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Boletín: «Tenemos Esperanza» N° 7

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FEBRERO 2025

Nº007

Año II

Espacio de comunicación del Presbiterio Colonia Sur de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata

Rosario | Tarariras Colonia Valdense · La Paz Playas · Colonia Española · Sauce Colonia del Sacramento · San Pedro La Barra · El General · Riachuelo Colonia Cosmopolita · J. Lacaze El Encuentro · Barker

Cual si fuera mar “Hay dos pequeñas calas entre esas rocas. Quitaos las ropas y entrad a sus aguas. La salinidad es tal que os mantiene suspendidos en cualquier posición. Estaréis así por un instante incluido dentro de una gran esmeralda líquida. Los millones de células de vuestra piel experimentan un goce que no conocían desde el día del nacimiento. Volvéis a estar en un líquido isotónico, tibio, maternal, que os suspende y columpia como antes de nacer lo érais y como solo lo sois ahora durante ciertas noches, que os soñáis flotantes y sin peso.” Con estas palabras describía Isidro Más de Ayala una escena de la costa atlántica, a fines de los años ‘50 (Y por el sur el Río de la Plata, 1958, p.56). Poco o mucho puede haber cambiado de aquel paisaje, pero la sensación de estar suspendido, como un cuerpo que flota a la deriva en una masa colosal, permanece. Isidro Más de Ayala consigue dibujar con letras la experiencia sensorial, casi mística, del baño en el mar. Que no es baño refrescante, no es chapoteo ni remojo de pies; es la sensación de ingresar a otro medio, a otra sustancia, cuando mi cuerpo se funde con un universo de partículas. Encontré este texto por casualidad, a pocos días de haber visitado el campamento juvenil rioplatense, que este año se celebró en Palmares de la Coronilla. Me llevé el olor salino en mi ropa, el calor del fogón en la planta de mis pies, el eco de las canciones nuevas resucitando en mis silencios, los aromas tibios de la cocina y la sensación intransferible de haber formado parte de una pequeña comunidad. Como si mi cuerpo, fundido en el océano de los demás, se hubiese movido a un mismo ritmo, impulsado

En este número:

p. 2 | El eunuco y Felipe p. 3 | Tejiendo diversidades - Experiencias de diálogo interreligioso ps. 4 y 5 | Cartelera de actividades p. 6 | Redes para la salud mental p. 7 | Experiencia de Fede Plenc en PEAPI p. 8 | Campamentos

por una misma fuerza, atrapado por una corriente circular. Lo que experimenté no fue totalmente nuevo, fue una conexión con muchas otras experiencias anteriores. Porque los campamentos -con presencia de río, arroyo o mar-, tienen algo fundacional. Todo campamento es en nuestras iglesias una experiencia de convivencia, de construir vínculos que no se pueden soltar. Es una oportunidad para reconocerme en medio de lo demás. ¿Cómo olvidar a quien compartió conmigo el pan? En el rioplatense se habló mucho sobre la idea de contemplación: apreciar lo que me rodea para encontrar en ello una expresión de Dios. Entonces entendimos que los campamentos son esa invitación: a flotar y a sumergirse en una experiencia de comunidad. A sentir que no nado solo, y que todo lo que me rodea, TODO -la arena y los acampantes, la gente que cocina y las aves, el viento del sur y los árboles, el agua y el cañaveral- son parte de esta comunidad. Quizá para los discípulos de Jesús en la barca o para el mismo Jonás, no sea el mar la mejor metáfora para hablar de comunidad. Las experiencias cambian, pero seguimos sorprendiéndonos cuando reconocemos que somos una partícula ínfima en una Creación inconmensurable, de la que no nos podemos separar. Reconocer que floto y que dependo de ese mar que me contiene es algo central para entender el sentido del ser comunidad, en estrecha dependencia con cada partícula. Cualquier mes del año puede ser buen momento para un campamento. Tampoco hay edad. Te invito a dejarte columpiar por ese mar.

LA LU Z R ES P LAN DEC E E N LAS T I N I E B LAs - Juan 1:5


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