La segunda epístola de Pedro
20 Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada. 21 Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. CAPÍTULO 2
CAPÍTULO 1 1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: 2 Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús, 3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido concedidas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 5 Vosotros también, poniendo todo empeño en esto, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6 y al conocimiento, templanza; a la templanza, paciencia; y a la paciencia, piedad; 7 y a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Pero el que carece de estas cosas es ciego, no puede ver de lejos y ha olvidado que fue purificado de sus antiguos pecados. 10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás; 11 Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 12 Por lo cual yo no seré negligente en recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. 13 Sí, pienso que es necesario, mientras estoy en este tabernáculo, estimularos recordándoos; 14 sabiendo que dentro de poco tengo que dejar esta mi morada, como nuestro Señor Jesucristo me lo ha declarado. 15 Además procuraré que después de mi muerte podáis tener siempre presente estas cosas. 16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Porque él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando desde la excelente gloria le fue enviada una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. 19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos una destrucción repentina. 2 Y muchos seguirán sus caminos perniciosos, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. 3 Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas; sobre los cuales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 5 y no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos. 6 Y condenó a destrucción las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a cenizas, y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente; 7 Y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los impíos; 8 (Porque aquel justo que moraba entre ellos, viendo y oyendo, afligía cada día su alma justa a causa de las obras inicuas de ellos.) 9 Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; 10 Pero sobre todo a aquellos que, siguiendo la carne, se entregan a concupiscencias e inmundicias y desprecian el gobierno. Son presuntuosos y obstinados, y no temen hablar mal de las potestades superiores. 11 Mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. 12 Pero éstos, como bestias naturales, hechas para ser capturadas y destruidas, hablan mal de las cosas que no entienden, y perecerán completamente en su propia corrupción; 13 Y recibirán el pago de su injusticia, como quienes tienen por placer el desenfreno durante el día. Son manchas e imperfecciones, que se recrean en sus propios engaños mientras comen con vosotros; 14 Tienen los ojos llenos de adulterio, y no se sacian de pecar; engañan a las almas inconstantes; tienen el corazón ejercitado en la avaricia; maldicen a sus hijos. 15 Que dejaron el camino recto, Y se extraviaron, Siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, 16 Pero fue reprendido por su iniquidad: el asno mudo hablando con voz de hombre reprimió la locura del profeta. 17 Éstos son fuentes sin agua, nubes arrastradas por la tempestad; para quienes está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. 18 Porque hablando palabras infladas y vanas, seducen mediante las concupiscencias de la carne y mediante