Buscando el reposo Es hermosa la creación, misteriosa, enigmática. Bella y poderosa, toda ella hasta el más pequeño átomo. El cielo canta de tu Gloria, sus notas viajan en el espacio, van llevando tus notas, de átomo en átomo, de cuerpo en cuerpo, de planeta en planeta, saltando entre las galaxias, formando un concierto universal. Toda ella habla de Tú sabiduría, de tu gran poder, de la eternidad que tú diste a nacer. Pero tus ojos escudriñaron, atentamente toda la creación, esa hermosa armonía, esa canción sin igual, buscando. Querías encontrar donde dejar reposar la paz, donde habría la habitación del amor, donde podrías dejar la misericordia y la verdad. Pero no había lugar en toda la maravillosa creación, no se encontró sitio que pudiera ser de su habitación. Las galaxias pararon su canción, y las estrellas se detuvieron en su lugar, los planetas quedaron en silencio: No está aquí, ¿Dónde está? Moviste tu mano y creaste las plantas, los peces, las aves, los reptiles, los mamíferos. Llenaron la tierra y la adornaron, elevaron sus voces a una, cantando de tu gran sabiduría, de la vida que les habías regalado, de la hermosura de poder sentir, de ser dos. Y empezaron a llenar la tierra, llevando el legado entre ellos, llevando tu legado de vida. Y volviste a escudriñar buscando donde dejar reposar la paz, el amor, la misericordia y la verdad. Las aves se esforzaron sin poder encontrar, los peces a una dijeron, no entre nosotros, ningún ser que se mueve pudo encontrar sitio para su habitación. Y tus manos lo formaron, del barro lo sacaste, a semejanza tuya lo formaste, y soplaste tu vida en él. Lo levantaste entre todos, por señor lo pusiste.
Henry Padilla Londoño