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El cultivo del mango con especial referencia a su producción en climas subtropicales y mediterráneos

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El cultivo del mango con especial referencia a su producción en climas subtropicales y mediterráneos Víctor Galán Saúco

vgalan46@gmail.com

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El cultivo del mango con especial referencia a su producción en climas subtropicales y mediterráneos Victor Galán Saúco Resumen El mango (Mangifera indica L.) es uno de los frutales tropicales de mayor importancia mundial, tanto por su amplia distribución como por su creciente producción y consumo. Aunque su cultivo se concentra principalmente en regiones tropicales, durante las últimas décadas ha experimentado un notable desarrollo en zonas subtropicales y mediterráneas. Este trabajo revisa los principales aspectos relacionados con el cultivo del mango en estas condiciones, con especial referencia a España, Israel, Sudáfrica y Australia. Se abordan las características botánicas y fenológicas de la especie, sus requerimientos climáticos y edáficos, la elección del emplazamiento, la propagación y el material vegetal, así como los sistemas de plantación, formación y poda. Se analizan también aspectos fundamentales del manejo del cultivo, como el riego y la fertilización, el control de la floración y otras prácticas culturales adaptadas a las particulares condiciones de los subtrópicos y de los climas mediterráneos. Finalmente, se describen los principales índices de madurez y las técnicas de recolección y manejo poscosecha. La adecuada adaptación de estas prácticas permite obtener producciones competitivas y fruta de elevada calidad destinada principalmente al consumo en fresco.

Índice 1. Introducción ...................................................................................................................................... 1 2. Historia y difusión del mango en el mundo ...................................................................................... 1 3. Importancia mundial del cultivo ....................................................................................................... 4 4. Importancia del cultivo en el Mediterráneo y en los subtrópicos .................................................... 4 5. Aspectos botánicos ........................................................................................................................... 5 6. Fenología del cultivo ......................................................................................................................... 8 7. Consideraciones climáticas ............................................................................................................... 9 8. Condiciones edáficas....................................................................................................................... 10 9. Propagación .................................................................................................................................... 10 10. Elección del emplazamiento ......................................................................................................... 11 11. Marcos de plantación y densidad ................................................................................................. 12 12. Formación y poda ......................................................................................................................... 13 13.Material vegetal ............................................................................................................................. 14 14. Riego y abonado ........................................................................................................................... 16 15. Control de la floración .................................................................................................................. 19 16. Otras prácticas culturales ............................................................................................................. 23 17. Índices y criterios de recolección .................................................................................................. 24

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18. Técnica de recolección .................................................................................................................. 26 18. Tratamiento hidrotérmico ............................................................................................................ 27 19. Maduración de la fruta ................................................................................................................. 28 20. Desórdenes fisiológicos y nutritivos que afectan a la calidad del fruto ....................................... 29 21. Plagas y enfermedades ................................................................................................................. 29

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons ReconocimientoNoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.01)


El cultivo del mango con especial referencia a su producción en climas subtropicales y mediterráneos

1. Introducción El mango (Mangifera indica L.) es indudablemente la especie de mayor importancia de la familia de las Anacardiáceas, tanto por su distribución mundial como por su impoeçrtancia commercial. La gran mayoría de las plantas pertenecientes a la familia del mango son especies tropicales y entre ellas cabe citar a las llamadas “ciruelas tropicales”, pertenecientes al género Spondias (S. dulcis Forst, S. mombin L. y S. purpurea L.) y a otros géneros como es el caso de la marula (Sclerocarya birrea spp caffra Sand), de uso común en los trópicos y particularmente para bebidas en Sudáfrica. Dentro de las Anacardiáceas se encuentran también dos frutales de gran consumo como frutos secos, el anacardo (Anacardium occidentale L.) y el pistacho (Pistacia vera L.). La especie se considera constituida por dos grupos ecogeógráficos distintos: mangos monoembriónicos en la zona más septentrional y subtropical de su área de origen (noreste de la India y zona vecina de Nyanmar) y mangos poliembriónicos en los trópicos cálidos y húmedos del sur y sudeste de Asia, siendo muy probable que la domesticación de esta especie haya sido realizada independientemente tanto en la India como en otras zonas del sudeste de Asia (Mukherjee y Litz, 2026). Los mangos llamados de tipo indio (de la India) son monoembriónicos y de ellos derivan la mayoría de los cultivares comerciales como ‘Kent’, ‘Keitt’, ‘Tommy Atkins’, ’Haden, ‘Osteen’, ‘Palmer’ e ‘Irwin’. Los mangos poliembriónicos se utilizan normalmente como patrones, aunque hay algunos cultivares importantes poliembriónicos, tales como por ejemplo ‘Ataulfo’ ‘Manila’, ‘Kensington’ o ‘Nan Doc Mai’. Según Litz (2015), los mangos poliembriónicos se adaptan mejor al clima cálido y húmedo del sudeste asiático indicando que esta adaptación está asociada a su alto nivel de tolerancia a la antracnosis causada por el hongo Coletotrichum gloesporoides (Penz.) Penz. & Sacc. Otra ventaja que presentan los cultivares originados en el sudeste de Asia que los hace de especial interés para el cultivo del mango es su capacidad de florecer con temperaturas invernales más elevadas y de mayor humedad, precisamente por haberse originado en zonas cálidas y húmedas, al contrario que otros cultivares de distinto origen que requieren una paralización del crecimiento por bajas temperaturas invernales y/o estrés hídrico para que se produzca la inducción floral. Esta característica les confiere un especial interés para su cultivo en los trópicos americanos que en los últimos años están registrando temperaturas invernales más elevadas que dificultan la inducción floral (Galán Saúco, 2022).

2. Historia y difusión del mango en el mundo Según Kosterman y Bompard (1993), el mango puede haberse originado en la zona comprendida entre Assam (India) y la antigua Birmania (hoy Nyanmar) donde aún existen poblaciones silvestres del género Mangifera, pero también puede ser nativo de las laderas bajas del Himalaya o incluso de zonas cercanas a Nepal o Butan. El mango se cultiva desde tiempos muy remotos como lo prueba el hecho de que en los libros de los Vedas, que son como las Sagradas Escrituras hindúes, redactadas entre el 2.000 y el 1.500 a. C., se hable del mango como planta de origen antiguo (Popenoe, 1920); de hecho, algunos botánicos estiman que esta planta fue domesticada por el hombre desde hace 6.000 años (Hill, 1952). La dispersión del mango por el subcontinente hindú y por el archipiélago malayo fue sin duda muy rápida; En cualquier caso, según Singh (1960), esta especie se encuentra ya en todos los países tropicales del Sudeste Asiático hacia los siglos IV-V tras haber sido distribuida por los monjes budistas. Si bien los árabes y fenicios parecen haber sido responsables de la llegada del mango al este de África e incluso a Madagascar hacia el S. X (De Laroussilhe, 1980), la dispersión del mango hacia otras zonas

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tropicales es muy lenta y llega de la mano de los marineros españoles y portugueses siguiendo dos rutas distintas. Así los españoles introdujeron los mangos desde Filipinas, a través del Océano Pacífico a los puertos comerciales del continente americano, ya en el S. XVI, según algunos autores (Velasco Cárdenas, 1974), o bien más probablemente hacia el S. XVII (Mata y Mosqueda et al., 1995). El nombre ‘Manila’ del cultivar tradicional mexicano es una clara indicación de este origen. Los portugueses, por contra, utilizaron la vía africana, llevando el mango incluso al sur de África en el S.XVI y a Brasil en 1700 (Popenoe, op. cit.). Pese a lo tardío de su introducción, el mango es hoy en día el fruto más apreciado en los países tropicales del continente americano donde se ha convertido, al igual que en su área de origen, en parte importante de la cultura de los distintos países donde se cultiva. Análogamente en el área francófona de África Occidental que abarca desde Benin en el Sur y Este hasta Senegal, Mali y Níger por el Norte y en este último país también en el Este, el mango, pese a su tardía introducción, hacia el S. XIX o XX, según países, se encuentra plenamente integrado en el paisaje y en la vida cotidiana. Su introducción en Australia se remonta al año 1860 (Kosterman y Bompard, 1993), llegando a Azores en 1865, a Madeira y Canarias a finales del S. XVIII (Galán Saúco, 1983) y a Israel hacia comienzos del S.XX (Homsky, 1997). La obtención en 1910 en Florida del excelente cultivar Haden (figura 1) por el Bureau of Plant Industry del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, a la que luego seguiría la de otros cultivares como ‘Tommy Atkins’, ‘Kent’, ‘Keitt’, ‘Irwin’, etc., marca, sin duda, el comienzo del desarrollo moderno de este cultivo en el mundo occidental (https://www.mango.org/es/mangovariety/haden/). De hecho, la introducción durante el S. XX de germoplasma de diversos lugares del mundo a Florida trajo como consecuencia la creación allí de lo que podría considerarse un centro secundario de diversidad para el mango con la obtención de un gran número de cultivares que no sólo han probado su adaptación para el cultivo comercial en numerosos países, sino que han servido de base a los programas de mejora de Israel, Sudáfrica y Australia.

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Figura 1. Mango Haden. Cortesía Noris Ledesma El nombre común de esta especie.mango en español (y también en inglés) y ‘manga’ en portugués deriva del término ‘Maanga’ con el que la gente Malayali (grupo etnolingüístico de los habitantes del estado de Kerala) modificó el nombre tamil ‘Maamkaay’ (Talurdek, 2022: Singh, op.cit.; Kosterman y Bompard, 1993; Galán Saúco, 2009). Es preciso resaltar que en Cuba y también en Canarias coexisten ambos términos, llamándose mangos en Canarias a los frutos de abundante fibra y mangas a los de escasa fibra (Galán Saúco y García Samarín, 1979). En realidad, se trata de la misma especie y de hecho en portugués la palabra manga agrupa tanto a los frutos con fibra como a los sin fibra y en inglés, al igual que en la casi totalidad de los países productores de mango en Latinoamérica solo se emplea el término mango para ambos.

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El origen de esta doble nomenclatura puede deberse a la doble vía de introducción de mangos en México, de una parte, por los españoles que, como se verá en el apartado dedicado a la difusión mundial de esta especie, llevaron el mango Manila en la Nao de China o Galeón de Manila desde Filipinas hasta Acapulco en el S. XVI o S. XVII y, de otra parte su llegada, posteriormente, en el S.XIX (Mosqueda Vázquez et al., 1996) a la costa este de dicho país procedente de Las Antillas, adonde había llegado desde Brasil vía la ruta seguida por los portugueses para la introducción del mango en América. No debe olvidarse que durante el tiempo de las grandes expediciones españolas y portuguesas el mundo, a efectos de exploración y conquista, había sido dividido en dos mitades por decisión papal (Tratado de Tordesillas en 1494), dejando la práctica totalidad del área de origen del mango a los portugueses. Sin embargo, la afirmación sobre su denoninación dependiendo de la presencia de fibra es discutible, ya que el cultivar Manila, mayormente cultivado en México y considerado idéntico al cultivar filipino Carabao (López -Valenzuela, Martínez y Paredes-López, 1997), presenta escasa fibra. De hecho, solo en Canarias esta diferencia entre mango y manga hace alusión a su contenido en fibra, mientras que en Cuba el término manga blanca hace referencia a una variedad con escasa pero existente fibra, mientras que por ejemplo el nombre de mango filipino hace referencia a una variedad prácticamente sin fibra. Es por ello que en este artículo utilizaremos siempre el término mango para referirnos a cualquier variedad de esta especie

3. Importancia mundial del cultivo El mango (Mangifera indica L.) es indudablemente la especie de mayor importancia de la familia de las Anacardiáceas por su distribución mundial e importancia de su producción y consumo. El mango se cultiva en plantaciones al aire libre en unos 100 países, tanto en los trópicos como en los subtrópicos, desde los 37º de latitud Norte en Sicilia hasta los 33º de latitud Sur en Sudáfrica (Galán Saúco, 2025), e incluso se produce bajo invernadero con calefacción en la isla japonesa de Hokkaido a los 41°21' – 45°33' de latitud Norte (Yonemoto, 2017). Es, además, el quinto fruto de consumo mundial y el tercero entre los tropicales, inmediatamente tras el plátano y la piña tropical, según las estadísticas de la FAO. Debido a una variedad de cultivares, diferentes condiciones climáticas y, también, al desarrollo de técnicas de cultivo que permiten la obtención de floraciones fuera de estación y al establecimiento de plantaciones a elevada densidad, es posible abastecer la creciente demanda del mercado mundial de esta especie durante todo el año. Pese a que el número de países productores de mango, en torno a 100 países, está estabilizado, y no parece que pueda aumentar, la producción de mangos ha crecido notablemente hasta alcanzar las 61,2 millones de toneladas en 2024 (https://www.fao.org/statistics/es). Aunque México, Tailandia, Brasil, Pakistán, Perú e India son los países líderes en exportación de esta fruta (Galán Saúco, 2025), el desarrollo del cultivo del mango en los subtrópicos y en los países de clima mediterráneo ha experimentado un gran avance desde mitad del siglo XX y tanto Israel, como Australia, Sudáfrica y España han puesto a punto, a través de la investigación, técnicas de cultivo adaptadas a sus particulares condiciones ambientales, especialmente en lo referente al control de la floración, el cultivo a gran densidad y el cultivo en invernadero a la par que han desarrollado nuevos cultivares de gran calidad comercial y elevado rendimiento.

4. Importancia del cultivo en el Mediterráneo y en los subtrópicos Al menos 18 países – España, Israel, Portugal, Australia, Argentina, China (Taiwán), Sudáfrica, Japón, Estados Unidos (Florida y California), Turquía e Italia, Egipto, India, Pakistán, Bangladés, Myanmar e incluso Brasil, - tienen producción comercial de mangos bien en su totalidad o, al menos, parte de ella, en regiones de clima subtropical o mediterráneo (Galán Saúco y Hormaza, 2026). A efectos

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prácticos, la información que se expondrá en este trabajo versará preferentemente sobre el cultivo del mango en cuatro de estos países, Israel, España, Sudáfrica y Australia que no solo poseen una importante área de cultivo en regiones subtropicales y/o mediterráneas, sino que, también, juegan un papel relevante en los mercados internacionales y, además, lideran la investigación sobre esta especie.

5. Aspectos botánicos La descripción botánica que se indica a continuación sigue, la realizada por Galán Saúco (2009), salvo indicación expresa con cita reseñada. El árbol de mango es una planta de hoja perenne que puede alcanzar en los trópicos hasta cuarenta metros de altura (figura 2), pero en los subtrópicos difícilmente supera los diez metros (figura 3). El árbol del mango presenta un tronco monopódico con un desarrollo de flujos rítmicos que produce una ramificación verticilar y subverticilar. La yema terminal floral inhibe el crecimiento vegetativo e induce el desarrollo de subunidades simpodiales de crecimiento. Su copa es compacta y su sistema radical, denso y vigoroso que, si no es perturbado por condiciones limitantes de suelo, posee una raíz principal pivotante y un sistema de raíces alimenticias superficiales, cuya concentración es máxima en los primeros 250 cm de suelo. En las plantaciones comerciales con árboles injertados, pueden desarrollarse varias raíces verticales drivadas de los diversos traumatismos sufridos durante la propagación en vivero. La madera del tronco es gruesa y rugosa con numerosas escamas presentando una corteza de color pardo-gris pálido, suave salvo en árboles estresados o envejecidos, en los que se presenta resquebrajada.

Figura 2. Árbol de mango en India

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Figura 3. Árbol de mangos en Islas Canarias Aunque la inflorescencia se describe por numerosos autores como una panícula (figura 4) es, en realidad, un tirso compuesto formado por un eje principal portando ejes secundarios ramificados en ejes terciarios –rara vez cuaternarios– o directamente en tres botones florales (Goguey, 1995), constituyendo un dicasio.

Figura 4. Inflorescencia

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La inflorescencia presenta tanto flores hermafroditas como masculinas cuya proporción varía según cultivares y condiciones ambientales, particularmente en función de la temperatura (figuras 5 y 6). Las flores del mango tienen 5-10 mm de diámetro con 5 sépalos pequeños y verdes y 5 pétalos pequeños de color variable, pero de tonos rojos, púrpura, verdes o amarillos. aunque raramente pueden presentar 4 ó 7 sépalos o pétalos. Sus prominentes discos nectarios de color amarillo sirven como atractivo para las Abejas. Ambos tipo de flores poseen un estambre fértil (rara vez dos) con un filamento de color blanco, una antera rosada, y cuatro estaminoides (sin anteras), aunque a veces faltan todos o parte de ellos. El ovario de las flores hermafroditas (inexistente o extremadamente reducido en las masculinas) es súpero, globoso, brillante y de color amarillo, presentando un estilo de inserción lateral de similar longitud que el estambre, curvado hacia arriba, liso y con un solo estigma.

Figura 5. Flor masculina. Cortesía Verónica Pérez Méndez

Figura 6. Flor hermafrodita. Cortesía Verónica Pérez Méndez www.bibliotecahorticultura.com

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El fruto del mango es una drupa grande y carnosa de grosor variable según cultivares y condiciones de cultivo y con un sabor que se extiende en una amplia gama desde trementina a dulce, pasando por diversos grados de acidez. El exocarpo es grueso y glanduloso, mientras que el endocarpo es grueso y fibroso. La forma del fruto varia desde redonda a ovoide, arriñonada y a veces aplanada lateralmente y su color puede ser verde, amarillo y con distintas tonalidades de rosa, rojo y violeta. Los frutos del mango pueden llegar a pesar hasta 2 kg, si bien la mayoría de los cultivares comerciales tienen un peso entre 400 y 600 gramos. La semilla del mango que puede contener uno o más embriones (véase introducción) y posee un mesocarpo comestible, fibroso o no (según cultivares), es ovoide, oblonga, alargada y se encuentra recubierta por un endocarpo fibroso. Posee una testa delgada y de consistencia como el papel. Generalmente todos los embriones de los mangos poliembriónicos son de origen nucelar y reproducen exactamente las características de la planta madre, pero en algunos casos uno de los embriones es sexual y los restantes nucelares, si bien estos últimos generalmente prevalecen sobre el embrión sexual.

6. Fenología del cultivo El mango es una especie ramificada en la que el crecimiento vegetativo y la fase reproductiva están separados en el tiempo para cada terminal, pero no para la totalidad de la copa. De hecho, la aparición de la floración paraliza el crecimiento vegetativo en cada terminal florecido, no renovándose el mismo en dicho terminal, al menos hasta después de la recolección o del corrimiento de la floración, pudiendo, sin embargo, continuar el crecimiento vegetativo en aquellos terminales en que no se haya producido la inducción floral. El crecimiento vegetativo se produce por flujos en cada terminal y está en relación directa con la temperatura, lo que explica que el número anual de flujos sea menor en los subtrópicos, pero depende también de la fase de desarrollo de la planta, siendo mayor en la fase juvenil, en la que aún no hay floración, que en la planta adulta, y del cultivar, no sólo por factores genéticos, sino también dependiendo de la época de producción, siendo obvio que los cultivares tempranos presentan un mayor número de flujos que los tardíos. En los árboles adultos el primer flujo tras el estrés invernal, o tras la aplicación de tratamientos con reguladores de crecimiento para favorecer la inducción floral es, normalmente, de flor. Debe destacarse que el intervalo entre diferenciación floral y emergencia de la panícula es mucho menor que en muchos frutales de hoja caduca, pudiendo ser tan corto como 29 días (Goguey, 1995). En el mango, como en otras muchas especies, la temperatura es el factor clave para la inducción floral. De hecho, en condiciones subtropicales, o de clima mediterráneo suave con inviernos de temperaturas nocturnas inferiores a 15ºC el fuerte estímulo inductor de floración hace que la práctica totalidad de los terminales e, incluso, en ocasiones, muchas yemas axilares entren en floración de forma simultánea y que igualmente se produzcan, tras la recolección sucesivos crecimientos vegetativos de forma uniforme en los terminales del mango que proporcionan al árbol un aspecto sincrónico (figura 7). Por contra, debido a la ausencia de bajas temperaturas en invierno, la edad del terminal es el factor determinante para la inducción floral en los trópicos. Otros factores tales como la posición del terminal, el vigor de la rama, la carga del año anterior, el estrés hídrico, la aplicación de nitratos), el uso de reguladores de crecimiento y el nivel de hormonas endógenas juegan también un papel en la floración del mango (Galán Saúco, 2022a; Luo et al, 2019). Al contrario que en muchas otras plantas el fotoperiodo no influye en la floración del mango (Núñez- Elisea y Davenport, 1995).

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Figura 7. Plena floración mango en los subtrópicos Según proponen Davenport et al. (2006); Davenport (2009) y Ramírez et al. (2010) el mecanismo de la iniciación floral puede explicarse por la existencia de dos promotores, uno floral (FP) y otro vegetativo (VP), este último muy relacionado con la edad del terminal. El promotor floral se sintetiza en las hojas durante la época de bajas temperaturas y se transloca a las yema a través del floema. El promotor vegetativo no está gobernado por la temperatura y se encuentra muy presente en las hojas jóvenes y con escasa presencia en las hojas maduras. Por ello cuando más viejos (maduros) los brotes más fácilmente se induce la floración a temperaturas bajas e incluso con temperaturas no tan bajas. La inducción de una yema a flor o a brotación vegetativa se cree que está gobernada prr la proporción de ambos promotores. No obstante, al margen de estas influencias inductoras, un adecuado equilibrio entre las fitohormonas reguladoras endógenas, auxinas en las hojas y citoquininas en las raíces, es clave para este proceso. Asímismo, para que se produzca la inducción floral es necesaria una adecuada presencia de fotoasimilados en la planta.

7. Consideraciones climáticas Pese a que el mango se adapta perfectamente a las condiciones climáticas de los trópicos y, de hecho, la mayoría de los países donde se cultiva el mango se encuentran en zona tropical las condiciones ideales de temperatura para el cultivo de esta especie. son muy similares a las existentes en los subtrópicos e incluso en regiones mediterráneas de inviernos suaves. Según expone Galán Saúco, (2009) estas condiciones son las siguientes: • • • •

Un invierno moderadamente frío (temperaturas mínimas entre 10º to 15ºC) para inducir la floración, Una primavera con temperaturas apropiadas (temperaturas mínima superiores a 15ºC) para favorecer el cuajado, Un verano y otoño cálidos (temperaturas entre 25 y 35ºC) para obtener un buen desarrollo del fruto y un buen crecimiento vegetativo tras la recolección Un clima con pequeñas diferencias entre temperaturas diurna y nocturna.

La presencia de heladas es un factor limitante para el cultivo del mango e incluso temperatruras menores de -4 ºC durante unas pocas horas pueden causar la muerte de plantas jóvenes de mango, aunque se ha indicado que los árboles adultos pueden sobrevivir a estas temperaturas, si bien se ha señalado que su muerte irreversible se produce a temperaturas de -6 ºC. Las temperaturas cercanas

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a 0ºC producen el quemado de los brotes tiernos y la clorosis del follaje puede producirse a temperaturas menores de 10 ºC o superiores a 40 ºC (Campbell et al., 1977). No obstante, el mango tolera temperaturas del orden de 48 to 50 ºC durante la fase de crecimiento y maduración del fruto siempre que esté adecuadamente abastecido de agua. A temperaturas inferiores a 15,6 ºC durante la floración se producen fenómenos de pobre crecimiento del tubo polñinico y aborto de embrión (Young and Sauls, 1979) y cuando estas se sitúan por debajo de 10 ºC la mayoría de las flores hermafroditas se tornan inviables y se deteriora el desarrolo del polen (Robbertse et al., 1998; Singh, 1960) e incluso a temperaturas cercanas a 5 ºC durante la inducción floral aumenta notablemnte la proporción de flores masculinas frente a las hermafroditas (Chaikiattiyos et al., 1997). Si bien se ha indicado por numerosos autores que el mango puede cultivarse con un mínimo de 700 mm (precipitación anual y/o riego) lo importante para este cultivo es su distribución a lo largo del año. Es particularmente importante la presencia de una estación seca en invierno para favorecer, en ausencia de temperaturas frías, la inducción floral en los trópicos. La ocurrencia de lluvias en floración dificulta la polinización e incluso cuando se producen en el periodo que abarca desde la floración hasta la recoleción no es buena para este cultivo, dado que favorece la incidencia de varias enfermedades, particularmente de antracnosis. La planta del mango se adapta a variaciones de humedad realtiva entre 40 % y 85 % (Whiley et al., 1988) y puede soportar largos periodos de sequía (Schaffer et al., 1994). Sin embargo, como en muchas otros frutales tropicales un estrés hídrico en el momento del cuajado o en la fase inicial de crecimiento del fruto puede resultar en una excesiva caida de fruta, un menor tamaño de los frutos y, conscuentemente, una notable reducción del rendimiento.

8. Condiciones edáficas Si bien el mango es, uno de frutales tropicales más adaptados a diversas condiciones de suelo, las condiciones ideales para mango indicadas por diversos autores son un pH entre 5,5 y 7,0, un buen drenaje, una textura limo arcillosa y una profundidad mínima de 1,20-1,50 m. Dada su rusticidad, el mango se cultiva con éxito en una amplia gam de texturas e incluso en suelos rocosos y cálcareos de 40 cm de profundidad en Florida o en terrazas de 80 cm de profundidad en las Islas Canarias (Galán Saúco, 2009). El mango también se cultiva en Israel en suelos calcáreos con un contenido de hasta un 38 % CaCO3 y en suelos muy arenosos con un escaso contenido en materia orgánica (0.3 %) y con una baja capacidad catiónica de cambio (CEC entre 7-13 mmol/100g de suelo) con una baja capacidad de retención de agua y con un pH tan alto como 8,7 siempre que se corrijan las deficiencias de cinc y hierro por medio de la aplicación de quelatos férricos y aspersiones foliares con sulfato de cinc (Kadman y Gazit, 1984). Pese a que valores de conductividad eléctrica mayores de 1,4 dS pueden causar problemas de salinidad al mango, existen patrones como 13-1 y Gomera 1 que pueden tolerar incluso valores más altos de conductividad eléctricas, cercanos incluso a 3,0 dS/m con riego por goteo y adecuados lavados. (Kadman et al., 1976; Galán Saúco et al.,1989).

9. Propagación Aunque el mango puede propagarse por diversos métodos tales como el enraizado por acodo o estaca, la propagación por injerto es el único sistema utilizado a escala comercial por los viveristas de todo el mundo. Los cultivares poliembriónicos, tales como Carabao, Manila, Kensington, etc., pueden propagarse también directamente por semilla, produciendo en la mayoría de los casos plantas idénticas a la planta madre, procedentes de embriones nucelares. Sin embargo, la garantía no es total ya que el embrión sexual es, en ocasiones, viable y, pese a que generalmente tiene menor vigor que los embriones nuclelares, no puede descartarse que un pequeño número de plantas

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provenga de este embrión y, por ello, sean distintas a la planta madre. Una ventaja adicional del injerto en este caso es la reducción de la fase juvenil ya que el propio efecto del injerto facilita una precoz entrada en fase productiva que es de particular interés en los trópicos. Por todo ello, para conseguir garantía varietal, máxima homogeneidad y rápida entrada en producción es obligado el injerto sobre patrón poliembriónico tanto en el caso de los cultivares monoembriónicos como en los poliembriónicos. Debe señalarse, no obstante, que el fuerte estímulo para la inducción floral que se produce en los climas mediterráneos y subtropicales debido a las bajas temperaturas invernales hace que las plantas de mango pùedan tener una floración muy precoz, incluso en vivero, que es preciso eliminar para evitar un prematuro envejecimiento del árbol (Galán Saúco, 2009). Como recomendación general para realizar con éxito una plantación de mangos es preciso adquirir solo plantas sanas, con largos entrenudos y de un vivero de calidad, libres de enfermedades con hojas maduras de color verde (los crecimientos recientes pueden no ser de color verde) y que no hayan estado mucho tiempo en bolsa para evitar problemas de deformación del sistema radical, desechando las que hayan florecidas en vivero.

10. Elección del emplazamiento Los principales condicionantes a considerar a la hora de elegir un emplazamiento adecuado para una plantación de mangos, al margen la disponibilidad de agua, bien de riego o de lluvia son las condiciones climáticasy las caracteríticas del suelo. Aunque lo ideal es un terreno plano, no siendo recommendable plantar en terrenos con pendientes muy fuertes para evitar la erosion, la plantación puede realizarse también en suelos con pendientes de hasta el 10%, plantando los árboles en pequeños montículos o trincheras para facilitar el manejo y mejorar el drenaje. En los suelos de mayor pendiente deben establecerse terrazas, lo que, sin duda, complica en gran manera las labores e incrementa el coste. Para facilitar el manejo de las plantaciones en ladera debe implantarse el riego por goteo. Aunque en las regiones tropicales y en las subtropicales sin incidencia de temperaturas extremas puede plantarse en cualquier época del año, con la única condición de disponer de agua de riego si fuera necesario, en climas estrictamente subtropicales o mediterráneos la plantación debe efectuarse preferentemente en primavera una vez que ya no exista el mínimo riesgo de heladaso temperaturas inferiores a 10 ºC. Para evitar problemas de elevada insolación y temperatura en el verano posterior a la plantación es recomendable pintarse los troncos y ramas muy expuestas con lechada de cal u otro producto protector adecuad. Las plantaciones de mango se establecen normalmente al aire libre, pero en algunas zonas de los subtrópicos el mango se cultiva también en invernaderos (figura 8) generalmente de malla o incluso de plástico. Pese a su elevado coste e impacto ambiental (visual) el cultivo en invernadero presenta una serie de características ya indicadas por Galán Saúco (2015), tales como: 1) 2) 3) 4) 5) 6) 7) 8)

Acortamiento del periodo juvenil Mayor duración de la fase de crecimiento vegetativo Protección frente a condiciones climáticas adversas (viento, granizo.). Aumento de la temperatura diurna Aumento de la superficie foliar Mejor control del riego y del estrés hídrico Disminución de daños en al epidermis del fruto y reducción del golpe de sol (‘sunburn’) Mejor control de varias plagas y enfermedades (mosca de la fruta, antracnosis, bacteriosis)

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Figura 8. Cultivo de mango en invernadero La mayoría de ellas, salvo el acortamiento de la fase juvenil, que obliga a la eliminación de la floración durante al menos los dos o tres primeros años dela plantación aportan unas claras ventajas para el cultivo del mango en los subtrópicos y climas mediterráneos de inviernos suaves, permitiendo entre otras ventajas un adelanto de la época de recolección y una menor tendencia a la alternancia en producción, una mayor calidad de fruta y una mayor facilidad para el cultivo orgánico.

11. Marcos de plantación y densidad Los marcos de plantación más comúmente usad en los subtrópicos y climas mediterránaoes son de 6x3 ó 6x4 m e incluso a 4x3 m. pero una clara tendencia en las nuevas plantaciones de mango es el aumento de la densidad de plantación. Las plantaciones a gran densidad requieren para su adecuado manejo la utilización de cultivares y patrones enanizantes o de poco vigor, mayor control de riego y fertilización y productos agroquímicos, una labor de poda, más frecuente y precisa y la aplicación de PBZ u otros reguladores de crecimiento (en los trópicos). Estas plantaciones conllevan una mayor eficacia (imputs/kg producido),una mejor utilización de recursos escasos (agua y tierra) y una mayor resistencia vientos de garn intensidad. El cultivo a gran densidad es más fácil de manejar en los subtrópicos y climas mediterráneos debido al reducido número de flujos vegetativos por año y la corta duración de los mismos debido a las menores temperaturas de primavera, otoño e invierno y a la regularidad de la floración, consequencia del fuerte estimulo para la inducción floral de las bajas temperaturas del invierno. De hecho se han establecido en diversos países plantaciones a 4x2 m e incluso a 3x1 m que, adecuadamente manejadas, han permitido la obtención de una más rápida entrada en producción y mayores rendimientos en los primeros años, pero estas densidades son muy difíciles de mantener

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unos pocos años tras la plantación por lo que lo recommendable para las modernos huertos de mango son plantaciones a 6x3m (555 pl/ha) en espaldera o palmeta incluso en setos tales como las que se han establecido en Australia en recientes años donde incluso se han obtenido buenos resultados con densidades tan altas como 4x2 m (1.250 pl/ha). En las plantaciones en invernadero en los subtrópicos y climas mediterráneos de inviernos suaves incluso son frecuentes mayores densidades de 2,5x2 m en formas dirigidas con alambres horzontales a alturas de 1,5, 2,0 y 2,5 m para acomodar las ramas laterales del mango sobre las que se produce la floración y la fructificación. (Anon.2017; Galán Saúco y Hormaza, 2026).

12. Formación y poda Las labores de formación y poda han sido descartas por numerosos investigadores, pero se describirán a continuación basadas en Galán Saúco (2022b) y Galan Saúco y Hormaza (2026). La poda de formación tiene como objetivo la obtención lo más rápidamente posible de una sólida estructura del árbol con numerosas ramas bien distribuidas a lo largo del tallo. Los sistemas más corrientes de poda se orientan a conseguir una forma de vaso o a una forma cónica, si bien en los casos de conducción en seto o para facilitar la poda con maquinaria mecánica la poda de formación se orienta a la obtención de formas cúbicas. Un caso especial que se comenta posteriormente es el de la conducción en formas dirigidas como espaldera o palmeta. La labor de formación se inicia, rebajando 20 cm. por debajo de un nudo, cuando la planta alcance 1 m de altura para a continuación eliminar todos los brotes dejando solo 3 – 4 bien espaciados preferentemente con un ángulo de inserción con el tallo principal de 30-45º. La labor de formación se continúa realizando continuos despuntes de los brotes maduros ligeramente por debajo del nudo terminal para favorecer la ramificación. Como regla general debe evitarse los despuntes en otoño invierno para evitar floración (subtrópicos) y ataques de bacterias y no despuntar los brotes débiles. Al final del tercer año tras la plantación o incluso después del tercer corte, si los árboles tienen ya una estructura adecuada pueden dejarse florecer, bien de forma natural, si existen temperaturas lo suficientemente frías para inducir la floración, o utilizando la inducción floral con reguladores de crecimiento, control de riego y aspersiones de nitratos. El último corte debe hacerse con tiempo suficiente para que la brotación esté madura a la llegada de las bajas temperaturas invernales inductoras de la floración. La poda fase adulta consiste en podar todos los terminales florecidos o no (siempre por debajo de un nudo) eliminando 2-3 flujos de diámetro inferior a 2,50 cm (≈0,5-0,75 m hacia atrás) producidos durante la última estación de crecimiento. Esta poda debe efectuar anualmente inmediatamente tras la cosecha para evitar podas más drásticas que puedan retrasar o incluso inhibir la floración del año siguiente y obtener flujos de crecimiento ya maduros en el momento de la llegada de las temperaturas invernales y favorecer así la floración. Es recomendable también realizar un aclareo de la copa para facilitar la entrada de la luz y eliminar los brotes verticales manteniendo árboles a una altura adecuada (≈3,5-4,5 m e incluso 2,5-3,5 m en los subtrópicos) Si se realiza la poda mecanizada es recomendable eliminar solo aquellas ramas con un diámetro inferior a 2,5 cm alrededor de toda la copa utilizando las sierras de poda con un ángulo de 25-30º con el objeto de obtener una forma del árbol lo más piramidal posible que permita la máxima intercepción lumínica. Debe eliminarse las ramas bajas, enfermas y ramas internas que obstaculicen la entrada de luz. En el caso de formación en espaldera con alambres a varias alturas la planta debe dejarse crecer hasta sobrepasar en unos 15 cm el primer alambre y luego todo igual que en el sistema convencional www.bibliotecahorticultura.com

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pero el primer corte que da lugar a las 3 ramas iniciales debe hacerse al menos 3 hojas con yemas axilares por encima del nudo terminal para elegir 3 ramas que se dirijan dos en sentido horizontal y una, la más vigorosa, hacia arriba para alcanzar el siguiente alambre, repitiéndose luego el proceso para alcanzar el tercer alambre. Los brotes laterales no deben atarse fuertemente al alambre y el brote vertical puede guiarse hacia arriba por medio de un hilo hasta alcanzar el siguiente alambre. Los brotes laterales deben cortarse cuando hayan crecido 15 cm para lograr brotes terciarios de los que el más vigoroso se ata de nuevo al alambre y los laterales, que eventualmente producirán las flores y posteriormente los frutos, se pinzan para reducir el vigor. La conducción en espaldera está siendo actualmente recomendada en Australia para las modernas plantaciones a gran densidad (Anon., 2017; Galán Saúco y Bally, 2026). Este sistema se adapta bien al cultivo en invernadero en las plantaciones en emplazamientos subtropicales a un marco de plantación de 2,5 x 2.0 m con 3 alambres horizontales a 1,00, 1,80 y 2,50 m de altura. Las plantaciones modernas de mango y especialmente las efectuadas a gran densidad requieren una cuidadosa labor de formación y poda desde el inicio la plantación y, bajo condiciones subtropicales y mediterráneas es necesario realizar el control de la floración, ya que las bajas temperaturas invernales pueden hacer que se produzca la floración de las plantas injertadas incluso en vivero, floración que debe ser evitada o eliminada para que no se produzca el debilitamiento y prematuro envejecimiento de la planta. Aunque esta floración pueda evitarse por medio de aspersiones de ácido giberélico en invierno, lo más recomendable es la poda manual inmediatamente por debajo del nudo terminal cuando los frutos alcancen el tamaño de un guisante (Galán Saúco, 2009) lo que coincide con el estado 701 de la escala BBCH para le mango (Hernández Delgado et al., 2011).

13.Material vegetal El mango se cultiva comercialmente usando plantas de distintos cultivares injertadas sobre distintos patrones, si bien hay algunas excepciones tales como el caso del cultivar poliembriónico ‘Kensington Pride, principal variedad cultivada en Australia que, en ocasiones se cultiva procedente de Semilla (ver apartado de propagación). Las principales conclusiones que se extraen del informe realizado por Galán Saúco (2016) para el Mango National Board son la siguientes: 1.

2.

3. 4.

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En la práctica totalidad de los casos, se escogen los patrones en función de la disponibilidad de semillas, sin prestar especial atención a los beneficios para el cultivar que se va a injertar sobre ellas. Generalmente se trata de patrones poliembriónicos procedentes de plantas locales bien adaptadas al medio introducidas en esas áreas desde el principio del cultivo del mango en el país. Normalmente se utiliza el mismo patrón para todos los cultivares El patron israelita 13-1 (figura 9) se usa en muchos lugares de los subtrópicos y áreas mediterráneas, particularmente en países con problemas de salinidad, aunque los patrones Gomera 1(figura10) y Gomera 3 de las Islas Canarias se utilizan mayormente en España y Portugal.

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Figura 9. Patrón 13-1

Figura 10. Patrón Gomera 1 Según un reciente estudio de producción y mercado (Galán Saúco,2025) los cultivares de Florida ‘Tommy Atkins’, ‘Kent’, ‘Keitt’ y a menor escala ‘Palmer’, ‘Haden’, ‘Edwards’ o ‘Irwin’ dominan el mercado mundial de exportación del mango, particularmente en Estados Unidos (USA), y en la Unión Europea (UE). Debe destacarse, no obstante que ‘Tommy Atkins’ es cada vez más rechazado por los consumidores de la UE (no tanto en USA) que prefieren mayormente el cultivar Kent (figura11). En el mercado USA la oferta queda reducida a estos cultivares más ‘Ataulfo’ de México y ‘Madame Francis’ de ‘Haití’ al que se suman recientemente algunas introducciones de Australia como es el caso del cultivar ‘Calypso’. La oferta es mayor en el mercado de la Unión Europea que incluye además de los mencionados cultivares de Florida a varios cultivares israelitas, entre otros ‘Maya’, ‘Aya’, ‘Omer’, ‘Shelly’ y ‘Kastury’. Otros cultivares de menor color, pero con diferentes características organolépticas como ‘Alphonso’, ‘Chausa’ y ‘Sindhri’ procedentes de India y Pakistán son objeto de exportación particularmente al mercado del Reino Unido. Los cultivares ‘Amelie’, de temprana estación y procedente de Costa de Marfil o Mali y ‘Valencia Pride’, originario de Florida, también producido en varios países africanos se encuentran presentes en el mercado de la Unión Europea pero pierden interés en el mercado cuando comienzan a llegar frutos de ‘Kent’ procedentes de Perú.

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La oferta en Europa se completa con varios cultivares como ‘Osteen (figura 12), también de Florida, procedente de España, frutos selectos de ’Carabao’ de Filipinas, o el dulce fruto del cultivar tailandés ‘Nan Dok Mai’. El cultivar Mingolo de la República Dominicana y el mango de azúcar de Colombia van tomando también importancia con buenas perspectivas en la UE, USA y Canadá.

Figura 11. Mango Kent

Figura 12. Mango Osteen

14. Riego y abonado Pese a su relativa tolerancia de esta especie a la sequía en los climas subtropicales y mediterráneanos es necesario, el riego, al menos durante varios meses del año, para conseguir una buena productividad. Ello es evidente si tenemos en cuenta, por ejemplo, las precipitaciones anuales de la costa mediterránea de España (ca. 400 mm) o de Israel en torno a 350 mm (Levin et al., 2018) donde se cultiva el mango, claramente inferiores a las del orden de 12.000 m3 ha-1 año -1anuales requeridas para obtener un buen rendimiento en esta especie (varios autores citados por Galán Saúco, 2009). Es por ello, que resultaría necesaria la aportación por medio de riego de, ca. 6.0007.000 m3 ha-1 año -1, aunque normalmente solo se aporten menores cantidades, por ejemplo, en España del orden de 5.000 m3 ha-1año -1 (Durán Zuazo et al., 2021). Generalmente el riego se suprime en estos climas, durante los meses de invierno hasta el comienzo de la primavera. La microaspersión y el riego por goteo son los sistemas de riego más empleado para el cultivo del mango.

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Como en muchos otros frutales la demanda en nutrientes del mango depende de varios factores tales como las características genéticas del material vegetal (patrón y cultivar), tipo de suelo, clima, pérdidas por lixiviación, sistema de riego, calidad del agua de riego, estado sanitario de la planta, fase fenológica y cosecha esperada. La determinación de los efectos de diferentes nutrientes sobre la producción y calidad de la fruta de mango no es un tema sencillo debido a la interacción de diferentes parámetros (i.e. tipo y pH del suelo, material vegetal, calidad del agua, factores climáticos, tipo y dosis de fertilizante etc) que juegan un papel en el resultado final de cualquier experimento sobre abonado del mango. De ahí que las recomendaciones sobre abonado deban hacerse necesariamente para cada plantación particular y que, en consecuencia, la determinación de las necesidades de nutrientes del mango de cara a la obtención de rendimientos económicos resulte un difícil pero muy importante reto. Un estudio detallado de la influencia de distintos nutrientes sobre el cultivo del mango puede, no obstante, verse en Galán Saúco (2020). Pese a que un análisis de suelo no indica la cantidad del mismo que puede ser absorbido por la planta, el establecimiento de un programa de abonado para una plantación de mango debe comenzar por un análisis de suelo previo a la plantación que nos indique, sus características físico-químicas, tales como su contenido en nutrientes y en materia orgánica, su pH y la textura del suelo donde se va a establecer la plantación. Posteriormente a este análisis inicial recomendable realizar anualmente análisis de suelo que permita conocer la evolución del contenido de nutrientes y, determinar juntamente con los análisis foliares las dosis de fertilizantes a aplicar. Un indicativo de los valores considerados apropiados para un suelo destinado al cultivo del mango puede verse en la tabla 1que señala los valores dados en Australia por el Queensland Department of Agriculture and Fisheries. Tabla 1. Valores apropiados para un suelo destinado a la plantación de mangos (QDAF, 2015). pH C Orgánico CE N P K Ca Mg S Na Cl B Zn Mn Fe Cu Cambio catiónico % Na %K % Ca % Mg

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5,5-7,0 1-2% <0,2 (dSm) <10 mg/kg 60-80 mg/kg 0,25-0,40 meq/100g 3-5 meq/100g 0,75-1,25 meq/100g >12 mg/kg <1,0 meq/100g <2,50 mg/kg 1-2 mg/kg 2-15 mg/kg 4-50 mg/kg 4-100 mg/kg 0,3-10 mg/kg ≈5 >1% 5% 65-80 % 15-20 %

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Durante los primeros años de una plantación de mango, la fertilización se hace generalmente por medio de un programa basado en el análisis de suelo previo a la plantación o en la propia experiencia en la zona o también en base a programas generales de abonado establecidos para el mango en zonas similares de cultivo. Una vez que los árboles comienzan a producir, el programa de fertilización se debe basar en los análisis foliares que permiten comparar el contenido foliar en nutrientes con valores estándares previamente establecidos tales como los indicados en la tabla 2. Tabla 2. Rango de valores del contenido foliar de nutrientes (deficientes, apropiados o excesivos) para el mango (Quaggio, 1996) Nutriente

Deficiente (1)

Apropiado (2)

Exceso (3)

N (%)

< 0,8

1,2-1,4

> 1.6

P (%)

< 0,05

0.08-0,16

> 0,25

K (%)

< 0,25

0,5-1,0

> 1,2

Ca (%)

< 1,5 (*)

2,0-3,5

> 5,0

Mg (%)

< 0,1

0,25-0,5

> 0,8

S (%) B (ppm)

<0,05 < 10

0,08-0,18 50-100

> 0,25 > 150

Zn (ppm) Mn (ppm) Fe (ppm)

< 10 < 10 < 15

20-40 50-100 50-200

> 100 No determinado No determinado

Cu (ppm)

<5

10-50

No determinado

Cl (ppm)

No determinado

100-900

1.600

(1) Con valores inferiores se han indicado síntomas de deficiencia y/o desórdenes fisiológicos. (2) Valores recogidos de huertos sanos y con buenos rendimientos y fruta con buena calidad. (3) Valores indicados en cases de toxicidad observada o potencial. (*) Sin síntomas de deficiencia, pero con frutos de mala calidad. Dado que la concentración de nutrientes en hoja varía según factores tales como la edad, posición en la rama, orientación, etc., los diversos estudios realizados difieren ligeramente entre ellos. Sin embargo, coinciden en una serie de recomendaciones que señalamos a continuación (Galán Saúco, 2009): Dado que la concentración de nutrientes en hoja varía según factores tales como la edad, posición en la rama, orientación, etc., los diversos estudios realizados difieren ligeramente entre ellos. Sin embargo, coinciden en una serie de recomendaciones que señalamos a continuación (Galán Saúco, 2009): Las hojas para el muestreo deben tener una edad de 6-7 meses (brotación más joven madura) y provenir de la zona media de brotes no fructíferos. Se debe elegir hojas uniformemente distribuidas entre las diversas partes de la copa. Normalmente se toma del orden de 20-30 hojas en árboles adultos, aunque en árboles jóvenes (4-5 años) pueden bastar 3-4 hojas. Nunca debe elegirse para la

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toma de hojas brotes enfermos y debe evitarse también los no representativos por estar, por ejemplo, en fase fenológica distinta del resto de la copa Es recomendable que los análisis foliares anuales se hagan siempre en la misma fase fenológica, siendo lo usual que estos se realicen en climas subtropicales y mediterráneos a partir de las hojas madurase del flujo del verano tras la recolección, lo que coincide, a grandes rasgos con los meses de noviembre-diciembre en el hemisferio Norte.

15. Control de la floración El control de la floración tiene un objetivo claramente diferente en los trópicos que fuera de ellos. Mientras que en los trópicos la falta de estímulo invernal para la inducción floral por bajas temperaturas obliga a paralizar el crecimiento por medio de reguladores de crecimiento, las bajas temperaturas invernales hacen innecesario su uso en los subtrópicos y climas mediterráneos. Aunque no detallaremos el proceso en su totalidad, centrándonos más en el control de la floración en los subtrópicos, para conseguir una buena floración en los trópicos es necesario sincronizar toda la copa, evitando fenómenos de erratismo, para lo cual deben realizarse los siguientes pasos: 1. Promover rápido crecimiento vegetativo tras cosecha por medio de la poda anual, seguida de fertilización con nitratos y riego para estimular la brotación de un primer crecimiento. 2. Posteriormente paralizar el crecimiento restringiendo el riego y la aplicación de fertilizantes, especialmente los que contengan nitrógeno. 3. Aplicación de reguladores de crecimiento como paclobutrazol o prohexadiona de calcio. 4. Promover una buena maduración de brotes por medio de la aplicación de bioestimulantes, sulfato de potasio y etefón. 5. Promover floración, por medio de la aplicación de nitratos, unos 90 días tras la aplicación de paclobutrazol. Una mayor profundización en el conocimiento y control de la floración en los trópicos puede encontrarse entre otras en las siguientes referencias: Albuquerque et al., (2002); Pérez-Barraza et al., (2016) y Galán Saúco, (2009). El control de la floración en los subtrópicos y en climas mediterráneos de inviernos suaves es diferente porque las bajas temperaturas invernales permiten la emisión de una segunda floración en la base del nudo terminal o en las axilas de las hojas adyacentes a comienzos de primavera (figura 13) una vez que la floración terminal producida no haya cuajado o haya sido eliminada. El estímulo para inducir la floración en estos climas es tan fuerte que las plantas de mango injertadas pueden florecer incluso en vivero (figura14) lo que, como ya se indicó, caso de no eliminarse puede conducir a un rápido envejecimiento del árbol. Es por ello, que deben implementarse técnicas de cultivo apropiadas para el control de la floración distintas a las empleadas en los trópicos que, siguiendo a Galán Saúco (2009 y 2017) se detallan a continuación:

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Figura 13. Segunda floración tras eliminación de la floración terminal

Figura 14. Floración en vivero

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Para evitar la floración en vivero, este debe establecerse este en un emplazamiento con temperaturas mínimas superiores a los 15 ºC o incluso 20 ºC o dotarlo de calefacción. Caso contrario, debe asperjarse mensualmente desde comienzos del invierno las plantas injertadas hasta al menos el comienzo de la primavera con ácido giberélico (GA3) a la dosis de 50 ppm o proceder a la eliminación manual de las flores que eventualmente aparecieran. Para evitar la floración durante los tres primeros años de la plantación puede aplicarse ácido giberélico como en vivero o eliminar la floración, bien de forma manual o por medios químicos. Es preciso indicar que si la aplicación de giberelinas se hace una vez producida la inducción floral, puede de hecho estimular la floración (Oosthuyse, 1995), mientras que si se aplica repetidas veces durante el invierno más allá del período de estrés por bajas temperaturas es posible que sólo se produzcan brotes vegetativos y se pierda la floración (Kachru et al., 1971).En el caso de eliminación manual debe esperarse a que los frutos hayan alcanzado el tamaño de un guisante (estado 701 de la escala BBCH según Hernández Delgado et al., 2011) procediendo a la eliminación de las panículas siempre inmediatamente por debajo del nudo terminal (figura 15). Una alternativa consiste en plantar en campo los patrones injertando a los 1-2 años consiguiendo así un desarrollo vigoroso y un retraso de la floración hasta el 3º-4º año (Galán Saúco y Fernández Galván, 1987). Su principal inconveniente radica en la necesidad de disponer de mano de obra especializada en injerto en campo y como ventaja el menor coste inicial de la planta, lo que puede ser interesante para las plantaciones a mayor densidad.

Figura 15. Corte de la panícula por debajo de un nudo terminal para evitar una segunda floración

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La eliminación o retraso de la floración terminal para obtener una segunda floración con temperaturas adecuadas para el cuajado en la fase adulta, evitando así la producción de mangos con embrión abortado -llamados mangos niños en México- (figura 16), debe realizarse especialmente para los cultivares monoembriónocos, aunque, sin embargo, este retraso en la floración y el consiguiente retraso de la recolección puede resultar negativo para los cultivares semi-tardíos y tardíos que tendrían menor tiempo para la emisión de nuevo crecimiento vegetativo tras la recolección lo que derivaría, sobre todo en emplazamientos más fríos. en comportamientos alternantes, que, como se expone más abajo, puede incluso ser beneficioso desde el punto de vista económico, al menos para el cultivar Keitt. En condiciones subtropicales la floración terminal debe eliminarse hasta el comienzo de la primavera y no más tarde, ya que es preciso que aun existan temperaturas lo suficientemente bajas como para conseguir la inducción floral. evitando o disminuyendo así considerablemente la producción de frutos abortados.

Figura 16. Aborto de embrión Para lograr que la floración del mango en fase adulta coincida con las temperaturas óptimas para un buen cuajado puede aplicarse diversas técnicas de cultivo que van desde impedir la aparición de la misma hasta la destrucción manual, natural o química de la floración terminal y que se detallan a continuación. Para evitar la producción de la floración terminal en invierno puede aplicarse ácido giberélico como ya se indicó para evitar la floración en vivero o en los tres primeros años. También puede acudirse tal como se ha indicado en experiencias llevadas a cabo en el cultivar Cogshall en la isla de La Reunión a la eliminación de los jóvenes brotes vegetativos tiernos, lo que conduce a un retraso de la floración y, por ende, a un retraso en la época de la cosecha (Jannoyer y Lauri, 2006). Resultados similares en cuanto al retraso en la floración se ha obtenido en diversos cultivares en Málaga (España) tras el despunte, realizado con machete, de brotes terminales (15- 25cm). Sin embargo, los resultados obtenidos en cuanto a rendimiento variaron según cultivares (Torres et al., 2009), lo que pone de manifiesto la necesidad de realizar ensayos en cada emplazamiento y cultivar antes de recomendar estas prácticas

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Una técnica de cultivo desarrollada en Málaga, España para cultivares tardíos o semitardíos (Hermoso González et al., 2018) consiste en la poda total o parcial con machete de todos los terminales en la primavera siguiente al año de mayor rendimiento (año en ON) lo que produce un fuerte crecimiento vegetativo en toda la copa en el año en OFF y conduce a la obtención de una buena floración el siguiente año (de nuevo año ON) que produce un buen cuajado y, en el caso del cultivar Keitt frutos de menor tamaño, más coloreados y mejor aceptados por el mercado. Un adecuado manejo de esta técnica permite que, con un diseño apropiado del sistema de riego y abonado, la mitad de los árboles de una plantación estén en producción un año y la otra mitad al siguiente año. La destrucción de la primera floración puede lograrse por medios químicos habiéndose aplicado en el momento de plena floración en distintos países diversos productos tales como ethrel (800-1600 ppm), cyclohexamida (0,25g/l), dinoseb (0,5ml/l), pentachlorofenol (5,0g/l) o cianamida de hidrógeno (0,4 – 0,75 %), pero, en parte porque alguno de estos productos está prohibido su uso con este fin en varios países y también por la relativa facilidad de eliminar esta floración manualmente dado el menor tamaño de los árboles en climas subtopicales y mediterráneos se recomienda la eliminación manual. La eliminación manual de la floración terminal orientada a obtener una segunda floración basal y /o axilar debe realizarse cortando inmediatamente por encima del nudo terminal y tan pronto alcance la inflorescencia el estado de flor abierta (estado 615 de la escala BBCH, según Hernández Delgado et al., 2011). En el caso poco probable de que en el momento de eliminación de la primera floración existan también brotaciones vegetativas, sería deseable también su eliminación por el beneficioso efecto de disminuir el efecto del inhibidor floral producido en las hojas La destrucción de la floración terminal también puede ocurrir de forma natural. De hecho, en las condiciones subtropicales de bajas temperaturas invernales donde florecen casi todos los terminales de forma simultánea, sin brotación vegetativa concurrente, aunque la la práctica habitual es la eliminación manual de la floración se ha recomendado en determinados emplazamientos de Canarias dejar que se produzca el ataque de oidio, lo que ocurre de forma natural, para que se destruya la floración terminal de forma espontánea y sin costo ni daño para las plantas, procediéndose luego al tratamiento químico de la segunda floración. Esta recomendación sólo es útil en aquellos casos en que el árbol se comporte de forma sincrónica, por lo que no se recomienda para emplazamientos de clima tropical. De forma general puede decirse que, dado el lento crecimiento delos árboles de mango en climas subtropicales o mediterráneos las labores de poda y control de floración pueden ser manejadas de forma eficiente al menos durante 15-20 años, pasados los cuales es recomendable iniciar una nueva plantación.

16. Otras prácticas culturales Los cultivos de cobertera están en desuso en las plantaciones modernas en los subtrópicos, pero pueden resultar beneficiosos para mejorar la estructura del suelo, controlar las malas hierbas, aumentar el contenido de materia orgánica e incluso, caso de las leguminosas, para contribuir a la fijación del nitrógeno. Su utilización también puede reducir las labores mecánicas del suelo. La utilización de cultivos asociados en los primeros años de la plantación tampoco es práctica habitual en los subtrópicos, sin duda dado la elevada densidad de plantación que hoy se recomienda para esta especie. Las labores de eliminación de malas hierbas en el cultivo del mango no difieren de las utilizadas para otros frutales, estando limitado el uso de herbicidas a la legislación vigente sobre productos químicos en cada país.

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El aclareo de frutos puede ser útil para algunos cultivares que producen muchos frutos en cada inflorescencia (‘Sensation’ y ‘Lippens’ o ’Mulgoba’, entre otros) ya que, cuando se produce un excesivo cuajado, especialmente si cuajan varios frutos enla misma panícula, se producen frutos de pequeño tamaño que tienen peor venta en los mercados. Caso de aplicarse el aclareo debe realizarse en el momento en que puedan distinguirse los frutos cuajados de los abortados (estado 703 de la escala BBCH, según Hernández Delgado et al., 2011), momento en que la caída de frutos ha prácticamente acabado (figura 17). En cuanto a la intensidad del aclareo se ha recomendado en Sudáfrica para el cultivar Sensation (Oosthuyse y Jacobs, 1997) la eliminación uniformemente sobre la copa del 25% de las inflorescencias, conservando el fruto más grande en el restante 75%.

Figura 17. Estado 703 de la escala BBCH Se han utilizado con éxito en los trópicos aplicaciones de algas marinas (A. nodosum), aminoácidos y citoquininas para mejorar la diferenciación floral, rendimientos y calidad dela fruta (Cavalcante et al., 2025) pero su uso en los subtrópicos donde se obtiene una buena floración sin recurrir al uso de biorreguladoras o bioestimulantes no parece de especial interés.

17. Índices y criterios de recolección Los principales criterios que se han utilizado y aún se utilizan en diferentes lugares del mundo para determinar la maduración y punto de recolección de los mangos, siguiendo a Galán Saúco (2009), salvo cita expresa son los siguientes: 1. Número de días hasta la floración La edad del fruto es uno de los métodos más simples para determinar la madurez de los mangos. De hecho, se ha utilizado y todavía se emplea en muchos lugares del Sudeste de Asia. Así, en Filipinas se ha señalado que los mangos del cultivar Carabao no deben recogerse nunca antes de los 81 días tras la plena floración (Bergonia et al., 1975), miemtras que en México se estima entre 93 y 115 días según cultivares y zonas de producción . Es evidente que este criterio es variable según el cultivar y el

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emplazamiento y que sólo puede tener utilidad en lugares con condiciones climáticas prácticamente idénticas año tras año, y donde éstas conduzcan a una floración homogénea. 2.

Densidad

Los investigadores hindúes señalan como más apropiado para el cultivar Alphonso una gravedad específica comprendida entre 1,00 y 1,02. 3.

Aspecto externo

Se ha sugerido realizar la recolección para algunos cultivares cuando se detecte el primer cambio del color de de la epidermis de verde a amarillo o a rojo, pero no en todos los cultivares. Por ejemplo, no en el cultivar Keitt salvo en frutos muy expuestos y el cambio al rojo en ‘Tommy Atkins` depende mucho de la exposición a la luz. El mayor tamaño y prominencia de las lenticelas que amarillean y se desecan y toman un aspecto como de corcho es un criterio útil para varios cultivares, particularmente para ‘Kent’ y ‘Tommy Atkins’ y en el caso de ‘Haden’ el cambio a rojo de la piel unido al cambio de color amarillo de las lenticelas es un buen indicador del momento de recolección. Algunos cultivares, como ‘Tommy Atkins`, por ejemplo, cambian el brillo de la piel y se cubren de una capa cerosa blanquecina De hecho, en muchos cultivares- obviamente no en aquellos cultivares de epidermis verde para los que este criterio no es válido- la primera traza de color amarillo aparece cuando los “hombros del fruto” alcanzan la altura del nivel del pedúnculo, criterio est eúltimo que sirve de ayuda para determiner el momento apropiado de recolección. 4.

Firmeza del fruto

Se trata de un criterio objetivo que es característico de cada cultivar. Es un índice destructivo que se mide con un penetrómetro en ambos lados del fruto, eliminando previamente la cáscara. No es un método práctico para su utilización en campo. En México se ha señalado como valores adecuados 11,0 kg-f para el cultivar Irwin, 12,20 kg-f para ‘Tommy Atkins’, 12,4 kg-f para ‘Kent’ y 13,2 kg-f para el cv. Haden (Báez Sañudo y Bringas Taddei, 1996). 5.

Color de la pulpa

A pesar de su carácter destructivo se trata de un índice práctico y fiable para la mayoría de los cultivares de mango de uso común en países exportadores. Se determina generalmente mediante cartas de color en las que se define para cada cultivar varios estados de evolución del color, indicándose en que estadio se debe realizar la recolección para garantizar una buena maduración en función del mercado de destino. 6.

Las unidades de calor.

Se basa en la acumulación de al menos 1.500 horas sobre una temperatura mínima para predecir el momento más temprano de recolección para obtener un fruto con buena calidad gustativa. La medición de unidades de calor (UCA) se determina por diferencia entre la media de las máximas y la media de las mínimas diarias y una temperatura mínima de 12ºC o 10ºC. El principal problema consiste en la determinación del momento cero, ya que la floración no es siempre uniforme, variando según cultivares y años por lo que requiere registros climáticos para cada zona de producción. Este problema es de menor importancia en los climas mediterráneos y subtropicales donde como ya se ha señalado se induce una segunda floración homogénea sobre toda la copa.de la piel 7.

Contenido en sólidos solubles totales

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Al igual que la firmeza, es un índice objetivo dependiente del cultivar. Es fácil de medir en campo con la simple ayuda de un refractómetro manual. Es probablemente el método más utilizado en la actualidad para determinar el momento de recolección del mango, sobre todo cuando se observa, además que el fruto está bien relleno en el pico y en los hombros y que. al cortar el fruto, la pulpa interna es de un amarillo pálido uniforme (Anon., 2023). Según el National Mango Board (https://www.mango.org/es/venta-minorista/maduracion-y-evaluacion-de-la-calidad/), aunque los frutos totalmente maduros de mango pueden tener hasta un 13-20% se considera apropiado para la cosecha del mango un valor de sólidos solubles totales comprendido entre el 7 y el 9% de grados Brix variable según cultivares, aunque lógicamente estos valores pueden ser más altos si se destina la fruta al mercado local 8.

Contenido en materia seca

Diversos estudios indican que el contenido en materia seca es un índice muy apropiado para medir la madurez de un mango. El valor ideal para la cosecha del mango es cuando estos tengan un mínimo del 14% de materia seca, si bien este varía entre cultivares y distancia al mercado (Anon, 2026)., Debe señalarse que la preferencia de los consumidores no siempre aumenta con valores más altos. El método tradicional de determinación de este índice (recolección de algunos frutos, muestreo y secado en horno) es bastante engorroso y ocasiona la pérdida de algunos frutos, por lo que se utiliza en la actualidad la tecnología NIR (espectroscopia de infrarrojo cercano) que permite la utilización de pequeños aparatos manuales, siendo los instrumentos ‘Felix’ (Anon., 2019) los más utilizados, Un mínimo de 14% se recomienda de forma general con valores del orden de 16,5% para ‘Calypso’ y ‘Kensington Pride’ y solo el valor más bajo (14%) para Tommy Atkins medido con Felix F-750. Los mangos producidos en los países subtropicales y mediterráneos europeos se consumen en fresco bien en el mercado local o en el mercado de la Unión Europea y por su proximidad al mercado pueden cosecharse en el estado de ‘listo para el consumo’ (ready to eat) que es muy apreciado y alcanza excelentes precios como lo demuestran los excelentes resultados obtenidos en recientes años.en el mercado de la Union Europea con el cultivar Osteen producido en Málaga (Galán Saúco, 2025).

18. Técnica de recolección Los frutos deben recolectarse manualmente con mucho cuidado efectuando el corte con tijeras de podar o herramientas similares apropiadas que eviten cualquier tipo de daños tales como magulladuras, golpes, etc. y que estén previamente desinfectadas. Debido al escaso tamaño de los árboles de mango en climas subtropicales y mediterráneos la recolección puede hacerse desde el suelo o con ayuda de una escalera. Para prevenir los daños causados por el látex a la epidermis del mango una vez que la decisión del momento de recolección ha sido tomada en base al índice de madurez, se recomienda cosechar los mangos con cierta longitud de pedúnculo (un mínimo de 5 cm) y recortar los pedúnculos hasta la zona de abscisión (1 cm, aproximadamente), e inmediatamente después, colocar los frutos con el pedúnculo recortado hacia abajo en una sola capa sobre una rejilla apropiada o en un envase que contenga material absorbente en su fondo evitando siempre el contacto directo de los mismos con el suelo de tal forma que permita el goteo del látex sin que este toque la epidermis del mango. La duración de esta operación puede durar entre 20 minutos y 4 horas según cultivares y condiciones climáticas hasta que deje de gotear el látex (Brecht, 2020). Para minimizar los posibles daños por látex debe recubrirse el fruto antes del corte del pedúnculo con un detergente o con un agente humectante apropiado, que luego se lava en almacén, junto con los restos de látex. Aunque en algunos lugares es una práctica común cosechar los mangos con el pedúnculo largo y transportar cuidadosamente los frutos desde el campo hasta la empacadora donde

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el pedúnculo de los frutos es recortado, esta operación es mejor hacerla en campo que en la empacadora para evitar posibles daños por rozamiento de los pedúnculos con los frutos (figura 18). Los mangos cosechados deberán de ser colocados a cubierto para evitar su exposición a los rayos solares desde su recolección hasta la llegada a la empacadora para evitar un exceso de temperatura que pudiera acelerar el metabolismo y acortar la potencial vida útil del fruto. Deberán transportarse a la empacadora a la mayor brevedad posible y preferentemente usar un vehículo de transporte que tenga o que permita la circulación del aire mientras se están transportando los frutos de mango, especialmente cuando están esperando para su descarga en la empacadora. El transporte al empaquetado debe hacerse lo más rápido posible, utilizando los mejores caminos y las horas de menor calor y cubriendo los frutos con toldos si fuera necesario. Las operaciones de transporte son, por lo demás, similares a las de otros productos perecederos y no merece la pena proporcionar más detalles al respecto. La fruta debe refrigerarse dentro de las 48 horas posteriores a la cosecha para prolongar su vida útil, maximizar su calidad y mejorar el desarrollo del color. Diversos investigadores que han estudiado la poscosecha del mango, citados por Galán Saúco, (2009) indican que la temperatura más baja y segura a la que pueden ser expuestos los mangos verdes maduros por largo tiempo (2 semanas o más), es de 12 °C si bien los frutos inmaduros pueden ser dañados incluso a temperaturas superiores a 12 °C. Cuando los frutos alcanzan la madurez son capaces de tolerar progresivamente temperaturas de almacenamiento más bajas pero La mejor práctica a seguir en la mayoría de los casos es la de ser conservador y evitar las temperaturas por debajo de los 12 °C. La humedad relativa debe mantenerse entre 90 y 95 %.

18. Tratamiento hidrotérmico Algunos países, notablemente Estados Unidos, exigen la aplicación de un tratamiento hidrotérmico para el control de la mosca de la fruta como requisito indispensable para permitir la entrada de mangos en los mismos, que solo puede ser sustituido bien por el tratamiento por vapor caliente o por irradiación. Pese a que no es un requisito en el mercado europeo, dado que este tratamiento es también eficaz para el control de la antracnosis unido al hecho de las cada vez mayores restricciones para el uso de fungicidas en la Unión Europea, resulta apropiado describirlo basándose, fundamentalmente, en la revisión bibliográfica hecha por Galán Saúco (2009), quien también describe en su libro los tratamientos por vapor caliente o por irradiación, menos usados que el tratamiento por agua caliente El tratamiento hidrotérmico aprobado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y el Servicio de Inspección para las Enfermedades de los Animales y Plantas (APHIS) consiste en el tratamiento con agua a 46,1 ºC durante 90 minutos. El tiempo de tratamiento hidrotérmico establecido en la actualidad (Brecht, 2020) por USDA depende del tamaño y forma de la fruta debiendo ser: • • • •

90 minutos para mangos de forma redondeada de 500 a 700 g. 75 minutos para mangos de forma redondeada y peso inferior a 500 g y para mangos alargados de peso entre 375 y 570 g. 65 minutos para mangos alargados/aplanados de peso menor o igual a 375 g. 110 minutos para mangos de forma redondeada de peso comprendido entre 701y 900 g.

El tratamiento debe efectuarse en mangos con temperatura de pulpa no inferior a 21,1 ºC. Por ello, en muchas zonas productoras cálidas es preciso enfriar los mangos antes de su tratamiento siendo

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el hidro-enfriamiento la solución más práctica. Por el contrario, en zonas con inviernos fríos y para cultivares tardíos podría ser necesario calentar el agua. Con el objeto de reducir los efectos dañinos de las altas temperaturas del tratamiento hidrotérmico se recomienda la aplicación de un tratamiento de hidroenfriado posthidrotérmico. Según el citado protocolo, “la fruta puede someterse a enfriamiento posthidrotérmico a una temperatura no menor de 21ºC durante los primeros 30 minutos después del tratamiento”. Una vez que se enfríe el mango con agua a 21ºC durante 30 minutos es posible enfriar la fruta para su almacenamiento a temperaturas inferiores a 21ºC. Para realizar el hidroenfriado posthidrotérmico se recomienda el uso de agua limpia en un sistema de flujo continúo pudiendo añadirse cloro al agua en torno a una concentración de 150 ppm de cloro residual libre, lo que contribuye a evitar la presencia de microorganismos.

19. Maduración de la fruta La mayoría de los centros de distribución tienen cuartos especiales para la maduración de frutas presurizados o con aire forzado para lograr la maduración de los frutos permitiendo tener un mejor control de la maduración. La maduración del mango puede ocurrir a temperaturas comprendidas entre los 15,5 y los 30 °C pero las mejores temperaturas para la maduración de mangos son entre 20 y 22 °C para lograr la mayor combinación de color, textura y sabor (Brecht, 2020) El tratamiento con etileno (100 ppm) por 24 a 48 horas (dependiendo de la madurez ya que los mangos más inmaduros requerirán un mayor tiempo) acelera la maduración, siempre que la concentración del dióxido de carbono se mantenga por debajo del 1%. Después del inicio de la maduración con etileno por 24 horas, los mangos mantenidos a temperaturas entre 18 °C a 22 °C madurarán de 5 a 9 días. Una vez maduros los mangos, pueden ser mantenidos a temperaturas de 10 a 13°C y una humedad relativa entre 90 y 95 % durante una semana. La aplicación del gas etileno se realiza a través de generadores de etileno o cilindros de gas de etileno a través de reguladores de flujo en un programa apropiado para mantener aproximadamente 100 partes por millón de etileno en los cuartos de maduración. Los niveles de dióxido de carbono son mantenidos por debajo del 1% a través de la ventilación de los cuartos con aire externo una vez al día. La firmeza de la pulpa es un buen indicador del estado de madurez y puede ser usado para el manejo de la maduración. Tabla 3. Estado de madurez y maduración, Brecht (2020) Estado de madurez

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Verde – maduro Parcialmente maduro Maduro firme

Firmeza de pulpa (librasfuerza medido con un penetrómetro de 5/16 pulgadas en punta) >14 10-24 6-10

Maduro suave

2-6

Sobre-maduro

<2

Notas

Tratar con etileno por 48 horas Tratar con etileno por 24 horas Mejor estado de madurez para ser enviado a las tiendas de ventas al detalle Mejor estado de madurez para el consumo en fresco Bueno para jugo

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20. Desórdenes fisiológicos y nutritivos que afectan a la calidad del fruto La descomposición interna del fruto es el principal desorden fisiológico de la fruta del mango. Se trata de un problema fisiológico que se caracteriza por una pérdida de las características normales de la pulpa que adopta diversas formas y grados, según cultivares y condiciones ambientales, que van desde la gelatinización de la pulpa hasta la descomposición interna de la misma. La principal causa de este desorden es el desequilibrio de la relación calcio/nitrógeno. Para evitar este desorden se recomienda mantener el contenido foliar de de nitrógeno que no supere 1,2 % y un contenido en calcio sea igual o mayor del 2,5 % (Galán Saúco 2026a). Es preciso señalar también que un contenido foliar en nitrógeno superior al 1,5% contribuye, además, a la aparición de manchas verdes y menor coloración de la epidermis del fruto, y que el contenido foliar de magnesio debe mantenerse entre 0,25 y 1,00 %, puesto que valores inferiores hacen la fruta más sensible a daños durante el tratamiento hidrotérmico, mientras que su exceso incrementa el color verde de la epidermis del fruto. También se ha señalado que la deficiencia de boro puede producir un mayor oscurecimiento e incluso el rajado del fruto (Galán Saúco, 2018 y 2020).

21. Plagas y enfermedades Las principales plagas del mango en el mundo son diversas especies de moscas de la fruta, los thrips, el taladro de la semilla (Sternochetus mangiferae), las cochinillas y los ácaros. Todas ellas, con la excepción del taladro de la semilla son comunes en los subtrópicos y zonas meiterráneas europeas si bien, por el momento, solo se ha reportado la mosca del mediterráneo (Ceratitis capitata) y no otras moscas de la fruta. Las principales enfermedades incluyen la antracnosis, el oidio, la necrosis apical, la mancha negra bacteriana (bacterial black spot), la enfermedad rosada (pink disease), la pudrición de la base del fruto (stem end rot), la malformación y la seca del mango. Todas ellas salvo la seca del mango han sido descritas para los subtrópicos donde también es de frequente ocurrencia la necrosis apical causada por la bacteria Pseudomonas syringae pv.syringae.Tanto su descripción, sus causas como la prevención y tratamiento de estas adversidades bióticasha sido descrita por varios autores entre los que citaremos a Galán Saúco (2009), Carrillo et al., 2026 ; Prusky and Alkan, 2026).

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