es Ricardo Buil Ríos en su obra Graffiti, arte urbano. Educación, cultura e identidad en la modernidad, publicada en 2005.
Su propuesta se basa principalmente en establecer los elementos culturales necesarios para la mejora de diversas problemáticas educativas que se presentan dentro del espacio escolar, recuperando el arte urbano como herramienta pedagógica. Desde esta perspectiva, el arte urbano puede generar un vínculo de pertenencia —relacionado con las teorías funcionalistas— aunque los jóvenes que participan en estas prácticas suelen ser considerados “disfuncionales” para la organización y reproducción de la sociedad (Buil, 2005).
Por otra parte, las expresiones artísticas urbanas han tenido una gran relevancia social y un significado fundamental en el desarrollo histórico de distintos países del mundo, particularmente en los países de habla hispana, donde el arte urbano se manifiesta principalmente a través del graffiti.
Orígenes históricos del arte urbano
Durante la década de los años sesenta en Estados Unidos surgieron nuevas formas de actividad artística urbana dentro de las pandillas o gangs, que utilizaban estas prácticas para marcar territorios. Con el tiempo se fueron diferenciando distintos tipos de graffiti, muchos de ellos con contenidos políticos o reivindicativos.
A lo largo de la historia, la pintura ha experimentado diversas adaptaciones culturales, transformándose según el contexto social y las formas de producción artística de cada época. En sus primeras manifestaciones, el arte urbano reflejaba el sentir popular de la población, abordando temáticas que iban desde posturas políticas hasta la búsqueda de identidad y pertenencia. De esta manera, se convirtió en una forma de educación no institucionalizada que podía escapar de los aparatos ideológicos del Estado y ofrecer experiencias distintas a las proporcionadas por la educación formal (Buil, 2005).

El muralismo mexicano como antecedente
Uno de los antecedentes del graffiti se encuentra a principios del siglo XX con el muralismo mexicano, considerado uno de los movimientos artísticos y culturales más importantes del país. Este movimiento surgió después de la Revolución Mexicana, cuando se buscaba fortalecer el sentido de identidad nacional.
En 1920, artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro
Siqueiros comenzaron a producir obras que reflejaban el sentir de una nación marcada por la guerra. Estas obras formaban parte de un programa cultural con fines educativos y reivindicativos.
Durante este periodo, la Secretaría de Educación Pública estaba dirigida por José Vasconcelos, quien incorporó a estos artistas dentro de las políticas culturales y educativas del país. A través de sus murales se representaban temas como el mestizaje histórico, la identidad indígena, la clase obrera, la revolución y la lucha de clases (Mandel, 2007). Como resultado, se generó una pintura de carácter nacionalista que invitaba a la unión y al compromiso social de los ciudadanos.
Posteriormente, estas ideas comenzaron a difundirse en las escuelas y fueron retomadas por artistas que añadieron nuevos elementos adaptados a su contexto local. Además, comenzaron a utilizar materiales alternativos, como la pintura en aerosol, lo cual permitió representar estilos de vida urbanos y luchas territoriales, sentando así las bases históricas y sociales del arte urbano en México (Mandel, 2007).
El desarrollo del graffiti moderno
Existen diversas teorías acerca de los orígenes del arte urbano. Según Bou (2010), su historia se remonta a los años sesenta en París y Estados Unidos, donde surgieron diferentes pandillas que marcaban su territorio mediante firmas en espacios públicos. Al mismo tiempo, el arte urbano se convirtió en un medio de resistencia política y crítica social.
Uno de los casos más conocidos es el de “Taki 183”, un joven mensajero que vivía en Manhattan. Debido a su trabajo, recorría constantemente distintos barrios de Nueva York y comenzó a escribir su nombre junto al número de la calle donde vivía (183) en vagones del metro y paredes de la ciudad.
Su firma comenzó a llamar la atención de muchas personas. En 1971, un reportero del New York Times lo localizó y le realizó una entrevista. El artículo tuvo gran impacto entre los jóvenes neoyorquinos, quienes comenzaron a imitar esta práctica y a crear sus propias firmas. Con el tiempo, estas firmas evolucionaron en tamaño, forma y color, marcando el inicio del graffiti como expresión artística.
La incorporación del spray de pintura permitió desarrollar técnicas más elaboradas, transformando lo que antes se consideraba vandalismo infantil —realizado con marcadores o tiza— en verdaderas obras de arte (Agaccg, 2013).
El arte urbano en Europa
En Europa, particularmente en España, el investigador Javier Abarca retomó el arte urbano desarrollado en la década de los sesenta por el artista francés Daniel Buren. Su propuesta conceptual se basaba en insertar elementos visuales simples y repetitivos dentro del entorno urbano.
Según Abarca (2012), cuanto más simple es la herramienta visual utilizada por el artista, mayor es su capacidad para proyectar conciencia sobre el contexto social y cultural que lo rodea.
El carácter ilegal de muchas intervenciones urbanas obliga a los artistas a considerar cuidadosamente aspectos como la visibilidad, la duración de la obra y el riesgo al momento de realizarla. Aun así, el graffiti mantiene ciertas formalidades en su ejecución, como el uso del contraste con el soporte y la adaptación a distintas superficies urbanas.
De esta manera, el arte urbano se convierte en un lenguaje complejo cargado de significados que se desarrollan dentro de una red de relaciones sociales y culturales.
Arte urbano y ciudad
El arte urbano, entendido como práctica cultural y artística, surgió en la ciudad de Nueva York a finales de los años sesenta. Sin embargo, durante mucho tiempo fue analizado de manera reduccionista dentro de los estudios funcionalistas del urbanismo.El objetivo, según Marta.awtc (2010), es concebir la ciudad como un instrumento funcional, cultural y significativo al mismo tiempo.

SECCION 2 : CONSENSUS.APP
NACIONAL:
Panorama Evolutivo de las Artes en México: Identidad, Fusión y Vanguardia
Introducción
Las artes en México no son un bloque monolítico, sino un mosaico de capas históricas que se superponen y dialogan entre sí. Desde las civilizaciones prehispánicas hasta el arte digital contemporáneo, la creatividad mexicana se ha caracterizado por una profunda conexión con lo social, lo sagrado y lo político. Esta investigación explora las tres grandes etapas que definen el patrimonio artístico del país: el legado ancestral, la explosión del muralismo y las tendencias actuales.
1. El Legado Prehispánico y el Encuentro Colonial
El arte mexicano tiene sus raíces en una cosmovisión donde la estética era inseparable de la función ritual. Las culturas olmeca, maya y mexica perfeccionaron técnicas en piedra, cerámica y plumaria que hoy se consideran cumbres del arte universal.
● Arquitectura y Escultura: La monumentalidad de las pirámides y el detalle de deidades como la Coatlicue demuestran un dominio técnico avanzado.
● El Barroco Novohispano: Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, surgió un fenómeno único: el sincretismo. La mano de obra indígena impregnó las catedrales europeas con símbolos locales, dando lugar al "Barroco Mexicano" o Churrigueresco, caracterizado por una ornamentación exuberante que buscaba asombrar a los fieles.
2. El Siglo XX: El Muralismo y la Identidad Nacional
Tras la Revolución Mexicana de 1910, el arte se convirtió en una herramienta de reconstrucción nacional. El Estado patrocinó a artistas para que plasmaran la historia del país en los muros de los edificios públicos.
Los Tres Grandes
1. Diego Rivera: Famoso por su estilo figurativo que exaltaba la vida indígena y el progreso industrial.
2. David Alfaro Siqueiros: El más radical técnica y políticamente, introdujo materiales industriales como la piroxilina.
3. José Clemente Orozco: Con un enfoque más trágico y existencialista, centrado en la condición humana y el sufrimiento.
Este movimiento no solo educó a una población mayoritariamente analfabeta, sino que puso a México en el mapa del arte moderno mundial, demostrando que el arte podía ser monumental, público y políticamente comprometido.
3. La Ruptura y el Arte Contemporáneo
A mediados del siglo XX, una nueva generación de artistas, liderada por figuras como Vicente Rojo, José Luis Cuevas y Manuel Felguérez, cuestionó el nacionalismo del muralismo. Este movimiento, conocido como "La Ruptura", buscaba un arte más abstracto, personal y cosmopolita.
La Diversidad de Disciplinas
● Pintura y Fotografía: México ha sido cuna de fotógrafos legendarios como Manuel Álvarez Bravo y Graciela Iturbide, quienes capturaron la esencia surrealista de la vida cotidiana.
● Cine: En las últimas décadas, el cine mexicano ha vivido una "nueva época de oro" con directores que han dominado la escena global, explorando tanto la fantasía como la cruda realidad social.
● Artes Populares: Es fundamental mencionar el alebrije, la talavera y el arte huichol. Estas expresiones, a menudo catalogadas erróneamente solo como "artesanía", representan un dominio técnico y estético que compite con cualquier arte académico.
● El arte en México es un organismo vivo que se alimenta de su pasado sin miedo a experimentar con el futuro. Desde los códices antiguos hasta las instalaciones digitales en museos como el MUAC o el Soumaya, la esencia del arte mexicano reside en su capacidad para transformar la tragedia, la historia y la fiesta en una expresión visual poderosa. México no solo produce arte; México es, en esencia, una narrativa visual constante.
● Paz, Octavio. Los privilegios de la vista.
● Monsiváis, Carlos. Los rituales del caos.No se puede hablar de las artes en México sin reconocer la ruptura de los roles de género que ocurrió a
mediados del siglo XX. Aunque el muralismo fue un movimiento predominantemente masculino y "robusto", figuras femeninas transformaron la escena con una mirada introspectiva y surrealista.
● Frida Kahlo: Más allá de su imagen comercial, su obra es un estudio técnico sobre el dolor, la identidad mestiza y la anatomía. Sus autorretratos desafiaron las convenciones del retrato tradicional, mezclando elementos de la exvoto popular con el simbolismo europeo.
● Remedios Varo y Leonora Carrington: Aunque nacidas en Europa, desarrollaron su obra cumbre en México. Introdujeron el Surrealismo Alquímico, poblando sus lienzos de criaturas fantásticas, máquinas imposibles y una mística que influyó profundamente en las generaciones posteriores de pintores mexicanos.
● María Izquierdo: Fue la primera mexicana en exponer en el extranjero. Su arte, a diferencia del de Rivera, se centró en la esencia del México rural, los circos y las tradiciones populares, pero desde una técnica que rozaba lo onírico.
5. Arquitectura: Del Monolitismo a la Modernidad
Emocional
La arquitectura en México es quizás el arte más visible y habitable. Ha pasado por una metamorfosis radical que define el paisaje de sus ciudades:
● Luis Barragán: Ganador del Premio Pritzker, Barragán revolucionó el modernismo al introducir el concepto de "Arquitectura Emocional" Su uso de muros altos, colores vibrantes (rosas, amarillos, óxidos) y el manejo maestro de la luz natural y el agua, creó espacios de silencio y meditación que contrastan con el caos urbano.
● Juan O'Gorman: Responsable de la icónica Biblioteca Central de la UNAM. Su trabajo representa la fusión perfecta entre arquitectura funcionalista y artes plásticas, al cubrir edificios enteros con mosaicos de piedras naturales que narran la historia del pensamiento humano y mexicano.
● Arquitectura Contemporánea: Hoy, figuras como Tatiana Bilbao y Frida Escobedo lideran una tendencia que prioriza la sostenibilidad
ESTATAL:
1. Panorama general: artes, cultura e identidad en Hidalgo
El estado de Hidalgo posee una riqueza artística que combina tradiciones indígenas, patrimonio arqueológico, gastronomía, museos comunitarios y propuestas contemporáneas apoyadas en tecnología. Las artes no se reducen sólo a la pintura o la música, sino que abarcan también el arte rupestre, la cocina tradicional, las fiestas, los museos, el turismo rural y las nuevas formas de mediación cultural como la realidad aumentada 24512.
Estas expresiones funcionan como un medio para construir identidad y sentido de pertenencia. En escuelas primarias de Tizayuca se ha observado que algunos estudiantes se identifican más con el vecino Estado de México que con Hidalgo, por dinámicas laborales y de movilidad de sus familias. Frente a ello, se proponen estrategias pedagógicas basadas en relatos de leyendas locales, proyectos sobre historia familiar y celebración de festividades regionales para fortalecer la identidad cultural hidalguense 6. Esto muestra que el arte y la cultura no son sólo adornos, sino herramientas educativas y sociales.
2. Patrimonio antiguo: arte rupestre y arqueología
Uno de los patrimonios artísticos menos conocidos de Hidalgo es el arte rupestre, es decir, las pinturas y grabados en roca realizados por antiguas poblaciones. Se ha señalado que el estado posee una gran riqueza de sitios rupestres que, sin embargo, corren riesgo por la falta de protección y difusión, lo que los convierte en un patrimonio cultural que se está perdiendo 4. Estos vestigios son una de las primeras manifestaciones estéticas del territorio y permiten comprender la relación simbólica de los antiguos habitantes con el paisaje.
En el ámbito arqueológico, estudios de cerámica en el sitio de El Tesoro (en el territorio hidalguense actual) han identificado una producción local con rasgos tanto zapotecos como teotihuacanos. Esto sugiere la existencia de una identidad híbrida “Zapo Teotihuacana”, más compleja que la simple presencia de colonos de otra
región 8. Estas piezas, además de su valor histórico, son obras de arte que muestran técnicas, estilos decorativos y símbolos que formaron parte de la vida cotidiana y ritual.
Este patrimonio antiguo se conecta con debates nacionales sobre la conservación de bienes culturales, donde México ha jugado un papel importante en América Latina al profesionalizar la arqueología, la restauración y la museografía para resguardar y exhibir su patrimonio como parte de un proyecto de identidad nacional 1420. Hidalgo, con sus zonas arqueológicas y arte rupestre, se inserta en esta lógica de “coleccionar” y representar lo mexicano a través de monumentos y museos.
3. Museos, museología comunitaria y espacios expositivos
Los museos son un espacio clave para la difusión de las artes y la historia de Hidalgo. En Tepeapulco, el museo antropológico “Fray Bernardino de Sahagún” ha sido analizado para transformarse en un museo interactivo. La propuesta plantea incorporar recursos audiovisuales y dispositivos interactivos que hagan más atractiva la visita y potencien el turismo cultural en una región con gran riqueza natural y cultural. El estudio concluye que la transformación es viable, pero debe considerar presupuesto, espacio disponible y tipo de público 9. Aquí el museo no sólo conserva objetos, sino que se concibe como motor cultural y económico.
Otra línea importante es la museología comunitaria. En la localidad de El Rosario (Hidalgo) se diseñó, entre 2013 y 2015, una propuesta de museo comunitario que parte de las propias narrativas de la comunidad. El caso se utiliza para reflexionar críticamente sobre el “modelo” de museo comunitario en América Latina, cuestionando la idea de fórmulas universales y resaltando la necesidad de adaptarse a las particularidades locales 5. En este enfoque, la comunidad decide qué memorias, objetos y prácticas considera valiosos, y el museo se convierte en espacio de diálogo, no sólo de exhibición.
Este tipo de experiencias se relaciona con discusiones más amplias sobre museos y construcción de identidad nacional en México, donde la exhibición de colecciones arqueológicas y artísticas ha sido fundamental para representar una imagen oficial del país y atraer turismo e inversión 1420. Sin embargo, los museos comunitarios en