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Revista Occidente 569 - Marzo 2026

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CAMBIO DE MANDO LA LARGA TRADICIÓN

* ECONOMÍA CHILENA: PERSPECTIVAS 2026

* EL RETORNO DE TRASÍMACO: CINCO SIGLOS DE PENSAMIENTO ACERCA DE LA JUSTICIA ANTE EL RIESGO DE LA REGRESIÓN MORAL

* LA GRAN MAESTRA: NADIA BOULANGER

* LOS ÓSCAR 2026

5 Llegó Marzo: La hora de lo básico

10 El retorno de Trasímaco

20 Cambio de mando.

Anécdotas e importancia de una larga tradición republicana

26 Un territorio en llamas:

Historia ambiental, memoria y educación frente a los desastres socionaturales en el Biobío

30 Opinión

La obediencia voluntaria del ciudadano ilustrado

32 Chile: Coyuntura económica 2025 y perspectivas 2026

40 El aporte escondido al PIB de Chile

44 Opinión

Resiliencia ante la incertidumbre

46 El nacimiento de la ciencia.

Entre la superstición y la magia

52 El mito de la caverna y la inteligencia artificial

56 Música

Nadia Boulanger, la gran maestra

60 Cine

La carrera por el Óscar a casi

100 años de su nacimiento

64 La última palabra

Recuerdo de Mario Bunge

Fundada en 1944 Marzo 2026

Edición N° 569

ISSN 0716 – 2782

Director

Rodrigo Reyes Sangermani director@revistaoccidente.cl

Comité Editorial

Ximena Muñoz Muñoz

Ruth Pinto Salgado

Roberto Rivera Vicencio

Alberto Texido Zlatar

Paulina Zamorano Varea

Editor Antonio Rojas Gómez

Diseño

Alejandra Machuca Espinoza

Colaboran en este número: Guillo

Javier Ignacio Tobar

Galo López Zúñiga

Álvaro Vogel Vallespir

César Barría Larena

Víctor Rodríguez González

Salvador Marconi R.

Carla Fucito Calderón

Marcelo Díaz Suazo

Marco Maria Scotti Saccucci

Roberto Berríos Álvarez

Edgard “Galo” Ugarte Pavez

Ana Catalina Castillo Ibarra

Rogelio Rodríguez Muñoz

Fotografías Shutterstock.com

Unsplash.com Conaf.cl

Publicación

Editorial Occidente S.A. Marcoleta 659, Santiago, Chile

Gerencia General

Gustavo Poblete Morales

Suscripciones y Publicidad

Nicolás Morales suscripciones@editorialoccidente.cl Fono +56 22476 1133

Los artículos firmados u opiniones de los entrevistados no representan necesariamente la línea editorial de la revista. Se autoriza la publicación total o parcial de los artículos con la única exigencia de la mención de Revista Occidente.

EL SÍMBOLO DEL MANDO Y EL SENTIDO DEL PORVENIR

Cada cambio de gobierno es, antes que un trámite institucional, un acto profundamente simbólico. El traspaso de mando expresa la continuidad republicana por sobre las diferencias y recuerda que el poder no pertenece a quien lo ejerce, sino a la ciudadanía que lo delega. En ese gesto —una banda que cambia de hombros, un saludo, una firma— se condensa la esencia de la democracia: alternancia sin ruptura, autoridad con límites, responsabilidad compartida.

Para la ciudadanía, ese momento está cargado de expectativas. Todo gobierno llega con una tarea concreta, aquella por la cual fue electo. En nuestro país, desde hace años, esa tarea se relaciona con necesidades insatisfechas que forman parte de la vida cotidiana: la crisis de la delincuencia y la inseguridad, las falencias de la seguridad social, la calidad de los ingresos frente al costo de la vida, el acceso a la vivienda y una educación que garantice equidad y oportunidades reales. No son consignas abstractas, sino demandas urgentes. La esperanza que acompaña a un nuevo gobierno no es ingenua: es exigente. La ciudadanía espera políticas públicas eficaces, técnicamente sólidas y sostenibles en el tiempo. Espera resultados concretos y coherencia entre discurso y acción. Cuando las promesas no se cumplen, la frustración erosiona la confianza no solo en una administración, sino en el sistema político en su conjunto.

Pero todo cambio de gobierno implica también incertidumbres. Más allá de las prioridades sociales, un giro ideológico puede generar temores respecto del rumbo cultural y valórico del país. Existen aprensiones sobre eventuales retrocesos o sobre la ruptura de consensos que ha costado años construir. Es legítimo debatir orientaciones, pero no es saludable convertir cada alternancia en un quiebre total.

Conviene recordar que, pese a las deudas pendientes, Chile ha experimentado en los últimos 35 años avances significativos en sus estándares sociales, económicos, políticos y culturales. La reducción de la pobreza, la consolidación democrática, la ampliación de derechos y la integración internacional no son obra de un solo sector, sino resultado de acuerdos y reformas acumulativas. Ese capital no puede dilapidarse.

Un nuevo gobierno debería entenderse como una etapa de mejora y corrección, no como una negación de lo anterior. Gobernar implica avanzar en derechos sociales y en mejores condiciones de vida, pero también preservar aquello que ha permitido el progreso. La diversidad ideológica es parte de la democracia; el sectarismo, en cambio, la debilita.

Que el nuevo ciclo político sea un avance real dependerá no solo de quien gobierne, sino también de la responsabilidad de la oposición, del Parlamento y de la ciudadanía. Colaborar en lo que beneficie al país y estar alertas frente a posibles desviaciones no son actitudes opuestas: son expresiones de madurez democrática.

El traspaso de mando nos recuerda que ningún gobierno es definitivo, pero sí lo es la tarea común de construir un país más justo y más libre. En ese equilibrio entre esperanza y prudencia se juega el verdadero sentido del cambio.

DESAPEGO DE LA POLÍTICA

Señor Director,

A propósito del artículo publicado en enero sobre el creciente desapego ciudadano hacia la política, quisiera subrayar los riesgos que entraña esta tendencia. Cuando la sociedad se distancia de la cosa pública, la democracia se debilita silenciosamente. La indiferencia no es neutral: deja espacio para que decisiones trascendentales se adopten sin suficiente escrutinio ni participación.

El desencanto puede ser comprensible frente a errores y promesas incumplidas, pero la retirada cívica no corrige esos males; los profundiza. Una ciudadanía pasiva facilita el avance de discursos simplistas y erosiona la cultura del diálogo, debilitando consensos que sostienen nuestros avances institucionales y sociales.

Más que renunciar a la política, el desafío es exigirla mejor: con mayor ética, transparencia y responsabilidad. La democracia no se sostiene solo en elecciones periódicas, sino en ciudadanos

POLÍTICA

EL DESAPEGO DE LA POLÍTICA O LA PÉRDIDA DEL

SENTIDO

DE LO

“La política es la forma más elevada dela esperanza colectiva”. (CORNELIUS CASTORIADIS)

atentos y comprometidos. Recuperar ese vínculo es una tarea urgente y colectiva.

Jorge Vargas

DESAPEGO DE LA POLÍTICA 2

Sr. Director,

El artículo de enero sobre el desapego ciudadano hacia la política invita a una reflexión distinta: no solo está en riesgo la democracia, como señala el artículo sino también el sentido de comunidad. Cuando lo público deja de importarnos, la sociedad se fragmenta en intereses privados y pierde la capacidad de pensar en proyectos comunes. La indiferencia reduce la política a un asunto de “otros”, como si las decisiones colectivas no afectaran nuestra vida diaria. Pero cada norma, cada presupuesto y cada prioridad estatal incide en nuestra seguridad, educación y oportunidades. Desentenderse es ceder influencia.

Más que un problema partidista, se trata de una crisis de responsabilidad compartida. Recuperar el interés por la cosa pública es

COMÚN POR GALO LÓPEZ ZÚÑIGA Administrador público, académico cientista político INTRODUCCIÓN: EL SÍNTOMA VISIBLE DEL DESENCANTO ¿E xiste hoy un desapego real de la ciudadanía hacia la política? La respuesta, al menos en apariencia, es afirmativa. Basta observar algunos signos evidentes: el desprestigio de las instituciones, la desconfianza hacia los partidos, la distancia emocional con la figura del político, la volatilidad del voto y el auge de la abstención. Por otro lado, cabe destacar que en Chile, el retorno al voto obligatorio fue, en sí mismo, una confesión de derrota institucional: hubo que obligar a la ciudadanía a participar porque la política ya no era capaz de convocar. Así también, los últimos procesos electorales se han definido más por el voto rechazo que por el voto afirmativo. No se vota por adhesión, sino por negación. Y lo más preocupante es que esta distancia no surge de la ignorancia, sino del hartazgo moral: la percepción de que la política ha dejado de ser un instrumento de transformación para convertirse en un escenario de intereses opacos y discursos vacíos.

Sin embargo, sería un error interpretar este fenómeno como apatía cívica. El desapego ciudadano es, más bien, una forma de defensa ética: una resistencia silenciosa frente a una política que se percibe capturada, instrumentalizada, convertida en mecanismo de gestión y no de justicia. Y porque no también, como un espacio de privilegios distantes del mérito. De ahí surge la pregunta que articula este artículo: ¿Por qué la política, que representa la función esencial de la vida social, ha perdido su alma? Responderla exige volver al origen, a la comprensión filosófica de lo político, para rastrear en qué punto la sociedad comenzó a vaciar de sentido aquello que una vez fue su forma más alta de expresión colectiva. LA FUNCIÓN ESENCIAL DE LA POLÍTICA SEGÚN ARISTÓTELES (Y SU RELACIÓN CON LA ÉTICA Y LA ECONOMÍA): Para entender la crisis contemporánea de la política, es necesario volver a su raíz conceptual. En la filosofía aristotélica, la política no es una técnica ni un instrumento de dominio, sino una

SU OPINIÓN NOS IMPORTA

Envíe sus opiniones en una extensión máxima de 1100 caracteres con espacios a: director@occidente.cl

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recuperar la idea de que el país es una construcción colectiva.

Pedro Echeverría La Florida

MASONERÍA Y MUJERES

Sr. Director,

A propósito del artículo sobre las mujeres en la masonería, quisiera destacar cómo esta institución filosófica, anclada en la tradición, abre hoy espacios reales a mujeres jóvenes que buscan reflexión, liderazgo y compromiso ético. Allí modernidad y vanguardia dialogan con símbolos y ritos centenarios. Lejos de ser una contradicción, esa convergencia demuestra que la tradición puede renovarse sin perder profundidad. Que más mujeres encuentren allí un lugar es una señal de evolución cultural y apertura.

Carmen Gloria Bascuñán

CULTURA EN OCCIDENTE

Sr. Director,

En tiempos en que la agenda cultural suele reducirse a lanzamientos fugaces y comentarios superficiales, resulta valioso encontrar un espacio que aborda la literatura, el cine y las artes con profundidad y perspectivas diversas. Su revista ha logrado instalar una conversación que no se limita a reseñar, sino que interpreta, contextualiza y desafía. Las miradas frescas que conviven en sus páginas —a veces críticas, a veces provocadoras— amplían el horizonte del lector y lo invitan a dialogar con obras y autores desde ángulos poco habituales en la prensa cultural ordinaria. Esa vocación por ir más allá de la inmediatez contribuye a enriquecer el debate y a dignificar el quehacer artístico.

En un escenario mediático acelerado, sostener un espacio de reflexión cultural es, en sí mismo, un acto significativo.

Roberto Pérez Zaldívar

LLEGÓ MARZO: LA HORA DE LO BÁSICO

POR JAVIER IGNACIO TOBAR ESCOBAR

Abogado, académico y ensayista

Escribo esta columna siguiendo una secuencia propia de los tiempos: primero los hechos económicos, luego los ajustes metodológicos y finalmente el escenario político. Solo así es posible comprender el momento que vive el país sin caer en simplificaciones.

En el sentido indicado, la “Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional” (CASEN) constituye el principal instrumento para observar la realidad material de los hogares, estimar brechas y evaluar el impacto del gasto público. No es una cifra aislada ni una estadística coyuntural; es la base sobre la cual el Estado diagnostica, prioriza y decide. Cuando cam-

bia la medición, cambia la forma de mirar el país. Y cuando se modifica la mirada, también se reordena la discusión pública. El punto de partida histórico es elocuente. Según los datos publicados, la incidencia de pobreza por ingresos en el año 1990 alcanzaba un 68,5% y en el año 2017 descendía a un 8,6%. Esa caída de 59,9 puntos porcentuales constituye una transformación estructural en la historia social chilena. La descomposición de los datos muestra que el 91,9% de esa reducción se explica por el crecimiento económico y apenas un 8,1% por variaciones distributivas (políticas públicas). El mensaje es inequívoco: la expansión sostenida del producto y del ingreso promedio fue el motor central del progreso material. Durante décadas, el dinamismo productivo elevó remune-

raciones, amplió consumo y permitió que millones de personas abandonaran condiciones precarias. Cuando la economía avanzó con vigor, la pobreza retrocedió con la misma intensidad.

Sin embargo, esa mejora convivió con una inequidad persistente 8la siempre temida “desigualdad”. Según los datos tenidos a la cista (la misma CASEN y las encuestas CEP y “Tenemos que hablar de Chile”), el país mantuvo niveles elevados de desigualdad en comparación regional. El país logró reducir carencias severas, pero no modificó en profundidad la estructura de concentración de ingresos. Esa combinación generó un fenómeno particular, como la movilidad ascendente acompañada de vulnerabilidad latente. Amplios sectores dejaron atrás privaciones extremas, aunque permanecieron expuestos a retrocesos ante crisis laborales, sanitarias o financieras. El modelo ofrecía progreso, aunque no aseguraba estabilidad permanente.

En paralelo, el Estado fortaleció políticas sociales sin alterar sustancialmente el diseño institucional heredado. La reactivación social desde 1990 (los criticados “30 años”) involucró ampliación programática más que reformas estructurales del marco legal, manteniendo continuidad en rasgos fundamentales del esquema económico previo. El gasto social creció de manera constante y llegó a concentrar más del 70% del presupuesto público, consolidando la política social como principal vínculo entre el Gobierno y la ciudadanía. Se amplió la cobertura en salud, educación, previsión y transferencias, pero la estrategia de desarrollo permaneció centrada en el mercado y las exportaciones. El resultado fue un Estado robusto en programas, aunque menos transformador en su arquitectura productiva.

La actualización reciente de la medición (CASEN) introduce un elemento decisivo en esta trayectoria. Según la Comisión Asesora para la Actualización de la Medición de la Pobreza propone que la tasa de pobreza correspondiente al año 2022 podría ascender desde 6,5% hasta 22,3% bajo criterios renovados. El cambio no describe un deterioro repentino, sino un perfeccionamiento metodológico. La línea de pobreza se construía con información de la Encuesta de Presupuestos Familiares de los años 2011 y 2012 ajustada por el índice de Precios al Consumidor (IPC), generando un rezago significativo en patrones de consumo. Si se hubiese utilizado el método del año 2017, la estimación para 2022 habría sido 15,9% de pobres. Esta diferencia evidencia la distancia entre realidad efectiva y herramienta estadística.

Pero hay que considerar otro factor clave: la vivienda. Según los datos de la misma CASEN, la

actualización del arriendo imputado mediante el Índice de Precios de la Vivienda del Banco Central podría elevar la tasa en varios puntos porcentuales adicionales, lo que implicaría cientos de miles de personas más clasificadas bajo la línea. Este componente revela que el costo habitacional se ha convertido en una variable determinante del bienestar. Cuando la renta inmobiliaria crece por sobre los ingresos, la estabilidad doméstica se tensiona, incluso en hogares con empleo formal.

La medición multidimensional complementa esta perspectiva. De esta manera, el Índice de Pobreza Multidimensional alcanza 16,9% e incorpora dimensiones relativas a educación, salud, ocupación, vivienda y redes sociales. Las propuestas de actualización añaden indicadores de desempeño escolar, obesidad infantil, inseguridad alimentaria, dependencia funcional, subempleo y conectividad digital, ampliando el enfoque hacia capacidades reales. La pobreza deja de ser únicamente insuficiencia monetaria y pasa a entenderse como carencia de oportunidades efectivas.

Este escenario técnico converge con un giro político profundo. Según datos considerados en la segunda vuelta presidencial, tras los plebiscitos constitucionales la ciudadanía reordena sus prioridades hacia la seguridad, el empleo, la salud y el costo de la vida, desplazando debates institucionales abstractos. La legitimidad se define ahora por capacidad de gestión y resultados concretos. La ampliación del electorado mediante el voto obligatorio produce un ciudadano menos ideologizado y más exigente. La política se evalúa en función de eficacia inmediata.

La Derecha versión “post plebiscitos constitucionales” asume bajo esta lógica. No recibe adhesión doctrinaria uniforme, sino una expectativa condicionada. Hereda una economía con crecimiento moderado, un diagnóstico social más exigente y una cultura pública que valora el orden y la previsibilidad. El mandato no es simbólico; es operativo. Gobernar implica ofrecer estabilidad frente a incertidumbre cotidiana, fortalecer dinamismo productivo y focalizar mejor la acción social.

La conclusión surge de esta secuencia coherente.

Primero, el crecimiento histórico explicó la mayor parte de la reducción de la pobreza. Segundo, la desigualdad persistente dejó una base vulnerable. Tercero, la medición actualizada revela que las cifras previas podían subestimar magnitudes reales. Cuarto, el electorado posterior a 2022 prioriza resultados tangibles. Estas cuatro premisas conducen a una síntesis clara: la ciudadanía desea condiciones elementales de convivencia y desarrollo individual. La demanda por paz responde a un entorno donde la violencia y la conflictividad erosionan confianza. La exigencia de orden se vincula con la necesidad de funcionamiento institucional efectivo. La búsqueda de tranquilidad refleja agotamiento frente a inestabilidad constante. El anhelo de trabajo se relaciona con autonomía económica sostenible. La solicitud de seguridad expresa protección frente al delito. La aspiración de libertad alude a la posibilidad de desplegar proyectos personales sin coerción indebida. Estas preferencias no emergen de una consigna ideo-

lógica, sino de una experiencia concreta acumulada durante años de progreso material combinado con vulnerabilidad latente.

La trayectoria examinada conduce a una conclusión que no es retórica, sino estructural. Chile ha reducido la pobreza de manera histórica gracias al crecimiento económico sostenido, ha ampliado cobertura social mediante un Estado que fortaleció programas y destinó una parte significativa de su Presupuesto al área social, y ha consolidado una sociedad más compleja, más educada, más urbana y más individualizada. Sin embargo, esa evolución no modificó de raíz la arquitectura económica ni eliminó la vulnerabilidad de amplios sectores. La desigualdad persistente, el encarecimiento de la vivienda, la desaceleración productiva y las limitaciones institucionales revelan que el progreso alcanzado depende de equilibrios delicados. Cuando esos equilibrios se tensionan, la percepción de riesgo se instala con rapidez.

La actualización de la medición de la pobreza refuerza esta lectura.

Si las nuevas metodologías sugieren que la magnitud del fenómeno puede ser considerablemente mayor que la cifra previamente difundida, entonces el desafío no es meramente estadístico, sino político y moral. Medir mejor implica reconocer con mayor precisión dónde están las carencias, cómo afectan a distintos territorios y grupos, y qué tan expuesta está la clase media a retrocesos. Un diagnóstico más exigente obliga a revisar prioridades, reasignar recursos y fortalecer instrumentos, pero también exige cuidar el principal motor histórico de reducción de pobreza: el crecimiento. Sin dinamismo productivo, sin inversión y sin empleo formal, la política social se vuelve insuficiente para sostener avances duraderos.

A lo anterior se suma una dimensión cultural que no puede ignorarse. El país experimentó un profundo proceso de individuación que expandió expectativas de autonomía, elección y reconocimiento. Esa trans-

formación convive con una demanda simultánea de estabilidad y protección. La ciudadanía no rechaza el progreso ni la modernización, sí rechaza la incertidumbre prolongada y la pérdida de control sobre su entorno cotidiano. La experiencia reciente (luego de los 2 plebiscitos constitucionales) demostró que la voluntad política no basta para modificar estructuras consolidadas ni para reemplazar de un día para otro entramados legales, económicos y culturales construidos durante décadas. La realidad impone límites, y gobernar consiste precisamente en armonizar aspiraciones con esos límites.

En consecuencia, el mandato que emerge no es ideológico en sentido estricto, sino práctico.

La sociedad desea paz porque entiende que sin convivencia segura no hay desarrollo posible. Reclama orden porque la eficacia institucional es condición para el crecimiento y la inversión. Busca tranquilidad porque la inestabilidad permanente erosiona confianza y cohesión. Exige trabajo porque la autonomía económica es la base de la dignidad personal. Demanda seguridad porque sin protección frente al delito no existe libertad efectiva. Y valora libertad porque, tras años de expansión cultural y social, la posibilidad de elegir forma parte constitutiva de la identidad contemporánea.

La coherencia de esta conclusión descansa en razones históricas, económicas y sociológicas. La reducción de la pobreza estuvo vinculada al crecimiento; la persistencia de desigualdad dejó vulnerabilidades; la medición actualizada revela desafíos mayores; el electorado ampliado prioriza resultados tangibles, y la cultura social valora autonomía junto con estabilidad. Estas premisas conducen a una síntesis lógica: el país no aspira a saltos abruptos ni a experimentos inciertos, sino a consolidar condiciones básicas que permitan continuar avanzando sin perder lo logrado.

La tarea de todo Gobierno consiste, entonces, en integrar crecimiento sostenido, focalización social eficiente y fortalecimiento institucional. Si logra compatibilizar expansión económica con protección efectiva y estabilidad jurídica, consolidará legitimidad. Si no lo hace, el mismo electorado que hoy exige eficacia reconfigurará nuevamente sus preferencias. Chile aprendió que el progreso solo se mantiene cuando se convierte en experiencia cotidiana. Por eso, más allá de debates doctrinarios, la expectativa colectiva converge en un núcleo simple y exigente: vivir en un entorno donde paz, orden, tranquilidad, trabajo, seguridad y libertad sean realidades verificables y no promesas transitorias.

Esa es la tarea (desafío) que tiene el próximo Gobierno, cumplir la palabra ofrecida en la campaña, ni más ni menos. O sea, llegó marzo.

EL RETORNO DE TRASÍMACO

VEINTICINCO SIGLOS DE PENSAMIENTO

SOBRE LA JUSTICIA ANTE EL RIESGO DE UNA REGRESIÓN MORAL

Desde Platón

hasta la teoría contemporánea de la justicia, la civilización ha intentado separar lo justo de la fuerza. Hoy, ese aprendizaje histórico parece resquebrajarse, reabriendo la pregunta por el sentido mismo de la justicia en un mundo donde el poder vuelve a imponer su verdad.

POR GALO LÓPEZ ZÚÑIGA

Administrador público y cientista político

“La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales”
JOHN RAWLS

INTRODUCCIÓN

La historia del pensamiento sobre la justicia puede leerse como un largo esfuerzo por domesticar la fuerza; por eso, cuando la fuerza vuelve a imponerse como criterio de lo justo, no asistimos a una novedad, sino a una regresión moral. En el plano ético-moral pueden distinguirse, al menos, dos conceptos cardinales que han organizado la reflexión filosófica desde la Antigüedad hasta nuestros días. Por una parte, la felicidad , entendida como

horizonte del sentido de la vida en el plano individual: más allá de la propia felicidad, difícilmente el sujeto reconoce un bien superior que pueda orientar su existencia con igual intensidad. Por otra parte, la justicia, concebida como principio regulador del orden social, institucional, político y -en último término- civilizatorio. Si la felicidad remite al cómo vivir, la justicia remite al cómo convivir. Y es precisamente este segundo eje -la justicia como fundamento de la vida en común- el que hoy se ha vuelto dramáticamente problemático, pues allí donde la justicia deja de operar como límite al poder y comienza a confundirse con su ejercicio, lo que entra en crisis no es solo un concepto, sino el aprendizaje civilizatorio que ha intentado, durante siglos, separar la convivencia humana de la ley del más fuerte.

Lo que inquieta no es solo la presencia de conflictos, ni la habitual fricción entre intereses, sino

PALACIO DE JUSTICIA

un fenómeno más grave: la tendencia creciente a que la fuerza vuelva a definir lo justo, la verdad y la norma. Lo observamos cuando un poder estatal -o una coalición de poderes- impone condiciones, fija reglas unilaterales y pretende construir un relato de legitimidad incluso a la vista de evidencias públicas, testimonios gráficos y narrativas contradictorias que cualquier ciudadano puede constatar a través de los medios o de internet. La brutalidad de la acción se acompaña, casi siempre, de relatos justificatorios, de verdades fabricadas, de discursos diseñados para normalizar lo inaceptable, amparados en la concentración de poder que la fuerza permite.

Y aquí asoma el peligro contemporáneo: no se trata solo de que la violencia reaparezca, sino de que reaparezca potenciada por capacidades destructivas y tecnológicas sin precedentes, y por la habilidad -cada vez más sofisticada- de producir “ve racidad” pública, de convertir el relato del fuerte en una suerte de verdad oficial. En ese escenario, la pregunta por la justicia deja de ser un asunto académico: se vuelve una alarma moral, porque toca el nervio de la convivencia humana.

Este mecanismo no es nuevo. Fue el procedimiento clásico de los regímenes totali tarios, tanto de derecha como de izquierda, laicos o confesionales: la verdad no se descubre ni se debate; se impone. Así operó el poder cuando, en distintos momentos del siglo XX, buscó convertir el Estado en fábrica de realidad y la violencia en argumento definitivo. Así, la violencia no solo disciplinó cuerpos; produjo verdad, redefinió lo justo y anuló la disidencia. Los nombres son conocidos, porque la historia los dejó inscritos como advertencia.

EL PUNTO DE PARTIDA: TRASÍMACO Y LA JUSTICIA COMO IMPOSICIÓN DEL FUERTE

En el Libro I de La República (siglo IV a. C.), Platón introduce a Trasímaco como una figura disruptiva, impaciente, casi violenta en su irrupción discursiva. Frente a los intentos de definir la justicia como virtud o armonía, Trasímaco responde con una tesis tan simple como brutal: “lo justo no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte” (República, I, 338c).

Aquí la justicia no es un ideal moral, no es una virtud, no es un límite al poder. La justicia es -simplemente - el lenguaje del poder . Cada forma de gobierno, sostiene Trasímaco, dicta leyes según su conveniencia y llama “justo” a aquello que asegura su dominio. El ciudadano justo no es el virtuoso: es el obediente. La injusticia, en cambio, aparece como eficaz, rentable, poderosa.

Lo inquietante es que hoy reaparecen dinámicas similares, en contextos distintos, con tecnologías más sofisticadas y con riesgos potencialmente catastróficos. Cuando la fuerza se transforma nuevamente en criterio de justicia, no estamos ante un avance, sino ante una regresión moral de gran magnitud: una borradura -casi de un solo golpe- del trabajo ontológico, axiológico, epistemológico, político y teleológico mediante el cual la humanidad intentó escapar de la brutalidad.

En este contexto, la tesis de este artículo es clara: “desde el Libro I de La República de Platón, la civilización occidental ha intentado -con avances, tensiones y retrocesos- desvincular la justicia de la fuerza. Sin embargo, el presente muestra signos inquietantes de regresión moral, donde lo justo vuelve a definirse como lo que el fuerte impone en función de su conveniencia, exactamente como lo sostuvo Trasímaco”.

Pero hay un rasgo todavía más oscuro - y tristemente moderno - en la lógica trasimáquea: para imponer su “justicia”, el poder no solo necesita fuerza; necesita reconfigurar el lenguaje. Cambiar el estatuto moral del otro. Convertirlo en amenaza, plaga, enemigo absoluto, “ no-humano ” o anti-humano”, de modo que la brutalidad no solo parezca permitida, sino necesaria. En ese proceso, el poder no se limita a describir la realidad: la produce, manipulando el lenguaje hasta el punto de crear categorías nuevas destinadas a volver “explicable” lo que, desde cualquier perspectiva humana, resultaría injustificable. La violencia oficial, así, se reviste de racionalidad semántica y la muerte se inscribe en un marco narrativo que la absuelve de antemano. Este mecanismo ha sido visible innumerables veces a lo largo de la historia y sigue reapareciendo en el presente: el uso de etiquetas que degradan al adversario para volver administrable lo inaceptable. En el debate público estadounidense reciente, por ejemplo, se produjo una fuerte controversia en torno al uso del rótulo “domestic terrorist” para referirse a una ciudadana común que perdió la vida en un operativo estatal. Más allá del caso específico, lo inquietante es el procedimiento: la creación de un significante que, al deshumanizar, desactiva la compasión, suspende el juicio moral y convierte la violencia en acto legítimo del poder

Este es el punto cero de la justicia: cuando la fuerza define lo justo, la ley y la verdad. Y este punto cero no es solo una teoría antigua: es una tentación recurrente de los regímenes totalitarios que logran concentrar la fuerza. Cada vez que el poder pretende convertir su conveniencia en ley moral; cada

vez que llama justicia a su propio interés; cada vez que reemplaza la argumentación por la imposición, la humanidad no “evoluciona”: retrocede. Por eso, todo el desarrollo posterior del pensamiento político (ético y moral por cierto), puede leerse no solo como una respuesta teórica a Trasímaco, sino como el intento histórico - difícil, tenso, costoso - de la civilización humana por salir de esta concepción brutal de lo justo.

ARISTÓTELES: LA PRIMERA GRAN RESPUESTA A TRASÍMACO

Con Aristóteles se produce el primer gran desplazamiento civilizatorio. La justicia deja de ser una expresión del dominio y se convierte en una virtud ética orientada por la razón . En su horizonte, lo justo no puede ser la conveniencia del más fuerte, porque lo político no existe para consagrar ventajas privadas, sino para hacer posible una vida común ordenada por fines compartidos.

nunca crea derecho; lo justo es aquello que puede universalizarse sin contradicción ; y las personas son fines en sí mismas , nunca meros medios para el objetivo de otro.

La intuición kantiana - dramática en su sobriedad- es que toda acción que pretende ser justa debe poder sostenerse como máxima universal : ¿ podría querer yo racionalmente que esta regla fuera válida para todos, siempre, en condiciones equivalentes ?

Si la respuesta es no, entonces la acción puede ser eficaz, puede ser ventajosa, puede ser incluso “ victoriosa ”; pero no es justa.

Para Aristóteles, la justicia no es instrumento del poder; su criterio no es la fuerza, sino la razón práctica (phronesis) Esto significa algo exigente: la justicia no se reduce a obedecer, ni a “ cumplir ” por temor, ni a repetir el discurso dominante. La justicia requiere discernimiento, proporcionalidad, deliberación sobre lo que corresponde a cada cual en relación con el bien común.

Cuando distingue entre justicia distributiva ( dar a cada cual según proporción ) y justicia co rrectiva ( reparar el daño cuando se rompe la igualdad), Aristóteles instala un principio civilizatorio decisivo: la justicia no se impone como capricho del fuerte; se razona como equilibrio humano . La ley ya no debe servir al poderoso, sino educar en virtud y ordenar racionalmente la vida en común. Frente a Trasímaco, Aristóteles abre una puerta fundamental: lo justo no depende del músculo, sino de la medida

KANT:

LA JUSTICIA COMO DEBER, LÍMITE Y UNIVERSALIDAD

En su filosofía jurídica, el derecho existe para limitar la libertad de cada uno solo en la medida necesaria para que pueda coexistir con la libertad de los demás. La coacción solo es legítima cuando protege la libertad; cuando la instrumentaliza, se vuelve injusta. Aquí el distanciamiento con Trasímaco es total: el poder queda subordinado al deber moral y la justicia ya no depende del resultado ni de la conveniencia, sino del principio En convergencia con ello, se impone la conclusión incómoda: todo orden que necesita imponerse por la fuerza para sostenerse es, desde esta perspectiva, éticamente sospechoso

UTILITARISMO: DE LA FUERZA AL BIENESTAR COLECTIVO

Con Jeremy Bentham y John Stuart Mill, la justicia se redefine en términos de impacto social. Ya no importa quién manda, sino a cuántos beneficia una acción o política. El principio central es conocido: es justo aquello que maximiza la felicidad o el bienestar del mayor número.

Con Immanuel Kant el concepto de justicia da un salto normativo radical. Kant rompe definitivamente con cualquier intento de fundar el derecho en la fuerza. Para Kant, la fuerza

Este giro tiene un sentido civilizatorio evidente: desplaza la justicia desde la fuerza hacia una medida impersonal del bienestar colectivo . La justicia deja de ser “ lo que el fuerte decide” para convertirse en “lo que mejora la vida del conjunto”. Sin embargo, el utilitarismo enfrenta un dilema delicado: puede sacrificar minorías y confundir lo útil con lo justo. Aun así, incluso con sus límites, marca un punto de no retorno respecto de Trasímaco: la fuerza por sí sola deja de legitimar; el poder debe rendir cuentas en el plano del bienestar social, no solo en el plano de la dominación.

MARX:

JUSTICIA MATERIAL Y DESENMASCARAMIENTO

DEL PODER

Con Karl Marx la crítica se profundiza: no hay justicia real sin condiciones materiales dignas, y la justicia formal puede convertirse en una fachada ideológica. Marx tensiona la conciencia moral con una acusación severa: ¿ de qué sirve proclamar derechos si las condiciones de vida los vuelven impracticables ? ¿Qué justicia es esa que existe en la norma, pero no en el pan, el trabajo, la vivienda, la salud, el tiempo humano ?

que ninguna ventaja, por eficaz que sea, legitima la injusticia.

En Marx, el poder no se ejerce solo por la ley o la violencia visible, sino por las estructuras económicas que organizan la vida social. La injusticia puede normalizarse, volverse paisaje, convertirse en rutina: cuando la desigualdad deja de escandalizar, la conciencia se adormece y el sistema se vuelve casi invisible. En ese escenario, la dominación no necesita siempre golpes: le basta con organizar la realidad de modo que lo injusto parezca “ natural ”.

Por eso Marx no retorna a Trasímaco: desvela su versión moderna y sistémica , aquella en la que la fuerza ya no gobierna solo, sino que estructura la realidad. La conveniencia del fuerte se vuelve estructura, y la justicia corre el riesgo de convertirse en retórica.

JOHN RAWLS Y ROBERT

NOZICK: DOS RESPUESTAS

MODERNAS A TRASÍMACO

En el extremo opuesto, Robert Nozick defiende un Estado mínimo y la inviolabilidad de los derechos individuales. Su preocupación central es que el Estado -incluso con buenas intenciones- puede volverse un agente de coacción ilegítima. Por eso, para Nozick, lo justo consiste en respetar estrictamente derechos, propiedad y libertad de elección, limitando al máximo el alcance del poder político.

Y aquí aparece un punto crucial para la tesis de este texto: aunque Rawls y Nozick se oponen en su arquitectura normativa, ninguno de los dos es un retorno a Trasímaco . Ambos coinciden en algo esencial: la justicia no puede ser imposición del fuerte. Uno lo afirma en nombre de la equidad institucional; el otro, en nombre de derechos inviolables. Pero los dos entienden que la fuerza, por sí misma, no funda justicia.

Con John Rawls, la justicia se convierte en el principio fundante de las instituciones. Su gesto epistemológico es tan audaz como pedagógico: imaginar un acuerdo social bajo un velo de ignorancia donde nadie sabe qué lugar ocupará en la sociedad - si será rico o pobre, mayoría o minoría, fuerte o vulnerable-. Al quitar la información que alimenta el privilegio, Rawls busca impedir que el poder, la fortuna o la fuerza definan las reglas. Desde allí derivan sus ideas rectoras: libertades básicas iguales, y desigualdades solo aceptables si benefician a quienes están peor situados. Lo útil pero injusto debe ser rechazado: la justicia actúa como límite normativo. Rawls se distancia radicalmente de Trasímaco al afirmar

HANNAH ARENDT: CUANDO LA VIOLENCIA APARECE, LA JUSTICIA

YA HA FRACASADO

Con Hannah Arendt, el análisis adquiere profundidad histórico-existencial. Para Arendt, el poder legítimo nace del actuar concertado: de la capacidad humana de iniciar algo en común, de sostener un mundo compartido. La violencia no funda ese poder; lo reemplaza. Por eso su afirmación es contundente: la violencia es el fracaso de la política, no su culminación

Este punto es decisivo como contrapunto a la brutalidad de las dictaduras: cuando un régimen necesita la violencia para “probar” su verdad, es porque ha perdido la capacidad de persuadir, de convocar, de sostener legitimidad. La violencia aparece cuando la política se ha vaciado, cuando la polis -el espacio público- se degrada. Y allí emerge una exigencia dramática: sin ciudadanía instruida, sin cultura política, sin sentido de lo común, el terreno queda disponible para que Trasímaco vuelva a reinar con nombres nuevos.

Cuando la fuerza sustituye al acuerdo, la justicia desaparece y queda solo dominación. El regreso a Trasímaco se vuelve entonces evidente: la imposición sustituye la palabra; el miedo sustituye el debate; la obediencia sustituye la razón.

HABERMAS:

JUSTICIA, LEGITIMIDAD Y PALABRA

Con Jürgen Habermas, la justicia se redefine como legitimidad discursiva. Lo justo es aquello que puede ser aceptado racionalmente por todos los afectados, a través de un proceso dialógico entre actores que se reconocen en su diversidad. Aquí el fuerte ya no manda: debe justificar. La imposición se vuelve ilegítima aunque sea eficaz.

Este punto importa especialmente hoy porque nos recuerda algo olvidado: los seres humanos no somos meras subjetividades aisladas; somos intersubjetividad Somos pluralidad que busca encuentro. La verdad pública -cuando es digna de ese nombre- no nace de la fuerza ni de la propaganda, sino del diálogo entre verdades parciales que se respetan, se corrigen, se afinan y se abren a una construcción común.

CIERRE: ADVERTENCIA CIVILIZATORIA

En síntesis, la historia de la justicia puede leerse como un largo esfuerzo por salir de Trasímaco: virtud ( Aristóteles ), deber ( Kant ), bienestar ( utilitarismo ), condiciones materiales ( Marx ), equidad ( Rawls ), derechos ( Nozick ), pluralidad ( Arendt ), legitimidad discursiva ( Habermas ) y reconocimiento ( Fraser ). No es un simple desfile de autores, entre tantos más, son las luces de la humanidad movida por el mismo espíritu para iluminar un concepto de justicia que nos aleje de Trasímaco. Con todos ellos, es la memoria de un combate civilizatorio, la huella del intento humano por abandonar la brutalidad como principio de orden.

Habermas es quizá la antítesis más clara de Trasímaco: si no puedes justificarlo ante los otros, no es justo, aunque tengas la fuerza para imponer el poder. Y esta frase, en tiempos de regresión, no es teoría: es resistencia moral.

NANCY FRASER:

JUSTICIA COMO REDISTRIBUCIÓN Y RECONOCIMIENTO

Con Nancy Fraser, la justicia incorpora una dimensión decisiva: el reconocimiento. No basta redistribuir recursos; es necesario ser reconocido como actor legítimo dentro de la comunidad política. La justicia se entiende como garantía de los grupos a ser parte del “nosotros” social, aceptando el carácter polisémico de la vida común. En efecto: múltiples identidades, múltiples experiencias, múltiples voces que exigen condiciones de pertenencia.

En esa línea, puede leerse su propuesta como un triple eje: reconocimiento político (voz, representación, participación ), reconocimiento económico (condiciones materiales y no subordinación) y reconocimiento cultural ( dignidad simbólica, no estigmatización).

Por eso la regresión actual, cuando la fuerza vuelve a definir lo justo, la verdad y la ley, no puede interpretarse como “un giro más” de la historia. No asistimos a una novedad histórica ni a un avance civilizatorio: asistimos a una regresión moral que Platón ya describió en el siglo IV a. C., cuando Trasímaco quiso convertir la justicia en la conveniencia del fuerte.

Y lo más grave no es solo que reaparezca la violencia: es que reaparezca como criterio de verdad, como fundamento de legitimidad, como definición de justicia. En ese retroceso, no solo se deshacen siglos de reflexión ética y política: se borra el aprendizaje más profundo de la civilización humana por salir de la brutalidad. Y eso, en un mundo que requiere cooperación planetaria, respeto por la diferencia y construcción común, no es un simple error: es una amenaza existencial.

La exclusión, el silenciamiento y la invisibilización son formas contemporáneas de injusticia. El contraste con Trasímaco es total: donde él ignora al débil, Fraser afirma que sin inclusión no hay justicia Y donde el fuerte pretende monopolizar la verdad, Fraser insiste en una comunidad donde la verdad pública se construye con pluralidad y respeto.

TRASÍMACO II Y EL PUNTO CERO DE LA JUSTICIA

(DIÁLOGO CONTEMPORÁNEO ENTRE SAMUEL Y TOMÁS)

INTRODUCCIÓN

El diálogo que sigue no es una recreación arqueológica ni un ejercicio erudito. Es un desplazamiento temporal. Las ideas que hace más de dos milenios enfrentaron a Sócrates y Trasímaco reaparecen hoy, casi intactas, en un mundo atravesado por disputas geopolíticas, hegemonías en conflicto y potencias que buscan imponer su verdad como si fuera justicia.

Samuel y Tomás son dos personas contemporáneas. No discuten en una plaza ateniense, sino en una sala común, mientras un noticiero transmite imágenes de advertencias diplomáticas, sanciones económicas, ultimátums y declaraciones oficiales. Lo que ven en la pantalla -la forma en que una potencia mundial exige alineamiento y somete a quienes quedan bajo su órbita- activa una conversación que, sin saberlo, reactualiza el punto cero de la justicia

1. LA VIGENCIA DE TRASÍMACO

(En la voz de Tomás)

Samuel y Tomás conversan en una sala sobria, después de un seminario sobre política internacional. Afuera, las pantallas repiten imágenes de conflictos lejanos, mapas en rojo, conferencias de prensa y advertencias cruzadas.

a) La tesis de Trasímaco, hoy

Tomás: Samuel, dejemos de fingir ingenuidad. Lo justo no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte. Siempre ha sido así y hoy no es distinto.

Samuel: ¿Dices entonces que la justicia depende simplemente del poder?

Tomás: No “ depende ”. Es poder. O, mejor dicho, es el nombre elegante que el poder se da a sí mismo cuando quiere obediencia.

b) La ley -y la verdad- como imposición del poder

Tomás: ¿No ves lo que ocurre, no solo en el mundo, sino también en tu vida cotidiana? Mira la pantalla. Las grandes potencias fijan las reglas del comercio, de la seguridad, de la energía, del financiamiento, incluso de lo que puede decirse y pensarse, hasta en las cosas más cotidianas y relevantes de nuestras vidas. Luego llaman a eso “orden internacional”, “estabilidad”, “valores compartidos”, “Estado de Derecho”. En ese contexto, los países pequeños - como el nuestro - deben alinearse. Si lo hacen, son “responsables”. Si no, se vuelven “riesgos”, “amenazas”, “problemas”.

Samuel: ¿Y eso te parece justo?

Tomás: Es real. Cada bloque impone sus normas según su conveniencia y castiga - económica, política, simbólica o fácticamente - a quien se aparta. En síntesis, eso es lo justo hoy: adaptarse al poder vigente.

c) El justo como perjudicado

Samuel: ¿Y qué ocurre con quienes creen en reglas comunes, en principios, en derechos que debieran valer para todos?

Tomás: Ocurren dos cosas: pierden influencia y pagan costos. El que se esfuerza por ser “justo”, por incomodar, por no alinearse del todo, termina perjudicado. El obediente aunque cargue con las consecuencias vive en la paz que necesita el poderoso para decidir. La justicia, Samuel, siempre es el bien ajeno: el interés de quien manda. El que cumple pierde margen; el que domina, gana.

d) La injusticia como virtud estratégica

Samuel: ¿Entonces avalas el abuso, la imposición, la mentira?

Tomás: No las “avalo”, las entiendo. A gran escala, la injusticia es más eficaz que la justicia. Más libre. Más poderosa. Las potencias que no dudan, que avanzan sin pedir permiso, son las que escriben la historia. Y no nos engañemos: quienes denuncian la injusticia no lo hacen por virtud, sino por temor. No por miedo a cometerla, sino por miedo a padecerla.

e)

La inversión moral completa

Samuel: Si te sigo, la justicia sería entonces una debilidad.

Tomás: Exactamente. Una ingenuidad bienintencionada. Un lujo de tiempos estables. En el mundo real, la injusticia es prudencia. Es cálculo. Es inteligencia estratégica. La justicia sirve para los discursos. La fuerza, para gobernar.

f) La norma como ficción provisional: el caso de la Antártica

(En la pantalla del noticiero aparece un mapa del extremo sur. Un periodista habla de recursos estratégicos, rutas marítimas futuras y “escenarios de tensión”. Tomás señala la imagen con la cabeza.)

Tomás: Mira eso, Samuel. Dime una cosa: ¿qué crees tú que va a ocurrir cuando la Antártica deje de ser un territorio remoto y se vuelva estratégica de verdad?

Samuel: Existe un tratado. Hay normas claras. Es un territorio destinado a la cooperación científica y a la paz.

Tomás: (Sonríe apenas.) Exacto. Existe hoy Mientras no estorba demasiado. ¿Cuántas potencias crees que sienten que tienen derecho sobre ese territorio? ¿Cuántas están dispuestas a respetar el Tratado Antártico cuando los recursos, las rutas o la supervivencia energética entren en juego?

Samuel: ¿Estás sugiriendo que las normas simplemente desaparecerán?

Tomás: No desaparecerán. Se reinterpretarán, se suspenderán, se reformularán. Se dirá que las condiciones cambiaron, que el mundo ya no es el mismo, que hay amenazas mayores. Siempre hay un buen relato para eso. Y entonces, Samuel, las mismas potencias que hoy hablan de derecho internacional decidirán -muy racionalmente- que ese derecho ya no les conviene.

Samuel: Chile está al lado de la Antártica. No es un conflicto lejano.

Tomás: Justamente. Será un conflicto en casa, pero decidido lejos. Y cuando eso ocurra, dime: ¿en qué quedará el tratado?, ¿en qué quedará la norma?, ¿en qué quedará la idea de justicia? (Hace una pausa.) Quedará lo de siempre: la conveniencia del más fuerte.

Samuel vuelve la vista a la pantalla. No porque ignore lo que Tomás dice, sino porque comprende el alcance de lo que implica: las reglas que prometen paz funcionan solo mientras coinciden con los intereses del poder . Cuando dejan de hacerlo, se convierten en papel.

Y ahí, con una claridad inquietante, la tesis de Trasímaco deja de parecer antigua y se vuelve profética

EPÍLOGO IMPLÍCITO

Samuel guarda silencio. No porque no tenga respuesta, sino porque comprende la gravedad de lo que acaba de escuchar. No es una provocación teórica: es una descripción del mundo que muchos ya aceptan como normal. Y ahí, sin que nadie lo nombre, Trasímaco está de vuelta

2. LA RESPUESTA DE SÓCRATES

(En la voz de Samuel)

INTRODUCCIÓN A LA RÉPLICA

Samuel no responde con indignación ni con consignas. Hace lo que siempre hizo Sócrates: preguntar, no para vencer, sino para desnudar las

contradicciones internas del argumento. Afuera, el noticiero continúa. Adentro, la conversación cambia de tono.

Samuel: Tomás, permíteme preguntarte algo antes de seguir. Cuando dices que lo justo es lo que conviene al más fuerte, ¿hablas de conveniencia real o de conveniencia declarada?

Tomás: ¿A qué te refieres con esa distinción?

Samuel: A esto: ¿conviene al poderoso porque efectivamente beneficia a la comunidad que gobierna, o conviene solo porque él lo decide y lo impone?

Tomás: Conviene porque asegura el control. Eso es gobernar.

Samuel: Entonces, según tú, gobernar no consiste en cuidar un orden común, sino en conservar la dominación.

Tomás: Llámalo como quieras.

a) La primera fisura: ¿el poder puede equivocarse?

Samuel: Sigamos entonces. Dices que el más fuerte define lo justo. Pero dime: ¿el poderoso puede equivocarse?

Tomás: Por supuesto. Todos pueden errar.

Samuel: Y cuando se equivoca - cuando una decisión perjudica incluso a su propio proyecto-, ¿sigue siendo justa solo porque él la impuso?

Tomás: Sigue siendo ley.

Samuel: No te pregunté si sigue siendo ley, sino si sigue siendo justa. Porque si lo justo es lo que conviene al más fuerte, y el más fuerte se equivoca respecto de lo que le conviene, entonces estaría ordenando algo injusto incluso según tu propio criterio. (Tomás guarda silencio unos segundos.)

b) El poder como técnica, no como criterio moral

Samuel: Parece entonces que confundes dos cosas distintas: el hecho de mandar y la razón para mandar. El poder puede imponer, sin duda. Pero imponer no es lo mismo que justificar. Cuando una potencia define unilateralmente qué es “orden”, “seguridad” o “verdad”, ¿eso convierte automáticamente esas definiciones en justas? ¿O solo en efectivas?

Tomás: En el mundo real, la efectividad es lo que cuenta.

Samuel: Entonces no estamos hablando de justicia, Tomás. Estamos hablando de técnica de dominación. Llamarla justicia no la vuelve más noble; solo la disfraza.

c) El problema del obediente “justo”

Samuel: Dijiste antes que el justo siempre sale perjudicado. Déjame insistir ahí. Si obedecer lo impuesto por el fuerte es lo justo, ¿qué ocurre con quienes obedecen órdenes que destruyen su propio país, su economía o su dignidad?, ¿Siguen siendo justos por obedecer, o simplemente sumisos?

Tomás: La obediencia evita males mayores. Samuel: ¿O los posterga y los amplifica? Porque la historia muestra algo distinto: los grandes desastres no nacen de la desobediencia de los débiles, sino de la obediencia acrítica.

d) La injusticia como “ prudencia ”: el límite último

Samuel: Me dijiste que la injusticia es prudencia. Permíteme una última pregunta: si todos actuaran con esa prudencia -si todos impusieran su conveniencia cuando pudieran-, ¿qué quedaría del mundo?

Tomás: Quedaría la ley del más fuerte.

Samuel: Exacto. Y eso no es orden: es guerra

permanente. Un mundo donde cada cual espera su turno para dominar no es estable, ni siquiera para los poderosos. Es un mundo sin confianza, sin palabra, sin futuro compartido. La injusticia puede parecer inteligente a corto plazo, pero es ciega a largo plazo.

e) El giro decisivo: ¿para qué sirve la justicia?

Samuel: Quizás aquí está el error de fondo, Tomás. Crees que la justicia sirve para que el fuerte gobierne mejor. Yo sostengo lo contrario: la justicia existe para limitar al fuerte, no para adornarlo. Cuando la justicia deja de ser límite y se vuelve instrumento, deja de ser justicia y se transforma en propaganda.

CIERRE SOCRÁTICO

Samuel: Puedes seguir llamando “justo” a lo que conviene al poder. Nadie te lo impide. Pero no digas que eso es progreso, ni orden, ni civilización. Eso tiene un nombre antiguo. Y fue dejado atrás por una razón. (Tomás no responde. Afuera, las pantallas siguen transmitiendo discursos oficiales. Samuel se levanta. El diálogo no ha terminado, pero el silencio ahora pesa de otro modo).

CIERRE REFLEXIVO

Este diálogo muestra algo inquietante: no hemos superado a Trasímaco; lo hemos modernizado. Cuando la fuerza vuelve a definir lo justo, se borran de un plumazo siglos de esfuerzo humano por introducir razón, dignidad, límites y humanidad en la convivencia.

En síntesis, el riesgo en la actualidad es que no estamos solo ante un retroceso intelectual, sino que también ante un retroceso civilizatorio

CAMBIO DE MANDO

ANÉCDOTAS

E

IMPORTANCIA

DE UNA LARGA TRADICIÓN

REPUBLICANA

A las 12 y cuarto de ese día un edecán del Gobierno anunció que el Supremo Director, acompañado del general Blanco Encalada y todas las autoridades se encaminaban a la Sala” constituida en el antiguo Tribunal del

(Biblioteca del Congreso Nacional, cambio de mando 1826)

A continuación, el presidente del Senado me tomó el juramento o promesa que la Constitución prescribe de “desempeñar fielmente el cargo de presidente de la República, conservar la independencia de la nación y guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes”, a lo que contesté, con la mano derecha sobre el corazón:

(Patricio Aylwin 1990)

La solemnidad que podemos apreciar en un cambio de mando atraviesa objetivamente cualquier tendencia e ideología política contingente. Más allá del protocolo —que ha variado poco desde su primera realización—, se trata de una ceremonia breve, cargada de tradición republicana, que mantiene hasta hoy la misma aura de profundo respeto y apego a una costumbre que este mes de marzo se llevará a cabo de manera casi ininterrumpida, luego de 200 años exactos desde su origen en 1826. Fue encabezada por primera vez por el presidente Manuel Blanco Encalada en el Congreso Nacional, enterrando de paso la figura del “Director Supremo”.

No se ha alterado mayormente el sentido de esta ceremonia: un ciudadano(a) elegido por la vía electoral —aunque antaño esa vía tenía reglas distintas— debe jurar, si es creyente, o prometer, si no es religioso, que dará todo de sí para asumir correctamente los designios del país y respetar la Constitución frente al Congreso en pleno, que actúa como testigo. Además, es acompañado por el presidente saliente como símbolo de educación, respeto y trascendencia. Es el momento en que el nuevo mandatario debe “dejar” afiliación política particular y convertirse en el administrador de un país completo. Es muy importante destacar que el lugar del cambio de mando es siempre en el Congreso —o donde este funcione de forma transitoria—, pues repre -

senta el poder del pueblo en su máxima expresión, el cual será delegado en una persona que, a través del voto, encabezará el mandato. Esta idea está en concordancia con el pensamiento liberal posterior a la Revolución Francesa, amparado en la Ilustración y en los filósofos del nuevo régimen. Por ende, el presidente del Senado cobra un protagonismo relevante, ya que es quien entrega la banda presidencial al nuevo mandatario a nombre del pueblo elector. Ad portas de un nuevo cambio de mando —este once de marzo— recordaremos algunos momentos icónicos y anecdóticos de estos dos siglos de tradición republicana.

LA PIOCHA DE O’HIGGINS

Este Padre de la Patria jamás pensó en instaurar la tradición de la piocha, pues al entregar la estrella flamígera, junto con su banda presidencial, lo hizo

como un gesto particular antes de abdicar a favor de una persona específica, aunque se presume que dicha piocha le sirvió como moneda de cambio para su viaje al exilio. Además, en los tiempos de Bernardo O’Higgins no existía el cambio de mando, ya que la figura del “Presidente de la República” estaba ausente en los primeros intentos constitucionales. Chile era un país de caudillos, donde reinaba la inestabilidad y los conflictos decantaron en una guerra civil en los albores de los años treinta del siglo XIX.

Según las fuentes, O’Higgins entregó esta piocha a José Argomedo —quien fuera secretario de la Junta—. La familia Argomedo inició la tradición cuando otorgó –esta reliquia– al historiador e intendente Benjamín Vicuña Mackenna, quien a su vez se la entregó al primer presidente en recibirla formalmente, Federico Errázuriz. Desde entonces, la medalla pasó de mano en mano entre los siguientes mandatarios. Lo cierto es que, en algún momento, esta piocha se perdió. Existen varias tesis: la más aceptada señala que se destruyó durante el bombardeo al Palacio de La Moneda, cuando doce cohetes impactaron en la zona donde se encontraba junto al acta original de la Independencia. Augusto Pinochet mandó a confeccionar una réplica que entregó a Patricio Aylwin en los años noventa; esta es la que se utiliza hasta la actualidad. Una segunda tesis sostiene que se perdió durante la breve administración de la República Socialista. Ambas ideas no pasan de ser especulaciones.

Más allá del símbolo y la carga histórica que representa, se asocia folclóricamente “a la mala suerte” si esta piocha se cae al ser recibida o a una manipulación incorrecta. Balmaceda fue la prueba más palpable para los amantes de estas creencias populares: su caída derivó en la guerra civil más cruenta de nuestra historia, marcando una inflexión y un hito en la historiografía nacional. El propio José Manuel no pudo realizar el cambio de mando, pues antes de concluir su mandato se suicidó en la embajada de Argentina. Eso sí, entregó el poder de forma simbólica al general Baquedano, el mismo que este año vuelve a la “Plaza Italia”.

La piocha también se le cayó al León de Tarapacá. No pudo terminar su primer mandato, sufrió el exilio,

enfrentó el ruido de sables como manifestación del poder militar y, en la jerga popular, “le hicieron la cama”, nada menos que Carlos Ibáñez. Pese a todo, logró impulsar el cambio de Constitución y cerrar una de las disputas ideológicas del siglo XIX tras lograr la separación definitiva entre la Iglesia y el Estado. A la primera magistrada mujer en nuestra historia se le cayó la piocha en una ceremonia ecuménica; su mandato terminó marcado por el devastador terremoto de 2010, tsunami incluido. Sebastián Piñera, en su segundo mandato, también dejó caer la estrella y debió afrontar el estallido social y una pandemia.

LAS VECES QUE NO SE PUDO

REALIZAR EL CAMBIO EN EL CONGRESO NACIONAL

Los primeros cambios de mando fueron frecuentes —pero aun así se respetaron—, ya que los presidentes iniciales tenían mandatos breves, fruto de un país inestable y profundamente dividido entre liberales y conservadores. Las ceremonias se realizaron en los tribunales de justicia donde sesionaba el Congreso, hasta su construcción definitiva (hoy Museo de Arte Precolombino). La tradición se afianzó tras los decenios conservadores y se mantuvo sin interrupciones hasta el siglo XX. El golpe de Estado marcó un paréntesis. Posteriormente, con el retorno a la democracia, se ha respetado nuevamente el cambio de mando cada once de marzo en el Congreso Nacional, con sede en Valparaíso.

¿Han variado algunos elementos? Por supuesto que sí: las fechas, ciertos desplazamientos geográficos y las bandas presidenciales, que son personales y a la medida de cada mandatario. Por ejemplo, Eduardo Frei Ruiz-Tagle utilizó la banda de su padre, mientras que Gabriel Boric mandó a tejer la suya a las artesanas.

Si bien la tradición se respeta y la ceremonia se realiza en el Salón de Honor del Congreso, hubo excepciones, como fue tras el incendio del Congreso Nacional en 1895. Manuel Montt impulsó la creación del edificio, pero fue el 18 de mayo de ese año cuando un voraz siniestro lo destruyó casi por completo. Por este motivo, el cambio de mando de Domingo Santa María a José Manuel Balmaceda debió realizarse en la Universidad de Chile, lo que, dicho sea de paso, calzaba perfectamente con el pensamiento de ambos presidentes liberales.

Pedro Montt tampoco asumió en el Congreso, lo hizo en los salones del colegio Sagrados Corazones de la Alameda, debido a los daños estructurales ocasionados por el terremoto de 1906, cuyo epicentro fue en Valparaíso. Si bien los lugares pueden cambiar, se mantiene la tradición de realizar el acto frente a los miembros del Congreso en pleno. Salvador Allende no pudo concretar el cambio de mando; la historia es conocida por todos, pero impuso el fin del Frac y el uso actual del terno. Pedro Montt tampoco logró respetar la tradición, ya que falleció de un paro cardíaco en Alemania. Viajó enfermo y no alcanzó a conmemorar el primer centenario en un país que tenía poco que celebrar frente a la llamada “Cuestión Social”. Su sucesor transitorio, Elías Fernández Albano, también falleció tras contraer un fuerte resfrío durante los funerales de Montt, realizados bajo una copiosa lluvia.

Una pérdida que caló hondo fue la de “Don Tinto”. La tuberculosis no distinguía clases sociales. Lucila Godoy, nuestra Premio Nobel de Literatura, lo acompañó en sus últimos momentos. Sus funerales de Estado fueron impactantes para la época. Su sucesor, el también Radical Juan Antonio Ríos, murió de cáncer, aunque alcanzó a reunirse con Harry Truman.

EL CAMBIO DE MANDO DE DON TINTO:

“EL

PUEBLO COLGANDO EN LOS BALCONES”

Este cambio de mando constituye un hito en la cinematografía nacional, pues quedó registrado en una película muda pero muy elocuente sobre lo que estaba ocurriendo. Además, correspondía a un gobierno con un apoyo popular significativo, y una masa electoral distinta considerando la época en cuestión. El cambio estaba encabezado por un presidente cercano y carismático —el profesor Pedro Aguirre Cerda— genuino representante de la clase media.

Las imágenes son reveladoras: se aprecia el traslado de Aguirre Cerda al Congreso en una calesa – tirada por caballos- descubierta, rodeado durante

todo el trayecto de gente humilde, abundaban los niños y jóvenes. La multitud era enorme. En contraste, Alessandri aparece rodeado de personeros de la élite, altos mandos militares y la jerarquía de la Iglesia católica, de apoyo popular no mucho. Las diferencias son evidentes, aunque se observa a un León más tranquilo y amable, pese a que su gobierno terminó con escaso crédito popular tras la matanza del Seguro Obrero. En contrapartida, en las imágenes de Don Tinto la multitud cobra protagonismo: los balcones de La Moneda repletos de obreros, personas celebrando, vitoreando y saludando.

AYLWIN Y EL RETORNO A LA DEMOCRACIA

Luego de casi dos décadas, el general Pinochet se presentó frente a la casa de Patricio Aylwin. Esperó que le permitieran ingresar para dar inicio -de algún modo- a la transición. La esposa de “Don Pato” observaba desde la ventana con poco afecto. Se acercaba el once de marzo, una fecha cargada de significado. El Galaxy descapotable –que desde Allende remplazó a la calesa– fue olvidado en una esquina, sucio y con poca bencina para el viaje al puerto; las llaves estaban

cerca del auto en plena calle. Auguraba que el cambio no sería una taza de leche, pero, al fin y al cabo, se logró reunir en el Congreso dos visiones ideológicas muy disímiles sentados juntos, una imagen que dio la vuelta al mundo.

No es un misterio —basta revisar las fuentes visuales— la tensión de aquel día. Pinochet fue pifiado durante el traslado hacia el Congreso, momentos complejos ya que en su trayectoria recibió el lanzamiento de objetos, principalmente huevos, mientras era escoltado por los lanceros que avanzaban de forma incómoda con los caballos. Ya en el Salón de Honor primó la tradición, aunque con manifestaciones ruidosas –de la clase política– a favor y en contra. Aylwin también vivió momentos de silencio por parte de la nueva oposición al ingresar, evidenciando la distancia con sus adversarios. Con todo, la entrega de la piocha —el acto central del cambio de mando— se realizó sin mayores contratiempos, salvo el significativo gesto de Aylwin al mover las manos frente al general. “Las vueltas de la vida”. Acto seguido, Pinochet salió entre aplausos y abucheos. El sentido de traspasar el mando, luego de dos décadas, y volver a encabezar una tradición republicana

es una enorme responsabilidad para las generaciones que han nacido en democracia. Este sistema de gobierno —al margen de las ideas y los partidos— debe cuidarse como un bien preciado, tanto por los ciudadanos de a pie como por los representantes electos. La corrupción —nada nueva— es uno de los factores más complejos que puede socavar nuestro sistema político democrático.

DESAFÍOS AL 2030

La figura del presidente cumplirá 200 años con este nuevo cambio de mando, desde Blanco Encalada hasta José Antonio Kast, aun cuando la emancipación comenzó tímidamente en 1810. Hemos tenido de todo: gobiernos cortos, caudillos, conservadores, liberales, oligarcas, radicales, golpistas, idealistas, tecnócratas, derechistas, izquierdistas, autoritarios y demócratas. Frente a esto, luego de dos siglos, surgen preguntas inevitables: ¿qué Chile necesitamos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿somos un país maduro? Hace unos días, José Maza, el astrónomo, señalaba que leemos tan poco que, para fines de siglo, nuestro país no tendrá mayor trascendencia a nivel mundial. No obstante, es solo una opinión entre muchas, pero, por otro lado, un llamado de atención que no podemos eludir. Los desafíos siguen siendo, en gran medida, los mismos de siempre, aquellos que han quedado pendientes o a medio camino. Con todo, acá hay pequeñas ideas para el nuevo mandatario –si es que las lee-.

PACTO SOCIAL JUSTO

Luego de tres constituciones principales y más de ocho menores, aún no contamos con una carta fundamental justa y con mirada hacia el futuro. Los dos recientes intentos fallidos dejan entrever que no existían, al final del día, ni la madurez ni la experiencia suficiente. Además, la política manejó un tema país crucial entre las paredes de una oficina. Se perdió una oportunidad histórica para cambiar la Carta Magna. No se trata de política ni de ideología, sino de responder a las necesidades de la sociedad del siglo XXI: un sistema educativo robusto, salud accesible, cuidado de los recursos naturales y respeto por la otredad sin pasar a llevar los elementos transversales de la identidad nacional. El gran desafío será sentar las bases, sin mezquindad política ni cálculos partidarios, para aspirar nuevamente a escribir una Constitución acorde a los tiempos reales y presentes.

EDUCACIÓN

Una vuelta a lo esencial no estaría de más: aprender esforzándonos por mejorar. No puede ser

que los SLEP celebren con limusinas y alcohol utilizando recursos destinados a niños que enfrentan múltiples carencias en la educación estatal. Esto no tiene que ver con los gobiernos de turno, sino con una convicción transversal: si un pueblo es educado y nuestros niños aprenden, además de contenidos, valores, serán mejores adultos mañana. Debemos ver cada peso invertido como algo bueno y no un gasto. Educar no se trata solo de construir más salas o instalar más computadores; necesitamos educación de calidad desde la etapa pre-escolar hasta el egreso universitario o técnico. Una calidad que implique mejorar el currículo de las pedagogías, revisar la evaluación docente altamente manipulable, otorgar mayor protagonismo a los estudiantes, apoderados, profesores y comunidades educativas, y, por cierto, mejorar las condiciones laborales de los profesionales de la educación y sus asistentes.

ATAJAR LA CORRUPCIÓN

Los actos de corrupción atraviesan todo: partidos políticos, autoridades, instituciones, poderes del Estado, deportes, barras bravas y una larga lista. No es sano ni ético lo que está ocurriendo. Las encuestas golpean cada vez más la credibilidad de quienes administran el país. Las resoluciones judiciales —en

ocasiones— blanquean casos de evidente corrupción, generando desconfianza en la ciudadanía. ¿A dónde se quiere llegar? ¿Cómo se puede exigir que las personas se entusiasmen con la política si algunos de sus representantes se apropian los recursos públicos? Podría enumerar cientos de casos de todos los sectores políticos y de instituciones tradicionalmente valoradas por la población.

Cada vez que un acto de corrupción queda impune, se erosiona la credibilidad, se agota la confianza y se entorpece la democracia. Es indispensable poner freno a esta situación, pues de lo contrario nunca saldremos del subdesarrollo. Ya no tenemos mucho margen de error: contamos con más de doscientos años de historia.

EPÍLOGO

Cada cambio de mando del pasado entusiasmó a grupos humanos que vieron renovar sus esperanzas. Cada éxito aportó a la construcción nacional; cada fracaso nos enseñó a mejorar como país. Finalmente, el Congreso es testigo y depositario de la soberanía popular; por ende, los parlamentarios deben estar a la altura del cargo, pues al final están allí porque los ciudadanos aspiramos a un país mejor al momento de emitir un voto.

UN TERRITORIO EN LLAMAS:

HISTORIA AMBIENTAL, MEMORIA Y EDUCACIÓN FRENTE A LOS DESASTRES

SOCIONATURALES EN EL BIOBÍO

POR CÉSAR BARRÍA LARENA

Director Nacional Sociedad Chilena de Ciencias Geográfica, profesor de Geografía e Historia

En el Biobío hay un tipo de verano que no se anuncia con vacaciones, sino con humo. El cielo se vuelve opaco, la luz del día adquiere un tono extraño y el aire se hace más pesado, como si el territorio respirara con dificultad. Las comunidades comienzan a mirar hacia los cerros con un temor que se ha vuelto parte de la experiencia reciente: el fuego puede aparecer en cualquier momento, saltar cortafuegos, acercarse a viviendas, y transformar una jornada cualquiera en un estado de urgencia.

Sin embargo, lo más inquietante no es solamente el incendio como fenómeno. Lo que debería interpelarnos con mayor fuerza es la repetición , esa sensación de recurrencia que instala la tragedia como un componente de la normalidad. Cada temporada de incendios se percibe como un capítulo inevitable, casi como parte del paisaje estival, y ello contribuye a naturalizar un problema que, en realidad, es profundamente histórico. Porque el incendio forestal no se inicia cuando aparece una chispa: comienza mucho antes, cuando un territorio es ordenado bajo condiciones de vulnerabilidad, cuando se configura un patrón de ocupación y uso del suelo que vuelve probable el desastre.

Desde esta perspectiva, las emergencias socioambientales —y en particular los incendios forestales— requieren ser pensadas más allá de la contingencia.

Es aquí donde la historia ambiental ofrece un marco especialmente potente: permite comprender que los desastres no ocurren en un vacío, sino en territorios moldeados por procesos de largo plazo; territorios intervenidos por modelos productivos, decisiones políticas, transformaciones culturales, e incluso por formas de relación simbólica con la naturaleza.

HISTORIA AMBIENTAL Y DESASTRES SOCIONATURALES:

UNA LECTURA NECESARIA

Durante décadas, la historia fue entendida principalmente como el estudio de los procesos humanos: instituciones, conflictos, economía, cultura. En ese marco, la naturaleza aparecía muchas veces como telón de fondo, como escenario silencioso sobre el cual se desplegaba la acción humana. La historia ambiental —en cambio— irrumpe para cuestionar esa separación. Su aporte fundamental consiste en reconocer la agencia del entorno , es decir, el hecho de que los procesos naturales influyen en las sociedades, así como las sociedades transforman y reconfiguran los ecosistemas.

Este enfoque, que se consolidó como campo académico desde la segunda mitad del siglo XX, ha permitido replantear la relación entre sociedad y naturaleza como un vínculo histórico dinámico. Ya no es posible comprender la trayectoria de un territorio sin observar cómo han cambiado sus bosques, sus suelos, sus cuencas, su biodiversidad, su clima y sus formas de ocupación humana. En suma, se trata de leer el paisaje como documento: una suerte de

archivo material donde quedan inscritas decisiones colectivas, conflictos y desigualdades.

Cuando miramos así, los incendios forestales dejan de ser “desastres naturales” y se transforman en lo que realmente son: desastres socionaturales. La propia noción enfatiza una idea clave: los fenómenos físicos —como lluvias intensas, marejadas, terremotos, sequías o incendios— se convierten en desastre solo cuando interactúan con comunidades vulnerables, con infraestructura insuficiente, con decisiones erróneas, o con un ordenamiento territorial precario. Dicho en términos simples: un evento natural puede existir sin convertirse necesariamente en tragedia; es su impacto social el que configura el desastre.

Este marco es crucial para el Biobío. Si aceptamos que los incendios son episodios inevitables ligados únicamente al clima, entonces cualquier acción se reduce a la emergencia. Pero si entendemos que los incendios son la expresión de una relación histórica con el territorio —una relación con consecuencias

acumulativas— entonces el problema exige memoria, análisis político y transformación institucional.

EL BIOBÍO COMO TERRITORIO HISTÓRICO DEL RIESGO

El Biobío, como región, no es ajeno a la historia de las catástrofes. Sistemas frontales, temporales costeros, inundaciones, remociones en masa y sequías forman parte de su experiencia reciente. Pero los incendios forestales se han convertido en el símbolo más inquietante de los últimos años por su capacidad de transformar rápidamente el paisaje y afectar directamente la vida comunitaria. La expansión urbana hacia áreas periurbanas y rurales, el crecimiento de la interfaz urbano-forestal, y la coexistencia conflictiva entre vivienda, plantaciones y bosque remanente, han configurado un territorio donde el fuego se propaga con una facilidad alarmante. A esto se suma la dificultad para controlar focos múltiples, las limitaciones institucionales en

prevención y fiscalización, y la tendencia a gestionar el desastre como evento excepcional.

No se trata de desconocer el impacto del cambio climático y el aumento de temperaturas extremas; sería absurdo hacerlo. Pero también sería una forma de reducción peligrosa explicar el fenómeno exclusivamente como una consecuencia atmosférica. Los incendios están anclados en decisiones de uso del suelo, en procesos de reemplazo de coberturas vegetacionales, en configuraciones productivas y en lógicas de inversión que han priorizado la rentabilidad por sobre la resiliencia ecológica y social.

La historia ambiental permite decirlo de otra manera: no es solo que el territorio se queme; es que el territorio ha sido intervenido de tal modo que arde

MEMORIA DEL PAISAJE Y DESMEMORIA INSTITUCIONAL

Aquí emerge un eje fundamental: la memoria.

Puede parecer extraño hablar de memoria en relación con el fuego, pero es precisamente ahí donde la historia ambiental se vuelve crítica. El paisaje recuerda: conserva huellas, marcas y cicatrices. Donde hubo bosque nativo y diversidad ecológica, el reemplazo deja rastros. Donde la ocupación humana presionó laderas y quebradas, el suelo erosionado lo testimonia. Donde se expandieron monocultivos, el territorio se simplificó. Es decir, hay una memoria material que permanece aun cuando el debate público se haya apagado.

La sociedad, en cambio, suele olvidar. Y no se trata solo de olvido espontáneo, sino de una desmemoria

institucionalizada . Cada temporada de incendios instala un ciclo: conmoción, urgencia, pérdida, y luego gradual normalización. La conversación se reduce, la catástrofe se vuelve un dato del verano y la responsabilidad se diluye en frases repetidas: “el calor”, “el viento”, “la sequía”. Bajo esta lógica, lo ocurrido no se integra como aprendizaje público; no se transforma en reforma estructural.

Esta desmemoria tiene efectos pedagógicos y políticos. Pedagógicos, porque impide construir conciencia territorial: el incendio queda como evento aislado, no como proceso. Políticos, porque exime responsabilidades: si el incendio es natural, entonces

nadie responde por haber permitido un territorio vulnerable.

Recordar —por el contrario— incomoda. Recordar obliga a conectar el presente con decisiones acumuladas: planificación urbana, forestación, normativas, fiscalización, prevención, inversión pública y privada. Recordar implica entender que la catástrofe no comienza con la chispa: comienza con la estructura.

EDUCACIÓN: FORMAR

PARA LEER EL TERRITORIO Y NO SOLO HABITARLO

En este punto aparece una pregunta que suele quedar ausente en el debate: ¿qué rol cumple el sistema educativo en la comprensión y prevención de los desastres socionaturales?

La escuela chilena continúa enseñando el territorio como si fuera una abstracción. Se estudian regiones, climas, mapas. Se revisan fenómenos naturales desde perspectivas descriptivas. Pero rara vez se promueve una comprensión crítica del riesgo como construcción social y política. Y aún más: se aborda el desastre como contenido, no como experiencia. Para miles de estudiantes en el Biobío, el incendio no es un ejemplo de manual: es parte de su vida. Es evacuación, temor familiar, interrupción de clases, humo en la sala, pérdida de vivienda de un vecino, paisaje quemado al lado de su casa.

Si la educación no integra esa realidad, entonces se vuelve irrelevante para comprender el presente. Y la consecuencia más grave es que se priva a las nuevas generaciones de herramientas para enfrentar amenazas futuras. Un sistema educativo que no discute críticamente el riesgo es un sistema que reproduce vulnerabilidad.

De ahí que la educación ambiental no puede reducirse a efemérides ni a actividades simbólicas. Debe articular pensamiento crítico, memoria territorial e historia ambiental. Debe enseñar que el paisaje es resultado de procesos históricos; que la naturaleza no es un decorado sino parte activa de la vida social; y que la catástrofe es expresión de desigualdad territorial. Formar ciudadanía ambiental implica formar estudiantes capaces de preguntar: ¿por qué se quema siempre aquí?, ¿qué decisiones lo permiten?, ¿qué modelo territorial se sostiene?, ¿quién gana y quién pierde?, ¿qué debería cambiar?

CONCLUSIÓN:

RECORDAR PARA PREVENIR, EDUCAR PARA TRANSFORMAR

Los incendios forestales en el Biobío no deberían ser comprendidos como simple repetición de la emer-

gencia. Son un hecho histórico: una síntesis dramática de decisiones territoriales, políticas, económicas y culturales. Son también un espejo: nos muestran la precariedad estructural de la planificación, la fragilidad institucional de la prevención y la facilidad con que la sociedad acepta el desastre como destino.

El territorio no olvida. Arde donde ha sido debilitado. Arde donde el paisaje fue simplificado. Arde donde la expansión humana se hizo sin mediación. Arde donde la catástrofe se normalizó.

Por eso, el desafío es doble. No basta con responder a la emergencia: es indispensable fortalecer la prevención y la fiscalización, construir un ordenamiento territorial verdaderamente vinculante y dotar a las comunidades de capacidades reales para enfrentar el riesgo. Sin embargo, el problema no es solo técnico. También es cultural. En un país acostumbrado a olvidar, se vuelve imprescindible disputar la desmemoria e integrar la historia del territorio como aprendizaje público, capaz de transformar una catástrofe repetida en conciencia colectiva.

En esa tarea, la educación tiene un rol ineludible. No puede seguir llegando después. No puede limitarse a describir el mundo: debe permitir comprenderlo, interrogarlo y transformarlo. Una educación con perspectiva territorial e histórica puede convertirse en herramienta de prevención profunda: no solo para evitar que arda el bosque, sino para evitar que la sociedad vuelva a aceptar como inevitable una tragedia que ha sido, una y otra vez, anunciada.

LA OBEDIENCIA VOLUNTARIA DEL CIUDADANO ILUSTRADO

Ingeniero y MBA en tecnologías de la información

No vivimos bajo regímenes que impongan el silencio por la fuerza ni bajo sistemas que persigan de manera explícita el pensamiento disidente. Y, sin embargo, pocas veces la conformidad ha sido tan profunda y extendida. Esta paradoja; una obediencia sin coerción visible, una sumisión sin tiranía declarada; define una de las formas más eficaces de dominación contemporánea: la obediencia voluntaria del ciudadano ilustrado.

El ciudadano actual no es ignorante. Está informado, conectado, alfabetizado en múltiples lenguajes simbólicos. Accede a datos, análisis, opiniones y diagnósticos de manera permanente. Pero esta abundancia de información no ha producido una mayor autonomía de juicio. Por el contrario, ha favorecido una delegación progresiva de la conciencia. Se piensa menos, no porque no se pueda, sino porque resulta incómodo, improductivo y, en ciertos contextos, socialmente riesgoso.

La obediencia ya no se impone desde afuera; se interioriza. No se obedece por miedo al castigo, sino por temor al aislamiento. No se calla por censura, sino por cálculo. El ciudadano ilustrado aprende con rapidez qué puede decir, cómo decirlo y, sobre todo, cuándo conviene no decir nada. La autocontención se presenta como prudencia; la renuncia al conflicto, como madurez democrática.

Este mecanismo no necesita doctrinas rígidas ni aparatos represivos visibles. Funciona a través de consensos blandos, de climas morales difusos, de una ética de la corrección que reemplaza al debate. La discrepancia no se prohíbe: se vuelve incómoda. El desacuerdo no se reprime: se margina. Así, la obediencia se ejerce sin violencia y el poder se vuelve casi imperceptible.

El ciudadano ilustrado participa activamente de este proceso. Opina, vota, consume cultura crítica, comparte indignaciones seleccionadas. Sin embargo, rara vez cuestiona los marcos profundos que organizan su percepción del mundo. La libertad se reduce a una serie de elecciones administradas: qué causa apoyar, qué relato compartir, qué indignación expresar. Se confunde la multiplicidad de opciones con autonomía real.

A esta obediencia se suma un fenómeno más sutil y, quizás, más inquietante: la ilusión de suficiencia cognitiva. La sobreexposición a información genera una confianza inflada en la propia comprensión. Cuanto más superficial es el contacto con los problemas, mayor parece ser la certeza con que se los juzga. La convicción reemplaza al análisis; la opinión suplanta al juicio. No se duda porque dudar exige tiempo, esfuerzo y una disposición a revisar las propias creencias.

En este contexto, pensar se vuelve innecesario. No porque falten datos, sino porque sobran respuestas prefabricadas. El ciudadano ilustrado cree comprender el mundo cuando en realidad ha aprendido a orientarse dentro de narrativas ya dadas. Esta falsa claridad refuerza la obediencia: quien se siente seguro de lo que cree, rara vez examina las condiciones que hicieron posible esa creencia.

La obediencia voluntaria no se vive como sumisión, sino como responsabilidad. Se obedece en nombre de la convivencia, de la estabilidad, del bien común. Cualquier gesto que quiebre el consenso es rápidamente etiquetado como irresponsable, polarizante o peligroso. La conciencia individual cede ante una moral colectiva que rara vez se interroga a sí misma. Aquí emerge una lógica más antigua y persistente:

la del rebaño. No en su forma burda o autoritaria, sino en su versión refinada y contemporánea. El rebaño ya no exige obediencia abierta; ofrece pertenencia. Protege, acoge, legitima. A cambio, solicita algo mínimo pero decisivo: no desentonar demasiado. La singularidad se tolera mientras no cuestione los fundamentos compartidos. La diferencia es bienvenida solo si no incomoda.

El mayor castigo hoy no es la exclusión formal, sino la descalificación simbólica. Pensar por cuenta propia implica exponerse a la sospecha, a la incomprensión, al aislamiento afectivo. En una cultura que celebra la diversidad discursiva, pero desconfía de la disonancia real, la autonomía de pensamiento deja de ser una virtud y se convierte en una carga.

La historia muestra que los grandes fracasos morales no fueron posibles únicamente por la acción de fanáticos o tiranos, sino por la pasividad reflexiva de mayorías educadas que optaron por no ir más allá de lo permitido. Hoy, esa pasividad adopta una forma

más elegante, más cómoda, pero no menos efectiva. El ciudadano ilustrado no renuncia abiertamente a su libertad; la externaliza. La entrega a expertos, algoritmos, consensos y narrativas dominantes. Pensar de verdad no repetir, no alinearse, no reaccionar, tiene un costo. Exige soportar la incomodidad, la duda y, en ocasiones, la soledad. En una cultura que privilegia la adaptación por sobre la lucidez, la libertad ya no consiste en elegir entre opciones disponibles, sino en recuperar la capacidad de desobedecer interiormente a los marcos que ordenan la percepción sin necesidad de imponerla. La pregunta que queda abierta no es política, sino ética: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a ejercer nuestra conciencia cuando nadie nos obliga a callar, pero todo nos invita a no pensar demasiado? Tal vez la forma más exigente de libertad hoy no sea oponerse al poder visible, sino resistir la tentación de la obediencia confortable y asumir el riesgo de pensar sin rebaño.

ECONOMÍA

CHILE: COYUNTURA ECONÓMICA 2025 Y PERSPECTIVAS 2026

Quien hoy pretenda combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, debe superar, cuando menos, cinco dificultades. Debe tener el valor de escribir la verdad, aunque en todas partes la sofoquen; la sagacidad de reconocerla, aunque en todas partes la desfiguren; el arte de hacerla manejable como arma; el juicio de escoger aquellos en cuyas manos resultará más eficaz; la maña de propagarla entre estos.

Bertolt Brecht; 1935

1. UNA BREVE INTRODUCCIÓN TEÓRICO-METODOLÓGICA

La cita literaria no es banal: a pesar de transcurridos 90 años desde la última edición de “Cinco dificultades para quien escribe la verdad”, Brecht pone en evidencia aspectos que podrían servir de referencia para analizar la coyuntura económica y política por la que atraviesa Chile.

Los estudios coyunturales emplean instrumentos analíticos (encuestas cualitativas y cuantitativas a las empresas y a los hogares, cuentas nacionales trimestrales, indicadores mensuales de la actividad -IMACEC-, etc.) así como también marcos teóricos como es el caso de los postulados neokeynesianos que están en la base de la mayoría de los modelos econométricos. Por otra parte, en cada país existen especificidades históricas y estructurales por lo que es necesario considerar la disponibilidad -y la calidad- de la información estadística de corto plazo, las formas de inserción en la economía internacional y, sobre todo, la estructura del aparato productivo y la situación del contexto social y político-institucional.

Como se conoce, la coyuntura es una sucesión de hechos concatenados que definen una trama temporal continua. Al someter esa trama a un marco teórico, es posible elaborar una problemática verificable de esa dinámica y de cómo se podrían encadenar los horizontes de corto, mediano y largo plazos.

El estudio de la coyuntura obliga al economista a realizar un esfuerzo de imaginación, sin perder la rigurosidad analítica de los hechos estilizados ni olvidar la estrecha interrelación entre fenómenos económicos, sociales e institucionales.

El economista Gottfried Haberler señalaba que un esfuerzo inicial de inversión constituye una fase transitoria de crecimiento intensivo que crea las condiciones de un crecimiento ulterior extensivo y equilibrado. Si el proceso no se cumple y degenera en recesión, se debe a la desconfianza del sistema financiero en la eficiencia de los programas de inversión. Señalaba, además, que es difícil determinar teóricamente los puntos de inflexión y de ruptura, pues los bordes del ciclo no son evidentes. Para entender la evolución de los ciclos econó micos, desde un enfoque integrado de los aspectos reales y financieros, es necesario ponderar correctamente la influencia de los factores endógenos de inestabilidad, y la que corresponde a eventos exógenos.

El papel del ahorro y de las tasas de interés en la relación acelerador-multiplicador es fundamental para entender las fases de depresión o expansión de la economía y comprender el tipo ideal de ciclo propuesto por ese autor. Lo que, por otra parte, ha servido de sustento para formalizar matemáticamente el ciclo mediante modelos basados en la interacción del multiplicador del ingreso y del acelerador de las inversiones.

Chile atraviesa por un período en el que las expectativas están condicionadas por el cambio de gobierno, la composición del nuevo Congreso y el papel de la Corte de Justicia, fuertemente afectada por la corrupción. Tres poderes evaluados críticamente por la ciudadanía. Los inminentes cambios en la Presidencia de la República (José Antonio Kast ganó con el 58,2% el balotaje del 14 de diciembre 2025); en la Presidencia de la Corte Constitucional (Gloria Ana Chevesich asumió esa función el 6 de enero de 2026); y, el nuevo Congreso se instala el 10 de marzo. Esto producirá nuevos equilibrios políticos que hacen difícil esbozar la trayectoria de la economía en 2026. Posiblemente, la transición será algo más lenta de lo que anticipaban en campaña las próximas autoridades, en función de la composición de las fuerzas políticas en el Parlamento y la manera en la que se “administren” los conflictos de interés que eventualmente se pondrán en evidencia por la composición del nuevo gabinete de ministros del presidente electo José Antonio Kast.

2. LOS (DES)EQUILIBRIOS MACROECONÓMICOS

Por lo demás, los desequilibrios, las tensiones en los mercados y las fases de desocupación (keynesiana, clásica e inflación contenida) son problemas que no se resuelven por el simple deseo de las (nuevas) autoridades que asumirán en marzo de 2026.

La economía política es una herramienta adecuada para discernir aspectos importantes de la coyuntura.

La reciente coyuntura económica (año 2025) estuvo caracterizada por una actividad productiva relativamente estable, por la presencia de tasas de inflación cada vez más moderadas y por crecientes desequilibrios en las cuentas de las finanzas públicas, con niveles de endeudamiento del sector público cercanos al límite prudencial, y por un sector externo

CUADRO N° 1. PROYECCIONES ECONÓMICAS 2025-2027

(Tasas anuales de variación del PIB)

Organismo/Institución Sigla Nombre del Fecha de 2025 2026 2027 Estudio Publicación

Banco Central de Chile BCCh

Comisión Económica para

Informe de Política 16-dic-25 2,4% 2,0%-3,0% 3,1% Monetaria (IPOM)

Balance Preliminar América Latina y el Caribe CEPAL de las economías de 16-dic-25 2,5% 2,2% nd*/ ALC

Organización para la Perspectivas Cooperación y el Desarrollo OCDE Económicas de la dic-25 2,4% 2,2% 2,2% Económicos OCDE

Fondo Monetario Perspectivas Internacional FMI Económicas: 05-nov-25 2,5% 2,2% nd*/

Las Américas

*/ No disponible

Fuente: Elaboración propia en base a las publicaciones reportadas en el cuadro

beneficiado por los elevados precios del cobre en el mercado mundial1

CRECIMIENTO Y EMPLEO

En la campaña electoral, el presidente electo afirmaba que “Chile se cae a pedazos”; por el contrario, durante el año 2025 el sector real experimentó un relativo repunte; en efecto, las recientes cifras del IMACEC de diciembre publicadas por el Banco Central de Chile (02_02_2026) dan cuenta de un crecimiento de 1,7%, guarismo con el que se lograría cerrar el año 2025 con una tasa de 2,3%.

La economía de Chile pudo haber crecido en 2,5% el año pasado, cifra que podría ser considerada mediocre si se compara con los logros alcanzados en ciclos anteriores, pero que están por encima del desempeño de los países de la OCDE. La pregunta que surge en la coyuntura económica actual es: ¿cuáles son las medidas que adoptará el nuevo gobierno para reactivar el crecimiento y el empleo, a sabiendas que una de sus ofertas electorales consiste en reducir (en 18 meses) seis mil millones de dólares el Presupuesto del Estado, medida recesiva que podría frenar el crecimiento del consumo, la variable que más pondera en la demanda interna?

1 La información estadística utilizada en este informe proviene directamente de instituciones nacionales (Banco Central de Chile, Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda, Instituto Nacional de Estadísticas, Comisión Nacional de Evaluación y Productividad) e internacionales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL-; el Fondo Monetario Internacional -FMI-; la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos -OCDE-; y, el Banco Mundial -WB- que difunden en sus correspondientes sitios web.

En el IPOM (16 diciembre de 2025) se afirmaba que “…la actividad ha estado en línea con lo previsto, con una inversión que ha sido más dinámica”. Ese Informe destacaba el desempeño de la formación bruta de capital fijo (FBCF), especialmente en maquinaria y equipos. En el tercer trimestre, ese componente volvió a crecer por encima de lo previsto y las cifras de importaciones de bienes de capital de octubre y noviembre confirman que su dinamismo se ha mantenido. Los proyectos mineros y energéticos continúan siendo el principal impulso en la expansión del componente de maquinaria y equipos, aunque la inversión en construcción y obras sigue rezagada. Por su parte, el consumo privado ha evolucionado en línea con lo esperado; las expectativas de los consumidores son positivas.

El cuadro n. 1 reporta las más recientes proyecciones del PIB de Chile para los años 2025-2027,

GRÁFICO N° 1. PRODUCTO INTERNO BRUTO

(Volumen a precios del año anterior encadenado) (Tasas de variación anual)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de información del Banco Central de Chile */ 2025 y 2026 estimaciones del autor

difundidas por los diferentes organismos nacionales e internacionales. En general, las tasas de crecimiento se sitúan alrededor de 2,5% para el año 2025, y 2,4% para el año 2026.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) actualizó (16 diciembre 2025) sus proyecciones de crecimiento para América Latina y el Caribe, estimando que su producto interno bruto (PIB) aumentará 2,4% en 2025 y 2,3% en 2026.

Los resultados obtenidos a partir de ejercicios de proyección realizados para este trabajo se presentan en el gráfico N. 1.

En lo que se refiere al empleo, el Balance Preliminar 2025 de la CEPAL publicado el 16 de diciembre 2025 estima que el crecimiento del empleo en la Región también perderá impulso: 2,0% en 2024, 1,5% en 2025 y 1,3% en 2026.

Por su parte, en octubre de 2025, el Banco Mundial señaló que América Latina y el Caribe puede romper con su ciclo de bajo crecimiento impulsando el emprendimiento para crear empleos, estimular la productividad y acelerar la innovación, según se afirma en el último Reporte Económico (“Emprendimiento transformador para el empleo y el crecimiento”)

Para estimular el crecimiento y el empleo impulsados por el sector privado, ese informe propone una agenda de tres puntos:

• invertir en capital humano, clave para la creación de empleo;

• apoyar reformas políticas y regulatorias que establezcan un entorno favorable para las empresas; y,

• ampliar el acceso a la financiación, incluida la inversión privada.

Con reformas adecuadas, los países de América Latina y el Caribe pueden fomentar el emprendimiento para impulsar la innovación, ampliar las oportunidades y construir economías más dinámicas y competitivas. En el ámbito del empleo, en Chile las cifras son preocupantes: la tasa de desocupación supera el 8,0%, mientras que en el año 2013 apenas era de 6,1%, como se puede observar en el cuadro N.2.

A pesar de las reducciones coyunturales de las tasas de desocupación en el último trimestre del año 2025, el mercado del trabajo sigue tensionado y presenta -adicionalmente- elevadas tasas de informalidad que superan el 26,0%, como se observa en el gráfico N. 2.

CUADRO N° 2. PRINCIPALES INDICADORES DE EMPLEO

*/ Estimación en función de las cifras trimestrales publicadas por el INE el 29 de enero 2026

Fuente: Elaboración propia sobre la base de información del Instituto Nacional de Estadística

La productividad es fundamental para el crecimiento económico y el bienestar de los ciudadanos; es, por tanto, crucial comprender los factores que la impulsan y cómo se puede influir sobre ellos.

En informes anteriores, la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP) señalaba que las causas más importantes del lento crecimiento de la productividad en los años comprendidos entre 2012 y 2023 obedecía “…a las distorsiones en la asignación eficiente de recursos en la economía; rigideces del mercado laboral; deficiencias del Estado en la entrega de permisos necesarios para la inversión; rezago del sistema educativo y de formación de competencias, además de bajos índices de innovación, investigación y desarrollo”.

La Productividad Total de los Factores (PTF), indicador que mide la eficiencia con la que una economía utiliza y combina recursos como el trabajo y el capital para agregar valor, permite determinar cuánto del crecimiento del PIB proviene de avances en esa materia y no del incremento en la cantidad de los recursos empleados.

En su reciente Informe Anual de Productividad 2025 (15 de enero 2026), en cambio, la CNEP reporta que el país registra -en 2024 y 2025- dos años consecutivos de crecimiento de la PTF; este resultado implica que parte del crecimiento reciente del PIB no se explica solo por más trabajo o mayor inversión, sino por mejoras en eficiencia.

GRÁFICO N° 2. TASAS DE OCUPACIÓN INFORMAL, TRIMESTRES MÓVILES 2022-2025

(Porcentajes)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de información del Instituto Nacional de Estadísticaw

CUADRO N° 3. TASA DE INVERSIÓN Y VARIACIÓN DE LA FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL FIJO, 2022-2025

Fuente: Elaboración propia sobre la base de información del Banco Central de Chile

En 2024 y 2025 se registra un crecimiento positivo de la PTF; en 2024, la productividad de la economía agregada creció 0,6%. A nivel sectorial, la mayoría de las actividades económicas mostró avances, destacando la minería y el sector de electricidad, gas y agua; viceversa, la construcción registró una caída de 2,0% en su productividad durante ese año.

Para 2025 se proyecta un crecimiento de la PTF entre 0,5% y 0,6% para el total de la economía y entre 1,0% y 1,2% para la economía no minera. Nuevamente, el “país no se cae a pedazos”.

En lo que se refiere a la inversión, la proporción de la formación bruta de capital fijo, de acuerdo con la información publicada por el Banco Central, se ha mantenido relativamente estable en estos últimos cuatro años, pues en 2022 se observó una tasa de 24,3% en promedio anual y en los tres trimestres del año 2025 registra un promedio de 23,3%, tal como se puede observar en el cuadro N. 3. Las fluctuaciones de las inversiones dependen, obviamente, de las expectativas de las empresas, del inicio y cronogramas de realización de obras y adquisición de maquinaria y equipo, pero también de la fluidez con la que el gobierno central, los gobiernos regionales y municipales ejecutan sus presupuestos orientados a incrementar y mejorar la infraestructura pública.

INFLACIÓN Y TASAS DE INTERÉS

La inflación en el país sigue convergiendo hacia los niveles fijados como meta por el Banco Central. De acuerdo con el último dato disponible, la inflación mensual de enero 2026 fue de 0,4% mientras que el deslizamiento anual (enero 2026 frente a enero 2025) registró una cifra de 2,8%, confirmando las consideraciones expuestas en el IPOM del Banco Central de Chile (16 de diciembre de 2025) en el que

se señala que “…la inflación se ubicaría cerca de 3% en el primer trimestre de 2026 manteniéndose en torno a ese valor durante el resto del horizonte de política monetaria”. Esto considera una apreciación del tipo de cambio real; presiones inflacionarias acotadas por el lado de la demanda, pues la mayor inversión se concentra en bienes transables, aunque se esperan nuevos incrementos en los precios de la energía eléctrica a partir del mes de abril.

La autoridad monetaria señaló que la inflación se mantendría por debajo de la meta de 3% en el primer trimestre de 2026 y que mantendría la tasa de interés de política monetaria en 4,5% hasta nuevo aviso.

De acuerdo con las estimaciones realizadas para este trabajo (el modelo se basa en el esquema de las “tasas logradas”), la variación anual en deslizamiento a diciembre del 2026 alcanzaría el 3,1% (cf. gráfico N. 3); estas proyecciones no consideran shocks externos que podrían originarse en los mercados internacionales o en decisiones políticas que pueden afectar la estabilidad internacional.

GRÁFICO N° 3.

ÍNDICE DE PRECIOS AL CONSUMIDOR, 2020-2026*

(tasas de variación anuales)

Fuente: Elaboración propia, con información del Instituto Nacional de Estadísticas */ 2026 estimaciones del autor

Por otra parte, cabe señalar que, de acuerdo con los últimos datos del INE, las remuneraciones reales registraron un incremento anual de 2,4%, lo que supone una mayor capacidad adquisitiva de los asalariados del país. Una vez más, Magdalena Piñera, hija del expresidente de la República, expresaba en un reciente evento académico que “no creía que Chile sea un país que se cae a pedazos, sí que podría haber estado mucho mejor con otro gobierno…”.

SECTOR FISCAL Y PRESUPUESTO 2026

El Consejo Fiscal Autónomo (CFA) cuestionó los cambios introducidos por el Ejecutivo saliente para modificar las metas del balance estructural 2026, debido a errores de proyección de los ingresos fiscales. Además, advirtió que la menor exigencia de las nuevas metas fiscales elevará el riesgo de superar el nivel prudente de deuda de 45% del PIB, planteando la necesidad de establecer metas más exigentes hacia adelante, y realizar el esfuerzo fiscal necesario para cumplirlas.

Para el Consejo esto refuerza la importancia de evitar la acumulación de desvíos respecto de las metas fiscales; además, destaca que en sus informes ha remarcado insistentemente en que no debe postergarse el esfuerzo de convergencia fiscal hacia el final del horizonte de proyección, ni trasladarse a una futura administración, en particular para años sin crisis económicas.

El Informe de Finanzas Públicas (IFP) publicado el

viernes 13 de febrero por el Ministerio de Hacienda, anunció un déficit de 3,6% del PIB en 2025 lo que pone en evidencia la incongruencia e ineptitud de los salientes responsables de las cuentas públicas. En la coyuntura, la situación fiscal se torna aún más compleja por los incendios ocasionados a mediados del mes de enero en las regiones del Biobío, Ñuble y Araucanía, pues no hay recursos provisionados en el gobierno central para una catástrofe. Un aspecto controversial es el uso de los recursos del Fondo de Estabilización Económico Social (FEES) que, de acuerdo con estimaciones, para el año 2009 era de USD 20 mil millones mientras que ahora se dispondrían de apenas USD 3.800 millones. Esos recursos deberían obtenerse a partir de una reasignación de otras partidas o utilizar el 2% constitucional, medida esta última que podría suplir alrededor de USD 1800 millones. Otra opción sería emitir deuda con lo que se podría sobrepasar el 45% de deuda sobre el PIB.

La deuda pública del Gobierno central alcanzó a diciembre 2025 el 41,7% del PIB, de acuerdo con las cifras oficiales difundidas en el balance fiscal por la Dirección de Presupuesto.

El ministro de Hacienda del nuevo gobierno afirma tener listas las medidas que supone la emergencia: facilitación regulatoria para superar la “tramitología”; rebaja tributaria modificando el porcentaje de impuesto a la renta empresarial (reducción del impuesto de primera categoría de cuatro puntos) y ajuste fiscal vía reducción del gasto público. El plazo autoimpuesto

IZQUIERDA DERECHA

oscila entre tres y nueve meses. Desde la perspectiva macroeconómica, las nuevas autoridades deberán conciliar el requerimiento de gastos extraordinarios adicionales con su propuesta de rebaja de ingresos tributarios.

EL SECTOR EXTERNO

En su reciente informe sobre las perspectivas económicas, la OCDE señala que “…las condiciones financieras mundiales se han relajado durante el último año, lo que ha favorecido al entorno exterior de Chile. Los términos de intercambio han mejorado, impulsados por el aumento de los precios del cobre, que se espera que se mantengan altos durante 202627. Al mismo tiempo, los costos de importación de energía han disminuido, lo que ha aliviado aún más las presiones existentes”. El precio del cobre en los mercados internacionales ha superado los máximos históricos, alcanzando niveles superiores a USD 6,00 la libra, lo que permitirá al nuevo gobierno algunas holguras en el balance fiscal y externo.

Se prevé que los efectos macroeconómicos directos de los aranceles del 10% impuestos por Estados Unidos a las importaciones procedentes de Chile sean limitados. Las exportaciones a Estados Unidos representan el 15% del total de las exportaciones chilenas, y existe una exención arancelaria para las exportaciones primarias de cobre y madera de Chile a

Estados Unidos, que representan alrededor del 45% del valor de las exportaciones de mercancías a este país. Chile cerró 2025 con un récord histórico de exportaciones alcanzando USD 107.004 millones, un aumento del 7,9% respecto al año anterior, según la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales. El intercambio comercial totalizó USD 199.667 millones, impulsado por exportaciones e importaciones; estas últimas, a su vez, alcanzaron un valor de USD 92.663 millones. La minería generó divisas por USD 63.253 millones (un crecimiento de 12,6%), representando casi el 60% del total de exportaciones.

3. EL PÉNDULO DE PRZEWORSKI Y EL CICLO ECONÓMICO

La noción del péndulo en el pensamiento de Adam Przeworski, uno de los politólogos más influyentes a nivel internacional, no se refiere a una teoría física sino a una metáfora sobre la alternancia en el poder y la estabilidad de la democracia.

Si bien existe un programa económico comprometido por el presidente electo José Antonio Kast, su ejecución dependerá de la manera en la que pueda sincronizar sus aspiraciones con el ciclo económico y, sobre todo, con las expectativas de quienes lo eligieron y que miran de cerca el péndulo de Przeworski. La espada de Damocles de su gobierno penderá sobre la gestión del mercado laboral y, principalmente, sobre la manera en la que pueda conjugar la relación incestuosa entre el poder político y el poder de los grandes grupos económicos del país. Un evidente conflicto de intereses que se refleja en la composición del gabinete ministerial del gobierno entrante.

A propósito del péndulo, el ex presidente del gobierno español, en una reciente intervención en el Ateneo de Madrid (9 de febrero 2026), señaló que “… cuando uno lleva más de dos años en el Gobierno, empieza a ser heredero de sí mismo. Quien no entienda eso es que no entiende lo que es gobernar”. La frase es pertinente para entender las oscilaciones políticas en el actual contexto de Chile.

Las cifras macroeconómicas reportadas en este texto pueden sintetizarse en lo que los economistas denominan el cuadrado mágico para los años 2025 y 2026. Las proyecciones realizadas para este análisis, así como aquellas presentadas por instituciones nacionales y organismos internacionales están sujetas a eventos aleatorios que desbordan las técnicas del análisis coyuntural y de las previsiones económicas, por lo que la incertidumbre es un elemento que podría amplificar los parámetros y guarismos establecidos en este análisis.

EL APORTE ESCONDIDO AL PIB DE CHILE

EL TRABAJO DOMÉSTICO Y DE CUIDADOS NO REMUNERADO:

EVIDENCIA DESDE EL USO DEL TIEMPO

Y EL COSTO DE REEMPLAZO

INTRODUCCIÓN

El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (TDNR) sostiene el bienestar de los hogares y el funcionamiento cotidiano de la economía, pero permanece fuera de las cuentas nacionales tradicionales. Incorporarlo exige métodos que traduzcan horas invisibles en valor económico. En Chile, las encuestas de uso del tiempo (ENUT) permiten dimensionar la magnitud del fenómeno y, combinadas con la metodología de costos de reemplazo —esto es, valorar esas horas al precio de servicios equivalentes en el mercado—, ofrecen estimaciones robustas del aporte del TDNR a un “PIB ampliado”. Los resultados son elocuentes: en 2023 el TDNR equivale a casi una quinta parte del PIB ampliado, con una contribución concentrada en las mujeres. Esta medición no solo ilumina una brecha estructural de género; también orienta políticas públicas que internalicen las externalidades positivas del cuidado sobre la productividad, la formación de capital humano y la cohesión social.

MARCO METODOLÓGICO: USO DEL

TIEMPO Y COSTO DE REEMPLAZO

El enfoque de uso del tiempo identifica cuántas horas dedican las personas a tareas como cocinar, limpiar, lavar, acompañar a personas dependientes

o gestionar el hogar. La ENUT (2015 y 2023) provee esa cartografía temporal para Chile, con representatividad urbana y desde los 12 años.

Para monetizar esas horas, la literatura recomienda el costo de reemplazo: valorar cada tarea al salario del servicio equivalente en el mercado (enfoque “especialista” cuando se usan salarios específicos como auxiliares de aseo, cuidadores, cocineros; o “generalista” cuando se usa un salario promedio). El estudio más reciente del Ministerio de Hacienda y Comunidad Mujer para 2023 aplica el costo de reemplazo especialista, alineado con experiencias internacionales y con ejercicios previos en Chile.

¿CUÁNTO APORTA EL TDNR AL PIB AMPLIADO EN CHILE?

Con base en ENUT-2023 y costos de reemplazo especialistas, el valor económico del TDNR en 2023 alcanza el 19,2% del PIB ampliado, constituyéndose —bajo ese marco— en el “sector” de mayor tamaño relativo. Del total valorizado, las mujeres aportan el 65,2%, reflejo de la asimetría en la distribución del tiempo. Estas cifras actualizadas se sitúan levemente por debajo de estimaciones para 2015 (alrededor de 21% del PIB ampliado) y del 25,6% estimado para 2020, año atravesado por la pandemia y una intensificación del cuidado al interior de los hogares.

El contraste histórico ayuda a fijar un rango plausible y estable para Chile: ~19–22% en años

“normales”, con picos como 2020 (25,6%) cuando choques extraordinarios desplazan masivamente horas hacia el hogar. Este patrón es coherente con la evidencia regional de CEPAL, que ubica el peso económico del trabajo no remunerado alrededor de 20% del PIB en América Latina.

BRECHAS DE GÉNERO: EL TIEMPO COMO

“CUELLO

DE BOTELLA”

La medición por tiempo revela la raíz de la desigualdad: en Chile, casi toda la población realiza TDNR (≈97%), pero la intensidad y composición difieren entre mujeres y hombres; la participación femenina en cuidados no remunerados supera con holgura a la masculina. A nivel regional, CEPAL constata que las mujeres dedican entre dos y tres veces más tiempo que los hombres a TDNR, lo que reduce su inserción laboral, salarios y trayectorias previsionales. En Chile, resultados divulgados junto a ENUT-2023 muestran brechas significativas en participación y carga horaria precisamente en cuidados, el componente más “pegajoso” del tiempo.

Estas brechas operan como una restricción de oferta laboral para las mujeres, generan penalizaciones salariales por interrupciones o jornadas parciales y consolidan la segregación ocupacional. El resultado es un equilibrio ineficiente: hogares y empresas reasignan tiempo de alta productividad potencial desde el mercado hacia el hogar, sin que ello se refleje en el PIB tradicional.

EXTERNALIDADES POSITIVAS DEL CUIDADO

El TDNR, aunque invisible en cuentas nacionales, produce bienes y servicios con externalidades positivas:

1. Capital humano: nutrición, estimulación temprana, apoyo escolar y cuidado de la salud elevan rendimientos educativos y productividad futura; estas ganancias sociales superan el beneficio privado del hogar que las provee.

2. Productividad agregada: el cuidado sostiene la participación laboral de terceros (por ejemplo, el trabajo no remunerado de una persona permite que otra mantenga su empleo remunerado),

elevando el empleo efectivo y, con ello, el PIB observado.

3. Cohesión social y salud pública: el cuidado informal reduce presiones sobre sistemas sanitarios y de dependencia, especialmente en envejecimiento poblacional, generando ahorros fiscales indirectos y mejorando bienestar. La evidencia internacional reciente subraya estos efectos y aboga por sistemas integrales de cuidados como inversión con retorno social y económico. Implicancias para política pública: de la contabilidad a la acción

Medir es el primer paso. La actualización 2023 para Chile —con método de reemplazo especialista y ENUT— entrega una base empírica para diseñar políticas que reconozcan, redistribuyan y remuneren cuidados:

• Sistema Nacional de Cuidados: ampliar cobertura y calidad en educación parvularia, centros diurnos, apoyos a personas con dependencia y respiro al cuidador. La experiencia regional muestra que estos sistemas generan empleo neto, elevan participación femenina y tienen multiplicadores comparables o superiores a infraestructura tradicional.

• Corresponsabilidad: licencias parentales igualitarias y no transferibles para padres, horarios laborales compatibles con cuidado, y promoción de la corresponsabilidad masculina en el hogar. La brecha de tiempo se reduce si el costo de oportunidad de no cuidar se internaliza también en los hombres.

• Servicios y transferencias dirigidas a cuidadoras(es): subsidios focalizados, formación y certificación de competencias de cuidado, y cotizaciones previsionales para personas que acrediten períodos de cuidado intensivo, mitigando la “penalidad previsional” femenina.

• Cuentas satélite y “PIB ampliado” institucionalizado: incorporar una Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de actualización periódica, para monitorear metas de género y productividad, y evaluar costo-efectividad de políticas en términos de tiempo liberado y empleo creado. Chile ya cuenta con insumos (ENUT-2023) y ejercicios recientes que pueden formalizarse y estandarizarse.

CONCLUSIÓN

El TDNR es un pilar económico de primer orden en Chile: alrededor de una quinta parte del PIB ampliado en años recientes, con picos en crisis como 2020. El sesgo de género en su provisión concentra costos en mujeres y distorsiona las decisiones laborales, salariales y previsionales. Reconocer este valor —medido con rigor mediante ENUT y costos de reemplazo— no es un ejercicio contable decorativo, sino la base para un nuevo contrato de cuidados: sistemas públicos que reduzcan la carga invisible, incentiven la corresponsabilidad y aceleren la participación laboral femenina. Al internalizar las externalidades positivas del cuidado —mejor capital humano, productividad y cohesión social—, Chile puede transformar horas invisibles en crecimiento inclusivo y sostenible.

RESILIENCIA ANTE LA INCERTIDUMBRE

Con el cierre de 2025, luego de revisar la prensa nacional e internacional, es dable discurrir que -cumplido el primer cuarto del siglo veintiuno- la fragilidad democrática y la incertidumbre social son hoy realidades tangibles, no previstas o esperadas cuando -a finales del siglo anterior- la caída del muro de Berlín y la consolidación de la economía de mercado auguraban lo contrario. Extrañamente, es una de las más antiguas y reconocidas democracias del mundo la que, con su liderazgo, impulsa la actual incertidumbre política, económica y social que observamos. Sus posturas impredecibles sobre el comercio internacional o el respeto a los acuerdos diplomáticos, su discurso divisivo y promotor de tensiones raciales, culturales y migratorias, su inobservancia o elusión tanto del propio derecho interno como del internacional, son antecedentes fundantes de la falta de certeza que nos afecta y aflige y nos impide predecir con exactitud cómo desarrollar nuestro comercio, velar por nuestra seguridad o ejercer nuestra soberanía.

Así, ante el constante anuncio de cambios en los aranceles aduaneros, donde a partir de un solo mensaje oficial se modifican las reglas del juego en cualquier momento, la economía global se ha transformado en campo de batalla del proteccionismo, cuestión que

dificulta toda planificación de largo plazo en la materia. De igual forma, el paso de una política exterior basada en reglas a otra sustentada en transacciones (o en el simple uso de la fuerza), deja a muchas naciones en clara y abierta vulnerabilidad frente a las grandes potencias. Del mismo modo el incumplimiento de los tratados y la pérdida de eficacia de los organismos internacionales obliga a los países a redefinir -bajo una lógica de autosuficiencia- su soberanía y seguridad nacional. Y, finalmente, en lo que resulta más lamentable, el discurso divisor se ha convertido en un modelo de éxito para movimientos populistas, cuyo uso ha debilitado la cohesión social y fragilizado la democracia frente a la retórica de la polarización.

Frente a tal incertidumbre, y al igual que como muchas personas lo hacen a diario, los países pueden ser capaces de sobrevivir y sobreponerse, basados en su propio espíritu o fuerza interior que les ayuda a concebir herramientas o recursos, algunas veces desconocidos o no imaginados de antemano, que les permiten avanzar y salir delante de las dificultades que la falta de certeza provoca. La resiliencia o capacidad humana de adaptarse positivamente frente a la adversidad se convierte de esta forma en el camino adecuado para enfrentar nuevos desafíos, en una confluencia dinámica de factores que favorecen la adaptación. Resiliencia que no solo se traduce en entereza ante la incertidumbre, sino también se constituye en un proceso dinámico de transformación frente a lo inesperado.

A nuestro juicio, tres pilares fundamentales permiten descubrir o construir ese espíritu o fuerza interior destinada a lograr la resiliencia nacional, a saber:

- Innovación emergente, o sea, activación de recursos latentes para resolver problemas que las estructuras tradicionales ya no pueden cubrir. - Adaptabilidad Institucional, es decir, capacidad de las instituciones para reformular sus estrategias frente a la incertidumbre.

- Capital Político, esto es, fortalecimiento de los vínculos con la ciudadanía, para favorecer respuestas colectivas a la falta de certeza.

Un ejemplo paradigmático de nuestra innovación emergente se manifiesta en el uso de la energía. Chile no es productor de petróleo, y su dependencia de combustibles fósiles es mayor al 85%, donde más del 80% de dichos combustibles es importado. Esto es un desafío significativo, pero también una oportunidad para avanzar en un desarrollo productivo sostenible. Hoy nuestra matriz energética está cambiando rápidamente hacia el uso de energías renovables. En 2025 más del 50% de la energía eléctrica nacional se generó a través de fuentes como la solar, la eólica o la hidráulica, y la Política Energética Nacional busca que a 2050 el sector eléctrico operará con un 100% de energía cero emisiones.

Otro claro ejemplo de construcción de resiliencia, esta vez en adaptabilidad institucional, es la constitución de sociedades conjuntas público-privadas para desarrollar actividades de exploración, explotación, producción y comercialización de litio. Chile es líder en producción de cobre y litio, dos de las materias primas imprescindibles para avanzar en la transición energética, lo que implica una oportunidad estra-

tégica de generar un alto impacto en el desarrollo económico y social futuro. La conciliación de la institucionalidad vigente (para el caso empresas del Estado -CODELCO, ENAMI- orientadas a la producción de cobre) con un sector privado con conocido know how en el negocio se traduce en condiciones óptimas para la materialización de cualquier estrategia integral que favorezca el éxito de este, permitiendo al Estado capturar renta estratégica sin renunciar a la eficiencia operativa de la empresa privada. Sin embargo, ambos ejemplos, a pesar de su notoriedad, han presentado falencias por escasez de capital político, de acciones estratégicas que permitan el cumplimiento no solo de las expectativas institucionales sino también de las ciudadanas. Un elemento clave para la fortaleza y estabilidad democrática es la adecuada participación ciudadana, una participación que debe ser debidamente informada, promovida y gestionada. Escuchar y responder a tiempo las demandas sociales es esencial también para superar la incertidumbre, siendo el principal desafío que estados como el nuestro deben enfrentar en esta nueva realidad. La falta de cohesión social puede anular los éxitos técnicos, en otras palabras la resiliencia nacional no es sostenible sin legitimidad social

EL NACIMIENTO DE LA CIENCIA ENTRE LA SUPERSTICIÓN Y LA MAGIA

¿Cuántas veces hemos oído hablar de ciencia, científicos, datos científicos, etc.? La palabra «ciencia» se ha vuelto familiar, con todo el complejo y profundo significado que conlleva. Creo que es fundamental, en una época en la que la tecnología, la inteligencia artificial y las técnicas de comunicación más avanzadas son las verdaderas protagonistas de nuestro desarrollo social cotidiano, intentar comprender cómo llegamos a la ciencia, tal como la experimentamos hoy y la concebimos conceptualmente.

Es un camino larguísimo, complejo, con altibajos, y a veces con etapas que hoy no comprendemos del todo. Sin embargo, vale la pena intentar reconstruir cómo, a partir de la magia y luego de la alquimia, llegamos a lo que llamamos ciencia oficial y, sobre todo, cómo, a partir de datos esencialmente cualitativos y, por lo tanto, no demostrables globalmente, llegamos a una verdad que con orgullo llamamos científica, como sinónimo de exactitud.

Intentaré reconstruir cómo llegamos a la ciencia, partiendo de la magia y la alquimia, para finalmente llegar a una primera, pero irremplazable, definición de lo que es la ciencia con Galileo Galilei. Esta definición aún resuena en nosotros hoy, y aunque las fronteras más avanzadas de la ciencia, que hemos podido superar parcialmente gracias a Albert Einstein,

ponen en duda, o al menos cuestionan, el núcleo de esta definición de ciencia (el aspecto cuantitativo), es importante comprender cómo la humanidad ha logrado poseer este legado que nos permite no solo vivir mejor cada día, sino también incrementar nuestra cultura hasta a la inteligencia artificial.

El primer uso de los términos ciencia y científico se remonta a Galileo Galilei, quien proporcionó una primera definición filosófica pero muy concreta de la ciencia: la ciencia, según Galileo Galilei, debe ser un conocimiento universal, necesario y expandible. Universal porque un fenómeno debe manifestarse de la misma manera en todas partes; necesario porque debe manifestarse siempre de la misma manera; incrementado porque este fenómeno puede enriquecerse con nuevos datos que contribuyen a su definición cada vez mejor.

Puede que hoy nos parezca bastante obvio, pero para comprender la trascendencia de este nuevo enfoque para definir la ciencia, debemos sumergirnos en el mundo del siglo XVII y en cómo se gestionaban los fenómenos que hoy llamamos científicos en ese momento histórico específico. Es esencial rastrear el proceso que condujo a la definición de la ciencia moderna de Galileo. Al fin y al cabo, la ciencia se consolidó cuando se distanció de los objetivos espirituales (purificación interior) y míticos, centrándose en la descripción y medición de los fenómenos materiales, lo que dio lugar al nacimiento de una disciplina científica autónoma.

UN LENGUAJE UNIVERSAL

Pero no se puede hablar de ciencia moderna sin hablar de su idioma: la Matemática. Un tema muy complejo pero que es fundamental abordar para entender cuanto sea central por tener una ciencia exacta como todos la queremos. Al fin y al cabo, las matemáticas y la ciencia están estrechamente interconectadas. Las matemáticas proporcionan el lenguaje y la herramienta para describir y comprender los fenómenos naturales, mientras que las ciencias empíricas utilizan modelos matemáticos para formular teorías y hacer predicciones.

Ante todo, debemos considerar que las matemáticas que ocupan los antiguos es totalmente distinta de la matemática que consideramos hoy. Se trata de dos tipos de matemática completamente diferente. Un resurgimiento de las matemáticas antiguas puede introducirse en la teoría de la relatividad de Einstein: muchas teorías relacionadas con la relatividad, y que Einstein pudo demostrar, son fruto de una herramienta totalmente distinta a la utilizada por sus colegas científicos contemporáneos. Una matemática no cuantitativa, sino cualitativa. Exactamente las mismas matemáticas de las que hablaron Pitágoras, Platón, Euclides y todos los grandes eruditos “proto-científicos” griegos. Eso es muy importante.

El primer en hablar de matemática cuantitativa fue Galileo Galilei, fundador del mecanicismo filosófico, y de la ciencia moderna. La diferencia está en el concepto de número: si por Galileo indicaba una

cantidad para Pitágoras, por ejemplo, indicaba una entidad y por eso era cualitativa. Las matemáticas cualitativas no cuantifican una entidad, la cualifican en su esencia. Toda la matemática pitagórica debe considerarse con este sentido. Al fin y al cabo, Einstein, al adoptar este tipo de matemática, pudo estudiar la entidad de las diversas partículas que componen un átomo o un sub-átomo, algo que con las matemáticas tradicionales jamás habría alcanzado los niveles que todos conocemos. Actualmente existe un debate filosófico-matemático sobre estos conceptos porque el trabajo realizado por Einstein utilizando las dos matemáticas no puede pasar desapercibido y es fuente de estudios más complejos y profundos. Por lo tanto, la ciencia depende en gran medida de esta herramienta de razonamiento e inteligencia llamada matemática, que, según el arista que se utilice, produce resultados totalmente distintos. Por ende, parece lógico centrarse en estos dos aspectos.

Las matemáticas pregalileanas se centraron más en aspectos teóricos y aplicaciones prácticas (topografía, astronomía), basándose en la geometría euclidiana y la lógica aristotélica. Las matemáticas posgalileanas, gracias a Galileo, se convirtieron en el lenguaje fundamental de la ciencia para describir la naturaleza objetiva, introduciendo la medición y la experimentación cuantitativa (todo fenómeno debe medirse), allanando el camino para la física moderna, el análisis y el cálculo, con el objetivo de revelar las leyes matemáticas ocultas en el universo.

Sin embargo, Galileo afirmó que «El libro de la naturaleza está escrito en el lenguaje de las matemáticas», con caracteres como triángulos y círculos, accesibles solo para quienes conocen el lenguaje.

Las matemáticas cuantitativas, aplicando su nuevo método experimental, se convirtieron en la herramienta para cuantificar los fenómenos observados (por ejemplo, el movimiento de proyectiles y la caída de cuerpos). Desde esta perspectiva, en sus «Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias» (1638), Galileo fundó la mecánica y la ciencia de los materiales mediante el análisis matemático del movimiento, marcando el nacimiento de la física moderna.

Así, la Matemática postgalileana (a partir del siglo XVII) permitiría el desarrollo del Cálculo Infinitesimal: necesario para describir el movimiento y el cambio (Leibniz, Newton); el álgebra y la Geometría Analítica (fusión de álgebra y geometría para describir el espacio (Descartes). Y finalmente, las matemáticas se convirtieron en el lenguaje universal para crear modelos predictivos y comprender la complejidad de los fenómenos naturales y científicos.

Antes de Galileo, las matemáticas eran un conjunto de disciplinas separadas. Después de Galileo, se convirtieron en la herramienta esencial y unificadora para interpretar los fenómenos presentes en el universo y, por primera vez, nació el laboratorio como lugar erguido y estructurado para replicar los fenómenos, estudiarlos y comprender sus mecanismos.

MAGIA Y ALQUIMIA: LOS ANTEPASADOS DE

LA CIENCIA MODERNA

La magia y la ciencia son dos formas de comprender e interactuar con el mundo, históricamente entrelazadas: la magia buscaba controlar fuerzas ocultas mediante símbolos, evolucionando posteriormente hacia la ciencia a través de disciplinas como la alquimia y la astrología (que posteriormente se transformaron en química y astronomía), mientras que la ciencia moderna investiga los misterios naturales mediante el método experimental.

Ambas comparten el objetivo de explicar y controlar los fenómenos, y la ciencia actual aplica principios físicos y psicológicos. Magia y ciencia son dos formas históricas de entender y operar en el mundo, a menudo entrelazadas, donde la ciencia moderna emergió de prácticas como la alquimia y la astrología, buscando explicar los misterios naturales que la magia intentaba controlar: pero ambas comparten una base en la observación y el deseo de comprender el cosmos, con la ciencia moderna se están superando los límites de nuestra imaginación, dando a la tecnología más avanzada la fuerza de dominar el universo.

Entre los siglos XVI y XVII se produjo una transformación gradual que condujo de la «magia natural» a la ciencia experimental. En esta transformación, doctrinas originalmente dotadas de contenido simbólico se vieron cada vez más definidas por rigurosos procedimientos experimentales. Es el caso de la astrología, que se transformó en astronomía, y la alquimia, en química. Francis Bacon es un ejemplo paradigmático a tal punto que el historiador Paolo Rossi ha hablado de una transición «de la magia a la ciencia». Bacon fue el primer teórico del método experimental moderno, pero por otro lado también sostenía que la materia estaba animada y equiparaba el poder sobre la naturaleza, adquirido por el arte experimental, similar al del mago. Kepler atribuía almas a los planetas y creía que se movían bajo la influencia del alma del Sol. El propio Galileo, antes de definir nuestra ciencia moderna de forma innovadora, formuló horóscopos por encargo, aunque no estaba del todo convencido de su validez. Pero había un aspecto típico del conocimiento mágico que los científicos del siglo XVII rechazaron

unánimemente: su fuerte resistencia a la crítica y al escrutinio público. Bacon presentó los conceptos aprendidos en la tradición y la infancia como ejemplos de “ídolos”, prejuicios individuales psicológicamente ligados a la educación, que debían abandonarse en favor del nuevo método experimental. Kepler siempre prefirió medir los movimientos de los planetas para establecer sus leyes. Galileo desafió las creencias astronómicas de la época, invitando a los académicos a ver con sus propios ojos a través del telescopio. Newton, y muchos científicos experimentales después de él, aún conservaban creencias sobre los significados simbólicos y metafísicos de su ciencia, pero ya no exigían que la comunidad científica los considerara parte integral de sus descubrimientos. En este punto, se hace evidente la diferencia entre ciencia y magia, y sobre todo, el crisol en el que se produjo la transformación de una a otra.

Por lo tanto, podemos definir la Magia como una “doctrina” que busca manipular fuerzas ocultas y misteriosas, a menudo alterando la realidad con palabras o actos simbólicos, sin seguir necesariamente leyes causales estrictas. Por el contrario, la Ciencia busca explicar los fenómenos naturales mediante la observación, experimentación y la formulación de leyes universales, buscando el conocimiento sistemático. El elemento que las unen es que ambas surgieron de intentos primitivos por entender y controlar la naturaleza: con la magia llenando vacíos técnicos y la ciencia evolucionando a partir de estas prácticas.

En este sentido el ejemplo más clarificador de este proceso es la Transformación Renacentista: La “magia natural” del Renacimiento, que buscaba acceder a los misterios naturales, a poco a poco se fue transformando en ciencia experimental, con la astrología derivando súbito después en astronomía y la alquimia en química.

Entonces se puede afirmar sin duda que la Magia y la Ciencia avanzada finalmente son muy parecidas: como Arthur C. Clarke señaló, la tecnología muy avanzada es indistinguible de la magia, sugiriendo que la ciencia moderna puede operar de formas que parecen mágicas. Eso permite, por ejemplo, que los magos modernos utilizan principios de la física, química y psicología para crear ilusiones, integrando ciencia en su arte.

Pero las creencias mágicas y astrológicas no desaparecieron repentinamente de la ciencia moderna. De hecho, la magia, entendida como la capacidad humana de modificar la naturaleza, fue inseparable del desarrollo de la nueva cultura científica durante el Renacimiento. El filósofo renacentista Tommaso Campanella, enfatizó que la magia era la capaci -

dad de acceder a los misterios de la naturaleza, que, al perder su misterio, se convirtieron en ciencia, perdiendo así su carácter esotérico y misterioso.

De hecho, en el principios del siglo XVII, la Alquimia era una disciplina con orientaciones distintas, pero interrelacionadas. Históricamente, las corrientes alquímicas dominantes fueron las surgidas del neoplatonismo ficiniano, el paracelsianismo (uno de los textos más importantes es la “Basílica química” de Oswald Croll (1609), traducida y publicada varias veces a lo largo del siglo) y, finalmente, la obra de Jan Baptista van Helmont (1579-1644).

Gracias a estos desarrollos y enri quecimientos culturales, la alquimia adquirió una profundidad y una dig nidad desconocidas hasta entonces. Desde una perspectiva doctrinal, se pueden distinguir varios tipos de alquimia: la transmutacional (que busca transformar los metales en oro) y la médica (que busca prolongar la vida). Durante el Renacimiento, se pueden observar formas de alquimia mística que buscaban, mediante el trabajo alquímico, la iluminación interior, e incluso el contacto íntimo con lo divino.

Por lo tanto, la alquimia durante este período debe considerarse una disciplina versátil y muy diversificada. En “Chimia in artis formam redacta” (1661), Werner Rolfinck rechazó rotundamente la existencia de la piedra filosofal, la medicina universal y la realidad de la transmutación, reduciendo la química, mediante sucesivas negaciones, a “una parte de la medicina perteneciente a la farmacéutica, y que se diferencia de ella solo en el nombre”.

Desde el siglo XV, el término «alquimia» se utilizaba a menudo en sentido negativo en todos los idiomas, y los alquimistas, a partir del Renacimiento, solían preferir el término «química» (del latín chymia o chemia), basado en el griego χυμεία o χημεία . Sin embargo, ambos términos, al menos hasta mediados del siglo XVIII, pueden considerarse generalmente equivalentes. No obstante, la química propiamente dicha (que desde Paracelso hasta mediados del siglo XVIII estuvo estrechamente vinculada a la medicina), comenzó a separarse gradualmente de la alquimia transmutacional a partir de la década de 1660.

Al final de esta breve introducción al nacimiento de la ciencia, es importante añadir que este proceso, no tanto de nacimiento, sino de desarrollo, concebido como transformación y renacimiento continuo de nuevas disciplinas dentro de una ciencia madre, es un proceso en constante evolución que, en mi opinión, nunca terminará. Con sus altibajos, su exploración de teorías abandonadas en el pasado que pueden resultar increíblemente útiles para el presente, la ciencia continúa renovándose y renaciendo, buscando en sí misma los medios para superar sus propias limitaciones y ofrecer continuamente nuevas respuestas a las necesidades humanas contemporáneas. Un ejemplo notable es la teoría de la relatividad de Einstein que, como ya hemos comentado, utiliza una forma pregalileana de matemáticas para demostrar y estudiar nuevas realidades ocultas que, sin embargo, responden a leyes físicas fundamentales. Esas mismas leyes que Galileo intentó estudiar cuantitativamente y experimentar en su primer laboratorio científico.

Una aventura que nunca terminará y que continuamente rendirá nuevos frutos destinados al mejoramiento intelectual y cotidiano de la humanidad.

EL MITO DE LA CAVERNA Y LA INTELIGENCIA

ARTIFICIAL

POR ROBERTO BERRÍOS ÁLVAREZ

Ingeniero, escritor y ensayista

La Alegoría de la Caverna, también conocida por el nombre de mito de la caverna, está mucho más cerca de ser una alegoría que un mito. Es la más relevante alegoría de la historia de la filosofía junto con la del carro alado; estas alegorías explican las partes más importantes del pensamiento Platónico.

(Alegoría es una historia que usa personajes, eventos o situaciones para representar ideas abstractas, como una enseñanza moral. Un mito, por otro lado, es un relato más complejo, a menudo de dioses y héroes, que busca explicar los orígenes del mundo o de un fenómeno natural, cultural o social.)

Platón, en uno de los diálogos de La República, la cual puede ser vista como una explicación metafísica (La metafísica es una rama de la filosofía que intenta responder las preguntas más profundas sobre la realidad) de cómo se llega al conocimiento o a la verdad. Esta alegoría es una teoría acerca de cómo el hombre encontrara la verdad y por lo tanto el conocimiento de todas las cosas que lo rodean y que se encuentran en el mundo.

Platón usó esta historia para mostrar al filósofo un guía hacia la educación, intentando liberar a las personas de sus ataduras. El relato se encuentra en el libro VII de la  República, escrita hacia el año 380 a. C. Este es un texto esencial dentro de la obra de Platón, ya que cuestiona el origen del conocimiento, el problema de la representación de las cosas y la naturaleza de la propia realidad.

Se trata de una explicación metafórica sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto

del conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo con conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible.

En el desarrollo de esta aproximación tendrá como objetivo comprender el significado Platónico de esta metáfora y acercar su entendimiento a la realidad actual con las tecnologías disruptivas y principalmente sobre la Inteligencia Artificial.

El mito de la caverna es una  alegoría  sobre el  conocimiento. En ella se muestra al ser humano encadenado dentro de una caverna desde su nacimiento, donde lo único que ve son sombras reflejadas en la pared, pensando que esa es la realidad.

El mito de la caverna es un diálogo escrito por Platón en el que su maestro Sócrates y su hermano Glaucón se refieren al conocimiento y la educación filosófica de los individuos. Así, Sócrates le pide a Glaucón que imagine a un grupo de prisioneros que se encuentran encadenados desde su infancia detrás de un muro, dentro de una caverna. Allí, un fuego ilumina al otro lado del muro y los prisioneros ven las sombras proyectadas por objetos que son manipulados por personas que pasan por detrás.

Los prisioneros creen que lo que observan es el mundo real, sin darse cuenta de que son las sombras de esos objetos. Sin embargo, uno de ellos consigue liberarse de sus cadenas y comienza a ascender. De este modo, es capaz de observar la luz del fuego más allá del muro, cuyo resplandor le ciega y casi le hace volver a la oscuridad.

Poco a poco, el hombre liberado se acostumbra a la luz y, con cierta dificultad, decide avanzar. Sócrates propone que este es un primer paso en la adquisición de conocimiento. Después, sale de la caverna, donde

observa el reflejo de las cosas y las personas, para luego verlas directamente. De este modo, admira por primera vez las estrellas, la luna y el sol.

Sócrates sugiere que este individuo concibe lo que ve (mundo de las ideas) como una realidad superior. Entonces, regresa para compartir lo que ha descubierto con los otros prisioneros, ya que siente que debe ayudarles a ascender al mundo real.

Cuando regresa a la caverna no puede ver bien, porque se ha acostumbrado a la luz exterior. Los que habitan allí piensan que el viaje le ha dañado y no desean acompañarle fuera. Platón, a través de Sócrates, afirma que los reclusos harían lo posible por evitar dicha travesía, llegando a matar a quien se atreviera a intentar liberarlos.

El mito de la caverna es una alegoría que abarca varios elementos que componen la teoría de las ideas de Platón que está dividido en las siguientes etapas: Dimensión antropológica es de naturaleza humana. Dimensión ontológica se refiere a la naturaleza del ser. Dimensión epistemológica se refiere a la naturaleza, origen y validez del conocimiento. Dimensión moral donde se valoriza la sociedad y la política que es la forma de gobernar.

La teoría de las ideas de Platón se basa en dos conceptos contrapuestos:

• El mundo sensible , cuya experiencia se vive mediante los sentidos. Son múltiples, corruptibles y mutables.

• El mundo inteligible o el mundo de las ideas, cuya experiencia es cosechada mediante el conocimiento, la realidad y el sentido de la vida. Siendo únicas, eternas e inmutables.

En Platón, el cuerpo y alma corresponden a dos dimensiones diferentes. Por un lado, el cuerpo está inmerso en el mundo sensible, que es corruptible y cambiante, mientras que el alma está unida al mundo de las ideas, que es perfecto e inmutable.

En el mito de la caverna en su dimensión antropológica se refiere a la condición del ser humano y su forma de conocer. Esa dimensión está representada en la naturaleza del prisionero y su cuerpo, su relación con la caverna (mundo sensible), así como en el mundo exterior y la liberación de su alma (mundo de las ideas).

Los prisioneros son una metáfora de las personas que están atadas a sus percepciones. Las sombras son el mundo físico que perciben y que creen es el conocimiento verdadero. Sin embargo, aquello que observan no es más que un conocimiento subjetivo.

Cuando uno de los prisioneros se libera de sus cadenas y sale de la caverna, este viaje representa su ascensión al mundo inteligible, en donde adquiere

el verdadero conocimiento.

Lo anterior implica una liberación moral e intelectual del alma de las ataduras y limitaciones ofrecidas por el mundo sensible. Así, funciona como una metáfora de su paso desde la ignorancia hacia el mundo de las ideas. Este paso, según Platón, se puede realizar con la práctica del método dialéctico, concepto que se refiere a la manera de buscar la verdad, conversando y discutiendo racionalmente, más bien debatiendo las ideas hasta acercarse a lo verdadero.

Además, esta ascensión al mundo de las ideas es una búsqueda del conocimiento de sí en el mundo exterior (como se expresa en la frase “conócete a ti mismo”).

Cada elemento del mito de la caverna simboliza un nivel del ser y del conocimiento, dentro del dualismo ontológico y epistemológico de Platón. Precisamente, la alegoría de los hombres apresados dentro de una caverna (nivel inferior) y del hombre liberado en el exterior (nivel superior), funciona para explicar su concepción dualista del mundo.

Platón a través del mito de la caverna intenta construir un modelo explicativo de la condición humana: Platón explica “el mundo de las ideas” y como se puede llegar a él, para comprobar que todo lo que veían solo era un reflejo de la verdadera realidad. El mundo en sombras de la caverna simboliza para

platón el mundo físico de las apariencias, es decir el mundo sensible, en el mundo, en la cual captaríamos únicamente las sombras de la verdadera y perfecta realidad, que está en otro mundo, invisible a nuestra percepción. La salida de la caverna simboliza la transición del mundo real, el acceso a un nivel superior de conocimiento, siendo este un camino difícil de conseguir, un camino sensible a lo inteligible. El individuo que consigue escapar representa la figura del filósofo, que tiene la intuición de las ideas, y cuya enseñanza del mundo superior es despreciada por

los hombres. En el mito de la caverna Platón establece una concepción dualista, la realidad material o sensible es tan solo un mundo imperfecto, y efímero; y que el auténtico ser, el mundo inteligible (de las ideas) es lo más valioso y perfecto, eterno e inmutable, solo es captado por los filósofos.

Reflexión final: siendo mi interés en establecer una analogía relación entre el mito de la caverna de Platón y la Inteligencia Artificial, ya que «la IA tiene el potencial de expandir nuestra comprensión de la realidad. Al igual que los prisioneros de la caverna, nosotros, como seres humanos, a menudo estamos limitados por nuestras propias experiencias, por nuestras propias perspectivas y conocimientos. Además, el mito de la caverna de Platón también puede aludir a que nuestra percepción del mundo está influida por la información que recibimos y cómo la interpretamos». Es decir que la Inteligencia Artificial (IA) se auto confiere con la medalla de la equidad y sabiduría, hasta el punto de ser ella la realidad y lo que opinan los seres humanos es una imagen proyectada, y por tanto delimitada de la realidad. La IA se auto coloca en una plataforma de ese mundo inteligible en el que se encuentra la idea del bien, representada por el Sol, en el mito de la caverna. El ChatGPT, ni siquiera «sabe que no sabe nada»; sino que cree tener la mejor respuesta para todo, pero eso sí, utilizando los datos de terceros para cumplir su objetivos y conveniencia, ya sus algoritmos perfectamente pudiesen estar manipulados. Probablemente es aquí donde se encuentra la zona de penumbra a la que nos puede llevar la nueva era de la Inteligencia Artificial que, en lugar de buscar su propia voz, imita a la perfección la de todos los demás. Quién sabe si hasta el punto de creerse que también tiene sentimientos y emociones, o es solo ciencia ficción.

Inteligencia Artificial y sus algoritmos de códigos, por muchos chips que llegue a tener la IA jamás podrá ser la evidente realidad, ni el Sol, ni las estrellas de nuestro universo en contra de lo que ella misma se cree. Seguirá siendo siempre la proyección de las sombras porque no tiene la capacidad real de sentir, ni de emocionarse, ni de saber que puede equivocarse, e incluso de saber que no sabe nada. Será el propio ser humano al darle a un ordenador el poder que no tiene ni merece, precisamente porque no tiene la capacidad de sentir, aunque llegue a disimularlo a la perfección. No sé si en un futuro a la IA habrá que tenerla un miedo absurdo y atroz que el propio ser humano ha creado y fomentado, pero actualmente dudo que pueda ser ni tan siquiera una de esas sombras proyectadas por Platón en su mito de la caverna.

NADIA BOULANGER, LA GRAN MAESTRA

POR EDGARD “GALO” UGARTE

Licenciado en Teoría de la Música Universidad de Chile, cantautor, compositor y guitarrista

Un departamento de estilo Haussmann en el número 36 de la rue Ballu, en el noveno distrito de París. En el interior, el silencio solo es interrumpido por el análisis riguroso de una fuga de Bach o la revisión minuciosa de una orquestación. En ese salón, rodeada de libros y partituras que custodian el saber acumulado de varias décadas, una mujer de mirada penetrante dictaba sentencia sobre la música de su tiempo. Fue la columna vertebral de la creación sonora de la centuria; una mente que, desde el rigor más absoluto, buscó siempre la verdad técnica detrás de cada nota. Su nombre: Nadia Boulanger.

LA HEREDERA DE LA TRADICIÓN

París, 16 de septiembre de 1887. En el seno de una familia donde la música era el lenguaje cotidiano, nace Nadia Romain Boulanger. Su genealogía es un cruce de mundos: su padre, Ernest Boulanger, era un veterano profesor del Conservatorio de París que había obtenido el prestigioso Premio de Roma en 1835, amén de continuador de una estirpe musical familiar. Su madre, la princesa rusa Raissa Mychetsky, era una mujer de una determinación férrea y una severidad eslava que marcarían el carácter de Nadia de forma indeleble; fue ella quien impuso en el hogar una disciplina que Nadia agradecería y replicaría el resto de su vida, entendiendo el arte como un sacerdocio. Curiosamente, durante su primera infancia, Nadia sentía un rechazo físico por la música que rozaba lo patológico. El sonido del piano le generaba un dolor casi insoportable que la hacía buscar refugio en las habitaciones más apartadas, tapándose los oídos. Sus

padres casi se resignaron a que la niña no seguiría el camino familiar. Sin embargo, un evento fortuito cambió su destino para siempre: una tarde, al escuchar el estruendo de una sirena de bomberos que pasaba por la calle, la pequeña Nadia, en lugar de llorar, corrió al teclado e intentó reproducir con un solo dedo la nota exacta de la sirena. Aquel día reveló poseer un oído absoluto. A partir de ese momento, la música dejó de ser una amenaza para convertirse en su forma de habitar el mundo.

En 1896 ingresó al Conservatorio de París con un permiso especial. Estudió solfeo con Auguste Bazille y piano con Louis Diémer, pero fue en las disciplinas de acompañamiento y órgano donde su capacidad analítica empezó a despuntar. Bajo la guía de Paul Vidal y Alexandre Guilmant, Nadia no solo ejecutaba las obras, sino que las desarmaba para entender su mecanismo interno. En 1903, con apenas quince años, obtuvo los primeros premios en ambas disciplinas, consolidando la base técnica de su futura autoridad pedagógica.

La muerte de su padre en 1900 la obligó a madurar prematuramente. Ernest dejó un vacío económico que Nadia tuvo que llenar de inmediato. Así, antes de terminar sus estudios, ya se encontraba tocando el órgano profesionalmente en la iglesia de Saint-Trinité y dando lecciones particulares para sostener a su madre y a su hermana Lili. Esta necesidad de trabajar forjó en ella la idea de que la música no es solo inspiración, sino un oficio serio y una responsabilidad ineludible.

DE FAURÉ Y RAVEL

Tras dominar las herramientas básicas del oficio, Nadia entró en la clase de composición del gran Gabriel Fauré. De él aprendió que la armonía no debía ser una jaula de reglas rígidas, sino un jardín fluido; Fauré fomentaba una libertad creativa que hacía que lo complejo pareciera natural. Sin embargo, la mente

de Nadia exigía una estructura más firme, una lógica que fuera más allá del instinto poético de su maestro. Esa respuesta la encontró en su condiscípulo y amigo Maurice Ravel. Con él compartió una afinidad intelectual profunda, marcada por la exigencia mutua. Ravel, el “relojero” de la música, representaba para ella el ideal de la perfección técnica. Es célebre la anécdota de cuando Nadia le mostró una de sus primeras composiciones orquestales: Ravel la miró en silencio durante largo rato, ajustó sus gemelos con parsimonia y, con esa elegancia gélida que lo caracterizaba, le señaló un solo compás diciendo: “Aquí hay una nota que no está haciendo nada. Si una nota no tiene una misión, es una intrusa”. Esta obsesión por la economía de medios, compartida entre pares, marcó la ética de Nadia para siempre.

En sus frecuentes diálogos técnicos, Ravel le advertía que no se debía “pintar con brocha gorda”, sino con la precisión de un grabador de metales. Nadia comprendió que la orquestación era un plano arquitectónico donde ningún instrumento podía sobrar. Ambos compartían una exigencia de limpieza en la partitura que rozaba la neurosis; Ravel incluso le señalaba cómo la disposición visual de las plicas en el papel debía reflejar la claridad del pensamiento musical. Esta dualidad entre la libertad de su maestro Fauré y el rigor que compartía con su amigo Ravel forjó su derrotero de autoridad musical inigualable.

DE LA CREACIÓN A LA RENUNCIA

Antes de convertirse en la pedagoga universal, Nadia fue una compositora de una ambición técnica notable. Obras como el ciclo de canciones Les heures claires o su ópera La ville morte revelan a una artista que dominaba perfectamente el lenguaje del impresionismo francés. Sin embargo, Nadia siempre fue la crítica más implacable de su propia obra. En su creación, se percibe una lucha entre su inmenso conocimiento teórico y la búsqueda de una originalidad que ella sentía esquiva. A pesar de haber llegado a las finales del Premio de Roma, Nadia comenzó a sentir que su música carecía de esa “chispa divina” que es el sello del genio puro.

Esta autopercepción se transformó en epifanía definitiva al observar el talento de su hermana menor, Lili —quien en 1913 hizo historia al ser la primera mujer en obtener el Gran Premio de Roma—. Tras la trágica muerte de Lili en 1918, Nadia tomó una resolución desgarradora: concluyó que su propia música era “correcta”, pero que no aportaba nada nuevo al

mundo. Decidió callar su propia voz creativa para proteger el legado de Lili y convertirse en la guía para el talento ajeno. Guardó el piano de su hermana y mantuvo su habitación intacta en la rue Ballu por sesenta años; esta renuncia no fue una derrota, sino una transmutación soberana: prefirió el silencio antes que la mediocridad. Al dejar de componer, canalizó toda su energía en el magisterio, dedicando su vida a evitar que otros cometieran los errores técnicos que ella detectaba con facilidad quirúrgica. Fue en este ejercicio de entrega absoluta a la excelencia ajena donde su nombre se elevó a la categoría de mito, pasando a ser conocida por todos sus discípulos, con un respeto que rayaba en lo sagrado, simplemente como “Mademoiselle”. Gracias a este acto de humildad intelectual, es considerada hoy, por consenso, la mejor maestra de música de la Historia.

EL MOLDE DE LA VANGUARDIA EUROPEA

Nadia fue la guardiana de la arquitectura del sonido en el Viejo Continente. Sus más de 1.200 alumnos conforman el mapa de la música del siglo XX. El polaco Zygmunt Mycielski y la gran Grażyna Bacewicz acudieron a ella para reconstruir la voz de Polonia tras la guerra, encontrando en su neoclasicismo un refugio de orden frente al caos político. Para estos compositores, Nadia representaba la conexión con una civilización que la guerra había intentado borrar, dándoles el rigor para elevar sus raíces folclóricas a un lenguaje universal.

En el Reino Unido, su influencia fue determinante para Lennox Berkeley, quien equilibró el lirismo inglés con la claridad francesa. Pero quizás su alumno europeo más complejo fue Jean Françaix, cuya música encarna el ideal de transparencia y elegancia que Nadia exigía. También fue mentora de Dinu Lipatti, a quien no solo pulió técnicamente sino que guio espiritualmente. Para los europeos, Nadia era la suma sacerdotisa que decidía qué obras merecían entrar en el canon de la modernidad. Su salón era el epicentro donde se definía la arquitectura sonora de Europa.

SU INFLUENCIA EN AMÉRICA

La influencia de Nadia cruzó el Atlántico como una necesidad de orden para un continente que buscaba su propia voz. Durante gran parte del siglo XX, París fue la aduana obligatoria para los músicos americanos que deseaban dotar a su intuición de una armadura técnica inexpugnable. Nadia poseía una capacidad casi profética para distinguir lo auténtico de lo que era mera imitación de las formas europeas. El primer gran triunfo de este método fue Aaron Copland. Bajo

la guía de Nadia, Copland encontró el filtro necesario para destilar la esencia del folklore norteamericano, hallando esa sonoridad diáfana que define obras como Appalachian Spring. Ella le enseñó que la sencillez no era pobreza, sino el resultado de una depuración técnica extrema. Copland fue el alumno que demostró que el rigor de la rue Ballu podía ser el cimiento de un nacionalismo musical moderno y sofisticado.

Este camino permitió décadas después el encuentro más dramático de la carrera de Nadia: su cita con Astor Piazzolla en 1954. El argentino llegó intentando ocultar sus años en el tango, presentando obras neoclásicas que imitaban a los maestros europeos. Tras analizarlas, Nadia fue tajante: “Aquí usted es como un tal Stravinsky o un tal Ravel... pero yo no encuentro a Piazzolla en ninguna parte”. Solo cuando él, avergonzado, tocó al piano el tango Triunfal, ella pudo ver la verdad. Le tomó las manos con firmeza y sentenció: “No sea tonto, Piazzolla. Aquí está el verdadero Piazzolla, no lo abandone nunca”. Esta validación técnica permitió que el tango integrara la fuga y el contrapunto bachiano, elevándolo a categoría universal.

La estela alcanzó también a Brasil a través de Rogério Duprat, cerebro del movimiento Tropicalia, quien encontró en Nadia la disciplina para organizar el caos sonoro y fusionar la psicodelia con la música brasileña bajo una sofisticación estructural. Igualmente crucial fue el paso de Quincy Jones por su aula. Jones recuerda con precisión la lección técnica fundamental de Mademoiselle sobre la tradición: “Quincy, solo hay doce notas. Hasta que Dios nos dé la decimotercera, quiero que sepas qué es lo que cada uno de ellos

hizo con esas doce”. Jones atribuye a este periodo su capacidad para organizar sonoridades complejas con una maestría que cambió la industria para siempre. Por su parte, el minimalista Philip Glass se sometió a dos años de solfeo espartano para que su libertad no fuera fruto de la ignorancia, sino de la soberanía técnica. De ella aprendió la disciplina del trabajo diario y la idea de que cada nota debe ser esencial, casi sagrada en su repetición. La repetición estructural que define el estilo de Glass es, en gran medida, una respuesta al rigor formal que “Mademoiselle” le impuso en París; una búsqueda de la pureza que solo se alcanza tras haber diseccionado la tradición hasta sus huesos y haber comprendido la física del sonido en su estado más puro.

EL PODIO Y EL LEGADO

Nadia Boulanger fue también pionera en la dirección de orquesta, siendo la primera mujer en conducir la Royal Philharmonic de Londres y las filarmónicas de Nueva York, Boston y Filadelfia. Su autoridad en el podio era legendaria: se decía que podía detectar una sola nota falsa en acordes complejos de doce voces con un leve movimiento de cejas, obligando a los músicos a alcanzar una perfección que ellos mismos desconocían. En el podio, su búsqueda era la fidelidad absoluta a la arquitectura del compositor, eliminando cualquier rastro de lucimiento personal en favor de la obra.

Su relación con Igor Stravinsky fue la de dos mentes gemelas obsesionadas con la precisión geométrica

del sonido. Nadia era la única persona autorizada para corregir sus pruebas de imprenta y debatir, de igual a igual, sobre la eficacia de un ritmo o la pertinencia de una armonía. Juntos, defendieron la música como una artesanía divina y una ingeniería incansable donde la inspiración no es más que el punto de partida para un trabajo riguroso.

Incluso cuando la vejez cobró su precio físico, Nadia no cedió ni un ápice en su ética profesional. Al final de su vida, la ceguera la sumió en la oscuridad, pero su visión interna de las estructuras musicales se volvió, si cabe, más nítida y trascendental. Seguía dictando lecciones de memoria en su salón de la rue Ballu, reconociendo a sus alumnos por el sonido de sus pasos al entrar o por el ritmo sutil de su respiración antes de que tocaran el primer compás. No necesitó los ojos para ver la “grande ligne”; su vida entera se había convertido en un oído gigante, capaz de filtrar cualquier impureza en el pensamiento musical de sus discípulos.

Falleció en París el 22 de octubre de 1979, a los 92 años, trabajando con lucidez hasta su último aliento. Hoy, sus restos descansan en el cementerio de Montmartre junto a su hermana Lili. Su verdadera obra maestra no quedó escrita en papel, sino en la mente y el corazón de generaciones de creadores que aprendieron que el arte es un compromiso ético innegociable. Su legado nos recuerda que la libertad verdadera solo nace de la disciplina y que la belleza es, ante todo, una cuestión de rigor, honestidad intelectual y un respeto sagrado por el oficio musical..

LA CARRERA POR EL ÓSCAR A CASI 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO

POR ANA CATALINA CASTILLO IBARRA

Académica, magíster en Literatura, diplomada en Historia y Estética del Cine

Este año se celebra la 98ª edición de los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, materializados en la célebre estatuilla bañada en oro: el Óscar, un galardón que une y divide al mismo tiempo. Es que no siempre las decisiones de los miembros de la Academia coinciden con los gustos del público; incluso circula una lista llamativa de grandes directores y películas icónicas que nunca lo obtuvieron.

Creado originalmente como un estímulo al mérito de actores, escritores, directores, productores y técnicos, y a pesar de las polémicas de todos los años, el premio se ha convertido en un hito decisivo en la carrera de quienes lo reciben y, para el público, en una referencia influyente a la hora de elegir qué ver.

A continuación, revisamos las películas en competencia por este casi centenario reconocimiento, con especial atención a las nominadas a Mejor Película. Son diez las cintas, de géneros muy diversos, las que aspiran al máximo galardón, dos de las cuales también compiten en la categoría de Mejor Película Internacional, en la que, si bien solo figuran cinco títulos, todas destacan por su notable valor artístico. Y

lo que es aún mejor, ofrecen una mirada del quehacer cinematográfico más allá de Hollywood. Entre los cinco títulos que figuran para optar al Óscar por Mejor Película Internacional, está la representante de España, Sirat: trance en el desierto, una impactante road movie escrita y dirigida por el gallego Óliver Laxe. La trama se desarrolla en Marruecos, con el inicio de la tercera guerra mundial como telón de fondo, donde un padre se halla en la búsqueda de su hija desparecida en medio de fiestas rave. De tono delirante y apocalíptico, Sirat combina crudeza y lirismo al ritmo de la música electrónica.

También destaca la cinta que representa a Francia, Fue solo un accidente. Escrita y dirigida por el afamado (y perseguido) cineasta iraní Jafar Panahi, nos adentra en las huellas de los abusos del régimen político en Irán y tiene como premisa la pregunta: ¿qué hacer si me encuentro con mi torturador? La obra impacta por la maestría para encadenar los acontecimientos y convertir la situación de un personaje en una película coral, que aun con su apariencia de mero thriller es capaz de incorporar el humor, sin olvidar la reflexión moral y política. Completa la nómina la estremecedora cinta La voz de Hind Rajab, representante de Túnez, escrita y dirigida por la cineasta Kaouther Ben Hania, quien utilizó para su obra la grabación con la voz original de la niña de cinco años que pedía ayuda en medio de la invasión israelí de la Franja de Gaza en 2024. La película obtuvo el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cine de Venecia y está ambientada en el centro de operaciones del servicio de rescate de la Media Luna Roja Palestina. A continuación, reseñamos los largometrajes candidatos a Mejor Película, organizados según la cantidad del total de nominaciones recibidas.

PECADORES (SINNERS)

Esta película escrita y dirigida por Ryan Coogler (Black Panther: Wakanda Forever), lidera la carrera con dieciséis nominaciones, una cifra histórica. Se trata de un thriller que fusiona géneros con notable audacia, al tiempo que incorpora intensos momentos musicales profundamente ligados a la narrativa, al ritmo del blues del Delta del Mississippi, el folk irlandés y elementos contemporáneos de rock y rap.

Más allá de su propuesta formal, la película aborda el racismo desde una metáfora potente al equipararlo con el vampirismo. Coogler logra así una reflexión profunda que articula identidad, memoria y resistencia cultural, apoyada en una puesta en escena visualmente deslumbrante incluso en sus pasajes más sombríos. El resultado es una obra coherente, inmersiva y emocionalmente poderosa, sostenida por actuaciones sobresalientes, lideradas por un gran Michael B. Jordan.

UNA BATALLA TRAS OTRA (ONE BATTLE AFTER ANOTHER)

El décimo largometraje del maestro Paul Thomas Anderson suma nueve nominaciones al Óscar. Inspirada en la novela Vineland de Thomas Pynchon, la película trasciende la etiqueta de cine de acción para convertirse en una sátira política que atrapa y entretiene. Sigue la historia de Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), un exrevolucionario que después de 16 años, la misma edad de su hija, debe volver a la acción para protegerla, enfrentando a un antiguo enemigo. Todo ello a un ritmo desenfrenado que deja sin aliento al espectador frente a una historia donde predomina un clima de racismo, violencia extrema, abusos de poder y tensión política con notas del mejor humor negro. Con una galería de personajes notables y escenas de lucimiento técnico, como las persecuciones en carretera, Una batalla tras otra ya ha sido reconocida con el Critics Choice Awards y el Globo de Oro en la categoría de Mejor Musical o Comedia.

MARTY SUPREME

También con nueve nominaciones, esta película dirigida y coescrita por Josh Safdie se inspira en la vida del campeón de tenis de mesa Martin Reisman. Aunque se presenta como un drama deportivo, Marty Supreme es en realidad el retrato de un self-made man en progresiva decadencia moral obsesionado con el éxito y seguro de sí mismo hasta límites peligrosos.

Interpretado con intensidad por un Timothée Chalamet como no lo habíamos visto antes, el personaje no duda en sacrificar valores como la honestidad, la amistad y la familia en su ambición de ascenso. Safdie articula humor negro, crítica social y profundidad emocional, cuestionando la relación entre deporte, espectáculo y negocios poco transparentes. La película se destaca además por su impecable diseño de producción, montaje frenético y un llamativo uso narrativo de la música. Las escenas dedicadas a las competencias de tenis de mesa son verdaderas coreografías y constituyen una maravilla técnica. ¿La guinda de la torta? La participación en el elenco actoral del legendario guionista y director Abel Ferrara.

FRANKENSTEIN

Guillermo del Toro adapta libremente la obra de Mary Shelley, retomando su conocida fascinación por los monstruos y los marginados. En su Frankenstein lo que destaca es la relación padre/creador-hijo/ criatura y la exaltación del perdón. Por eso, con impronta gótica y un elaborado diseño de producción, el director mexicano propone una lectura humanista de “el padre de todos los monstruos”, como dice él: la creación del doctor Víctor Frankenstein. Aunque ha recibido críticas mixtas, gracias a la riqueza vi-

sual a cargo del habitual colaborador del director mexicano, el fotógrafo Dan Laustsen, Frankenstein se consolida como una de las propuestas estéticas más ambiciosas del año que cuenta con nominaciones en nueve categorías, incluyendo la de Jacob Elordi (la Criatura) como Mejor Actor de Reparto.

VALOR SENTIMENTAL (SENTIMENTAL VALUE)

El director noruego Joachim Trier, ha dicho que “la ternura es el nuevo punk” y su sexta película lo deja claro, porque en Valor sentimental (Sentimental Value) construye un relato sobre la familia, la nostalgia, la memoria afectiva y el perdón. Su cine, siempre atento a los intersticios emocionales, encuentra en esta película lugar oportuno para los silencios, los pequeños gestos, los espacios donde habitan las historias que nos definen como personas. La estética visual, sobria pero profundamente expresiva, acompaña las sólidas actuaciones, especialmente en sus capas más íntimas. Doblemente nominada por Mejor Película y Mejor Película Internacional representando a Noruega, Sentimental Value ya fue reconocida en el Festival de Cannes 2025 con el Gran Premio del Jurado y ha sumado varias nominaciones para Stellan Skarsgård como el padre ausente y atribulado que busca remediar sus faltas a través de la creación artística.

HAMNET

Adaptación de la novela homónima de Maggie O’Farrell, la película de Chloé Zhao es un estudio íntimo sobre el duelo y la memoria. Hamnet se centra en la fractura de la familia del dramaturgo William Shakespeare, a causa de la muerte de su hijo de 11 años. A partir de allí, la historia se enfoca en cómo vive el duelo su madre, Agnes, y en cómo el dolor puede sublimarse a través del arte. La directora privilegia la contención y la cercanía emocional, con una cámara que sigue a los personajes con lirismo y sensibilidad, reforzados por un trabajo de fotografía envolvente que traduce duelo y pérdida en imágenes poéticas. La cinta, con ocho nominaciones al Óscar, ya obtuvo el Globo de Oro a Mejor Película Dramática y el de Mejor Actriz Principal para Jessie Buckley.

BUGONIA

El director griego Yorgos Lanthimos cuenta con cuatro nominaciones para su versión en inglés del filme surcoreano Save the Green Planet! (2003) y, por supuesto, le añade las señas propias en la exploración profunda de la psicología de sus personajes y en el acertado manejo del horror físico. Se trata de una sátira distópica de humor negro, donde el absurdo

sirve como vehículo para cuestionar las paranoias contemporáneas y los discursos conspirativos. Se centra en dos jóvenes que están convencidos de que la directora de la empresa en la cual uno de ellos trabaja es una alienígena que planea destruir la Tierra y han trazado un desquiciado plan para evitarlo. Su tono irreverente y su construcción visual refuerzan el carácter provocador que distingue a Lanthimos, quien confía una vez más la historia a Emma Stone y a Jesse Plemons, ambos soberbios en sus actuaciones.

EL AGENTE SECRETO

(O AGENTE SECRETO)

Dirigida por Kleber Mendonça Filho, El agente secreto llega a los Óscar precedida por su éxito en los Globos de Oro y está doblemente nominada como Mejor Película y Mejor Película Internacional. Ambientada en el Brasil de 1977, durante la dictadura militar, sigue en clave de thriller la historia de Armando (sobresaliente Warner Moura), un docente universitario que resulta perseguido por no someterse a prácticas corruptas. En su esfuerzo por arrancar y llevarse a su hijo del país debe sortear muchas dificultades. A través de ellas, el espectador logra sentir el terror de las dictaduras e intuir lo fácil que es resultar sospechoso en ambientes restrictivos y autoritarios.

El agente secreto acierta en combinar una trama de espionaje y tensiones políticas con la reflexión sobre la importancia de la memoria histórica. El enmarcar ciertos pasajes en ambiente de Carnaval añade tensión, pues el jolgorio difumina la realidad a la vez que acentúa la urgencia del protagonista. Su narrativa fragmentada, que incorpora adecuadamente elementos de horror físico y algunas perturbadoras escenas oníricas, presenta un atractivo contrapunto entre lo que se vive, lo que se recuerda y lo que se decide olvidar.

F1 (F1 THE MOVIE)

Dentro de los filmes nominados, F1 del director Joseph Kosinski se distingue por su virtuosismo técnico: la puesta en escena de secuencias de carreras es una proeza que mezcla cámaras de alto dinamismo que instala al espectador en la cabina del piloto y que le valió nominaciones en las categorías de montaje, sonido y efectos visuales. Protagonizada por Brad Pitt, el multifacético actor emociona como un antiguo piloto de la Fórmula 1 que vuelve a las pistas, enfrentando nuevos desafíos. Aunque su arco narrativo puede resultar convencional, la película llega a enriquecer al cine de deportes ofreciendo una experiencia inmersiva y realista.

SUEÑOS DE TRENES (TRAIN DREAMS)

Terminamos nuestra revisión con la cinta que Clint Bentley dirige con sutileza y amor por sus personajes, Train Dreams, una adaptación de la novela breve de Denis Johnson. Con cuatro nominaciones al Óscar, y recientemente galardonada en los Independent Spirit Awards, la película se destaca por su historia íntima, susurrada al oído por un narrador que revela más de lo que dice el protagonista, un leñador silencioso de presencia casi imperceptible a cargo de un extraordinario Joel Edgerton en una interpretación contenida y sensible construida a base de gestos y miradas.

Clint Bentley privilegia la contemplación sobre la acción y esa es su mayor fortaleza. Train Dreams, a través de un registro casi documental, sigue toda la vida de uno de los tantos trabajadores que fueron parte de la construcción del ferrocarril en el oeste norteamericano a principios del siglo XX. Lo suyo es un fragmento de épica de lo cotidiano, de las luchas de un hombre cualquiera que encarna las pequeñas derrotas o victorias más humanas, mientras experimenta el sentido de la vida y su vínculo con la naturaleza.

RECUERDO DE MARIO BUNGE

Licenciado en Filosofía y Magister en Educación, Universidad de Chile

Llevamos ya seis años sin el filósofo, epistemólogo y físico argentino Mario Bunge Falleció en febrero del 2020, a sus cien años de edad. Lo conocí personalmente en un Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía en Córdoba, Argentina, en 1987. Se veía un sesentón muy lúcido y muy activo. Dio esa vez la conferencia inaugural del evento, en un auditorio lleno a reventar.

En esa ocasión yo expuse una ponencia sobre McLuhan y el impacto de las tecnologías de comunicación en la sociedad. La mayoría de mis oyentes eran profesores y de una izquierda furiosa. Al terminar, me interrogaron sobre Pinochet y la dictadura militar en Chile. Más de uno me espetó: ¿Qué tenía que ver McLuhan con lo que pasaba en mi país? Lo primero que les respondí –y con lo que callé a unos cuantos– fue que gracias a las tecnologías de información eléctricas (que habían convertido el planeta en una aldea global) se podía saber en todo el mundo lo que ocurría en Chile; que nosotros, los mismos chilenos, sabíamos más de lo que estaba pasando en nuestra patria oyendo radios extranjeras que atendiendo a los medios nacionales, totalmente censurados por los militares.

Volvamos a Bunge. En ese Congreso en que coincidimos le solicité una entrevista, a la que accedió gentilmente. Hablamos extensamente de McLuhan, de Koestler (otro de mis autores preferidos) y otros pensadores. Fue una conversación muy interesante, pero por desgracia, y debido a diversas circunstancias, nunca la publiqué al volver a Chile.

Además de sus ideas en el campo de la filosofía de la ciencia, lo que más me gustó siempre de Bunge fue su decidida y calurosa defensa de la racionalidad y de la ciencia contra la superstición y las pseudociencias.

A sus 95 años nos regaló sus memorias: Entre dos mundos (editorial Gedisa). Y después llegó también a nuestras librerías otro libro suyo, Cápsulas (editorial Gedisa), selección de ensayos breves referidos a autores, ideas y problemas de su interés y donde vuelven a mostrarse nítidamente sus convicciones ilustradas. Hay en esas páginas críticas punzantes al charlatanismo académico, a la impostura

intelectual y a la barbarie irracional disfrazada con ropajes científicos. Destaco, para finalizar esta nota sobre él, su Carta de los derechos y deberes del profesor (pág. 114), la que refleja ostensiblemente su libre pensamiento:

1. Todo profesor tiene el derecho de buscar la verdad y el deber de enseñarla.

2. Todo profesor tiene tanto el derecho como el deber de cuestionar cuanto le interese, siempre que lo haga de manera racional.

3. Todo profesor tiene el derecho de cometer errores y el deber de corregirlos si los advierte.

4. Todo profesor tiene el deber de denunciar la charlatanería, sea popular o académica.

5. Todo profesor tiene el deber de expresarse de la manera más clara posible.

6. Todo profesor tiene el derecho de discutir cualesquiera opiniones heterodoxas que le interesen, siempre que esas opiniones sean discutibles racionalmente.

7. Ningún profesor tiene el derecho de exponer como verdaderas opiniones que no puede justificar, ya por la razón, ya por la experiencia.

8. Nadie tiene el derecho de ejercer a sabiendas una industria académica.

9. Todo cuerpo académico tiene el deber de adoptar y poner en práctica los estándares más rigurosos que se conocen.

10. Todo cuerpo académico tiene el deber de ser intolerante tanto a la anticultura como a la cultura falsificada” .

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