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32ª Semana de T.O.

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C. Permanente HOAC

Orar en el mundo obrero

32º Domingo T.O.

ORAR EN EL MUNDO OBRERO 32ª SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO (6 de noviembre 2011) (Necio es el que sabe lo que tiene que hacer, pero no lo hace; es el inútil descomprometido. La separación entre la fe que se profesa y la vida cotidiana que se lleva, ¿no es, acaso, el gran error, la gran herejía actual de muchos que nos llamamos cristianos? [cf. GS 43]) Ver: El problema de la vivienda en España Legal sí [con legalidad capitalista] pero inhumano. Los amigos y defensores de Abdul Abdelilah Ghaican calificaron ayer así el segundo derribo de su casa, una de las muchas infraviviendas de la Cañada Real de Madrid, una vía pecuaria protegida y no urbanizable donde residen unas 40.000 personas. La demolición, ordenada por el Ayuntamiento de Madrid, se realizó en la madrugada del martes. A esas horas, las organizaciones que trabajan en la zona y los simpatizantes del 15-M no pudieron actuar para evitarlo. "A las 4:30 horas de la mañana, [los agentes] se presentaron con sus pistolas y registraron todas las habitaciones. Mis hijos estaban muy asustados", contó ayer Abdul, marroquí de 37 años, aún afectado al recordarlo. Dos horas después de aquello, ya sólo le quedaban algunos muebles y muchas ruinas. No es la primera vez que Abdul, su mujer, Fátima, y sus niños de 4 y 7 años ven su residencia hecha escombros. En 2007, la casita de una planta con dos habitaciones, salón, cocina y baño que Abdul construyó en una parcela por la que había pagado 20.000 euros fue derribada. En aquella ocasión, sus vecinos comenzaron a reconstruirla el mismo día y, después de aquello, la familia consiguió vivir tranquila durante cuatro años, hasta que la amenaza del derribo volvió este verano. Para aquel entonces, al menos Abdul ya contaba con el apoyo de los voluntarios de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada y otras organizaciones sociales. Incluso Amnistía Internacional se unió a la acampada que organizaron frente a su casa el pasado 24 de junio. Con el apoyo también de algunos simpatizantes del Movimiento 15-M, consiguieron su propósito y la vivienda de Abdul y Fátima, en cuya pared exterior lucía una pintada en contra de los desalojos, quedó en pie. Pero ayer no tuvieron tanta suerte. A falta de media semana de la vuelta al colegio de sus hijos, Abdul no sabe qué hacer para darles un techo. El consistorio les ofreció la posibilidad de residir 15 días en un albergue del Samur social, pero él rehusó el ofrecimiento. "Eso no nos soluciona nada", lamentó. Además, ahora ni siquiera conserva el trabajo que sí tenía en 2007: era autónomo de la construcción, pero con la crisis del ladrillo se vio obligado a sobrevivir vendiendo chatarra. (…) (Público: Paula Díaz, 7/9/2011) 1


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Según cifras del CGPJ, desde que comenzó la crisis en 2007 más de 300.000 ejecuciones hipotecarias han tenido lugar en España. Sólo en los primeros 3 meses del año se han desahuciado a 15.491 familias de sus casas. Los afectados superan el millón de personas puesto que cada ejecución no afecta solo al núcleo familiar, sino también a los avalistas, en muchas ocasiones los propios padres. Por si fuera poco, el Tribunal Constitucional dictaminó este año que las ejecuciones hipotecarias no vulneran derechos fundamentales (!) y que, por tanto, no pueden considerarse inconstitucionales. En la Cañada Real de Madrid, en Sant Martí de Barcelona, en el Cabanyal de Valencia, en un sinfín de lugares de España familias enteras se han visto obligadas a abandonar sus casas y a irse a vivir a la calle… No está demás recordar que en 2008, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre una vivienda adecuada llamó la atención a España por no desarrollar una política de vivienda respetuosa con los derechos humanos y no garantizar la posibilidad de invocar ante los tribunales el derecho a una vivienda digna.

ORAMOS (según el Salmo 124) Si Dios no hubiese estado de nuestra parte −que lo digan los más pobres del mundo obrero−, si Dios no hubiera estado de nuestra parte, cuando la ofensiva neoliberal, nos habrían tragado vivos: tanto era la ira de la patronal contra nosotros. Nos habrían arrollado las aguas del despido libre, ahogados estaríamos con salarios de infamia; Si, en paro buscaríamos la cola de las Cáritas, y como perros desahuciados ni tendríamos donde caernos muertos… Bendito sea Dios, que no dejó que perdiéramos la esperanza, comprometiéndose Él mismo en esta lucha: Con Él se renueva la solidaridad obrera, e inútiles quedan las estrategias capitalistas. Nuestro auxilio es el Nombre de Jesús, ¡el Dios obrero! (Gn 2), que suscita cristianos obreristas comprometidos para implantar su Reino. Por eso permanecemos en la lucha, aunque las derrotas nos envuelvan, porque sabemos, ¡bien que lo sabemos! que nadie arrebatará, Jesús, la historia de tus manos…

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Mt 25,1-13 ((Necio es el que sabe lo que tiene que hacer, pero no lo hace. Necio es el inútil descomprometido) “Entonces se parecerá el Reino de los cielos a diez muchachas que tomaron sus antorchas y salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas. Las necias, al tomar las antorchas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las antorchas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el novio, salid a recibirlo!». Entonces se despertaron todas aquellas muchachas y se pusieron a preparar sus antorchas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las antorchas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras muchachas diciendo: «Señor, Señor, ábrenos». Pero él respondió: «En verdad os digo que no os conozco». Por tanto velad, porque no sabéis el día ni la hora”. Pequeña exégesis (Para leer con lápiz) Nuestro conocimiento de los usos nupciales en el Israel de la época es limitado. Con todo, como situación más probable cabe suponer que el novio, antes de la fiesta nupcial propiamente dicha, −que tiene lugar en su casa−, va a por la novia a la casa de los padres de ésta. Las muchachas salen de la casa de la novia para saludar al novio en la calle, y acompañan luego con sus antorchas la litera de la novia hasta la casa del novio. Los lampádês no son lámparas de aceite, sino antorchas. Se utilizaban, entre otras cosas, para las bodas, no sólo en Roma, donde eran obligatorias para la marcha de la novia, sino también en Oriente. Lo que nos interesa para entender la parábola es que las antorchas sólo se encienden a la llegada del novio. Así pues, cuando llegó éste, −después de un tiempo indeterminado, en el que todas se durmieron−, se pusieron a encender sus antorchas, pero sólo cinco de ellas habían traído consigo el aceite necesario para ello. El resultado fue que las muchachas necias no estuvieron presentes en la marcha festiva a la casa del novio; sólo las prudentes van a la fiesta de bodas… y se cierra la puerta. Los oyentes tiemblan ante esta metáfora: una puerta cerrada no cuadra a una boda en una aldea judía u oriental, donde participa toda la comunidad. Aquí comienza la incongruencia de esta parábola y la clave de su comprensión. Comencemos. La parábola trata del novio (Jesús) y de diez muchachas (nosotr@s los lectores). Todas son invitadas a “salir al encuentro del novio”. Pero he aquí que cinco son sensatas y cinco prudentes (leer Mt 7,24-27) ¿Qué pasará con las necias? El mismo texto explica en qué consiste la prudencia o la necedad de las muchachas: las unas llevan consigo aceite 3


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en la pequeña alcuza para sus antorchas, las otras no piensan en eso. ¿Qué les llevó a esta negligencia? ¿Les daba igual hacer que no hacer? El novio llega más tarde de lo que las muchachas pensaban (la parusía se demora). Todas se duermen. Las que no tienen aceite no han aprovechado el tiempo del que aún hubieran podido disponer (tal es el tiempo que se nos abre de nuevo a los negligentes después de oír la parábola… ¿o seguiremos durmiendo?). La demora de la parusía parece no representar un problema decisivo para Mateo, porque modifica poco la situación básica de los creyentes: el que tiene aceite consigo, no tiene por qué preocuparse. Las muchachas prudentes pueden dormir tranquilas, porque están pertrechadas para ese momento. El retraso del novio y el sueño que invade a las muchachas son importantes porque dan a entender que la parusía vendrá en forma totalmente imprevisible, sin posibilidad de poderse preparar a última hora. ¡La preparación hay que hacerla hoy, mañana “es demasiado tarde”!! Con el v. 6 (“A medianoche se oyó una voz…”) empieza la verdadera historia. Ha llegado el tiempo de preparar las antorchas. Y entonces advierten las necias que sus antorchas se apagan ante la falta de aceite. ¡Estarán como tontas en la salutación del novio y en la procesión subsiguiente a su casa! Por eso piden aceite a sus compañeras. [No estará de más decir que una parábola no es una historia real, por lo que no entran preguntas del estilo: ¿Y no había en la casa de la novia aceite? ¿Y no habrían podido darles algo de aceite las otras cinco? etc.] Lo que busca el narrador con el cuento es el desenlace trágico que sacuda nuestra conciencia dormida. Si las prudentes no dan de su aceite, no es porque el baile de las antorchas dure mucho y vayan a necesitar todo el aceite, ni porque sean egoístas…, sino porque el relato, crítico con la necedad, lo pide así. La cuestión importante es que mientras ellas van de camino, para hacer en el último momento lo que debían haber hecho antes, llega el novio y sólo las prudentes entran con él a celebrar la fiesta. Luego se cierra la puerta. En esta fiesta parabólica nupcial del cielo, pues, no ocurre lo mismo que en una boda terrena oriental, donde las puertas es imposible que se cierren. “Más tarde” llegan las muchachas después de haber empezado la fiesta y estar cerrada la puerta; demasiado tarde. A nadie en la parábola le interesa si han obtenido o no aceite en las tiendas. Llaman con las palabras de 7,21: “Señor, Señor”. Piden que se les abra la puerta cerrada. En una boda terrenal se hubiera accedido a su ruego, pero no en la parábola. Con palabras semejantes a 7,23, el novio rompe la comunión con las muchachas necias: “No os conozco”. La parábola de la alegre boda como la que inició el relato ha derivado por culpa de las necias en una descripción tétrica del juicio del Hijo del hombre. El esperado encuentro con el novio se transmutó en una separación de él. Tod@s fueron llamad@s a la fiesta; pero no todos los amig@s del novio pertenecerán finalmente a él. Una parábola sólo expresa uno de los aspecto del Reino ¿Qué nos querrá decir la parábola? ¡Dejad de hacer el necio! ¡Comprometeos! Eso mismo.

Para la interiorización ¿Qué es el aceite que ha faltado a las necias? En el bautismo se nos dio la antorcha; pero una antorcha sola no arde, hay que añadirle el aceite para que ilumine. Por el Bautismo somos la sal de la Tierra; pero una sal que no sala, ¿para qué sirve? San Pablo habla de que lo que vale es «la fe que actúa por el amor» (Gal 5,6). En Mt 5,16 el evangelista dijo que la luz de los discípulos luce mediante las buenas obras…

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SALMO 23 (1) El Señor es mi pastor, nada me falta: (2) En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas (3) y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su Nombre. (4) Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan. (5) Preparas una mesa ante mí, en frente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. (6) Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Los dos últimos fragmentos de la estrofa (v. 3bc: me guía por el sendero, etc.) se caracterizan por el movimiento. El “camino” del que ahora se habla no es el recorrido para llegar a las “verdes praderas”, sino el que viene después del descanso. El salmista mira hacia delante, no hacia atrás, como sucede igualmente en la última estrofa (v.6). Después del descanso, el orante/oveja se pone nuevamente en camino, bajo la guía del pastor. La condición del salmista no es la del sedentario, sino la del caminante, del nómada. El tomar respiro es necesario, pero sólo como una pausa en el camino que sigue. “Me guía por senderos de justicia”. En continuidad con la metáfora pastoral, la expresión se deja entender en su sentido literal. El camino en la zona semiárida de Palestina, sobre todo en la estación de la trashumancia, no está ausente de peligros. Al comienzo de la primavera los pastores dejan sus rediles y conducen el rebaño a los pastos del desierto, donde las primeras lluvias han hecho crecer la hierba. Esto es también el origen de la fiesta de la Pascua, nacida para conjurar los peligros que comportaba la trashumancia. “Los justos senderos” son, en este sentido, aquellos donde no hay peligros y que llevan a “verdes praderas”. Se trata de una metáfora. El salmista está hablando de la vida humana bajo la guía de Dios. El verbo “guiar”, se refiere a menudo a la experiencia del Éxodo, al viaje en el desierto (cf. Ex 13,17; 15,13; Dt 32,12; Neh 9,12.19; Sal 77,21; 78,14.53). El sustantivo “sendero” en hebreo viene de una palabra que significa “carro de bueyes”, e indica la señal dejada por el carro en el terreno. A menudo, y siempre en los salmos y en los libros sapienciales, tiene un significado trasladado, indicando la conducta del hombre. En este sentido “senderos de justicia” adquiere un significado moral, son los “caminos de la justicia”, las indicadas por la ley de Yhwh (cf. Sal 17,5; Pro 2,9.15.18; 4,11; Is 26,7). La experiencia de Israel en el desierto es experimentada por cada fiel. Véase al respecto Sal 73, 23-24: “Pero yo estoy siempre contigo, me agarras la mano derecha; me guías según tus planes, me acogerás en la gloria”. O Sal 139, 24: “Mira si mi conducta es ofensiva, y guíame por el camino eterno”. El Sal 143,10 tiene una expresión similar: “Enséñame a cumplir tu voluntad... tu espíritu bueno me guíe por tierra llana”. Por tierra llana (aludiendo a un camino sin obstáculos), o por tierra de ‘justicia’, concepto vecino al del Sal 23,3b. El 5


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“camino” se convierte en metáfora de la vida del hombre, dirigida al encuentro con Dios en el templo y en la morada eterna. El versículo termina con la expresión: “a causa de su nombre”. Se dan dos explicaciones. La primera se refiere al significado del nombre Yhwh, como viene referido en Ex 3,14. La expresión “Yo soy el que soy” indica un ser-con-y-para alguien, una asistencia eficaz. Se pide, pues, a Yhwh ser fiel a lo que su nombre indica, como lo fue en el Éxodo. La segunda explicación se remite a Ez 20, donde la expresión “a causa de mi nombre” forma casi un estribillo (vv. 9.14.22.44, cf. Sal 106,8). En tal contexto, la expresión “a causa de mi nombre” presupone la experiencia del pecado y de la imposibilidad de merecer la salvación. Dios actúa no porque Israel o el salmista lo merezca, sino por pura gracia. Después del exilio Israel alcanza la conciencia de que, si hay un futuro para el pueblo, esto no se podrá fundar sobre la observancia de la ley, sino sobre la fidelidad de Dios a su nombre, a su ser más profundo, que es amor misericordioso (cf. Ex 34,6-7). Utilicemos la imaginación y los sentido mientras repetimos despacio el salmo, ayudados ahora por lo comprendido tras la explicación… sin prisas… diciéndolo/ cantándolo a Dios… Fábrica, 1972 (Ma.José Sirera Oliag, 241-242) Somos animales, amigo, perfectamente amaestrados. Tocan la sirena, comenzamos a funcionar como muñecos mecánicos y apenas miramos, ni nos miramos. Pequeños autómatas de ojos bajos y manos rápidas. A mi espalda, la mujer de la carretilla del material renqueando, tirando de cuerda, a punto de jubilación encorvada treinta años el mismo trabajo, a la misma hora, sirviendo ¿a quién?, al dueño anónimo, la empresa, querría decirle, amigo, decirle … ¿qué?, pero no puedo parar el ritmo. Kilos de algodón. Veinte, cincuenta, ochenta, cien; no llego. Nudos, nudos, nudos en el hilo. Más nudos, amigo. Es lo que importa. Sí, sí, sí. En mi fábrica nunca se dice “no”. Sí a la sirena, sí al encargado, sí a la máquina. Los otros no cuentan. Yo no cuento. No puedo bajar el ritmo. No puedo hablar, Pocas explicaciónes. Adelante, seguir, Rendir. Órdenes, órdenes, más órdenes. Sí convencional el nuestro, que no se expresa con los labios, sino con seguir con las manos trabajando, yendo adelante, anudando. Las balas de algodón se caen, se terminan, y anudamos nuevamente. Hasta que suena por fin la sirena. Y corremos rápidos. No nos miramos. Vamos afuera, a poder decir “no”, a la libertad. Olvidamos nuestro disfraz de animal dócil, olvidamos. 6


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Olvidamos hasta mañana. Ahora podemos optar. Coger el autobús, andar bajo la lluvia, saludar, correr, expresar amor. Ahora, amigo mío, somos.

REPASEMOS SIN PRISAS ESTAS PALABRAS DEL PAPA SOBRE LA IGLESIA [La iglesia], «cuando es realmente Ella misma, está siempre en movimiento, debe ponerse constantemente al servicio de la misión que ha recibido del Señor. Por eso debe abrirse una y otra vez a las preocupaciones del mundo, del cual ella precisamente forma parte, dedicarse sin reservas a estas preocupaciones (…) En el desarrollo histórico de la Iglesia se manifiesta, sin embargo, también una tendencia contraria, es decir, la de una Iglesia satisfecha de sí misma, que se acomoda en este mundo, es autosuficiente y se adapta a los criterios del mundo (…) Para corresponder a su verdadera tarea, la Iglesia debe hacer una y otra vez el esfuerzo de desprenderse de esta secularización suya y volver a estar de nuevo abierta a Dios (…) En cierto sentido, la historia viene en ayuda de la Iglesia a través de distintas épocas de secularización que han contribuido en modo esencial a su purificación y reforma interior. En efecto, las secularizaciones –sea que consistan en expropiaciones de bienes de la Iglesia o en supresión de privilegios o cosas similares– han significado siempre una profunda liberación de la Iglesia de formas mundanas: se despoja, por decirlo así, de su riqueza terrena y vuelve a abrazar plenamente su pobreza terrena. (…) Liberada de fardos y privilegios materiales y políticos, la Iglesia puede dedicarse mejor y de manera verdaderamente cristiana al mundo entero (…) Puede vivir nuevamente con más soltura su llamada al ministerio de la adoración de Dios y al servicio del prójimo (…) No se trata aquí de encontrar una nueva táctica para relanzar la Iglesia. Se trata más bien de dejar todo lo que es mera táctica y buscar la plena sinceridad, que no descuida ni reprime nada de la verdad de nuestro hoy, sino que realiza la fe plenamente en el hoy, viviéndola íntegramente precisamente en la sobriedad del hoy, llevándola a su plena identidad, quitando lo que sólo aparentemente es fe, pero que en realidad no es más que convención y costumbre (…) (Discurso de Benedicto XVI en Konzerthaus de Friburgo de Brisgovia, domingo 25 de septiembre de 2011)

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