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Be la R, Logia "Justicia y Liberta* N.° 5"
Armando Quezada Acharan Hay hombres ejemplo, cuya pérdida se lamenta por toda la sociedad en que vivieron y cuyo desaparecimiento prematuro deja un vacío en los espíritus y un dolor inconsolable en el corazón. Armando Quezada fue uno de estos escogidos. La Masonería no llora a sus muertos. Honra sí la memoria de aquéllos que, educados y perfeccionados por la práctica de las doctrinas de la Institución, pueden señalarse a los hombres como exponentes de lo que son y lo que valen sus doctrinas filosóficas. *?t"-;?;r:. Profesor, estadista, escritor, orador parlamentario y por sobre todas las cosas hombre de bien, corazón sencillo, de rectitud y honradez acrisoladas, fue un símbolo viviente de lo que debe ser el masón en la vida. Quienquiera que lo tratase, jamás podrá olvidar su palabra sentenciosa y serena, su voz de acentos plateados y enteros y el tono grave de su expresión sin enconos y sin odios. En medio de los apasionamientos de la lucha política, cuando se quería por la juventud enardecida el aniquilamiento total del adversario sin darle tregua ni reposo, la palabra razonadora de Quezada, venía a calmar los ánimos recordando que el contrincante político no es un enemigo, sino un adversario en una lucha ciudadana, donde debe primar ante todo el bien de la República. Para un observador vulgar era un hombre sin pasiones; pero para quien lo conociese un poco más, era un apasionado del ideal democrático. Cuando en 1920 se gestaba por primera vez la candidatura del actual Presidente de la República, Quezada no tenía fe en el hombre y creía que su pasado no justificaba la confianza que depositaban en él los elementos que deseaban encarnar una evolución social completa. Poco después la mayoría de los radicales se pronunciaba por Alessandri, y no tuvo éste, desde entonces, un defensor más abnegado ni un trabajador más incansable para el meior éxito de la campaña presidencial. Así era el hombre, disciplinado y respetuoso con la voluntad de la mayoría. Comprendía q*e sin disciplina no hay partidos políticos y sin éstos no puede haber gobierno democrático ni verdadera libertad. Los discursos parlamentarios de Quezada eran más fríos -que candentes. Sin embargo a veces llegaba hasta la pas'on cuando se trataba de defender las libertades públicas que son base de la v¡da ciudadana. Hay en los anales parlamentarios un debate memorable sobre esta materia que afectó a la Masonería. Un genera^ reaccionario, que desempeñaba la Cartera de Guerra, dictó en 1916 una orden del día por la que prohibía a los oficiales del Ejército y Armada formar Parte de !* Masonería. lalp