PL ANT AS CO N
Idęntidad Nacional

Ideas para alinear el pensamiento con la Naturaleza
Ideas
para alinear el pensamiento con la Naturaleza
CUADERNILLO 7
PL ANT AS CO N
Identidad Nacional
Directorio
Lic. Mauricio Kuri González.
Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro.
Dra. Martha Elena Soto Obregón.
Secretaria de Educación del Estado de Querétaro.
Dr. Enrique Rabell García.
Director General del Consejo de Ciencias y Tecnología del Estado de Querétaro.
Ing. Emiliano Sánchez Martínez.
Director de Jardín Botánico Regional de Cadereyta del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro.
Plantas con Identidad Nacional
Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro (CONCYTEQ).
Luis Pasteur Sur 36, Centro Histórico de la Ciudad de Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000.
Jardín Botánico Regional de Cadereyta del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro.
Camino antiguo a Tovares S/N. Ejido de las Fuentes y Pueblo Nuevo, Cadereyta de Montes, Qro. C.P. 76500. www.jbrc.concyteq.edu.mx jbotanicocadereyta@concyteq.edu.mx
Derechos reservados Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro. 2025.
ISBN Obra independiente: 978-607-7710-70-7
Idea original y coordinación: Emiliano Sánchez Martínez. Revisión de textos: Beatriz Maruri Aguilar.
Agradecimientos a los autores: a Leonardo O. Alvarado-Cárdenas, Edelmira Linares Mazari, Orlik Gómez García, Beatriz Maruri Aguilar, José Belem Hernández Díaz y Emiliano Sánchez Martínez por su valioso tiempo para desarrollar las ideas de esta iniciativa.
Coordinación de la edición: María Magdalena Hernández Martínez.
Introducción
Conferencia
Ensayo de estandartes vegetales
Entre selvas y zapotes: el sueño de la Independencia de México
A Luis Francisco Zúñiga Velázquez
Entre humedales en retirada, México emprende el vuelo

PL ANT AS CO N
Identidad Nacional
"Textos originalmente publicados en el Boletín de la Sociedad Botánica de México, Macpalxóchitl, en sus ediciones de 2021. Apreciamos el invaluable apoyo del Dr. Leonardo O. Alvarado-Cárdenas como editor del boletín, así como la cuidadosa revisión de cada texto por parte de la Biól. Beatriz Maruri Aguilar."

INTRODUCCIÓN

Considerando que el año 2021 representó, en términos históricos, un año significativo para México, al conmemorarse el bicentenario de la independencia nacional, convenimos, con el Dr. Leonardo Osvaldo Alvarado Cárdenas, la publicación original de los siguientes artículos en el boletín Macpalxóchitl de la Sociedad Botánica de México. Son pasajes narrativos en los cuales 5 prosistas dilectos desarrollamos ensayos en los que vinculamos elementos de la flora nativa del país con características emblemáticas, previamente establecidas o creadas de novo, como iconos vegetales novedosos, de forma tal que se fundaran asociaciones de cercanía con el paisaje patrio, la vegetación y la flora, fomentando el arraigo intelectual y emocional entre los mexicanos y sus plantas.
Los ensayos, como se indica, debieron cumplir 3 características esenciales:
1 2 3
Abordar acaecimientos históricos ocurridos en México en 1821, relacionados con la consumación de la independencia;
Incluir en cada texto elementos de la flora mexicana, elevados a protagonistas de los sucesos narrados y afirmados como importantes dentro de la acción rememorada;
Amalgamar todo con una literatura de estilo generoso e íntimo, uniendo la botánica, la historia y los peculiares oficios discursivos de cada autor.
Plantas con identidad nacional es un homenaje a México, a su historia y a su flora, con el afán de unirnos más en torno a nuestros paisajes, que siguen allí en esta tierra que aún espera el consuelo de la conservación plena, basada en principios bioéticos que respeten su integridad, su estabilidad y su belleza.
Concentramos en este breve libro los 5 pasajes noticiados antes en el Macpalxóchitl, para que su divulgación sea más amplia y florezcan como un venimécum cívico que aporte a la dignificación y cuidado de nuestra diversidad vegetal.
Los autores Beatriz, María Edelmira, Emiliano, Orlik y Leonardo, deseamos que así sea.

"Plantas
con Identidad
Nacional",
para el Seminario de Cultura Mexicana.
Como consecuencia de esta iniciativa, el 17 de noviembre de 2021, en el marco de las actividades de la Corresponsalía Querétaro del Seminario de Cultura Mexicana y con el respaldo del Jardín Botánico Regional de Cadereyta (CONCYTEQ), tuvo lugar una entrañable charla transmitida en vivo a través de su canal de YouTube. En aquella ocasión, los autores de Plantas con Identidad Nacional se reunieron para compartir con los lectores y el público en general las motivaciones, reflexiones y anécdotas que dieron origen a los textos publicados en el Boletín Macpalxóchitl de la Sociedad Botánica de México.
La transmisión constituyó una oportunidad única para dialogar más allá de la letra impresa, recrear la atmósfera intelectual y afectiva en que fueron concebidos los ensayos, y abundar en torno a esta conexión excepcional entre las plantas de México y un episodio tan significativo y emblemático como lo fue la consumación de la Independencia Nacional en 1821.
En esa velada virtual, el Maestro Valentín García Márquez, Presidente de la Corresponsalía Querétaro del Seminario de Cultura Mexicana, brindó una cálida bienvenida que abrió paso a una conversación rica en matices, donde la historia, la botánica y la literatura se entrelazaron para dar vida a un homenaje colectivo.
Quienes lo deseen pueden revivir esta charla en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=hxmswtxDp3Y&t=13s
Deseamos profundamente que, al recorrer estas páginas y al escuchar estas voces, nuestros lectores puedan fortalecer su arraigo y su conocimiento tanto por las plantas como por la historia de México. Que cada texto y cada evocación contribuya a renovar nuestra conciencia cívica y ecológica, y que la memoria de este bicentenario siga floreciendo como semilla de identidad y conservación.







Ensayo de estandartes vegetales.
Leonardo O. Alvarado-Cárdenas Laboratorio de Plantas Vasculares
Facultad de Ciencias, UNAM.
“Está inflamada mi alma con un inextinguible amor por las plantas”
Carl Linneo
Desde los albores de la humanidad hasta nuestros días, el vínculo con las plantas siempre ha sido muy estrecho. Ellas son acompañantes mudas, si bien algunas no lo son tanto, de nuestro andar por el mundo y nos han aportado una lista de beneficios innumerables; podemos mencionar la alimentación, el abrigo, la vivienda, el comercio, la medicina, el recreo, etc. Las plantas son nuestra conexión con la naturaleza, con lo humano y, en un sentido amplio, con lo “espiritual-sobrenatural”. No pasa un día sin que entremos en contacto con algún elemento de origen vegetal.
El papel de las plantas ha trascendido el plano utilitario hasta llegar a un grado de apropiación por parte de nuestra idiosincrasia. Cuántas veces nos hemos expresado de algún evento o de atributo de las personas haciendo referencia a las plantas; por ejemplo, “hacer leña del árbol caído”, “fuerte como roble”, “está durazno el frijolito”, entre otros. Incluso, se puede decir que algunas plantas nos dan identidad. Cuando hablamos de identidad, nos referimos a aquel conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. Por lo tanto, podemos tomar íconos vegetales como estandartes de nuestro país en el extranjero, pero también emblemas para nuestros connacionales. ¿Cuántas plantas podríamos tener en una región, que permitan identificarla? El número puede ser vasto y más si pensamos que México, además de ser un país megadiverso con alto endemismo, como


A B C

rezan innumerables tesis de biólogos, es uno de los centros de domesticación del mundo. Esta domesticación no solo es un punto fundamental en la construcción de culturas, sino las culturas giraban en torno a las plantas. El maíz de América, el trigo de Europa y el arroz de Asia son ahora la base de la alimentación del planeta.
En nuestro país, como en muchos otros, la identidad que nos dan las plantas es algo que viene desde nuestros ancestros de culturas prehispánicas. El calendario que regía las acciones en el México antiguo era asociado al maíz y a la milpa. Definitivamente somos hijos del maíz o unos jijos del maíz, como Usted prefiera. Deidades y vestimenta de alto rango estaban vinculadas con el maíz. Aunque la cosa no paraba allí, la lista de plantas que se elevaban a calidades divinas eran numerosas, como los agaves (representación viva de la diosa Mayahuel) y sus sin fines de productos, las flores y su representación de fertilidad (idealizada en las figuras de Xochiplili y Xochiquetazalli), así como la planta de veinte flores o cempasúchil y la cuetlaxóchitl o nochebuena que siguen presentes en nuestras festividades y que han trascendido fronteras y significados.
El señalamiento, búsqueda o redescubrimiento de plantas que nos dan identidad es un tema frondoso, de innumerables ramificaciones y profundas raíces. No es mi intención abordar este tema en detalle, sino delinear algunas ideas y que posteriores textos enriquezcan este aporte.
A.Fundación de Tenochtitlan, códice Azcatitlan, el nopal surge del príncipe Copil tras ser derrotado por Huitzilopochtli
B.Mito de la fundación de Tenochtitlan en la escultura de piedra Teocalli de la guerra sagrada.
C.Fundación de MéxicoTenochtitlan. Códice Durán, s. XVI. Algunos representantes de nopales.
D.Opuntia lasiacantha Pfeiff.
E.O. robusta Pfeiff.
F.O. tomentosa Salm-Dyck.




Con más de 100 especies en el país, el género Opuntia está presente a lo largo y ancho del territorio nacional.
Todo empezó con una tuna
Las plantas conforman la estructura y fisonomía de las comunidades biológicas terrestres (e.g. pinares, matorrales o selvas altas perennifolias) y de algunas acuáticas (pastizales marinos o manglares), pero también pueden dar nombre a los asentamientos humanos. No podemos olvidar los topónimos de muchas regiones de nuestro país, que se identifican con las plantas que dominan. Una de las más célebres es Tenochtitlán, que significa “lugar de la tuna de piedra” y que es la ciudad que fundaron los nahuas-aztecas, por el ya muy lejano 20 de junio de 1325. El nombre y la ciudad tienen un simbolismo trascendental y están soportados por dos leyendas, una que involucra la pelea entre Huitzilopochtli y su sobrino, el príncipe Copil, con la muerte de este último. El corazón de Copil es enterrado en el centro de la laguna y de él surgirá el nopal, “tenochtli”, donde se posará el águila y, posteriormente, se construirá la ciudad de Tenochtitlán; la otra leyenda menciona el fin del peregrinaje de nuestros ancestros, guiados por Huitzilopochtli, al encontrar un lago con un islote, en el cual habría un nopal y, sobre este, un águila. También hay otras interpretaciones con respecto al simbolismo de los elementos mencionados. Pero, ambas leyendas están recogidas en códices y grabados en piedra de los teocallis, así como en nuestro lábaro patrio. Y allí de manera nada discreta, por encima del encino y el laurel, se erige el humilde nopal, enmarcando un águila que devora a una serpiente.
El nopal –nativo mexicano-, ha perdurado en nuestra identidad, elevado en nuestros distintos estandartes nacionales. La primera bandera nacional es la “trigarante”, que marca el final de la gesta de independencia en 1821, pero allí no hay nopales ni águilas. Es desde la segunda bandera nacional



(1822), la del imperio de Iturbide, hasta nuestros días que se recobran estos símbolos. Se pueden mencionar algunas banderas más a lo largo de la historia y casi en todas ellas se aprecia un nopal destacado en los lienzos, por ejemplo, en las banderas gemelas de Allende o la de José Ma. Morelos. Además de estos estandartes, el nopal se encuentra en el escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México, propuesto en 1920 por José Vasconcelos. Se ubica como un listón, en la parte inferior junto con los volcanes y acompañado de los demás elementos del escudo, que en su conjunto resaltan las raíces de los mexicanos y los latinoamericanos.
La relevancia del nopal en nuestra cultura es innegable, pero hay un misterio irresuelto ¿Cuál especie o especies son las que se representan a lo largo de la historia?
Se han sugerido varias, como Opuntia ficus-indica (L.) Mill., O. lasiacantha Pfeiff., O. robusta J.C. Wendl., O. streptacantha Lem. y O. tomentosa Salm-Dyck. Los atributos que se han señalado para apoyar alguna de estas especies son la forma y color de las flores, los colores de las tunas y la distribución. Sin embargo, no hay un consenso claro, por lo que se sigue buscando esa Opuntia idealizada.
Es interesante que el nopal tenga esta importancia que perdura a través del tiempo, pero tal vez no es casualidad. Con más de 100 especies en el país, el género Opuntia está presente a lo largo y ancho del territorio nacional. Por si fuera poco, la familia botánica a la que pertenece, Cactaceae, tiene su centro de diversidad en México con cerca de 700 especies y un endemismo de alrededor del 80%. Regresando a las opuntias o nopales, estas deben ser consideradas dignas representantes de nuestra identidad, ya que más allá de nuestro lábaro patrio son una fuente de alimento destacable, ya sea como un “bistec de pobre”, es decir, en forma de nopal asado o como componente de innumerables platillos, así como por sus deliciosos frutos. Asimismo, están presentes en nuestro lenguaje cotidiano las frases atribuibles al ingenio popular, como: “ese político tiene más propiedades que el nopal” o “al nopal solo lo visitan cuando tiene tunas”, como distintivo de nuestra procedencia “traes el nopal en la frente” o como muestra de arrojo “me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano”. También, como mencionaba al principio, en el caso de las toponimias podemos ver al nopal como un protagonista; por ejemplo, los municipios de Cardonal y Nopala de Villagrán en el estado de Hidalgo. Este último municipio, honra a Vicente de Villagrán que luchó en la guerra de Reforma y contra el ejército francés. Otros lugares importantes son Santa Ana de Nopalucan en Tlaxcala, la región del Soconusco en Chiapas, que viene del náhuatl Xoconochco, que significa “lugar de las tunas agrias” o la estación del metro Nopalera en la Ciudad de México.
Cardonales, ¿cuántas victorias y derrotas no han presenciado a lo largo y ancho de nuestro territorio? ¿a cuántos héroes anónimos diste alimento en las justas independentistas y revolucionarias? ¿Por qué en nuestro Himno Nacional no hay una nota para ti?, ¿acaso el laurel, el olivo y las palmas o los mirtos y las rosas son más verdes? Sin lugar a dudas, es el nopal una planta histórica y un orgulloso estandarte vegetal de nuestra identidad.





El que a buen árbol se arrima
Los árboles en el pensamiento mesoamericano, y en muchas otras culturas occidentales y orientales previas a la era moderna, eran vistos con reverencia y se percibían como ancestros y maestros; algunos fueron elevados a deidades y niveles míticos, como la ceiba. Aún en estas fechas, hay numerosos árboles longevos que tienen valor histórico y cuentan con cierta protección y cuidado. Por ejemplo, hay un encino asociado al movimiento de independencia, “el Churrasco” o “Palo Bendito”, también llamado “Encino del Bicentenario”. Se cuenta que este encino (Quercus obtusata Bonpl.) abrigó y sirvió de iglesia al cura Hidalgo, quien ofició una misa después de la derrota que sufrieron frente al ejército “Realista” de Félix María Calleja del Rey (7 de noviembre, 1810). Además de los encinos, mezquites, ceibas y nopales (Sahagún los llamaba árboles monstruosos) que han visto mucho del acontecer nacional, hay un árbol que ocupa un lugar destacable en la memoria histórica de nuestro país, es nuestro viejo de aguas, el ahuehuete o sabino. En 1921, al conmemorarse el centenario de la independencia de México, el ahuehuete fue reconocido como el árbol nacional debido a su hermoso porte, longevidad y vínculo cultural. Y ahora a doscientos años de la culminación de esa gesta histórica, es conveniente recordarlo.
Encino del Bicentenario (Quercus obtusata Bonpl.)




El ahuehuete, cuyo nombre científico es Taxodium mucronatum Ten. (aunque se ha sugerido que puede estar subordinado a otros nombres, e.g. T. distichum var. mexicanum) es una gimnosperma, perteneciente a la familia de las Cupresáceas, donde también se ubican los cipreses y las secuoyas. Este árbol, de gran talla, es un referente de nobleza desde tiempos prehispánicos. Se sabe que muchos de estos árboles fueron trasplantados o plantados en diferentes puntos del valle de México; por ejemplo, en los jardines de Netzahualcóyotl (actualmente, Parque Nacional “El Contador”). Se cuenta que se plantaron alrededor de 2000, individuos de los cuales solo queda el recuerdo, y algunos pocos individuos a un lado de la carretera Texcoco-Peñon. Asimismo, el ahuehuete era una metáfora del tlatoani, el gobernador, el maestro, ya que era quien protegía y guiaba al pueblo.

El ahuehuete debe tomar su lugar en la memoria de los mexicanos como un símbolo y deberíamos percibirlo con respeto.


Varios sabinos en México son reconocidos como de valor histórico. El Árbol del Tule, en Santa María del Tule, Oaxaca, es considerado uno de los árboles más grandes del país, con 41 metros de altura, todavía más de circunferencia, y aproximadamente 2000 años de antigüedad. Hoy es reconocido como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO. Otro como el “Ahuehuete de Chalma”, es considerado por algunos peregrinos como milagroso. No obstante, hay uno en particular que se ha asociado a un evento histórico distintivo: el árbol de la Noche Triste (o de la Victoria dicen otros). Este ahuehuete se ha señalado como el testigo de las lágrimas y desasosiego del conquistador Hernán Cortés, tras la derrota ocurrida el 30 de junio de 1520 a manos del ejército mexica. Las líneas de Duverger ilustran muy bien este momento “El amanecer contempla a Cortés sentado al pie de un ahuehuete, en Tlacopan, en tierra firme; oculta la cara entre las manos y llora. Bajo ese árbol gigantesco, que hasta hace poco se podía admirar en la actual Tacuba, Cortés saca sus cuentas”.
Actualmente, del ahuehuete de la Noche Triste solo queda un tocón, que en vida sufrió dos incendios, bordeado por una reja y una placa un tanto oxidada que señala el evento. Es importante mencionar que este árbol es parte de una leyenda, de un mito romántico que ha perdurado y que resalta el sentimentalismo, la estética y los ideales nacionalistas de la segunda mitad del siglo XIX. No existe en los documentos históricos, ni en las cartas de relación una mención de lágrimas, ni de árbol. Sin embargo, los relatos y pinturas como la de Velasco (El ahuehuete de la noche triste, 1885) han ayudado a elevar los restos de este sabino a monumento histórico y, por supuesto, a un árbol que nos da identidad. Apoyado en la reja que resguarda los restos de este gigante, formulo el deseo de que muchos árboles alcancen ese nivel de monumentos históricos y sean protegidos.

El ahuehuete debe tomar su lugar en la memoria de los mexicanos como un símbolo y deberíamos percibirlo con respeto, como bien señala Doris Heyden “El árbol es uno de los regalos de la naturaleza que la gente respeta y hasta convierte en deidad, es un amigo fiel, tan constante, que el hombre lo ha visto como un miembro de su propia familia, como antepasado mítico y sagrado, porque tiene, como dijo Serna –un alma racional-”.
Árbol de la noche triste en 1901.



mirasoles, Helianthus “flor de sol”, Heliopsis “con apariencia de sol”, Heliomeris “partes de sol”, entre otros.
La importancia del cempasúchil y la Dahlia.
A.La ofrenda. Pintura de Saturnino Herrán.
B.Día de Todos los Santos en México
C.Dahlia ilustrada en el códice de la Cruz-Badiano.
D.Dahlia ilustrada en el trabajo de Historia de las plantas de la Nueva España.
E.Dahlia atropurpurea P.D.Sørensen.
F.Dahlia coccinea Cav.




El cempasúchil o flor de veinte pétalos es una planta de tamaño discreto, pero de flores aromáticas y llamativas, con una escala de colores que va del amarillo al magenta oscuro. Los antiguos mesoamericanos hicieron un señalamiento muy atinado en el nombre, ya que lo que estaban viendo no era una flor sino un grupo de ellas. Este arreglo es una inflorescencia de tipo cabezuela o capítulo, como dicen los botánicos, que dan la apariencia de ser una sola flor y que es característico de las Compositae o Asteraceae. El nombre de cempasúchil, cempoaxóchitl o alguna otra variante, es un nombre genérico para varias especies del grupo de Tagetes. Aunque hoy en día, la especie más explotada es Tagetes erecta L. Se sabe que el uso de estas plantas estaba muy extendido en el México prehispánico y se les señalaban muchas propiedades medicinales en los tratados de los cronistas. Asimismo, su uso en festividades, rituales y sacrificios es destacado en el Códice Florentino y otros trabajos. Desde entonces, su uso ha cambiado, pero se puede ver como una continuidad de las celebraciones agrícolas, de los festejos a las deidades y la mezcla de costumbres después de la conquista. El cempasúchil representa hoy una flor distintiva del mes de noviembre, que no falta en altares de casas y calles, ni en sepulturas, ni en representaciones artísticas alusivas a los muertos. Las flores están fuertemente enlazadas a nuestro pensamiento, nos identifican, y se perciben con reverencia y respeto. El cempoalxóchitl ilumina el camino de las almas, es el vínculo de los muertos para seguir vivos y de los vivos que saben que un día morirán.
De la misma manera, la Dahlia tiene un lazo histórico con los mexicanos. Estas plantas eran cultivadas en los jardines del imperio mexica y también crecían, espontáneas, alrededor de las milpas. La visita a esos jardines dejó maravillados a Cortés y a Díaz del Castillo, quienes relataron los prodigios de los mismos y su sin fin de olores, colores y frutos, donde sin duda también vieron dalias. La belleza y usos de las dalias no se pasaron por alto consumada la conquista. La especie Dahlia coccinea Cav. se inmortalizó tempranamente en el códice de la Cruz-Badiano, publicado en 1552, donde es nombrada “cohuanenepilii” (tallos huecos con agua) y, probablemente, D. pinnata Cav. se ilustró en el trabajo del protomédico Francisco Hernández. Esta y otras dalias llamaron de inmediato la atención de los europeos. Desde su viaje al Viejo Continente, por allá de finales del siglo XVIII, hasta la fecha, se han generado un sinfín de variedades cultivadas, que ya rebasaban las 15 mil en el 2006. La valía de las dahlias como planta de ornato rivalizaba con los estirados tulipanes holandeses, así como su presencia en los jardines europeos y americanos. Fue en 1963 que, por decreto del entonces presidente Adolfo López Mateos, se reconoce a como la flor nacional, bueno, inflorescencia, si me permiten la precisión.


Sin demeritar lo atractivo de los irises sudafricanos (Dietes bicolor (Steud.) Sweet ex Klatt y D. iridioides (L.) Sweet) o de las cebollas de la suerte (Albuca bracteata (Thunb.) J.C.Manning & Goldblatt) o las jacarandas (Jacaranda mimosifolia D.Don) que se plantan a diestra y siniestra, deberíamos retornar a nuestras plantas y nuestras raíces. Que hermoso sería ver a la par dahlias, cempasúchiles, mezquites, agaves, cuajiotes y otras más adornar los camellones, plazas y jardines de nuestra ciudad. ¿Por qué las hemos olvidado? ¿Acaso es ceguera verde nacional? A pesar de eso, ellas permanecerán en la memoria y el tiempo como lo dice el poema náhuatl.
In xóchitl, in cuícatl
Ahora andamos sobre la tierra florida. Nadie hará terminar aquí las flores y los cantos, ellos perduran en la casa del Dador de la vida.
Como mencionaba al principio, hablar de plantas que nos dan identidad es una tarea muy larga, pero de seguro muy satisfactoria. He comentado acerca de algunas que tenemos muy claro en el imaginario nacional, pero una lista completa llevaría una nutrida, jocosa y enriquecedora discusión. Si me permiten la venia, puedo señalar, por último, y sin temor a equivocarme, a los agaves, los de origen noble, como dignos heraldos de los mexicanos. Este grupo de plantas se distribuye prácticamente por todo el país, siendo México su centro de diversidad y endemismo. Por supuesto, están ligados prontamente a las bebidas espirituosas que se obtienen de ellos, que nos lleva a pensar en Tepotzotlán, Estado de México, con una gran tradición en la producción de pulque. Además de las bebidas, los agaves son plantas de los mil usos por la importancia que tienen sus fibras, hojas, flores y otros productos obtenidos, pero también las podemos llamar de las mil historias, referidas en numerosos códices y murales. Y como bien se entona, aunque es una mala práctica, en las pencas del maguey se han grabado historias de amor.
Esta sección “Plantas con Identidad Nacional” permitirá dar una noción y propuesta de aquellas que merecen ese dictamen. Este preámbulo de las plantas como referente mexicano es solo un recordatorio. Tengamos en mente que nuestras compañeras vegetales son una buena guía para el conocimiento histórico, ya que, estoicas, permanecen como testigos de los eventos que nos han construido como mexicanos. Hay otras plantas que iremos señalando a lo largo del año y que, con la pluma y destreza de nuestros colegas, nos darán un relato de las plantas en nuestra identidad mexicana.
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•https://es.wikipedia.org/wiki/Soconusco_(Chiapas)
•https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Topónimos_de_origen_náhuatl
Entre selvas y zapotes: el sueño de la Independencia de México.
Dra. Edelmira Linares Mazari
Jardín
Botánico
Instituto de Biología, UNAM.
A principio del año 1821 continuaban los enfrentamientos entre los ejércitos realistas, comandados por Agustín de Iturbide, y las guerrillas independentistas, muy diezmadas. La principal guerrilla del sur estaba a cargo de Vicente Guerrero y se ubicaba en las selvas bajas caducifolias del estado que hoy lleva su nombre. Su guerrilla constituía un crucial obstáculo para el comercio con una de las zonas más productivas del centro del país y el paso hacia Acapulco, el principal puerto del Océano Pacífico. El puerto era eficazmente bloqueado por temor a los ataques insurgentes, lo cual, en una colonia que dependía en gran medida de esa actividad era una fuente de quebranto económico.
Las actividades guerrilleras del sur tenían presencia esporádica en varios lugares llegando a dominar las mixtecas y el extenso Balsas. Esta región era un área inaccesible y montañosa con una vegetación ahora conocida como selva baja caducifolia o bosque tropical seco, con temperatura media anual entre 20 a 29 º C. En algunas depresiones interiores era todavía más alta, lo que genera zonas muy calientes y secas durante varios meses del año. El efecto de la precipitación divide a este tipo de vegetación en dos estaciones bien marcadas: la lluviosa y la seca, denominada por los habitantes de esta región: “las aguas” y “las secas”. El número de meses secos consecutivos varía entre 5 y 8, lo cual da idea de lo acentuado de la aridez entre diciembre y mayo (época en que se llevarían a cabo los hechos que marcaron el inicio de nuestra independencia). La sequía en esta temporada del año, sumada a las altas temperaturas trasciende a que estas zonas sean lugares difíciles para vivir, especialmente en las secas.



Pero volvamos a la historia que nos ocupa, en la que estos enfrentamientos entre los realistas y la guerrilla en el mes de enero de 1821 desencadenaron la Independencia de México. Imaginemos las persecuciones de los realistas contra los guerrilleros en el bosque tropical caducifolio, que cuenta con numerosos árboles de entre 4 y 10 metros de altura aproximadamente. Esta estructura del bosque indudablemente dificultaba la localización de esta guerrilla y pudo haber jugado un papel en la victoria de Vicente contaba con el apoyo de las comunidades asentadas en esta región, quienes estaban a favor del movimiento independentista y sin las cuales no hubieran podido subsistir por mucho tiempo. Esto es porque en lugares de sequía tan marcada, los recursos son
En la selva baja caducifolia el estrato herbáceo es muy reducido y solo se observa en la temporada de lluvias, mientras que los bejucos, epífitas y las plantas suculentas son abundantes. Por esta razón, la alimentación de los habitantes de estas regiones se obtiene principalmente de las milpas, que se cultivan en la época de lluvias, la caza y la recolección de frutos silvestres; y se complementa en gran medida con las plantas cultivadas en los huertos
Los estudios realizados en huertos familiares de diversas culturas de nuestro territorio, han evidenciado su importancia cultural y social, además de su papel como reducto de plantas útiles
que apoyan a la conservación regional, ya sean medicinales, comestibles, ornamentales u otras. Es ahí donde se cultivan diversas especies de plantas perennes y anuales, a menudo integradas con la cría de animales de traspatio que complementan la alimentación. Estos huertos son manejados por las familias para proveer alimentos básicos durante todo el año y tener las plantas medicinales necesarias a la mano, para la elaboración de los remedios de primera necesidad.
También en los huertos familiares se han seleccionado y mejorado muchas plantas que han sido domesticadas o que se encuentran en este proceso. Es ahí donde se conserva el germoplasma de la región, se lleva a cabo la transmisión de los conocimientos de padres a hijos y la convivencia familiar.
Entre los árboles cultivados en los huertos se encuentra una gran diversidad de frutales, que representan un recurso alimenticio a lo largo del año. Entre los árboles más cultivados y apreciados se encuentran varios tipos de zapotes 1. Presentan diferencias en sus apariencias y colores, pero en todos los casos sus frutos son dulces, por lo que comparten este calificativo nominal españolizado como “zapote”.

Estos zapotes pueden pertenecer a varias familias botánicas, y tener diversas formas y tamaños de los frutos, así como diferentes temporadas de fructificación (Fig. 1). Los frutos de los zapotes, desde el punto de vista de las características en común (frutos carnosos de sabor dulce), muestran una similitud de tipos de frutos en familias como: Sapotaceae y Ebenaceae, las que son miembros del mismo Orden Ericales de la Sublcase Asteridae. Mientras que la familia Rutaceae es del Orden Sapindales de la Subclase Rosidae, ambas dentro la Clase Magnoliopsida.
1 Zapote, viene del vocablo náhuatl tzapotl que significa fruto de sabor dulce.

Independientemente de su origen, han sido domesticados por diferentes culturas en Mesoamérica y actualmente son cultivados en los huertos familiares. Complementados con frutos de otros árboles, representan en conjunto un recurso alimenticio muy importante. Entre los zapotes que se cultivan en los huertos de selvas bajas caducifolias de la región que aquí nos concierne, se pueden incluir: zapote amarillo, zapote blanco, zapote negro y chico zapote.
Suponemos que su manejo y cultivo por los habitantes de la región en sus huertos familiares viene desde épocas remotas, y que seguramente contribuyeron a que las guerrillas encabezadas por Vicente Guerrero pudieran sobrevivir y alimentarse en los meses de sequía en esta región. Dada la importancia de estas especies desde la época prehispánica y gracias a su documentación en el Códice Florentino continúan siendo reconocidos como zapotes y forman parte de nuestro patrimonio biocultural.

Fruto dulce de zapote.
Nombrecomún
Chico zapote
Zapote amarillo
Zapote blanco
Zapote negro
NombrecientíficoFamiliabotánicaEFMAMJJASOND
Manilkara zapota
Pouteria campechiana
Casimiroa edulis
Diospyros digyna
Sapotaceae
Sapotaceae
Rutaceae
Ebenaceae
Fig. 1. Época de fructificación de las especies de zapote incluidas en este trabajo (basada en Pennington y Sarukhán, 1998).
Zapote amarillo
(Pouteria campechiana (Kunth) Baehni), familia
Sapotaceae.
Sahagún lo describe con el nombre de atzaputl, y menciona que “el fruto de estos árboles son amarillos por dentro y de fuera y son muy dulces y tersos, a manera de yema de huevo cocida y tiene cuescos de color castaño oscuro”. Tal vez este comentario se debe a su textura que es un poco seca como la yema de huevo cocido. También se conoce como zapote borracho y zapote tatú, fructifica de junio a octubre y, además, sus frutos comestibles presentan propiedades hepatoprotectoras antioxidantes.
Fue colectada por Humboldt y Bonpland e inicialmente descrito y publicado por Kunth como Lucuma campechiana (1819). El nombre de Pouteria, al cual fueron incluidas las especies de Lucuma, al parecer es un nombre nativo indígena en la Guayana, en donde se llamaba a estas plantas “pourama-pouteri”. Su epíteto P. campechiana, hace alusión al estado de Campeche en nuestro país, donde Humboldt y Bonpland colectaron la muestra tipo en 1804 (Fig. 2).

Fig. 2. Zapote amarillo de venta en el tianguis de Ozumba, y Estado de México, en el cual confluyen tanto frutos de la selva baja caducifolia como de zona templada. Se puede observar el color de la pulpa y de la semilla.

Zapote
blanco
(Casimiroa edulis, La Llave), familia Rutaceae.
Ya menciona Sahagún “que sus frutos provocan a dormir, ya inducen el sueño”. De ahí su nombre de cochitzapotl o zapote del sueño, llamado también en náhuatl iztaczapotl (zapote blanco) y varios otros nombres más, en otras lenguas de México, lo que demuestra su gran utilidad en varias zonas del país. Es una especie que fructifica de febrero a mayo y sus frutos son de sabor dulce muy agradable. Sus hojas presentan propiedades antihipertensoras, lo que coincide con sus usos tradicionales.”

Pablo de La Llave, un naturalista mexicano quien continuó la exploración botánica en México después de la Independencia, dedicó el género botánico
Casimiroa a un insigne insurgente otomí,
Casimiro Gómez, originario de Cardonal, Hidalgo.
De la Llave resalta el valor de Casimiro en la gesta de Independencia y lo describe como sobrio y moderado, pero muy valiente. Es importante mencionar que no hay que confundir a este gran otomí con su homónimo Casimiro Gómez Ortega, un botánico farmacéutico del Real Jardín Botánico de Madrid, estudioso de la obra de Francisco Hernández de Toledo. El epíteto específico C. edulis hace referencia a las propiedades comestibles de su fruto (Fig. 3).


Zapote negro (Diospyros digyna
Jacq.), Familia Ebenaceae.
Sahagún lo describe con el nombre de totolcuitlaltzapotl, con “frutos grandes como manzanas, de fuera son verdes y de dentro negros, son muy dulces y buenos de comer”.
En su ilustración, incluye una cabeza de un ave, que seguramente visita al zapote negro para alimentarse de sus frutos (Fig. 4). Es una especie que fructifica de agosto a enero y además de ser comestibles, sus frutos presentan propiedades antioxidantes por lo que son un muy buen alimento. Su nombre científico hace alusión a un fruto muy especial: “Diospyros” o “Fruto de Zeus”. Fue descrito por Nikolaus Jacquin, holandés que estudiando en Austria medicina y botánica, diseñó el inventario del jardín de Schönbrunn (jardín creado por el emperador de Austria Joseph I), logro por el cual fue comisionado más tarde a realizar expediciones en busca de árboles de frutos comestibles y con flores aromáticas. Gracias a las posibilidades de transporte marítimo se enfocó principalmente en las islas del Caribe (Fig. 5).


4. Ilustraciones de Fray Bernardino de Sahagún (1979). Izquierda: árbol de chicozapote con el insecto llamado xicote “xicotli”, de donde viene su nombre náhuatl “xicotzapotl”. Derecha: árbol de zapote negro con la imagen de un ave “totol”, de donde viene su nombre nahua “totolcuitlatzapotl”.

Chico zapote (Manilkara zapota (L.) P. Royen), Familia Sapotaceae.
Descrito por Sahagún como xicotzaputl, menciona que los españoles los llaman peruétanos2, «son muy dulces y muy buenos de comer, y los hacen en tierra caliente».
Es muy interesante ver como el nombre náhuatl se ha españolizado como chico zapote, sin embargo, si observamos con detenimiento la ilustración de Sahagún, el árbol con frutos está acompañado por un insecto asociado, en este caso xicotli3. Razón por la cual, el nombre náhuatl xicotzaputl, se refiere más bien a un fruto dulce relacionado con el insecto y no a su tamaño (Fig. 4).
Sus frutos son comestibles y también se utilizan en la medicina tradicional como astringente, antipirético, analgésico, antibiótico, y para curar trastornos intestinales, tos y resfriado, entre otros. Estudios farmacológicos han demostrado la efectividad de su corteza y hoja como analgésica, antibacteriana y antifúngica.
Esta especie fue descrita por Linneo en 1753 inicialmente como Achras sapota L. y su epíteto específico A. sapota hace referencia a la palabra nahua para “fruto dulce”. Actualmente, la especie se incluye dentro del género Manilkara.
Como se puede ver, la historia de los zapotes nos remonta a un aprovechamiento que data desde la época prehispánica y que fue recuperada y documentada por Sahagún en su obra magna “Historia de las cosas de la Nueva España”. Son descritos como frutos dulces de muy buen comer, por los cual han constituido especies de importancia alimenticia.
Regresemos con el tema histórico que nos ocupa en esta sección. Una serie de sucesos llevaron a Vicente Guerrero a la conducción del movimiento del Sur, adoptando como medida de combate la guerrilla, y consiguiendo en enero de 1816 asaltos triunfantes inesperados, por lo que es nombrado (20 de marzo, 1816) Comandante General del Sur.

2. fruto de peral silvestre
3. Xicotli, se refiere a una abeja grande que produce miel y que horada los árboles (Gran Diccionario Náhuatl, UNAM).


Después de varios descalabros logra engrosar y reorganizar sus filas, y consigue una notoria victoria en la Batalla de Tamo, frente al realista José Gabriel de Armijo (en septiembre de 1818). La suerte continúa sonriéndole, pues derrota a la ofensiva que le envían a este lugar. Lo mismo sucede en Zirándaro; remonta el Mezcala, y recupera Coyuca, Ajuchitlán, Santa Fe, Tetela, Huetamo, Cutzamala, Tlalchapa y Cuaulotitlán; sostiene también combates triunfales en Tizapán El Alto, Mazatitla y San Antonio.
El 9 de noviembre de 1820 el virrey Ruiz de Apodaca envía una oferta de indulto a Guerrero a través de su padre, Pedro Guerrero. Según la versión popular, las palabras del caudillo fueron: “Este venerable anciano es mi padre; viene a nombre del virrey a ofrecerme dádivas, que nunca aceptaré. Respeto a mi padre y le obedezco; pero como mexicano de honor y soldado de la libertad de mi pueblo, no puedo traicionar mi ideal: Mi patria es primero”.
Guerrero continúa con sus victorias, pero la que desencadenaría las acciones iniciales definitivas de la independencia fue aquella del 2 de enero de 1821, en Zapotepec, ahora estado de Guerrero, en la cual su guerrilla insurgente aniquiló a la compañía de granaderos del ejército realista. Esta victoria desencadenó una serie de hechos, que motivaron a Agustín de Iturbide a cambiar de táctica de lucha y a gestionar un encuentro con el propio Vicente Guerrero para intentar una alianza, lo que iniciaría las gestiones para la Independencia. Este encuentro, llevado a cabo 10 de febrero de 1821, es conocido como el “Abrazo de Acatempan”. Que más tarde culminaría con la redacción del “El Plan de Iguala”, el 24 de febrero de 1821, el cual incluye:
•Establecer la Independencia de México.
•Mantener la monarquía encabezada por Fernando VII o alguno de los miembros de la Corona española.
•Establecer la religión católica como la única.
•Establecer la unión de todas las clases sociales.


Más tarde, los principios (Religión, Independencia y Unión) se convertirían en las Tres Garantías que promovió el ejército que sustentaría al gobierno, al que, por la misma causa, se le llamó Ejército Trigarante.
Posteriormente, cuando desembarca en Veracruz la persona que sustituiría al último Virrey de Nueva España, Don Juan de O´Donojú4 es forzado por Iturbide a la firma del Tratado de Córdoba, que toma en lo esencial los puntos descritos en el Plan de Iguala, pero también revela otras prioridades. En primer lugar señala la permanencia del “Imperio Mexicano”. Enseguida se menciona la forma de organización del gobierno (monarquía “moderada”) y posteriormente, el tortuoso mecanismo para la designación del primer monarca. No tiene, a diferencia del Plan de Iguala, un mínimo programa de carácter social. Con este Tratado, se logra la Independencia de nuestro país.
A decir de López Durán (2019), la Independencia de México es un movimiento organizado por criollos y mestizos con ideas liberales, aunque eso sí, muy católico. Además de ser un movimiento concluido por criollos de corte conservador, quienes lo organizan con el propósito de eludir las posibles reformas liberales que ponían en peligro la conservación de sus privilegios, pero olvidaron las razones sociales del Plan de Iguala.
Los zapotes, frutos emblemáticos de nuestro país, seguramente apoyaron la alimentación de los combatientes del sur. A la par de los eventos que culminaron en la Independencia de México, estos frutos y otras plantas alimenticias de las selvas bajas caducifolias, representan un patrimonio gastronómico y son un capital que debemos atesorar y multiplicar como una herencia biocultural para las generaciones venideras.
Agradezco a R. Bye sus comentarios al manuscrito.
4. Quien nunca toma posesión como virrey.

Obras de referencia:
•Álvarez-Buylla ME, Lazos E. 1983. Estudio etnobotánico en Balzapote, Veracruz: los solares. Tesis de licenciatura. Facultad de Ciencias. Universidad Nacional Autónoma de México.
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•Caballero J, Cortés L, Martínez-Ballesté A. 2010. El manejo de la biodiversidad en los huertos familiares. En: Toledo V. (coord.) La biodiversidad en México, inventarios, manejos, usos, informática, conservación e importancia cultural. Fondo de Cultura Económica y CONACULTA, pp. 220-234.
•De la Rosa-Reyes et al. 2014. Los huertos familiares y la seguridad alimentaria de Cuilápam de Guerrero, Oaxaca, México. Revista Mexicana de Agroecosistemas 1(1): 40–51.
•Enciclopedia Guerrerense. Guerrero Cultural Siglo XXI, A.C. http://guerrero.gob.mx/articulos/vicenteguerrero-1782-1831/
•Gran Diccionario Náhuatl UNAM. https://gdn.iib.unam.mx/termino/search?queryCreiterio=totol&queryP artePalabra=inicio&queryBuscarEn=na huatlGrafiaNormalizada&queryLimiteRegistros=50
•Gaytán-Ávila C. et al. 2017. Manejo de huertos familiares periurbanos de San Miguel Tlaixpan, Texcoco, Estado de México. Botanical Sciences 62: 39. doi: 10.17129/botsci.1646.
•Gispert CM, Gómez CA, Núñez A. 1993. Concepto y manejo tradicional de los huertos familiares en dos bosques tropicales mexicanos. En: Lefft E, Carabias J. (Coords.). Cultura y manejo de los recursos naturales. Miguel Ángel Porrúa, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México, pp.575-623.
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•La Llave P de, Lexarza, JJ Martínez de. 1824-1825. Novorum Vegetabilium Descriptiones. México, 2 vols. Reimpresos en el suplemento La Naturaleza 5.
•López Durán R. 2010. Del abrazo de Acatempan a los Tratados de Córdoba: un largo camino hacia la consolidación de la independencia nacional. 221-276. En: La Independencia de México a 200 años de su inicio. Comisión Organizadora de Festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana. Colección Facultad de Derecho Biblioteca Jurídica Virtual. Facultad de Derecho, UNAM.
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•Sahagún B. de. 1979. Historia General de las cosas de la Nueva España. México, Archivo General de la Nación.
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•Villegas Gómez DA. 2016. Usos de chicozapote (Manilkara zapota) en México. Seminario de titulación (Tesina). Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, Instituto Politécnico Nacional.
•Yahia EM, Gutierrez-Orozco F, Leon CA. de. 2011. Phytochemical and antioxidant characterization of the fruit of black sapote (Diospyros digyna Jacq.). Food Research International 44: 2210–2216. doi: 10.1016/j. foodres.2010.11.025.
A Luis Francisco Zúñiga Velázquez,
Capitán de la Marina Mercante y de nuestras andanzas de infancia y adolescencia.
Biól.
Orlik Gómez García
Jardín Botánico "Francisco Clavijero", INECOL.
Como bien se apunta por ahí, las y los botánicos, o quienes estamos relacionados con el estudio del mundo de las plantas, tendemos a decir que “México es un país megadiverso, uno de los más ricos en especies de plantas de nuestro planeta”. Partiendo de este postulado, sería deseable que, a lo largo de nuestra historia nacional se nos hubiera inculcado —precisamente como habitantes de un país con tales características— un concepto de identidad nacional basado en esta enorme diversidad biológica. Un concepto así va mucho más allá que los simplificados símbolos patrios, de todos conocidos. Así, nuestra identidad biocultural estaría afianzada y apuntalada desde muchísimas raíces, colores, formas y significados.
Este texto es una muy modesta aproximación al reconocimiento de plantas comestibles nativas o bien, arraigadas desde hace mucho tiempo en la tierra veracruzana. Sería tema de muchos volúmenes una lista exhaustiva de ellas. Por otra parte, y en el marco de la celebración de los 200 años de un hecho trascendental en la historia patria, la firma de los Tratados de Córdoba, en 1821. El reto de escribir este texto es vincular un poco de esta megadiversidad con el entorno sociopolítico de aquella época. Es conocido que hubo muchos estudiosos de la naturaleza que se aventuraron, desde los tiempos en que estas tierras pertenecían al ya decadente imperio español, a recorrer el nuevo mundo de las lejanas tierras de ultramar, atraídos por ese espíritu explorador o por las riquezas, —entre otras la megadiversidad biológica—, monopolizadas por España y muy limitadamente aprovechadas por el naciente imperio y posterior república mexicana.


En este contexto histórico, Veracruz vio pasar numerosos eventos clave de nuestra historia nacional. Aquí llegaron los barcos transportando a la expediciones de Hernán Cortés y Pánfilo de Narváez; aquí estuvieron pertrechados, resistiendo en la fortaleza de San Juan de Ulúa, los últimos soldados del imperio español en el naciente México, antes de capitular ante el capitán de fragata Pedro Sainz de Baranda en noviembre de 1825; el este puerto atracó la fragata “Novara”, donde viajaban los emperadores Carlota Amalia y Maximiliano de Habsburgo, y de aquí partió también la misma nave, llevando el cadáver del segundo, de regreso a su natal Austria. Ya no mencionaré, por no ser tema de este texto, las expediciones punitivas que los libros de historia contienen y que acreditan el título de Cuatro Veces Heroica a la ciudad y puerto de Veracruz. Lo cierto es que este lugar fue, al menos hasta 1846, casi el único acceso formal al país para quienes venían de Europa o del este de Estados Unidos. Los caminos que desde aquí partían y recorrían lo que sería el estado de Veracruz fueron testigos de estos y muchísimos otros andares.
Ubiquémonos en el año de 1821. La guerra de independencia había dejado al país agotado y al pueblo empobrecido. No obstante, los caminos que partían de la amurallada ciudad novohispana con rumbo a la antigua, muy noble y muy leal ciudad de México (para entonces capital de un incipiente imperio y posterior república), ya sea por Córdoba o siguiendo el trazado del antiguo Camino Real que pasaba por Xalapa, permitieron a los viajeros, más allá de ensayar la resistencia corporal que implicaba un viaje en diligencia, apreciar la diversidad biológica de un entorno pleno, aún muy poco intervenido y transformado por manos humanas. Sobre todo, permitió asomarse a conocer las costumbres y un poco de vida cotidiana de los pobladores de las pequeñas y comunidades asentadas a lo largo del trayecto.


En esa época, hace doscientos años, el campo, los árboles y demás plantas, los ríos y animales silvestres, estaban a la vista. De algún modo, convivía la naturaleza con la sociedad. Los juguetes de los niños eran las semillas de muchos frutos, los tallos huecos de muchas plantas, las ramas y enredaderas; los adultos conocían los ciclos de las lluvias y la aparición o desaparición temporal de aves e insectos, pero sobre todo conocían los recursos alimenticios y sabían de dónde procedía lo que comían y que hoy comemos.
La comida tradicional, al combinar ingredientes regionales, claramente procedentes de esa rica diversidad biológica, es una de las mayores evidencias que nos permiten apreciar la riqueza biocultural de México. Sus sabores únicos e irrepetibles surgen de una mezcla de conocimientos ancestrales, heredados a través de los siglos, con otros adquiridos en tiempos recientes, sobre las mejores maneras para aprovechar los recursos alimenticios de manera sabrosa y, con ello, perdurable. Clara y directamente, la búsqueda de los orígenes de la comida tradicional apunta hacia los ecosistemas nativos, como asiento y sustento de nuestra identidad biológica y cultural. El centro de Veracruz se caracteriza por ser el escenario de ecosistemas ricos en diversidad florística y faunística, fuente -casi inagotable- de recursos alimenticios.
En esta región, como en todo el territorio estatal, el consumo de plantas locales es amplio y cotidiano. En principio, su empleo ocurrió entre los pueblos prehispánicos, pero la influencia que estos tuvieron sobre sus descendientes indígenas y los pueblos mestizos dieron como resultado una alimentación contemporánea basada en la diversidad vegetal, cuyas características se han ido adecuando por todos los rincones del estado.
Así, encontramos entre muchas otras a la Erythrina americana Mill. (flor de gasparito) y la Gliricidia sepium (Jacq.) Kunth ex Walp. (flor de cocuite o matarratón) y la Parmentiera edulis DC., que, además de ser alimentos, son usadas comúnmente como cercas vivas. También tienen otros usos, como plaguicida contra insectos no deseados o como base para los cultivos de chayote (Sechium edule (Jacq.) Sw.), y sombra para el avecindado café (Coffea arabica L.).
El acto de cocinar, junto con el de comer lo cocinado, significó un intercambio cultural de los pueblos originarios y aquellos que arribaron a Veracruz, pues los colonizadores no eran ajenos al consumo de plantas, y para 1821, gracias al intercambio comercial y cultural entre América, Asia y Europa de los siglos pasados, ya se había gestado una cocina popular característica de Veracruz.
Citemos por ejemplo los tesmoles y tlaltoniles. Ambos son platillos típicos de la región de la Altas Montañas, en los municipios de Zongolica y Huatusco respectivamente, donde no sólo se vivió la revolución de independencia, sino posteriormente el paso de los ejércitos de Napoleón III en su camino hacia Puebla y México. Sin mencionar la carne de pollo, res o puerco que se les añade, estos alimentos son una muy diversa mezcla de ingredientes vegetales nativos y naturalizados, que los pobladores locales asimilaron para incluirlos en la dieta popular.




En Coscomatepec, con el tlatonile, elaborado con semillas de calabaza (Cucurbita pepo L. y C. ficifolia Bouché), ajonjolí (Sesamum indicum L.), chile ancho y chile comapeño (Capsicum annuum L.) y diversos chiles secos y verdes dispuestos con masa de maíz (Zea mays L.), y epazote (Dysphania ambrosioides (L.) Mosyakin et Clemonts), hoja de aguacate (Persea americana Mill.) y varias especias, se guisa el tepejilote (Chamaedorea tepejilote Liebm.). Fig.2.
Sabemos que los usos de las plantas no son siempre los mismos y que estos dependen de la región y su contexto particular. Un ejemplo que llama la atención es el del “crucetillo” (Randia aculeata L.), planta que en el último par de años se ha posicionado como un remedio infalible contra varios males. En una investigación reciente llevada a cabo por el equipo del Jardín Botánico Francisco Javier Clavijero del INECOL, se registró el uso de este fruto en comunidades de los municipios de Apazapan y Actopan, Veracruz. En ambos lugares se usa como remedio para tratar e incluso prevenir el dengue, pero también contra las picaduras de alacrán, las mordeduras de serpientes y como auxiliar contra el envenenamiento en perros. En el municipio de Actopan, las personas entrevistadas comentaron que también se ha utilizado para curar el cáncer —sin especificar qué tipo—, e incluso referían a personas conocidas que, con el consumo de este preparado alcohólico “ahora están como si nada” (Gómez-Luna, O., com. pers).
Otro ejemplo claro es el caso de la cabecera municipal de Altotonga, Veracruz. En las banquetas cercanas al mercado, las mujeres venden, entre otros productos, hongos, guanábanas (Annona muricata L.), frijol gordo (Phaseolus × dumosus Macfad.), chirimoyas (Annona cherimola Mill.), manzanilla
(Matricaria chamomilla L.), albahaca (Ocimum basilicum L.). Estas personas resaltan los usos y beneficios que tienen algunas especies de plantas como la chirimoya: “la chirimoya se usa para hacer agua o para comerse así”, “también de la chirimoya, la cáscara seca se usa para bajar la calentura”.
Las plantas y sus diferentes partes, como notamos, están presentes en la comida y los remedios de los pueblos veracruzanos, desde los más humildes frijoles hervidos con epazote, hasta las más suculentas y muy aderezadas salsas, sin mencionar la enorme variedad de tamales y caldos, y de bebidas y dulces. Los anteriores fueron sólo algunos ejemplos de la variedad de saberes -y sabores- tradicionales que existen en el estado de Veracruz. Estamos convencidos de que es necesario hacerlos cada vez más visibles, ya que son directamente proporcionales a la diversidad biológica de la región.
Rodeados por toda esta megadiversidad biológica, quizá los firmantes de los Tratados de Córdoba, Juan O’Donojú, Agustín de Iturbide y sus respectivos colegas, hayan degustado, el 24 de agosto de 1821





un delicioso tesmole de Zongolica o bien un tlaltonile de Huatusco, acompañado de aguas frescas, elaboradas con frutas de la temporada de lluvias, o bien del infaltable y omnipresente pulque y un postre de chirimoya, acto que -quién sabe- hubiese inspirado que nuestra primera bandera nacional – símbolo por excelencia de nuestra identidad- contuviera numerosas palmas, enredaderas, chiles, frutos, semillas, flores y hojas, además desde luego, del nopal, el águila coronada y la serpiente, Pero eso es algo de lo que no podemos estar seguros.

Obras de referencia:
•Bye R, ME Linares. 1983. The role of plants found in the Mexican markets and their importance in ethnobotanical studies. Journal of Ethnobiology 3(1): 1-13.
•Lascurain M, C López-Binnqüist, S Avendaño, M Covarrubias. 2017. The plants leaves used to wrap tamales in the Mexican state of Veracruz. Economic Botany 71: 374–379.
•Sánchez L. 2017. Las flores en la cocina veracruzana. Cocina indígena y popular. Secretaría de Cultura. México. 286 p.
•Silvia E, M Lascurain, A Peralta de Legarreta. 2016. Cocina y biodiversidad en México. CONABIO. Biodiversitas 124: 1-7.
•Agradezco a la antropóloga Oriana Gómez-Luna por compartir sus hallazgos en las salidas de campo como parte del proyecto en progreso titulado: “Un Jardín Etnobiológico: Ampliando los horizontes del Jardín Botánico Francisco Javier Clavijero en Xalapa, Veracruz
Entre humedales en retirada, México emprende el vuelo.
Biol. Beatriz Maruri Aguilar1 y Lic. José Belem Hernández
Díaz2
1 Jardín Botánico Regional de Cadereyta,
Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro
2 Planetario “Dr. José Hernández Moreno”,
A mediados del mes de septiembre de 1821, el valle de México ya era un paisaje muy transformado. El conjunto de humedales de su extensa zona lacustre —con las lagunas de Zumpango y Xaltocan en el norte, el lago de Texcoco en el centro, y los lagos de Xochimilco y Chalco en el sur— estaba reducido a fragmentos.
Por más de veinte mil años, esta cuenca endorreica había sido ocupada y sujeta a usos, modificaciones, abandonos y repoblaciones. Sus colonos encontraron en los recursos acuáticos un medio de subsistencia y se establecieron a las orillas de los cuerpos de agua, amándolos tanto como temiéndolos. El lago de Texcoco, especialmente, fue contenido con albarradones, calzadas y diques desde la etapa prehispánica, a fin de evitar que sus aguas salobres se mezclasen con el agua dulce o invadieran terrenos cultivados; otras obras fueron creadas para evitar que los torrentes de agua amenazaran los islotes poblados.

<1300 1300
Los primero asentamientos. Las condiciones geológicas a partir de volcanes, grandes cuerpos de agua y suelos porosos.
Las ciudades mesoamericanas definieron el área actual en los pequeños accidentes geográficos del Lago de Texcoco. 1450
El Imperio Azteca. Cultivaron la tierra y desarrollaron métodoas de cultivo avanzados en este paisaje volvánico. 1560
La Colonización Española. Se importan nuevas estratégias y técnicas como: hierbas verdes, infraestructura, religión Católica. 1800
Independencia. Desaparición prácticamente total de los cinco lagos que componen el asistema.
Presente Independencia. Desaparición prácticamente total de los cinco lagos que componen el asistema.



Parte esencial de los materiales que ayudaron a los pobladores a vivir de manera segura en las márgenes de los lagos fueron las plantas acuáticas. Varias especies se empleaban para construir y reforzar los islotes, y en la manufactura de implementos varios. Los recursos vegetales, pues, fueron cruciales para la sobrevivencia, la economía y la transformación de la cuenca de México.
Tras la Conquista, la superficie de lagos y lagunas terminaría siendo incompatible con el nuevo estilo de edificaciones y usos de la tierra. Subsecuentes obras de drenado fueron construidas durante todo el periodo colonial, y la paulatina desecación llevó al paisaje a perder su hermosura, su biodiversidad, y a dar origen a un ambiente seco e insalubre.
Pese a la mencionada alteración del paisaje de la cuenca de México, a finales del verano de 1821 subsistían caudales que seguramente presentaban bosques de galería en sus márgenes. Este bioma proporcionaba un elemento de placidez en el entorno, apaciguaba las crecidas de los arroyos, ayudaba a contener deslaves del suelo, reciclaba nutrientes, purificaba el agua y proveía de refugio a muchas especies de fauna acuática, en distintos momentos de sus ciclos de vida. Tal era el caso de los ríos Tlalnepantla y Escapuzalco —conocido como Río de los Remedios— que discurrían por el norte del valle. Estas corrientes, además, ofrecían hábitat y recursos a bandadas de patos y otros tipos de aves.

Adyacente a la confluencia del Tlalnepantla y el Escapuzalco, se erguía la casa principal de una hacienda. Su cercanía a los ríos y al hábitat de patos y otras aves, le valió el sobrenombre de “La Patera”1. Durante las temporadas de lluvia, cuando las crecidas de los ríos la aislaban por semanas, probablemente quedaba en la singular compañía de graznidos, gorjeos, arrullos y cloqueos de sus vecinos alados.


De Izquierda a derecha Taxodium mucronatum “Ahuehuete”, Alnus acuminata “ahuejote”, Tyhpha latifolia. Fotografías Banco de Imágenes de CONABIO: Miguel Ángel Sicilia Manzo. Dr. Jerzy Rzedowski, Jaime Raúl Bonilla-Barbosa.
1. El nombre original de la hacienda era “La limpia Concepción” (Horacio Sentíes, 1991).

Algunas especies de patos que pudieron residir y migrar en el entorno de la Hacienda La Patera. Migratorios: (1) Spatula clypeata, (2) Aythya affinis, (3) Anas acuta, (4) Dendrocygna autumnalis. Residentes: (5) Anas diazi, (6) Oxyura jamaicensis, (7) Tachybaptus dominicus.
El estudio de la flora de un paisaje desecado representa un desafío. No obstante, diversos especialistas de la botánica mexicana moderna han catalogado a las fanerógamas del Valle de México, poniendo especial énfasis en las asociaciones de aquella casi extinta vegetación acuática y ribereña. Se cree que la flora de estos ambientes estuvo compuesta de varias decenas de especies estrictamente acuáticas, y de muchas otras subacuáticas y tolerantes que se establecían temporalmente en las orillas de pantanos, lagos y lagunas.
Los bosques de galería aledaños a la Hacienda La Patera bien pudieron haber alojado a Taxodium huegelii C. Lawson (Cupressaceae) —ahuehuetes—. Estos grandes y venerables viejos de agua estaban probablemente acompañados por los Salix2 L. (Salicaceae) —ahuejotes, huejotes o sauces—, los Populus3 L. (Salicaceae)—álamos— y los Alnus4 Miller (Betulaceae) —ailes—.
2.Probablemente Salix bonplandiana H. B. K. (Salicaceae)
3. Probablemente Populus fremontii S. Watson
4. Probablemente Alnus acuminata H. B. K. Se conocen dos subespecies en el Valle de México.
5. Probablemente Juncus acuminatus Michx. y J. arcticus Willd., entre otros.
6. Se conocen tres especies en el Valle de México: Luzula caricina E. Mey, L. denticulata Liebm. y L. racemosa Desv.
7. Probablemente Typha domingensis Pers.


En ese ambiente pudieron existir otros árboles, como Fraxinus uhdei (Wenzig) Lingelsch. (Oleaceae) —fresnos— y plantas de menor tamaño bordeando las riberas. Posiblemente crecieron aquí algunas especies del amplio género Juncus5 L. (Juncaceae) —tulillos—, otras del cosmopolita Luzula6 DC. (Juncaceae), y herbáceas como Bacopa monnieri Gouan (Plantaginaceae), Typha7 L. (Typhaceae) —tules—, rodeada de Scirpus pungens Will. ex Kunth (Cyperaceae), Sparganium L. (Typhaceae) y gramíneas tal vez de los géneros Arundo (Tourn. ex L.) P.Beauv. o Bambusa Schreb. (Poaceae).
Tal vez podían verse las flores esplendorosas de los géneros Nymphaea L. (Nymphaceae) y Brasenia Schreb. (Cabombaceae), y los pequeños tapetes flotantes de Lemna L. (Araceae), entre muchas otras especies de plantas de ambientes lóticos.
Por su parte, los patos que daban nombre a la hacienda anidaban en sus cercanías, en el hábitat que proveía el bosque de galería y sus entornos lóticos y palustres.
En la fecha de referencia, diversas especies migratorias de invierno ya eran visibles en la zona, donde se sumaban a los residentes fijos u ocasionales, que cumplían su ciclo de vida en esa porción de la cuenca de México. Los anátidos jugaban su papel en el ecosistema, buscando sus alimentos entre las raíces, tallos y semillas de las plantas acuáticas, y en el plancton e insectos, crustáceos, pequeños invertebrados y peces. En el proceso, controlaban especies de fauna que podían ser vectores de parásitos y otras enfermedades. Tal vez algunos, como Anas diazi, visitaban los plantíos de alfalfa de la hacienda, en busca de pequeños brotes. Otros, como Oxyura jamaicensis y Tachybaptus dominicus, aprovechaban la profundidad de pantanos y estanques para zambullirse y bucear.
Aves migratorias de los ambientes húmedos cuya distribución pudo incluir la zona de la Hacienda La Patera. (1) Actitis macularia, (2) Gallinula galeata, (3) Butorides virescens, (4) Geothlypis trichas, (5) Pelecanus erythrorhynchos


Además de los patos, en los alrededores pudo existir un grupo relevante de aves migratorias, residentes y de amplia distribución. En este rincón que todavía resplandecía con elencos numerosos de especies mexicanas de ambientes lóticos, la Hacienda La Patera fue escenario de un paso —poco recordado pero crucial— en el proceso de la independencia de México. Su entonces propietaria, Doña María Ignacia Rodríguez de Velasco —recordada como la célebre “Güera Rodríguez”—, puso la casa a disposición de los bandos que necesitaban negociar, como muestra de su apoyo a la causa independentista.
Aves residentes de los ambientes húmedos cuya distribución pudo incluir la zona de la Hacienda La Patera. (1) Himanoptus mexicanus, (2) Recurvirostra americana, (3) Ardea alba, (4) Charadirus vociferus, (5) Fulica americana


El jueves 13 de septiembre de 1821, cerca de los ahuehuetes, ahuejotes, ailes, y tules, y con el rumor del agua y los patos como música de fondo, el último Capitán General y Jefe Superior Político de la Nueva España, Don Juan de O´Donojú8 sostuvo una tensa reunión con el mariscal realista Francisco Novella Azábal. Se les uniría poco después el jefe del Ejército de las Tres Garantías, el comandante Agustín de Iturbide.
Óleo que representa la entrevista entre José Ignacio de Ormaechea, Juan de O’Donojú, Francisco Novella y Agustín de Iturbide en la Hacienda de la Patera. Colección del Instituto Nacional de Antropología e Historia (Autor desconocido. Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec).

Desembarcado en Veracruz apenas el tres de agosto anterior, Don Juan de O’Donojú veía al sol ascender sobre el horizonte, aquella mañana en la Hacienda La Patera. Este sevillano descendiente de irlandeses9 probablemente pensaba que esas pocas semanas parecían años; tan significativos eran los hechos y las personas con quienes se había encontrado. Como último Capitán General y Jefe Superior Político de esta provincia, él no tuvo más remedio que enfrentar con inteligencia la espiral de calor independentista y ayudar a concluir el alumbramiento del nuevo país. Quedaban todavía asuntos por resolverse: la reciente firma de los Tratados de Córdoba era rechazada frontalmente por Francisco Novella Azábal, denodado defensor de la plaza de la Ciudad de México como Jefe Interino de los realistas, quien asimismo desconocía las acciones e investidura de aquel militar y político recién llegado de España.
Tras la deposición de Don Juan Ruiz de Apodaca, el mariscal Novella Azábal nunca fue ratificado como Capitán General y Jefe Superior Político. Esperó, en su puesto de Jefe Interino, el arribo del relevo. Nada más enterarse de que tras su llegada éste firmó la independencia, se atrincheró en la Ciudad de México con las tropas leales a la monarquía española: unos ocho mil hombres cuya tenacidad y bravura destacaron durante el sitio. Reticente a reconocer los Tratados de Córdoba, y abiertamente reacio a capitular con Juan de O’Donojú —que en nombre de la Corona soltó tan fácilmente los lazos que la unían con su joya más cara y preciada— seguramente se encaminó a la Hacienda La Patera con el ánimo encendido.
Como militar realista, para él la lectura de los Tratados de Córdoba era indignante, por mucho que el estilo de la redacción pretendiera suavizar lo radical de sus consecuencias. Su último numeral, como golpe de gracia, aceptaba la salida de las tropas españolas, que hasta ahora comandaba: “(...) Siendo un obstáculo a la
8. Para la fecha mencionada, la figura del virreinato había desaparecido gracias a la firma de la Constitución de Cádiz, en 1812. Con ello España dejó de ser un estado absolutista para transformarse en uno constitucional y sus territorios americanos pasaron a integrarse como provincias. Este cambio tuvo lugar durante el virreinato de Juan Ruiz de Apodaca, que fue de hecho el primer Capitán General y Jefe Superior Político de la Provincia de la Nueva España. No obstante, a O’Donojú se le recuerda en México como el último virrey.
9. La forma original del apellido era O’Donnohue.
realización de este tratado la ocupación de la capital por las tropas de la península, se hace indispensable vencerlo (…) don Juan de O’Donojú se ofrece a emplear su autoridad, para que dichas tropas verifiquen su salida sin efusión de sangre y por una capitulación honrosa (…)”.
El repaso de ese documento costó desvelos a Francisco Novella Azábal, que estaba cansado de la lucha, del encono, de la resistencia y hasta de su propia obstinación. No obstante, como hombre de honor, reconocía la valentía, convicción y tenacidad de sus contendientes. Esa mañana, se acercaba a la reunión convenida en aquel recodo encharcado del Valle de Méjico, envuelto en el rumor del paisaje. El chapoteo regular de los cascos de su montura le recordó otros sonidos rítmicos de aquellas tierras: los golpes de las almádenas10 españolas empuñadas por los indios, cascando rocas en los minerales. Las palmadas que, junto al fuego, convertían la masa en alimento. El paso de arrieros y mulas por largos caminos bordeados de árboles tan fuertes como esos agüegüetes, mudos y majestuosos testigos de sus evocaciones.
El clamor de las aves le recordó las voces y los colores variados que tenían los habitantes de este nuevo país: esos mejicanos de temperamento alegre, pero triste. El rumor de las parvadas al elevarse desde del follaje, interrumpió su abstracción. Alzó la vista. Las alas extendidas de las bandadas eran una metáfora del vuelo que la joven nación anhelaba emprender.

10. Mazo de hierro con mango largo, empleado para romper piedras. Herramienta de origen español, ampliamente usada en la minería colonial.




Atardecía el viernes 14 de septiembre de 1821. Tras día y medio de conversaciones en tono áspero, el mariscal Francisco Novella Azábal reconoció a Don Juan de O’Donojú como Capitán General y Jefe Superior Político de la provincia de la Nueva España y avaló los tratados que firmó en nombre de la corona. El día siguiente quedó anotado como el de la rendición. La vida silvestre que rodeaba a la Hacienda La Patera, inconsciente de su papel como escenario de ese hecho, vio el amanecer del sábado 15 como una nueva oportunidad de persistir, buscando su sustento en los suelos húmedos, las suaves corrientes, las ramas de los árboles.
Las plantas que subsistían en humedales como el de aquel histórico escenario, continuaron su desaparición, lenta pero inevitable. Elementos como Nymphoides fallax3 Ornduff (Menyanthaceae) —jaguez, ninfa, pan de manteca—, Potamogeton L. (Potamogetonaceae), Ranunculus dichotomus Moc. & Sessé ex DC. (Ranunculaceae), Sagittaria latifolia4 Willd. (Alismataceae) —cacatextli, chumbácuaro, colomo, bayoneta, papa de agua—, Najas guadalupensis5 (Spreng.) Magnus (Hydrocharitaceae) —sargazo, lama, paiste—, Heteranthera limosa6(Sw.) Willd. (Pontederiaceae) — cucharilla—, Limosella aquatica L. (Scrophulariaceae), Zannichellia palustris7 L. (Potamogetonaceae), fueron quedando acorraladas en un hábitat cada vez más constreñido, hasta que dejaron de ser capaces de perdurar. En el futuro, el lugar se transformaría irreversiblemente, y donde existieron ahuehuetes, sauces, álamos, ailes, tules, ninfas, cucharillas, lentejillas, bayonetas, sargazos, llegaron a establecerse plantas de tierras lejanas, como Casuarina equisetifolia L. (Casuarinaceae) —pino salado—, Ficus benjamina L. (Moraceae) y Ligustrum lucidum W. T. Aiton (Oleaceae) —aligustre—, entre otras.


Ilustraciones de algunas especies acuáticas que pudieron existir en la cuenca de México (detalles): (1) Heteranthera limosa, (2) H. rotundifolia, (3) Najas guadalupensis, (4) Nymphoides fallax, (5) Nymphaea gracilis, (6) Schoenoplectus americanus y S. tabernaemontanii
11 . Endémica.
12 . Probablemente extinta hoy en día en el Valle de México.
13 . Ibidem.
14 . Ibidem
15 . Ibidem
Las aves pudieron anidar todavía durante muchas primaveras, pero un día este paisaje lótico mexicano, testigo de la ratificación de la independencia, desapareció por completo. Tuvieron que alzar el vuelo y, como la nación que las cobijaba, buscar nuevos derroteros, nichos, horizontes.
Entre el episodio del “Abrazo de Acatempan”, alianza crucial entre los dos bandos, y la obtención formal de la independencia, transcurrieron apenas unos meses de hechos vertiginosos que llevaron a término la guerra que hizo de la Nueva España un país independiente. Un par de semanas después del encuentro en la Hacienda La Patera, el 27 de septiembre de 1821 cayó también en jueves. Ese día, Agustín de Iturbide encabezó la flamante columna del Ejército de las Tres Garantías —religión, unión e independencia, en ese orden—, en su trayecto de entrada a la ciudad. Las crónicas refieren que la marcha se detuvo junto al Convento de San Francisco, donde los regidores entregaron las llaves de la ciudad al otrora capitán de compañía implacable combatiente de insurrecciones rebeldes independentistas.

Fotografía del óleo que representa la entrada de Agustín de Iturbide a la Ciudad de México. (Antonio Cortés. Fototeca Nacional).
Convertido en jefe del Ejército Insurgente, Agustín de Iturbide devolvió al decano del ayuntamiento las llaves, pronunciando con voz enérgica: “Devuelvo a Vuestra Excelencia las llaves que lo son de las puertas que únicamente deben estar cerradas para la irreligión, la desunión y el despotismo, como abiertas a todo lo que puede hacer la felicidad común”, y continuó su marcha hacia la Plaza Mayor, entre la multitud que lo vitoreaba.
Las expresiones de júbilo contrastaban con el carácter popular de los inicios del movimiento, cuando la reducción de la desigualdad fue enarbolada como causa por los próceres cuyas cabezas colgaron en la Alhóndiga de Granaditas. El día siguiente, viernes 28 de septiembre, quedaría anotado en los anales de la historia mexicana como el de la firma del Acta de Independencia.



Epílogo
Los Tratados de Córdoba fueron deslegitimados en febrero de 1822 por las cortes generales16. Para entonces, hacía varios meses que el último Capitán General y Jefe Superior Político de la Nueva España descansaba en la tierra cuya independencia ayudó a fraguar: Don Juan de O’Donojú murió intempestivamente el 8 de octubre de 1821, apenas tres semanas después del encuentro en la Hacienda La Patera. En la España de Fernando VII se ganó el calificativo de traidor. Sin embargo, permaneció para siempre en suelo mexicano, donde recibió los laureles de los héroes. Al decir de los estudiosos, no fue ni lo uno ni lo otro, pues sus opciones se reducían a negociar o ser barrido por las fuerzas independentistas. En todo caso, quizás poseía una virtud, rara en cualquier época: sentido común, que le permitió ver con claridad el momento histórico al que le tocó asistir.
Francisco de Novella Azábal regresó a España. Una vez justificada su conducta en las postrimerías de la provincia de la Nueva España, recibió la Gran Cruz de San Hermenegildo —orden de Caballería española, creada por el rey Fernando VII— y sirvió a la corona hasta su muerte, que le sobrevino una década después.
Con la independencia, México inició un largo proceso para definir su identidad histórica. Vivimos bajo la convicción de ser el producto de la mezcla entre indígenas y españoles, cultural y biológicamente mestizos; a la vez, seguimos en la lucha para reconocer y engrandecer la diversidad indígena.
16 . La independencia de México no sería reconocida de hecho por España sino hasta el año 1836, con la firma de los Tratados de Santa María - Calatrava.
Tarea pendiente sigue siendo el conocimiento y conservación de la biodiversidad nacional, elemento esencial para nuestra supervivencia y componente central de nuestra cultura.
Hoy, que más de dos mil kilómetros cuadrados de zonas lacustres y palustres se han convertido en una de las manchas urbanas más densas del mundo, la Hacienda La Patera — Othón de Mendizábal casi esquina con Vallejo, Gustavo A. Madero— permanece discreta, tras un enrejado de color verde y debajo de un letrero que anuncia el sitio como salón de fiestas. Seguramente muy pocas personas que transitan por ahí saben o recuerdan que en ese lugar ocurrió uno de los encuentros que definieron el término del dominio español en suelo mejicano.
La desecación de los lagos casi eliminó los hábitats naturales. Sin embargo, subsisten pequeños núcleos con flora nativa y exótica, que brindan espacio y recursos para las aves residentes y migratorias. Un ejemplo es el extraño paraíso de pocas hectáreas situado a kilómetro y medio de la Hacienda La Patera, en dirección norte-noroeste: el vaso regulador “Carretas”, que conserva árboles robustos, hierba alta y humedales. Este ambiente se explica por su función como depósito de aguas pluviales y residuales del Río de los Remedios. Y tal vez es el relicto de la naturaleza que cobijó aquella fecha empañada de nuestra historia.



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Tesis de grado (Maestría en diseño). Universidad Autónoma Metropolitana, Atzcapotzalco.
Declaración de Independencia de la Flora.
Ing. Emiliano Sánchez Martínez
Jardín Botánico Regional de Cadereyta, Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro.
Cuando alguien oía rugir al jaguar, rugidos como de jaguar, como cuando alguien hace resonar un caracol, las montañas responden, hace eco, ruge, rugen como si llorara una anciana.
Fray Bernardino de Sahagún, traducción del texto náhuatl del Códice Florentino, citado por Sánchez et al., 1990
El 13 de septiembre de 1813, arropado por los entonces exuberantes bosques tropicales caducifolios de los alrededores de la ciudad de Chilpancingo y avituallado por la seguramente opípara comida preparada por Antonia Nava de Catalán, esposa de uno de sus fieles lugartenientes, José María Morelos y Pavón presentó los Sentimientos de la Nación durante la apertura del Congreso del Anáhuac. A pesar de ser este un instrumento fundacional para el corpus de la legislación mexicana, solamente se encuentra una mención de carácter meramente alegórico en alusión a la flora, en el artículo 4°, que dice:


“Que él dogma sea sostenido por la Gerarquía de la Yglesia, que son él Papa, los Obispos y los curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit pater meus celestis cradicabitur” (Wikipedia, 2021a; 500 años de México en documentos, 2021).
Ocho años después, consumada la gesta militar, mediante la firma de los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821, se subscribió, días después, el Acta de Independencia de México, un viernes 28 de septiembre de ese mismo año. El histórico documento, redactado por Juan José Espinosa de los Monteros, Secretario de la Suprema Junta Provisional Gubernativa, tampoco refiere nada puntual respecto a la valorización de la flora patria. El breve argumento, firmado por 35 sobresalientes ciudadanos, invoca los derechos que el Autor de la Naturaleza (sic) concedió a la Nación Mexicana, pero no medita, en el sentido inverso, sobre las garantías que los nuevos mexicanos deberían otorgarle al territorio y a los seres vivos que en ella habitan. Esto no es, por supuesto, para sorprenderse, dados los intereses propios y legítimos de la época (Veracruz Gobierno del Estado, 2012).
Si bien no es nuestro interés el hacer un análisis comprehensivo del desarrollo de las leyes en favor de la flora, a fin de proceder a concluir (preventivamente) sobre cuáles podrían ser los derechos intrínsecos de la flora, quisiéramos referir algunos hitos ejemplificativos de los esfuerzos normativos de los mexicanos en éste que, con el paso de los años, se ha convertido en un tema primordial.
Uno de los primeros gobernantes en notar el, ya desde entonces creciente, deterioro de los bosques fue Lorenzo de Zavala, quien observa que: “el corte de las comunes (maderas) se hace mal, con poca economía y previsión, de lo que resulta que montañas y llanos enteros se vean desiertos de árboles, de estos seres vegetales tan conducentes a la salud y a los placeres del hombre”. Zavala publica en la Memoria en que el Gobierno Libre de México da cuenta al Primer Congreso Constitucional de todos los ramos que han sido a su cargo en el año económico corrido desde el 16 de octubre de 1826 hasta el 15 de igual mes en 1827 (13 de marzo de 1828, Imprenta del Gobierno), las siguientes palabras:


Lorenzo Zavala insta nuevamente a la conservación de los árboles en la Memoria de Gobierno del 16 de octubre de 1828 hasta el 15 de octubre de 1829 (20 de marzo, 1829, Imprenta del Gobierno). Asombra la firmeza de sus acciones, notablemente adelantadas a su época, cuando reseña:
“Igualmente se hizo un nuevo plantío de árboles para reparar las grandes faltas que había producido el tiempo, y aunque esta benéfica obra apenas se extiende hasta cerca de la hacienda de San Antonio, al menos en esta parte, y después de algún tiempo hallará el fatigado caminante algún refrigerio contra los ardores del Sol. El Ejecutivo se ocupa también de aclimatar algunos árboles de los Estados Unidos del Norte y ya tiene logrados varios árboles, vía a Cuernavaca”.



El 21 de diciembre de 1909, el General Porfirio Díaz Mori, teniendo como Secretario de Fomento, Colonización e Industria al licenciado
Olegario Molina Solís, promulgó una ley para la conservación, exploración y explotación de bosques. Este instrumento, sinopsis legislativa forestal de aquella controvertida época, establecía que la exploración, explotación, cuidado y conservación de los bosques de propiedad nacional y de los municipios, corresponden a la Secretaría de Fomento, por medio del Departamento de Bosques (Dirección General de Agricultura), el cual estaba obligado a explorar los bosques nacionales para establecer cuáles eran las extensiones propicias para una explotación inmediata y las que deberían reservarse para su conveniente repoblación.
Esta legislación trata ya de otras especies distintas a las maderables al referirse a las maderas tintóreas, para ebanistería y a otros productos naturales de los bosques. Habla de reservar la explotación en los terrenos donde se tenga una causa de utilidad pública.
Concurrentemente expresa:
“Se declara de utilidad pública la conservación, repoblación y regulación de la explotación de los bosques, así como la plantación de árboles en los terrenos desnudos cuando sean necesarios para la conservación de manantiales y corrientes de agua que abastezcan a las poblaciones o cuando fuera conveniente por otros motivos de salubridad pública”.
Importa recalcar que, por las mismas causas de utilidad pública, el ejecutivo tenía facultades de expropiar bosques y predios cuando no se realizara la debida preservación.

Martorral del Semidesierto Queretano-Hidalguense.

Cuenta la historia que cuando Venustiano Carranza Garza fue abordado por Miguel Ángel de Quevedo para tratar de convencerlo de la importancia de que en la Constitución de 1917 se incluyeran terrenos nacionales para la conservación de la naturaleza, el “Varón de Cuatrociénegas” le respondió que en Coahuila se había vivido sin bosques y se había vivido bien.

Es ya desde principios del siglo XX que algunos mexicanos preclaros acaudillaron los sentimientos de la vegetación enarbolando blasones en favor de los árboles y bosques del país. El jalisciense Miguel Ángel de Quevedo y Zubieta, quien llegaría a ser conocido como El Apóstol del Árbol, abrió una brecha intelectual decisiva sobre la que se estructurarían leyes e instituciones orientadas al bien de la flora.
La incansable cruzada del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo inició a finales del siglo XIX, cuando esgrimió sus primeras tesis acerca de la importancia de conservar bosques estratégicos propiedad de la nación con el objetivo de lograr equilibrios en la producción de agua, conservación de suelos y el mantenimiento de la diversidad biológica. Lo anterior atendiendo a su claro entendimiento de la historia forestal de México que cada día se inclinaba más a las desastrosas consecuencias que se derivaban de leyes como la Ley de Tierras y Aguas (1884) que otorgó grandes superficies de territorio a particulares y extranjeros para su explotación, sin las debidas garantías o reservas que salvaguardaran su preservación a perpetuidad. A lo largo de los primeros años del siglo XX, presentó sus esclarecidas ideas conservacionistas, mismas que iban más allá del puro romanticismo y se afianzaban como puntales de un renovado andamiaje, urgentemente requerido. Así, blandió sus conceptos en el Segundo Congreso de Meteorología (1901), sin impactar el corpus legal; luego, en 1908, atendiendo a una invitación presentada por el célebre botánico Gifford Pinchot del gobierno norteamericano de Theodore Roosevelt, asistió a la primera Conferencia Internacional Norteamericana sobre Conservación de Recursos Naturales, celebrada en Washington, D. C. Allá, volvió a destacar la necesidad apremiante de contar con reservas federales boscosas, elaborar una estadística forestal en cada nación, adecuar los marcos legislativos y acrecentar la cooperación transfronteriza entre México, Estados Unidos de Norteamérica y Canadá.
Sus intervenciones, de alguna manera, influyeron en la promulgación de la ley de 1909. Similarmente, las misivas que escribió en la víspera del congreso de 1917 (Algunas consideraciones sobre nuestro problema agrario; La necesaria expedición de leyes para protección forestal) a prohombres como Pastor Rouaix que (junto con otros como José Natividad Macías, Luis Miguel Rojas y el propio presidente Venustiano Carranza) avanzaban ya el texto de lo que sería nuestro artículo 27° constitucional.
Miguel Ángel de Quevedo fue también un activista que construyó viveros (como el de Coyoacán, donde instaló un Arboretum), introdujo plantas de Europa y Asia que adaptó en el país y plantó árboles en la actual ciudad de México y en diversos estados. Creó la Junta Central de Bosques, la Sociedad Revista Forestal Mexicana y México Forestal). Sus tesis se concretarían, al menos parcialmente, con la Ley Forestal Nacional (1926); y, en 1938, el (primer) Código Forestal de los Estados Unidos Mexicanos.
La Revolución Mexicana trajo consigo nuevas perspectivas, modalidades y matices jurídicos sobre los recursos naturales. El artículo 27° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se leyó, discutió y aprobó un lunes 29 de enero de 1917, en la 66ª sesión ordinaria. El análisis del Diario de los Debates del Congreso Constituyente revela la visión de varios de los diputados que advirtieron importantes puntos acerca del valor que para nuestra nación tenía, y continúa teniendo, el control de los bienes nacionales de los que depende el

El jalisciense Miguel Ángel de Quevedo y Zubieta, quien llegaría a ser conocido como El Apóstol del Árbol, abrió una brecha intelectual decisiva sobre la que se estructurarían leyes e instituciones orientadas al bien de la flora.

Monumento a Miguel Ángel de Quevedo en la entrada a los Viveros Coyoacán, Cd. de México

bienestar colectivo. Los siguientes fragmentos escogidos lo denotan: “[…] El estudio del artículo 27° del proyecto de Constitución abarca varios puntos capitales: si debe considerarse la propiedad como derecho natural: cuál es la extensión de este derecho; a quiénes debe reconocerse capacidad para adquirir bienes raíces y qué bases generales pueden plantearse siquiera como preliminares para la resolución del problema agrario, ya que el tiempo angustioso de que dispone el Congreso no es bastante para encontrar una solución completa de problema tan trascendental. […] Claro está que el ejercicio del derecho de propiedad no es absoluto, y que, así como en el pasado ha sufrido modalidades, es susceptible de admitir otras en el porvenir, basadas en el deber que tiene el Estado de conservar la libertad igual de todos los asociados; deber que no podía cumplir sin el derecho correlativo. Es un principio admitido sin contradicción, que el dominio eminente del territorio mexicano pertenece originariamente a la nación; que lo que constituye y ha constituido la propiedad privada es el derecho que ha cedido la nación a los particulares, cesión en la que no ha podido quedar comprendido el derecho a los productos del subsuelo ni las aguas, como vías generales de comunicación. En la práctica se tropieza con grandes dificultades al tratarse de especificar los elementos que quedan eliminados de la propiedad privada […]”. Muy a pesar
de haberlo vislumbrado, la necesidad de un dominio pleno de los bienes biológicos (en sus dimensiones patrimoniales y ecológico-ecuménicas) apenas quedó esbozado: “[…] La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer una distribución equitativa de la riqueza pública y para cuidar de su conservación. Con este objeto se dictarán las medidas necesarias para el fraccionamiento de los latifundios, para el desarrollo de la pequeña propiedad, para la creación de nuevos centros de población agrícola con las tierras y aguas que les sean indispensables, para el fomento de la agricultura y para evitar la destrucción de los elementos naturales y los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la sociedad. […] La adquisición de las propiedades particulares necesarias para conseguir los objetos antes expresados, se considerará de utilidad pública”. Será siempre una incógnita lo que el instinto legislativo de Pastor Rouaix Méndez y los otros 152 ciudadanos diputados constituyentes, que hicieron el quorum de ese lunes 29 de enero de 1917, hubieran logrado con más tiempo para deliberar (Gobierno del Estado Libre y Soberano de Querétaro, 1987).


Precisamente en las primeras décadas del siglo XX, antes y después de la promulgación 40 de la carta magna mexicana, botánicos como Alfonso L. Herrera, Cassiano Conzatti, Maximino Martínez, Carlos Reiche, y tantos otros, crearon consciencia entre los primeros gobiernos postrevolucionarios del valor de la flora indígena.
Fue entonces que bajo la égida de Álvaro
Obregón Salido y Plutarco Elías Calles se impulsó la creación de leyes y reglamentos en favor de las plantas autóctonas. El 19 de febrero de 1925, se dictó un acuerdo presidencial para la protección de la flora y fauna nacional que, así rezaba, estaban siendo mermadas con verdadero perjuicio, y extinción de algunas especies, por colectores y explotadores nacionales y extranjeros. Coronó este esfuerzo la promulgación, el 5 de abril de 1926, de la Ley Forestal, la cual obtuvo su reglamento el 8 de septiembre de 1927.
Derivarían de ahí decretos particulares para la protección de grupos botánicos emblemáticos como las cactáceas y las orquídeas. Son ejemplo de esto el Reglamento para la recolección y explotación de plantas, frutos y semillas de cactáceas (1930; presidente Pascual Ortiz Rubio) y el Acuerdo que declara de utilidad pública la conservación y mejoramiento de las orquídeas y cactáceas silvestres (1940; presidente Lázaro Cárdenas del Río). La Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (10 de diciembre de 1948, Resolución 217 A III) recoge en sus 30 artículos, prerrogativas básicas que, si


bien en ese momento no tocan el tema del medio ambiente, han sido piedra angular en la construcción del edificio de la salud ambiental y, hasta un grado, evolutiva del planeta. Es de esta forma que, pasados los años y derivado de dicho instrumento, el 19 de octubre de 2005, se emitió la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; UNESCO), de la que podemos referir su Artículo 2° Objetivos: “[…] h) destacar la importancia de la biodiversidad y su conservación como preocupación común de la especie humana”; y, principalmente, el “Artículo 17 Protección del medio ambiente, la biosfera y la biodiversidad.
Se habrán de tener debidamente en cuenta la interconexión entre los seres humanos y las demás formas de vida, la importancia de un acceso apropiado a los recursos biológicos y genéticos y su utilización, el respeto del saber tradicional y el papel de los seres humanos en la protección del medio ambiente, la biosfera y la biodiversidad”. Homólogamente, la Oficina del Fiscal de la Corte Criminal Internacional (International Criminal Court, Office of the Prosecutor) ha emitido laudos tan llamativos como el siguiente: “Police paper on case selection and prioritisation (15 de septiembre, 2016). Article 41st. The impact of the crimes may be assessed in light of, inter alia, the increased vulnerability of victims, the terror subsequently instilled, or the social, economic and environmental damage inflicted on the affected communities. In this context, the Office will give particular consideration to prosecuting Rome Statute crimes that are committed by means of, or that result in, inter alia, the destruction of the environment, the illegal exploitation of natural resources or the illegal dispossession of land”.

Sede de la UNESCO donde en 2005 fue aprobada la “Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos”.


Volviendo a los años setentas, para continuar este análisis, es posible atestiguar que la 41 emancipación de la flora mexicana, empezó a afianzarse, en aquellos años, por medio de los primeros tratados de carácter internacional en esta materia. Este es el caso de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (16 de noviembre, 1972)
que, en su artículo 5°, nos ilustra: “Con objeto de garantizar una protección y una conservación eficaces y revalorizar lo más activamente posible el patrimonio cultural y natural situado en su territorio y en las condiciones adecuadas a cada país, cada uno de los Estados Partes en la presente Convención procurará dentro de lo posible: a) adoptar una política general encaminada a atribuir al patrimonio cultural y natural una función en la vida colectiva y a integrar la protección de ese patrimonio en los programas de planificación general; b) instituir en su territorio, si no existen, uno o varios servicios de protección, conservación y revalorización del patrimonio cultural y natural, dotados de un personal adecuado que disponga de medios que le permitan llevar a cabo las tareas que le incumban; c) desarrollar los estudios y la investigación científica y técnica y perfeccionar los métodos de intervención que permitan a un Estado hacer frente a los peligros que amenacen a su patrimonio cultural y natural; d) adoptar las medidas jurídicas, científicas, técnicas, administrativas y financieras adecuadas, para identificar, proteger, conservar, revalorizar y rehabilitar ese patrimonio; y, e) facilitar la creación o el desenvolvimiento de centros nacionales o regionales de formación en materia de protección, conservación y revalorización del patrimonio cultural y natural y estimular la investigación científica en este campo”.

Un hito incontrovertible en la tutela de la diversidad biológica vegetal de nuestra patria es la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA), publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF), un jueves 28 de enero de 1988
(última reforma publicada en el DOF el 18 de enero de 2021), durante el último año de la presidencia de Miguel de la Madrid Hurtado. Esta legislación es la primera que expresamente aborda la protección y el equilibrio (estabilidad) ecológico y es el asiento de las leyes que conforman el corpus legal en materia ambiental (Ley de Aguas Nacionales, Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, Ley General de Vida Silvestre, Ley de Desarrollo Rural Sustentable, Ley General para la Prevención y Gestión Integral de Residuos, Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, Ley de Productos Orgánicos, Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables, Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos, Ley Federal de Responsabilidad Ambiental y Ley General de Cambio Climático). De su espíritu, recordemos el “Artículo 1° La presente Ley es reglamentaria de las disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que se refieren a la preservación y restauración del equilibrio ecológico, así como a la protección al ambiente, en el territorio nacional y las zonas sobre las que la nación ejerce su soberanía y jurisdicción. Sus disposiciones son de orden público e interés social y tienen por objeto propiciar el desarrollo sustentable y establecer las bases para: I Garantizar el derecho de toda persona a vivir en un medio ambiente sano para su desarrollo, salud y bienestar (Fracción reformada DOF 5 de noviembre de 2013)”.
Lo anterior en concomitancia con el artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “[…] Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley (Reformado 8 de febrero de 2012)”. Puntualmente, fracción IV: “La preservación y protección de la biodiversidad, así como el establecimiento y administración de las áreas naturales protegidas”; fracción V: “El aprovechamiento sustentable, la preservación y, en su caso, la restauración del suelo, el agua y los demás recursos naturales, de manera que sean compatibles la obtención de

Justamente, mediante un decreto publicado un lunes 10 de agosto de 1987, poco antes de la instauración de la LGEEPA, se había introducido la dimensión ecológica de manera más clara, al artículo 27° constitucional.
Hoy día este artículo dicta: “La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, con objeto de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana. En consecuencia, se dictarán las medidas necesarias para ordenar los asentamientos humanos y establecer adecuadas provisiones, usos, reservas y destinos de tierras, aguas y bosques, a efecto de ejecutar obras públicas y de planear y regular la fundación, conservación, mejoramiento y crecimiento de los centros de población; para preservar y restaurar el equilibrio ecológico; para el fraccionamiento de los latifundios; para disponer, en los términos de la ley reglamentaria, la organización y explotación colectiva de los ejidos y comunidades; para el desarrollo de la pequeña propiedad rural; para el fomento de la agricultura, de la ganadería, de la silvicultura y de las demás actividades económicas en el medio rural, y para evitar la destrucción de los elementos naturales y los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la sociedad (Párrafo reformado DOF 6 de febrero de 1976, 10 de agosto de 1987, 6 de enero de 1992)”.


...si tomara la tribuna, la flora nos diría que aún no la hemos escuchado, que la hemos silenciado. Nos demandaría, al menos, dos principios libertarios fundamentales: primero, el aseguramiento de contextos que condesciendan con la secuencia evolutiva del planeta y sus especies, circunscribiendo todos sus patrones y procesos; segundo, análogo a lo anterior, el mantenimiento del escenario evolutivo, al que razonablemente llamarían το άφατο σπίτι (to áfato spíti), el hogar inefable...


La educación permanente y sistemática es esencial para la debida valorización de la flora patria. Ha sido después de una larga andadura que nuestra Constitución recoge esta esencia (al menos en cierta medida) que permitirá ampliar el horizonte pro vita con un pueblo sensibilizado en el ecumenismo de la biodiversidad.
El artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos respalda ahora (15 de mayo de 2019) el derecho fundamental a la educación ambiental, instruyendo la obligación de esta manera: “Los planes y programas de estudio tendrán perspectiva de género y una orientación integral, por lo que se incluirá el conocimiento de las ciencias y humanidades: la enseñanza de las matemáticas, la lectoescritura, la literacidad, la historia, la geografía, el civismo, la filosofía, la tecnología, la innovación, las lenguas indígenas de nuestro país, las lenguas extranjeras, la educación física, el deporte, las artes, en especial la música, la promoción de estilos de vida saludables, la educación sexual y reproductiva y el cuidado al medio ambiente, entre otras”.
Añade en la fracción II: “El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”, y en el inciso b: “Será nacional, en cuanto –sin hostilidades ni exclusivismos– atenderá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento de nuestra independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento de nuestra cultura (Inciso reformado 26 de febrero de 2013)”.


Un parteaguas indubitable fue el Convenio sobre la Diversidad Biológica (ratificado el 11 de marzo de 1993) que hace conscientes a los mexicanos del valor intrínseco de la diversidad biológica y de los valores ecológicos, genéticos, sociales, económicos, científicos, educativos, culturales, recreativos y estéticos de la diversidad biológica y sus componentes.
Permite avanzar en el conocimiento, aprovechamiento, conservación y el reparto justo y equitativo de los bienes derivados de la biodiversidad.
El artículo 8° que trata sobre la Conservación in situ, es ilustrativo de la amplia contextualización y respaldo que este instrumento imprime, de novo, al quehacer humano para su armonización con la diversidad biológica producto de la corriente evolutiva de larga data que ha tenido lugar en el planeta: “Cada Parte Contratante, en la medida de lo posible y según proceda: a) Establecerá un sistema de áreas protegidas o áreas donde haya que tomar medidas especiales para conservar la diversidad biológica; b) Cuando sea necesario, elaborará directrices para la selección, el establecimiento y la ordenación de áreas protegidas o áreas donde haya que tomar medidas especiales para conservar la diversidad biológica; c) Reglamentará o administrará los recursos biológicos importantes para la conservación de la diversidad biológica, ya sea dentro o fuera de las áreas protegidas, para garantizar su conservación y utilización sostenible; d) Promoverá la protección de ecosistemas y hábitats naturales y el mantenimiento de poblaciones viables de especies en entornos naturales; e) Promoverá un desarrollo ambientalmente adecuado y sostenible en zonas adyacentes a áreas protegidas, con miras a aumentar la protección de esas zonas; f) Rehabilitará y restaurará ecosistemas degradados y promoverá la recuperación de especies amenazadas, entre otras cosas mediante la elaboración y la aplicación de planes u otras estrategias de ordenación; g) Establecerá o mantendrá medios para regular, administrar o controlar los riesgos derivados de la utilización y la liberación de organismos vivos modificados como resultado de la biotecnología que es probable tengan repercusiones ambientales adversas que puedan afectar a la conservación y a la utilización sostenible de la diversidad biológica, teniendo también en cuenta los riesgos para la salud humana; h) Impedirá que se introduzcan, controlará o erradicará las especies exóticas que amenacen a ecosistemas, hábitats o especies; i) Procurará establecer las condiciones necesarias para
armonizar las utilizaciones actuales con la conservación de la diversidad biológica y la utilización sostenible de sus componentes; j) Con arreglo a su legislación nacional, respetará, preservará y mantendrá los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas y locales que entrañen estilos tradicionales de vida pertinentes para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica y promoverá su aplicación más amplia, con la aprobación y la participación de quienes posean esos conocimientos, innovaciones y prácticas, y fomentará que los beneficios derivados de la utilización de esos conocimientos, innovaciones y prácticas se compartan equitativamente; k) Establecerá o mantendrá la legislación necesaria y/u otras disposiciones de reglamentación para la protección de especies y poblaciones amenazadas; l) Cuando se haya determinado, de conformidad con el artículo 7°, un efecto adverso importante para la diversidad biológica, reglamentará u ordenará los procesos y categorías de actividades pertinentes; y, m) Cooperará en el suministro de apoyo financiero y de otra naturaleza para la conservación in situ a que se refieren los apartados a) a l) de este artículo, particularmente a países en desarrollo”.
La Ley Federal de Responsabilidad Ambiental (7 de junio de 2013; última reforma DOF 20 de mayo de 2021) provee novedosas palancas legales para la protección de la flora en contra de acciones provocadas directamente o causadas como producto de externalidades. Quisiéramos destacar aquí, primariamente, dos artículos: 10° y el 25°. El Artículo 10° establece: “Toda persona física o moral que con su acción u omisión ocasione directa o indirectamente un daño al ambiente, será responsable y estará obligada a la reparación de los daños, o bien, cuando la reparación no sea posible a la compensación ambiental que proceda, en los términos de la presente Ley. De la misma forma estará obligada a realizar las acciones necesarias para evitar que se incremente el daño ocasionado al ambiente”; y, el Artículo 25° añade: “Los daños ocasionados al ambiente serán atribuibles a la persona física o moral que omita impedirlos, si ésta tenía el deber jurídico de evitarlos. En estos casos se considerará que el daño es consecuencia de una conducta omisiva, cuando se determine que el que omite impedirlo tenía el deber de actuar para ello derivado de una Ley, de un contrato, de su calidad de garante o de su propio actuar precedente”. Además, el Artículo 29° consolida estos preceptos: “La acción a la que hace referencia el presente Título prescribe en doce años, contados a partir del día en que se produzca el daño al ambiente y sus efectos”. Aun cuando este instrumento facilita, al menos teóricamente, posibles acciones en defensa directa de la flora, existen pocos casos esgrimidos en este sentido y, quizás, ninguna jurisprudencia; lo que lo convierte en un recurso no categórico, sin zarpas ni colmillos. Un punto importante es el sobreseimiento de las responsabilidades que, al tratarse de plazos ecológicos, podrían bien exceder el término establecido para el ejercicio de una acción en defensa de la biodiversidad.
A pesar de los pesares, empero, algunos nobles mexicanos, desde sus trincheras, se aferran al principio in dubio pro natura, tratando de dar voz a la flora, reinterpretando sus sentimientos y procurando su emancipación.

Otros preceptos normativos dignos de mención, que para no extendernos más analizaremos en otro momento, incluyen: la Ley de Desarrollo Forestal Sustentable (5 de junio de 2018; última reforma DOF 26 de abril de 2021); la Ley General de Vida Silvestre (3 de julio de 2000; última reforma DOF 19 de enero de 2018); la Ley Agraria (26 de febrero de 1992; última reforma DOF 25 de junio de 2018); y, la Ley de Desarrollo Rural Sustentable (7 de diciembre de 2001; última reforma 3 de junio de 2021).

Estos entre otros instrumentos legales hechos por los humanos en favor de la flora del territorio llamado México (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021d; Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021e; Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021f; Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021g).
Desearíamos sí, en cambio, para cerrar estas observaciones, mencionar que, en Querétaro, hemos gestado leyes que favorecen las rutas hacia la independencia evolutiva de la flora; más allá, incluso, del interés que per se podría tener favorecer a la sociedad humana, procurando adelantar la frontera del principio diádico en el cual el argumento de la conservación de la flora para beneficio del ser humano, demanda el dialógico testimonio que busca salvaguardar la pleamar de la existencia. Así, el 15 de julio de 2016, con varias de nuestras aportaciones, se publicó la Ley de Biodiversidad del Estado de Querétaro; en su artículo 36 declaramos como emblema de la diversidad biológica del Estado de Querétaro a la Mammillaria herrerae Werderm. (Cactaceae) por su carácter endémico, su color blanco que representa, como en los preceptos de Iguala, la pureza (en este caso de la causa que busca conservar la vida en el planeta), su forma esférica que proyecta la integración que contiene todos los organismos vivos, su flor carismática y su eficiencia hídrica. Y, hace unos pocos días, propusimos
para el proyecto de un Código Ambiental para el estado de Querétaro, un capítulo dedicado a la “Preservación, Fomento y Custodia Integral de Paisaje”. Ese capítulo dice, en su artículo 12° (último): “La custodia del paisaje se declara como un bien imperioso que los queretanos deben proteger y construir, más allá de los aspectos visuales inmediatos, con el alto horizonte intelectual de que el paisaje nos vincula y colima con el cosmos, simboliza nuestra concepción íntima y social, y nos lleva a la paz con nuestra colectividad humana y con la naturaleza”.
Así entonces, ahora que como Nación nos encontramos ante la sensible presencia del bicentenario de nuestra independencia, podríamos preguntarnos: ¿Hemos ya interpretado debidamente los sentimientos de la vegetación? ¿Debiésemos procurar mejores condiciones para nuestra diversidad biológica?


Probablemente, algún tribuno vegetal de las familias más emblemáticas, como las Cactaceae o las Fabaceae, añadiría un novenario de sufragios, en el siguiente tenor: 1 mantener la integridad funcional de la biosfera con su diversidad genética; 2 evitar cambios drásticos o improcedentes en el sistema de tierras, preservando su vocación; 3 hacer uso sensato del agua dulce del planeta; 4 amparar el flujo de los ciclos biogeoquímicos; 5 proscribir la acidificación de los océanos; 6 reducir al mínimo la carga de aerosoles perniciosos en la atmósfera; 7 controlar la destrucción de la capa de ozono estratosférico; 8 impedir la producción y liberación de sustancias xenobióticas y entidades nuevas -extrañas a la vida- en el hábitat ; 9 contener, de una vez por todas, el infeliz cambio climático global.
A pesar de los pesares, empero, algunos nobles mexicanos, desde sus trincheras, se aferran al principio in dubio pro natura, tratando de dar voz a la flora, reinterpretando sus sentimientos y procurando su emancipación.
Quedan, en los montes y valles de esta deliciosa patria, herederos de sabios como Miranda y Gómez-Pompa, dispuestos a vencer cualquier discordia para preservar la vida en su megadiversa nación.
La voz del Corazón del Monte es el eco del espíritu de los pueblos (humanos y no humanos) que han habitado este territorio, que es de todos, los de antes y los de ahora; para que Tepeyolotli troque sus presagios funestos en augurios venturosos debemos darle más espacio a la vegetación natural, de forma que nos exprese la naturaleza de su danza, los sentimientos de la flora. Si bien una epístola como esta no manumite por sí misma la sujeción a la que hemos sometido a la biodiversidad vegetal de México, tal vez sí pueda inducir a la reflexión de hasta dónde debemos, por nuestro propio bien, concederle una mínima declaración de independencia. Si libertamos –un poco, al menos– esa esclavitud oprobiosa, plantas y gente tendrán una relación más dialógica: puerta de esperanza que inicia ahí en el umbral donde los derechos mutuos son reconocidos. Seguramente esto hará posible una Nación libre y feliz, como la que, hemos de suponer, conjeturaron nuestros próceres patrios.

Obras de referencia:
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•Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. 2021b. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. 354 p. URL: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_280521.pdf (Última consulta: 14 de septiembre, 2021).
•Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021c. Ley Federal de Responsabilidad Ambiental. 20 p. URL: http:// www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LFRA_200521.pdf (Última consulta: 20 de septiembre, 2021).
•Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. 2021d. Ley de Desarrollo Forestal Sustentable. 72 p.
•URL: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGDFS_260421.pdf (Última consulta: 20 de septiembre, 2021).
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•Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021f. Ley Agraria. 55 p. URL:http://www.diputados.gob.mx/ LeyesBiblio/pdf/13_250618.pdf (Última consulta: 20 de septiembre, 2021).
•Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2021g. Ley de Desarrollo Rural Sustentable. 73 p. URL:http://www. •diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/235_030621.pdf (Última consulta: 20 de septiembre, 2021).
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•Wikipedia. 2021h. Venustiano Carranza. URL: https://es.wikipedia.org/wiki/Venustiano_Carranza (Última consulta: 15 de septiembre, 2021). Las efemérides aquí mostradas representan algunos eventos importantes para los botánicos, así como natalicios de renombrados botánicos y naturalistas. Leonardo O. Alvarado Cárdenas y María Guadalupe Chávez Hernández
Fuentes consultadas:
https://www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/curiosos/; https://www.gob.mx/conanp; http:// edomex.gob.mx/efemerides; http://fronterasdelconocimiento.com/efemerides-cientificas/; https://www.gob.mx/firco; https://revistapersea.com/; https://es.wikipedia.org.; https://www.revistaserendipia.com/; https://principia.io/; https:// www.bornglorious.com/.
A Luis Francisco Zúñiga Velázquez.
Página 39.
https://i.etsystatic.com/14792178/r/il/b5cb79/1806529751/il_1140xN.1806529751_e0rd.jpg
Figura 2. Fotografía de Emmanuel Guevara Lazcano https://www.naturalista.mx/observations/24407918
Página 40.
https://efacico.com/wp-content/uploads/2014/05/veracruz-puerto-xix.jpg?w=1140&h=842
Página 41.
Acervo fotográfico del Jardín Botánico Regional de Cadereyta.
Página 42-43. https://regeneracion.mx/wp-content/uploads/2014/02/tepejilote.jpg
Página 44. Platillos de tlaltonile y tesmole. Imágenes obtenidas de Pinterest.
Página 45. https://estoescordoba.mx/los-tratados-de-cordoba/
Entre humedales en retirada, México emprende el vuelo.
Página 46.
Imagen tomada de: Colás-Rodríguez, A. 2019. Jardines botánicos en la ciudad lacustre de México. Una tipología híbrida arquitectónica y paisajística en el marco estratégico metropolitano. Memoria. IIT College of Architecture, Universidad Nacional Autónoma de México.
Página 47.
Acervo del Jardín Botánico Regional de Cadereyta.
Página 48.
https://guiamexico.com.mx/Imagenes/b/208366201-2-ex-hacienda-la-patera.jpeg
Página 49.
Fotografías Banco de Imágenes de CONABIO: Miguel Ángel Sicilia Manzo. Dr. Jerzy Rzedowski, Jaime Raúl Bonilla-Barbosa.
Página 50-52 y 58.
Fotografías de José Belem Hernández Díaz.
Página 52.
Óleo que representa la entrevista entre José Ignacio de Ormaechea, Juan de OʼDonojú, Francisco Novella y Agustín de Iturbide en la Hacienda de la Patera. Imagen tomada de: Colección del
Declaración de Independencia de la Flora
Página 61.
https://programadestinosmexico.com/parque-nacional-huatulco-oaxaca/
Página 62.
https://www.seg.gob.mx/difusioneducativa/wp-content/uploads/sites/20/2020/09/s2.png y https://s1.img.bidsquare.com/item/xl/6867/6867815.jpeg
Página 62-63.
https://aviveracruz.com/wp-content/uploads/2024/09/1340525xeu20240914011032.webp
Página 64.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Monument_General_Carlos_Pacheco_Villalobos_Cue rnvaca,_Morelos.jpg#Licensing
Página 65, 71, 77 y 79.
Acervo fotográfico del Jardín Botánico Regional de Cadereyta
Página 67.
https://d36tnp772eyphs.cloudfront.net/blogs/2/2019/03/IMG_4910-940x705.jpg
Página 69.
https://unamglobal.unam.mx/wp-content/uploads/2023/06/luis-herrera-768x766.jpg https://puntodincontro.mx/wp-content/uploads/2021/10/conzatti1926small.webp https://unamglobal.unam.mx/wp-content/uploads/2023/05/maximino.jpg
Página 70.
https://www.unesco.org/es/articles/publicacion-de-los-documentos-sobre-la-preparacion-de-la-43 a-reunion-de-la-conferencia-general
Página 73. Fotografía de Y. Hailen Ugalde de la Cruz
Página 76.
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgamCeho314tnYKQ5LdP-JzJwpO xs8aQ1P_Cv7_pzwUXSqsUTd1_dEfXOb8WRbXeQDUCRHmcfOiOOBBbawME3LOvSC4jO7YMRb9COO FFzBlJvZ4r570YxsmgwV91XaiWST5rp4axtCU3NA/s640/cumbre-de-la-tierra-ro-de-janeiro-1992.jpg

