Roberto Franco / Escultor
Raíz, tradición y conciencia histórica
Una de las tradiciones creativas más antiguas de México, en las hoy denominadas artes plásticas, es la que encontró a través de la talla en piedra el camino hacia las representaciones figurativas y casi inmediatamente después, el volumen escultórico. Imbuida siempre de una poderosa e indisociable carga ideo religiosa y ritual, la ancestral escultura en piedra de la Cuenca de México tuvo en los derrames basálticos del Chimalhuache una fuente de inmejorable materia prima, y manos diestras en la población local.
En ese espacio que ahora reconocemos como Chimalhuacán, ubicado en la ribera oriental del antiguo sistema de lagos del mal llamado valle de México, existe una añeja tradición lapidaria de más de tres mil años, vinculada en su origen al universo prehispánico, del cual por cierto y no obstante el tiempo, mantiene vínculos estrechos.
A través del tiempo, oficio y sensibilidad artística han pasado de padres a hijos, de manera que se trata en nuestros días de una tradición viva de vigor extraordinario, donde muchos son los artistas de la localidad que con legítimo orgullo podrían autodenominarse hijos del Chimalhuache.
De entre todos ellos destaca el trabajo de Roberto Franco (1975), hijo y nieto de canteros de oficio, cepa de la mejor calidad que en él se concreta como oficio depurado. Roberto es un artista autodidacta, que para fortuna suya no fue víctima del castrante esquema académico que caracteriza a algunas escuelas de artes plásticas. Este auténtico hijo del Chimalhuache, sin imposturas es ejemplo de sensibilidad y cultura. Su quehacer creativo está permeado por la raíz de la que procede y una indubitable conciencia histórica y cultural. Su potencial creativo no encuentra obstáculo frente al material pétreo, que parece frágil y maleable al devaste que conduce con destreza y determinación precisa, seguro de lo que ahí se esconde a nuestros ojos.
Imagen, volumen y concepto fluyen de sus manos desnudando la roca, algunas veces reinventando y resignificando imágenes atávicas del antiguo mundo indígena de México, otras deleitándose en el arte erótico, cuando no explorando expresiones de un arte que suele llamarse moderno, que en su caso es ejercicio artístico donde concurren raciocinio, capacidad de abstracción y sentido mágico.
Roberto Franco es un artista todavía joven y no obstante, su historia creativa es notablemente amplia en la que atesora ya un cúmulo importante de trabajo realizado, cualidad productiva propia de quienes hacen de su arte, también su oficio. En su trabajo la destreza y el oficio artesanal han dado paso al artista creador que florece a punta de cincel, que como lo ha hecho ya, en el tiempo por venir habrá de deslumbrarnos una y otra vez.
Julio 2010
Arqueol. Luis Morett Alatorre
Exdirector del Museo Nacional de Agricultura
Universidad Autónoma Chapingo