5º Domingo del Tiempo Ordinario A • 5 febrero 2023 • www.hoac.es
Me dispongo a la oración con estos textos
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En el terreno espiritual se nos enseña a hacer estricta y exclusivamente lo que mandan «los curas»; y en lo civil se nos enseña el más deprimente gregarismo: no desentonar ni singularizarse, ponerse en el rebaño de Fulano, de mengano. Así se ha ido apagado la «luz del mundo» y se ha hecho sosa del todo la «sal de la tierra». –Guillermo Rovirosa, O.C. T. III. 158
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Los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16). Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva. ¡No nos dejemos robar la comunidad! –Evangelii gaudium, 92
Acojo la presencia de Dios y me sitúo en la vida El silencio se hace palabra. En la oscuridad es donde se aprecia la luz con más fuerza. En lo soso y sin sabor, ¡cuánto se agradece esa pizca de sal, que nos hace percibir el sabor escondido! Como pasa con los Círculos el Silencio, con las luchas por la sanidad pública, o la perseverante petición del cierre de los CIE, con la presencia escondida, pero fructífera, de tantas personas, en tantas luchas. Hoy las traigo a mi oración, agradezco a Dios sus vidas y su perseverancia, su empeño en amar, en construir fraternidad.
Con tu fuego Señor: Tú no nos llamas a iluminar las sombras con frágiles velas protegidas de los vientos con la palma de la mano; ni a ser puros espejos que reflejan luces ajenas, trémulas estrellas dependientes de otros soles que, como amos de la noche, hacen brillar las superficies con reflejos pasajeros a su antojo. Tú nos ofreces ser luz desde dentro; cuerpos encendidos con tu fuego inextinguible en la médula del hueso; zarzas ardientes en las soledades del desierto 1