

Nota temática1
Julio 2026
Salud mental como eje de la atención integral a niñas, niños y adolescentes víctimas de trata con fines de explotación sexual
La trata de personas recorre el planeta y la región, estragando la vida de millones de personas en el mundo, y cientos de miles en América Latina y el Caribe. La trata no es un mero daño colateral del capitalismo global y globalizado, es una expresión de su constitución más violenta, una violación histórica, masiva y sistemática de los derechos humanos (Purtscher, 2019)
Introducción
La trata de personas constituye una grave violación de los derechos humanos y una de las expresiones más extremas de violencia y explotación. Este fenómeno posee antecedentes históricos vinculados a prácticas de prostitución forzada y esclavitud. Hacia finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX comenzó a ser reconocida como una problemática social específica que afectaba principalmente a las mujeres. En este contexto, en 1904 se adoptó el Convenio Internacional para la Represión de la Trata de Blancas, instrumento que centró su atención en el traslado transfronterizo de mujeres con fines de explotación sexual. Posteriormente, en 1921, los marcos normativos internacionales abandonaron las referencias raciales presentes en las primeras conceptualizaciones e incorporaron de manera explícita la preocupación por la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes, ampliando así la comprensión del fenómeno y de las poblaciones afectadas (Purtscher,2019).
El Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, especialmente Mujeres y Niños, complementario de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, define la trata de personas como la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas mediante amenaza, uso de la fuerza, coacción, fraude, engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, con fines de explotación. Asimismo, en el caso de los niños, niñas y adolescentes, la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción con fines de explotación se considerará "trata de personas" incluso cuando no se recurra a ninguno de los medios enunciados (Naciones Unidas, 2000).
1 Nota elaborada por Victoria Lucas, Asistente Técnica del Programa de Cooperación Interamericano para la Prevención y Erradicación de la Explotación Sexual, Tráfico y Trata de Niños, Niñas y Adolescentes del IIN-OEA.

Cuando la trata tiene fines de explotación sexual de niñas, niños y adolescentes (ESNNA), convergen múltiples vulneraciones de derechos que impactan profundamente en el desarrollo físico, emocional, social y cognitivo de las víctimas. La experiencia de explotación suele desarrollarse en contextos caracterizados por el control, la manipulación, la violencia, las amenazas y la ruptura de vínculos protectores, configurando escenarios altamente traumáticos.
La Convención sobre los Derechos del Niño (1989) establece en su artículo 39 que los Estados deben promover la recuperación física y psicológica y la reintegración social de todo niño víctima de explotación, abuso o cualquier otra forma de violencia. Desde esta perspectiva, la atención en salud mental no constituye únicamente una respuesta clínica, sino un derecho de niñas, niños y adolescentes.
Impacto de la trata y la explotación sexual en la salud mental
La salud mental constituye una de las dimensiones más afectadas en personas que atraviesan situaciones de trata. En contextos de explotación, los tratantes emplean estrategias sistemáticas de coerción, como intimidación, amenazas, violencia y manipulación emocional, con el objetivo de consolidar relaciones de dominación y sometimiento. Estas dinámicas erosionan progresivamente la autonomía de la víctima y su capacidad de autodeterminación (Altun et al., 2017).
La exposición prolongada a experiencias traumáticas genera profundos sentimientos de indefensión, desesperanza y desamparo, afectando seriamente la capacidad de afrontamiento psicológico (Kilpatrick et al., 1989). En este escenario, algunas víctimas pueden establecer lazos traumáticos con sus explotadores, marcados por una dinámica contradictoria en la que situaciones de violencia y control se combinan con actitudes que pueden percibirse como protectoras o aparentemente amables. Esta combinación fortalece la dependencia emocional y dificulta la percepción del abuso, consolidando relaciones de lealtad forzada (Dutton & Painter, 1993).
El deterioro psicológico suele coexistir con un importante deterioro físico, asociado a privación alimentaria, jornadas extenuantes de explotación, falta de descanso y condiciones precarias de higiene y salubridad. Estas condiciones se agravan aún más por la exposición recurrente a violencia física y sexual, generando un impacto integral sobre la salud de la víctima (Echeburúa, De Corral, & Amor, 2004).
Una vez las víctimas logran salir de la situación de trata y vuelven a su lugar de origen o se encuentran en un refugio, son evidentes para quienes las atienden, los diversos síntomas y patologías, indicadores de su precario estado de salud mental. Toda esta sintomatología va a tener un peso muy significativo en los procesos de readaptación y reconstrucción de su vida, tanto para el presente inmediato, como para su vida futura (Nicolás Chahín-Pinzón et al., 2017, p. 123).

Investigaciones de varios países muestran que la depresión, la ansiedad, el trastorno de estrés postraumático, la autolesión y el intento de suicidio son comunes entre los sobrevivientes de trata (Altun et al., 2017).
Las secuelas psicológicas derivadas de la trata suelen ser particularmente graves y complejas, incluso en comparación con otras formas de violencia interpersonal. En el caso de niñas, niños y adolescentes, estas consecuencias pueden afectar de manera crítica el desarrollo psicoemocional, la construcción identitaria y la capacidad futura para establecer vínculos seguros.
La complejidad clínica asociada a la trata exige intervenciones especializadas, integrales y sostenidas en el tiempo, con abordajes sensibles al trauma y centrados en la restitución de derechos.
Atención en salud mental
La atención psicológica de víctimas de trata debe realizarse desde un enfoque integral, considerando el impacto de esta experiencia en múltiples dimensiones del bienestar, entre ellas la corporal, cognitiva, emocional, social y espiritual (Monesterolo & Carro,2013). Se debe considerar el contexto sociocultural, circunstancias vitales, edad e idioma de la víctima
Almanza et al. (2020) realiza el análisis a profesionales en Psicología Clínica que atienden a víctimas del crimen organizado y revelan que el proceso psicoterapéutico lo inician con técnicas que les permitan facilitar el apego al tratamiento; promoviendo la alianza terapéutica, rapport, empatía y comunicación con la víctima.
Por otra parte, actualmente la Terapia Cognitiva-Conductual Centrada en el Trauma (TCCCT) es el abordaje que mayor evidencia de efectividad ha mostrado para las personas que han experimentado eventos traumáticos (Almanza et al., 2020)
Según Mantilla (2020), para un adecuado abordaje psicoterapéutico, se deben tener en consideración varios aspectos, como:
● generar un ambiente cálido y respetuoso;
● considerar la alta vulnerabilidad de la víctima, además de la edad, el sexo, la nacionalidad y el origen étnico;
● respetar el silencio de la víctima, reconociendo que éste puede constituir una estrategia de afrontamiento mientras la persona reúne los recursos emocionales necesarios para verbalizar vivencias altamente dolorosas;
● no insistir en interrogaciones que a la víctima se le dificulte contestar;
● adoptar durante la entrevista una postura flexible y respetuosa frente a los límites de la víctima; si la persona decide no responder alguna pregunta específica, su

decisión debe ser respetada sin insistencia, priorizando su bienestar emocional y evitando la revictimización;
● la información que el terapeuta da a la víctima debe considerar el ambiente en el que se desenvuelve y tener como punto de partida sus derechos fundamentales
Durante el abordaje, resulta clave mantener una actitud libre de prejuicios, sin manifestar sorpresa, juicio, reproche o rechazo frente a su relato. Además, debe tenerse presente en todo momento que se trata de una víctima, más allá de la actitud, comportamiento o forma de expresarse que presente. Asimismo, no corresponde adoptar funciones de investigación o interrogatorio cuando ese no es el rol asignado, ya que intentar obtener información de manera insistente puede generar miedo, desconfianza y favorecer el abandono del proceso de atención.
Si el tratamiento recibido de los profesionales de la salud mental se torna hostil para la víctima y ésta termina padeciendo un sufrimiento mayor que el delito, queda expuesta a la revictimización del proceso mal encaminado.
Respecto a la revictimización, Monesterolo y Carro (2013) manifiestan que es fundamental generar un vínculo inicial de confianza con la persona, evitando asumir un rol terapéutico si no se cuenta con la formación especializada para ello.
Si bien para este tipo de problemática no hay abordaje común, sino diversas rutas en función del modelo terapéutico adoptado por los psicólogos, en cualquier caso, el cierre del tratamiento se da cuando la víctima se ha estabilizado mentalmente y se realiza un trabajo de prevención de recaídas.
Recomendaciones en relación con la atención en salud mental
La atención en salud mental dirigida a niñas, niños y adolescentes víctimas de trata con fines de explotación sexual debe sostenerse desde un enfoque especializado, integral y sensible al trauma. Resulta fundamental que las intervenciones prioricen la estabilización emocional y la construcción de un vínculo terapéutico basado en la confianza, la seguridad y el respeto.
Se recomienda que los profesionales generen espacios de escucha protegidos, donde la víctima pueda expresarse sin presiones ni exigencias de relatar experiencias traumáticas antes de estar preparada Respetar los tiempos subjetivos constituye un elemento central para evitar procesos de revictimización y favorecer la adherencia al tratamiento.
Es importante que el abordaje contemple una evaluación integral del estado de salud mental y física, identificando indicadores de ansiedad, depresión, estrés postraumático, disociación, autolesiones, ideación suicida y dificultades vinculares, entendiendo que estas manifestaciones suelen estar asociadas a experiencias de violencia prolongada y sometimiento.

Asimismo, se recomienda implementar intervenciones terapéuticas basadas en evidencia, particularmente aquellas centradas en trauma, que permitan trabajar la regulación emocional, la resignificación de experiencias traumáticas y la recuperación de recursos personales. Estas intervenciones deben ser flexibles y adaptadas a la etapa evolutiva, contexto sociocultural y nivel de comprensión de cada niño, niña o adolescente.
Otro aspecto fundamental es fortalecer la autoestima y la reconstrucción identitaria, ya que la explotación suele generar profundas afectaciones en la percepción de sí mismos, sentimientos de culpa, vergüenza y desvalorización. El proceso terapéutico debe orientarse a promover la recuperación de la autonomía, la capacidad de decisión y el ejercicio de derechos
También se recomienda incluir a las redes de apoyo significativas dentro del proceso de atención, siempre que éstas representen figuras protectoras. El trabajo con referentes puede contribuir a consolidar factores de protección, mejorar la contención emocional y favorecer procesos de reintegración social.
Finalmente, es imprescindible que los equipos de salud mental trabajen de forma articulada con otros dispositivos de protección, educación y justicia, comprendiendo que la recuperación psicológica forma parte de un proceso más amplio de restitución de derechos. Una atención coordinada y especializada incrementa significativamente las posibilidades de reparación emocional y de construcción de un proyecto de vida libre de violencia para niños, niñas y adolescentes.
La revisión y la incorporación de estas recomendaciones en las políticas, programas y protocolos nacionales constituyen una oportunidad para que los sistemas de protección fortalezcan las respuestas

Bibliografía
Almanza-Avendaño, A. M., Cáceres-Becerra, S., & Gómez-San Luis, A. H. (2020). Proceso de tratamiento a víctimas del crimen organizado: Un estudio cualitativo centrado en la experiencia de psicólogos clínicos. Interdisciplinaria, 37(1), 27–28. https://doi.org/10.16888/interd.2020.37.1.14
Altun, S., Abas, M., Zimmerman, C., Howard, L. M., & Oram, S. (2017). Mental health and human trafficking: Responding to survivors’ needs. The Lancet Psychiatry, 4(12), 1039–1041. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(17)30401-X
Chahín-Pinzón, N., Reyes Jaimes, J. M., & Vargas Parra, J. (2017). Aspectos psicológicos a tener en cuenta en la atención de víctimas de la trata de personas. Psychologia. Avances de la Disciplina, 11(2), 121–129.
Dutton, D. G., & Painter, S. (1993). Emotional attachments in abusive relationships: A test of traumatic bonding theory. Violence and Victims, 8(2), 105–120.
Echeburúa Odriozola, E., de Corral Gargallo, P., & Amor Andrés, P. J. (2004). Evaluación del daño psicológico en las víctimas de delitos violentos. Psicopatología Clínica Legal y Forense, 4(1–3), 227–244.
Fascioli Caorsi, F. (2021). Trata de personas con fines de explotación sexual: Una mirada desde el ordenamiento jurídico uruguayo e internacional. Revista de Derecho, 24, 32–83. https://doi.org/10.22235/rd24.2567
Monesterolo, A., & Carro, C. (2013). Protocolo nacional unificado para la protección y asistencia integral a personas víctimas de trata. Organización Internacional para las Migraciones.
Organización de las Naciones Unidas. (1989). Convención sobre los Derechos del Niño
Organización de las Naciones Unidas. (2000). Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional
Purtscher, L. (2019). El viaje de las mujeres grises: Representaciones sociales acerca de la trata de personas con fines de explotación sexual (Tesis de maestría). Universidad de la República.