Un estudio sociocultural sobre la Oralidad generada en torno al maremoto y terremoto de 1960 en los pueblos de Queule, Toltén, Puerto Saavedra e Isla Mocha
Séptimo Cuerpo Una Comprensión de la imagen, sentido e intencionalidad Discusión y Análisis de Resultados Facilidades y Dificultades para el trabajo de Campo Conclusiones Generales Bibliografía
AUTORES: LUIS WILFREDO CARVAJAL GÓMEZ HUMBERTO DANIEL GARCÍA BUSCAGLIONE GALO ANTONIO HUICHALAF MELGAREJO
“Rescatando un Mareterremoto” Documento perteneciente al Proyecto “Rescatando un Mareterremoto” Séptimo Cuerpo Una Comprensión de la Imagen, Sentido e Intencionalidad Discusión y Análisis de Resultados Facilidades y Dificultades para el trabajo de Campo Conclusiones Generales Bibliografía Ejecutor Luis Carvajal Gómez Co-ejecutores Humberto García Buscaglione Galo Huichalaf Melgarejo Financiado por FONDART
Maquetación y diseño gráfico: Humberto García Buscaglione humbertodgb@gmail.com Las imágenes son de propiedad de Ana Walter, Artista Visual Agradecimientos a:
Diciembre 2007, Temuco Chile
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“Rescatando un Mareterremoto” INDICE
UNA COMPRENSIÓN DE LA IMAGEN, SENTIDO E INTENCIONALIDAD .... 311 4.7 Discusión y análisis de resultados ............................................................. 312 4.8 Facilidades y dificultades para el trabajo de campo .................................. 322 V. Conclusiones generales .............................................................................. 323 VI. Bibliografía ................................................................................................. 326
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“Rescatando un Mareterremoto”
UNA COMPRENSIÓN DE LA IMAGEN, SENTIDO E INTENCIONALIDAD
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“Rescatando un Mareterremoto” 4.7 Discusión y análisis de resultados I. La investigación realizada ha podido dar respuesta a los objetivos planteados. A través de la oralidad, conocemos la imagen que se tiene del evento, la intencionalidad del sujeto, y el sentido que éste le atribuye al fenómeno. De esta manera, se nos revela la cultura que emplean cuatro formaciones sociohistóricas de la zona costera sur de Chile: Queule, Toltén, Isla Mocha y Puerto Saavedra. Desde una postura transmodernista, podemos señalar que hemos dado a conocer la oralidad de las sociedades locales estudiadas, en particular, aquella que se dirige a la presentación de un hecho histórico que es el impacto ocasionado por el terremoto y maremoto de 1960. Un acontecimiento que a nivel mundial es significativo al ser uno de los movimientos telúricos más intensos y catastróficos que ha experimentado la humanidad. La oralidad es un fenómeno comunicativo particular que ha llegado a ser una gran obra colectiva de los habitantes de Queule, Toltén, Isla Mocha y Puerto Saavedra. Una obra que retrata al sujeto creador humano, en el cual están inmersos todos ellos con sus imaginarios radicales. Esa oralidad produce conocimiento, produce episteme. Advertimos que al hacer un estudio de la oralidad no estamos rescatando la oralidad en sí, por el contrario, simplemente conocemos su episteme contenida y la presentamos en un soporte no oral. Por tanto, es imprescindible la valoración, conservación y reproducción de esta obra colectiva a través de la creación de actividades comunitarias e interfamiliares, en donde el diálogo íntimo cara a cara revitalice la oralidad. II. Como sociólogos, podemos reconstruir el imaginario social de dichas localidades, e identificar el formismo de los fenómenos allí presentes. De ese magma de significaciones imaginarias sociales, emerge una obra, la oralidad, referida a los fenómenos originados en mundos humanos y extrahumanos, siendo el terremoto y maremoto un fenómeno proveniente del mundo natural, de la naturaleza o mejor dicho, del polo negativo del macrocosmos. Negativo no en el sentido de “maldad”, sino simplemente del extremo receptor del flujo vibratorio del macrocosmos. No siendo éste una entidad, por el contrario, sino más bien Uniente, escenario en el cual los distintos sujetos creadores entran en juego interactuando y compartiendo esencias y existencias a través de actos fenoménicos.
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“Rescatando un Mareterremoto” Desde un punto de vista Formista (Maffesoli, Estética de la Cultura), la oralidad rescata la observación humana dada en imágenes a los distintos sujetos creadores, concatenándola en una forma racional finita que va transformándose en el tiempo. Los sujetos creadores identificados son: Mundo Cósmico, Mundo Animal, Mundo Etéreo, mundo humano y mundo simbólico. Es decir, en el imaginario social de la oralidad, existe una intencionalidad o actos concientes hacia cinco sujetos creadores de sus propios mundos, y cuya intención está construida por elementos alógicos y lógicos, creando imagen y sentido. Con respecto al mundo cósmico, éste se percibe de un modo distinto al que prima en la sociedad moderna. A diferencia de la idea de dominio hacia la naturaleza, en esta zona el sujeto creador humano se plantea en una relación empática, de respeto y aprecio hacia el cosmos, pues gracias a él se sustenta la vida en la Tierra. En el imaginario se le asigna al Cosmos un sentido o un rol protagónico en la vida humana, y se la define y se la describe como un Sujeto Creador Cósmico que reacciona no mecánicamente, sino bajo su propia voluntad, generando fenómenos que intervienen en el mundo humano. Por tanto, este sujeto creador cósmico crea y participa por medio de su representación en la Tierra: la naturaleza. Ante esto, el sujeto humano interactúa con todos los elementos constituyentes del macrocosmos para establecer un diálogo con la naturaleza y así cumplir ciertos objetivos. En este sentido, en Queule y Toltén la oralidad menciona prácticas sociales dirigidas a la adoración (celebración de San Sebastián), a una mayor producción (por ejemplo, las Fiestas de San Pedro, Patrono de los pescadores) y otras prácticas hacia la salvación, como el Nguillatún, realizado en Toltén y en Puerto Saavedra donde este incluyó un sacrificio humano, y los cantos y rezos colectivos cristianos en Puerto. III. Con respecto al evento en sí, la oralidad lo describe como un fenómeno proveniente del mundo cósmico, surge de la voluntad de la naturaleza, pero en respuesta a la conducta humana, bajo un principio dialógico. Es decir, no se considera, como lo hace la concepción moderna, al sujeto creador humano como dominante de la naturaleza, tampoco como impotente ante las fuerzas naturales devastadoras, sino que están bajo una interacción empática, recíproca y simbiótica, de mutuo beneficio, en el que tanto el sujeto creador humano como el sujeto creador cósmico son activos y pasivos a la vez en la interacción, es decir, tanto dan como reciben.
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“Rescatando un Mareterremoto” En referencia al fenómeno natural, esta obra colectiva humana nos describe de una forma muy intensa el impactante maremoto y terremoto de 1960, en el cual los temblores, las marejadas y las consecutivas réplicas sucedieron a través del tiempo. Eso nos da a entender que el Macrocosmos tuvo una descompensación vibratoria sobredimensionándose sus elementos constituyentes: Agua y Tierra, en detrimento del elemento Aire, Fuego y Éter. En palabras del universo simbólico de la cultura mapuche, inserto sobre todo en Toltén y en Puerto Saavedra, es la emergencia de Kay-Kay y Treng-Treng, las fuerzas del agua contra las fuerzas de la tierra en conflicto mutuo. Esta descompensación vibratoria pudo haberse originado, quizás, por una anterior sobredimensión de elementos constitutivos de la naturaleza como el Fuego. De ahí la creencia en que el maremoto y terremoto han sido consecuencia de los ensayos de bombas nucleares en el fondo del mar por parte de los países económicamente más poderosos del mundo. Así como el elemento Fuego pudo haber alterado el equilibrio por su alta actividad, también es posible que el elemento Éter haya alterado el equilibrio. Pero, a diferencia del Fuego, el desequilibrio se debió a la anulación de este elemento por parte del ser humano durante el siglo XX. Es decir, todo lo que corresponde a la espiritualidad, a los valores y al trabajo mental, fue dejado de lado y perdido por las sociedades humanas a nivel mundial; de ahí el desinterés por la naturaleza, la despreocupación por restringir a los agentes contaminantes, las constantes guerras a nivel mundial, y el desinterés por las prácticas sociales hacia lo sagrado o actos hierológicos. Como una forma de volver al equilibrio macrocósmico, la práctica social Nguillatún y sacrificio humano apuntan al elemento éter, fortaleciendo ese elemento a través de del diálogo negociante con los espíritus guardianes y la conversión y entrega de un ser humano puro en un ser espiritual. De esa manera, el elemento éter toma fuerza suficiente para contrarrestar el poder tanto de la Tierra como del Agua. IV. Ante el evento, los sentimientos humanos se diferenciaron radicalmente. Sentimientos positivos experimentaron los niños de ese entonces, haciéndose parte de un juego más en grande; contrastándose con el susto ante la aparición del fenómeno, el temor a perder la vida, el miedo a lo desconocido y a la tristeza por la pérdida material, moral y de seres queridos. Se reconoce también la capacidad humana de presentir el fenómeno, como lo ocurrido en Puerto Saavedra en donde se vieron señales claras la noche anterior cuando el mar se puso blanco. Otra capacidad humana es la de decretar, como la ocurrida en Isla Mocha, en donde el señor Ortiz anunciaba que habría un maremoto y terremoto justo en el día de su muerte, situación que realmente se produjo. 314
“Rescatando un Mareterremoto” Todavía hay en los habitantes esa sensación de incertidumbre ante la posible pérdida de todo un modo de vida, como también de miedo cuando hay temblores de pequeña magnitud. Y eso se percibe de mayor medida en Isla Mocha porque no se resuelven problemas básicos de aislamiento como el medio de transporte, de comunicación y de servicios de salud, alimentación y mantención de viviendas. V. El escenario que la oralidad percibe es muchas veces caótico. En efecto, las alteraciones geográficas hacían que cualquier posición fuera un lugar peligroso, pues si no era el mar, era el río, las grietas y los derrumbes de los cerros. Ante este descalabro macrocósmico, con pretensiones de acabar con la vida de muchos sujetos creadores, los distintos sujetos debieron comunicarse entre sí y alianzarse. Aparece entonces en la oralidad el sujeto creador humano, el sujeto creador animal y el sujeto creador etéreo. Cada uno de éstos debía proteger su propio mundo, pero sólo en comunión y asistencia mutua pudieron sobrevivir y rescatar el propio. VI. En el caso del sujeto animal, en el imaginario social éste fue el que más sucumbía a los designios de la muerte, pero eran lo bastante perceptivos como para guarecerse previamente a la manifestación del evento. Su actuación fue vital para la sobrevivencia de los humanos, tanto para alimentarse como para desarrollar valores. En efecto, la protección, el cuidado y la lealtad dada por algunos animales sorprendieron al mismo humano. El contacto cotidiano con los animales genera una mayor atención de sus reacciones, ya que éstos son más sensibles a la aparición de algún fenómeno. A pesar que la sobrevivencia humana dependió de la mortandad animal, en el imaginario se valoran actos en los cuales el humano se vuelve el protegido por el animal, situación que reconoce la interdependencia entre estos sujetos creadores. Es el caso de la niña que fue salvada por una vaca en Toltén, y el de una ballena que varó en el Budi y se transformó en alimento para los humanos. La socialidad humana-animal produce actos donde podemos identificar valores en los dos sujetos. La fidelidad, el compañerismo y la protección. También se interpreta la abundancia de peces y animales para la caza como reparación de la naturaleza hacia el daño ocasionado.
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“Rescatando un Mareterremoto” VII. En la oralidad, el mundo etéreo se manifestó previamente al evento, a través de fenómenos que escapan a la razón, pudiendo ser comprendidas por la imaginación. También intervino en medio del evento, generando situaciones que están lejos del pensamiento moderno, pero bien cerca del pensar transmoderno. Incluso hasta hoy se percibe esa existencia del sujeto creador etéreo, sobretodo en espacios que son connotados como espirituales para el humano. La oralidad se refiere a la relación con las fuerzas mentales constructivas y destructivas del mundo etéreo. Es Manquián como ser humano, quien tiene la opción de elegir qué tipo de relación quiere establecer con el espíritu del agua. Es por ello que hay dos versiones sobre la verdadera actitud de Manquián. Una versión da cuenta de un Manquián que no cree en la existencia del mundo etéreo, se burla y le falta el respeto al espíritu del agua. Éste reacciona convirtiéndolo en piedra para demostrarle su poder, y obligarlo a cumplir una misión que es cuidar el lugar. Mientras que la segunda versión, Manquián se enamora del espíritu del agua, llegando a fusionarse y cumplir la misión de cuidar el lugar. Habría entonces dos versiones de una misma historia, debido a las dos racionalidades existentes, de modo que una sería la versión original mapuche en la que Manquián, conocedor de la episteme o mapuche Kimvn, se enamora del espíritu femenino de las aguas, uniéndose a éste; y otra versión que se adapta a la racionalidad moderna, trata de transmitir otro mensaje, el cual es respetar este mapuchekimvn o episteme, y no negar el vínculo existente entre el mundo etéreo y el mundo humano, ya que éste puede castigarlo o enfrentarlo. Manquián, como ser humano preparado, se transforma en el guardián espiritual del mar, desde el enamoramiento o desde la negación, por ende, incluye al mapuche y al moderno. La historia de Manquián esta relacionada con el imaginario social de la oralidad en torno al maremoto de 1960 por la sencilla razón que alude al ser humano como responsable de sus actos y correspondientes consecuencias. El mundo etéreo puede influir en la vida humana, ya sea obstaculizando como también cuidando su destino, a través de señales o presencias lumínicas o sombrías. El mundo etéreo traspasa los planos espaciales modificando elementos del escenario, o también atravesando el tiempo para advertir al sujeto sobre sucesos futuros, tanto para obstruir como para liberar. Es el caso de la virgen de la gruta en Toltén, que amanece girada hacia el mar días antes del evento, o el de la carroza de oro que recorre los cerros de Puerto Saavedra con el objetivo de anunciar el maremoto según los informantes. También está el caso en Queule del diablo que sujeta a un ciclista, de caminos que aparecen y desaparecen, se abren y se cierran para guiar el rumbo de los sobrevivientes.
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“Rescatando un Mareterremoto” En medio de situaciones críticas, las fuerzas etéreas interceden con el fin de intensificar la crisis a través del miedo, como también socorrer en caso de peligro. En la cristiandad hay prácticas sociales para la comunicación con el mundo etéreo, tales como el rezo, las alabanzas y los cantos colectivos dirigidos a los Santos. También hay en la cultura mapuche prácticas sociales, como el Nguillatún, capaces de establecer un vínculo con otros planos mentales y así cooperar en la salvación mutua. Es así como hay respuesta positiva a la rogativa, formando dos cerros en medio del evento. Al estrechar el vínculo con el mundo etéreo, los fenómenos provenientes de ese mundo suelen visualizarse y asociarse con el mundo humano, sobretodo en lugares donde el humano los vincula con la espiritualidad. Es el caso del avistamiento de luces en el cementerio antiguo de Queule, y los espíritus que rondan el liceo de Puerto Saavedra. VIII. Y con respecto al sujeto creador humano, podemos referirnos a la creación de formaciones sociohistóricas y la creación de su mundo simbólico. Antes del evento, la vida social se desarrollaba en base a las actividades pesqueras artesanales, a la agricultura y a la ganadería. Para ello, se generaban ciertas prácticas sociales en torno a una mejor producción y al establecimiento de la moral cristiana. Eso produjo un crecimiento económico significativo para las localidades, un alejamiento progresivo de las costumbres mapuches, y un proceso de aculturación que asimilaba fácilmente las costumbres propias del mundo occidental moderno que se figuraba en lo chileno y lo europeo, en detrimento de lo mapuche. Por eso había una discriminación social sistemática hacia todo lo proveniente de la cultura mapuche, prohibiendo el mapudungun, los verdaderos nombres mapuche, etc. Las acciones individuales y colectivas nos revelan la intencionalidad, es decir, acciones concientes y con propósitos. Antes del fenómeno, se realizaban frecuentemente prácticas sociales de carácter religioso, nacionalista y comunitario. Sólo algunas se mantienen vigentes. Muchos recuerdan la fiesta tradicional chilena del 21 de mayo (celebración de las glorias navales) que se estaba efectuando precisamente en el día del fenómeno. En Isla Mocha, en tanto, era un día de luto porque el señor Ortiz había muerto, así que todos andaban en el funeral. Las imágenes de cómo los habitantes huyeron hacia los cerros mientras veían cómo el mar destruía el pueblo, siguen aún presentes en sus memorias con increíble nitidez. Edificios, casas, caminos, puentes, faros y puertos fueron destrozados, dejando a su paso la muerte de humanos y animales. Ante esto, la sociedad local realizó actos de solidaridad, prácticas sociales para la salvación, como también actos repudiados por la comunidad, tales como el robo. Sin embargo, ante las precarias condiciones de sobrevivencia, se legitimó tal acto, 317
“Rescatando un Mareterremoto” sobre todo para satisfacer el hambre. Se aumentó esta actitud antisocial por la ineficacia del gobierno de turno en la distribución equitativa de la ayuda, y que sólo se pudo contrarrestar con la presencia militar en el caso de Puerto Saavedra. Mientras que en Isla Mocha no se mencionan conductas antisociales como los robos efectuados en otras partes. En el imaginario social de la oralidad creada por los sujetos humanos están presentes las descripciones de las formas del fenómeno, las características descritas exponen el modo en que el pueblo quedó bajo las aguas y en medio de un cúmulo de cuerpos sin vida, lo cual dificultó su reconstrucción. Por fortuna Isla Mocha no tuvo que lamentar tantas muertes, pero sintió mucha desolación cuando una neblina la cubre por varios días, haciendo creer al resto de Chile que había desaparecido de la faz de la tierra. El gobierno otorgó los recursos suficientes para volver a construir los pueblos, eso si, a la altura de los cerros y diferenciándose de la zona dañada para mitigar el trauma. En Puerto Saavedra en cambio no hubo mayor apoyo, ya que las familias acaudaladas emigraron para establecerse e invertir su dinero en otras ciudades. En Isla Mocha el caso es bien singular, porque la misma naturaleza impide la urbanización de la Isla, y como si fuera poco, las autoridades no han tenido una política clara de desarrollo para la isla. Esto produjo, por una parte, una nueva formación sociohistórica, que se manifiesta explícitamente en Toltén. En efecto, este pueblo actualmente se denomina Nueva Toltén y corresponde a la reconstrucción del antiguo pueblo que ahora es denominado Toltén Viejo. En el discurso de los sujetos aparecen elementos que nos permiten afirmar que desde Nueva Toltén hay una disociación completa hacia Toltén Viejo, puesto que se hacen referencias a cómo no se ocupan los espacios urbanos antiguos, tampoco se realizan las prácticas sociales antes del maremoto, menos aún existe reconocimiento a las personas que fundaron instituciones importantes de Toltén Viejo. Se alude al pasado con añoranzas y nostalgia, se critican las fiestas sin sentido que se realizan en la actualidad y hay discursos que revelan resentimiento hacia el pueblo por la desvaloración del trabajo hecho por personas fundadoras de la antigua formación sociohistórica. Puerto Saavedra también añora sus momentos de esplendor, ya que actualmente sólo lleva el nombre de puerto. Se ha perdido la belleza y suntuosidad de las edificaciones de años pretéritos realizadas por familias adineradas, conservándose sólo sus ruinas. Se valora y se destaca la capacidad reconstructiva del mismo pueblo, de aquellas familias que a pesar de la catástrofe, siguen amando la zona debido a su bello entorno geográfico y su significación cultural.
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“Rescatando un Mareterremoto” Profundizando más la significación cultural, podemos apreciar que existe un discurso que tiene una valoración positiva del maremoto, pues si bien se destruyó una formación sociohistórica, pudo reafirmarse el universo simbólico del pueblo mapuche, diferenciándose un conjunto identitario particular, que denota una racionalidad mediante la cual se plantea de una forma distinta ante el sujeto creador natural. Este conjunto identitario explica el evento como una forma de corregir el modo de vida que estaba adquiriendo el mapuche. En efecto, la aculturación era una tendencia generalizada, siendo el maremoto la manifestación de un hecho que le da origen al pueblo mapuche: el conflicto entre Treng-Treng y Kay-Kay. Sólo mediante el reestablecimiento del equilibrio a través del Nguillatún pudo el mapuche recobrar su universo simbólico, que hasta ahora puede mantener con orgullo y así manifestar su sentido de pertenencia cultural, tanto a nivel local como regional, fortaleciendo su propia identidad. Esto se comparte tanto en Toltén, como en Puerto Saavedra, pero no así en Isla Mocha, ya que en ésta última la población mapuche fue desalojada para posteriormente ser ocupada por colonos chilenos en su mayoría. Producto de esto, Isla Mocha se caracteriza por tener un conjunto identitario central distinto al de las otras localidades investigadas, mucho más apegada al trabajo productivo industrial incipiente del pasado. La pesca aún se mantiene, la lobería se prohibió poco después del maremoto, y ahora sólo con el ecoturismo se ven posibilidades de desarrollo sustentable. IX. Ante la interacción del sujeto humano con los diferentes mundos, ya sea cósmico, etéreo y animal, éste rescata ciertas figuras y las enviste con significado, creando un mundo simbólico. Este mundo está compuesto, según el imaginario social de la oralidad, por objetos, lugares y personajes connotados de valor simbólico. En Toltén, los árboles han llegado a convertirse en monumentos naturales o iconos de la salvación de los sobrevivientes. Se han transformado en objetos sagrados, protegidos y conservados por todos, de generación en generación. Las cruces identifican lugares de salvación y de refugio en los cerros. Los cerros han sido connotados como lugares de salvación. Simbolizan el hecho del diálogo con el Cosmos, el poder de restauración del equilibrio, la importancia de la efectividad de la ceremonia y reafirmación del poder de la episteme mapuche o kimvn. Otros símbolos de índole social son los edificios públicos que sirvieron de refugio colectivo ante la emergencia, y espacios físicos que cumplieron una función especial en ese entonces como los cementerios. De manera personal, se revaloran objetos como un diploma que permitió la oportunidad de lograr un grado de reconocimiento en el campo laboral después del evento, y de una maleta con
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“Rescatando un Mareterremoto” naranjas que transforma una situación trágica en una anécdota inolvidable, por lo cual se mantiene como un recuerdo jocoso. Gracias a estos elementos simbólicos, se entretejen historias tanto personales como colectivas y que fluyen a través de la oralidad que las enriquece. Historias generadas tanto de las experiencias de los sobrevivientes como de la racionalidad a la cual se le atribuye cada conjunto de experiencias. Son relatos producto de experiencias concretas del maremoto, en las cuales se mencionan anécdotas, formas de sobrevivencia y salvación como también casos de muerte y desaparición; en combinación con las significaciones imaginarias sociales centrales de cada conjunto identitario. Las historias populares se dirigen más bien a la explicación del evento como también a la estreches del vínculo con sujetos creadores extrahumanos, mientras que las historias personales vincula a individuos y con su entorno más inmediato. La oralidad recrea el contexto sociohistórico, lo transmite y posibilita su reconstrucción social de la realidad, pues el receptor se vuelve emisor de las historias, agregándole su propio imaginario radical. También posibilita la producción de formas narrativas que trascienden la oralidad, es decir, la oralidad termina siendo insumo de un producto cultural. Es el caso de un diario de vida que es la producción literaria con la intención de inmortalizar la experiencia vivida. Esto nos muestra el valor que tiene para él su experiencia que marcó su vida y que lo lleva a escribir ese diario. También hay una producción audiovisual y la intención de escribir las experiencias en un libro. Por consiguiente, el sujeto creador humano, al momento de vivenciar el macrocosmos, transforma esa vivencia en información para la experiencia, información que le entrega las características del entorno y los sujetos creadores extrahumanos que coexisten en el conjunto, posibilitando una acción con un grado de intención ante cada sujeto, produciendo imágenes con sentido y figuras con significación. Estas imágenes con sentido y figuras con significación son elementos que componen un universo simbólico capaz de captar las esencias y existencias de los sujetos creadores extrahumanos a través de la cultura, es decir, del amar y del saber. Para concluir, debemos mencionar que producto del principio dialógico, el humano pudo a través de la práctica social Nguillatun, entablar un Acto Negociante con el Macrocosmos, (una traducción aproximada al castellano Nguillan podría ser “comprar”, y Tun es un prefijo que indica “un acto de”) con el fin de salvar vidas humanas. Ante esto, la naturaleza responde nuevamente, y producto del Nguillatún hace emerger de la tierra dos cerros en Toltén que fueron denominados Kay-kay y Treng-Treng. Experiencias similares ocurrieron en las cercanías de Puerto Saavedra, específicamente en Coy-Coy, en donde surgieron tres cerros que ahora son sagrados y está prohibido sembrar.
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“Rescatando un Mareterremoto” Podemos aseverar, entonces, que esta práctica social es propia del universo simbólico de la cultura mapuche, que ante la positiva respuesta de la naturaleza, logra reposicionarse en el mundo social y fortalecer su identidad. Por tanto, este evento reafirma su existencia, su relación empática con la naturaleza, y su núcleo mítico-ético-ontológico al denominar Kay-Kay y Treng-Treng a los cerros. A diferencia de otros universos simbólicos como el cristianismo que en la Oralidad no se percibe alguna práctica social en la cual se dialogue en comunidad con la naturaleza para la salvación humana. Pero sí se ruega a Dios con rezos y cantos colectivos como los realizados en Puerto Saavedra, tales prácticas van dirigidas a lograr la calma y la paz espiritual entre las personas. De todas las actividades religiosas, solo una se reconoce en la Oralidad como vigente, la ceremonia de San Sebastián. Se conserva porque en Puerto Saavedra se destruyó completamente la iglesia, quedando la estatua del Santo sin ningún rasguño, (sólo se quebró un dedo). Eso significa simbólicamente que el maremoto no pudo vencer a San Sebastián. De ahí que existe un movimiento renacentista mapuche y una mayor devoción a San Sebastián en particular, porque todas sus prácticas y símbolos referidos entregaron al ser humano herramientas para superar el desafío del maremoto y terremoto de 1960.
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“Rescatando un Mareterremoto” 4.8 Facilidades y dificultades para el trabajo de campo Una de las facilidades de este trabajo fue haber contado con el financiamiento de FONDART, pues esta investigación es un proyecto denominado “Rescatando un Mare-terremoto”, cuyo Ejecutor y Responsable es Luis Carvajal, y Humberto García y Galo Huichalaf, los co-ejecutores. El recurso tiempo fue significativo al ir a conocer la zona de Queule y Toltén, de Puerto Saavedra e Isla Mocha, y así entablar conversaciones para la entrevista. Importante es la labor de Luis Carvajal en todo lo que respecta a las entrevistas, pues posee los conocimientos suficientes, en cuanto a la zona costera de la región de la Araucanía y a la experiencia de haber sobrevivido en el evento de 1960, como para familiarizarse y llevar una conversación amena con los informantes. Luis Carvajal, poeta y cantautor, estimuló el diálogo recitando sus poemas y canciones acerca del evento, produciendo en los informantes una creación de imágenes tal que pudieron liberar sus imaginarios radicales y depositarlos en el flujo anónimo colectivo. Es loable mencionar que se pudo realizar un estudio tanto abstracto como concreto gracias a la complementariedad cognitiva y a la familiaridad con el arte y la cultura mapuche de los autores de esta investigación, y al apoyo académico de Mg. Berta Herrera de la Universidad de la Frontera. Las dificultades que encontramos fueron con respecto a la complejidad de realizar un estudio sociocultural, pues debemos abordar una variedad de aspectos y temas en los cuales aún existe una discusión epistémica y teórica en las ciencias sociales. Estos estudios sobre patrimonios intangibles merecen un nivel de comprensión tal que nos obliga a incorporar cada pensar, cada sentir, cada imagen que tenga el humano sobre el mundo. La ambición de responder a todos esos elementos nos pudo en parte haber jugado en contra.
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“Rescatando un Mareterremoto” V. CONCLUSIONES GENERALES
La sociología es una disciplina capaz de comprender los fenómenos sociales que suelen responder a las interacciones entre humanos. Lo que también nosotros hacemos notar es que mediante la misma sociología podemos comprender y explicar cómo el ser humano incluye en su imaginario la participación de sujetos creadores extrahumanos. Por ende, cuando incluye hay una acción con una cierta intencionalidad, sentido e imagen sobre el mundo uniente. Esto se aprecia en la socialidad, espacio heterónomo por el cual las personas socializan sentimientos ante fenómenos extrahumanos. Esa socialización los hace crear obras colectivas como la oralidad, en donde plasman el imaginario social de una determinada formación sociohistórica. En este estudio revaloramos el poder creativo del humano, capaz de construir socialidad como también sociedad. Ante un evento tan destructivo como lo fue el maremoto y terremoto de 1960, señalamos que los distintos conjuntos identitarios fueron afectados de forma diferente, diferenciando sus capacidades de construir socialidad y sociedad. El conjunto Identitario chileno, si bien tiene aún el poder político de construir una formación sociohistórica acorde con el modo de producción ITU, no es capaz de reestablecer la socialidad en esa formación, perdiendo identidad. Es decir, se reconstruyó físicamente, pero no siguió reproduciendo sus prácticas sociales religiosas específicamente. A diferencia del conjunto-identitario mapuche que ante el poder destructivo del evento, conserva y reafirma su identidad y capacidad de construir socialidad, enriqueciendo su universo simbólico. En términos de Castoriadis, Tanto Queule, Toltén, Puerto Saavedra e Isla Mocha, son sociedades locales que poseen tres propiedades. La primera es la diacrónica que se refiere a los hechos que marcan el proceso de formación social en el tiempo, siendo el maremoto de 1960 un hito que efectivamente establece un antes y un después para todos los habitantes. La segunda propiedad es la de Estado, es decir, si las racionalidades que operan en las explicaciones de la sucesión de hechos son heterónomas o autónomas, y aquí vemos que hay una mayor autonomía desde el universo simbólico Mapuche. Hay una mayor cantidad de elementos del kimvn mapuche para responder y otorgar sentido a los sucesos que van apareciendo en la historia. Y la tercera propiedad es la ensídica, referida a las posibilidades de recreación de las sociedades locales (ya identificados los sucesos y el sentido de éstos), aseverando que hay una mayor emergencia de un proceso de recreación sociocultural Mapuche, un retorno a su conjunto-identitario para reestablecer el origen del pueblo, su vínculo con el cosmos y su poder de salvación y renacimiento a través de la práctica del kimvn.
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“Rescatando un Mareterremoto” La cultura mapuche tiene una cosmovisión particular y compleja, distinta del paradigma general del mundo moderno. La religión es un ámbito que atraviesa todos los aspectos de la cultura mapuche, su estructura social y sus procesos sociales y culturales. La oralidad constituye un peculiar modo de conservar y transmitir el conocimiento. En la oralidad generada tras el terremoto y maremoto de 1960 existen diversos y amplios conocimientos que nos narran y revelan una realidad, la realidad de los lugareños que enfrentaron este trágico fenómeno natural. Además, las formas y simbologías que adopta este conocimiento nos revelan la esencia de la cultura local ya que aparecen en formas narrativas particulares, únicas y exclusivas de ella. Para las personas que comparten esta identidad, los conocimientos aludidos y las formas en que aparecen tienen un valor específico, una funcionalidad, un sentido. Por amplio tiempo, la cultura dominante ha marginado las culturas e identidades locales y con ello los conocimientos que éstas poseen, y les ha dado un tratamiento injusto calificándolo muchas veces como superstición. Hoy sabemos que esto constituye un modo particular de colonialismo denominado colonialismo del saber, y se denuncia el eurocentrismo con que la sociedad dominante ha actuado, a través de los estados-naciones y sus instituciones. La violencia epistémica, ataca los conocimientos y las formas en que este se reproduce, es decir, el modo de reproducción oral del conocimiento, ya que el sistema ITU invade los modos de vida y desestructura las culturas locales. La oralidad corre peligro, ya que, la sociedad actual moderna valora los conocimientos escritos y que se hayan producido científicamente, y desvaloriza, por el contrario, los conocimientos de la cultura popular que están en la oralidad. El sistema de educación formal ha marginado históricamente los conocimientos que están en esa oralidad. Tampoco ha habido hasta la fecha una política estatal satisfactoria en cuanto a patrimonio cultural. Tan sólo algunos programas de gobierno se han limitado a ofrecer fondos concursables para rescatar los conocimientos, pero administrando su modo de presentación y reproducción, o mejor dicho sometiéndolos a las reglas, normas y procedimientos burocráticos típicos y característicos de la modernidad. Es decir, mientras estén escritos y presentados en formatos modernos de reproducción del conocimiento (libro, texto, etc.), el proceso sociocultural de transmisión del conocimiento a través de la oralidad queda a su propia suerte, que es la misma suerte de toda forma cultural distinta a la modernidad.
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“Rescatando un Mareterremoto” Las culturas e identidades locales siguen viendo cómo el mundo moderno se viene encima, y con ello sus conocimientos y modos de producción del conocimiento se imponen. Los conocimientos y modos de producir conocimiento en éstas culturas continúan al margen. Por ende, es vital crear y posibilitar instancias de creación de la oralidad, en los ámbitos de la familia y la comunidad socioterritorial. Por eso, ésta ha sido una de nuestras motivaciones al investigar la oralidad generada en torno al mare-terremoto, y rescatar para nuestro modo de producir episteme las significaciones imaginarias sociales que yacen en la obra colectiva de la oralidad, siempre renovada y acorde a los contextos sociohistóricos.
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“Rescatando un Mareterremoto” VI. BIBLIOGRAFÍA
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