NOTICIAS DE LA COMUNIDAD LATINA EN INGLÉS Y ESPAÑOL
FEBRUARY 2026


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Aquí en Hola Iowa, cada edición cuenta una historia más grande — no solo de eventos, sino también de personas, valores y el legado que se construye en nuestras comunidades. Esta edición es un poderoso recordatorio de que el liderazgo toma muchas formas y que el impacto no siempre se mide por el reconocimiento, sino por el servicio. Honramos la vida de Salvador “Chavo” López, de Davenport, Iowa, un hombre cuya trayectoria refleja las luchas y los triunfos de la comunidad latina en el estado. Su historia no es solo historia — es un modelo de resiliencia, participación cívica y del valor silencioso que se necesita para enfrentar la injusticia. Desde el trabajo en los campos y el servicio militar
hasta la fundación del Concilio 10 de LULAC, la vida de Chavo nos recuerda que el progreso se construye paso a paso, generación tras generación. Ese mismo espíritu de servicio se refleja en el trabajo de Alfonso Medina, de Marshalltown, cuya filosofía de “No Love, No Tacos” va mucho más allá de la gastronomía. Su compromiso con el bienestar comunitario demuestra cómo los pequeños negocios pueden ser pilares de solidaridad, probando que el éxito y la generosidad no son caminos separados, sino uno solo.
También celebramos la innovación y la visión en las historias de Miavan Feliciano, Storm Lake, y Sophea Munguía, West Des Moines — mujeres que
Here at Hola Iowa, every issue tells a larger story — not just of events, but of people, values, and the legacy being built across our communities in Iowa. This edition is a powerful reminder that leadership comes in many forms, and impact is often measured not by recognition but by service.
We honor the life of Salvador “Chavo” Lopez, of Davenport, Iowa, a man whose journey reflects the struggles and triumphs of Iowa’s Latino community. His story is not only history — it is a blueprint for resilience, civic engagement, and the quiet courage it takes to challenge injustice. From labor fields to
military service to founding LULAC Council 10, Chavo’s life reminds us that progress is built step by step, generation by generation.
That same spirit of service appears in the work of Alfonso Medina, of Marshalltown, whose philosophy of “No Love, No Tacos” goes far beyond hospitality. His commitment to community giving shows how small businesses can be anchors of compassion, proving that success and generosity are not separate paths, but shared ones.
We also celebrate innovation and vision in the stories of Miavan Feliciano, Storm Lake, and Sophea
están transformando industrias y tradiciones por igual. Ya sea a través de la belleza accesible basada en la ciencia o de la danza folklórica arraigada en la cultura, ambas están ampliando el acceso, la confianza y las oportunidades.
En conjunto, estas historias reflejan lo que creemos profundamente en Hola Iowa: que la cultura, el emprendimiento, el servicio y la creatividad son fuerzas interconectadas. Nos recuerdan que el futuro de Iowa se está construyendo hoy — por quienes abrieron camino, por líderes que retribuyen y por jóvenes visionarias que se atreven a soñar en grande.
Hola America News - Hola Iowa P.O. Box 8188
Des Moines, IA 50301
Phone: 309-721-5693
E-mail: holaamerica2000@gmail.com
Munguía from West Des Moines, women reshaping industries and traditions alike. Whether through accessible beauty rooted in science or folkloric dance grounded in culture, both are expanding access, confidence, and opportunity.
Together, these stories reflect what we believe deeply at Hola Iowa: that culture, entrepreneurship, service, and creativity are interconnected forces. They remind us that Iowa’s future is being shaped right now — by elders who paved the way, by leaders who give back, and by young visionaries daring to dream bigger.

Editor-In-Chief
• Vacaciones de Sus Sueños • Renovaciones del Hogar • Consolidación de Deuda

4 E Main St Marshalltown, Iowa (641) 753-8522 Verduras y Fruta Fresca y Rica Comida Mexicana todos los días. Supermercado y Restaurante Mexicano en el mero downtown de Marshalltown. Abrimos todos los días de 8am a 10pm


Por Victoria Reyna-Rodriguez
“Sin amor, no hay tacos.”
Es más que una frase pegajosa en La Carreta Mexican Grill: es la filosofía que guía la vida y el negocio de Alfonso Medina. El restaurante, de propiedad familiar, ha usado el lema durante años y lo registró oficialmente como marca tras más de dos décadas al servicio de la comunidad.
Recientemente, Medina fue nombrado Filántropo Vecino del Año 2025 por la Asociación de Restaurantes de Iowa, en reconocimiento a su campaña “Sin amor, no hay tacos” y a su apoyo constante a la comunidad. El propietario del restaurante en Marshalltown se ha asociado con numerosas organizaciones y ha contribuido a programas de becas, colectas de abrigos y alimentos y recursos comunitarios locales, incluida la House of Compassion.
Nacido en Roanoke, Virginia, Medina se mudó a Iowa a los cinco años y también pasó parte de su infancia en México, lo que fortaleció su vínculo con sus raíces culturales. Creció en una familia de empresarios que operaba varios restaurantes en todo Iowa.
“El negocio siempre fue parte de nuestra vida diaria”, dijo Medina. “Se hablaba de ello en la mesa durante la cena y todavía se habla hoy”.
Más tarde obtuvo un título en gestión de hoteles, restaurantes e instituciones en la Universidad Estatal de Iowa, combinando la experiencia práctica con formación profesional.
“Todo esto ha moldeado la manera en que lidero, sirvo y crezco”, dijo.
Medina vive en Marshalltown, donde se ubica La Carreta. Su orgullo por la comunidad impulsa su compromiso de retribuir.
“Mi filantropía se basa en el simple hecho de que tengo el privilegio de poder retribuir, así que elijo hacerlo”, dijo Medina. “No tienes que haber pasado por dificultades personalmente para preocuparte por los demás”.
En La Carreta, el apoyo a la comunidad no es algo ocasional: es parte de la cultura. Tras reabrir el restaurante en 2018, luego de un cierre de cuatro años, Medina se enfocó en darle un propósito renovado más allá de servir comida. A través de redes sociales, relaciones sólidas con los clientes y profundas raíces comunitarias, el restaurante se ha convertido en un punto de encuentro para la conexión y el servicio.
Medina considera su reciente reconocimiento como un logro compartido.
“Este reconocimiento refleja a nuestro equipo, a nuestros clientes y a la comunidad de Marshalltown”, dijo. “Me motiva a seguir creciendo de manera responsable y a crear más oportunidades para retribuir”.
Para Medina, el mensaje sigue siendo simple: sin amor, no hay tacos, y no hay éxito sin generosidad.



Por Christina Fernández-Morrow
Mientras la mayoría de los adolescentes se concentran en la tarea escolar y en los planes del viernes por la noche, Sophea Munguia Gil está dirigiendo un negocio. Se enamoró del baile a los ocho años. En lugar de guardar esa pasión solo para ella y, con la ayuda y el apoyo de su mamá, lanzó Danza Folklórica del Oeste, una compañía de danza folclórica mexicana que fundó a los 15 años. Dos años después, está haciendo crecer un proyecto que honra sus raíces.
Gil representa a una nueva generación de jóvenes emprendedores que están construyendo negocios a partir de su cultura. Aunque la escena de la danza folclórica en el centro de Iowa ha crecido durante la última década, pocos maestros son tan jóvenes o tan ambiciosos como esta originaria de Des Moines, que sueña con llevar su compañía de danza a nivel global. Danza Folklórica del Oeste es un homenaje a San Sebastián del Oeste, el lugar donde nació su madre. “Aunque nací y crecí en Des Moines, me siento en casa en México”, dijo.
Aunque ama este pueblo en la Sierra Madre de Jalisco, México, Gil se ha formado en academias de danza en todo el país. “Ir a México como estudiante y ver todo lo que ocurre detrás de escena me dio la idea de enseñar”, explicó. Cada vez que regresa, comparte con sus alumnos los nuevos bailes y técnicas que aprendió. “Me gusta ver cómo los niños crecen”. No vuelve solo con ideas; también trae vestuarios y zapatos de baile hechos a la medida que representan las danzas regionales que enseña. Un solo vestido puede costar más de 200 dólares. Los bailarines compran sus propios trajes, pero pueden revenderlos a alumnos más pequeños o devolverlos al grupo cuando ya no les quedan. Las cuotas mensuales y los ingresos por presentaciones cubren los costos de vestuario, la renta del estudio, los pagos a los intérpretes y los refrigerios, y cualquier excedente se destina a Gil como un salario modesto. Como bailarina, Gil entiende que la danza fortalece la confianza y el sentido de pertenencia, el eje central de su visión. “Me encanta ver a niños pequeños que no distinguen su derecha de su izquierda desarrollar sus habilidades y, en un año, formar parte de una gran

presentación”, dijo Gil. “Nos esforzamos por crear una comunidad donde cada estudiante sienta que pertenece”.
Su sistema de tres niveles refleja ese compromiso. En lugar de agrupar por edad, evalúa las habilidades individuales. Los bailarines avanzados aprenden técnicas escénicas y coreografías complejas, mientras que los principiantes se enfocan en el manejo del vestuario y los pasos básicos. Gil enseña tanto en inglés como en español para asegurar que todos puedan participar.
Su dedicación y determinación están dando resultados. En 2025, el grupo se presentó durante el espectáculo de medio tiempo de un partido de los Iowa Wolves en el Casey’s Center de Des Moines. También obtuvo el primer lugar en un concurso comunitario de talentos, ganando 750 dólares que Gil invirtió en faldas de práctica hechas a la medida en México. El impulso continúa en 2026 con una invitación para presentarse en el festival de Cinco de Mayo de Omaha, la celebración cultural más grande del estado de Nebraska.
Detrás de estos logros hay una planeación ambiciosa, con metas que reflejan una madurez poco común para sus 17 años. Gil cursa estudios de administración de empresas y emprendimiento en la Southern New Hampshire University. “Elegí un programa en línea para poder cumplir mi sueño de ir a la universidad y, al mismo tiempo, dedicar tiempo a mi grupo de danza”, explicó. Aunque desea que Danza Folklórica del Oeste permanezca firmemente arraigada en Iowa, sus aspiraciones van mucho más allá. “Quiero tener estudios, presentarme en todo el mundo y colaborar con otros grupos”, afirmó.
Con su madre a su lado como socia y modelo a seguir, esta joven emprendedora está dejando una huella duradera. Sus estudiantes aprenden mucho más que coreografía; aprenden que la pasión, combinada con una buena planificación, genera éxito. Con las lecciones que ha aprendido y las que están por venir, Gil está lista para hacer crecer su negocio, ampliar su influencia y convertirse en un referente para la próxima generación de intérpretes y emprendedores. Sigue a Danza Folklórica del Oeste en Instagram y Facebook como @danzafolkloricadeloeste para conocer sus próximas presentaciones y obtener información sobre inscripciones. Ya sea que busques contratar al grupo para un evento o inscribir a tu hijo en sus clases, envíales un mensaje directo en redes sociales para comenzar.




HORARIO EXTENDIDO TEMPORADA 2026
ENERO 15, 2026 - ABRIL 15, 2026
LUNES-SABADO: 9:00AM – 9:00PM
DOMINGOS: 9:00AM – 9:00PM
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100 University Avenue, Des Moines, IA Al lado de la oficina principal de correo
Abiertos de Lunes a Jueves 9 am a 5:30 pm Viernes de 8 am a 5:30 pm
Horario del Drive-Up L-V 7:30 am - 6 pm



La vida de Salvador “Chavo” Lopez está entretejida con la historia de la comunidad latina de Iowa. Desde las orillas del río Misisipi en Muscatine hasta la fundación del Concilio 10 de LULAC en Davenport, su historia es de resiliencia, servicio y una fe inquebrantable en la justicia. Chavo no solo fue testigo de la historia: ayudó a moldearla. Con su fallecimiento, el 22 de enero de 2026, nuestra comunidad no solo se despide de un querido líder, sino que honra a un hombre cuya labor abrió puertas a las generaciones que vinieron después.
Salvador Lopez nació en Muscatine, Iowa, en 1928. Sus padres, Antonia y Federico Lopez, habían llegado a Estados Unidos desde el centro de México algunos años antes. Durante la Gran Depresión, la familia se mudó de Fairport, Iowa, a Cook’s Point, donde encontraron una comunidad mexicana muy unida. En verano, Salvador y sus amigos jugaban al fútbol americano y al hockey y nadaban en el río Misisipi. “Todos aprendían a nadar”, recuerda. “La forma en que yo aprendí fue que algunos de los muchachos más grandes —bueno— me llevaban a una islita. Y decían: ‘Ahora te vamos a dejar aquí’. Y me dejaban ahí, y yo tenía que encontrar el modo de regresar”. Para ganar dinero extra para ellos o para sus familias, trabajaban en los campos, cortando las puntas de las cebollas en el cercano Pleasant Valley. “Felipe Terronez solía tener un camión grande, y nos llevaba a los campos de cebolla y [nosotros] cortábamos las puntas de las cebollas y él nos traía de vuelta”, dice Salvador. “Nunca me gustó, pero lo hice de todos modos”.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Salvador y varios de sus amigos de Cook’s Point se alistaron en el ejército. Aunque esperaban servir juntos, fueron enviados a distintos rincones del mundo: uno a Hawái, otro a Japón y Salvador a Alemania. En el ejército, Salvador enfrentó prejuicios por parte de algunos de sus compañeros, quienes no lo veían como un igual.
“Cuando llegué a Alemania, el presidente Truman iba a integrar el ejército… empezamos a tener clases sobre por qué debíamos mantenernos unidos y así sucesivamente. Y claro, yo ya sabía que había prejuicio cuando vi dónde estaban los afroamericanos. Pero no lo había visto tanto contra los hispanos hasta que tuvimos esa clase. Y entonces lo mencionaron, dijeron: ‘¿Cuáles son algunas de las razones por las que no podemos unirnos?’ Y este tipo de Texas
dice: ‘Bueno, porque los afroamericanos no sirven para nada y los mexicanos no sirven para nada’. Un amigo mío que se inclinó hacia mí —estábamos sentados atrás— y me dice: ‘Oye, Lopez, está hablando de ti’. Y yo dije: ‘Lo sé’. Bueno, entonces, cuando salimos, le dije: ‘Oye, ¿por qué eres mejor que yo? ¿Qué te hace mejor que yo?’ Ahí como que cambió de opinión. Me encontré con otros más en el camino, pero más o menos tienes que ignorarlos y seguir adelante”.
A su regreso a Iowa, Salvador esperaba trabajar como operador de equipo pesado en una de las fábricas locales, ya que había adquirido experiencia con maquinaria pesada en el ejército. Sin embargo, a pesar de su experiencia, el sindicato local se negó a expedirle una credencial sindical.
En los sitios de trabajo, le decían: “Ve por esa credencial y puedes empezar a trabajar mañana”. Así que yo iba [al sindicato] y me decían: “Te va a costar cien dólares”. Yo decía: “Tengo cien dólares”. Pero entonces tenían que salir con otra cosa: “Bueno, tenemos que contratar a estos tipos que están desempleados”. Yo decía: “Bueno, yo encontré trabajo. ¿Por qué ellos no pueden encontrar trabajo?” Y me decían: “No, esas son las reglas. Primero tenemos que ponerlos a trabajar a ellos”. Y me repetían eso una y otra vez, y luego yo iba a otro sitio de trabajo y los contratistas me daban trabajo, pero la puerta que se me cerraba era con el sindicato.
Las prácticas discriminatorias del sindicato hicieron que Salvador continuara trabajando en mantenimiento en el ferrocarril local. Pero cuando solicitó puestos mejor pagados en el ferrocarril —como el de empleado postal en la terminal de carga— lo rechazaron. “Mientras te quedaras en lo que te tocaba, en lo que estaba abierto para ti, estabas bien. Pero si querías superarte, ahí era cuando te topabas con los obstáculos”, recordó Salvador. “Cada vez que había una vacante [en la terminal de carga], yo no podía entrar”. Con el tiempo, Salvador dejó el ferrocarril para trabajar en Sivyer Steel, donde conoció a otros mexicoamericanos cansados de la discriminación y de los prejuicios persistentes en sus comunidades. En 1959, trabajaron juntos para establecer un capítulo local de la League of United Latin American Citizens — LULAC Council 10—. “Este amigo nuestro [Jesse Mosqueda] nos explicó de qué se trataba todo: discriminación, política y el mejoramiento del hispano”, recuerda Salvador. “De inmediato reunimos a unas catorce [personas] y enviamos la solicitud. Y eso fue
en el ’59. Así fue como empezamos”. Como miembro fundador de LULAC, Salvador fue clave para preservar los registros y la historia de la organización. También desempeñó un papel importante en la creación de un fondo de becas educativas de LULAC para estudiantes universitarios. Aunque el fondo comenzó siendo pequeño, pronto creció gracias al esfuerzo de muchas de las mujeres integrantes del concilio que trabajaban detrás de escena vendiendo boletos de rifas y recaudando fondos para la fiesta anual y el certamen de reina. En 1979, el Concilio 10 de LULAC recaudó $27,000, y el concilio nacional lo igualó dólar por dólar. Recaudaron tanto dinero que, al año siguiente, la organización nacional cambió su política para igualar solo el cincuenta por ciento de la recaudación local. “Estábamos en la cima a nivel nacional”, recuerda Salvador. “Todos esos concilios en Texas apenas recaudaban mil dólares o quinientos. ¡Y este pequeño concilio emergente en Iowa salió con $27,000!”
El artículo original, escrito por Catherine Babikian, forma parte del sitio web llamado “Migration is Beautiful” de los Archivos de las Mujeres de Iowa en las Bibliotecas de la Universidad de Iowa.
Aunque Salvador “Chavo” Lopez ya no está con nosotros, el impacto de su vida sigue presente: en cada estudiante apoyado a través de las becas de LULAC, en cada joven líder que se forma sobre la base que él ayudó a construir y en cada historia de perseverancia que refleja la suya. Su trayectoria nos recuerda que el progreso nace del valor y que el servicio, ofrecido con humildad y propósito, puede resonar a lo largo de generaciones. Su legado no se desvanecerá; vive en la comunidad que ayudó a fortalecer y en el futuro que ayudó a construir. The translation




Por Christina Fernández-Morrow
Miavan Feliciano no le teme al cambio. La originaria de Florida se mudó con su familia a Iowa en pleno invierno, en busca de una mejor calidad de vida. Cuando la pandemia la obligó a cerrar su boutique en Storm Lake, aprovechó ese tiempo para lanzar su propia línea de cosméticos, MMKL, basada en su formación en química y en su gusto por los colores vibrantes, inspirados en su tiempo en Cuba. Tras construir una exitosa marca de cosméticos de marca propia, Feliciano ahora lanza una línea en la que nada cuesta más de $20. Comienza 2026 con Beauty 4 Five y la promesa de elevar la belleza accesible sin comprometer la calidad.
Su nueva apuesta, lanzada en enero, desafía la idea de la industria de la belleza de que los cosméticos limpios y veganos exigen precios premium. “Estamos impulsando precios más accesibles en el cuidado personal, del cabello y de la piel”, dijo Feliciano. Cada producto cuesta menos de $20, un giro marcado frente a su línea MMKL, que ha ganado seguidores en Estados Unidos y el Caribe.
Su objetivo: ofrecer calidad duradera para todos los tonos de piel. A partir de su red de amistades y empleados de diversos orígenes, Feliciano está decidida a ofrecer algo para todas las personas, sin importar su color de piel, edad, género o estilo de vida.
La sostenibilidad guía sus decisiones de empaque. Procura que no encarezca el costo de fabricar sus productos, para que esos gastos adicionales no se trasladen a los clientes. “Nos mantenemos con empaques reciclados para cuidar el presupuesto. Compramos insumos en distintas partes, como Italia e India”, dijo Feliciano. Aunque el empaque debe resistir el envío, sabe que ese no es el único objetivo. “Mis clientes van a usar el producto, no la caja”, suele recordar a los proveedores. Además del empaque sostenible, la nueva estrategia de Feliciano se apoya en gran medida en alianzas estratégicas.
Feliciano trabaja actualmente en 25 colecciones, muchas de ellas en colaboración. “Aprendo de estas otras empresas, y colaborar me ayuda a ganar experiencia. Ahora colaboramos con dos marcas globales y pronto nos asociamos con Google Beauty Care”, dijo. Estas alianzas priorizan la calidad y la accesibilidad. “Antes se podía comprar una brocha por un dólar; ahora algunas cuestan hasta $8. Con Beauty 4 Five, obtienes diez brochas por el mismo precio bajo”.
Feliciano compara su estrategia con la de otros minoristas


que anuncian productos en el rango de $5. “Todo el mundo quiere los cosméticos más recientes. Queremos ofrecer más productos que están de moda, pero que realmente funcionen”, dijo. Busca cosméticos y productos de cuidado de la piel con los mismos ingredientes en los que cree y se ha llevado una grata sorpresa al encontrar muchos artículos de alta calidad. “Cuando quiero colaborar con una marca, siempre pruebo lo que tienen en el mercado. Llevo más de un año probándolos”, dijo.
“Me sorprendió cuando empecé a ver una diferencia en mi piel. Tardó unos tres meses, así que, si eres paciente, verás resultados con estos productos. Nada funciona de la noche a la mañana, sin importar el precio”.
Feliciano señala que lo más importante para los consumidores es si un producto les funciona. “Hablaba con una clienta y me dijo que gasta $50 en su base. Le pregunté si hacía lo que ella quería. Me dijo que no lo sabía. Escucho eso todo el tiempo”, dijo Feliciano. En última instancia, subrayó que no se trata del precio, la marca o el lugar donde se compra. Los productos
para la piel, el cabello y el maquillaje tienen una función y, si no cumplen con lo que espera el consumidor, no valen lo que cuestan, punto. Esa filosofía va más allá de los productos y también se refleja en cómo se relaciona con sus clientes. Una de las estrategias de marketing favoritas de Feliciano es acercarse a su comunidad para presentar su línea y orientar a los clientes sobre cómo usar los productos y en qué fijarse. “Me gusta compartir consejos y mostrarles cómo ahorrar dinero sin dejar de lograr el look que quieren”, dijo. “Quiero que entiendan que ofrecemos calidad, apoyamos a hombres y mujeres y quitamos la idea de que el glamour tiene que ser caro. Beauty 4 Five no significa dejar MMKL; es subir de nivel para crecer, colaborar y aportar más al mercado”. De Florida a Iowa, del cierre de una boutique a las fórmulas de laboratorio, Feliciano no ha dejado de adaptarse. Mientras grandes minoristas de belleza reportan una desaceleración en las ventas entre consumidores más cuidadosos con el gasto, ella ve una oportunidad. Para Feliciano, Beauty 4 Five es más que ventas. “Queremos


ayudar a la gente a gastar mejor y conseguir todo lo que necesita para verse bien y sentirse con confianza, todo en un solo lugar”, dijo. No le interesa seguir tendencias ni poner a prueba el mercado; quiere transformar la belleza para que sea accesible e inclusiva y, a juzgar por las reseñas en su sitio web y en redes sociales, va encaminada a lograrlo.
Encuentra su nueva línea en www.beauty4five. shop.



By Victoria Reyna-Rodriguez
“No love, no tacos.”
It’s more than a catchy phrase at La Carreta Mexican Grill — it’s the philosophy that guides Alfonso Medina’s life and business. The family-owned restaurant has used the slogan for years and officially trademarked it after more than two decades of serving the community.
Medina was recently named the 2025 Restaurant Neighbor Philanthropist of the Year by the Iowa Restaurant Association, recognized for his “No Love, No Tacos” campaign and longstanding community support. The Marshalltown restaurant owner has partnered with numerous organizations, contributing to scholarship programs, coat and food drives, and local community resources, including the House of Compassion.
Born in Roanoke, Virginia, Medina moved to Iowa at age five and also spent part of his childhood in Mexico, shaping a strong connection to his cultural roots. He grew up in a family of business owners who operated several restaurants across Iowa.
“Business was always part of our daily life,” Medina said. “It was talked about at the dinner table and still is today.”
He later earned a degree in hotel, restaurant, and institution management from Iowa State University, combining hands-on experience with professional training.
“All of this has shaped the way I lead, serve, and grow,” he said.
Medina now lives in Marshalltown, where La Carreta is located. His pride in the community fuels his commitment to giving back.
“My philanthropy is inspired by the simple fact that I have the privilege to give back, so I choose to do it,” Medina said. “You don’t have to experience hardship personally to care about others.”
At La Carreta, community support is not occasional — it’s part of the culture. After reopening the restaurant in 2018 following a four-year closure, Medina focused on giving it renewed purpose beyond serving food. Through social media, strong customer relationships, and deep community roots, the restaurant has become a hub for connection and service.
Medina views his recent award as a shared achievement.
“This recognition reflects our team, our customers, and the Marshalltown community,” he said. “It motivates me to keep growing responsibly and creating more opportunities to give back.”
For Medina, the message remains simple: no love, no tacos — and no success without generosity.


April 14-15, 2026





The real-life coach portrayed in the film Coach Carter, whose story inspired audiences nationwide. LEARN MORE



The life of Salvador “Chavo” Lopez is woven into the history of Iowa’s Latino community. From the banks of the Mississippi River in Muscatine to the founding of LULAC Council 10 in Davenport, his story is one of resilience, service, and unwavering belief in justice. Chavo did not just witness history — he helped shape it. With his passing on January 22, 2026, our community not only says goodbye to a beloved elder, but honors a man whose life’s work opened doors for generations that followed.
Salvador Lopez was born in Muscatine, Iowa, in 1928. His parents, Antonia and Federico Lopez, had come to the United States from central Mexico some years before. During the Depression, the family moved from Fairport, Iowa, to Cook’s Point, where they found a close-knit Mexican community.
In the summer, Salvador and his friends played football and hockey and went swimming in the Mississippi River. “Everybody learned how to swim,” he remembers. “The way I learned was some of the bigger guys—well, they’d take me out to a little island. And they say, we’ll leave you there now. And they left me there, and I had to find my way back.” To earn extra money for themselves or their families, they worked in the fields cutting the tops off of onions in nearby Pleasant Valley. “Felipe Terronez used to have a big truck, and he’d take us out to the onion fields and [we’d] top onions and he’d bring us back,” Salvador says. “I never did like it, but I did it anyway.”
When World War II broke out, Salvador and several of his friends from Cook’s Point enlisted in the military. Though they hoped to serve together, they were sent to different corners of the world—one to Hawaii, one to Japan, and Salvador to Germany. In the army, Salvador faced prejudice from his fellow soldiers, who did not see him as an equal.
“When I got over in Germany President Truman was going to integrate the army…we started having classes on why we should all stick together and so on and so forth. And of course, I already knew that there was prejudice when I seen where the blacks were at. But I hadn’t seen it too much against Hispanics until we were having that class. And then they brought it up, they say, “What’s some of the reasons why we can’t get together?” And this one guy from Texas says, “Well, because the blacks ain’t no good and
the Mexicans aren’t no good.” A buddy of mine who was leaning over—we were sitting in the back—and he says, “Hey, Lopez, he’s talking about you.” And I said, “I know.” Well, then, when we came out, I said, “Hey, how come you’re better than me? What makes you better than me?” He kind of changed his mind then. I met other ones along the line, but you’ve more or less just got to ignore it and keep going.”
Upon his return to Iowa, Salvador hoped to work as a heavy equipment operator at one of the local factories, having gained experience with heavy machinery in the army. Yet despite his experience, the local union refused to issue him a union card. On the job sites, they would say, “Go get that card, and you can start to work tomorrow. So I’d go [to the union], and they’d say, “It’s gonna cost you a hundred dollars.” I say, “I got a hundred dollars.” But then they had to come up with something else: “Well, we’ve gotta hire these guys that are laid off.” I said, “Well, I found a job. Why can’t they find a job?” And they said, “No, that’s the rules. We’ve gotta put them to work first.” And they kept telling me that over and over and then I go to a different job site and the contractors would give me a job, but the door that was shutting on me was at the union hall.
Discriminatory practices by the union meant that Salvador continued to work maintenance on the local railroad. But when he applied for higher-paying railroad jobs—such as a postal clerk at the freight house—he was turned away. “As long as you stuck in your given whatever was open for you, you were all right. But if you wanted to improve yourself, well, that’s when you ran into the roadblocks,” Salvador recalled. “Whenever there was an opening [at the freight house], why, then I couldn’t get in.”
Salvador eventually left the railroad to work at Sivyer Steel, where he met other Mexican Americans tired of the ongoing discrimination and prejudice in their communities. In 1959, they worked together to establish a local chapter of the League of United Latin American Citizens—LULAC Council 10. “This friend of ours [Jesse Mosqueda] explained to us what it was all about—discrimination and politics and the betterment of the Hispanic,” Salvador remembers. “We immediately got about fourteen [people] and sent the application in. And that was in ’59. And that’s how we got started.”
As a founding member of LULAC, Salvador was instrumental in preserving LULAC’s records and history. He has also played a key role in the establishment of a LULAC education scholarship fund for college students. Though the fund started off small, it soon grew thanks to the efforts of the many women members of the council who worked behind the scenes, selling raffle tickets and raising money for the annual fiesta and queen competition. In 1979, LULAC Council 10 raised $27,000, and the national council matched it dollar for dollar. They raised so much money that the next year, the national organization changed its policy to only match fifty percent of local fundraising. “We were top in the nation,” Salvador recalls. “All these councils down in Texas were only raising a thousand dollars or five hundred. And this little upstart council down in Iowa came up with $27,000!”
The original article, written by Catherine Babikian and is part of the website called “Migration is Beautiful” part of the Iowa Women’s Archives at the University of Iowa Libraries.
Though Salvador “Chavo” Lopez is no longer with us, the impact of his life continues to move forward — in every student supported through LULAC scholarships, in every young leader who stands on the foundation he helped build, and in every story of perseverance that mirrors his own. His journey reminds us that progress is born from courage, and that service, given with humility and purpose, can echo across generations. His legacy will not fade; it lives on in the community he helped strengthen and the future he helped shape.



By Christina Fernández-Morrow
When most teenagers are focused on homework and Friday night plans, Sophea Munguía is running a business. She fell in love with dancing at eight years old. Rather than keep that passion to herself, with the help and encouragement of her mom, she launched Danza Folklorica del Oeste, a Mexican folkloric dance company she started at 15. Two years later, she’s growing a business that honors her roots.
Munguía represents a new generation of
young entrepreneurs who are building businesses based on their culture. While Central Iowa’s folkloric dance scene has grown over the past decade, few teachers are as young or ambitious as this Des Moines native who dreams of taking her dance company global. Danza Folklorica del Oeste is an ode to San Sabastián del Oeste, the place of her mother’s birth. “Even though I was born and raised in Des Moines, I feel at home in Mexico,” she said. While she loves this town in the Sierra Madre mountains of Jalisco, Mexico, she
has trained at dance academies all over the country. “Going to Mexico as a student and seeing the behind the scenes of how it all works gave me the idea of teaching,” she said. Each time she returns, she teaches her students the new dances and techniques she learned. “I like to see how the kids grow.” She doesn’t return with just ideas; she brings back custom-made costumes and dance shoes representing the regional dances she teaches. One dress can cost upwards of $200. Dancers
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purchase their own costumes but can resell them to smaller dancers or back to the group when they outgrow them. Monthly fees and performance revenue cover costumes, studio rental, performer stipends, and snacks, with any remainder going to Munguía as a modest salary.
As a performer herself, Munguía understands that dance builds confidence and belonging, the heart of her vision. “I love to see little kids who don’t know their right from their left expand their skills and in a year be part of a huge performance,” said Munguía. “We strive to create a community where every student feels like they belong.”
Her three-level system reflects this commitment. Rather than grouping by age, she assesses individual skills. Advanced dancers learn performance techniques and complex choreography, while beginners focus on costume management and basic steps. Munguía teaches in both English and Spanish to ensure everyone can participate.
Her thoughtfulness and determination are paying off. In 2025, the group performed during the halftime show at an Iowa Wolves game at the Casey’s Center in Des Moines. They also took first place at a community talent show, winning $750 that Munguía invested in custom practice skirts from Mexico. The momentum continues into 2026 with an invitation to perform at Omaha’s Cinco de Mayo festival, the largest cultural celebration in the Cornhusker state.
Behind these successes lies ambitious planning with goals that show maturity beyond her 17 years. She’s taking business administration and entrepreneurship courses at Southern New Hampshire University. “I chose an online program to pursue my dream of going to college while dedicating time to my dance group,”
said Munguía. While she wants Danza Folklorica del Oeste to stay firmly rooted in Iowa, her aspirations go much further. “I want to have studios and perform around the world, and partner with other groups,” she said.
With her mother at her side as her partner and role model, this young entrepreneur is making a lasting impact. Her students are learning more than choreography; they’re learning that passion plus planning creates success. With the lessons she’s learned and the ones to come, Munguía is poised to grow her business, her influence and become a role model herself to the next generation of aspiring performers and business owners.
Follow Danza Folklorica del Oeste on Instagram and Facebook at @danzafolkloricadeloeste for performance updates and enrollment information. Whether you’re looking to book the group for an event or enroll your child in classes, DM them on social media to get started.


JANUARY 17 – JUNE 17, 2026
Ho-Chunk artist Henry Payer considers history and identity through his signature mixed-media collages that combine imagery drawn from historical archives and personal experience. His work links past and present, exploring the intersection of Native traditions and Western popular culture.



By Christina Fernández-Morrow
Miavan Feliciano isn’t afraid of change. The Florida native drove her family to Iowa in the middle of winter for a higher quality of life. When the pandemic forced her to close her Storm Lake boutique, she used that time to launch her own cosmetic line, MMKL, based on her chemistry background and love of bright colors inspired by her time in Cuba. After building a successful private label cosmetics brand, Feliciano is launching a line where nothing costs more than $20. She’s entering 2026 with her new line, Beauty 4 Five, with a promise to elevate affordable beauty without compromising quality. Her new venture, launched in January, challenges the beauty industry’s equation that clean, vegan cosmetics demand premium prices. “We’re fighting for more affordability when it comes to personal care, hair care, and skin care,” Feliciano said. Every product rings up under $20, a dramatic pivot from her established MMKL line that has built a following across the United States and Caribbean.
Her goal: to provide long-lasting quality for all skin tones. Learning from her network of friends and employees from diverse backgrounds, Feliciano is determined to offer something for everyone, regardless of their skin color, age, gender, or lifestyle.
Sustainability drives her packaging choices. She ensures it doesn’t override the cost of creating her products, so these extra costs won’t be passed on to customers. “We stick to recycled packaging to help our budget. We source from all over, like Italy and India,” Feliciano said. While the packaging needs to withstand shipping, she knows that’s not the only goal. “My customers are going to use the product, not the box,” she often reminds vendors. Beyond sustainable packaging, Feliciano’s new strategy relies heavily on strategic partnerships. Feliciano is currently working on 25 collections, many of which are collaborations. “I learn from these other companies, and collaborating helps me gain experience. We collaborate with two global brands right now and are going to partner with Google Beauty Care soon,” she said. These partnerships prioritize quality and affordability. “You used to be able to get a brush for a dollar, now some are as high as $8. With Beauty 4 Five, you get ten brushes for the same low price.”
Feliciano compares her strategy to that of other
retailers advertising products at the $5 price point. “Everyone wants the latest cosmetics. We want to offer more products that are trending, but that actually work,” she said. She looks for cosmetics and skin care that have the same ingredients she believes in and has been pleasantly surprised to find many high-quality items. “When I want to collaborate with a brand, I always test what they have in the market. I’ve been testing these for over a year,” she said.
“I was shocked when I started to see a difference in my skin. It took about three months, so if you’re patient, you’ll see results from these products. Nothing works overnight, no matter the price.” What matters most to consumers is whether a product works for them, Feliciano advises. “I was talking to a customer and she said she spends $50 on her foundation. I asked her if it did what she wanted it to. She said she didn’t know. I hear that all the time,” Feliciano said. Ultimately, she stressed that it’s not about the price, brand, or retail outlet. Skin, hair, and cosmetic products have a job to do and if they don’t live up to the consumer’s expectations, they aren’t worth the price – period. That philosophy extends beyond products to how she engages with customers.
One of Feliciano’s favorite marketing strategies is getting into her community to share her line and educate customers on how to use the products and what to look for. “I like to share tricks and show them how to save money but still get the look they want,” she said. “I want them to understand that we deliver quality, support men and women, and remove the idea that glam has to be expensive. Beauty 4 Five isn’t me letting go of MMKL, it’s leveling up to thrive, collaborate, and bring more to the market.”
From Florida to Iowa, from boutique closures to chemistry-lab formulations, Feliciano has never stopped pivoting. As major beauty retailers report slowing sales among price-conscious consumers, she sees opportunity. To her, Beauty 4 Five is about more than sales. “We want to help people spend smarter and get everything they need to look good and feel confident, all in one place,” Feliciano said. She isn’t interested in following trends or testing the market; she wants to reshape beauty to be accessible and inclusive, and by the looks of the reviews on her website and social media, she’s on her way to meeting that goal.
Find her new line at www.beauty4five.shop.
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La Quiropráctica también puede ayudar con problemas y dolores del emberazado, al igual que con problemas en niños y bebés.
La Dra. Lidia Gómez solo ve pacientes con cita previa pero en casos de emergencia les pide que llamen antes de ir a su oficina.









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