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Boletín: «Este» – edición junio 2025

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Franqueo a pagar Correo Uruguayo cuenta n°728

Junio 2025

N° 33

ESTE Periódico Valdense Iglesias Evangélicas Valdenses del Este Uruguayo

Redactor responsable: Oscar Geymonat, Iglesia Valdense en Montevideo - 8 de octubre 3039 - 24879406 / 098644838 - secretaria.ievm@vera.com.uy | Impreso en Tintas del Yi

Fue la mañana de aquel mismo día Le llamó la atención que se levantara temprano. Mi padre me lo contó como cuarenta años después. La tía Reneé era más noctámbula que madrugadora. Para dejar las sábanas antes de las siete, aun en verano, necesitaba un motivo especial. Lo tenía. Aquellos canarios, cardenales y otros que mi pobreza ornitológica me impide recordar, saltaban del tejido de la jaula a una especie de trapecio central, bajaban al bebedero, picoteaban la ración y volvían a saltar en una especie de noria que yo no podía mirar más de tres minutos sin sucumbir a un estado de ansiedad que me desesperaba. No volaban. Cantaban, pero me impresionaban esos ojos que no paraban de moverse como si no encontraran reposo, en actitud alerta, a la defensiva. Hoy pienso que instintivamente buscaban algún huequito para salir.

“son míos”. Lo imagino. Entonces nadie me lo dijo, cuarenta años después tampoco y ahora, cuando pasaron otros quince por lo menos, me pongo a pensarlo vaya uno a saber por qué. Tengo por las jaulas un rechazo visceral. Si me interesara buscar la razón capaz que ameritaba una consulta psicológica. Por el momento tengo otras urgencias. Pero cómo ganó la tía Reneé un pedazo de libertad sólo por reconocer la ajena aquella mañana que se levantó temprano, me viene picando debajo de la gorra.

La tía los saludaba todas las mañanas y decía que le respondían cariñosamente. Lo dudo. Ella seguro que lo dudó mucho tiempo. Hasta aquel día en que se levantó temprano porque tenía la plena seguridad. Mi padre me dijo que abrió primero la puertita de la jaula por la que ponía la ración y el agua y después la grande, cerca del techo por donde un día los pobres habían entrado sin querer. Todavía golpeó el tejido para que salieran de una vez con la urgencia de quien quiere dejar atrás una vieja deuda. “Ahora sí”, me contó mi padre cuarenta años después que había dicho la tía Reneé antes de poner la yerba al mate. Él no supo nunca el tamaño de

su alivio ni yo puedo imaginarlo. Pero dijo “ahora sí” y seguro que para los pájaros y para ella, empezó un nuevo tiempo. Me gusta imaginar que entonces empezaron a cantar para el vecindario; que aumentó el auditorio y mejoró la acústica, que la tía Renée podía escucharlos sin tenerlos prisioneros, que les seguía poniendo ración, ahora un poco más lejos. Ellos habían aprendido a cultivar el recelo pero conservaban “la memoria del burro que no olvida ande come”. El canto era ahora un regalo y la comida sólo una deuda de amor. La cárcel de sus cantores, también la tenía presa y me gusta imaginar que al fin la tía Reneé lo había entendido. El egoísmo que buscaba privatizar aquel canto y volverlo suyo, tenía un alto costo para el único beneficio de decir:

Cuando en verano empieza a amanecer, tengo la impresión de que los trinos me cantan esa partecita del Sermón del Monte: “hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes, porque en eso se resume la ley y los profetas”. Y me parece clarísimo.

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