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Avances de campaña para la planificación y el ajuste del riego en frutos rojos

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Avances de campaña para la planificación y el ajuste del riego en frutos rojos Pedro Gavilán1, Luis Miranda2, José A. Gómez-Mora2, Natividad Ruiz1 1IFAPA Centro Alameda del Obispo. Córdoba 2IFAPA Centro de Huelva. Finca Experimental “El Cebollar”

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Avances de campaña para la planificación y el ajuste del riego en frutos rojos Pedro Gavilán1, Luis Miranda2, José A. Gómez-Mora2, Natividad Ruiz1 1

IFAPA Centro Alameda del Obispo. Córdoba

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IFAPA Centro de Huelva. Finca Experimental “El Cebollar”

Resumen Los avances de campaña de riego constituyen una herramienta de planificación inicial que permite anticipar la evolución de las necesidades hídricas de los cultivos antes del comienzo del ciclo. En este trabajo se describe la metodología empleada para elaborar e interpretar avances de campaña en fresa, frambuesa y arándano cultivados bajo macrotúnel en la provincia de Huelva. Su construcción combina la evapotranspiración de referencia estimada en el interior de la estructura, el desarrollo esperado del cultivo, expresado mediante el coeficiente de cultivo, y una eficiencia de aplicación adecuada a las condiciones de la parcela y del sistema de riego. Se consideran dos escenarios meteorológicos de referencia, año medio y cielo despejado, y se analizan las particularidades que determinan la selección del avance en cada especie. Asimismo, se exponen los criterios para adaptar la recomendación a la capacidad real de la instalación, distribuir el tiempo diario en pulsos y actualizarla durante la campaña mediante el pronóstico meteorológico, la medida del agua aplicada y el seguimiento del estado hídrico y del drenaje. Finalmente, se destaca la necesidad de coordinar la evolución del riego con el plan de fertirrigación. Palabras clave: programación del riego; fresa; frambuesa; arándano; evapotranspiración; monitorización; fertirrigación.

Índice 1. Una necesidad surgida de la transferencia al sector ........................................................................ 1 2. Qué es —y qué no es— un avance de campaña ............................................................................... 2 3. Cómo se construye un avance de campaña...................................................................................... 2 4. Escenarios meteorológicos de referencia: año medio y cielo despejado ......................................... 4 5. Un procedimiento común para tres cultivos diferentes ................................................................... 5 5.1. Fresa: una evolución marcadamente estacional ....................................................................... 5 5.2. Fresa: una evolución marcadamente estacional ....................................................................... 6 5.3. Arándano: edad, poda y desarrollo de la plantación ................................................................. 6 6. Cómo utilizar el avance de campaña ................................................................................................ 7 6.1. Seleccionar el avance adecuado ................................................................................................ 7 6.2. Interpretar primero la recomendación agronómica .................................................................. 7 6.3. Adaptar el tiempo a la instalación real ...................................................................................... 7

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6.4. Repartir el tiempo diario en pulsos............................................................................................ 8 7. Del avance a la decisión durante la campaña ................................................................................... 9 7.1. Actualizar la referencia con la meteorología prevista ............................................................... 9 7.2. Comprobar el desarrollo real del cultivo ................................................................................... 9 7.3. Verificar el riego realmente aplicado....................................................................................... 10 7.4. Comprobar el estado hídrico y el drenaje ............................................................................... 10 7.5. Ajustar de forma razonada ...................................................................................................... 11 8. Implicaciones para la fertirrigación ................................................................................................ 11 9. Conclusiones ................................................................................................................................... 12

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons ReconocimientoNoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.01)

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1. Una necesidad surgida de la transferencia al sector La programación del riego suele plantearse como una decisión que debe actualizarse periódicamente considerando el desarrollo del cultivo y los cambios en las condiciones meteorológicas. Sin embargo, la experiencia acumulada por el IFAPA en las actividades de experimentación, asesoramiento y transferencia desarrolladas durante años en el sector de los frutos rojos de Huelva puso de manifiesto que la incorporación de herramientas cuantitativas de apoyo al riego era todavía desigual. En numerosas explotaciones, las decisiones se apoyaban principalmente en la experiencia adquirida y no siempre se disponía de calendarios semanales o de referencias que permitieran anticipar cómo podía evolucionar la demanda de agua a lo largo del ciclo. El envío semanal de recomendaciones de riego por parte de asesores y servicios de asesoramiento, tanto públicos como privados, constituye una herramienta de gran utilidad. No obstante, su aplicación efectiva requiere continuidad en la elaboración, difusión, recepción e interpretación de la información, un proceso que puede verse condicionado por las circunstancias de cada campaña y de cada explotación. Además, una recomendación centrada en los días siguientes permite ajustar el riego inmediato, pero no ofrece necesariamente una visión global del ciclo. Agricultores y técnicos necesitan también anticipar cuándo aumentarán las necesidades, en qué periodos será preciso incrementar el tiempo de riego o el número de pulsos y si la disponibilidad de agua será suficiente para cubrir la demanda prevista del cultivo a lo largo de la campaña. Los primeros calendarios desarrollados por el IFAPA trataron de responder a esta necesidad desde una perspectiva eminentemente práctica. Se elaboraban al comienzo de la campaña utilizando la evolución esperada del cultivo y las condiciones meteorológicas correspondientes a un año medio. De este modo, el agricultor disponía desde el inicio de una referencia sencilla para todo el ciclo, sin que su planificación inicial dependiera de la recepción de una nueva recomendación cada semana. Estos calendarios podían seguir utilizándose en campañas posteriores siempre que no cambiaran de manera sustancial sus principales condiciones de aplicación, especialmente el ciclo del cultivo y las características de la plantación y del sistema de riego. El uso de datos históricos para construir calendarios de riego cuenta con antecedentes metodológicos y experiencias de aplicación en otros sistemas productivos (Hill y Allen, 1996; Bonachela et al., 2006). La revisión semanal de estos primeros calendarios mostró que la recomendación correspondiente a un año medio podía resultar insuficiente durante episodios especialmente soleados y de elevada demanda evaporativa. Esta observación llevó a incorporar un segundo escenario, calculado para condiciones de cielo despejado, como referencia complementaria para anticipar las necesidades de riego durante esos periodos. El planteamiento evolucionó así desde una única referencia histórica hacia la consideración conjunta del año medio y el cielo despejado. Años después, esta lógica se incorporó a Riego Berry, que combina recomendaciones basadas en el pronóstico meteorológico con una referencia para condiciones de cielo despejado (Gavilán et al., 2024a). La evolución de estas herramientas se resume en la Figura 1. En la práctica, el avance proporciona la referencia inicial; las recomendaciones semanales la actualizan y la información obtenida en la parcela permite comprobar y ajustar su aplicación. La metodología presentada en este trabajo constituye una evolución de aquellos primeros avances de campaña. Mantiene su disponibilidad desde el inicio del ciclo, pero incorpora la experiencia acumulada en fresa, frambuesa y arándano y traduce las necesidades estimadas a criterios prácticos de manejo. Su objetivo es proporcionar al agricultor y al técnico un marco previo para planificar la campaña y orientar las decisiones posteriores. www.bibliotecahorticultura.com

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Figura 1. Evolución conceptual de las herramientas utilizadas para planificar y ajustar el riego de los frutos rojos.

2. Qué es —y qué no es— un avance de campaña Un avance de campaña es una planificación inicial que permite anticipar la evolución esperada de las necesidades de riego a lo largo del ciclo de cultivo. Se elabora antes de comenzar la campaña, a partir de unas condiciones previamente definidas relativas al cultivo, la meteorología y las características del sistema de riego. Su principal utilidad es proporcionar al agricultor y al técnico una visión conjunta del ciclo, que sirva de referencia para organizar el manejo y prepararse para los periodos de mayor demanda. El avance representa una evolución probable, construida a partir del comportamiento esperado del cultivo y de escenarios meteorológicos de referencia. No es una predicción de la campaña ni una recomendación exacta para cada semana, sino una herramienta de planificación inicial. El avance permite identificar de forma anticipada cómo pueden variar las necesidades de agua, cuándo será previsiblemente necesario incrementar el tiempo diario de riego o repartirlo en varios pulsos y qué volumen acumulado podría requerir el cultivo a lo largo de la campaña. Esta información puede ser útil tanto para comprobar la suficiencia de la dotación disponible como para organizar el funcionamiento de la instalación y coordinar el riego con otras operaciones, especialmente la fertirrigación. Su ámbito de aplicación está condicionado por los supuestos utilizados en su elaboración. La fecha de plantación o poda, la duración del ciclo, el desarrollo esperado del cultivo, la edad de la plantación y las características del sistema de riego determinan la forma y los valores del avance. Cuando estas condiciones se mantienen, el mismo avance puede continuar siendo una referencia útil en campañas posteriores. Por el contrario, cambios significativos de cualquiera de estas premisas obligan a revisar su aplicación o a elaborar un nuevo avance. Los tiempos de riego corresponden a una configuración concreta del sistema —caudal, número de cintas y separación entre líneas—. La lámina recomendada puede seguir siendo válida, pero el tiempo necesario para aplicarla debe adaptarse a la capacidad real de cada instalación. El avance tampoco sustituye a las recomendaciones semanales ni a la comprobación del agua aplicada y de los indicadores medidos en el sistema suelo-planta. Su función es ofrecer el marco inicial desde el que interpretar y ajustar el manejo durante la campaña.

3. Cómo se construye un avance de campaña La elaboración de un avance de campaña comienza por definir con precisión las condiciones para las que será válido. No se trata de construir un calendario genérico para un cultivo, sino una referencia asociada a un ciclo y a una configuración determinados. Por ello, deben establecerse inicialmente el cultivo, la fecha de plantación o poda, la duración prevista del ciclo y, cuando resulte relevante, la

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edad de la plantación y el sistema de cultivo. Estos datos sitúan temporalmente la evolución esperada de la planta y permiten seleccionar los parámetros adecuados para estimar sus necesidades de agua. El segundo componente es la demanda evaporativa. En los frutos rojos cultivados bajo macrotúnel, esta demanda se representa mediante la evapotranspiración de referencia en el interior de la estructura (ETo,inv), que tiene en cuenta la modificación de las condiciones meteorológicas producida por la cubierta plástica. Su estimación se basa principalmente en la radiación solar que alcanza el interior del macrotúnel (Fernández et al., 2010). En las recomendaciones desarrolladas por el IFAPA, esta metodología se ha aplicado tanto a datos meteorológicos históricos como al pronóstico meteorológico (Gavilán et al., 2015; Gavilán et al., 2024a). Para construir el avance se utilizan escenarios meteorológicos de referencia que permiten obtener una evolución anticipada de esta variable durante todo el ciclo. Las características y la interpretación de los escenarios de año medio y cielo despejado se desarrollan en el apartado siguiente. La demanda meteorológica debe combinarse con el desarrollo esperado del cultivo. Este se incorpora mediante el coeficiente de cultivo (Kc), cuyo valor varía a lo largo del ciclo en función de la especie, el estado de desarrollo y la cobertura vegetal. En fresa, su evolución se relaciona principalmente con el tiempo transcurrido desde la plantación y con la cobertura del cultivo (Lozano et al., 2016). En frambuesa y arándano, la fecha de plantación o poda, la cobertura y, en este último cultivo, la edad de la plantación adquieren especial importancia (Gavilán et al., 2019a, 2019b; Gavilán et al., 2024a). Los coeficientes de cultivo de los frutos rojos recomendados en la provincia de Huelva pueden consultarse en Gavilán y Ruiz (2024b). La necesidad neta de agua del cultivo, o evapotranspiración del cultivo, se estima mediante la metodología propuesta por la FAO (Allen et al., 2006): ETc = ETo,inv × Kc (1) donde ETo,inv representa la evapotranspiración de referencia dentro del macrotúnel y Kc el coeficiente de cultivo. Esta relación resume el fundamento agronómico del avance: la necesidad de agua depende simultáneamente de la demanda meteorológica y de la evolución del cultivo. La evapotranspiración del cultivo representa las necesidades netas, pero el volumen que debe aplicarse mediante el sistema de riego también depende de la eficiencia de aplicación. El riego recomendado (R) se obtiene corrigiendo la necesidad neta mediante una eficiencia adecuada a las características del suelo, al desarrollo del cultivo y al funcionamiento de la instalación, en particular a su uniformidad de distribución: R = ETc / Ea (2) El resultado, expresado habitualmente en milímetros por día, constituye la referencia agronómica principal del avance. Su conversión a tiempo de riego depende de las características de la instalación. Para su aplicación en campo, la lámina de riego se transforma en tiempo a partir de la capacidad de aplicación de la instalación, determinada por el caudal de las cintas o emisores, su número y la separación entre líneas de cultivo (Gavilán y Ruiz, 2024b). Los minutos resultantes son válidos únicamente para la configuración utilizada en el cálculo; su adaptación a otras instalaciones se aborda en el apartado 6. La duración y el reparto del tiempo diario en pulsos constituyen el último paso de aplicación. No forman parte de la estimación de las necesidades del cultivo, sino de su adaptación al suelo y al

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funcionamiento hidráulico de la instalación, por lo que se abordan posteriormente desde una perspectiva práctica.

Figura 2. Secuencia general para la elaboración de un avance de campaña de riego en un cultivo de frutos rojos.

4. Escenarios meteorológicos de referencia: año medio y cielo despejado Como el avance debe estar disponible antes de conocer la meteorología de la campaña, se construye con dos escenarios de referencia: el año medio y el cielo despejado. Su finalidad no es predecir el ciclo, sino representar dos situaciones útiles para planificar la evolución del riego. El escenario de año medio se obtiene a partir de series meteorológicas históricas representativas de la zona de cultivo. El promedio reduce la influencia de años singulares y muestra la evolución estacional que cabe esperar habitualmente, por lo que constituye la referencia central de la planificación inicial. Las series necesarias para su construcción pueden obtenerse de las estaciones meteorológicas de la Red SIAR situadas en la provincia de Huelva (Gavilán y Ruiz, 2026). El escenario de cielo despejado representa una situación de elevada radiación y ausencia de nubosidad. Se incorporó porque el seguimiento de los primeros calendarios mostró que, en semanas especialmente soleadas, las recomendaciones correspondientes al año medio podían resultar insuficientes. Actúa, por tanto, como una referencia complementaria de mayor demanda (Gavilán et al., 2024a). Los dos escenarios no son recomendaciones alternativas ni deben interpretarse como límites inferior y superior. El año medio responde a la pregunta «¿qué evolución cabe esperar habitualmente?», mientras que el cielo despejado indica «¿para qué nivel de demanda conviene estar preparado durante periodos especialmente soleados?». Esta diferencia se muestra en la Figura 3, que compara la evolución del riego recomendado para los escenarios de año medio y cielo despejado en un avance de campaña para un cultivo de fresa.

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Aunque ambos presentan una evolución estacional semejante, el escenario de cielo despejado proporciona valores más elevados, especialmente durante los periodos de mayor demanda. Durante la campaña, el riego no debe decidirse eligiendo automáticamente una de las dos referencias. La recomendación semanal, basada en la meteorología prevista para los días siguientes, debe prevalecer cuando difiera de la planificación inicial.

Figura 3. Evolución del riego recomendado para los escenarios de año medio y cielo despejado en un cultivo de fresa plantado en la segunda semana de octubre en la comarca Condado Litoral de Huelva.

5. Un procedimiento común para tres cultivos diferentes Los avances de campaña de fresa, frambuesa y arándano se elaboran siguiendo un mismo procedimiento general: estimar la demanda meteorológica bajo plástico, combinarla con el desarrollo esperado del cultivo y adaptar las necesidades resultantes a una instalación de riego determinada. Sin embargo, la variable utilizada para representar ese desarrollo esperado difiere entre especies, lo que condiciona tanto la construcción como la interpretación de cada avance. 5.1. Fresa: una evolución marcadamente estacional En la fresa, la fecha de plantación constituye la principal referencia temporal para ordenar el ciclo. En el avance elaborado para una plantación realizada en la segunda semana de octubre, las necesidades de riego son inicialmente reducidas, debido tanto al escaso desarrollo de las plantas como a la menor demanda evaporativa característica del otoño y el invierno. A partir del final del invierno, el riego recomendado aumenta progresivamente por el efecto combinado del crecimiento del cultivo y del incremento de la radiación solar. Este aumento se acentúa durante la primavera, cuando se alcanzan los mayores valores de demanda bajo plástico. El avance permite así visualizar con antelación el paso desde una primera fase de riegos cortos hasta los periodos en los que será necesario aumentar el tiempo diario y, en su caso, repartirlo en varios pulsos. La relación entre cobertura, coeficiente de cultivo y consumo de agua de la fresa en las condiciones de Huelva ha sido caracterizada experimentalmente (Lozano et al., 2016; Gavilán et al., 2021). La fecha de plantación constituye, por tanto, la referencia principal para construir la secuencia temporal. Si el desarrollo real difiere de forma apreciable del previsto, el avance perderá representatividad y deberá ajustarse.

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5.2. Fresa: una evolución marcadamente estacional En la frambuesa, la organización del avance debe tener en cuenta el tipo de ciclo productivo. En las variedades remontantes se distinguen una primera postura, correspondiente al desarrollo posterior a la plantación, y una segunda postura, que se inicia después de la poda. Debido a que ambos ciclos presentan una evolución diferente, requieren avances específicos. La fecha de plantación o poda no siempre representa por sí sola el estado del cultivo, ya que el desarrollo vegetativo puede variar entre variedades, explotaciones y condiciones de manejo. Por ello, debe considerarse también la cobertura vegetal, que puede estimarse mediante fotografías cenitales y herramientas de análisis de imagen como Canopeo (Lozano et al., 2018; Patrignani y Ochsner, 2015). 5.3. Arándano: edad, poda y desarrollo de la plantación El carácter plurianual del arándano introduce una consideración específica en la elaboración del avance. Dos plantaciones situadas en la misma fecha del calendario pueden tener necesidades diferentes si su edad, tamaño o cobertura vegetal no son comparables. Por esta razón, el avance distingue tres situaciones: plantaciones de aproximadamente 18 meses, de 30 meses y de 42 meses o más, consideradas estas últimas como plantas adultas. La edad permite seleccionar el avance inicial, pero el coeficiente de cultivo se relaciona con la cobertura, estimada a partir de la anchura del dosel vegetal y la separación entre líneas. La poda y el crecimiento modifican esta cobertura; por ello, plantaciones de igual edad pueden requerir ajustes cuando su porte difiere del previsto (Gavilán et al., 2019a; Gavilán et al., 2024a). Así, la fecha de plantación organiza el avance de fresa; el tipo de ciclo y la cobertura, el de frambuesa; y la edad, la poda y el porte, el de arándano.

Figura 4. Variables principales utilizadas para organizar los avances de campaña de riego en fresa, frambuesa y arándano, organización del avance y comprobación en parcela.

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6. Cómo utilizar el avance de campaña El avance de campaña debe utilizarse como una referencia práctica para anticipar la evolución del riego, pero su aplicación requiere comprobar previamente que las condiciones de la parcela son comparables a las consideradas en su elaboración. El proceso puede organizarse en cuatro pasos: seleccionar el avance adecuado, interpretar la recomendación agronómica, adaptarla a la instalación real y distribuir el tiempo diario de riego. 6.1. Seleccionar el avance adecuado El primer paso es seleccionar el avance de campaña que mejor se corresponda con el cultivo y con las condiciones de la parcela. Para ello, deben considerarse especialmente: • • • •

la fecha de plantación o poda; el tipo de ciclo o postura; la edad y el desarrollo de la plantación; los supuestos utilizados para caracterizar el sistema de riego.

Estas condiciones deben coincidir razonablemente con las consideradas en el avance. Las pequeñas diferencias en la fecha de plantación o poda pueden tenerse en cuenta mediante un desplazamiento temporal de la secuencia prevista. Cuando estas diferencias sean significativas o modifiquen apreciablemente el desarrollo y la duración del ciclo, será necesario elaborar un nuevo avance adaptado a esas condiciones. 6.2. Interpretar primero la recomendación agronómica Los avances presentan habitualmente dos tipos de información: • •

el riego recomendado, expresado como lámina de agua (mm/día) o como volumen por metro lineal de lomo (L/m·día) el tiempo de riego, expresado en minutos por día para una configuración concreta del sistema de riego.

La primera es la referencia agronómica principal: indica la cantidad de agua que se pretende aplicar. El tiempo es su traducción operativa para unas determinadas características de caudal, número de cintas y disposición del cultivo. La recomendación establece la cantidad de agua que debe aplicarse, mientras que las características hidráulicas de la instalación determinan el tiempo necesario para aportarla. 6.3. Adaptar el tiempo a la instalación real Los tiempos de riego incluidos en el avance solo pueden utilizarse directamente cuando la configuración y las condiciones de funcionamiento de la instalación coinciden exactamente con las consideradas en su cálculo. Antes de aplicarlos deben comprobarse: • • •

el número de cintas por lomo o línea de cultivo; el caudal real de la cinta expresado en L·h⁻¹·m⁻¹; la separación entre lomos o filas.

En recomendaciones expresadas en litros por metro lineal, como ocurre en el avance de arándano, el tiempo puede calcularse mediante: Tiempo de riego (min/día) = [Riego recomendado (L/m·día) / (n × q)] × 60 (3) donde n es el número de cintas por lomo y q el caudal de la cinta, expresado en L/h·m.

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Por tanto, antes de aplicar directamente los tiempos incluidos en el avance, es conveniente realizar una evaluación del sistema de riego que permita determinar el caudal real de los emisores, la presión de funcionamiento y la uniformidad de distribución del sistema de riego. Esta evaluación debería efectuarse, al menos, al inicio de cada campaña y repetirse cuando se modifique la instalación o se detecten variaciones de presión o caudal, obturaciones, reparaciones o discrepancias entre el volumen previsto y el registrado por los contadores. Si la evaluación muestra diferencias respecto a los supuestos del avance, deberá revisarse el funcionamiento de la instalación o recalcularse el tiempo de riego con los valores reales. Tabla 1. Comprobaciones básicas antes de aplicar un avance de campaña de riego en frutos rojos. Elemento

Qué debe comprobarse

Cultivo y ciclo

Seleccionar el avance correspondiente. Ante Fecha de plantación o pequeñas diferencias de fecha, ajustar poda, postura y duración temporalmente la secuencia; si son significativas, del ciclo. elaborar un nuevo avance.

Desarrollo real

Aplicar la recomendación prevista cuando el Cobertura vegetal, porte y, desarrollo real se corresponda con el considerado cuando corresponda, edad en el avance; si existen diferencias relevantes, de la plantación. ajustar el coeficiente de cultivo a partir de la cobertura observada.

Escenario meteorológico

Año medio, cielo Usar el avance como referencia y actualizarlo con despejado y previsión de la recomendación semanal. los próximos días.

Instalación

Número de cintas, caudal real, separación entre líneas, presión y uniformidad de distribución.

Aplicación

Tiempo total diario duración de los pulsos.

Decisión práctica

Calcular el tiempo de riego con el caudal real y comprobar que la presión y la uniformidad de distribución sean adecuadas; si no lo son, revisar el funcionamiento de la instalación antes de ajustar el tiempo.

Para la configuración considerada, repartir el y tiempo diario en pulsos de 10 a 15 minutos, evitando duraciones inferiores que puedan comprometer la uniformidad de distribución.

6.4. Repartir el tiempo diario en pulsos Una vez determinado el tiempo diario de riego, debe decidirse si se aplica en un único riego o se reparte en varios pulsos. En los suelos arenosos característicos de buena parte de la zona productora de Huelva, un riego excesivamente largo puede superar la capacidad de almacenamiento de la zona radicular y provocar drenaje. El fraccionamiento permite reducir este riesgo, pero los pulsos tampoco deben ser excesivamente cortos. La instalación necesita un tiempo para llenarse, alcanzar una presión adecuada y distribuir el agua con uniformidad. Por tanto, la duración debe mantener un equilibrio entre evitar aplicaciones prolongadas que favorezcan el drenaje y evitar pulsos tan cortos que comprometan la uniformidad

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de distribución. El efecto de las fases de llenado y vaciado sobre la uniformidad cuando se dan pulsos cortos ha sido demostrado en instalaciones comerciales de fresa (Lozano et al., 2020). Para la configuración habitual considerada en estos avances —una cinta de riego por lomo, con un caudal lineal de 5 L·h⁻¹·m⁻¹, y terreno sin pendiente—, los pulsos deberían tener una duración mínima de aproximadamente 10 minutos, tiempo necesario para alcanzar una uniformidad de distribución superior al 85 %. Con pulsos de 15 minutos, la uniformidad supera el 90 %, mientras que prolongarlos hasta 20 minutos produce una mejora relativamente pequeña. Por ello, se recomienda utilizar pulsos de entre 10 y 15 minutos y fraccionar el tiempo diario cuando supere este intervalo (Gavilán y Ruiz, 2024b; Lozano et al., 2020). La duración máxima admisible antes de que se produzcan pérdidas por drenaje deberá comprobarse en cada parcela, ya que depende de las características del suelo, del estado de desarrollo del cultivo y del sistema de riego. Estos valores no deben trasladarse directamente a instalaciones con otros caudales o situadas en terrenos con pendiente, donde la relación entre duración del pulso y uniformidad puede ser diferente.

7. Del avance a la decisión durante la campaña El avance proporciona la referencia inicial. Durante la campaña debe contrastarse con la meteorología prevista, el desarrollo real del cultivo, el agua efectivamente aplicada e indicadores como la humedad del suelo o sustrato, el drenaje y el estado hídrico del cultivo. El proceso comprende cuatro operaciones sucesivas: actualizar la recomendación, comprobar en parcela, identificar las causas de las posibles desviaciones y ajustar el manejo riego. 7.1. Actualizar la referencia con la meteorología prevista La recomendación semanal actualiza el avance con la meteorología prevista para los días siguientes y permite responder a condiciones más frías, nubosas, soleadas o ventosas que las representadas por el año medio. Esta actualización puede realizarse mediante Riego Berry, que genera recomendaciones a partir del pronóstico meteorológico y ofrece, de forma complementaria, una referencia para condiciones de cielo despejado. Cuando existan diferencias relevantes, la recomendación actualizada debe prevalecer sobre el valor inicial del avance (Gavilán et al., 2024a). El avance conserva, no obstante, su utilidad como trayectoria estacional de referencia, pues permite valorar si la diferencia observada en una semana responde a un episodio meteorológico puntual o a una sucesión de semanas más frías, nubosas o soleadas que las representadas por el año medio. 7.2. Comprobar el desarrollo real del cultivo La actualización meteorológica no corrige por sí sola las diferencias entre el desarrollo previsto y el observado. Dos parcelas sometidas a condiciones meteorológicas similares pueden presentar necesidades distintas si su cobertura vegetal, estado sanitario, carga productiva o intensidad de poda no son comparables. Debe comprobarse que la cobertura y el porte se aproximan a los previstos, especialmente en frambuesa y arándano. La cobertura vegetal puede estimarse mediante fotografías cenitales y herramientas de análisis de imagen como Canopeo, lo que permite comparar de forma objetiva el desarrollo observado con el considerado en el avance (Patrignani y Ochsner, 2015). Cuando la cobertura real sea claramente superior o inferior a la prevista, deberá ajustarse el coeficiente de cultivo a partir de la cobertura observada. El objetivo no es modificar la recomendación ante pequeñas variaciones puntuales, sino detectar diferencias relevantes que se

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mantengan durante varias semanas y puedan afectar de manera apreciable a las necesidades de agua. 7.3. Verificar el riego realmente aplicado La recomendación expresa la cantidad de agua que debería recibir el cultivo, pero su cumplimiento solo puede evaluarse si se mide el volumen realmente aplicado. Para ello, es necesario disponer de contadores y comparar periódicamente el volumen de riego programado con el registrado. El control de los tiempos de funcionamiento puede utilizarse como información complementaria, pero no sustituye a la medida directa del agua aplicada. La comparación entre el riego recomendado y el aplicado permite identificar tres situaciones: una aplicación próxima a la recomendación, un déficit mantenido respecto a las necesidades estimadas o un exceso sistemático que podría aumentar las pérdidas por drenaje. Esta comparación debe realizarse en términos de volumen o lámina de agua y no únicamente de minutos. Un mismo tiempo de funcionamiento puede representar cantidades diferentes cuando cambian el caudal, la presión o el número de sectores regados. 7.4. Comprobar el estado hídrico y el drenaje El seguimiento en campo debe apoyarse prioritariamente en medidas objetivas que permitan comprobar la respuesta del sistema suelo-planta al riego aplicado. El estado hídrico del suelo o del sustrato puede controlarse mediante tensiómetros, que miden el potencial matricial, y mediante sondas de humedad instaladas a profundidades y posiciones representativas de la zona radicular. Más que una lectura aislada, interesa analizar su evolución entre riegos y comprobar si el agua alcanza la profundidad prevista sin acumularse por debajo de las raíces. Cuando se disponga de los medios necesarios, el estado hídrico de la planta puede evaluarse mediante el potencial hídrico foliar o de tallo, medido con cámara de presión. De forma complementaria, pueden utilizarse medidas de conductancia estomática o de temperatura del dosel, aunque requieren protocolos de medida e interpretación específicos. Los lisímetros de drenaje permiten cuantificar directamente el agua que percola por debajo de la zona radicular y constituyen una herramienta especialmente útil para detectar excesos de riego y estimar la eficiencia de aplicación. Las observaciones visuales del cultivo o del suelo pueden aportar información complementaria, pero no deberían utilizarse como criterio principal para ajustar el riego. Estas medidas deben interpretarse conjuntamente y considerando las condiciones en las que se obtienen. En el caso de tensiómetros y sondas de humedad, los resultados dependen de su posición y profundidad, de la representatividad del punto de medida y del tiempo transcurrido desde el último riego. Las medidas del estado hídrico de la planta requieren, además, protocolos definidos de muestreo y horario. Por ello, resulta más útil analizar la evolución temporal de las medidas y relacionarla con el volumen de agua aplicado, la meteorología y, cuando se disponga de lisímetros, el drenaje registrado. La finalidad de esta comprobación no es sustituir la estimación basada en la evapotranspiración, sino verificar si su aplicación está funcionando correctamente en las condiciones reales de la parcela. El uso conjunto de recomendaciones, contadores, sensores y lisímetros ha permitido validar esta metodología en explotaciones comerciales de frutos rojos (Gavilán et al., 2021; Gavilán et al., 2024a).

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7.5. Ajustar de forma razonada Cuando la recomendación, el volumen aplicado y los indicadores de humedad, estado hídrico o drenaje no resulten coherentes, será necesario determinar primero la causa de la desviación. No siempre debe corregirse directamente el tiempo de riego. El problema puede proceder de: • • • • •

una diferencia entre el desarrollo real y el previsto; un caudal real distinto al considerado en el cálculo; una baja uniformidad de distribución; una duración o un número de pulsos inadecuado; una recomendación que no refleje suficientemente las condiciones meteorológicas actuales.

El ajuste debe actuar sobre la causa identificada. Aumentar el tiempo de riego no resolverá, por ejemplo, una obturación o una distribución deficiente, y podría incrementar las pérdidas por percolación en las zonas que ya reciben suficiente agua. El ajuste debe cerrar el ciclo de decisión: identificar la causa, modificar el manejo y comprobar nuevamente el volumen aplicado y los indicadores medidos. Así, el avance deja de ser una tabla estática y se convierte en una referencia para el ajuste progresivo del riego.

Figura 5. Del avance de campaña al ajuste del riego en parcela en un cultivo de frutos rojos.

8. Implicaciones para la fertirrigación La fertirrigación debería apoyarse en un plan anual o de campaña, elaborado a partir de las necesidades previstas del cultivo, su producción esperada, las características del suelo o sustrato y la composición del agua de riego. Este plan constituye una referencia inicial, pero no debe considerarse invariable. Al igual que ocurre con el riego, la programación inicial debe revisarse a partir de la información obtenida durante el ciclo. Entre los datos que pueden utilizarse se encuentran los análisis foliares, el análisis de la solución del suelo extraída mediante sondas de succión, la conductividad eléctrica y la concentración de nutrientes en el agua de riego y, cuando exista drenaje, en la solución drenada. Estas observaciones deben interpretarse conjuntamente con el desarrollo del cultivo, su estado nutricional y la producción esperada. El análisis foliar y el seguimiento de la solución del suelo constituyen herramientas especialmente útiles en cultivos plurianuales como el arándano (Bryla y Strik, 2015).

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El avance de campaña permite anticipar cómo variará el volumen de riego a lo largo del ciclo. Esta información es relevante para la fertirrigación porque la cantidad de nutrientes aplicada depende tanto de su concentración en la solución de riego como del volumen de agua aportado. Si la concentración se mantiene constante, un aumento del riego provoca un incremento proporcional de la dosis de fertilizante. Por ello, la concentración de la solución nutritiva o la cantidad de fertilizante inyectada deberá ajustarse para que la aportación de nutrientes se corresponda con el plan de fertirrigación y no únicamente con la evolución de las necesidades de agua. También debe tenerse en cuenta que una baja uniformidad de distribución afecta simultáneamente al agua y a los nutrientes. Aumentar el tiempo de riego no corrige una distribución desigual de ambos y puede incrementar las pérdidas de agua y nutrientes por drenaje. La relación entre el volumen de fertirrigación, la uniformidad de distribución y la eficiencia de uso del agua y los nutrientes ha sido puesta de manifiesto en cultivos hortícolas bajo invernadero (Contreras et al., 2020), aunque sus umbrales cuantitativos no deben trasladarse directamente a los frutos rojos. El avance de campaña no proporciona una recomendación nutricional, pero sí permite prever los cambios en el volumen de agua aplicado, coordinar con ellos el plan de fertirrigación y evitar que los ajustes del riego modifiquen inadvertidamente la dosis de nutrientes. De este modo, tanto la programación hídrica como la nutricional parten de una planificación inicial que debe contrastarse y corregirse con datos reales de la parcela.

9. Conclusiones Los avances de campaña de riego responden a una necesidad práctica: disponer, antes del inicio del ciclo, de una referencia cuantitativa para anticipar la evolución de la demanda y organizar el manejo del riego. Su elaboración combina la demanda meteorológica en el interior del macrotúnel, el desarrollo esperado del cultivo y una eficiencia de aplicación, y traduce la necesidad estimada a tiempos de riego para una instalación concreta. Los escenarios de año medio y cielo despejado representan, respectivamente, la evolución habitual y una situación de mayor demanda, sin pretender predecir la campaña. El procedimiento es común a fresa, frambuesa y arándano, pero la selección del avance debe atender a las características que mejor describen cada cultivo: fecha de plantación y evolución estacional en fresa; ciclo y cobertura en frambuesa; y edad, poda, porte y porcentaje de cobertura en arándano. El avance solo resulta útil cuando se adapta a la capacidad real de la instalación y se contrasta durante el ciclo con la recomendación semanal, el agua aplicada, el desarrollo del cultivo y los indicadores medidos en el sistema suelo-planta, especialmente la humedad del suelo o sustrato, el estado hídrico del cultivo y el drenaje. La evolución del volumen de riego debe coordinarse además con el plan de fertirrigación para evitar cambios no deseados en el aporte de nutrientes. Su principal valor no reside en ofrecer un valor fijo, sino en proporcionar una referencia inicial, cuantitativa y revisable desde la que interpretar la campaña y tomar decisiones mejor fundamentadas.

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Avances de campaña para la planificación y el ajuste del riego en frutos rojos

Agradecimientos Este trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto «Renaturalización Sostenible de la Agricultura en el Área de Influencia de Doñana» (ReNatgro), financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el marco de las ayudas para el desarrollo territorial sostenible en el área de influencia del Espacio Natural de Doñana. Referencias bibliográficas Allen, R.G.; Pereira, L.S.; Raes, D.; Smith, M. (2006). Evapotranspiración del cultivo. Guías para la determinación de las necesidades de agua de los cultivos. Estudio FAO de Riego y Drenaje n.º 56. FAO, Roma. Bonachela, S.; González, A.M.; Fernández, M.D. (2006). Irrigation scheduling of plastic greenhouse vegetable crops based on historical weather data. Irrigation Science, 25, 53–62. Bryla, D.R.; Strik, B.C. (2015). Nutrient requirements, leaf tissue standards and new approaches to fertilizing northern highbush blueberry. HortTechnology, 25(4), 464–470. Contreras, J.I.; Baeza, R.; Alonso, F.; Cánovas, G.; Gavilán, P.; Lozano, D. (2020). Effect of Distribution Uniformity and Fertigation Volume on the Bio-Productivity of the Greenhouse Zucchini Crop. Water, 12, 2183. Fernández, M.D.; Bonachela, S.; Orgaz, F.; Thompson, R.B.; López, J.C.; Granados, M.R.; Gallardo, M.; Fereres, E. (2010). Measurement and estimation of plastic greenhouse reference evapotranspiration in a Mediterranean climate. Irrigation Science, 28, 497–509. Gavilán, P.; Ruiz, N.; Lozano, D. (2015). Daily forecasting of reference and strawberry crop evapotranspiration in greenhouses in a Mediterranean climate based on solar radiation estimates. Agricultural Water Management, 159, 307–317. Gavilán, P.; Ruiz, N.; Lozano, D. (2019a). Riego del arándano en la provincia de Huelva: necesidades de agua, eficiencia de aplicación y productividad del riego. Horticultura, 349, 18–25. Gavilán, P.; Ruiz, N.; Lozano, D. (2019b). Riego de la frambuesa remontante: necesidades de agua, eficiencia de aplicación y productividad del riego. Horticultura, 340, 74–79. Gavilán, P.; Ruiz, N.; Miranda, L.; Martínez-Ferri, E.; Contreras, J.I.; Baeza, R.; Lozano, D. (2021). Improvement of Strawberry Irrigation Sustainability in Southern Spain Using FAO Methodology. Water, 13, 833. Gavilán, P.; Higueras, J.L.; Lozano, D.; Ruiz, N. (2024a). The Riego Berry mobile application: A powerful tool to improve on-farm irrigation performance in berry crops. Agricultural Water Management, 292, 108682. Gavilán, P.; Ruiz, N. (2024b). Requerimientos y programación del riego de los frutos rojos en la provincia de Huelva. Uso del pronóstico meteorológico. En Sostenibilidad hídrica en horticultura y poscosecha. Conesa et al. ed. Biblioteca Horticultura. Gavilán, P.; Ruiz, N. (2026). Datos climáticos para el regadío. La base invisible para una buena decisión agronómica. Agricultura, 1106, 52-57.

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