Cuando Dios habla Es una tarde preciosa. Los pensamientos parecen adormecerse con el sonido del mar que los arrulla, mientras camino descuidadamente por la playa. Disfruto la brisa que acaricia mi rostro, trayendo recuerdos, en sus aromas, de tiempos pasados. Luces y formas, que realmente no observo, solo camino entre las formas disfrutando el silencio en que mi pensamiento me envuelve. Solo unos días más. No me tendrán en una cama, sujeto a mi propio dolor, luchando en desesperación por lo que nunca vendrá. He decidido vivir mis últimos días de verdad, dejar atrás todo lo que ato mi vida, y darle rienda suelta a mis sueños. Buscaré ese sabor a la vida, que perdí en el camino. ¿Por qué tuve que esperar hasta que la espada esta en mi garganta, para pensar en lo que realmente vale en la vida? Pero no dejaré entrar tristeza en mis últimos días, solo aquella tristeza que lleva a la vida. Dicen que cuando uno esta frente a la muerte, ve en un momento los instantes que realmente valieron la pena en la vida. Ahora entiendo porque solo basta con unos segundos para la mayoría de nosotros. ¿Cómo nunca había disfrutado esta brisa? ¿Cómo nunca escuché el mar de esta forma? Como nunca aprecie la vida como ahora, que parece se agarrara de mí, y abriera mis entrañas, dándoles estocadas de vida y de muerte. Hasta la tristeza tiene sentido ahora, cuando yo hui de ella, en medio de mi locura. El recuerdo de tus palabras golpea mi corazón. Mi linda Jenny. Cuanto te necesito. Abre un agujero en el cielo, hermosa de mis recuerdos, y ven y llévame en un viaje sin límites, donde el amor nos lleve.