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Boletín: «Tenemos Esperanza» N° 11

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JUNIO 2025

Nº011

Año II

Espacio de comunicación del Presbiterio Colonia Sur de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata

Rosario | Tarariras Colonia Valdense · La Paz Playas · Colonia Española · Sauce Colonia del Sacramento · San Pedro La Barra · El General · Riachuelo Colonia Cosmopolita · J. Lacaze El Encuentro · Barker

Sin el Google traductor D

e tanto que nos gustan los aniversarios y andar cumpliendo “años redondos”, se nos va a pasar una celebración fundamental. No me atrevo a dar una fecha exacta, pero sin ahondar demasiado en el texto bíblico, tendríamos que decir que pronto se conmemorarán los 2000 años de la primera experiencia cristiana de Pentecostés. Es una hermosa imagen de la primera comunidad cristiana, que en un tiempo de temor e incertidumbre vivió una experiencia trascendental. El Espíritu de Dios, manifestándose como viento y como fuego encendido sobre todas las personas que estaban reunidas en esa casa. Inspirándolas, renovando la esperanza, llevándolas a hablar no en lenguas desconocidas, sino en el idioma de quienes pasaban por esa ciudad. Imagino la maravilla del extranjero que los escuchaba hablar en su lengua natal, o del locatario que oía el rumor de dialecto de su madre, olvidado por la fuerza de otras lenguas más poderosas. Esa imagen de Pentecostés, ese sentido universal de la historia de Jesús y de su comunidad no se pueden olvidar. Estoy seguro, además, de que existen muchas otras imágenes, más actuales, que nos remiten a esa experiencia tan fermental. Recuerdo, que hace no mucho tiempo atrás, vino a casa un amigo con el que habíamos compartido campamentos, grupos de jóvenes, asambleas y tantas cosas más. Vino de muy lejos, solo de pasada y se quedó a cenar. Otra vez, en la iglesia, recibimos a un grupo de italianos que había decidido hacer un viaje para conocer esta otra mitad de su iglesia. Los recibimos, celebramos, cantamos por fonética, compartimos el pan.

Éramos una misma cosa a pesar del passato remoto y la estructura gramatical. Otra vez descubrí en mi trabajo que una colega compartía conmigo una misma fe, un mismo sentir, una misma espiritualidad. Y nos pusimos a conversar. Todas esas veces me sentí envuelto en esa experiencia de la comunidad original. Vernos al rostro, descubrir las diferencias, y celebrar la unidad. Cuando sentimos que el espíritu de Dios se nos enciende en la cabeza y hace arder el corazón, cuando sentimos esa sintonía tan extraña que no anula las diferencias pero que genera complicidad, ahí vibra la fuerza inexplicable de Dios. Tejiendo como abuela generosa, abriendo puertas, generando más conexiones que un satélite espacial. Y ahí no hay necesidad de diccionario ni de activar el “Google translate”. Alguna vez me preguntaron: ¿cómo hiciste para tener un amigo en La Pampa? ¿de dónde conocés a esa gente que es de otro lugar? ¿sos tan amigo de Fulana, que es tan distinta a vos y de otra edad?No tengo respuesta para esas preguntas raras. Capaz el raro soy yo, o somos nosotros, no sé… Pero yo siento -y no es nada racional- que la fe compartida tiene esa cualidad. Nos acerca aún cuando la historia nos haya llevado a hablar distintas lenguas. Nos entendemos, sentimos que estamos en el mismo lugar. Y eso no lo explica ni la Inteligencia Artificial.

En este número: p. 2| Pentecostés. Vivencia inspiradora de unidad. p. 3 | Resignificar lo que habitamos... ps. 4 y 5 | Cartelera de actividades p. 6 | Una comunidad nueva pero con varios años p. 7 | ComuniCampa 2025 p. 8 | Sopla por donde quieras

LA LU Z R ES P LAN DEC E E N LAS T I N I E B LAs - Juan 1:5


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