Dossier divulgativo
RESTAURACIÓN FLUVIAL Y PROTECCIÓN DE INUNDACIONES
EJECUCIÓN EN EL MARCO DEL PRTR
Madrid, 25 de junio de 2026
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico - Salón de Actos




Restauración fluvial y protección frente a inundaciones: tres años de aceleración sin precedentes
El Ministerio reunió en Madrid a confederaciones hidrográficas, comunidades autónomas, ayuntamientos y entidades del sector para hacer balance de las actuaciones de restauración de ríos y mitigación del riesgo de inundación desplegadas con fondos europeos del PRTR.
El Salón de Actos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) acogió el 25 de junio una jornada dedicada a las actuaciones de restauración fluvial y protección frente a inundaciones que se ejecutan en el marco de la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos (ENRR 20232030). Organizada por la Dirección General del Agua e inaugurada por su directora general, Mª Dolores Pascual, la cita sirvió para hacer balance de un esfuerzo que sus protagonistas calificaron de histórico y para mostrar, cuenca a cuenca, cómo se está traduciendo sobre el terreno.
El planteamiento de fondo recorrió toda la sesión. Frente a un enfoque centrado en reparar los daños una vez producidos, la gestión del agua se orienta hoy a anticipar y adaptarse: en un contexto de cambio climático que intensifica los episodios extremos, unos ecosistemas fluviales en buen estado dejan de ser solo un objetivo ambiental para convertirse en una herramienta de reducción del riesgo y de protección de las personas.
El primer mensaje de la jornada fue la magnitud del trabajo realizado. Los fondos Next Generation EU han permitido restaurar en solo tres años casi tantos kilómetros de cauces —en torno al 95 %— como todos los recuperados entre 2005 y 2022. En paralelo, España se ha consolidado como uno de los líderes europeos en la demolición de barreras transversales obsoletas, con un ritmo sostenido año tras año: 107 retiradas en 2021, 141 en 2022, 100 en 2023, 95 en 2024 y 109 en 2025. El 99,5 % de esas eliminaciones corresponde a azudes obsoletos que habían perdido su función y fragmentaban el cauce.
El segundo hilo conductor fue la colaboración. El resultado no habría sido posible sin la implicación conjunta de las confederaciones hidrográficas, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, y así quedó reflejado en la propia estructura del día. Unas ponencias marco situaron el contexto normativo y estratégico —desde las conclusiones del Congreso Ibérico de Restauración de Ríos hasta la conectividad fluvial en el nuevo Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza—; un extenso bloque de ejemplos recorrió las actuaciones más destacadas de demarcaciones de todo el país, del Miño-Sil al Júcar y del Cantábrico al Guadalquivir; y una mesa redonda abordó la gobernanza necesaria para agilizar y sostener las obras en el tiempo.
Los datos compartidos dieron contenido a ese balance. Desde la aprobación de la ENRR se ha incrementado más de un 15 % el número de dispositivos de paso para peces, y la mejora de la estructura y composición de la vegetación de ribera se ha consolidado como componente habitual de los proyectos. La protección del patrimonio fluvial también avanza: se han declarado ya 249 reservas naturales fluviales en todo el Estado, y en la mitad de ellas se ejecutan medidas de gestión y puesta en valor.
La divulgación completó el cuadro. A cierre de 2025 se habían desarrollado más de 630 actividades para la población general, con más de 24.150 asistentes, y cerca de 1.870 actividades en centros escolares, con la participación de más de 69.700 estudiantes. Un esfuerzo de comunicación que acompaña al técnico y que busca arraigar la cultura de la restauración fluvial.
La jornada miró por último al futuro, marcado por la necesidad de seguir cooperando entre administraciones y de asegurar nueva financiación que dé continuidad a lo iniciado, en un escenario europeo en el que el Reglamento de Restauración de la Naturaleza fija objetivos de conectividad y de sistemas fluviales más resilientes. La jornada se organizó en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.
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La directora general del Agua, Mª Dolores Pascual, abrió la jornada con un cambio de perspectiva: hace pocos años, frente a una inundación la respuesta se centraba casi en exclusiva en reparar los daños una vez producidos, pero la ciencia ha demostrado que ese enfoque no basta. En un contexto en el que el cambio climático hace más frecuentes e intensos los episodios extremos, la mejor respuesta pasa por la anticipación y la adaptación, situando la prevención del riesgo y el aumento de la resiliencia en el centro de la acción. Bajo esa mirada, subrayó, la restauración fluvial deja de ser únicamente una política de conservación y se convierte en una política de adaptación y de reducción del riesgo, que integra en una misma estrategia la protección de las personas y la recuperación de los ecosistemas.
Una idea presente en foros como la última edición del Congreso Ibérico de Restauración Fluvial, RestauraRíos, y que se refleja con claridad en las inversiones. El MITECO ha destinado ya más de 475 M€ a actuaciones de restauración fluvial y protección frente a inundaciones, de los que cerca de 422 M€ se ejecutan en el marco del PRTR, financiado con fondos Next Generation. El despliegue ha llegado a las comunidades autónomas —en torno a 100 M€, parte a través de la Conferencia Sectorial y parte en ayudas directas a territorios afectados por episodios recientes—, a los ayuntamientos —37 municipios con unos 75 M€ canalizados por la Fundación Biodiversidad— y a las confederaciones hidrográficas, que han ejecutado proyectos por más de 180 M€. A ello se suman más de 120 M€ destinados en las convocatorias de 2021 y 2022 al fomento de la renaturalización y la resiliencia urbana, de los que más de 64 M€ corresponden a proyectos con actuaciones en entornos fluviales. La propia Dirección General del Agua ha iniciado desde 2023 nuevas actuaciones
de restauración por 53 M€, con otros 10 M€ en tramitación antes de cerrar 2026 y 75 M€ previstos para 2027.
Ese esfuerzo ya es visible en los ríos. Pascual destacó los estudios de condición hidromorfológica de más de 3.000 masas de agua, la declaración de 79 nuevas reservas hidrológicas —hasta una red de 301— y la puesta en marcha de 70 proyectos de restauración que afectan a más de 350 km de cauces. Sumando las actuaciones de los últimos años, España cuenta ya con 737 km de ríos restaurados. En conectividad, el inventario supera los 32.000 obstáculos transversales, de los que se han demolido más de 300 en tres años; los dispositivos de paso para peces han crecido más de un 15 %, y se ha recuperado la conectividad de 6.150 km, hasta superar los 8.900 km de tramos conectados longitudinalmente.
La directora enmarcó estos avances en el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde 2024, que fija objetivos de recuperación de la conectividad y de las funciones de las llanuras aluviales y obliga a cada Estado a elaborar un Plan Nacional de Restauración. Y los conectó con las obras de protección frente a inundaciones que incorporan soluciones compatibles con la restauración: actuaciones en fase final en el Sella y el Adra, obras licitadas a finales de 2025 en la rambla de Cobatillas, en el entorno del Mar Menor, y en el barranco de la Barcheta, en Alzira, y nuevas licitaciones previstas en Los Alcázares (más de 30 M€) y en el barranco de la Saleta, en la cuenca del Júcar (más de 150 M€), que elevarán la inversión en protección frente a inundaciones a cerca de 200 M€ durante 2026. Cerró reivindicando una gestión del riesgo que una protección de las personas y recuperación de los ecosistemas desde el conocimiento científico y la colaboración entre administraciones.
Conclusiones del V Congreso Ibérico de Restauración de Ríos (RestauraRíos, Soria)


Alejandro Cózar Castañeda
Comisario, Confederación Hidrográfica del Duero
Lluís Godé
Presidente, Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIREF)
El comisario de la Confederación Hidrográfica del Duero y el presidente del CIREF trasladaron a Madrid las conclusiones del V Congreso Ibérico de Restauración de Ríos, celebrado en Soria, junto a un repaso de las actuaciones de la cuenca del Duero.
La cuenca del Duero y el Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIREF) coorganizaron, del 10 al 12 de junio en Soria, la quinta edición del Congreso Ibérico de Restauración de Ríos (RestauraRíos), con la colaboración del MITECO, Wetlands International y el Ayuntamiento de Soria. Consolidado ya como la principal referencia ibérica del sector tras sus ediciones de León, Pamplona, Murcia y Toledo, reunió a cerca de 450 participantes de España y Portugal y más de 150 ponencias y microponencias —entre ellas el formato exprés River Pitch—, acompañadas de actividades paralelas como la Feria del Río, el documental LIMNOS, talleres, rutas fluviales y una visita de campo. Su lema, «Restaurar las arterias del territorio para aumentar la resiliencia ante el cambio global», resume la principal enseñanza de Soria. Alejandro Cózar destacó tres ideas de fondo. La primera, que restaurar es también gestionar mejor el riesgo de inundación: devolver espacio al río recupera su capacidad de laminación natural, reduce la exposición de la población y mejora a la vez el estado ecológico y los servicios ecosistémicos. La segunda, que los ríos deben entenderse como sistemas complejos y dinámicos, en los que lo decisivo es la funcionalidad —cómo circulan el agua, el sedimento y la biota— y no un trazado predefinido. La tercera, que el desafío ya no es tanto técnico como de gobernanza: conocimiento, formación, comunicación, planificación transversal y ejecución de obras.
Cózar ordenó después las actuaciones del Duero según las tres dimensiones de la conectividad fluvial. En la longitudinal, la cuenca ha eliminado 273 obstáculos transversales y adaptado o permeabilizado otros 339 mediante rampas y pasos para la fauna, con más de 600 actuaciones sobre barreras
en total; entre los ejemplos, la demolición del azud de La Gotera (alto Bernesga, León) o de la presa de Yecla de Yeltes (Salamanca), y rampas como las de Santa Lucía y el Tormes, en Ávila, o el Agadón, en Salamanca. En la lateral, ha retirado 139,8 km de motas, retranqueado 8,5 km y naturalizado más de 12 km de cauces para devolver al río su llanura de inundación, con casos como el río Castrón en Ferreras de Abajo o la madre vieja del Sequillo, en Zamora. Y en la vertical, la más olvidada, ha reintroducido 610.751 m³ de sedimento en una quincena de ríos —del Órbigo, en León, al Ucero, en Soria—, tratando el caudal sólido como un recurso y no como un problema.
Lluís Godé desgranó las conclusiones por áreas temáticas. En la restauración del espacio fluvial subrayó que la gestión del sedimento es esencial y que el criterio de longitud de ríos libres no basta: deben integrarse criterios ecológicos, hidromorfológicos y socioeconómicos, sin recurrir solo a la oportunidad para eliminar obstáculos. En estructura y función se reivindicó el papel de la madera muerta y la necesidad de legislar sobre el impacto de las infraestructuras en la ictiofauna. Las soluciones basadas en la naturaleza se consolidaron como vía para cumplir las directivas europeas y renaturalizar entornos urbanos —retirando hormigón y estructuras rígidas—, siempre con seguimiento y mantenimiento y sin convertirlas en un eslogan vacío. En los ríos urbanos, la educación fluvial se reivindicó como herramienta para sacarlos de la invisibilidad. Y en gobernanza y comunicación, el congreso insistió en superar la fragmentación institucional, tejer colaboraciones estructuradas y profesionalizar una comunicación que sigue siendo la gran asignatura pendiente.




LA CONECTIVIDAD FLUVIAL EN EL REGLAMENTO EUROPEO DE RESTAURACIÓN DE LA NATURALEZA BLOQUE
El Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza y el nuevo marco de la conectividad fluvial
Inventario de barreras y tramos de flujo libre: la aplicación del artículo 9 en los ríos
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El Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza y el nuevo marco de la conectividad fluvial

Fernando Magdaleno Mas
Subdirector general de Biodiversidad Terrestre y Marina, MITECO
El subdirector general de Biodiversidad Terrestre y Marina situó la conectividad fluvial en el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, primera norma comunitaria transversal a todos los ecosistemas, y en el Plan Nacional que España debe presentar en 2026.
La conectividad fluvial llegó a la jornada de la mano de una ponencia conjunta de las direcciones generales de Biodiversidad y del Agua. Fernando Magdaleno enmarcó el debate en el Reglamento (UE) 2024/1991 de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde agosto de 2024 y de aplicación obligatoria. Lo presentó como la primera norma comunitaria no sectorial: en lugar de ceñirse a un ámbito, abarca todos los tipos de ecosistemas —fluviales y de agua dulce, urbanos, agrarios, forestales, costeros y marinos— bajo una visión integrada del territorio. Fruto de una larga y compleja negociación europea, marca —dijo— no solo una línea de gestión, sino también una manera política de entender un territorio que debe ser mucho más cohesionado.
El reglamento se organiza en un capítulo de definiciones, un bloque de obligaciones artículo por artículo y una parte final sobre cómo elaborar el plan de restauración. Su artículo 4, referido a los ecosistemas terrestres, costeros y de agua dulce, fija cinco grandes objetivos: mejorar la condición de los hábitats —su estructura y función, en paralelo al buen estado ecológico—, restablecer las áreas de referencia favorable donde aún existe potencial, restaurar el hábitat de especies, reducir las lagunas de conocimiento y garantizar el no deterioro de lo ya recuperado, con prioridad para los espacios de la Red Natura 2000 hasta 2030. La «condición» de un hábitat, precisó, alude a su estructura y a su función, de modo que no basta una buena imagen: el ecosistema debe recuperar un metabolismo interno que le permita responder a futuras perturbaciones. Magdaleno recordó que de ese marco dependen especies acuáticas en peligro crítico en España, como el visón europeo o el desmán ibérico, y reivindicó la
convergencia entre los equipos de agua y de biodiversidad. En materia de conectividad, anticipó, el reglamento recoge objetivos concretos —ligados a la noción de río de flujo libre, aquel cuya conectividad longitudinal, lateral y vertical no se ve obstaculizada por estructuras artificiales— y al objetivo europeo de recuperar al menos 25.000 km de ríos de flujo libre respecto a 2020, atendiendo de forma prioritaria a las barreras obsoletas. Todo ello, matizó, sin radicalismos: el reglamento es una llamada a la coexistencia entre conservación y aprovechamiento.
El reto, subrayó, es también de gobernanza. La elaboración del plan se apoya en tres grupos de trabajo —con las comunidades autónomas, con la Administración General del Estado y de participación pública, este último con cerca de 500 entidades— y en un proceso de talleres, reuniones bilaterales y sesiones plenarias que ha permitido cribar, de la lista de medidas posibles, las más factibles en cada ámbito territorial. La cuarta y última sesión pública estaba prevista entre el 30 de junio y el 9 de julio.
En cuanto a los plazos, el reglamento obliga a cada Estado a presentar un borrador de Plan Nacional de Restauración antes del 31 de agosto de 2026. La Comisión dispondrá de seis meses para evaluarlo y el país de otros seis para revisar lo que se considere insuficiente, de modo que el plan final revisado quedaría disponible en 2027. Magdaleno insistió en que no debe ser «un plan de MITECO ni del agua ni de biodiversidad, sino un plan de país», coordinado con el plan de humedales y la estrategia de infraestructura verde para no quedar como una herramienta aislada. Dejó así el terreno preparado para que sus compañeros detallaran la aplicación concreta al medio fluvial.
Inventario de barreras y tramos de flujo libre: la aplicación
del artículo 9 en los ríos


Belén Calleja Arriero
SG de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos, MITECO
Gonzalo Magdaleno Payán
SG de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos, MITECO
Los técnicos de la Subdirección General de Protección de las Aguas detallaron cómo se aplica el artículo 9 del Reglamento a los ríos: un inventario de más de 74.000 barreras y una metodología para medir cuántos kilómetros fluviales son ya de flujo libre.
El artículo 9 del Reglamento concreta las obligaciones para los ríos: inventariar las barreras artificiales en sus tres dimensiones, identificar cuáles deben eliminarse para alcanzar al menos 25.000 km de ríos de flujo libre en la UE en 2030, complementar esa retirada con medidas que mejoren las funciones de las llanuras aluviales y garantizar el mantenimiento de la conectividad. Todo ello debe integrarse en el Plan Nacional de Restauración, con fecha límite del 31 de agosto de 2026.
Belén Calleja presentó el inventario, actualizado con la información de la Dirección General del Agua y nutrido por las cuencas inter e intracomunitarias. Suma 74.423 barreras: 49.601 transversales, 24.822 laterales y 7.836 verticales. En las transversales, en torno al 70 % son azudes, cruces con viales, vados o puentes; más de la mitad figuran como no obsoletas y un 39 % como de estado desconocido, lo que obliga a redoblar el esfuerzo de caracterización antes de decidir cuáles retirar. Las laterales —obras de estabilización de márgenes y de defensa frente a inundaciones, con cerca de un 30 % también de estado desconocido— son, reconoció, «la asignatura pendiente», con mucha información aún por completar. Las verticales se han derivado de las dos anteriores, identificando los tramos con lecho cementado, salvo en las cuencas que han realizado un estudio específico.
Gonzalo Magdaleno explicó la metodología de ríos de flujo libre, basada en la guía europea CIS nº 41. El procedimiento segmenta la red en tramos homogéneos y, mediante ocho a diez comprobaciones por tramo, evalúa cómo las barreras condicionan la conectividad longitudinal, lateral y vertical, y si la longitud disponible basta para sostener los procesos
morfológicos y ecológicos propios del río; si alguno de esos chequeos falla, el tramo no se considera de flujo libre. Se han analizado 2.953 de las 3.182 masas de agua de tipo río de las cuencas intercomunitarias —un 92,8 %— y 65.402 km de cauce, atendiendo en cada tramo a la franqueabilidad de los obstáculos transversales, laterales y verticales. El resultado de partida, referido a 2020, es que solo en torno al 11 % de esa longitud, unos 7.139 km, puede considerarse de flujo libre, con fuertes contrastes entre demarcaciones: del 2-3 % del Júcar y el Duero al 23-24 % del Miño-Sil y el Segura, pasando por el 15 % del Ebro y el 17 % del Guadiana. A partir de esa fotografía hay que decidir en qué barreras intervenir para aumentar la longitud de flujo libre.
Sobre esa base se prioriza dónde intervenir. Para mejorar las funciones de las llanuras aluviales el foco se pone en las barreras laterales —eliminarlas, retranquearlas o acortarlas—, en áreas de inundación controlada, en la revegetación de riberas y en la apertura de brazos secundarios. Y para seleccionar barreras se aplican criterios claros: se priorizan las obsoletas, los tramos con menos obstáculos, los de muy buen estado ecológico y los situados en espacios protegidos; y se excluyen las no obsoletas en zonas de riesgo de inundación, las que frenan especies invasoras y las declaradas bien de interés cultural, integrando además las propuestas de las ONG. Con todo ese diagnóstico, y de forma coordinada con las confederaciones y las administraciones hidráulicas autonómicas, cada demarcación debe concretar antes del 31 de agosto las barreras a intervenir y las medidas asociadas, en un inventario que sus responsables describieron como un documento «vivo», en permanente actualización.




Renaturalizar ríos urbanos: los proyectos financiados por la Fundación Biodiversidad

Cinta Luengo Borrero
Jefa del Área de Ciudades, Fundación Biodiversidad
La jefa del Área de Ciudades de la Fundación Biodiversidad repasó la convocatoria de 75 M€ que ha financiado 37 proyectos de restauración fluvial y reducción del riesgo de inundación en entornos urbanos mediante soluciones basadas en la naturaleza.
Cinta Luengo presentó el trabajo canalizado por la Fundación Biodiversidad, organismo adscrito al Ministerio creado en 1998 que, desde 2021, gestiona un gran volumen de fondos del PRTR a través de una unidad específica dedicada a las ciudades. De las tres convocatorias de renaturalización urbana, se centró en la más relevante para el medio fluvial: la de restauración de ecosistemas fluviales y reducción del riesgo de inundación mediante soluciones basadas en la naturaleza, dotada con 75 M€. Fue muy concurrida —230 propuestas que solicitaban 495 M€— y finalmente benefició a 37 proyectos, 33 de ellos ubicados en masa de agua y 31 en áreas de riesgo potencial significativo de inundación, dirigidos a ayuntamientos, diputaciones y cabildos en agrupación con fundaciones, universidades y centros de investigación. Las otras dos convocatorias, orientadas a infraestructura verde y azul y a soluciones basadas en la naturaleza en las ciudades, sumaron otros 120 M€ y medio centenar de proyectos. El grueso de la intervención fue un recorrido por casos concretos. En Gijón se eliminaron dos azudes en el entorno del Piles; en Vic se permeabilizó el azud de les Adoberies con una escala de peces — al no autorizar Patrimonio su demolición completa— y se sustituyeron barreras laterales del canal de aguas bajas por un muro de escollera vegetada; Medina de Rioseco recuperó un meandro del Sequillo con técnicas de bioingeniería y plantaciones de ribera a dos niveles. Fraga, con vocación de reducir el riesgo de inundación, retranqueó cerca de dos kilómetros de mota en la zona sur y kilómetro y medio en la norte del Cinca, retiró unos 100.000 m³ de una escombrera y creó lagunas en su lugar, alimentadas por una depuradora próxima y el nivel
freático, además de ampliar la pasarela de la estación de aforo del Ebro.
El itinerario siguió por Caspe, donde se ha devuelto agua al Guadalope —anulado a su paso por el núcleo tras la construcción del embalse de Mequinenza— mediante una laguna y caudales de las acequias; Toledo, con la eliminación de una pasarela de acceso a un molino y de un estanque artificial impermeable; y Madrid, con el retranqueo del aliviadero del tanque de tormentas de Abroñigales para reconectar la margen izquierda del Manzanares, en una agrupación con el CEDEX y la Fundación CONAMA. Altea y Orihuela concentraron la eliminación de especies invasoras a lo largo de dos y casi ocho kilómetros, respetando la vegetación autóctona, y Andújar recuperó el meandro de un antiguo molino con apoyo arqueológico. En Ribera del Fresno, las actuaciones en el arroyo Valdemedé reforzaron las márgenes frente a la erosión de las avenidas, con efectos ya visibles en las últimas lluvias, en un municipio históricamente castigado por las inundaciones. Luengo no ocultó las dificultades: el relevo de corporaciones municipales en 2023, el cronograma ajustado del PRTR, los problemas para obtener terrenos y permisos, los escasos antecedentes de restauración fluvial urbana, las servidumbres físicas y los fenómenos meteorológicos extremos —de la DANA al tren de borrascas— que condicionaron varios proyectos. Pese a todo, el balance fue positivo: 144 km de ríos renaturalizados y unos 250.000 habitantes protegidos frente a inundaciones, con 23 de los 36 proyectos ejecutados liquidando más del 90 % de la ayuda. Cerró agradeciendo el esfuerzo de los ayuntamientos, las fundaciones, las consultoras, las confederaciones y la Dirección General del Agua.
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EJEMPLOS DESTACADOS DE ACTUACIONES ESPECÍFICAS
Restauración hidrológico-forestal tras los grandes incendios de 2025 en el Miño-Sil
Restauración fluvial del río Saja y reducción del riesgo de inundación
Defensa frente a inundaciones con soluciones basadas en la naturaleza en los ríos Urumea, San Juan y Cadagua
Mejora de la conectividad y reducción del riesgo de inundación en los ríos Zapardiel y Tormes
Obras de restauración emblemáticas en la DH del Tajo
Rehabilitación ambiental del río Limonetes y otras actuaciones en la cuenca del Guadiana
Fenómenos erosivos en la Sierra Sur sevillana: consolidación de cauces en el Guadalquivir
El gran reto del Segura: restaurar 80 kilómetros de cauce y eliminar la caña en tiempo récord
Recuperación del bosque de ribera del río Girona frente a la invasión de la caña
Restauración de caudales líquidos y sólidos en la DH del Ebro
Proyectos de restauración fluvial en el Distrito de cuenca fluvial de Cataluña
Restauración hidrológico-forestal tras los grandes incendios de 2025 en el Miño-Sil

Benito Viña Vila
Técnico
Superior, Confederación Hidrográfica del Miño-Sil
El técnico de la Comisaría de Aguas del Miño-Sil explicó la respuesta de emergencia desplegada tras los incendios del verano de 2025, que arrasaron más de 128.000 hectáreas y amenazaban con arrastrar cenizas y sedimentos a los cauces.
El verano de 2025 dejó en la Demarcación Hidrográfica del Miño-Sil más de 128.000 hectáreas quemadas, repartidas entre Galicia y Castilla y León. La provincia de Ourense fue la más castigada, con cerca de 69.500 hectáreas en incendios como los del Macizo Central o la comarca de Valdeorras —que amenazó a O Barco, A Rúa y Vilamartín—, seguida de León, con unas 43.000 entre Llamas de Cabrera, Las Médulas y otros focos, y de Lugo y Zamora. Benito Viña subrayó que el daño no venía solo de la virulencia del fuego, sino de dónde se produjo: laderas escarpadas de gran pendiente y alto potencial erosivo, desde las que el arrastre de cenizas, sedimentos y biomasa amenazaba cauces, captaciones de abastecimiento, infraestructuras como la N-120 y poblaciones aguas abajo situadas en zonas de riesgo de inundación.
El diagnóstico combinó imágenes satelitales, cartografía temática y análisis SIG de cuencas, pendientes y usos del suelo con un reconocimiento de campo para verificar el estado real del terreno. Sobre esa base se priorizaron las actuaciones por gravedad del incendio, afección a captaciones — concentradas en Valdeorras—, presencia de áreas de riesgo de inundación, proximidad a núcleos y vulnerabilidad de ecosistemas fluviales, con especial atención a espacios de la Red Natura 2000 y a la Reserva Natural Fluvial del río Navea. Todo ello exigió una estrecha coordinación entre la Confederación, la Xunta de Galicia, la Junta de Castilla y León, los ayuntamientos y los agentes ambientales, con el grupo Tragsa como ejecutor de los trabajos. Para ordenar esa priorización se elaboraron mapas temáticos que cruzaban el control de las masas de agua, las áreas de riesgo, las obras de paso y los núcleos dependientes de cada captación.
La respuesta se apoyó en los contratos de conservación de cauces, que permitieron una movilización inmediata de brigadas mientras se tramitaba en paralelo un encargo de emergencia. Las actuaciones combinaron estructuras de retención —35.050 metros de fajinas en las laderas y 18.860 metros de albarradas transversales en los cauces, ejecutadas con la propia madera quemada— con la aplicación de 7.150 kilos de paja en mulching sobre casi una hectárea de laderas desnudas, además de la retirada selectiva de madera quemada y repoblaciones de ribera con especies autóctonas. El objetivo común era reducir la movilización de cenizas y sedimentos y proteger los cauces y las infraestructuras aguas abajo. Las fajinas, dispuestas siguiendo las curvas de nivel, frenan la escorrentía y favorecen la infiltración; las albarradas, colocadas transversalmente al cauce, retienen sedimentos y cenizas; y el mulching protege el suelo desnudo del impacto directo de la lluvia mientras se recupera la cubierta vegetal. Las lecciones aprendidas fueron claras. La intervención temprana redujo de forma significativa la erosión y el transporte de sedimentos; la adaptación de cada solución a la pendiente, la geometría del cauce y la vegetación resultó decisiva; y los errores de diseño o ejecución —algunas socavaciones y erosiones laterales en albarradas— pueden comprometer el funcionamiento de las estructuras. Meses después, buena parte de las laderas tratadas recupera ya su cubierta vegetal, con rebrotes de especies arbóreas que anticipan la regeneración del ecosistema. La conservación ordinaria de cauces —retirada de troncos y acumulaciones que la primera avenida podría arrastrar contra obras de paso o viviendas— completó el conjunto de actuaciones de protección.
Restauración fluvial del río Saja y reducción del riesgo de inundación

Mª Sandra García Montes Jefa de Área Zona I, Confederación Hidrográfica del Cantábrico
La jefa de área del Cantábrico presentó las dos actuaciones recién finalizadas en el río Saja, que devuelven al cauce su antigua dinámica de brazos entrelazados y protegen frente a inundaciones a los núcleos ribereños de tres municipios cántabros.
El río Saja, en Cantabria, tenía en su tramo medio-bajo un cauce anastomosado —de múltiples brazos entrelazados sobre la llanura aluvial—, tal como mostraban las imágenes de los años cincuenta. La mano del hombre fue colmatando esos brazos hasta dejar un canal rectilíneo único, con pérdida de biodiversidad, barreras transversales y longitudinales, proliferación de especies invasoras y menor capacidad de laminación, lo que se tradujo en inundaciones recurrentes, la última y especialmente grave en 2019, que anegó los núcleos ribereños. Aquel episodio de 2019 sentó por fin a todas las administraciones competentes a una mesa en la que se repartieron las tareas, según competencias y posibilidades, sobre proyectos ya redactados por la Confederación. Las dos actuaciones, de siete kilómetros en total (seis más uno) en tres municipios que suman unos 20.000 habitantes, persiguen el doble objetivo de mejorar el entorno fluvial y reforzar la protección frente a inundaciones. Costaron en torno a nueve millones de euros y treinta y un meses de obra, con una intensa labor previa de participación vecinal que, reconoció García Montes, ha sido clave en su buena acogida social. La actuación principal, de seis kilómetros, reactivó 3,6 kilómetros de brazos históricos, eliminó barreras, controló las especies invasoras y reforestó unas 40 hectáreas con más de 50.000 ejemplares autóctonos, además de crear charcas y zonas de ralentización del flujo para potenciar la biodiversidad. Las primeras avenidas ordinarias ya han empezado a reactivar algunos de esos brazos perdidos.
La protección frente a avenidas se resolvió con setos de laminación, filtros verdes y motas vegetadas situadas en el borde del suelo urbano, que dejan al río una llanura de inundación de hasta 350 metros de anchura y resguardan los núcleos frente a la ave-
nida de 500 años, completadas con ocho kilómetros de sendas. Contra la persistente Reynoutria japonica se ensayaron dos pilotos: cubrir los brotes con un geotextil biodegradable de alta densidad de 130 gramos por metro cuadrado para privarlos de luz e impedir la fotosíntesis del rizoma y un tratamiento por impulsos eléctricos de hasta 5.000 voltios, una patente neerlandesa ya ensayada en otros tres países europeos y aplicada por primera vez en España. La actuación se acompañó de una amplia labor de divulgación: cartelería sobre el ecosistema y las especies invasoras, más de treinta talleres y jornadas con escolares y vecinos, la construcción de cajas nido y hoteles de insectos y la edición de una guía de fauna de la zona.
La segunda actuación, de un kilómetro entre Caranceja y Casar de Periedo, recuperó un brazo histórico de treinta metros de anchura que obligó a una notable obra de ingeniería: desviar el tráfico por una carretera paralela y ejecutar una gran obra de paso bajo la nacional —de treinta metros de luz y más de veinte de largo— para dar salida al agua reactivada, junto a motas de protección integradas en el territorio y dimensionadas para la avenida de 500 años en el núcleo de Caranceja. En este caso el brazo recuperado es de mayor entidad que en la primera actuación, un único cauce histórico de notable anchura. García Montes insistió en que el éxito ha dependido de la cooperación de nueve administraciones: el Ministerio financió, la Confederación ejecutó, esta y el Gobierno de Cantabria expropiaron por vía de urgencia y los ayuntamientos aportan terrenos y asumirán la conservación, con un acuerdo de custodia del territorio en marcha, cuya principal dificultad es la financiación. La Confederación tiene además en cartera otras tres actuaciones del mismo ámbito ya en fase de terminación.
Defensa frente a inundaciones con soluciones basadas en la naturaleza en los ríos Urumea, San Juan y Cadagua

Aitziber Urquijo Luengo
Responsable de Obras Hidráulicas, Agencia Vasca del Agua (URA)
La responsable de obras hidráulicas de la Agencia Vasca del Agua presentó tres actuaciones financiadas con fondos europeos que recuperan espacio fluvial para reducir el riesgo de inundación, el mayor peligro natural de Euskadi.
En Euskadi las inundaciones son el principal riesgo natural: la red de drenaje suma unos 1.500 kilómetros de tramos inundables y 458 de áreas de riesgo significativo, con cerca de 80.000 personas afectadas en la avenida de 100 años y pérdidas estimadas en torno a 90 millones de euros al año. Aitziber Urquijo defendió un enfoque que antepone la prevención y la regulación de usos y, en la obra, las soluciones basadas en la naturaleza: recuperar el espacio fluvial para imitar el funcionamiento de los meandros, que laminan la avenida y rebajan el pico de caudal frente a los cauces canalizados. Un efecto que la propia agencia ha medido en el río Butrón, donde el núcleo de Mungia, que ocupa ambas márgenes, registró un pico muy elevado, mientras que aguas abajo, en Gatika —con un 40 % más de cuenca—, el hidrograma fue mucho más bajo tras atravesar las llanuras de inundación. El reto, explicó, es que esas llanuras se han ocupado con viviendas y polígonos, de modo que muchos proyectos exigen coordinarse con el planeamiento urbano, demoler edificaciones y devolver las márgenes al uso público, además de poner en valor el patrimonio hidráulico. En sus ríos, cortos y densamente poblados, la población se asienta casi sobre el cauce, por lo que recuperar espacio para el agua obliga a menudo a demoler viviendas y pabellones industriales.
La primera actuación, en el río Urumea (Gipuzkoa), culmina un plan iniciado en 2004 entre Donostia y Hernani, una de las zonas de mayor riesgo del territorio —con episodios históricos en 1983 y 2011 y miles de personas en zona inundable en el barrio de Martutene—. El plan contempló la sustitución de varios puentes y la ampliación de la capacidad del cauce; en el meandro de Akarregi, en Hernani, se ha
construido un cauce de avenidas que reproduce la dinámica natural del meandro para reducir la inundabilidad de los ámbitos más poblados, sumado al parque fluvial de Astigarraga, ejecutado con un promotor privado, que se inunda de forma controlada en las avenidas. Frente al tramo más denso, donde no hay espacio, hubo que recurrir a defensas longitudinales. La obra finalizó en junio de 2023 con un presupuesto de 3,79 millones de euros.
La segunda intervino en el arroyo San Juan, en Llodio (Álava), un cauce densamente urbanizado y canalizado que desemboca en el Nervión. Se recuperó el tramo bajo, próximo a la confluencia, transformando los muros en taludes tendidos y márgenes revegetadas que, en pocos años y con el clima húmedo del País Vasco, recuperan la vegetación. La obra concluyó en enero de 2023 con 1,25 millones de euros de inversión.
La tercera, en el río Cadagua, en Zalla (Bizkaia), continúa años de trabajo en el barrio de Mimetiz: tras una primera intervención en el barrio de Mimetiz, donde las riberas se habían rellenado, se recuperaron esos espacios mediante cauces de avenidas que ayudan a desaguar las crecidas y, una vez naturalizados, ofrecen un lugar de paseo y ocio cuando no hay avenidas. Tras una primera fase en 2020, el tramo de aguas abajo, donde los meandros se habían acortado, se ejecutó con fondos de la Fundación Biodiversidad para proteger el barrio de Aranguren y se terminó a comienzos de 2026 con 6,07 millones de euros. Urquijo subrayó la notable reducción de la inundabilidad lograda junto a la mejora ambiental de los tres cauces, ya verificada en las estaciones de aforo, y la rápida revegetación que favorece el clima húmedo del territorio.
Mejora de la conectividad y reducción del riesgo
de inundación en los ríos Zapardiel y Tormes

Carlos Marcos Primo Jefe de Servicio Técnico, Confederación Hidrográfica del Duero
El jefe de servicio técnico del Duero presentó dos actuaciones complementarias: la recuperación de la llanura de inundación del efímero Zapardiel, que evitó una inundación en Medina del Campo, y la reconexión del tramo alto del Tormes.
Carlos Marcos contrapuso dos obras de naturaleza distinta. La primera, en el río Zapardiel, un río efímero que apenas lleva agua y que estaba dragado, canalizado e incluso hormigonado a su paso por Medina del Campo, encerrado entre las motas laterales resultantes de aquel dragado, hasta quedar convertido en un mero canal en una vasta llanura de cereal. Su carácter efímero no le resta fuerza: sufre crecidas extraordinarias poco frecuentes pero intensas. En el marco del proyecto LIFE IP Duero y con unos dos millones de euros, se actuó sobre 35 kilómetros eliminando las motas de ambas márgenes —unos 70 kilómetros en total— para devolver al río su llanura de inundación. La oportunidad de comprobar su eficacia llegó pronto: en enero de 2024, la borrasca Juan provocó una avenida cercana a la de 100 años, la misma que en 1956 había inundado el casco histórico de Medina. En tramos no restaurados, como Cisla, la riada llegó a llevarse el puente de la carretera, una señal de la magnitud del episodio. El seguimiento de aquel episodio fue revelador. Donde se había restaurado, el río se desbordó de forma controlada sobre los campos, protegiendo a poblaciones ribereñas como Bercial, Barromán o San Esteban —en un punto el río, seco horas antes, alcanzó un kilómetro y medio de anchura—: la punta de unos 53 metros cúbicos por segundo medida aguas arriba, en Bercial de Zapardiel, llegó a Medina rebajada a 36, por debajo de los 39 metros cúbicos por segundo a partir de los cuales la localidad empezaría a desbordarse, en parte porque las grandes infraestructuras lineales —la A-6, el ferrocarril, el AVE— limitan la expansión del río aguas arriba. Las obras redujeron entre un 30 y un 40 % el caudal punta y, gracias a un modelo hidráulico propio cali-
brado con la avenida, ofrecen un retardo de entre ocho y diez horas entre Bercial y Medina, un tiempo muy valioso para alertar a la población ante futuros episodios. Sin las obras, resumió Marcos, Medina del Campo habría aparecido en los telediarios con su casco histórico anegado.
La segunda actuación, en el tramo alto del Tormes, abordó la conectividad longitudinal. La construcción de cuatro minicentrales, dos estaciones de aforo infranqueables y la reforma de varios azudes había fragmentado el cauce y hecho desaparecer la boga y el barbo. Desde 2013 se han ejecutado 21 eliminaciones de obstáculos y 16 dispositivos de paso para peces, reconectando una red fluvial de 200 kilómetros. El planteamiento fue integral y holístico: más allá de la boga y el barbo, el proyecto abordó la conservación del desmán y el estudio de la disponibilidad trófica y la vegetación de ribera.
Lo más singular fue la monitorización. Además del seguimiento hidráulico, la Confederación ha desplegado una evaluación biológica con marcaje electrónico de peces mediante chips PIT y una red de antenas que registra en tiempo real los movimientos de ascenso y descenso, complementada con radiotracking para evaluar el efecto del embalse de San Fernando como barrera ecológica. Con más de 10.000 peces marcados, Marcos lo describió como el mayor proyecto europeo de seguimiento de peces en un sistema natural. El resultado más importante: donde en 2015 apenas se pescaba un ejemplar, hoy vuelven a encontrarse cardúmenes de boga y barbo en todo el tramo alto del Tormes —pese a algún cuello de botella, como Puente Congosto—, una de las joyas de la cuenca y el único río que aún no tiene especies invasoras.




Obras de restauración emblemáticas en la DH del Tajo

Ana Vicente Rangel Comisaria Adjunta, Confederación Hidrográfica del Tajo
La comisaria adjunta del Tajo repasó cómo el PRTR ha permitido pasar de las antiguas limpiezas de cauces a una batería de proyectos de restauración en reservas naturales fluviales, el río Alberche, el Manzanares, las estaciones de aforo y el Tajo en Aranjuez.
Ana Vicente reconoció que hasta hace pocos años la Confederación del Tajo se centraba en la conservación y las mal llamadas limpiezas de cauces; los fondos del PRTR han permitido abordar una verdadera restauración. El marco es el Plan Hidrológico del Tajo 2023-2027, con las medidas 14.01.02 y 13.04.02. De los más de 50.000 obstáculos transversales inventariados en España, más de 7.000 están en el Tajo; en estos proyectos se han eliminado o permeabilizado una treintena, lo que ha liberado en torno a 1.800 kilómetros de cauce. Hay además unas 575 barreras longitudinales, más de la mitad motas antiguas de protección sobre las que, de momento, no se actúa. El bloque más extenso fue el de las reservas naturales fluviales: el Tajo es la cuenca con más reservas declaradas —47, de ellas 42 fluviales— y se ha actuado en dos fases, ocho en la primera y dieciséis en la segunda. En la Garganta de Iruelas se eliminaron siete de los ocho azudes; en el Gévalo, la piscina de Navaltoril; y en el Almonte, el azud de Monroy, con microcerramientos para proteger las plantaciones de la elevada carga de ungulados. Donde Patrimonio no autorizó la demolición completa de un azud se optó por escotaduras, como en el Pelagallinas, donde la Junta exigió conservar vestigios del azud por su valor patrimonial. En la segunda fase se intervino en dieciséis reservas con actuaciones similares: la eliminación de azudes de notables dimensiones en Riato y Puebla, la retirada de una piscina en Las Lanchas o la demolición del azud del río Pusa, en el arroyo Cabrera.
En el río Alberche, en Toledo, se actuó en ocho zonas para retirar choperas productivas abandonadas que suponían un riesgo, tratar las alisedas afectadas por el hongo Phytophthora alni —en contacto con otras confederaciones, universidades y un proyecto LIFE, ante la falta de un tratamiento consolidado— y
crear un filtro verde a la salida de la depuradora de Calalberche. El proyecto del Manzanares en Madrid, durante años el emblema de la cuenca, sumó una tercera fase a las dos previas —2016-2025, con un presupuesto total de algo más de seis millones, la última financiada por el FRER—: se eliminó la infraestructura de la antigua Playa de Madrid y se instaló una rampa de peces en un azud de Patrimonio Nacional, aunque Vicente admitió que las actuaciones en el arroyo Trofa no funcionaron como se esperaba, al proceder el problema de la cabecera urbanizada de Las Rozas y Majadahonda: si no se actúa aguas arriba, las medidas cerca de la desembocadura apenas palían el arrastre de sedimentos. El proyecto incorporó también actuaciones de uso público, con senderos y rampas accesibles en una zona muy frecuentada de El Pardo.
Completó el recorrido con la sustitución de dos estaciones de aforo de tipo V-flat en los ríos Cofio y Tiétar, infranqueables para los barbos, por estructuras con un canal de aguas bajas de tres metros y medio y una anchura de cauce de unos 25-30 metros que refuerza el efecto llamada para la fauna piscícola —obras cuyo plazo, condicionado por las crecidas otoñales y las limitaciones ambientales, hubo que ampliar fuera del PRTR—; el proyecto del Tajo en Aranjuez, en tres tramos —El Trinquete, el Jardín de la Isla y la junta de los ríos Tajo y Jarama— dentro de terrenos de Patrimonio Nacional, para recuperar el transporte de sedimentos perdido tras los embalses de Entrepeñas y Buendía; y el arroyo Culebro, en Getafe, un cauce muy antropizado donde, antes de restaurar, hubo que recuperar con obras duras de gaviones y escolleras entre depuradoras, polígonos industriales y las autovías A-5, A-4, A-42 y M-50, frente a una población que en su entorno ha pasado de 50.000 a 800.000 habitantes.
Rehabilitación ambiental del río Limonetes y otras actuaciones en la cuenca del Guadiana

Juan Manuel Jiménez García
Jefe de Sección de Control de Proyectos, Confederación Hidrográfica del Guadiana
El responsable de control de proyectos del Guadiana presentó la rehabilitación del río Limonetes en Talavera la Real, una obra de nueve millones que devolvió el río al municipio, y reivindicó la recuperación posesoria del espacio fluvial como verdadera clave del éxito.
El río Limonetes, afluente del Guadiana por la margen izquierda a su paso por Talavera la Real (Badajoz), arrastraba todos los males de un cauce mediterráneo intensamente intervenido: la concentración parcelaria de los años cincuenta había ocupado el espacio fluvial, rectificado el río y eliminado sus brazos secundarios, a lo que se sumaban urbanizaciones e instalaciones industriales en el tramo urbano, con la consiguiente pérdida de funciones ecológicas y mayor vulnerabilidad ante las inundaciones, especialmente en la margen izquierda, donde se asienta un polígono longitudinal y una urbanización. Sus objetivos eran recuperar el funcionamiento ecológico del río, aumentar su capacidad de laminación y resiliencia frente a inundaciones e integrar el espacio fluvial en un municipio que vivía de espaldas a él. Con un presupuesto de unos nueve millones de euros sin contar las expropiaciones, intervino 26,6 kilómetros y 259 hectáreas, revegetó con más de 33.000 árboles y 39.000 arbustos y movió unos 320.000 metros cúbicos de tierra, todo dimensionado para la avenida de 100 años.
Juan Manuel Jiménez insistió en que la primera fase, la recuperación posesoria del espacio fluvial, es la verdadera clave: sin devolver el espacio al río no hay restauración efectiva. Las expropiaciones, arduas, sumaron casi 5,7 millones de euros —algo más de cuatro en suelo y plantaciones y 1,65 en instalaciones y traslados— y permitieron añadir una banda de unos treinta metros a cada lado del eje original, además de expropiar en el tramo urbano gasolineras, una cooperativa agrícola con sus silos y otras instalaciones vulnerables. En el tramo urbano afloraron además toda clase de servicios afectados —líneas eléctricas, fibra óptica, gasoductos,
conducciones de agua— que hubo que modificar o trasladar, además de demoler los silos y construir un nuevo puente sobre uno de los brazos.
Sobre ese espacio recuperado se desplegó la restauración hidromorfológica —retranqueo de motas, apertura de brazos de alivio que imitan los antiguos secundarios y parcelas de laminación—, la eliminación de la caña y de los eucaliptales y la recuperación del bosque de ribera con bioingeniería. Para la caña, dada la enorme longitud invadida, se optó por el enterramiento profundo de los rizomas en zanja, posible gracias a un suelo de vega excavable y al espacio ya expropiado. En los nuevos brazos se aplicaron hidrosiembras y estaquillados de sauce en palizada para frenar la erosión laminar, junto a plantaciones de fresnos y otras especies autóctonas. El muro Krainer de la entrada del municipio devolvió a la vista la iglesia del pueblo, antes oculta tras el polígono, en lo que Jiménez describió más como una reordenación territorial que como una simple restauración. El tren de borrascas de enero y febrero puso a prueba la obra casi sin terminar, que soportó con solvencia la avenida de 100 años y mejoró notablemente su acogida social. Jiménez repasó después otra docena de actuaciones del PRTR en la cuenca, con la rampa de flujo ascendente aguas arriba de Badajoz como obra estrella, otra en el río Ardila, una escala de artesas y la permeabilización del azud de la Granadilla para el paso de peces y sedimentos, además de numerosas actuaciones selvícolas, de eliminación de eucalipto y de plantación de ribera repartidas por la cuenca. Su conclusión: los ríos siguen siendo los espacios peor tratados del territorio y este tipo de obras exige plazos de ejecución mucho más amplios.
Fenómenos erosivos en la Sierra Sur sevillana: consolidación de cauces en el Guadalquivir
Juan Lluch Peñalver
Comisario Adjunto, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir
En una intervención grabada en vídeo, el comisario adjunto del Guadalquivir presentó las actuaciones de consolidación de cauces frente a la erosión, desde un encargo coordinado de 2019 hasta el proyecto del PRTR alineado con la estrategia nacional de restauración.
Imposibilitado para asistir por la acumulación de emergencias del tren de borrascas y las recepciones del PRTR, Juan Lluch intervino mediante un vídeo grabado desde Granada. Presentó las actuaciones del Guadalquivir como un ensayo coral con un antecedente claro: el encargo de 2019 que, tras otro tren de borrascas, recibió ocho millones de euros con una filosofía distinta a la habitual —una dirección única en los servicios centrales de Sevilla y una atomización por zonas que aprovechaba la forma de trabajar del grupo Tragsa y ofrecía gran flexibilidad para ir supervisando y adaptando la ejecución—. Permitió ejecutar 124 actuaciones en diez provincias y tres comunidades autónomas, llegando a zonas castigadas por la despoblación como Terrinches, Salobre, Vianos o la cabecera del Guadalimar, donde a las corporaciones locales les resulta muy difícil montar cualquier obra pública. El modelo de múltiples codirectores bajo un único contrato, explicó, funcionaba «como un pulpo» para llegar a toda la cuenca, y obligó a levantar actas de recepción provincia a provincia en plena pandemia.
Como ejemplo de éxito mostró una escollera levantada en un arco de erosión que amenazaba la única carretera de acceso a una población de la Sierra Sur. Se diseñó haciendo circular un modelo de flujo bidimensional para conocer el campo de velocidades y dimensionar la escollera y el cuenco de disipación en los puntos críticos; tras el tren de borrascas, el lecho del río Blanco ha quedado estabilizado pese a una intensa aportación de sedimentos, que en el conjunto de la cuenca está provocando una acusada incisión.
Con esa misma filosofía se redactó el proyecto del PRTR, de mejora y consolidación ecológica y reduc-
ción natural de cauces, plenamente alineado con la estrategia nacional de restauración de ríos. Su hito era restaurar 16,7 kilómetros y eliminar o permeabilizar nueve barreras, articulados en 32 actuaciones en nueve provincias diseñadas de antemano para asegurar los indicadores. El gran retraso en la tramitación obligó a empezar las obras el 9 de abril de 2025, con menos margen del deseable para que las plantaciones y los tratamientos resulten efectivos y se eviten los rebrotes de la caña. Las 32 actuaciones se definieron localmente para que cada codirector y cada gerencia provincial de Tragsa supieran de antemano su cometido.
El foco, subrayó, es la erosión: en tramos que bajan de Estepa y la Sierra Sur sevillana la incisión avanza a un ritmo de unos dos metros por década, frente a la que se ensayan cadenas de estabilización diseñadas con consultores externos. En el manejo de la caña defendió la trituración, el arranque y el enterramiento a metro y medio para evitar rebrotes, reservando la manta para casos muy puntuales en los que no podrá retirarse después. Recordó también que la riada de Almonte de 2025 pudo atenderse con rapidez gracias a tener actuaciones ya cerradas en el núcleo. Cerró con varias reflexiones sobre el PRTR —la necesidad de mejorar la tramitación, de aliviar la saturación del medio propio y de adoptar plazos al estilo anglosajón, donde el compromiso de ejecutar los fondos en un año fuerza a obtener los permisos a tiempo— y avanzó la continuidad del trabajo con fondos FEDER de Andalucía, las actuaciones en el marco de Doñana y el proyecto europeo Interreg River Res, en el que la Confederación participa como socio para estudiar y combatir la erosión, su principal preocupación de futuro.
El gran reto del Segura: restaurar 80 kilómetros de cauce y eliminar la caña en tiempo récord

Eduardo Lafuente Sacristán
Jefe de Servicio de Estudios Ambientales, Confederación Hidrográfica del Segura
El jefe de estudios ambientales del Segura relató cómo afrontaron la recuperación del bosque de ribera y la eliminación de la caña en más de cien kilómetros de cauce, con un proyecto de trece millones cuyo plazo se redujo de cuarenta y ocho meses a apenas nueve.
Eduardo Lafuente comparó su intervención con un concurso en el que hay que gastar una fortuna en muy poco tiempo: trece millones de euros, tres empresas y cinco lotes para recuperar el bosque de ribera y eliminar la caña en el Segura, con las actuaciones actuales sobre 85 kilómetros que, sumados a los 16 ya tratados, superan los cien kilómetros de ribera entre Cieza, Calasparra y Murcia. El gran condicionante fue el plazo: un proyecto inicialmente previsto para 48 meses se fue recortando hasta quedar en apenas nueve, lo que obligó incluso a un modificado sobre la marcha: en un proyecto de caña no se ve el río ni se puede sobrevolar con dron, de modo que hasta el primer corte no se sabe qué hay debajo. Lafuente recordó que la caña es solo una de las exóticas que preocupan en la cuenca, junto al mejillón cebra, el camalote o el nenúfar.
Buena parte del discurso giró en torno a la caña, Arundo donax, que Lafuente distinguió del carrizo autóctono. Donde el río queda oculto tras las motas, los «túneles de caña» han llegado a impedir que los vecinos de una y otra orilla se vieran durante décadas; recuperar la visión del río, bromeó, es también recuperar «conectividad social». Pero la caña entraña riesgos serios: en la DANA del 12 de septiembre de 2019 —portada de La Verdad— las islas de caña arrastradas llegaron a mover un puente, obligando a retirar la maquinaria; a ello se suma el riesgo de incendio, con un fuego reciente en plena ciudad de Murcia, y un consumo de agua entre tres y diez veces mayor que el de un bosque de ribera. Tras la DANA de 2019 y la tragedia de 2024, la caña saltó a la primera plana, no siempre con rigor. Frente a la gestión histórica —en la que se llegaron a gastar seis
o siete millones en cortar caña para que en dos meses rebrotara igual—, el enfoque actual gasta más ahora para gastar mucho menos en el futuro. La metodología combina tres grandes técnicas — corta reiterada, extracción de rizoma y cubrimiento con lámina—, adaptadas a cada tramo según su valor ecológico, su riesgo de inundación y su viabilidad técnica, sin aspirar a erradicar la caña, sino a controlarla. Se retiraron además motas —la segunda actuación de este tipo en el Segura, posible gracias a la implicación del ayuntamiento, que se alineó con la Confederación— y se levantaron muros vegetados de escollera. Donde antes había caña impenetrable, hoy la gente puede pasear junto a árboles de quince metros. La empresa empieza a incorporar inteligencia artificial para los muestreos y para anticipar qué especies plantadas crecerán antes que la caña. La magnitud del despliegue trajo dificultades añadidas: escasez de mano de obra —agravada por la emergencia de Valencia—, exigentes medidas de seguridad por la gran cantidad de lámina colocada y los temporales de viento del invierno, además del reto de reutilizar y reciclar los plásticos.
Lafuente reivindicó por último la comunicación: frente a los vídeos institucionales que ven entre 200 y 300 personas, uno realizado con una creadora de contenido alcanzó 70.000 visualizaciones y un retorno muy distinto. El trabajo educativo se apoyó en los líderes sociales y, sobre todo, en los abuelos, que recuerdan cómo era el río hace sesenta años, con fotografías antiguas en carteles. Cerró con una advertencia: le preocupa el énfasis en los ríos de flujo libre, porque hay ríos mediterráneos que nunca lo serán, y espera que la inversión se diversifique.




Recuperación del bosque de ribera del río Girona frente a la invasión de la caña

Sara Mª Jiménez Argudo Jefa de Área de Gestión Medioambiental, Confederación Hidrográfica del Júcar
La jefa de gestión medioambiental del Júcar presentó la recuperación del bosque de ribera del río Girona, en Alicante, y defendió una idea de fondo: la caña no es la causa del deterioro, sino la consecuencia de la pérdida del espacio fluvial.
Sara Mª Jiménez situó primero el orden de magnitud del problema: según los estudios de la Generalitat, la red fluvial de la Demarcación del Júcar suma unos 5.100 kilómetros invadidos por la caña. Antes de abordar las actuaciones, reivindicó entender por qué está ahí: la ocupación durante décadas del espacio fluvial, la deforestación y los cultivos, su aprovechamiento —llegó a recomendarse plantarla para proteger márgenes tras la riada de 1864— y el abandono posterior de esos usos. De ahí su tesis: la caña no es una causa, sino una consecuencia, y conviene recordar que un río con caña funciona mejor que uno completamente desnudo, aunque reduzca drásticamente la biodiversidad, aumente el riesgo de incendio, altere la hidrología y la geomorfología y consuma más agua.
El caso elegido fue la cuenca del río Girona, en Alicante, donde se trabaja desde 2019. De sus 37 kilómetros, 19 presentan caña —nueve con invasión completa de las márgenes y diez con presencia puntual—; de ellos, cerca de siete están ya muy avanzados y quedan unos dos por iniciar, mientras que los diez de presencia puntual admiten un tratamiento mucho más sencillo. Jiménez detalló las fases: desbroce y triturado de la caña, integrando el material en la propia margen sin generar residuos; colocación de coberturas bien sujetas con zanjas, imprescindibles en un río de crecidas tan variables; y una metodología mixta que extrae el rizoma en la orilla y retranquea el resto para colocar la cobertura de forma más eficiente y reducir la cantidad de plástico. La elección de los tramos prioriza aquellos donde ya existe cierto espacio fluvial favorable a la recuperación.
Ese empeño por minimizar el plástico es una constante: se ensaya cobertura biodegradable en todas las actuaciones, aunque de momento no ha mostrado una biodegradabilidad suficiente en condiciones normales y resulta cara, por lo que aún no se implanta; en las próximas actuaciones se prepararán franjas de eliminación de rizoma para reducir las extensiones cubiertas. La cobertura permanece unos dieciocho meses, al menos dos veranos, tiempo que se aprovecha para planificar la plantación posterior. En el Júcar producen su propia planta certificada, bajo la supervisión de un centro de investigación forestal de la Generalitat Valenciana, flexibilidad que les permite afrontar sus propias actuaciones. La retirada de la cobertura y la plantación se combinan —a veces retirando la malla solo parcialmente y plantando entre ella— para minimizar los costes, en una fase de mantenimiento posterior que consideró imprescindible para el éxito, ya que sin ella es muy difícil que las actuaciones prosperen.
Jiménez mostró un vídeo a modo de paseo por los tramos recuperados desde 2019 y dejó varias reflexiones: que, por sorprendente que parezca, es posible restaurar bosques de ribera incluso en ríos muy alterados e invadidos, aunque los resultados tarden entre cinco y siete años; que hace falta un plan de recuperación integrado en el plan hidrológico de cuenca y acorde a la estrategia nacional, dado el enorme kilometraje invadido; que estas actuaciones son tan trabajosas y costosas, en tiempo y dinero, que vienen a ser «como cuidar tu casa»; que la divulgación es esencial, porque la caña se percibe mal; y que conviene apoyar a las entidades locales que quieran recuperar su tramo de río por sus valores de uso público y concienciación.
Restauración de caudales líquidos y sólidos en la DH del Ebro

Miriam Pardos Duque Comisaria de Aguas, Confederación Hidrográfica del Ebro
La comisaria de aguas del Ebro abordó una dimensión menos visible de la restauración fluvial —la recuperación de caudales y sedimentos en ríos regulados— y repasó las estrategias con las que la cuenca intenta devolver variabilidad a un sistema marcado por sus embalses.
Miriam Pardos eligió un tema del que se habla menos: la restauración de los caudales líquidos y sólidos. En ríos con embalses, matizó, cabe hablar más de rehabilitación, un intento de recuperar los procesos previos a su construcción. Los embalses aportan beneficios irrenunciables —abastecimiento, regadío, laminación de avenidas, espacios recreativos—, pero retienen sedimentos, suprimen las crecidas ordinarias que renovaban el lecho, simplifican la geomorfología y dificultan la migración de los peces, generando un déficit acumulado que provoca incisión y acorazamiento del lecho aguas abajo y una falsa sensación de seguridad que acerca los usos al río. El sedimento, recordó, cumple una función ecológica —es el sustrato del hábitat— y geomorfológica — construye barras, islas y llanura—.
De ahí la necesidad de pasar de un control centrado en la cantidad y la calidad del agua a una gestión integrada y adaptativa, que tenga en cuenta todas las interacciones y el cambio climático. Pardos insistió en la mejora continua del conocimiento —más batimetrías, mapas de pérdida de suelo con el índice RUSLE y colaboración entre gestores, universidades y ONG— y en que la reactivación de procesos debe hacerse con prudencia, poco a poco y sin causar daños, en cauces a menudo ocupados que llevan tiempo sin recibir una crecida ordinaria.
En el Ebro, ese trabajo se enmarca en la estrategia GISDHE, de gestión integral de sedimentos de la demarcación, que recopila todas las actuaciones, y en Ebro Fluye, dedicada a la demolición y permeabilización de obstáculos —donde la mayor dificultad es el entramado concesional—. El próximo plan hidrológico fijará además caudales generadores en cuarenta grandes presas: sueltas elevadas y poco frecuentes, dentro del régimen de caudales ecológicos, capaces de recuperar el propio proceso fluvial, siempre que
haya agua suficiente para los usos del embalse, porque la mejor manera de restaurar un río es dejar que se restaure a sí mismo. Es, reconoció, un mensaje difícil de trasladar a una sociedad acostumbrada a otra gestión, que exige explicarlo muy bien y avanzar poco a poco.
El ejemplo más desarrollado son las crecidas controladas del bajo Ebro, con sueltas desde Mequinenza que movilizan sedimentos por todo el tramo bajo jugando con el nivel del embalse de Ribarroja, que cuanto más bajo está, más sedimento transporta. Algunas pruebas han combinado además crecidas del río Segre para arrastrar primero su sedimento y empujarlo después con el agua de Mequinenza. Nacidas a comienzos de los años 2000 para controlar los macrófitos, se han reconvertido en un laboratorio de transporte de sedimentos que moviliza a la Confederación, la Agencia Catalana del Agua, universidades, el Cedex y empresas, generando abundante información. Las estimaciones de sedimento movilizado a su paso por Ascó han crecido de forma notable: de alrededor de 1.000 toneladas en 2016 a cerca de 20.000 en mayo de 2025. A ello se suma una prueba piloto de movilización de sedimentos en el embalse de Ribarroja, donde se acumulan unos 500.000 metros cúbicos: comparó el dragado mecánico, de 16 a 20 euros por metro cúbico, con el bombeo por succión sobre pontona, de 8 a 10 euros, que movilizó 23.700 metros cúbicos en 72 días. Otras actuaciones, como la demolición del azud del río Iregua en Torrecilla en Cameros (La Rioja) o la permeabilización de grandes masas de sedimentos en el río Gállego, contribuyen al mismo objetivo. Pardos, a quien el tiempo dejó sin contar las conclusiones, subrayó que este trabajo implica a toda la Confederación, con la planificación y la dirección técnica como piezas fundamentales.
Proyectos de restauración fluvial en el Distrito de cuenca fluvial de Cataluña

Mònica Bardina Martín
Jefa
del Departamento de
Planificación y Restauración del Medio, Agencia Catalana del Agua
La responsable de planificación y restauración de la Agencia Catalana del Agua repasó nueve proyectos financiados con fondos del PRTR —de la eliminación de azudes a la mejora de humedales— y el reto pendiente de la gobernanza para su mantenimiento.
Mònica Bardina presentó los nueve proyectos de restauración que la Agencia Catalana del Agua ha ejecutado con fondos del PRTR, con un presupuesto total de unos 6,07 millones de euros, a los que se suman una veintena más en marcha o en redacción. Abarcan distintas tipologías —mejora de la conectividad longitudinal y transversal, recuperación morfológica y de hábitats de ribera y humedales— y han servido también para empezar a incorporar talleres de participación e información muy locales en las zonas donde la solución técnica no está clara o existe conflicto social por la componente de inundabilidad, una práctica sin experiencia previa que la Agencia está aprendiendo sobre la marcha.
Entre los ejemplos de conectividad destacó la eliminación del azud de la Colònia Riu, en la riera de Calders en Monistrol de Calders —seis metros de altura, retirado en 2023—, en el que una colaboración con el CSIC demostró una notable reducción de las emisiones de metano pocos meses después de liberar el agua estancada y eutrofizada, dentro del proyecto europeo UNDAMMED, con pocos datos previos en azudes pequeños como este. En el azud de Can Buxó, en el Ter a su paso por Manlleu, se compatibilizó la mejora de la conectividad con la conservación del patrimonio, al conservar, a petición del ayuntamiento, un tramo del azud para musealizar la antigua cámara de carga de la central (unos 410.000 euros). Y en el molino de Can Sagrera, en el Muga, donde no se podían eliminar dos azudes consecutivos, —el primero seguía en uso para regantes y el segundo no se podía retirar sin afectar a una captación de abastecimiento cercana— se optó por un conector fluvial lateral que permite a los peces superar ambos obstáculos, hasta el punto de que los
técnicos llegaron a fotografiar una trucha cruzándolo (219.000 euros).
En conectividad transversal y recuperación de espacio fluvial, Bardina situó el meandro de Colomers, en el Bajo Ter, aislado por unas motas que se rebajaron parcialmente para que el río vuelva a inundarlo en las crecidas, con apoyo de modelización hidráulica bidimensional y la retirada de especies invasoras como el arce negundo, la robinia o la caña. A ello se suman la recuperación del espacio fluvial del río Gaià en Mas Esplugues, con eliminación de un azud y de una mota (unos 614.000 euros); la restauración de las rieras de Arbúcies y Pineda, con ampliación de zonas inundables y creación de brazos secundarios (964.000 euros); y la mejora de ocho kilómetros de la riera de Mujal, con control de la caña mediante solarización (759.000 euros).
Dos actuaciones se centraron en humedales con dinámica muy alterada: el estany de Sils, con un filtro verde que depura el agua de la depuradora antes de llegar al lago (1,32 millones de euros), y la marisma de Remolar-Filipinas, unas 58 hectáreas del delta del Llobregat junto al aeropuerto (1,16 millones), donde se han instalado compuertas y pozos para captar agua limpia del acuífero y poder gestionar el nivel. Esta última, relató Bardina, requirió superar el recelo del aeropuerto, que temía que la mejora del humedal atrajera más aves, mediante una comisión de seguimiento. Bardina cerró señalando el verdadero reto pendiente: la gobernanza del mantenimiento, es decir, quién explota y gestiona estas infraestructuras una vez ejecutada la obra, un punto sobre quién abre y cierra las compuertas o gestiona las captaciones en el que la Agencia sigue trabajando.




Mesa redonda: Gobernanza en las actuaciones de restauración fluvial.
Mecanismos
para agilizar y garantizar la ejecución y el mantenimiento
Francisco Javier Sánchez Martínez (Moderador)
MITECO
Fernando Enríquez
ASERPYMA
Daniel Jones
Ayuntamiento de Fraga
Sales Tomás Pons
Fundación Limne
Elena de la Paz
Ayuntamiento de Madrid
Mª José Clavijo
Estrategia Ebro Resilience
María Moreno
SEOPAN
Arantza Unzurrunzaga Iturbe
Diputación Foral de Guipúzcoa
La jornada se cerró con una mesa redonda sobre gobernanza que dio voz a quienes intervienen en los ríos más allá de los organismos de cuenca: ayuntamientos, comunidades autónomas, diputaciones forales y el sector empresarial, en torno a la ejecución y el mantenimiento.
Moderada por Francisco Javier Sánchez, la mesa reunió a entidades que actúan en los ríos al margen de los organismos de cuenca —ayuntamientos, comunidades autónomas, diputaciones forales y el sector empresarial—, con una breve exposición de cada participante y un debate posterior abierto al público. Elena de la Paz, del Ayuntamiento de Madrid, presentó la bioingeniería en la margen derecha del Manzanares: el aliviadero del tanque de tormentas de Abroñigales, que llega a verter más de 120 metros cúbicos por segundo, se retranqueó respecto a la primera línea de ribera y se dotó de un cuenco amortiguador y disipadores vegetales para dar continuidad al bosque de galería, mientras la otra orilla, erosionada por las crecidas, se resolvió con un muro Krainer de cerca de once metros de altura, ejecutado en apenas cinco meses.
Fernando Enríquez, presidente de ASERPYMA —la asociación de empresas de conservación del paisaje—, reivindicó la pieza menos visible: el mantenimiento. De nada sirve restaurar si luego no se conserva, defendió, repasando el tratamiento de la vegetación, la limpieza de cauces, el control de la calidad de las aguas, la gestión de la ictiofauna o de los simúlidos y el mantenimiento de una sección abierta para dar salida a las avenidas, e ilustró el éxito de la restauración con la aparición de una nutria —especie esquiva y exigente con la calidad del agua— a menos de cuatro kilómetros del centro de Madrid.
Mª José Clavijo, del Gobierno de La Rioja, explicó la estrategia Ebro Resilience, un marco de colaboración entre la Dirección General del Agua, la Confederación del Ebro y las comunidades de La Rioja, Navarra y Aragón sobre 325 kilómetros del tramo medio, organizado en una quincena de tramos y basado en estudios de alternativas, modelización y talleres deliberativos de cocreación con la población desde el propio diseño de las soluciones; su actuación de referencia, en los meandros de Milagro-Alfaro, demostró su eficacia en la avenida de febrero de 2024. Daniel Jones, arquitecto municipal de Fraga, presentó el proyecto Cinca Revive: en un municipio donde dos terceras partes de la población crecieron en la llanura de inundación del Cinca y casi 8.000 personas viven hoy en zona inundable, una inversión de 4,5 millones —tres de ellos de la Fundación Biodiversidad— permitió retranquear tres kilómetros de mota, retirar una escombrera de 116.000 toneladas, crear un filtro verde con balsas de decantación y devolver al río una veintena larga de hectáreas. María Moreno, de la patronal SEOPAN, aportó la mirada inversora: un informe que cifra en unos 19.200 millones de euros las medidas de adaptación al clima y reducción de inundaciones, ante 2,7 millones de personas en zonas inundables y un parque de presas envejecido —el 60 % de las grandes presas supera los cincuenta años—, e instó a combinar fondos europeos, financiación pública y colaboración público-privada.
Sales Tomàs, de la Fundación Limne, puso el foco en la gobernanza y la custodia fluvial a partir del proyecto Caña a la Caña, desplegado en trece municipios y 75 kilómetros de río, con 38 talleres, más de 500 participantes y 45 entidades, un consejo consultivo y el proyecto europeo RIWET para exportar buenas prácticas. Y Arantza Unzurrunzaga, de la Diputación Foral de Gipuzkoa, expuso su Plan Director de Permeabilización 2020-2035, con 800 obstáculos

inventariados y una demolición por fases —para controlar los sedimentos—, señalando como principales obstáculos no ser la autoridad hidráulica, los condicionantes arqueológicos y la sensibilidad social hacia la lámina de agua embalsada. El debate posterior coincidió en que la coordinación entre administraciones, la participación ciudadana y la garantía del mantenimiento son las claves para que la restauración perdure.








Restaurar los ríos es invertir en futuro: las claves de la jornada y los retos por delante
La jornada se cerró con el balance de tres años de trabajo sin precedentes al amparo del PRTR y con una idea de fondo compartida: devolver espacio a los ríos no solo recupera ecosistemas, sino que protege a las personas y prepara el territorio para el futuro.
La clausura, conducida por el subdirector general Francisco Javier Sánchez junto a la dinamizadora Evelyn Segura, recapituló una jornada que había recorrido casi todo el territorio, de cuenca en cuenca. Tres ideas-fuerza enmarcaron el balance. La primera, un esfuerzo sin precedentes en el marco del PRTR: los fondos Next Generation EU han permitido desplegar en apenas tres años una inversión de gran calado, algo que solo fue posible porque muchos de los proyectos ya estaban maduros, consensuados y en tramitación. El plan de recuperación, resumió Sánchez, «vino como anillo al dedo» a un trabajo previo sin el cual habría sido casi imposible ejecutar tantas actuaciones en tantos lugares a la vez. Los datos respaldaban el relato: en solo tres años se ha restaurado casi tanto como en todo el periodo 2005-2022, España se ha situado entre los líderes europeos en la demolición de barreras obsoletas y se han declarado ya 249 reservas naturales fluviales, con medidas de gestión en marcha en la mitad de ellas.
La segunda idea fue la colaboración de todas las administraciones. El resultado no se explica sin la implicación conjunta de las confederaciones hidrográficas, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, y sin una intensa labor de comunicación y consenso. Los proyectos que salen adelante, subrayó, son precisamente los que cuentan con ese diálogo; los que no llegan a ejecutarse son los que carecen de él. Esa cultura del acuerdo se resumió en la idea de avanzar «partido a partido», sin pretender resolverlo todo de golpe. De ahí la insistencia en la sensibilidad, la empatía y la negociación para conciliar la restauración con el patrimonio, la memoria de los pueblos y los usos agrícolas. La tercera idea miró hacia adelante: el futuro pasa por seguir cooperando y por captar nueva financiación —europea y de otras fuentes— que dé continuidad al trabajo iniciado. Sobre ese marco, la clausura hiló los grandes asuntos del día. La caña emergió como la enemiga común —«darle caña a la caña», en el eslogan que recorrió
la sala—; la conectividad se reivindicó en sus tres dimensiones; y la gestión de caudales y sedimentos del Ebro ilustró hasta qué punto es posible «mover los hilos de la naturaleza» para reproducir procesos que ya no ocurren de forma espontánea. Pero, por encima de todo, se repitió una premisa: empezar por devolverle al río el espacio que se le había arrebatado, sin el cual ninguna otra medida funciona. El cierre insistió en que la restauración fluvial es, ante todo, una inversión de futuro. No se trata solo de recuperar la función ecológica de los ríos, sino de la propia seguridad de las personas: lo que ocurre aguas arriba afecta aguas abajo, y restaurar significa construir territorios más seguros, resilientes y habitables para las generaciones presentes y futuras. Naturaleza y desarrollo, se remarcó, no son términos opuestos; cuidar el entorno no va contra el progreso, sino que protege el futuro, la salud y el bienestar colectivos. Una convivencia que la sociedad, golpeada por los últimos episodios extremos, empieza ya a entender. Los récords de temperatura batidos no por décimas, sino por grados enteros evidencian, recordaron, hasta qué punto este trabajo es necesario.
No faltó una llamada a la prudencia y al conocimiento. Sánchez reconoció que aún hay lagunas sobre el estado real de presas, infraestructuras y ríos, y reclamó invertir en ciencia para decidir mejor e intervenir lo justo, porque la naturaleza sabe hacer su trabajo y la clave está en saber dónde actuar con la mínima acción. El telón cayó con un mensaje de ánimo: frente a quienes ven la restauración como una tarea inabordable, jornadas como esta demuestran que se avanza, que conviene compartir tanto los éxitos como los errores y que, también con la caña, rendirse no es una opción. Hubo, por último, agradecimientos a los organizadores —por sacar adelante el acto en un tiempo récord—, a los ponentes y a cuantos siguieron la jornada presencialmente o en directo.
Jornada sobre Actuaciones de Restauración Fluvial y Protección frente a Inundaciones Salón de Actos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Plaza de San Juan de la Cruz, 10, 28003 Madrid)
Organizan
Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico — Dirección General del Agua, Subdirección General de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos Tragsatec
Actuación financiada por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia — NextGenerationEU.
Difusión iAgua
Edición del dossier iAgua Junio de 2026
Fotografía
Guillermo Martínez/iAgua
RECURSOS
Grabación íntegra de la jornada
Plan de Acción de Aguas Subterráneas 2023-2030
Página oficial del evento