Franqueo a pagar Correo Uruguayo cuenta n°728
Abril 2026
N° 43
ESTE periódico valdense Iglesias Evangélicas Valdenses del Este Uruguayo
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Donde está tu tesoro, está tu corazón Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y se han causado terribles sufrimientos. Timoteo 6:10
deje de escandalizarnos, como si de últimas también en parte nos convenciéramos de que el dinero merece ese sacrificio. El lujo que esconde la vergüenza de una pobreza millonaria. Estoy convencido de que la riqueza y el poder ejercen sobre el ser humano un dominio diabólico. No llego a entender el secreto de sus artimañas, pero me rindo ante las evidencias. Su rasgo definitorio es el engaño.
“Es un lujo de la pobreza” decía don Joaquín Álvarez antes de dedicarse con cuerpo y alma a una siesta en el catre que lo esperaba a la sombra del sauce llorón. Tuvieron que pasar décadas para que yo comprobara que de pobre no tenía nada. No sé si él llegó a saber que era inmensamente rico. Seguramente no le hubiese interesado entrar en disquisiciones, así estaba bien. Vivía su lujo con gratitud y sin queja. Su patrimonio era un tordillo gordo y manso que conocía de memoria las casas del pueblo y un carro lechero con el que parecían una unidad indisoluble.
Despachaba la leche que compraba en unos tambos chicos de los alrededores y se pagaba a sí mismo con el dinero que le dejaba en la olla una clientela con más ganas de dormir otro rato que ver si al litro le faltaba alguna gota. No la despachaba el tordillo porque no tenía el pulgar antepuesto, pero estoy seguro que conocía la rutina de memoria. Para él, el almuerzo era un derecho humano. Aseguraría que nunca supo que se contaba entre privilegiados. Pero aquella siesta era su lujo. Muchas veces pienso que hoy don Joaquín sería
mucho más rico que en aquel entonces. En un mundo enloquecido por el dinero no nos asombra saber de alguien que ha acumulado tanto poder y tanta riqueza que no puede dormir toda la noche en la misma cama, que tiene autos de alta gama figurando como ajenos y escondidos en un sótano para ostentarlos sólo ante sí mismo. No tiene derecho a confiar en nadie y le es necesario incluso renovar cada tanto, muerte mediante, su vigilancia personal porque no puede darse el lujo de que alguien conozca tan de cerca su vida ni que la amistad vaya más allá de la conveniencia. El final de la carrera muchas veces es previsible, pero igual se corre. Es de una estulticia demencial, pero el riesgo es que
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“Todo esto será tuyo”, le susurra Satanás al oído a Jesús en el desierto mientras mira desde lo alto “todos los países del mundo”. “Yo te daré todo este poder y la grandeza de estos países. Porque yo lo he recibido, y se lo daré al que quiera dárselo”. Hay una condición: “si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo”. Miente, pero convence. El todo, de golpe se vuelve nada. Don Joaquín lo tenía clarísimo y el apóstol Pablo se sentía en la necesidad de que aquel joven Timoteo también lo supiera.
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