Domingo de Ramos • 2 abril 2023 • www.hoac.es
Me dispongo a la oración con estos textos
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Vamos a meditar ligeramente sobre la borriquilla. ¿Qué papel desempeñó en la apoteosis «de masas» de aquel domingo triunfal... (o así)? En primer lugar, vemos que la borriquilla llevaba –sin interés personal alguno– a Cristo. Entre todas las borriquillas que existían en el mundo, aquella precisamente fue la única escogida para llevar a Cristo. Cumplió su cometido con toda fidelidad y después volvió a la oscuridad de sus tareas, sin envanecerse de su privilegio circunstancial. Todo esto que la borriquilla realizó perfectamente, con una inconsciencia propia de un irracional, ¿no es acaso lo mismo que la Iglesia pide que hagan los militantes que han sido llamados a la HOAC, con la lucidez propia de quien ha hecho una encuesta bien hecha? –Guillermo Rovirosa, O.C. TV, 485 Contemplemos a Jesús en la cruz y pensemos que nunca hemos recibido palabras más bondadosas: «Padre, perdónalos». Contemplemos a Jesús en la cruz y veamos que nunca hemos recibido una mirada más tierna y compasiva. Contemplemos a Jesús en la cruz y comprendamos que nunca hemos recibido un abrazo más amoroso. Contemplemos al Crucificado y digamos: «Gracias, Jesús, me amas y me perdonas siempre, aun cuando a mí me cuesta amarme y perdonarme». –Francisco, Homilía Domingo Ramos 2022
Acojo la presencia de Dios y me sitúo en la vida Jesús ha ido acompañando nuestro camino de Cuaresma. En esta última semana, acompañamos nosotros el sufrimiento de Dios, el dolor de Dios por sus hijos e hijas. Lo acompañamos en los calvarios cotidianos de nuestros barrios ignorados, en el calvario de la precariedad, la desigualdad, la injusticia. Morimos con él en tantos siniestros laborales. Cruzamos con él el calvario mediterráneo bajo el que yacen hermanas y hermanos. Lo acompañamos en el calvario de las luchas sindicales, de las luchas por los derechos familiares y sociales, y por unos servicios públicos dignos para todos, en la tarea del cuidado de la creación… en la lucha por la dignidad de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, en la lucha cotidiana por la vida buena y posible.
Domingo de Ramos
y como cola de su manto lo seguía un cortejo de vencidos esclavos sangrando por las piedras.
Por las calles empedradas de la capital Jerusalén desfilaba en días de victoria el poder armado, el fracaso del amor.
Pero hoy, un galileo pobre pasea el triunfo del amor en el burro de un amigo. Todo el amor contenido en la estrechez de su cuerpo y de su espacio breve, brilla infinito en su mirada y enciende esperanza en los rostros que contempla.
Se prolongaba la mano en el filo de la espada, endurecían los rostros cascos metálicos, el orgullo flameaba en los penachos, 1