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Revista Industrias Mujeres CEO 2026

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C ONTE

ESPECIAL DE MUJERES CEO

JUSSY ZURITA

GERENTE DEL RESTAURANTE LA COSTEÑITA

NATALIA CORTEZ GENERAL MANAGER NCM ASESORÍA INTEGRAL

LUISANA LOAIZA A. PROJECT MANAGER Y CONSULTORA

JENNIFER SAMAAN CEO DE LIDERAPIA ECUADOR

KARLA GARCÉS

GERENTE GENERAL DE AGRODIAGNOSTIC

ADRIANA VÁSQUEZ PRESIDENTA EJECUTIVA DE MARQUESA GROUP

PAOLA TRAVERSO DIRECTORA EJECUTIVA DE

GABRIELA RUMAZO

YAJAIRA ALVARADO SOCIA DE ANDERSEN

ROSALIA DURÁN

DIRECTORA FINANCIERA DE REYSAC

MARÍA DOLORES CUNTO

GERENTE GENERAL DE BRENNTAG ECUADOR S. A.

NICOLE SIGUENZA CEO DE LYRA EXPORTS

MARTHA SUÁREZ DIER

ESTRATEGA FINANCIERA Y DIRECTORA DE CEOBUSINESS CONSULTING

CYNTHIA GRUNAUER KAYSER PRESIDENTA EJECUTIVA DE CASAPLAN MOTORPLAN

LISETTE TORRES SOCIA ROBALINO LAW FIRM

CLAUDIA SALAME PRESIDENTE DE CSA UNIFORMES

MARTHA GONZÁLEZ

GERENTE GENERAL DE LA BOLSA DE VALORES DE GUAYAQUIL

MARÍA PAULINA ROMO PRESIDENTA DE GRUPO ENTREGAS

GABRIELA GUERRA

CEO OPTIMICE ECUADOR

NASHLY ENDARA

GERENTE NACIONAL COMERCIAL Y MARKETING DE MEDIKEN

MELINA ANDRADE

VICEPRESIDENTA TÉCNICA Y MANUFACTURA DE NESTLÉ ECUADOR

MÓNICA ARCE LOOR

CEO VIAXPERTA

VITA PUIG

FUNDADORA SENSIA ECUADOR

IRINA VÁSCONEZ

EJECUTIVA DE CUENTAS CLAVES

ANDREA ACOSTA

GERENTE DE MARKETING Y NEGOCIOS

JENNY CURICHO

GERENTE OPERATIVA DE PRODUCTOS PARAISO

6

224

GINA MACÍAS

CEO DE COLMENA

ANA CRISTINA GRUNAUER

CEO DE KOZY

226

Editorial Mujeres CEO: una trayectoria que visibiliza liderazgo

La Máscara de la Mujer Poderosa. O por qué el empoderamiento femenino moderno está desempoderando a las mujeres

Anna Esen

Mujeres emprendedoras y su legado en la sociedad

Natalia Almeida

La marca personal del CEO como activo estratégico e imán de negocios

Susana Calero 232

ROSSANA MONSALVE

CEO DE CAVANNI DESIGN

234

MÓNICA CARRASCAL

VICEPRESIDENTE DE FRIGOLANDIA

KATHERINE RIZZO

GERENTE GENERAL DE FAMILY FOOD ECUADOR S. A. FAMODECSA

MARÍA ISABEL WITT

DIRECTORA COMERCIAL PARA AMÉRICA EN SAEPLAST

236

Cuando el trabajao habla: talento que redefine la construcción

Carolina de la Fuente

Logística con Propósito: Liderar, Medir y Ser vir

Katya López Mena

238

Relaciones públicas corporativas, el nuevo poder estratégico de las empresas

Paola Orellana

240

Celebración del sector pesquero tras la aprobación de la evaluación de pesquería MarinTrust

Mujeres CEO: una trayectoria que visibiliza liderazgo

A lo largo de los años, Revista Industrias se ha consolidado como un espacio que recoge las voces, los avances y las transformaciones del sector productivo del país. En sus páginas no solo se registra la evolución de la industria, sino también el liderazgo de quienes la impulsan día a día.

Marzo-Abril de 2026

ISSN Nº 1390-1257

Vol. 2

Publicación de la Cámara de Industrias de Guayaquil

Presidente

Juan Carlos Navarro G.

Presidente Alterno

Jaime Seminario

EDITORIAL

Dentro de este recorrido, la edición especial de Mujeres CEO ha adquirido un significado particular. Nació como una iniciativa para visibilizar el liderazgo femenino en el ámbito empresarial y, con el tiempo, se ha convertido en una plataforma que reconoce su aporte al crecimiento, la innovación y la generación de oportunidades.

Hoy, al alcanzar su octava edición, reafirmamos el valor de este espacio como un punto de encuentro para destacar a mujeres empresarias y emprendedoras que, con visión y determinación, están marcando el rumbo del país.

Cada historia presentada es reflejo de un liderazgo que construye, inspira y proyecta un futuro más sólido para el Ecuador. c v s s e f t r y v

Giuliana Bacigalupo Costa

La opinión de la CIG esta expresada en el Editorial

Edición: Giuliana Bacigalupo Costa Diseño y Diagramación: Nathaly Andrade Héctor Chiquito

Fotografías: Miguel Andrade

Impresión: Ingrafen (Envasadora Ecuatoriana) Comentarios sugerencias revistaindustrias@industrias.ec

VENTAS

Publicidad y ventas: María Mercedes Echeverría mecheverria@industrias.ec

Lorena Salas lsalas@industrias.ec

Liliana Murga lmurga@industrias.ec

Difusión de eventos: revistaindustrias@industrias.ec www.industrias.ec

Tipo de Contenido: InformativoOpinión industriasgye

ES UNA

MARÍA ELISA GANADORA

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*Aplican condiciones

JussyZurita

GERENTE DEL RESTAURANTE LA COSTEÑITA

¿Cuál fue el primer gran reto que enfrentó para convertir La Costeñita en un referente culinario y cómo lo superó?

El primer gran reto fue ganarnos la confianza de la gente. Cuando empezamos, éramos un negocio pequeño y poco conocido, y lograr que las personas apostaran por una nueva propuesta de comida costeña no fue fácil. Competíamos con restaurantes ya posicionados y con clientes acostumbrados a lo tradicional.

Lo superamos siendo coherentes: manteniendo calidad, sabor auténtico y un servicio cálido. Entendí que no se trataba solo de vender comida, sino de crear una experiencia. Con paciencia, constancia y mucha pasión, fuimos construyendo una comunidad fiel que hoy reconoce a La Costeñita como un lugar donde se come rico y se siente como en casa. El primer gran reto fue empezar desde cero, La Costeñita nació como un sueño, con recursos limitados, ajustándonos a lo que teníamos, pero con muchas ganas de salir adelante. En ese momento el desafío más grande era que la gente confiara en nosotros y en nuestra propuesta de comida típica en un lugar donde había solo comida rápida. No teníamos un local grande ni una marca conocida, solo nuestro esfuerzo y la convicción de hacer las cosas bien.

Con paciencia, disciplina, constancia y mucha pasión, fuimos construyendo una comunidad fiel que hoy reconoce a La Costeñita como un lugar donde se come rico y se siente como en casa.

Muchos negocios gastronómicos no pasan de los primeros años. ¿Qué decisiones clave tomó para asegurar la sostenibilidad y crecimiento de su restaurante?

Creo que las decisiones más importantes han sido tres: organización, reinversión y escucha al cliente. Desde el inicio entendí que, aunque éramos un emprendimiento

pequeño, debíamos manejarlo con seriedad empresarial: controlar costos, ordenar procesos y cuidar cada detalle.

También hemos decidido reinvertir constantemente en el restaurante y en nuestro equipo, en su constante capacitación e imagen, porque sabemos que crecer implica mejorar todos los días. Y algo fundamental ha sido escuchar a nuestros clientes, ellos han sido nuestra mejor guía.

Soy muy consciente de que todavía estamos en camino. Un negocio necesita al menos cinco años para considerarse realmente

Con paciencia, disciplina, constancia y mucha pasión, fuimos construyendo una comunidad fiel que hoy reconoce a La Costeñita”

consolidado, y nosotros vamos apenas por el segundo, es decir, por la mitad. Eso nos mantiene humildes, enfocados y trabajando para que La Costeñita siga fortaleciéndose a largo plazo.

¿Cómo maneja la presión de dirigir un negocio altamente competitivo sin perder la esencia familiar y tradicional de la cocina costeña?

La manejo recordando siempre de dónde venimos, no es fácil, pero he aprendido a encontrar un equilibrio, y esa esencia es la que nos trajo hasta aquí.

El mundo gastronómico es muy competitivo, pero mi guía siempre ha sido recordar por qué nació La Costeñita: para compartir los sabores de nuestra comida con amor y autenticidad. Planifico, me apoyo en mi equipo y tomo decisiones pensando en el futuro del negocio, sin sacrificar lo más importante: el sabor casero y la calidez que nos caracteriza.

Podemos crecer y profesionalizarnos, pero La Costeñita siempre será un lugar familiar, cercano y auténtico.

¿Qué prácticas implementa para empoderar y formar al equipo humano que trabaja con usted?

Para mí, el equipo es el corazón del restaurante. Trabajo mucho en la comunicación abierta, el respeto y la capacitación constante. Me gusta que cada persona entienda que su trabajo es importante y que aquí tiene oportunidad de crecer.

Implementamos entrenamientos internos, delegamos responsabilidades y fomentamos un ambiente donde se puedan proponer ideas. Creo firmemente que cuando un equipo se siente valorado y motivado, eso se refleja directamente en la atención al cliente y en el éxito del negocio.

¿Qué consejo daría a jóvenes mujeres que sueñan con emprender en el mundo de los restaurantes?

Les diría que crean en ellas mismas y en sus capacidades. Emprender no es fácil, menos en la gastronomía, pero con disciplina, pasión y perseverancia todo es posible.

Que no tengan miedo de empezar desde cero, de equivocarse y volver a intentarlo. Emprender es difícil, requiere sacrificio, paciencia y mucha perseverancia. También es clave formarse, rodearse de personas que sumen y entender que el éxito se construye día a día. Como mujeres tenemos una enorme fortaleza para liderar con sensibilidad y determinación, y ese es un gran poder.

Natalia Cortez

GENERAL MANAGER

NCM ASESORÍA INTEGRAL

PERFIL

Ejecutiva con más de 15 años de experiencia en el sector financiero y en el mercado de valores, especializada en gestión de riesgos, reorganización empresarial y gobierno corporativo. Actualmente me desempeño como Gerente General de NCM Asesoría Integral. Durante mi trayectoria profesional he liderado proyectos de internacionalización empresarial y brindado asesoría legal y estratégica a participantes del mercado de valores.

Con formación en Derecho, Administración y Finanzas, combino una visión técnica con enfoque estratégico para impulsar la sostenibilidad corporativa y el liderazgo femenino. Como CEO, speaker internacional y fundadora de una firma consultora, acompaño a líderes y organizaciones a crecer con propósito, a evaluar cómo están tomando decisiones en momentos críticos de crecimiento y continuidad, y a identificar tanto los riesgos visibles como aquellos que suelen pasar desapercibidos.

Hoy, la diferencia competitiva ya no reside únicamente en el acceso a capital o tecnología, sino en la calidad de las decisiones que se adoptan desde la alta dirección”

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, incierto y volátil —particularmente en nuestra región— la perspectiva femenina aporta un enfoque integral a la toma de decisiones estratégicas. Hoy, la diferencia competitiva ya no reside únicamente en el acceso a capital o tecnología, sino en la calidad

de las decisiones que se adoptan desde la alta dirección.

Se habla mucho de “innovar”, pero no es solo crear algo nuevo; es liderar con responsabilidad. Es decir, la verdadera innovación ocurre cuando el liderazgo asume el impacto económico y social de sus decisiones, no solo sobre su originalidad o rapidez.

En ese contexto, la perspectiva femenina contribuye a redefinir el liderazgo empresarial hacia modelos más resilientes, éticos y preparados para enfrentar los desafíos del futuro.

Cuando participamos en un Directorio, el rol va más allá de revisar estados financieros o evaluar el avance de un plan estratégico. Implica incorporar un pensamiento sistémico, escuchar activamente al entorno y medir su impacto. Esta mirada integral permite construir una visión de largo plazo, anticipar riesgos no evidentes y, en consecuencia, gestionar de manera más efectiva y sostenible.

La contribución de la perspectiva femenina en las Juntas Directivas y en la Alta Gerencia se refleja en la capacidad de crear entornos de decisión equilibrados, donde la rentabilidad convive con el propósito y donde la medición de impactos se integra como parte del desempeño empresarial. En definitiva, una verdadera ventaja competitiva se construye a partir de decisiones conscientes, no de acciones reactivas.

Por lo tanto, en un contexto de alta complejidad, liderar bien se ha convertido en la principal fuente de diferenciación. Lo que perdurará en el tiempo, son las decisiones responsables, informadas y con visión de largo plazo; a pesar, de la incertidumbre constante que vivimos los empresarios en el Ecuador, por la falta de seguridad jurídica y las cambiantes reformas a las normativas.

De mi experiencia, el liderazgo empresarial exige algo más que velocidad o creatividad: exige conciencia estratégica. La perspectiva femenina aporta esa capacidad de decidir con propósito, anticiparse al riesgo y construir organizaciones verdaderamente sostenibles.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Es innegable que, como mujeres, enfrentamos exigencias adicionales al asumir posiciones de Alta Gerencia. No solo por las expectativas externas, sino también por los desafíos internos que debemos gestionar. Más allá de ser multifacéticas, nuestro mayor reto es creernos capaces y merecedoras de alcanzar las metas que nos proponemos.

Soy una mujer profesional, soltera, y en 2023 constituí mi firma consultora, NCM Asesoría Integral. Previamente, me desempeñé como Presidenta y Directora Ejecutiva de una empresa del mercado de valores en Ecuador y Panamá. En ese rol afronté uno de los desafíos emocionales más exigentes de mi carrera: liderar, en 2019, una empresa en un entorno predominantemente masculino, con apenas 32 años. A pesar de contar con más de una década de experiencia en el sector, mi edad y género fueron puestos en duda en múltiples ocasiones, lo que fortaleció mi carácter y mi visión de liderazgo.

El aprendizaje más relevante que he incorporado desde entonces es la gestión consciente de prioridades, partiendo de una convicción clara: la prioridad número uno soy yo. Mi trabajo, las actividades de impacto social, mi comunidad y mis distintos compromisos me apasionan profundamente y los asumo con un alto nivel de responsabilidad. Sin embargo, con el

Dios nos dio mente para pensar, corazón para sentir y alma para inspirar. Aprender a conocernos, a valorarnos y a vivir con plenitud es parte esencial del liderazgo”

tiempo comprendí que la gestión de la energía, del tiempo y de los límites no es un asunto personal, sino una competencia estratégica que incide directamente en la calidad de mis decisiones, en el liderazgo que ejerzo y en la coherencia entre mi vida profesional y personal.

Este proceso me ha permitido evolucionar de manera consciente, no para adaptarme a un sistema preexistente, sino para tener claridad sobre la huella que deseo dejar como profesional y como mujer en el mundo empresarial. Hoy entiendo que liderar también implica saber cuándo exigirse y cuándo pausar, con criterio y propósito.

Así como asesoro a organizaciones en temas de gobierno corporativo, he desarrollado mi propio esquema de gobernanza personal, orientado a un liderazgo más fecundo y sostenible. El equilibrio no se trata de simetrías perfectas, sino de priorización estratégica. No todo puede ni debe hacerse al mismo tiempo ni con la misma intensidad; la excelencia también se construye decidiendo qué no hacer.

Finalmente, he aprendido que el equilibrio no es únicamente económico o de agenda, sino también emocional. Cuando una mujer gestiona sus emociones de manera estratégica, se vuelve altamente competitiva y difícil de detener. Podemos liderar, decidir y transformar sin renunciar a lo que somos; cuando una mujer se gobierna con claridad, su liderazgo trasciende.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional es, sin duda, un pilar fundamental para avanzar hacia la igualdad. No se construye a partir de discursos, políticas de moda o esquemas prediseñados, sino desde decisiones concretas que emanan del Gobierno Corporativo. Es allí donde se define, con claridad, qué comportamientos se permiten, cuáles se reconocen y cuáles se corrigen.

Construir un entorno donde las mujeres puedan desarrollarse, liderar y expresarse con seguridad implica diseñar estructuras organizacionales flexibles, con espacios reales de participación para todas las personas. Una cultura sólida se sostiene en una comunicación abierta y permanente, capaz de generar transformaciones auténticas y no meramente declarativas.

Desde mi rol de liderazgo, valoro profundamente la educación y la delegación. Estoy convencida de que un líder genera verdadero impacto cuando forma a su equipo, cuando enseña y acompaña, más allá de limitarse a señalar errores. Compartir el conocimiento es una de las expresiones más genuinas del liderazgo, porque el legado no se mide por los cargos ocupados, sino por las personas que logramos desarrollar.

Los entornos organizacionales en los que —indistintamente del género— las personas pueden crecer, comprometerse y amar lo que hacen, son aquellos donde existen re-

glas claras, debidamente socializadas, basadas en el respeto y la meritocracia. Esto se refuerza con espacios formales de participación y liderazgo que cuenten con procesos estructurados de retroalimentación y escucha activa, así como con políticas y procedimientos claros de cero tolerancia frente a microviolencias, descalificaciones o cualquier forma de exclusión.

Un entorno verdaderamente seguro no es aquel donde todos piensan igual, sino aquel donde expresar una opinión distinta no conlleva consecuencias negativas. La seguridad psicológica es una condición indispensable para que las mujeres —y los equipos en general— aporten su visión con libertad y criterio.

La igualdad no se impone; se diseña, se configura y se alinea con los valores y principios organizacionales. Y siempre comienza por la coherencia del liderazgo. Una cultura organizacional vivida de manera consistente en todos los niveles de la empresa no solo fortalece el desempeño, sino que también permite anticipar y mitigar riesgos reputacionales en contextos de alta exposición.

Definitivamente, es importante reconocer que, a medida que las mujeres ganamos espacio en los ámbitos empresariales y de decisión, también emergen resistencias asociadas a la lucha por el poder. Ese impulso por deslegitimar o dañar al otro para no perder influencia es profundamente contrario a cualquier noción de sostenibilidad. El liderazgo que perdura es aquel que entiende que el poder se fortalece cuando se comparte, no cuando se defiende desde la exclusión.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Identifico tres momentos decisivos para que una mujer rompa barreras y avance hacia posiciones de liderazgo. El primero ocurre cuando decide salir de su zona de confort y asumir desafíos de mayor alcance, aun cuando ello implique exponerse al riesgo y a lo desconocido. El segundo momento clave es cuando aprende a establecer límites y a priorizar su desarrollo profesional, gestionando de manera consciente su tiempo, su energía y sus decisiones. El tercero se da cuando elige hacer escuchar su voz y expresar su criterio en espacios de poder, participando activamente en Directorios, comités o instancias de decisión, incluso con posturas distintas o disruptivas. Yo llegué a preguntarme: ¿qué voz quiero que escuchen? ¿cuál es mi auténtica voz?

Eso me abrió la perspectiva hacia una autoeducación no solo profesional sino emocional. Porque muchas veces nos quedamos en estado de negación y no aceptamos un NO como respuesta, pero eso es lo maravilloso de la comunicación efectiva y la argumentación.

Para superar las barreras, considero fundamental desarrollar autoconfianza basada en competencias y resultados, construir redes estratégicas, establecer límites claros y fortalecer entornos donde el mérito y la diversidad de pensamiento sean valorados. En lo personal, he incorporado un esquema de gobernanza personal que me permite gestionar prioridades con claridad, desafiar límites mentales y ejercer un liderazgo consciente.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Mi mensaje es claro y lo repito siempre en mis conferencias: “Para liderar, primero debes liderarte”. Para ello, he desarrollado un enfoque muy personal que incorpora lo espiritual. Lo he denominado liderazgo fecundo, aquel que genera vida más allá de los resultados inmediatos. No se limita a cumplir objetivos ni a ocupar posiciones de poder, sino que se mide por su capacidad de formar personas, desarrollar criterio, elevar conciencias y dejar huella. Es un liderazgo que se gobierna a sí mismo, que entiende el equilibrio entre exigencia y humanidad, entre rentabilidad y propósito. El liderazgo fecundo no controla, acompaña; no impone, inspira; no se agota en el corto plazo, sino que siembra para que otros crezcan, incluso cuando ya no estamos presentes.

Dios nos dio mente para pensar, corazón para sentir y alma para inspirar. Aprender a conocernos, a valorarnos y a vivir con plenitud es parte esencial del liderazgo.

Disfruta cada etapa de tu vida como si fuera única; entrégate con compromiso, pero permítete también recibir. Liderar no es solo dar, es saber sostener el equilibrio.

Las mujeres líderes, en ocasiones, podemos resultar intimidantes. Sin embargo, no hay nada más genuinamente femenino que una mujer segura de sí misma, consciente de su valor y fiel a su propósito.

Luisana Loaiza A.

PROJECT MANAGER Y CONSULTORA

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina no es un atributo simbólico, es una ventaja estratégica cuando se integra con formación técnica y conciencia de derechos. Desde una mirada empresarial y jurídica, innovar implica entender no solo el mercado, sino las asimetrías de poder que lo atraviesan: acceso a capital, propiedad, regulación y gobernanza. La innovación liderada por mujeres expande el horizonte estratégico, anticipa riesgos, fortalece la estabilidad del sistema pero sobre todo -y para mí los más importante- las mujeres hacen que el sistema funcione mejor para todos.

Enfocándome en la Agricultura y la Agroindustria, en Latinoamérica sabemos que ha sido históricamente un espacio masculinizado: propiedad de la tierra concentrada en hombres, acceso desigual al financiamiento, menor participación femenina en juntas directivas y en mesas de negociación comercial. Esa asimetría no es solo social; es económica. Limita la productividad, la innovación y la resiliencia territorial.

He participado en negociaciones nacionales e internacionales donde era la única mujer en la mesa. En esos espacios, la legitimidad no se otorga: se construye con rigor técnico, dominio financiero y decisiones firmes bajo presión. Desde mi experiencia, la mirada femenina incorpora una lectura más sistémica del negocio —no sólo cuánto se vende, sino cómo se produce, quién captura el valor y qué riesgos se acumulan en la cadena—. No se trata de liderar “mejor”, sino de aportar competencias complementarias que fortalezcan la innovación y eleven la calidad estratégica en contextos de incertidumbre.

Innovar estratégicamente implica rediseñar arquitectura productiva y gobernanza.

Cuando incorporamos a mujeres en los procesos de toma de decisiones observamos mejoras medibles: mayor cumplimiento contractual, reducción de conflictos internos, reducción de riesgo operativo y fortalecimiento de la competitividad. Ejemplos tenemos muchos: Sanna Marin – Finlandia, Angela Merkel – Alemania quienes lideraron con productividad y gobernanza con visión sistémica.

Indra Nooyi – PepsiCo, anticipó tendencias y transformó la estrategia, Mary Barra –reinventó General Motors hacia el futuro eléctrico.

Luiza Helena Trajano – Magazine Luiza, reconfiguró el modelo de negocio en un entorno volátil, Blanca Treviño – Softtek - lideró la infraestructura intelectual exportable.

Para mi la innovación y la competitividad del futuro dependen de la visión y el coraje de rediseñar con inteligencia, flexibilidad y propósito. Y las mujeres llevamos décadas innovando desde la realidad del cuidado, la corresponsabilidad y la conciliación —pensando en familia, en tiempo, en bienestar— y esa capacidad de integrar lo humano con lo estratégico no es sensibilidad: es eficiencia avanzada, es sostenibilidad real y, sobre todo, es productividad acelerada con impacto duradero para las empresas.

La cultura organizacional no ocurre por accidente: se diseña

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que a nivel mundial las mujeres realizan cerca del 76 % del trabajo de cuidados y doméstico no remunerado, dedicando en promedio 4 h 25 min al día, frente a 1 h 23 min que dedican los hombres. En el debate sobre liderazgo y vida personal suele omitirse esta realidad estructural para muchas mujeres, la jornada no termina cuando cierra la oficina, continúa en la gestión del hogar, la planificación y logística familiar, la coordinación de actividades extracurriculares, las compras y la carga emocional y mental que implica anticipar cada detalle. No es un asunto anecdótico; es una segunda capa de responsabilidad que opera en paralelo al desempeño corporativo.

Durante años aprendimos que el liderazgo femenino debía probarse a través de la resistencia infinita. Si podíamos con todo, entonces merecíamos estar en la mesa.

Yo también creí que la respuesta era organizarme mejor, dormir menos, rendir más. Hasta que entendí algo fundamental: la productividad que depende del agotamiento estructural femenino no es sostenibilidad, es falla de diseño.

Hoy afirmo con claridad: la gestión no puede basarse en autoexigencia ilimitada, sino en arquitectura consciente de sistemas. Si

en las cadenas productivas hablamos de eficiencia, trazabilidad y distribución de riesgos, ¿por qué no aplicamos la misma lógica al liderazgo y a la igualdad? El problema no es que las mujeres “no se organicen suficiente”; el problema es cómo distribuimos el cuidado en el hogar, cómo las organizaciones confunden disponibilidad total con compromiso y cómo seguimos midiendo desempeño con métricas que premian la presencia constante, no el impacto real.

La carga invisible existe. Y gestionarla no requiere heroísmo, requiere rediseño estructural.En mi práctica como consultora estratégica aplico la misma lógica con la que estructuro mercados y cadenas de valor: diseño sistemas, delego con intención, establezco prioridades, —en lo profesional y en lo personal— y distribuyo responsabilidades con claridad. La excelencia no puede sostenerse sobre el sacrificio permanente; necesita gobernanza.

No se trata de celebrar que “podemos con todo”. Se trata de reconocer que, incluso enfrentando dobles y triples jornadas, hemos liderado procesos complejos, negociado en entornos masculinizados y transformado organizaciones con resultados medibles. Eso no es casualidad. Es disciplina estratégica y capacidad de operar en complejidad constante.

Equilibrar no es dividir el tiempo en partes iguales. Es decidir, con criterio y coherencia, dónde generar mayor valor sin perder identidad. Las mujeres llevamos décadas

gestionando múltiples dimensiones simultáneamente. Y tal vez esa habilidad —integrar productividad, cuidado, visión y rigor— no sea una carga, sino una de las ventajas competitivas más poderosas del siglo XXI. La competitividad del futuro no se construirá sobre la sobrecarga silenciosa de las mujeres, sino sobre estructuras inteligentes que liberen talento y multipliquen impacto.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional no ocurre por accidente: se diseña. En mi experiencia como consultora estratégica en agroindustria, cadenas de valor y cooperación internacional, la igualdad sostenible no depende de buena voluntad, sino de arquitectura institucional.

Desde el enfoque de derechos humanos, la igualdad es un principio jurídico. En el mundo empresarial, debe convertirse en un sistema: acceso real a información estratégica, participación efectiva en juntas, procesos de decisión transparentes y métricas claras de desempeño. Construyo entornos donde el mérito técnico prevalece y donde las mujeres no solo ejecutan, sino inciden en la gobernanza. La verdadera seguridad organizacional nace cuando la voz femenina tiene peso donde se decide el capital, el riesgo y la estrategia.

He estado en negociaciones internacionales donde la participación femenina era simbólica o directamente silenciada -literal las mujeres no podian opinar-. Conozco las barreras estructurales: menor acceso a financiamiento, exclusión de redes comerciales, limitada presencia en comités estratégicos. Por eso mi enfoque no es ideológico, es empresarial. Diseñar organizaciones competitivas exige cuatro

pilares: gobernanza clara y trazable, formación financiera y contractual, participación activa en negociaciones y evaluación por resultados —no por disponibilidad permanente.

La seguridad para expresar visión surge cuando la discrepancia argumentada no incomoda, sino fortalece. Cuando una mujer puede cuestionar con datos y decidir con respaldo institucional, la conversación deja de ser personal y se vuelve estratégica. Y eso eleva el nivel completo de la mesa. He visto cómo empresas que integran liderazgo femenino en espacios financieros y comerciales no solo cumplen con estándares de igualdad; mejoran el clima laboral, anticipan riesgos y consolidan relaciones comerciales más estables. La cultura organizacional de igualdad no es reputación: es productividad. Y cuando está bien diseñada, la igualdad deja de ser narrativa social para convertirse en ventaja competitiva estructural.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Los momentos decisivos no suelen ocurrir cuando todo fluye, sino cuando una se siente más agotada, más cuestionada y más sola en la mesa.

Ya adulta mi primer momento fue decidir cursar un MBA en Finanzas en KAIST- Corea del Sur, tras obtener una beca completa de KOICA y haber finalizado mi pregrado en Alemania. Recibí comentarios —directos— que sugerían que “Finanzas no era un terreno natural para una mujer”. Esa frase no era casual; revelaba un mapa invisible de expectativas. Elegir Finanzas fue una decisión estratégica: entender capital, riesgo y estructuración de poder económico. Si se quiere incidir en cadenas productivas y gobernanza, es indispensable hablar el lenguaje del dinero con solvencia técnica.

El segundo punto de inflexión llegó a los 27 años, cuando asumí la Gerencia General de una unidad médica del IESS en un entorno predominantemente masculino y altamente jerárquico. No bastaba con comprender presupuestos y regulación; era necesario sostener la legitimidad en cada decisión. Aprendí que la autoridad no se impone por jerarquía ni volumen, sino por rigor técnico, disciplina operativa y coherencia sostenida. La juventud y el género dejaron de ser variables cuando los resultados comenzaron a hablar mientras lideraba equipos de más de 250 personas.

Algo similar ocurrió al asumir la Dirección Pecuaria y luego la Dirección de Indus-

trialización en instituciones públicas. El cuestionamiento inicial fue explícito: resistencia en reuniones, dudas sobre mis méritos y escepticismo frente a mi capacidad. No respondí con confrontación, sino con estructura: ordené procesos, fortalecí sistemas de control y gestioné contratos estratégicos con éxito. La resistencia se diluyó cuando los indicadores se volvieron medibles y los proyectos avanzaron con precisión.

En la actualidad en el sector agroindustrial predominantemente masculino aun escucho: “¿Por qué no trabajas en algo más amigable para mujeres?”. La realidad es que el campo, la logística portuaria, la negociación de contratos de exportación o el cumplimiento normativo no distinguen género; distinguen competencia. Decidí no moverme hacia espacios más cómodos, sino fortalecer mi capacidad técnica para que mi presencia no fuera simbólica, sino estratégica.

Estos episodios no fueron anécdotas personales, sino ejercicios de transformación. Desde el Derecho comprendí que la igualdad formal no garantiza igualdad material; debe ejercerse con competencia y estándares altos. Permanecer en la mesa, sostener argumentos técnicos y no reducir el nivel de exigencia no sólo impulsó mi carrera: contribuyó a modificar la cultura organizacional donde estuve. Porque el liderazgo femenino, cuando se respalda con resultados, no busca validación; redefine el sistema desde dentro.

Ha habido momentos de agotamiento real: jornadas extensas entre territorio y reuniones. Y, paralelamente, cuestionamien-

tos cuando ejerces liderazgo con firmeza: si eres estricta, eres “difícil”; si opinas con contundencia, eres “intensa”. Aprendí que romper barreras no implica suavizar el estándar, sino sostenerlo con consistencia y resultados.

Los verdaderos quiebres en mi trayectoria no fueron premios ni reconocimientos; fueron decisiones internas: no reducir mi ambición intelectual para ser aceptada, no moderar mi voz para incomodar menos y no abandonar espacios técnicos complejos cuando la presión aumentaba. Cada vez que elegí quedarme en la conversación financiera, en la mesa de negociación o en la discusión estratégica —aun sintiéndome agotada— aun cuando era la unica mujer, amplié un poco el espacio para las que vienen detrás.

El liderazgo no se consolida cuando te aplauden; se consolida cuando, aún dudando, decides no retroceder.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Mujeres actúen con determinación. El mundo ha cerrado apenas el 68% de la brecha global de género. Eso significa que aún existe desigualdad estructural en acceso a poder económico y decisión. A este ritmo, tomaría más de un siglo alcanzar la paridad plena. Esa cifra no es desalentadora; es reveladora. Significa que el sistema no se corrige solo. Entonces no internalicen límites que son sistémicos. Prepárense, comprendan la estructura financiera y jurídica, disputen espacios estratégicos con competencia y ética. El liderazgo femenino no es una narrativa

emocional; es una afirmación de derechos en el terreno económico. Y los derechos no se piden: se ejercen.

Mi mensaje no es motivacional; es táctico. Si quieren liderar, no pidan permiso, no se reduzcan para encajar, entren donde se define el presupuesto. Donde se diseñan los contratos. Donde se proyectan los flujos de caja. Donde se evalúan riesgos. No se queden únicamente en la ejecución impecable; aspiren a la arquitectura de la decisión, al poder. No teman la incomodidad. Habrá resistencia. Habrá subestimación. Habrá intentos de encasillarlas en roles “más adecuados”. Les dirán que son “difíciles” por exigir resultados, “intensas” por opinar con claridad o “ambiciosas” por aspirar a posiciones de poder.

Den guerra, por información, por transparencia, por métricas claras de desempeño, por participación real en la gobernanza. y sobre todo no romantícen la resiliencia. No se trata de soportar todo; se trata de elegir estratégicamente dónde incidir. Las mujeres silenciosas no transforman sistemas los perpetúan. Las mujeres preparadas, disciplinadas y valientes sí transforman.

No aspiren a ser aceptadas. Aspiren a influir en las decisiones. No esperen a que el sistema se vuelva justo para participar. Participen para que el sistema tenga que ajustarse a su capacidad.

El poder no cambia porque se lo pidan. Cambia cuando están preparadas para ejercerlo. Pero el liderazgo no se hereda; se construye ocupando el espacio que les corresponde.

Jennifer Samaan

CEO DE LIDERAPIA ECUADOR

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina se caracteriza por el detalle, la estrategia y el control emocional. He observado que la fortaleza de las mujeres más influyentes radica en que, durante los procesos de innovación y estrategia, siempre toman en cuenta el factor humano.

Creo profundamente en la igualdad de género y siento una gran pasión por formar a mujeres en las habilidades blandas necesarias para que puedan demostrar con seguridad su capacidad y liderazgo.

Mi empresa se dedica a formar líderes, pero mi verdadera pasión es formar mujeres y demostrar lo valiosas, capaces y poderosas que somos.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

El aprendizaje más grande que he obtenido es que sin equipo no existe el balance. Equipo en casa y equipo en el trabajo. Nadie logra el equilibrio sola.

Durante años busqué el “balance perfecto” para alcanzar mis metas profesionales sin descuidar a mi familia. Y no es fácil, porque culturalmente a la mujer se le exige ser “perfecta”: siempre impecable, buena mamá, buena esposa, empresaria exitosa… todo al mismo tiempo.

Pero la verdadera clave no está en la perfección, sino en los límites. En tener claras nuestras prioridades, actuar desde nuestros valores y mantener el enfoque. En aprender a decir no, en alejarnos de lo que no nos suma (incluyendo la culpa) y concentrarnos en lo que realmente queremos.

Cuando intentamos cumplir con todo y con todos, el precio muchas veces es nuestra salud.

Trabajando con Liderapia entendí algo liberador: la vida no es perfecta, yo tampoco lo soy… y eso está bien. Ahí empieza el equilibrio real.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Ese ambiente se construye con el ejemplo, desde la cabeza de la empresa. La cultura

organizacional no se impone, se modela. Cuando existe una buena cultura, el trabajo fluye, las personas se sienten valoradas, escuchadas y reconocidas.

Si los valores de la organización no están alineados con los tuyos, es muy difícil trabajar con tranquilidad y coherencia interna.

Cuando no existe una cultura sana, muchas mujeres se ven obligadas a utilizar constantemente herramientas para hacerse respetar y lograr ser vistas de manera profesional. He tenido una capacidad para poder lograr eso aplicando la asertividad y profesionalismo. Eso me ha permitido siempre ganar el respeto de mis equipos sin perder mi esencia.

Si el entorno no permite crecer con dignidad y reconocimiento, también es válido cuestionarlo e incluso tomar la decisión de irse.

Aún no vivimos en una realidad de igualdad plena; persisten el machismo y la desigualdad.

He aprendido que lo más importante es mantenernos en aprendizaje constante. Siempre hay algo nuevo que desarrollar, algo que mejorar, un siguiente nivel al que crecer. La formación no termina nunca”

Sin embargo, sí podemos elegir dónde invertimos nuestra energía. Se trata de no rendirse y educar con ejemplo, valentía y seriedad.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Ser canadiense me dio la bendición de estudiar en francés desde pequeña. Hablar tres idiomas no solo amplió mi visión del mundo, sino que me dio una ventaja competitiva clara desde el inicio de mi carrera.

A los 26 años, recién graduada de mi MBA, obtuve una gran oportunidad en un banco en Panamá. Ese mismo año fui promovida a gerente de ventas de hipotecas. Lideraba un equipo de 14 personas y colocábamos millones de dólares al mes. Pero nada de eso lo lograba sola: siempre fue un esfuerzo en equipo.

Sin embargo, detrás del título y los resultados había una realidad distinta. Sentía un miedo enorme al liderar personas que llevaban muchos más años que yo en la institución, mientras yo apenas tenía dos años allí y era mucho más joven que varios de ellos. El reto no era solo alcanzar las metas comerciales; era demostrar que podía liderar con credibilidad y seguridad.

Fue en ese momento donde realmente enfrenté mis miedos. Y entendí que el crecimiento profesional no ocurre cuando todo es cómodo, sino cuando decidimos estar a la altura del desafío.

Ahí comenzó mi verdadero aprendizaje como líder. Y eso fue solo el primero de varias oportunidades que aproveché para poder crecer. Hay que lanzarse, con o sin miedo. Si te mantienes en la zona de confort, nunca vas a seguir creciendo.

Eso solo fue un momento decisivo, no hay espacio para poder compartir con ustedes tantas oportunidades que aproveché para poder crecer.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

He aprendido que lo más importante es mantenernos en aprendizaje constante. Siempre hay algo nuevo que desarrollar, algo que mejorar, un siguiente nivel al que crecer. La formación no termina nunca.

Muchas mujeres se preparan en finanzas, empresas, leyes o especializaciones técnicas. Y eso es valioso. Pero pocas veces se nos enseña a desarrollar habilidades de liderazgo. Y está comprobado que el éxito no depende únicamente de la cantidad de títulos que tenemos, sino de las habilidades que desarrollamos para alcanzar y sostener posiciones de impacto.

A los 40 años viví un cambio de carrera brusco. Después de 25 años como gerente en banca y en comercio interior y exterior, entendí algo fundamental: el verdadero éxito no está en el cargo, está en la capacidad de liderar equipos y ayudarlos a alcanzar su máximo potencial. Eso es éxito. Liderar.

Y aunque la palabra suene sencilla, liderar exige múltiples habilidades: autocontrol, comunicación, visión, empatía, firmeza y valentía.

Lo veo claramente en mi madre y en mi suegra, matriarcas naturales. ¿Cómo lo lograron? Con inteligencia emocional, cuidando a su gente, tomando decisiones difíciles y avanzando sin miedo.

Fue entonces cuando comencé a trabajar con LIDERAPIA, una metodología basada en neurociencia que desarrolla paso a paso a un superlíder. Motivación, perseverancia, enfoque, adaptación, comunicación y conexión son pilares que hoy me permiten acompañar a cientos de personas a convertirse en líderes más seguros, más enfocados, sin barreras… y, al final del día, más felices.

Karla Garcés

GERENTE GENERAL DE AGRODIAGNOSTIC

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, estoy segura de que la perspectiva femenina juega un papel fundamental en la toma de decisiones estratégicas.

Desde mi experiencia, las mujeres solemos aportar una visión más integral y humana del negocio, no solo analizando números y resultados sino considerando el impacto en las personas, en la cultura de la organización y en la construcción de relaciones a largo plazo, permitiendo construir estrategias sostenibles y no únicamente enfocadas en el corto plazo.

Considero también que la perspectiva femenina fortalece la empatía en el liderazgo, ayuda a entender mejor a clientes, colaboradores y aliados estratégicos, permitiendo que las decisiones no se tomen desde la imposición, sino desde la comprensión y la colaboración siendo clave la capacidad de escuchar y adaptarse.

En mi empresa promuevo la participación en reuniones estratégicas donde las mujeres tienen voz y voto”

Además, solemos tener una alta capacidad de organización, resiliencia y manejo simultaneo de múltiples variables, lo cual es esencial cuando nos enfrentamos a escenarios complejos o inciertos, permitiéndonos anticipar riesgos y detectar oportunidades que no suelen ser tan evidentes.

Para mí la perspectiva femenina no es un complemento opcional, es un factor estratégico que marca la diferencia en el posicionamiento y crecimiento de una empresa

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

He aprendido que el equilibrio entre mi vida personal y el liderazgo competitivo

no se basa en dividir el tiempo en partes iguales sino en tomar decisiones conscientes sobre prioridades en cada etapa. Con el tiempo comprendí que el equilibrio real no es perfección, es flexibilidad y claridad.

Uno de los aprendizajes más importantes ha sido establecer límites, aprendí a decir “NO” cuando algo no está alineado con mis objetivos. También entendí que delegar no es perder control, sino fortalecer al equipo y confiar en las capacidades de otros. Otro aprendizaje clave ha sido gestionar mi energía y no solo mi tiempo. Hay momentos de alta exigencia profesional en los que mi negocio requiere más mi presencia, pero también procuro espacios intencionales para mi familia y para mí, esto me permite mantener claridad mental y tomar decisiones estratégicas más objetivas.

Uno de los aprendizajes más importantes ha sido establecer límites, aprendí a decir “NO” cuando algo no está alineado con mis objetivos”

Hoy aplica ese balance y soy más estratégica con mi agenda, priorizando lo verdaderamente importante y evitando caer en la culpa. Creo que una mujer que logra integrar su vida personal y profesional desde el equilibrio y la coherencia, lidera con mayor autenticidad, fortaleza y visión a largo plazo.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Para mí construir una cultura organizacional que promueva la igualdad no es un discurso, es una decisión estratégica que se refleja en acciones concretas diarias. La cultura no se impone, se modela.

En mi empresa promuevo la participación en reuniones estratégicas donde las mujeres tienen voz y voto, procuro que todas las voces sean escuchadas, especialmente cuando identifico mujeres que no se sienten seguras de su participación, además como mujer entiendo los roles de mis colaboradoras tanto profesional como el de sus hogares, promuevo que estén presentes con sus familias en eventos especiales,

que puedan vivir su maternidad plenamente al igual que su desarrollo profesional.

Considero que una cultura inclusiva no beneficia solo a las mujeres, fortalece a toda la organización. Cuando las personas sienten que pueden expresarse con libertad y que su aporte es valorado, la empresa gana en innovación, compromiso y competitividad, para mi es ese el verdadero impacto estratégico de una cultura basada en igualdad.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

En mi trayectoria, los momentos más decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo, no fueron los más cómodos sino aquellos que me obligaron a asumir más responsabilidad de la que inicialmente creía posible.

Uno de esos momentos fue cuando decidí volver a empezar después de una caída fuerte, cuando me vi quebrada, entendí que toqué fondo y que llegar hasta allá es la base para tomar impulso, me encontré más fortalecida y me descubrí talentos que estaban ocultos en la cotidianidad, me volví creativa, estratégica, objetiva. Un punto clave fue aprender a confiar en mi criterio, muchas veces en entornos competitivos es fácil dudar de la propia voz. Cuando comencé a defender mis ideas con datos, visión y seguridad, sin minimizar mis aportes, noté un cambio en la precepción de los demás de mi liderazgo, fue decisivo aprender a manejar la crítica y la resistencia. Romper barreras implica incomodar estructuras tradicionales, en lugar de que sea un obstáculo, lo asumí como parte del proceso de transformación y consolidación de mi posición.

Finalmente, uno de los aprendizajes más importantes fue entender que el liderazgo no se trata de alcanzar una posición sino de generar impacto, combinando preparación constante, valentía para asumir desafíos y convicción para mantenerme firme en mi visión.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Si pudiera enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, les diría que no esperen sentirse “listas” para dar el siguiente paso, el liderazgo no comienza cuando desaparecen las dudas, comienza cuando decidimos avanzar a pesar de ellas.

Les diría que inviertan en su preparación, que conozcan profundamente su negocio, que dominen los números, la estrategia y la ejecución. La seguridad no nace solo de la actitud, nace del conocimiento y de la disciplina. Cuando las mujeres estamos preparadas nuestra voz pesa.

Les diría que aprendan a poner límites sin culpa y a valorar su tiempo y su energía, que construyan redes, busquen mentores, asesores, y que también se conviertan en mentoras. El liderazgo no es una competencia entre mujeres, es una construcción colectiva.

Si creen en su visión, trabajan con consistencia y con constancia, poniendo siempre adelante los valores que les identifica, el espacio que hoy parece difícil de alcanzar mañana se volverá parte del camino.

PRESIDENTA EJECUTIVA DE MARQUESA GROUP

E Adriana Vásquez

n un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel juega la perspectiva femenina al innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina aporta una visión integral del negocio, donde la estrategia no solo se mide en números, sino en percepción, experiencia y sostenibilidad relacional.

En industrias como la gastronómica —donde la experiencia es tan importante como el producto— la sensibilidad hacia el detalle, la narrativa y la emoción del cliente se convierte en ventaja competitiva. La mujer líder tiende a integrar:

• Análisis financiero + intuición de mercado

• Rentabilidad + reputación

• Estructura + experiencia

La innovación no surge únicamente de romper reglas, sino de reinterpretarlas con propósito. Esa capacidad de observar el comportamiento humano, anticipar tendencias y construir marca desde la empatía es un diferencial estratégico real.

Sobre el equilibrio entre vida personal y liderazgo corporativo

He aprendido que el balance no es estático; es gestión consciente de prioridades.

Durante años en el ámbito corporativo financiero y ahora como socia y creadora de marca, entendí que:

Delegar no es perder control; es construir estructura.

Decidir implica aceptar que no todo puede ser perfecto al mismo tiempo.

La disciplina emocional es tan importante como la disciplina financiera.

Hoy aplico tres principios:

Claridad absoluta de prioridades trimestrales.

Estructuras de equipo que reduzcan la dependencia operativa.

Espacios personales no negociables para mantener claridad mental.

El liderazgo sostenible exige energía sostenida. Y la energía es un activo estratégico.

Construcción de cultura organizacional para el desarrollo femenino

Hablar sobre la cultura organizacional es un tema que me apasiona porque a lo largo de mi carrera profesional he visto cómo pocas empresas realmente crean una cultura que se viva y no quede en un papel. La cultura organizacional debe estar basada en respeto, información clara, comunicación efectiva y empatía estructural.

La cultura real se construye desde cuatro pilares estructurales:

Respeto como norma operativa, no emocional

El respeto no es “ser amable”; es establecer reglas claras de interacción profesional.

Cuando las mujeres perciben un entorno

La cultura organizacional no ocurre por accidente: se diseña”

He aprendido que el balance no es estático; es gestión consciente de prioridades”

donde la competencia es profesional y no personal, su capacidad de liderazgo aumenta. La seguridad psicológica eleva el rendimiento.

Información clara = poder distribuido

En muchas organizaciones, la información es jerarquía. En culturas sólidas, la información es herramienta de crecimiento.

Para que una mujer pueda desarrollarse y liderar necesita:

• Objetivos claros.

• Indicadores de desempeño definidos.

• Expectativas explícitas. Retroalimentación periódica.

La claridad reduce inseguridad y elimina favoritismos implícitos.

Cuando la información fluye, la autoridad se gana por competencia, no por percepción.

Comunicación estructurada, no improvisada

La comunicación es una disciplina estratégica.

En entornos gastronómicos —donde la presión operativa es alta— la comunicación deficiente genera tensiones que afectan más a mujeres jóvenes o en posiciones emergentes.

Una cultura sólida establece:

Canales definidos para sugerencias.

Espacios formales para proponer mejoras.

Feedback bidireccional.

Entrenamiento en comunicación asertiva.

La comunicación clara reduce conflictos y fortalece liderazgo.

Empatía estructural (no emocional)

La empatía organizacional no es permisividad.

Es comprender que el talento se desarrolla cuando existe equilibrio y respeto por la realidad personal.

Se traduce en:

Flexibilidad razonable ante situaciones familiares.

Evaluación por resultados, no por presencia.

Conversaciones abiertas sobre desarrollo profesional.

La empatía bien gestionada no debilita la exigencia; la humaniza.

¿Cómo hacer que la cultura no quede en papel?

La cultura se instala cuando:

La dirección modela el comportamiento.

Las decisiones difíciles respetan los valores declarados.

Los procesos respaldan lo que se comunica.

La coherencia construye credibilidad.

Impacto estratégico

Una cultura basada en respeto, claridad y comunicación no solo beneficia a las mujeres. Mejora:

• Retención de talento.

• Productividad.

• Clima laboral.

• Imagen de marca empleadora.

• Consistencia del servicio.

En un negocio gastronómico premium, la experiencia del cliente depende directamente del equilibrio interno del equipo. No se puede ofrecer calidez en mesa si internamente hay tensión o inequidad.

En síntesis

La cultura organizacional para el desarrollo femenino no es un programa aislado. Es un sistema donde:

• El respeto es norma.

• La información es transparente.

• La comunicación es bidireccional.

• La empatía es estructural.

• La coherencia es permanente.

Cuando estos elementos se integran, la igualdad deja de ser discurso y se convierte en ventaja competitiva.

Momentos decisivos para romper barreras

Los momentos más decisivos no fueron ascensos formales, sino decisiones incómodas:

Defender una visión de marca cuando lo convencional parecía “más seguro”. Tomar decisiones financieras firmes aun cuando eran impopulares.

Elegir diferenciarme en lugar de adaptarme a lo que “siempre ha funcionado”.

Romper barreras implica asumir que el liderazgo no es aprobación constante, sino dirección clara. La seguridad en la visión reduce el ruido externo.

Mensaje para mujeres que aspiran a liderar

Mi reflexión sería:

No busquen encajar en modelos tradicionales de liderazgo. Construyan el suyo.

La autoridad no proviene del volumen de la voz, sino de la claridad del criterio. El liderazgo no es competir con energía masculina, sino potenciar la propia identidad estratégica.

Formación sólida. Disciplina financiera. Criterio firme.

Y la convicción de que la elegancia en la forma no debilita la fuerza en el fondo.

Paola Traverso

DIRECTORA EJECUTIVA DE PATH TRANSFORMING GROUP

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿Qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina aporta hoy un valor estratégico profundamente relevante en entornos empresariales complejos y altamente competitivos. Cuando las mujeres participan activamente en los espacios de decisión, la conversación se amplía y se vuelve más integral, porque se incorporan variables que muchas veces no están presentes en modelos de análisis tradicionales.

Desde mi experiencia liderando equipos diversos, integrados tanto por hombres como por mujeres, siempre procuré potenciar las habilidades y competencias de cada persona sin que el género fuera un factor determinante. Sin embargo, en la dinámica cotidiana de trabajo era evidente que muchas mujeres tendían a ejercer el liderazgo con un fuerte enfoque en las personas y en la colaboración. Mostraban una genuina preocupación por el desarrollo del equipo, inspiraban a otros con su ejemplo, promovían decisiones participativas y demostraban una gran capacidad de adaptación en contextos de cambio. Asimismo, se destacaban por reconocer y valorar los logros de los demás, fortaleciendo así el compromiso y la cohesión del equipo. Y todo esto lo comprueba la evidencia de varias investigaciones y estudios citados por McKinsey, BCG y Harvard que muestran que organizaciones con mayor presencia femenina en liderazgo reportan:

• +14 % de rentabilidad

• +18 % de satisfacción de empleados

• +20 % de ingresos por innovación

• +10 % de ROE cuando los directorios tienen ~30 % de mujeres

Ahora en mi rol de consultora acompañando procesos de liderazgo y transformación cultural, observo que muchas mujeres ejecutivas combinan de manera natural el pensamiento sistémico con una alta sensibilidad relacional. Esta combinación favorece procesos de innovación más sostenibles, ya que no solo se enfocan en el resultado inmediato, sino también en el impacto en las personas, en la cultura organizacional y en la reputación del negocio.

No se trata de afirmar que existe una única forma femenina de liderar, sino de reconocer que la diversidad cognitiva eleva la calidad de las decisiones estratégicas. Cuando hay miradas diversas en la mesa,

se cuestionan supuestos, se anticipan riesgos y se diseñan soluciones más robustas. Hoy la verdadera competitividad exige decisiones inteligentes, humanas y con visión de largo plazo.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Uno de los aprendizajes más transformadores en mi camino ha sido comprender que el balance perfecto no existe; lo que sí existe es la gestión consciente y estratégica de prioridades en cada etapa de la vida. Durante mucho tiempo, muchas mujeres —me incluyo— hemos sentido la presión de responder de forma impecable a todos los frentes, como madre, pareja, ejecutiva, amiga, hija, hermana, etc., lo cual termina siendo insostenible en el tiempo.

La excelencia abre puertas, pero la visibilidad y el coraje las mantienen abiertas”

Como madre de dos jóvenes puedo afirmar con total certeza que ellos han sido mis mayores maestros de vida. No siempre supe cómo equilibrar mi vida personal y profesional. Hubo etapas de largas jornadas laborales, muchas veces justificadas por esa sensación de productividad que incluso era “premiada” en el entorno empresarial. Sin embargo, en casa había dos pequeños que me esperaban despiertos, luchando contra el sueño, aguardando mi llegada, que con frecuencia era tarde. Hasta que llega ese momento de claridad en el que tomas consciencia y entiendes que el verdadero liderazgo también implica revisar tus prioridades y comenzar a tomar decisiones que te acerquen a un equilibrio más consciente.

Con los años entendí que el liderazgo sostenible empieza por el autoliderazgo. Hoy aplico tres principios que han sido clave. Primero, empoderamiento con claridad de foco para distinguir qué es verdaderamente estratégico en cada momento y soltar la culpa por lo que no lo es. Segundo, diseño intencional de mi agenda, protegiendo espacios de alto valor tanto personal como profesional. Y tercero, construcción consciente de redes de apoyo.

Cuando las mujeres líderes normalizamos conversaciones honestas sobre energía, límites y bienestar, no solo nos fortalecemos individualmente, sino que también habilitamos culturas organizacionales más humanas, productivas y coherentes con los desafíos actuales del mundo laboral.

Es precisamente por esto que cuando creo espacios en las empresas para hablar de diversidad, equidad e inclusión pido que no solo sea por fechas específicas si no que esto sea una conversación permanente como parte de una cultura que respeta la diversidad de género y la aprovecha sobre todo.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Estoy convencida de que la igualdad real no se declara para cumplimiento de normativa legal, se diseña, se gestiona y se mide. En los procesos de transformación cultural que acompaño, parto siempre de una premisa central: la seguridad psicológica es la base del liderazgo inclusivo. Sin este elemento, el talento —especialmente el femenino— se inhibe o se invisibiliza.

Para construir entornos verdaderamente habilitantes trabajo en tres niveles. Primero, el nivel de liderazgo, desarrollando en jefes y gerentes competencias de liderazgo consciente, feedback constructivo y gestión de sesgos. Segundo, el nivel de procesos, promoviendo prácticas claras de reconocimiento, evaluación y desarrollo basadas en mérito y evidencia. Y tercero, el nivel cultural, impulsando conversaciones abiertas sobre diversidad, equidad e inclusión.

Sé que vamos por buen camino cuando las mujeres sienten que pueden opinar, disentir y proponer sin temor. En ese momento no solo gana la equidad; gana también la

innovación, el compromiso y la sostenibilidad del negocio.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Más que un único momento, han sido decisiones valientes tomadas en distintos puntos de mi trayectoria. En mis primeros cargos asistenciales siempre estuve atenta a aprender de mis superiores y me encargaban actividades importante. Me sentía valorada, y tomada en cuenta por mis capacidades, siempre fui muy curiosa y abierta al aprendizaje. Mi primer cargo de jefatura fue a los 23 años donde tuve que mudarme sola a la ciudad de Quito a trabajar con este cargo que era todo un desafío para mí. Una decisión que definitivamente me abrió camino.

Algo que marcó profundamente mi camino es que construí mi liderazgo desde posiciones estratégicas como gerente de operaciones, gerente administrativa, gerente de compras e importaciones, siempre trabajando con un equipo humano, enseñando a otros, ayudándolos a desarrollarse, inspirando a que se preparen para que puedan crecer, brindando oportunidades.

Cuando en mi equipo había madres o mujeres embarazadas, procuré siempre liderar desde la empatía. Sabía de primera mano todo lo que ocurre en esa etapa: los cambios físicos, el torbellino emocional y las exigencias que implica equilibrar la vida personal con el trabajo. Aun así, siempre encontré en ellas

un profundo compromiso con su rol y con el equipo, demostrando que, cuando existe comprensión y confianza, es posible alcanzar los resultados esperados en el tiempo y la forma adecuados.

Esa diversidad de responsabilidades me permitió comprender que el liderazgo efectivo no depende del área funcional, sino de la capacidad de generar resultados a través de las personas. En cada uno de estos espacios asumí el desafío de influir, ordenar, movilizar y desarrollar equipos en contextos de alta exigencia operativa, lo que fortaleció una mirada de negocio integral y profundamente humana al mismo tiempo.

Uno de los puntos de inflexión más importantes fue reconocer que, independientemente del cargo, mi verdadero valor estaba en cómo habilitaba el desempeño de otros.

Apostar por mi voz propia como consultora y formadora también implicó salir de zonas de comodidad, asumir mayor exposición y confiar plenamente en el valor de mi experiencia acumulada en distintos frentes del negocio lanzándome como consultora independiente primero y ahora liderando mi propia empresa.

Mirando en retrospectiva, romper barreras ha tenido menos que ver con luchar contra el entorno y más con asumir con decisión cada responsabilidad que se me confió, incluso en escenarios nuevos o retadores. Esa amplitud de experiencia es la que hoy me permite acompañar a líderes y organizaciones con una visión estratégica, práctica y conectada con la realidad del negocio.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que el liderazgo no comienza cuando llega el nombramiento; comienza cuando decides hacerte responsable de tu impacto. El entorno empresarial necesita más mujeres preparadas, sí, pero también más mujeres visibles, estratégicas y dueñas de su voz.

Venimos de contextos históricos donde las oportunidades no siempre han sido iguales, y reconocerlo es parte de la madurez profesional. Sin embargo, también creo firmemente que hoy tenemos un rol activo en transformar esa realidad. Cada una de nosotras tiene la capacidad de cuestionar los patrones que ha heredado, ampliar su propia narrativa de posibilidad y tomar decisiones más conscientes sobre su crecimiento.

Mi invitación es a no quedarse únicamente en el diagnóstico del entorno, sino a pasar a la acción personal y profesional. Invertir de forma intencional en el desarrollo, construir redes de colaboración genuinas, practicar la sororidad día a día y dejar de esperar validaciones externas para avanzar. La excelencia abre puertas, pero la visibilidad y el coraje las mantienen abiertas.

Cuando una mujer decide hacerse cargo de su empoderamiento y evolución, no solo acelera su propio camino; también amplía el horizonte para las que vienen detrás. Ese es, para mí, el verdadero efecto multiplicador del liderazgo femenino.

Gabriela Rumazo

SOCIA KEYWORD

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel juega la perspectiva femenina en la innovación y en las decisiones estratégicas?

Aportamos diversidad en la forma de analizar los problemas y tomar decisiones. Cuando las mujeres participan en espacios estratégicos, las conversaciones suelen ampliarse. No se evalúan únicamente los resultados financieros inmediatos, sino también los efectos reputacionales, sociales y culturales de cada decisión.

Esa mirada integral permite anticipar riesgos, comprender mejor a los distintos grupos de interés y construir estrategias más sostenibles. En entornos cada vez más complejos, donde las decisiones empresariales están estrechamente vinculadas con factores regulatorios, sociales y reputacionales, contar con información estratégica y una adecuada gestión de los asuntos públicos se vuelve fundamental.

La capacidad de interpretar el contexto, comprender las dinámicas del entorno y comunicar con claridad las decisiones empresariales es hoy una parte esencial del liderazgo corporativo. La innovación también se fortalece cuando existe diversidad, porque equipos con perspectivas

El talento femenino no necesita únicamente oportunidades; necesita condiciones organizacionales que permitan su desarrollo”

distintas tienen mayor capacidad para cuestionar supuestos y adaptarse a escenarios cambiantes.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes te ha dejado esa experiencia?

Con el tiempo he entendido que el llamado “balance” no significa dividir la vida en partes iguales entre lo personal y lo profesional. En realidad, se trata de gestionar prioridades de forma consciente a lo largo de las distintas etapas de la vida.

En posiciones de liderazgo es común intentar sostenerlo todo desde el esfuerzo individual. Sin embargo, la experiencia demuestra que el liderazgo sostenible no depende de la sobrecarga personal, sino de la capacidad de construir sistemas que funcionen.

Esto implica formar equipos autónomos, distribuir la confianza, delegar con claridad y enfocar la agenda en aquello que realmente genera impacto estratégico.

Hoy gestiono mi tiempo y mi energía con el mismo criterio con el que gestiono la estra-

tegia de la organización: claridad en las decisiones, certeza cuando es necesario decir que no y foco en la sostenibilidad. También he aprendido que la comunicación estratégica dentro de las organizaciones es clave para alinear equipos, gestionar expectativas y sostener la confianza, especialmente en contextos de cambio.

¿Cómo se construye una cultura organizacional donde las mujeres puedan desarrollarse y liderar?

El talento femenino no necesita únicamente oportunidades; necesita condiciones organizacionales que permitan su desarrollo.

El primer paso es construir entornos con seguridad psicológica. No basta con invitar a las mujeres a la mesa de decisión; es fundamental garantizar que sus ideas sean escuchadas con la misma legitimidad que las de cualquier otro líder.

El segundo elemento es el desarrollo intencional del talento. Programas de mentoría y patrocinio ayudan a conectar a profesionales con alto potencial con oportunidades estratégicas, mientras que la presencia de mujeres en posiciones de decisión genera referentes visibles para las nuevas generaciones.

La cultura organizacional también debe evolucionar hacia modelos basados en resultados, donde la flexibilidad y la corresponsabilidad permitan que la vida profesional y personal coexistan sin penalizar el crecimiento profesional.

En entornos volátiles, las organizaciones que logran consolidar culturas sólidas también

son aquellas que valoran el análisis del contexto, la gestión responsable de los asuntos públicos y una comunicación estratégica transparente con sus grupos de interés.

¿Qué momentos han sido decisivos para avanzar hacia posiciones de liderazgo?

A lo largo de mi trayectoria hubo varios momentos que marcaron un punto de inflexión.

Uno de ellos fue mi ingreso al sector extractivo, una industria tradicionalmente dominada por hombres. Recuerdo con claridad mi primera visita sola a un pozo petrolero en la Amazonía. Estar en el terreno me permitió comprender la complejidad técnica de la industria y su impacto en el desarrollo económico del país y en las comunidades locales.

Otro momento transformador fue mi experiencia internacional. Vivir y trabajar fuera del país me permitió desarrollar una perspectiva global y fortalecer una forma de liderazgo más abierta y adaptable.

El tercer hito fue sumarme a la construcción de Keyword como socia. Después de varios años en multinacionales, apostar por este proyecto implicó asumir riesgos. Sin embargo, la oportunidad de contribuir al desarrollo de una organización enfocada en acompañar a empresas en la comprensión de su entorno, la gestión de asuntos públicos y el uso de información estratégica para la toma de decisiones.

Esta experiencia me reafirmó que el liderazgo va más allá de dirigir equipos: se trata de inspirar, generar confianza y movilizar a las personas en torno a una visión compartida.

A las mujeres que aspiran a liderar les diría que confíen en su preparación, inviertan

constantemente en

su desarrollo y no tengan miedo de ocupar espacios de decisión”

¿Qué mensaje darías a las mujeres que aspiran a liderar en el mundo empresarial?

El liderazgo rara vez sigue una línea recta. En el camino aparecen momentos de duda, decisiones complejas o entornos donde avanzar parece más difícil de lo esperado.

Mi principal aprendizaje ha sido entender que esos desafíos forman parte natural del crecimiento profesional. Cada etapa trae consigo nuevas responsabilidades y oportunidades para desarrollar criterio.

A las mujeres que aspiran a liderar les diría que confíen en su preparación, inviertan constantemente en su desarrollo y no tengan miedo de ocupar espacios de decisión.

Cuando una mujer asume un rol de liderazgo, no solo transforma su propia trayectoria. También contribuye a ampliar las posibilidades para otras mujeres, a construir organizaciones más diversas y mejor preparadas para enfrentar los desafíos del futuro.

Yajaira Alvarado

SOCIA DE ANDERSEN

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Hace poco una buena amiga me dijo que un buen líder no debe saberlo todo, sino saber qué preguntar. Esa frase me quedó sonando durante días porque, sin quererlo, describía exactamente el principal aporte de la perspectiva femenina en los negocios.

Quienes me conocen saben que soy de números, analítica por naturaleza, creo que trabajar más de 18 años en el mundo de los impuestos ha contribuido con ello. Pero con el tiempo aprendí que los mejores resultados no vienen de tener el análisis correcto, sino de saber leerlo junto a las personas correctas. Las mujeres tendemos a tomar decisiones de forma más integral, analizamos los datos, sí, pero también

el contexto, el equipo, el impacto humano detrás de cada número. Somos más minuciosas, más consultivas, más empáticas en el proceso.

Esa mirada integral, la que escucha, la que cuestiona, la que no se conforma con la primera respuesta, es para mí el mayor aporte de las mujeres en innovación y estrategia. No es solo intuición, es una forma de procesar la información que contempla más variables, más perspectivas, más impactos.

Hoy lidero un proyecto de automatización tecnológica dentro de nuestra firma, y es precisamente eso lo que estoy aplicando. Más que un ejercicio técnico, es un ejercicio de escucha. Hacer las preguntas correctas, cuestionar los supuestos, dar espacio para que el equipo aporte. Y cuando eso sucede, los resultados hablan por sí mismos.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Seré honesta: no creo en el balance perfecto. Creo en la priorización. Y priorizar significa que en algún momento algo queda postergado y muchas veces, es el tiempo personal.

Las mujeres tendemos a exigirnos demasiado. Queremos estar al 100% en todo, todo el tiempo. He tenido etapas en las que el trabajo lo ocupó casi todo, no porque algo estuviera mal, sino porque estaba construyendo algo que me apasionaba. Y cuando algo te apasiona, es difícil ponerle límites. Ese costo no siempre es visible, pero siempre está presente.

Con el tiempo aprendí a priorizar con más intención. A entender que no todo puede ser urgente al mismo tiempo, que delegar no es perder el control, y que los momentos fuera de la oficina también me hacen mejor profesional. No siempre lo logro, pero lo intento conscientemente.

Creo que la conversación sobre balance debería ser más honesta. No se trata de tenerlo todo perfectamente distribuido, se trata de saber qué estás eligiendo en cada momento, y estar en paz con esa decisión.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Mi respuesta puede sorprender un poco, porque no creo que la clave esté en crear programas especiales para mujeres. Creo en construir ambientes justos para todos, mujeres y hombres, donde el mérito sea el factor decisivo.

Lo que sí hago, y lo hago conscientemente, es escuchar. No solo a las mujeres sino a todo mi equipo. Que cada persona sienta que su opinión importa, que su criterio cuenta. Ese ambiente, en mi experiencia, beneficia a todos pero especialmente a quienes históricamente han tenido menos espacio para hablar.

Los números de nuestra firma reflejan eso. En Andersen, el 54% del equipo son mujeres, y en posiciones gerenciales ese porcentaje sube al 60%. El 47% de nuestra plantilla tiene menos de 25 años. Son datos que

Con el tiempo aprendí que los mejores resultados no vienen de tener el análisis correcto, sino de saber leerlo junto a las personas correctas”

me generan satisfacción, porque demuestran que las oportunidades no dependen del género ni de la edad, sino de lo que cada persona es capaz de aportar. Pero también me generan responsabilidad, porque a nivel de socios soy la única mujer en la oficina de Guayaquil, en un grupo de seis. Eso me dice que hemos avanzado, pero que todavía queda camino por recorrer.

Más allá de lo que hacemos como organización, hay algo que me parece importante decir: parte del camino también depende de nosotras. A veces las mujeres nos conformamos con lo que nos dan en lugar de pedir lo que merecemos. Por eso, más que promover a las mujeres por el simple hecho de serlo, lo que intento es ser el ejemplo de que es posible llegar lejos siendo exactamente quien eres.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Romper barreras, en mi experiencia, ha tenido más que ver con decisiones que con circunstancias. Y las decisiones más importantes que he tomado no siempre fueron las más cómodas.

Uno de los primeros momentos fue cuando asumí el rol de Gerente en 2013. Ya venía manejando equipos, pero con ese cargo tenía una responsabilidad que se sentía distinta. Tenía muchas dudas, no siempre sabía cómo actuar. Pero en el camino tuve varios mentores que me guiaron en el pro-

Las barreras más importantes que he roto no fueron externas, fueron internas”

ceso, aportaron con su experiencia y, así, poco a poco fui descubriendo y armando mi propio estilo de liderazgo. Me di cuenta que me gustaba liderar. No solo el trabajo técnico, sino organizar, acompañar y desarrollar al equipo.

En ese momento, Fidesburó (ahora Andersen) era una firma en crecimiento, por lo cual ese rol me llevó mucho más allá de los impuestos, me metí en reclutamiento, capacitación, cultura organizacional. Aprendí haciendo. No siempre me salió todo bien, es más, puedo decir que los mejores aprendizajes los gané cuando tomé malas decisiones.

No creo que la clave esté en crear programas especiales para mujeres. Creo en construir ambientes justos para todos, hombres y mujeres”

Otro momento que me marcó fue cuando decidí dejar Andersen, la firma donde había construido todo desde cero durante más de 14 años, para asumir un rol en el Servicio de Rentas Internas. No fue una decisión fácil. Tenía mucha incertidumbre, no formaba parte de mi plan trabajar en el sector público, pero se presentó la oportunidad y decidí aprovecharla. Lo vi como una maestría, además pensé: si llevaba años asesorando a empresas en materia tributaria, tenía que entender ese mismo mundo desde el otro lado, desde adentro del ente regulador. Entender cómo piensa la autoridad, cómo interpreta las normas, qué es lo que realmente le preocupa. Eso no se aprende en ningún libro ni en ninguna firma.

Cuando volví al sector privado, regresé con una visión más completa, más estratégica, más capaz de anticipar riesgos y de asesorar con mayor profundidad. Hoy, como socia en Andersen, esa experiencia es parte de lo que me define y de lo que aporto a mis clientes y a mi equipo todos los días.

En toda mi trayectoria, creo que las barreras más importantes que he roto no fueron las externas, fueron las internas. Atreverme a salir de mi zona de confort, a soltar la seguridad de lo construido, a apostar por una perspectiva diferente. Eso, para mí, fue el verdadero punto de inflexión.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo

empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

La reflexión más valiosa que puedo compartir es simple, que confíen en ellas. Suena fácil, pero en la práctica es uno de los mayores retos que enfrentamos las mujeres.

He visto mujeres brillantes, preparadas, capaces, que se frenan antes de que alguien más lo haga. Que se cuestionan demasiado, que esperan estar completamente listas antes de dar el siguiente paso, que cargan con una exigencia interna que no le aplicarían a nadie más. Yo misma lo he hecho, soy mi principal crítica.

Que no transiten el camino solas, que se rodeen de personas que sumen. Yo he tenido mentores a lo largo de mi carrera que me formaron no solo en lo técnico sino también en liderazgo. Tengo la suerte de compartir con un grupo de mujeres ejecutivas con quienes sigo creciendo hasta hoy. No son mis mentoras en el sentido formal, pero lo que compartimos aporta a mi crecimiento de una forma que valoro mucho. Por eso hoy entiendo la responsabilidad que tenemos quienes ya ocupamos estos espacios, ser el referente que quizás otras no tuvieron.

El camino no siempre será fácil, y habrá momentos en que sientan que no es suficiente lo que hacen. En esos momentos, que no se abandonen. Yo no tuve todo claro desde el principio, salí de mi zona de confort cuando no estaba en el plan, tomé decisiones con incertidumbre, pero seguí apostando por mí. Y eso, al final, es lo que marca la diferencia.

Rosalia Durán

DIRECTORA FINANCIERA DE REYSAC

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Sin duda alguna la perspectiva de las mujeres en las empresas es de suma importancia, y eso se ve reflejado en los cargos que ocupamos actualmente.

Aún recuerdo el día que comencé a trabajar en Reysac, hace ya 26 años. Al ser una empresa familiar, mi papá Xavier Durán

Dyer, me dio la oportunidad de poder trabajar junto con él y mi abuelito Jorge Durán Wauge (†), a quien recuerdo con mucho amor y respeto, fundador de la fábrica, en aquella época yo daba mis primeros pasos en el mundo empresarial y con el tiempo pude aprender muchísimo de su experiencia, ellos más que nadie conocen el negocio en todas sus etapas y procesos, y he venido creciendo profesionalmente en la empresa en distintas áreas, por eso siempre estaré muy agradecida con ellos.

Para mí y mis hermanos, es un desafío constante continuar este legado, ya que somos la tercera generación, en abril cumpliremos 84 años siendo lideres en el mercado y or-

Creo que encontrar un equilibrio entre la vida familiar y la vida profesional es uno de los mayores desafíos cuando se ocupa un cargo de alta responsabilidad”

gullosamente puedo decir que fiel a nuestros valores, hemos dado empleo a muchas familias, capacitado constantemente al personal para que siga desarrollándose, así como también logramos convertirnos en aliados estratégicos para nuestros clientes, para poder crecer juntos en todas sus necesidades, y continuamos innovando para ser más competitivos y brindarles la mejor opción que hay en el mercado.

Actualmente en Reysac, cada vez somos más mujeres ocupando posiciones de alta gerencia y dirección en áreas claves como Gestión de Talento Humano, Ventas, Seguridad, Calidad, Comercio Exterior, Logística y Finanzas. Esto solo demuestra el compromiso que tenemos de inclusión y de que valoramos mucho la participación de las mujeres en estas áreas, donde somos las que tomamos decisiones estratégicas para lograr impulsar la innovación, la eficiencia y la excelencia en el servicio a nuestros clientes.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Creo que encontrar un equilibrio entre la vida familiar y la vida profesional es uno de los mayores desafíos cuando se ocupa un cargo de alta responsabilidad, y más aún cuando se trabaja dentro de una empresa familiar. Con el tiempo he aprendido que el balance no significa repartir el tiempo en partes iguales, sino tener muy claras las prioridades y actuar con coherencia respecto a lo que realmente valoramos.

En Reysac hemos trabajado mucho en fortalecer nuestro gobierno corporativo y en establecer un protocolo familiar. Esto nos ha ayudado a definir roles, responsabilidades y espacios de decisión claros. Aprender a separar lo empresarial de lo personal no significa tomar distancia de la familia, sino crear orden y respeto en las decisiones. Gracias a esto podemos analizar los temas de la empresa con objetividad, sin perder la armonía que es tan importante en una familia.

En lo personal, mi familia siempre ha sido mi prioridad. Procuro estar presente en los momentos importantes y compartir tiempo de calidad con mis hijos, porque sé que esos momentos pasan muy rápido. Creo firmemente que el liderazgo no solo se ejerce dentro de una organización, también se ejerce en casa. Nuestros hijos observan cómo enfrentamos los retos, cómo tomamos decisiones y cómo asumimos nuestras

responsabilidades, y en ese sentido somos su principal ejemplo.

Con los años he entendido que el verdadero equilibrio no consiste en sacrificar una parte de la vida por la otra, sino en construir una vida con propósito. El trabajo es muy importante y requiere compromiso, pero la familia es el lugar donde encontramos sentido y estabilidad. Al final, el tiempo es nuestro recurso más valioso, y el verdadero balance está en saber dedicarlo con intención tanto a nuestro trabajo como a las personas que más amamos.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Siempre he creído que la cultura organizacional se construye todos los días, a través de la confianza, la escucha y el respeto por las personas. En nuestra empresa hemos trabajado mucho en fortalecer la comunicación interna, porque estamos convencidos de que cuando las personas se sienten escuchadas, también se sienten valoradas.

Con ese objetivo creamos un programa que se llama “Tejiendo Confianza”, en el que invitamos a colaboradores de diferentes áreas de la empresa a compartir sus experiencias, expresar sus ideas y contarnos cuáles son sus necesidades o inquietudes. Estos espacios nos permiten acercarnos más a nuestro equipo, conocer distintas perspectivas y, sobre todo, generar un ambiente donde todos puedan sentirse cómodos para opinar y proponer mejoras. Mu-

Siempre he creído que la cultura organizacional se construye todos los días, a través de la confianza, la escucha y el respeto por las personas”

chas de esas ideas han sido muy valiosas para la empresa, porque cuando las personas participan activamente en la construcción de la organización, todos crecemos.

En el área financiera que lidero, la mayoría del equipo está conformado por mujeres, y para mí es muy importante que cada una de ellas sienta que tiene un espacio para desarrollarse y aportar. Siempre trato de mantener una puerta abierta para escuchar sus ideas y acompañarlas en los desafíos que enfrentamos día a día. Creo que el liderazgo también implica generar confianza para que las personas puedan expresar su visión con seguridad y sentirse parte de las decisiones.

Estoy convencida de que en una organización no solo crece el líder, crece todo el equipo cuando existe colaboración, respeto y un propósito compartido. Cuando las mujeres encuentran un entorno donde se sienten valoradas y apoyadas, su talento se potencia y su liderazgo florece de manera natural.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Considero que, muchas veces, las barreras más grandes no siempre están afuera, sino en las dudas que uno mismo puede tener. En muchos momentos de la carrera profesional es común pensar que todavía falta más experiencia, más preparación o más tiempo para asumir mayores responsabilidades. Sin embargo, con los años he aprendido que cuando se nos brinda una oportunidad dentro de una organización, generalmente es porque alguien ha visto en nosotros las capacidades necesarias para asumir ese desafío.

En mi experiencia, avanzar hacia posiciones de liderazgo ha sido un proceso que se ha construido paso a paso, con mucho aprendizaje, dedicación y también con la confianza que otras personas depositaron en mí. Un momento decisivo es cuando uno empieza a creer en su propia capacidad de liderar, de aportar ideas y de tomar decisiones que

pueden influir positivamente en el crecimiento de un equipo o de una empresa.

Para mí, el liderazgo está muy ligado a la capacidad de trabajar con las personas. Mantener una comunicación abierta y respetuosa con el equipo, con los colegas y con quienes dirigen la organización es fundamental. Las ideas deben poder expresarse y discutirse, siempre con la mirada puesta en encontrar oportunidades de mejora y de crecimiento para la empresa.

También creo que el liderazgo no llega de un día para otro. Es el resultado de años de esfuerzo, de aprendizaje constante y de compromiso con el trabajo. Con el tiempo, la experiencia y la dedicación comienzan a ser reconocidas, y es ahí cuando uno entiende que cada desafío, cada etapa y cada sacrificio han sido parte del camino para llegar a asumir mayores responsabilidades.

Desde mi perspectiva, romper barreras también significa animarse a confiar en uno mismo y a asumir los retos con convicción. Cuando una mujer cree en su capacidad y se atreve a dar ese paso, no solo avanza en su propio camino, sino que también abre puertas para que otras mujeres puedan hacerlo.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

El mensaje que me gustaría compartir, es que confíen en ellas mismas. Muchas veces dudamos de nuestras capacidades o pensamos que aún no estamos listas, pero

la intuición, cuando está acompañada de preparación y valores claros, nos guia por el camino correcto.

También creo que es muy importante ser fiel a los propios valores y mantener la perseverancia frente a los desafíos. El liderazgo no es algo que llega de inmediato; es el resultado de la constancia, del aprendizaje y de la capacidad de seguir adelante incluso en momentos difíciles. Cuando uno tiene claro lo que quiere lograr, cada paso, por pequeño que parezca, va construyendo ese camino.

Cada nuevo año también representa una oportunidad para reflexionar sobre hacia dónde queremos ir, cuáles son nuestros objetivos y qué propósito queremos darle a nuestro trabajo y a nuestra vida. En esa visión es importante integrar tanto el desarrollo profesional como el personal, porque el verdadero crecimiento ocurre cuando ambos aspectos avanzan en armonía.

En lo personal, una de mis mayores satisfacciones es sentir que mi trabajo aporta valor y que los resultados de la empresa reflejan el esfuerzo de todo un equipo comprometido. Saber que juntos podemos construir algo que genera oportunidades para muchas personas es, sin duda, una gran motivación.

Como decía Eleanor Roosevelt: “El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”

Estoy convencida de que cuando una mujer confía en sí misma y lidera con valores, esfuerzo y propósito, puede transformar no solo una empresa, sino también inspirar a otras mujeres a seguir ese mismo camino.

María Dolores Cunto

GERENTE GENERAL DE BRENNTAG

ECUADOR S. A.

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Antes de responder la pregunta es bueno indicar qué entendemos por liderazgo femenino.

“El liderazgo femenino se define como la participación de las mujeres en posiciones de poder y en la toma de decisiones dentro de las organizaciones.”

¿Cuáles son las principales características del liderazgo femenino?

Destacan cuatro características:

• Escucha

• Empatía

• Comunicación

• Trabajo en equipo.

Por lo general, el estilo de dirección ejercido por mujeres está más abierto a las personas y a establecer vínculos de colaboración entre los empleados.

Entre los talentos del liderazgo femenino, destacan la facilidad para trabajar en equi-

po y la habilidad para cohesionar el grupo. Creo que es importante destacar todo lo que en foros mundiales se ha analizado sobre la participación de las mujeres en posiciones de liderazgo en una empresa.

En el foro Económico mundial se indicaba que:

“Las empresas con mujeres en puestos directivos mejoran la toma de decisiones, incrementando rentabilidad y creatividad al abordar retos desde ángulos más integradores y empáticos.

Innovación y Sostenibilidad: Las mujeres suelen priorizar soluciones creativas que incluyen la sostenibilidad y la responsabilidad social, mejorando la imagen de marca.

Decisiones Estratégicas y Riesgo: El liderazgo femenino tiende a gestionar el riesgo de manera más equilibrada y toma decisiones basadas en la inclusión, la colaboración y la empatía.

Ventaja Competitiva y Rentabilidad: Estudios indican que una mayor diversidad de género en equipos ejecutivos se correlaciona con un mayor éxito financiero y mayor retención de talento.

Cambio de Paradigma: Actúan como catalizadoras de la transformación, adaptando la empresa a las necesidades reales del mercado actual.

En resumen, integrar la perspectiva femenina no es solo una cuestión de equidad, sino un activo estratégico necesario para destacar en entornos competitivos.

¿Por qué un equipo de liderazgo equilibrado es más productivo?, ¿Qué pueden aportar las mujeres acorde a muchos estudios?

Una visión diferente de análisis de situaciones

Pueden detectar oportunidades que otras personas podrían pasar por alto

Un tipo de liderazgo más colaborativo, fomentando mucho la participación, y la escucha activa, así como la comunicación asertiva

También otros estudios indican que las empresas que integran el liderazgo femenino como una ventaja competitiva, no sólo obtienen mejores resultados, sino que también generan confianza entre sus stakeholders y clientes.

En entornos complejos y cambiantes, este

enfoque mejora la calidad de las decisiones estratégicas porque integra más información antes de actuar.

La evidencia sugiere que, en promedio, las mujeres en posiciones ejecutivas tienden a:

Evaluar riesgos con mayor profundidad

Evitar decisiones impulsivas

Equilibrar ambición con sostenibilidad Mayor inteligencia emocional

Esto no significa menor audacia, sino estrategias más sostenibles a largo plazo.

La inteligencia emocional es clave en negociación, gestión de crisis y liderazgo de equipos. Muchas líderes destacan en:

• Empatía estratégica

• Resolución de conflictos

• Comunicación efectiva

• Creación de confianza organizacional

Integrar la perspectiva femenina no es solo una cuestión de equidad, sino un activo estratégico necesario para destacar en entornos competitivos”

En mercados competitivos, la confianza interna y externa es un activo estratégico para la conexión con nuevos mercados, pero de qué manera aporta el liderazgo femenino para esta conexión:

Las mujeres aportan:

• Comprensión más profunda de segmentos desatendidos

• Sensibilidad hacia tendencias sociales

• Innovación centrada en el usuario

La perspectiva femenina en la estrategia empresarial:

• Enriquece el análisis

• Mejora la calidad de las decisiones

Reduce sesgos

• Impulsa innovación sostenible

• Aumenta la competitividad

Como podemos resumir, un buen liderazgo femenino se caracteriza por inspirar y guiar equipos hacia el éxito mediante una comunicación efectiva, inteligencia emocional, integridad y capacidad de empoderamiento. Desta-

ca por fomentar el crecimiento profesional, escuchar activamente, delegar con confianza y mantener una actitud positiva y resiliente ante los retos.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

El equilibrio entre la vida laboral y personal ya no es un lujo, es una necesidad. Según un estudio de Deloitte, el 94% de los empleados considera que el equilibrio vidatrabajo es un factor “muy importante” al evaluar una oferta de trabajo.

Las mujeres con roles de liderazgo corporativo, estamos obligadas a aprender a equilibrar el rol corporativo con la vida personal, y tratar de maximizar eficiencia a través de empatía, multifuncionalidad y la resiliencia.

¿Como logramos ese equilibrio en la práctica?

Priorizar tareas siempre, y en todo momento

Establecer límites claros

Ser organizada, eso ayuda muchísimo a cumplir con todas las obligaciones

Nunca podemos faltar a ninguna actividad de nuestros hijos, y eso es el motor que nos ayudará siempre a planificar todo con tiempo, recordemos que nuestros hijos son nuestros tesoros. Tu esposo y tus hijos siempre serán los primero en tu vida, y tu esposo siempre es tu mayor respaldo para lograr ese equilibrio.

No dejar nada sin un plan de acción y no dejar para después decisiones que pueden tomarse hoy, es decir gestionar todo con tiempo

Crear buenos hábitos en el trabajo y en la casa

Cuidar mucho de la salud física y mental, no podemos descuidarnos

Establecer siempre metas alcanzables.

Disfrutar de vacaciones en familia, muy importante para lograr ese equilibrio

El tener una familia tranquila y en paz, es un factor muy importante para que en el trabajo seamos muy productivos, y podamos siempre desempeñarnos con mayor excelencia.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

El liderazgo femenino es tan diverso como las mujeres que lo ejercen. No se trata solo de llegar a la alta dirección; es poder decidir, influir y transformar desde cualquier puesto. Para que esto suceda, las empresas debemos promover capacitaciones, programas de mentoría entre mujeres, políticas de conciliación realistas y espacios de reconocimiento. Cuando se lidera con autenticidad, no solo ganamos

visión estratégica y creatividad, también potenciamos que se construyan equipos más empáticos, cohesionados y resilientes y con mayor fuerza para expresarse.

Considero que el líder es un ejemplo, y ese ejemplo empieza con el respeto para todos, independientemente del rango o función que desempeñen.

Todas las personas tenemos derecho a desarrollarnos, a expresarse y a crecer, y a todos se les debe dar las mismas oportunidades. Lo importante es no diferenciar si la oportunidad es para hombre o mujer, es para todos, y quién lo aprovecha más toma la oportunidad, independientemente del sexo. Creo que eso obliga o compromete a todos a luchar y prepararse por ese crecimiento en todo sentido.

La clave de un buen liderazgo radica en ser auténtico siempre, y enseñar con ejemplo, y si nos equivocamos reconocer, rectificar y enmendar.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

En el momento que se presenta una oportunidad para avanzar debemos saber si:

Estamos preparados para el cambio

Podemos transmitir confianza y credibilidad que los equipos necesitan de •

su líder y así fomentar la colaboración del equipo de trabajo

Tenemos una visión clara, es decir tenemos claro el destino hacia donde queremos llevar a la empresa

Contamos con el coraje para tomar decisiones y acciones decididamente

Estas son algunas de las preguntas que algunas personas nos hacemos cuando estamos frente a momentos decisivos antes de haber aceptado alguna posición de liderazgo

Uno debe tomar esos riesgos, riesgos medibles, pero no dejar de avanzar, prepararse siempre para caminar hacia un mejor futuro, no podemos detenernos por miedo. El miedo impide analizar con objetividad.

Sabemos que en el camino nos tocará tomar decisiones bajo incertidumbres o crisis, que a pesar de ellas debemos lograr mantener al equipo unido y motivado. Al mismo tiempo nos tocará resolver conflictos de la mejor manera, y adaptarnos a los cambios que se presenten. Esto ayudará a desarrollar la resiliencia en el equipo.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Aprovechar la oportunidad de ser líder, es tener también la oportunidad de inspirar, empoderar y transformar la vida de otras personas ayudándolas a alcanzar sus metas logrando propósitos comunes. Es muy gratificante ver crecer al equipo, fomentar am-

biente de confianza y dejar legados positivos.

Prepárense, capacítense, estén constantemente actualizando sus conocimientos y habilidades para que cuando llegue el momento estén listas, y sobre todo busquen siempre la excelencia en cada actividad que realicen.

Voy a dejar unas frases que no son mías, pero que en el camino me han inspirado y fortalecido:

El desafío del liderazgo es ser fuerte pero no grosero, amable pero no débil, reflexivo, pero no perezoso, confiado pero no arrogante, humilde pero no tímido, orgulloso pero no arrogante, tener humor pero no parecer necio. (Jim Rohn).

Esta cita encierra las complejidades y matices que un líder debe equilibrar para ser efectivo y respetado en su rol.

Hay una diferencia entre ser líder y ser un jefe. Los dos se basan en la autoridad. Un jefe demanda obediencia ciega; un líder se gana su autoridad a través de conocimiento y confianza (Klaus Balkenhol)

El liderazgo es desbloquear el potencial de la gente para hacerlos mejores (Bill Bradley)

Los grandes líderes no se definen por la ausencia de debilidad, sino por la presencia de fortalezas claras (John Zenger)

El liderazgo no se trata de títulos, ni posición en un organigrama, sino de ser ejemplo de posiciones o diagramas de flujo, sino de una vida que influye sobre otra (John Maxwell)

Nicole Siguenza

CEO DE LYRA EXPORTS

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Creo que uno de los aportes más importantes de la perspectiva femenina en los negocios es la empatía aplicada a la toma de decisiones. En industrias globales como la exportación agrícola, el negocio no se sostiene solo con números; se sostiene con relaciones de confianza a largo plazo.

La empatía permite entender mejor qué necesita cada parte: el productor que está

en el campo, el cliente que depende de tu producto para abastecer un mercado, o el equipo que ejecuta la operación día a día. Esa capacidad de escuchar, interpretar y construir relaciones sólidas termina siendo una ventaja estratégica para innovar y tomar mejores decisiones.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Uno de los aprendizajes más importantes para mí ha sido aceptar que el equilibrio perfecto no existe.

Hay momentos en los que el negocio exige el 90% de tu energía, y otros en los que necesitas proteger tu espacio personal.

Uno de los aprendizajes más importantes para mí ha sido aceptar que el equilibrio perfecto no existe”

Lo que sí aprendí es a tener claridad de prioridades. Cuando estás en posiciones de liderazgo, el tiempo se vuelve tu recurso más escaso, así que hay que aprender a decidir qué merece tu atención y qué no.

También creo mucho en rodearme de equipos competentes y confiar en ellos. El liderazgo no significa hacerlo todo sola.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Para mí empieza con algo muy simple: respeto profesional absoluto.

En sectores tradicionalmente masculinos, muchas mujeres sienten que tienen que demostrar el doble para ser tomadas en serio. Yo trato de construir un entorno donde las ideas se evalúan por su calidad, no por quién las dice.

La autoridad verdadera no viene del cargo, viene del conocimiento y de la capacidad de generar resultados”

También es importante abrir espacios de responsabilidad real. La confianza se construye dando oportunidades para liderar proyectos, negociar, tomar decisiones.

Cuando una organización normaliza eso, las mujeres no solo participan: lideran.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Uno de los momentos más decisivos fue cuando entendí que en esta industria nadie te “entrega” el liderazgo: tienes que asumirlo.

El comercio internacional de banano es un negocio muy competitivo, con mucha presión logística, financiera y comercial. Al principio muchas personas dudaban de que una mujer joven pudiera manejar negociaciones internacionales o decisiones operativas complejas.

Romper esa barrera no vino de discursos, vino de resultados: cerrar negocios, resolver problemas logísticos, construir relaciones de largo plazo con productores y clientes.

La credibilidad en este sector se gana con ejecución.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

dos o agresivos. Hoy sabemos que el liderazgo efectivo puede tener muchas formas.

Que no intenten encajar en un modelo de liderazgo que no les pertenece.

Durante muchos años se pensó que para liderar había que adoptar estilos muy rígi-

Mi consejo sería: desarrollen criterio propio, aprendan profundamente su industria y tomen decisiones con convicción. La autoridad verdadera no viene del cargo, viene del conocimiento y de la capacidad de generar resultados.

Cuando eso está claro, el género deja de ser el tema central.

Martha Suárez

Dier

PERFIL

Martha Suárez Dier es estratega financiera y Directora de CEOBUSINESS CONSULTING, especializada en planificación estratégica y reestructuración empresarial. Con más de veinte años de experiencia corporativa, acompaña a organizaciones en procesos de transformación y fortalecimiento institucional. Es creadora de Emprendedoras CEO, iniciativa enfocada en desarrollar liderazgo femenino con criterio financiero y visión directiva.

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina aporta una ventaja competitiva esencial: visión integral. En un entorno donde muchas decisiones se centran en resultados inmediatos, la mujer líder tiende a integrar rentabilidad, sostenibilidad, cultura organizacional e impacto en una sola ecuación estratégica.

Cuando una mujer domina los números y lidera con claridad, no solo toma mejores decisiones, sino que construye organizaciones más sólidas”

Innovar no es solo incorporar tecnología, sino comprender el negocio de forma sistémica y anticiparse a los cambios. La combinación entre intuición entrenada, lectura del entorno y análisis financiero estructurado permite decisiones más conscientes y sostenibles.

Cuando una mujer domina los números y lidera con claridad, no solo toma mejores decisiones, sino que construye organizaciones más sólidas. La perspectiva femenina no reemplaza la estrategia tradicional; la fortalece con profundidad y visión de largo plazo.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

He aprendido que el equilibrio no consiste en hacerlo todo al mismo tiempo, sino en decidir estratégicamente dónde enfocar la energía en cada etapa.

Durante años asumí múltiples responsabilidades sin detenerme. Con el tiempo comprendí que el liderazgo sostenible requiere estructura, delegación y límites claros. Hoy gestiono mi vida con el mismo criterio que una empresa: planificación, prioridades definidas y enfoque en resultados.

El balance no es improvisación; es diseño consciente. Cuando una mujer organiza su tiempo con intención y fortalece su carácter, deja de reaccionar ante las circunstancias y comienza a liderar con dirección y serenidad.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La igualdad no se declara, se construye con estructura.

Un entorno donde las mujeres puedan desarrollarse requiere reglas claras, responsabilidad compartida y evaluación objetiva del desempeño. Más que discursos, se necesitan oportunidades reales de formación y crecimiento.

Promuevo espacios donde las ideas se valoran por su impacto y viabilidad. Además, considero fundamental fortalecer la educación financiera y estratégica dentro de las organizaciones. Cuando una mujer comprende el modelo de negocio y domina sus indicadores, su voz se posiciona con seguridad natural.

La cultura organizacional se consolida cuando existe coherencia entre lo que se dice y lo que se practica. Solo así se crean

entornos donde el liderazgo femenino se ejerce con autenticidad y firmeza.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Los momentos decisivos no fueron los reconocimientos, sino los desafíos.

Enfrentar procesos de reestructuración, tomar decisiones complejas y sostener proyectos en escenarios exigentes fortaleció mi carácter y mi visión estratégica. Fue en esos momentos donde entendí que liderar no es ocupar un cargo, sino asumir responsabilidad total sobre los resultados.

Las crisis exigen claridad, preparación y determinación. Cada reto me permitió elevar mi nivel profesional y consolidar una postura ejecutiva más firme. Las barreras no se superan con intención, sino con competencia técnica y capacidad de decisión.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

No esperen validación externa para asumir liderazgo.

El punto de inflexión ocurre cuando una mujer decide prepararse con rigor, fortalecer su criterio financiero y asumir responsabilidad estratégica sobre su visión. El liderazgo no es un título; es una decisión sostenida en el tiempo.

Con esa convicción nació hace tres años la comunidad Emprendedoras CEO, creada para impulsar a mujeres a desarrollar mentalidad directiva, estructura empresarial y dominio técnico. No promovemos solo inspiración, sino formación práctica y experiencia compartida junto a otras mujeres líderes empresariales que han decidido aportar su trayectoria para generar impacto real.

Hoy mi compromiso es acompañar a empresas y equipos corporativos desde una mirada estratégica, integrando experiencia en dirección financiera, reestructuración y gestión organizacional. Creo en un liderazgo femenino preparado, firme y capaz de transformar organizaciones con visión integral.

El mundo empresarial necesita mujeres que no solo aspiren a liderar, sino que estén listas para hacerlo con carácter, estrategia y resultados.

El liderazgo no se declara; se demuestra con preparación y decisiones firmes.

GrunauerCynthiaKayser

PRESIDENTA EJECUTIVA DE CASAPLAN MOTORPLAN

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En un entorno empresarial donde la competitividad exige agilidad, diferenciación y visión de largo plazo, la perspectiva femenina aporta una combinación estratégica muy valiosa: capacidad analítica, sensibilidad hacia el cliente y una mirada integral del negocio.

En Casaplan Motorplan, esa visión nos permitió evolucionar de un modelo tradicional de planificación de adquisición de vehículos a la creación de un ecosistema integral pionero en el país. Hoy no solo integramos cerca de una treintena de marcas automotrices y planes inmobiliarios, sino que hemos desarrollado una plataforma que articula un portafolio completo de bienes inmuebles, vehículos, remodelaciones y planes personalizados diseñados para que cada persona pueda iniciar la construcción de su patrimonio de manera estructurada y segura.

Nuestra innovación va más allá de incorporar tecnología; fue transformar un modelo de acceso a bienes. Desde 2008 lideré las primeras iniciativas de digitalización y, en 2020, al asumir la presidencia ejecutiva, consolidamos una transformación digital profunda. En 2021 apenas el 10%

Liderar implica inspirar y servir. Un equipo no se moviliza únicamente por objetivos comerciales, sino por una fuerte cultura corporativa”

de nuestra conversión era digital; hoy alcanza el 70%. Este crecimiento refleja decisiones estratégicas sostenidas, inversión en tecnología propia y una visión clara del futuro.

Innovar, en nuestro caso, ha significado construir un portafolio que acompañe al cliente en distintas etapas de su vida: desde adquirir su primer vehículo o inmueble, hasta remodelar, diversificar o ampliar su patrimonio. Esa visión integral nace de comprender que detrás de cada contrato existe un proyecto familiar.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

El equilibrio no es una fórmula rígida; es una construcción consciente que se ajusta a cada etapa de la vida. He aprendido que la organización estratégica, la clari -

dad en las prioridades y la confianza son fundamentales para sostener un liderazgo sólido.

Tenemos una cultura donde la meritocracia y la preparación son pilares reales. Cuando el equipo está capacitado y comprometido, el liderazgo se convierte en una labor compartida y no en una carga individual.

La digitalización también ha sido clave para lograr eficiencia y equilibrio. La automatización de procesos y el desarrollo de software propio nos han permitido optimizar tiempos y mejorar la experiencia y fortalecer la gestión.

Pero, sobre todo, he aprendido que el liderazgo debe ejercerse con propósito. Cuando el equipo entiende que trabajamos para convertir aspiraciones en patrimonios reales, el compromiso se eleva. Inspirar al equipo implica transmitir una visión compartida, donde cada persona comprenda el impacto de su trabajo. Ese sentido de propósito da cohesión y equilibrio, tanto en lo profesional como en lo personal.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional se construye con consistencia. En nuestra empresa, el crecimiento está directamente vin-

culado al desempeño, la formación y la capacidad de generar resultados.

El hecho de que el 82% de nuestro equipo esté conformado por mujeres y que el 70% de los cargos estratégicos estén en sus manos, demuestra que el liderazgo femenino no es simbólico, es decisivo. Esto ha sido posible gracias a una estructura clara, procesos definidos y una apuesta constante por la capacitación.

Mi formación en Management, Banca Digital y Fintech en IE Business School, así como en Innovación y Liderazgo en IESE Business School, reforzó mi convicción de que el aprendizaje continuo es un motor de crecimiento. Esa misma línea de vida la traslado al equipo.

Trabajamos bajo un enfoque donde la confianza genera rendimiento lo que suelo llamar el efecto multiplicador de las expectativas positivas. Cuando se inspira al equipo y se lidera con un objetivo compartido, las personas se sienten seguras para proponer, innovar y asumir responsabilidades estratégicas.

Además, la transparencia tecnológica fortalece la confianza. Un entorno claro, con reglas bien definidas y propósito común, impulsa el desarrollo del talento.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Mi trayectoria ha estado marcada por decisiones tácticas tomadas en momentos

clave del entorno económico y empresarial. Uno de los primeros hitos fue identificar, tras la dolarización, la oportunidad de fortalecer el modelo de planificación de adquisición de bienes basado en cuotas fijas. Esa decisión definió el ADN del negocio y nos permitió ofrecer estabilidad y confianza en un contexto de transformación económica.

En 2004, la internacionalización fue otro paso determinante. Atender ecuatorianos en Italia, España y Estados Unidos amplió nuestra visión y nos permitió consolidar un modelo que trascendía fronteras, entendiendo que el patrimonio es una aspiración global.

Asumir la presidencia ejecutiva en 2020 representó un punto de inflexión. No solo significó liderar una empresa con 20 años de trayectoria, sino impulsar una transformación que hoy nos posiciona como pioneros en la creación de un ecosistema que integra bienes inmuebles, vehículos, remodelaciones y soluciones personalizadas dentro de una plataforma digital robusta.

Otro momento clave ha sido proyectar la diversificación hacia 2026, fortaleciendo alianzas estratégicas y ampliando nuestro portafolio de servicios para ofrecer mayor libertad de elección. Estos avances denotan trabajo en equipo, basado en innovación continua y disciplina.

Romper barreras ha sido un proceso progresivo de preparación, constancia y confianza en la capacidad del equipo.

Mi

trayectoria ha estado marcada por decisiones tácticas tomadas en momentos clave del entorno económico y empresarial”

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que el liderazgo no es un título, es una construcción diaria basada en preparación y rigor. Que confíen en su intuición, pero que la respalden siempre con conocimiento, datos y disciplina estratégica. La intuición abre caminos; la formación y la constancia los consolidan.

En mi experiencia al frente de Casaplan Motorplan, he comprobado que los resultados sostenibles nacen de una idea clara. Los logros que alcanzamos son el resultado de años de trabajo, innovación progresiva y una cultura basada en confianza y mérito.

También les diría que liderar implica inspirar y servir. Un equipo no se moviliza únicamente por objetivos comerciales, sino por una fuerte cultura corporativa. Cuando cada colaborador entiende que su trabajo contribuye a que una persona o una familia construya patrimonio, el compromiso cambia de nivel.

Que no teman asumir responsabilidad. Que se preparen constantemente. Que construyan equipos y aprendan a delegar con confianza, para que construyan organizaciones que trasciendan generaciones e impacten en la vida de las personas.

ELisette Torres

n un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina aporta una mirada integral a la toma de decisiones estratégicas. En entornos complejos, donde el riesgo jurídico, reputacional y financiero se entrelazan, la capacidad de analizar no solo los datos, sino también el impacto humano y social de cada decisión resulta determinante.

He comprobado que la diversidad en los espacios de liderazgo mejora la calidad del debate, amplía el espectro de soluciones

y permite anticipar escenarios con mayor sensibilidad. Las mujeres, por formación y experiencia social, suele desarrollar habilidades como la escucha activa, la negociación colaborativa y la gestión empática de equipos, elementos que hoy son indispensables para innovar de manera sostenible.

No se trata de que las mujeres decidamos distinto por el hecho de serlo, sino de que la diversidad enriquece el pensamiento estratégico y fortalece la gobernanza corporativa.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Uno de los mayores aprendizajes ha sido comprender que el equilibrio no significa

hacer todo al mismo tiempo, sino establecer prioridades claras en cada etapa de la vida. La organización, la planificación anticipada y la construcción de una red de apoyo sólida son herramientas fundamentales.

He aprendido también a delegar con confianza, tanto en el ámbito profesional como en el personal. El liderazgo no consiste en asumir todas las responsabilidades, sino en construir equipos sólidos y sistemas eficientes.

Hoy aplico ese aprendizaje estructurando mi agenda con disciplina, reservando espacios de calidad para mi familia y siendo consciente de que la presencia no se mide por cantidad de horas, sino por la calidad del tiempo compartido. La armonía entre vida profesional y personal no ocurre por casualidad; es el resultado de decisiones conscientes y consistentes.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional se construye con coherencia entre discurso y práctica. Desde mi rol, promuevo espacios donde el mérito, la preparación y los resultados sean los criterios determinantes de crecimiento profesional.

Fomento la participación activa en reuniones estratégicas, impulsando que las mujeres asuman responsabilidades visibles y lideren proyectos de alto impacto. También considero fundamental la mentoría: acompañar, orientar y abrir espacios es una forma concreta de generar igualdad real.

La seguridad para expresar ideas nace cuando existe respeto y cuando el error no se penaliza como debilidad, sino que se entiende como parte del proceso de aprendizaje. Un entorno seguro es aquel donde la diversidad de opiniones fortalece las decisiones, no las fragmenta.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Los momentos decisivos han sido aquellos en los que asumí retos que implicaban mayor responsabilidad y exposición, incluso cuando representaban un riesgo. Participar en mesas gremiales y espacios de articulación públicoprivada fue un punto de inflexión, porque me permitió contribuir a la construcción de políticas empresariales y comprender la dimensión estratégica del derecho corporativo.

Otro momento clave fue entender que el liderazgo no se espera, se ejerce. Romper barreras implicó confiar en mi preparación, alzar la voz cuando fue necesario y asumir

posiciones firmes en contextos predominantemente masculinos.

Cada desafío superado fortaleció no solo mi perfil profesional, sino también mi convicción de que la competencia y la integridad son los verdaderos diferenciadores en el liderazgo.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Considero importante transmitir dos reflexiones, porque el liderazgo femenino no responde a un único modelo de vida.

La cultura organizacional se construye con coherencia entre discurso y práctica”

Para aquellas mujeres que aspiran al éxito profesional y, al mismo tiempo, desean formar una familia o ya la han formado, mi mensaje es que ambas dimensiones pueden coexistir. No es un camino exento de desafíos, pero con planificación, disciplina, redes de apoyo y una definición clara de prioridades en cada etapa, es posible construir una carrera sólida sin renunciar al proyecto personal. La clave está en entender que el equilibrio no es perfecto ni estático; es dinámico y se construye con decisiones conscientes. La maternidad o la vida familiar no deben percibirse como un límite, sino como una dimensión que también fortalece habilidades de liderazgo como la organización, la empatía y la resiliencia.

Para aquellas mujeres cuyo proyecto de vida está enfocado exclusivamente en el desarrollo profesional o en otras metas personales distintas a la familia, el mensaje es igualmente claro: el liderazgo debe responder a la convicción y propósito individual. No existe una única definición de realización. Cada mujer debe diseñar su trayectoria conforme a sus aspiraciones, valores y prioridades. El verdadero éxito radica en la coherencia entre lo que se desea y las decisiones que se toman para alcanzarlo.

En definitiva, el liderazgo femenino no es uniforme ni estandarizado; dependerá siempre del objetivo que cada mujer trace para su vida. Lo esencial es que la elección sea libre, consciente y sostenida con preparación, integridad y excelencia.

Claudia Salame

PRESIDENTE DE CSA UNIFORMES

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Las mujeres siempre hemos tenido que encontrar soluciones en el ámbito familiar, social, etc. Eso nos ha ayudado a encontrar soluciones creativas e innovadoras en el ámbito empresarial. Hemos tenido que luchar para destacarnos nosotras, lo que también nos ha ayudado al momento de hacer que nuestra empresa se destaque.

Las mujeres hemos tenido que vencer muchos obstáculos; hemos tenido que ser muy decididas en el campo personal, lo cual a su vez nos hace grandes tomadoras de decisiones en lo profesional. Siempre he dicho que para ser un buen empresario no hay que tenerle miedo a los riesgos, y el miedo es algo que muchas mujeres han aprendido a vencer.

Pienso que es mucho lo que podemos aportar en el mundo empresarial. Somos mucho más emotivas, y creo que debemos decirlo con mucho orgullo. Las emociones pueden ayudar muchísimo a cerrar un negocio

o a incrementar las ventas de un producto. También ayudan a mantener un entorno armonioso en los lugares de trabajo.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Desde que soy empresaria la vida me ha enseñado que el camino es cuesta arriba, es duro, Probablemente a las mujeres nos vaya a costar mucho más mantener ese equilibrio que mencionas, pero en esos momentos que tenemos ganas de rendirnos es cuando más tenemos que ser resilientes, tener esa resistencia para seguir y luchar a pesar de los muchos obstáculos personales y profesionales que se pueden presentar.

Además de esa persistencia diría que he aprendido a poner límites tanto en mi entorno personal como profesional. Yo les digo con toda sinceridad que si uno no pone límites nadie los va a poner por una Se piensa que las mujeres somos o amas de casa o profesionales y no tenemos que escoger entre lo uno o lo otro, por eso me gusta mucho la palabra equilibrio. Es una palabra que suena muy bien, aunque mantenerlo puede ser todo un reto. No hay que descuidar lo personal ni lo profesional, y sobre todo no hay que descuidar nuestra salud que puede verse afectada al entregarnos demasiado a algo. Por eso siempre recalco la importancia de delegar lo que podamos porque si queremos acaparar con todo, tarde o temprano nuestra salud va a sufrir las consecuencias.

igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Las cosas están comenzando a cambiar positivamente en el ambiente laboral para las mujeres; están siendo cada vez más escuchadas, más incluidas, más valoradas, aunque aún falta mucho por hacer.

Desde niñas en el hogar se debe ir preparando a las mujeres para ser futuras líderes, escuchándolas y haciendo valer sus opiniones tanto como la de los otros miembros de la familia; también apoyándolas en todos los proyectos que tengan y motivándolas a perseguir sus objetivos.

Las mujeres debemos dejar el miedo a la hora de expresar nuestra opinión. Cuando llegamos a tener un cargo como líderes debemos escuchar a las personas que trabajan con nosotros pero siempre teniendo claro cuando la decisión es solo nuestra.

Para sentirnos seguras al expresar nuestra visión debemos recordar que como seres humanos nos podemos equivocar y que eso es parte de ser humano, y que no debemos culparnos cuando cometemos algún error, más bien tomarlo como un aprendizaje

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

He tenido varios, pero podría mencionarte los principales.

La cultura organizacional es clave para la

Cuando abrimos un negocio familiar de ropa infantil yo tenía un tïtulo en Marketing. Se

trataba de un negocio de ropa infantil y yo pensé que para ese trabajo necesitaba conocimientos en el rubro textil, fue entonces que decidí hacer una segunda carrera y estudiar Diseño de Modas. En mi entorno más cercano me preguntaban “No has estudiado ya demasiado?” Y yo les contestaba que no. Yo veía que muchas mujeres de mi edad hacían una carrera corta, o una larga y no la terminaban, o la terminaban pero no podían trabajar. Yo pienso que aunque es complejo, no es imposible mantener equilibrio. Creo que los hombres cada vez se suman más al trabajo en el hogar, y eso crea beneficios no sólo a los hogares sino a la sociedad entera.

Para sentirnos seguras al expresar nuestra visión debemos recordar que como seres humanos nos podemos equivocar y que eso es parte de ser humano”

Otro momento decisivo fue cuando abrí un negocio independiente sin un centavo en la cartera. Yo diría que este momento me marcó. Estaba entre buscar un empleo con un sueldo seguro o abrir mi propio negocio de la nada. Escogí lo segundo. Somos una empresa llamada CSA, dedicada al diseño y confección de uniformes. En ella pude unir mis conocimientos en Marketing y en Dise-

ño para dar a las empresas o instituciones un uniforme que además de tener buena calidad tenga un diseño con una imagen estética y profesional. Actualmente es un negocio consolidado y en proceso de crecimiento.

Otro momento que marcó mi carrera fue cuando me solicitaron ser parte de la Directiva de la Cámara Canadiense de Guayaquil donde solo había dos mujeres en ese entonces. Era un honor y a la vez una gran responsabilidad para mí. Actualmente hay más mujeres en la Directiva, lo cual me da mucha satisfacción.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que no esperen a sentirse 100% listas para dar el paso. Todas hemos sentido miedo, es algo normal y humano, la clave es saltar al otro lado de todos modos. También les diría que liderar una empresa no es fácil, es algo que nos cuesta a todos, y aún más a las mujeres, pero al final vale la pena porque trae grandes satisfacciones.

Otra reflexión sería que se valoren y confíen en su propia voz, que cuando vean una oportunidad la analicen mucho y si después de analizarla su intuición femenina les dice que debe tomarla, la tomen, porque las oportunidades solo se presentan una vez en la vida.

Finalmente les diría que se rodeen de aliados correctos tanto en lo personal como en lo profesional y se mantengan fieles a sus valores, teniendo fe en Dios y en ustedes mismas.

Liderar una empresa no es fácil, es algo que nos cuesta a todos, y aún más a las mujeres, pero al final vale la pena porque trae grandes satisfacciones”

Martha González E

GERENTE GENERAL DE LA BOLSA DE VALORES DE GUAYAQUIL

n un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

A lo largo de mi trayectoria he transitado por sectores muy distintos: público, gremial, manufacturero, otras industrias y hoy financiero. Cada uno con dinámicas, presiones y culturas propias. Esa diversidad me enseñó que la innovación real no depende únicamente del sector, sino de la capacidad de leer el entorno con profundidad y actuar con visión de largo plazo.

En la industria manufacturera, por ejemplo, las decisiones impactan cadenas productivas completas; en el sector aeronáutico, cada determinación involucra variables regulatorias, reputacionales y operativas de altísima complejidad; en el ámbito público, las decisiones influyen directamente en el aparato productivo nacional y en la atracción de inversión. Hoy, en el mercado de valores, la innovación exige

fortalecer infraestructura, confianza y transparencia para que el financiamiento fluya hacia el desarrollo.

En todos esos espacios he comprobado que la perspectiva femenina aporta una mirada sistémica. No se limita al resultado inmediato, sino que evalúa el impacto institucional, social y reputacional. Solemos integrar más variables en la ecuación: sostenibilidad, cultura organizacional, gestión del riesgo reputacional, articulación con actores clave. Esa capacidad de integrar dimensiones diversas mejora la calidad de la estrategia.

La innovación no es solo tecnológica; es cultural. Y la diversidad en la alta dirección —incluida la diversidad de género— eleva la profundidad de las decisiones estratégicas.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Este ha sido, sin duda, uno de los aprendizajes más complejos y más transformadores de mi vida profesional.

He ocupado posiciones de alta responsabilidad en contextos de enorme presión: negociaciones regulatorias en el sector

manufacturero, manejo de crisis reputacionales en una aerolínea multinacional, articulación público-privada desde el Ministerio de Producción, y hoy la conducción estratégica de una institución financiera clave para el desarrollo económico. Cada

uno de esos roles demandó disponibilidad permanente, toma de decisiones bajo presión y exposición pública constante.

En ese recorrido entendí varias cosas.

Primero, que el equilibrio no es estático ni perfecto. Hay etapas en las que la vida profesional exige mayor intensidad y otras donde la vida personal necesita prioridad. Pretender que ambos ámbitos estén siempre en igualdad absoluta genera frustración. El verdadero balance consiste en gestionar conscientemente esas transiciones sin perder el centro.

Segundo, comprendí la importancia de la red de apoyo. Ningún liderazgo es individual. En el sector privado, particularmente en posiciones ejecutivas, aprendí a rodearme de equipos técnicamente sólidos y éticamente confiables. Delegar no es perder control; es construir institucionalidad. Cuando asumí funciones en el sector público, esa lección fue aún más evidente: las agendas de política productiva y atracción de inversiones no pueden depender de una sola persona. Hoy aplico ese principio con convicción: formar equipos capaces es una decisión estratégica y también una forma saludable de ejercer liderazgo.

Tercero, aprendí a administrar la energía, no solo el tiempo. Las agendas ejecutivas suelen estar llenas de reuniones, viajes y decisiones urgentes. Pero el liderazgo sostenible requiere espacios de reflexión. En mis años en el sector corporativo, especialmente en industrias reguladas y altamente expuestas, entendí que detenerse a analizar antes de reaccionar es una ventaja competitiva. Hoy

procuro mantener disciplina en la organización del tiempo, priorizando lo estratégico sobre lo meramente urgente.

Cuarto, entendí que la culpa es un peso innecesario que muchas mujeres cargamos. Durante años sentí que debía demostrar permanentemente excelencia profesional sin descuidar ningún otro ámbito. Con el tiempo comprendí que la coherencia y la claridad de prioridades son más importantes que la perfección. Liderar implica aceptar que no todo estará bajo control absoluto, pero sí bajo responsabilidad consciente.

Hoy aplico estos aprendizajes promoviendo una cultura organizacional basada en objetivos claros, procesos definidos y equipos empoderados. Cuando las instituciones funcionan con orden y visión estratégica, la presión se gestiona mejor. Además, procuro modelar un liderazgo firme, pero humano; exigente, pero equilibrado. Creo que mostrar que es posible liderar con disciplina sin sacrificar bienestar envía un mensaje poderoso, especialmente a mujeres jóvenes que aspiran a posiciones directivas.

El equilibrio no es una concesión personal; es una condición para sostener decisiones

Muchas veces las oportunidades llegan acompañadas de incertidumbre, y es precisamente allí donde se demuestra la capacidad de adaptación y aprendizaje”

de alto impacto con claridad mental y consistencia ética.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Mi experiencia en gremios empresariales me permitió observar cómo la cultura institucional puede acelerar o frenar el talento. En la Cámara de Comercio, por ejemplo, el diálogo con empresarios de distintos tamaños y sectores me enseñó que la competitividad está profundamente ligada a la inclusión y a la diversidad de pensamiento.

En el sector corporativo, liderando áreas de asuntos corporativos y sostenibilidad, comprendí que la reputación organizacional depende de la coherencia entre discurso y práctica. Las políticas de equidad deben traducirse en

procesos concretos: evaluaciones objetivas, oportunidades de capacitación, rutas claras de crecimiento. Más adelante, en el ámbito público, confirmé que la inclusión no es solo una agenda social; es una agenda de competitividad nacional.

He impulsado iniciativas orientadas al liderazgo femenino porque creo firmemente que la representación importa. Pero más allá de la representación, lo fundamental es construir reglas claras y entornos seguros donde las ideas puedan debatirse técnica-

mente. En mi gestión promuevo espacios donde el criterio profesional prevalezca sobre jerarquías rígidas. La innovación requiere libertad intelectual, y esa libertad solo florece en culturas organizacionales basadas en respeto y meritocracia.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Cada transición sectorial fue, en sí misma, una ruptura de zona de confort. Pasar del ámbito gremial al corporativo multinacional implicó elevar estándares técnicos y adaptarme a estructuras globales. Asumir responsabilidades en una industria manufacturera con alta exposición regulatoria demandó firmeza, capacidad de negociación y comprensión profunda del entorno normativo.

Posteriormente, ingresar al sector público significó cambiar la lógica de decisión: ya no se trataba únicamente de competitividad empresarial, sino de políticas que impactan a todo el aparato productivo. Esa experiencia amplió mi visión estratégica y reforzó mi convicción sobre la importancia de la articulación público-privada.

Hoy, liderar en el sector financiero representa un nuevo nivel de responsabilidad institucional. No solo por la dimensión técnica, sino por el impacto sistémico que tiene un mercado de valores sólido en el desarrollo económico. Cada etapa me obligó a prepararme más, a escuchar más y a sostener principios con mayor claridad.

Romper barreras no fue un acto puntual; fue una suma de decisiones consistentes, preparación constante y disposición a asumir retos que inicialmente parecían superiores a mi experiencia.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que el liderazgo comienza mucho antes del cargo. Empieza con la preparación constante, la disciplina y la construcción de criterio propio. Invertir en formación, ampliar redes profesionales y asumir responsabilidades progresivas son pasos esenciales para consolidar una trayectoria sólida.

También les aconsejaría no esperar condiciones perfectas para avanzar. Muchas veces las oportunidades llegan acompañadas de incertidumbre, y es precisamente

allí donde se demuestra la capacidad de adaptación y aprendizaje. La seguridad no proviene de saberlo todo, sino de estar dispuesta a aprender y a tomar decisiones con responsabilidad.

Finalmente, les recordaría que el liderazgo tiene un impacto que trasciende lo individual. Cada mujer que ocupa un espacio de dirección contribuye a ampliar el horizonte para otras. Liderar implica generar valor para la organización, para el ecosistema productivo y para la sociedad en su conjunto. Cuando el propósito está claro, los desafíos se convierten en impulso para seguir avanzando.

GMaría Paulina Romo

PRESIDENTA DE GRUPO ENTREGAS

rupo Entregas opera en un sector altamente competitivo y regulado. ¿Cuáles han sido las decisiones estratégicas más complejas que ha debido tomar en los últimos años y cómo evalúa hoy sus resultados?

Diría que una de las decisiones más complejas —y al mismo tiempo más trascendentales— fue incorporar la sostenibilidad como eje central del negocio y no como un área complementaria. Apostar por una estrategia ESG estructurada implicó destinar

inversión, rediseñar procesos y asumir metas públicas, como la transición de nuestra flota hacia vehículos eléctricos y el compromiso de carbono neutralidad para 2050.

No era la decisión más sencilla en términos financieros inmediatos. Sin embargo, hoy evaluamos los resultados con satisfacción: hemos logrado una reducción superior al 20% en nuestra huella de carbono respecto a 2021, generado ahorros operativos importantes gracias a la movilidad sostenible y fortalecido nuestra reputación como referente en logística responsable.

Ese proceso nos ha dado la solidez necesaria para dar un siguiente paso estratégico: en

2026 abriremos nuestras oficinas en Guayaquil con el primer Hub Logístico de entregas 100% eléctrico en la ciudad. No es solo una expansión territorial; es la consolidación de un modelo de negocio sostenible que ahora estamos listos para escalar. Confirmamos que la sostenibilidad, cuando es auténtica, sí es rentable y genera ventajas competitivas reales.

¿Cómo se equilibra, desde la presidencia de una empresa logística, la presión por eficiencia operativa con la inversión en sostenibilidad y criterios ESG sin comprometer la rentabilidad?

Yo estoy convencida de que ese equilibrio no se logra enfrentando eficiencia y soste-

nibilidad como si fueran opuestas. En realidad, se potencian. La eficiencia operativa bien entendida es, en sí misma, una práctica sostenible: optimizar rutas reduce costos y emisiones; digitalizar procesos reduce papel y mejora tiempos; migrar a energías limpias disminuye la dependencia de combustibles fósiles y estabiliza gastos a mediano plazo.

Desde la presidencia, mi rol ha sido asegurar que cada inversión sostenible tenga indicadores claros de impacto ambiental, social y financiero. No se trata de gastar más, sino de invertir mejor. Cuando uno integra criterios ESG en la estrategia, la rentabilidad deja de estar en riesgo y pasa a fortalecerse.

Para mí, el crecimiento

saludable se mide en tres dimensiones: impacto

ambiental, impacto social y solidez financiera”

La logística suele verse como un área operativa. ¿En qué momento decidió convertirla en un eje estratégico de diferenciación del negocio?

Fue un proceso natural, impulsado por el crecimiento del comercio electrónico y por nuestra propia reflexión sobre el propósito empresarial. Entendimos que la experiencia del cliente no termina en la venta, sino en la entrega. Y allí la logística se convierte en un punto crítico de confianza, reputación y fidelización.

Además, en un país como Ecuador, con enormes desafíos geográficos y brechas territoriales, la logística puede ser una herramienta de equidad y desarrollo. Cuando apostamos por modelos eléctricos, por tecnología limpia y por hubs sostenibles como el que implementaremos en Guayaquil, estamos demostrando que la logística puede liderar la transformación urbana y empresarial.

Comprendimos que no debía ser solo eficiente; debía ser inteligente, sostenible y con propósito. Esa es nuestra diferenciación.

¿Qué indicadores considera clave para medir el crecimiento saludable de una empresa más allá del volumen de ventas o expansión territorial?

Para mí, el crecimiento saludable se mide en tres dimensiones: impacto ambiental, impacto social y solidez financiera.

En lo ambiental, indicadores como la reducción de emisiones, la eficiencia energética o el porcentaje de flota eléctrica son fundamentales.

En lo social, la diversidad de nuestra nómina,

las horas de capacitación y nuestras alianzas estratégicas nos muestran si estamos generando valor más allá del negocio.

Y en lo financiero, más que solo ingresos, miro eficiencia operativa y ahorro sostenible.

Una empresa puede crecer en ventas y, sin embargo, deteriorar su cultura o su entorno. Eso no es crecimiento sostenible. El verdadero crecimiento es aquel que fortalece simultáneamente a la empresa y a la sociedad.

Desde su experiencia, ¿qué errores de gestión son los más comunes en empresas que crecen rápido y cómo evitarlos?

Uno de los errores más frecuentes es crecer sin consolidar la cultura organizacional.

Cuando el crecimiento es acelerado, existe la tentación de priorizar únicamente resultados financieros y descuidar procesos, gobernanza y valores.

Otro error es expandirse sin una visión clara de largo plazo. Crecer por crecer puede debilitar a la organización. En nuestro caso, cada paso de expansión responde a una estrategia estructurada, sostenible y medible.

¿Cómo evitarlos? Con planificación estratégica, métricas transparentes y coherencia. La sostenibilidad nos ha dado un marco para crecer con disciplina: cada expansión, cada innovación, cada inversión pasa por el filtro de nuestro propósito.

Yo creo firmemente que las empresas que sobreviven y lideran en el tiempo son aquellas que entienden que el éxito no se trata solo de cuánto crecen, sino de cómo crecen y a quiénes impactan en el camino.

Gabriela Guerra

CEO OPTIMICE ECUADOR

PERFIL

Gabriela Guerra es una líder en auditoría y aseguramiento con más de 18 años de experiencia acompañando a compañías nacionales y multinacionales en la gestión de riesgos, fortalecimiento de controles internos y optimización de su desempeño financiero.

Actualmente se desempeña como Country Manager Partner en Optimice Ecuador. Su trayectoria también incluye una labor académica como docente de maestrías en el área de Contabilidad y Auditoría.

Cuenta con entrenamiento normativo internacional en Argentina, Perú y Estados Unidos, y recientemente fue designada Regional Council Chair para Latinoamérica, rol desde el cual impulsa el liderazgo profesional y las buenas prácticas en la región.

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Creo firmemente que la perspectiva femenina no es un complemento, es un factor estratégico. Las mujeres solemos integrar análisis técnico con intuición, empatía y visión sistémica. En auditoría y consultoría, donde la precisión es clave, también lo es la capacidad de comprender el impacto humano de cada decisión.

La diversidad en la toma de decisiones amplía el enfoque, cuestiona supuestos tradicionales y permite innovar con mayor responsabilidad. La perspectiva femenina aporta sensibilidad social, gestión del riesgo desde una mirada integral y una capacidad natural de construir consensos. En un entorno competitivo, eso no solo genera resultados sostenibles, sino confianza, que es el activo más valioso en nuestra profesión.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Liderar una firma de auditoría siendo mamá, esposa, hija y amiga es, sin duda, uno de los mayores desafíos de mi vida. Ser socia implica responsabilidad constante, decisiones estratégicas, estándares técnicos altos y un

compromiso permanente con clientes y equipos. Pero nada se compara con el reto más importante que tengo: ser mamá.

Mis hijas son mi principal motor, mi mayor impulso, la razón por la que busco hacer las cosas bien, con ética, con propósito y con visión de futuro. Cada logro profesional tiene su rostro, cada meta tiene su nombre, cada paso que doy es pensando en el ejemplo que quiero dejarles.

Aun teniendo mi propia empresa y cierta flexibilidad para gestionar mi tiempo, hay días en los que el corazón pesa. Cierres, reuniones, viajes y responsabilidades que no esperan. Y como muchas mujeres en posiciones de liderazgo, he vivido esa tensión constante entre ser una ejecutiva firme y una mamá presente.

Con el tiempo entendí que el equilibrio perfecto no existe, lo que existe es la armonía consciente según cada etapa de la vida. Durante años sentí que debía demostrar el doble, ser impecable en lo profesional y en lo personal. Con el tiempo entendí que el liderazgo también implica vulnerabilidad, pedir apoyo y establecer límites claros.

He aprendido que la calidad del tiempo supera a la cantidad, que la vulnerabilidad también es parte del liderazgo y que mostrarles a mis hijas que una mujer puede liderar, construir, equivocarse, levantarse y amar profundamente es una enseñanza más poderosa que cualquier discurso.

Porque al final, ser mamá también es una forma de liderazgo. Y liderar con amor, coherencia y valores es el legado más importante que puedo dejar.

Con el tiempo entendí que el equilibrio perfecto no existe, lo que existe es la armonía consciente según cada etapa de la vida”

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Estoy convencida de que la cultura organizacional no se construye desde los discursos, sino desde las decisiones diarias que tomamos como líderes. La igualdad no puede ser un valor decorativo; debe reflejarse en políticas claras, procesos transparentes y comportamientos coherentes.

En Optimice Ecuador promovemos una meritocracia auténtica, donde el crecimiento profesional está basado en capacidades, resultados y principios éticos. Pero, además, trabajamos intencionalmente en eliminar sesgos inconscientes que históricamente han li-

mitado el desarrollo femenino en espacios de alta dirección.

Fomento entornos donde la opinión no dependa del género, sino del criterio técnico y la visión estratégica. En reuniones estratégicas, por ejemplo, procuro que todas las voces sean escuchadas con el mismo respeto, evitando interrupciones o descalificaciones sutiles que muchas veces pasan desapercibidas.

También creo firmemente en el acompañamiento. El liderazgo femenino se fortalece cuando existe mentoría, retroalimentación honesta y oportunidades reales para

asumir retos de alto impacto. No basta con invitar a participar; hay que confiar responsabilidades y abrir espacios de visibilidad.

Porque al final, construir una cultura inclusiva no es un acto de generosidad, es una decisión estratégica que fortalece la sostenibilidad y reputación de la firma.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Más que un solo momento, fueron decisiones sostenidas en el tiempo las que mar-

caron mi camino. En una profesión tradicionalmente exigente y técnica como la auditoría y consultoría, entendí que la preparación constante, la ética y la integridad serían mis principales aliados.

Recuerdo proyectos complejos donde tuve que alzar la voz en mesas dominadas por hombres, defendiendo criterios técnicos con firmeza y respeto. Defender criterios con firmeza, sin perder el respeto, fue la clave para ganar credibilidad.

Otro punto de inflexión fue dejar de intentar encajar en un modelo de liderazgo que no me representaba. Durante un tiempo pensé que debía endurecer mi estilo para ser tomada en serio. Con el tiempo comprendí que mi fortaleza no estaba en parecer diferente, sino en liderar desde mi autenticidad: con cercanía, visión estratégica, ética y capacidad de construir equipos sólidos.

Mirando atrás, creo que el verdadero quiebre no fue externo, fue interno: el día que entendí que no necesitaba permiso para ocupar espacios de decisión, siempre que estuviera preparada y actuara con coherencia.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que no pidan permiso para liderar. Prepárense, sí. Esfuércense, por supuesto. Pero no esperen validación externa para reconocer su capacidad.

El liderazgo no es un cargo, es una decisión diaria de actuar con ética, coherencia y valentía. Habrá desafíos y momentos de duda, pero cada espacio conquistado abre camino para otras mujeres.

Y algo muy importante: no compitan entre ustedes, acompáñense. El verdadero empoderamiento femenino no es individual, es colectivo.

Nashly Endara

GERENTE NACIONAL COMERCIAL Y MARKETING DE MEDIKEN

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Definitivamente las mujeres hemos desarrollado un rol protagónico dentro del mundo empresarial, cada vez más preparadas, con mayor capacidad de análisis y actualizadas con herramientas tecnológicas. Esto nos ha permitido ganar espacios clave dentro de las empresas, tomando decisiones basadas en interpretación analítica de la información, comportamientos del mercado, objetivos, cultura organizacional y valores éticos, siendo muy asertivas a la hora de definir estrategias visionarias en pro del crecimiento de las empresas liderando posiciones que no únicamente requieren de preparación sino de profesionalismo, toma de riesgos estratégicos y empoderamiento.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo la aplicas hoy?

Sin duda alguna, una de las cualidades femeninas es la versatilidad, el poder ser multitasking teniendo varios objetivos y enfoques diferentes combinando la vida personal y la profesional a la vez. Considero que una buena organización es fundamental para mantener un equilibrio en varios aspectos de

nuestras vidas, apostamos por la buena comunicación, disciplina, cercanía con nuestros entornos, el desarrollar equipos de trabajo de alto rendimiento que puedan enfrentar desafíos y a la par, tener tiempos de calidad mucho más que de cantidad para nuestra vida personal. Las responsabilidades siempre estarán presentes de manera continua, sin embargo, buscar espacios priorizando objetivos, es clave para lograr un balance con equidad, especialmente cuando a todo lo que haces, le pones un toque personal de pasión.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Romper con paradigmas no ha sido tarea fácil, sin embargo, creo que las mujeres hemos ganado espacios de liderazgo impor-

tantes dentro de empresas donde al inicio no existía una cultura organizacional que apostara por la igualdad de condiciones y de oportunidades para nosotras, no obstante, los resultados han demostrado que la visión femenina es muy necesaria dentro del ámbito empresarial. Mi liderazgo se fundamenta en no segmentar, en apostar por la formación, la experiencia y los perfiles de las personas, creando espacios para fomentar iniciativas, propuestas basadas en análisis, retos desafiantes, trabajo en equipo valorando las cualidades de todos los integrantes, entendiendo que cada colaborador o colaboradora tiene habilidades y valores que son de gran aporte para el crecimiento de una empresa. Lo importante es tener una visión y una misión clara donde todos contribuyan a llegar a los objetivos, se sientan parte de y se motive al crecimiento profesional de todos.

En lo personal, pienso que el empoderamiento es clave para la toma de decisiones, esto nos permite no únicamente tomar riesgos, sino tener decisiones acertadas”

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

En lo personal, pienso que el empoderamiento es clave para la toma de decisiones, esto nos permite no únicamente tomar riesgos, sino tener decisiones acertadas, los resultados son clave para romper barreras, demostrando que las mujeres somos igual de capaces, arriesgadas, enfocadas y decididas a lograr el posicionamiento de las empresas que lideramos.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Primero les diría que los paradigmas deben de romperse desde el interior de cada una de ellas, que tengan metas claras, que se mantengan enfocadas en los objetivos, que el miedo no es malo siempre y cuando se convierta en fortaleza, que los resultados hablan por sí solos y que un buen liderazgo se fundamenta en valores y en ideales inquebrantables.

Como reflexión nos queda que no importa el tiempo que nos tome llegar a la meta; debemos entender y amar nuestros propios procesos; el reto no es vencer a los demás, sino, batir nuestros propios récords; siempre será importante elevar nuestra vara para crecer constantemente, sin olvidar lo valiosas y capaces que podemos llegar a ser cuando confiamos que ese camino es el correcto.

Melina Andrade E

VICEPRESIDENTA TÉCNICA Y MANUFACTURA DE NESTLÉ

ECUADOR

n un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Más que un tema de equidad, estoy convencida de que la perspectiva femenina es hoy una ventaja competitiva estratégica. Las mujeres aportamos una visión integradora que permite analizar los desafíos desde múltiples ángulos, combinando la agilidad que el negocio exige con una alta capacidad de empatía y resiliencia. Esta dualidad es clave para la toma de decisiones; nos permite ir más allá de la solidez del desempeño económico, enfocándonos en la sostenibilidad del valor generado a través del bienestar de las personas y la salud de la cultura organizacional.

Cuando potenciamos el talento femenino en todos los niveles de la compañía —desde las líneas de operación hasta los comités ejecutivos—, la innovación se vuelve más auténtica. Nuestra capacidad para gestionar la complejidad y liderar equipos colaborativos crea entornos donde las ideas fluyen con mayor libertad y donde nos atrevemos a cuestionar el statu quo desde una sensibilidad distinta. Al final del día, se trata de decidir con agilidad bajo presión sin perder la esencia humana; integrar esa visión en la estrategia es lo que hace que una compañía no solo compita en el mercado, sino que logre trascender.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Mi gran aprendizaje ha sido entender que el balance no es una fórmula rígida, sino una integración consciente. Dentro de mis prioridades más relevantes está mi familia; ellos son el motor que me sostiene y que motiva constantemente. He aprendido que establecer límites saludables, incluyendo espacios sagrados para el descanso, el autocuidado y la diversión, consciente de que no es un lujo, sino una necesidad estratégica para mantener la claridad mental y la capacidad de decidir con acierto en entornos de alta presión.

También dedico tiempo para fortalecer mi espiritualidad, esto me permite equilibrar mis emociones, encontrar serenidad y recordar el propósito profundo detrás de cada una de mis acciones antes de sumer-

girme en el ritmo corporativo. Hoy aplico un liderazgo basado en la convicción de que, cuando cuidamos nuestra paz interior, habilitamos una cultura donde florecen la creatividad y la productividad.

Para liderar equipos de alto rendimiento, es fundamental construir entornos basados en la confianza, lo que nos permite delegar y empoderar de verdad. Estoy convencida de que liderar con el ejemplo, respetando este balance entre bienestar y crecimiento, fortalece el compromiso de nuestra gente. Al final, se trata de construir carreras sostenibles y liderazgos más conscientes, donde estar en paz con nuestras prioridades personales sea la base sólida para alcanzar cualquier meta corporativa.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Tengo la firme convicción de que la igualdad no se decreta; se construye con coherencia y espacios de confianza real. En Nestlé, la equidad y el balance de género son parte esencial de nuestro ADN. Un ejemplo tangible es nuestro Comité de Dirección, donde las mujeres ya ocupamos el 35% de las posiciones, enviando un mensaje claro sobre el alcance y la capacidad de nuestro liderazgo.

Me apasiona liderar iniciativas que impulsen el talento en todos los niveles, empezando por nuestras operadoras en las fábricas. Admiro profundamente su resiliencia: esa capacidad única para gestionar turnos

rotativos con excelencia técnica y, al mismo tiempo, liderar sus hogares con la misma entrega. Ser una embajadora en este entorno significa, ante todo, tender puentes. Por ello, impulsamos programas de mentoría que conectan a jóvenes profesionales con líderes de trayectoria, asegurando que su crecimiento no solo sea constante, sino que se fortalezca con el tiempo.

Creo firmemente en una cultura de puertas abiertas y diálogo continuo, donde planificamos el desarrollo de cada persona con un propósito claro. Al final, veo la igualdad como un motor de valor compartido: al

potenciar las capacidades de nuestras mujeres, no solo fortalecemos a la compañía, sino que construimos una sociedad más justa. Cuando una mujer se siente segura, valorada y respaldada, su potencial para transformar la industria es, sencillamente, imparable.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Considero que los momentos más decisivos han sido aquellos donde tuve la valentía de tomar decisiones estratégicas en

Estoy convencida de que liderar con el ejemplo, respetando este balance entre bienestar y crecimiento, fortalece el compromiso de nuestra gente”

situaciones críticas de la operación, demostrando que la capacidad técnica debe ir siempre acompañada de una visión integral y de negocio. A lo largo de estos 25 años, en espacios tradicionalmente liderados por hombres, me enfoqué en ir abriendo camino con resultados y autenticidad, permitiendo que mi voz fuera escuchada con respeto.

En este proceso, saber escuchar con humildad los consejos de quienes tenían más experiencia fue clave; esa apertura para aprender de los demás me permitió evolucionar y asumir riesgos con mayor seguridad.

Este crecimiento se vio profundamente potenciado por mi trayectoria internacional, ya que la mitad de mi carrera la he desarrollado fuera de mi país. Un hito fundamental fue mi etapa de expatriación en Suiza; la compañía confió en mi potencial para este reto y, aunque el miedo a lo des-

conocido estaba presente, decidí abrazar la oportunidad con optimismo. Vivir lejos de mi familia, adaptarme a una cultura distinta y liderar en un idioma que no era el mío, fueron experiencias que transformaron mi vida. Más allá del éxito profesional, atesoro el aspecto humano: allí conocí a personas maravillosas que me acompañaron con calidez y que me enseñaron que, con tesón y disciplina, no existen fronteras imposibles.

Hoy, desde el Comité de Dirección, entiendo que cada barrera superada fue necesaria para demostrarme a mí misma todo lo que se puede lograr cuando se cree en el propio talento.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Me gustaría empezar destacando que mi madre ha sido siempre mi mayor fuente de inspiración y admiración; de ella aprendí que la verdadera fortaleza reside en la constancia. Ella me repetía todos los días una frase que marcó mi camino: ‘El esfuerzo constante hace la perfección’. Esas palabras resonaron en mi cabeza desde niña y hoy, con la perspectiva que me da la experiencia, reflexiono sobre la profunda verdad que encierran. Si bien hoy entiendo que la perfección humana no existe, puedo dar testimonio de que el trabajo duro, constante, disciplinado y enfocado tiene el poder de llevarnos mucho más lejos de lo que jamás imaginamos.

Mi mensaje para las mujeres que aspiran a liderar es que confíen plenamente en su capacidad, pero que nunca dejen de lado la humildad para aprender de los demás. El liderazgo no se trata de tener todas las respuestas, sino de tener la valentía de buscarlas, de levantar la mano y de ocupar espacios con la seguridad de que nuestra visión es necesaria para que la industria evolucione. No intenten encajar en moldes ajenos; el mundo empresarial hoy busca autenticidad y resiliencia. Recuerden que cuando el talento se acompaña de integridad y valores, los resultados no solo llegan, sino que trascienden. Sueñen con propósito y trabajen con convicción, porque cada paso que damos hoy abre una puerta para las que vienen detrás.

Mónica Arce Loor

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La intuición, ese “sexto sentido” que muchas veces se asocia al liderazgo femenino, sí juega a nuestro favor en el entorno empresarial. Es una capacidad que permite anticiparse, prevenir riesgos y, sobre todo, cuidar lo que se construye: los equipos, las decisiones y la visión a largo plazo.

En escenarios de alta incertidumbre, esa sensibilidad combinada con la experiencia se convierte en una verdadera ventaja estratégica, ya que permite tomar decisiones con mayor criterio, empatía y sentido de oportunidad.

Las organizaciones que integran a mujeres en cargos de liderazgo, no solo innovan mejor, sino que también construyen culturas más sólidas, equipos más comprometidos y una conexión más auténtica con su mercado.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

El equilibrio entre la vida personal y el liderazgo corporativo es, sobre todo, un ejercicio de inteligencia emocional. Es aprender a escuchar, a priorizar lo que realmente importa y a tomar decisiones que estén alineadas con nuestros valores, incluso cuando no son las más fáciles.

En mi caso, hubo un momento en el que tuve que pausar mi vida profesional por una situación crítica de uno de mis hijos. Fue una decisión difícil, pero profundamente clara. No me arrepiento. Al contrario, regresé fortalecida, con una nueva perspectiva y con la tranquilidad de haber hecho lo correcto.

Esa experiencia me enseñó que el liderazgo no se trata solo de resultados, sino también de humanidad. Hoy lidero desde un lugar más consciente, entendiendo que el verdadero equilibrio no es perfecto, pero sí coherente con lo que somos y con lo que elegimos cuidar.

En la vida profesional, lo que realmente marca la diferencia son las competencias, el compromiso y sobre todo la actitud”

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Siempre he creído en la igualdad de oportunidades, sin importar género o edad. En la vida profesional, lo que realmente marca la diferencia son las competencias, el compromiso y sobre todo la actitud.

La cultura organizacional se construye desde esa base: creando espacios donde el talento pueda desarrollarse con libertad, donde las ideas sean valoradas y donde cada persona se sienta segura de expresar su visión. No se trata de imponer igualdad, sino de permitirla a través de decisiones coherentes y justas en el día a día.

Como mujer en tecnología, me alegra profundamente ver cada vez a más mujeres

incursionando en esta área, donde aún somos minoría. Es un espacio desafiante, pero también lleno de oportunidades para generar impacto real.

Por eso, me he involucrado activamente en iniciativas que promueven el desarrollo de competencias digitales en mujeres, con el objetivo de reducir la brecha existente y abrir más caminos en el mundo tecnológico.

Creo firmemente que el acceso a la tecnología no solo transforma carreras, sino también realidades. Y mientras más mujeres participen, más diversa, innovadora y representativa será la industria que estamos construyendo.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Siempre he creído que la suerte es la unión entre la preparación y la búsqueda constante de oportunidades. En mi caso, nunca esperé a que las cosas llegaran, salí a buscarlas. Y esa combinación de formación académica y aprendizaje continuo me permitió reconocer y aprovechar cada oportunidad que se presentaba.

Empecé muy joven, a los 17 años, digitando información de compras de materia prima en una exportadora de camarón muy reconocida. A los 22 años asumí el reto de ser jefe de sistemas en una nueva empresa, y

a los 28 ya me desempeñaba como gerente de sistemas en una gran organización. Cada paso fue resultado de la constancia, de no rendirme ante las adversidades y de mantener siempre una actitud abierta al aprendizaje y a asumir nuevos desafíos.

Hubo momentos difíciles también. En una etapa de mi vida, por situaciones personales, tuve que detenerme y me encontré sin empleo. Pero lejos de verlo como un límite, decidí crear mi propia empresa. Ese fue, sin duda, uno de los momentos más decisivos, porque transformé la incertidumbre en una oportunidad para construir algo propio.

Hoy miro atrás y entiendo que romper barreras no fue un solo evento, sino una actitud constante: la de seguir avanzando, incluso cuando el camino no estaba claro, confiando en la preparación, en la disciplina y en la convicción de que siempre es posible volver a empezar y crecer.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Mi mensaje sería: no te rindas. Tu trabajo siempre debe hablar por ti: con profesionalismo, honestidad y responsabilidad. Nunca sabes quién puede estar observando, quién puede ver en ti ese potencial y brindarte esa oportunidad de liderazgo que estás esperando, ese cliente que necesitabas o ese contacto clave para tu próximo ascenso.

Por eso, cada paso cuenta. Cada esfuerzo, cada entrega, cada decisión construye tu camino. Mantente constante, fiel a tus valores y preparada, porque las oportunidades llegan cuando menos lo esperas, pero encuentran a quienes están listas para asumirlas.

Gina Macías

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina no es un complemento, es una ventaja competitiva. Las mujeres tendemos a integrar visión estratégica con sensibilidad humana, datos con intuición, resultados con sostenibilidad. Esa capacidad de analizar múltiples variables —emocionales, financieras, culturales— nos permite innovar de manera más integral y tomar decisiones que no solo generan rentabilidad, sino impacto real y duradero.

Hoy las empresas que realmente evolucionan son aquellas que incorporan diversidad en su pensamiento. La mirada femenina aporta profundidad, empatía y una capacidad extraordinaria de anticipar escenarios, algo esencial en entornos de alta incertidumbre.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

He aprendido que el equilibrio no significa hacerlo todo perfecto, sino priorizar con claridad. Durante mucho tiempo creí que debía demostrar

el doble en todos los ámbitos. Hoy entiendo que el liderazgo también implica delegar, confiar y establecer límites sanos.

El balance no es dividir el tiempo en partes iguales, es tomar decisiones conscientes según la etapa que estás viviendo. La clave está en diseñar una vida alineada con tus valores, no con expectativas externas. Cuando una mujer se permite liderar sin culpa, desde la autenticidad, su impacto se multiplica.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La igualdad no se declara, se construye todos los días. Empieza con políticas claras,

pero se sostiene con acciones coherentes. Promuevo espacios donde la opinión no dependa del género, sino del talento y la preparación.

Fomento conversaciones abiertas, mentoría activa y oportunidades reales de crecimiento. Y algo fundamental: tolerancia cero ante cualquier forma de desvalorización. Cuando una mujer siente que su voz es escuchada y respetada, no solo crece ella, crece toda la organización.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Los momentos decisivos no siempre son los grandes logros visibles, sino las decisiones internas. Decidir levantar la mano en una

He aprendido que el equilibrio no significa hacerlo todo perfecto, sino priorizar con claridad”

mesa donde era la única mujer. Decidir no minimizar mis logros. Decidir asumir proyectos de alto riesgo.

Romper barreras implica incomodidad. Implica cuestionar creencias limitantes y asumir que el liderazgo no tiene género. Cada vez que elegí confiar en mi capacidad por encima del miedo, avancé un nivel más. Y entendí que muchas veces el techo no es de cristal, es mental.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

No esperen permiso para liderar. Prepárense, construyan competencia, rodéense de personas que eleven su estándar… pero no posterguen su voz.

El mundo empresarial necesita mujeres decididas, estratégicas y conscientes de su valor. Liderar no significa parecerse a nadie más; significa potenciar lo que te hace única.

Cuando una mujer avanza con seguridad, no abre solo una puerta: crea un camino para muchas más.

Ana Cristina Grunauer

ECEO DE KOZY

n un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En el sector en el que trabajo, que es el de la decoración y el mobiliario, la perspectiva femenina ha sido clave. Nuestro equipo en oficina está conformado completamente por mujeres, pero lideramos a un equipo operativo que en su mayoría está compuesto por hombres: carpinteros, instaladores y personal de producción.

Al inicio fue un reto. Tuvimos que encontrar la forma de adaptarnos y de construir una dinámica de trabajo en la que todos entendieran que estamos persiguiendo el mismo objetivo. Más que imponer una estructura, se trató de generar confianza, comunicación y demostrar que nuestro liderazgo busca ordenar pro-

cesos, sacar adelante el negocio y trabajar realmente como un equipo.

En decoración, por ejemplo, la base de todo es entender profundamente al cliente: cómo vive, qué necesita en su espacio, qué lo hace sentir cómodo o identificado con su entorno.

Las mujeres solemos tener una sensibilidad muy fuerte hacia esos detalles, y eso nos permite tomar decisiones estratégicas más conectadas con la experiencia del cliente. Al final, esa capacidad de entender mejor a quien está al otro lado del proyecto se convierte en una ventaja competitiva real.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Creo que las mujeres muchas veces sentimos que tenemos que cumplir con todo: ser buenas madres, buenas empresarias, buenas líderes. Son muchos roles al mismo tiempo, y todos son importantes.

En mi caso, uno de los aprendizajes más grandes ha sido entender que, aunque las mujeres tenemos una gran capacidad para hacer muchas cosas a la vez, también es fundamental reconocer nuestras prioridades. Ser mamá, por ejemplo, es un rol en el que para mí no existe la opción de fallar. Es una responsabilidad muy importante y una parte central de mi vida.

Al mismo tiempo, ser emprendedora y liderar un negocio exige muchísima energía y enfoque. Algo que me costó aprender, pero

La confianza se construye con experiencia, con errores y con decisiones tomadas en momentos donde no siempre tenemos total certeza”

que hoy considero clave, es la importancia de delegar. Rodearme de un buen equipo de trabajo, confiar en las personas con las que trabajo y construir un equipo que entienda la visión del negocio ha sido fundamental.

Cuando logras formar un equipo sólido, que puede tomar decisiones y avanzar sin depender de ti en todo momento, puedes concentrarte realmente en aquello en lo que aportas más valor. Para mí, ese ha sido uno de los mayores aprendizajes para poder equilibrar la vida personal con el liderazgo empresarial.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Hace un poco más de un año tuve la oportunidad de ser gerente general de una multinacional y de arrancar prácticamente desde cero la operación de la empresa. Esa

actuamos todos los días, inclusive en nuestra vida personal.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

El camino hacia el liderazgo se vuelve mucho más sólido y sostenible con el apoyo de tu familia y la guía de Dios; esas son tus herramientas más valiosas”

experiencia me enseñó muchísimo sobre procesos, estructura organizacional y, sobre todo, sobre cómo se construyen modelos visibles de liderazgo dentro de un equipo.

Un buen equipo y un buen ambiente laboral hacen la diferencia. Cuando trabajas con personas que entienden la visión, que respetan el liderazgo y que valoran el aporte de cada miembro del equipo, se genera un espacio mucho más seguro para opinar, proponer ideas y tomar decisiones.

También creo mucho en el ejemplo. El liderazgo visible es fundamental. Cuando otras mujeres ven que es posible dirigir, tomar decisiones estratégicas y liderar equipos grandes, automáticamente se rompe una barrera mental. Al final, la cultura organizacional se construye no solo con procesos, sino con la forma en que los líderes

En mi caso, los momentos decisivos muchas veces han sido momentos incómodos. Creo que el liderazgo muchas veces nace justamente en esas situaciones donde hay incertidumbre y tienes que tomar decisiones sin tener todas las respuestas.

Uno de esos momentos fue durante la pandemia. Como muchos, estábamos tratando de entender qué iba a pasar con nuestros negocios y con nuestras vidas. A mí me tocó replantear lo que estaba haciendo, escuchar mucho más al cliente y observar con atención qué estaba cambiando a nuestro alrededor.

Muchas veces las señales están ahí, el camino incluso puede estar bastante claro, pero como líderes tenemos que saber escuchar y entender cuándo es el momento correcto para tomar una decisión y arriesgarnos.

No siempre te sientes lista, y creo que eso es algo importante de reconocer. Romper una barrera no siempre es un gran evento; a veces es simplemente una conversación interna donde decides avanzar hacia una posición de liderazgo, incluso cuando todavía sientes que te falta aprender mucho.

Y en ese proceso hay algo que para mí ha sido fundamental: apoyarte en un buen equipo. Tener personas en quienes confiar, que compartan la visión y que te acompa-

Como líderes tenemos que saber escuchar y entender cuándo es el momento correcto para tomar una decisión y arriesgarnos”

ñen en la ejecución, hace una gran diferencia. Para mí, esa es una parte esencial del liderazgo: entender que los logros no son individuales, sino el resultado de un equipo sólido trabajando en la misma dirección.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Que no tengan miedo y que no esperen una validación externa para comenzar a liderar. Muchas veces creemos que primero tenemos que saberlo todo o sentirnos completamente preparadas, y la realidad es que el liderazgo también se construye en el camino.

Sean curiosas, prepárence y autofórmence. Hoy tenemos acceso a muchísima información y herramientas para seguir creciendo, pero también es importante entender que nunca vamos a tener todas las respuestas antes de empezar.

Hay que atreverse, arriesgarse y confiar en una misma. La confianza se construye con experiencia, con errores y con decisiones tomadas en momentos donde no siempre tenemos total certeza.

Y por último y lo más importante, el camino hacia el liderazgo se vuelve mucho más sólido y sostenible con el apoyo de tu familia y la guía de Dios; esas son tus herramientas más valiosas.

Rossana Monsalve

CEO DE CAVANNI DESIGN

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

Creo que la perspectiva femenina aporta un valor enorme a la innovación y a la toma de decisiones estratégicas porque incorpora una sensibilidad distinta, anticipa riesgos y conecta con las personas. Muchas veces se habla de intuición como si fuera algo abstracto, pero en realidad es una

forma de inteligencia construida desde la experiencia, la observación y la capacidad de percibir lo que no siempre es evidente en los datos.

Esa intuición, cuando se escucha y se trabaja con claridad, puede convertirse en una herramienta estratégica muy poderosa. Durante mucho tiempo, a muchas mujeres se nos enseñó a dudar de esa voz interna o a silenciarla, pero hoy creo que recuperarla también es una forma de liderazgo. La perspectiva femenina no reemplaza la visión técnica ni analítica; la complementa y la fortalece, porque suma humanidad, criterio y una mirada más integral en la toma de decisiones.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Más que hablar de equilibrio perfecto, hablaría de una gestión de múltiples responsabilidades. A las mujeres históricamente se nos ha exigido responder bien en todos los frentes al mismo tiempo, y aunque esa presión responde a estructuras sociales que todavía debemos cuestionar, también es cierto que muchas hemos desarrollado una gran capacidad de adaptación, resolución y fortaleza.

En mi caso, he aprendido que liderar también implica priorizar, poner límites y entender que no todo puede sostenerse desde el mismo lugar todo el tiempo. Muchas veces, por necesidad y supervivencia, una desarrolla una energía más ejecutiva, más firme, más orientada a resolver problemas. Lo importante ha sido aprender a usar esa fortaleza sin desconectarme de mi esencia.

Hoy lo aplico también en la forma en que acompaño a mi equipo: entendiendo que cada mujer vive sus propios desafíos, pero que cuando existe compromiso, confianza y visión, se puede construir un liderazgo sólido, auténtico y sostenible.

He aprendido que liderar también implica priorizar, poner límites y entender que no todo puede sostenerse desde el mismo lugar todo el tiempo”

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Para mí, todo empieza por la confianza. Construir un entorno donde las mujeres puedan desarrollarse y liderar implica creer genuinamente en sus capacidades, darles espacio para expresarse y reconocer el valor de su visión, es importante poder delegar el trabajo y sostener una cultura donde cada persona sienta que puede crecer, aportar y ser escuchada.

También creo profundamente en el poder de rodearse de mujeres fuertes, comprometidas y empoderadas, que no compiten desde la carencia, sino que se impulsan entre sí trabajando en equipo. Cuando existe esa energía de apoyo mutuo, el crecimiento deja de ser individual y se vuelve colectivo.

Para mí, liderar no significa únicamente dirigir. Significa también servir, acompañar, ayudar a otras personas a descubrir su potencial y crecer con ellas en el proceso. Un ambiente sano se construye desde esa mirada: una donde hay exigencia, sí, pero también respeto, escucha, propósito y humanidad.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Los momentos más decisivos suelen ser también los más difíciles. Muchas veces, son las pruebas, las caídas y los desafíos profundos los que obligan a mirar hacia adentro, fortalecer la visión propia y desarrollar una mayor claridad sobre quién eres y hacia dónde quieres ir.

Creo que romper barreras no siempre sucede en los momentos visibles del éxito, sino en esos instantes en los que una decide no detenerse, aprender de lo vivido y transformarlo en fuerza. Cada obstáculo deja una lección, y

A las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, les diría que confíen en sí mismas, que se atrevan a tomar decisiones y que no minimicen el valor de su voz ”

cada experiencia difícil puede convertirse en una oportunidad para reafirmar el carácter, la convicción y la capacidad de liderar.

En mi trayectoria, esos momentos me han enseñado que el liderazgo no nace de la comodidad, sino de la capacidad de sostenerse, reconstruirse espiritualmente y avanzar con propósito.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Les diría que confíen en sí mismas. Que no subestimen su voz, su visión ni su capacidad de tomar decisiones. Que se atrevan, incluso cuando no todo esté resuelto y aunque el camino no siempre sea fácil. Que si se caen pueden volver a lograrlo, solo deben tener un objetivo claro y accionarlo para que ese objetivo sea logrado.

El liderazgo femenino tiene un enorme poder transformador cuando se ejerce con autenticidad, valentía y propósito. No se trata solo de llegar a una posición, sino de convertirse en motor para que otras también puedan crecer. Cuando una mujer avanza con firmeza, abre espacio, inspira y deja huella.

A las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, les diría que confíen en sí mismas, que se atrevan a tomar decisiones y que no minimicen el valor de su voz. El liderazgo femenino no solo transforma empresas; también abre camino, inspira y crea oportunidades para que otras mujeres crezcan.

Mónica Carrascal

VICEPRESIDENTE DE FRIGOLANDIA

En un entorno empresarial cada vez mas competitivo, que papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estrategicas?

En un entorno empresarial se cree que innovar es solo tener ideas brillantes. Realmente innovar es saber leer a las personas, entender qué necesitan de verdad y atreverte a cambiar algo que “siempre ha funcionado así.” Y es ahí exactamente donde nuestra perspectiva femenina entra en acción.

Las mujeres llevamos toda la vida resolviendo problemas con la mitad de los recursos, navegando espacios que no fueron hechos para nosotras y tomando decisiones que afectan a otros. Eso te define de una manera que ningún MBA te enseña. Somos versátiles, adaptables, humanas, objetivas, claras, inteligentes y muy recursivas.

Cuando una mujer entra a una sala de decisiones, no solo lleva su formación o su experiencia técnica. Lleva una forma distinta de observar, de relacionarse, de hacerse preguntas y de buscar respuestas. Nuestro enfoque es más de objetivo y contextual donde analizamos las perspectivas, respetamos los valores, las diferencias y sentimientos, en lugar de imponer una visión única, somos versátiles. Eso en innovación, vale oro!

Las mujeres solemos ver los problemas desde un ángulo que otros no había considerado. No digo que las mujeres seamos mejores. Digo que somos necesarias. Que sin esa mirada, cualquier estrategia tiene vacíos. Y en un mercado tan exigente y cambiante como el de hoy, un vacío puede costarte la empresa.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿ que aprendizajes has obtenido sobre la gestion de ese balance y como lo aplicas hoy?

Lo que he aprendido a lo largo de mi carrera profesional, me costó mucho tiempo aceptarlo. Fui descubriendo con el paso de los años, que no puedes estar en todo al 100% al mismo tiempo. Ha sido la gran enseñanza que me han dejado cargos directivos de alto compromiso.

Lo que entendí es que debia estar completamente presente donde tenía que estar. Cuando estaba en casa, estaba en casa al 100%. El teléfono debía esperar. Reuniones innecesaria también. Mi hija no iba a tener esa misma versión de mí al día siguiente.

Prepárate con disciplina y rigor. Conoce tu industria mejor que nadie. No se puede administrar ni liderar lo que no se conoce!”
Cuando una mujer entra a una sala de decisiones, no solo lleva su formación o su experiencia técnica. Lleva una forma distinta de observar, de relacionarse, de hacerse preguntas y de buscar respuestas”

Muchas veces me levante de reuniones infructuosas diciendo tengo una hija que criar y es una anécdota que orgullosamente me define.

En el trabajo aprendí algo igual de valioso, me rodee de compañeros comprometidos, gente con ganas de superarse y ascender, invertí tiempo capacitando y enseñando, logre liderar equipos de trabajó exitosos. Nunca tuve miedo de pedir ayuda. Eso no es debilidad, es estrategia. Delegué más. Confié más en mi equipo. Y paradójicamente, el trabajo siempre mejoró. Fui estratégica en definir mi sucesión. Delego lo cual me permite tener ese equilibrio y moverme con facilidad.

Lo verdaderamente vital en ese equilibrio es y será siempre mi familia, Me enseñan todos los días a ser mejor líder, me enseñan de paciencia, negociación, disciplina, gestión de crisis y amor incondicional. Todo eso lo llevo a mi trabajo todos los días. Mi trabajo me hizo sin lugar a duda mejor madre. Mi hija me vio trabajar con propósito, tomar decisiones vitales, crecer y me permitió darle ejemplo de perseverancia, de constancia , superación y dedicación. Ella pudo ver de cerca la clave del éxito desde el ejemplo y no del discurso…… La disciplina y la ética, ese el legado que le dejo.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Como construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su vision?

Un ambiente seguro para las mujeres no es un ambiente sin retos. Es un ambiente donde los retos son los mismos para todos, y donde su voz tiene el mismo peso sin importar el género. Como anécdota en mi vida laboral; dentro de un proceso de selección, en una reunión de contratación se me hizo la observación de que era de las primeras ejecutivas mujer en llegar a esa posición! Yo simplemente le respondí a ese Directivo de la compañía, que los ejecutivos no teníamos género. Me miro y sonriente me dijo gran enseñanza directiva. Ese ha sido siempre el principio básico que he enseñado en las Culturas organizacionales donde he tenido el honor de ser parte de ellas, La igualdad debe ser el respeto primordial en cualquier organización.

Para construir un ambiente propicio en el que las mujeres podamos desarrollarnos suelo abrir puertas de verdad. Esto significa que no basta con solo decirle a una mujer “tú puedes llegar lejos.” Hay que darle la oportunidad real, darle proyectos desafiantes, enseñarle, apoyarla , darle la oportunidad de aprender y brindarle la exposición con la alta dirección de la compañía. Eso es desarrollo auténtico.

En tu trayectoria ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Tuve muchos momentos decisivos en mi carrera profesional, los más decisivos fueron

dos situaciones puntuales, la primera cuando acepte ser Gerente Nacional del segundo banco más grande de Colombia un gran reto por la cantidad de oficinas a mi cargo 784 en total, mi vida laboral transcurría montada en un avión recorriendo todo el país consolidando el posicionamiento de la entidad, con un gran número de personal a cargo. El segundo cuando acepte la valiosa oportunidad que me brindo el segundo banco más grande del Ecuador como Vicepresidente, donde me vi obligada a salir de mi zona de confort, estudie desde Geografía, política, economía,

jurisprudencia, normativa bancaria, cultura e idiosincrasia desde cero. Tuve que romper paradigmas, dejar mi vida, mi país, mi familia y mi cultura para aceptar ese gran reto laboral. Una gran experiencia, una prueba de liderazgo total. Nunca tuve duda que podía lograrlo y consolidarme.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial. ¿Cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Prepárate con disciplina y rigor. Conoce tu industria mejor que nadie. No se puede administrar ni liderar lo que no se conoce!. Desarrolla desde el conocimiento con tu criterio propio. Que tu actuar este siempre acompañado de los principios, valores institucionales y personales. La autoridad no te la da un cargo, te la brinda la claridad con la que tomas decisiones y la consistencia con la que actúas. Busca mentoras, busca mujeres que ya caminaron el recorrido donde quieres llegar. Aprende de ellas. Lidera desde lo que eres no trates de imitar y siempre enseña. Deja tu legado.

La alta dirección y liderazgo son exigentes y muchas veces injustos. Cuando la presión es alta, tu ventaja competitiva no es evitar esa presión, sino la de desarrollar estrategias y capacidades para afrontarlas con profesionalismo. El éxito viene de la mano de tu capacidad de moverte con inteligencia y aceptar los cambios rápidamente. Especialmente en el entornos que hoy vivimos, tenemos que tener la capacidad de actuar al ritmo que el entorno nos impone, esa adaptabilidad es la clave más valiosa.

AGENDA EXPOINDUSTRIA 2026 2-3 DE JUNIO

Día 1 - 2 de junio

08h30

11h00 - 12h30

17h00 - 17h45

Inauguración y corte de cinta

Shark Tank junto a AEI (Alianza para Emprendimiento e Innovación del Ecuador)

La Nueva Fuerza Laboral: Agentes de Inteligencia Artificial que trabajan 24/7 para tu empresa

17h45 - 18h15

20h00 El ADN del Marketing inteligente

Fin de jornada primer día

Día 2 - 3 de junio

Inicio de Feria 09h00

10h30 - 11h15

17h30 - 19h00

19h00 - 19h30

19h30 - 22h00

Packaging con alma, Tech y Propósito

Aniversario (5-45 años de afiliación)

Clausura Expoindustria

Coctel y banda en vivo

Alejandro Medina Arquitecto y Estratega de Soluciones IA en Medina IA

Alejandra Barco Brand Partner Manager en TikTok

Hernan Braberman Director Creativo en Tridimage

Organiza:

Katherine Rizzo

GERENTE GENERAL DE FAMILY FOOD ECUADOR S. A.

FAMODECSA

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

La perspectiva femenina aporta una capacidad que hoy es determinante: evaluar con profundidad y decidir con visión sistémica.

No observamos los negocios en fragmentos; los entendemos como un ecosistema. Cuando tomamos una decisión estratégica no analizamos solo el margen o el costo inmediato, analizamos el impacto en la marca, en el equipo, en la sostenibilidad del modelo, en la reputación y en el largo plazo. Tenemos una habilidad natural para conectar variables que, en apariencia, no están relacionadas.

Esa mirada integral eleva la calidad de las decisiones.

En entornos de alta presión, donde la competencia es agresiva y los mercados cambian rápido, la creatividad femenina no es improvisación; es capacidad de adaptación con criterio. Es encontrar soluciones donde otros solo ven restricciones. Es innovar no solo en el producto, sino en la forma de negociar, de liderar equipos, de construir alianzas estratégicas.

Además, creo que las mujeres tenemos una fortaleza particular para integrar razón e intuición sin conflicto. No decidimos desde la emoción desbordada, sino

desde una inteligencia emocional bien gestionada que nos permite leer contextos, anticipar riesgos y detectar oportunidades antes de que sean evidentes.

Y eso, en un entorno globalizado, no es un complemento. Es una ventaja competitiva real.

La perspectiva femenina aporta equilibrio entre firmeza y humanidad, entre creatividad y disciplina, entre ambición y responsabilidad. Y cuando esa combinación se ejerce con seguridad, transforma la estrategia en impacto sostenible.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

Si soy completamente honesta, no diría que ya lo aprendí; diría que sigo aprendiendo.

El equilibrio no es un punto fijo al que llegas y te quedas. Es un ajuste constante entre lo que exige el entorno y lo que necesitas como persona. Y ese ajuste requiere madurez.

Disfruto profundamente mi vida profesional. Me apasiona el ámbito en el que me desenvuelvo, me reta intelectualmente, me obliga a pensar estratégicamente y me da propósito. Pero en ese proceso entendí algo esencial: no puedo construir éxito profesional sacrificando mi éxito personal. No tendría sentido alcanzar resultados externos perdiendo coherencia interna.

Hubo momentos en los que sentí —y me impuse— la presión de poder con todo. De estar siempre fuerte, siempre disponible, siempre resolviendo. Con el tiempo comprendí que esa exigencia permanente no es sostenible ni saludable. El liderazgo también requiere humanidad.

Constantemente me he propuesto hacer un ejercicio de autoanálisis. Me pregunto con honestidad qué vale la pena y qué no. Qué aporta crecimiento real y qué solo responde a expectativas externas. Aprendí a filtrar situaciones, compromisos e incluso personas. No todo merece nuestro desgaste. Y poner límites no es debilidad; es criterio.

En el último año he tenido la bendición de compartir con mujeres que viven exactamente este mismo proceso. Mujeres exitosas, líderes, fuertes… y también en búsqueda de equilibrio. Descubrir que prácticamente todas atravesamos esta tensión entre lo personal y lo corporativo ha sido profundamente enriquecedor. Compartirlo, hablarlo sin máscaras, es liberador. Nos recuerda

La perspectiva femenina

aporta equilibrio entre firmeza y humanidad, entre creatividad y disciplina, entre ambición y responsabilidad”

que no estamos solas y que la exigencia no tiene que convertirse en aislamiento.

No es fácil. Hay semanas donde el negocio exige más presencia. Hay momentos donde la vida personal demanda prioridad. Lo que ha cambiado es mi firmeza para no sacrificarme en el proceso. Intento mantener mi esencia, ser fiel a lo que me apasiona y tomar decisiones conscientes, incluso cuando implican decir no.

Hoy entiendo que el equilibrio no significa ausencia de presión, sino capacidad de gestión con consciencia. Es integrar, no dividir. Es crecer sin perderse.

Y sigo construyéndolo, con más claridad, más límites y más respeto hacia mí misma.

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollar-

se, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

Construir un ambiente sano no es perfecto ni lineal. Hay aciertos y errores. Hay días en los que la dinámica fluye y otros en los que las presiones del negocio, las personalidades distintas y el ritmo operativo retan la armonía. Eso es real.

Lo que intento sostener, más allá del día a día, es una esencia clara: dentro del equi-

po nos impulsamos mutuamente. Y eso no significa protegernos de la realidad ni esconder falencias. Significa tener la madurez de decirnos lo que necesitamos mejorar, aunque sea incómodo.

Damos feedbacks directos, profesionales y con intención de crecimiento. Y cuando hay confianza suficiente, incluso personales. Porque crecer no es solo adquirir habilidades técnicas; también es fortalecer criterio, carácter y autoconocimiento.

Promuevo que se pueda cuestionar. Que levantar la voz no sea interpretado como conflicto, sino como responsabilidad. Cuando una mujer sabe que su opinión será escuchada por su contenido y no etiquetada por su género o edad, participa con más seguridad.

También doy exposición real. No creo en igualdad si las decisiones relevantes siguen

No puedo construir éxito profesional, sacrificando mi éxito personal”

concentradas en pocos. Las mujeres de mi equipo lideran proyectos, presentan resultados, negocian y asumen responsabilidad. La seguridad se construye ejecutando.

Cuando empecé en este sector, éramos pocas mujeres y menos aún jóvenes en posiciones de liderazgo. El éxito femenino muchas veces generaba competencia innecesaria. Hoy veo más apoyo, más red y más mujeres en alta dirección. Eso me enorgullece.

Como dato que refleja esta evolución, hoy el mayor porcentaje de mi equipo es femenino. No fue una cuota; fue consecuencia de construir un espacio donde se puede crecer sin tener que competir internamente para sobrevivir.

No es un entorno idealizado. Es un entorno exigente. Pero la diferencia está en que elegimos crecer juntas, no competir entre nosotras.

Y eso cambia la cultura.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

Romper barreras no fue un acto heroico. Fue un proceso. Fue elegir no quedarme en etiquetas.

Al inicio de mi carrera, en mi primer trabajo, cuando apenas estaba descubriendo cuál sería mi área de expertise, alguien me dijo que para tener éxito en el área comercial debía ser mucho más extrovertida. Que mi perfil analítico no era el ideal. En ese momento estaba construyendo mi seguridad profesional y esa frase pudo haber marcado un límite.

Si me hubiese creído esa idea, hoy no estaría aquí.

Esa experiencia fue un punto de quiebre silencioso. Decidí demostrar —primero a mí misma— que no existe un solo molde para liderar. Que pensar antes de hablar, que analizar con profundidad, que prepararse más de lo esperado también es fortaleza.

También hubo barreras más sutiles. En varias etapas fui la única mujer en equipos donde predominaban hombres. Siempre he respetado a cada persona que ha sido parte de mi camino, pero internamente tenía claro algo: quería ser tratada igual. Igual en exigencia, igual en responsabilidad, igual en oportunidades. No buscaba trato especial, buscaba equidad real.

Y no todo ha sido éxito.

He cometido errores.

He tomado decisiones que me han enseñado más que cualquier logro. He tenido momentos donde la duda apareció. Pero aprendí a asumirlos, a reconocer mis debilidades y, sobre todo, a escuchar. Escuchar de verdad. La humildad de aceptar que no siempre tienes la mejor respuesta te hace crecer más rápido.

Otro momento decisivo fue atreverme a levantar la mano cuando el reto me superaba un poco. No sentirme completamente lista y aun así aceptar. Porque entendí que el crecimiento rara vez se siente cómodo.

Con el tiempo comprendí algo aún más profundo: mi verdadera barrera no es competir con otros, es competir conmigo misma. Es dejar huella en el camino. Mi compromiso y mi palabra son importantes para mí. Si digo que voy a hacer algo, lo hago. Y si no estoy de acuerdo, lo expreso. Siempre desde el respeto, pero con firmeza.

Ser auténtica e íntegra ha sido mi eje. No moldearme para encajar, no suavizar lo que pienso para agradar, pero tampoco perder la capacidad de escuchar y aprender.

Mirando atrás, romper barreras no fue demostrar que podía. Fue decidir que no permitiría que otros definieran lo que era posible para mí.

Y esa decisión —constante, consciente y profundamente personal— es la que realmente me permitió avanzar.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

Se los digo desde lo más honesto: no existe una perfección lineal.

A lo largo del camino me he equivocado, y probablemente lo seguiré hacien -

do. Sin embargo, hoy cada desacierto lo transformo en una reflexión más consciente: ¿qué pude haber hecho mejor?, ¿qué no vi?, ¿qué necesito fortalecer? Con el tiempo entendí que el crecimiento no es una línea recta; es un proceso de ajuste constante.

Por eso, cuando lleguen esos días en los que se sientan abrumadas —porque llegarán— respiren. Hacer una pausa no es retroceder, es recuperar perspectiva para decidir con mayor claridad.

Además, cuestionen lo que hacen y lo que creen. Prepárense en cada tema que toquen. Y si hay algo que desconocen, admítanlo sin miedo y trabájenlo. Reconocer lo que no sabes no debilita tu liderazgo; lo fortalece. Busquen mentorías. Rodéense de personas que sepan más que ustedes en algo, indistintamente del género. Siempre hay algo valioso que aprender si estamos dispuestas a escuchar.

En paralelo, construyan su círculo de confianza. Personas que no solo sumen en lo profesional, sino también en lo personal. Mujeres y hombres íntegros, líderes generosos, que celebran, que confrontan con respeto y que sostienen cuando el entorno exige. Hoy agradezco profundamente trabajar junto a una mujer valiente y visionaria, con quien he construido una relación de confianza genuina. Poder debatir decisiones estratégicas y, al mismo tiempo, compartir dudas personales sin sentir juicio es un privilegio que transforma.

Si miro hacia atrás, recuerdo que hace casi dos décadas no era habitual ver tantas mu-

jeres en espacios de alta dirección ni sentir este nivel de respaldo entre nosotras. Hoy somos más visibles, más preparadas y dispuestas a impulsarnos mutuamente. Ese avance no es producto del azar; es consecuencia de personas que decidieron abrir camino sin cerrarlo detrás.

Asimismo, aprendan a valorar las derrotas. Muchas veces son las que más carácter construyen. Son incómodas, sí, pero nos obligan a cuestionarnos con mayor profundidad y a regresar más fuertes.

En esa misma línea, entiendan que los equipos no se forjan desde la perfección de una sola persona, sino desde el encuentro de fortalezas distintas. Liderar no es saberlo todo; es reconocer en qué eres fuerte y en qué necesitas complementarte. Es hacer match con el talento de otros y potenciarlo.

Por otro lado, no compitan entre ustedes. La competencia más importante es con la mujer que fueron ayer.

Finalmente, sean auténticas. Sean íntegras. Cúmplanse sus compromisos. Y si no están de acuerdo con algo, díganlo con respeto y firmeza. La coherencia deja huella.

Porque al final, más que llegar perfectas, se trata de llegar fieles a ustedes mismas. Con errores, con aprendizajes, con personas que sumaron y con la tranquilidad de haber crecido sin perder la esencia.

Y algo que siempre me repito es:

“Deja huella, no cicatriz.”

María Isabel Witt

DIRECTORA COMERCIAL PARA AMÉRICA EN SAEPLAST

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, ¿qué papel crees que juega la perspectiva femenina a la hora de innovar y tomar decisiones estratégicas?

En un entorno empresarial cada vez más competitivo y dinámico, la perspectiva femenina juega un rol clave en la calidad de la toma de decisiones y en la capacidad de innovar.

No se trata únicamente de diversidad como un valor simbólico, sino de incorporar visiones más integrales que permitan evaluar escenarios con mayor profundidad, considerar el impacto en las personas y construir soluciones más sostenibles en el tiempo. Nuestra participación en espacios de decisión aporta un enfoque más holístico, que combina análisis estratégico con atención al detalle y una fuerte orientación a largo plazo.

El balance no es lineal.
Hay etapas donde todo fluye y otras donde las demandas parecen competir entre sí”

Hoy, las empresas no solo enfrentan mayor competencia, sino también un entorno en constante transformación. Esto exige equilibrar resultados inmediatos con la trascendencia del negocio. En ese contexto, nuestra voz contribuye a mantener presente un elemento crítico: las personas que hacen posible la operación diaria y el crecimiento futuro.

Las mujeres a lo largo de la historia moderna, hemos evolucionado significativamente en nuestras capacidades profesionales; sin embargo, aún enfrentamos barreras para acceder a los niveles más altos de liderazgo, tanto en el sector privado como en el público. Superar esta brecha no es solo una cuestión de equidad, sino una oportunidad para elevar el estándar de las decisiones empresariales.

En términos de innovación, el desafío es transversal. La adopción de nuevas tecnologías y la capacidad de adaptación son fundamentales para todos. Sin embargo, las mujeres que logremos integrar experiencia de negocio, habilidades humanas y una visión global estaremos mejor posicionadas para

liderar la transformación y ocupar espacios clave en la toma de decisiones estratégicas.

Las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias al equilibrar vida personal y liderazgo corporativo. ¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión de ese balance y cómo lo aplicas hoy?

A lo largo de la historia, las mujeres hemos roto paradigmas que nos han permitido avanzar hacia espacios de mayor influencia, aunque todavía queda camino por recorrer.

Cuando hablamos de balance entre vida personal y liderazgo corporativo, el primer aprendizaje es que no existe una fórmula única ni estática. El equilibrio parte de entender con claridad nuestras prioridades, y aceptar que estas evolucionan a lo largo del tiempo: cambian cuando iniciamos nuestra carrera, cuando asumimos roles de liderazgo y cuando alcanzamos posiciones donde se toman decisiones estratégicas.

El balance no es lineal. Hay etapas donde todo fluye y otras donde las demandas parecen competir entre sí. En mi experiencia, una de las claves ha sido tener la claridad para identificar qué nos hace felices y la valentía de tomar decisiones alineadas con eso, incluso cuando no responden a las expectativas externas.

Después de dos décadas en el mundo corporativo, he aprendido que construir una red de apoyo sólida es fundamental. En lo profesional, contar con equipos confiables y complementarios permite distribuir responsabilidades de manera efectiva sea de forma presencial o remota.

En lo personal, el respaldo de la familia es indispensable. Mi familia ha sido y continúa siendo el motor y el pilar sobre el cual he construido la carrera que he trazado. Asimismo, contar con un círculo cercano de mujeres con objetivos y valores compartidos crea un espacio de confianza donde podemos intercambiar dudas, enfrentar retos y celebrar logros, fortaleciendo así nuestro crecimiento tanto personal como profesional.

Finalmente, el balance comienza desde lo interno. Hoy no solo enfrentamos exigencias externas, sino también estándares personales cada vez más altos. Por eso, priorizar la salud mental, el bienestar físico y las relaciones personales no es opcional; es una condición necesaria para poder liderar con claridad, consistencia y propósito.

El liderazgo comienza por la capacidad de conectar. Saber conversar, generar confianza y comunicar con claridad son habilidades fundamentales”

La cultura organizacional es clave para la igualdad. ¿Cómo construyes un ambiente en el que las mujeres puedan desarrollarse, liderar y sentirse seguras al expresar su visión?

La cultura organizacional es clave para construir espacios donde las mujeres puedan desarrollarse, liderar y expresar sus ideas con confianza.

A lo largo de mi carrera he tenido el honor de trabajar con decenas de mujeres talentosas, lo que me ha confirmado que el crecimiento no depende solo de las capacidades individuales, sino del entorno en el que éstas puedan compartirse de forma segura.

Construir un ambiente inclusivo requiere políticas claras de equidad y acciones concretas: eliminar sesgos en ascensos y remuneración, fomentar una cultura de seguridad psicológica donde las mujeres puedan aportar ideas y participar en decisiones sin temor. También es fundamental visibilizar el liderazgo femenino, porque cuando exis-

ten referentes, las oportunidades dejan de percibirse como inalcanzables.

En mi experiencia, la cultura empresarial se construye desde lo cotidiano: promoviendo el respeto, la equidad y espacios donde cada voz tenga valor. No se trata de condiciones especiales por el simple hecho de ser mujer, sino de condiciones justas basadas en méritos.

Al final, una cultura inclusiva no solo impulsa el desarrollo de las mujeres, sino que eleva la calidad de las decisiones y el crecimiento del negocio.

En tu trayectoria, ¿qué momentos consideras decisivos para romper barreras y avanzar hacia posiciones de liderazgo?

A lo largo de mi trayectoria, he tenido la oportunidad de colaborar con organizaciones que han sido verdaderas escuelas de vida. Si tuviera que resumir los momentos decisivos que me permitieron avanzar hacia posiciones de liderazgo, destacaría dos factores clave: una formación académica sólida y líderes que apostaron por mi potencial.

Recuerdo con claridad que a los 14 años decidí estudiar Economía. Esa convicción temprana estuvo profundamente influenciada por los valores que me inculcó mi madre: disciplina, compromiso y visión de futuro.

En mi familia, siempre hemos considerado que la educación abre puertas. Logré obtener una beca por excelencia académica en la Universidad Espíritu Santo Uees y me gradué Cum Laude a los 23 años, habiendo acumulado ya varios años de experiencia profesional.

Avanzar con miedo también es avanzar; y muchas veces, es ese paso el que abre el camino para las mujeres que vienen detrás”

Mi ingreso a los 18 años a lo que entonces era Grupo Fadesa, hoy Grupo Vilaseca, marcó un punto de inflexión. Más allá del rol, encontré un entorno que me exigía y me impulsaba a aprender y crecer constantemente. Esa combinación de curiosidad y exigencia ha sido una constante en mi carrera.

A los 28 años tomé otra decisión clave: salir de mi zona de confort y cursar un International MBA en IE Business School. Esa experiencia no solo fortaleció mis habilidades técnicas, sino que amplió mi perspectiva global y mi capacidad de toma de decisiones.

Sin embargo, más allá de la formación, han sido determinantes las personas. A lo largo de más de dos décadas, he tenido la fortuna de trabajar con líderes que confiaron en mi potencial, incluso antes de que yo misma lo reconociera plenamente. Muchos de ellos trascendieron el rol de jefes para convertirse en mentores y amigos.

Uno de ellos me regaló un libro con un mensaje que marcó mi camino: avanzar requiere valentía. Y esa ha sido una constante: entender que el crecimiento profesional no es un salto inmediato, sino un proceso construido paso a paso, con esfuerzo, consistencia y decisiones valientes y conscientes.

Muchas veces solo se ve la cima, pero quienes me conocen saben que detrás hay un proceso construido paso a paso, con esfuerzo, disciplina y trabajo constante, desde empresas locales hasta multinacionales, incluyendo compañías

Fortune 500.

Si pudieras enviar un mensaje a las mujeres que hoy aspiran a liderar en el mundo empresarial, ¿cuál sería la reflexión más valiosa que compartirías?

A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de conocer mujeres brillantes, cuya tenacidad, preparación y determinación les han permitido hacer escuchar su voz a través del valor que aportan a sus organizaciones.

Si pudiera compartir una reflexión, diría que el liderazgo comienza por la capacidad de conectar. Saber conversar, generar confianza y comunicar con claridad son habilidades fundamentales. Desde muy jóvenes, es clave desarrollar la comunicación, porque en todo momento estamos transmitiendo quiénes somos y qué podemos aportar.

También es importante recordar que nuestro principal activo somos nosotras. Cuidarnos, conocernos y priorizar nuestro bienestar es esencial para poder dar lo mejor a los demás. Nuestro cargo, nuestros logros o el éxito profesional no definen quiénes somos; lo que realmente nos define es la huella que dejamos en las personas y en los espacios donde contribuimos.

El autoconocimiento es un proceso continuo. Aprender a separar nuestra identidad de nuestro rol profesional nos permite tomar decisiones con mayor claridad y libertad. Y en ese camino, la valentía es clave: avanzar incluso con dudas, con incertidumbre y con miedo.

Avanzar con miedo también es avanzar; y muchas veces, es ese paso el que abre el camino para las mujeres que vienen detrás.

¿Vita Puig

Qué papel juega la perspectiva femenina en la innovación y decisiones estratégicas?

Creo que la participación de las mujeres aporta con un enfoque multidimensional a la empresa, clave para la innovación. Cuando innovamos no solo creamos un producto o servicio nuevo, sino que nuestra naturaleza femenina nos lleva a entender profundamente la emoción del consumidor y desde ahí concebir el desarrollo. Las mujeres tendemos a priorizar la empatía y la escucha activa, lo que nos permite tomar decisiones estratégicas basadas en conexiones humanas y emocionales. Esto nos ayuda a

liderar no solo con autoridad, sino con una visión de servicio que ayuda a garantizar la sostenibilidad del negocio.

¿Qué aprendizajes has obtenido sobre la gestión del balance vida-liderazgo?

Se trata de una constante búsqueda... que ha sido y sigue siendo un reto para mí.

Creo que el aprendizaje ha sido entender que ese “balance” no es un estado estático, sino una gestión constante de prioridades. Que no se logra el balance, sino que se lo trata de mantener todos los días.

He aprendido a aplicar en mi vida personal el mismo concepto de “Accountability” que exijo en mi empresa: definir objetivos claros y delegar con confianza.

He aprendido a aplicar en mi vida personal el mismo concepto de “Accountability” que exijo en mi empresa: definir objetivos claros y delegar con confianza”

Hoy, mi enfoque está en la calidad de la presencia, cuando estoy en Sensia, mi foco es estratégico, y cuando estoy con mi familia y amigos trato de que ese tiempo sea solo de ellos (no siempre lo logro).

He dejado de buscar la perfección, cosa que me cuesta mucho, para buscar la efectividad, contratando apoyo clave que me permite liberar espacio para liderar con claridad.

¿Cómo construyes un ambiente de igualdad y seguridad para que otras mujeres lideren?

En Sensia, trabajamos 22 mujeres, lo que representa el 75,9% del equipo administrativo. Partiendo de ahí, pienso que el propio ambiente proyecta igualdad y seguridad.

Construyo igualdad y seguridad mediante procesos de selección y promoción transparentes, políticas de cero tolerancia al

acoso, y métricas claras de equidad. Fomento un ambiente donde se escuchan todas las voces, se valorizan las diferencias y se ofrece apoyo para que las mujeres lideren con confianza.

En un entorno de seguridad psicológica, las personas se sienten seguras al expresar su visión y creatividad.

¿Qué momentos consideras decisivos para romper barreras en tu trayectoria?

Probablemente cuando decidí dejar el mundo corporativo y la relación de dependencia, de la cual aprendí muchísimo de lo que hoy practico. Cuando decidí emprender, y creer en mí y mi capacidad creando

Construyo igualdad y seguridad mediante procesos de selección y promoción transparentes, políticas de cero tolerancia al acoso, y métricas claras de equidad”

Sensia desde cero. Creo que “creer en mí” fue la clave, y eso se lo debo a todas las personas que intervinieron en mi vida personal y profesional, desde mis papás, hasta mis jefes y colegas. Ellos me dieron la oportunidad, la confianza y la seguridad de que mi trabajo era tan valioso como el de un hombre. ¡Tuve mucha suerte de contar con esas personas en mi vida!

¿Cuál es la reflexión más valiosa para las mujeres que hoy aspiran a liderar?

Liderar para las mujeres no se trata solo de ocupar un puesto, sino de crear condiciones para que otras mujeres también lideren.

Cuando lideramos con enfoque en abrir oportunidades para todas, cada decisión se convierte en un paso para ampliar la representatividad y el impacto.

Mi objetivo es liderar con propósito y crear un camino más claro para que otras mujeres se atrevan a liderar, innovar y generar impacto.

Mi reflexión sería: No delegues tu autoridad, pero aprende a delegar tus tareas. Muchas mujeres aspiran a liderar pero podemos caer en la trampa de querer controlarlo todo.

El verdadero liderazgo surge cuando confías en tu capacidad de guiar a otros y te rodeas de personas que te permitan enfocarte en lo que solo tú puedes hacer: la estrategia. No tengan miedo de exigir resultados, de medir su éxito con números y de ser firmes en sus valores.

Liderar con propósito: la visión femenina que transforma la industria

En un entorno empresarial cada vez más desafiante, el liderazgo femenino se consolida como un motor de innovación, sostenibilidad y crecimiento estratégico. Desde Productos Paraíso del Ecuador, esta visión se traduce en decisiones que combinan eficiencia, impacto y futuro

En Productos Paraíso del Ecuador entendemos que liderar hoy implica mucho más que dirigir operaciones: significa construir futuro. A través de una visión estratégica, sostenible y centrada en las personas, hemos consolidado una forma de liderazgo que impulsa resultados, pero también transformación.

Este enfoque también se refleja en cómo trabajamos: todas las áreas de la organización operan de manera articulada, entendiendo que el verdadero valor se construye cuando la estrategia, la operación y el cliente se integran en una sola visión.

1. Perspectiva femenina en innovación y decisiones estratégicas

Desde nuestra experiencia, la perspectiva femenina aporta una visión estratégica más integral, donde la innovación no solo responde al mercado, sino también al impacto que generamos en las personas y en el entorno.

En una industria como la nuestra —que combina tradición, tecnología y sostenibilidad—, liderar con diversidad nos permite conectar la eficiencia operativa con el propósito, impulsando decisiones que son rentables, pero también sostenibles en el tiempo.

En Productos Paraíso

trabajamos constantemente en construir una cultura donde el talento femenino no solo esté presente, sino que tenga espacio para crecer, liderar y transformar”

2. Balance entre vida personal y liderazgo

Hemos aprendido que el balance no significa dividir el tiempo en partes iguales, sino priorizar con claridad en cada etapa.

Paraíso, liderar implica tomar decisiones de alto impacto, pero también reconocer que el bienestar personal es clave para sostener ese liderazgo. Por eso, promovemos una cultura basada en la gestión de energía, la disciplina y la confianza en los equipos, generando espacios donde este equilibrio también sea posible para nuestros colaboradores.

3. Cultura organizacional e igualdad

En Productos Paraíso trabajamos constantemente en construir una cultura donde el talento femenino no solo esté presente, sino que tenga espacio para crecer, liderar y transformar.

Esto se traduce en oportunidades reales, en escucha activa y en la creación de entornos donde las mujeres se sientan seguras de aportar su visión. Estamos convencidos de que una organización diversa no solo es más justa, sino también más innovadora y competitiva.

4. Momentos decisivos en la trayectoria

Los momentos más importantes han sido aquellos en los que decidimos asumir desafíos estratégicos que implicaban transformación, incluso en escenarios de incertidumbre.

En una empresa con más de 50 años de historia como Paraíso, avanzar implica honrar ese legado, pero también tener la

Andrea Acosta – Gerente de Marketing y Negocios
Irina Vásconez – Ejecutiva de Cuentas Claves

determinación de impulsar cambios, modernización y nuevas oportunidades de crecimiento, siempre con una visión clara de futuro.

5. Mensaje para mujeres que aspiran a liderar

A las mujeres que aspiran a liderar, les decimos que confíen en su criterio y en su preparación.

El liderazgo no se construye esperando oportunidades, sino tomándolas con responsabilidad y determinación. Y, sobre todo, que no pierdan su autenticidad: el verdadero impacto se logra cuando lideramos con coherencia, visión y propósito.

Un liderazgo que se construye en conjunto

Este liderazgo se materializa en acciones concretas. En la reciente sesión fotográfica ejecutiva, se reflejó cómo las diferentes áreas de la organización se integran y trabajan en conjunto, representadas por:

• Jenny Curicho – Gerente Operativa

• Andrea Acosta – Gerente de Marketing y Negocios

• Irina Vásconez – Ejecutiva de Cuentas Claves

Más allá de los cargos, esta unión simboliza cómo la operación, la estrategia comercial y la relación con el cliente se alinean para construir una sola visión: una empresa sólida, humana y orientada al futuro.

LA MÁSCARA de la Mujer Poderosa

O por qué el empoderamiento femenino moderno está desempoderando a las mujeres

Esta no es una historia de empoderamiento femenino. Es tu camino de Mujer Poderosa a Mujer Soberana al recordar tu verdadero poder. Te invito a leer estas líneas con el corazón abierto.

“Una mujer poderosa es moldeada por las circunstancias de su vida. Aprendió a operar desde atributos masculinos fuertes porque tuvo que protegerse.”

Si eres una mujer poderosa, estás 24/7 sosteniendo tu entorno. Pero cuando tú necesitas apoyo, dudas en pedirlo. Y si lo haces, escuchas: “Eres una mujer tan poderosa. Puedes resolverlo sola… ¿y lo mío también?” Terminas con una cubeta llena de problemas ajenos mientras sigues llevando puesta la máscara de mujer poderosa. El único lugar donde te la quitas es detrás de una puerta cerrada, cuando te das cuenta de lo cansada que estás de cargarla.

Y esa es la mujer que el empoderamiento femenino moderno ha creado de manera no intencional, debido a un concepto equivocado de lo que significa empoderar. Se les enseña a las mujeres que el éxito requiere competir desde la asertividad, la lógica y la productividad implacable. En lugar de redefinir el éxito, adaptamos a las mujeres a una definición históricamente creada por hombres. Entrenamos a las mujeres para superar a los hombres... en ser hombres. Cuanto más se identificaba con el rendimiento, menos segura se sentía de expresar su intuición y empatía

El verdadero empoderamiento no consiste en ser igual a los hombres; consiste en valorar los atributos femeninos en la misma medida que los masculinos. Cuando aumentamos el valor de las cualidades femeninas, las mujeres se elevarán, no porque compitan más fuerte, sino porque se sienten seguras de ser ellas mismas y de honrar también su propia biología.

Déjame contarte una historia: como project manager de TI, heredé un proyecto complejo previamente dirigido por tres gestores masculinos experimentados. Decidí enfocarme en el potencial de las personas y crear un espacio seguro. Abordé la dinámica del equipo, aseguré el traspaso de conocimiento y construí confianza. Los resultados mejoraron en cuestión de meses.

También me enfoqué en proteger a mi equipo. Mi gerente dijo que yo actuaba como una leona protegiendo a sus cachorros cuando el cliente intentaba sobrepasar los límites. Mi rol era crear un contenedor seguro donde el equipo pudiera crecer. El liderazgo no se trata de control; es inteligencia emocional en acción.

El punto de inflexión final llegó cuando comprendí la biología femenina. No esta-

mos diseñadas para una producción lineal constante. Los hombres operan con un ritmo de testosterona de 24 horas ligado al impulso y la competitividad; las mujeres seguimos un ciclo hormonal de aproximadamente 28 días que afecta energía, cognición y estrés. La cultura corporativa refleja el ritmo masculino, pero ignorar nuestra naturaleza cíclica conduce al agotamiento. Cuando te sientes exhausta detrás de la máscara, no es señal de que eres débil: solo estás desconectada de tu ritmo.

Te dejo tres pasos para iniciar con el cambio este mes:

Redefine el éxito para ti misma.

Encarnar los rasgos femeninos no significa reemplazar el impulso masculino, sino integrar y reequilibrar ambos

Practica recibir sin sentir que debes compensar o devolver algo inmediatamente. Simplemente di: ¡Gracias!

Al tomar este camino, muestras a tu entorno y a tus hijos que el éxito no requiere abandonarte a ti misma. Encarnas a la mujer soberana: auténtica y poderosa.

Si resistes el cambio, la vida intervendrá. Una vez que ves la verdad, ya no puedes dejar de verla. La pregunta no es si la transformación ocurrirá, sino si caminarás hacia ella o serás empujada. Si has llegado hasta aquí, estás lista.

Te veo. Te amo. — Anna

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emprendedoras Mujeres y su legado en la sociedad

El espíritu empresarial de las mujeres es una de las fuerzas más poderosas para el cambio positivo en la sociedad. Las empresarias desempeñan un papel cada vez más importante en el empoderamiento de otras mujeres y en inspirarlas a tomar el control de sus propias vidas. A través de su arduo trabajo y dedicación, estas mujeres están creando oportunidades para el desarrollo y la igualdad, lo que lleva a una sociedad más equitativa.

Según el informe del GEM 2020/2021: Women’s Entrepreneurship “Thriving Through Crisis”, el emprendimiento femenino representa el 80% de la fuerza laboral femenina, lo que indica el 12,3% de mujeres a nivel mundial. Cuando se compara con hombres, las mujeres empresarias representan aproximadamente uno de cada tres empresarios orientados al crecimiento activo en el mundo, esto corresponde a alrededor de 274 millones de mujeres que son dueñas de su propio negocio.

Este estudio señala también que, el 30,2% de las mujeres empresarias encuestadas a nivel mundial esperaban contratar a seis o más empleados en los próximos cinco años, en comparación con sólo el 18,7% en el informe de 2019. En el caso de los hombres, el porcentaje de empresarios esperan contratar a seis o más empleados en los próximos cinco años es del 48%.

Es decir, a pesar de que este porcentaje ha aumentado en casi un 17% durante 2 años, aún debemos hacer muchos cambios para igualar al porcentaje de expectativa de crecimiento que tienen los hombres empresarios, lo cual es más un tema de mentalidad y cultura que se debe fomentar en la sociedad.

La importancia de impulsar y apoyar negocios liderados por mujeres va más allá de un tema de equidad de género, sino que va también por el impacto positivo en la economía y generación de empleo, la productividad y la cultura para lograr una sociedad de igualdad de derechos. Varios estudios han demostrado que si las mujeres participaran de igual manera que los hombres, el impacto en la economía

sería un incremento de cerca de 2,6 mil millones de dólares al PIB de América Latina (McKinsey 2019). Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuando las empresas aplican culturas inclusivas, pueden aumentar su rentabilidad en un 63%, su capacidad de atraer y retener talento en un 60% y mejorar su reputación en un 58%.

En el Ecuador, las mujeres empresarias han jugado un papel significativo en el desarrollo de la economía ecuatoriana. Han tenido un impacto duradero en sus familias y comunidades, promoviendo la equidad de género y aumentando su participación en la toma de decisiones; sin embargo, aún hay mucho por hacer para lograr que más mujeres lideren y hagan crecer sus negocios.

salida para que puedan encontrar un equilibrio entre su vida laboral y personal. Según el INEC (2021) uno de los resultados de la pandemia se ve reflejado en la tasa de desempleo que para las mujeres fue del 6,1% y para los hombres del 4%; así mismo, la tasa de empleo adecuado para hombres fue de 37,8% y 25,5% para mujeres.

De acuerdo al Global Entrepreneurship Monitor (GEM 2019/2020), en el Ecuador, el 50% de negocios en etapas nacientes son de mujeres, pero apenas un 38% logra sostener su emprendimiento por más de 3 años, considerando que las disparidades de género se manifiestan desde antes de emprender, los hombres visualizan más oportunidades 52.93 % que las mujeres 49.99%. Nuevamente, hablamos de un tema cultural y de los techos de cristal que se deben romper para cambiar esta tendencia.

La puesta en marcha de los negocios representa para las mujeres una fuente de ingresos mejor que la de empleos tradicionales, en donde las mujeres logran igualar su nivel de ingresos versus la brecha salarial en un empleo en Ecuador que es del 35.6% y se proyecta a igualarse en 66 años o más.

Por todas las razones previamente mencionadas, buscar un empleo no es la mejor opción y cada vez existen emprendimientos liderados por mujeres que se diferencian por su interés de fomentar inclusión, por generar un impacto positivo en la sociedad y apoyar a sus familias a tener una mejor calidad de vida.

Las mayores razones para emprender se dan por falta de empleo, salarios bajos o también por una búsqueda de poder conciliar su vida familiar y profesional ante la falta de flexibilidad horaria en las empresas. De esta manera, el emprendimiento femenino es una

Desde la AEI, hemos apoyado a más de 10 mil emprendedores en el Ecuador que han generado cerca de 3.000 empleos y aproximadamente 115 millones de dólares en ventas; de este total, 40% son emprendimientos de mujeres. Asimismo, 31.611 personas han sido certificadas en formación de mejora de negocios y de ese total, 17.517 son mujeres, lo que equivale a un 55.44%. Por ejemplo, desde el 2016 y con nuestro programa Re-Emprende, se han apoyado a 8.700 personas en Manabí y Esmeraldas, siendo el 60% mujeres que

participan en negocios asociativos, familiares o individuales.

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Dentro de los perfiles de estas mujeres emprendedoras, se puede resaltar las siguientes características que les han permitido sostener sus negocios:

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Mayor apertura para hacer networking y participar de eventos para darse a conocer y explorar oportunidades.

Pasión única para dar a conocer y degustar sus productos.

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Tres emprendedoras que nos inspiran

“He ayudado a construir los sueños de otras personas”.

Perseverancia para mejorar y llegar a sus clientes.

Mónica Tumbaco fundó Renova hace 11 años, una empresa que fabrica fajas reductoras y postquirúrgicas y que brinda empleo a 35 colaboradores. La necesidad le empujó a emprender para poder mantenerse y pagar sus estudios. Hoy, Renova se vende en todo el país y gracias al programa

Autopista de Exportación que impulsa AEI y Grupo Fedex, este emprendimiento ya se comercializa en Estados Unidos.

Las mujeres que lideran negocios priorizan trabajo en equipo y apoyan a otras mujeres para conformar sus equipos y ponerlas en mandos altos, buscando la equidad de género.

Responsabilidad y compromiso con sus distintos roles: madres, profesionales, jefas.

“Mi mayor satisfacción ha sido ayudar a mi familia y sacarlos de las limitaciones económicas; terminar mis estudios universitarios y brindar a mis hijos mejores oportunidades. Para emprender hay que ir paso a paso y en el camino vamos aprendiendo”, destaca Mónica. Este año, la empresa expandirá su operación en el mercado estadounidense.

Determinación para salir adelante y sacar adelante a sus familias.

Hoy, son muchos los casos exitosos de emprendedoras que decidieron hacer realidad sus ideas de negocio. Algunos ejemplos: Crick Superfoods: snacks a base de proteína de grillos, Amati: alimentos y bebidas de amaranto, Yakupura: filtros de agua, Dipalma: palmitos cortados en forma de arroz, spaghetti y puré; y varios más.

“Que tus ojos brillen cuando hables de tu emprendimiento”.

Andrea Segarra es la propietaria de Blanca Vainilla, una tienda en línea de postres y productos congelados, como panes de yuca de sabores. Lleva dos años en el mercado de Manta, Bahía de Caráquez y Quito. Emprendió para tener independencia económica y poder manejar sus horarios.

“Blanca Vainilla me ha permitido llegar donde nunca pensé, por ejemplo, fui parte del programa de inmersión en Israel, apoyada por la AEI, donde conocí a personas increíbles y he encontrado nuevas oportunidades” afirma Andrea. Este año aspira a obtener el registro sanitario para sus productos y poder ingresar a cadenas de retail.

“Emprendimos un negocio sostenible para proteger a las Islas Galápagos”.

Macarena Morillo, es co-fundadora, y directora creativa de Sula, una marca de ropa sostenible, que se comercializa en Ecuador en hoteles, aeropuertos y cruceros, y a través de e-commerce en Canadá y Estados Unidos.

“Sula busca generar una fuerte relación en la industria de turismo de Ecuador, principalmente de Galápagos. Seguir vendiendo la mercadería sostenible a los turistas dentro de las boutiques y, por otro lado, expandirnos a nuevas líneas de producto para las habitaciones y otras áreas del hotel. Estamos trabajando para contar con nuestro primer punto de venta físico internacional, con nuestra misión de llevar Sula y Galápagos al mundo”, afirma Macarena. Esta empresa, con apenas 1 año y 3 meses en el mercado, genera 4 empleos directos y 10 indirectos.

Las mujeres emprendedoras en Ecuador están jugando un papel fundamental en la promoción de la equidad de género y el aumento de su participación en los procesos de toma de decisiones. También, están contribuyendo al crecimiento de la

economía del país mediante la creación de puestos de trabajo y el aumento de la productividad.

El legado que dejan estas mujeres emprendedoras no solo se siente en el Ecuador, sino en todo el mundo. Sus historias inspiradoras de resiliencia, ambición y trabajo duro han sido un ejemplo para muchas generaciones de mujeres que ahora lideran negocios exitosos. Su legado también ha ayudado a crear más oportunidades para que las mujeres empresarias de todo el mundo marquen la diferencia en sus comunidades y contribuyan al crecimiento global.

Es imprescindible seguir inspirando, por eso, invitamos a las empresarias y ejecutivas exitosas a formar una red de mentoras para apoyar a nuevas emprendedoras.

La marca personal del CEO como activo estratégico e imán de negocios

SUSANA CALERO COACH DE MARCA PERSONAL & LINKEDIN | ESTRATEGA CON 27 AÑOS DE EXPERIENCIA CORPORATIVA

En el sector industrial, donde la eficiencia operativa, la optimización de la cadena de suministro y la innovación tecnológica suelen ser los pilares indiscutibles del éxito, existe un activo intangible que a menudo se subestima en

las juntas directivas, pero que determina la capacidad real de crecimiento y resiliencia de una organización: la autoridad proyectada de su liderazgo.

Tras casi tres décadas liderando estrategias de marketing para gigantes multinacionales como Unilever, Kimberly-Clark y Bimbo, he llegado a una conclusión ineludible: en el mercado actual, ya no solo se transaccionan productos o servicios; se transacciona confianza.

Y esa confianza hoy tiene rostro humano. La marca personal de un CEO no es un ejercicio de vanidad individual; es una extensión estratégica de la marca corporativa y un multiplicador de resultados financieros.

Del anonimato al liderazgo visible

Históricamente, el líder industrial prefería el perfil bajo, dejando que los balances financieros hablaran por la empresa.

Sin embargo, en la era de la transparencia y la hiperconectividad, el silencio es un riesgo. Las organizaciones que mantienen a sus líderes en el anonimato pierden la oportunidad de humanizar sus valores y de generar una conexión genuina con sus stakeholders.

Un CEO con una marca personal sólida no solo representa a la empresa, sino que la valida desde su propósito personal, valores y convicciones.

Cuando un líder entiende esto, comienza a construir desde la trascendencia, beneficiando directamente a la institución que dirige.

El CEO como imán de talento y el poder de la Marca Empleadora

Hoy enfrentamos una “guerra por el talento” sin precedentes, especialmente en sectores técnicos e industriales donde la especialización es clave.

Un líder que comunica su visión, sus valores y su método de trabajo en plataformas como LinkedIn actúa como un imán. El talento de alto nivel prefiere trabajar para personas, no solo para logotipos.

La marca personal de un líder fortalece la cultura interna. Cuando los colaboradores ven a su CEO posicionada como una autoridad respetada, se genera un sentido de orgullo y pertenencia que reduce drásticamente la rotación y energiza a toda la estructura.

El riesgo de la procrastinación profesional

El mayor error que he observado en ejecutivos de alto nivel es postergar la construcción de su marca personal creyendo que su cargo actual es permanente.

Estamos en una era de cambios exponenciales y reestructuraciones constantes.

No se trata de renunciar mañana para ser independiente; se trata de ser dueño de tu identidad hoy. Aquellos CEOs que se atreven a mostrarse, a educar a su comunidad y a compartir su conocimiento sin reservas, no solo protegen su futuro profesional, sino que elevan el valor de mercado de las empresas que representan.

El momento de actuar

Si algo he aprendido en mi propia transición de Gerente de Marketing a Mentora de Marca Personal es que las luces del escenario pueden encandilar al principio, pero una vez que tus ojos se adaptan, descubres que el verdadero éxito no es el cargo, sino el impacto que dejas en los demás.

Líderes de la industria: es momento de encender las luces, de abrazar la transformación y de pasar a la acción. Su empresa y su futuro se los agradecerán.

CUANDO EL TRABAJO HABLA:

TALENTO QUE REDEFINE

LA CONSTRUCCIÓN

Cuando llega el día de la mujer, generalmente aparecen artículos con estadísticas y debates sobre brechas y las desigualdades entre hombres y mujeres. Aunque muchas veces estas realidades existen, quisiera compartir que mi experiencia laboral ha sido distinta.

Empecé en el área de diseño estructural, calculando y modelando. Con el tiempo pase al área comercial, que es otro tipo de ingeniería: reuniones, estrategia, negociación y entender qué necesita realmente un cliente para que un proyecto sea viable. En estos dos espacios siempre fui la única mujer y curiosamente, nunca lo sentí ni lo viví como una desventaja.

Y es que nunca fue un tema, las conversaciones siempre han girado alrededor de lo mismo que en cualquier proyecto de construcción: cómo resolver un problema, cómo optimizar una estructura, cómo cerrar un contrato o cómo sacar adelante una obra.

La verdad es que he tenido la suerte de trabajar con compañeros, jefes, clientes y (afortunadamente) familiares, que han creído en mí, muchas veces más de lo que yo misma lo hacía. Ese tipo de respaldo es lo que realmente te hace crecer profesionalmente. Estoy rodeada de Ingenieros y arquitectos brillantes, gente de obra con una experiencia impresionante, equipos administrativos que hacen que todo funcione. En construcción nadie trabaja solo; todo es coordinación entre muchas personas y disciplinas. Y ahí el talento pesa mucho más que cualquier otra cosa, y cuando una organización cree en el talento, la inclusión se da de manera orgánica.

Hoy en mi empresa hay mujeres en todos los departamentos: técnico, administrativo, compras, planta y comercial. Somos parte natural del funcionamiento de la organización.

Al final, en la construcción todo termina siendo muy simple. En diseño, uno piensa en qué tan eficiente quedó la estructura. En lo comercial, si el proyecto logró convencer al cliente. Pero cuando la obra se termina, lo que realmente queda es si se cumplió lo prometido: calidad, plazo y presupuesto. Y cuando eso pasa, el trabajo habla solo.

CAROLINA DE LA FUENTE

LogísticaPropósito:con Liderar, Medir y Servir

En el mundo del comercio exterior, la logística aduanera ha dejado de ser una sucesión de trámites para convertirse en un ecosistema de estrategia y competitividad. Hoy, tras 33 años liderando el Grupo López Mena, entiendo que la excelencia —respaldada por certificaciones como OEA, BASC e ISO 9001— solo trasciende cuando se alinea con una visión genuinamente sostenible.

Y como mujeres al frente de empresas, la sostenibilidad no es opcional: es nuestra mayor propuesta de valor. Las presiones de

la crisis climática y unas regulaciones cada vez más exigentes nos obligan a dar el salto definitivo de la medición a la acción.

En nuestro grupo, la innovación tecnológica, a través de la adopción de sistemas basados en inteligencia artificial generativa, no solo optimiza costos, sino que garantiza la transparencia que el mercado global exige. Ser sostenibles es, en esencia, asegurar la competitividad del futuro.

Sin embargo, el liderazgo femenino integral no termina en la oficina. Mi equilibrio y motor encuentran su lugar en el Club de Leones de Cumbayá. El voluntariado me ha enseñado que liderar espacios gremiales también es servicio. En la Federación Ecuatoriana de Agentes de Aduana, FEDA, defendemos la técnica y la facilitación aduanera; en ASOLOG impulsamos la articulación del ecosistema logístico; y con WINS - Women in Supply Chain – Ecuador,

fortalecemos el liderazgo femenino en la cadena de suministros. Distintas trincheras, un mismo principio: tender puentes para que el país opere mejor.

La sostenibilidad, en su sentido más profundo, es crear valor y dejar huella. Por eso en este mes, nuestro mes, mi compromiso es continuar transformando la logística nacional con identidad y excelencia, demostrando que la rentabilidad y el servicio social no son fuerzas opuestas, sino las dos caras de una misma moneda de éxito.

RELACIONES PÚBLICAS CORPORATIVAS

EL NUEVO PODER ESTRATÉGICO

DE LAS EMPRESAS

PAOLA ORELLANA

Los tiempos han cambiado desde que me inicié en esta carrera. Cuando comencé a ejercer las relaciones públicas, la comunicación corporativa tenía otros ritmos, otros canales y una exposición mucho menor. Hoy el entorno es más dinámico, más exigente y profundamente interconectado. En este nuevo escenario, las relaciones públicas dejaron de ser un complemento dentro de la gestión empresarial para convertirse en un activo estratégico que influye directamente en la reputación, la credibilidad y la sostenibilidad de las empresas.

La transformación digital de la comunicación cambió las reglas del juego y hoy por hoy lo estamos viendo más de cerca con la IA a merced de nuestros requerimientos y dando soluciones a temas antes inimaginables. La información circula a gran velocidad, siempre digo que vivimos en el mundo del “doble click” y de la “inmediatez” y por ende la reputación que se ha ido construyendo o que se construye, se puede cuestionar en tiempo real; o bien repuntar y mantenerse o venirse abajo por una crisis empresarial. Por eso, la estrategia comunicacional se ha vuelto una herramienta clave de liderazgo. No se trata solo de comunicar, sino de tener visión, anticiparse, generar confianza y conexiones auténticas con los distintos públicos de interés.

Este contexto exige reinventarse constantemente. Escuchar más, entender mejor el entorno y actuar con creatividad. Las organizaciones que comprenden este cambio

saben que la comunicación bien gestionada abre puertas, fortalece vínculos y posiciona a las empresas con legitimidad frente a la sociedad.

En este proceso, el liderazgo femenino está dejando una huella clara y fuerte. Cada vez más mujeres lideran espacios donde se toman decisiones estratégicas y lo hacen con una combinación de visión, sensibilidad, disciplina, perseverancia y capacidad de gestión que resulta determinante en entornos complejos. La habilidad de conectar, de comprender múltiples perspectivas y de sostener relaciones de confianza se convierte en una fortaleza poderosa en el ejercicio de las relaciones públicas.

Las mujeres han demostrado, además, una enorme capacidad para enfrentar los retos diarios con resiliencia, equilibrio y determinación. Esa experiencia, que muchas veces se construye también desde la vida cotidiana, aporta una mirada integral que hoy resulta fundamental para liderar procesos de cambio dentro de las organizaciones. La equidad de género no es solo un principio necesario; es una fuerza transformadora que está enriqueciendo la forma en que las empresas se comunican y se relacionan con su entorno.

Las relaciones públicas evolucionan, se adaptan y se reinventan con cada época, pero su esencia permanece intacta. Mientras existan relaciones humanas, existirán las relaciones públicas; y mientras existan empresas, esas relaciones seguirán siendo, inevitablemente, corporativas.

Celebración del sector pesquero tras la aprobación de la evaluación de pesquería MarinTrust

El Small Pelagics Sustainability Fishery Improvement Project (SPSFIP), liderado por la Cámara Nacional de Pesquería (CNP), celebró un encuentro especial para reconocer el esfuerzo conjunto que permitió alcanzar un hito trascendental para la pesca del Ecuador: la aprobación de la evaluación de pesquería MarinTrust para la pesquería de pelágicos pequeños, un paso

que abre la puerta a que las plantas de producción de harina y aceite de pescado accedan al reconocimiento MarinTrust a nivel de fábrica. Este logro fue el motivo central de una ceremonia de celebración el pasado 29 de enero en la ciudad de Guayaquil, que reunió a representantes del sector pesquero, la industria de balanceados, autoridades sectoriales y ONGs.

El evento inició con palabras de Rafael Trujillo, Director Ejecutivo de la CNP, quien destacó que el SPS-FIP ha logrado “crear una plataforma para ordenar y generar información, evidencia científica, cerrar brechas y acelerar mejoras de sostenibilidad con el fomento de buenas prácticas pesqueras y la activa participación de empresas, el IPIAP y la Autoridad Pesquera”.

Durante su intervención, Bruno Leone, Presidente de la CNP, enfatizó que, “este logro es el resultado de la visión del sector pesquero responsable por hacer del Ecuador un referente en pesca sostenible”, indicó además que el nuevo desafío será “mantener el compromiso público-privado para sostener lo construido”. Leone subrayó que la pesca y la acuicultura le generan casi 10 mil millones de dólares en exportaciones al país y genera empleo para 380 mil personas.

Durante el evento los representantes del sector privado exhortaron al gobierno a asignar más recursos para la investigación pesquera del país y a intensificar los controles contra la pesca ilegal en las pesquerías costeras y la inseguridad en el mar.

El encuentro, además, contó con la participación de Carlos Cacao, presidente del Comité SPS-FIP, quien señaló que este resultado es “producto de siete años de trabajo, con esfuerzo económico y tiempo invertido por múltiples actores”. Agregó que “haber reunido a diversos sectores productivos para trabajar en conjunto y alcanzar el estándar de pesquerías de MarinTrust fue siempre un desafío, dada la naturaleza multiespecífica de la pesquería, pero finalmente se logró”. Cacao expresó además

su expectativa de que las empresas continúen avanzando hacia la certificación de sus plantas y que los mercados reconozcan el compromiso asumido.

La industria de alimento balanceado también estuvo representada en el evento. Fabricio Vargas resaltó la importancia del logro para el suministro responsable de ingredientes utilizados en la producción de alimentos para la acuicultura, un sector que genera casi USD 8 mil millones en exportaciones.

Su intervención reforzó el impacto positivo que este avance genera en la cadena productiva del camarón ecuatoriano para insertarse en mercados con altos estándares de sostenibildad.

La Directora General del IPIAP, Pilar Solís, destacó durante su mensaje que la ciencia ha sido un pilar fundamental para sostener la mejora continua de la pesquería, y que este tipo de avances demuestran la relevancia de integrar conocimiento técnico, colaboración institucional y compromiso empresarial.

Al finalizar la jornada, los asistentes coincidieron en que este logro no solo posiciona a la pesquería ecuatoriana frente a los mercados internacionales, sino que también confirma el valor del trabajo articulado entre sector productivo, Estado y aliados técnicos, como Sustainable Fisheries Partnership y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. La celebración se convirtió así en un reconocimiento al esfuerzo colectivo que ha permitido fortalecer la sostenibilidad, la trazabilidad y la competitividad de la pesca del Ecuador.

JOAQUÍN HOLZAPFEL DE LA FUENTE

GERENTE GENERAL ESTRUCTURAS DE HIERRO EDEHSA

Ingeniería de Valor y experiencia constructiVa:

Sinergia eStratégica

en la conStrucción

¿te

imaginaS poder ahorrar haSta un 40% en loS coStoS de tu proyecto de

conStrucción, Sin renunciar a la calidad ni a la funcionalidad?

El secreto está en combinar la ingeniería de valor con la experiencia constructiva. Esta estrategia puede revolucionar la manera en que desarrollas tus proyectos y elevar la competitividad de tu empresa.

¿Por qué hablar de ingeniería de valor?

En el mundo de la construcción, cada decisión puede marcar la diferencia. La ingeniería de valor es una metodología inteligente que busca sacar el máximo provecho de tu inversión, analizando alternativas innovadoras y eficientes desde la etapa de diseño hasta la ejecución. No se trata solo de reducir costos, sino de encontrar soluciones que aporten mayor funcionalidad y mejores resultados. La clave no es gastar menos, sino gastar mejor.

La experiencia constructiva: el factor práctico para convertir ideas en realidades.

La experiencia constructiva es ese “saber hacer” que permite que los proyectos se ejecuten de manera sencilla, ágil y segura. Involucrar a los expertos desde el primer momento ayuda a anticipar desafíos, optimizar recursos y evitar sorpresas en obra. Así, los diseños dejan de ser solo buenas ideas en papel y se transforman en soluciones prácticas y rentables.

¿Cómo se logra la sinergia?

La magia surge cuando se unen equipos multidisciplinarios: arquitectos, ingenieros y contratistas colaboran analizando cada etapa del proyecto, proponiendo mejoras y aplicando técnicas modernas como la prefabricación o materiales innovadores.

Mientras la ingeniería de valor se enfoca en maximizar la relación función/costo, la experiencia constructiva garantiza que los diseños sean simples, prácticos y seguros de ejecutar. Este enfoque integrado se apoya en la experiencia técnica, una gestión de compras eficiente y la aplicación de soluciones de valor, logrando ahorros importantes y mayor eficiencia.

Caso de éxito: Cargill Durán

Un ejemplo cercano es el proyecto Cargill Durán. Allí, la integración de ingeniería de valor y experiencia constructiva permitió levantar edificios de producción y naves industriales en tiempo récord, demostrando el potencial de este método.

Alcance: Obras civiles, estructuras metálicas, montaje de equipos y acabados en la planta ubicada en la Plaza Industrial Durán.

Objetivo de Valor: Optimizar costos y tiempos en la construcción de la planta de alimentos balanceados para camarón.

Eficiencia en el Diseño: Aplicación de criterios de optimización en estructuras metálicas y obras civiles, logrando el montaje de equipos en plazos mínimos.

Resultados: Ejecución en tiempo récord, con recursos optimizados y sin sacrificar calidad ni funcionalidad para la operación industrial.

Estrategias clave para ahorrar tu proyecto de Construcción:

Involucramiento Temprano: aplicar ingeniería de valor desde el diseño preliminar para maximizar el impacto estratégico.

Equipos Multidisciplinarios: integrar arqui-

tectos, ingenieros y contratistas en talleres intensivos de resolución de problemas.

Gestión de Compras Eficiente: participación temprana de proveedores, para integrar la experiencia del proveedor en la fase de planificación.

Uso de Tecnología: implementar herramientas para el seguimiento de costos y evitar pérdidas financieras mediante análisis de datos.

La integración de ingeniería de valor y experiencia constructiva no es solo una tendencia, sino una genuina oportunidad para las empresas industriales ecuatorianas. El éxito de los futuros proyectos de infraestructura radica en la colaboración temprana entre arquitectos, ingenieros y constructores, transformando desafíos técnicos en oportunidades financieras. Adoptar estas metodologías te permitirá construir mejor, más rápido y de manera rentable.

¿Te animas a transformar tus próximos proyectos?

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