“Queremos el pan y las rosas” La GOAC de Barcelona recibió la invitación a participar en el Foro Catalán de Teología y Liberación, y el día 21 de enero, el Sector de Mujeres, presentaba el taller “Queremos el pan y las rosas”. Se inició recordando a las compañeras predecesoras: Pilar Espuña, Mercedes Sánchez, Lola Fumanal, Isa García, Assun Aloy, Manoli Delgado, Àngels Cantos, Marga Pugès... como reconocimiento a sus enseñanzas obreras, feministas y cristianas, y a su sana urgencia por llegar a una transformación de la sociedad y de la Iglesia capaz de ofrecernos un mundo de equidad. Después nos habló Lucía Ramón Carbonell, teóloga feminista y autora del libro “Queremos el pan y las rosas. Emancipación de las mujeres y cristianismo”, de Ediciones HOAC. Ella expuso las ideas clave que nos ayudarían a trabajar después en cuatro subgrupos:
1. La justicia del pan y... la de las rosas. Recordando el grito de las obreras en el año 1912: La idea del pan nos remite a la justicia económica, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, y la redistribución. Las rosas son una invitación buscar las dimensiones de reconocimiento, autonomía, reciprocidad y creatividad. Las mujeres cristianas podemos aportar nuestra experiencia del Evangelio en este proceso. La vida de Jesús genera una experiencia de emancipación y plenitud; y ha impulsado y continúa impulsando a muchas mujeres al compromiso por la transformación de las condiciones de vida, fundamentalmente de las personas empobrecidas
2. Las violencias de género y la insurgencia de las mujeres, un ver que nos urge: La violencia doméstica es una manifestación más de la violencia de género, de las múltiples formas de violencia física, psicológica y estructural que sufrimos las mujeres por el hecho de ser mujeres. Hemos de analizar la relación entre la violencia contra las mujeres, las iglesias y las diferentes formas de vivir el cristianismo. El feminismo no es sólo un movimiento de dignificación para las mujeres, también lo es para los hombres. El ecofeminismo es una corriente de pensamiento y acción que guía la transformación cultural que necesitamos. Las teologías feministas cristianas representan otra corriente de diálogo crítico, que entiende que es posible “redimir la teología cristiana” de sus pecados patriarcales y elementos contaminantes contra las mujeres.
3. Aportaciones de la teología feminista a la emancipación de las mujeres y de los hombres. Las mujeres en el movimiento de Jesús hacia el logro de la paridad: En el ámbito de la lucha por la paridad, la imposición de un proyecto vital de subordinación impide a las mujeres dotarse de poder. Los hombres han ideado un prototipo de mujer de acuerdo con sus deseos, y un concepto de fidelidad que priva la mujer de la posibilidad de ser auténtica, autónoma para construirse sujeto moral y libre, recluyéndolas al ámbito de lo privado. En sentido contrario, las mujeres bíblicas renacieron en el Espíritu del Resucitado y edificaron las primeras comunidades.
4. Espiritualidad cristiana ecofeminista para otro mundo posible Estamos en una crisis sin precedentes debido al exceso de poder, de miseria y de violencia estructurales. Todo unido a la falta de sentido y de espiritualidad. Prolifera la incapacidad de hacerse cargo del padecimiento de los demás de forma constructiva. Está muy tendida la ausencia de compasión. La teología feminista impulsa una espiritualidad más equilibrada, que no pone el acento exclusivamente en la trascendencia y el poder de Dios desde una concepción autoritaria, sino que afirma aquello material y el cuerpo de las mujeres como ámbito de experiencia de Dios, como fundamento de la trama de la vida y fuente de libertad; como Padre/Madre, Amante y Amigo; como Sofía, dinamizadora de todo crecimiento y plenitud de todo viviente; como Trinidad (comunión, vida en relación, energía en expansión, Amor supremo). Una espiritualidad que nos ayuda a resistir cualquier forma de victimización y a tomar conciencia de la enorme capacidad de las mujeres por abrir caminos. La experiencia religiosa auténtica fortalece la esperanza por construir otro mundo posible e inspira la resistencia a los ídolos y poderes de muerte. Hablamos de una espiritualidad basada en: • Bendecir y saborear el don de la vida global, frente a una cultura que escinde. • Admitir el propio sufrimiento como crecimiento espiritual y compartir el de las otras con la compasión que da el amor. • Hacernos semejantes a Dios en la creatividad que respeta los procesos de maduración, los ritmos de crecimiento personal, comunitario, cósmico, y abrazar todas las dimensiones de la persona. • Transformar este mundo por restablecer la justicia, con el cuidado y el desarrollo de la vida toda.
De los talleres surgieron estas propuestas de futuro: -Hacer red para conocer experiencias. -Reivindicar un lenguaje no androcéntrico en el mundo social y en el mundo de las diferentes tradiciones religiosas. -Como mujeres, recuperar y reivindicar el derecho a la palabra, a participar y a decidir. A ser visibles. -Denunciar en colectivo las causas sistémicas generadoras de las violencias de género. Implicarnos personalmente y en colectivo en el acompañamiento, apoyo y promoción de las mujeres, especialmente aquellas más empobrecidas y las víctimas que hay en las diferentes culturas. -Trabajar por la paridad. La presencia real en los lugares de decisión hará posible otra realidad... pero con un cambio de mentalidad de las mismas mujeres. -Conocer mejor los análisis y reflexiones de las teologías feministas e incorporarlas al estudio personal y de los colectivos, para ir más a fondo en la acción. -Hacer objeción de conciencia y experiencia de transgresión, como por ejemplo celebrar la Eucaristía aunque no sea presidida por un hombre. -Redefinir la feminidad y la masculinidad. Universalitzar este patrimonio y equilibrarnos (mujeres y hombres). Recrear nuevas relaciones dentro de cada persona, con las demás, en el barrio, la familia, la Iglesia... y con la Naturaleza, sin olvidarnos del cuidado personal y colectivo.
La siguiente declaración fue nuestro “actuar”: Queremos ser fuente de Esperanza a través de nuestro compromiso con la erradicación de las violencias de género Tenemos roto el corazón: es inmensa nuestra tristeza e indignación por el asesinato de tantas hermanas en el curso del año que acaba de nacer Las personas reunidas en el Foro Catalán de Teología y Liberación, a partir del taller “Queremos el pan y las rosas”, hoy en día 22 de enero de 2012, expresamos unidas la siguiente declaración: -Vemos que la humanidad está necesitada de una espiritualidad y una sabiduría centradas en no hacer daño a la Naturaleza y, en ella, las personas. El respeto, en primer lugar, a la Obra Creadora. Y así, el respeto hacia las personas que nos han dejado un legado de bondad, de lucha y creatividad (la memoria); las personas que hoy habitamos el Planeta, y las futuras generaciones.
-Vemos a la vez que la globalización entendida por los sectores poderosos nos lleva por el camino contrario: individualismo, consumismo, depredación de la Tierra, xenofobia, militarización, guerras... -Por todo ello, y atendiendo en concreto las violencias de género, pedimos un compromiso social y ecuménico. Este compromiso implica que personas, comunidades, colectivos y entidades y organismos nos convertimos en Observatorio para la erradicación de estas violencias. -Pedimos especialmente que las instituciones, líderes y creyentes de las diversas religiones denuncien que las violencias de género son “un pecado” y que inicien un proceso eficaz de revisión de sus teologías, enseñanzas y prácticas que lo favorecen y se comprometan a eliminarlas. -Hará falta un protocolo de actuación a cada “lugar” (en el interior de cada ser humano, en la familia, la escuela, el trabajo, en la comunidad de creyentes, en la asociación vecinal, el sindicato, el ayuntamiento...) para: - romper con la invisibilidad de las víctimas, que puedan acercarse a unos “lugares” acogedores dónde encuentren escucha activa y la fuerza necesaria para elevar su voz, - denunciar ellas, pues, todas las violencias de género: el robo de la dignidad; la carencia de reconocimiento; los sobreprecios de los productos agrícolas y de alimentación; la deuda externa y feminización de la pobreza; la esclavitud de la prostitución forzada; las actividades de las transnacionales y las multinacionales contra la Tierra y las criaturas; el feminicidio; la investigación militarista y androcéntrica; el desprecio hacia la salud y el cuerpo de las mujeres; la discriminación laboral; el abuso sexual en el hogar, el trabajo, la escuela, las comunidades de creyentes, la calle, las guerras (violaciones como estrategia de guerra)... - hacer uno recojo de buenas prácticas, aquellas que nos dicen que: -hemos de hacer el camino de la justicia (el pan) y la com-pasión (las rozas) -hace falta la transformación de las estructuras de dominio y explotación hacia unas de equidad y humanización; es posible otra economía, otra educación, otras relaciones entre mujeres y hombres... otras actuaciones, a fin de que las víctimas puedan apoderarse, capacitarse, curarse y participar plenamente. Otra mirada y otro mundo son posibles Nos despedimos con “rosas”, reconociéndonos mutuamente a través de una dinámica entrañable basada en aplaudirnos, cogernos de las manos y abrazarnos. Sector de Mujeres de la GOAC de Barcelona y Sant Feliu
“El taller ha sido una experiencia rica por la puesta en común de nuestras experiencias feministas. A las mujeres nos queda mucho camino para conseguir las Rosas, aunque el Pan no lo hemos alcanzado del todo. Hace falta hacer visible nuestra cara en el camino del Pan y las Rosas.” Pilar Portolés, presidenta de la Asociación Vallès Amigos de la Neurología de Sabadell (AVAN) y feminista.
“El taller me pareció muy interesante, en estos momentos en qué la mujer puede llegar a parecer ciudadana de segunda clase. Lucia hizo una buena aportación sobre la urgencia de reflexionar la situación de las mujeres frente a la pobreza, la explotación laboral, la discriminación, la violencia de género actual”. Lourdes Alferez, madre de familia y estudiante de teología
“Me encontré muy bien, en aquel espacio dónde los hombres éramos una minoría e invitaba más a aprender que a hacer “de maestro”. La exposición de Lucía, espléndida: completa y sintética a la vez. A destacar, las experiencias vivas de las mujeres de mi “grupo pequeño”. Josep Maria Rambla, sacerdote jesuita
“En el aula no cabía ni un alfiler. El debate fue muy enriquecedor, en mi grupo surgió que hemos de fomentar la educación en paridad no solo en las escuelas y otras instituciones, sino en las mismas familias. Llevé a Torreforta el libro de Lucía con su dedicatoria animándonos a la lucha por el pan y las rosas”. Cisco González, miembro de la GOAC de Tarragona