ORACIÓN
Rovirosa
Causa de canonización de Padre, tú llamaste a Guillermo Rovirosa, le mostraste la grandeza de tu amor, manifestado en Jesucristo, el obrero de Nazaret entregado hasta la muerte y resucitado, y lo enviaste como apóstol al mundo obrero. Concédenos vivir, con su misma coherencia, el bautismo que nos ha hecho hijos tuyos, de modo que en el trabajo de cada día lleguemos a transformar la sociedad según tu voluntad y a transmitir la alegría de la fe a nuestros hermanos. Te pedimos, por su intercesión, ayuda ante la necesidad que te presentamos (...) y el gozo de agradecértela con un mayor compromiso a favor del amor y la justicia. Por Jesucristo, nuestro Señor. (para uso privado) Con licencia eclesiástica, de conformidad con el decreto de Urbano VIII
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HOAC-causa de G. Rovirosa C/ Alfonso XI, 4-4º. 28014 MADRID Tfno.: 91 701 40 80. Fax: 91 522 74 03 Correo electrónico: rovirosa@hoac.es www.hoac.es Si usted quiere ayudar a la Causa, puede hacerlo mediante giro postal a la dirección arriba citada o mediante ingreso en la siguiente cuenta: Caja Madrid, c/c 2038-1816-20-6000453679 Promotora de la causa: Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC)
Su proceso de canonización se abrió el 8 de julio de 2003
Guillermo
HOAC
HOJA INFORMATIVA Nº 8
2010
SU VIDA: UN SENDERO DE LUZ En esta Hoja Informativa queremos transmitir el testimonio de un escritor que nos ha regalado una hermosa biografía de Guillermo Rovirosa. Eduardo de la Hera ha escrito un libro titulado «El fuego de la montaña», en el que nos narra la vida de siete cristianos y cristianas conversos: Giovanni Papini, Carlos de Foucauld, Edith Stein, Gilbert K. Chesterton, Graham Green, Eva Lavallière y Guillermo Rovirosa. Nos presenta las trayectorias vitales de estos siete conversos que, por caminos y compromisos diferentes, vivieron el encuentro con Jesucristo que transformó sus vidas y les llevó «a mostrarse coherentes con su verdad y respetuosos con la verdad de los demás». Transcribimos las dos últimas páginas de la biografía dedicada a Guillermo Rovirosa, que el autor resume con esta reflexión conclusiva: La herencia de un santo. Guillermo Rovirosa, después de su misterioso encuentro con Jesucristo, vivió en una total coherencia de fe. Creyó, ante todo, en el divino Obrero de Nazaret. Buscó el Reino de Dios y su justicia. El resto (incluida la HOAC) constituyó para él la «añadidura». A partir de su entrega a Cristo, todo lo convirtió en plataforma evangelizadora. Incomprendido y perseguido por algunos de los suyos, injustamente expulsado de la Comisión Nacional de la HOAC (1957), jamás renegó de Aquel a quien, desde el día luminoso de su conversión, había consagrado su vida. Entendió y vivió la opción por los pobres desde su fe en Cristo, antes que el concilio Vaticano II la hiciera «opción preferente». Como dijo don Tomás Malagón en su oración fúnebre, Rovirosa fue un «sendero de luz». Su camino fue el camino de la Iglesia, «en el que Juan XXIII, Pablo VI y el Concilio actual nos están cada día más asegurando». Efectivamente, Rovirosa fue un cristiano adulto tal y como lo diseñaría después el Vaticano II, aún no concluido cuando él murió súbita e inesperadamente. Tuvo mucho de apóstol carismático, de militante obrero, nada de activista político. Como