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Entrevista a Carlos Díaz en Noticias Obreras

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Entrevista Carlos Díaz, profesor de filosofía en la UCM y en la Pontificia de México

«Cristo es nuestro mejor Tú» José Luis Palacios

Carlos Díaz, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y en la Pontificia de México además de fundador del Instituto Enmanuel Mounier –consagrado al personalismo comunitario–, ha escrito cientos de libros desde su insobornable independencia y su inconmensurable saber puesto al servicio de la acción humanizadora. –¿Cómo le ha influido el pensamiento y la obra de Guillermo Rovirosa, primer militante de la HOAC? –Rovirosa fue un santo, aunque de aquellos que –como dijera González Ruiz– nunca serán canonizados. Entre los santos, los hay que la tierra impone al cielo, y otros que el cielo impone a la tierra; yo creo que Rovirosa pertenece a los primeros. ¡Cómo no iba a influirme! –¿Qué similitudes y complementariedad encuentra entre Rovirosa y Mounier? Las similitudes proceden de la época en que el mundo tenía que optar entre: comunismo o cristianismo (el fascismo y el capitalismo no fueron nunca opción para ninguno de ellos); las diferencias, las que suelen existir entre un católico cercano a la clase trabajadora profesionalmente, y un intelectual francés, aunque en el caso de Mounier con una fuerte voluntad de encarnación doble: en el Dios encarnado en Cristo, y en el Cristo encarnado en los pobres. En esa coincidencia profunda veo en Mounier los mismos signos de santidad que en Rovirosa. –¿Cree que el pensamiento de Rovirosa mantiene su vigencia? Lo único permanente en la historia es la historia de la santidad, que es al

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mismo tiempo santidad y salvación. Los análisis técnicos pasan, las personas atravesadas por el don santo quedan. Pero esto es algo que el lector de superficie no suele comprender. La persona superficial necesita siglos para comprender a los santos. Por lo demás, también el término de «santo» ha sido depauperado.

tos»: los experimentos, con gaseosa. De lo contrario, podría acabar alquilando su alma al diablo ideológicamente y entonces equivocarse, como lo hizo, en cierta etapa, lamentablemente la dirigencia de la HOAC buscando el agua de su salvación en un marxismo viscoso y mecanicista al que llamaron «estructuralista».

–¿Qué esfuerzos debería redoblar con más intensidad la HOAC para ser todavía más fiel a Rovirosa? –A riesgo de resultar «cansalmas», repito que el seguimiento de la santidad encarnada en los últimos; por lo demás, en la HOAC no hay que hacer reformas, contrarreformas, ni «aggiornamen-

–Para muchos, la actual crisis política y financiera es también una crisis moral... –La gente se reía cuando repetíamos (antes de Franco, con Franco y después de Franco) aquello que enseña Emmanuel Mounier la revolución será estructural o no será, será interior o no


Entrevista será. En ningún momento de mi vida, en ninguno de los países en los que he vivido, he visto una transformación revolucionaria arraigada y potenciada al mismo tiempo por la transformación interior. Quizá el anarquismo la alentó, pero no llegó hasta su último hálito, porque este hálito viene de lo alto, y sin él todo cambio degenera en conformismo. Es difícil ser un místico revolucionario, un santo en la calle, siempre lo ha sido. –¿Necesitamos más filósofos que economistas y políticos? ¿Por qué? –Yo no soy platónico, quizá por eso no creo en la necesidad del filósoforey. Entre los filósofos hay –y siempre hubo– de todo, pero en general no se parecen al búho de Minerva como ellos presumen, más bien se me antojan domesticados mochuelos torpes dispuestos a sacralizar las patologías ciudadanas dominantes, por lo cual anteayer fueron tomistas, ayer marxistas, más tarde nihilistas, hoy narcisistas, y pasado mañana fascistas marxistas leninistas y de las JONS; en resumen: son lo que toque ser, de ahí su probable y previsible desaparición como profesión, algo que a mí no me preocupa. Por mí, que desaparezcan de las cátedras, porque la filosofía está en otra parte. –¿Se está gestando una nueva antropología que podría desvirtuar lo que hasta ahora venimos entendiendo por dignidad del ser humano? –Niego absolutamente esa forma de determinismo sin fundamento. No es la época la que cambia mecánicamente arrastrando al hombre hasta hacerlo desaparecer como las huellas en la arena, según se ha venido postulando desde el hinduismo hasta la New Age o la Cienciología (dime de qué ciencia presumes y te diré de qué careces). Al contrario, es porque hay hombres y mujeres que cambian por lo que cambia la historia. El resto es pereza. –¿Qué oportunidades y qué retrocesos trae esta época?

–La crisis social no cura las crisis personales, la tristeza del desfondamiento antropológico. Hace una década, cuando la última gran crisis mundial tambaleó casi todos los cimientos, pareció comenzar a hablarse tímidamente de agotamiento irreversible del sistema capitalista; hoy ya nos contentamos con atisbar vestigios desvaídos de «brotes verdes» para el año siguiente como si nada hubiera pasado, y mientras tanto a casita que llueve aguantando hasta que escampe. Cuando me expreso así vienen a mi mente las palabras del gaucho Martín Fierro: «Cantas raro, pajarraco, repites letras y letras y nadie atiende a tu canto». Pero no soy pesimista, si lo fuera me habría apuntado desde hace muchos años a los espejismos fáciles. –¿Corremos peligro de que estalle el consenso social? –A mí no me aterroriza que estalle lo que está podrido. Que estalle lo que tenga que estallar, pero que estalle transformando el corazón de cada persona estallada, toda vez que si la guillotina hace rodar cabezas sin transformar corazones la misma guillotina habrá fracasado. Gandhi decía: «prefiero la violencia a verla refrenada por miedo». Aunque me tiemblen las piernas, que me tiemblen donde me tengan que temblar. Sé que eso es terrible, de to-

dos modos. Pero la violencia estructural mata aún más al mismo tiempo que te desea una feliz y consumista navidad. –¿Qué papel está llamada a jugar la religión en este siglo XXI? –Llevo décadas explicando historia comparada de las religiones y no puedo hablar de religiones en abstracto. No son lo mismo las religiones transpersonalistas (hindu-budismo) que las personalistas comunitarias (judeo-islamo-cristianismo). A pesar de todo el islamismo me parece intrínsecamente una amalgama infértil de judaísmo y cristianismo incompatible con la racionalidad democrática. Pero tampoco es lo mismo religión que espiritualidad, hoy situada en la línea de un espiritualismo burgués y falsamente contrapuesta a la religión. De religión es de lo que menos se sabe y lo que nadie estudia, y por tanto lo que peor se vive. Vivo con tristeza la ausencia de seguimiento entero y verdadero de Jesús de Nazareth, que es además para mí el sentido de la historia, su alfa y omega. Cristo es nuestro mejor ¡Tú!, y así lo vio Rovirosa. –¿Qué dificultades tiene la Iglesia para hacer de referencia moral y espacio de solidaridad? –Mi idea es muy sencilla: a los católicos no nos gusta la vida ni la obra de Jesús, por eso no queremos seguirlo, algo realmente absurdo, misterio insondable que no comprendo pues, ¿para qué ser cristianos si no amamos entusiásticamente lo que Jesús nos enseña con su ejemplo? No queremos seguir a Jesús, antes al contrario, nos empeñamos en que Jesús nos siga a nosotros: la cuadratura del circo y del círculo. Apostasía es la palabra, somos «apóstatas razonables». –¿Qué desafíos plantea la actual crisis a los responsables eclesiales y a los cristianos de a pie? El desafío de las bienaventuranzas, que es la carta de presentación y el currículo del propio Jesús de Nazareth y el que libera de todo malestar: el desa-

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Entrevista lisis, de la misma sordera y de la misma ceguera, que algunos defienden como mal menor respecto de la Muerte.

Carlos Díaz (segundo por la izquierda) con Julia Pérez Rey (cuarta por la izquierda), su mujer.

fío del siervo de Jahvé. Todo está inédito para nosotros los sedicentes cristianos del pesimista siglo XXI. El problema está en que queremos resucitar sin morir aunque nuestra cristiandad esté difunta. –¿En la historia de desencuentros entre Movimiento Obrero e Iglesia, con algunas excepciones podemos encontrar alguna inspiración? –La conclusión que se extrae de mi libro «España, canto y llanto. Historia del movimiento obrero con la Iglesia al fondo» no coincide con la versión oficial y hagiográfica de las habituales historias de la Iglesia. La así denominada «doctrina social de la Iglesia» no es la enseñanza de Cristo, sino un techo bajo para protegerse de la verdadera identidad cristiana. Esto, claro, con matices y según distintos periodos. Lo peor es que incluso esa «doctrina» (¡qué mal me suena!) es mejor que nada de lo que se ofrece hoy en los escenarios alternativos de ayer: el comunismo fracasado es la máxima expresión de un prometeísmo que quiso hacer de la tierra un paraíso y que terminó calcinándola y haciendo de ella un infierno. –¿Es mejor la indiferencia que la hostilidad con que ambos mundos, el obrero y el eclesial, pareciera que hoy se tratan? 32 76

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–Realmente la indiferencia es la forma entrópica de la hostilidad. También la indiferencia mata. Cuando el otro te resulta indiferente, cuando pierdes la esperanza en el otro, ya no existe para ti. En cuanto a mí mismo suelo ser maximalista, si bien acepto el minimalismo e incluso el infimalismo en aquellas ocasiones en que lo mejor resulta imposible. Pero el infimalismo es una «vita minima», y a mí no me gusta pasar mi vida como un zombi, muerto en vida. Solo quien nos ama nos rescata de la muerte, por eso amar a otro es decirle: «mientras yo viva tú no morirás». En mis últimos libros –por ejemplo en «Y porque me dueles te amo»– hago mucho hincapié en el valor del dolor compartido, y siempre me acuerdo de los equipos de dolor de Rovirosa y la HOAC. Admirable maestro Rovirosa. –No se vislumbra ningún referente capaz de inspirar a la sociedad y motivar a los ciudadanos a que contribuyan al bien común y la transformación social... –Aunque el cristianismo serio va desapareciendo a fuego no tan lento, siempre es y será llegada la hora en que los paralíticos caminen, los sordos oigan, los ciegos vean y los cristianos paralíticos, sordos y ciegos nos convirtamos. Desde luego –y no hay que ser demasiado anarquista para comprenderlo, aunque sí un poco– Estados y Gobiernos son más de la misma pará-

–¿Qué opinión le merece la reacción social abanderada por lo que se ha llamado el 15-M? –Mi libro «De la simple indignación a la democracia moral» comienza así: «Hay indignación, movimientos de indignación, primaveras de indignaciones por doquier. Y no es que no deba haberlas, pues toda indignación es poca cuando las tres cuartas partes de la humanidad pasan hambre; lo que me parece es que no hay demasiado sindignados, solo demasiado indignado cada uno de ellos con su tema. Hay indignados mejores, peores, regulares y pésimos (aquellos que solo manejan la acusación sin la autocrítica), pero creo no equivocarme si afirmo que carecen intrínsecamente de un eidos de indignación común; a falta de la cual va a resultar otra vez difícil comprender y actuar según la idea de que el indignado de hoy no es todavía el hombre, sino tan solo sus circunstancias. Pero una suma de circunstancias no da un hombre». –¿Cómo valora las movilizaciones contra los desahucios y las hipotecas que tienen muy en cuenta a las víctimas del sistema económico y social. ¿Comparte esta idea? –Me parece excelente, es una visualización de nuestras obligaciones para con la viuda, el huérfano y el extranjero, rostros de misericordia no solo en el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo. Ojalá que los cristianos estemos presentes junto con las demás gentes de buena voluntad en todas esas luchas de los pobres, las cuales han de prolongarse hasta la madre de todas las batallas y máxima de las pobrezas: la pobreza de no amar. Arriba los pobres del mundo, desaparezcan. Amén, amén, amen. En hebreo amen no significa meramente «así sea», sino así es porque en ello vivimos, esperamos y somos. n


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