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5ª Semana de Cuaresma

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C. Permanente HOAC

Orar en el mundo obrero

5º domingo Cuaresma

ORAR EN EL MUNDO OBRERO 5ª SEMANA DE CUARESMA (10 abril 2011) Acoger la vida como don. Y hacerla don –ofrenda o sacrificio– al Padre y a los hermanos/as. Así nosotros, nuestro vivir y hacer será un canto eterno de feliz comunión.

TESTIMONIOS “Por eso, en primer lugar dimos la palabra a Alberto, un joven en trabajo precario. Nos dijo: “Si yo me valorara por mi trabajo, sería un fracasado (sueldo 650 € sin contrato); si yo me valorara por mis estudios, sería un fracasado (no los he podido terminar); si yo me valorara por mi autonomía, sería un fracasado (en Navidades he vuelto a casa de mis padres y no puedo casarme). Pero yo soy alguien querido por Dios y único para él. A los trabajadores Dios nos ha regalado nuestra dignidad; y a mí me ha encargado su proyecto. Esta experiencia me ha dado un sentido de la vida que no depende de la precariedad”. Hoy los jóvenes son un don, trabajar con ellos es un regalo de Dios, aunque sean molestos. Dios me ofrece en ellos los caminos que tiene para el futuro. José Luis Moral … los califica de profecía externa: Dios nos dice en ellos lo que hay que cambiar o desmontar en la Iglesia. La tarea del evangelizador con los jóvenes se parece al de partera de la fe: ayudar a que el Espíritu conduzca al bebé de forma que salga del vientre a la vida. Pero si tenemos miedo a los jóvenes, difícilmente vamos a ayudar al Espíritu en su alumbramiento (Reseña de la XVIII Jornada D. de Pastoral del Trabajo de Madrid, 5/3/2011). En oración, sumémonos al río de la vida, a la corriente de creatividad, promoción y cuidado de la vida, alentada por el Espíritu de Dios. Empaticemos con las vidas frágiles de los jóvenes, que sufren una situación laboral, económica, familiar incierta; y con tantas vidas a las que ni siquiera se les permite nacer.

“El pasado 21 de febrero falleció Bernard Nathanson, más conocido como el “rey del aborto”. Arrepentido de su pasado y converso al catolicismo, se presentaba a sí mismo como “un asesino de masas”. “Soy el responsable de la muerte de 75.000 niños inocentes” (…) Dirigía “la mayor clínica abortista de Occidente, en Nueva York.

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Tenía 35 médicos a mi cargo, con 85 enfermeras. Hacíamos 120 abortos cada día en 10 quirófanos. Yo tenía barcos, avionetas, fincas, mujeres… pero todo en base a una gran mentira, la mentira de que la persona en el vientre materno no vale nada”. Cuando el doctor dejó la clínica abortista y pasó a ser jefe de obstetricia del Hospital de St. Lucke’s, ya las nuevas tecnologías, con el ultrasonido a la cabeza, hacían su aparición. Fue entonces cuando Nathanson pudo observar el corazón del feto en los monitores electrónicos. Y fue en ese momento cuando se planteó por primera vez “qué era lo que estábamos haciendo verdaderamente en la clínica”. Reconoció públicamente su error y, lejos de callarse, actuó. En la revista médica The New England Journal of Medicine escribió un artículo sobre su experiencia, reconociendo que en el feto existía vida humana. Esta decisión provocó una fuerte reacción y, tanto él como su familia, recibieron incluso amenazas de muerte, pero Bernard había llegado a la conclusión de que abortar “era un crimen”… (Elena Baeza, VN 2.744-2011)

ORACIÓN-POEMA (Pedro Casaldáliga) HAMBRE DE TI Hambre de Ti nos quema, Muerto vivo, Cordero degollado en pie de Pascua. Sin alas y sin áloes testigos, somos llamados a palpar tus llagas. En todos los recodos del camino nos sobrarán Tus pies para besarlas. Tantos sepulcros por doquier, vacíos de compasión, sellados de amenazas. Callados, a su entrada, los amigos, con miedo del poder o de la nada. Pero nos quema aun tu hambre, Cristo, y en Ti podremos encender el alba.

PALABRA DE DIOS Juan 11, 3-7. 14-27. 32-46. 53. 57 Las hermanas (de Lázaro) le mandaron recado a Jesús: “Señor, mira que tu amigo está enfermo”. Jesús al oírlo dijo: “Esta enfermedad no es para la muerte, sino para gloria de Dios, para que por ella sea glorificado el Hijo de Dios”.

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Jesús era muy amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. Cuando se enteró de la enfermedad esperó dos días donde estaba; solo entonces dijo a los discípulos: “Vamos otra vez a Judea”. Entonces Jesús les dijo claro: “Lázaro ha muerto. Me alegro por vosotros de no haber estado allí para que tengáis fe. Ahora vamos a su casa”. Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a sus compañeros: “Vamos también nosotros a morir con él”. Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Marta le dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero, así y todo, sé que Dios te dará lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta le dijo: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que tiene fe en mí, aunque muera vivirá; y todo el que está vivo y tiene fe en mí, no morirá nunca. ¿Crees esto?” Ella le contestó: “Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”. Cuando María llegó a donde estaba Jesús se le echó a los pies diciéndole: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”. Al ver llorar a María y a los judíos que la acompañaban, Jesús sollozó y muy conmovido preguntó: “¿Dónde lo habéis enterrado?” Le contestaron: “Ven a verlo, Señor”. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: “¡Mirad cuánto lo quería!” Pero algunos de ellos dijeron: “Y uno que le abrió los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera este?” Jesús, sollozando de nuevo, llegó al sepulcro; era una cueva cerrada, con una losa. Dijo Jesús: “Quitad la losa”. Marta, la hermana del difunto, le dijo: “Señor, ya huele mal, lleva cuatro días”. Jesús insistió: “¿No te he dicho que si tienes fe verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la losa. Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Gracias, Padre, por haberme escuchado. Tú siempre me escuchas; lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó muy fuerte: “¡Lázaro, sal afuera!” El muerto salió; llevaba los brazos y las piernas atadas con vendas y la cara envuelta en un sudario. Jesús les mandó: “Desatadlo y dejadle que ande”.

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Muchos de los judíos que habían ido a casa de María y habían presenciado lo que había hecho creyeron en él. Algunos, sin embargo, fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Desde aquel día estuvieron decididos a matarle. Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

EXPLICACIÓN Y ACTUALIZACIÓN Este evangelio es una catequesis sobre la vida verdadera, la resurrección, garantizada y ofrecida por Jesús. La enfermedad y la misma muerte de Lázaro (“un enfermo”) y de todos los lázaros no es una fatalidad sin remedio, sino que se halla envuelta en el amor de Dios e integrada en su proyecto de salvación, como el precio de gestación de la verdadera humanización. Esta enfermedad no es para la muerte, sino para gloria de Dios, para que por ella sea glorificado el Hijo de Dios (v.4). El amor (gloria) se hace acción vivificadora en Jesús, el Hijo. La fe en Jesús abre el acceso a la vida verdadera y perdurable: el que tiene fe en mí, aunque muera, vivirá (v. 25). Creer en Jesús significa acoger y participar de su vida, de Él mismo. “Él es el verdadero Camino de la vida. En ser como Él consiste la vida” (J.F. Herrero, Homilética 2011/2, 154). El Jesús realmente divino (confesado como Hijo de Dios, Señor, resurrección y vida) es “divinamente humano”. Alberga un amor tan hondamente con-movido y conmovedor hacia el amigo muerto (todos nosotros/as), que no puede soportar la enfermedad ni la muerte de cualquier persona. Cura todas las enfermedades y dolencias del pueblo (Mt 8,17) y se enfrenta con potencia a nuestras muertes: gritó muy fuerte: - ¡Lázaro, sal fuera! (v. 43). Se manifiesta el contraste entre el miedo y la angustia por la muerte por parte de Marta y María y la soberanía sobre la muerte por parte de Jesús, que, con su muerte, libera a todos los que, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos (Hebreos 2,14-15). El miedo a la muerte es la esclavitud radical y fuente de las peores esclavitudes y traiciones, pues, genera afán de seguridad a toda costa, pretendiendo blindarse por cualquier medio contra todo lo que, de algún modo, parezca poner en riesgo la propia vida. Ello incita a reservar la vida exclusivamente para uno mismo. La vida que hemos recibido gratuitamente, estamos llamados a donarla también gratuitamente. Lo que habéis recibido gratis dadlo gratis (Mt 10,8).

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La vida del cristiano es vida eterna, tanto en presente como en futuro, desde la gloria del amor de Dios, que nos hace hijos suyos en Jesucristo. La filiación divina significa literalmente eso, que Dios Padre nos ha adoptado como hijos en su Hijo Jesucristo, regalándonos la misma vida de Jesucristo: Dios envió a vuestro interior el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba! ¡Padre! (Gálatas 4,7). Lázaro redivivo es a la vez símbolo de la vida futura resucitada (que supera el poder aniquilador de la muerte temporal) y del valor inviolable y perenne de la vida temporal, que es la vida eterna en proceso, en camino hacia su realización plena. En el bautismo morimos con Cristo para resucitar con Él, aquí y ahora, viviendo una vida nueva (ver Rm 6,3-5; Jn 3,6). Caminamos con Jesús a Jerusalén, hacia la Pascua. Vamos también nosotros a morir con Él (v. 16), para resucitar con Él, en la Pascua del amor último y de la glorificación de la vida humana. Resucitados ya y para siempre. El amor no falla nunca (1Cor 13, 9). Traigamos la vida a la oración: la vida débil y amenazada, la que puja por crecer, la que se entrega generosamente, la que muere aparentemente sin causa y sin sentido… Y veamos cuál es nuestro compromiso e implicación a favor de la vida de quienes menos vida tienen.

Evangelium vitae, 79.- “Somos el pueblo de la vida porque Dios, en su amor gratuito, nos ha dado el Evangelio de la vida y hemos sido transformados y salvados por este mismo Evangelio. Hemos sido redimidos por el «autor de la vida» (Hch 3, 15) a precio de su preciosa sangre (cf. 1 Cor 6, 20; 7, 23; 1 P 1, 19) y mediante el baño bautismal hemos sido injertados en El (cf. Rm 6, 4-5; Col 2, 12), como ramas que reciben savia y fecundidad del árbol único (cf. Jn 15, 5). Renovados interiormente por la gracia del Espíritu, «que es Señor y da la vida», hemos llegado a ser un pueblo para la vida y estamos llamados a comportarnos como tal. Somos enviados: estar al servicio de la vida no es para nosotros una vanagloria, sino un deber, que nace de la conciencia de ser el pueblo adquirido por Dios para anunciar sus alabanzas (cf. 1 P 2, 9). En nuestro camino nos guía y sostiene la ley del amor: el amor cuya fuente y modelo es el Hijo de Dios hecho hombre, que «muriendo ha dado la vida al mundo». Somos enviados como pueblo. El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno. Es una responsabilidad propiamente «eclesial», que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana. Sin embargo, la misión comunitaria no elimina ni disminuye la responsabilidad de cada persona, a la cual se dirige el mandato del Señor de «hacerse prójimo» de cada hombre: «Vete y haz tú lo mismo» (Lc 10, 37). Todos juntos sentimos el deber de anunciar el Evangelio de la vida, de celebrarlo en la liturgia y en toda la existencia, de servirlo con las diversas iniciativas y estructuras de apoyo y promoción”. ¡Qué texto más hermoso para orarlo, celebrarlo y vivirlo! Contemplemos a tantos trabajadores y a tanta gente, personas y colectivos, con una vida limitada, explotada, discriminada, excluida. Dejemos que entren en nuestro corazón y que movilicen nuestra acción solidaria.

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El ala gay de la iglesia madrileña Chema quería ser cura. Pasó cinco años en el seminario. Salió antes de ordenarse alertado por la suerte de otros compañeros. Si alguno se declaraba homosexual, le enseñaban la puerta. “Había gente que no lo decía para ordenarse”, dice. Él no estaba dispuesto. Quería ser cura, pero nunca renunciar a lo que ya era: homosexual y creyente. Entonces dio un portazo. No es la única vocación, de esas de que está tan falta la Iglesia, que se quedó por el camino. Esta tarde de jueves, después de la oración semanal, un grupo de chicos se reúne en un local de Chueca que llama la atención desde el exterior. Crismhom: Cristianos de Madrid Homosexuales. Dice un colorido rótulo sobre la puerta. Pese a la extrañeza de la mayoría que se topa con el lugar, el número de socios y simpatizantes es cada vez mayor. Si en 2006, cuando el grupo echó a andar, apenas cuatro personas asistían a la oración, esta tarde de jueves son más de 40. Ex seminaristas, ingenieros, profesores y hasta heterosexuales. Javier, el presidente de la asociación, comenta orgulloso que hay un par de vecinas mayores “incondicionales” que no se pierden ni una reunión. La puerta está abierta a todo el mundo. “No creo que haya una sola realidad dentro de la Iglesia tan rica como esta”, dice Javier, que aprovecha cualquier ocasión para puntualizar que ellos, “como todos los creyentes”, forman parte de la Iglesia. E incluso, a su modo, se sienten pastores. “Hay gente que vuelve a la iglesia gracias a Chrismhom. Si nosotros no evangelizamos dentro del colectivo nadie lo va a hacer”. Su labor ha llegado ya a 110 simpatizantes, cada uno con su historia. En el caso de Iván, que también pasó un año en el seminario, dos religiosos de los Marianistas fueron decisivos a la hora de aceptar su homosexualidad. Ante la confusión del chico, que entonces tenía 19 años, uno de ellos le dijo que mirara en su interior y que lo que encontrara sería bueno. Poco después un sacerdote despejó todas sus dudas: “Algún día la Iglesia acabará aceptándolo, y mientras tanto yo lo acepto ya”, le dijo. Pese al mensaje oficial del Vaticano, contrario a la homosexualidad, en Crismhom todos sostienen que hay una parte de la Iglesia que lucha por su espacio. Simplemente esperan que haya cambios. Su vida entre el colectivo homosexual, pese a la extrañeza inicial que despierta, es mucho más fácil. “Me siento más libre como cristiano entre gais que como gay entre cristianos”, dice Iván a pesar de los apoyos que recibió en su día” (Inés Santaeulalia, El País 13/3/2011).

5ª Propuesta de Vida y Acción (Acuerdos XII AG): Vivir la comunión, a través de la

vida y el funcionamiento de la HOAC, como camino para configurar y construir un proyecto de vida militante cristiano y un Quehacer Apostólico Comunitario que genere humanización y esté encarnado en la debilidad del mundo obrero.

“Es fundamental que demos el paso para pensar y plantearnos los cambios desde los empobrecidos del mundo obrero. Todo en nuestra vida debería girar en torno a esa preocupación” (p. 85-86).

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Jesucristo hoy (G. Rovirosa, Bol. Mil. 39/1951) “- Mucho os preocupáis por la falta de medios; mucho os desalienta y acongoja la carencia de elementos. Creéis que todo os falta porque nada os sobra; que no podéis nada porque es poco y ruin lo que tenéis. Parece que nada sabéis hacer si la misma abundancia de cosas no os empuja a realizar o a emprender. ¡Vanas y en demasía humanas son tan pequeñas preocupaciones y congojas! Más que penuria de medios indica raquitismo de espíritu. … Quien tiene fe viva y firmísima esperanza, más se inquieta por entender qué le pide el divino beneplácito, que por averiguar en qué forma o por qué vías y medios lo podrá llevar a cabo. … Extiende tu vista, dilata el horizonte… Cuanto ves, todo, todo, para gloria de Dios y bien tuyo y del prójimo, te aguarda”. Escuchemos estas palabras como dirigidas personalmente a nosotros por Jesús.

“Dios viene junto al que sufre. Está con el que sufre. Como un amigo al que nada aparta, al que nadie hace huir de miedo. Pues el sufrimiento de los demás produce miedo: vuelve miedoso o agresivo, da ganas de matar o de matarse, de salvarse o de salvar. Estar ahí, quedarse ahí, y de tal modo que el que sufre no necesita ocultarse a sí mismo, o encerrarse o tener miedo de sí mismo y de lo que lee en la mirada del testigo de su sufrimiento. Y de tal modo que ve que alguien viene para algo, no para explicarle lo que debería hacer, o pedirle cuentas, o darle lecciones, sino para estar con él. Para ser lo que es y para que él sea lo que es. ¡Oh sufrimiento, oh muerte, oh hombre, “si supieras el don de Dios”…! Si supieras qué insólita victoria sobre el sufrimiento y la muerte representa esta muerte de Jesús, este hecho de que lo-que-Dios-dice-de-sí-mismo haya conocido tan humanamente el sufrimiento y la muerte… Alguien está contigo. Alguien puede estar contigo. Tú no eres para él un enemigo porque seas desgraciado y mortal. Tú no serás expulsado o condenado porque seas víctima del sufrimiento y de la muerte. No tienes por qué tener vergüenza de lo que eres. De sentirte mal por lo que eres. Un hombre. Ecce homo” (J. Pohier).

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POEMA-ORACIÓN (Fl. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir..., ciclo A, 125-126) AMENAZADO DE VIDA Dicen que estoy “amenazado de muerte” porque ando en malas compañías y frecuento zonas conflictivas, porque no llevo guardaespaldas y aparezco en medio de las refriegas; dicen que mis gestos son peligrosos, que voy por mal camino, que exagero… Tal vez. Pero cuando los que mueren son los otros, ya me diréis si hay exageración en algo tan simple como curar y dar consuelo. Dicen que estoy “amenazado de muerte” porque soy un lázaro cualquiera, porque mi piel es distinta, porque soy extranjero, porque tengo una vida que no es vida, porque otros tienen preferencia… Tal vez. Pero no me digáis entonces que lo vuestro es vida. ¡Es cultura de muerte, y no me interesa!

Dicen que estoy “amenazado de muerte”. Es una advertencia para intimidarme, meterme miedo en el alma y en el cuerpo y dejar que todo siga el curso que beneficia a los de siempre. Sea lo que fuere, estoy tranquilo porque, si me matan, no me quitan la vida. Me sembrarán contigo y granaré desbordando sueños. Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos “amenazados de vida”. Porque Tú eres la vida, aunque estés crucificado en la cumbre del basurero del Mundo, o enterrado en arrabales, suburbios y favelas. Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. ¡Estamos amenazados de vida, de esperanza, de amor…! Porque tu hora, Señor, ha llegado, y recorres nuestro mundo como río de agua viva.

“Es la belleza hermanada con la justicia la que nos humaniza”. (Siro López)

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