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Cerca en linea, lejos en la vida real

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Cerca en línea, lejos en la vida real (marzo 2026)

Bernal Hellen, Parra Paula, Rivas Laura, Trujillo Camilo

Hoy en día se observa un aumento significativo en el uso de las redes sociales digitales, muchas veces sin las debidas precauciones; por esta razón, decidimos abordar este tema a partir de los planteamientos de los siguientes autores

El autor, Hilario Blasco Fontecilla, expone que, aunque las redes sociales fueron creadas para facilitar la comunicación y fortalecer la creación de grupos, en esta práctica se influye de manera profunda en la forma que las personas piensan, se relacionan y construyen su identidad

Con la intención de analizar la opinión de Héctor Ramos, para afirmar la idea anterior de que las redes sociales digitales disminuyen el proceso de pensar de forma libre, tiene como objetivo demostrar mediante los estudios de información como se ha presentado una variabilidad en el mundo de las redes sociales, por experiencias pasadas que pesan más que la actualidad, originando un sesgo en la forma que la sociedad usa las redes sociales.

El siguiente autor, Diego Santos, afirma que hoy en día las redes sociales son una gran herramienta clave dentro de la comunicación empresarial, ya que facilita un posicionamiento de la marca, fortalecen la confianza del público y permiten que los

mensajes lleguen a un mayor número de personas.

También tenemos en cuenta los hallazgos de Maitane Palacios López, Fernando Bonete Vizcaino y Roberto Gelado Marcos (2023), en su estudio “nuevos agentes de desinformación masiva”, revelan datos alarmantes sobre el impacto de las redes sociales.

Según un análisis, se examinaron 400 publicaciones de los 40 influencers políticos más relevantes en Instagram España. En cuanto los resultados, el 92% de estas cuentas generan desinformación. De hecho, más de la mitad del contenido (53%) contiene algún tipo de engaño, afectando principalmente a audiencias jóvenes.

En ese sentido, los tipos de desinformación más recurrentes son el contenido sesgado (29,5%), el troleo (24,5%), y la conexión engañosa (19,8%). (Palacios López et al, 2023, P.11).

De igual modo, ni las insignias de verificación, ni la publicación bajo nombre real, ni los estudios garantizan información fiable. En contraste, los influencers con post grados desinforman más (59.2%) que aquellos sin estudios (51.2%) (Palacios López et al, 2023, P.11).

¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste un paisaje o una comida sin sentir la necesidad de publicarlo?

Este mundo digital donde compartir se ha llevado nuestra capacidad de vivir; bajo un lema de acercarnos a los que están lejos, las redes sociales han levantado muros invisibles entre nosotros y la realidad inmediata. Estamos atrapados en un vidrio digital donde lo que importa no es el momento, sino como luce para una foto o un like.

Aunque las redes sociales fueron creadas para la comunicación y creación de grupos, todas las personas comenzaron a tomarse este hecho muy personal, se normalizo el crear vínculos por estos medios.

Lo que empezó como una promesa de conectividad global de la información se ha transformado en un mundo complejo donde el espacio entre la realidad y lo ficticio es cada vez más delgada. Como ya ha sido señalado, las redes sociales no son solo herramientas de comunicación; son espacios donde las personas construyen su identidad, pero frecuentemente es bajo vidas irreales que terminan afectando el pensamiento crítico y emociona.

A mi juicio, después de leer todo esto, me doy cuenta de que las redes sociales no son ni tan buenas ni tan malas por sí mismas. En concreto, creo que todo depende de cómo las usemos y de la intención de quienes las manejan.

En primer lugar, me parece preocupante que muchas personas basen su autoestima en los "me gusta" que reciben. Es decir, uno termina dependiendo de la aprobación de desconocidos para sentirse bien consigo mismo. En otras palabras, las redes pueden llegar a controlar nuestras emociones sin que nos demos cuenta.

En segundo lugar, considero que la desinformación es uno de los problemas más graves de la actualidad. De hecho, es muy fácil encontrar noticias falsas o manipuladas en redes sociales. En este sentido, creo que muchas personas creen todo lo que ven sin preguntarse si será verdad o no. Por una parte, es cierto que las redes han ayudado a visibilizar problemas sociales y a organizar movimientos ciudadanos. Por otra parte, también han servido para polarizar opiniones y crear conflictos entre personas con ideas diferentes.

Ahora bien, las empresas y plataformas también tienen su parte de responsabilidad. A pesar de que dicen combatir la desinformación, en realidad no hacen lo suficiente. Por lo tanto, es claro que muchas veces ponen el negocio por encima del bienestar de los usuarios.

En lo concerniente a los jóvenes, creo que somos los más vulnerables. Además, como pasamos tanto tiempo en redes, estamos más expuestos a contenidos manipulados y a compararnos con vidas irreales que vemos en fotos y videos.

Para terminar, considero que debemos aprender a usar las redes de manera más consciente. En resumen, no se trata de dejar de usarlas, sino de hacerlo con criterio, sin creer todo lo que vemos y sin dejar que decidan cómo nos sentimos.

¿En algún momento te has quedado pensando en algo en específico y de la nada sientes que sabes perfectamente a quien odiar o por quién votar?

Las redes sociales nos han influenciado en la forma en la que percibimos a las personas que vemos en estas redes, haciendo que nuestra opinión sea dogmatizada por una publicación o un comentario, convirtiendo esto en una verdad absoluta sin permitir a que seamos capaces de juzgar desde nuestros criterios o valores, sino desde el juicio ajeno.

Después de leer la columna me quedé pensando mucho más de lo que esperaba. No porque diga algo completamente nuevo, sino porque pone en palabras algo que todos vivimos todos los días y pocas veces cuestionamos de verdad. Las redes sociales están tan metidas en nuestra rutina que casi se sienten como una extensión de nosotros mismos. Abrimos los ojos y revisamos el celular; vamos a dormir y lo último que vemos es una pantalla. Eso ya dice bastante.

identidad real, sino una versión editada, filtrada, acomodada para gustar. Me hizo pensar en cuántas veces he visto algo bonito como por ejemplo un paisaje, una comida, un animal, una fruta, un momento especial y antes de disfrutarlo realmente ya estoy pensando en cómo se vería en una historia. Es como si viviéramos con una audiencia imaginaria todo el tiempo.

Lo que más me impactó es la idea de que no solo usamos las redes para comunicarnos, sino que estamos construyendo nuestra identidad ahí. Y muchas veces no es una

También me preocupa el tema de la desinformación. Es impresionante lo fácil que es creer algo solo porque lo vimos muchas veces o porque lo publicó alguien con muchos seguidores. A veces ni siquiera nos detenemos a verificar; simplemente compartimos. Y ahí es donde uno entiende que el problema no es solo tecnológico, sino humano. Nos movemos mucho por emociones: indignación, miedo, rabia. Y las redes lo saben. Nos muestran lo que nos hace reaccionar, no necesariamente lo que nos ayuda a entender mejor el mundo.

Otra cosa que me dejó pensando es cómo las redes pueden influir incluso en nuestras opiniones políticas o sociales. De repente uno empieza a sentir rechazo por alguien o simpatía por otro sin haber profundizado realmente en el tema. Solo por lo que aparece repetidamente en el feed. Eso es fuerte, porque significa que nuestras decisiones no siempre nacen de una reflexión propia, sino de una narrativa que se nos presenta constantemente.

Pero tampoco creo que la solución sea satanizar las redes. Sería hipócrita, porque también tienen cosas positivas. Permiten visibilizar causas, conectar personas, aprender, emprender, crear comunidad. El problema no es que existan, sino que muchas veces las usamos sin conciencia. Y, además, las plataformas están diseñadas para mantenernos ahí el mayor tiempo posible. No es casualidad que todo esté hecho para que sigamos deslizando la pantalla.

nuestra vida, la búsqueda constante de aprobación y la facilidad con la que circula información falsa hacen que, poco a poco, las redes influyan en cómo pensamos, sentimos y vemos a los demás.

Aun así, no se puede decir que las redes sociales sean completamente buenas o malas. También han permitido que muchas personas se conecten, expresen sus ideas y visibilicen problemas que antes pasaban desapercibidos.

Al final, lo que me deja esta lectura es una sensación de responsabilidad compartida. Las empresas deberían hacer más, sí. Pero nosotros también tenemos que aprender a cuestionar, a no creer todo lo que vemos, a no medir nuestro valor en “likes”. Tal vez la clave no es alejarnos completamente del mundo digital, sino aprender a habitarlo con más criterio y menos impulso.

El verdadero reto está en aprender a usarlas de manera más consciente. Es decir, disfrutar los momentos sin sentir siempre la necesidad de publicarlos, cuestionar la información que vemos y no dejar que nuestra opinión o nuestro estado de ánimo dependan de lo que aparece en una pantalla. Al final, más que alejarnos del mundo digital, se trata de encontrar un equilibrio para que las redes sean una herramienta y no algo que termine controlando nuestra forma de vivir y de pensar.

Si soy honesta, creo que el mayor riesgo no es estar conectados, sino dejar de pensar mientras lo estamos.

En conclusión, las redes sociales se han convertido en una parte muy importante de nuestra vida diaria. A través de ellas nos comunicamos, compartimos momentos, nos informamos e incluso construimos parte de quiénes somos. Sin embargo, todo esto también ha traído consecuencias que muchas veces no notamos. La necesidad de mostrar

En conclusión, las redes sociales se han convertido en una parte muy importante de nuestra vida diaria. A través de ellas nos comunicamos, compartimos momentos, nos informamos e incluso construimos parte de quiénes somos. Sin embargo, todo esto también ha traído consecuencias que muchas veces no notamos. La necesidad de mostrar nuestra vida, la búsqueda constante de aprobación y la facilidad con la que circula información falsa hacen que, poco a poco, las redes influyan en cómo pensamos, sentimos y vemos a los demás.

Aun así, no se puede decir que las redes sociales sean completamente buenas o malas. También han permitido que muchas personas se conecten, expresen sus ideas y visibilicen problemas que antes pasaban desapercibidos. El verdadero reto está en aprender a usarlas de manera más consciente. Es decir, disfrutar los momentos sin sentir siempre la necesidad de publicarlos, cuestionar la información que vemos y no dejar que nuestra opinión o nuestro estado de ánimo dependan de lo que aparece en una pantalla. Al final, más que alejarnos del mundo digital, se trata de encontrar un equilibrio para que las redes sean una herramienta y no algo que termine controlando nuestra forma de vivir y de pensar.

En definitiva, la verdadera meta no es eliminar las redes sociales de nuestras vidas, sino aprender a relacionarnos con estas de una forma más crítica y consiente. Debemos recordar que detrás de cada publicación hay una intención y no todo lo que se ve es realidad.

Si logramos darles un buen uso a las redes sociales para informarnos, comunicarnos y aprender sin perder nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos, entonces podrán volverse una herramienta mucho más útil de lo que es hoy en día y no un espacio que límite nuestra libertad de pensamiento o nuestra forma de vivir la vida real.

Además, es importante tener la capacidad de detenernos y reflexionar antes de reaccionar o compartir algún tipo de contenido. Muchas

veces difundimos información sin verificarlas o dejamos que las publicaciones determinen lo que sentimos o pensamos sobre otras cosas o personas.

Finalmente, vale la pena recordad que la vida no pasa por dentro de una pantalla. Los momentos más valiosos no siempre necesitan ser publicados para tener un buen significado. Disfrutar una conversación, un almuerzo o un día especial sin pensar en una foto también es una forma de conectar con la realidad.

Tal vez la clave sea encontrar un equilibrio entre aprovechar los bueno y positivo de las redes sociales sin dejar que estas definan completamente nuestra forma de pensar, de sentir y de vivir.

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