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MS Católic marzo 22, 2024

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mississippicatholic.com

22 de marzo de 2024

“Sirviendo a los Católicos Hispanos de la Diócesis de Jackson desde 1997”

Peregrinación fronteriza como Vía Crucis para Hermanas

La hermana Carol Selak, de las Hermanas del Santo Nombre de Jesús y María, y la hermana Beatriz Tavera, de las Hermanas del Servicio Social, hablan con una adolescente después de recibir una bendición el 8 de febrero de 2024, en el Refugio Cobina Posada del Migrante. en Mexicali, México. (Foto de OSV News/Rhina Guidos, Informe Global Sisters)

Por Rhina Guidos

SAN DIEGO (OSV News) – El último intento de reforma migratoria del Congreso estadounidense, a principios de febrero, estaba fracasando. Las hermanas estaban pendientes de ello. Pero su atención, del 5 al 9 de febrero, se centraba en el camino – a través del frío desierto – desde San Diego, California, EE.UU., hacia México. Intentaban descubrir lo que el paisaje, los migrantes y el Espíritu Santo quería decirles durante una “peregrinación fronteriza” de cinco días. "Esto no fue solo monjas cruzando la frontera y sintiéndose bien", dijo la hermana Suzanne Cooke, provincial de EE.UU.-Canadá de la Sociedad del Sagrado Corazón, una de las casi dos docenas de hermanas de diversas congregaciones que participaron. La peregrinación fue una oportunidad para contemplar "¿qué está diciendo Dios?" y reconocer "¿cuál es" la "responsabilidad? (de cada una de las hermanas)", dijo la hermana Cooke a Global Sisters Report el 9 de febrero. Las hermanas quedaron impresionadas por las historias de las personas que conocieron en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México, entre ellas la de una familia de 10 miembros proveniente de Afganistán que huía del trato que los talibanes daban a las mujeres; otra familia peruana de siete miembros que se marchó tras las amenazas de elementos criminales; y un joven checheno que escapaba de Rusia. A pesar del silencio, los paisajes por los que las hermanas pasaron en el desierto tenían mucho que decir sobre las tragedias y la ignominia a las que se enfrentan cada vez más los migrantes, como "un campo de alfarero con una valla", como se refirió una hermana a una parcela de tierra donde están enterrados restos

humanos no identificados, posiblemente de migrantes. También visitaron un campamento abandonado, el único refugio que protegía a los que habían recientemente cruzado la frontera, enfrentándose a la lluvia fría y la nieve que han azotado el desierto al sur de San Diego esta temporada. "Hablábamos de (hacer) 'peregrinación', pero parece casi como un viacrucis", dijo la hermana Suzanne Jabro, de San José de Carondelet, al referirse a los relatos de penurias a lo largo del camino. Jabro, junto con la hermana Lisa Buscher, de la congregación Religiosas del Sagrado Corazón; la hermana Mary Waskowiak, de la Misericordia, y el fraile franciscano Keith Warner – todos ellos de la zona californiana de San Diego y Palm Desert – organizaron la peregrinación, que inició y culminó con una reflexión en la Escuela Franciscana de Teología de la Universidad de San Diego. Los organizadores dijeron que esta era una oportunidad para que las congregaciones reflexionaran sobre "los próximos pasos en el ministerio con los migrantes, ya sea en servicio directo, atención pastoral, educación o defensa". Pero la peregrinación también brindó la oportunidad de establecer contactos y discernir, como religiosos, lo que está ocurriendo en la frontera más allá de los titulares y cómo responder, según afirmó la hermana Jabro. La peregrinación buscó ir más allá de una experiencia de inmersión en la frontera, explicó la hermana Buscher, quien se esforzó porque las hermanas observaran la situación "con los ojos del corazón". A veces, observar de esa manera parecía causar dolor y lágrimas. La hermana Clara Malo Castrillón, superiora provincial de las Religiosas del Sagrado Corazón de Méx-

ico, lloró mientras apoyaba la cabeza contra una valla metálica que separaba los restos de migrantes enterrados en el cementerio Terrace Park de Holtville, California, durante una parada de la peregrinación el 7 de febrero. Al estar prohibida la entrada de esa parte del cementerio, ella y otras hermanas tiraron flores por encima de la valla, las cuales cayeron cerca de los ladrillos marcados con el nombre genérico John Doe que se le pone en inglés a cadáveres cuya identidad se desconoce. Rezaron por los que están enterrados allí; algunos murieron ahogados o por el calor. También elevaron sus oraciones por las familias de los enterrados, las que quizá nunca sepan qué les ocurrió a sus seres queridos. La hermana Phyllis Sellner, de las Hermanas de San Francisco de Rochester, Minnesota, dijo que la imagen de la Sagrada Familia se le venía a la mente al contemplar el frío paisaje de otra parada que hicieron durante la peregrinación: un campamento abandonado cerca de Jacumba Hot Springs, una pequeña comunidad en el desierto al sur de San Diego. Hasta hace poco, este lugar servía de centro de detención no oficial al aire libre para migrantes que se entregaban a las autoridades fronterizas. Los voluntarios habían estado llevando agua, alimentos y otros artículos de primera necesidad a quienes se encontraban en el desolado paraje natural tras cruzar la cercana frontera con Estados Unidos. Algunas hermanas del grupo rezaban, otras observaban el interior de las tiendas y los objetos que los migrantes habían dejado y que ofrecían poca protección del frío: sacos de dormir mojados, zapatos y una pequeña olla con un gran trozo de madera que parecía haber servido para mezclar comida.

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