ORACIÓN
Rovirosa
Causa de canonización de Padre, tú llamaste a Guillermo Rovirosa, le mostraste la grandeza de tu amor, manifestado en Jesucristo, el obrero de Nazaret entregado hasta la muerte y resucitado, y lo enviaste como apóstol al mundo obrero. Concédenos vivir, con su misma coherencia, el bautismo que nos ha hecho hijos tuyos, de modo que en el trabajo de cada día lleguemos a transformar la sociedad según tu voluntad y a transmitir la alegría de la fe a nuestros hermanos. Te pedimos, por su intercesión, ayuda ante la necesidad que te presentamos (...) y el gozo de agradecértela con un mayor compromiso a favor del amor y la justicia. Por Jesucristo, nuestro Señor. (para uso privado) Con licencia eclesiástica, de conformidad con el decreto de Urbano VIII
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HOAC-Causa de G. Rovirosa C/ Alfonso XI, 4-4º. 28014 MADRID Tfno.: 91 701 40 80. Fax: 91 522 74 03 Correo electrónico: rovirosa@hoac.es www.hoac.es Si usted quiere ayudar a la Causa, puede hacerlo mediante giro postal a la dirección arriba citada o mediante ingreso en la siguiente cuenta: Caja Madrid, c/c 2038-1590-29-6000054839 Promotora de la causa: Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC)
Su proceso de canonización se abrió el 8 de julio de 2003
Guillermo HOAC
HOJA INFORMATIVA Nº 7
2010
SU VIDA: GUILLERMO ROVIROSA Y LOS SACERDOTES La experiencia de fe adulta de Guillermo Rovirosa fue acompañada por muchos sacerdotes. Él siempre agradeció de manera muy especial esta amistad y acompañamiento, como consta en numerosas cartas suyas dirigidas a sacerdotes. En ese caminar creyente y apostólico de Guillermo destacan dos sacerdotes con los que compartió muchas vivencias, dificultades y tareas apostólicas: son D. Eugenio Merino y D. Tomás Malagón. Así escribe Guillermo de D. Eugenio Merino a los pocos días de su muerte: «Don Eugenio no podía imponerse por su gesto arrebatador, ni por su dinamismo, ni por su voz ardiente y fogosa; pero el que estaba en contacto con él no podía menos de amarle. Ésta era su gran fuerza, y el dominio que sobre todos nosotros tenía: el amor. ¡Qué bien veíamos en él un fiel reflejo del Divino Maestro!» (Obras Completas, Tomo V, pág. 440). Guillermo Rovirosa estaba totalmente convencido de que los militantes obreros cristianos necesitaban estar acompañados y alentados por buenos sacerdotes. «Necesitamos sacerdotes con vocación apostólica obrera». Incluso se queja con delicadeza y confianza en Dios de que «los numerosos sacerdotes con vocación obrera que van saliendo de los seminarios sean destinados en su mayoría a tareas que no tienen relación con la promoción humana y cristiana de los trabajadores» (O. C., T. V, pág. 271). Deseaba con vehemencia y trabajaba con entusiasmo para que hubiera sacerdotes encendidos en el amor a Cristo para hacerse servidores de los obreros. Comentando la ordenación sacerdotal de un amigo suyo le expresa lo siguiente: «¿Qué sería de mí y de mis hermanos obreros si tú y otros sacerdotes servidores de obreros no cuidarais de nosotros y no procurarais que nuestra mesa espiritual estuviera a punto y bien servida? ¿De dónde y cómo sacaríamos alimento?» (O. C., T. V, pág. 415).