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COLABORADORES DE LA EDICIÓN
Dirección
Mtro. Miguel Ángel De León
Coordinación
Mtro. Miguel Ángel De León
Editor de contenido
J.E. Cervantes Cervantes
Edición y Diseño
D.G. Aidé Amelia Huerta Torres
Autor “La Cueva del Clan”: J.E. Cervantes Cervantes
Autor “ISKALTIPS del mes”: Psicoterapeuta César Valencia de la Fuente
*Si tienes comentarios en relación a este boletín, o a nuestros productos y servicios. Escribenos a: contacto@iskalti.com

EDI T O RIA L
Diciembre marca el cierre de un ciclo más. E ISKALTI, siempre con el compromiso vivo de mejorar las condiciones de vida de la comunidad y no sólo de velar por el buen comportamiento individual: celebra con orgullo la edición número 100 de su boletín ISKALTIPS. Con estas cien ediciones, acompañando a las familias, impulsando valores y construyendo bienestar más allá del simple “buen comportamiento”, te invitamos a que en este mes de estas y convivencia familiar, abras la oportunidad de compartir y re exionar con tus seres queridos sobre los contenidos de valor que mes a mes te hemos presentado. Convirtiendo estas celebraciones también en un espacio de consciencia, diálogo y por supuesto… bienestar para toda la familia.
En la sección La Cueva del Clan: Protección en Primera Línea, Pro-Defensa presenta la conclusión de su cuento “Tres metros mas”. Donde el viaje interior del personaje plantea que los adolescentes no siempre necesitan soluciones inmediatas o inalcanzables, sino acompañamiento para dar un paso más cuando sienten que no pueden continuar. Subrayando la importancia de crear ambientes seguros; animándolos a desarrollar y con ar en sus propios recursos internos.
El artículo de este mes, “Qué tanto conocemos acerca de la discapacidad”, nos invita a reconocer una realidad aún marcada por barreras y silencios; que no residen sólo en una condición física o sensorial, sino también en los obstáculos sociales que limitan la participación plena, llevándonos a revisar nuestras miradas para construir entornos más accesibles y respetuosos para quienes viven estas situaciones. Presentándonos claves prácticas y re exiones para avanzar hacia una comunidad más consciente y humana.
Animamos a todos nuestros lectores a llevar estas re exiones a sus conversaciones cotidianas y deseamos que este n de año brinde descanso, claridad y momentos signi cativos en familia que abran espacios a nuevas formas de CRECER juntos. Que las celebraciones renueven la esperanza y fortalezcan los vínculos que nos sostienen. Agradecemos su con anza a lo largo de este ciclo. Seguiremos acompañándo con contenido útil y cercano. Reciban nuestros mejores deseos para unas estas llenas de sentido y bienestar.
ISKALTI SIGNIFICA CRECER, CRECE CON NOSOTROS.
SECCIONES NUESTRAS
ISK ALTIPS del mes 6 14
La Cueva del Clan: Protección en primera Línea
Tres metros más
Qué tanto conocemos acerca de la discapacidad
¿QUIÉNES SOMOS?
Nacimos en 1994, somos un equipo de terapeutas profesionales dedicados a la atención y educación psicológica. Nuestro principal objetivo es apoyar a las personas promoviendo su crecimiento personal, sostenidos desde el amor, los valores y la sana convivencia a través del autoconocimiento, logrando la estabilidad emocional, desarrollando las habilidades y competencias del individuo.
¡Estamos para servirte!





Atendemos a aquellas personas que se enfrentan a la imposibilidad de cubrir un servicio terapéutico de especialidad, proporcionándoles atención acorde a sus posibilidades. Al mismo tiempo, recibimos nuevos profesionales, a quienes impulsamos y formamos dentro de su profesión.

lå çüëvå dël çlåñ:
Protección en primera línea
TRES METROS MÁS

Por J.E. Cervantes Cervantes
Subdirector Pro-Defensa
SEGUNDA PARTE
Capítulo III
La hoja llegó boca abajo, como si el profesor supiera que era mejor no mirar. Matías ya lo intuía, la sintió caer sobre su pupitre como un ladrillo en el estómago. Era el examen final de física.
Reprobado. Otra vez.
Las cosas seguían saliendo mal. Pero esta vez no era un tropezón. Era una caída con rodillazo en el orgullo. Con manchón en el historial académico. Con mirada decepcionada de su tutor. Y peor: con ese silencio largo de su madre cuando él entrara a casa.
El camino de regreso se le hizo eterno. La lluvia, la ciudad rugiendo como si no le importara. Y no le mportaba. Nada se detenía por su fracaso.
Cuando por fin se encerró en su cuarto, se tiró a la cama con el uniforme puesto. No lloró. Ya ni eso. Solo dejó que su cuerpo se hundiera en la colcha como si quisiera desaparecer.
"¿Para qué seguir?" pensó. “¿Para qué presentar los extraordinarios?” "Ni aunque me parta el alma leyendo, ni aunque estudie toda la noche, no me alcanza. No soy suficiente."
Pero entonces... apareció. No una idea. No una emoción. Una “presencia”. Silenciosa. Como si alguien estuviera con él, sentado a su lado, aunque sabía que estaba solo. No podía describirlo. Era como si su mente le enviara un eco con forma de voz. La misma que creyó escuchar en la cancha. La que decía: "Tres metros más."
"No tengo fuerza," se dijo.
"¿Y si solo haces un poco más? No todo. Solo un poco."
Matías no contestó. Pero algo en su pecho se aflojó. Como si el dolor no se fuera, pero dejara de pesar tanto.
“¿Y si la escuela es igual? ¿Y si no se trataba de ser el mejor, sino de “seguir intentando”, aunque no siempre brille?” Pensó.
Abrió la mochila. Sacó el cuaderno. No para estudiar todo. Solo para repasar lo que no entendió. Media hora, nada más. Solo un pequeño esfuerzo más.
Y lo hizo.
Esa noche, mientras escribía sin pensar en el examen siguiente, solo tratando de entender esa parte de sus apuntes, sintió que el mundo no se había hecho más fácil. Pero él sí se había hecho más fuerte. Aunque fuera por un centímetro. O tres.
La tutoría para los extraordinarios fue en viernes. Última hora. Escuela medio vacía, pasillos con eco. Matías entró al salón con el mismo aire de alguien que va a firmar su sentencia.
Del otro lado del escritorio, el profesor Elías —camisa arrugada, mirada honesta, pelo largo, voz que no juzga— hojeaba unas hojas. Levantó la vista y le hizo un gesto para que se sentara.
—¿Cómo vas? —preguntó sin rodeos.
Matías se encogió de hombros.
—Ahí voy… supongo.
—Vi tu examen. Pero también vi tus apuntes de esta semana. —Hizo una pausa—. No es común que un estudiante que va mal, siga intentándolo.
Matías bajó la mirada. No sabía si eso era un cumplido o un preámbulo para un regaño.
—¿Qué hiciste diferente esta vez? —preguntó Elías, cruzando las manos sobre el escritorio.
Matías dudó. Luego, con una mezcla de vergüenza y sinceridad, dijo:
—No sé... me sentía derrotado. Pero pensé que, si no podía con todo, al menos podía hacer... un poco más. Como… tres pasos más. Solo eso, pero... como si fuera alguien dentro de mi cabeza quien me lo estuviera diciendo. Como que alguien me decía que continuara. No lo entiendo bien, pero algo así… más o menos.
Elías lo observó en silencio. Luego sonrió. No por la respuesta, sino por lo que significaba.
—¿Sabes que hay alpinistas que han sobrevivido en condiciones extremas porque sintieron que alguien caminaba a su lado, aunque estaban solos? A ese fenómeno le llaman “el tercer hombre”. No es un fantasma, ni una locura. Es tu propia mente diciendo: “aún puedes”. Hay un libro y estudios sobre eso. A veces para creer en nosotros mismos, necesitamos imaginar que es un tercero el que, nos da instrucciones, el que nos impulsa.
Matías lo miró, curioso.


—Tal vez eso fue lo que te pasó a ti. No fue magia, fue tu propia voluntad hablándote desde adentro. A veces necesitamos imaginar que hay alguien más empujándonos… y lo mejor es que esa fuerza se puede aprender a usar, activándola a voluntad cuando más la necesitas.
Después de unos segundos de silencio, Elías dio un giro a la conversación.
—¿Y la Universidad? —preguntó el profesor, casi como si hablara del clima.
Matías hizo una mueca.
—Bueno, eso es otra cosa. No creo tener chance.
Elias se quedó en silencio unos segundos más, lo miró y tomó una hoja en blanco y dibujó una línea. En medio, marcó un punto.
—Mira: este eres tú. Aquí estás ahora. Tal vez lejos de donde quieres llegar. Pero lo que hiciste... ese esfuerzo pequeño cuando ya querías rendirte... eso te movió unos centímetros. Tal vez mañana otros tres. Tal vez después, un salto. Tú no necesitas que te digan qué hacer, Matías. Necesitas reconocer lo que ya estás haciendo. Has seguido viniendo, aun cuando no creías en ti. ¿Sabes lo difícil que es eso?
Matías sonrió apenas. Por primera vez en semanas, no se sintió tonto. Se sintió... alguien en camino.
—Así que no te voy a decir que puedes con todo. Solo que puedes un poco más. Y a veces, eso es lo que hace la diferencia.

Capítulo IV
Días después, Matías estaba en su habitación, con un cuaderno abierto frente a él. Los extraordinarios se acercaban como un Triatlón Ironman sin meta visible; sentía como quién se para frente a una montaña. Todo en su cuerpo pedía rendirse, cerrar el cuaderno, apagar la luz, perderse en el celular.
De pronto en su mente, apareció algo que ya le empezaba a ser familiar. Una sensación conocida. “El tercero”. Ese que había sentido en el partido, ese que le decía que aún podía un poco más. No era una aparición mística… era él mismo empujándose desde dentro; estaba aprendiendo a utilizar este recurso a voluntad. El mundo no se detendría por él, las cosas no dejarían de ser difíciles, tal vez siempre sería así. Meses atrás habría tirado la toalla antes de empezar. Sin embargo, ahora podía activar de forma deliberada el método de que un tercero que le dijera: “Tres metros más”, y así, enfrentar lo que viniera. Ese pequeño hábito que se volvió su mantra: Ahora lo usaba a voluntad; no como una voz mágica, sino como estrategia. “Tres metros más”. Cuando el cansancio lo golpeaba pensaba: “No todo, solo una pagina más, un problema más, tres metros más”. Y sin darse cuenta, avanzaba kilómetros.
Los exámenes extraordinarios llegaron. Y uno tras otro, contra pronóstico, los aprobó. Salvó la preparatoria. No con calificaciones perfectas sino con esfuerzo real, pero silencioso; que no aparece en fotos, pero lo sostiene todo.

El día de la graduación llegó. El video conmemorativo proyectó risas, partidos, clases interminables, salidas escolares y anécdotas que, por un momento, unieron a alumnos, maestros y familias en una mezcla de nostalgia y orgullo compartido. Uno a uno, los alumnos subieron al escenario a recibir de manos de la directiva su diploma. Luego, con las carpetas aún en las manos y las emociones a flor de piel, vino la foto grupal: un instante congelado en el tiempo que susurraba sin palabras: “valió la pena”.

Su tío, que lo había acompañado todo el día, se acercó después de tomarle unas fotos con el grupo.
—Lo lograste —le dijo, mirándolo con una mezcla de orgullo y alivio.
Solo eso.
Esa frase no hablaba del diploma, sino de todo lo que había vencido para llegar. Sintió que el mundo se detenía.
No fue solo graduarse. Fue cada madrugada sin dormir, cada vez que pensó en rendirse, cada momento en que creyó no ser suficiente. Fueron también todas las veces que su tío y toda su familia fueron a los partidos de básquet a verlo jugar… y su propia decisión de seguir, aunque doliera.
Epílogo

Nuestra historia aun no termina. Meses después, Matías caminaba por primera vez por el campus de la Universidad donde fue aceptado. Todo era nuevo, los edificios, los rostros, el ritmo; aun no se sentía parte de ese lugar. Sus pasos eran cautelosos, como midiendo terreno. Mientras cruzaba una de las explanadas, escuchó el eco familiar de un balón rebotando contra el suelo. Giro ligeramente la cabeza: una cancha, un partido en marcha. Gritos, risas, el tablero vibrando tras una canasta.
Se detuvo unos segundos. Sus ojos siguieron el ritmo del juego, pero sus pies no se movieron. No entró a la cancha, no hizo falta hacerlo en ese momento, ya habría tiempo para ello… solo sonrió como quien reconoce el terreno. Y sin decir nada siguió caminando, pero ahora con más soltura. No había dejado atrás el juego; solo había cambiado de cancha. Matías entendió que esto… solo era otro tipo de comienzo.
A veces, los adolescentes no necesitan que les arreglemos el camino, solo que les mostremos que pueden avanzar “tres metros más”. Porque ese impulso silencioso, que parece venir de fuera, es su “verdadero yo” empujando desde dentro. “El tercer hombre” no es nadie más. Es su espíritu aprendiendo a resistir.
Y a confiar en ellos mismos.






QUÉ TANTO CONOCEMOS ACERCA DE LA DISCAPACIDAD
Psicoterapeuta César Valencia de la Fuente
Desde 1992, cada 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. La Asamblea de las Naciones Unidas ha tenido como nalidad de esta fecha promover derechos y el bienestar de las personas con discapacidades, poniendo atención en re exionar a propósito del lugar que en la actualidad la discapacidad tiene en la vida política, social, económica y cultural. Los últimos años se han actualizado las cifras: para 2023 el INEGI señaló que existen alrededor de 8.8 millones de personas con discapacidad en nuestro país; la última estimación de la ONU señala que alrededor del 15% de la población mundial, 1 de cada 6 personas, vive con alguna discapacidad. Desde hace tiempo el tema ha ido sumando interés para sociedades y gobiernos ya que se estima que por distintas razones (traumatismos craneoencefálicos, secuelas de enfermedad, malformaciones congénitas, etc.) en el mundo cada año alrededor de 270,000 personas pueden sumarse al grupo poblacional en situación de discapacidad.
¿CÓMO ES ENTENDIDA
LA DISCAPACIDAD?
¿CUÁL ES SU DEFINICIÓN?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe que las personas con discapacidad son aquellas que tienen de ciencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, en interacción con diversas barreras, pueden obstaculizar su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones con los demás. Podemos ver que el concepto de discapacidad va por dos vías: por un lado, el dé cit relacionado con las di cultades resultantes del funcionamiento corporal de una persona y por otro lado las barreras que en la sociedad encuentra para poder vincularse con los otros, así como llevar una vida satisfactoria en lo laboral y lo personal.
La clave para comprender lo que plantea esta de nición está en no poner el acento en la de ciencia como una suerte de “desdicha” que se viva de manera aislada, sino en cómo es que viven la interacción dentro de las sociedades de las cuales forman parte las personas con discapacidad. La cual muchas veces está caracterizada por “obstáculos y barreras” para tener acceso a servicios de salud, hallar un empleo, la educación, la cultura o la sexualidad. Facetas esenciales de una persona en sociedad.
¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE LA DISCAPACIDAD
Y LA SALUD MENTAL?
Está documentado que las personas que viven en situación de discapacidad son más vulnerables a tener problemas de salud y que corren más riesgo de no recibir la atención necesaria para atender sus afecciones. Hablando de salud mental la situación no es diferente. En Estados Unidos, el CDC (Centro de control y prevención de enfermedades) a rma que las tasas de estrés y depresión son considerablemente más altas en personas con discapacidad que en personas sin discapacidad. El periodista español José Luis Corretjé a rma que las estadísticas en su país estiman que 4 de cada 10 personas que viven con discapacidad padecen alguna afección de salud mental. Sumado a ello, existen datos concretos que hacen énfasis en lo poco frecuente que es que un servicio de salud esté adaptado a las necesidades especí cas de esta población.
Es difícil no mencionar que las barreras que las personas con discapacidad encuentran para convivir plenamente en lo social tienen claras repercusiones en su salud mental. Los sentimientos de exclusión, rechazo e incomprensión son productos predecibles de las situaciones que esta población suele vivir al tener di cultades para establecer lazos afectivos, hallar un trabajo digno y atender su salud. Dichos sentimientos están profundamente relacionados con padecimientos como la depresión y los trastornos de ansiedad. Es alto el impacto emocional que implica vivir con una discapacidad, cuando es sabido que buena parte de nuestro bienestar emocional radica en ser participantes activos de distintos espacios sociales. Tampoco se puede dejar de lado que esta situación suele ser extensiva a las personas que cumplen el rol de cuidador, quienes con mucha frecuencia son miembros de su familia.
¿QUÉ SE PUEDE HACER?

Aprovechar esta fecha para re exionar acerca de este concepto y cómo forma parte de nuestra vida. Como alguna vez me lo dijo una persona con discapacidad: para saber lo que es vivir con discapacidad sólo hay que vivir lo su ciente, haciendo alusión a que enfermar o accidentarse es parte de la vida y justamente de ahí surge lo que llamamos discapacidad. Este día se nos presenta como una invitación para reconocer a la discapacidad como un tema que nos mueve a pensar en cómo miramos lo que es diferente, por ello es importante que podamos vislumbrar cómo es que funcionan las barreras sociales que generan discapacidad para que poco a poco podamos colaborar a que las vidas de personas que viven en esta situación lo hagan de una manera digna. Hacer esto no sólo es “por ellos”, también es por nosotros mismos ya que tener sensibilidad ante un tema como este va generando cambios muy necesarios en nuestras sociedades y tendrá un efecto en nuestras vidas.


ISKALTIPS
Este próximo 3 de diciembre infórmate acerca de las actualizaciones que hay acerca del tema en los distintos medios de información. Esto te permitirá estar al día con este importante tema.
No des por hecho la forma en que puedes ayudar a una persona con discapacidad, siempre pregunta si requieren ayuda y ya que recibes un pedido de ayuda pregunta cuál es la forma en que puedes hacerlo.
Respeta las rampas, lugares de estacionamiento, guías podotáctiles para bastones de persona invidentes del transporte público. Están para hacer más accesible el espacio urbano para la población que vive con discapacidad, muchas veces es insu ciente. Si se hace mal uso de ello sólo se hacen más grandes las barreras que encuentran para habitar y circular en la ciudad.
No asumas una actitud paternalista hacia una persona con discapacidad, esto suele infantilizar a cualquier persona que es tratada de esta forma. Además, refuerza prejuicios de minusvalía que pueden incidir en la salud mental de una persona con discapacidad.
No des por hecho que las personas con discapacidad no participan de actividades sociales. Eso fortalece las barreras sociales para participar y establecer de intercambios que te puede abrir la puerta a conocer otras realidades.
La artista estadounidense Judith Scott, fotógrafo: Leon Borensztein






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