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Edición 88 | Construir para el futuro

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Construir para el futuro, voces y personajes de la sostenibilidad hoy

Enfoque

Diseñar la ciudad que habitamos

Jean Michel Colonnier

AURASTONE® presenta Slabs de Gran Escala 120x280 cm que fusionan diseño y tecnología con precisión, logrando realismo y elegancia atemporal.

DISEÑO EXCLUSIVO

• Estética sin límites

• Formato gran escala

• Naturalidad suprema y armonía visual

SUSTENTABILIDAD

• Procesos limpios, eficientes y responsables

TECNOLOGÍA

DE ALTA PRECISIÓN

• Versatilidad de uso

• Ligereza y cualidades técnicas avanzadas

New York City

May 14–20, 2026

New York City May 14–20, 2026

nycxdesign.org

Contact: office@nycxdesign.org

nycxdesign.org

Contact: office@nycxdesign.org

Ed.88

Editora Fundadora

CEO

Greta Arcila greta.arcila@glocal.mx

Coordinadora General

Caly Pérez caly.perez@glocal.mx

Directora Editorial

Martha Lydia Anaya martha@glocal.mx

Diseño Maestro Gensler México

Diseño de Edición

Sandra Montiel

Editor Jr

Manuel Pineda

Coordinadora de contenido especial Monserrat Navarro Canadilla montse.navarro@glocal.mx

Colaboradores

José Margaleff

Corrección de Estilo

Silvia Sánchez Flores

Consejo Editorial

Consejeros Honorarios

Gina Diez Barroso

Miguel Ángel Aragonés

Jorge Arditti

Arturo Arditti

Juan Carlos Baumgartner

Fernando Camacho Nieto

Carmen Cordera

Juan Manuel Lemus

Beata Nowicka

Carlos Pascal

Gerard Pascal

Ariel Rojo

Sagrario Saraid

Contabilidad

Víctor Villareal

Contacto glocal.mx info@glocal.mx

Manchester 13, Piso 1, Col. Juárez, Delegación Cuauhtémoc, Ciudad de México. Teléfono 52(55) 5533 6818

Portada de Autor

Jean Michel Colonnier

Portada Especial sustentabilidad

Foto José Margaleff

Glocal Design Magazine es una publicación de Color y Espacio Editorial S. A. de C. V. Revista Bimestral marzo-abril de 2026. Publicación protegida por la Ley de Propiedad Industrial y la Ley Federal de Derecho de Autor. Número de Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2013-041513043400-102. Número de Certificado de Licitud de Título y Contenido 15894. Editora Responsable: Greta Vanessa Arcila Romero. El contenido de los artículos y de los anuncios es responsabilidad de los autores y de las empresas. Todos los derechos reservados. Domicilio: Manchester 13, Piso 1, Col. Juárez, Delegación Cuauhtémoc, C.P. 06600, Ciudad de México, México. Impresa en: Smartpress Vision, S.A. de C.V., Caravaggio 30, Col. Mixcoac, Del. Benito Juárez, C.P. 03910, Ciudad de México. Tel. 55 5611 7420.

Sustentabilidad como sistema

Hablar de sustentabilidad en arquitectura no puede limitarse a una conversación estética ni a la incorporación aislada de tecnologías “verdes”. La sostenibilidad ya no es atributo; es infraestructura conceptual que redefine el territorio, los materiales, la energía y el impacto social de cada proyecto.

En esta edición especial de Glocal Design Magazine abordamos la sustentabilidad como un sistema integral: desde el diseño bioclimático y la adaptación al clima local, hasta la economía circular, la gestión hídrica, la eficiencia energética y las certificaciones ambientales. Todo esto entendido como una postura ética.

América Latina enfrenta desafíos climáticos, hídricos y sociales que exigen una arquitectura capaz de responder con inteligencia técnica y sensibilidad territorial. La orientación, el asoleamiento, la ventilación natural, la elección de materiales locales y la reutilización de estructuras existentes ya no son decisiones complementarias; son decisiones estructurales. En esta conversación convocamos a algunas de las voces más influyentes del panorama contemporáneo. Arquitectos como Mario Schjetnan, cuya obra ha demostrado durante décadas cómo el paisaje puede ser infraestructura ambiental; Enrique Norten, referente de la arquitectura mexicana en el ámbito internacional; y Gensler, cuya escala global permite analizar la sostenibilidad desde la data, la estrategia y la innovación corporativa.

Se suman también figuras como JeanMichel Colonnier, con una visión urbana integral; Skidmore, Owings & Merrill (SOM), pioneros en eficiencia estructural y energética a gran escala; Jsa, cuyo trabajo explora la regeneración urbana; Arditti Arquitectos, reconocidos por su rigor técnico; y Benjamín Romano, cuya investigación estructural dialoga con la responsabilidad ambiental. Asimismo, participan Juan Pablo Serrano, quien lo aplica desde su propio espacio habitable y visión académica; Raúl Huitrón quien realiza foros para propagar la cultura sostenible; VFO

Arquitectos, quienes con materiales inteligentes y tecnología crean estadios amigables; y KMD México, quienes aplican su visión en diversas tipologías arquitectónicas. Todos ellos demuestran que la sostenibilidad no es una fórmula única, sino un proceso contextual. Este número no busca celebrar la sostenibilidad como tendencia, sino examinarla críticamente. ¿Estamos diseñando edificios que simplemente reducen su impacto o estamos transitando hacia arquitecturas regenerativas capaces de producir energía, recuperar agua, restaurar ecosistemas y fortalecer comunidades?

La verdadera transformación no ocurre cuando un proyecto obtiene una certificación, sino cuando el pensamiento sostenible se integra desde el primer trazo. Cuando el diseño bioclimático no es una estrategia añadida, sino el punto de partida. Cuando la economía circular no es discurso, sino metodología. Porque diseñar en el siglo XXI implica asumir responsabilidad. Y esa responsabilidad comienza desde el propio proyecto.

Contenido

Juan Pablo Serrrano: la arquitectura también se escucha. P.10

Heimtextil. P.18 / Ambiente 2026. P.22

Bär. P.30 / Alexis Levy. P.34 / Darío Ibargüengoitia. P.38 / Alicia Silva. P.42

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Soundtrack

Juan Pablo Serrano

Playlist

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Space Oddity -M-& Gail Ann Dorsey

If everything is

Ludovic Loius, Gail Ann Dorsey

We live as we dream, alone Gail Ann Dorsey, Gang of four 08. Always true Gail Ann Dorsey 09. Life on Mars -M-& Gail Ann Dorsey

East side West side The Mammals, Connor Kennedy, Jayla Kai Smith, Gail Ann Dorsey, Zach Djanikian, Joan Henry

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Foto cortesía / retrato José Margaleff
Puerta Alameda

Stewardship: una diferenteperspectiva sobre la sostenibilidad

El concepto de Stewardship implica considerar el ciclo de vida completo de los materiales y la relación entre la edificación, los usuarios y su entorno.

Diseñar y seleccionar sistemas que contribuyan a reducir el consumo de energía, minimizar impactos ambientales, facilitar el mantenimiento y favorecer la circularidad en arquitectura es lo que Guardian Glass denomina Stewardship, una ideología que guía toda su operación.

Esta visión a largo plazo se basa en la gestión responsable, un enfoque que abarca no solo el desempeño ambiental, sino también aspectos sociales y de gobernanza. “Buscamos crear valor de manera responsable para nuestros clientes, empleados y la sociedad, utilizando los recursos de forma eficiente y contribuyendo a la protección del entorno”, señala la empresa.

En Guardian Glass, Stewardship refleja una visión integral de cómo actuar de manera responsable, no solo en relación con el medio ambiente, sino también con las personas y la sociedad. Este enfoque permite identificar prioridades y centrarse en soluciones prácticas, fomentando la participación de equipos en toda la organización para implementar mejoras alineadas con estos objetivos. “Se trata de un proceso continuo impulsado por la innovación y la iniciativa local”, señala Guardian Glass.

Guardian Glass ha desarrollado la línea Bird1st™, evaluada por organizaciones especializadas y diseñada para reducir el riesgo de colisiones de aves en las fachadas de los edificios.
Foto Cordelia Ewerth

Para contribuir al éxito a largo plazo, Guardian Glass impulsa la formación de profesionales a lo largo de la cadena de valor, fomentando el uso adecuado de soluciones de vidrio de alto desempeño.

El enfoque de gestión responsable incluye dos dimensiones principales. Por un lado, mejorar el desempeño ambiental de los procesos de fabricación, lo que puede influir en el carbono incorporado del entorno construido. Por otro, el desempeño del vidrio durante su uso, que contribuye a la eficiencia energética de los edificios.

En cuanto a la fabricación, la empresa busca optimizar sus procesos mediante la mejora de la eficiencia de los hornos e inversiones en tecnologías que contribuyan a la reducción de emisiones. En México, opera un programa de recolección de cullet, mediante el cual el vidrio recuperado se reincorpora en la producción de vidrio flotado en la planta de El Marqués. Este material puede reciclarse sin pérdida significativa de propiedades, tras pasar por procesos de separación, limpieza y control de calidad.

Su incorporación, señala Guardian Glass, permite reducir el consumo de materias primas, la energía requerida y las emisiones asociadas, así como la cantidad de residuos enviados a vertederos.

La optimización también se extiende al uso del producto. Los vidrios de alto desempeño pueden contribuir a la eficiencia energética de los edificios. Por ejemplo, la familia SunGuard™ combina rendimiento térmico y estética, ayudando a cumplir con los requisitos energéticos según el diseño del proyecto.

Asimismo, ante el paso de millones de aves migratorias por zonas urbanas, la empresa ha desarrollado la línea Bird1st™, evaluada por organizaciones especializadas y diseñada para reducir el riesgo de colisiones, al tiempo que puede contribuir al cumplimiento de requisitos energéticos y a créditos como Innovación en LEED®.

“Reconocemos la importancia de contar con información transparente. Por ello, publicamos Declaraciones Ambientales de Producto (EPD) con datos verificados por terceros sobre el impacto ambiental a lo largo del ciclo de vida. Asimismo, ofrecemos herramientas para estimar el desempeño energético y el carbono incorporado de distintas configuraciones de acristalamiento, disponibles en nuestro sitio web guardianglass.com/mx/es ”, menciona la empresa.

Finalmente, Guardian Glass señala que un enfoque basado en el beneficio mutuo puede contribuir al éxito a largo plazo, por lo que impulsa la formación de profesionales a lo largo de la cadena de valor, fomentando el uso adecuado de soluciones de vidrio de alto desempeño en la edificación.

@guardianglassmexico

Foto
cortesía / 2. Dean Ray / 3. Ezequiel Hernández Juárez

Kubic Corp. Construir desde el origen

A tráves de planeación digital, industrialización del proceso constructivo y uso estratégico de materiales y tecnologías, Kubic Corp plantea un modelo en el que la eficiencia, viabilidad económica e impacto ambiental son parte de sus proyectos.

Durante décadas, la industria de la construcción se ha acercado a la sustentabilidad a través de soluciones visibles: paneles solares, sistemas de ahorro de agua o certificaciones ambientales. Sin embargo, pocas veces ha cuestionado el problema estructural detrás del modelo tradicional: procesos ineficientes, desperdicio masivo de materiales y una planeación que rara vez considera el impacto ambiental desde el origen.

La historia de Kubic Corp comienza con ese cuestionamiento. Es una empresa en la que convergen dos trayectorias profesionales que, aunque distintas, comparten una misma inquietud. Yurima Cruz, con más de dos décadas de experiencia en el sector financiero, entendía que cualquier proyecto que aspirara a transformar la industria debía ser, antes que nada, económicamente viable. Por su parte, Oscar Millán, con más de 45 años en el sector de la construcción, conocía de primera mano las limitaciones de un sistema que prácticamente no ha cambiado en siglos.

Juntos decidieron replantear la lógica del sector. Más que desarrollar proyectos “verdes”, su objetivo fue construir un modelo donde la sustentabilidad no fuera un agregado, sino la base misma del proceso.

En Kubic Corp, la sustentabilidad comienza desde la planeación. A través de metodologías como BIM y Lean Construction, cada proyecto se preconstruye digitalmente, lo que permite detectar errores, optimizar recursos y eliminar

Más que construir casas y edificios, Kubic Corp propone una nueva forma de entender el desarrollo.

donde la sustentabilidad no es un agregado, sino la base misma del proceso.

desperdicios antes de que inicie la obra. Este enfoque no solo mejora la eficiencia del proceso, también reduce costos, tiempos e impacto ambiental.

El siguiente paso recae en la industrialización de la construcción. Mediante sistemas prefabricados, cada componente del proyecto se diseña y fabrica con precisión milimétrica antes de llegar al sitio. Muros, estructuras y cerramientos se producen bajo especificaciones exactas, transformando la obra en un proceso de ensamblaje coordinado. Gracias a este modelo, los tiempos de ejecución pueden reducirse hasta en un 50% frente a los métodos tradicionales.

La innovación también se refleja en los materiales y tecnologías empleadas. Kubic Corp ha desarrollado soluciones que eliminan el uso de madera en encofrados, reducen el consumo de agua mediante sistemas de obra seca y utilizan acero reciclado para disminuir la huella de carbono. A esto se suma la aplicación de fotocatálisis en recubrimientos arquitectónicos, una tecnología capaz de purificar el aire al descomponer contaminantes, virus y bacterias cuando entra en contacto con la luz.

Para la empresa, la sustentabilidad no se queda en la narrativa. Por ello han desarrollado indicadores que permiten medir y comparar el desempeño de sus proyectos frente a la construcción convencional, cuantificando reducciones reales en consumo de recursos y generación de residuos.

Más que construir casas y edificios, Kubic Corp propone una nueva forma de entender el desarrollo urbano: inmuebles concebidos como ecosistemas eficientes, capaces de reducir su impacto ambiental mientras generan valor duradero para quienes los habitan.

En una industria históricamente resistente al cambio, Kubic Corp plantea una idea simple pero poderosa: la verdadera sustentabilidad no consiste en agregar tecnología verde a un modelo antiguo, sino en transformar el sistema completo desde su origen.

sistemaconstructivo.mx

@kubic_corp

Más que desarrollar proyectos “verdes”, el objetivo de Kubic Corp es construir un modelo
En Simbiosis House, Kubic Corp intervino muros, rocas y cascadas. El resultado es una obra moderna que ofrece un ambiente relajado en comunión con la naturaleza.

Arquitectura que conecta: diseñar relaciones para habitar el mundo

Desde la Universidad La Salle, concebimos la arquitectura como una práctica colectiva que construye vínculos, activa diálogos y da sentido a los espacios que habitamos. Más que formas, diseñamos relaciones; más que objetos, proponemos maneras conscientes y sensibles de estar en el mundo.

Taller de Diseño Esquemático

La arquitectura no comienza con un plano ni termina en un edificio. Comienza en la manera en que entendemos el territorio, las personas y las historias que los atraviesan.

En la Universidad La Salle creemos que la arquitectura comienza mucho antes de levantar un muro. Inicia cuando aprendemos a mirar el entorno y a reconocer las relaciones que lo sostienen: ambientales, sociales, culturales, económicas y políticas. Para nosotros, la arquitectura no es un objeto aislado, sino una construcción colectiva que conecta personas, territorios y contextos desde una visión sensible y compartida.

Así entendemos la ciudad: como un organismo vivo que se habita, se disfruta y, a veces, también se sufre. Una ciudad que se piensa y se cuestiona en salones, laboratorios y talleres, donde el conocimiento de la tierra —del terreno y del territorio— se aborda con respeto, afecto y responsabilidad. Pensar, razonar, intuir y hacer se vuelven acciones inseparables cuando somos conscientes del impacto que generamos y de las huellas que dejamos en cada superficie que tocamos. En este proceso, la arquitectura se construye por capas, ya sea de ideas, fuerzas y relaciones que buscan continuidad espacial y sentido. Los ejercicios académicos, las propuestas y los problemas —reales o incluso utópicos— se convierten en oportunidades para ensayar nuevas formas de habitar y comprender el mundo que compartimos.

En La Salle, la arquitectura no se aprende en soledad. Directivos, administrativos, docentes, arquitectos y arquitectas en formación conformamos una sola comunidad desde el primer día. Trabajamos desde la diferencia, el diálogo y el respeto a los consensos, reflejando el carisma lasallista y preparándonos para una práctica profesional profundamente social. Por eso enseñamos a argumentar, a dialogar y también a debatir, entendiendo que escuchar es tan importante como proponer.

Hablamos de arquitectura sin «A» mayúscula porque creemos en el trabajo interdisciplinario. Desde nuestros orígenes, hemos crecido junto a la comunicación y el diseño —gráfico, digital, de producto y de ambientes— que hoy conforman a la FAMADYC. Esta conexión nos fortalece y nos recuerda que todo está vinculado. Nuestros egresados han encontrado su propio camino y han dejado huellas valiosas en la ciudad, el diseño y el territorio. Algunos regresan para enseñar, cerrando un ciclo que confirma que la arquitectura no lo es todo, pero sí una parte esencial de ese todo que nos permite construir relaciones y habitar sentidos.

lasalle.mx

Sesión Estructuras Mola con alumnos

/Arte & Ferias

Entre la cautela global y el valor de la identidad

Heimtextil 2026 revela un sector textil más reflexivo y estratégico, donde la tecnología convive con la identidad, la calidad de manufactura y el criterio humano.

Entrevista y crónica por Greta Arcila, enviada a Frankfurt, Alemania.

En la más reciente edición de Heimtextil, la sala de Tendencias 26/27 dejó claro que el futuro del textil no será exclusivamente digital ni puramente artesanal, sino el resultado de una colaboración consciente entre ambos mundos. Bajo la curaduría de Valentina Cuiffi y Joseph Grima, fundadores de Alcova, y con el respaldo estratégico de Messe Frankfurt, el análisis partió de una premisa contundente: la inteligencia artificial debe entenderse como complemento de la creatividad humana y no como sustituto, de ahí el nombre de su estudio de tendencias y de la exhibición, Craft is a Verb.

Las conclusiones emergen de una observación transversal de procesos productivos, experimentación material y nuevos modelos de diseño colaborativo. A partir de este estudio, se identificaron seis líneas clave: la traducción constante entre medios digitales y manuales (Re: media); la coautoría visible entre IA y oficio (Visible co-work); la decodificación algorítmica de patrones naturales (Sensing nature); el retorno lúdico del ornamento (A playful touch); la reivindicación de la imperfección artesanal (Crafted irregularity); y la exposición deliberada de lo técnico como gesto estético (The uncanny valley).

La paleta cromática refuerza esta narrativa híbrida: tonos terrosos y orgánicos que transmiten estabilidad se ven intencionalmente interrumpidos por acentos digitales vibrantes, generando tensión y dinamismo.

Donde la estrategia se convierte en experiencia

En un mercado global atravesado por la inteligencia artificial, Heimtextil consolida su papel como plataforma estratégica para la industria textil. Como señaló Detlef Braun, miembro del Consejo Ejecutivo de Messe Frankfurt, la feria no solo identifica oportunidades de negocio y crecimiento, sino que demuestra cómo las empresas pueden capitalizar la tecnología para redefinir su futuro. En su discurso inaugural enfatizó la importancia del diálogo entre seres humanos y entre naciones para avanzar como sociedad, para hacer alianzas entre empresas, pero sobre todo, resaltó el diálogo por el bien común de la humanidad, y cerró dando la bienvenida a todas las naciones, a los empresarios y a los visitantes de todo el mundo.

En ese mismo encuentro, presentó la mancuerna con la italo-española Patricia Urquiola, quien con la instalación inmersiva among-all, planteó un ecosistema interactivo donde los textiles —fabricados con materiales regenerados, reciclados y recicables— funcionan como interfaces inteligentes entre personas y máquinas. Urquiola destacó la continuidad de su colaboración ya que según su experiencia, entre más se conozcan a los aliados, más libertad creadora y unión se logra, logrando resultados excepcionales. En entrevista nos comparte sobre la relación que tuvo con los textiles para esta edición, ya que con todos los colaboradores fueron procesos de experimentación con materiales de desechos y tecnología, sin embargo, destacó el valor de lo hecho a mano por la historia que puede contar un producto “tiene alma, tiene una vibración muy especial que ningún proceso industrial va a sustituir”.

Patricia Urquiola planteó un ecosistema interactivo donde los textiles —fabricados con materiales regenerados, reciclados y recicables— funcionan como interfaces inteligentes entre personas y máquinas.

México en Heimtextil

Al recorrer los pasillos de Messe Frankfurt, el clima general habla de audiencias atentas, más prudentes y reflexivas. «La feria se siente más compacta», comenta la diseñadora textil mexicana Cristina Orozco, cuya óptica se repite entre colegas de distintos países. «No es falta de interés –aclara–, sino un reflejo de la incertidumbre político-social global que actualmente afecta a múltiples industrias como la textil: las propuestas están sobre la mesa y la intención por ejecutar existe, pero la fluidez del dinero y los recursos aún se contiene».

Ese mismo freno se percibe, incluso, en el ámbito tecnológico o de la maquinaria. Para Cristina -quien exhibe por quinta ocasión- ésta cautela termina por impactar de manera directa a la cadena textil, reforzando dinámicas ya conocidas: la concentración productiva en China, la ausencia de industrias locales y una creciente homogeneización de la oferta, y la presencia en todo de IA. «Todo se empieza a parecer –señala la diseñadora–, especialmente en categorías como blancos, donde el precio y el volumen pesan más que la diferenciación”. A su vez, reflexiona sobre otro factor importante: el avance de la inteligencia artificial y su impacto en los procesos de diseño. Frente a ello, vislumbra dos corrientes paralelas: por un lado, revaluar lo «hecho a mano»; y por otro, procesos cada vez más guiados por prompts y estandarización tecnológica.

Desde otro ángulo del ecosistema, Dalfiori –empresa familiar mexicana con más de cuatro décadas de historia y especializada en fabricar y comercializar productos textiles de alta calidad para el hogar y la industria de la hospitalidad–, observa ese mismo contexto global como un reto, pero también como una oportunidad.

«Venimos a medirnos con el mundo», comparte Shakib Kufi, CFO de Dalfiori. Con el 99% de sus ventas concentradas en México, la feria alemana funciona como termómetro: visitantes de Canadá, Estados Unidos, Marruecos o Suecia se detienen, toman fotos y preguntan. La competencia con China es inevitable —y en precio, muchas veces desigual—, sin embargo, Dalfiori apuesta por diferenciarse a través de la calidad, el servicio y una cultura empresarial sólida, avalada por reconocimientos de Profeco y por su certificación Great Place to Work

01. Los colores terrosos son tendencia en esta temporada.

02. Dalfiori apuesta por formas orgánicas.

03. El blanco como protagonista de una escena íntima.

04. Los tapetes son actores principales en el diseño contemporáneo

05. El estilo oriental impacta en esta instalación de alto contraste.

06. La tecnología permite crear patrones que solo los limita la imaginación.

Dalfiori, por otro lado, comparte –desde su experiencia industrial– esa misma lógica híbrida. Su estrategia de diseño equilibra tendencias globales con el gusto del consumidor mexicano —más clásico en espacios íntimos—, desarrollando colecciones atemporales, paletas combinables y texturas que trascienden la moda inmediata. En Heimtextil reconocen que los estampados se vuelven más vivos y las texturas más protagonistas, es un terreno donde se sienten bien posicionados.

Así mismo Sisal Tejidos Yucatán se encontraban en el área de tendencias textiles. Ellos, desde su stand, comunicaban su origen: Yucatán, México, y lo representaban a través de una pequeña colorida hacienda. Sus tapetes y alfombras, hechos completamente de henequén con procesos sostenibles. En su segunda ocasión en Heimtextil, a decir de Alfonso Vivas, director de mercadotecnia, Sisal ha logrado posicionar su calidad en esta feria ya que muchos de los visitantes estuvieron presentes el año pasado y algunos de ellos son clientes recurrentes. Y si se trata de sustentabilidad social, la empresa a través de Proyecto Renacer en colaboración con productores agrícolas del estado de Yucatán, busca la siembra de 2,000 hectáreas de la planta de sisal (henequén) para finales del 2026. Al final, la feria de Heimtextil 2026 se consolida como un espejo del momento que vive el sector: un entorno global desafiante, atravesado por la cautela económica, la concentración productiva y la estandarización estética; pero también lleno de voces que apuestan por la identidad, la calidad y el criterio humano.

heimtextil.com cristinaorozco.mx dalfiori.com sisaltejidos.com

Tendencias globales en diseño: Ambiente 2026

Texto, entrevista y crónica Martha Lydia Anaya, enviada a Frankfurt, Alemania.

En Ambiente 2026, el diseño latinoamericano destacó por su capacidad de combinar identidad cultural, sostenibilidad y sensibilidad humana. Proyectos como la instalación de Katty Schiebeck demostraron cómo la región transforma espacios en experiencias de bienestar y reconexión.

El diseño latinoamericano atraviesa un momento de proyección global. Su capacidad para entrelazar identidad cultural, sostenibilidad y una sensibilidad profundamente humana lo ha convertido en una referencia dentro de las nuevas narrativas del diseño contemporáneo. Lejos de replicar modelos tradicionales, la región propone una mirada que combina la magia de lo artesanal con lo experimental, así como lo emocional con lo funcional.

Este posicionamiento encuentra eco en las tendencias presentadas en la feria de Ambiente 2026 / Ambiente Trends 26+, en donde se evidenció una clara inclinación hacia materiales naturales, procesos conscientes y experiencias espaciales orientadas al bienestar.

La revalorización de lo hecho a mano, el uso de formas orgánicas, las paletas neutras y la creación de atmósferas sensoriales marcaron el pulso de una feria que, más que objetos, puso en el centro cómo queremos habitar los espacios. En ese contexto, el lenguaje que América Latina ha venido desarrollando durante años no solo dialoga con estas tendencias, sino que las anticipa y amplifica.

La revalorización de lo hecho a mano, el uso de formas orgánicas, las paletas neutras y la creación de atmósferas sensoriales marcaron el pulso de una feria que, más que objetos, puso en el centro cómo queremos habitar los espacios.

Equilibrio, ligereza y reconexión

Ambiente Trends 26+: Brave, Light y Solid confirmaron una evolución clara hacia el diseño emocional y sensorial. Su propuesta reflejó el espíritu de la época con tres perspectivas optimistas que se atrevieron a imaginar y a anhelar de forma diferente. En conjunto, este trinomio se convierte en una tendencia integral hacia diseños que abrazan la confianza y evocan pensamientos positivos y el placer de combinaciones innovadoras que cuentan historias nuevas.

Brave invita a las personas a reconectar con lo humano. Materiales suaves, formas envolventes y paletas cálidas crean espacios que transmiten calma y cercanía. Es una propuesta que responde a la necesidad de refugio y bienestar, integrando artesanía, texturas naturales y detalles que evocan confort sin perder sofisticación.

Por su parte, Light se posiciona como una celebración de la ligereza visual y conceptual. Predominan los tonos claros, la transparencia y los materiales que juegan con la luz, generando ambientes etéreos y dinámicos. Esta tendencia refleja una búsqueda de optimismo y apertura, donde el diseño se vuelve más fluido, adaptable y conectado con la innovación tecnológica y la sostenibilidad.

Mientras que Solid aporta equilibrio a través de la estabilidad y la permanencia. Se caracteriza por estructuras firmes, colores profundos y materiales duraderos que transmiten confianza y atemporalidad. En un contexto de cambio constante, esta tendencia ofrece una base sólida que combina funcionalidad con estética, resaltando la importancia de lo esencial y bien construido en el diseño contemporáneo.

Fotos Pietro Sutera, cortesía Messe Frankfurt

La revalorización de lo hecho a mano, el uso de formas orgánicas, las paletas neutras y la creación de atmósferas sensoriales marcaron el pulso de la feria.

Más allá de estilos o tendencias, los espacios creados por Schiebeck buscan armonía, fluidez y bienestar, privilegiando la luz natural y formas orgánicas.

Luz, curvas y silencio: el arte de crear atmósferas

De esta manera es cómo el diseño latinoamericano ya ocupa un lugar en la conversación global. Con una voz propia, moldeada por la mezcla de culturas, territorios y saberes, ha comenzado a redefinir cómo entendemos los espacios, los objetos y, sobre todo, la experiencia de habitarlos. Hoy, más que una tendencia, es una forma de pensar el diseño desde lo sensorial, lo consciente y lo profundamente humano. Esa sensibilidad emergió como constante entre los pasillos de Ambiente 2026, donde se hizo evidente la búsqueda de calma, de conexión y de significado. Materiales nobles, formas orgánicas, procesos artesanales reinterpretados y una clara orientación hacia el bienestar marcaron el tono de la feria.

Fue precisamente en medio de ese escenario — entre las conversaciones, los centenares de estímulos visuales y el flujo incesante de visitantes— donde apareció una pausa: la instalación diseñada por la arquitecta uruguaya Katty Schiebeck —nombrada Diseñadora del Año 2026 en la feria Ambiente—. No buscaba llamar la atención, no había estridencia ni gestos grandilocuentes; y, sin embargo, algo en el booth hacía que las personas se detuvieran. Como si el espacio, en silencio, hiciera una invitación difícil de rechazar.

Para comprender mejor ese gesto, habría que retroceder un poco. Mucho antes de Frankfurt, antes de los proyectos internacionales y los reconocimientos, la historia de Katty comenzaba en un paisaje completamente distinto: el campo abierto de Uruguay. Allí, entre horizontes amplios, luz natural y tiempos más lentos, se formó su primera relación con el espacio. No desde la teoría, sino desde la experiencia: el silencio, la escala, la manera en que la luz transforma un lugar a lo largo del día.

Su camino no fue lineal. Durante años, la arquitectura no fue el destino evidente. Katty estudió economía, relaciones internacionales y comercio exterior, construyendo una mirada analítica y global que más tarde se convertiría en una herramienta clave para moverse entre proyectos, culturas y mercados distintos.

En ese camino había un capítulo que volvía una y otra vez. Su padre —abogado— decidió construir su propia casa cuando ella era niña. Katty observaba y escuchaba con curiosidad las conversaciones sobre materiales, veía cómo los espacios tomaban forma, cómo la luz encontraba su lugar en cada habitación. Sin saberlo, esa memoria, casi silenciosa, terminó marcando su rumbo.

Años después, ya instalada en Barcelona, su vida profesional parecía tomar otro camino dentro del sector inmobiliario. Todo funcionaba, pero algo no terminaba de encajar. “Veía espacios increíbles, pero no podía dejar de imaginar cómo podrían ser realmente al ser vividos”, recordaría más tarde.

La arquitecta uruguaya Katty Schiebeck fue nombrada Diseñadora del Año 2026 en la feria Ambiente.
Foto cortesía Katty Schiebeck Studio
La instalación de Katty Schiebeck no fue un objeto dentro de la feria. Fue una experiencia. Un pequeño refugio donde el sonido se suavizaba, la luz se volvía cálida y el tiempo parecía desacelerarse.
Schiebeck logró detener el ritmo en los pasillo de Ambiente 2026 con un booth/instalación que combinó luz, materiales y formas orgánicas, invitando a los visitantes a respirar y reconectar con lo esencial.

Esa incomodidad fue el punto de partida. Junto a su socio Rubén Ortiz creó: Somewhere I would like to live, un proyecto que comenzó como un ejercicio casi íntimo: reinterpretar espacios desde la emoción, sin clientes, sin condicionantes. Solo intuición. Hasta que alguien decidió confiar.

El primer encargo llegó, y con él, una prueba que pocos habrían aceptado tan pronto. Con apenas 21 años, Katty asumió la renovación de un espacio de 400 metros cuadrados en el Paseo de Gracia. Era un desafío desproporcionado para su experiencia. Pero también era una oportunidad.

El proyecto fue publicado por The New York Times, abriendo una puerta que ya no volvería a cerrarse. A partir de ahí, su trayectoria comenzó a expandirse geográficamente, pero también conceptualmente. Proyectos en Doha —incluyendo un palacio para la familia real desarrollado durante más de siete años—, trabajos en Hong Kong, en distintas regiones de la India y colaboraciones con Bjarke Ingels Group en California fueron construyendo una práctica atravesada por culturas diversas.

Cada lugar le exigía algo distinto. Y en lugar de imponer un estilo, Katty afinó una forma de escuchar. Por eso, cuando se le pregunta cómo define su trabajo, evita categorías. No habla de lujo, ni de minimalismo, ni de tendencias. Habla de atmósferas. Diseñar, para ella, es un proceso intuitivo: observar, absorber, sentir. Entender qué necesita un espacio antes de intervenirlo. Sus proyectos —marcados por curvas, formas orgánicas y una presencia cuidada de la luz— no buscan imponerse, sino acompañar. Y eso explica lo que ocurrió en Messe Frankfurt. Su instalación no fue un objeto dentro de la feria. Fue una experiencia. Un pequeño refugio donde el sonido se suavizaba, la luz se volvía cálida y el tiempo parecía desacelerarse. Mientras alrededor todo era estímulo, su espacio ofrecía lo contrario: contención. Algunos visitantes entraban por curiosidad. Otros, casi sin darse cuenta. Pero la gran mayoría se quedaba más de lo previsto. En el fondo, su propuesta conectaba con algo más amplio que una decisión estética. Encajaba con una necesidad contemporánea: la de encontrar pausas reales en medio de la sobreestimulación.

Una idea que, no casualmente, también define su aspiración futura. Katty imagina crear jardines de meditación: espacios abiertos donde adultos y niños puedan reconectar consigo mismos, inspirados en principios de contemplación y presencia.

Quizá ahí está la clave de su trabajo. No en la forma, ni en el estilo, sino en la intención. En un mundo que se acelera, su arquitectura propone lo contrario. Es por eso que entre los miles de metros cuadrados de Ambiente 2026, su instalación fue, simplemente, lo que muchos necesitaban: refugio, bienestar y reconexión.

kattyschiebeck.com ambiente.messefrankfurt.com

Bandido Diez años diseñando con luz

En el marco de su 10 Aniversario, Bandido observa una constelación en donde cada punto es un proyecto, una colaboración, un aprendizaje que hoy empieza a tener sentido como un todo.

El 2025 fue, en palabras de Joel Rojas, cofundador y director creativo de Bandido, un año de eventos y objetivos cumplidos. Particularmente el mes de octubre trajo consigo uno de los hitos más importantes en la historia del estudio: la inauguración de la galería K’ab Juun en Nueva York, un espacio donde los productos de iluminación de la marca fueron seleccionados por Ilana Goldberg y Dafna Puszkar para comenzar a dialogar directamente con un nuevo mercado. “Ese es un paso clave”, remarca Joel, “estamos muy agradecidos de tener unas socias que entienden la marca y la presentan en su propio contexto”.

A ese momento se sumaron otras experiencias estratégicas: su participación en Maison Diez, teniendo presencia junto con grandes marcas internacionales de iluminación decorativa; una fuerte presencia en Design Week; y la presentación de NOVA. Un capítulo que trajo tres nuevas colecciones de luminarias inspiradas en el cosmos. FLUX, CORE y AXIS se integraron al catálogo, y reafirmaron una obsesión constante del estudio: comprender y desfragmentar la luz como algo vivo, cambiante, casi cósmico.

La luz como origen de todo

Bandido crea experiencias espaciales a partir de la luz. “La luz es el alma del espacio”, es una firme creencia que tiene la marca. Dentro de los procesos internos la luz se concibe como un material más, capaz de

transformarse al entrar en contacto con otros materiales como el mármol, maderas, metales o arcillas. Siempre cálida, siempre pensada para generar confort. Esta visión se sostiene sobre una dualidad constante: luz y sombra, día y noche, procesos semi-industriales y artesanales. Bandido vive en ese equilibrio. No busca imponer formas, sino comprender los materiales desde su origen. Por eso, el proceso de diseño comienza muchas veces entendiendo cómo se transforma la materia, al tiempo y a la mano humana.

“No se trata de usar lo tradicional como ornamento sino de recontextualizarlo, mantener vigente el conocimiento ancestral y llevarlo a un lenguaje contemporáneo”.

El décimo aniversario no será una celebración nostálgica, sino un punto de inflexión. A partir de agosto de 2026, Bandido activará una agenda robusta de proyectos: una nueva colección de luminarias, la remodelación de su showroom y la exploración de materiales que los obliguen a salir de su zona de confort.

El vidrio aparece como uno de los grandes protagonistas de esta nueva etapa. Sus características como la transparencia, translucidez, pigmentación y el material ofrece posibilidades infinitas para transformar la luz. Paralelamente, el equipo investiga procesos de fundición, observando cómo la materia pasa de estado líquido a sólido, ya sea en vidrio, metal o arcilla. Más que formas finales, lo que les interesa son los procesos.

Retrato Amy Bello
Alejandro Campos y Joel Rojas, fundadores de Bandido.

La internacionalización es uno de los grandes retos y objetivos. La presencia en Nueva York es solo el inicio. El siguiente paso es fortalecer la estructura interna: producción, cadena de suministro, logística. Todo parte desde Puebla, donde se concentran las áreas administrativas y creativas, en la fábrica se centraliza el control de calidad, ensamblaje y envíos.

A la vez, Bandido sigue trabajando con proveedores y artesanos de distintas regiones del país —Oaxaca, Guadalajara y otros puntos de la República Mexicana— manteniendo una red viva que conecta saberes locales con una visión global.

En 2026, además, la marca activará encuentros clave fuera de México: eventos con distribuidores en Costa Rica y una presentación especial por el aniversario en la galería de Nueva York. Design Week, como cada año, seguirá siendo un punto de encuentro fundamental.

@bandidostudio

Fotos cortesía Bandido / Mariana Achach / Alejandro Ramírez Orozco
Proposiciones atemporales sobre los colores por Raúl de la Cerda. Lámparas colgantes FLUX
Bandido CDMX, Capítulo NOVA.
Lámparas colgantes CORE.

Heimtextil 2026: El impacto del diseño digital

El diálogo colectivo entre colaboración, ecodiseño e innovación aplicada están redefiniendo el desempeño, la circularidad y la competitividad del sector textil. —Bettina Bär, directora de Heimtextil.

Entrevista Greta Arcila, enviada a Frankfurt, Alemania.

La innovación genera impacto real cuando conecta conocimiento, industria y mercado. Esa conexión es precisamente el valor diferencial de ferias como Heimtextil, epicentro global en donde fabricantes y diseñadores hablan del futuro del sector textil desde los materiales, los procesos y, sobre todo, del diseño considerado el punto de partida de cualquier transformación sostenible.

Universidades, institutos de investigación, empresas y diversos perfiles de audiencias interesadas convergen cada año en Messe Frankfurt para cruzar preguntas con soluciones, especialmente en ámbitos exigentes como los textiles de protección y alto desempeño para el hogar y también para contract Nuevas fibras, tratamientos avanzados, procesos de costura y corte dialogan en un entorno transversal donde distintas industrias buscan resolver necesidades concretas. Para Bettina Bär, directora de Heimtextil, este ecosistema colaborativo es esencial: «las ideas encuentran su sentido cuando encuentran demanda». Claro que la feria no se limita a ofrecer solo espacio expositivo. Desde la perspectiva de Bär, el rol del organizador ha evolucionado hacia la co-creación de contenido junto con la industria y la academia. Plataformas como Performance Apparels on Stage,

asociada principalmente a Techtextil (feria hermana de Heimtextil enfocada en textiles técnicos), ponen el foco en textiles funcionales, wearables y en la integración del textil en productos finales, siempre con la sostenibilidad como eje esencial.

Esto significa que el uso de materiales naturales en textiles técnicos ha dejado de ser una promesa para convertirse en un terreno fértil de experimentación aplicada. Lo que pone en evidencia que, con cerca de 1,700 expositores provenientes de 50 países, Heimtextil 2026 refleja un crecimiento no solo geográfico, sino también temático.

En este contexto, la digitalización del diseño y la automatización aparecen como palancas clave del ecodiseño. Hoy, muchos procesos siguen siendo «manuales dentro de lo digital»: los sistemas aún no interpretan patrones completos ni reconocen automáticamente piezas como mangas o delanteros. El próximo gran salto —remarca Bettina Bär— será conectar sistemas capaces de interpretar, ensamblar y optimizar prendas sin intervención humana, a fin de eliminar ineficiencias estructurales.

Este avance tecnológico no es neutro: tiene implicaciones directas en la circularidad. Lo sustentable comienza en el diseño, en elegir de manera cons-

Para Bettina Bär, la sostenibilidad ya no es un nicho, sino una condición viable. Lograrlo exige que colaboren de manera estrecha tanto industria, reguladores y comunidad científico-tecnológica

BETTINA BÄR

La sostenibilidad empieza en el diseño, se acelera con la digitalización y cobra sentido real cuando se traduce en soluciones adoptadas por las personas.

ciente los materiales; la mezcla de fibras, habitual en busca de rendimiento, dificulta el reciclaje. Por eso, al innovar se debe apuntar hacia sistemas que recomienden materiales desde la fase creativa y que incluso automaticen la separación de componentes antes de reintroducirlos en el ciclo productivo. Sin embargo, muchas de estas soluciones aún están en la fase del «casi listas». Bettina reconoce que existe un amplio pipeline, o sea, una cadena tecnológica que no ha llegado totalmente a las audiencias. La expectativa para 2026 es acortar esa brecha: facilitar el diálogo entre proveedores y marcas para transformar ese potencial en adopción real, con impacto tangible en eficiencia y sostenibilidad. No en vano, se plantea revisar en dos años cuánto de lo prometido se ha convertido en realidad medible.

En paralelo, el sector afronta uno de sus mayores desafíos históricos: mantener el desempeño mientras se abandona la dependencia de materiales petroquímicos. Durante más de un siglo, el rendimiento textil se construyó sobre esa base; hoy, el reto es igualarlo con biomateriales.

Para Bär, la sostenibilidad ya no es un nicho, sino una condición viable. Lograrlo exige que colaboren de manera estrecha tanto industria, reguladores y comunidad científico-tecnológica, así como marcos normativos claros y estables.

Europa, en este escenario, mantiene un rol estratégico. Su fortaleza reside en cómo integrar producción, software, datos e inteligencia artificial para producir materiales sostenibles capaces de ofrecer un desempeño más ajustado a la demanda

La digitalización del diseño y la automatización aparecen como palancas clave del ecodiseño. Hoy, muchos procesos siguen siendo manuales dentro de lo digital.

global. Bettina Bär destaca que el liderazgo europeo se sustenta tanto en tecnología como en talento: pensamiento innovador, creatividad y adopción natural de soluciones digitales, especialmente entre las nuevas generaciones.

La inteligencia artificial, no obstante, muestra hoy un impacto desigual. Mientras el diseño y el marketing se benefician de herramientas visuales que aceleran decisiones creativas, la ingeniería del producto —manufacturabilidad— aún no cuenta con una IA plenamente funcional. Los primeros pasos están en marcha y se articulan en torno a cuatro pilares: comprensión del consumidor, ecodiseño basado en conocimiento profundo de materiales, fábricas responsivas que se auto-organizan con datos en tiempo real y una logística integrada que incluye el e-commerce.

Aún así, el reto —señala Bär— no es solo técnico, sino de escala y complejidad. Y plantea una realidad incómoda, pero necesaria: la sostenibilidad exige coherencia también del usuario, incluida su disposición a pagar por productos responsables.

En este entramado, asociaciones e institutos juegan un papel clave y son los puentes entre conocimiento y usuarios finales. Estudios prospectivos, prototipado y pruebas tecnológicas ayudan a reducir riesgos y acelerar la adopción. Los premios Innovation Awards de Heimtextil, por ejemplo, reflejan esa diversidad: desde el cálculo de color hasta la automatización y conectividad digital, con sostenibilidad y desempeño como denominadores comunes. Bettina puntualiza que, incluso, surge un nuevo debate: el equilibrio entre IA y las decisiones de los individuos. Algunos consumidores valoran el involucramiento humano certificable en el ajuste y la ingeniería de las prendas. La idea de una futura etiqueta «hecha por humanos» abre un nuevo campo de diferenciación y estandarización.

En definitiva, Heimtextil 2026 se consolida —en palabras de Bettina Bär— como una plataforma catalizadora. Un espacio donde ideas, reguladores, academia e industria se encuentran para convertir la innovación en impacto real. La próxima frontera del textil se dibuja bajo una clara reflexión: sistemas automatizados e interconectados, ecodiseño desde el origen, biomateriales con alto desempeño y una integración madura de la inteligencia artificial a lo largo de todo el proceso creativo.

heimtextil.messefrankfurt.com

Universidades, institutos de investigación, empresas y diversos perfiles de audiencias interesadas convergen cada año en Messe Frankfurt para cruzar preguntas con soluciones. Fotos Cortesía Heimtextil

Arquitectura para cuidar el futuro

« La sustentabilidad no es vivir con menos, es vivir mejor. Es mantener el confort y la calidad de vida, pero usando los recursos finitos de forma responsable. » Alexis Levy, gerente técnica en SUMe.

Alexis Levy es gerente técnica en SUMe (Consejo de la Construcción Verde de México), donde lidera la agenda enfocada en la descarbonización del sector construcción. Coordina comités y desarrolla proyectos estratégicos, guías técnicas y programas de capacitación que impulsan la agenda de sostenibilidad desde una visión integral y colaborativa del sector.

SUMe es una asociación civil sin fines de lucro que funge como el Consejo de Construcción Verde en México (Green Building Council de México). «Funciona como un punto de encuentro. Aquí se sientan desarrolladores, proveedores, arquitectos, ingenieros, academia y proveedores para empujar una misma agenda de sustentabilidad.»

«SUMe-Sustentabilidad para México, el Consejo de Construcción Verde del país, es una organización que reúne a todo el sector de la construcción con un objetivo común: transformar la forma en que diseñamos, construimos y operamos nuestros edificios», explica Levy.

A través de certificaciones como LEED, WELL y TRUE, entre otras, programas de capacitación y colaboración en políticas públicas, SUMe impulsa una transición urgente hacia la descarbonización del sector y una mejora tangible en la calidad de vida de las personas.

Diseñar antes de consumir

Desde su trinchera en SUMe, Alexis Levy insiste en que la sustentabilidad no puede añadirse al final de un proyecto de arquitectura solo como un simple accesorio tecnológico.

« La sustentabilidad no es algo que se le pega al edificio, al inmueble o a una casa después de haber sido construida. Tiene que ser el eje desde el diseño. » La orientación, la ventilación natural, el asolea-

miento y el diseño bioclimático permiten reducir el consumo incluso antes de instalar equipos. Esta lógica responde a una estrategia jerárquica clara:

« Primero reduces la demanda desde el diseño, luego eficientas lo que sí necesitas y, solo al final, cubres la demanda restante con energías renovables » , señala la experta.

Para Levy, esta secuencia no solo es ambientalmente responsable, sino también económicamente inteligente. «La energía más limpia y más barata es la que no se consume.»

Aunque los proyectos nuevos permiten ejecutar un mayor control respecto de dichos factores y variables, Alexis subraya que los edificios existentes representan una gran oportunidad de impacto.

«El parque construido ya está ahí. No podemos ignorarlo. La sustentabilidad también pasa por rehabilitar lo que ya existe.» Desde acciones simples —como cambiar hábitos de consumo, usar persianas o aplicar impermeabilizantes claros— hasta intervenciones más profundas como mejorar el aislamiento o sustituir ventanas, cada edificio requiere una estrategia particular.

« No hay soluciones universales. Cada edificio tiene su propio diagnóstico » . Proyectos certificados como Torre Reforma en Ciudad de México, viviendas autosuficientes en Monterrey o espacios construidos con materiales reutilizados demuestran que la sustentabilidad no es teoría, sino una práctica medible y replicable.

Entrevista y texto Martha Lydia Anaya
Retrato José Margaleff
Desde su trinchera en SUMe, Alexis Levy insiste en que la sustentabilidad no puede añadirse al final de un proyecto de arquitectura solo como un accesorio tecnológico.

ALEXIS LEVY

La arquitectura tiene el poder de mejorar la calidad de vida cuando coloca a las personas y al planeta en el centro.

Proyectos como MACROLAB son un claro ejemplo de que la orientación, la ventilación natural, el asoleamiento y

Uno de los mensajes más insistentes de Levy es la importancia de la medición. «No podemos mejorar lo que no podemos medir.»

El primer paso es tan básico como entender los recibos de luz, agua o gas, y dejar de ver solo el costo económico. «Cuando empiezas a pensar en kilowatts, litros o metros cúbicos, cambias la forma en la que tomas decisiones.»

Para análisis más profundos, el monitoreo por áreas o sistemas —la submedición— permite identificar oportunidades claras de optimización.

«Cuando sabes exactamente dónde y cómo se va la energía o el agua, puedes actuar con mucha más precisión», señala.

Desde su punto de vista, la sustentabilidad siempre debe tener un enfoque humano. «El confort no es un lujo, es una necesidad básica». Hablar de confort implica bienestar térmico, buena iluminación y calidad del aire. No se trata de excesos, sino de equilibrio.

«No necesitamos enfriar un espacio a 18 grados. Podemos tener confort a 24 grados y adaptarnos también como usuarios». En contextos urbanos contaminados, incluso la ventilación mecánica eficiente se vuelve una herramienta de salud.

«La sustentabilidad no puede ir en contra del bienestar. Si necesitas filtrar el aire para estar sano, entonces hay que hacerlo, pero de la forma más eficiente posible.»

La reflexión clave sobre justicia energética recae en que «muchas veces el bajo consumo energético en México no es eficiencia, es pobreza energética.»

La verdadera sustentabilidad —afirma— empieza por garantizar el acceso universal a condiciones dignas. «Primero hay que asegurar que todas las personas

puedan cubrir sus necesidades básicas, y luego hablar de reducir consumos.»

Residuos y economía circular: cerrar el ciclo

Alexis también pone en el radar nuestra relación cotidiana con los residuos. «Estamos muy desconectados de la basura que generamos porque no vemos su impacto real.»

Asumir responsabilidad implica separar, gestionar correctamente y dignificar el trabajo de quienes manejan los residuos. «La sustentabilidad también es hacernos cargo de lo que desechamos.»

Hoy, el reto va más allá de reciclar. «No solo es reducir, reutilizar y reciclar. También es rechazar desde el origen». La economía circular propone que los materiales regresen a la cadena productiva y no terminen como desperdicio. «El objetivo es que los residuos vuelvan a ser materia prima y no el final del camino», señala la experta.

La visión de SUMe deja claro que la sustentabilidad no es una tendencia, sino una responsabilidad compartida. «La arquitectura tiene un impacto enorme en cómo vivimos y en los recursos que consumimos. Por eso, también tiene un enorme potencial de cambio.»

Diseñar mejor, medir, rehabilitar, cuidar el confort y cerrar ciclos no solo transforma edificios: transforma la forma en que habitamos el presente sin hipotecar el futuro.

@sume_mex

El mercado Cosoleacaque es un ejemplo de una edificación eficiente con impacto social positivo.

Es tiempo de lograr eficiencia

¿Qué significa realmente construir de manera sustentable y qué tan lejos —o cerca— estamos de lograrlo en México? Darío Ibargüengoitia, socio fundador de IBALCA y director de Ambiente Regenerativo Integral, desmenuza el tema.

¿A qué se refiere cuando hablamos de sustentabilidad en edificación? Darío Ibargüengoitia González, socio fundador de la consultora mexicana especializada en edificación sustentable IBALCA y director de Ambiente Regenerativo Integral, lo explica de forma sencilla: la sustentabilidad se sostiene sobre tres pilares que tienen que estar en equilibrio.

El primero es el ambiental, que busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durante todo el ciclo de vida de un edificio, desde el diseño, la construcción y la operación, hasta el mantenimiento. El segundo es el económico, porque ningún proyecto es sustentable si no es viable en el tiempo. Y el tercero es el social, que tiene que ver con la salud, el bienestar y la calidad del ambiente interior para las personas que usan esos espacios todos los días. Cuando esos tres pilares se integran bien, el resultado son edificios más sanos, negocios rentables y un impacto ambiental mucho menor.

Y aquí entra un dato que siempre sacude conciencias: de acuerdo con estudios internacionales y la Agencia Internacional de Energía, la edificación es responsable de cerca del 38% de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Lo más interesante –puntualiza Ibargüengoitia– es que la mayor parte de ese impacto no viene de la construcción en sí misma, sino de la operación y el mantenimiento. Por eso, si queremos descarbonizar el sector, la clave está en cómo operamos nuestros edificios todos los días.

En opinión de Darío, México sí ha avanzado en el tema, pero va tarde y con rezagos. Hay esfuerzos importantes desde el gobierno, la sociedad civil y

los desarrolladores que ya están apostando por la eficiencia energética y la reducción de emisiones. Sin embargo, falta más legislación, más conciencia y, sobre todo, más colaboración entre instituciones de los sectores público, privado y los usuarios finales para acelerar la transición.

Programas como el Reto de Edificaciones Eficientes de la CDMX y otras iniciativas han demostrado que sí se pueden lograr reducciones reales —en algunos casos, hasta del 12% en dos años—. Incluso los impuestos al carbono que algunos estados ya aplican están empujando a medir, reportar y evitar excesos. De hecho, una de las propuestas más poderosas es que los edificios públicos sean los primeros en demostrar eficiencia y reducción de emisiones. Liderar con el ejemplo abre la puerta a exigir más al resto del mercado, argumenta Ibargüengoitia.

Otra de las herramientas para hacer las cosas bien son las certificaciones en sustentabilidad, que en México cuentan con una historia particular, pues aunque existe la norma NMX-AA-164 desde 2011 (que establece los requisitos ambientales mínimos para la edificación sustentable en México, guiando el diseño, construcción y operación de edificios que minimizan su impacto ecológico y mejoran el bienestar de sus ocupantes); lo cierto es que al día de hoy no hay edificios certificados bajo ese esquema, así que la mayoría de los proyectos recurren a certificaciones internacionales.

Al respecto, la certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) es la más conocida y utilizada, especialmente en edificios nuevos,

Retrato: José Margaleff
Darío Ibargüengoitia subraya la importancia de la formación académica: las universidades deberían enseñar a usar bases de datos de materiales con desempeño ambiental.

DARÍO IBARGÜENGOITIA

«En un contexto de crisis climática y crecimiento urbano acelerado, la sustentabilidad en la edificación deja de ser una opción para convertirse en una necesidad urgente».

Fotos María Dolores Robles Martínez
Con sistemas de gestión energética y espacios verdes integrados, la Torre BBVA redefine la arquitectura corporativa sustentable en la CDMX.

aunque apenas cubre alrededor del 5% del parque inmobiliario en México. Lo más relevante –insiste Darío– es que las certificaciones no deben ser el objetivo final, sino el resultado de hacer bien paso a paso desde el diseño hasta la operación de los edificios. Cuando se persigue sólo el sello, el proyecto se encarece y no siempre funciona como debería.

Un rol clave para lograr ese objetivo recae en los arquitectos y diseñadores. Desde el momento en que se generan las ideas, se trazan los planos de los proyectos y se especifican materiales, se toman decisiones de diseño que impactan durante décadas. Por ejemplo, la elección de materiales con bajo carbono incorporado y la preferencia de aquellos que cuentan con Declaraciones Ambientales de Producto (EPD, por sus siglas en inglés, Environmental Product Declaration) es fundamental como parte de los procesos creativos y de ejecución de las obras.

Cuando se especifican materiales con EPD, se transforma el mercado: los fabricantes tienen que transparentar sus emisiones. Casos como la madera certificada, ciertos concretos y aceros con EPD muestran que sí es posible reducir el impacto desde el origen.

En este punto, Ibargüengoitia subraya la importancia de la formación académica: las universidades deberían enseñar a usar bases de datos de materiales con desempeño ambiental, para que el diseño no sea sólo estético, sino también responsable, dice.

Del papel a la realidad: operar bien los edificios

Bajo este panorama de ejecutar la sustentabilidad, uno de los grandes retos es que muchos edificios certificados se operen como fueron diseñados. Por eso, la capacitación de operadores y facility managers es indispensable. Documentar el mantenimiento, hacer comisionamientos continuos y volver a revisar el desempeño de manera periódica marca una gran diferencia. La estrategia ideal es clara: certificar las nuevas construcciones y, una vez estabilizada la operación, avanzar hacia certificaciones de edificios existentes.

Entre los casos que inspiran y miran al futuro en la Ciudad de México figuran ejemplos de edificios emblemáticos como Torre Mayor, Torre Reforma, Chapultepec Uno y Torre BBVA, además de que también en el sector industrial se han logrado algunas mejoras importantes.

De cara a la Copa Mundial de Futbol 2026, la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación, organismo rector mundial del futbol) exige certificación LEED en los estadios sede. El Estadio Azteca (ahora

Banorte), Guadalajara y Monterrey ya avanzan en procesos de certificación por renovación, con énfasis en una buena operación.

En vivienda, aunque hay muchos edificios de departamentos certificados, los proyectos residenciales integrales aún son pocos. Casos como Sadro Residencial en Puebla o Monte Bosco en Lomas Verdes demuestran que, además de construir mejor, es importantes enseñar a los residentes cómo vivir en un edificio sustentable.

El mensaje es contundente: la sustentabilidad no empieza en los grandes proyectos, empieza en casa. Apagar la luz, ahorrar agua, separar residuos, elegir mejor los materiales… y después, exigir esos mismos estándares a desarrolladores, arrendadores y gobiernos. Porque al final, construir de manera sustentable no es una moda: es la historia que estamos escribiendo hoy para las ciudades y comunidades del mañana.

ibalca.mx / arei.mx @dibargon

Torre Reforma, ícono de la arquitectura sustentable en CDMX, integra sistemas avanzados de reutilización de agua, ventilación natural y eficiencia energética para alcanzar la certificación LEED Platinum.

Cuando el espacio bien construido cuida el bienestar

La arquitectura sustentable se entiende mejor con una metáfora muy simple: la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo, la búsqueda de la salud es tan importante en nosotros, como en el espacio. Si buscamos alimentarnos bien, respirar aire limpio y vivir en equilibrio, los edificios también deberían ofrecer eso a quienes los ocupan. –Alicia Silva Villanueva, fundadora y CEO de ReVitaliza Consultores.

Un espacio sustentable es regenerativo, inspira y mejora la salud y el ánimo de las personas; tiene aire limpio, agua y materiales de buena calidad, luz adecuada y temperaturas confortables. En cambio, los espacios tóxicos —con mala iluminación, aire viciado o calor extremo— nos cansan, nos enferman y reducen nuestra productividad. El entorno construido no es neutro: impacta directamente en nuestro bienestar físico y emocional.

Durante años, la sustentabilidad en las empresas fue vista como un acto de buena voluntad: “lo correcto”, algo que sumaba puntos a la reputación. Luego se volvió un accesorio, un check más en la lista, explica Alicia Silva Villanueva, fundadora y CEO de ReVitaliza Consultores.

Pero la pandemia cambió las reglas del juego. Hoy —como platica Alicia— la sustentabilidad es una estrategia clave para reducir riesgos y garantizar la continuidad del negocio. Ya no es un lujo ni un discurso inspirador: es una herramienta de resiliencia.

No integrar sustentabilidad implica riesgos muy concretos: escasez de agua, falta de energía, infraestructuras obsoletas y una demanda creciente impulsada por tecnologías como la inteligencia artificial. Autogenerar energía, asegurar acceso a agua limpia —algo que ya es un lujo en ciudades como Monterrey, por ejemplo— o contar con sistemas de filtración de aire durante contingencias ambientales, son decisiones que protegen a las personas y mantienen operando a las empresas.

Medir para decidir: cuando la sustentabilidad se vuelve tangible

El primer paso –dice Alicia– es la educación. Desde los equipos operativos hasta los altos ejecutivos, todos deben entender que la sustentabilidad ya está entre los principales riesgos globales.

Durante años, la sustentabilidad en las empresas fue vista como un acto de buena voluntad: algo que sumaba puntos a la reputación, explica Alicia Silva Villanueva, fundadora y CEO de ReVitaliza.

ALICIA SILVA VILLANUEVA

Hoy, regulaciones financieras como NIIF S1 y S2 (normas globales de divulgación de sostenibilidad emitidas por el International Sustainability Standards Board / ISSB) obligan a las empresas públicas a reportar sus riesgos climáticos y estrategias de sustentabilidad. Esto ha acelerado la toma de conciencia: lo que no se mide, ya no se puede justificar.

Aquí entran las certificaciones como LEED, que establecen metas claras y medibles. Gracias a herramientas como el modelado energético, ahora podemos saber exactamente cómo se comporta un edificio antes de construirlo. Así, un “techo frío” deja de ser un concepto abstracto y se convierte en algo muy concreto: evitar que las personas se desmayen por el calor en el caso de una fábrica por ejemplo.

Además, la creación de taxonomías de sustentabilidad está cambiando las reglas del financiamiento. Cada vez más, los bancos y fondos deciden dónde invertir según qué tan sustentable es un proyecto. Un desarrollo que no cumpla con estos criterios simplemente puede quedarse sin financiamiento.

Diseñar con visión de futuro

Según la experta en certificaciones LEED, estrategia ASG, y responsable de impulsar la edificación verde, la descarbonización y la eficiencia energética con proyectos a gran escala en diversos países, los arquitectos son como los traductores tridimensionales de la sustentabilidad. No necesitan ser expertos en todo, pero sí contar con los criterios suficientes para dialogar con expertos para tomar decisiones informadas.

La co-creación es clave. Los consultores en sustentabilidad aportan análisis de riesgos climáticos, desempeño energético y selección de materiales; los arquitectos integran todo eso en un diseño coherente. La sustentabilidad agrega una cuarta dimensión junto al tiempo, la durabilidad y el legado de un edificio. Esta visión no se queda en la teoría. Alicia ha participado en proyectos icónicos como el Estadio Banorte (con certificación LEED Platino O+M), Torre Manacar, Torre Mayor (LEED Platino O+M)y Torre Diana (primer edificio coporativo certificado LEED v5 Platino), así como la certificacion de oficinas corporativas de Google y Uber; lo que demuestran que la sustentabilidad es viable en edificios nuevos y existentes.

El verdadero riesgo, advierte Silva, es la falta de ambición. Conformarse con lo mínimo —o con certificaciones básicas que generan una falsa sensación de liderazgo— puede volver obsoleto un proyecto en pocos años. La legislación y la tecnología avanzan más rápido de lo que muchos creen.

El futuro de la sustentabilidad es claro: dejar de ser exclusiva de proyectos emblemáticos y convertirse en un estándar, casi en un derecho humano, como esta ocurriendo con los esfuerzos por la calidad del aire interior, especialmente después de la pandemia. El cambio es posible gracias a más profesionales capacitados, mayor conciencia social y un ecosistema financiero que premie a los proyectos responsables. Finanzas verdes, créditos condicionados y mayor demanda del mercado crean un círculo virtuoso.

Al final, la arquitectura sustentable está recuperando la sabiduría de la arquitectura vernácula —como la casa maya— que se adaptaba al clima con inteligencia. Es un regreso a diseñar mejor, no solo a compensar errores con sistemas costosos. Los espacios diseñados de forma sustentable no son un lujo, son algo que todas las personas nos merecemos.

revitalizaconsultores.com @revitalizaconsultores

Heidi Valdez Vélez es experta en sostenibilidad y construcción, destacada como gerente comercial y consultora en Revitaliza Consultores. Lidera procesos de certificación LEED, EDGE y Fitwel, enfocándose en edificios sustentables, restauración y responsabilidad social.

1. Torre Mayor/ Arquitecto Paul Reichmann de Reichmann International + Zeidler Partership Architects de Canadá con la colaboración de IDEA Asociados de México.

2. Torre Reforma 115 / Arquitecto Benjamín Romano de LBR&A Arquitectos.

3. Torre Diana/ Jean Michel Colonnier de Colonnier Arquitectos.

La clave está en educar, colaborar, medir con rigor y, sobre todo, atreverse a ir más allá de lo mínimo, creando espacios que cuiden a las personas y dejen un legado positivo para el mañana.

Foto Torre Mayor por Carlos Aranda / cortesía

Tras una etapa prolongada de contracción, Colonnier Arquitectos avanza hacia un nuevo ciclo con una base clara: diversificar, integración urbana y una arquitectura pensada para la vida diaria.

Colonnier Jean Michel

Arquitectura para la vida diaria: diseñar la ciudad que habitamos

Retrato José Margaleff

La mayoría de las personas admira la arquitectura a través de los edificios icónicos, los que son instantáneamente materia para instagram. Son referentes que se fotografían y se estudian. Sin embargo, la ciudad no se vive ahí. La experiencia urbana sucede en los lugares comunes: al caminar por la banqueta, al entrar a un café, al cruzar una plaza o un parque, al llegar todos los días a la oficina o al recorrer el centro comercial del barrio. Es en esos espacios, repetidos y cotidianos, donde la arquitectura impacta de forma más profunda la calidad de vida.

Ese entendimiento ha guiado la práctica del fundador y director de Colonnier Arquitectos, Jean Michel Colonnier: diseñar la arquitectura que en realidad habitan las personas, la que estructura la vida diaria de la ciudad y define su carácter a largo plazo.

«Me interesa mucho cómo la gente realmente usa la ciudad. Los edificios históricos son bellos, pero la ciudad se vive en lo cotidiano, y ahí es donde la arquitectura puede marcar la diferencia», comenta Colonnier.

Ciclos y puntos de inflexión

El cierre de 2025 marcó algo más que el final de un periodo complicado. Tras casi ocho años de un mercado castigado —particularmente en la Ciudad de México y,

de manera muy clara, en los grandes edificios posteriores a la pandemia— comenzaron a aparecer señales de recuperación. El ánimo de los clientes mejoró y los proyectos volvieron a activarse.

Para Colonnier Arquitectos, el parteaguas se perfiló desde 2024: un momento de cambio entre una etapa de contracción prolongada y una fase de reactivación más consciente, apoyada en nuevas estrategias y aprendizajes acumulados.

Ante la desaceleración en la Ciudad de México, el despacho apostó por diversificarse tanto tipológica como geográficamente. Monterrey, Guadalajara y destinos de playa en Acapulco, Cabo San Lucas y Cancún ampliaron el horizonte de trabajo, mientras que la práctica se extendió de oficinas y vivienda hacia hotelería —con tres proyectos vigentes en obra— y centros comerciales, como Oasis Coyoacán y un nuevo desarrollo al sur de la ciudad. Esta diversificación no solo permitió sostener la actividad, a su vez generó explorar nuevas formas de relacionar arquitectura, entorno y uso social.

«Diversificar no es solo buscar nuevos mercados, sino también aprender de ellos y aplicar esas lecciones en cada proyecto. Cada ciudad, cada destino tiene su propio ritmo y eso nos obliga a adaptarnos», puntualiza el arquitecto.

Fotos Luis Gordoa
Torre Diana es pionera en México al obtener la certificación LEED v5 O+M (Operación y Mantenimiento) Platino, siendo uno de los primeros edificios en el mundo bajo esta versión que se enfoca en descarbonización y salud.

Campus Corporativo Coyoacán es un proyecto de reconversión industrial con un enfoque significativo en la sustentabilidad y la integración de áreas verdes. El proyecto transformó los antiguos laboratorios Abbott en un espacio corporativo de alto nivel, priorizando el paisaje y la eficiencia ambiental.

Foto Luis Gordoa

Desde su filosofía y convicción, Jean Michel Colonnier y su equipo conciben proyectos que integran negocio, diseño y ciudad para perdurar en el tiempo.

El ADN del despacho: arquitectura

comercial con valor urbano

La experiencia de Jean Michel Colonnier en despachos boutique de alto diseño en Montreal, sumada a su trayectoria con referentes de la arquitectura mexicana, lo llevó a especializarse en arquitectura comercial a gran escala. Desde ahí surgió una convicción clara: el tipo de arquitectura más presente en la ciudad es también el que tiene mayor impacto en la calidad de vida urbana.

La misión de Colonier Arquitectos es elevar la arquitectura comercial en México, mejorando diseño, construcción y aporte urbano. Cada proyecto se concibe en función de una pieza integrada a su entorno —sea urbano, costero o natural— y alineada desde el inicio con el plan de negocio del cliente, evitando el conflicto entre avidez arquitectónica y viabilidad económica.

BAIA Acapulco incorpora estrategias pasivas de orientación, ventilación cruzada y control solar, junto con selección de materiales de alta durabilidad, para reducir cargas térmicas y consumo energético en un entorno costero exigente.

A diferencia de los centros comerciales cerrados, el formato al aire libre de Oasis Coyoacán permite una ventilación natural constante, eliminando la necesidad de sistemas de aire acondicionado masivos en los pasillos y áreas de tránsito.

Un ejemplo claro de esta filosofía es Torre Diana, concebida desde el inicio como una «pequeña ciudad». Los estacionamientos subterráneos y los que se ubican sobre banqueta, se diseñaron con losas planas que permiten su futura reconversión a oficinas. La planta baja integra comercio, amenidades y un parque urbano capaz de absorber flujos peatonales intensos, ampliando banquetas y fortaleciendo la conexión con la ciudad.

Los espacios interiores son amplios, luminosos y deliberadamente no hiperespecíficos, lo que permite cambios de uso —de oficinas a hotel o auditorios— sin intervenciones estructurales complejas. La decisión de evitar sistemas postensados y optar por una fachada de cristal responde a una lógica de adaptabilidad, entendida como un pilar de la sustentabilidad y de la vigencia urbana.

«En Torre Diana quisimos crear flexibilidad real. Que el edificio se adapte con el tiempo es sustentabilidad; no basta con construir bien, hay que pensar en cómo se usará mañana», dice Colonnier.

En BAIA Acapulco —otro de los proyectos representativos del despacho— el reto fue distinto. El conjunto de cuatro torres introduce un frente comercial poco común en la costera; conecta el proyecto con los rituales cotidianos de la ciudad y genera un punto de encuentro que aporta valor social y económico.

El diseño y la construcción incorporan criterios de alta resiliencia frente a huracanes de categoría 5, sistemas precolados y una manufactura cuidadosamente controlada. Hoy, el proyecto participa de forma activa en la tarea de recuperar Acapulco, demostrando cómo la arquitectura puede acompañar procesos urbanos complejos y de largo plazo.

«Cada proyecto tiene su propio contexto. En BAIA Acapulco la prioridad era crear comunidad y asegurar que las estructuras resistieran huracanes. Diseñar pensando en la gente y en la ciudad no es opcional, es esencial», explica.

Proyectos como Torre Diana, BAIA Acapulco, Prisma y Oasis Coyoacán muestran una práctica que entiende que la ciudad no se contempla y que es en los espacios comunes donde la arquitectura realmente deja huella.
Foto Agustín Garza

Oasis Coyoacán no solo es un espacio de encuentro, es un homenaje al entorno: desde su muro de piedra volcánica natural hasta su lago de 3,500 m² que refresca cada paso. Un respiro sustentable en el corazón de la ciudad.

Foto Agustín Garza

En proyectos de retail como Oasis Coyoacán, el enfoque está puesto en la claridad espacial y la experiencia del usuario: accesos legibles, circulaciones intuitivas, estacionamientos amplios y jerarquizados; así también espacios exteriores con vegetación y visibilidad directa hacia las tiendas. La mezcla de cines y restaurantes se integra a un recorrido que privilegia la facilidad de uso y la sorpresa, alejándose del modelo de centro comercial cerrado y confuso.

«El objetivo siempre es que la arquitectura facilite la vida diaria. Queremos que quien visite un centro comercial, una oficina o una plaza sienta que el lugar está pensado para él, no solo para que funcione como negocio», comenta.

Este mismo cuidado se traslada al diseño de oficinas, es el caso de Campus Coyoacán, donde la arquitectura se piensa desde la rutina diaria: parques, accesos techados, áreas para sentarse al sol, lobbies nobles, baños suficientes y espacios para comer o tomar café. Son decisiones que mejoran la vida cotidiana, fortalecen la operación y hacen los proyectos más competitivos.

La arquitectura comercial exige conciliar múltiples variables: costo, mantenimiento, durabilidad, eficiencia y experiencia. El trabajo del arquitecto, en este contexto, es sintetizar y dar coherencia, evitando soluciones fragmentadas.

«Trabajar en equipo es fundamental. Cada proyecto se construye de manera colaborativa; yo coordino, pero el resultado emerge del diálogo constante con clientes, ingenieros y fabricantes», dice Colonnier. El equipo trabaja conforme un proceso de diseño en espiral, en el que las decisiones se afinan de manera interactiva y conjunta. Cliente y fabricantes participan desde etapas tempranas, lo que permite ajustar sistemas, reducir costos y facilitar la construcción hasta que el proyecto alcanza un punto de claridad donde todo encaja.

Torre NYL (Torre del Ángel) utiliza un sistema de doble piel de vidrio que actúa como una barrera térmica. Además su cascada de 30 metros contribuye a refrescar el ambiente de entrada de forma natural. Cuenta con certificación LEED Silver.
Foto Jaime Navarro / Luis Gordoa
La arquitectura comercial exige conciliar múltiples variables: costo, mantenimiento, durabilidad, eficiencia y experiencia.

En Torre Reforma 243 New York Life, la fachada fue diseñada de manera colegiada par enfriar naturalmente el edificio. FRONT, un despacho de consultoría de diseño de fachadas inició la conversación con la idea inicial de enfriar el edificio con la fachada. La ingeniería de cristal y aluminio se coordinó con el armado de losas de la estructura y el diseño final que asemeja las plumas de las alas de ángel coordinado y sistematizado por Colonnier Arquitectos para facilitar su construccion y bajar costos.

Sustentabilidad entendida como permanencia en el tiempo

Para Colonnier, la sustentabilidad no se limita a cumplir con una certificación. Su postura es más amplia: minimizar el impacto ambiental a través de edificios durables, adaptables y capaces de seguir activando la ciudad con el paso del tiempo. Demoler y reconstruir no es sustentable; prolongar la vida útil sí lo es.

Esto implica hacer más con menos: optimizar materiales, energía y metros útiles; priorizar calidad de aire, luz y sonido; y aplicar buenas prácticas de obra. También supone cuestionar si en verdad es necesario construir y, cuando es posible, apostar por la reutilización, como en el caso de Laboratorios Abbott, donde se conservó la mayor parte de las estructuras existentes y se dio nueva vida al conjunto.

«Sustentable no es solo poner paneles solares o buscar sellos. Es pensar si realmente necesitamos construir, si podemos reutilizar lo que ya existe, y diseñar para que todo lo que hacemos tenga sentido en el largo plazo», explica.

La visión urbana de Jean Michel Colonnier apuesta por ciudades más densas, caminables y de usos mixtos. Ciudades que valoren el arbolado, la sombra y la escala peatonal; que eviten segregar y reduzcan la expansión descontrolada.

La densificación bien planeada —con edificios medios o torres bien ubicadas y conectadas al transporte público— genera más interacción, creatividad y diversidad de servicios, al tiempo que reduce la huella ambiental y aprovecha la infraestructura existente.

«Imagino una ciudad en la que puedas caminar, encontrarte con otros, disfrutar de los árboles y de los espacios públicos, y donde los edificios convivan con la ciudad en lugar de separarla. Esa es la ciudad que quiero construir con cada proyecto», concluye.

colonnierarquitectos.com

Construir para el futuro

Ante la crisis climática, variables técnicas como energía, agua, materiales y territorio se convierten en decisiones críticas en la arquitectura. Este especial reúne la voz de prestigiados despachos de México y el mundo, quienes asumen esa responsabilidad sin discursos triunfalistas. No ofrecen soluciones cerradas, pero sí señales claras de una disciplina que responde, mientras el margen de acción se reduce.

Entrevistas y textos Martha Lydia Anaya y Manuel Pineda Fotos shooting y retratos José Margaleff
Escanea este QR para ver las entrevistas completas

Raíces y futuro: Evolución de la arquitectura regenerativa

Texto e investigación por Manuel Pineda

La arquitectura sustentable en México no surgió como una moda pasajera ni como una importación cosmética reciente. Es el resultado de un proceso largo, donde el conocimiento tradicional, la presión ambiental, los marcos regulatorios y la práctica profesional han ido convergiendo lentamente. Hoy, frente a una industria de la construcción responsable de una parte sustantiva de la crisis climática, la arquitectura vuelve al centro del debate: no se trata solo de «edificios verdes», sino de la habitabilidad misma.

Antes de que la sustentabilidad fuera un término técnico, la arquitectura vernácula ya respondía al clima: casas mayas diseñadas para disipar el calor, haciendas con muros de adobe y patios que funcionaban como sistemas pasivos de enfriamiento. El quiebre llegó con la industrialización del siglo XX y la adopción acrítica del estilo internacional, que priorizó rapidez y estética sobre desempeño climático. En las décadas de 1970 y 1980, investigadores de la UNAM y el IPN comenzaron a recuperar el bioclimatismo, sentando bases para el presente.

Hoy, el reto es mayúsculo. Según el Global Status Report for Buildings and Construction 2024–2025 del PNUMA, los edificios generan cerca de un tercio de las emisiones globales y consumen el 32% de la energía. En México, el sector residencial y comercial representa alrededor del 19% del consumo energético nacional, impulsado por la climatización artificial y el uso intensivo de materiales de alto impacto como el cemento y el acero.

La transición ha sido gradual. Normas como la NOM-008-ENER y la NOM-020-ENER obligaron a pensar en eficiencia térmica desde el diseño, mientras programas como Hipoteca Verde del Infonavit masificaron el uso de ecotecnologías. En la Ciudad de México, el Programa de Certificación de Edificaciones Sustentables (PCES) y las Normas Técnicas Complementarias forzaron a los desarrolladores a gestionar agua y residuos en una cuenca con alto estrés hídrico.

Las certificaciones internacionales estandarizaron el concepto de sustentabilidad. México figura de manera consistente en el Top 10 mundial de edificios LEED fuera de Estados Unidos. Proyectos como Torre Reforma o Torre BBVA demostraron que la alta eficiencia y el diseño de vanguardia son compatibles, mientras que las certificaciones EDGE democratizaron el acceso a estos estándares.

Más allá de los sellos, la arquitectura contemporánea ha recuperado su vínculo con el entorno. Desde el rescate hidrológico hasta el uso de materiales locales y la vivienda social bioclimática, el discurso se ha ampliado. El futuro exige ir más lejos: alcanzar las Cero Emisiones Netas, reducir el carbono operativo y el incorporado, y apostar por la rehabilitación y la economía circular.

El gran desafío es la equidad. La arquitectura sustentable no puede ser un privilegio de unos cuantos. En un país donde el cambio climático golpea con mayor fuerza a los más vulnerables, la arquitectura tiene la oportunidad histórica de volver a ser lo que siempre fue: un refugio inteligente, en equilibrio con su lugar.

¿QUÉ ES LA ARQUITECTURA SUSTENTABLE?

Una forma de diseñar, construir y operar edificios que reduce el impacto ambiental y mejora la calidad de vida, considerando todo su ciclo de vida.

Eficiencia energética

Confort térmico y lumínico

Materiales de bajo impacto

CERTIFICACIONES

TECNOLOGÍA

Principales certificaciones de arquitectura sustentable

LEED (Leadership in Energy & Environmental Design)

País: Estados Unidos

Año: 2014

Enfoque: Energía, agua, materiales, sitio y calidad interior.

EDGE (Excellence in Design for Greater Efficiencies)

País: Estados Unidos / IFC–Banco Mundial

Año: 2014

Enfoque: Ahorro mínimo en energía, agua y materiales.

BREEAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Methodology)

País: Reino Unido

Año: 1990

Enfoque: Impacto ambiental integral del edificio.

WELL (Wellness Building Standard)

País: Estados Unidos

Año: 2014

Enfoque: Salud y bienestar de los usuarios.

CRONOLOGÍA DE UNA TRANSFORMACIÓN

1992: Cumbre de Río; el desarrollo sostenible entra en la agenda global.

2001-2005: Creación de la CONAVI y primeros programas pilotos de vivienda sustentable.

Tendencias tecnológicas clave

Uso responsable del agua

Simulación energética

Automatización y monitoreo (BMS)

Integración con el entorno

Visión a largo plazo

Sensores inteligentes Energías renovables integradas

Gestión de datos en tiempo real

NUEVOS MATERIALES Y FORMAS DE CONSTRUIR

Materiales

Concreto de bajo carbono

Construcción

Madera estructural (CLT)

Prefabricación

2011: Nace SUMe (Sustentabilidad para México), organismo clave para la promoción de certificaciones LEED y visión sustentable.

Sistemas modulares

2016: Torre Reforma obtiene la certificación LEED Platino elevando el estándar corporativo nacional.

Materiales reciclados

Aislantes de alto desempeño

Diseño paramétrico

Economía circular

2020 en adelante: Auge de los bonos verdes y financiamiento ligado a criterios ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza).

PRIMEROS EDIFICIOS LEED EN MÉXICO

Eficiencia energética y diseño estructural innovador.

Iluminación natural y eficiencia operativa.

Ahorro energético y de agua. Control solar y envolvente eficiente.

CAMINO A LA COPA MUNDIAL DE FUTBOL 2026

Objetivo:

Ser el torneo de menor huella de carbono de la era moderna.

Estadio Akron Guadalajara, México

Busca convertirse en uno de los recintos más sostenibles de América Latina, con el objetivo de tener la menor huella ambiental durante el torneo.

Lumen Field Seattle, EU

Ha sido reconocido por sus iniciativas de sostenibilidad, incluyendo un programa integral de reciclaje y compostaje, y la compra de energía renovable.

Requisitos

La FIFA exige que todos los estadios sede de la Copa Mundial 2026 cuenten con certificación LEED u otra certificación ambiental equivalente.

Estadio BBVA Monterrey, México

Considerado uno de los estadios más sustentables de México, su tecnología y diseño que le han valido reconocimiento por su enfoque ecológico.

Lincoln Financial Field Filadelfia, EU

Se implementó la instalación de miles de paneles solares y un sistema de gestión del agua avanzado, obteniendo la certificación LEED Gold.

Mercedes-Benz Stadium Atlanta, EU

Es de los recintos deportivos más sostenibles del mundo; fue el primero en la NFL y la MLS en obtener la certificación LEED Platinum.

BMO Field Toronto, Canadá

El estadio está siendo ampliado y se están integrando consideraciones de sostenibilidad como parte de los preparativos del torneo.

La estrategia de sostenibilidad de la FIFA para la Copa Mundial 2026 Pilares sociales, medioambientales y económicos

Directrices estrictas para todas las sedes

Gestión de residuos

Eficiencia energética

De izquierda a derecha: Jean Michel Colonnier (Colonnier Arquitectos), Roberto Velasco (KMD Architects), Jorge Arditti (Arditti + RDT Arquitectos), Darío Ibargüengoitia (IBALCA) y Raúl Huitrón (BIOMAH).

¿Cuál es el papel de la arquitectura frente a los retos ambientales y sociales actuales? Desde la experiencia y la autocrítica, Roberto Velasco, director general de KMD Architects en México, argumenta que el buen diseño, la integración humana y el respeto por el entorno son la base para construir un futuro más consciente y duradero.

Arquitectura, sociedad y futuro

Retrato José Margaleff
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Roberto Velasco es claro: el futuro de la arquitectura está ligado al rumbo de la sociedad.
La Calma, en Los Cabos, un proyecto de mínima intervención que prioriza la subsistencia del ecosistema desértico y busca dejar un legado positivo para futuras generaciones.

Hablar de sustentabilidad apareció como una inquietud lejana, influenciada por corrientes californianas y normativas LEED a finales de los años noventa y principios de los dos mil. En ese entonces, era casi un experimento: tecnologías para ser un poco más eficientes, un gesto que coqueteaba con el futuro. Hoy, el escenario es otro. Las nuevas generaciones, conscientes y críticas, se sienten «estafadas» por el estado del planeta, y esa presión ha transformado lo sustentable en un imperativo social.

Para Roberto Velasco, director general de KMD Architects en México, la sustentabilidad no es una etiqueta ni una tendencia conveniente. Es, ante todo, una obligación ética. Una responsabilidad que la arquitectura —y quienes la ejercen— ya no pueden evadir.

Lejos de ver el tema como una moda reciente, Velasco considera que muchos de los conceptos que hoy se etiquetan como «sustentables» —la correcta orientación solar, la ventilación cruzada, el uso de materiales locales— han formado parte del buen diseño en décadas recientes.

«Esto se enseñaba en las escuelas de arquitectura desde los años setenta», explica. La sabiduría popular, incluso antes de la academia, ya aplicaba estos principios, como lo documenta el libro Arquitectura sin Arquitectos (publicado originalmente en 1964 por el MoMA de Nueva York a partir de la exposición homónima comisariada por Bernard Rudofsky).

«Lo que ha cambiado no es la esencia, sino las herramientas: hoy contamos con software de análisis solar y tecnología avanzada que nos permite sofisticar decisiones que antes se tomaban de manera intuitiva. No se ha inventado nada nuevo; simplemente hemos aprendido a nombrarlo, medirlo y perfeccionarlo», enfatiza Velasco. El verdadero punto de inflexión —dice— ocurre cuando la sustentabilidad deja de enfocarse únicamente en lo físico y lo técnico. «Certificaciones, puntos LEED, eficiencia energética o huella de carbono cero son importantes, sí, pero insuficientes. La evolución real del concepto recae en involucrar al ser humano, con entender que un proyecto no se inserta en el vacío, sino en comunidades vivas, con historia, costumbres y aspiraciones propias. Hoy, hablar de sustentabilidad implica ser también socialmente sustentable», señala.

El buen diseño siempre ha sido sustentable; hoy simplemente tenemos mejores herramientas para entenderlo.
No hay arquitectura responsable sin diálogo con las comunidades que ya habitan el territorio.

Con una planificación orientada a la convivencia y el entorno, La Ceiba propone un desarrollo urbano que combina naturaleza y tecnología para enriquecer la vida cotidiana y reducir significativamente el impacto ambiental.

Este cambio de perspectiva exige algo fundamental: humildad. Y es que la figura del arquitecto que cree tener todas las respuestas se ha convertido en uno de los mayores obstáculos. En KMD, la arquitectura se entiende como una disciplina más dentro de un proceso complejo. Por eso, el trabajo se apoya en equipos multidisciplinarios que incluyen diseñadores, sociólogos, antropólogos, historiadores, ingenieros e incluso ONGs locales.

«El objetivo no es imponer, sino dialogar. Integrar a las comunidades preexistentes, darles viabilidad económica y social, y minimizar el impacto invasivo de los nuevos desarrollos», puntualiza Velasco. Esta visión se materializa en proyectos concretos realizados por KMD. Uno de ellos es La Ceiba, en Culiacán. En un terreno urbano de ocho hectáreas, destinado a un desarrollo de uso mixto —comercial, oficinas, hotel y vivienda—, el reto era claro: preservar 29 ceibas monumentales con un enorme valor emocional para el cliente. La solución fue cambiar la pregunta. En lugar de hacer un centro comercial con áreas verdes, el equipo decidió hacer un parque con un centro comercial dentro. Con el apoyo de especialistas del jardín botánico y el uso intensivo de tecnología, lograron integrar cada árbol al diseño sin talar ninguno. El resultado demuestra que la conservación ambiental no solo es compatible con el negocio, sino que puede potenciarlo.

Otro ejemplo es La Calma, en Los Cabos. En un terreno de 270 hectáreas, el concepto fue radicalmente sencillo: no intervenir más de lo necesario. Se respetó el desierto, se evitaron asfaltos y grandes cimentaciones, el proyecto surge como una bandera de sustentabilidad destinada a un comprador que compartiera esos valores.

Aquí, el éxito no se midió solo en términos económicos, sino en la posibilidad de dejar un legado: entregar el lugar en mejores condiciones de las que se recibió.

En opinión de Roberto Velasco, la pregunta de fondo no es hacia dónde va la arquitectura sustentable, sino hacia dónde va la sociedad. Percibe una crisis de dirección marcada por la inmediatez, el exceso de informaciones sin contenido, la superficialidad y la comercialización constante. Una dinámica que afecta de manera especial a las nuevas generaciones, muchas veces carentes de una base sólida.«La solución —reflexiona— no comienza en la universidad ni en los grandes proyectos, sino mucho antes: en la familia y en la educación básica».

A esto se suma una paradoja inquietante. Nunca antes hubo tantos materiales y tecnologías disponibles, muchos de ellos altamente procesados, con un gran costo ambiental y una vida útil bastante corta. Frente a eso, materiales ancestrales como el ladrillo o el mármol siguen demostrando una durabilidad que desafía el tiempo.

«La arquitectura corre el riesgo de dejarse arrastrar por la novedad, la moda y una sofisticación excesiva —domótica, robótica, sistemas complejos— que termina generando fragilidad y dependencia. La pregunta es inevitable: ¿realmente necesitamos todo eso?». Velasco subraya el papel crucial de los medios de comunicación. «La arquitectura, por maravillosa que sea, queda incompleta si no se publica, se discute y se cuestiona. Revistas, blogs, programas de análisis, foros de discusión, podcasts, estaciones de radio y aún más, funcionan como un sistema circulatorio que conecta esfuerzos aislados, abre debates y mantiene vivas las ideas».

En temas como la sustentabilidad, el rol de los medios de comunicación es esencial para sembrar inquietudes y permitir que el diálogo evolucione. La sustentabilidad ha dejado de ser un checklist técnico para convertirse en un paradigma integral. Uno que pone en el centro a las personas, al entorno y al tiempo. Que exige colaboración, humildad y una reflexión profunda sobre el verdadero propósito de construir. Porque, al final, diseñar de manera sustentable no es solo edificar mejor, sino vivir mejor y pensar más lejos.

kmdarchitects.com

Algunos interpretan la sostenibilidad como sinónimo de paneles solares, eficiencia energética o certificaciones ambientales. Para Jorge y Arturo Arditti, ésta comenzó con un despertar personal y profesional que hoy asimilan en una filosofía de trabajo que combina diseño, tecnología y bienestar humano.

Arditti + RDT Arquitectos

El despertar a la sostenibilidad

Retrato José Margaleff
Para Arditti + RDT Arquitectos, la sostenibilidad va más allá del medio ambiente: es transformación social.

El proyecto Vitai

diseño bioclimático y una materialidad consciente que responde al clima de Baja California Sur.
Es crucial que el gobierno apoye con incentivos y regulaciones. La sostenibilidad debe ser una obligación, no un lujo.
destaca por su

Todo empezó en el Congreso de Arquitectura de 1993-94 en Chicago. El tema del congreso era sustainability, un concepto nuevo por completo para ellos. «Nunca habíamos escuchado hablar de la arquitectura con responsabilidad ambiental de manera tan integral», recuerda Jorge, a lo que Arturo agrega: «Nos dimos cuenta de que nuestras decisiones afectaban críticamente al medio ambiente. Fue un momento de conciencia que cambió para siempre nuestra forma de diseñar».

De regreso en México, decidieron investigar y adoptar esta nueva perspectiva. Estudiaron movimientos vanguardistas en Europa, eficiencia energética en Norteamérica y estructuras innovadoras en Japón, integrando esos aprendizajes a su práctica. El camino no fue fácil: «Al principio hubo escepticismo. Muchos pensaban que la sostenibilidad era un lujo o un tema académico, pero nosotros queríamos probar que podía ser funcional y accesible», comenta Arturo. Su primer gran proyecto sostenible fue el Club House Juvenil del Club de Golf Bellavista. «Al inicio, el cliente dudaba. Pero el proyecto demostró que se podía reducir drásticamente el uso de gas LP y diésel con un buen diseño y paneles solares», recuerda Jorge. Aunque los meses más fríos representaban un reto, el éxito del edificio demostró que la sostenibilidad podía ser práctica y rentable, no solo conceptual.

Para los hermanos Arditti, la arquitectura es la base de la sostenibilidad. «La mejor eficiencia se logra desde el diseño: orientación correcta, ventilación cruzada, volados que dan sombra… todo eso reduce la necesidad de tecnología extra», explican. «Cuando combinamos soluciones arquitectónicas con tecnologías de bajo consumo, como cristales especiales que reducen la carga térmica, logramos edificios que envejecen con dignidad, atemporales y adaptables».

Además, consideran fundamental planificar para el futuro: «Si el presupuesto no permite incorporar cierta tecnología hoy, dejamos preparados los ductos y espacios para integrarla más adelante. La sostenibilidad también es flexibilidad y viabilidad económica», comenta Jorge.

Para Arditti + RDT Arquitectos, la sostenibilidad va más allá del medio ambiente: es transformación social. «La arquitectura puede mejorar el estado de ánimo, la actitud y la convivencia de las personas», dice Arturo. «Un espacio bien diseñado hace que la gente se sienta más feliz, más cómoda, más digna», puntualiza Jorge.

El despacho también pone especial interés en la salud y los materiales. «Cada elemento importa: la luz, la ventilación, los materiales que usamos. Todo afecta la calidad de vida y la felicidad de quienes habitan nuestros edificios. No se trata de lujo, sino de dignidad: crear espacios que funcionen para todos».

Hoy, los Arditti trabajan en proyectos muy diversos: residenciales en Cabo, Riviera Maya y Ciudad de México; el recién inaugurado Museo Bimbo en CDMX; desarrollos residenciales en Costa Rica; un centro cultural en Miami; el Museo Hispano-Judío en Madrid y un salón multiusos (Jardín Ciba), entre otros. En todos, la sostenibilidad es el eje central, pero siempre acompañada de un enfoque humano y social.

«No basta con construir verde; necesitamos educar a la sociedad. Las acciones simples en casa o en la oficina pueden generar un gran cambio. Además, es crucial que el gobierno apoye con incentivos y regulaciones. La sostenibilidad debe ser una obligación, no un lujo. Solo así podremos transformar nuestras ciudades y garantizar un futuro responsable y digno», concluyen Jorge y Arturo Arditti.

ardittiarquitectos.com

El proyecto Neuchâtel Cuadrante Polanco destaca por su compromiso con la certificación WELL, integrando eficiencia energética y movilidad sustentable en el corazón de Nuevo Polanco.

Cada edificio bien diseñado puede transformar la convivencia y la calidad de vida de la comunidad.

Fotos/Renders cortesía
Museo Bimbo
Ubicado en el corazón de Escazú, Costa Rica, el proyecto Attali se desarrolla en 17,000 m² con una huella de construcción menor al 50%.

La arquitectura sustentable ha dejado de ser una promesa para convertirse en un ejercicio de responsabilidad técnica y creativa. Raúl Huitrón, fundador y director general de BIOMAH, expone cómo la innovación, la ingeniería propia y la obra construida definen el verdadero desempeño ambiental.

Raúl Huitrón / BIOMAH

Sustentabilidad, ingeniería y diseño

Retrato José Margaleff
Ver más proyectos
Raúl Huitrón contempla que las nuevas generaciones de arquitectos incorporarán las variables ambientales de forma orgánica mediante inteligencia artificial.

Proyecto

Torre Ejecutiva de la Secretaría de Economía.

Reestructuración y Envolvente Arquitectónica

Dirección General: REYVAL ARQUITECTOS / José Reygadas, Antonio Gallardo, Marco Reygadas.

Proyecto de Envolvente Arquitectónica / Fachadas: REYVAL

Arquitectos + BIOMAH / Raúl Huitrón Arquitectura

Proyecto Estructural: Óscar de la Torre

Tecnología de Ventilación

Natural con Aceleración de Flujo: BIOMAH / Raúl Huitrón Arquitectura

La arquitectura del futuro integrará desempeño ambiental desde el primer trazo.

Gracias a su ubicación, en el edificio de la Secretaría de Economía se pudo explorar un sistema de ventilación natural sin aire acondicionado, la cual es único en su tipo.

¿Qué significa realmente la sustentabilidad en la arquitectura, más allá del discurso y la certificación? Para Raúl Huitrón, fundador y director general de BIOMAH, empresa mexicana dedicada al desarrollo de proyectos arquitectónicos sustentables de alto desempeño y eficiencia energética, la arquitectura sustentable no es un discurso ni una suma de buenas intenciones.

Es, ante todo, señala el arquitecto, un problema técnico, cultural y creativo que exige asumir riesgos, inventar soluciones propias y entender la obra construida como el único terreno donde la arquitectura realmente existe.

«La sustentabilidad no es el render ni la maqueta, es la obra construida. Es entender el clima, la energía, la tecnología y la economía para lograr edificios que funcionen mejor, que consuman menos y que se puedan hacer aquí, con nuestra ingeniería y nuestros materiales. Si no se puede construir, medir y operar, entonces no es arquitectura sustentable».

En su lectura, uno de los grandes retos contemporáneos no es solo diseñar edificios eficientes, sino lograr una verdadera transferencia tecnológica o, en muchos casos, aceptar que esa tecnología simplemente no existe y debe ser creada desde cero. «El primer reto es entender cómo transferir la tecnología, si es que no la generas tú mismo», afirma. El segundo, quizá más complejo, abre una oportunidad inédita para el arquitecto: convertirse en inventor y emprendedor tecnológico.

Ese fue el camino que siguió su oficina —con más de dos décadas de experiencia— al desarrollar un rascacielos de gran escala con un resultado sin precedentes en el continente: un edificio que opera sin un sistema central de aire acondicionado y que logra un ahorro energético superior al 50%. «No le copiamos a nadie. Fue entender, analizar y acumular toda la experiencia que hemos construido durante años», explica. El proyecto, desarrollado íntegramente con arquitectos e ingenieros mexicanos, demostró que la innovación no depende de importar soluciones, sino de formular las preguntas correctas.

La confirmación llegó incluso fuera del país. Durante una conversación informal en Londres con uno de los arquitectos más influyentes del mundo, Huitrón entendió que el verdadero desafío no era aprender de otros, sino hacerlo con tecnología propia, ingeniería local y materiales producidos en México. Ese, dice, es el segundo gran paso de la arquitectura sustentable: dejar de replicar modelos y comenzar a producir conocimiento desde el contexto.

Lo relevante, subraya, es que este tipo de soluciones no están reservadas para proyectos monumentales. Si pueden desarrollarse en edificios de gran escala, también pueden adaptarse a proyectos más pequeños, incluso residenciales. En Querétaro, su equipo aplicó esta lógica en una obra de una sola habitación, diseñada bajo criterios estrictos de respuesta climática, orientación, seguridad solar y sistemas pasivos.

Fue ahí donde surgió una nueva pregunta —aparentemente absurda, como él mismo reconoce— que detonó otra innovación: ¿podría una fachada no solo proteger del clima, sino purificar el aire antes de que entrara al edificio? El desarrollo tomó casi dos años y requirió un proceso de colaborar con científicos, ingenieros y laboratorios internacionales. «El hecho de que tengas inventiva no te vuelve científico. Te obliga a acercarte a ellos», aclara.

El corazón del Parque Irekua alberga un Centro de Educación Ambiental de vanguardia, diseñado por BIOMAH bajo principios bioclimáticos. Con tecnologías para el tratamiento de agua y un santuario que protege a más de 65 especies de aves, el conjunto integra la convivencia social con la resiliencia ecológica.

Uno

de los grandes retos contemporáneos no es solo diseñar edificios eficientes, sino lograr una verdadera transferencia tecnológica

La solución partió de un concreto blanco de baja huella de carbono, al que se incorporó un químico fotocatalítico que reacciona con la luz ultravioleta. Al pasar el aire por la fachada, las partículas contaminantes —especialmente las producidas por los automotores— se transforman en compuestos no perjudiciales para la salud. A diferencia de otras aplicaciones europeas, pensadas para limpiar el aire del entorno urbano, aquí la fachada se convirtió en un filtro activo para el interior arquitectónico.

A este sistema lo denominaron fachadas reactivas: envolventes que no se mueven ni dependen de mecanismos complejos, pero que reaccionan químicamente con el ambiente. Frente a las fachadas dinámicas —costosas, difíciles de mantener y casi inexistentes en México—, esta medida demuestra que la innovación puede ser eficiente, viable y replicable. «La innovación tiene un peaje, pero hay que ponerle fronteras», señala.

Para Huitrón, todo este discurso solo cobra sentido cuando se materializa. «La arquitectura no es el render ni la maqueta. La arquitectura es la obra construida», insiste. Esa convicción atraviesa uno de sus proyectos más emblemáticos: la Torre Ejecutiva de la Secretaría de Economía, ubicada en Circuito Interior y Alfonso Reyes, en la colonia Condesa.

El proyecto surgió como una reforma estructural y de envolvente de un edificio de 25 niveles, el único rascacielos de la zona. Dirigido por REYVAL Arquitectos y desarrollado junto con José Reygadas, el planteamiento abrió una posibilidad inédita: aprovechar su ubicación, su planta regular y la ausencia de obstrucciones para explorar un sistema de ventilación natural sin aire acondicionado.

Casa DFM explora estrategias bioclimáticas a través de cubiertas térmico-traslúcidas y control solar que optimizan luz natural y confort térmico, reduciendo la demanda energética en la ciudad de Querétaro.

El reto no era menor. No se trataba de abrir ventanas, sino de diseñar una tecnología capaz de introducir aire. Tras meses de simulaciones, análisis climáticos y modelaciones avanzadas, los resultados fueron contundentes. Cuando los números se presentaron al entonces secretario de Economía —economista de formación—, la viabilidad técnica y el ahorro de recursos hablaron por sí mismos.

«Fue un momento muy parecido a la escena de Interstellar cuando todo se revela», recuerda. El edificio se construyó y hoy opera como un caso único en su tipo, con un desempeño energético sin precedentes en el continente.

Mirando hacia el futuro, Huitrón ve una transformación profunda en la manera de integrar sustentabilidad, ingeniería y diseño. A diferencia de los procesos complejos y largos que hoy requieren meses de trabajo especializado, las nuevas generaciones incorporarán estas variables de forma orgánica mediante la inteligencia artificial. «Así como hoy se analiza un programa arquitectónico o una estructura, también se integrará el desempeño ambiental desde el inicio», anticipa.

La clave, concluye, estará en la educación: formar arquitectos capaces de usar estas herramientas con criterio, entendiendo que la sustentabilidad no es un adorno tecnológico, sino una forma responsable y consciente de habitar el mundo.

@raul_huitron_riquelme_biomah

Pensar la arquitectura más allá de su inauguración implica cambiar la idea misma de éxito. Para Skidmore, Owings & Merrill (SOM), la economía circular es una cuestión de sistemas, tiempo y responsabilidad.

Skidmore, Owings & Merrill (SOM)

Circularidad, tiempo y desempeño para crear arquitectura

Javier Arizmendi, al frente de la oficina de SOM en San Francisco, articula diseño, innovación y sostenibilidad para redefinir paisaje urbano y experiencias espaciales con rigor técnico y visión humana.

Negociar criterios ambientales no significa renunciar a ellos, sino priorizarlos con base en impacto y retorno.

500 County Center es el primer edificio cívico net zero de Estados Unidos construido en madera maciza, reduciendo 85 % el carbono incorporado.
Fotos Dave Burk©

Skidmore, Owings & Merrill (SOM) es una de las firmas de arquitectura más importantes del mundo, fundada en 1936 y con oficinas en Los Angeles, San Francisco, Dubái, Hong Kong, Londres y Shanghái, entre otras ciudades a nivel mundial, es responsable del diseño y construcción de algunos de los edificios más reconocidos del mundo, como el Burj Khalifa (Dubái); el más alto del mundo actualmente, el One World Trade Center y el John Hancock Center. En SOM, la preocupación por el cuidado del medio ambiente ha estado presente mucho antes de que el lenguaje de la crisis climática se volviera dominante. José Palacios, director de la oficina de SOM en Los Angeles, lo resume así: «Desde hace décadas entendemos la arquitectura como algo que debe rendir a lo largo del tiempo, no solo en el momento de inaugurarse».

Hoy, el impacto ambiental se analiza a lo largo de toda la vida de un edificio: desde la extracción de materiales y la construcción, hasta su operación, adaptación y posible reutilización. Javier Arizmendi, director de la oficina de SOM en San Francisco, señala que esta evaluación comienza desde las primeras decisiones de diseño. «No definimos primero la forma y después el desempeño ambiental; ambas cosas ocurren al mismo tiempo», afirma. Carbono incorporado, energía operativa, eficiencia estructural y capacidad de adaptación se estudian de manera simultánea, apoyados en análisis de ciclo de vida, modelos energéticos y simulaciones de desempeño. Sin embargo, Arizmendi subraya que la circularidad no depende solo de métricas. «Diseñar con flexibilidad es fundamental para anticipar cambios de uso, de tecnología o de clima», explica. Para SOM, reducir impactos iniciales es importante, pero evitar demoliciones prematuras y alargar la vida útil de los edificios resulta más decisivo.

La importancia de reducir materiales

En el debate sobre arquitectura circular, la atención suele centrarse en los materiales y su huella de carbono. Desde la perspectiva de SOM, el foco se desplaza hacia la eficiencia. «Algunos de los mayores ahorros ambientales provienen de los materiales que nunca se utilizan», apunta Palacios. Reducir cantidades y eliminar desper-

José Palacios lidera el diseño y desarrollo de proyectos cívicos y urbanos en la oficina de SOM en Los Angeles, con enfoque en diseño integrado, innovación técnica y soluciones sostenibles de alto rendimiento.

dicios suele tener un impacto mayor que sustituir un material por otro, aunque estos beneficios aún no siempre se reflejan en las metodologías de evaluación.

Esta lógica se traduce en una atención particular a la eficiencia estructural y de sistemas. Optimizar luces, trayectorias de carga y ensamblajes permite que los edificios hagan más con menos, reduciendo el carbono incorporado desde su origen. Arizmendi destaca la prefabricación y del diseño basado en componentes, no solo por la precisión y la reducción de residuos en obra, sino porque estos sistemas facilitan el desmontaje, la reutilización y la adaptación futura. La economía circular, para SOM, se extiende del edificio a la ciudad. «Los edificios no existen de manera aislada», señala Palacios, «forman parte de redes urbanas e infraestructurales que determinan cómo fluyen la energía, el agua, los materiales y las personas». A escala urbana, la circularidad se traduce en infraestructuras compartidas, sistemas energéticos distritales, reutilización del agua y redes de movilidad integradas, donde los beneficios ambientales suelen multiplicarse.

Este enfoque explica por qué la sustentabilidad dejó de ser un valor agregado para convertirse en un principio estructural dentro de la firma. Frente al cambio climático y la presión sobre los recursos, sostiene Palacios, quedó claro que no podía abordarse mediante gestos aislados o certificaciones puntuales. «La sustentabilidad define cómo concebimos y construimos los proyectos desde el inicio», afirma.

La descarbonización del entorno construido sintetiza esta postura. Arizmendi concluye que «reducir emisiones exige pensar en paralelo el carbono operativo y el incorporado desde las primeras decisiones de diseño». Al integrar arquitectos e ingenieros desde el origen del proyecto, la reducción de carbono deja de ser una restricción y se convierte en un motor de calidad arquitectónica.

som.com

Fotos © Benny Chan | Fotoworks and Dave Burk© SOM
Billie Jean King Main Library reduce el carbono incorporado en su construcción al reutilizar la estructura existente y emplear madera estructural renovable como elemento principal.
Billie Jean King Main Library combina estructura de madera laminada de bajo carbono, iluminación natural máxima y paneles solares para lograr certificación LEED Platinum.
05 / Especial
De izquierda a derecha: Benedikt Fahlbusch (JSa), Heidi Valdez (Revitaliza Consultores), Luis Fernández de Ortega (VFO Arquitectos), Alexis Levy (SUMe Sustentabilidad para México), Eduardo Ramos (Gensler México) y Juan Pablo Serrano (Serrano Arquitectos y WORK +).

La sostenibilidad y resiliencia no son una capa añadida ni una moda reciente: son una forma crítica de entender el diseño desde el clima, los materiales y la responsabilidad social.

Sentido común radical: construir bien en tiempos de urgencia

Ver más proyectos
Para Benedikt Fahlbusch, socio y director de proyectos de gran escala en JSa, a veces es mejor una buena ventilación cruzada y una orientación correcta que el aire acondicionado más eficiente.

Al platicar con Javier Sánchez y Benedikt Fahlbusch, socios directores en JSa, la conversación sobre sustentabilidad no parte de certificados ni de sistemas complejos, sino de una idea mucho más básica —y más exigente—: el sentido común. Para Javier Sánchez, socio fundador del despacho, la arquitectura siempre ha tenido que responder al lugar antes que a cualquier tendencia.

«Todo lo que construimos tiene que lidiar con un clima, con el asoleamiento, con la lluvia, con la humedad», explica. Desde esa premisa, cada proyecto se concibe como una negociación cuidadosa entre materiales, estrategias pasivas y decisiones que se toman desde el primer trazo. «No es que después le agregues una capa sustentable: ésta viene integrada desde que decides cómo va a ser un muro».

Ese enfoque se traduce en soluciones aparentemente simples — sombra, jardines, aislamiento, cámaras de aire— que, bien pensadas, eliminan la necesidad de sistemas posteriores. «Si no lo resuelves desde el diseño, llegas tarde y tienes que hacer un retrofit», apunta Sánchez. Y llegar tarde, en arquitectura, casi siempre implica gastar más energía y más recursos.

En su opinión, uno de los grandes retos en este tema recae en lo cultural. En México, se construye de forma muy similar en contextos climáticos completamente distintos. «Usamos los mismos materiales en lugares donde te mueres de frío o de calor», señala Sánchez. El resultado son edificios que dependen de la calefacción o del aire acondicionado para funcionar.

Para Benedikt Fahlbusch, socio y director de proyectos de gran escala en JSa, la paradoja es evidente: «Muchas veces es mejor una buena ventilación cruzada y una orientación correcta que el aire acondicionado más eficiente». Y pone como ejemplo que, en un

clima como el de la Ciudad de México, los sistemas mecánicos no deberían ser la primera respuesta.

«La vegetación, las terrazas, los volados bien puestos generan microclimas», explica.

Y pone un ejemplo inmediato: el patio en sus oficinas de la Fábrica de Hielo, donde se desarrolla la entrevista con el equipo de Glocal Design. Un espacio que funciona tanto en invierno como en verano gracias al sol y a la sombra bien calculados. «Eso es arquitectura que trabaja sola».

Reducir el impacto pasa por decisiones clave: materiales locales, sistemas pasivos, elementos que envejezcan con dignidad y edificios pensados para durar. «La energía no solo está en la construcción, también en la operación y en las remodelaciones», apunta Fahlbusch. Usar materiales desechables o de mala calidad implica volver a construir —y contaminar— una y otra vez.

Por eso, en JSa insisten en evitar a toda costa lo fake o lo «plasticoso». «Un edificio que se ve bien en 20 años también es sustentable», afirma Benedikt.

En la Ciudad de México, la reflexión se vuelve aún más urgente. Sánchez puntualiza el absurdo de una metrópoli que bombea agua desde lejos para luego expulsarla fuera de la cuenca. Frente a ese escenario, el despacho ha trabajado con sistemas de captación, reciclaje y tratamiento in situ.

Un ejemplo concreto es la Fábrica de Hielo, donde reutilizaron una vieja estructura existente e incorporaron jardines y un humedal de tratamiento. «Aquí la temperatura baja, hay especies que habitan el lugar y la gente ve que un sistema de tratamiento no huele mal», explica. Son proyectos que funcionan también como pedagogía urbana.

Casa O reinterpreta el paisaje y la cultura local integrando orientación pasiva, luz natural y relación constante con la vegetación existente.
Valle Paralelo renace en las boscosas laderas de Valle de Bravo como un campus ecológico que promueve la regeneración del suelo y la agricultura orgánica.
«No se trata de poner en práctica grandes tecnologías, sino de tomar decisiones bien pensadas desde el diseño».

Planteando una arquitectura de bajo impacto, Valle Paralelo prioriza la regeneración del suelo, el manejo consciente del agua y la integración productiva del paisaje como parte activa del habitar.

«Predicar con el ejemplo es clave», dice el arquitecto. Mostrar que una casa puede ser más pequeña pero mejor pensada, o que un doble vidrio puede sustituir un sistema de calefacción, cambia el diálogo con los clientes. «Una decisión no se puede medir solo en dinero: tiene un costo ambiental y social».

Ambos arquitectos —Javier y Benedikt— coinciden en que la sustentabilidad ya no puede separarse del pensamiento arquitectónico. «Si miras hacia atrás, las técnicas tradicionales ya eran sustentables», recuerda Sánchez. Proteger el adobe de la humedad o evitar fachadas de vidrio al poniente no es nostalgia: es inteligencia acumulada.

En un contexto político y económico en el que el péndulo parece moverse en sentido contrario, Sánchez es enfático: «Lo que construimos es real y se queda por décadas». Por eso, insiste, este no es un tema ideológico, sino de responsabilidad. Fahlbusch concuerda: la presión vendrá, cada vez más, desde los usuarios. «La gente pregunta por sus consumos, por su recibo de luz, por la calidad del espacio». La sustentabilidad, dice, también se convierte en un valor diferencial.

Al final, la postura de JSa es clara: construir menos espectacular, pero mejor; menos tecnológico, pero más consciente. Porque en un mundo de recursos finitos, construir bien ya no es una opción ética: es una obligación profesional.

jsa.com.mx

@jsaarquitectura

Antes de que las certificaciones se convirtieran en estándar, VFO Arquitectos entendió la sustentabilidad como una responsabilidad directa con el usuario, la ciudad y el bienestar colectivo.

Cuando la sustentabilidad se vuelve experiencia

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Luis Fernández de Ortega insiste en que no se trata solo de diseñar un edificio, sino de ofrecer una experiencia completa a los usuarios.

«La sustentabilidad está basada en tres ejes: el ambiental, el social y el económico. Hoy se ha puesto mucho peso en lo ambiental, pero desde nuestra práctica hemos tratado de llevarla hacia la parte social, hacia las personas y su bienestar».

Torre Koi en Monterrey combina altos estándares de eficiencia: su fachada de alto rendimiento y planta de tratamiento de agua contribuyen al ahorro energético y de recursos.

Desde hace más de 16 años, Luis Fernández de Ortega ha construido una práctica arquitectónica que rehúye de las etiquetas fáciles. Socio director de diseño de VFO Arquitectos, su trayectoria atraviesa proyectos de todas las escalas: interiores, corporativos, edificios de gran envergadura y algunos de los estadios más emblemáticos del país. Más que tipologías, lo que se repite es una constante: pensar la arquitectura desde quien la habita.

«La arquitectura es una herramienta de vinculación entre la construcción y el usuario», afirma. Y en esa premisa, que parece sencilla, se sostiene una visión que hoy dialoga de forma natural con la sustentabilidad, aunque —como él mismo recuerda— nació mucho antes de que el término se volviera tendencia.

Desde los primeros años del despacho, la orientación, el análisis del sitio y las condiciones de habitabilidad formaban parte del proceso de diseño. «Siempre fuimos muy cautos en que el edificio tenía que responder al lugar y proporcionar las mejores condiciones de confort al usuario interior», explica. Para Fernández de Ortega, un buen edificio no depende tanto del terreno como de la inteligencia con la que se interpreta.

La llegada de sistemas de certificación LEED, a finales de los noventa y principios de los dos mil, encontró a VFO con buena parte del camino ya recorrido. «Traíamos mucha de esa lógica desde antes», recuerda. Aun así, decidieron formalizar el compromiso: él y su socio (Juan Andrés Vergara) se acreditaron como profesionales LEED hace dos décadas.

Ese paso marcaría un punto de inflexión. En 2003–2004, el despacho desarrolló para HSBC el primer edificio con certificación LEED Gold en México. «Fue uno de los primeros casos, y a partir de ahí entendimos que no solo se trataba de diseñar, sino de promover una cultura», señala. En su momento, llegaron a tener hasta 15 profesionales acreditados dentro de la oficina, muchos de ellos continuaron su vida profesional en el ámbito de la sustentabilidad de manera destacada, impulsando una práctica que hoy es estándar en el mercado. Para el arquitecto, el verdadero reto ya no está solo en la eficiencia energética o en la documentación para certificaciones, sino en cómo los espacios impactan la salud mental, emocional y sensorial de quienes los usan. De ahí su interés en sistemas como WELL, la neuroarquitectura y lo que él llama una arquitectura restaurativa. «Más allá de la mercadotecnia, es fundamental que las personas perciban que el lugar donde habitan —sea su casa, su oficina o un estadio— les ofrece un ambiente de confort mental, visual y ambiental». En proyectos de gran escala, como los estadios, esa visión se amplifica. Fernández de Ortega insiste en que no se trata solo de diseñar un edificio, sino una experiencia completa. «Desde el momento en que alguien decide ir a un estadio, todo cuenta: la llegada, la movilidad, la visibilidad, el ambiente previo y posterior al evento». El Estadio BBVA, casa de los Rayados de Monterrey, es un ejemplo claro. Su inclinación hacia el sur no es un gesto gratuito: permite que desde las gradas se reconozca el Cerro de la Silla, anclando el edificio a la identidad de la ciudad. «Queríamos que la gente supiera dónde está, que se reconociera en el lugar».

Foto Rodrigo Ramos
Foto Rodrigo Ramos / VFO arquitectos
El Estadio BBVA, casa del Club de Futbol Monterrey, fue reconocido con certificación LEED Gold en operaciones por su eficiencia energética, gestión sostenible del agua y bajo impacto ambiental.
El verdadero reto ya no está

solo en la eficiencia energética o en la documentación para certificaciones, sino en cómo los espacios impactan la salud mental, emocional y sensorial de quienes los usan.

En contraste, el Estadio Akron, de las Chivas, responde a otra lógica. Diseñado en colaboración con Jean-Marie Massaud y Daniel Pouzet, el proyecto se concibió como un cerro artificial, sin fachada, integrado al paisaje del Bosque de la Primavera. «Es un edificio que cuando no se usa, prácticamente desaparece; y cuando hay evento, explota de energía», describe.

Hoy, Fernández de Ortega considera que la sustentabilidad ya es inherente al acto de proyectar. «Es como decir que vas a construir con concreto, acero y cristal: ya no se discute». El siguiente paso, dice, está en la capacidad de la arquitectura para restaurar.

La incorporación de jardines, arte, luz natural y contacto con la naturaleza se ha vuelto central en sus proyectos recientes, incluso en edificios de menor escala. Un corporativo para una empresa suiza, concluido en 2023, le confirmó algo esencial: «La gente está feliz de trabajar ahí. Ese es el mayor éxito posible».

Para Luis Fernández de Ortega, la arquitectura del presente —y del futuro inmediato— no solo debe respetar el entorno, sino contribuir activamente a mejorar la vida de las personas. Porque, al final, la verdadera sustentabilidad no se certifica: se vive.

v-fo.com

Foto Adrian Wilson
La Torre HSBC fue el primer edificio en Latinoamérica en obtener la certificación LEED Gold por su diseño ecológico, que incluye tratamiento de aguas residuales y un techo verde.

Más allá del discurso verde, Gensler ha convertido la sustentabilidad en un sistema de métricas, estándares y herramientas que permiten evaluar el impacto ambiental del diseño desde la selección de materiales hasta el final de su ciclo de vida.

Diseñar con datos y mediciones claras

Retrato José Margaleff
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De acuerdo con Eduardo Ramos, en Gensler la sustentabilidad permea en todas las personas que colaboran en la organización y en cada etapa del proyecto, desde el diseño hasta la implementación.
Con una meta de certificación LEED Zero Energy, Pacific Center integra estructura de madera, generación fotovoltaica, gestión responsable del agua y estaciones de carga para autos eléctricos.
Fotos cortesía

¿Puede el diseño de interiores medirse en términos de impacto ambiental real y no solo de buenas intenciones? En Gensler, la respuesta no se construye desde el discurso, sino desde la métrica.

Para una firma global que cumple seis décadas de práctica y más de una década de presencia en México, la sustentabilidad no opera como una capa adicional al proyecto, sino como un sistema de evaluación permanente que atraviesa decisiones, procesos y resultados.

Eduardo Ramos, socio y director de Proyectos y Cuentas de Gensler México, lo explica con claridad: «La sustentabilidad permea en todo nuestro quehacer, en todas las personas que colaboran en la organización y en cada etapa del proyecto, desde el diseño hasta la implementación». No se trata únicamente de reducir daño, sino de medir cómo el proyecto aporta de forma positiva al entorno, al usuario y al medio ambiente.

Esa lógica obliga a una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿cómo se mide el impacto ambiental de un proyecto de diseño? La respuesta está en concebir estándares internos que convierten la selección de materiales en una decisión informada y cuantificable. En Gensler, por ejemplo, cada material que se especifica y forma parte de sus proyectos de diseño y arquitectura pasa por filtros que evalúan certificaciones, declaraciones ambientales de producto, huella de carbono asociada al transporte y efectos en la salud a lo largo de su ciclo de vida.

«Lo que buscamos es que lo que especificamos ya cumpla con un estándar mínimo y, cuando es posible, que vaya más allá», señala Ramos. Para lograrlo, la firma desarrolló el Gensler Product Standards (GPS), una plataforma interna que funciona como un sistema de navegación para diseñadores. Ahí se concentra una base de datos detallada sobre productos clasificados por desempeño ambiental, permitiendo identificar cuáles cumplen, cuáles deben evitarse y cuáles aportan de manera concreta a los objetivos de la firma.

Dicha herramienta no solo ordena información: la traduce en datos comparables. «Estos datos empiezan a arrojar información

concreta sobre qué tanto aportó un proyecto a nuestros objetivos», explica Ramos, en referencia a la meta 2030 de Gensler, que busca reducir de forma significativa las emisiones asociadas a su portafolio global. La métrica, en este sentido, no es un ejercicio posterior, sino parte estructural del proceso de diseño.

La medición también se cruza con la escala humana. Si el 80% del tiempo lo pasamos en interiores, los materiales no se evalúan solo por su origen, sino por su impacto en la salud durante la instalación, el uso y la eventual demolición. Adhesivos, pinturas, alfombras o paneles acústicos se analizan desde una lógica de ciclo completo, con la finalidad de anticipar escenarios futuros y evitar que un material se convierta en un residuo sin retorno.

Este enfoque abre otra dimensión clave: la circularidad. «No son desechos, son materia prima», insiste Ramos. De ahí que muchos proyectos se conciban considerando desde el inicio su desmontaje, recuperación y la posibilidad de reutilizarlos, especialmente en interiores con ciclos de vida de siete a diez años.

En México, el reto de la medición se vuelve más complejo cuando entra en juego la producción local. Muchos fabricantes aún no cuentan con certificaciones ambientales formales, no por falta de calidad, sino por falta de exigencia. Para Ramos, es un punto en el que el diseño cumple con una responsabilidad activa: preguntar, documentar y exigir. Solo así la métrica deja de ser un privilegio de grandes corporativos y se convierte en una práctica extendida. Más que una limitante creativa, este sistema redefine el rol del diseñador. La sustentabilidad, entendida desde la medición, se convierte en herramienta concreta de proyecto. El diseño de interiores sí puede reducir su impacto ambiental, siempre que esté dispuesto a medirse, a cuestionarse y a asumir que cada decisión deja una huella que hoy, más que nunca, puede —y debe— cuantificarse.

gensler.com @genslermx

El Centro Corporativo Corteza, en Costa Rica, utiliza pisos de corcho, materiales 50% reciclados y techos de pino con mallas para aislamiento térmico y acústico.

Surf Simply Resort & Surf School es un resort de lujo sostenible con certificación LEED Platinum que demuestra cómo la hospitalidad puede coexistir con la conservación ambiental.

La sustentabilidad no es un concepto accesorio ni una respuesta coyuntural a las exigencias del mercado.

El Hospital Comunitario del Futuro utiliza un 40% menos energía, incorpora construcción de madera maciza y logra ser carbono neutral.
Maruwa Seto Factory es un proyecto de transformación industrial que convierte un antiguo sitio degradado en un hub global de innovación y un activo comunitario. A través de una arquitectura abierta, abundante luz natural y un paisaje que funciona como infraestructura hídrica, la fábrica redefine el modelo industrial tradicional, integrando bienestar, gestión ambiental y conexión con su entorno local.

Hablar de sustentabilidad no es referirnos a una lista de requisitos que habría que cumplir; es un proceso vivo, que —al igual que la arquitectura— ha evolucionado con el tiempo.

Arquitectura regenerativa: crear valor para el planeta

Retrato José Margaleff
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Para Juan Pablo, el ideal es que los edificios dejen de ser consumidores pasivos de agua, energía y suelo.
El Aeropuerto Internacional de Tijuana mantiene la Acreditación Internacional Airport Carbon Nivel 2 por sus prácticas de gestión y reducción de emisiones de carbono.
Torres Bioparque integra la primera fachada sur fotovoltaica con 320 paneles solares para maximizar eficiencia energética en un entorno urbano conectado al parque.
La arquitectura ya no debe limitarse a «hacer menos daño», sino a regenerar activamente el entorno.

«Durante muchos años creímos que ser sustentables significaba no empeorar las cosas», dice Juan Pablo Serrano, fundador y director de Serrano Arquitectos y Work+. Certificaciones como LEED ayudaron a poner el tema sobre la mesa, pero hoy —enfatiza el arquitecto— eso ya no es suficiente.

La pregunta ya no es cómo dejar el planeta igual a como lo encontramos, sino cómo heredarlo mejor a las siguientes generaciones. Es entonces cuando aparece un nuevo concepto para guiar nuestra forma de pensar y diseñar: la arquitectura regenerativa. Un enfoque que va más allá de la eficiencia energética o el ahorro de recursos y que entiende a los edificios como parte de un sistema más amplio — biológico, social y económico— con la capacidad de generar impactos positivos reales.

El edificio como un organismo vivo

Para Juan Pablo, el ideal es que los edificios dejen de ser consumidores pasivos de agua, energía y suelo. «Un edificio no debería solo tomar diversos recursos de su entorno, sino que también debería devolver», explica. En su visión, la arquitectura del futuro capta agua de lluvia, trata sus propias aguas residuales, genera energía a través de fachadas fotovoltaicas y recarga los sistemas naturales que la rodean.

No se trata de ser net zero, de quedar siempre en ceros, pero sí de aspirar a ser net positive: con edificios que aportan más de lo que consumen. Como si fueran organismos vivos integrados a su entorno, capaces de regenerar en lugar de agotar.

Claro que el camino no es sencillo. Serrano es directo al señalar que la industria de la construcción es hoy una de las más contaminantes del planeta. No solo por el uso de materiales como el concreto, el acero o el aluminio, sino por todo lo que ocurre alrededor: transporte, movimiento de tierras, procesos industriales intensivos etcétera.

«Muchas veces los arquitectos no somos conscientes del impacto real de los materiales que especificamos», reconoce. El costo suele ser el principal criterio de decisión, dejando en segundo plano el impacto ambiental. A eso se suma un problema histórico: más de dos siglos de dependencia de los combustibles fósiles.

La quema de carbón, gas y diesel ha saturado la atmósfera de CO2 y contaminantes que afectan directamente la salud humana. Aunque en algunos lugares del mundo ya se están prohibiendo equipos a gas para generar energía, calor o movimiento, y acelerando la transición energética, Juan Pablo señala que el mayor obstáculo sigue siendo la parte cultural y de conciencia sobre el tema.

Además, el plástico es otro capítulo crítico. Derivado del petróleo, su uso indiscriminado ha generado una crisis silenciosa: microplásticos presentes en el agua, en los alimentos y en nuestros propios cuerpos. «La solución no es producir más plástico ‘verde’ —aclara Serrano— sino usar menos y reciclar mejor el que ya existe».

Regenerar: la nueva R

Cuando habla de cuáles serían las soluciones posibles, Juan Pablo no lo hace desde la utopía, sino desde la acción concreta. Propone sumar una cuarta nueva letra al conocido mantra ambiental: Reúsa, Reduce, Recicla… y Regenera.

Regenerar implica traer naturaleza de vuelta a las ciudades, integrar campos de cultivo urbanos, usar más madera —un material que captura carbono— y aprender de la biomímesis: construir como lo hace la naturaleza. También significa transformar residuos en recursos, utilizando materiales reciclados, plásticos recuperados del mar o agregados de demolición para secuestrar carbono que ya está en la atmósfera.

Pero nada de esto funciona sin medición. «Lo que no se mide, no se puede mejorar», afirma. Por eso destaca la importancia de herramientas como los EPD (Environmental Product Declarations), que permiten conocer la huella de carbono y de agua de los materiales. La transparencia, tanto de las empresas como de los profesionales involucrados, señala, se convierte así en una palanca de cambio real.

Al final, menciona el arquitecto, todo vuelve a recaer en la importancia de la cultura, conciencia ambiental y a las decisiones cotidianas. Existen alternativas —cementos con menor huella de carbono, materiales de base biológica, soluciones energéticas limpias— pero no siempre se eligen. A veces por desconocimiento, otras por presupuesto.

Para Juan Pablo, ahí está la responsabilidad de arquitectos y diseñadores: informar, proponer y educar. Acompañar a los clientes para que la opción ecológica deje de verse como un lujo y se convierta en el nuevo estándar profesional.

Porque construir ya no puede ser solo levantar edificios. Hoy, construir significa tomar postura. Y para Juan Pablo Serrano, esa postura es clara: una arquitectura que no solo reduzca el daño, sino que ayude activamente a sanar el planeta que habitamos.

serranoplus.com @workplusmx

Los edificios pueden y deben convertirse en sistemas vivos que generan energía, agua y valor ambiental.

El Congreso de Puebla fue diseñado bajo estándares modernos de eficiencia energética, integración paisajística y manejo responsable de recursos.
Foto cortesía

En un contexto donde la sustentabilidad suele reducirse a un discurso superficial, el arquitecto Benjamín Romano cuestiona los conceptos de moda y propone una visión honesta, basada en la longevidad, la eficiencia y la toma de decisiones conscientes que asumen el impacto de construir.

Longevidad: una forma honesta de responsabilidad ambiental

Benjamín Romano propone un cambio de fondo. Más que hablar de edificios «sustentables», prefiere hablar de una arquitectura consciente de la ecología y del medio ambiente.
CH73 reinventa la vivienda residencial con estrategia bioclimática, energía net-zero mediante paneles solares y sistemas geotérmicos, y tratamiento de aguas para regenerar el bosque colindante.
La longevidad es una decisión ética, no solo técnica. Reducir el consumo es tan importante como elegir materiales.

El arquitecto Benjamín Romano, fundador y director de LBR&A, no se incomoda al ir a contracorriente. Al hablar de sustentabilidad en la construcción, su postura es clara y, para muchos, incómoda: «el término está desgastado. Convertido en etiqueta de moda», puntualiza enérgicamente. «Se usa con ligereza en una industria que, por definición, contamina. Concreto, acero, vidrio, pinturas: no hay manera —al menos hoy— de construir sin dejar huella».

Por eso, Romano propone un cambio de lenguaje que refleja un cambio de fondo. Más que hablar de edificios «sustentables», prefiere hablar de una arquitectura consciente de la ecología y del medio ambiente. Una arquitectura que no promete lo imposible, pero que asume su responsabilidad. En esa visión, la verdadera pregunta no es cómo eliminar el impacto, sino cómo hacerlo valer en el tiempo.

Desde su punto de vista, la idea de la edificación efímera como respuesta ambiental es un error. La compara con una contradicción: construir para desaparecer pronto multiplica el impacto inicial en lugar de amortiguarlo. En cambio, hay que mirar hacia Europa, donde edificios con 500 o incluso 1,000 años de antigüedad siguen en uso. «Ahí –afirma– se encuentra lo más cercano a la sustentabilidad real hoy: diseñar para durar».

«Si un edificio va a contaminar al nacer —porque no hay alternativa—, entonces debe hacerlo una sola vez y servir durante generaciones. La tecnología, reconoce el arquitecto, ayudará a reducir impactos en el futuro, pero mientras tanto, la longevidad es una decisión ética y ambiental».

Esa conciencia se traduce en políticas concretas dentro de su práctica. LBR&A prioriza materiales menos contaminantes: concretos con menor huella, aceros reciclados y certificados, pinturas con mejores desempeños ambientales. No se trata de perfección, sino de reducción.

Una de sus reglas más estrictas tiene que ver con la procedencia. Para alcanzar certificaciones altas como LEED Platino, limita la selección de materiales a un radio aproximado de 600 millas. No por romanticismo local, sino por lógica energética. «Importar un granito desde Tanzania no es el problema por su extracción –explica Romano–, sino por todo lo que implica moverlo en barco, tren y tráiler, y luego subirlo más de 2,000 metros hasta la Ciudad de México. El transporte también contamina, y mucho».

Si hay un eje central en el enfoque ambiental de LBR&A, es la eficiencia energética operativa. Romano es contundente: en un país donde producir energía sigue siendo mayoritariamente contaminante, el mejor edificio es el que necesita menos energía para funcionar.

«Reducir la demanda —no solo cambiar la fuente— es la estrategia principal. Menos consumo significa menos emisiones, menores costos de operación y edificios más inteligentes. Las energías limpias, como la solar o la eólica, son bienvenidas cuando el contexto lo permite, pero siempre como complemento de un diseño eficiente, no como excusa», enfatiza.

En este sentido, Romano distingue con claridad el valor que tienen las certificaciones. «Las locales, como en de la Ciudad de México, representan ahorros fiscales. Las internacionales, como LEED, aportan algo distinto: credibilidad ante el mercado global. El objetivo es claro: aspirar siempre a LEED Platino, el nivel más exigente. No como trofeo, sino como marco que obliga a tomar mejores decisiones en materiales, energía, procesos y procedencia».

Esa postura no se queda en el discurso. Hoy, su equipo está por concluir el Aeropuerto de Puerto Vallarta, un proyecto que busca llegar a cero consumo neto de energía. Grandes volados protegen el edificio del calor local, reduciendo la carga térmica y el gasto energético. La generación limpia complementa un diseño pensado para consumir menos desde el inicio.

Torre Reforma ejemplifica la sustentabilidad urbana con certificación LEED Platinum, reutilización total de aguas pluviales y residuales, ventilación pasiva y eficiencia energética. Fotos/renders

En paralelo, desarrollan una torre en la región de El Bajío, de mayor escala que Torre Reforma, concebida para alcanzar LEED Platino. La lógica se repite: materiales de menor impacto, origen local y una visión de largo plazo que minimiza la huella ambiental total.

Romano observa una diferencia clara entre audiencias. En Europa y Estados Unidos, los usuarios exigen edificios responsables; esa presión obliga a la industria a elevar estándares. «En México –admite–esa exigencia aún es baja. Muchos optan por materiales más baratos, aunque contaminen más».

Aun así, su postura no cambia. Sabe que la construcción emite cerca del 38% del CO2 global anual, y que el sector no puede evadir esa responsabilidad. Además, hace hincapié en un punto clave: las audiencias también pueden educarse.

«El verdadero reto –dice el arquitecto– es cerrar la pinza. Lograr que el sobrecosto de mejores materiales y procesos, sumado a una certificación sólida, se traduzca en valor real para el cliente. No se trata de ‘tirar dinero’ por convicción ecológica, sino de construir un modelo viable».

Empresas con altos estándares —como Google, por ejemplo— buscan edificios certificados y están dispuestas a pagar mejores rentas por ellos. «Ahí aparece la oportunidad: ser socialmente responsable no solo es una postura ética, también es una ventaja competitiva. Quien no adopte estas prácticas, simplemente quedará fuera de ciertos mercados y oportunidades», señala.

Al final, Benjamín Romano no propone una arquitectura perfecta ni promete edificios sin impacto. Propone algo más honesto: una arquitectura consciente, que asume su huella, la reduce donde puede y la justifica con tiempo, eficiencia y responsabilidad.

En un mundo donde la palabra «sustentable» se repite sin cuestionarse, su postura invita a hacer una pausa, mirar el edificio completo —desde el origen del material hasta su vida útil— y preguntarse si realmente estamos construyendo para el futuro… o solo para la próxima tendencia.

lbrarquitectos.com

El Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta impulsa su expansión verde con una nueva terminal diseñada para certificación LEED Gold.
Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta.

Mario Schjetnan plantea una visión crítica y profunda sobre el papel de la disciplina frente a los desafíos ambientales y sociales de México.

Grupo de Diseño Urbano

(GDU) Ética y método para una arquitectura sustentable

Para Mario Schjetnan el deterioro ambiental debe entenderse no solo como un problema ecológico, sino como una oportunidad de transformación económica y social.
«La sustentabilidad se mide por el menor impacto ambiental posible, no por la cantidad de puntos o certificaciones que acumule un proyecto.»
Parque Bicentenario revitalizó un antiguo terreno contaminado de refinería en un extenso ecosistema urbano con jardines botánicos, chinampas y zonas verdes.
Foto cortesía

La arquitectura sustentable no es una tendencia ni un atributo adicional del diseño contemporáneo. Es, ante todo, una postura ética y una forma de ejercer la profesión. Para el arquitecto y paisajista Mario Schjetnan, fundador de Grupo de Diseño Urbano (GDU) y responsable de proyectos emblemáticos como Parque Bicentenario, Parque Ecológico de Xochimilco y diversas intervenciones en Chapultepec, es contundente cuando señala dejar de depender exclusivamente de soluciones importadas y apostar por el desarrollo de conocimiento y tecnología propios, particularmente en el tema de sustentabilidad. Desde su experiencia, este es uno de los grandes pendientes de México.

«Tenemos que meternos realmente como país a producir estas técnicas y tecnologías aquí mismo, que surjan de científicos, técnicos y compañías mexicanas», puntualiza Schjetnan. Lejos de verlo como una meta inalcanzable, insiste en que se trata de una decisión cultural y política: «No es aventar un cohete a la luna».

En su opinión, el deterioro ambiental debe entenderse no solo como un problema ecológico, sino como una oportunidad de transformación económica y social. En otros contextos —explica el arquitecto— la sustentabilidad ha detonado nuevas industrias, inversiones y empleos.

Cuando le preguntamos por la responsabilidad del arquitecto en este escenario, su respuesta vuelve siempre a la ética. La sustentabilidad—dice— debe asumirse como método de trabajo y no como un gesto aislado. «Primero hay que entenderlo y capturarlo como un quehacer. Después, estar preparados, tener conocimiento de las alternativas. Y, finalmente, se basa en una ética: la forma de hacer bien las cosas».

Desde esa lógica, prácticas como descargar drenajes en ríos, destruir bosques o ignorar el impacto ambiental de un desarrollo no solo son ilegales, sino profundamente irresponsables.

Rezago histórico

Aunque reconoce que el discurso sustentable ha ganado visibilidad, Schjetnan es crítico con la realidad de la arquitectura mexicana. Aún con un clima y biodiversidad privilegiadas, considera que el país sigue atrasado frente a otros contextos donde los principios bioclimáticos, la captación solar, el reciclaje de agua y la correcta orientación de los edificios forman parte de lo básico.

«Esto no debería ser una especialización, tendría que ser un conocimiento y ejecución ‘de cajón’ en cualquier carrera de arquitectura», afirma. Lo mismo aplica para los concursos y premios, que —desde su punto de vista— deberían evaluar no solo la estética, sino también la ética ambiental de los proyectos. «Se puede hablar de obras muy bonitas, preciosas, pero si la estética no cumple con la ética, ahí hay un problema».

La distancia entre sustentabilidad y mercado ha sido una constante en su práctica profesional. Schjetnan recuerda cómo, durante años, la ventilación natural era vista como un factor que devaluaba un edificio corporativo. «Me decían: si pongo eso, no me lo pagan, no es un edificio triple A». En esos casos, la solución fue incorporar sistemas inteligentes que redujeran el consumo energético sin contradecir las lógicas comerciales. Hoy, admite, el panorama ha cambiado, pero la contradicción entre eficiencia ambiental y mercado sigue siendo un desafío.

Parque La Mexicana transformó un antiguo terreno urbano en un pulmón verde con captura de agua pluvial, riego con agua tratada, iluminación solar y más de 2,500 árboles nativos.
«Si un edificio es estéticamente impecable pero no cumple con la ética ambiental, entonces falla en lo esencial.»

Tecnoparque apostó por la reconversión urbana sustentable al integrar paisaje, manejo responsable del agua y eficiencia energética.

Si hay un tema que atraviesa buena parte de su obra es el uso del agua. En proyectos como Tecnoparque o Parque Bicentenario, su equipo desarrolló estrategias de captación, reciclaje e infiltración pluvial que, en su momento, no eran obligatorias por ley, pero sí necesarias desde una lógica ambiental y económica. «Se demostró que no solo era viable ambientalmente, sino también económicamente», subraya.

Para la Ciudad de México, el problema es estructural: «Estamos sacando tres veces más agua del subsuelo de la que estamos infiltrando. Eso no es sustentable. La ciudad no tiene futuro si no recuperamos el equilibrio de los mantos acuíferos».

Tropicalizar las certificaciones

Sobre las certificaciones ambientales como LEED o EDGE, Schjetnan reconoce que éstas han contribuido a impulsar la sustentabilidad en términos generales, pero también señala sus limitaciones. En muchos casos —explica— los sistemas de puntos priorizan criterios rígidos o superficiales que no siempre responden al contexto local. «Hay cosas absurdas: ponme unas macetas porque son puntos, en lugar de evaluar si realmente descargas cero o si estás resolviendo el problema del agua». Aun así, admite que han tenido un efecto positivo al colocar el tema en la agenda, aunque advierte que también se han convertido en una herramienta de mercado. Además del agua y la energía solar, el arquitecto identifica una deuda tecnológica importante en la industria de la construcción mexi-

cana, particularmente en sistemas de cerramiento. «La industria de ventanas y puertas en México es pésima. Los edificios no son herméticos y se desperdicia muchísima energía», señala. La consecuencia es clara: mayor consumo energético y mayor impacto ambiental. Para Schjetnan, este es otro ejemplo de cómo la sustentabilidad pasa también por fortalecer industrias locales.

Incluso los proyectos consolidados pueden replantearse desde esta lógica. Actualmente, su equipo trabaja en la reconversión de una fuente en Chapultepec —altamente demandante de energía y vulnerable al vandalismo— en un humedal. «Vamos a gastar cinco veces menos energía y diez veces menos agua», explica. Más que una intervención estética, se trata de transformar el elemento en un sistema vivo, más resistente y autosustentable.

Al final, Schjetnan resume su postura con una definición clara: «La sustentabilidad es la medida en que tu edificio genera el menor impacto ambiental posible». Esto incluye la energía que consume, el agua que utiliza, los materiales empleados y hasta el origen de los recursos. «Si traes el granito de China cuando lo tienes aquí, estás generando otro impacto afuera». Integrar todos estos factores como parte natural del diseño —y no como un valor agregado— es, para él, el único camino viable. Del mismo modo en que nadie concibe hoy un edificio que se vaya a caer, la arquitectura del presente y del futuro debería concebirse, por definición, como sustentable.

gdu.com.mx

@gdu_mschjetnan

Desde su práctica, el proyecto arquitectónico es una respuesta simultánea al clima, al contexto social y a las condiciones económicas de cada lugar.

Arquitectura, clima y responsabilidad integral

Retrato Oscar Hernández, archivo Glocal Design
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Para Enrique Norten la arquitectura sustentable es aquella que establece una relación positiva con el lugar, la comunidad y las condiciones reales en las que se construye.

¿Puede la arquitectura ser verdaderamente sustentable sin convertir la sustentabilidad en una etiqueta? Para Enrique Norten, fundador de TEN Arquitectos, la pregunta es inevitable en un momento en el que el término se repite hasta el desgaste. «La palabra se ha sobreusado y, por lo mismo, empieza a perder peso y significado», afirma. Sin embargo, su importancia sigue siendo central.

La sustentabilidad no se limita al medio ambiente. «No es solo hablar de un enfoque ambiental, también es social, económico y hasta de asuntos políticos», subraya. Desde su perspectiva, solo la integración de estas dimensiones permite que los proyectos sean realmente sanos y benéficos. En ese sentido, la arquitectura sustentable es aquella que establece una relación positiva con el lugar, la comunidad y las condiciones reales en las que se construye.

La experiencia latinoamericana ocupa un lugar clave en su experiencia. Haber trabajado históricamente en contextos con recursos limitados, explica Norten, ha obligado a los arquitectos de la región a desarrollar una conciencia temprana sobre el impacto ambiental. «Nuestra pobreza ha sido, de alguna manera, una bendición», dice, al recordar que la falta de recursos y de acceso a tecnologías intensivas en energía condujo a soluciones más cercanas al clima y al sitio. Esa lógica atraviesa buena parte de la obra de TEN Arquitectos, desde proyectos en la Ciudad de México como el Hotel Habita, la Escuela Nacional de Teatro o el Centro Cultural España, hasta intervenciones en Estados Unidos, en las que destacan One York Street y el Rudin Center for Transportation Policy and Management en Nueva York. «En todos los casos –apunta Norten– el confort y la eficiencia parten de decisiones de proyecto antes que de dispositivos tecnológicos».

Proyecto Montebosco Lomas Verdes combina arquitectura contemporánea con más de 8,600 m² de áreas verdes, paneles solares y captación de agua pluvial.

«Es una paradoja, pero el hecho de ser un país de tercer mundo ha sido una bendición que –como arquitectos– nos ha obligado a trabajar con el clima y las características del lugar in situ».

El BAM South Site reconfigura el corazón urbano de Brooklyn con espacios públicos ajardinados, terrazas activas y un diseño que maximiza luz natural.
Fotos cortesía
La sustentabilidad no es solo ambiental: también es social, económica y política.

De ahí su cautela frente a la sustentabilidad entendida como discurso o estrategia de marketing. «Me preocupa cuando se usa solo como carta de presentación», señala Norten. Para él, vincularse con el medio ambiente debería ser tan inherente al proyecto como el programa o la materialidad. Aunque varios trabajos de su estudio han recibido reconocimientos —incluido el campus de la universidad CENTRO, en avenida Constituyentes (primer edificio académico en el mundo con certificación LEED Platino, realizado en México)— insiste en que no se trata de excepciones, sino de una postura constante.

Sobre la importancia e impacto de las certificaciones ambientales, Enrique Norten adopta una postura crítica, pero pragmática. Reconoce que forman parte de una industria y que, en muchos casos, funcionan como requisito administrativo. No obstante, también reconoce que establecen un piso mínimo de exigencia. «Colocan una barra que obliga a cumplir ciertas condiciones», explica, especialmente en contextos donde, sin esa presión normativa mínima, el tema ambiental quedaría relegado.

Al hablar de México, Norten destaca una paradoja. El país cuenta con un clima privilegiado y una sólida tradición arquitectónica, pero carece de marcos normativos estrictos. «Tenemos condiciones fantásticas para reducir el consumo de energía», dice, sin descartar

que una gran parte de los arquitectos mexicanos actúan con responsabilidad ambiental, aunque esa conciencia individual no siempre se refleje en políticas públicas.

La academia, en cambio, le genera confianza. Norten está convencido de que las escuelas de arquitectura han asumido el tema con seriedad. «No conozco un centro de enseñanza que no considere el medio ambiente como fundamental», afirma. «Más que recetas, la formación académica —sostiene— debe construir criterios críticos duraderos».

Para finalizar, la conversación deriva hacia la economía circular, un concepto que se considera clave para el futuro. «No se desperdicia absolutamente nada; todo se reutiliza», resume Enrique Norten. En la actualidad, TEN Arquitectos desarrolla un proyecto de gran escala basado en este principio, impulsado por una empresa mexicana de El Bajío que transforma residuos industriales en fertilizantes. Desde su punto de vista, la arquitectura tiene la tarea de traducir esa lógica en espacio construido y demostrar que la sustentabilidad, más que un discurso, es una forma coherente de pensar y hacer arquitectura.

ten-arquitectos.com @ten_arquitectos_

Rutgers Business School combina diseño icónico con energía renovable y eficiencia ambiental: el edificio es alimentado por campos de paneles solares y un sistema geotérmico de calefacción.

Desaparecer entre los árboles

Fotos Rafael Gamo

En un bosque denso de Valle de Bravo, El Ocojal propone una idea radical de sustentabilidad: construir casi sin dejar huella. Seis casas que no compiten con el paisaje, sino que se diluyen en él.

Grandes ventanales y dobles alturas enmarcan el paisaje y favorecen el confort térmico pasivo.

Chain + Siman

El Ocojal

Avándaro, Estado de México 2024

El Ocojal, proyecto residencial de Chain + Siman, se inserta en el bosque de Rancho Avándaro con una premisa clara: intervenir lo menos posible. Su nombre no es casual. Un ocojal —terreno poblado de ocotes— define no solo la vegetación predominante del sitio, sino también la lógica arquitectónica del conjunto. Aquí, el proyecto no transforma el paisaje; aprende a habitarlo.

En un terreno de más de 7,000 m², el desarrollo de seis viviendas se resolvió con una tala mínima de apenas tres árboles. La implantación se dio en los claros naturales del bosque, permitiendo que las casas se camuflen entre los troncos y resulten casi imperceptibles desde el exterior. Habitar El Ocojal es vivir el bosque desde dentro, con aves, ardillas y ciclos naturales como parte de la experiencia cotidiana. Uno de los mayores retos fue la gestión del agua en temporada de lluvias. Al ubicarse en una cañada con escurrimientos naturales, el proyecto apostó por mantener el terreno prácticamente permeable, evitando cortes y movimientos de tierra innecesarios. La calle principal, resuelta con tierra estabilizada con polímero, refuerza la sensación de un entorno no urbanizado y prioriza al peatón sobre el automóvil.

La estructura de las viviendas se resolvió mediante zapatas aisladas para reducir la afectación al suelo. La materialidad —madera, teja de barro, mármol Santo Tomás y una paleta cromática inspirada en el bosque— construye una atmósfera cálida y honesta lejos de artificios. La ausencia de falsos plafones permite mayor altura interior y una correspondencia más directa entre estructura, espacio y usuario.

La morfología en «A» genera dobles alturas y grandes ventanales que enmarcan el paisaje y favorecen el confort térmico pasivo. La orientación de cada casa fue cuidadosamente estudiada para reducir la necesidad de sistemas tecnológicos, apostando por estrategias climáticas básicas y eficientes. «Desde el inicio entendimos que la sustentabilidad no estaba en sumar sistemas, sino en respetar el lugar y dejar que el bosque marcara las reglas del proyecto», señalan Renatta Chain y Lina Siman, socias directoras y creativas del despacho.

Las viviendas se implantan entre los ocotes existentes, camuflándose en el bosque de Valle de Bravo.

La sustentabilidad se resuelve desde la implantación, la orientación y la permeabilidad del suelo.

El conjunto prescinde de jardines privados y áreas comunes convencionales, aprovechando las amenidades existentes de Rancho Avándaro. Esta decisión reduce consumo de agua, mantenimiento y superficie construida innecesaria. A ello se suman plantas de tratamiento, reforestación compensatoria y la estancia de especies endémicas que refuerzan el carácter silvestre del sitio.

El Ocojal no busca protagonismo ni espectacularidad. Su valor está en la contención, en la vida pausada que propone y en demostrar que es posible desarrollar vivienda de descanso de manera responsable. Más que un conjunto residencial, es un manifiesto silencioso sobre cómo construir sin imponerse.

chainsiman.com

Habitar el paisaje sin alterarlo

Implantada en una zona prácticamente virgen de la costa oaxaqueña, ONTO House propone una arquitectura que dialoga con el entorno natural a partir de decisiones espaciales, constructivas y energéticas conscientes.

Fotos César Bejar

CRB Arquitectos ONTO House

Santa María Colotepec, Puerto Escondido, Oaxaca
La distribución en cuatro niveles permite diferenciar áreas sociales, privadas y de trabajo, manteniendo continuidad visual y fluidez entre los espacios.

ONTO House está ubicada en un entorno natural de alta sensibilidad ambiental, donde el paisaje se convierte en el principal articulador del proyecto. La estrategia arquitectónica parte de fragmentar el programa en volúmenes independientes de uno y dos niveles, distribuidos a lo largo del terreno para reducir su impacto visual y preservar la mayor cantidad posible de área natural. «La estrategia principal fue fragmentar el programa arquitectónico en volúmenes independientes, lo que permitió reducir la escala percibida del conjunto y evitar una presencia dominante frente al paisaje», explican Sebastián Canales y Javier Rivero Borrell, fundadores de la firma mexicana CRB Arquitectos.

Este orden favorece una relación directa entre arquitectura y entorno, lo que genera recorridos que se entrelazan con la flora existente. Los espacios se conciben como secuencias abiertas que privilegian la ventilación cruzada, la luz natural y el contacto permanente con el exterior, estrategias pasivas fundamentales para responder al clima tropical de Puerto Escondido. «Los espacios se diseñaron con ventilación cruzada e iluminación natural para garantizar confort térmico sin depender de sistemas mecánicos», puntualizan los arquitectos, reforzando una forma de habitar más consciente y alineada al sitio.

La sustentabilidad del proyecto también se refleja en su operación. Debido a la ubicación aislada del terreno y a su uso turístico de estancias cortas, ONTO House emplea sistemas el acopio de agua pluvial y paneles fotovoltaicos que permiten que la vivienda funcione de manera autosuficiente. «Al encontrarse alejado de zonas urbanizadas, el proyecto incorpora captación de agua pluvial y energía solar, permitiendo que la casa funcione de manera off grid (independiente de la red de servicios públicos)», explican Canales y Rivero Borrell, reduciendo así la dependencia de infraestructura externa y el impacto ambiental.

La elección de materiales refuerza este enfoque. El uso de chukum y madera Red Grandis responde tanto a criterios ambientales como de desempeño en climas cálidos y húmedos. «El chukum aporta tonalidades terrosas que se integran al paisaje y ofrece durabilidad y bajo mantenimiento, mientras que la madera Red Grandis genera ambientes cálidos y refuerza la conexión entre interior y exterior», concluyen. De este modo, ONTO House se consolida como una arquitectura que no busca imponerse al territorio, sino coexistir con él, estableciendo un equilibrio entre paisaje, confort y responsabilidad ambiental.

crbarq.com

La arquitectura está definida por líneas limpias y una estética minimalista que dialoga con el paisaje circundante y refuerza la sensación de paz y tranquilidad.

Las terrazas funcionan como espacios intermedios que diluyen el límite entre interior y exterior.

Columnas Diseñar para durar

Durante años, la sustentabilidad en arquitectura fue tratada como un atributo deseable, casi ornamental, bastaba con incorporar algún elemento visible para asumir que un proyecto cumplía con una responsabilidad ambiental. En mi experiencia profesional, ese enfoque no solo es insuficiente, también es riesgoso. La sustentabilidad real no se anuncia, se comprueba. Y se comprueba cuando las decisiones ambien-

tales atraviesan todo el proyecto, desde la primera línea de diseño hasta los primeros años de operación.

Un proyecto puede asumirse como verdaderamente sustentable en el justo momento de integrar criterios ambientales, sociales y económicos de forma coherente y medible. No se trata de una declaración de intenciones, sino de resultados concretos: reducciones verificables en consumo

energético, uso eficiente del agua, selección responsable de materiales y creación de espacios que favorecen la salud de quienes los habitan. La validación externa mediante certificaciones como LEED, BREEAM o EDGE aporta un marco técnico sólido, pero el verdadero examen ocurre desde que el edificio mantiene su desempeño durante los primeros años de operación, sin depender de ajustes correctivos constantes.

Cuando la sustentabilidad se considera a partir del diseño del espacio, los resultados son contundentes. Los proyectos que integran estrategias bioclimáticas, selección consciente de materiales y sistemas eficientes pueden reducir de forma significativa el consumo de energía y agua, al tiempo que ofrecen mejores condiciones interiores para los usuarios. Aunque la inversión inicial pueda ser ligeramente mayor, el retorno se manifiesta en menores costos operativos, mayor permanencia de los ocupantes y una vida útil más larga del inmueble. Los edificios que ignoran estos criterios, en cambio, enfrentan procesos de obsolescencia acelerada y mayores dificultades para adaptarse a nuevas exigencias normativas y de mercado.

La elección de materiales es otro terreno donde se definen impactos de largo alcance. Materiales con mayor vida útil, menor huella de carbono y procedencia local suelen representar una mejor ecuación entre desempeño, economía e impacto. No es casual que hoy se estén replanteando soluciones tradicionales, desde el concreto convencional hasta ciertos sistemas de climatización o acabados con altas emisiones, en favor de alternativas con menor carga ambiental y mayor coherencia técnica.

Negociar criterios ambientales no significa renunciar a ellos, sino priorizarlos con base en impacto y retorno. Poco a poco, en México, la sustentabilidad ha dejado de ser un elemento diferenciador para convertirse en una exigencia creciente. Los inquilinos corporativos, las nuevas regulaciones y los esquemas de financiamiento están elevando el estándar, de esta manera, el diseño y la arquitectura tienen una responsabilidad clara: proponer espacios que respondan al clima, a los recursos disponibles y a las comunidades donde se insertan. La sustentabilidad que verdaderamente importa es la que logra equilibrar eficiencia ambiental, viabilidad económica y beneficio social, sin atajos ni concesiones superficiales.

@jllmexico

Arquitectura de paisaje y criterio

MBA, directora y fundadora de Fernanda Rionda Landscape Studio y presidente de la Sociedad de Arquitectos Paisajistas de México y del comité de la VI y la VII Bienal Latinoamericana de Arquitectura de Paisaje.

Hoy en día escuchamos en reiteradas ocasiones la palabra «sustentabilidad», tanto que ya la usamos como una muleta. Se dice sin pensar y, no solo eso, de manera frecuente se vende como adorno. Las constantes referencias a la palabra misma hacen que entremos en el peligroso terreno del greenwashing, esa práctica de marketing que hace que un producto o servicio se presente más sustentable de lo que realmente es. Para quienes llevamos trabajando en paisaje desde hace décadas, la sustentabilidad no es un recurso retórico: es la

base misma del oficio. Lejos de ser un valor agregado, es el punto de partida. Desde el diseño del territorio hasta un detalle constructivo, lo que hacemos (cuando está bien hecho) es reconciliar lo construido con lo vivo. Y eso no se logra con buenas intenciones, sino con conocimiento, con criterio y con una ética profesional clara.

En México, esta visión está trazada desde hace quince años. La Carta Mexicana del Paisaje, impulsada por la Sociedad de Arquitectos Paisajistas de México, definió al paisaje como bien común, recurso ambiental

valioso y un derecho ciudadano. No lo describe partiendo de un fondo escénico o área verde residual, más bien lo considera infraestructura ecológica, soporte territorial y patrimonio colectivo. La Carta, por ende, no es un manifiesto estético: es una postura política y técnica que ofrece un marco con el cual debemos partir si queremos hablar en serio de sustentabilidad.

Llevamos más de cincuenta años de discurso activo en torno a la sostenibilidad, marcado por la tensión entre el antropocentrismo y el ecocentrismo. Pero los efectos del cambio climático en estas primeras décadas del siglo XXI nos obligan a replantear la forma en que abordamos ese discurso. Con base en lo que plantea Joshua Zeunert en su libro Arquitectura del paisaje y sostenibilidad medioambiental (Gustavo Gili, 2019), la sustentabilidad puede entenderse desde la supervivencia misma. En una conversación incluida al final del libro, el autor dialoga con Kongjian Yu, (conocido por su concepto de ciudades esponja) y juntos abordan la necesidad de diseñar el territorio como sistema ecológico.

Para hablar de sustentabilidad en arquitectura, en cualquier escala, desde la arquitectónica hasta la regional, no basta con indicadores técnicos o materiales certificados si no se aborda el territorio bajo la perspectiva de un sistema ecológico. Lo que está en juego no es cómo hacer arquitectura más eficiente, sino cómo hacer ciudades y regiones más vivas, resilientes y conectadas. Rescatemos a la sustentabilidad del discurso vacío y evitemos usarla como máscara. He visto cientos de ejemplos en mi carrera de más de veinte años: un jardín en la azotea, una fachada con plantas, un render con árboles que no pueden implementarse en la vida real. Esas decisiones llegan tarde y mal. Si no se piensa primero en el paisaje, en su vocación ecológica y en su coherencia territorial, el resto es maquillaje.

La sustentabilidad verdadera empieza por la estructura del sitio. Esto implica un cambio de paradigma: dejar de diseñar estructuras para luego insertarlas en el paisaje. Debemos comenzar a diseñar con el paisaje, con su escala, sus procesos y sus límites naturales. Primero la cuenca, luego la ciudad. Primero el suelo, luego el trazo. Todo lo demás es retórica.

@fernandarionda

English version

Jean Michel Colonnier / Colonnier Arquitectos

Architecture for Everyday Life: Designing the City We Actually Live In Pág. 46

Most people admire architecture through historic buildings—palaces, museums, cathedrals. They are landmarks, photographed and studied. Yet cities are not truly lived in those places. Urban life unfolds in ordinary settings: walking down the sidewalk, stepping into a café, crossing a plaza or park, arriving at the office each day, or strolling through the neighborhood shopping center. It is in these repeated, everyday spaces where architecture most profoundly shapes quality of life.

This understanding has guided the practice of Jean Michel Colonnier, founder and director of Colonnier Arquitectos: to design the archi-

tecture people actually inhabit—the kind that structures daily urban life and defines a city’s long-term character.

“I’m very interested in how people really use the city. Historic buildings are beautiful, but cities are lived in everyday spaces—that’s where architecture can truly make a difference,” says Colonnier.

Cycles and turning points

The close of 2025 marked more than just the end of a challenging period. After nearly eight years of a strained market—particularly in Mexico City, and especially for large buildings in the post-pandemic era—signs of recovery began to appear. Client confidence improved, and projects regained momentum.

For Colonnier Arquitectos, the turning point began to take shape in 2024: a mo -

ment of transition between a prolonged contraction and a more conscious phase of reactivation, supported by new strategies and accumulated lessons. “After so much uncertainty, we felt 2024 was a key year. Clients’ energy shifted, and projects started to regain strength,” he explains.

In response to the slowdown in Mexico City, the firm committed to diversifying both typologically and geographically. Monterrey, Guadalajara, and beach destinations such as Acapulco, Cabo San Lucas, and Cancún expanded their scope, while the practice extended beyond offices and residential projects into hospitality—with three projects currently under construction—and retail developments such as Oasis Coyoacan and a new project in the southern part of the city.

This diversification not only sustained activity; it also opened opportunities to explore

Torre Diana, Colonnier Arquitectos
Foto Agustín Garza

new ways of connecting architecture, context, and social use. “Diversifying isn’t just about finding new markets—it’s about learning from them and applying those lessons to every project,” the architect notes.

The Firm’s DNA: Commercial architecture with urban value

Jean Michel Colonnier’s experience in high-design boutique firms in Montreal, combined with his work alongside leading figures in Mexican architecture, led him to specialize in large-scale commercial architecture. From that foundation emerged a clear conviction: the architecture most present in the city is also the one with the greatest impact on urban quality of life.

Colonnier Arquitectos’ mission is to elevate commercial architecture in Mexico—enhancing design, construction, and urban contribution. Each project is conceived as a piece integrated into its surroundings and aligned from the outset with the client’s business plan, avoiding tension between architectural ambition and economic feasibility.

A clear example of this philosophy is Torre Diana, envisioned from the start as a “small city.” Underground and above-sidewalk parking areas were designed with flat slabs to allow future conversion into office space. The ground floor integrates retail, amenities, and an urban park capable of absorbing heavy pedestrian flows—widening sidewalks and strengthening the building’s connection to the city.

Interior spaces are generous, filled with natural light, and deliberately non-hyper-specific, allowing for changes in use without complex structural interventions. The decision to avoid post-tensioned systems and to opt for a glass façade follows a logic of adaptability, understood as a pillar of sustainability and long-term urban relevance.

“With Torre Diana, we wanted to create real flexibility. If a building can adapt over time, that’s a form of sustainability. It’s not enough to build well—we have to think about how it will be used tomorrow,” Colonnier explains.

In BAHIA Acapulco, the challenge was different. The four-tower complex introduces an uncommon commercial frontage along the coast, connecting the project to the city’s everyday rituals and creating a meeting point that generates both social and economic value. The design and construction incorporate high-resilience criteria to withstand Category 5 hurricanes and precast systems. Today,

the project plays an active role in Acapulco’s recovery, demonstrating how architecture can support complex, long-term urban processes.

In retail projects such as Oasis Coyoacan, the focus is on spatial clarity and user experience: legible entrances, intuitive circulation, and outdoor areas featuring greenery. “The goal is always to make daily life easier through architecture. We want visitors to a shopping center, office, or plaza to feel the space was designed for them—not just to function as a business,” he adds.

Commercial architecture requires balancing multiple variables: cost, maintenance, durability, efficiency, and experience. The architect’s role, in this context, is to synthesize and create coherence. “Teamwork is essential. Every project is built collaboratively. I coordinate, but the outcome emerges from ongoing dialogue with clients, engineers, and manufacturers,” says Colonnier.

Sustainability as longevity

For the firm, sustainability goes beyond meeting certification requirements. It begins with a broader stance: minimizing environmental impact through durable, adaptable buildings capable of activating the city over

time. Demolishing and rebuilding is not sustainable; extending a building’s lifespan is.

This means optimizing materials and energy use, prioritizing air quality, light, and acoustics. It also involves questioning whether building is truly necessary and, when possible, committing to reuse—as in the case of the Abbott Laboratories project, where most existing structures were preserved and given new life.

“Sustainability isn’t just about adding solar panels. It’s about asking whether we can reuse what already exists, and designing so that everything we create makes sense in the long term,” he explains.

Jean Michel Colonnier’s urban vision advocates for denser, walkable, mixed-use cities— cities that value trees, shade, and pedestrian scale. Well-planned densification encourages interaction, creativity, and service diversity, while reducing environmental footprint and making better use of existing infrastructure.

“I imagine a city where you can walk, meet others, enjoy trees and public spaces—where buildings coexist with the city rather than separate it,” he concludes.

colonnierarquitectos.com

Torre Diana, Colonnier Arquitectos

Sustainability special Building for the future

Roberto Velasco / KMD Architects Building for the future Architecture, Society, and the Future Pág. 70

Talking about sustainability first emerged as a distant concern, influenced by Californian trends and LEED standards in the late 1990s. Back then, it was almost experimental. Today, the landscape is very different. New generations feel “cheated” by the state of the planet, and that pressure has transformed sustainability into a social imperative.

For Roberto Velasco, CEO of KMD Architects in Mexico, sustainability is not a label but an ethical obligation—a responsibility that architecture can no longer avoid. Velasco believes that many of the concepts we now label as “sustainable”—proper solar orientation, cross ventilation, the use of local materials— have been part of good design for decades.

“What has changed is not the essence, but the tools: today we have solar analysis software and advanced technology that allow us to refine decisions that were once made intuitively. We haven’t invented anything new; we’ve simply learned how to name it, measure it, and improve it,” Velasco emphasizes.

“The real turning point,” he says, “comes when sustainability stops focusing solely on the physical and the technical. The true evolution lies in involving human beings, in understanding that a project is not inserted into a void, but into living communities. Today, talking about sustainability also means being socially sustainable.”

This shift in perspective requires humility. At KMD, architecture is understood as one discipline within a complex process. That’s why the work relies on multidisciplinary teams that include designers, sociologists, anthropologists, and local NGOs. “The goal is not to

impose, but to engage in dialogue—to integrate preexisting communities and minimize the invasive impact of new developments.”

This vision takes shape in specific projects like La Ceiba, in Culiacán. On an eight-hectare urban site, the challenge was to preserve 29 monumental ceiba trees that held enormous emotional value. Instead of building a shopping center with green areas, the team created a park with a shopping center inside it. The result shows that environmental conservation is not only compatible with business—it can actually enhance it.

Another successful example is La Calma, located in Los Cabos. On a 270-hectare site, the desert ecosystem was respected, asphalt was avoided, and the project was conceived as a sustainability flagship. Here, success was measured in the possibility of leaving a legacy—handing over the site in better condition than it was received.

La Calma, KMD

In Roberto Velasco’s view, the deeper question is not where sustainable architecture is headed, but where society itself is going. He perceives a crisis of direction marked by immediacy, superficiality, and constant commercialization. There is also a troubling paradox: never before have so many materials and technologies been available, yet ancestral materials like brick or marble continue to demonstrate durability that defies time.

Velasco underscores the crucial role of the media. “Architecture remains incomplete if it isn’t published, discussed, and questioned. Magazines, blogs, and podcasts function as a circulatory system that connects isolated efforts and keeps ideas alive.”

Sustainability has moved beyond being a technical checklist to become a comprehensive paradigm—one that places people, place, and time at its center. Designing sustainably is not just about building better—it’s about living better and thinking further ahead.

kmdarchitects.com

Jorge y Arturo Arditti / Arditti + RDT Arquitectos

Awakening to sustainability Pág. 76

It all began at the Architecture Congress of 1993–94 in Chicago. The theme was sustainability—a completely new concept for them at the time. “We realized that our decisions had a critical impact on the environment. It was a moment of awareness that changed the way we design forever,” says Jorge Arditti, managing partner of Arditti + RDT Arquitectos.

When they returned to Mexico, they decided to research and embrace this new perspective, studying energy efficiency strategies in North America and structural systems in Japan. “At first, there was skepticism. Many people thought sustainability was a luxury, but we wanted to prove it could be practical and accessible,” Arturo explains, managing partner of Arditti + RDT Arquitectos.

Their first major sustainable project was the Youth Club House at Bellavista Golf Club. Although the client had doubts, the project showed that with thoughtful design and solar panels, it was possible to drastically reduce the use of LP gas and diesel. The building’s success proved that sustainability could be practical and profitable—not just conceptual.

For the Arditti brothers, architecture is the foundation of sustainability. “The greatest efficiency is achieved through design: proper orientation, cross ventilation, overhangs for

shade… all of that reduces the need for additional technology,” they explain. “When we combine architectural solutions with low-consumption technologies, we create buildings that age gracefully.” They also believe it’s essential to plan for the future: “If the budget doesn’t allow certain technology to be incorporated today, we prepare the ducts and spaces so it can be added later.” For Arditti + RDT Arquitectos, sustainability goes beyond the environment—it’s about social transformation. “Architecture can improve people’s mood and the way they live together,” Arturo says.

The firm also places special emphasis on health and materials. “Every element matters: light, ventilation, the materials we use. It’s not about luxury—it’s about dignity: creating spaces that truly work for everyone.”

Today, the Arditti brothers are working on a wide range of projects: residential developments in Los Cabos and Riviera Maya, the Museo Bimbo in Mexico City, a cultural center in Miami, and the Museo Hispano-Judío in Madrid. In all of them, sustainability is the central axis.

“It’s not enough to build green—we need to educate society. Sustainability must be an obligation, not a luxury. That’s the only way we can transform our cities and ensure a responsible, dignified future,” Jorge and Arturo Arditti conclude.

ardittiarquitectos.com

Sustainability, engineering and design

Pág. 82

What does sustainability in architecture really mean—beyond the narrative and the certification? “Sustainability isn’t the render—it’s the built work. It’s about understanding climate, energy, and economics to create buildings that perform better and can actually be built here, with our own engineering and materials.”

For Raúl Huitrón, founder and CEO of BIOMAH, sustainable design is a technical, cultural, and creative challenge that requires taking risks and inventing original solutions. In his view, one of today’s greatest challenges is achieving real technology transfer—or accepting that the technology simply doesn’t exist yet and must be created from scratch.

That was the path his firm followed when developing a large-scale skyscraper that achieved an unprecedented result: a building that operates without a central air-conditioning system and delivers energy savings of over 50%. The project demonstrated that innovation doesn’t depend on importing solutions, but on asking the right questions.

Huitrón realized that the true challenge was doing it with homegrown technology, local engineering, and materials produced in Mexico. That is the second major step: moving from replicating models to producing knowledge from within your own context.

Attali, Arditti + RDT Arquitectos

Importantly, he emphasizes that these solutions aren’t reserved for monumental projects. In Querétaro, his team applied this approach to a single-room project designed under strict criteria of climate responsiveness and passive systems.

It was there that a new question sparked another innovation: could a façade not only protect from the climate but also purify the air? The development took nearly two years and required collaboration with scientists. They called this system reactive façades: envelopes that chemically respond to their environment using low-carbon white concrete infused with a photocatalytic compound. As air passes across the façade, pollutant particles are transformed into harmless compounds.

For Huitrón, all of this only makes sense when it materializes. One of his most emblematic projects is the Executive Tower of Mexico’s Ministry of Economy. The project involved a structural and envelope renovation of a 25-story building, exploring a natural ventilation system without air conditioning. After months of simulations, the results showed technical feasibility and massive resource savings.

Looking ahead, Huitrón sees a profound transformation through artificial intelligence. “Just as we currently analyze architectural programs, environmental performance will also be integrated from the start,” he predicts. In the end, he concludes, the key lies in education: training architects who understand that sustainability is not a technological accessory, but a responsible and conscious way of inhabiting the world.

@raul_huitron_riquelme_biomah

Javier Arizmendi & Jose Palacios / SOM Circularity, time and performance in creating architecture

Pág. 88

Skidmore, Owings & Merrill (SOM) is one of the world’s leading architecture firms. At SOM, environmental responsibility has been a focus long before climate change became a common conversation.

José Palacios, general manager of SOM’s Los Angeles office, puts it simply: “For decades, we’ve understood architecture as something that should perform over time, not just at the moment it opens.”

Today, environmental impact is considered across a building’s entire life cycle—from material extraction to operation and potential reuse. Javier Arizmendi, general director of the SOM office in San Francisco, notes that this evaluation starts with the earliest design decisions. “We don’t define the shape first and then figure out environmental performance; both happen at the same time.” Embodied

carbon and structural efficiency are studied simultaneously, supported by life-cycle analysis.

Arizmendi emphasizes that circularity isn’t just about metrics. “Designing for flexibility is key to anticipating changes in use or climate,” he says. For SOM, avoiding premature demolition and extending a building’s life is even more critical than initial impacts.

The Importance of Using Fewer Materials

When discussing circular architecture, SOM shifts the focus toward efficiency. “Some of the biggest environmental savings come from materials that are never used,” Palacios points out. Reducing quantities and eliminating waste often has a greater impact than substituting one material for another.

Optimizing lighting, load paths, and assemblies allows buildings to do more with less. Arizmendi highlights prefabrication and component-based design—not only for precision, but because these systems make disassembly, reuse, and future adaptation easier.

For SOM, the circular economy extends from the building to the city. “Buildings don’t exist in isolation,” Palacios explains. “They’re part of urban networks that determine how energy, water, materials, and people flow.” On an urban scale, circularity means shared infrastructure and integrated mobility networks.

Decarbonizing the built environment sums up this approach. Arizmendi concludes: “Reducing emissions requires thinking about operational and embodied carbon in parallel.” By integrating architects and engineers from the very start, carbon reduction stops being a

constraint and becomes a driver of architectural quality.

som.com

Javier Sánchez and Benedikt Fahlbusch / JSa

Radical common sense: Building well in urgent times Pág. 96

For Javier Sánchez and Benedikt Fahlbusch, managing partners at JSa, sustainability begins not with certifications, but with a more basic idea: common sense. For Sánchez, architecture must respond to its context before any trend.

“Everything we build deals with climate, sunlight, and humidity,” he explains. Each project is a negotiation between materials and passive strategies integrated from the first sketch. “You don’t add a sustainable layer later; it’s integrated the moment you decide what a wall will be.”

This approach relies on simple solutions— shade, insulation, air cavities—that eliminate the need for extra systems. “If you don’t solve it through design, you’re too late and end up doing a retrofit,” Sánchez points out. In architecture, being late always means wasting resources.

One of the biggest challenges is cultural. In Mexico, buildings are often constructed similarly despite different climates.

“We use the same materials whether you’re freezing or overheating,” Sánchez says. The result is a heavy reliance on HVAC systems just to function.

LBCC Library, SOM

Benedikt Fahlbusch notes the paradox: “Proper orientation is often better than the most efficient air conditioner.” In Mexico City, mechanical systems shouldn’t be the first response. “Vegetation and well-placed overhangs create microclimates. That’s architecture that works on its own.”

Reducing impact comes down to key decisions: local materials, passive systems, and buildings designed to last. “Energy isn’t only in construction; it’s in operation,” Fahlbusch notes. Avoiding “plastic-looking” or disposable materials is essential. “A building that looks good in 20 years is sustainable.”

In Mexico City, the firm also addresses water urgency through rainwater capture and on-site treatment. A concrete example is La Fábrica de Hielo, where they reused an existing structure and incorporated a treatment wetland. “Here, species inhabit the space and people see that a treatment system doesn’t smell,” Sánchez explains.

“Leading by example is key,” says the architect. Showing that double glazing can replace a heating system shifts the conversation with clients. “A decision can’t be measured only in money; it also has environmental and social costs.”

Both agree that sustainability is inseparable from architectural thinking. “Traditional techniques were already sustainable,” Sánchez recalls. Avoiding west-facing glass isn’t nostalgia—it’s accumulated intelligence.

Sánchez is emphatic: “What we build stays for decades.” This isn’t an ideological issue but a matter of responsibility. Fahlbusch adds that pressure will increasingly come from users: “People ask about their electricity bills and the quality of space.”

JSa’s position is clear: build less spectacularly, but more consciously. In a world of finite resources, building well is no longer just an ethical choice—it’s a professional obligation.

jsa.com.mx

When sustainability becomes experience Pág. 102

For more than 16 years, Luis Fernández de Ortega has built an architectural practice that resists easy labels. As Design Managing Partner at VFO Arquitectos, his trajectory spans projects of every scale: from corporate spaces to emblematic stadiums. Beyond typologies, one constant prevails: conceiving architecture from the perspective of those who inhabit it.

“Architecture is a tool that connects construction and the user,” he affirms. In that premise lies a vision that today aligns with sustainability—although, as he recalls, it emerged long before the term became a trend. From the firm’s earliest years, orientation and

site analysis were integral. “We were always careful to ensure that the building responded to its location and provided the best possible comfort,” he explains. For Fernández de Ortega, a good building depends on the intelligence with which the site is interpreted.

The arrival of LEED certification found VFO ahead of the curve. He and his partner, Juan Andrés Vergara, became accredited professionals nearly two decades ago. In 2003, the firm developed for HSBC the first LEED Gold-certified building in Mexico. “It was one of the first cases in the country, and from that point on we understood that it wasn’t just about designing—it was about promoting a culture,” he notes.

For the architect, the real challenge no longer lies solely in energy efficiency, but in how spaces impact the mental and sensory health of users. This has led to his interest in neuroarchitecture and restorative systems.

“Beyond marketing, it is essential that people perceive that the place they inhabit offers an environment of mental, visual, and environmental comfort.”

In large-scale projects like Estadio BBVA, home to Rayados de Monterrey, that vision expands. Its southward orientation allows the iconic Cerro de la Silla to be visible from the stands. “We wanted people to know where they are, to recognize themselves in the place.” By contrast, Estadio Akron was conceived as an artificial hill integrated into the landscape. “It’s a building that, when not in use, practically disappears; and when there’s an event, it explodes with energy.”

Today, Fernández de Ortega considers sustainability inherent to the act of designing. The incorporation of gardens, natural light, and contact with nature has become central. A corporate building completed in 2023 confirmed this: “People are happy to work there. That is the greatest possible success.”

For him, true sustainability is not certified: it is experienced.

v-fo.com

Eduardo Ramos / Gensler

Designing with data and measurable impact

Pág. 108

At Gensler, sustainability does not function as an added layer; it operates as a continuous evaluation system built on data. Eduardo Ramos, Partner at Gensler Mexico, explains: “Sustainability permeates everything we do— across every stage of a project, from design through implementation.” It is not simply about minimizing harm, but about measuring positive contribution. The environmental impact is measured through internal stan-

Valle Paralelo, JSa
Foto Laia Rius

dards that transform material selection into a quantifiable decision. Every specified material passes through filters that assess certifications, Environmental Product Declarations (EPDs), and carbon footprint. To achieve this, the firm developed the Gensler Product Standards (GPS), an internal platform that functions as a navigation system for designers.

“What we aim for is that everything we specify already meets a minimum standard,” Ramos notes. These metrics provide concrete insights into how much a project contributes to Gensler’s 2030 commitment to reduce emissions globally. Measurement also intersects with the human scale. If we spend 80% of our time indoors, materials must be evaluated for their health impact during use and eventual demolition.

This approach opens the dimension of circularity. “They are not waste—they are raw materials,” Ramos insists. Many projects are conceived with disassembly and recovery in mind, particularly in interiors with short lifespans. In Mexico, the challenge becomes complex when local manufacturers lack formal certifications. For Ramos, this is where design assumes an active responsibility: to ask, to document, and to require accountability.

Rather than limiting creativity, this system redefines the designer’s role. Sustainability shifts from aspiration to an actionable tool. Interior design can indeed reduce its footprint, provided it is willing to measure itself and recognize that every decision leaves a trace that must be quantified.

gensler.com

Serrano proposes adding a fourth letter to the mantra: Regenerate. This implies bringing nature back to cities, using timber to capture carbon, and learning from biomimicry. None of this works without measurement. Serrano highlights the importance of Environmental Product Declarations (EPDs). Transparency becomes a real lever for change. Ultimately, everything returns to culture and daily decision-making. For Juan Pablo, the responsibility of architects is to educate clients so that the ecological option ceases to be a luxury and becomes the professional standard—an essential step toward safeguarding our collective future.

@serranoplusmx | @workplusmx

Benjamín Romano /LBR&A

Longevity: an honest form of environmental responsibility

Pág. 120

Juan Pablo Serrano / Work + by Serrano Plus Regenerative architecture: creating value for the planet Pág. 114

“For many years, we believed that being sustainable simply meant not making things worse,” says Juan Pablo Serrano, founder of Serrano Arquitectos. Today, that is no longer enough. The question is how to pass the planet in better condition to future generations. At this juncture, regenerative architecture emerges—an approach that understands buildings as part of a biological and social system with the capacity to generate positive impact.

For Juan Pablo, the ideal is for buildings to cease being passive consumers. “A building should not only extract resources; it should also give back,” he explains. His vision involves harvesting rainwater, treating wastewater, and generating energy through photovoltaic façades to be net positive.

The path is far from simple. Serrano acknowledges that the construction industry remains one of the most polluting sectors due to materials like concrete and steel, and the energy-intensive processes surrounding them. “Often, architects are not fully aware of the real impact of the materials we specify,” he admits. Cost frequently becomes the primary criterion, leaving environmental impact in the background.

He also points to the crisis of plastics derived from petroleum. “The solution is not to produce more ‘green’ plastic, but to use less and recycle better.” When discussing solutions,

Architect Benjamín Romano, director of LBR&A, takes a countercurrent stance: “The term sustainability is a worn-out label. It is used lightly in an industry that, by definition, pollutes.” Romano proposes a shift toward environmentally conscious architecture that assumes responsibility rather than promising the impossible.

From his perspective, the idea of ephemeral construction is a mistake. He compares it to European buildings that remain in use after centuries. “There is the closest thing to real sustainability: designing to last. If a building is going to pollute at birth, it should serve for generations.” Longevity, he argues, is both an ethical and environmental decision.

LBR&A prioritizes less polluting materials and enforces a strict rule: material selection is limited to a 600-mile radius. “Importing granite from Tanzania is problematic because of the energy involved in moving it by ship, train, and truck,” Romano explains. Transportation pollutes significantly.

A central axis of his approach is operational energy efficiency. “Reducing demand—not just changing the source—is the primary strategy.” Clean energies are welcome, but only as a complement to efficient design. Romano distinguishes the value of certifications: while local ones offer tax incentives, international ones like LEED Platinum provide credibility and compel better decisions in processes and sourcing.

This position is reflected in current projects like the Puerto Vallarta International Airport, which seeks net-zero consumption through deep overhangs that reduce thermal load. In parallel, they are developing a tower in El Bajío designed for LEED Platinum. Romano

Guadalajara International Airport SERRANO+

observes that while demand for responsible buildings is high in Europe and the US, it is still low in Mexico. Nevertheless, he knows that the sector cannot evade its responsibility for 38% of global CO2 emissions. “Social responsibility is not only an ethical stance, it is also a competitive advantage. Those who do not adopt these practices will be excluded from the market.”

lbrarquitectos.com

Mario Schjetnan / GDU

Ethics and method: toward a sustainable architecture

Pág. 126

For Mario Schjetnan, founder of GDU, sustainable architecture is an ethical stance. He argues that Mexico must stop relying on imported solutions and develop local technology. “We need to commit to producing these techniques here—developed by Mexican scientists and companies,” Schjetnan emphasizes.

Sustainability, he argues, must be embraced as a method of practice rather than an isolated gesture. “It is grounded in ethics—the commitment to doing things well.” Practices like discharging sewage into rivers or destroying forests are not only illegal, but profoundly irresponsible. Schjetnan remains critical of the reality in Mexico. Despite the country’s privileged climate, he believes it lags behind in bioclimatic principles. “This should not be a specialization; it should be basic knowledge embedded in any architecture curriculum.” He also believes awards should evaluate environmental ethics alongside aesthetics.

The tension with the market has been a recurring theme. Schjetnan recalls how natural ventilation was once perceived as reducing the value of corporate buildings. Today, although the landscape has evolved, friction remains. Water is a consistent pillar in his work. In projects like Parque Bicentenario, his team developed rainwater capture strategies that were proven economically viable. “The city has no future unless we restore balance to its aquifers.” Regarding certifications like LEED, he acknowledges their contribution but points out their limitations. Point-based systems often prioritize superficial criteria over local responses. “There are absurdities: add planters for points instead of evaluating water discharge.”

Schjetnan also identifies a technological gap in Mexico’s enclosure systems, where lack of airtightness leads to wasted energy. His team is currently transforming a fountain in Chapultepec into a wetland, which will use ten times less water. Ultimately, he defines sustainability as the measure of how little environmental

impact a building generates. Architecture in the future should, by definition, be conceived as sustainable.

gdu.com.mx

Enrique Norten / TEN Arquitectos Architecture, climate and integral responsibility

Pág. 132

For Enrique Norten, founder of TEN Arquitectos, sustainability cannot be confined to environmental concerns alone. “It is also social, economic, and even political,” he underscores. Only the integration of these dimensions allows projects to be genuinely beneficial and establish a positive relationship with the community. Norten reflects on the Latin American experience, where working with limited resources compelled an early awareness of impact. “Our poverty has, in some ways, been a blessing,” he notes, as it led to solutions more attuned to climate than energy-intensive technologies. This logic runs through his work, from Hotel Habita to the National School of Theatre. “Comfort and efficiency stem from design decisions before technological devices.”

He is cautious of sustainability as a marketing strategy. While several of his studio’s

works, like the CENTRO campus, received LEED Platinum, he insists these are results of a consistent stance rather than exceptions. Regarding certifications, he adopts a pragmatic position: they establish a minimum threshold of rigor in contexts where environmental concerns might be sidelined.

In Mexico, Norten highlights a paradox: the country has fantastic conditions to reduce energy consumption, yet lacks stringent regulatory frameworks. However, he is confident in academia, noting that schools of architecture have embraced the environment as fundamental. Finally, he points to the circular economy as essential. TEN Arquitectos is developing a large-scale project in El Bajío that transforms industrial waste into fertilizers. For Norten, architecture’s task is to demonstrate that sustainability is a coherent way of thinking and practicing the profession.

ten-arquitectos.com

Montebosco, TEN Arquitectos

Objeto Glocal

Sepan Cuántos

Tatiana Bilbao Estudio x OMET 2026

La arquitecta Tatiana Bilbao se suma a la colección OMET 2026 con Sepan Cuántos, un set de piezas con las que cada persona puede decidir cómo ensamblar, combinar, unir, y finalmente habitar. En lugar de definir una sola función, los objetos invitan a que cada uno imagine y construya su propia pieza. Esta colección forma parte de un conjunto de diseños lanzados en febrero de 2026 donde su valor expresivo, uso de materiales y la geometría, reflejan un enfoque en el diseño de objetos funcionales y artísticos.

Curada por la arquitecta Lorena Vieyra, la colección actual se presenta en las estancias de Piacere Pedregal, Casa Locken para OMET 2026 –compuesta por 16 objetos de distintos autores– destaca por su exploración de materiales y líneas en sinergia con la arquitectura, diseño y el cuerpo humano. Bajo ese lenguaje, Bilbao busca que su mobiliario actúe como una extensión del cuerpo en armonía con el espacio arquitectónico. omet.co / tatiana bilbao.com

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