento y del corazón y aprendió a distinguir su propio pensamiento, las inspiraciones de Dios y las tentaciones del enemigo: las famosas 'mociones'. Y lo más importante: descubrió una diferencia esencial entre ellas... Su «locura» ya no tuvo como brújula su propia gloria sino la de Dios. Así se inició en la escuela de la santidad. Un mes de soledad y silencio en los Ejercicios Espirituales en Manresa buscando la respuesta de Dios: interrogándolo y sobre todo, dejándose cuestionar por él. Un eco repetía incesantemente su acosadora pregunta: ¿«qué significa esta nueva vida que ahora comenzamos»? Largas horas de oración, de peSu «locura» ya nitencia, de escrúpulos y tentaciones, incluida la del suicidio. La batalla contra «el enemigo de no tuvo como la naturaleza humana» fue tenaz. Pagó un alto brújula su precio pero Dios le respondió junto al río Cardoner con la gracia de las gracias: conocerlo y fuerza propia gloria seguirlo. ¡Todo lo veía como nuevo! Más aún: sino la de Dios para él mismo se ve y se siente como un hombre nuevo. ¿Dónde se quedó el altivo y orgulloso caballero de Loyola? Ahora sabe que no camina sólo. Pero, ¿a dónde ir?, ¿cómo? «Caminante no hay camino, se hace camino al andar»2. Quiere meterse entonces a la Cartuja para guardar silencio el resto de su vida y para no comer sino hierbas como reparación de sus muchos pecados. Pero Dios, ese Dios que ya no lo deja en paz un segundo, le hace dar otro giro de 180 grados: no será cartujo sino fundador de un cuerpo apostólico de hombres decididos a hablar siempre y a todas horas de este Dios, sin otro límite que hacerlo a mayor gloria divina. Su vida cambió radicalmente: física y psicológicamente; moral y espiritualmente. Los niños de la calle le gritaban: ¡«el hombre del saco»! (por la túnica de costal que llevaba puesta). Y el benedictino, portero de la

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Decía el poeta Machado.

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abadía de Montserrat, lleno de asombro, dirá al prior: en la puerta está «un españolico de ojos muy vivos y loco por nuestro Señor Jesucristo». Este «loco», de veras estaba dando un vuelco total: de noble a plebeyo; de cortesano a caballero de Dios; de loco peregrino a santo; en síntesis, de Iñigo López a San Ignacio de Loyola. Pero nunca dejará de ser «el peregrino» que cambió las interminables jornadas del hombre «solo y a pie» por la vía siempre comenzada pero nunca Ignacio sintió terminada del divino servicio. Su vida será un continuo «en todo amar y servir». En este eterno internamente peregrinar, ya sólo lo detendrá la muerte.

que «el Padre

Se embarca para Tierra Santa con el fin lo ponía con de cambiar su modo de ser y hacer por el seguisu Hijo» miento e imitación del Jesús peregrino, infatiprometiéndole gable misionero de su Padre que 'recorre villas, aldeas y sinagogas' por los caminos de Palestina. su protección A su regreso a Europa, prosigue con interminables estudios elementales y universitarios. Continuos viajes. ¿Pero, dónde está Dios? Alcalá, Salamanca, París... Aquí, en la Sorbona (1531-1535) trabó amistad con un grupo de compañeros universitarios; entró con los gustos de ellos y salió con sus intenciones arrastrándolos a todos en sus planes: conversó con ellos de Dios, de las necesidades del mundo y logró que se transformaran. Los llevó a Dios y Dios se encargó también de esas nueve conquistas tan duras de tallar. Son diez «amigos en el Señor» que en pleno corazón de la universidad viven un nuevo y «escandaloso» modo de proceder: el de los nuevos compañeros de Jesús. Estudian y estudian hasta llegar a ser sacerdotes (1537). Sueñan con tierra Santa y despiertan en Italia. ¡Este Dios, tan esquivo en Jerusalén, finalmente se dejó encontrar en Roma! Cristo les cambia el programa y acercándose al corazón de la Iglesia, en la Storta, Ignacio sintió internamente que «el Padre lo ponía con su Hijo» prometiéndole su protección. Ya no deben seguir mirando al cielo sino al Jesús encarnado en la Tierra, el Papa, quien los repartirá, al modo apostólico, de dos en dos. Al intentar separarse, una pregunta los detiene: y de todo lo que han vivido, gozado y sufrido juntos... ¿qué? ¿Allí terminaba todo? Una cruz sin resurrección no sonaba a «evangelio». ¿Quería Dios, autor de su unión, Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 88-100

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que se separaran para siempre? Otro cambio, otro rumbo, otro discernimiento... Se reúnen y Dios les dice que en adelante serán «de la Compañía de Jesús», misioneros compañeros de su Hijo, trompetas del evangelio. Es El quien los funda a ellos. Antes de ser de la Compañía de Jesús, Jesús mismo había sido su compañía desde los años universitarios de París. Una nueva Orden religiosa ha empezado a existir. Han pasado más de 450 años desde entonces y los 20.000 jesuitas conservan la unión que el Señor les dio. Miles de alumnos en colegios y universidades; centenares de obras, decenas de Casas de Ejercicios y parroquias, misiones en todos los continentes, multitud de obras sociales y pastorales en los 118 países a donde los ha llevado su peregrinar... Ignacio de Loyola no podía ser simplemente un loco...; más bien un santo porque un día se dejó cambiar radicalmente por Dios. Desde entonces los jesuitas trabajamos en todo para la mayor gloria de Dios. Solo unos ejemplos. El gigante del mundo misionero del Oriente, el infatigable caminante San Francisco Javier, patrono de las misiones en la Iglesia universal. En el campo de la ciencia, el jesuita Cristóbal Klaus inventó una esfera astronómica que sirvió de base para el estudio de la astronomía por mucho tiempo (1600). El alemán P. Atanasio Kircher (16011680) descubrió los microbios a través de la lente e inventó la «linterna mágica» que fue la base para el cine moderno. El P. Francisco Lana-Terzi (1631-1687) realizó los primeros ensayos de navegación aérea por medio de flotadores vacíos, un siglo antes del conde Zeppelín. El P. Jacque Marquette (1637-1675) exploró los 6.500 kilómetros del río Misisipi. El intelectual Mateo Ricci, (+1610) lingüista, cartógrafo, filósofo y promotor de la aculturación conquistó la corte del emperador de China con su astronomía. El italiano Angelo Secchi (1818-1878) fue explorador de las manchas solares e inventor del meteorógrafo. El francés Edmundo de Villamarquée (1881-1939) fue el director del observatorio de zi-ka-wie en China y descubrió más de 15.000 estrellas. El beato José de Anchieta, de las Islas Canarias, fue el «apóstol del Brasil» a donde llegó en 1554, y fundador de las ciudades Río de Janeiro y Sao Paulo y de la literatura brasileña en prosa y verso. Un jesuita peruano descubrió el poder de la quina contra el paludismo. Los jesuitas trajeron a Colombia el café como se puede leer en el museo del Parque del Café, cerca de Montenegro, Quindío, etc. Todo esto es solo una chispita del fuego abrasador de Ignacio de Loyola.

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PRINCIPALES NOTAS DEL CARISMA IGNACIANO Una cosa es el carisma de la Compañía de Jesús, propio y exclusivo de los jesuitas, y otra, la espiritualidad enseñada por Ignacio de Loyola (la «espiritualidad ignaciana»), patrimonio de la La mediocridad Iglesia y ofrecida a todos los cristianos, comenpor los Ejercicios Espirituales. Además, no tenía puesto zando Ignacio fue laico durante 46 años de su vida y en la cosmovisión como tal, escribió su famoso librito de los Ejercicios, siendo un excelente maestro del Espíride Ignacio tu. La espiritualidad ignaciana es anterior a la espiritualidad de la Compañía y ésta deriva de aquella. Por consiguiente, un laico o laica, un sacerdote, una religiosa, un joven o mayor, puede adoptar en su vida las líneas fundamentales de la espiritualidad ignaciana como una manera de vivir, a fondo, su fe. Las líneas principales de la «espiritualidad ignaciana» son: 1. Una espiritualidad del «Magis», «más», que lleva a buscar siempre la Mayor gloria de Dios. El «más» es la palabra más característica de San Ignacio -H. Rahnery la que lo retrata por entero en su temperamento natural y espiritual. Partiendo de sus grandes deseos y ambiciosas metas de gloria y honor, («magis natural») el caballero Iñigo fue el hombre del «plus ultra», que inició su carrera con un heroísmo humano que debió ir purificando durante toda su vida. Primero quiso ser como San Francisco y Santo Domingo. Luego, más que ellos «con grandes obras y hazañas exteriores». Los fracasos y el haber arruinado su salud para siempre por los excesos en la búsqueda de esta generosidad natural, lo amaestraron y purificaron su «más» para ajustarlo al «más» de Dios que puede convertirse en un «menos» a los ojos de los hombres («magis espiritual»). Por todo esto se convirtió en el hombre que llegó a dar la mayor gloria de Dios fundando la mínima Compañía de Jesús. «La mediocridad no tenía puesto en la cosmovisión de Ignacio»3. Hoy día, cuando el mundo busca en todo la «excelencia», la »calidad total», la 3

P.H. Kolvenbach, AR20 (1991)606; CG 34, Dto. 26, n. 26.

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«calidad integral», este «más» ignaciano resulta un desafío paradójico, sugerente e importante y esencialmente distinto. 2. Una espiritualidad que nace de los Ejercicios Espirituales, instrumento primordial para la conversión Ignacio, tan poco ponderativo en su lenguaje, dio personalmente la mayor alabanza que se ha dado de esta experiencia fundamental. Hablando del hacer los Ejercicios de mes dice: «siendo todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para poder hacer fruto, ayudar y (hacer) aprovechar a otros muchos». Ciertamente esta experiencia es el alma y el núcleo esencial de toda la espiritualidad ignaciana. Allí están contenidos todos los principios espirituales básicos que la caracterizan. Los Ejercicios, según Nadal (uno de los primeros compañeros de San Ignacio y su intérprete autorizado), «deben su eficacia al hecho de que enseñan el modo de prepararse a acoger la Palabra de Dios y el Evangelio». Ellos son una transmisión inteligente de esta Palabra y un esfuerzo consciente del acto de disponibilidad que favorece la acogida ordenada del misterio eficaz de Dios 4. La obra más famosa y conocida de San Ignacio de Loyola son los Ejercicios Espirituales. Es realmente único y casi extraordinario el caso de que este librito, aparentemente tan insignificante, esquemático y denso, antiguo de más de 4 siglos y medio, siga de moda. Es quizás, entre los contados en una mano el que después de la Biblia y probablemente, de la Imitación de Cristo, de Kempis, el que se pueda gloriar de más de 4.600 ediciones, aproximadamente una al mes. Ha sido traducido a más de 20 idiomas y con tantos comentarios que pueden formar una gran biblioteca especializada. Ha recibido más de 600 aprobaciones y recomendaciones eclesiásticas. El secreto de los Ejercicios es que «no son una obra literaria, no son un tratado, no son un libro de estudio o de consulta. Leerlo puede resultar tedioso; resumirlo, puede resultar imposible; pero practicarlo, puede resultar prodigioso»5.

GILLES CUSSON, S.J., Experiencia Personal del Misterio de Salvación. Biblia y Ejercicios Espirituales, Zaragoza 1973, 12. 5 G. CAPRILE, Revista Intermedio, agosto 1956. 4

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3. Una espiritualidad de Discernimiento, como clave de búsqueda de la voluntad de Dios y eje fundamental de los Ejercicios Espirituales Ignacio no encontró en esta tierra quién le enseñara de qué espíritu era él. ¿Dios guiaba su vida, o la guiaba el «enemigo», o continuaba siendo solo una proyección futura de su propia fantasía? Con tal de encontrar la voluntad divina sobre su vida, prometió inclusive irse tras un perrito si Dios así lo quería. Pero Dios no mandó el perrito sino que se la descubrió tratándolo como un maestro de escuela trata a un niño. Por eso se transformó, de un hombre analfabeta de todo lo interior, en un connotado maestro del 'discernimiento espiritual' como lo atestiguan las reglas de sus Ejercicios Espirituales. Allí las aplica para buscar y hallar la voluntad concreta de Dios sobre el ejercitante, en la elección de su estado de vida o en la reforma fundamental de la misma. 4. Una espiritualidad trinitaria y eucarística Tenía mucha devoción a la Santísima Trinidad, y así hacía cada día oración a las tres personas distintamente… Y estando un día rezando… se le empezó a elevar el entendimiento…; ni después de comer podía dejar de hablar sino en la Santísima Trinidad6.

La Trinidad que él contemplaba, no era el misterio de Dios en sí mismo sino en su obra hacia fuera, la creación, la redención… Se trata de una Trinidad operante y activa para la salvación que solicita cooperación de sus criaturas. Dios nos creó para enviarnos a la misión y para regresar con sus frutos a él. Dios desciende a sus criaturas para abrasarlas en su amor. Estando en Manresa «oyendo misa un día, y alzándose el Corpus Domini, vió con los ojos interiores unos como rayos blancos que venían de arriba…, todavía lo que él vió con el entendimiento claramente fue ver cómo estaba en aquel Santísimo Sacramento Jesucristo nuestro Señor»7. Para Ignacio esto es la Eucaristía, la fuente del amor. «Fuego he venido a traer a la tierra y que quiero sino que

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Autobiografía 28. Autobiografía 29.

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arda» decía Jesús; e Ignacio se encarga de que este fuego se extienda por los cuatro puntos cardinales. El amor es y debe ser difusivo. 5. Una espiritualidad de amor de identificación y seguimiento de Cristo; un auténtico cristocentrismo Desde Loyola, en sus lecturas, Cristo se le presentó como el verdadero héroe y caballero del Padre. Desde entonces, el nombre de Jesús se le grabó para siempre como un estigma ardiente en su corazón. Por eso, la «Compañía de Jesús» no es más que una consecuencia lógica de este cristocentrismo. Es el rey eternal de los Ejercicios que seduce, llama, invita y precede con su ejemplo en la misión del Padre, al que hay que seguir so pena de ser «perverso caballero». Desde la primera meditación de la Primera Semana de los Ejercicios se pregunta y hace preguntarse al ejercitante: ¿«Qué he hecho… qué hago… y qué debo hacer por Cristo»? Hacer por Cristo y con Cristo la voluntad del Padre, movido por las mociones del Espíritu, es el objetivo de toda su espiritualidad. Junto a Cristo, no puede faltar María, «la bendita Madre» como Ignacio la llama. Ella estuvo presente en todo su itinerario espiritual de conversión de principio a fin. Desde Loyola se hace presente la Virgen con la inmensa gracia de una castidad victoriosa gracias a su intercesión8. En su viaje a Navarrete discute con un moro que negaba la virginidad de María. Luego, un itinerario jalonado por todos los santuarios marianos a su alcance: nuestra Señora de la ermita de Olaz, la Virgen de Aránzazu y su voto de castidad, la vigilia de nuevas armas ante la Virgen morena de Montserrat, la nueva dama de sus pensamientos, la gran intercesora de los coloquios más importantes de los Ejercicios Espirituales, y en ellos, la contemplación de la primera aparición de Cristo resucitado a nuestra Señora; la visita a nuestra Señora de la Seo y a la de Villadarsés, la recitación cotidiana de las Horas de santa María la Virgen, los últimos votos ante el mosaico de la Madre de la Compañía en la basílica de San Pablo extramuros y, como un compendio de su gran amor mariano, legado a la Compañía de Jesús, la presencia continua de la Madonna della Strada, la Virgen del camino, guía imprescindible de este eterno peregrino.

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Cfr. Autobiografía 10.

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6. Una espiritualidad eminentemente misionera Solo Jesús vivió plenamente todo el Evangelio. Los santos, en su seguimiento, han privilegiado una faceta peculiar de Cristo que se ha llamado 'carisma'. ¿Cuál fue el Cristo de Ignacio de Loyola, el que lo fascinó desde los Evangelios? «El Espíritu El Cristo misionero de su Padre que recorría siemy la Iglesia» pre sinagogas, villas y castillos anunciando el Reino de Dios. El Cristo de Ignacio siempre está en fueron las movimiento, siempre caminando en busca de la 'dos banderas' oveja perdida y del enfermo para curarlo: «Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo»9. Es el de este novel Cristo, rey eternal que después de realizar su caballero misión dice: «Si quieres, ven y sígueme»; se trata de Dios de una invitación «a todo el universo mundo, al cual y a cada uno en particular llama…». ¡Es un apremiante llamado que no puede quedar sin respuesta! 7. Una espiritualidad del sentir en y con la Iglesia Ignacio, ya iluminado por el Espíritu, en un tiempo de cacería de brujas por parte de la Inquisición, estuvo en grave peligro de ir a parar a la hoguera como 'alumbrado'. Lo que lo salvó fue su plena comunión con la Iglesia y con el Vicario de Cristo en la Tierra, el Papa. Por ello mismo se convirtió en su adalid en un tiempo de reformas luteranas. «El Espíritu y la Iglesia» fueron las 'dos banderas' de este novel caballero de Dios. Banderas inseparables que se fundieron de manera admirable en su maravillosa fórmula: «la caridad que discierne», la caridad atenta al gran Dios en la pequeña Iglesia, la de su tiempo, tan cuestionada por sus continuos devaneos mundanos y vanos. Pero para él, a pesar de todo, ella siempre fue «la verdadera esposa de Cristo nuestro Señor», «la nuestra santa madre Iglesia jerárquica»10. Este «sentir con la Iglesia» lo constituyó en el abanderado de la Contrarreforma. Por eso, para él es fundamental la afirmación que hace categóricamente: «creyendo que en-

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Jn 5, 17. Cfr. Ejercicios Espirituales 353.

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tre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo espíritu el que nos gobierna y rige»11 . 8. Una espiritualidad como mística del servicio por amor El gran teólogo jesuita Karl Rahner, con visión profética dijo: «el cristiano del siglo XXI, o será un místico o no será cristiano». Ignacio nos dio el modo de serlo con su espiritualidad endiosada pero práctica. La praxis es el crisol de fuego que muestra el auténtico amor: el corazón en el cielo pero los pies bien plantados en la tierra que hay que transformar para ayudarle a Cristo en la misión. «El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras…». Así es el realismo ignaciano. Se trata ante todo de contemplar, en una oración para alcanzar el amor de Dios sembrado en todas las personas y cosas, en toda la creación viviente, los grandes e innumerables beneficios que Dios nos ha concedido y cómo se nos da él mismo en ellos. Pero todo, con el objetivo de que reconociendo esta infinita gracia, yo dé gracias con mi vida de modo que pueda «en todo amar y servir». Como decía sugerentemente San Ireneo: «La gloria de Dios es que el hombre viva (que tenga vida abundante y digna con nuestro servicio apostólico); y la gloria del hombre es la visión de Dios» (es decir, que de tal manera sirvamos al hombre, que lo llevemos a entrar en contacto directo con Dios: mística). 9. Una espiritualidad para ser «contemplativos en la acción» Una persona 'espiritual', es decir, llena de Dios, contemplativa, formada en la espiritualidad ignaciana, se supone que es capaz de descubrir a Dios en todo y en todos, aun de lejos, y decir: «¡es el Señor!», como Juan, desde la barca, reconoce a Jesús en la orilla. La purificación del corazón obtenida en los Ejercicios Espirituales que ha realizado, la hacen merecedora de la bienaventuranza de Jesús: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios» y sabrán verlo en todo lo que se relaciona con su vida ordinaria. Se supone que sus largos ratos de contemplación la han dotado de una mirada de rayos X, capaz de penetrar la

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Ejercicios Espirituales 365.

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opacidad de todos los seres animados e inanimados y leer allí las «semillas del Verbo creador de todas las cosas». Se trata de una persona que ha reconquistado su libertad y ya es libre de sus esclavitudes espirituales. Libre para ayudar a liberar a los demás, capaz de buscar y hallar a Dios en todas las personas y cosas, apartando cuanto es posible el propio apego y dependencia de ellas, para poner este amor purificado y su dependencia solo en Dios, Criador de ellas, amando al mismo Señor en todas ellas y a todas desde El, conforme a su santísima y divina voluntad que es el fin para el cual ha creado todo.

Quien desee vivir a plenitud su cristianismo, lo logrará viviendo esta «espiritualidad ignaciana». Por lo tanto, SE BUSCA: Una persona que tenga «ojos para ver y oídos para oír»… Una persona12 que no se sienta genio ni superhombre (o supermujer); que sea, sencillamente normal. Una persona ambiciosa que no se contente con lo que satisface a los otros: comer, gozar, comprar cosas, envejecer y morir. Tan idealista y soñadora que no se resigne a entregar el mundo a los violentos y a los corruptos; que crea en la paz del siglo XXI y en la igualdad de oportunidades para todos. Tan arriesgada que sea capaz de dar lo que ha ganado y lo que pueda conseguir por una causa que de verdad la convenza. Tan anticuada y anacrónica que crea en el amor eterno y sea capaz de hacer compromisos, no por un año ni por diez sino por toda la vida. Tan insatisfecha y desubicada que no eche raíces en su parcela y esté dispuesta a dejar a los suyos por servir a los más necesitados en cualquier rincón del planeta. 12

Texto, adaptado, de la promoción vocacional S.I.

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Tan afectuosa y apasionada que ame a todas las personas del mundo, y no para aprovecharse de ellas sino para admirarlas y servirles sin que ninguna sea suya en exclusividad. Tan original y extraña que no espere a que le paguen con dinero ni con el orgullo de sentirse más, sino con el gozo de hacer felices a los otros. Tan aventurera que quiera jugarse la vida no en una carrera de motos ni en un «viaje» hacia la droga sino en el riesgo supremo de la fe, por amor a la Verdad. Tan frágil y tan tierna, que sea capaz de llorar frente a un niño víctima de la guerra. Tan loca que quiera trabajar incondicionalmente para extender el Reino de Dios con Jesús y como Jesús, siguiéndolo cada vez más de cerca. Una persona que quiera ser ante todo, radicalmente cristiana, para llegar a ser también radicalmente santa para Dios, y quizás, solo una loca para los demás. Una persona así, se encontrará, como en su casa, en esta espiritualidad ignaciana.

Jesús, por los caminos de Judea, encontró a una persona muy rica y la invitó a cambiar...: «Una cosa te falta... Si quieres... vete, vende lo que tienes, dalo a los pobres y ven y sígueme». Esta persona pudo haber cambiado, como Pedro, como Pablo o Ignacio, pero no quiso. Hoy, no sabemos siquiera si vivió... Y, ¿tú? «Una cosa te falta...». Jesús te invita, como cristiano o cristiana, a esta clase de locuras, la de jugarte hoy la vida por los demás. ¿«De qué le sirve al hombre -gritaba Jesús de Nazaret-, ganar todo el mundo si al final se pierde así mismo»? En esta espiritualidad ignaciana, comenzada por Ignacio de Loyola y seguida por centenares de soñadores insatisfechos con su vida, también hay puesto para ti. ¡Tú verás!

Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 88-100


Colección Apuntes Ignacianos Año

N°

Temas

1991

1 2 3

Directorio de Ejercicios para América Latina (agotado) Guías para Ejericcios en la vida corriente I (agotado) Guías para Ejercicios en la vida corriente II (agotado)

1992

4

Los Ejercicios: «...redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo...» Ignacio de Loyola, peregrino en la Iglesia (Un itinerario de comunión eclesial). Formación: Propuesta desde América Latina.

5 6 1993

7 8 9

1994

10 11 12

Después de Santo Domingo: Una espiritualidad renovada. Del deseo a la realidad: el Beato Pedro Fabro. Instantes de Reflexión. Contribuciones y propuestas al Sínodo sobre la vida consagrada. La vida consagrada y su función en la Iglesia y en el mundo. Ejercicios Espirituales para creyentes adultos.

1995

13-14 15

1996

16 17 18

Nuestra Misión y la Cultura. Colaboración con los Laicos en la Misión. «Ofrece el perdón, recibe la paz» (agotado)

1997

19-20 21

Nuestra vida comunitaria hoy (agotado) Peregrinos con Ignacio.

Congregación General N° 34. Nuestra Misión y la Justicia.

Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 101-102


102

Colección Apuntes Ignacianos

Año

N°

1998

22-23 24

1999

25 26 27

En busca de «Eldorado» apostolico. Pedro Fabro: de discípulo a maestro. Buscar lo que más conduce...

2000

28 29 30

Afectividad, comunidad, comunión. A la mayor gloria de la Trinidad (agotado) Conflicto y reconciliación cristiana.

2001

31 32 33

«Buscar y hallar a Dios en todas las cosas» Ignacio de Loyola y la vocación laical. Discernimiento comunitario y varia.

2002

34

I Simposio sobre EE: Distintos enfoques de una experiencia. «...para dirigir nuestros pasos por el camino de la paz» La vida en el espíritu en un mundo diverso.

35 36 2003

37 38 39

2004

40 41 42

2005

43

Temas El Superior Local (agotado) Movidos por el Espíritu.

II Simposio sobre EE: La preparación de la persona para los EE. Conferencias CIRE 2002: Orar en tiempos difíciles. 30 Años abriendo Espacios para el Espíritu. III Simposio sobre EE: El Acompañamiento en los EE. Conferencias CIRE 2003: Los Sacramentos, fuente de vida. Jesuitas ayer y hoy: 400 años en Colombia. IV Simposio sobre EE: El "Principio y Fundamento" como horizonte y utopía.

Apuntes Ignacianos 44 (mayo-agosto 2005) 101-102


Aportes para Crecer viviendo juntos Conferencias CIRE 2004 Presentación

1

Espiritualidad del Seguimiento Luis Raúl Cruz Cruz, S.I.

3

«Desde mi fragilidad, Dios se hace misericordia» Luis F. Granados Ospina, S.I.

26

«¡Creo, ayuda a mi poca fe!» Roberto Triviño Ayala, S.I.

40

Crecer viviendo juntos Hermann Rodríguez Osorio, S.I.

51

«Orando nuestras despedidas» Clara Delpín, S.A.

65

La Experiencia de Vivir en Soledad Luis F. Granados Ospina, S.I.

74

Ignacio de Loyola, ¿Loco o Santo? Un cambio de 180 grados Darío Restrepo Londoño, S.I.

88

Colección Apuntes Ignacianos

101


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