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Resistencia Indígena

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DE VENEZUELA

Resistencia IndĂ­gena: Abya Yala tiene rostro de mujer


MEMORIAS DE VENEZUELA

CENTRO NACIONAL DE HISTORIA

“Familia Caribe en ST. Vicent”, en: Edwards’, Brian, History Civil and Commercial of the British West Indies, T. Miller Publ. Cheapside, London, 1801.

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Mujeres y resistencia indígena durante la época colonial Emanuele Amodio

Américo Vespucio, Indígenas del Caribe, 1508. Amberes.

El pasado es un campo de batalla donde las fuerzas del presente luchan para que su versión de los acontecimientos pretéritos prevalezca para justificar su realidad actual. El pasado no pasa hasta que los pueblos que componen el presente, todos los pueblos, sobre todo los de abajo, hayan podido formular su versión y construir con ella un piso sólido para su vivencia e identidad, a veces dramática, que viven y construyen en su cotidianeidad. Así, es el presente el que construye pasado, a partir de memorias, herencias culturales, fragmentos de hechos y procesos. La historia de Venezuela ha sufrido los distintos vaivenes de cada época. Se

trata, en general, de una historia heroica, según los diferentes grupos sociales que han conquistado el poder, desde la exaltación de las gestas de la conquista de los españoles, quienes nos habrían “civilizado” a través de su lengua, religión y cultura, hasta la sobrevaloración, de signo contrario, de los próceres independentistas. Mientras tanto, se pasaba bajo silencio la vida y lucha de los pueblos indígenas, en defensa de sus tierras y culturas; de los esclavos africanos en busca de su libertad; de las mujeres, buscando un lugar menos represivo que la casa y la iglesia; de los sexodiferentes, en búsqueda de una identidad pública; de los niños y niñas, completamente invisibilizados. Sin embargo, una nueva manera de pensar


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Auguste Morisot, Mujeres caribes. En “Un pintor en el Orinoco 1886-1887”. Caracas, Fundación Cisneros/ Planeta.

el pasado fue gestándose con la Constitución de 1999, cuando finalmente también los derechos de los pueblos indígenas y de las descendientes de los esclavos aparecen en el horizonte del presente venezolano como sujetos históricos. De rebote, también el pasado reclama una reescritura, ya que son los mismos pueblos, antes subalternos, los que ahora pretenden contar su historia y el papel que tuvieron en la constitución política y cultural de la nación. Es en este contexto que, coherentemente con la sensibilidad que las luchas feministas han propiciado en todo Occidente, también en Venezuela se ha comenzado a estudiar la presencia de las mujeres y el rol que han desempeñado, no solo en la reproducción biológica y cultural de cada sociedad, sino también en los diferentes procesos históricos que han eslabonado el pasado de Venezuela. Entre éstas, las mujeres indígenas de la época colonial quienes, junto a los hombres, lucharon contra las huestes violentas de los conquistadores y, a menudo, dando su fundamental aporte a la supervivencia de sus pueblos. En consideración de la larga lista de mujeres indígenas que lucharon contra los españoles, citaremos solamente algunas que consideramos ejemplares, aunque a menudo la historia se mezcla con la leyenda, siendo los archivos parcos en datos y la fuente más importante y casi única de la conquista de las costas de Venezuela en la segunda mitad del siglo XVI, el libro de Oviedo y Baños, His-

toria de la conquista y población de la provincia de Venezuela. De las figuras legendarias resalta la de Urquía, esposa de Guaicaipuro, quien afirmó que “Mi Urquía vale por todas”, refiriéndose a las 200 mujeres que se supone le fueron presentadas para que eligiera una como pareja. Un poco más de datos tenemos de Urimare, guerrera mariche que combatió con Guaicaipuro, Chacao, Tamanaco y Baruta contra las huestes de Losada en Maracapana. A causa de una tempestad, Guaicaipuro no pudo llegar al lugar de la batalla y la suerte no le fue muy favorable a los indígenas. Araimapuro, padre de Urimare, desbanda hacia el oriente de Venezuela, donde es acogido por sus aliados Chaima y Cumanagoto. En una de las batallas contra los españoles de Cumaná, Araimapuro muere y es sustituido en el mando por Urimare. Comienza así la lucha de Urimare contra los españoles de las costas cumanesas: varias veces fue capturada pero consiguió escapar. También se enfrentó a los piratas ingleses de Walter Raleigh, por quienes también fue capturada, y nuevamente huyó. Terminó misteriosamente cerca de las Cuevas del Guácharo, perseguida por los españoles que, sin embargo, no consiguieron capturarla ni darle muerte. Del mismo temple de Urimare, encontramos a la jefa guerrera Apacuana, también del pueblo mariche, quien combatió en los años cincuenta del siglo XVI, desempeñando también el papel de chamana. Se alzó contra Francisco

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Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, Mujer indígena, 1535. Sumario de la natural y general historia de las Indias.

Infante, pero fue capturada y ahorcada por Garci García. Otra figura poderosa de cacica la encontramos en Barquisimeto: Ana Soto, quien servía en casa de una familia española como cocinera, de donde se fuga uniéndose a la resistencia de los Gayones y Camagos, liderando a más de 2.000 hombres y mujeres que, con tácticas de guerrilla, mantuvieron su lucha por muchas décadas. Así, es evidente que no es una casualidad que la versión más acreditada del origen de la diosa María Lionza le atribuya un gentilicio indígena, ya que la memoria indígena y popular transforma en mito las gestas de estas mujeres que lucharon contra el invasor español. Sin embargo, por deber profesional, hay que hacer al menos una referencia a una figura parcialmente ambigua: la cacica Isabel de la Isla de Margarita, sobre todo por su importancia temprana en la historia de Venezuela. Era nieta del cacique Charaima y prima del cacique Naiguatá. Como es sabido, la resistencia de los guaiqueríes de la Isla de Margarita no fue muy enérgica, tanto que fueron considerados “indios mansos”, en contraposición con los “indios bravos” de la costa de Cumaná, también guaiqueríes y caribes. Conquistada la isla durante la primera mitad del siglo XVI, el gobernador español Francisco Fajardo se casa con Isabel, lo que contribuyó a la pacificación de los indígenas; ésta le dio un hijo, llamado del mismo modo que el padre. El mestizo Francisco Fajardo, ayudado por su madre, intentó en 1555 la conquista de la costa central de

Venezuela y de los indígenas caracas, sin mucho éxito, tanto que su misma madre fue envenenada en la población de Chuspa en 1558. Un caso parecido es el de Alonso de Ojeda, conquistador del Occidente de Venezuela, quien se casó con la wayuu Isabel, desempeñando de alguna manera el papel de la guaiquerí Isabel, antes citada. Como puede verse, también nosotros, como en México, hemos tenido nuestras malinches. Hemos hecho hincapié en las grandes heroínas indígenas ya que, repetimos, pocos son los datos sobre las mujeres en su vida cotidiana y en sus luchas para sobrevivir al acoso de los españoles y criollos durante la época colonial. Éstas se han vuelto anónimas tanto por la ausencia de datos en los archivos como por el desinterés de los historiadores, como en el caso de los “infidentes” de la Independencia perseguidos por el régimen español, cuya memoria ha sido rescatada recientemente por el Centro Nacional de Historia, entre los cuales encontramos también mujeres y algunas indígenas, como las “indias tributarias” Juana Herrera y María Bonifacia Pérez, de Chaguarama, quienes en 1812 fueron arrestadas por proferir insultos y amenazas contra los blancos españoles. Pero, el pasado es todavía un abanico de posibilidades y mientras más avanza la visibilización de las mujeres indígenas de la actualidad, más esperanzas tenemos para que también las luchadoras del pasado puedan ser rescatadas del olvido y servir de ejemplo para las luchas del presente.


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Urimare

Símbolo de resistencia que llega hasta el presente Lía Febres-Cordero Las tradiciones orales en Venezuela, son variadas en relación a la leyenda de Urimare. En el culto marialionzero, es parte de la corte india donde figura como la “reina Urimare”. Nos cuenta la tradición que era hija de Aramaipuro, cacique indígena que lucho junto a Guaicaipuro. Fue raptada por sir Walter Raleigh logrando escapar de la galera a nado, al llegar a la orilla se une a una encomienda (según algunos relatos a la fuerza y según otros por su propia voluntad), donde se queda un tiempo, pero al sufrir un intento de violación por un español, lo mata en defensa propia y huye. Aquí los relatos vuelven a dividirse y algunas tradiciones aseguran que llegaría hasta Cumaná en donde es adoptada por el cacique Guaicamacuto haciéndola su heredera y encargada de proteger a su pueblo y a los ancestros de su pueblo, que habitaban en la cueva del Guácharo, papel que desempeñaría hasta que cae prisionera y muere ahorcada en manos de los españoles. En otros relatos vive una vida tranquila hasta el final de sus días como cacica, y según otros nunca abandona el litoral central venezolano defendiendo la costa contra los piratas holandeses. Félix Piñerúa Monasterio asocia esta leyenda con la del cacica Chaima Arara o Auriara, mencionada en el libro Relación descriptiva de nueva andalucia (1580) de autor anónimo, donde la nombran como líder de la región. En una Probanza de Meritos y servicios de 1633, redactada en Cumaná, se menciona a una “reina del guácharo” que se resistió al dominio español y fue apresada y ahorcada públicamente. En este personaje, quizás, estarían basadas las andanzas de Urimare por el oriente del país y su asociación a la Cueva del Guácharo. Urimare no es muy conocida fuera de algunos círculos, sin embargo, la

John Gabriel Stedman, “Femine Indienne de la Nation des Arrowoukas”, en: Voyage a Surinam et dans l’interieur de la Guiane, París, Chez F. Buisson, 1799. Colección Libros Raros de la Biblioteca Nacional.

Urimare brinda poder en todos los sentidos a la mujer, la ayuda a tener independencia financiera, mental, social y la hace escalar posiciones

Memorias de Venezuela RIF: G-20008479-0

Coordinación Javier J. Véliz

Diseño & Diagramación Taller gráfico CNH

Centro Nacional de Historia Final Av. Panteón, Foro Libertador, Edif. Archivo General de la Nación Telf. (0212) 509.58.32 Sitio Web www.cnh.gob.ve Correo-e Memoriasdevenezuela@hotmail.com Twitter @Memoriasvzla · @cnh_ven Facebook Memorias de Venezuela · Centro Nacional de Historia

Corrección

Marietta J. García

Iconografía

Noelis Moreno Osman Hernández Romer Carrascal

parroquia Urimare de La Guaira, antes Raúl Leoni, escogió llamarse así en un referéndum donde su nombre saco el 46% de los votos. Es venerada en los pueblos de Monagas y en el culto de Maria Lionza nos explican que tiene estos poderes: Urimare brinda poder en todos los sentidos a la mujer, la ayuda a tener independencia financiera, mental, social y la hace escalar posiciones. Detesta a los hombre machistas por lo que debe bajo su patrocinio tenerse cuidado en este sentido. Libera a la mujer y la ayuda a salir victoriosa en casos de violencia de cualquier tipo. Ayuda a liberar secuestrados, raptados, presos injustamente. Urimare posee un inmenso poder y su patrocinio no tiene límites a la hora de ayudar a superar limitaciones y obstáculos de cualquier tipo. Permite superarse en depresiones, tristezas, y situaciones en las que nos sentimos acorralados. Debe pedírsele con sumo respeto y tener cuidado de no solicitarle cosas superfluas. En el imaginario de los venezolanos, que ha mantenido con vida las tradiciones del culto a los caciques y cacicas, la resistencia indígena no fue un mero evento del pasado, fue un gran acontecimiento poblado de personajes tan poderosos que generaron fuerzas que pueden intervenir en el presente. Urimare no solo resistió en el pasado, en el presente sigue resistiendo junto a quienes la invocan protegiendo mujeres violentadas y privados de libertad. La leyenda de Urimare queda en el imaginario de los venezolanos que la veneran o la recuerdan como prueba de la lucha particular que tuvieron que llevar a cabo las mujeres caribes para defenderse en esa época negra que fue la conquista La leyenda nos recuerda el derecho de los más vulnerados a luchar, a decidir y a ser héroes.

Textos

Emanuele Amodio Lía Febres-Cordero Jeyni González Abraham de Barros Lewis Cardozo Noelí Pocaterra Asmery González Yris Aray Librada Pocaterra Rosa Trujillo Morela Maneiro Gustavo Pereira


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Dos mujeres que luchan por el territorio y el idioma yabarana: Chepa y Ana Jeyni González Abraham de Barros Lewis Cardozo La lucha por el reconocimiento de los derechos territoriales ancestrales, ha sido una importante meta que se han trazado buena parte de los pueblos indígenas de Venezuela, como otros en nuestro continente. Este horizonte común no es nuevo, pero ha cobrado fuerza desde que los derechos indígenas se convirtieron también en palabras frecuentes en el marco jurídico nacional e internacional. No obstante, hablar de luchas, reivindicaciones y otras acciones en torno a los territorios, es hablar en primer lugar de los protagonistas de estos procesos, aquellos que día a día se esmeran por alcanzar esta meta, desde sus convicciones personales, atravesadas por sus historias de vida y nutridas del sentir colectivo. María Fernanda Pérez, mejor conocida como “Chepa”, y su prima Ana Pérez, son mujeres yabarana que han dado un paso al frente en la reivindicación de los derechos ancestrales de su pueblo. Cada una, desde su dinámica de vida y a partir de sus conocimientos, ha contribuido a la lucha por el territorio y han incentivado a los yabarana para emprender otra importante tarea: revertir la situación de amenaza en la que se encuentra su idioma. Ellas llevan consigo la preocupación por esta acelerada pérdida, poniendo en evidencia la relación intrínseca de la lengua yabarana con el territorio, como vía para la transmisión de saberes ancestrales, comprendiendo que si se pierde su idioma se va con él ese caudal de conocimientos que reside en la memoria de quienes aún lo portan. Así, han encabezado la lucha de su pueblo para garantizar la existencia y la continuidad de su cultura. Su empeño no solo pasa por la siembra de conciencia entre los más jóvenes yabarana, esos que heredarán su legado, y en aquellos que por muchos años y quizás por vergüenza étnica trataron de olvidar sus orígenes, sino también por la búsqueda de alianzas con otros pueblos que también habitan en el Valle del Parucito-Manapiare-Yutaje (piaroa, panare, jotï, maco), así como por la sensibilización de quienes detentan el poder y se han conferido la potestad de evaluar, decidir, dictaminar y emitir veredictos sobre los derechos de los pueblos indígenas. Desde la OIYAPAM y ahora como parte de la COIAM unen esfuerzos con otros representantes indígenas de diver-

sos pueblos para dar pasos firmes con miras a garantizar que realmente se respeten los derechos indígenas en nuestro país. Chepa y Ana caminan juntas y nos han permitido acompañarlas y aprender de ellas en ese andar. Caminan buscando nuevas alternativas, nuevos aliados, pero caminan especialmente para tejer lazos, reavivar vínculos entre los yabarana que aún habitan en aquel valle –su territorio ancestral– y los que actualmente viven en San Juan de Manapiare, Puerto Ayacucho o aún más lejos, en Maracay y hasta Margarita. Ana y Chepa son hijas, hermanas, primas, madres y abuelas líderes con un gran conocimiento de su cultura, apoyadas fuertemente por los pocos ancianos y ancianas que aún quedan selva adentro. Ellas no quieren ser el objeto de discusión sino participantes de la misma, para hablar por sus parientes y también apoyar la lucha de todos los pueblos indígena. Aun cuando sus vidas han tomado rumbos distintos, que las han llevado a salir de Manapiare para instalarse en Puerto Ayacucho, en el caso de Chepa y Ana en Margarita, Estado Nueva esparta, su meta en común las une constantemente. Salir de su tierra natal no ha sido más que un paso para garantizar a su familia y especialmente a sus hijas e hijos, nietas y nietos, la educación y la salud. Al dar ese paso han llevado consigo las enseñanzas de sus madres, quienes les inculcaron importantes valores en torno a la familia y en relación a su pueblo y su cultura. El estrecho vínculo de Chepa con China, su mamá, y Lucia, su abuela, le permitió aprender durante los quehaceres cotidianos, sobre la importancia que tiene el territorio para su gente, ese que no solo es suelo para los cultivos o la ganadería, sino la historia misma de su pueblo y de sus ancestros. Chepa recuerda que su abuela siempre le decía “esta lucha que nosotros tenemos no es desde ahora”. Así también Ana aprendió de Avelina, su mamá, quien siempre les contaba a ella y sus hermanos la historia de su pueblo, y los serios conflictos que históricamente han tenido con los criollos que por territorio y recursos los han asechado, obligándolos a abandonar sus lugares de origen, sus sitios sagrados, para replegarse y concentrarse solo en algunos puntos de su territorio, ese espacio que, desde mucho antes de la llegada de terratenientes, mineros, militares, misioneros a ese gran Valle entre el Cerro Yaví, la Serranía de Maigualida, el río Manapiare y el Ventuari, se encontraba lleno de vida, de

“Nosotras como madres y abuelas vamos a entusiasmar a nuestros nietos a que aprendan a hablar yabarana”. creencias, valores y prácticas propias del pueblo yabarana. Ana y Chepa no lo olvidan: las lagunas, los cerros, los caños, la sabana, narran la historia de los yabarana. Los narran en su idioma, ese que pese a encontrarse debilitado por no contar con muchos hablantes muestra vitalidad en los relatos que Ana lleva consigo a donde va: cuentos, cantos y chistes que aprendió de su madre y que ella se ha propuesto transmitir, así como se ha propuesto registrar a través de la escritura, el compendio de palabras que constituyen su idioma. Esas palabras que cobran vida en cada encuentro entre los ancianos que habitan en Colmena, Chirinos, Majagua, Corobita y San Juan de Manapiare, de los que Chepa constantemente habla y a los que reconoce como maestros yabarana. Chepa, quien mantiene fresca la sonoridad de las palabras de China y Lucia, y que recuerda al escuchar a su tía Irma o al rememorar con su hija Klemant las vivencias en el hogar al que espera retornar pronto, en San Juan de Manapiare también espera contribuir con lo que ellos –los yabarana– han llamado el rescate de su idioma. Estas dos grandes mujeres se han hecho parte de nuestras vidas. Recordar-

las nos lleva a preguntarnos ¿Quiénes somos nosotros en realidad?, ¿Por qué y para qué estamos aquí? Y en ese buscar respuestas nos reencontramos con ellas, con sus vivencias y vemos un claro ejemplo de constancia, de la definición de metas que superan individualidades y apuestan por el colectivo. Seguirán caminando Ana y Chepa, hablando, recordando, riendo, compartiendo experiencias como lo hacían sus ancestros al transitar por el territorio, pisando incluso el Cuchivero y Chivapure y quizás distancias más largas como las que Ana recorre entre Margarita, Puerto Ayacucho y Manapiare desde que su vida la llevó a ser viajera, por sus hijas e hijos, nietos y nietas junto a su esposo Aguilera, y mucho antes cuando recorrió el Amazonas de niña, viviendo muy de cerca la avanzada misionera en tierras indígenas. También seguirán sembrando conciencia desde el amor maternal que vemos desbordado en Chepa hacia todos y cada uno de que ha crecido a su lado, también junto a su esposo Bolívar con quien emprendió su vida desde Atabapo, luego Manapiare, ahora Puerto Ayacucho, sin perder de vista el horizonte que los mantiene unidos a sus ancestros.


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La Resistencia Indígena: un instrumento de paz y mediación

Mujeres Wayuu, disponible en www.contextocaribe.com

Noelí Pocaterra El cambio de Día de la Raza a Día de la Resistencia Indígena ha sido un legado que nos dejó el Presidente Hugo Chávez. Los pueblos indígenas veníamos, desde hace muchos años, oponiéndonos al Día de Colón o al llamado Día de la Raza, así como nos opusimos a la celebración de España por los 500 años del mal llamado “descubrimiento”, en Sevilla. Ante la pregunta de Chávez en un Aló Presidente, sugerimos cambiar ese nombre. Muchas personas nos felicitaron y otras no entendieron el significado simbólico que ha tenido y tiene para los pueblos originarios del mundo la celebración del día de la invasión como un día de encuentro. Para Los pueblos indígenas es más lógico llamarlo Día de la Resistencia, ya que estamos en pleno proceso de construcción del Estado Pluricultural y Multiétnico. No es tarea fácil, ya que nos enfrentamos al legado de la colonia como constructora de la conciencia perso-

nal y colectiva de una nación. Han sido muchos años de Colonia celebrando la invasión, construyendo una psicología de los descubiertos, de los mandados, de la vergüenza étnica, de la negación de los orígenes primeros y de la convocatoria a vernos en el espejo del conquistador y no en el propio. Entonces, el Día de la Resistencia Indígena ha de ser la búsqueda de nuestro propio origen, una posibilidad educativa y liberadora que muestre la diversidad cultural, la diversidad idiomática, y la diversidad de conocimientos ancestrales que pueden tener una llave para interpretar el mundo de

manera distinta, más equilibrada y más amorosa. Cuando hablamos de resistencia no estamos hablando de guerra, estamos hablando de solidaridad, de convencimiento, de paz, de convivencia, de resurrección y de intercambio. Hoy más que nunca nos hemos decidido a mostrar el rostro del mundo indígena, del mundo originario, para que todos sepamos en el planeta que nuestros orígenes son comunes, que venimos de una misma raíz con diferentes rostros y vientres étnicos que definen todos los continentes del mundo. Lo que fue en inicio una burla, por la decisión del Presidente Chávez al

Cuando hablamos de resistencia no estamos hablando de guerra, estamos hablando de solidaridad, de convencimiento, de paz, de convivencia, de resurrección y de intercambio.

preguntarnos, pero más que eso por la valentía de obedecernos, de hacernos caso, de mostrar nuestra solicitud a un mundo dominado desde siempre por la monoculturalidad como una verdad absoluta, se ha ido convirtiendo en una propuesta de muchos países con diversos nombres, pero bajo el mismo contenido simbólico: caminar hacia la descolonización. Al principio Venezuela estaba sola con el Día de la Resistencia Indígena y algunos de nuestros embajadores se atrevían de manera muy tímida a invitar a otros embajadores y mencionar la propuesta, algunos iban sin entender mucho y poco a poco se ha ido extendiendo. Esto forma parte de la lucha por descolonizar el mundo, hasta que formemos o instauremos el Día de la Resistencia Indígena planetaria, como dice Saúl Rivas Rivas. Este año, en el estado Zulia, acompañados por la Gobernación Bolivariana, especialmente por su gobernador Francisco Arias Cárdenas, estamos conmemorando el Día de la Resistencia Indígena como una propuesta de


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Comandante Hugo Chávez y Nohelí Pocaterra, Fotografía cortesía de Rosa Trujillo.

intercambio para reflexionar sobre el racismo y la discriminación, pero también mostrando a toda la comunidad zuliana, tanto a quienes nos aceptan, como a quienes nos discriminan, nuestras costumbres, nuestras propuestas, nuestras reflexiones sobre la historia. Haremos un homenaje al Libertador Simón Bolívar, agradeceremos sus aportes por descolonizar en la Constitución de 1811, pero también sus aportes negándose a la esclavitud de los naturales, recordaremos a Simón Rodríguez cuando nos hablaba de buscar los orígenes propios, a José Martí quien nos dijo que América no caminará sin el indio, y a Francisco de Miranda quien nos aportó el primer diseño de la bandera haciendo homenaje a los naturales y en especial a la mujer indígena, los orígenes mítico simbólicos de nuestra tierra. No solamente agradeceremos a los naturales, también reconoceremos a nuestros aliados en la figura del canónigo Madariaga y de José Prudencio Padilla, el gran almirante de la batalla del Lago de Maracaibo, y revelaremos su origen wayuu, ya que era hijo de una mujer wayuu, y esto ¿para qué?, ¿acaso somos más o somos mejores? No, simplemente somos, existimos y hemos poblado esta tierra desde siempre, por eso no podremos hacer cambios profundos en la conciencia de nuestro pueblo, ni en la forma de gobernar si no hacemos una reinterpretación de

la historia y una revalorización de la identidad propia como parte y base de la nacionalidad venezolana. Estos son los actos conmemorativos de la resistencia indígena en el Zulia de 2014, pero también hay actos deportivos, exposiciones, muestras gastronómicas, expoventa de artesanías, conversatorios, un gran legado que todavía está vivo en la conciencia, y en el corazón de mucha gente y que comienza a brotar como flores por todas partes. Hablaremos de la mediación y la paz como el arte de la convivencia y como herencia ancestral, que aún hoy podemos practicar. Estos son algunos de los aspectos que estaremos compartiendo para todos en la plaza Bolívar y en el Parque Rafael Urdaneta. Al igual que los pueblos indígenas del Zulia, en todo el país se estarán realizando distintos eventos con los más de cuarenta pueblos indígenas que conforman la nación venezolana. Es interesante ver los aportes que, en los últimos años, han dado los indígenas a la comunicación y al cine tanto documental como animado, realizando foros y encuentros. No podemos dejar de mencionar la lealtad de muchos de nuestros hermanos y hermanas de lucha quienes por muchos años nos han acompañado en las luchas políticas. Sin ninguna duda la lucha política de nuestras vidas, construyendo los movimientos sociales en el ámbito nacional

MEMORIAS DE VENEZUELA e internacional, dándole forma a las exigencias que nos hacían los Estados escritos, creando nuestras organizaciones, muchas de ellas como el CONIVE nos costaron años construirlas. Fueron años de consultas con las comunidades, dando la vuelta al país, incluyendo diversos elementos de la lucha internacional de los aportes de otros hermanos del mundo para darle forma a nuestras organizaciones. Por ello, si ustedes estudiaran la multiplicidad de organizaciones indígenas que existen en el país, deberían concluir que ellas solo existen como proceso de resistencia y lucha para el reconocimiento de los derechos históricos. Entre otros, el derecho a la justicia pluricultural, el derecho a la salud intercultural, el derecho a la educación intercultural, el derecho a nuestras prácticas espirituales y religiosas, el derecho a nuestros conocimientos tradicionales, a hablar nuestros idiomas, a desarrollar nuestras prácticas económicas y nuestros modos de producción, a mantener nuestros territorios y formas de vida. Todo ello está plasmado de diversas maneras en los documentos de registro de nuestras organizaciones. Allí hay una diversidad, un trabajo de lucha esencialmente revolucionario porque irrumpe con el orden colonial establecido en las republicas. Para nosotros, la aparición del Comandante Chávez fue el sueño, la revelación, el fruto de la resistencia que siempre habíamos soñado. Él fue tan generoso que cuando le escribimos estando en la cárcel, nos pedía información, nos solicitaba orientaciones sobre la posibilidad de inclusión de los pueblos indígenas, en la refundación de la República, es cierto que habíamos transitado ya por la vida y esfuerzo de los libertadores, pero aún así seguíamos excluidos, tal vez, no tanto como en la época de la conquista, pero seguíamos excluidos. Recibimos con entusiasmo el acuerdo compromiso firmado por Chávez para la participación de los pueblos indígenas en el proceso constituyente, ese era otro acto de resistencia y lo logramos, escribimos el capitulo de los derechos históricos de los pueblos indígenas. No se crean que fue tarea fácil. Resistir, resistir y resistir hasta vencer y vencimos. De ello puede dar fe y testimonio el gobernador Luis Acuña, y por ello le damos las gracias por su apoyo. Comenzaba una nueva etapa, la construcción de las leyes, el ejercicio de la política para la transformación del Estado y en eso estamos. Cada vez que acaba una etapa comienza otra y todavía decimos: La resistencia debe continuar. El Estado pluricultural y multiétnico se está construyendo, somos nosotros mismos los que debemos dar los aportes y la conmemoración de un día sólo tiene carácter simbólico, ya que nues-

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tra vida es todos los días. Sabemos con certeza lo que nos cuesta abrir las puertas de las instituciones y todavía más las puertas del inconsciente colectivo para escribir la palabra “vida” de distintas maneras. Aquí estamos hermanos, hermanas, yo no me siento cansada, para mí la lucha es todos los días y la esperanza es siempre, me siento emocionada con una experiencia de educación propia que venimos impulsando, con escenas educativas plasmadas en muñecas, casas indígenas, buscando los orígenes míticos y las cosmovisiones de nuestros pueblos y enseñando a los niños y niñas. Creo mucho en los niños, niñas y jóvenes, orientemos estas conciencias, intercambiemos con ellos, construyamos el mundo por venir en la participación constante, pero sobre todo no caigamos rendidos ante el coloniaje del dinero y del poder porque estaríamos en riesgo de perdernos a nosotros mismos. Podemos perderlo todo, menos nuestros propios nombres, nuestros orígenes. Podemos no tener cédula, no tener partida de nacimiento, no tener pasaporte, pero si estamos claros y seguros de quienes somos, nadie nos puede desorientar y esta es la verdadera resistencia al coloniaje interno y a la pérdida de conciencia, los invito a continuar la lucha por la transformación de la nación venezolana. Continuemos y sigamos construyendo las rutas ancestrales indígenas con Chávez. Son muchas puertas abiertas, muchos caminos diagramados con el Presidente, muchas propuestas hechas a un hombre generoso y honesto que supo escucharnos, ahora tenemos al Presidente Nicolás Maduro quien en momentos difíciles nos apoyó y no vaciló, y a pesar de las presiones votó por nuestros derechos. Pero… corremos el riesgo de perder si nos quedamos en las meras formas, debemos saber hacia donde está el norte de nuestras luchas, los que han sido siempre nuestros derechos históricos que son los derechos de toda la nación a saber cuáles son sus orígenes primigenios. Estas rutas indígenas son infinitas, ya que en ellas está el origen de la vida, hermanas, hermanos, la vida, el amor está en resistencia y hoy más que nunca se rebela a la desproporción del mercado. Los convoco a la hermandad en la solidaridad y al intercambio amoroso y sincero, fortalezcamos nuestras organizaciones, nuestros movimientos sociales, nuestras alianzas y profundicemos la esperanza y los sueños. Vivan los pueblos indígenas de Venezuela, vivan los pueblos indígenas del mundo, viva Chávez y su legado, viva el Consejo Nacional Indio de Venezuela, nuestra máxima organización CONIVE, viva el estado Sucre. Shia ne tian


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El tránsito por la Sierra de Perijá. Fotografía: César Escalona.

Oshipa

Asmery González A Lucía Romero, Carmen Fernández y a la valentía de todas las mujeres yukpa En la conmemoración del Día de la Resistencia Indígena es justo hacer el reconocimiento de todas las sociedades indígenas que han guerreado durante 422 años defendiendo lo que por centurias han querido arrebatarles, su cosmovisión, sus territorios y sus vidas. Estas reflexiones van particularmente dirigidas a una de las sociedades Caribes, los yukpa, habitantes de la Sierra de Perijá en el estado Zulia, y en especial a sus mujeres. Mujer origen En el tronco de un robusto árbol estaban ocultas las dos primeras mujeres yukpa, el pájaro carpintero las escucha quejarse mientras perfora su corteza, enseguida va y le anuncia a Atancha que consiguió unas compañeras que le ayudarían y además le darían hijos. Es así como cuentan los viejos el origen de la mujer yukpa. Fuerte como el árbol originario, decir mujer yukpa es decir resistencia por partida doble; frente a la sociedad de origen occidental ha debido resistir el atropello por india y por mujer: cuando las ven por las calles con el muchachito pegado a la teta enseguida se voltea la mirada, pero esa mujer indígena lleva la

dignidad de alimentar con su savia el futuro, jamás lo abandona. Mujer que danza y canta Brazo entrelazado a otro cuerpo, hombro a hombro, una al lado de la otra, ritmo en conjunto, armónico, baile que cuenta, danza ancestral, pasos que celebran la llegada del hijo que abre los ojos al mundo, de los que llegan, cuerpos entrelazados hacia adelante y hacia atrás, voces al ritmo de la danza, arriba y abajo el tono desde la garganta. Las mujeres yukpa relatan a los que llegan, a través de la danza y el canto, cómo se sienten, así cómo los acontecimientos de su pueblo. La danza expresa también la manera de estar una al lado de la otra, a un mismo ritmo para afrontar los desafíos y la defensa de su gente. El canto y la danza forman parte importante para celebrar lo extraordinario en la vida de la sociedad yukpa. Mujer guerrera La mujer yukpa es grito guerrero, cuando le toca defender lo propio, su familia y sus territorios, ejemplos hay muchos. Kasmera 1994: Hace 20 años, los hombres habían ido de cacería unos y a los conucos otros, las mujeres preparaban lo poco que tenían para alimentar a sus hijos; hacia mediodía llegaron unos soldados preguntando por una supuesta madera para decomisarla, las mujeres los enfrentaron con la palabra, no ha-

bía tal madera, como tampoco las reses robadas que dijeron los ganaderos. Los hombres venían de su faena cuando un soldado disparó y el resto hizo lo mismo: tres yukpa fueron masacrados por el fusil, una anciana fue alcanzada también por un proyectil. Las mujeres acorralaron a los soldados; sin miedo pero con profundo dolor levantaron a sus muertos. El gobierno de Caldera dejó impune esta masacre, sólo pagó con migajas la sangre derramada, la justicia nunca llegó. El grito de la mujer yukpa retumbará por siempre en los oídos de los verdugos, denunciando al terrateniente y al Estado ejecutor. La lucha continúa en las voces de Lucía Romero, Zenaida Romero y Carmen Fernández que hoy, con sus muertos, levantan el grito guerrero para exigir justicia; con la fuerza del dolor exigen los territorios ancestrales que faltan por demarcar, y una condena justa para los asesinos intelectuales y materiales de Sabino Romero Izarra, Alexander Fernández, Cristóbal Fernández y los demás hijos que han caído en la lucha que hoy, a 422 años, no termina. Cuánta sangre derramada, cuanto hijo masacrado, cuánto indio desplazado, cuántas balas contra el yukpa. Qué dolor tan profundo en el alma. Cómo te ensañas, racismo, contra la familia aguerrida del indio caribe. Otro hijo te asesinan, tu vientre llora, te tocó ver a Alexander agonizando y con las

cuencas de los ojos vacías por las manos desalmadas de su asesino. Mujer–madre–tierra Madre y creatura un solo cuerpo, alimentando sueños, mujer que camina por la selva pegada al futuro, fuerza femenina ensartando semillas que adornan los cuerpos, niños alrededor jugando con hebras que Oshipa convierte en esteras y sombreros, algodón transformado en piezas para alimentar a los hijos, mano extendida entre los autos de las urbes y el niño al pecho, mujer que reclama su derecho a la vida, pies descalzos en contacto con las raíces originarias del árbol robusto, mujer-vientre que llora al hijo perdido en manos etnocidas, mujer-tierra que invoca a los atanchas por el territorio usurpado. En este Día de la Resistencia Indígena, decir mujer y yukpa es honrar la valentía de Oshipa, que sus reclamos sean escuchados y reivindicados, no más resistir, necesario es vivir como yukpa, con autodeterminación y sobre todo con autodemarcación. El histórico grito caribe sigue vigente, grito kar’iña de guerra extensivo a todas las luchas indígenas: “¡Ana karina rote auniconpaparotomantoroitotow manto!, ¡Solo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes ni nadie se rinde y esta tierra es nuestra!”.


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Mujeres kar’iñas en la realización del baile ancestral Mare mare. Disponible en: fotosarrapia.blogspot.com

Niñas kar’iñas en la celebración del akaatompo, disponible en: akaatompodegalibiskarinas.blogspot.com

Yris Aray

del planeta tierra y del universo mismo. Los símbolos, los mitos, las historias o los pequeños relatos nos indican que desde los inicios del asentamiento del pueblo kar’iña en la tierra nada ha permanecido igual. Como muestra de lo anteriormente señalado, este relato: “Yáraaba, molesta, se fue al río. Una vez allí se quitó el guayuco y el amarre. Lanzó el guayuco y el amarre al rio, con su poder convirtió el guayuco en una manta raya, y el amarre en temblador. Y ella, Yáraaba se convirtió en manatí”. Yáraaba es uno de los tantos símbolos que hablan del poder de la mujer kar’iña, de una fortaleza mágica, espiritual transformadora y si se quiere, arrolladora. Y ella como ancestro impulsa a la acción. En nuestros tiempos, esa acción está presente en el accionar constante de las mujeres kar’iña para alcanzar los derechos consagrados en la Constitución Nacional, son de ellas las voces que se alzan tanto en la comunidades como en los espacios gubernamentales exigiendo el cumplimiento del mandato constitucional, especialmente en el reconocimiento del derecho a la propiedad de los habitats y tierras, pues entienden que esos espacios son garantías para la sobrevivencia cultural de los pueblos originarios.

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La sabiduría de la mujer kar’iña

El papel de la mujer kar’iña está íntimamente ligado a la preservación de los valores esenciales del modo de vida y de la cultura. En el pasado no muy remoto, este papel no trascendía los espacios de poder político comunitario, el cual era ejercido en exclusivo, con escasas excepciones, por los hombres. Sin embargo, es de destacar que en el ámbito espiritual y religioso las mujeres, especialmente las ancianas, compartían sabiduría y conocimientos sobre la medicina ancestral en igualdad de condiciones con los hombres. Este último aspecto, de suma importancia en la vida comunitaria coloca a la mujer kar’iña en un sitial especial, pues ella representa en esencia el poder que se le asigna a la Madre Tierra como proveedora de todo lo necesario para la existencia del pueblo kar’iña. En el mundo kar’iña tradicional, la mujer participa de manera activa en la búsqueda de acuerdos al hacer uso de sus vínculos familiares para favorecer la unidad de la comunidad, que luego los hombres, la mayoría de las veces, exponen en los espacios comunitarios o públicos. De allí la importancia que los grupos de familias otorgaban a los matrimonios, pues estos fortalecían los vínculos sociales, económicos

“El rol de la mujer kar’iña de cara a los nuevos tiempos es vital, pues de ella dependerán, en gran medida, los cambios que se produzcan en el interior de las comunidades”. y espirituales. Asimismo, debemos destacar que en los últimos años, especialmente a finales del pasado siglo, las mujeres kar’iña comenzaron a ser reconocidas como voces claves de sus comunidades y a compartir espacios políticos con los hombres, al ser electas algunas de ellas como jefas de comunidad. También el acceso a la educación formal del país, ha favorecido su escogencia para ocupar cargos de docentes, enfermeras, diputadas, concejalas, entre otros. Las culturas de los pueblos son dinámicas y la cultura kar’iña lo es en esencia, por eso los cambios o transformaciones no son vistos como una pérdida, sino como parte del largo recorrido que le ha tocado a los kar’iña realizar para afianzarse como un pueblo más

Es importante también señalar que en el mundo indígena, especialmente en el grupo lingüístico caribe, al cual pertenecen los kar’iña, el reconocimiento de la igualdad de género ha venido siendo aceptado sin grandes traumas, en parte porque en el origen mismo del mundo kar’iña están presentes tanto el hombre como la mujer, cada uno cumpliendo roles sociales y espirituales específicos como complemento los unos de los otros. Actualmente, en una reunión comunitaria, por ejemplo, participan hombres y mujeres por igual, solo las pugnas políticas partidistas han logrado fracturar de manera alarmante el sentido de unidad e igualdad que caracterizaba a las comunidades originarias. El rol de la mujer kar’iña de cara a los nuevos tiempos es vital, pues de ella dependerán, en gran medida, los cambios que se produzcan en el interior de las comunidades, especialmente el afianzamiento o no de valores culturales esenciales, además de la revalorización del idioma. En este sentido, es bueno recordar nuestra voz ancestral: Na´na kari´ña rootena. Amükkon pájporo itooto mantu. No en el sentido negativo que algunos han querido darle, sino como un llamado a la identidad cultural propia, que es además un derecho de cada uno de los pueblos del mundo.


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Una experiencia de lucha y resistencia

Suchoonyuu mmá: Hijas de la Tierra Librada Pocaterra

Rosa Trujillo A nuestra hermana de la vida y de la lucha, Renilda Martínez, coordinadora general de la Red de Mujeres Indígenas Wayuu, quien recientemente se fue a Jepira donde sabemos está descansando y guiando nuestro camino.

Creación de la Red de Mujeres Indígenas Wayuu Suchoonyuu Mma Un día, no sé en qué momento, pero recuerdo que estaba próxima la IV Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing 1995, Noelí Pocaterra, nos convocaba a una reunión nada formal para decirnos que era el momento de organizar un espacio de encuentro de y para las mujeres indígenas. Nos reunimos un 24 de febrero en la famosa calle Carabobo de la ciudad de Maracaibo, éramos como treinta mujeres, mayores, adultas y jóvenes, no sabíamos mucho del espacio

Festival de la cultura wayuu, disponible en: lanochedelarcoiris.blogspot.com

internacional, pero si sabíamos mucho del trabajo comunitario, social, cultural, del trabajo de la salud. Éramos conocedoras de nuestras propias realidades, de los barrios indígenas, de las comunidades, de la frontera de aquí y de allá, de lo urbano, de lo rural pero sobre todo de lo indígena, de eso si sabíamos. Escuchamos esa voz sabia y con visión de futuro de Noelí Pocaterra, una vez más nos conducía de manera visionaria por el camino de la lucha social por nuestros derechos históricos; sin duda era la lucha de la resistencia indígena. No nos imaginábamos que años más tarde el Presidente Chávez oiría esta voz cambiando el Día de la Raza a Día de la Resistencia Indígena. La mayoría de nosotras nos convertiríamos años más tarde en seguidoras activas del proceso bolivariano. Noelí nos hacía entrega de la punta de un hilo para empezar a tejer y tejer y por eso la representación que escogimos fue una mujer tejiendo y fue la misma representación simbólica que se entregó cuando se hizo la primera traducción al wayuunaiki de la Constitución Bolivariana durante el proceso

Noelí Pocaterra a la derecha con su prima. Fotografía cortesía familia Pocaterra.

Este trabajo es una escritura a cuatro manos, hermoso intercambio, refrescamiento de la memoria. Es consecuencia de un proceso de resistencia emprendido por mujeres indígenas de una sociedad que las conmina a la negación y al extravío. Nos ha guiado el afecto y el amor a la justicia y equidad. Sabemos que somos raíces de cujì en el desierto del medanal, flores de cactus, escondidas en la intensa pasión de kai kai ( la palabra kai es sol y repetida dos veces hace referencia a la intensidad, a la resolana en el idioma wayunaiki). Hablamos de historias de mujeres indígenas que se unen en una red para ayudar a otras mujeres y enfrentarse a la pobreza, alzando su voz en cualquier lugar posible. Esta breve reseña del nacimiento de la Red de Mujeres Indígenas Wayuu, está inevitablemente ligada a la historia de los movimientos de mujeres en el mundo y al encuentro de mujeres de distintos pueblos originarios, expresión de la diversidad de culturas, idiomas y conocimientos ancestrales, todas ellas luchando por Ser en un mundo difícil y complejo. Los recuerdos vienen de Librada Pocaterra, una mujer wayuu que ha tenido la experiencia de vivir en la frontera y la ciudad, como tantas mujeres indígenas que aún viviendo en la ciudad han conocido de cerca el significado de la vida en frontera por su infancia y su familia. Mujeres cuyo idioma es poesía, y recuerdan el tejido de una lucha hecha al calor y al fragor de un huracán amoroso y sencillo.

“Nos ha guiado el afecto y el amor a la justicia y la equidad. Sabemos que somos raíces de cujì en el desierto del medanal, flores de cactus, escondidas en la intensa pasión de kai kai…”


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Niñas wayuu, disponible en: www.wayuunaikiperiodicoindigena.blogspot.com

constituyente. Habíamos cumplido y seguíamos con la lucha por la transformación social y contra la discriminación, a veces dentro de la red, en el espacio nacional y en el internacional, probablemente este tejido nunca terminará. Nacimos para darle forma a una estructura horizontal que nos uniera en un espacio de articulación y de representación de las mujeres indígenas, es por ello que nacemos como organización y escogemos el nombre de Red de Mujeres Indígenas Wayuu (Suchonyuu Mma) Hijas de la Tierra. Nuestro nombre también tiene un sentido profundamente ecológico: está enraizado en la cosmovisión del pueblos wayuu. Nuestras motivaciones para crear la Red de Mujeres Indígenas En esa primera reunión, especie de conversatorio, escuchamos las reflexiones más sentidas de cada mujer acerca de por qué era necesario juntarnos y organizarnos. Muchas madres decían que sus hijas estaban avergonzadas de ser indígenas, -ya no quieren ser wayuu, ya no usan las mantas, ya no hablan nuestro idioma, ya no somos escuchadas, ahora somos golpeadas e insultadas por nuestros compañeros. Nos preguntábamos qué esta pasando con nosotras mismas, dónde están las enseñanzas trasmitidas por nuestros ancianos y ancianas. Era necesario y oportuno ese primer encuentro y allí decidimos que una docente, una maestra, Renilda Martínez, fuese nuestra coordinadora general, y así sucesivamente las otras coordinaciones de apoyo, casi 27 mujeres conformamos esta estructura

y así parimos juntas la primera organización de mujeres indígenas en nuestro país, le dimos un nombre y luego le sacamos partida de nacimiento haciendo nuestra acta de registro. Una vez organizadas, como una primera prueba del destino se nos presenta una emergencia sanitaria en las comunidades indígenas de La Goajira, primero el cólera y luego la encefalitis equina. Fue algo muy duro, nos juntamos con la Dirección de Epidemiología Regional del Estado Zulia. Era una alianza necesaria, buscamos apoyo en la emisora de la Universidad del Zulia LUZ FM que nos dio apoyo para las grabaciones de mensajes de alertas en wayuunaiki bajo las orientaciones de Noelí, en ese entonces jefa del Departamento de Estudios Socio-Antropológico de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, de cómo tratar a las personas enfermas, cómo trabajar y hacer el seguimiento a un cordón sanitario y epidemiológico. También en esos momentos de angustia y tensión conocimos el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia y pasamos a ser contraparte de esta agencia, la cual nos brindó su acompañamiento técnico y financiero. Durante el tiempo de emergencia sanitaria llegamos a sentir que para el resto del país era solo un problema de los indígenas y de la frontera. Precisamente por no creer en el llamado que hacían las mujeres indígenas, hasta le costo el cargo a un ministro . Los proyectos emblemáticos Estas actividades se convirtieron en proyecto emblemático muy significati-

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Mujer wayuu, disponible en: www.wayuunaikiperiodicoindigena.blogspot.com

vo; fue el trabajo por la niñez, la adolescencia y la juventud indígena, por eso realizamos el Primer Encuentro Nacional de Niños, Niñas, Adolescentes y Juventud Indígena. Por primera vez en el territorio de los wayuu reuníamos 100 niños, niñas, adolescentes y jóvenes indígenas. Este no era un plan vacacional, era un espacio para el encuentro, la reflexión, para hablar de nuestras identidades: quiénes somos, de dónde venimos, dónde estamos; compartir nuestros alimentos, nuestros juegos, nuestros cuentos, nuestros cantos, nuestros sueños, nuestras esperanzas; todos y todas, gente de distintas edades, ancianos, ancianas, madres, padres, tíos, tías, hermanos, hermanas, en un diálogo de sueños y esperanzas de la familia extendida. Este trabajo nos orientó y sabíamos que ese era el camino: abonar, sembrar y regar en las generaciones futuras. Por allí es el camino; aun hoy en día, nuestro trabajo esta orientado a darle continuidad a ese tejido de hilo fino. Trabajar con el ser humano desde el primer momento de su alimentación, la lactancia materna. Podemos entonces decir que nuestro objetivo es visibilizar los liderazgos naturales de las mujeres indígenas para fortalecer la defensa de los derechos humanos y culturales de los pueblos y mujeres indígenas. Seguimos tejiendo la red y ahora, hemos despedido físicamente a la coordinadora general Renilda Martínez y ya vemos los frutos en muchas mujeres, niños, niñas y adolescentes indígenas. El tejido se continuará haciendo y tendremos mucho que contar, entre otras

cosas, que se pusieron en marcha, con el apoyo de la Fundacion Kharen de Alemania, Planimara, Corpolec y Cuba Solar, ocho pozos de agua con tecnología híbrida eólica y solar en comunidades de la Alta Goajira. Necesitamos seguir formándonos para dar mantenimiento y continuidad a todos estos proyectos. Son muchos los avances, ahora tenemos más participación política, queremos superar barreras personales y culturales, y por encima de todo consolidar el movimiento y las organizaciones de las mujeres, y continuar haciendo nuestros propios proyectos de vida en la visión de interculturalidad necesaria para ser partícipes de la vida de la nación, tanto en los espacios privados como en los públicos. Como dice Noelí Pocaterra en honor al Día de la Resistencia Indígena: “No es tarea fácil, ya que nos enfrentamos al legado de la colonia como constructora de la conciencia personal y colectiva de una nación. Han sido muchos años de Colonia celebrando la invasión, construyendo una psicología de los descubiertos, de los mandados, de la vergüenza étnica, de la negación de los orígenes primeros y de la convocatoria a vernos en el espejo del conquistador y no en el propio. Nos corresponde ahora seguir construyendo el Estado pluricultural y multiétnico, ese es el reto…”.


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Venezuela tierra arcoiris Me unté jengibre y ají en los ojos habló silencio –dijo– mi voz gobierna. ¡Irrumpe! Waikaipuro cacique ancestral de Waraira Repano, llanos y selvas. Grita –¡vengan a ver el último hombre libre de estas tierras! Gritos… libertad del bravo pueblo contra la corona española nos sorprenden desde Ávila, Vela y llanos: Simón Bolívar, Miranda, Sucre, Chirinos, Zamora. ¡Son libertadores! Grito popular… gente olvidada en la historia despertó Ávila… ¡Tiemblan Amos del Valle! Oí un rugido revolucionario, con un objetivo propuesto por un comandante Chávez descendiente de un mulato, indio, blanco, hijo de la diversidad, color y luz. Luces, ideales y voluntades… pasaron frente a mis padres, mis parientes… Pasaron frente a gente diversa como él… Subí a Waraira Repano, gritando y llamando A mi madre tierra Caribana: ¡Wayaanaa… Wayanaa..! A mi madre tierra Kuna yala: Abyayala… Abyayala..! Girando mi visión hacia el noroeste, Observe en los pies de la montaña… Apareció una serpiente de siete cabezas arco iris policromado encorvando su cuerpo, bajando y mirando al mar dijo: -Rompamos prejuicios históricos y libres seremos siempre”. Giré hacia el sureste, vi la Chacakana (Cruz del Sur) Señalándome: ¡Vamos por el camino correcto! Morela Maneiro, poeta y escritora Kar’iña


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