The Goguila Journal of Arts & Vaporwave Solutions
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::::::::::::::The Goguila Journal of Arts & Vaporwave Solutions es un producto de RevistaPaco.com
Director: Francisco Marzioni. Secretario de redacción: Juan Terranova. Colaboradores: Nicolás Mavrakis. Imagen de tapa: Girl Bicycle. Unicity Art,/ INDICE.:::: Entrevista a Luis Boullosa, por Juan Terranova./ Chris Squire p or Nicolás Mavrakis./ Kurt Cobain, por Juan Terranova./ Phil Collins: Serious Pop, por Francisco Marzioni./Joseph Haydn SRL, por Sebastián Napolitano / Menem es punk, por Leandro Juango / Black Metal, una guía, por Pablo Delmonte. The Goguila Journal of Arts & Vaporwave Solutions. Número 2. Octubre, 2020. Buenos Aires, Argentina & DF, México/ Todos los derechos reservados.//// GJoA&VS
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Entrevista: Luis Boullosa 億ふ映い 【Por Juan Terranova】@juanterranova Luis Boullosa es un periodista de rock disciplinado, talentoso y astuto. Nació en Madrid en 1975, desde el 2006 mantiene el blog Kaput Magazine , escribe alternativamente en medios especializados y desde hace un tiempo toca con su banda Gog y la hienas telepáticas. En España, acaba de publicar El puño y la letra, creación literaria y rock and roll underground por la editorial 66 rpm. Si encuentran el libro, cómprenlo. Si lo ven hablando, escuchen. Y si escribió algo, leanlo. Pueden empezar por las precisas respuestas que da a estas preguntas.
Por momentos, sobre todo en la primera parte de tu libro, da la impresión de que el rock es un problema, o que presenta varios problemas que se entrelazan, todos ellos ligados a las tensiones entre arte y mercado, pero también arte y conciencia. Si alguien te dice que la música es para bailar, y tomar unos tragos y ver a los amigos, ¿qué le contestás? Que bailar, tomar unos tragos y ver a los amigos no nos impide pensar. El Rock&Roll es un movimiento de rebeldía juvenil que deviene en filosofía de vida adulta. Una filosofía en la que, con el tiempo, lo estoico y lo dionisíaco, lo terreno y lo visionario, acaban dándose la mano. Plantea varios problemas éticos, históricos y sociológicos entrelazados, es cierto, lo cual, creo, lo hace más entretenido aún y más complejo. En la primera presentación del libro, la primera persona que intervino ya me acusó de intelectualizar el Rock and Roll cuando, decía él, “el rock and roll es para bailar y drogarse”. Usaba “intelectualizar” como sinónimo de “traicionar” o de “asesinar”. Yo cuando me voy a tomar unos tragos con los amigos o a bailar, o a drogarme, no dejo de
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pensar, así que no creo que todo ello sea incompatible. Vivimos en el mundo de las dicotomías forzadas. Si te diviertes no puedes pensar. Si piensas no puedes divertirte. Si follas no puedes amar, si amas no puedes follar. Si lees no puedes bailar, si bailas no puedes leer. Nunca lo entendí. Yo desconfío de cualquiera que no tenga la capacidad salvaje de divertirse, esa especie de furor, aunque sea ocasional, ese humor ante la broma trágica de la vida que el buen Rock&Roll tiene. Pero también pienso que la diversión es una consecuencia, en parte, del pensamiento, y no siempre un fin en sí mismo; igual que la belleza es sólo una consecuencia de la búsqueda de la verdad en que consiste el arte, no el fin del arte. La diversión y la belleza son consecuencias -gloriosas si se quiere, y necesarias- de un proceso que apunta a otro lugar. Son signos de que el camino es el correcto. Por otro lado, la palabra “intelectual” siempre ha sonado a insulto aquí en la España que yo he vivido. España castiga a sus intelectuales (y a sus artistas) de una manera casi sádica. Sólo se quiere que usen el término quienes han chupado las suficientes pollas -en la universidad o en los cenáculos de turno- y ya no pueden pensar de manera independiente nunca más. Alguien me llamó el otro día, espero que con cierta sorna, “el enfant terrible de la crítica musical underground”. Me hace gracia, porque de enfant ya no me queda mucho y porque a mí mismo me resulto un moderado. Que yo pueda parecer radical indica que el mundo en torno se ha vuelto terriblemente tibio y miedoso. El Rock&Roll es complejo y sirve como plataforma para hablar de problemas de conciencia externos al rock mismo, como metáfora poderosa y escenario donde los dilemas se encarnan de manera especialmente visible y comprensible. Es un gran teatro. Los argumentos, por supuesto, no han cambiado demasiado desde la antigua Grecia. Las preguntas tampoco, pero siguen sin ser respondidas y por tanto siguen siendo válidas. El Rock&Roll es también Cristo pateando a los mercaderes fuera del templo. El Rock&Roll ha madurado y envejecido y mutado, y los coleccionistas te dirán que es aquello que sonaba cuando ellos eran jóvenes y no tenían problemas de erección. Pero mienten. Yo diría que es una disciplina artística que, si se busca en el sustrato y se indaga, ha alcanzado su madurez sin perder ese filo navajero de lo juvenil. Una especie de antropología, de indagación en lo humano, que se niega a apolillarse en las estanterías y las universidades pero que acepta cualquier tipo de conocimiento en su interior. Hay figuras en mi libro, como Michael Gira, Julian Cope o Gareth Liddard que dan fe de ese crecimiento. A mí el Rock&Roll me ha permitido reflexionar de manera rápida y flexible sobre cosas como el mito, la necesidad del mito, la libertad de conciencia y artística, el origen de la narración oral, etc… Es un bicho con muchas caras, y tiene poco que ver en esencia, con eso que la masa entiende como “rock”. Jarvis Cocker recopiló sus letras en una libro titulado Madre, hermano, amante. Llama la atención el énfasis del prólogo. Ahí Cocker repite varias veces que esas letras no son poesía, no deben ser leídas como poesía y que para entender lo que pasa ahí hay que escuchar la música. ¿Te parece que vale la pena seguir discutiendo o aclarando eso? Creo que es un mecanismo de protección: “Ahí tenéis mis letras, que he considerado lo bastante importantes como para recolectar en un bonito volumen, pero no penséis que presumo de poeta, sólo soy un pobre músico ambulante”. Creo que es la excusa de bardo
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vagabundo con la que comienzan muchas canciones y narraciones antiguas. Una excusa que va antes de la verdad y que se usa mucho también en el mundo del ensayo e incluso de la literatura. “Me encontré esto y lo transcribo…”. “No piensen que me las doy de listo, pero…”. En parte es una fórmula y en parte una defensa. Si dijeras que lo tuyo es poesía, los académicos te atacaría y tus congéneres también. Se entra por la puerta de atrás. Se entra disfrazado de mendigo. También hay un complejo de inferioridad que a veces es real. Para mí el Rock&Roll es una rama de esa literatura que la RAE define como “Arte que emplea como medio de expresión una lengua”. El arte de contar historias es un árbol frondoso y el Rock&Roll es una rama muy cercana al origen popular de ese arte. Creo que es muy evidente. En los mejores casos, es poesía de algún tipo, o narración, o translación de mitos, reencarnación de mitos, o investigación. No hay que desdeñar el elemento puramente sonoro, claro. Yo suelo decir que no soy de la letra o la música, soy de la canción. La canción es ese elemento milagroso donde ambas confluyen para crear un mensaje potentísimo. Eludir uno de ambos elementos me parece de idiotas, cuando puedes tener los dos.
Dicho esto, no creo que Jarvis Cocker sea un poeta. Trabaja con patrones dados, superponiéndolos de manera irónica para encontrar puntos de luz. Es un comentarista social satírico que radiografía la clase media trabajadora, y usa clichés musicales también de manera irónica. Es jugada ganadora. Los idiotas que no captan la ironía disfrutan porque es un soniquete comprensible. Los que la captan disfrutan porque entienden esa doble lectura. Hasta su elegancia de baratillo es sátira. Su persona, su personaje, es -parcialmente- parte de su obra. Mi disco favorito suyo es “This is Hardcore”, de Pulp, que me parece una reflexión humorística pero doliente y oscura, muy acertada, sobre la crisis el fin de la juventud. Es un gran disco, y no creo que vuelva a hacer otro mejor. Y creo que en él música y letra están muy equilibradas. Creo que Aidan moffat y él son dos grandes analistas sociales. O retratistas, si se quiere. Simon Reynolds hizo toda su carrera como crítico solapando y a veces incluso negando la importancia de las letras, como reacción contra los críticos que solo se 5
detienen en las palabras del rock y nunca en su música. ¿La crítica española es letradependiente en este aspecto? ¿Qué pensás de esas aproximaciones? Como decía, soy de la canción. La crítica española, en general, es lo contrario de una crítica “letradependiente”, en parte porque es difícil criticar unas letras que están en un idioma que no entiendes, y, aquí, un buen número de los ‘rock critics’ no tienen ni idea de inglés. Sin embargo, hay que ser justo con la crítica española. Creo que ha habido y hay gente de gran nivel en el medio y que ha habido buenas revistas, aunque ahora estén en un momento de decadencia, demasiado preocupadas por sobrevivir como para mantener la integridad. Pasa como con las personas: si tratas de no morir de hambre, los dilemas éticos quedan para cuando haya pan en la mesa. Creo que tipos como Jaime Gonzalo, Diego Manrique, Esteban Hernández o Rafa Cervera, por citar cuatro evidentes que se me ocurren ahora, han hecho un trabajo brutal en las últimas décadas. En concreto Jaime, que prologa mi libro, fue muy importante en mi educación como periodista y en mi visión punk del asunto. Ha escrito varios libros muy recomendables, como los varios volúmenes de “Poder Freak” y es el más inconformista de todos, probablemente. Por otro lado, las traducciones de textos en España han sido por lo general bastante pobres. En cuanto a músicos, en España ha habido siempre grandes letristas. Pese a nosotros mismos, somos un país de literatos. Rafael Berrio, Albert Pla, Corcobado, Frenando Alfaro, Javier Colis, Kiko Veneno, Roberto Iniesta, Josele Enemigo, Jorge Ilegal, Rosendo… la lista es larga y fructífera. Por el trabajo meticuloso, prolijo y a veces hasta enciclopédico de tu libro, uno piensa que es producto de un crítico ya asentado y muy bien plantando en el medio periodístico. ¿Esto es así? ¿Cómo te relacionás con tu entorno profesional? Es imposible ser enciclopédico en un asunto tan amplio a menos que seas un coleccionista encerrado en su gabinete, y es casi imposible ser un pensador si eres un coleccionista, así que creo que el truco está en tener un background sólido, algo de intuición, curiosidad y bastante capacidad de relación, no ya dentro del rock&roll, sino con mundos aparentemente distintos como el de la literatura o la filosofía. Y tener calle, porque el Rock&Roll nace de la calle. El libro se escribió un poco a sí mismo, fue un producto casi natural de esos años ejerciendo de crítico y haciéndome preguntas y tratando de que mis entrevistas y enfoques fueran cada vez más serios y alcanzaran más allá de lo tópico. Yo he escrito crítica rock desde 2002, aproximadamente, empezando en la revista Ruta 66, que fue todo un símbolo de la cultura subterránea por aquí y tuvo épocas especialmente buenas. Desde ese punto de vista, empiezo a ser un veterano. Sin embargo, a nivel profesional, esto no me ha permitido vivir nunca. Apenas da dinero y tu prestigio está reducido al guetto especializado de los críticos. Creo
que el crítico, como el artista, tiene la obligación de pensar que, en cierto modo, él es el mejor en lo suyo, porque así se exigirá más, se exigirá a sí mismo como si fuese el mejor. Desde ese punto de vista productivo, aunque algo irreal, soy el mejor crítico de Rock&Roll de España y apenas he visto un duro por ello. Tampoco he obtenido mayor
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reconocimiento. No es que esperase otra cosa. Publicar un libro y que guste, al menos a unos pocos, es, sin embargo, una satisfacción, negarlo sería absurdo. Conozco a mucha gente que ha escuchado mucha más música que yo y conoce muchas más bandas al detalle, etc. Gente con miles de discos y que, sobre el papel, “sabe” más de música que yo. Hay cientos. Quizá la diferencia es que para ser periodista, o escritor, tienes que tener una voluntad de investigación más allá del dato y una capacidad de relación de los conocimientos entre sí que la mayor parte de la gente no tiene o no busca. La cultura es relación. Almacenar conocimientos pudo tener sentido hace siglos, cuando un erudito era necesario para ayudar al artista o al visionario. Ahora mismo, el almacenamiento pierde sentido. Hay quien almacena para que tú uses. El coleccionista puro –que no es exactamente lo mismo que un erudito, aunque se parece en lo malo- es un bobo, un burgués en el peor sentido del término. También creo que hay que vivir las cosas, no sólo “observarlas” y catalogarlas. Escuchar como la gente canta puede estar bien, pero hay que tararear de vez en cuando para acercarse al sentido de las cosas. Hay que entrar en el canto. ¿El rock es una ética? Sí. Uno de los planteamientos del Rock&Roll es esencialmente ético. Esto se explicita muy claramente con la llegada del punk, que es una herejía puritana, por decirlo de algún modo, pero, paradójicamente, muy liberadora. Sin embargo la pregunta, el dilema, ya estaba planteado antes. Creo que el Rock&Roll nace como respuesta a un entorno esclavizante y feo. Nace como respuesta a la fealdad de la vida en sí misma y a la fealdad y grisedumbre de la vida que se ha planeado para nosotros. En ese sentido, es una rebelión estética que encierra una rebelión ética, porque esa fealdad está compuesta sólo en parte de imagen. El núcleo de esa fealdad contra la que uno se rebela está compuesto de mentiras y de servidumbres mentales, de ideas. En esencia, aunque hable de salir a bailar el fin de semana y olvidar los problemas, lo que dice el Rock&Roll es “este estado de cosas es una mierda y es insoportable”. Lo que dice es “yo no soy así ni quiero ser así”, y, entre otras cosas, dice “hay que destruir este mundo hasta los cimientos y construir otro”. Esa pulsión está ahí desde el principio. Los coleccionistas lo van transformando en una tabla de mariposas pinchadas con alfileres, y el dinero del sistema lo va comprando, domando y suavizando, pero cada vez que eso sucede, aparece un nuevo brote purista que retorna al principio con más virulencia. Desde finales de los setenta, sólo se pude entender el verdadero Rock&Roll bajo el prisma del punk. El punk, esa actitud, pasa a ser el Rock&Roll verdadero. Es una vertiente purista, suicida, radical, del mismo planteamiento original. A día de hoy, el espíritu punk ha permeado tanto que está en cualquiera que haga Rock&Roll con una ética detrás, aunque sus modos musicales puedan ser folk, o pop, o electrónica. La lucha por la libertad y por la autonomía, aunque sea al precio de la oscuridad, la negación de la autoridad, la libertad para experimentar… esos son elementos esenciales del Rock&Roll e, inevitablemente, una postura ética ante el mundo establecido que siempre plantea un número de opciones contadas y prefabricadas. No quiero decir con esto que esa disidencia la inventara el Rock&Roll. Basta leer El hombre rebelde de Camus, por citar un libro revelador y comprensible, para darse cuenta de la preexistencia de la pulsión. La rebeldía es connatural a un cierto tipo de hombre. Nace con el hombre, en
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cuanto ser hombre significa ser consciente de determinados problemas irresolubles y de una condición en conflicto. La rebeldía es un estigma y una lucidez, y plantea problemas filosóficos. El rock&roll es sólo el ala rítmica y portátil de esa rebeldía, pero es especialmente eficaz en algunos momentos y ha sido “televisado”, por decirlo así. Por desgracia, en su facilidad de transmisión está también la posibilidad de neutralizarlo: es fácilmente corruptible, replicable en tabletas inocuas y usable como soma nostálgico. Es la maldición del estribillo. Por otro lado, está el tema de la responsabilidad del público, sobre el que he pensado bastante últimamente. Decían los Clash que ellos se vestían de forma estrafalaria para decir: “Viste como quieras, haz lo que quieras” y que al siguiente concierto se encontraban a quinientos tipos vestidos como ellos. Eso es lo que pasa demasiado a menudo. A la gente le dices, “sé libre” y simplemente no lo entiende o no puede, o no quiere. Así que se pone tu sombrero. Alguien escucha un disco de hardcore politizado y le encanta, pero en lugar de salir a la calle y hacerse activista, o cambiar su mentalidad de manera activa, se convierte en coleccionista y busca todos los discos que tienen ese mismo mensaje. En su casa burguesa, acaba teniendo la mayor colección de discos antisistema de la historia. Así va. Todo esto nos llevaría a una discusión sobre las élites y la democracia que sería larga y complicada. Particularmente creo que la única rebelión factible es la personal, y que el arte ayuda a esa rebelión. El resto son malinterpretadas en cuanto nacen.
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¿Cómo pensás que va a ser el rock del siglo XXI? Creo que el Rock&Roll ha recorrido, por decirlo así, la historia de la literatura y, en sus casos más brillantes, se encuentra más o menos en la época existencialista. Por supuesto, igual que pasaba con la literatura, los existencialistas cohabitan con muchas formas de expresión previas que sobreviven y a menudo mandan. Gareth Liddiard, por ejemplo, no está lejos de Camus (aunque en mi libro lo sitúe, equivocándome, más cerca de Celine). Por supuesto, estoy hablando de personajes complejos y música no muy conocida. Si hablamos de lo que es visible como “rock” para la mayoría, el rock del siglo XXI ni siquiera está siendo Rock&Roll. Desde un punto de vista ‘mainstream’, prácticamente ha desaparecido. Al menos donde yo vivo. Por otro lado, aquí vivimos en un momento esencialmente retro con fijación por las décadas previas a la de los sesenta. Pero esas cosas son fluctuantes y temporales. En unos años todas las bailarinas de burlesque se estarán dedicando a otra cosa, y todos los barbudos con camisetas de Johnny Cash habrán renovado armario y altar. Si es interesante, sin embargo, observar de qué manera se revisitan esas épocas. Nuestra propia incapacidad para acceder a su meollo y nuestra propia complacencia, nuestro quedarnos con la cáscara, el boato y los trapitos. ¿Implícita en la crítica de rock hoy una necesaria nostalgia? El de la nostalgia es un problema importante. Creo que la nostalgia es el elemento que se usa de manera masiva como edulcorante para fomentar la compra, el consumo. Creo que somos –al menos en España– la primera generación de la historia a la que se nos ha empezado a vender nuestro propio pasado prácticamente antes de cumplir los treinta años. En el rock eso se ve de manera muy clara. La gente no lo escucha y piensa: “vamos a liberarnos”. Piensan: “Qué bonita aquella época en la que pensábamos que íbamos a liberarnos”. Y pagan por la sensación de nostalgia, que aunque es una sensación de pérdida, es extrañamente adictiva. He asistido con asco a todo el rollo del aniversario de la muerte de Cobain, por ejemplo. No me extraña que el pobre diablo se volase los sesos al ver que tener éxito no significaba el triunfo de las cosas en las que creía, sino, muy al contrario, su condena definitiva. Nirvana, por cierto, eran una buena banda, pero comparada con su generación y la anterior, eran medianitos. Cobain pervive como icono crístico, pero ya casi nadie sabe –ni le importa- qué quería decir ni de dónde venía. En España la mía es una generación sin mito fundacional. Somos una generación que ha crecido en paz, sin guerras ni conflictos excesivos, muy mimada. Niños grandes caprichosos con nostalgia de una serie de minucias que dan risa. Y me incluyo, claro. Una generación perdida de papanatas en toda regla que el mercado ha exprimido todo lo posible. Por otro lado, aunque compremos nuestra propia infancia, seguimos sintiéndonos vacíos. Creo que las guerras son nefastas. Soy radicalmente anti violento, pero creo que las paces son nefastas también. Y creo que el hombre que no ha experimentado la violencia siente un vacío. Si eres una persona articulada entiendes esa carencia y la sublimas con una acción metafórica y estilizada –el Rock&Roll, mismamente; el pensamiento activo-, de lo contrario, probablemente vas guardando el remanente de violencia no solucionada que lleva a otra guerra en algún momento. La estupidez supina de los motivos para la guerra y la masacre demuestran que no es de ningún modo un elemento inevitable, sino un elemento buscado. Se llega a ella al precio que cueste e inventando si es necesario las razones. Siempre se tiene nostalgia de lo que
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no se conoce y siempre se va hacia ello. En mi libro digo que me parece que el arte es una tercera vía válida entre la pulsión ascética y la destructora, entre el santón y el terrorista, que son derivas de la misma manera de pensar ‘outsider’ del que no encaja. Creo firmemente que esa es una de las funciones sociales (y socializadoras) del arte.
Sos crítico de rock y también músico. ¿Cómo conviven en vos esas dos actividades? Está el tópico de que todo crítico de rock es un músico frustrado, en el que no creo mucho. Pero está bien conocer ambos mundos. Se retroalimentan. Ser músico en una banda de punk condenada al olvido es una buena manera de experimentar todos estos problemas de los que hablamos de primera mano. La gloria de la composición, la camaradería y la autogestión, el arte por el arte… La miseria de todo lo demás… Yo esencialmente soy escritor, otra cosa es que mis novelas y mis poemas no interesen a nadie. La crítica rock y la música son aficiones laterales que han acabado por no dárseme mal del todo y que se complementan. ¿Cuál es la función del crítico de rock? ¿Cómo funciona la crítica en España? Es un filtro que en su momento fue muy útil y debería estar redefiniéndose. Por ejemplo, la artesanía de la reseña de un disco ha pasado a mejor vida. Deberían dejar de escribirse, porque el lector ya se ha bajado el disco y lo ha escuchado antes de leer la reseña. Su función está muerta. En todo caso podrían escribirse reseñas largas en las cuales se argumentase más allá del simple juicio sobre el artefacto. Textos ensayísticos donde se intentase ir a la esencia de movimientos, corrientes, etc. Creo que los blogs han sido un elemento de libertad durante un tiempo, equivalentes al fanzine. Ahí se podían hacer esas reflexiones de fondo. La contradicción es que en internet la gente no lee textos largos. Y creo que los libros tienen sentido, también. En esas dos vías se ha hecho bastante buen periodismo rock, aunque siga siendo poco y siga habiendo demasiada basura. Es difícil pedirle profundidad y dedicación a los periodistas, cuando a menudo ni se les paga o se les paga un dinero que no llega a simbólico. Y es difícil pedir libros de
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fuste cuando se sabe que la manera de ganarse la vida es escribir cosas ligeritas con gente famosa en la portada y mucho colorín. A veces me asombra que en este país siga habiendo arte y crítica de cierto nivel. ¿Dónde te hubiera gustado nacer más allá de Madrid y en qué época? “Sometimes I wish I was born/in Paris and not in London”, cantaban los Jacobites. La sensación haber nacido en el tiempo y el lugar equivocados es casi una corriente del Rock&Roll en sí misma. Y desde luego la idea del paraíso perdido es un clásico que el Rock&Roll ha reutilizado sin pudor y con algunos resultados apreciables. Nací en Madrid por accidente y pasé mi infancia en la Galicia post-feudal a la en cierto modo pertenezco por historia y familia. Creo que fue un crecimiento interesante: íbamos hacia el siglo XXI en una cápsula que era siglo XIX, por no decir medieval en algunos momentos. La anarquía, la poesía, el aislamiento y el absurdo de ese lugar, país o como quieras llamarlo, ha dado algunas de las mejores cabezas pensantes de la literatura española, quizá por esas mismas peculiaridades. Valle, Cunqueiro, Pardo Bazán, Rosalía, Torrente Ballester, Cela… Yo soy muy crítico con Galicia, que me parece un lugar romantizado en exceso y lleno de hijos de puta, pero es cierto que tiene un interés antropológico grande. En cierto modo, como Argentina aunque por razones diversas, sostiene un permanente interrogante sobre su Identidad. En nuestro caso ese interrogante, ese deseo de ser, ha llevado a Galicia a “inventarse” a sí misma de las maneras más estrafalarias. Hay algunos que quieren ser Irlanda. Siempre caló mucho esa mí(s)tica derrotista, heroica y lírica que los irlandeses han administrado tan bien. Claro que nosotros no hemos ganado ninguna guerra porque no hemos luchado ninguna guerra. Galicia es un país inventado que viste sobre un país real mucho más oscuro. Y si hablamos de la hipertrofia de la nostalgia, es uno de los casos más evidentes que conozco. Nos revolcamos en nuestra propia nostalgia por cosas que nunca sucedieron y preferimos obviar nuestra jodida realidad. Por lo menos, últimamente, el Rock&Roll parece estar bastante vivo allí, eso es cierto… No tengo problemas con mi época. Me parece interesante por sus propias razones. Quizá me arrepiento de haberme pasado veinte años en la misma ciudad, Madrid. Estoy contra Kavafis en esto: creo que cambiar de ciudad viene muy bien y puede ayudar a cambiar de vida. Dicho esto, me hubiese gustado vivir en la Edad Media. Siento curiosidad. A ser posible sin las ocho dioptrías de miopía, que me hubiesen convertido en un inválido, y sin el par de enfermedades de infancia que entonces me hubiesen llevado a la tumba casi al nacer. Y siendo noble, por supuesto. /////GJoA&VS
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Bass playa: ░Chris░Squire (ー悪の) 【Por Nicolás Mavrakis】@nmavrakis
Aunque sobre el escenario se limitaba a la ejecución de su instrumento y algunos coros,
Chris Squire (1948-2015)
fue ‒junto a Steve Howe‒ el creador de algunas de las catedrales más importantes del rock sinfónico del siglo pasado. Hijo de un taxista del North-West London, empleado en un local de Boosey & Hawkes después de que lo expulsaran del colegio por llevar el pelo largo, bajista autodidacta, marido de tres esposas, padre de cinco hijos ‒entre los que se cuenta un “Chandrika” y una “Xilan”‒, fundador y partícipe de toda la discografía de Yes ‒una banda que a lo largo de casi medio siglo cambió cantantes y guitarristas y bateristas y pianistas pero nunca al bajista‒, Chris Squire es coautor de temas como “Starship 12
Trooper” y “I´ve Seen All Good People”, piezas a las que si por algún motivo el rock sinfónico tuviera que ser reducido drásticamente, podría sobrevivir con fuerza suficiente para volver a dividirse y multiplicarse. Contrastando con los tonos más señoriales de sus voces el sonido castrato de Jon Anderson ‒que en una pausa durante su última presentación solista en Buenos Aires dijo que “como todos sabemos, la música viene del espacio exterior”‒, el bajo de Chris Squire y la guitarra de Steve Howe son las columnas sonoras y espirituales de Yes, y la medida exacta de todo su poder musical. “Starship Trooper”, por su lado, es la pieza más celebrada de Yes ‒la más famosa probablemente sea “Hold on to Love”, casi una canción pop‒ y la que, donde fuera que sonara, despertaba la ansiedad más particular de los fans de Squire (yo vi a los hombres que en las primeras filas del Teatro Ópera o el Luna Park celebraban nada más que los bajos de Squire, y no eran necesariamente los hombres con el pelo más gris o más invisible). Descendiente directo de la música experimental de los años sesenta y de una especial disposición hacia las posibilidades creativas en el estudio, Chris Squire fue uno de los primeros en transformar el sonido de su Rickenbaker 4001 en una maquinaria de vibraciones calculadamente distribuidas a través de amplificadores divergentes, frecuencias sonoras inéditas y un extenso abanico de efectos de sonido ‒creados en su época de manera artesanal‒ como los que dispone cualquiera de las pedaleras que usa
la creación del sonido y la existencia de Yes son dos eventos que se fusionan en la experiencia lovecraftiana de ver emerger, erguirse y desaparecer desde las profundidades del silencio a un enorme monstruo hecho de música por momentos barroca y por momentos salvaje, con tejidos de estridencias armónicas y compases el más amateur de los iniciados. En ese sentido,
recargados y otros donde el romanticismo, el jazz y el rock se fusionan a partir de letras new age sobre las trascendencias místicas de la naturaleza. En suma, una experiencia a lo largo de todos los pliegues y todos los abismos de la música conceptual. Y aunque las grabaciones de Yes son justas como registro de su capacidad musical, más colosal ‒y más inquietante‒ es que la experiencia de esa creación pudiera ocurrir en vivo. Y esto solo requiere algunas precisiones. La primera vez que uno presencia a Yes no se puede dejar de pensar que su música es algo tal vez demasiado cercano a las artesanías de un laboratorio, una reconstrucción denodada de casi todas las posibilidades del sonido humano en clave vanguardista. La segunda vez, en cambio ‒Yes visita Buenos Aires cada pocos años; de hecho, Rick Wakeman tocó incluso durante la guerra de Malvinas‒, lo que se abre es la oportunidad de empezar a valorar la destreza de la ejecución. Eso significa presenciar la tekhné del artista, y ser testigo de la relación virtuosa de continuidad entre un cuerpo y un
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instrumento: el instante en el que surge la capacidad de inventar una realidad nueva. En vivo, Jon Anderson, Chris Squire, Steve Howe, Rick Wakeman y Alan White ‒por ubicar una de las formaciones más canónicas de la banda‒ no transmiten la emoción alegre de los músicos pop; sí transmiten, en cambio, la magnificencia de los científicos inspirados, capaces de crear vida donde antes de su llegada no había nada. Ver tocar en vivo a Yes es un espectáculo sonoro parecido al perfecto funcionamiento de los eslabones de un reloj suizo o ‒para volver al halo lovecraftiano‒ a lo que mostraría una cámara fija en la sala de trabajo de Wernher von Braun. Algo parecido a lo que transmitían los desfiles multitudinarios de los ejércitos soviéticos y a la elasticidad perfecta de una pantera lista para cazar. Una fuerza natural, y sin embargo ominosamente apabullante (donde lo ominoso es la armonía perfecta y la mecánica precisa; la sensación de que, aunque pueda verse y escucharse, lo que se ve y se escucha no parece del todo posible).
La sofisticación perversa de un arte que más allá de cualquier carisma exige aplausos al mismo tiempo que obliga al silencio contemplativo probablemente es un fenómeno atractivo de por sí, y un fenómeno al que el público de Yes ‒a lo largo de por lo menos tres generaciones‒ está habituado. La música de Yes no es más que la oportunidad de entender de qué se trata esa fuerza algo sádica a partir de la que Kant definía lo sublime: un objeto cuya representación determina a la mente a que contemple la elevación de la naturaleza fuera de nuestro alcance ‒y ahora viene la parte clave‒ como equivalente a una presentación. Como todos sus compañeros, Chris Squire también “se embarcó en proyectos solistas”, que sin embargo no terminan de ofrecer la magnificencia de su trabajo en grupo. ¿Y cómo funciona un grupo que a pesar de sus largas disputas personales, comerciales y profesionales no se desintegra nunca? Si hay algo tal vez más lovecraftiano que los colosales monstruos de sonido de Yes, eso habría que buscarlo en la extraña condena de sus miembros a tolerarse, probablemente más allá de su 14
voluntad, para poder seguir haciendo música y llenando estadios y grabando discos (lo único que los Beatles no lograron). La constitución faustiana de esa sociedad minada por los cambios y las reconciliaciones ‒sobre la última vez que lo reemplazaron antes de una gira, Jon Anderson dice que se enteró por el comentario de amigos‒ le deja al
Una obra soberbia y genial en el sentido más amplio de la soberbia y en el sentido más amplio de la genialidad.////GJoA&VS mundo 21 discos de estudio, 10 discos en vivo, 32 compilaciones y 34 singles.
Para escuchar:
Rondabout [Vaporwave Mix] https://www.youtube.com/watch?v=hlNfFZb18Mc
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Rock Star:
Kurt Cobain
ラぞつ尉
【Por Juan Terranova】 La cultura argentina es sensible a la sentencia. Ejemplos sobran: “Las ideas no se matan”, “Y que lo eunucos bufen”, “Perón construye, Evita dignifica”, “No sé lo que quiero pero lo quiero ya”. La fuerza del punk, sus letras, esa literatura reveladora y recurrente también es epigramática. En Diarios, 1988-1994, Kurt Cobain la actualiza y practica: “Fornica ahora, sufre después.” Pero ¿qué son esos diarios? La reproducción facsimilar de las hojas de los cuadernos espiralados de Cobain, similar a la edición en inglés del 2002, subsana un poco su composición fragmentaria. Las fechas del título resultan un poco engañosas, no hay nada que identifique a estos textos como diarios y, aunque respeta una cronología, el conjunto está más cerca de “papeles reunidos”, un género esquivo, donde el compilador influye mucho en el resultado y la presentación condiciona la lectura. En este caso, hay confort sin llegar al lujo. Y pese a que la traducción, ibérica y dura, proponga “maqueta” por demo y “teleserie” por sitcom, el sobrio, casi mortuorio diseño de tapa es un acierto. ¿Cuán significativas suenan las dos frases de inicio? Primero: “No leas mi diario en mi ausencia”; y enseguida “Vale, ahora me voy a trabajar. Esta mañana cuando te levantes, por favor lee mi diario. Registra mis cosas y trata de entenderme”. Después, una carta fechada en 1988 a Dale Crover, primer baterista de la banda. En ella ya hay un momento
“Ah –escribe Cobain–, nuestro último y definitivo nombre es Nirvana. Ohhh, destino misterioso y místico.” fundacional:
Luego se narran un par de escenas interesantes: después de ver televisión, Cobain y Novoselic se ponen a romper discos de Carpenters, Yes y Joni Mitchell, y más tarde en un recital universitario compran, por veinte dólares, una Fender Mustang del ‘65 para zurdos. Antes de eso, sucede la historia personal del descubrimiento del punk en un estacionamiento: “Tocaban más rápido de lo que jamás hubiera podido imaginar y con más energía de la que podían ofrecer mis discos de Iron Maiden. Eso era lo que yo andaba buscando.” Apenas esbozados, los personajes también saludan con atractivo y van desde Lester Bags, legendario y corrosivo crítico de rock, a G.G. Allin, un ícono del punk que se hizo famoso por ingerir orina y sangre en sus recitales.
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De forma mutante, la prosa de Cobain salta al margen y propone letras de canciones, listas de cosas pendientes, falsas reseñas de presentaciones, poemas en prosa, textos promocionales inéditos, el borrador de una abrasiva y sensible carta de amor a Courtney Love y algunos ensayos breves como “Echar pestes sobre el rock progresivo” o “El crítico se hace Dios”, donde aparece la ya famosa frase: “¿Qué voy a hacer cuando sea mayor si ya lo sé todo sobre rock´n´roll a los 19?” Así, el libro reedita su desconfianza hacia el periodismo especializado, su relación con las drogas duras y la capacidad de Cobain para pensar las tradiciones y las rupturas del
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rock como la piedra angular de su atractivo como artista. Leído con atención,
Diarios, 1988-1994 es bastante más que las venas abiertas de Kurt Cobain. La intimidad, de por sí algo frágil, y el omnipresente aliento subversivo, tienen aquí un marco de referencia claro que hace comprensibles los arrebatos: el machismo sexista norteamericano, su homofobia y sus prejuicios, y un mercado saturado con rock de plástico y productos Disney para toda la familia. Aunque pueden ser abordados desde la tradición de la narración experimental (desde Joyce hasta William Burroughs), estos diarios son las hilachas de una novela de aprendizaje, luminosa literatura grunge sobre el nacimiento, el éxito, el talento y la destrucción. Es difícil imaginar qué estaría haciendo ahora si no se hubiera reventado la cabeza con un tiro de escopeta en la mejor tradición creativa de los artistas suicidas estadounidenses. ¿Qué música tocaría Kurt Cobain hoy, con quiénes la haría, cómo sonaría? Quizás el ejercicio sea banal. Pero es muy probable que estos papeles no se hubiesen publicado con su autor vivo. Eso los vuelve amargos, fantasmales y los carga de una vitalidad romántica que se percibe en los trazos y los quiebres. Pero también modifica nuestra lectura, la arrastra, la complejiza y la condiciona. En Diarios, 1988-1994 nos asomamos a la intimidad de uno de los últimos héroes románticos que consiguieron la masividad y padecieron y gozaron el siglo XX. Repasar la edición en español escuchando los discos de Nirvana quizás nos haga sentir menos solos en el siglo XXI.////GJoA&VS
Painting: Acrylic on Canvas. Style: Modern & Abstract & Expressionism Materials: Quality oil paint on canvas 100x100cm Hand painted original oil painting on canvas The painting is 100% hand painted using quality paint on canvas. art from Ukrainian artist Anastasiya Kachina! Family dynasty of artists Kachin's: father Sergey Kachin, mother Valentina Kachina
Anastasiya 2017
Kachina©
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“I don't want any of this lover's lament crap. I want something peppy, something happy, something up-tempo. I want something snappy.” - Tom Hanks, as Mr. White - That Thing you do (1996)
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P̳e̳r̳f̳i̳l̳: Phil Collins||
S̳e̳r̳i̳o̳u̳s̳ ̳P̳o̳p̳ ̳
【Por Francisco Marzioni】@goguicash
1.
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En las disquerías copadas de los 90s negaban su existencia. Serious Hits Live es un disco que los vendedores como el Jack Black de Alta Fidelidad o cualquier símil que hayamos conocido rechazaron a exhibir en bateas y estanterías. Recuerdo en esos días ser habitué de un hoyo funky de ese estilo (que también era librería) y el propietario la anunciaba como “la disquería donde usted nunca escuchará Phill Collins”. El responsable de la frase lo repetía y se reía a carcajadas. Al ver mi desconcierto de juventud, me explicó: “Phil Collins es el anti-rock”. Archivé esa frase y la utilicé cada vez que pude para definirlo. Una salida rápida y elegante. Pero en secreto disfrutaba varios temas. ¿Por qué me pasaba algo así? Supuse que era la adolescencia, las hormonas, el vello en partes del cuerpo que antes no tenían, y que a medida en que mi gusto musical se desarrolle –estudiando música, frecuentando amigos con diferentes niveles de sofisticación- mi simpatía por el señor Collins menguara hasta desaparecer.
2. Siempre se menciona con cierta sorpresa el hecho de que, en sus comienzos, haya sido integrante de Genesis. Y con verdadero asombro y perplejidad cuando se advierte que lideró la banda muchos años. La pregunta que pocos se animan a enunciar es “¿Cómo el compositor y arreglador de canciones tan de mierda como One more night lideró a la banda que creó Selling England by the pound?”. Es un verdadero desafío encontrar cualquier clase de puente entre las dos obras. Tal vez podamos pensar que existen dos Phil Collins: uno que toca la bata en una banda de rock progresivo y colabora en los discos limadísimos de Brian Eno, y otro que es el cantante de actitud pop, swing y llamativo carisma. Esa dualidad, tal vez, sea parte de su enigmática figura que seduce a gerentes del rubro servicios en las principales ciudades del país. 3. Conocí un tipo que era igual a Phil Collins. Un verdadero gemelo. La pelada, la mandíbula, la sonrisa chata, los ojos claros y fríos. Usaba camperas de cuero muy parecidas a las que vemos en los videos de sus shows. Iba a los mismos boliches y bares que yo, pero era bastante mayor. Todos le decían “Phil” y él saludaba apenas. Siempre me pareció que le gustaba y lo odiaba al mismo tiempo. Una vez me olvidé la campera en alguno de esos bares. Me lo encontré a la semana siguiente y me dijo “el otro día te olvidaste la campera, se la dejé a los chicos de la barra”. No pude evitar decirle: “gracias Phil”.
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4. A mi hermano mayor le gusta Dire Straits y Phil Collins. Lo escuchábamos en su auto, especialmente cuando estábamos de viaje. Recuerdo que Phil Collins quedaba muy bien con el tablero del Peugeot 21. Los dos álbumes que llevábamos eran en vivo. El de Dire Straits sonaba más volado. Phill más compacto, sólido. Eso era lo que llegaba a percibir con mi corta edad. Mi hermano reparaba autos en su taller y oía esa música. Lo veo con su overol azul manchado de negro, limpiando sus manos con una rejilla sucia y deshecha, escuchando Don´t lose my number en la radio. 5. American Psycho fue el medio para que los intelectuales vuelvan a familiarizarse con su nombre. El uso irónico lo convirtió en la banda de sonido pesadillezca del post neoliberalismo. Un ejecutivo cortando a una prostituta con una sierra eléctrica mientras baila Sussudio. El pop suave que tan bien maneja el señor Collins fue asimilado por el sistema irónico que generó el choque sarcasmo-grunge + aburrimiento-internet y dio como resultado un giño que se adapta fácilmente a los estándares cómicos que impuso la ironía-twitter desde 2006 en adelante. La película pasó la frontera de obra-contra-el-capitalismo y ya es una película de culto en el género terror.
6. El columnista del sitio Tierra Freak, Matías Depettris, dice que Phil Collins “es el Dave Grohl de los 80s”, porque tuvo que hacer una carrera bajo la sombra de Peter Gabriel. La diferencia clave es que Gabriel no sólo no estaba muerto, sino que hacía discos bastante buenos. Sin embargo, recién en el tercer disco Gabriel comprende que los 70s habían terminado y adapta su sonido a los sintes, teclados y octapads que estaban absorbiendo al rock, algo que Phil hizo mucho antes y con resultados más genuinos. Collins siempre será recordado como “el baterista que pasó al frente y se comió la cancha, los jugadores y la pelota”. Inclusive él mismo se burla de esta leyenda en el video de I whish it wold rain down. Esa historia tan american way, tan argentina, tan el pibe que responde a un aviso clasificado y termina siendo uno de los 3 principales artistas del mundo en vender más de 100 millones de discos, según la Wiki. ”La realidad es que lo hice porque nadie más quería hacerlo”, dice siempre que puede. ¿Y Gabriel? Nos encanta cuando la cara le sale en 3D en el tren del video ese.
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7. El DJ @Pablo_Brega me dice por chat de FB: “en el 20151 se va a poner de moda”. Me responde porque le mandé un link con el full álbum en youtube de Serious Hits Live, el disco en vivo que plasmaría mejor el concepto Collins, y tal vez uno de los vivos con mejor sonido de la historia del pop mundial. El crítico músical @lunesfelices me advierte por twitter que el portal The Guardian hace tiempo lleva adelante una campaña para instalar a Collins como una moda. Googleando encontramos artículos como “The non-ironic revival of Phil Collins”, donde Alan Mc Gee dice “If anyone in the 1980s had professed love for Phil Collins’s music, they would have banished from the indie club”. Y treinta años más tarde nada cambió mucho. El proceso de revival, que hace la línea irónico-aceptable-no irónico-genial, llevó a Michael Jackson, Barry Manilow, Charles Aznavour, Cindy Louper y toda una serie de ganadores y perdedores pop a convertirse en estrellas musicales respetadas y/o de culto. Pero esa oleada no alcanzó a Collins, siempre tan pelado, usando esos sweaters escote en V, pantalones de vestir y melodías archiconocidas que siempre bordean lo grasa. McGee menciona algunas huellas de ese proceso, por ejemplo los sampleos de 2Pac a In the Air Tonight. En Argentina podemos citar la poderosa versión de esa canción que Viva Elástico hace en vivo cada vez que pinta. Yo mismo hago una dulce versión de ¿Do you remember? con mi guitarra criolla, sobre todo cuando me quedo solo y nadie puede escucharme. 8. Siempre me pareció curiosa la obsesión de Phil Collins con su cara. Le gusta verla en los videos, donde aparece maquillándose. Su primer disco se llama Face Value. En todas sus tapas hay diferentes tomas de su cara. Que por cierto me parece un poco fea. De chico me impresionaba que ese pelado se ponga tan cachondo cuando canta lentos. Ahora me estoy quedando pelado yo, y quisiera tener un poco de Phil Collins en los momentos en que realmente lo necesito.
9. 1
La nota fue originalmente escrita y publicada en RevistaPaco.com en el año 2013.
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El seĂąor Collins no es simpĂĄtico. Es apenas amable. En las entrevistas hace bromas, las suficientes como para que no se note lo amargo que es. TambiĂŠn queda claro en vivo, donde no hace otra cosa que su gracia, es decir, tocar y cantar. Casi no habla con el pĂşblico. No gesticula ni baila de forma especial. Usa ropa de oficinista mediopelo: camisa y jean, zapatos, cosas feas en la tele. Un hombre vanidoso pero vestido como cualquiera. Que se comporta como cualquiera. â€œÂżCuĂĄl es el secreto, seĂąor Collins?â€?, parecen preguntarle mentalmente los entrevistadores que hoy podemos ver en youtube. 10. LlegĂł la primavera. TodavĂa hace un poco de frĂo pero ya podĂŠs cambiar el playlist. ÂżAdĂłnde estĂĄ la mĂşsica que hay que escuchar? Si RAM ya te lo sabes de memoria, si te hartaste de ver links de Michael Jackson en FB, si Madonna siempre te pareciĂł bastante boluda, si el baggy te suena demasiado indie, si Bootsy Collins te hace acordar a tus ĂŠpocas de estudiante fumando porro en fiestas malas, tal vez es hora de sacarte la ropa de persona sofisticada, tipear “No Jacket required full ĂĄlbumâ€? y sonreĂr ante el ritmo cadencioso, permitirte el asombro con los arreglos de trompeta que suenan al mejor Luis Miguel y pensar en esa chica que te vuelve loco y que no ves mĂĄs, o en esa que te gusta un poco y querĂŠs ver de nuevo, o en esa que te cabĂa y que nunca te dio bola. Irte al Hawai mental al que Collins se esfuerza por hacerte viajar en cada track, en la cinta transportadora de los sintetizadores bien programados y su voz un poco chillona, un poco cĂĄlida, haciendo mĂşsica que nos parece inexplicable y, tal vez por eso, fascinante. Y, asĂ, limpiar la casa sin culpa en el sĂĄbado perpetuo del seĂąor Collins.
Para escuchar %%$555-PO(-_-) Ď â’˝đ??˘đ?“ľ ÄŒâ€‹ĎƒĹ ď˝Œď˝‰đ?”ŤĹœ (-_-) https://www.youtube.com/watch?v=Kl5A DqzTNG0
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Revista Paco es una publicación completamente independiente, no recibe ayuda del gobierno ni de empresas ni fundaciones. Ni siquiera de sus fundadores, escritores o editores. No, mentira, de esos sí. Pero, ahora en serio, desde 2012 dependemos de nuestros suscriptores para seguir dándote lo que buscás siempre.
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【Por Sebastián Napolitano】@sebanapolitano
Si bien, como señala el historiador Peter Burke, en el Renacimiento coexistía una concepción colectiva de la propiedad intelectual que priorizaba el beneficio de la libre circulación de las ideas y otra individual, como lo demuestran las disputas por descubrimientos como el telescopio o el cálculo, desde entonces hasta la época de Joseph Haydn los derechos de la edición musical –tanto la copia como la reproducción y la venta– pertenecían únicamente a los editores. Este monopolio sobre el mercado les permitió llevar a cabo toda clase de maniobras fraudulentas para mejorar las ganancias, como atribuir a compositores célebres obras de compositores desconocidos. Pese a que, por esto último, el catálogo de la música de Joseph Haydn se vio colmado por una gran cantidad de atribuciones erróneas –que los musicólogos del siglo XX se encargaron de corregir–, no puede decirse que Haydn no haya aprovechado en su favor ese incierto contexto legal. No solo tenía, de acuerdo con el musicólogo James Webster, una habilidad especial para el marketing –“Son bellas, impresionantes y sobre todo no muy largas… y en particular muy fáciles”, le escribió a un editor sobre algunas de sus sinfonías– sino que también recurría a manejos más heterodoxos como vender los derechos de una obra a una editorial mientras que, discretamente, la vendía por
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suscripción a compradores particulares (Beethoven, que decía no haber aprendido nada de Haydn, en este punto parece haber seguido a su maestro). En diciembre de 1993 el Times publicó en primera plana el hallazgo de seis sonatas de Haydn que se creían perdidas. El musicólogo Howard Chandler Robbins Landon –un renombrado experto en Haydn– había llevado ese hallazgo a la prensa y explicado su importancia. Hasta ese momento, un índice temático con los primeros compases era todo lo que se conocía de las sonatas y, según Robbins Landon, la aparición de los manuscritos permitía entender con mayor claridad lo que él consideraba una transición fundamental en el estilo compositivo de Haydn. Junto con Robbins Landon, el pianista austríaco Paul Badura-Skoda –un renombrado intérprete de Haydn y del clasicismo en general– y su mujer, Eva, una musicóloga, habían pasado meses analizando un facsímil del manuscrito que un flautista alemán llamado Winfried Michel había encontrado en la casa de una mujer mayor cuyo nombre prefería mantenerse en reserva. Después de que Robbins Landon y el matrimonio Badura-Skoda llegaran a la conclusión de que el hallazgo era auténtico, a mediados de diciembre, los aficionados habían podido escuchar en Londres la grabación de una de las sonatas y ver algunas fotocopias del manuscrito. Se había previsto, para el año siguiente, un concierto en la universidad de Harvard, además de un simposio académico, donde se pudieran escuchar todas las sonatas interpretadas por el mismo Badura-Skoda.
Sin embargo, el concierto nunca llegó a realizarse. Los expertos en manuscritos musicales de la casa de subastas Sotheby’s determinaron en forma tajante que las obras eran apócrifas aunque no estaban seguros si las falsificaciones habían sido hechas en siglo XIX, como pensaron al principio, o en el XX. Luego de un breve debate público que incluyó las declaraciones del director del Instituto Joseph Haydn de Colonia, Horst Walter (“es claramente una producción moderna en la que se imitan distintos estilos históricos de escritura a mano”), las del decano de Harvard, Christoph Wolff (“me parecía raro que las seis sonatas perdidas aparecieran en un solo manuscrito”) así como también las excusas de Robbins Landon que se defendió diciendo que la música era muy buena (“si esto es una falsificación, es obra de un maestro”), se llegó a la conclusión de que el autor de las sonatas era el mismo Winfried Michel. Ante las primeras sospechas, Eva Badura-Skoda había insistido para que pudieran acceder al manuscrito pero Michel, que al principio contestaba con evasivas, terminó por excusarse diciendo que la mujer en cuya casa lo había encontrado estaba muy enferma y no quería ser molestada. Incluso, para evitar cualquier suspicacia inicial, Michel hizo creer al matrimonio que faltaba la última página de una de las sonatas para después fingir una solución muy pobre que Badura-Skoda se ocupó de corregir. Winfried Michel resultó ser un profesor de colegio secundario que tocaba la flauta dulce y que hacía unos años había editado un CD con obras escritas en el estilo del siglo XVIII usando el seudónimo de Giovanni Paolo Simonetti. Algunos de sus estudiantes contaron que una vez había tocado para ellos una sonata y les había dicho:
«Suena como Haydn, pero e s mío». カす桜ヮ虞ベ Pese a que los expertos del Instituto Joseph Haydn de Colonia aclararon que ellos “ya se habían dado cuenta antes del engaño”, la falsedad de la obra sólo pudo ser determinada
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una vez que se estableció la falsedad del documento –el supuesto manuscrito–. El propio Robbins Landon reconocía que, para determinar la autenticidad de un documento, los criterios de estilo suelen conducir a resultados erróneos ya que “hasta Haydn pudo haber tenido un mal día”. Más allá de estas salvedades basta conocer los largos capítulos que los musicólogos dedican a discutir y dictaminar la verosimilitud de una anécdota o de un documento para sentir que en algo disminuye la autoridad de un especialista en Haydn que no puede reconocer al verdadero Haydn cuando lo escucha. El caso de las seis sonatas falsas de Winfried Michel son un tipo de imitación lo bastante elevada como para poner en cuestión la persistencia de los especialistas por obtener a un Haydn tan auténtico como hipotético –algo especialmente problemático con un estilo tan heterogéneo en el que predomina la ambigüedad: la ironía y la distancia conviven con los sólidos procedimientos temáticos que fijaron el clasicismo. En todo caso la susceptibilidad con la que los eruditos tratan la cuestión no hubiera sido correspondida por el mismo Haydn. En un artículo publicado en 1965, Alan Tyson y H.C. Robbins Landon demostraron que los cuartetos opus 3, atribuidos hasta ese momento a Haydn, eran apócrifos. En las placas de grabado de la primera edición había sido borrado el nombre de Hoffstetter –a quien se le atribuyó la obra desde entonces–,un monje benedictino admirador e imitador del estilo de Haydn. Lo singular es que los cuartetos formaban parte de un índice temático aprobado por el mismo compositor que, o los incluyó como producto de una distracción, o bien no pudo identificar que los cuartetos no le pertenecían (tal vez haya reconocido en los cuartetos de Hoffstetter a un Haydn auténtico). Pero el caso más
el del op. 40,
controvertido es un conjunto de tríos para piano que en 1784 Haydn vendió al editor londinense William Forster. Al poco tiempo, apareció una edición de Longman & Broderip en la que dos de esos tríos eran atribuidos a Ignaz Pleyel, un antiguo discípulo de Haydn, y Forster inició un pleito legal. En el trato con el editor, Haydn había indicado que todos los tríos le pertenecían, sin embargo en el acta judicial se conserva la confesión: “El exponente, declara haber compuesto todas las obras mencionadas, excepto los dos primeros tríos que fueron compuestos por su entonces discípulo Pleyel”. Pero la autoría de las obras, aludida en los registros de la demanda, no estaba para nada en el centro de la discusión. La disputa era por los derechos de edición y lo sorprendente es que ambas editoriales acordaron –para garantizar una mejor venta– llevar adelante la ficción de la autoría de Haydn. En cuanto a las sonatas apócrifas de Winfried Michel, fueron finalmente editadas en 1995 en CD como obras de Haydn “completadas por Winfried Michel” y actualmente la partitura puede conseguirse en sitios de venta online donde Michel figura como arreglador. ////GJoA&VS
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Discos: ϝєđ?“ƒÎľÎœ єѕ Ƥđ?“žď˝Žđ??Š
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TĂtulo: Neoliberalismo Autor: Menem Fecha: Junio 2012 Sello: N/A Lugar de producciĂłn: Ciudadela Link: ​http://menem.bandcamp.com/ GĂŠnero: Punk Rock
SeĂąoras y seĂąores, Menem es punk. No sabemos bien cĂłmo sucediĂł, ni porquĂŠ, pero es asĂ. El descubrimiento surge desde la mismĂsima Bandcamp, ese espacio predilecto para los melĂłmanos, plataforma online donde los mĂşsicos del mundo ponen a circular sus canciones y experimentos. Desde ahĂ, sumamos Argentina y Bandcamp, y Google nos arroja una serie de discos colgados al sitio de distribuciĂłn. Como los Dead Menem la dĂŠcada pasada, que a fuerza de cumbia y electrĂłnica filtraron el nombre del ex presidente en las pĂĄginas y blogs de mĂşsica, ahora una nueva banda toma la posta, reduce el nombre y se queda con el apellido. Menem se volviĂł mĂşsica y ahora es punk. Cuesta lidiar con el nombre y la afirmaciĂłn. Tetas y huevos izquierdos prepĂĄrense para intervenir. Por otro lado, esa facilidad de acceso antes mencionada choca enseguida con un cuidadoso silencio en la web. No hay datos de los Menem. No sabemos quiĂŠn estĂĄ atrĂĄs del proyecto. Ni un nombre, ni un apellido, ni una fecha, ni un estudio de grabaciĂłn. Y no es un dato menor esa prolijidad para no dejar filtrar informaciĂłn. Ese trabajo en las
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sombras, que podría incluso vincularse a los gringos de The Resident, se contradice en primer término con la propuesta sonora propia del punk. ¿Se contradice? ¿Es tan así? A primera escucha Menem es pura espontaneidad punk. Tres, cuatro, o varios integrantes más golpeándose en una sala de ensayo, aporreando los instrumentos en estado salvaje. La mayoría de las canciones apenas superan los 50 segundos. Está la aceleración propia del género en los instrumentos, el tono de voz de Ricky Espinosa, pero no hay evolución, ni intención de eso. Y a pesar de esto, no hay disco más punk que Menem. Mal grabado, mal cantado, mal gritado. Y ahí radica su valor: su intención de desagradar. Objetivo que enseguida se apuntala con un humor corrosivo desde las firmas: “grabado, editado, masterisado, mesclado y toda esa pelotudes en ciudadela porqe hay las cosas son mas baratas. se grabo en 3 dias pero se tardaron 5 semanas porqe no siempre se podia uno juntar a grabar”. En Menem hay derroche, exceso, pérdida batelliana a rabiar. Hay sexo, alcohol, masturbación, merca, vagancia e insultos de más. Una apuesta por el mal gusto y la primera impresión. Ganan en frescura pero también en caos. Si las guitarras aceleran es porque los corre la policía, literalmente. Ese derroche antes mencionado se vuelve humor y bardeada: “Yo tomo termidor, vos tomás frizzé”, afirman en un coro. El imaginario en el que construyen sus letras es el de la marginalidad con base en la villa. Ahí está el tono de los intermedios y el cruce fuerte con el nombre elegido por la banda, lectura del pasado y tracción al presente. Pero también saben recurrir al absurdo, “Quiero ir a Miami, en una Ferrari, quiero ir a Miami, gol de cavenaghi” a pesar incluso de tropezar infantilmente en algunos pasajes. Pero como dijimos antes, todo está bien cuidado y prolijamente acomodado. Nada es inocente en Menem (en la banda y en el político). Escuchar a Menem es una experiencia. Buena o mala, depende de la búsqueda del oyente. Un 86 a contramano tocando bocina por el microcentro porteño. Casi casi, como el menemismo en la Argentina. Ah, nos olvidábamos, según los créditos de Bandcamp “Cavallo aparece por cortesia de unibersal music”. ////GJoA&VS
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Dossier:
ɮʟǟƈӄ ʍɛȶǟʟ, ʊռǟ ɢʊíǟ 【Por Pablo Delmonte】 El Heavy Metal nació a inicios de los setentas, de las séptimas costillas de bandas embrionarias como Deep Purple o Black Sabbath. En el caso de estos últimos, su característico sonido se debió a la afinación de la guitarra unos tonos más abajo, dado que su guitarrista Tommy Iommi se lastimó en un accidente industrial. Como le quedaba más cómodo tocar de esa manera, descubrió armonías impensadas y efectivas. Otra banda ícono del Metal desde sus inicios fue Judas Priest, que amalgamó el hard rock con la oscuridad de los inicios del metal británico, dándole contundencia y cuero. A medida que fue pasando el tiempo, el metal evolucionó hacia nuevos horizontes, en locaciones distantes y de un grado de especificidad digna de revisión. En esta ocasión,
Black Metal (BM)
les hablaré sobre el , uno de los géneros más extremos y controvertidos del Heavy. Nace en los 80s, con una primera oleada que incluyó bandas como Venom, Celtic Frost y los suecos de Bathory. Si bien Bathory fue catalogada como Trash, le dio el puntapié a lo que sería la estética del Black, con su onda anti-cristiana y satánica por igual. Los artistas de BM usan seudónimos en lugar de su nombre de pila y parecen super diabólicos. El vocalista de Bathory, “Quorthon”, fue el primero en introducir esos alaridos rasposos y mal habidos. Un tema mp3 de las bandas pioneras del BM suena igual en 320 kbps, en FLAC, 48 kbps o grabado dentro de un vaso, para que se den una idea. Guitarras distorsionadas, baterías latosas y voces super agudas generan el clìmax del BM. Canciones a un paso frenético, sin una estructura definida, sin solos. Todos los instrumentos llevan a un estadío mental, el anti todo. Y la idea no es presentarse en vivo, sino meterse para adentro. Hete allí la proliferación en el BM de “one man” bands, grupos formados por una sola persona que hace todo y graba los instrumentos por separado. En la línea cronológica, a mediados de los 80s comienza el desembarco Vikingo. Bandas que toman elementos del Black, lo aggiornaron con cuerdas fusionándose con el Folk Metal, instrumentos musicales acústicos, distanciandose en la temática satánica hacia los dioses paganos, temas del quehacer vikingo, batallas y esas cosas. Este subgénero del Black es conocido como Viking Metal y tanto nuestros conocidos Bathory como Ensiferum o Amon Amarth están dentro de los capos de la cuadra. La segunda oleada de Black Metal, a inicios de los 90s, vino mayoritariamente desde escandinavia con odio, con Noruega a la cabeza del pentagrama. Parece que el frío los pone blackmetaleros. Mucho suicidio y cabezas que giran con pelos al gélido viento. La idea de diferenciarse y separarse de lo establecido, conforman su «Lay T’Motiv». Pintura o hasta sangre humana en las caras, locura en las letras. Y separarse lo más posible de su primo hermano Thrash Metal. Tanto en Mayhem, Burzum (banda unimembre de Varg Vikernes), Dark Throne y Gorgoroth, encontramos una mejoría sensible en la
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calidad auditiva, el agregado de teclados sicodĂŠlicos y pasajes un poco mĂĄs digeribles en los temas. Todas estas aperturas crearon en el espacio escĂŠnico la movida para el subgĂŠnero Symphonic Black metal, con bandas de la calaĂąa de Dimmu Borgir y Craddle of Filth. Seguro los habrĂĄn escuchado o visto, tal vez alguno se habrĂĄ asustado. Son los mĂĄs comerciales del gĂŠnero. Y los que por merchandising y marketing, convocan y arrastran a la wasted youth. Pero a la vez son criticados por los grupos del nĂşcleo mĂĄs negro, por no decir mĂĄs duro, quienes ven una traiciĂłn al gĂŠnero. Los sinfĂłnicos del BM vendrĂan a ser los sobrinos del legendario King Diamond, un metalero satĂĄnico dinamarquĂŠs que habĂa estado haciendo ruido en el rubro en los ochentas. La locura satĂĄnica de los cultores del BM hace que sean el gĂŠnero con mĂĄs conductas prohibidas. ÂŤLos peores asesinatos del BMÂť, ÂŤLas cosas mĂĄs locas que hicieron los cultores del BMÂť. CrĂŹmenes de todo tipo, incendio de iglesias, suicidio de sus lĂderes y poner en la tapa del disco la foto para dejar una impronta. Incluso Burzum pasĂł un tiempo en la gayola por matar al vocalista de Mayhem, llamado ÂŤDeadÂť honrando su apodo como SatĂĄn manda. Si nos escapamos un poco de lo musical hacia lo ideolĂłgico, el BM tiene para tirar para arriba: racismo, nacionalismo, paganismo, anti-catĂłlicos, anti-judaicos, un caldo de cultivo para proferir cualquier tipo de manifestaciĂłn violenta, como casualmente cualquiera religiĂłn que pondere el extremismo. ​El
NSBM (Black Metal
Nacional Socialista) o los nazis blackmetaleros, andan por ahĂ haciendo lĂo con sus ideas, llegando incluso a tierras tan lejanas y extraĂąas como MĂŠxico (Xulub Mitnal o Eztlacuani, por citar algunas). AllĂ tienen su correlato en la pureza de la raza azteca como bandera. Estos cuates complementan con instrumentos autĂłctonos y cantos aborĂgenes. Para completar el abanico del pensamiento tenemos đ?•đ?–‘đ?–†đ?–ˆđ?–? đ?•¸đ?–Šđ?–™đ?–†đ?–‘ đ?•Žđ?–”đ?–’đ?–šđ?–“đ?–Žđ?–˜đ?–™đ?–†, obviamente anti nazi. Como si no faltaran ideologĂas, podemos llevar al extremo todas y cada una. Y en el fondo todas se parecen un poco y suenan bastante parecido, sin contar con los matices propios y regionalismos. Muchos justifican su ideologĂa con la excusa de ÂŤlo hago para sacudir los cimientosÂť, ÂŤpara que me presten atenciĂłnÂť. DespuĂŠs se retractan de sus declaraciones. Pero la semilla ya germinĂł, el roto para el descosido la planta mentes adentro. Ese es otro punto, el Black Metal y su intento por estar en el lado opuesto del mainstream, hace que muchas bandas canten en idiomas y dialectos autĂłctonos o aborĂgenes. Tampoco se entiende demasiado dentro del griterĂo infernal.
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El ​ (tambiĂŠn conocido como Atmospheric Black Metal) es un lindo subgĂŠnero para escuchar un domingo de Julio lluvioso a las siete de la tarde. Le compite codo a codo a Radiohead a la hora del corchazo. Sonidos tenues, para regodearnos con riffs disonantes enmarcando temĂĄticas re alegres como el suicidio, la depresiĂłn y la ansiedad. Temas extensos y lĂşgubres nos confirman que hay gustos para todo. Los mejores exponentes del gĂŠnero son Gris, Nae’blis, No pleasure in life. Y tenemos el crĂŠdito local en Downfall of Nur, una ÂŤtwo man bandÂť criolla. En la lĂnea de los subgĂŠneros extremos encontramos al ​War metal​, tambiĂŠn llamado ÂŤBestial Black MetalÂť. Es el punto de contacto entre el Death Metal y el Black Metal. La banda emblemĂĄtica del War Metal es Archgoat. Estas bandas se caracterizan por dejar de lado el ÂŤtremolo pickingÂť que es tocar una sola cuerda muy aguda y rĂĄpido variando 32
las notas, descansando en un sonido mĂĄs gutural y extremo. Incluso las voces no tienen shrieking (Alaridos) sino que se emparentan con gritos de batalla. Y desde la mĂşsica electrĂłnica, influenciados fuertemente por el gĂŠnero Ambient (Depresivo y atmosfĂŠrico) con agrupaciones (porque no son bandas) de la talla de Aphex Twin, nos llega el ​Black Ambient​. MĂĄs kilombero que su par electrĂłnico, con melodĂas repetitivas y lĂşgubres. Algunos temas suenan como si alguien la estuviera pasando demasiado mal, se quiere escapar y no lo dejan. MĂşsica de pesadilla, no apta para iniciar a sus niĂąos en la mĂşsica rock. Blutklinge, Trist o Araxas si tienen ganas de black ambientar. Grabaciones oscuras que dan una vuelta de tuerca mĂĄs en el gĂŠnero y llegan a marearnos un poco. El đ?? đ??Ľđ??šđ??œđ??¤ `đ??§ đ??‘đ??¨đ??Ľđ??Ľ es una fusiĂłn entre el Black Metal y el Rock N Roll mĂĄs punkoso. Kvelertak es un firme exponente del subgĂŠnero en Noruega, se ve que lo adoptaron despuĂŠs de cansarse de que los vinculen con los suicidios y la quema de iglesias. Es un gĂŠnero un poco mĂĄs festivo, manteniendo el formato de la acĂşstica Black, no asĂ el carnaval carioca de la estĂŠtica visual de la sangre y el satanismo.
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MenciĂłn honorable para un subgĂŠnero inverosĂmil: ​ Si, son bandas que tienen los elementos del Black Metal pero les cabe el cristianismo. Lengsel, Vaakevandring y Underoath, son exponentes del Unblack Metal. Igualmente, a los hispano escuchantes, no le hace mucha diferencia escuchar Unblack de Black Metal y viceversa. A menos que vayas a la secciĂłn de lyrics o veas por youtube un video subtitulado. ​/////GJoA&VS
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ɢօɢʊɨʟǟ ʝօʊʀռǟʟ օʄ ǟʀȶֆ & ʋǟքօʀաǟʋɛ ֆօʟʊȶɨօռֆ Número 2. Octubre 2020. Es una revista hecha por Ediciones Paco. Todos los artículos fueron publicados previamente en RevistaPaco.com entre 2013 y 2020. Es una publicación gratuita que se realiza con fines culturales. Toda las imágenes fueron tomadas de internet mediante un buscador. Diseño de este número: Goguila. Contacto: @goguicash. Para conseguir más número pedirlos a @goguicash.
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Mҽɳԃσȥα, 17 ԃҽ ʝυʅισ ԃҽ 1932-IႦιԃҽɱ., 30 ԃҽ ʂҽρƚιҽɱႦɾҽ ԃҽ 2020
IN MEMORIAM
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