La juventud global encara con incertidumbre lo que le depara el futuro. La Unión Europea debe apoyar y coordinar acciones locales y nacionales para que esta juventud acceda al disfrute más pleno posible de los derechos y libertades públicas, como pieza indispensable del desarrollo democrático intergeneracional. Diversas formas de violencia política se han justifcado en el pasado, y hoy se renuevan y adaptan, para radicalizar y captar a parte de la juventud, haciendo de ella instrumentos contra la democracia y del odio a la diversidad. Otras violencias juveniles, especialmente en entornos multiculturales, son objeto recurrente de prejuicios y simplifcaciones, que deben ser afrontadas con políticas inclusivas. El Consejo de Europa ha sido prolífco en la creación de estándares de calidad para las políticas de juventud (e infancia) basadas en derechos, pero no siempre son aprovechados de forma efciente. La acción institucional actual no parece capaz de facilitar la superación de las amenazas más graves.