AGOSTO 2025
Nº013
Año II
Espacio de comunicación del Presbiterio Colonia Sur de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata
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El abrazo E
stos años en los campamentos de niñas y niños de la iglesia de Colonia, la canción “el abrazo” compuesta por Leticia Passeggi tuvo un impacto particular, inspirador. Especialmente lo tuvo la frase reveladora: “cuando lo das lo podes encontrar”. El abrazo efectivamente no existe de a uno/a, necesita al menos dos que mutuamente abren sus brazos para albergar a otro/a en su espacio, en su vida. La comunidad es igual que el abrazo, no existe sin ti, no existe sin mí, sin nosotras/os. Tal vez las instituciones pueden existir, y a penas por un tiempo, sin personas que encuentren en sus ámbitos comunión y estén dispuestas a hacerle un tiempo en sus vidas. Las iglesias más que instituciones, aunque también lo son y necesariamente ayudan a sostener mucho de nuestro obrar, son comunidades. Sin comunidad no hay iglesia, sin Jesucristo que es su centro y razón de ser no hay iglesia. Hace unos 20 años atrás visitamos a un pastor puertoriqueño que fue “exiliado” a una pequeñísima congregación reformada holandesa en el barrio de Queens, en Nueva York. Pocos años después, la congregación irradiaba vida por todos lados. Había nuevos grupos surgiendo a partir de aquel, nuevas obras, nuevos proyectos y mucha gente en las actividades. El cambio había sido increíble en poco más de una década. Deslumbrados por lo que veíamos y los testimonios que escuchábamos el pastor nos dijo
muy suelto de cuerpo: “Esta no es una iglesia común, nadie viene a escuchar, aquí todas las personas tienen una responsabilidad o se están capacitando para tenerla”. Efectivamente, había una persona que llegó una hora antes del culto pues su tarea era el mantenimiento de los baños, otra estaba encargada de las flores, otras eran encargadas del almuerzo que se repartía a personas en situación de calle. Efectivamente, cada persona que encontrábamos tenía una responsabilidad o se estaba preparando para ella. Como el abrazo, cada una de esas personas dando, encontraba. Cuando Jesús envió a sus discípulos, no los envió con “recursos” para ser autónomos, independientes (Lucas 9:1-6 y paralelos). Iban con una misión, con un mensaje y con poder del Espíritu Santo. Pero a cada poblado que llegaban, necesitaban un lugar para dormir, alimento para comer, y un hogar donde habitar. Eso generaba comunidad, quienes le recibían no eran meros oidores de la buena nueva del Reino de Dios (Lucas 9:2) sino que se convertían en hacedores de él. Los discípulos un poco, quienes les recibían otro poco y juntos, hicieron comunidad. Un abrazo te doy, un abrazo me das… Cuando lo das lo podes encontrar.
En este número: p. 2 | Donde quiera que vayas, iré contigo p. 3 | Fraternal pero concreto ps. 4 y 5 | Cartelera de actividades p. 6 | Reseña: Once capítulos, un libro que no cierra el camino. p. 7 | Competencias parentales en el Hogar Nimmo p. 8 | Salmo 850 - MusiCampa REC
LA LU Z R ES P LAN DEC E E N LAS T I N I E B LAs - Juan 1:5