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Armando Quezada Acharán por Pedro Aguirre Cerda

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Segundo Gr. Vigilante.—Sus formas visibles se desvanecerán; pero nos quedan su nombre y su memoria

Ser Gr Maestro — ¿Qué debemos a los restos de nuestro querido hermano?

Segundo Gr. Vigilante.—Las nacientes flores del árbol masónico que, con su perfume, simbolizan la regeneración de su inteligencia.

Ser. Gr. Maestro.—¿Gomo honraremos esa inteligencia, para nosotros tan cara, y que ahora reside en la Cámara deí Grande Arquitecto del Universo?

Primer Gr. Vigilante.—Purificando nuestras almas y conservando una fraternidad piadosa.

Ser Gr Maestro.—¡Oh Grande Arquitecto del Universo!! Potencia infinita; Fuego sagrado que fecundiza cuanto existe; Todo vive y respira en tí y por tí. La luz y las tinieblas te son iguales. Tú ves nuestra muerte como has visto nuestro nacimiento. Los secretos de la tumba te son conocidos ¡Ojalá que nuestro querido hermano, Armando Quezada, viva por siempre contigo, como vivió con nosotros. Terminada esta invocación, el S. Gran Maestro y los hh. arrojaron flores sobre .el ataúd

Actuaron como I9 y 2' Grandes Vigilantes el b Humberto Molina Luco, titular y el h Alberto Morales Munizaga, pro-tempore

Armando Quezada Acharan

por P. Aguirre Cerda.

Artículo publicado en El Mercurio y La hora del 6 de Abril

No pude sobreponerme a mi dolor para expresar mi sentir en la inhumación de los restos de Armando Quezada. Me unían a él vínculos de tan hondo afecto, que me habrían impedido hablar.

Los que conocimos a Quezada en la intimidad, creemos sinceramente que se ha ido el primer ciudadano de la República.

Era tan perfecta y pura su moralidad, irradiaba tan cristalinamente en toda sus acciones y juicios, que a su alrededor se imponían la honradez, la bondad y la justicia, y nadie se habría atrevido a proponerle una idea incorrecta.

Estudioso infatigable, su cultura extraordinaria, así de lo antiguo >com de lo moderno, no podía, desgraciadamente, ser apreciada por todos, porque su excesiva modestia y la relatividad con que contemplan los problemas sociales, económicos y políticos, los hombres de verdadero valer científico, lo retenían con cierta timidez en la propaganda ardorosa de estos tiempos; pero cuando su conciencia le imponía una opinión, a todas las reuniones llevaba siempre la nota de su maravilloso equilibrio mental, de su severa rectitud y de su inagotable bondad y espíritu progresista.

Conocedor a fondo de la cultura clásica y de los problemas modernos, nadie llegaba a él

sin alcanzar un provecho positivo de una enseñanza, de la misma enseñanza que difundió durante tantos años desde la cátedra y que en las generaciones que él formara se han. ido transmitiendo para erigirle en la conciencia pública un monumento más duradero que el bronce.

Si su sentimiento íntimo del deb«r, que tenía formado de que todo se lo debía a las enseñanzas bellísimas de sus padres y a la educación del Estado, y que ese acervo debía legarlo a los suyos y a la colectividad, no le hubieran mantenido durante toda su vida en su generoso afán de servir a los demás, habría formado una fortuna con su saber, su rectirad y su perseverancia. No dejó recurso alguno, pero legó a su familia y al país valiosas enseñanzas que conservar y agradecer

En la línea de su vida, siempre recta, de amplio criterio y de acrisolada honradez, no tuvo un desliz, ni hay una sombra que empañe su virtud, y la Universidad, y las instituciones educacionales todas, y su partido, y la Administración Pública, y sus amigos, deberán conservar el nombre de Armando Quezada como el símbolo de mayor pureza, inteligencia y bondad.

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