K A T H E R I N E
DOSIER DE PRENSA
PANCOL
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TRES BESOS
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«AL ESCRIBIR, NOS LO PODEMOS PERMITIR TODO» Conversación entre Katherine Pancol y Valérie Trierweiler para Paris Match, 30/09/2017
Con Tres besos, Katherine Pancol recupera esa multitud de personajes cuyos destinos vuelven a entrecruzarse. ¡De nuevo una chispeante comedia humana! Desde hace diez años, cada libro de Katherine Pancol supera los 500.000 ejemplares vendidos. La escritora conmueve a todo el mundo y, especialmente, a las mujeres. Sabe cómo interesar a la lectora ocasional. En absoluto engreída, Katherine Pancol es la amiga que a todos nos gustaría tener. Gracias a su blog, ha creado una relación directa con sus incondicionales. Vuelve usted tres años después de Muchachas. ¿Qué encontraremos en Tres besos?
© Emanuele Scorcelletti
¡Los mismos personajes, para empezar! Tres besos es una manera de cerrar todas las historias. En el final de Muchachas, quedó todo en el aire. Esta saga tiene ya 1.500 páginas y la mayoría de sus protagonistas siguen su propio camino, pero algunos no habían dicho todavía su última palabra. Y, además, recibí montones de correos electrónicos de lectores que querían saber más. Con Los ojos amarillos de los cocodrilos y Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, había quedado satisfecha con el final, pero los personajes vinieron a despertar mi curiosidad. Y volví a escribir. Algo parecido me sucedió con Muchachas. Mantengo una relación apasionada con mis personajes. Estas 640 páginas ¿son el final?
KATHERINE PANCOL (Marruecos, 1954) se cuenta entre los diez novelistas más vendidos de Francia. Cursó estudios literarios y ejerció como profesora de latín antes de convertirse en una reputada periodista para medios como Cosmopolitan. Su primera novela, publicada en 1979, fue todo un éxito y le valió un puesto como profesora de Escritura Creativa en la Universidad de Columbia. Sus novelas, entre ellas Los ojos amarillos de los cocodrilos, El vals lento de las tortugas y Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, tras los que publicó la trilogía Muchachas, han sido publicadas en 30 países.
Siempre tengo la impresión de que el libro que acabo de escribir será el definitivo. Cada vez que termino un libro creo que lo he dado todo, como si acabara de completar una maratón. No quiero hacer nada más, no quiero pensar más en toda esa gente, sino pasar por fin a otra cosa y leer. Tengo ganas de cambiar de universo. Es como si hubiera pasado tres años en un crucero con las mismas personas. ¡No puedo más, tienen que irse! En su blog, incluso habla de un submarino… durante tres años. ¿Cómo se organiza? Sí, es exactamente eso, ¡no veo la luz del día! Tengo horarios muy estrictos. Por la mañana me ocupo de la casa, del pape-
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leo, estoy en el mundo real. No almuerzo, a las dos estoy en mi mesa de trabajo hasta las siete, y eso todos los días. Y después de haber trabajado, ¡salgo por las noches! A veces voy a Normandía y allí me encuentro como en un doble submarino, porque no salgo por la noche y me conformo con cenar una lata de sardinas. ¡Mire usted qué vida tan apasionante! ¿Sin pausas? Sin pausas. Cuando hago una pausa, es porque voy a un sitio a verificar cosas, a Nueva York, a Italia o a Rusia. En mi cabeza, no me siento libre hasta que he terminado. Estoy totalmente concentrada; de hecho, estoy en otro lugar. En sus historias contamos seis familias y 43 personajes. ¿Cómo hace? ¿Tiene preferidos? Me gustan mucho los que tienen más garra, como Hortense, porque hacen avanzar el relato. También aquellos que aportan un poco de misterio. Las mujeres me parecen más valientes. También en la vida. Realmente no tengo preferidos, los encuentro a todos interesantes. Incluso Ray Valenti, que es una basura, me interesa. Llego a meterme en la piel de cada uno, a sentir empatía hacia los más brutales. En un conflicto entre dos de ellos, yo estoy con los dos. Eso es lo maravilloso de escribir, podemos extraer todo lo que está en nosotros, tanto la cara más negra como el agua de rosas. En la vida, intentamos ser lo mejor que podemos, pero, al escribir, nos lo podemos permitir todo. Así pues, ¿es su inconsciente el que mueve a sus personajes? No lo sé, porque los trabajo enormemente, sé cómo van a hablar, cómo van a caminar. Cada uno tiene su ficha, donde figuran su infancia, sus puntos fuertes y sus debilidades, su apariencia física y sus tics. ¡Lo sé todo sobre ellos! Y comprendo cosas que ellos desconocen. Usted describe a menudo a gente atrapada en su vida o en su medio. ¿Cree usted en el libre albedrío o en el destino? Como soy optimista, creo que podemos decidir sobre nuestra vida. Hay momentos en los que tenemos que elegir entre dos caminos. Aprendemos a tomar decisiones después de habernos dejado liar una primera vez. ¿Le ha pasado a usted? Sí, yo fui muy precoz. Me hice periodista y comencé a escribir joven. Y tuve éxito muy pronto. En aquel momento, no era consciente. Pero no me arrepiento de nada. Cuando uno lo pasa mal, se aprende. Ahora sé muy bien adónde voy, ¡sé decir no! Sé lo que es bueno para mí y lo que no. Zoé dice que «sabemos realmente qué persona somos cuando hemos ganado mucho dinero». ¿Qué le ha enseñado el éxito sobre usted misma?
Tuve la suerte de conocer el éxito en 1979 con mi primer libro, Yo primero. Vendí 300.000 ejemplares, tenía 25 años y no estaba preparada para afrontarlo. En este caso, en ese momento, no decidí nada. Se me proponía todo lo imaginable: desde un champú con mi nombre hasta aviones privados. Me invitaban a todas partes. ¡Y eso que solo había escrito un libro! Mi madre procede de una familia de campesinos, yo creía que tenía los pies en la tierra y, a pesar de ello, me vi arrastrada por la vorágine. Pero quise pararlo todo, me fui a vivir a Nueva York, donde me quedé diez años. Me hizo mucho bien. Estaba preparada para la segunda ola de éxito con los Cocodrilos… ¿Tiene miedo a dejar de tener éxito? Ahora mismo, tomo todos los aspectos positivos del triunfo. Y que eso deje de pasar me importa un bledo. Estoy entusiasmada con la publicación de Tres besos, pero hay más cosas en la vida. El éxito no refleja lo que soy. Mi libro preferido, Un hombre a distancia, es el que menos ha vendido. Lo que me interesa es aprender. No tengo nada que demostrar. Zoé le dice a Joséphine: «La felicidad es ingenua». ¿Realmente eso es así? Hoy en día, sí. Todo el mundo quiere ser feliz, pero nadie se atreve a reivindicarlo. Ya no hay amor por la felicidad. Está más de moda sentirse torturado. Pero la basura no es lo mío. ¿Cuál es la relación perfecta entre un hombre y una mujer? Cuando cada uno puede vivir solo, pero deciden vivir juntos. No debe ser ni una compensación ni una obligación. ¿Cree que cuánto más dura es la época, más se necesitan historias ligeras? Sí, sin duda, pero lo que sorprende es que mis libros, desde hace diez años, funcionan en todos los países. Se han traducido a 30 idiomas. Así que deben tener algo universal. Dentro de veinte años, quizá sepa explicarlo… ¿Puede agotarse su imaginación? No creo. Me muevo por todas partes, presto atención y escribo lo que oigo. Pero siempre he tenido imaginación. Cuando era niña, contaba historias a mis primos que retomaba de un año para otro. Hoy, me sigue encantando contar historias y escribirlas. Es una vida que me conviene. Soy feliz cuando siento que he captado el alma de un personaje, aunque solo sea durante diez líneas. ¡Tengo la impresión de ser la reina del mundo! Entretanto, aparece con su tocho de 640 páginas y hace estallar la temporada literaria… No soy consciente de eso, estoy desconectada del mundillo parisino, por suerte; si no, estaría demasiado angustiada. El trabajo de la vida me ha enseñado a disfrutar de las pequeñas cosas. Tengo un lado muy infantil. Mi vida son mis personajes y mis lectores.
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Si te gustaron Los ojos amarillos de los cocodrilos, El vals lento de las tortugas, Las ardillas de Central Park están tristes los lunes o Muchachas no te puedes perder Tres Besos Los personajes tan queridos por Katherine Pancol y sus lectores han vuelto. ¡Y van a saltar chispas! Sus historias se entretejen, se enmarañan, crecen, estallan y empiezan de nuevo. Con ellos, temeremos lo peor, aguardaremos, esperaremos, tomaremos aire y solo lo soltaremos al llegar a la última línea. Reencuentros, esperanzas, traiciones, sospechas e idilios nacen sin aviso. Se dan besos inesperados. Algunas vidas cambian para siempre, de modo que o bien hay que empezar un camino nuevo o enderezar el antiguo. Ninguna opción parece segura. Y nadie está seguro de nada. Cada uno de los personajes se embarca en nuevas aventuras. Algunos desvelarán su lado oscuro, otros verán sellado su destino, pero todos tendrán el corazón en un puño.
15. nov
Le Figaro
«¡Una comedia humana y con chispa!». Paris Match
KATHERINE PANCOL
TRES BESOS Traducción de Julia Alquézar 15,50 x 23,00 cm 640 páginas | Rústica 978-84-9181-270-8 3455093
€ 22,00
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Imagen de cubierta: © Laurent Nicolas. Dosier: proyectos gráficos PGA
«Con Katherine Pancol, disfrutamos cada intriga con nerviosismo y júbilo».
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