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Boletín: «Cuestión de Fe» N° 177

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MARZO

Nº177

2024

Año XV

Espacio de comunicación del Presbiterio Colonia Sur de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata

Rosario | Tarariras Colonia Valdense · La Paz Playas · Colonia Española · Sauce Colonia del Sacramento · San Pedro La Barra · El General · Riachuelo Colonia Cosmopolita · J. Lacaze El Encuentro · Barker

Hasta allá abajo “Bueno Billy, no olvides que Jesús está siempre contigo, incluso abajo en la mina.”

E

n una conocida novela de Ken Follet, un niño de trece años se prepara para comenzar su vida laboral. Es su cumpleaños, se despierta temprano, entre ansioso y atemorizado por su primer día de trabajo. Los padres y el abuelo le acompañan para desayunar, lo llenan de recomendaciones sobre el trabajo en la mina. A comienzos del siglo XX, para la clase trabajadora del sur de Gales, los trece años eran el nacimiento a la vida adulta. La escuela quedaba atrás, también los juegos de la niñez. Para la mayoría de los varones del pueblo de Billy, en ese cambio brusco de la niñez a la adultez, lo que quedaba delante era la inmensa mina de carbón. La mina y sus torres marcaban la geografía del lugar, y las conversaciones del pueblo estaban signadas por lo que ocurría en ese espacio a la vez cotidiano y enigmático: se hablaba de las explosiones o las intoxicaciones con grisú, del desmoronamiento de una galería, de un obrero mutilado por el golpe de una vagoneta, de un trabajador desaparecido o de las múltiples enfermedades respiratorias. La familia de Billy conocía esas historias, pero solo podían llenar el vacío que genera la incerteza con afecto, una vianda digna y muchas recomendaciones. Entre ellas, la expresión más ceremonial es la de la madre: “no te olvides que Jesús está contigo, incluso abajo en la mina”. Una afirmación típica de la religiosidad protestante de principios del siglo XX. Era la certeza de que Dios, en esa imagen dulce y a la vez

En este número: p. 2 | Mujeres p. 3 | Las mujeres y la Resurrección ps. 4 y 5 | Cartelera de actividades p. 6 | La dirección de El Pastoreo p. 7 | Un mural que conecta p. 7 | La Comisión Presbiterial

humanizada de Jesús, acompañaba aún en los momentos extremos. Es como una actualización del Salmo 23, un Dios que acompaña en los valles de sombra de muerte. Creo que la experiencia de este niño galés pudo haber sido similar a la de muchos valdenses, que en esa misma época eran tragados por las minas de talco de los Alpes, con la amenaza de los derrumbes o el fantasma de la silicosis. También pienso en los trabajadores de las canteras de Riachuelo, que en esa misma época quebraban cuerpos y truncaron biografías. Pocas veces ingresé a las galerías de una mina, pero el sentimiento de soledad, encierro y desorientación me alcanzó para entender la afirmación de esta madre. No importa lo que pase, no estás solo. Eso pasó en el relato. En un momento de desesperación, cuando la luz se apagó y Billy ya no pudo ver ni oír nada, empezó a cantar himnos. El temor empezó a ceder, encontró estrategias para soportar ese mal trago. Sin esperarlo, sintió que Jesús estaba a su lado. Es el milagro de sentirse acompañado. Hoy seguramente cantemos o digamos cosas distintas. Las formas de sensibilidad y espiritualidad van mutando, pero Dios es persistente. Sea con linterna de minero o con guardapolvo blanco, con una sonrisa dulce, con brazos maternales o con la fuerza del viento, Dios está ahí. Es capaz de llegar con nosotros hasta el fondo de la mina.

LA LU Z R ES P LAN DEC E E N LAS T I N I E B LAs - Juan 1:5


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