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Boletín: «Tenemos Esperanza» N° 4

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NOVIEMBRE 2024

Nº004 Año I

Espacio de comunicación del Presbiterio Colonia Sur de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata

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El cometa de la humanidad A

mediados de los noventa la infancia era otra cosa. No sé si mejor o peor, era diferente: despertarse para “salir a jugar” , almorzar con los dibujitos y a la escuela. A la vuelta, merendar y hacer los deberes bajo la mirada escrutadora de papá. Durante el informativo -cosa de grandes- nos íbamos al cuarto dejando la puerta abierta por miedo a los monstruos, y jugábamos oyendo de fondo las noticias. No eran policiales ni pura campaña electoral, era un informativo lleno de cuestiones del mundo, con nombres raros como Irán, un papa Juan Pablo, una oveja Dolly, un tal Chernobil y qué se yo qué más. En esa escuela sobre la que hoy todos quieren opinar, aprendí que vivíamos en un mundo globalizado -gran novedad con la llegada de internet-, y que todo lo que ocurriera en un lado podía repercutir por acá. Costaba imaginar que lo que pasara en China podía llegar a Uruguay. No sé por qué razón, pero hubo una cosa que marcó mi infancia y me hizo salir de la ingenuidad arcádica de quien solo vivía para ir a la escuela y salir a jugar. Recuerdo una tapa de la revista Muy Interesante, que anticipaba el posible impacto de un cometa contra la Tierra. Algo que, según científicos, podría ocurrir en miles de años. Solo era una posibilidad, una chance matemáticamente imprecisa, pero suficientemente real como para quedar prendida en la imaginación de un niño, que así se dio cuenta de que su mundo conocido se podría terminar.

desaparición de la humanidad. Me costaba imaginarme a Dios en soledad. Han pasado años, y no hay aún cometas en vista. Tampoco creo que la humanidad haya hecho mejor los deberes que cuando los hacía en 1994. Sigue habiendo, aquí y allá, movimientos religiosos que anuncian el fin de los tiempos, tal como también existieron siglos atrás. Pero lo insólito de nuestro presente, es que hoy la posibilidad de un cataclismo no se relaciona con una fuerza exterior a la humanidad. No será un diluvio, ni un cometa, ni el estallido del sol. Antes seremos nosotros mismos, nuestra civilización, nuestra cultura orgullosa y predatoria, que está comiendo desde dentro su propia barca. Es irónico pensar que por tanto progresar estemos adelantando nuestro propio final. Nos hemos convertido en nuestro propio cometa, el que amenaza con toda la biodiversidad. Vuelvo al vacío en el pecho que experimenté mirando esa revista en mi niñez. Pero hoy siento -creo firmemente-, que hay gente con gestos sencillos, preguntas provocadoras, opciones de vida e iniciativas poderosas. Están haciendo algo por cambiar. Yo los he visto, están ahí, alterando la trayectoria del cometa. Y Dios, que no quiere estar solo, ayuda a empujar.

La respuesta de mi mamá no era un gran consuelo. No alcanzaba con saber que cuando eso ocurriera yo no iba a estar. La sola idea de una Tierra vacía, de una humanidad borrada, me parecía inimaginable. Llegué a preguntarme, incluso, cómo se sentiría Dios ante la

En este número:

p. 2 | La tierra no puede soportarnos p. 3 | Esperanza en tiempos de crisis ecológicas ps. 4 y 5 | Cartelera de actividades p. 6 | Vida plena, muerte digna p. 7 | Nueva coordinadora Ecoteología - Cen. Emmanuel. p. 8 | Cantemos nueva canción

Sea tu paz, bendita y hermanada a la justicia. Que abrace al mundo entero, ten compasión. (...) ¡Kyrie Eleison!

LA LU Z R ES P LAN DEC E E N LAS T I N I E B LAs - Juan 1:5


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