SEPTIEMBRE 2025
Nº014
Año II
Espacio de comunicación del Presbiterio Colonia Sur de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata
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Yo puedo L
a pila de exámenes para corregir era grande. Me gusta no respetar ningún orden: voy eligiendo un examen de arriba, uno del final, después escarbo para sacar del medio del montón. Es una sensación placentera romper con el orden original, marear los exámenes para que los papeles se vean desorientados y pierdan completa noción de cuál será el orden de corrección. Pero ese caprichoso mareo de caligrafías esta vez quedó detenido por un hallazgo. Una hoja resaltó entre las demás. En el encabezado, antes de que la estudiante desarrollara la respuesta número uno, había una frase escrita en tímido lápiz HB: “Yo puedo”. El hallazgo me intrigó. Un docente puede estar acostumbrado a leer fojas de teorías del cambio social, explicaciones enredadas sobre cómo es el canto III de la Ilíada, o explicaciones minuciosamente memorizadas de cómo la glucosa se convierte en energía dentro de una célula. Uno espera encontrarse con algo parecido, más o menos cercano, a lo que preguntó. Pero en este caso, la afirmación me desconcertó. “Yo puedo” Tuve que dejar a un lado el azar y corregir ese examen en primer lugar. Días después me entrevisté con el grupo para darles los resultados. “Yo puedo”, estaba ahí, expectante. Cuando recibió su calificación se alegró; no eran resultados de excelencia, pero lo había logrado.
Le pregunté por qué había escrito esa frase, sintió algo de vergüenza, pero lo explicó. Me dijo que cuando se siente insegura, cuando teme no estar a la altura, se repite para sí misma esa frase. Una expresión para autoafirmarse: decir “acá estoy” frente al viento y la adversidad. Es un gesto muy sencillo, que encierra en dos palabras la paradoja de la humanidad: nuestra inmensa vulnerabilidad y la búsqueda de superación. La expresión “yo puedo” me hizo viajar en el tiempo y recordar ese cuadrito de tela zurcida en bastidor que una vez encontré en la casa de una señora valdense que me triplicaba la edad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Por razones en las que ahora no vamos a entrar, el apóstol Pablo también necesitó reafirmarse en una situación de incertidumbre. Pero decir “yo puedo”, no es mostrarse poderoso, omnipotente o avasallador. No soy un boxeador a punto de noquear a mi rival. Digo “yo puedo” porque necesito confiar, porque busco reunir las fuerzas necesarias para pasar ese momento vital. A veces me topo con personas que están en el borde de ese abismo. No hablo de un examen, hablo de algo más trascendental. Me quedo pensando, cómo ayudarla para que pueda, qué gesto hacer para acompañar. A veces hay que escribirlo en papel, cerrar los ojos, confiar. Decirlo lentamente: “Yo puedo -o mejor-, podemos juntos.” Conjuguémoslo en plural.
En este número:
p. 2 | Tiempo de la creación p. 3 | Un único Dios. Razón y fundamento de todo lo que existe. ps. 4 y 5 | Cartelera de actividades p. 6 | En la antesala del Sínodo Italia 2025 p. 7 | 90 años de testimonio y misión. El Parque cumple años. p. 8 | É sempre tempo de amor
LA LU Z R ES P LAN DEC E E N LAS T I N I E B LAs - Juan 1:5