revista estudiantil en lenguas extranjeras
Nยบ 17 // 2014 // SEM I
issn 2011-5628
Revista Capital Letter
número
17 • sem i 2014 • issn 2011-5628
universidad nacional de colombia • Facultad de CIENCIAS HUMANAS
La revista Capital Letter lleva hasta la fecha 16 números publicados, en los cuales estudiantes y profesores han ido participando con sus aportes en escritos, revisiones, diseños y otros que han permitido el desarrollo de habilidades de escritura, redacción y expresión en lenguas extranjeras.
RECTOR Ignacio Mantilla
U niv er sida d N aciona l Sede Bogotá www.unal.edu.co
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C olombia
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Contacto The Channel capitallet_fchbog@unal.edu.co facebook.com/capitalletter www.uncapitalletter.blogspot.com issuu.com/capitalletter issuu.com/gestiondeproyectos FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS DIRECCIÓN DE BIENESTAR DIRECCIÓN DE BIENESTAR UNIVERSITARIO ÁREA DE ACOMPAÑAMIENTO INTEGRAL PROGRAMA GESTIÓN DE PROYECTOS
S U MA R I O
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5 CARTA A
CREENCIAS:
IMPRONTAS INDELEBLES M. Claudia Nieto mcnietoc@unal.edu.co
EDITORIAL
Nicolás Rudas
Kevin Vaquiro
rique Díaz Romero Camilo En
nrudas@unal.edu.co
kvaquirot@unal.edu.co
repindcamilo1987@gmail.com
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MITOLOGÍA
nando Arias Peña
VS. CIENCIA a Arteaga Avendaño María Paul
LA SUERTE ALADA
LAS CREENCIAS Y LA PREOCUPACIÓN: UN ACERCAMIENTO DESDE HARRY FRANKFURT
ateus Camargo Natalia M
Magdalena Bar rero
dfariasp@unal.edu.co
mparteagaa@unal.edu.co
nmateusc@unal.edu.co
magdalenabarrero@gmail.com
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36 BDSM:
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BELIEVE IN MY BELIEFS
UN SUSURRO EN EL VIENTO to Jairo Alber
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UN ACTO DE FE
I AM THE SEED
PERSISTENTES MECANISMOS PRECURSORES DE LA CIENCIA EN LA TEORÍA CUÁNTICA:
DISPOSITIVOS CATÓLICOS SOBRE LA IMAGINACIÓN HUMANA Y EL BLACKMETAL COMO CONTRACONDUCTA
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LOS HECHOS COMO REFLEJOS DEL CREER
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Diego Fer
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Quiñones Calder
ón
to Jairo Alber
Quiñones Calder
ón
ENTRE CREER Y PLACER
TWO STRANGERS AND ONE BODY
Patricia Larotta
Katherine Par rado lkparradom@unal.edu.co
jairoq11@hotmail.com
jairoq11@hotmail.com
migatis1008@yahoo.com
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DON’T REJECT
CREENCIAS
LOS MIL NOMBRES DE DIOS
Rosa Isabel Guzman
Omar Camilo Moreno
Daniel Jiménez Casas
rosaguzman44@hotmail.com
camil69@hotmail.es
daajimenezca@unal.edu.co
IF YOU DON’T CONNECT
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NUEVAS DESCRIPCIONES DE LA RELIGIOSIDAD EN BOGOTÁ
EL BUDISMO Y SU PRÁCTICA
o Bonilla Montenegro Julián Darí
julianbonilla.abogado@gmail.com
M. Claudia Nieto
Según el diccionario de la Real Academia de la lengua el término creencia se refiere a un firme asentimiento y conformidad con algo. ¿Asentimiento y conformidad con qué? En un principio es con aquello con lo que nos criamos: lo que nuestros padres pensaban y aceptaron de su entorno y de sus antepasados, lo que nos dijeron en el colegio nuestros maestros y compañeros, lo que vimos en la tele, lo que leímos en los comics entre mil otras cosas. El resultado de esa inmersión que vivimos en nuestro universo infantil y adolescente fue un conjunto de marcas alrededor de las cuales construimos una buena parte de nuestras vidas: una religión, un equipo de fútbol del alma, una marca favorita de productos y servicios, una universidad, un entorno social, un modelo de familia, en otras palabras, unos cánones de vida. Pero con el pasar de los años ya no somos esas personas. Es así que encontramos que la gente cambia sus ideas a través de las vivencias, la experiencia y el error. La actuación permea cada una de éstas. Ella pone en el escenario las fuerzas que provienen por una parte desde los scripts o improntas que cargamos desde siempre y por otra desde la información que recabamos de situaciones novedosas, que muchas veces nos hacen sentir incómodos. En esta lucha de poderes aparece la incertidumbre que nos pone a cavilar y después de grandes o pequeñas luchas nos ubica en posturas que van en un continuo desde un radical absoluto hasta un laxo profundo. Nuestras creencias han sido retadas y muchas no saldrán victoriosas. Otras por el contrario se volverán
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recalcitrantes y perennes. Lo maravilloso de todo este ejercicio es la capacidad que tenemos para ejercer giros y recrearnos para convertirnos en los maravillosos seres que somos y que seremos, ya que cada día es una oportunidad para aceptar el reto para llegar a ser perfectamente yo. En la construcción de mi yo, he tenido que recorrer mil caminos, desandar otros cuantos para encontrarme en un ahora donde he revaluado, reconstruido, deconstruido las ideas que han rondado mi devenir. Un conocido haiku que me impactó mucho en mi juventud fue aquel que decía: el camino de la sabiduría es fácil de describir en versos breves: errar, errar y errar de nuevo, pero menos, menos y menos. Con el tema de la construcción de mi yo, diría hoy en día: el camino de la vida es creer, dejar de creer, no creer para nada, volver a creer un poquito para luego retomar lo que me sirve y tener lo que hoy tengo en mi cabeza y en el corazón. He dicho en el título que las creencias son improntas indelebles, mas ¿por qué? Porque de todas maneras dejaron un surco al que vuelvo una y otra vez. A veces para ahondarlo y otras para erradicar (lo que no es posible en un100%). La huella estará siempre allí.
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Nicolás Rudas
Tú hablas, el sonido muere, la idea perece y queda apenas un sorbo suspendido en nuestros vientres. O a lo mejor no es tan así. A lo mejor acabo de transformar aquel momento del pasado. ¿Será que el pasado por un momento ha dejado de existir? Ahora siento que esa frase, esa alerta tuya, ¡márchate pronto!, que se fugó colándose por nuestros jadeos, no ha quebrantado en realidad el momento, no se fue del todo. Descubro que esa frase yace estacionada en mí, como la confirmación de una verdad incomprensible que me mira con tus ojos. Nos hizo recordar la imposibilidad del momento, de un supuesto éxtasis que no es real a fin de cuentas. Nos hizo mirarnos como ingenuos por creer que nuestro plan tenía algún sentido y que el sentido del plan, sin duda maravilloso, ahuyentaría todos los peligros, ahuyentaría a esa mano y a esa violencia con que apaleó la puerta para interrumpirnos. ¿O fue un teléfono repicando?, ¿una palpitación telúrica?, ¿un grito de la razón? Ahora no importa qué fue, porque la violencia que escuchamos acaba de ser sustituida por aquella sensación de inminencia, nunca tan urgente para nosotros como en ese instante en que nos dejamos convencer de un olvido imposible, fuga imposible, en que no nos importó comportarnos como ingenuos o que la ingenuidad pareció una impostura tan ajena a nosotros. Imposible, imposible es el sabor de un sorbo apresurado y apresuradamente segado, que aunque no se deja descubrir como sabor completo, es mucho más certero, porque insinúa sabores múltiples como desenlaces posibles, y los sientes todos en ese barrunto de sorbo, como atropellándote. Y si bien no hubo desenlace, ahora podemos comprender que los desenlaces llegan, devienen, pero casi nunca atropellan.
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Kevin Vaquiro
t’s been I while since I left Earth. The last time I saw the beautiful trees and the amazing mountains I was a little boy. I remember those days when I used to run through the forests with my cousins and my brother, collecting pine seeds and forgotten eggs. Something in this place reminds me of the games we used to play up and down the hills. Maybe it is the smell of grass or the sunlight filtering through the big bushes that surround me, I don’t know. I swim into infinite rivers of delicious memories when terrible and dark things come to my mind. I remember the tragic day when I was running against the wind, pulling the line of the big eagle-shaped kite. The last thing I can recall is having turned my head to see the magnificent silhouette between me and the sun and, suddenly, seeing it disappear in a big white shining that blinded me. After that I only have vague memories of being in a bed with people that I was not able to recognize surrounding me. Then, one day I woke up completely conscious of where I was. It was a hospital and the nurse told me that I had been there for 23 days and that was the longest period of time I had been awake. Afterwards, she told me that I had stepped on a landmine and that my mother was bringing something to eat and she would be so happy
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to see me sitting down on the bed. After the nurse was gone, I took a deep breath and tried to remember something, but it was useless. I started to feel some waves of electricity running through my limbs, and I supposed that was because they were waking up. This sensation began in my left hand, in the thumb, and it extended through my arm. It was a strange feeling, even funny. Next, it moved to my right hand. Eventually, I started to feel that tickling in my legs, the left first, then the right. I felt new energy running through my body. The only thing I wanted to do was to stand up and to stretch every single muscle and joint. But, when I jumped out of the bed, I had a strange feeling. There was something missing. I jumped with the sensation of having two legs, but the energy running through my right leg started to feel weaker and weaker and I finally landed strongly on only my left one. I felt like falling into an abyss. That is how I lost my first limb. I have always thought I am unbreakable, even after I started to lose limbs. I mean, I think that I can be damaged and hurt in anyway, but to be killed, I would need to be put into a spaceship and launched to the sun. Otherwise, I would always be breathing until my 123rd birthday. Furthermore, I’ve always had a feeling of being special. When I looked in
People
through the boarding ramp, somebody’s eyes, I was started to and I thought that there able to tell if the person was something special in liked me. If they liked me argue for food, the air. I had that feeling of too much, I was able to space, and, again, supremacy because I was create fear just by staring water. finally reaching my biggest into their eyes. I started dodream. I stopped right in ing tests on animals. When front of the ship’s giant I was in a public park and door and turned around to there were doves around see the old, broken Earth. I saw the enormous me, it was easy to scare them just pointing desert we had created and the dying ocean them with my index finger no matter how far beyond on the horizon with its brown and red they were. I knew that they had the sensation pollution perfectly visible in the distance. The of being under threat of gunfire. On the other trip lasted eight months, enough time to create hand, when I looked at other animal’s eyes, bonds and enmities among the sursuch as dogs, I am 100% sure that I scared the vivors. People started to argue shit out of them because all they wanted to do for food, space, and, again, was to defend themselves from me. Therefore, water. The ship got divided a landmine was not a big deal for me. Actually, in two. There were no after the incident, I felt even stronger, like if weapons on board, but the energy that was taken from my right leg people started to make moved to the rest of my body. Furthermore, their own with oil and it grew bigger inside me. For that reason, the animal excrements. First, only thing that used to scare me back in Earth the Americans attacked was to see time pass quickly and know nothing the Canadians, then, the but that poor reality in that overused planet. Mexicans attacked the After the Water War started, and just before Americans, and, finally, the Seventh Union took over everything that the Canadians attacked was still green on the planet Earth, my family the Mexicans. It was in joined one of the first three arks sent to the New Colonies on Mars. By the time we got that very moment when I decided to look after on the big ship, I was already used to wearing my family and drove my bio-mechanical right leg that my brother them to the monkey gave me for my 22nd birthday. I was limping
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didn’t know what to feel. I didn’t have anyone cages. We waited there for three months for to share that feeling with. I didn’t know how the crisis to be over. When we ran out of bato pilot that big machine, but I did know that nanas and canned bear food, we decided to go there were some life ships. I hung from the caout. I was the last one to leave the cage, and I bles under the ark’s roof until I got one of the saw the big tiger eating my brother, the hyenas compartments that would eject me in a little eating my cousins, and the rest were for the licapsule out of that nightmare place. First, I onesses. The picture was as red as strawberry needed to put on a suit that they invented that juice. I was paralyzed. Finally, when I reacted, I was supposed to withstand extremely high saw the big bear taking revenge for his canned heat, even the heat produced when entering food against my left leg. I looked at it and the a planet’s atmosphere. As terror in my eyes increased I didn’t have legs, I had to its fury until I saw my bone make a knot out of that part broken in a dozen pieces. But of the suit. Next, I entered the I was still alive, unbreakable. I device that would take me to called on the last bit of energy the new green planet. There that was in the liter blood I still Finally, when was a countdown. Five, four, had in my body to take one I reacted, I saw three, two, one, ejection. I piece of bone, my own bone, the big bear saw a big shining that almost and stab that beast right in blinded me, again. The heat its eye. The animal ran away taking revenge was unbearable. I could feel making painful sounds until I for his canned my arms and my cheeks boilcouldn’t see it anymore. The food against ing. Then the device explodblood was still running out ed, and I only had the suit. from my body as I looked for my left leg. I For some reason, I thought something to make a tourlooked at it and that putting my hands in niquet. I had just a matter of front of my face would help seconds before bleeding to the terror in my me avoid burning my head. death, so I took the first thing eyes increased I was right, yet my fingers I found. I will never know to its fury until started to be consumed by whom that intestine belonged, the heat. I could literary see but I will always appreciate I saw my bone how the suit became invisiwhat it did for me. broken in a ble, then my fingers turned Two or three months that black, and finally, they were seemed like years passed. I dozen pieces. only ashes. Then my wrists, had lost my identity, my soul. my elbows, and my complete I was alone on the ship with arms disappeared. In that a burned stump, with a zoo precise moment the heat chasing me. The people that started diminishing. And I used to live there had killed started falling slower. And landed between themselves with primitive weapons. However, these bushes where I’m right now. My body there was a positive thing about it: my arms is underground, and I am a head without a were getting stronger every day. I was able body. I can breathe the most exquisite oxyto hide in the air vents the first day after the gen. I always knew I was special, but I didn’t predators’ feast. One day, I looked through the imagine that I would be literarily the seed of big window of the ark, and I saw something humanity today and forever. that would change everything. I saw Mars. I
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Camilo Enrique DĂaz Romero
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Creer parece ser más un factor que se refleja en los actos no lingüísticos que en cualquier otra cosa. Siempre he estado con personas que afirman pertenecer a diferentes cultos religiosos o políticos: católicos, judíos, animistas, budistas, musulmanes, ateos, conservadores, socialistas, demócratas. En periódicos, revistas, páginas de internet particulares y tribunas digitales como Facebook o Twitter, se les lee y se les aprende a conocer. A menudo, encuentro que son productos humanos, con visiones del mundo muy particulares, con documentos fundacionales o con relatos que sustentan un conjunto infinito de sucesos y acciones. En otros, solo parten de un número limitado de principios con los cuales obrar. Los seres en los que se dice creer son históricos, indeterminados, existentes en todas las dimensiones de la vida o son parte de la vida misma. Me llamó la atención un caso que encontré en el País Vasco francés. En un área menor a dos manzanas, había una sinagoga, un templo ortodoxo y un templo católico. Era interesante observar que la gente que profesaba sus diferentes credos se reunía y se sentaba en la calle a orillas del mar, tomaban el té y se dirigían a hacer sus quehaceres. Entonces, me di cuenta de que creían en hechos comunes: en el diálogo, en tomar té y en ir juntos al mar. Viendo documentales sobre terremotos y maremotos, me doy cuenta de que más allá de las diferencias sobre lo que dicen creer, se reúnen personas para rescatar de los escombros a quienes están heridas y rinden igual respeto por las víctimas, por lo tanto, en esos momentos, se cree en la humanidad y en el potencial que se tiene para ayudar a otros cuando se requiere. Caminando por una universidad pública, te encuentras con personas que afirman creer en algún dios o, incluso, en ninguno. Me llama la atención que también, como ocurría en el País Vasco francés, es el diálogo, y no la división, lo que ha permitido que esfuerzos colectivos constituyan los nuevos desarrollos científicos, sean médicos, físicos, químicos, sociológicos o lingüísticos, lo que me da a entender que se cree en la ciencia como una manera de superar problemas de la naturaleza y del cosmos. Conozco la experiencia de un director de música llamado Daniel Barenboim, el cual me ha dado una interesante enseñanza: aunque tocar un violín o un timbal sinfónico no permite resolver conflictos militares
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por diferencias de culto religioso, sí permite que unos jóvenes de un bando se acerquen a los del otro bando y crean en una armonía humana, como la que tiende a existir en la interpretación de una sinfonía ejecutada ante un auditorio. Por último, recuerdo cuando hace cinco años un guitarrista de rock-pop colombiano y un conjunto de artistas de otros países se juntaron para tocar música en la frontera colombo-venezolana. A pesar de las divisiones políticas tan radicales que había entre ambos países y de lo cercano que se estuvo a una guerra regional, los pueblos le demostraron a sus dirigentes que creían en dos cosas: en la sana convivencia y en la paz, en lo mismo que apenas hace tres años creyeron un conjunto de estudiantes de universidades públicas colombianas al abrazar a los policías durante unas protestas. Definitivamente, las creencias se hacen más evidentes en lo que hacemos que en nuestras palabras.
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Diego Fernando Arias Pe単a
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Esta ponencia es el producto de una investigación realizada para optar al título de sociólogo, y tiene como objetivo visibilizar un ejercicio de poder sobre nuestras imágenes y sensaciones, así como mostrar un particular ejercicio de resistencia por parte de los jóvenes blackmetallers. Este texto se compone de tres partes: en la primera, se esboza un modelo antropológico que nos permite entender la regulación de la conducta por medio de dispositivos simbólicos; la segunda parte estudia el mito católico y sus dispositivos de subjetivación, encarnados en una biopolítica cómplice de la reproducción social del poder y la dominación; por último se estudia la resistencia ejercida por los jóvenes por medio del arte del blackmetal para enfrentar esta forma de biopolítica y sus dispositivos a través de la creación de nuevas espiritualidades.
La función fantástica como función biológica (símbolos: entre biología y sociedad) A continuación, haré un breve análisis sobre el problema naturaleza-cultura. Este problema ha sido tratado por la ciencia desde diversos enfoques. El que tomaremos y discutiremos aquí será el que se centra en el análisis de la simbología, para tratar de responder la siguiente pregunta: ¿son los símbolos un proceso biológico (natural) o un proceso social (cultura)?1 Para empezar con lo planteado nos remitiremos a los estudios de Gilbert Durand, específicamente a su texto Las estructuras antropológicas del imaginario. Allí desarrolla toda una filosofía de la fantasía y la imaginación humana. Respecto al proceso de producción de imágenes en el ser humano, Durand señala que este tiene dos características: ocularidad y ubicuidad. La ocularidad es entendida como aquella “aptitud natural a traducir toda sensación y toda huella perceptiva en temas visuales” (Durand, 2004, p. 416) y la ubicuidad es “esa propiedad que tiene la imagen de no verse afectada por la situación física o geográfica” y que permite “conservar las imágenes en un lugar fuera del tiempo” (Durand, 2004, p. 418). Respecto a la ubicuidad de las imágenes, diremos aquí
que es una característica planteada por Durand que actúa como barrera para el análisis material en cuanto a su larga duración. La ubicuidad dota a las imágenes de una inmunidad para ser estudiadas; se cree aquí que naturalizar las imágenes al extraerlas de una posible explicación histórica nos pone en una posición de complicidad frente a las relaciones de poder y su reproducción por medio de los sistemas simbólicos o los regímenes de imagen, que determinan comportamientos específicos en los seres humanos2. Igualmente, nos ubica en una situación de impotencia frente a los estudios simbólicos, abriendo paso a “teorías fantasmales”3. Por otra parte, la característica de ocularidad señalada anteriormente nos permite entender el fenómeno de las imágenes como un proceso en el cual sujeto y objeto se encuentran en un permanente intercambio. Nos permite integrar el mundo de las experiencias humanas en la producción de imágenes y por lo tanto producir una historia de la función imaginativa del ser humano y sus vínculos con el poder. Se trata entonces de reconocer la dinámica simbólica como “un sistema viviente de interacciones entre la psique humana y el mundo exterior” (Downing, 1994, p. 11). Las imágenes son “respuestas” del sujeto hacía el mundo que lo circunscribe (Downing, 1994, p. 12). Debemos mencionar, sin embargo, que la producción de imágenes no solo se inscribe en la producción de temas visuales, pues existe una íntima relación entre estos temas y las sensaciones corporales (emociones). Randall Collins, en su libro Cadenas de rituales de interacción, integra al concepto símbolo la característica de poseer “energía emocional”. Menciona allí que es necesaria una fisiología apta para poder generar las emociones; sin embargo “las emociones sociales no se reducen a procesos fisiológicos; muy al contrario es el flujo de la interacción (…) lo que activa la fisiología del cerebro humano
2
“[E]l mito y el imaginario, muy lejos de mostrarse como un mo-
mento superado en la evolución de la especie, se manifestaron como elementos constitutivos (…) del comportamiento especifico 1
del homo sapiens” (Durand, 2004, p. 433). Esta pregunta surge de los planteamientos de Norbert Elías en su texto
Teoría del símbolo, especialmente cuando menciona que “lo que es biológico y común a todos los seres humanos se considera social; lo que es social se considera biológico” (1994, p. 54).
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“[L]a representación simbólica de ideas como entidades des-
encarnadas que existen fuera del espacio y del tiempo da origen a teorías fantasmales sin ningún valor cognitivo” (Elías, 1994, p. 149).
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(…) la fisiología es el sustrato, la causalidad fluye desde la interacción social. En gran medida el cerebro humano se programa desde fuera” (Collins, 2009, p. 148). Desde este punto de vista, asumiremos en estas líneas que las emociones humanas no son “una mera condición genética o química” (Collins, 2009, p. 178) y que la emoción “no reside en un área específica de la circuitería cerebral, porque es una actividad general del funcionamiento (…) del cerebro” (Collins, 2009, p. 148), sino que son inducidas socialmente (Collins, 2009, p. 178) a causa de que “la participación procura al individuo un tipo especial de (…) energía emocional” (Collins, 2009, p. 60). Hasta el momento, hemos visibilizado la necesidad de una biología específica en el ser humano para que este pueda realizar la producción simbólica. Respecto a esto, Elías, bajo su concepto de interdependencia, esboza que los procesos biológicos y los culturales son complementarios, y no necesariamente tienen que ser excluyentes u opuestos en su devenir4; idea que será compartida en este texto. Igualmente, Elías desarrolla un modelo de ser humano que biológicamente está adaptado “para almacenar y para aprovechar en beneficio propio experiencias ancestrales” (Elías, 1994, p. 50); esto es posible dado que el ser humano tiene “predisposición biológica a aprender un lenguaje” (Elías, 1994, p. 56) en el cual se encuentran depositadas experiencias de generaciones predecesoras. Es decir, a partir de este autor podemos ver claramente la articulación entre biología y sociedad si entendemos que “los humanos están hechos por naturaleza para vivir juntos” (Elías, 1994, p. 147). Guiándonos de cuatro autores (Elías, Collins, Downing y Durand) que se han preocupado por aclarar la relación que existe entre naturaleza y cultura por medio del estudio de los símbolos, hemos tratado de integrar sus puntos comunes, para, de esta forma, esbozar una antropología que nos permita estudiar la relación símbolo-poder en el contexto de la biopolítica, entendida aquí como “un ejercicio del poder sobre el hombre en cuanto ser viviente, una especie de estatización-de-lo-biológico o al menos una tendencia conducente a lo que podría denominarse la esta-
tización de lo biológico” (Foucault, citado en Ávila, 2010, p. 3). Es así que en las líneas que siguen pretenderemos visibilizar un ejercicio de biopolítica sobre la capacidad
biológica de producción de imágenes y emociones en el ser humano5, por medio de la institucionalización del mito católico; igualmente, se mostrará un particular ejercicio de resistencia llevado a cabo por un sector juvenil.
El mito católico Colombia se ha caracterizado por ser un país de tradición católica a lo largo de varias generaciones, es por esta razón que en esta ponencia nos hemos puesto en la tarea de analizar los efectos de poder del mito católico sobre la capacidad biológica de producción de imágenes y emociones en dicho país. Para esta tarea nos hemos apropiado del concepto infantilización, acuñado por Javier Sáenz, que se define como “La relación asimétrica entre un sujeto de verdad/virtud, y unos alumnos cuyos saberes y experiencias son desestimados” (Sáenz, 2009, p. 91), en otras palabras es “esa férrea línea jerárquica que obliga al niño a obedecer a los mayores” (Sáenz, 2009, p. 96). La infantilización, si bien como se mencionó anteriormente es una relación intergeneracional, es expandida a la mayor parte de la sociedad católica, al punto de llegar a determinar todas las relaciones de jerarquización, de dominación y poder. Se trata de la constitución de una sociedad basada en la “dependencia y obediencia” (Sáenz, 2009, p. 93). Hemos reconocido, como producto de una investigación basada en entrevistas y textos católicos6, unos valores fundamentales que dan vida al mito católico y a sus creyentes; hablamos aquí de la inmutabilidad, la eternidad, lo inmóvil/estático, lo universal y lo invisible. Estos valores, como veremos más adelante, cristalizan la infantilización de la sociedad colombiana. Pero esto solo es posible debido a que el catolicismo moviliza dispositivos simbólicos a partir de su mito base, que reproducen sujetos aptos a la obediencia y a la articulación de una sociedad construida sobre jerarquías. Queremos, antes que cualquier otra cosa, hacer énfasis en el valor que lo invisible tiene sobre lo visible. La creencia en lo invisible tiene como efecto que el
5
Esta caracterización del ser humano es lo que de aquí en adelante lla-
maremos función fantástica, término acuñado por Durand, del que hemos descartado la propiedad ya señalada de ubicuidad de la imagen.
4
“Los procesos biológicos y sociales, en vez de ser opuestos pola-
res, deben entrelazarse para ser eficaces” (Elías, 1994, p. 39)
6
Arias, D. (2012). Black Metal y Catolicismo, Continuidades y Rupturas.
Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
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sujeto cercene su experiencia sensible de su experiencia fantástica, es decir, se establecen dos mundos (interior/exterior) y se les antagoniza, de tal manera que es valorizado el interior y rechazado el exterior. La creencia en un mundo metafísico permite que se niegue lo que nuestros sentidos perciben del mundo, las experiencias humanas dejan de tener valor como fuente de alimentación para la producción de imágenes, induciendo un extrañamiento del mundo, esto lo reconoceremos aquí como pura ilusión o pura imaginación. Producto de esto, queda un mundo interior (alma/espíritu) totalmente “encerrado en sí mismo” (Elías, 1989, p. 34), sobre el que la institución católica efectuará una directa influencia e intervención. “Todos sus deseos se elevan a las cosas duraderas e invisibles, para que el amor a lo visible no les arrastre hacía lo ínfimo” (De Kempis, 1939, p. 33). “El reino de Dios está dentro de vosotros (…) aprende a despreciar las cosas exteriores y a dedicarte a las interiores (…) da, pues, lugar a cristo y cierra la entrada a los demás” (De Kempis, 1939, p. 44). Para que pueda ser materializada la creencia en lo invisible, la institución eclesial ha movilizado el dispositivo de la fe. Por medio de este el
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catolicismo logra que el sujeto ceda su noción de certeza sobre la realidad en la institución. La fe es aquel sentimiento que logra establecer al mito católico como un régimen de verdad, es el primer paso a la obediencia. “Debemos siempre tener para en todo acertar, que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la iglesia hierárchica así lo determina” (De Loyola, 1952, p. 237). Como complemento de la fe, en la cristalización de el rechazo de los sentidos y el mundo exterior, se ha desplegado el dispositivo de satanización, entendido como toda aquella estructura de imágenes y emociones que inducen temor, puestas en circulación sobre un cuerpo colectivo para inmovilizar su acción sobre el mundo, basándose principalmente en la metáfora del castigo y la recompensa. La satanización como dispositivo de regulación de la conducta, está ligado al símbolo de la sombra, esta última es entendida por Bly como algo oculto, simulando un saco invisible (Bly citado en Downing, 1994, p. 45). Más allá de ver esta figura como lo hace Bly, entendemos aquí la sombra como aquella nulidad de acción sobre el mundo, como la respuesta del cuerpo ante imágenes y acciones “externas” que se materializan en sensaciones de repulsión (Collins, 2009, p. 134) y que llegan al punto de ser incontrolables por parte de la persona, es una respuesta automática de rechazo hacia el mundo, sus placeres y sus acciones, en términos de Elías: la sombra es coacción social (Elías, 1989, p. 41). El amor también se ha identificado como un dispositivo de regulación y subjetivación de la obediencia. La forma en que opera hace que el sujeto desee a la institución en su forma inmutable, repetitiva y estática, igualmente produce la sensación de “no temor” al régimen de verdad del mito católico. El amor católico induce sentimientos e imágenes de atracción (Collins, 2009, p. 134) hacia lo universal y eterno (placer, paz, alegría, gozo, felicidad). El amor, al igual que la satanización, se convierte en un sentimiento incontrolable que determina conductas sobre el mundo. “No hay amor sin dolor, el amor es obediente” (De Kempis, 1939, p. 73). “El que no está aparejado a sufrir todas las cosas y estar a la voluntad del amado, no es digno de ser llamado amador (…) conviene al que ama
abrazar de buena voluntad por el amado todo lo duro y amargo y no apartarse de él por cosa contraria que acaezca” (De Kempis, 1939, p. 74). La dualidad sagrado-profano también se nos presenta como un dispositivo clave del mito católico; esta división dicotómica del mundo tiene como efecto la perpetuidad de las formas simbólicas. Los creyentes tienen como ideal vivir en lo sagrado (lo inmóvil, universal, único y ordenado); lo sagrado, al ser eterno, no se le toca, no se le transforma, persiste en el tiempo, sacralizar permite que las generaciones no sinteticen cambios sobre el material simbólico heredado. En esta misma lógica, lo profano (lo móvil, sucio, múltiple y desordenado) marca límites, lugares prohibidos e intocables que tras el mito de la satanización y la metáfora del castigo persisten en el tiempo y en las piques de los seres humanos, logrando con ello desarticular la acción humana sobre sus símbolos y sus construcciones míticas. Lo sagrado-profano es un dispositivo de control sobre la interacción simbólica de los creyentes católicos, permite que las espiritualidades se homogenicen y cesen su movimiento de transformación. Una vez se han puesto en circulación estos dispositivos, la institución católica logra cristalizar un monopolio e intervención institucional sobre la capacidad biológica del ser humano de producir a manera de “ola o flujo incesante (…) representaciones de deseos y de afectos” (Castoriadis, 2002, p. 96), de tal manera que moldean, universalizan y estatizan la psique humana. Este particular fenómeno lo denominaremos aquí como biopolítica de la función fantástica. “Ninguna obra nueva te será embarazosa, si estuvieres interiormente libre de todo afecto desordenado7” (De Kempis, 1939, p. 49). Esta forma de biopolítica y sus dispositivos, al ser fijados sobre la sociedad católica, permiten que el discurso fluya libremente del centro de poder a cada uno de los cuerpos sobre los que los dispositivos han sido fijados. Esto garantiza al catolicismo la capacidad de producir imágenes y sensaciones en los cuerpos creyentes. “El temor de las penas (…) el primer punto será ver con la vista de la imaginación los grandes fuegos, y las ánimas como cuerpos ígneos. El 2º: oír con las orejas llantos, alaridos, voces, blasfemias contra Christo nuestro señor y contra todos sus santos. El 3º, oler con el olfato humo, piedra azufre, sentina y cosas pútridas. 4º: gustar con el gusto cosas amargas, así como lágrimas,
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El resaltado es nuestro.
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tristeza y el verme de la consciencia. 5º: tocar con el tacto, es a saber, como los fuegos tocan y abrazan las ánimas” (De Loyola, 1952, p. 174). El mito católico trae como efecto la producción de un sujeto infante, predispuesto a la obediencia y a las jerarquías sociales. Esto es posible dado que el catolicismo construye un sujeto con un sentimiento y una imagen de desprecio al mundo y a sí mismo (De Kempis, 1939). El discurso católico configura los estados biológicos de la función fantástica de tal manera que el sujeto acepta plenamente las situaciones negativas de la vida (ser pobre, callar, sufrir, ser inferior, padecer dolor, etc.) (Durand, 2004 p. 373). La biopolítica que venimos describiendo materializa unas prácticas rituales que se transmiten a lo largo de las generaciones. Estas prácticas estatizan el tiempo, dando la ilusión de vivir en lo estático/inmóvil/eterno. Sin embargo, podemos señalar aquí, que el efecto del mito católico es precisamente enrumbar el movimiento hacia lo estático-ritual, permitiendo “domesticar el tiempo y la muerte” (Durand, 2004, p. 412). Los creyentes realizan prácticas que logran que ellos se domen a sí mismos, a su tiempo, a su cambio y sus conductas. La reproducción de las formas simbólicas, por medio de las prácticas rituales, cristaliza la continuidad de las relaciones de poder existentes en una sociedad; para nuestro caso, vimos que son relaciones de dependencia, obediencia y jerarquía. El mito católico se fija en el tiempo como un régimen emocional/visual que produce sujetos infantes, neutralizando así las formas de lucha y creación social, permitiendo que la institución católica tenga “efectos reales sin gasto aparente de energía” (Bourdieu, 200, p. 72) sobre la comunidad de creyentes.
El blackmetal como contraconducta Ante la existencia de una biopolítica de la función fantástica labrada en la forma del mito católico, hemos identificado una particular forma de resistencia en el arte conocido como blackmetal8, que describiremos en las siguientes líneas. En los orígenes del blackmetal encontramos una crisis del catolicismo en quienes ahora son parte de esta cultura. Se habla por parte de estos jóvenes de un senti-
miento de ausencia de divinidad en sus vidas, un abandono de Dios que germina en un sentimiento de soledad. Generalmente, el abandono se visibiliza en problemas asociados a la pobreza, la humillación y la violencia, entre otros. Es esta soledad la que hace posible la disolución del dispositivo de fe, por medio del surgimiento de la duda y del desafío sobre la institución católica y su mito. Estos jóvenes, una vez se han desalineado de la religión católica, emprenden un movimiento social/artístico en el que crean sus propios espacios simbólicos, y reconfiguran su propia dimensión simbólica9. El medio en el que han enfocado dicha transformación es la música, que actúa como herramienta de reconfiguración de energías e imágenes y diluye el dispositivo de satanización, es decir, por medio de la música se materializa una transformación del material simbólico de la sociedad católica. Entendiendo que la música es un depósito de experiencias colec-
tivas donde el sujeto interviene y es intervenido en su intervención, se instaura una dinámica que pone en construcción nuevas espiritualidades10, que enfrentan la infantilización inmersa en el mito católico. La música como práctica deviene en lugar de resistencia, lucha y transformación de las dinámicas intergeneracionales, al ser un espacio social donde se crean nuevos símbolos. La espiritualidad en el blackmetal realiza un cambio más sustancial que la distancia de la espiritualidad católica. El blackmetal, al abandonar la creencia en lo invisible dándole más valor a lo visible, posiciona los sentidos y el cuerpo como parte integral del movimiento espiritual. Lo material y lo espiritual se integran en una
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Norbert Elías ha señalado una quinta dimensión del ser humano,
la dimensión simbólica: “Los individuos logran acceder a una dimensión del universo que es específicamente humana. Continúan estando ubicados en las cuatro dimensiones del espacio tiempo, como todos los hechos prehumanos, pero están además ubicados como seres humanos en una quinta dimensión, la de los símbolos, que sirven a los humanos como medio de comunicación e identificación” (Elías, 1994, p. 91). 10
Definiremos la espiritualidad como aquel simbolismo producto
de la interacción humana, que en dicha acción se encarna en el 8
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El blackmetal surge como un género del rock en los inicios de la década
individuo por medio de imágenes, pensamientos y sentimientos. Es
de 1980 en los países nórdicos con bandas como Venom, Mayhem, Hell-
igualmente aquello que vivifica el cuerpo, es energía que mueve o
hammer, Bathory, entre otras, y en Colombia con las bandas Parabellum y
inmoviliza. Es energía que permite explicar el movimiento de los
Reencarnación. Cabe aclarar que aquí se reconocía a este nuevo género con
cuerpos humanos y que las ciencias exactas no visibilizan dentro
el nombre de ultra metal.
de sus teorías de la dinámica.
sola dinámica. Los jóvenes pertenecientes a esta cultura se han apropiado de técnicas espirituales que para el catolicismo eran paganas y satanizadas. Ellos no solo las implementan sobre sí, sino que pueden desplazarse en ellas, modificarlas y dar paso a nuevas creaciones en el campo de la espiritualidad. La espiritualidad en el blackmetal se basa, en gran parte, en la reconstrucción del mito guerrero del catolicismo. Para empezar, el blackmetal no acepta las condiciones negativas de la vida, las enfrenta y en su ideal está “destruirlas”. El resultado de esta nueva configuración es la cristalización de una filosofía de vida juvenil, guerreársela. Una filosofía de vida guerrera implica tomar acción sobre el mundo para la transformación de este mismo y de su vida, es una acción que parte de este mundo y es para este mundo, reformulando así la idea del más allá y la metáfora de la recompensa características del catolicismo. Los problemas de la vida, que son reconocidos como problemas en la esfera social, son asumidos y de esta manera se obra en ellos por sí mismo, dejando a un lado la tutoría divina de fuerzas exteriores; en cambio, se encuentra una voluntad que surge del “interior”. El blackmetal entra en un simbolismo que requiere hacer brotar algo muerto de las profundidades. La muerte se ubica dentro de la estructura simbólica del blackmetal como eje fundamental. Esta devora lo existente para generar algo nuevo (Eliade en Downing, 1994, p. 296), dando sentido a la filosofía guerrera al dar fin o dar muerte a los problemas que agobian la existencia del ser. La muerte dentro del blackmetal es significación imaginaria de cambio. Sin embargo, no debemos pensar aquí a la muerte como algo antagónico al ser, más bien se integran en un solo movimiento muerte/ser, que transforma y fija todo lo existente en una dinámica permanente. Esta nueva configuración altera y diluye el estatismo/inmutabilidad/universalidad del catolicismo. Lo sagrado se integra a lo profano al considerar que lo fijo sea lo dinámico. Nos encontramos así con un fenómeno de desdomesticación del tiempo y la muerte, que revive la acción sobre el mundo, el cambio. La acción efectuada por estos jóvenes sobre el material simbólico existente permitió un cambio en la función fantástica para reconfigurar unos estados biológicos fijados por una biopolítica
ejercida por el catolicismo. La imagen y el sentimiento de sí mismo se reconstruyen sobre la base de luchas, victorias y derrotas en este mundo. La función fantástica se desliga de la influencia institucional del catolicismo y ahora puede ser parte de una reconstrucción apropiada por el sujeto, dejando a disposición la posibilidad de crear espiritualidad sobre sí y sobre el mundo, de influir y tomar control sobre su propia conducta. El blackmetal se cristaliza como un campo de subjetivación que emerge de un ejercicio político de lucha contra los dispositivos católicos sobre la función fantástica, establecidos en una biopolítica, que crea nuevos sujetos, dado que surgieron nuevos dispositivos simbólicos del trabajo colectivo de una juventud inconforme con su espíritu católico.
Bibliografía: Ávila, F. y Ávila, C. (2010). El concepto de biopolítica en Michael Foucault. En: A Parte reí. Revista de filosofía. Bourdieu, P. (2000). Sobre el poder simbólico. En: A. Gutiérrez (Trad.). Intelectuales, política y poder. Buenos Aires: UBA/ Eudeba, pp. 65-73. Recuperado de: http://sociologiac.net/ biblio/Bourdieu_SobrePoderSimbolico.pdf Castoriadis, C. (2002). Figuras de los pensable (las encrucijadas del laberinto VI). Segunda Edición. México, D.F.:Fondo De Cultura Económica. Collins, R. (2009). Cadenas de rituales de interacción. Bogotá: Anthropos. De Kempis, T. (1939). De la imitación de cristo y menosprecio del mundo. Buenos Aires: Editorial Sopena. De Loyola, san Ignacio (1952). Ejercicios espirituales. En: Obras completas de San Ignacio de Loyola. Madrid: Editorial Católica. Downing, C. (1994). Espejos del yo. Imágenes arquetípicas que dan forma a nuestras vidas. Barcelona: Editorial Kairos. Durand, G. (2004). Las estructuras antropológicas del imaginario. México D.F.: Fondo De Cultura Económica. Elías, N. (1989). El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México: Fondo de Cultura Económica. Elías, N. (1994). Teoría del símbolo. Barcelona: Península. Sáenz, J. (2009). Formación: infantilización y autocreación. En: Cátedra lasallista. Miradas sobre la subjetividad. Bogotá: Universidad de La Salle.
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Crítica a posiciones o extrapolaciones pseudocientíficas 22
María Paula Arteaga Avendaño
Una persona, desde que se despierta en la mañana, sigue una rutina cuya determinación se debe a su experiencia. Si un acontecimiento inesperado estropea la armonía con la cual se desarrollan sus hábitos, ya sea para bien o para mal, urge la necesidad de preguntarse el porqué o la razón de ser de esta eventualidad que cambia el curso de lo que se tiene bajo control. Lo usual, en este caso, se resume en hallar una relación causal que pareciera que se esconde detrás de señales en el entorno. Es una necesidad que acosa a todo ser vivo con sistema nervioso central y que se lleva a cabo mediante mecanismos asociativos de estímulos ambientales. De esta forma, si le enseñamos a un cachorro a realizar determinado comportamiento, ya sea sentarse y dar la pata, y enseguida le brindamos una apetitosa recompensa, con cierta certeza podemos predecir que aumentará la frecuencia de realizar dicha acción. Si, por el contrario, aplaudimos realizando un sonido fuerte haciendo que el animal se aleje, una vez ha empezado a destrozar una pila de libros de colección, veremos que disminuirá el comportamiento de ocasionar daños a los artículos en casa. En este ejemplo, nuestra mascota ha logrado crear asociaciones entre elementos que antes no las tenían, y además, las ha vuelto relevantes a la hora de actuar, ya que implica un beneficio o no el hecho de llevar a cabo alguna ejecución.
Previo al pensamiento científico: mitología En un sentido semejante, no es raro que antiguas civilizaciones hayan depositado su entera confianza en hacer atribuciones causales de los fenómenos naturales, ya que de ellos dependía, y depende hoy en día para la humanidad, su existencia. Análogamente, las estaciones de escasez y abundancia se consideraban como castigo o compensación divina. Seguidamente, un conglomerado de creencias entre calamidades naturales (como lluvias, eclipses o actividades volcánicas), astros en el firmamento y dioses se relacionan para dar lugar a la elaboración de mitos o metarrelatos (a los cuales me referiré indistintamente más adelante). Cassier y Lévy-Bruhl (en Caillois, 1938) articulan esta explicación comparativa en las siguientes palabras: “El mito es muy anterior al hombre: toda percepción de un hecho exterior en un organismo dotado de cierta conciencia es un mito en potencia; el universo en el cerebro de un animal superior da por resultado una serie de mitos, es decir, de representaciones instantáneas que se desvanecen tan pronto como se provocan; cuanto más establezcan la memoria y la conciencia relaciones entre esos relámpagos de visión del noyo, más se precisa y se afirma el mito y más sube el animal de grado en la escala de los seres” (p. 21). Cabe resaltar que este tipo de conexiones, a veces entre sucesos arbitrarios, no se limita a nuestros antepasados. Hoy en día persisten diferentes modalidades de estos metarrelatos que guían, en alguna medida, nuestras acciones. Un ejemplo claro de esto
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son las supersticiones, que en ciertos casos pueden llevar a que un grupo de personas venda la totalidad de sus propiedades, que realicen costosos viajes o que se aíslen por completo de la sociedad por la creencia alimentada de presentimientos ilusorios de que el “fin del mundo” está cerca. Nuestros antecesores, como nos refiere Isaac Asimov en Pasado, Presente y Futuro (1987), en medio de la incertidumbre que les generaba el hecho de no conocer el funcionamiento del mundo, llegaron a decidir que estábamos bajo el gobierno de demonios o espíritus y, sin preámbulos, se comportaban de acuerdo a estas conjeturas. Los procedimientos derivados para lograr un control del curso de la naturaleza, con una pizca de acercamiento a la certeza hicieron que se fueran complejizando algunas de las suposiciones. Es innegable el carácter adaptativo que significó la observación de patrones climáticos y estelares en función de las estaciones como una extensión natural de una tradición cultural de llevar registro del “tiempo de recolección” (Lawrence, 1973), y que converge en lo que hoy denominamos como astrología. De la misma forma, y a pesar de la controversia de su etimología y de sus orígenes (Newman & Lawrence, 1998), la alquimia se concebía como útil para el tratamiento y curación de enfermedades, aunque carente de precisión, claridad y metodología en cuanto al uso de sustancias con determinados fines. Vale la pena agregar que ulteriormente las ciencias de la astronomía y la química, formalmente, no pretenden responder nociones de carácter teleológico, como en alguna medida sí lo buscaban la astrología y la alquimia.
En general, cada quien busca tener control sobre las circunstancias a las cuales se enfrenta; seguidamente, busca hallar las razones por las cuales se presenta cualquier eventualidad. Como Asimov nos recuerda (1987), son pocos quienes llegan a cuestionarse sus propias acciones y creencias. Estos personajes, quienes trabajan el problema de cómo funciona realmente el mundo y realizan un esfuerzo por encontrar la verdad, son llamados científicos. El ejercicio científico como tal tiene su inicio hacia 1600, como disciplina moderna. Y a mediados del siglo XVIII las sociedades europeas y americanas acogen intereses como la electricidad, teniendo en función de pioneros a personajes como Benjamin Franklin. El ensayo Benjamin Franklin cambia el mundo (en Asimov, 1987) esclarece cómo un fenómeno natural que antiguamente se consideraba como castigo divino de Zeus, adopta un plano completamente diferente y ahora es percibido por la gente del común como fundamental a la hora de la construcción de urbanizaciones, donde se tienen en cuenta instrumentos de pararrayos para prevenir calamidades.
Mecanismos precursores
Lo que se conoce como la visión newtoniana del mundo (Rosenblum & Kuttner, 2006) configuró la ruptura entre lo físico y lo espiritual a mediados del siglo XVII. La visión determinista nos da la certeza de que si conocemos la ubicación y la velocidad de un par de objetos se podrá predecir, a futuro, su ubicación y velocidad. Estudios relacionados con la luz y su comportamiento, sobre el campo eléctrico y sobre la energía, fueron algunos de los acercamientos que llevaron a Albert Einstein a proponer su, tan aclamada hoy en día, teoría de la relatividad especial. La predicción de Einstein E=mc² y su postulado, el cual plantea la posibilidad de viajar más rápido que la luz, ocasionaron cierta confusión y malestar dentro de la comunidad científica al comienzo, ya que se venía entiendo el mundo en términos clásicos. Hoy en día, a escalas subatómicas (Rosenblum & Kuttner, 2006), ha sido factible la comprobación de estas ideas.
Se percibe que las creencias antiguas respecto al funcionamiento del Universo van quedando atrás. Las suposiciones que se basaban en cuestiones de carácter mágico y religioso han intentado evolucionar, aunque se han estancado en algunos períodos como la Edad Media. En general, las civilizaciones han hecho un esfuerzo por instaurar y retornar al carácter racional de explicar mediante recursos adecuados de metodología. Sin embargo, esta discusión acerca de la búsqueda del conocimiento legítimo es de corte epistemológico, por lo tanto intentaré enfocarme en la cuestión de los mecanismos precursores que pretendo contemplar y que han venido jugando un papel a lo largo de esta recopilación. Por un lado, encontramos a) la —a veces irreflexiva-- urgencia de encontrar la relación causal; por el otro, b) la elaboración precoz de metarrelatos para la resolución del problema inmediato. De acuerdo a lo expuesto, estos mecanismos están presentes en diversos momentos en la historia de la humanidad. Se debe ser muy cuidadoso a la hora de ejercer juicios valorativos o de validez respecto a ellos, ya que como se verá a continuación, un eficiente manejo de estos puede desembocar en un adecuado desarrollo científico y tecnológico.
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Perspectiva de la teoría cuántica
La revolución de la mecánica cuántica trae consigo nuevas postulaciones respecto a lo que se venía entiendo en relación a la determinación provista por las leyes físicas. En esta medida, es pertinente comprender los fundamentos de la física cuántica. En primer lugar, se debe comprender que en una partícula a una escala diminuta “(…) ninguna propiedad existe antes de ser observada” (Rosenblum & Kuttner, 2006, p. 162); en segundo lugar, en la física clásica se niegan postulados aceptados por la física cuántica: “(…) suposiciones de realidad y separabilidad” (Rosenblum & Kuttner, 2006, p. 172). De estas últimas [1) realidad y 2) separabilidad] se haría referencia entonces en la mecánica cuántica en cuanto que 1) las propiedades físicas no existen sin la observación, que en realidad es la medición y 2) lo ocurrido en una de las partículas afectará a otra, esto se entiende como no-separabilidad o entrelazamiento.
Nublada comprensión de la perspectiva cuántica Resulta problemático el pensar en los postulados cuánticos sin una base teórica clara. Leon Lederman en su libro La partícula divina (1993) argumenta en un apartado el porqué se presentan malentendidos hoy en día en cuanto a su comprensión y es porque “(…) va en contra de la intuición” (p. 166). Por ejemplo, en el experimento de la rendija, se constata que se pueden conocer las condiciones iniciales y los resultados, pero no se puede conocer el camino entre A y B; el único recurso es hablar en términos de probabilidades de los múltiples caminos posibles (Lederman, 1993). Al hablar del conocimiento de las propiedades de las partículas cuánticas una vez se hayan observado, este ha sido mal interpretado por múltiples explicaciones, atribuyéndole connotaciones pseudocientíficas de conciencia. Cabe hacer la anotación de que a la hora de tener en cuenta este fundamento cuántico se debe aclarar que la observación “de un individuo consciente” no es la que cambia las propiedades de la partícula, sino que es exclusivamente la medición de un instrumento. Esto está relacionado con el postulado 1: las propiedades físicas no existen sin la observación, que, científicamente hablando, es la medición que se realiza con instrumentos debidamente calibrados. Muchas de las nociones actuales utilizan los mecanismos de urgencia por encontrar una relación causal y de elaboración precoz de metarrelatos con el fin de hallar una razón de ser a fenómenos que obstinadamente la gente no quiere dejar de creer. Un ejemplo de esto es la película What The Bleep Do We Know? (2004) (en español: ¿Y tú qué sabes?) producida por la Ramtha’s School of Enlightenment. En este trabajo filmográfico se sugieren algunas ideas acerca de los resultados del ejercicio de la meditación como comprobados científicamente por medio de la lógica cuántica, lo cual no es cierto. Además, mediante el dudoso uso de muestras de agua que cambian su configuración al congelarse
debido a la bendición dada por un monje budista, se adelanta una falacia al afirmar que al estar compuesto el ser humano en su mayor proporción de agua, este estará sujeto a la invención de que cambiará la configuración de su estructura por medio de la meditación, cosa que carece de fundamento alguno. Es así como, aún en nuestros días, se puede evidenciar mediante claros ejemplos que los mecanismos precursores o posibilitadores de la ciencia son un arma de doble filo para fines científicos. Cabe recalcar que para otros fines exclusivamente de tratamientos, meditación, entre otros, este tipo de mecanismos ejercen un poder sugestivo para la curación, como es el caso de la medicina homeopática. Es cuestión de saber el fin con el cual se hace uso de estos mecanismos: si no son para fines de investigación y tecnología no atentan contra el bienestar de la humanidad ni mucho menos, pero sí son un tropiezo para la ciencia que busca acercarse cada vez más al conocimiento.
Referencias: Asimov, I. (1987). Pasado, presente y futuro. Barcelona: Plaza & Janes Editores, S.A. Caillois, R. (1988). El mito y el hombre. México, D.F.: Fondo De Cultura Económica. (Versión Original 1938). Lawrence, J. (1973). Astrology and Modern Science: A Critical Analysis. En: Leonardo, 6, 121-130. Lederman, L. y Teresi, D. (1993). La partícula divina. Barcelona: Crítica. Ramtha’s School of Enlightenment (productor) (2004). William Arntz: What the Bleep Do We Know? [Película]. Phoenix: Jonathan Shaw. Rosenblum, B. y Kuttner, F. (2006). El enigma cuántico: encuentros entre la física y la conciencia. Barcelona: Tusquets Editores, S.A. Newman, W. R. & Principe, L. M. (1998). Alchemy vs. Chemistry: The Etymological Origins of a Historiographic Mistake. En: Early Science and Medicine, 3 (1), 32-65.
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“Esa pluma que cayó significa que hay un ángel cerca”. 26
Natalia Mateus Camargo
Nadie nunca creía en sus palabras, todos pensaban que intentaba vender una idea religiosa; pero nada estaba más lejos de la verdad, esa jamás fue su intención. Probablemente, aquella pluma era de una paloma, ella lo sabía, pero había una idea tras esa frase: ella no pensaba que un ser mítico alado hubiera pasado por allí, aunque ese “ángel” significaba un golpe de suerte, un toque de fortuna. Cada vez que una pluma se atravesaba en su camino algo bueno pasaba. Tal vez solo cambiaba su percepción de las cosas y todo se veía de una manera más positiva, pero era un golpe de suerte sea como fuere. Ella empezó a notar que la gente sonreía más en un día de sol y tuvo la más brillante de las ideas. No esperaba que creyeran en algo, esperaba que crearan, como ella lo había hecho, una visión del mundo un poco diferente. Nadie nunca creía en sus palabras, hasta que en un día de sol puso una pluma en el camino de aquellos a quienes realmente apreciaba, una pluma que no provenía de un ángel, pero que hizo que ellos la recordaran y que sus sonrisas se hicieran un poco más anchas.
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Magdalena Barrero
Bajo el sugerente título La importancia de lo que nos preocupa (2006), el filósofo Harry Frankfurt estudia cuestiones que nos afectan cotidianamente y que no por ello han de ser marginadas de un profundo análisis desde, por ejemplo, la perspectiva filosófica. En un capítulo homónimo al título del libro, se ahonda en el papel de la preocupación en relación con elementos como las creencias y los deseos. Como nuestro interés radica en el tema de las creencias, nos centraremos en algunas de las ideas (presentadas por el autor de manera fragmentaria en el libro) que considero de mayor relevancia en el texto para comprender, bajo la perspectiva de Frankfurt, características y conexiones de las creencias. El autor plantea tres conjuntos principales de preguntas (que no son plenamente respondidas sino que funcionan más como directrices para el autor), siendo el primero el ámbito de la epistemología, en el cual las cuestiones derivan del interés en decidir qué creer. Las cuestiones del segundo conjunto versan acerca de cómo comportarnos, y con ello refiere al contenido de la ética; y el tercer conjunto refiere a qué debe preocuparnos, lo cual se concatena al entendimiento de qué es importante para nosotros. Precisamente, lo que nos preocupa
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no necesariamente son requerimientos de la ética1 o la ello, presta particular atención a esas cosas y dirige su moralidad, sino, por ejemplo, los proyectos personales, comportamiento en consecuencia” (Frankfurt, p. 123). los individuos, los grupos, los ideales. Efectivamente, “la Dado esto, en tanto la vida de una persona se encuentre función del juicio moral en el desarrollo y la búsqueda dedicada completa o parcialmente a algo, “en lugar de de preocupaciones como estas suele ser bastante mar- ser solo una secuencia de acontecimientos cuyos temas ginal” (Frankfurt, p. 120). Así, en bastantes decisiones y estructuras no se esfuerza por moldear, está dedicaimportantes el papel de las consideraciones morales da a esto” (ibíd.). El autor explica que los deseos y las no es decisivo y, debido a esto, las decisiones (tanto las creencias pueden aparecer en una vida que es una suceimportantes como las que no lo son) han de basarse en sión de momentos separados que no son reconocidos cierta medida en consideraciones no morales. La noción por parte del sujeto en el momento en el cual sucede, de lo que le preocupa a un sujeto coincide parcialmente o precediendo al mismo, o bien en un recuerdo “como con la noción de aquello que funge como referencia un elemento integrado con otros de su propia historia para la persona y es utilizado por la misma para guiarse continua” (Frankfurt, p. 123). Lo que sucede cuando en sus decisiones y conducta. En cuanto a lo que puede tal reconocimiento se ausenta por completo es la no ser considerado importante, el autor señala que esto existencia de un sujeto continuo (añadiendo Frankfurt depende de la conexión con la influencia: así entones, la suposición que las vidas de algunos animales caen lo que es importante lo es bajo tal calificación). Pero en tanto la influencia que los momentos en la vida posea sea importante2. de una persona que se La preocupación porque preocupa por algo no se podamos sentir por algo encuentran conectados in¿Acaso las creencias no ha de confundirse con el herentemente mediante reno son más que pensamientos gusto o deseo que nos puelaciones secuenciales, sino da despertar, y se diferenque el sujeto los unifica, lo en los que lo que preocupa cia también de pensar que cual implica una preocupaposee valor o es deseable aquello que nos preocupa ción propia (y continua) por y que no son jamás objeto posee valor o es deseable. aquello que hace consigo Las mencionadas actitudes mismo, por lo que sucede de nuestra preocupación? y creencias se diferencian en su vida. del hecho de preocuparJustamente, Frankfurt sese en sus características ñala que la preocupación temporales. La perspectiva de una persona por algo de una persona que se no se extiende indefinipreocupa por algo es “inherentemente prospectiva”: damente en el tiempo; al contrario, su preocupación la persona considera que de manera necesaria posee se mantiene únicamente por un período más o menos un futuro. Sin embargo, una persona puede tener de- extendido, explicitando esto al afirmar que se puede seos y creencias sin tener en cuenta el hecho de poder pensar algo como importante o desearlo tan solo un seguir existiendo. La persona a la cual le preocupa instante. Ni los deseos ni las creencias poseen una “peralgo se identifica con lo que le genera preocupación, sistencia inherente”, es decir, que no puede hallarse en puesto que se torna vulnerable a pérdidas y beneficios la naturaleza de un deseo o de una creencia algo que “según si lo que le preocupa disminuye o aumenta. De requiera que los mismos han de perdurar. No obstante, esta manera, se preocupa por lo que se relaciona con el autor sostiene que la noción de guía y la noción de preocupación suponen “cierta coherencia o firmeza del comportamiento; y esto presupone cierto grado de 1 En este capítulo, Frankfurt señala que la ética “se concentra en el problema persistencia” (Frankfurt, p. 124). Así entonces, no es pode ordenar nuestras relaciones con otras personas. Se ocupa especialmente sible diferenciar una persona a quien le preocupó algo del contraste entre lo correcto y lo incorrecto, y del fundamento y los límites solo un instante de otra persona bajo el influjo de un de la obligación moral” (p. 120). impulso, en tanto que una decisión necesita únicamente 2
No obstante, el autor señala que no es clara la posibilidad de “elaborar una
caracterización útil del concepto sin toparse con esta circularidad” (Frankfurt, p. 122).
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un momento, pues que una persona decida preocuparse por algo no puede ser análogo a su preocupación por esa cosa, ni se constituye en una plena garantía de que eso le preocupe en realidad. Pienso que la postura de Frankfurt pierde fuerza argumentativa en tanto que, como él mismo lo señala al inicio del texto, va a referirse a los distintos temas que aborda de manera fragmentaria. Por ello, identificar detalladamente sus argumentos puede tornarse brumoso; mas, a pesar de esto, podemos hallar algunos elementos de gran valor y sopesar las conexiones que realiza. Creo que la relación entre las creencias, la preocupación y el tiempo juega un papel contundente en el texto. Las características temporales devienen como un elemento que posibilita diferenciar las creencias de las preocupaciones, e inclusive podría plantearse que los deseos y las creencias se desarrollan en un presente sin miras al futuro, mientras que la preocupación atañe a un futuro. Así entonces, su postura al parecer conduciría a una posición en la que no podrían relacionarse las creencias con la preocupación, lo cual puede resultar difícil de comprender: ¿acaso las creencias no son más que pensamientos en los que lo que preocupa posee valor o es deseable y que no son jamás objeto de nuestra preocupación? ¿Puede afirmarse que la creencia es netamente actual de manera absoluta? ¿Cuán válido resulta hablar de la naturaleza de un deseo o una creencia y cómo puede medirse la firmeza del comportamiento? A mi parecer, si bien puede no encontrarse en los deseos o las creencias una “persistencia inherente”, algo que requiera que perduren, no sé si podría hablarse de algo que incite a que perduren. Me explico: tal persistencia podría encontrarse en otro elemento interno en la persona (desconozco cuál podría cumplir tal papel) que requiera que los deseos y creencias perduren. Es decir, no se mantendrían por sí mismas, sino por necesidad de otros ámbitos o elementos de la persona. El diálogo con Frankfurt, así como las cuestiones, quedan abiertas, siendo estas líneas más que una dilucidación académica del problema una invitación a los lectores a conocer ámbitos y autores de la filosofía que contribuyen a un análisis y construcción de la sociedad, abordando, como en este caso, cuestiones cotidianas como aquello que nos preocupa y su importancia, además de nuestra concepción del tiempo y las creencias. Harry Frankfurt es un filósofo que esboza planteamientos originales y sumamente interesantes acerca de temas que, si bien pueden delimitarse como pertenecientes, por ejemplo, a la ética o a la filosofía de la mente, permiten un acercamiento ameno a la filosofía, con títulos como On bull-
shit: sobre la manipulación de la verdad y Las razones del amor: el sentido de nuestras vidas.
Referencia Frankfurt, H. (2006). La importancia de lo que nos preocupa: ensayos filosóficos. 1ª edición. Buenos Aires: Katz.
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Jairo Alberto Quiñones Calderón
“Cada vida es una interesante obra literaria cuyo epílogo es el recuerdo de los demás.” Anónimo 31
Parado en frente de ella, comencé a recordar las personas con las que hablé y el camino que recorrí para poder hallarla. Fue una experiencia abrumadora y perturbadora. Pero al fin me encontraba allí. No sabía qué debía hacer. Desde pequeño se me enseñó que a ellas hay que obedecerlas sin cuestionamientos, pues si alguna vez las desobedecía, sufriría graves consecuencias. Estas creencias me las infundió mi mamá, y a su vez se las habían transmitido en el campo, de donde ella procede. Una vez mi madre me contó que las había visto, que salen especialmente en las noches y que su figura es resplandeciente, como si fuesen una luz blanca que perturba o tranquiliza, dependiendo de las deudas que se tengan en vida. En Siachoque, un pueblo cercano a Tunja, se dice que había un señor borracho y agresivo que maltrataba a su esposa e hijos. Cansada de los malos tratos y de las golpizas de su cónyuge, la señora se atrevió a hacer un trato con ellas para que su esposo dejara los vicios. En la parroquia de Siachoque se encuentra un cuadro gigantesco que retrata todo lo que ocurre en ese mundo sobrenatural. Durante varias décadas dicho cuadro ha sido el catequista de cientos de feligreses devotos de estos “hermanos mayores”, de aquellos que nos preceden y nos esperan. La señora comenzó con la parte de su trato, colocó ropa de su esposo detrás del cuadro, les llevó flores y las alumbró durante nueve semanas. Y luego de cumplir con su parte, ellas le dieron a su marido
una “trilla”, una paliza, que nunca pudo olvidar. Una golpiza que lo dejó mudo por el resto de su vida. Mi madre jamás lo supo, pero su historia es famosa en el pueblo y sus alrededores. Debido a mis estudios de antropología, se me pidió que entrara a la polis de aquellos que ya no están sometidos a las limitaciones de esta realidad, y que registrara todo lo que observara. Así pues, ingresé a una polis en el sur de Bogotá, apenas en la entrada me encontré con los actuales “carontes” que ayudan a los nuevos residentes a encontrar rápidamente su lugar. Estos curas falsos siempre se encuentran allí para ayudar. Son guías espirituales que orientan al nuevo habitante y a sus familias en esta realidad tan cercana y desconocida para todos. Ayudan a enfrentar un destino que siempre está latente, que si uno tiene suerte, puede evitar por algunos años. Pero que, al final, inexorablemente, va a estar “ahí”. Así pues, empecé mi búsqueda. A mano derecha, me topé con los recién llegados al dormitorio1. La mayoría de ellos son personas jóvenes que no superan los 25 años. Son fanáticos acérrimos de varios equipos de fútbol. Con gran tristeza pude observar que una familia se acercaba a visitar a su conocido. Golpean tres veces a su puerta, se persignan, se paran en frente de él y, mientras limpian cuidadosamente su pálido rostro, comienzan a hablar de sus vivencias durante la semana y de las victorias de sus equipos del alma. En esa misma sección pude ver a una persona que visitaba a su amigo. Con su grabadora le estaba cantando un rap para animarle el rato. De vez en cuando, se fumaban un “porrito” por los viejos tiempos y se tomaron una de aguardiente para calentar el ambiente. Después de que se fue el cantante, me acerqué para ver el porrito, aún encendido, y me retiré de ese lugar. Luego llegué a un sitio bastante concurrido. Parecía que era la parte central de esta polis. Allí me encontré con dos objetos negros de metal. En sus superficies se encontraban los novenarios2 que se derretían mientras las personas rezaban. El cebo de estas velas se derretía rápidamente y expelía un olor a chicharrón recién hecho, por un instante me dieron ganas de comer. A su lado había bolsas de agua y flores frescas amarradas a una reja negra. Detrás de esta reja negra se encontraba una estatua de la Virgen María. Me acerqué a estas personas que estaban rezando y, por un momento, recordé
1
Este término (en griego koimetérion) se emplea en las creencias cristianas
porque los cuerpos duermen hasta el día final. 2
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Atados de velas de cebo.
F oto g r a f 铆 a
to m a d a p o r :
D av i d F l 贸 r e z
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a mis seres queridos que se encontraban en otras polis aguardando mi llegada. Por algunos segundos contemplé las llamas de las velas y su hipnótico baile. Con el corazón arrugado elevé una plegaria por aquellos que había olvidado a causa de los afanes de mi quehacer, y me alejé de ese lugar. Seguí caminando por esas calles silenciosas y sin darme cuenta me encontré en la sección de las personas que ya tienen experiencia en este negocio. Por lo que pude observar, muchas personas estaban agradecidas con los favores que les habían hecho. En frente de ellas se encontraba un muchacho con camisa roja y pantalón blanco que les estaba limpiando los rostros con agua. A pesar de que eran muchas, él las limpió a todas. Me acerqué a una mujer que también estaba observando esa escena y me comentó que aquel chico estaba pagando la parte de su contrato. Según esta anciana, los vivos, a través de los muertos, buscan su buena fortuna; “ese es un rito que se ha conservado por varias generaciones y aquel joven debe cumplir con lo acordado, pues si no lo hace, ellas vendrán y lo castigarán hasta que cumpla con su parte”. Cuando el muchacho se fue, me acerqué a contemplarlas más de cerca. En sus puertas pude ver varios números. Al principio, no entendía lo que significaban pero después de analizarlas un rato caí en cuenta de que eran las fechas en las que habían realizado los favores. Dicha sección estaba adornada por decenas de flores plásticas de colores vívidos. Al final de este gran bloque de dormitorios me tropecé con otros que no estaban tan bien arreglados. Me encontré con los que no tienen nombre, los sin rostro, los olvidados por una sociedad que jamás los amó. Ese es el triste final alguien que fue olvidado por sus seres amados. Cerca de ellos vi a una mujer buscando a un sin rostro. Estaba indagando por una persona que había perdido. Lo buscó en cada rincón con mucho cuidado pero no lo pudo hallar. Me dirigí hacia ella. Le pregunté por su ser querido y me contó que lo había amado durante su infancia, pero que había desaparecido sin dejar rastro. Desde hace 25 años lo andaba buscando en el campo y las ciudades. Hasta me contó que asistió a cultos donde las brujas y los hechiceros le decían que había sido raptado por extraterrestres o que había sido secuestrado por la guerrilla. Sin embargo, no había recibido noticias de él desde
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hace más de 20 años. Ella no perdía la fe de que algún día lo podría encontrar para poder realizar su rito de despedida. Esta mujer, fanática de los griegos, me decía que quería hallar a su padre para brindarle los ritos de despedida que incluso el rey Príamo le había dado a su hijo Héctor. Nuevamente, con el corazón arrugado, me retiré de ese lugar mientras ella seguía buscando a esa persona que se había extraviado. Finalmente llegué a un lugar que estaba decorado de una manera muy particular. Este bloque era mucho más colorido que los demás. Sin querer, me encontré justo en frente de esa persona que le daba sentido a mi jornada. Parado en frente de ella, comencé a recordar a las personas con las que hablé y el camino que recorrí para poder hallarla. No sabía qué debía hacer. Fue una experiencia abrumadora y perturbadora. Con suavidad, toqué tres veces a su puerta para que me dejara ingresar. Su rostro era pálido, como el de todos en ese lugar, pero a la vez era distinto. Durante algunos minutos nos quedamos en silencio, un silencio casi tan eterno como su sueño. Limpié su rostro de mármol un poco ennegrecido por el ambiente. A su lado, hallé la carta que sus padres le habían dejado el día anterior. Con mucho respeto le pedí permiso para leer el mensaje que le habían dejado, y me di cuenta de que ayer había sido su cumpleaños. De repente un aire sombrío rodeó el lugar y pude darme cuenta de la magnitud de este acontecimiento. Esta niña, que tenía en frente, había nacido “medio muerta”. Solo había estado de paso en nuestro mundo por unos cuantos días. Pero el dolor de sus padres, por no tenerla a su lado, iba a permanecer hasta que ellos se reunieran con ella, allá. Le deseé un feliz cumpleaños y lentamente me retiré de la polis con el corazón destrozado. A la salida de la necrópolis entendí que, por un momento, había estado en el reino de los muertos. Había vuelto a la superficie, al reino de los vivos que ahogan sus penas, y lloran a sus seres queridos en las tiendas que quedan cruzando la avenida. Di media vuelta, me despedí de todas las personas que había conocido y les pedí que me guardaran un buen sitio en ese lugar. Les dije que no sabía cuándo sería mi turno, pues la suerte aún estaba de mi lado, pero que tarde o temprano todos llegaríamos allá pues la vida no es más que un susurro en el viento, una sombra que pasa.
Jairo Alberto Quiñones Calderón
I believe in your eyes, I believe in your gaze, I believe in your lips, I believe in your laugh, I believe that this world depends on your love. I believe in the world that you built for me, I believe in the gods that you made for me, I believe in the kids that will come thanks to you, I believe in the words that created our world. In your words, my heart wants to believe, with your words, my soul wants to relieve. You are my soul’s relief, that I want to relieve. What feels my loveliness is your love, what fills my emptiness is your laugh, what makes me believe is your life, what makes me live is that you’re alive. Relive... my heart, relief... my pain, leave... my soul, live... my love. I want you to believe in this: My beliefs.
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Patricia Larotta
BDSM : Entre creer y placer 1
“Pienso que si existiera un Dios, habría menos maldad en esta tierra. Creo que si el mal existe aquí abajo, entonces fue deseado así por Dios o está fuera de sus poderes evitarlo. Ahora, no puedo temer a un Dios que es o malicioso o débil. Lo reto sin miedo y me preocupan un comino sus rayos”. Sade
Por mucho tiempo el ser humano ha intentado explicar un sinfín de sucesos, para lo cual se ha valido de diversos métodos, teorías y prácticas. Los hombres comenzaron a filosofar movidos por la admiración, empezaron a elucubrar acerca del origen del universo y de todo cuanto en él se encuentra, preguntas sin aparente respuesta empezaron a emerger, a lo cual se buscó una explicación “satisfactoria” que permitiera que el hombre encontrara la tranquilidad y regocijo en su angustiosa existencia desprovista de significado: los dioses. El hombre se reflejó a sí mismo en los dioses, seres provistos de las mismas características o cualidades que los seres humanos, con el agregado de ser inmortales y dotados de poderes mágicos; así lo concebían los primeros filósofos cuando decían: “Los seres humanos se han creado dioses a su propia imagen. Creen que los dioses han nacido y que tienen cuerpo, vestidos e idiomas como nosotros. Los negros piensan que los dioses son negros y chatos, los tracios los imaginan rubios y con ojos azules. ¡Incluso si los bueyes, los caballos y leones hubiesen sabido pintar, habrían representado dioses con aspecto de bueyes, caballos y leones!” (Jenófanes. s. VI a. C.).
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Bondage, disciplina y dominación, sumisión y sadismo, masoquismo.
El hombre ha buscado respuestas a diversos fenómenos en los caprichos de los dioses. Estas interpretaciones que el hombre le da al mundo, en ocasiones parecen ser irracionales o carentes de sentido debido a la imposibilidad de su comprobación científica o experimental, de manera tal que la contradicción entre lo místico/espiritual y lo material/real es una constante en la sociedad. La oposición entre religión y ciencia parece ser vigente y contínua. Tenemos la impresión de que ciencia y religión son enemigos irreconciliables, pero ¿será acaso esta una oposición verdadera o un enfrentamiento que obedece a algún interés? Muchas teorías acerca del origen del universo están enmarcadas en contextos profundamente religiosos, místicos y fantásticos; sin embargo, hoy en día aún cuestionamos la validez de dichas teorías: ¿somos creación divina o creamos divinidades? Todo aspecto de la sociedad y de cada individuo se encuentra determinado de algún modo por el ámbito religioso, el individuo se define —en lo que a lo místico concierne— teniendo en cuenta categorías religiosas: creyente, ateo, agnóstico, ignóstico, etc. “El pensamiento religioso incluye, efectivamente, dos elementos: las creencias y los ritos. Las creencias religiosas son representaciones que expresan la naturaleza de las cosas sagradas y las relaciones que mantienen, bien las unas con las otras, bien todas ellas con las cosas profanas. Los ritos son normas de conducta que prescriben cómo debe comportarse el hombre ante las cosas sagradas” (Segalen, 2005, p. 18).
Algunos aspectos de la cotidianidad no parecen tener mayor relación con el ámbito de lo religioso; sin embargo, tienen en común múltiples aspectos, más de lo que imaginamos. Tal es el caso de la sexualidad. En el presente ensayo pretendemos reflejar, o más bien resaltar, algunos aspectos de la sexualidad, específicamente de una práctica que por ser llevada en ocasiones al extremo y por tener relación directa con el “placer carnal” es considerada tabú: el BDSM (bondage; disciplina y dominación; sumisión y sadismo; masoquismo) y su relación con la religión. El BDSM pareciera ir en contra de toda moral religiosa, de todo lo sagrado o lo bueno, pero la escena BDSM tiene múltiples convergencias con la estructura religiosa, aquello que lleva nuestro cuerpo y nuestra mente a un éxtasis profundo. Lo experimentamos tanto en prácticas de aquello que representa o se estima sacro como en aquello que se considera sacrílego, esto es, de la experiencia religiosa y el deleite corporal. El origen del BDSM es difícil de definir debido a la diversidad y disparidad de los términos que engloba la sigla. Podría decirse que es posible reconocer particula-
ridades propias del BDSM y que caracterizan alguno de estos términos en el origen de los tiempos. Por ejemplo, en las diferentes mitologías —mitología griega con Eros y Gea, en nuestra mitología con Bochica y Bachué e incluso en los relatos bíblicos— que se encuentran enmarcadas por erotismo, dolor y placer. Sin embargo, de forma más explícita, el BDSM se vislumbró en Inglaterra en la época victoriana. Allí se daban encuentros en los “clubs de las hembras flagelantes”, en los cuales los asistentes se repartían roles y buscaban por medio de azotes el éxtasis en la flagelación comunitaria. Desde entonces, la práctica sadomasoquista se sigue haciendo en diversos lugares en ceremoniales eróticos cuyo común denominador es la fascinación por el dolor, pasión1, masoquismo, etc. La secularización de la sociedad permitió que el hombre diera primacía a la razón y a lo objetivo, redujo el misticismo del mundo, en pocas palabras la secularización de la sociedad significó “la muerte de Dios”2; a pesar de ello temas tales como el sexo siguen siendo un tabú en la sociedad contemporánea. Si bien es cierto que el cristianismo ha perdido supremacía sobre la vida espiritual de la sociedad y con ello ha perdido también adeptos, sigue impregnando nuestra moral; en vista de que nuestro contexto se encuentra permeado profundamente por la moral tradicional cristiana, la religión sigue determinando con gran fuerza las decisiones de la conducta sexual de la sociedad. La sexualidad gira en torno a un universo de tabúes e interdicciones, los cuales varían dependiendo del contexto social en el que se enmarcan las categorías de sexo y sexualidad, pero en términos generales existen prohibiciones al respecto. A esos tabúes se encuentran afiliadas muchas personas que por no disfrutar de una sexualidad “convencional” se ven inmersas en prácticas que son vistas como anormales, como desviaciones de la norma, como aberrantes e incluso son tachadas de perversas e inmorales. En ese contexto de lo “anormal” entra en juego el BDSM. Estas siglas encierran un complejo sistema de
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Pasión, del verbo en latín patior, que significa sufrir o sentir. Al referirse
a la pasión hay connotaciones religiosas: La “pasión de Cristo”, hace referencia a los sufrimientos y el padecimiento de Jesús antes de la crucifixión. 2
Concepto a través del cual Nietzsche refiere el no tener valores “superio-
res”: ya no tener ningún valor ni ninguna voluntad. La muerte de Dios es consecuencia de un acto criminal, el hombre (“el más feo de los hombres”) quiere estar solo con su triunfo y únicamente acompañado por sus fuerzas, de manera tal que decide ponerse en el lugar de Dios y matarle. El hombre, asesino de Dios, queda entonces solo con su vida, una vida que se llena a sí misma.
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prácticas y creencias que son excéntricas y que involucran sensaciones que el ser humano trata de repeler, pero que a la vez son deseadas, puesto que son fuente de placer y excitación. El BDSM es, pues, una escena clandestina debido a la estigmatización y los tabúes que giran a su alrededor. En el mundo del BDSM existen múltiples formas de representar cada una de estas siglas, la comunidad se divide en varias maneras de ver, vivir y sentirse, desde las prácticas más apegadas a lo que se podría considerar un dogma, hasta las más suaves y flexibles. Las primeras consisten en llevar de manera rígida las prácticas con los protocolos que sean pertinentes, es decir, para quienes toman el BDSM de esta manera se convierte en un estilo de vida, mientras que quienes se incluyen en el segundo grupo suelen practicarlas de manera más flexible. Hay personas que debido a una fuerte educación religiosa, en la que, el cuerpo es visto como un objeto pecaminoso, surge un interés por el BDSM originado por la noción de culpa; y el dolor, el sufrimiento y la sumisión mediante los cuales se obtiene placer son también una manera de redención para poder alcanzar el disfrute librándose de la culpa. Esta es una asociación posible de un valor religioso trasladado a una “subcultura” que se identifica en contraposición a la moral católica dominante. Así que las personas —algunas— acuden a la escena BDSM porque encuentran en ella el tratamiento para su imposibilidad de tener una sexualidad plena, daño causado por las moralidades rígidas del catolicismo. Es pues, de este modo, que el BDSM deviene como la única manera, para algunas personas, de vivir plenamente la sexualidad, porque aunque racionalmente esto puede no llevar a grandes dilemas, el inconsciente está inundado de moralidades. Y, ofreciendo el BDSM una forma de tantas posibles de vivirlo, sigue existiendo en las personas la necesidad de castigo para alivianar la culpa. Por ello, gente con creencias religiosas muy fuertes vive en el BDSM, en una vida privada consonante con su moralidad y sexualidad, defendiendo ambas esferas de su vida, y creando para sí un contexto donde las dos cosas no sean incompatibles. Otro tanto sucede en el protestantismo, en lo referente a la sexualidad. Allí, se interioriza la culpa, pues entre sus prácticas no existe la penitencia ni la redención. El pecado no se absuelve mediante rezos ni flagelaciones: simplemente no se absuelve, debido a que su doctrina es una doctrina de la predestinación. En esta medida, se desarrolla fuertemente la noción de introspección, cuya potencia en la colectividad fue heredada de varios siglos de mantenerse y reconocerse en dicha mentalidad. En
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el protestantismo, la sexualidad es la culpabilidad más fuerte, y la única manera de gozar es siendo castigado mientras se efectúa el acto3. Así, el sadomasoquismo es una manera de evacuar la culpabilidad a través de la sexualidad en el universo protestante, pues en el catolicismo no se sufre tanto por eso. El goce y el sufrimiento son simultáneos. Paralelamente, en el catolicismo no es favorecida la introspección en tanto sea autónoma, sino siempre mediada por la iglesia, siendo esta la que redime las culpas por medio del pastor, quien es el responsable de encauzar el rebaño. Existiendo el remedio para el pecado, pues la preocupación por los actos propios no es tan reflexiva, se está más propenso a pecar: “el que peca y reza empata” dice el dicho popular. Si bien teológicamente el arrepentimiento tiene que ser profundo y sentido para lograr el perdón, en el mundo práctico, rezar se convierte en un paliativo. La cristiandad posee una importante tendencia ceremoniosa. Por el contrario, en el protestantismo la ritualidad, ornamentación y gasto económico no tienen lugar. En el BDSM, se recupera de alguna forma la simbología de la eucaristía, por ejemplo, en los rituales de iniciación, de puesta de collar, o en el ritual de las rosas, etc., inspirados por la misma educación católica. Por ejemplo, la cruz del católico san Andrés, que tiene forma de X, es usada por el BDSM como elemento erótico (pues debido a la forma de esta cruz, se usa para amarrar las extremidades del cuerpo). Este es un modelo más de cómo la religión católica permea todo en nuestra cultura, pues “el cristianismo se reduce a un fragmento de la cultura pero al mismo tiempo la sociedad continúa impregnada de símbolos y valores cristianos” (Champion, 1995, p. 538). Paradójicamente, el catolicismo ataca el BDSM, mientras existe toda una tradición de flagelación cristiana, en que se ofrenda el sufrimiento del cuerpo a Dios. El uso de cilicios, por ejemplo, se usa para recordar la pesadez del cuerpo en lo mundano, y el dolor que produce es un ofrecimiento a pagar por la redención. Cabe aclarar que las prácticas de autoflagelación son atacadas por un ala de la iglesia, mientras otra las secunda. Acerca de esto, podemos caracterizar la flagelación en varias dimensiones asociando el dolor con el salvamento del alma; también es, o fue considerada como herramienta medicinal. La flagelación es igualmente usada como forma erótica, y queda la dimensión disciplinaria, ejemplificada otrora con castigos penitenciarios.
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Dicha afirmación es realizada gracias al trabajo etnográfico realizado con
material de archivo y entrevistas a personajes activos en el BDSM.
Las prácticas de BDSM funcionan como intensificadoras del placer o generadoras del mismo. Un eventual descontento con la sexualidad tradicional puede ser uno de los factores que incitan a un sujeto a insertarse en el mundo del BDSM. Estas prácticas lo incentivan a encontrar placer en agentes externos a él, por ejemplo un ama4, quien representa una suerte de diosa, que llena de sentido su vida, suple sus necesidades sentimentales o emocionales y aplaca la angustia y la confusión. En esa búsqueda de placer se encuentra un entramado de prácticas que el BDSM explota de manera fructífera, con el “agravante” de convertirse en tabú para la sociedad. La prevalencia de sentimientos comunes y afinidad en la cosmovisión, en ideologías y actitudes de un determinado grupo, desemboca en la formación de una comunidad, cuyo nivel de cohesión se deriva del sentimiento de pertenencia o identidad. Tal es el caso de
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Ama, también conocida como “dominatriz”, “dómina” o “top”. Ama es el
las comunidades religiosas, deportivas y, para nuestro caso específic,o la comunidad BDSM. La pertenencia a una determinada comunidad va “moldeando” a la persona de manera tal que realice la aprehensión de principios que consideran razonables o admisibles; los miembros de un determinado grupo o comunidad interiorizan principios, valores y normas promulgados y establecidos por el grupo, los adoptan para sí, para su vida cotidiana. Dichos valores son aprehendidos por el individuo y determina un sistema de prácticas que se manifiestan de forma consciente, semiconsciente o inconsciente en su actitud frente a la colectividad. Las creencias no se encuentran supeditadas a aquello que está “fuera de nuestro alcance”, más allá de nuestra mortalidad y nuestro entendimiento. Creer implica la introyección de valores, principios y normas, y actuar en pro de estos y, de cierto modo, enaltecerlos. Creer y crear es una relación recíproca y complementaria, es decir, se hace necesario creer para crear, y de algún modo también creamos aquello en lo que creemos.
término que designa a una mujer en la posición dominante.
Referencias Segalen, M. (2005). Ritos y rituales contemporáneos. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 18. Champion, F. (1995). La religión flotante, eclecticismo y sincretismo. En: Enciclopedia de las grandes religiones. Madrid: Alianza Editorial. Pág. 538.
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“Why am I standing next to her, if she doesn’t care?” That was the last question she could ask. The first hours of that day she ate some apples, went to the mall, and bought one pair of shoes, a leather jacket, and a short skirt, which fit her weak legs. Someone told her the days were getting harder, and people just wondered how long would the difficult situation be. No one knew. That day she never came back. No one even saw her again. She had lived in the same beautiful neighborhood for a long time, the same time since the accident. When the sun came out, she called her sister and spent a few minutes on the telephone. -It’s not so easy. She dies while I’m taking care of her... of you. I’m desperate. I can’t handle this anymore. -I got to go; I have some… troubles to solve. I left something in the oven… -Lying, you’re lying! It’s not fair, Sus... -Good bye. At night things were harder: the pills; the old wet pillow; the exhausting need to wake up, take more pills, and die. She was also getting ill. She hated reading, and her routine often really helped her to get sicker. At 2, she woke up because fever was higher. The hallucinations touched her: her legs, her breast, her neck, the fears she felt every night. “It’s not me, it’s the stupid bunch of pills, it’s not me...” and the noises in the living room were still remembering her sins. - Last night was all the same. And are you still complaining? - But it’s not fair... What do you want me to do? I cannot do it anymore. Believe me, she is not ok. It’s like she can feel you and react in the most unforeseen way. Please, Sus... - Shut up! Bullshit!! All’s bullshit! You don’t even know what this feels like!!! - Ok, ok... I’ll keep doing it. That’s what you want to hear, isn’t it? - I’ll call you later. I have some... troubles… I left something in the oven… -You think anyone but you are suffering, dreaming the same nightmares all night, hoping not to die while sleeping because you have made this decision in this way. Listen to me, I can’t wait for you, I can’t stare at her lying on that bed dying out anymore… I don’t want to feel that cold every time I must check her breaths… - Bye. The oven was always empty. The curtains, the carpet, the ashtray, the dust all over the place, the big furniture which was never even
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Katherine Parrado
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touched, all were in the same place. Time, where was time? She used to look through the window, observing people running and laughing, the kids playing football, the sky covering the beautiful landscape at the back, the sunny day embracing those who never grew old, the rays of the sun making them special, vigorous, alive, extremely alive. But she was still standing next to her crimes, dead and guilty. In the afternoon, the air of elsewhere surrounded her exhausted body. The breeze of her predictable silence made her think of the accident, but her memories went with the wind. She closed the window suddenly, getting frustrated again because life wouldn’t be the same. Where was time? The real time when she almost passed away. - Something is happening. I don’t know how to explain it. It breathed for a while... I mean, she was breathing... and she finally moved. - Is she ok? Is she ok? Answer! - I don’t know! What if she wakes up? What if she gets up? - You should keep her breathing... but... she must sleep. She cannot see you... she mustn’t. - For God’s sake! you’re insane! Let her rest! - Are you giving up? - You know I’m alone… I don’t have anything but you. If she dies, you won’t be with me never again. I’m doing this just because of you, because I don’t want you to die. - Bye. - Oh no Susanne... no please... Something was dying inside Susanne. The sunlight shining in her eyes didn’t allow her to lie in her bed peacefully. The headache, the backache, the terrible shiver which was numbing her arms, that awful pain in her soul, the whole burden of sin upon the conscience hit her serenity. Something was dying in her body: the putrefied smell of her skin, the stale perfume of her sighs, the mortuary shining of her hair, the scent of the death transformed her beauty into horror. Why did she decide to become a dead woman? How was her corpse still alive? Alone, in her bedroom, she rearranged the little altar in the corner every morning. Some candles lighting the room and her morbid face. Somehow, she never expected she had to steal a soul to keep her life on earth. - Susanne. I think there’s no more time for you. It’s over. - I’m not going to leave my life here just because my body is feeling tired. - It’s not you, it’s her! You don’t even understand; her life is not yours!
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- Why not? - Are you the same Susanne who played with me in the village, who loved laughing, who had ten thousand reasons to… - I don’t want to go… - Leave her alone. Give her soul back to her! - Do you want me to leave you? - I want you free. I want to be free. After having bought the jacket, the shoes and the skirt, Susanne went home. She prepared the living room with some blossoms, candles, and her favorite fragrance — cinnamon. She stayed for a while reading some letters, remembering it wouldn’t last forever. The headache got more painful each second. Her breath was a mixture of apples and melancholy; something in the air told her it was the time. She began to blow out the candles one by one, not to make a wish but to say goodbye. There were no more chances to stay alive; her heart beating went quicker, and she couldn’t breathe. While Susanne was preparing herself to do it, her sister felt something was going to happen. The body on the sister’s bed trembled furiously, like it was punished because of the sin: the pact between a dead body and a dying woman. In one side of the city, the dead body screamed painfully while Susanne’s sister stared at it with horror. On the other side, Susanne inhaled the sweet cinnamon perfume seeing her soul going away. When the sun came down, Susanne closed her eyes, and she claimed a new beginning. The moonlight, which passed through the window, burned her face up to her neck, where there was her last breath; the blue fire consumed the whole body, the jacket, the skirt, and those moments Susanne forced to last forever. Her sister, who was in her house taking care of the lady’s body checked her breathe. No signals. She picked up the telephone. One ring, two rings, three rings; no one answered on the other side. No signals. She came back to her bedroom and she almost fainted, the body had disappeared. “Why am I standing next to her, if she doesn’t care?” It was the last question Susanne could ask when she was on fire and took the body with her.
Rosa Isabel Guzman
Las creencias, como muchos de los pilares que encontramos en nuestro caminar, son tantas como seres humanos viven. Pasan de entorno lejano o cercano. Y son tan individuales, es decir, son de cada individuo según su grado de interiorización, como resultados visibles e invisibles que ese ser humano pueda mostrar en su accionar o no accionar cotidiana y que el otro pueda leer, captar percibir, sentir. Podríamos afirmar que somos lo que creemos cuando, a su vez, ese creyente, ese ser con todo su tesoro para unos, o con sus carencias para otros, cultiva su credo y esa es su razón de ser. Aunque a veces los seres humanos parezcan seguidores de líderes que ostentan ser los procreadores de un credo que se difunde masivamente, cada individuo muestra en su accionar cómo asimiló su ser, su espiritualidad. Esa creencia y ese mismo devenir son lo que le da vida eterna a ese credo, a esa creencia y a ese creyente que pasa por la tierra, por nuestra tierra, con su carga liviana o pesada de creencias, carga que sobre su espalda, en su pecho o entre ambas le hereda la eternidad para quienes compartieron, le creyeron o no le creyeron, pero que lo hizo alguien perceptible a los ojos y pasiones de otros. Las creencias en el ser humano estarían en la cajita de la espiritualidad, si reducimos ese ser vivo racional a cuerpo, alma y espíritu. Solo un conocimiento agradecido, sea científico, disciplinario, empírico, práctico, es decir, recibido, adquirido por la gracia de un Dios creador, puede permitir enseñar y valorar esa fuerza potente que nos hace ser lo que somos sin ver lo que creemos
de una manera tan simple y agradable, si creemos, en el caso de los nacidos en la espiritualidad religiosa católica, que somos lo que somos porque creemos firme y activamente como hijos bendecidos por Dios. Según sea nuestro conocimiento y el caminar como esos hijos de Dios, así viviremos nuestra espiritualidad en coherencia con nuestro cuerpo, con nuestra conciencia, y esa triada, esos tres pilares, con diferencias significativas o no, son la base del devenir humano en lo que cree, en lo que es y en lo que hace. Así que si nos comparamos con el vecino y queremos ser mejores, debemos aprender mejor nuestra propia creencia y vivir en coherencia con ella. Y es aquí donde el líder que seguimos recobra su importancia, porque debemos aprender de idóneos el cómo hacer crecer o cómo cultivar esa no objetiva, no concreta creencia, que sí esta dentro de nosotros los seres humanos y es la que nos hace disfrutar o malgastar la vida terrenal, que como bendición recibimos y que algún día terminará. Y según como creamos, así viviremos con nuestro cuerpo y con nuestra alma, y cuando ya no estén juntos estos dos últimos, la eterna creencia o espiritualidad que mostramos a los que agradamos o no con nuestra presencia permanecerá eternamente en la memoria de los que nos preceden.
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Omar Camilo Moreno
Conocer el nombre de algo es tener, en cierto modo, algún dominio sobre lo nombrado. Quizá esta máxima sea una de las causas por las cuales, en Éxodo 3:14, Dios respondió a Moisés cuando le pregunto por su nombre: “… yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: yo soy me envió a vosotros”. La voluntad divina revela en estas palabras su absoluta omnipotencia, pues al negarnos su nombre, nos niega también cualquier control sobre el. En este sentido, cualquier posibilidad de matarlo, ya que no sabemos qué matar. Quizá esté en nosotros buscar lo desconocido, de golpe sea porque en ello de alguna manera nos encontramos, como el reflejo que aparece en un espejo y que nos muestra una imagen con la que muchas veces incrédulamente nos identificamos. Dios es, de cierta manera, una serie de espejos que se desplazan. ¿Qué refleja? A lo mejor el contorno que delimita nuestras posibilidades, un vacío que necesariamente fija quiénes somos, pues, como las palabras, nuestra existencia tiene sentido por todo aquello que no somos, aquello de lo que nos reconocemos incapaces, aquello que llamamos ‘otro’. Esto es el objetivo de este escrito. Así, cobra sentido lo que dice el lama al doctor Wagner en Los nueve mil millones de nombres de dios de Arthur Clarke: “—Puede llamarlo ritual si así lo quiere —respondió el lama—, pero tiene una gran importancia en nuestra fe. Los nombres del Ser Supremo, Dios, Júpiter, Jehová, Alá, etc., no son más que rótulos escritos por los hombres. Consideraciones filosóficas demasiado complejas para que se las exponga ahora. Nos han dado la certidumbre de que, entre todas las permutaciones y combinaciones posibles de letras, se encuentran los verdaderos nombres de Dios. Pues bien, nuestro objeto [el de los monjes tibetanos] consiste en encontrarlos y escribirlos todos.”
Buscar el nombre de Dios es en cierto sentido buscar el poder sobre Dios, y es extraño que en el cuento de Clarke unos monjes budistas se pongan en esa tarea. Probablemente él quería, a través de la contradictoria actitud de su personaje, mostrarnos que poseer el nombre de algo va más allá de una cuestión de dominio como lo he sostenido hasta acá: el nombre quizá es, para Clarke, la consumación de la divinidad de algo, de su esencia. Eso explicaría el final del cuento, donde finalmente la pronunciación del verdadero nombre de Dios conlleva el apagón de las estrellas. En este sentido, el nombre que no podemos darle a Dios nos impone un espacio
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vacío donde se esconde la omnipotencia y la divinidad más pura, pues es el terreno de lo desconocido. El intento que se ha hecho en casi todas las culturas por darle un nombre, por encontrar un rótulo (como diría el lama), es una muestra de la influencia que tiene esta palabra que no existe sobre el espíritu de todos los pueblos. En últimas, Dios es un vacío, un hoyo profundo donde se esconde todo aquello que es para nosotros completamente indeterminado y que al mismo tiempo también nos conduce: una sombra que esta puesta sobre el tiempo y que se proyecta al infinito. Si esto es así, ¿cómo vérnoslas con Dios? ¿Cómo enfrentarnos a ese vacío fundamental que justifica su existencia, que es muestra de su realidad? Es claro que la pregunta por si debemos ser religiosos sobra. En todo caso siempre tenemos que afrontar esto que parece manifestarse allí donde no estamos. Pero, así mismo, quizá es en este punto donde se esconde la realidad más pura de aquello en lo que consiste ser ateo: en no reconocer la divinidad que vive en el vacío. ¿Cómo no temerle a algo que incluso está en uno mismo? Pensar que allí no encontrarán una voluntad que comanda la totalidad de lo desconocido es el salto de fe de los ateos; creer firmemente que hay un vacío y que en él corresponde algo que es conducido por aquella voluntad es el salto de fe de todas las religiones. Personalmente, creo que a lo mejor no haya un Dios, ni una sola voluntad detrás de todas las cosas que suceden a diario en nuestras vidas, pero es imposible dejar de ver ciertas líneas conductoras, encuentros inesperados, sucesiones maravillosas, coincidencias afortunadas, que en el fondo parecen ser muestra de la fuerza del vacío, del desconocido que nos vende el pan, del profesor que da una cátedra de Nietzsche, de todo lo que parece tener alguna voluntad. ¿Cómo saber si en realidad hay algo o simplemente lo imaginamos? A lo mejor Dios nos haya dado el beneficio de la duda y una libertad un poco insana, ya que nos deja un silencio que podemos llenar con cualquier cosa, con resonantes nombres, con infinitos atributos, con mentiras piadosas y, finalmente, con la negación de ese mismo vacío.
Daniel Jiménez Casas
The fact that I’m bad at drawing led me to try other forms of art (like music and writing), but I had never thought of photography as a way of expressing yourself out. Before working at the temporary exhibition “Leo Matiz Gazing at the Infinite,” I rejected photography as a form of art. Photography seemed to me a matter of pointing and clicking at whatever that crosses in front of you. As in writing, non-writers perceive the creation of texts as jotting down sighs, and I can tell I wish it were! Maybe, pointing and clicking at the right scene is not easy, either. Picturing something really good requires a good eye, patience, and luck. Actually, Henri Cartier-Bresson said that good photographers rely always on “showdowns.” Unexpected pictures might turn into world wide famous pieces of art, like Matiz’s “The Net.” Leo Matiz is a Colombian photojournalist that portrayed a wide variety of events during the 20th century, not only in Colombia, but in four of the continents. He covered the celebration of the liberation of Paris from the Nazi occupancy on August 24, 1944. He photographed the Arab-Israeli conflict. He took the last picture of Jorge Eliecer Gaitán before entering into surgery. He was present during the overthrowing of Venezuelan dictator Marcos Pérez Jiménez. And he worked for more than 10 different periodical publications, such as the Reader’s Digest, Life, Revista Norte, Revista Así, El Tiempo, El Espectador, just to name the most famous ones.
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Sadly, the few Colombians who know his career think he’s Mexican, and he probably desired to be. He left Colombia when he was a 23-year-old guy who didn’t have so much idea of his place in the world. What he found in Mexico, his second homeland, was that photojournalism was his business. In Mexico City, he met Pablo Neruda, Frida Khalo, Diego Rivera, María Felix, David Alfaro Siqueiros, Luis Buñuel, and the whole artistic Bohemia that lived there during the 40’s. His production there has made him a well-known character in Mexican history of art, but in Colombia he has little recognition. I “met” Leo Matiz by chance. I got to work at the Museo Nacional de Colombia (National Museum of Colombia) after a year of volunteering in it, and as soon as you finished your volunteership, they call you to work as a guide. The Museum has the tradition of holding at least three temporary exhibitions a year. My first mission was then Leo Matiz, a name I had never listened to before. It was so fancily presented that I knew he was important, but I hadn’t thought it was so much. Although I read about Matiz’s life and I attended a lecture given by his biographer--Miguel Ángel Flórez--, I couldn’t accept the idea that pictures were art. I told myself that all those were just selected clicks of a wellknown character; I thought those pictures were “art” because some famous guy had said so. I didn’t really value those pictures. When the exhibition was opened, I changed my mind, though. During the training, we saw his pictures on a projector. But seeing the pictures originally developed by Matiz had a deep impact on me. My perception about photography was different, but I still was skeptical. I really turned the page over when I gave my second tour. The first one didn’t last more than half an hour, and
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there were just five visitors. I delivered the information accurately; however, I didn’t feel I had an emotional connection with Matiz’s artwork. A week later, I gave my second tour. This time, I walked around the exhibition room before the tour, not to recall facts about the pictures. I walked to feel, to pass the images I saw into an emotion that I could later handle over the visitors. And I got it! While walking I realized that “gazing at the infinite” was Matiz’s trick to take pictures that were not mere clicking, but a portrayal of someone’s soul. Getting the visitors souls and mine connected to the souls photographed by Matiz was my goal. As a visitor told me: “You not only lead tours with love. You do it with your soul.” This simple phrase made me realize that art was not a matter of handmade ability. Cartier-Bresson believed that photography requires you to use your head, your eye, and your heart. Matiz had in his head all the discussions he had with his artist friends, all the images he saw in the MoMA, and his natural talent. His eye was ready to “pick up” the best images; it looked for good scenes and good motifs. And his heart, strongly joined to his soul felt the misery of life, the toughness of social division, the pain of attacks on his person, and the suffering of losing his son. Matiz considered himself to be “a painter because of atavism, photographer because of hunger, and crazy because of talent.” I can see history in Matiz’s pictures, I can see commitment in them, and I also can see freelancing. Now I realize that art is not only what you behold; art is converging what you are, what you like, and what others don’t expect you to do. Leo Matiz lead me to accept that photography is not just a developed click; it is a thought click that creates a deep connection along your head, your eyes, and your heart.
New Descriptions on Religiosity in Bogota. 1 Buddhism and its Practice
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El presente es un reporte de caso. Se desarrolla un documento que presen-
ta los resultados de un estudio sobre una situación particular con el fin de dar a conocer las experiencias técnicas y metodológicas consideradas en un caso específico. Incluye una revisión sistemática comentada de la literatura sobre casos análogos
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Julián Darío Bonilla Montenegro P r ac t i c a n t e
d e l bu d i s m o z e n ,
escuela
S oto .
Resumen La transformación sobre la percepción de la práctica religiosa a través del budismo, una religión no teísta que tiene su origen en la región norte de la actual India, ha comenzado a generar nuevos espacios de atracción e interacción entre las personas ansiosas y curiosas por conocerla. Ahora en Bogotá existen varios centros para su práctica, de acuerdo a algunas de las escuelas o líneas de práctica, como la Vairayana, proveniente de la región del Tíbet, o la Zen, de origen chino. Su mayor punto de referencia en el llamado occidente del mundo es la escuela japonesa. Este trabajo busca presentar una introducción sobre las bases de este pensamiento religioso para luego mostrar los centros de práctica actualmente reconocidos en la capital. Su pertinencia para un estudio de la sociología o la antropología de la religión es importante, más ahora que la mayor parte de investigaciones hechas en el país se concentran en los acontecimientos o circunstancias que ocurren con las diversas tendencias de origen cristiano que aquí se practican.
Palabras clave: Budismo, Vairayana, Zen, Sociología, Antropología, Religión.
Abstract The transformation on the perception of the religious practice trough the Buddhism, a non-theist religion born in Northen India, has began to foster new spaces of attraction and interaction between eager and curious people to learn more about it. Now in Bogotá, there are several centers for its practice, in accordance with its schools or lines of practice, such as the Vairayana, from the Tibet region, or Zen, from China. Its mayor point of reference in the so-called Western world is the Japanese one. This work tries to present an introduction on the bases of this religious thought, to show later the most recognized worship center in town. It allows study on sociology or anthropology of the religion. Today, the majority of the researche made in the country focuses on the events or circumstances that happen around the various Christian tendencies practiced here.
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Key Words: Buddhism, Vairayana, Zen, Sociology, Anthropology.
Antecedentes El budismo es una religión no-teísta que tiene su origen histórico en la región de Kapilavatsu, actual frontera de la India con Nepal. Eso ha hecho que se diga en algunas ocasiones que su origen se encuentra al norte de India o en sur de Nepal (Mesa, 2005, p. 45; Hodge, 2000, p. 54; Calle, 2000, p. 15). Desde el siglo V antes de la era común (AEC), se ha considerado que su fundador histórico fue Sidarta Gautama (en algunas ocasiones, Siddartha Gotama, si este nombre se extrae del Pali), un príncipe guerrero del clan Sakya, posiblemente nacido entre el 558 y el 563 AEC. Su origen se asocia a la secta establecida en la región imperial india de ese entonces, dominada por los arios desde el siglo VI AEC. En torno a él, dada su condición de fundador de una religión, se han construido un gran número de mitos sobre su concepción, nacimiento, crecimiento y muerte. En busca de lograr un alejamiento de estas tendencias, se puede decir que él tuvo en un principio una vida basada en los lujos y las excentricidades propias de las élites políticas y militares de esa época. Llegó el día en el cual pensó sobre las verdaderas razones por las cuáles las personas sufren. Se dice que cuando salió a hacer un recorrido a las afueras del palacio, cansando de la vida mundana que llevaba hasta ese momento, logró contemplar, en cuatro salidas diferentes, a un anciano, un enfermo, un cortejo fúnebre y finalmente a un monje mendicante1. Así comprendió que existe la enfermedad, la vejez y la muerte. También comprendió que la única salida a esto estaría en la práctica del ascetismo religioso de la época (Calle, 2000, p. 19; Mesa, 2005, p. 55). Así a la edad de 29 años, se retira de su palacio y comienza una vida como monje medicante que le exige al final llevar a cabo prácticas muy rigurosas propias de las ejecutadas por los yoguis y brahmanes hindúes de ciertas tendencias de esta religión. Estos dos extremos, la vida mundana llena de placer en su juventud y su encuentro con la vida ascética rigurosa, son una metáfora relacionada con los extremos de la vida y que en 1
En ocasiones se dice que observó en la misma salida los mismos cuatro
acontecimientos. Mesa (2000) da una descripción basada en el mito y las consideraciones religiosas que fomentan la creencia en Sidarta, luego convertido en Buda.
ambos casos, desde la base del pensamiento budista, son originarios del sufrimiento. Al encontrarse en esta situación logró descubrir la existencia de “la vía del medio”. En algunas ocasiones se menciona la historia en la que recibió un poco de arroz de parte de una niña que le hizo comprender los orígenes impermanentes para la compresión de los procesos de la liberación del sufrimiento. En otras, escuchó a un maestro y un aprendiz de sítara —instrumento musical de la India—, sobre la necesidad de tensar la cuerda en el punto justo: ni muy tensas ni tampoco flojas. Al llegar ese momento pasó a una etapa de renovación y rompimiento con la mayor parte de los dogmas tradicionales de las religiones hinduistas de la época, algunas de las cuales siguen vigentes. Luego de una etapa de meditación constante, alcanza el estado de iluminación que le permite obtener la categoría de Buda (o Buddha): “Su significado es ‘El Despierto’ o ‘El Iluminado’. Designa de tal manera al ser que, por su propia fuerza, adquirió la sabiduría suprema y la perfección moral alcanzable por un ser vivo” (Morel & Moral, 1989, p. 63). Al momento de alcanzar este estado y obtener la iluminación, se da cuenta de las bases de este pensamiento y las herramientas que se deben utilizar para alcanzar dicha iluminación y llegar al estado final del ser humano, que es conocido como el Nirvana (Nibbana). Se hace referencia entonces a las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Noble Sendero. Ambas se encuentran enumeradas en el llamado “discurso de Benarés”, que se dice fue el primero que dio Gautama al momento de alcanzar el estado de budeidad. Las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Noble Sendero, son todas parte de un mismo sistema de sistematización sobre los problemas que aquejan a la persona, pues precisamente la última, la cuarta Noble Verdad, es el listado de los ocho comportamientos que se deben realizar para alcanzar el estado de la iluminación. Esto se divide de la siguiente manera: 1. Existe el sufrimiento. 2. El origen del sufrimiento es el apego. 3. Existe una manera de salir del sufrimiento. 4. La forma para salir de sufrimiento es seguir un camino: • Recta comprensión. • Recto modo de pensar. • Rectas palabras. • Recta acción. • Rectos medios de vida.
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• Recto esfuerzo. • Recta atención. • Recta concentración. (Calle, 2000, pp. 28-38; Mesa, 2005, pp. 149-158; Morel & Moral, 1989, pp. 110, 111, 258; Hodge, 2000, p. 55). Los 55 años siguientes luego de alcanzar dicho estado, Gautama-Buda se dedicó a predicar sus enseñanzas, especialmente en la región noreste de la India actual y en una zona más bien reducida geográficamente. Desde el momento mismo de su muerte a la edad de 80 años, es posible considerar que se presentaron varias divisiones en la forma de entender estas enseñanzas, lo que le otorga una característica particular al budismo: su adaptación, así como el sincretismo que ha facilitado su contacto con otros sistemas religiosos.
Escuelas budistas: Vairayana y Zen Pasando al tema de las líneas del budismo vinculadas al contenido de este texto, se habla de las escuelas Vairayana y Zen. La primera se concentró en la región montañosa del Tíbet desde aproximadamente el año 650 de la Era Común (EC), en donde se comenzó el llamado sincretismo con las actividades bon, que desarrollaban prácticas religiosas en honor a dioses y sobre bases esotéricas de tipo chamánico (Varenne, 1988, p. 53, 54). Después de un tiempo, por la fusión entre las bases religiosas del budismo originario y el bon se consolida un budismo tibetano oficial, que llega incluso a actuar como política de Estado, en especial desde el año 791 EC (Varenne, 1988, p. 53). Al igual que en otras regiones donde comenzó a afianzarse el budismo, este proceso fue relativamente extenso en el tiempo, pues la obligación por parte de los monjes y laicos no se basa en hacer discípulos, como en el cristianismo, o someter diversos sectores de la población a la religión, como se presentó en el caso del Islam. En el budismo se fueron presentando diversas formas de interpretación y práctica religiosa. La más reconocida hoy en día es la línea de donde proviene Lhamo Thondup, el nombre original de quien actualmente es conocido como el Dalai Lama. Luego de ser reconocido como la reencarnación del XIII Dalai Lama, le fue cambiado su nombre a Tenzin Gyatso (sobre el proceso de reencarnación y búsqueda de las almas consultar la traducción del Libro Tibetano de los Muertos realizado por Hodge, 2000). Esta línea del pensamiento budista es una de las más reconocidas por parte de la población de occidente y en gran medida se debe a la obtención por parte del
Dalai Lama del Premio Nobel de Paz en 1989. Esta situación le permitió que su condición como líder político y espiritual de los tibetanos fuera reconocida a nivel mundial, así como los problemas que aquejan a esta nación desde su expulsión de la región del Tíbet por tropas chinas en 1950. La segunda escuela que analiza en este trabajo es la escuela Zen. Generalmente, al hablar de ella se hace una relación inmediata con el Japón; sin embargo, es preciso aclarar que esta escuela del pensamiento budista tuvo su origen en la China a partir de su llegada en el siglo I EC al Imperio Chino. Adquirió relevancia y se consolidó en la escuela budista actual con la llegada de otro monje budista que comparte, al igual que el Buda y otros bodhisattvas2, tanto lo histórico como lo mitológico: Boddhidarma (o Budai Daruma, en japonés). Era un monje de origen indio que se dice llegó a la China en el año 520 EC, y fue quien introdujo los elementos esenciales de la práctica budista en este territorio, ampliando los espacios para la práctica hasta lo que generalmente se conoce como “extremo oriente”. Cuando se habla de Zen, se hace referencia al origen japonés de la palabra; en el caso de otras regiones de Asia, como China o Corea, la escuela recibe los nombres de Ch’an (o Cha’n) para China y Son en Corea. En todo caso, la base del Zen es demasiado compleja para su comprensión, pues esta no se basa únicamente en la meditación o la práctica del Za Zen3 (meditación sentado), ni tampoco en la práctica del Zen en la vida diaria. Es tal vez una de las formas de práctica religiosa en donde la comprensión tradicional que se tiene desde occidente es completamente contradictoria para su análisis y conocimiento. El Zen ha sido una de las formas de budismo que ha tenido mayor expansión en el mundo en general. La mayor parte de escuelas budistas que se encuentran son de esta línea y se cree que este fenómeno se debe a dos factores: en primer lugar, el inicio del intercambio comercial de Japón con los Estados Unidos y Europa desde finales del siglo XXI permitió un acercamiento
2
Dentro de la escuela budista Mahayana, una de las dos divisiones principa-
les dentro del Budismo, comúnmente conocida como el “Gran Vehículo”, uno de los objetivos consiste en seguir un sendero luego de alcanzar el estado de la iluminación con el fin de lograr que las demás personas logren alcanzar el estado final del cese del sufrimiento (Natter, 2003). 3
La esencia del Zen se basa en la sencillez de las actividades diarias, ple-
namente consciente de todos los procesos que permitan alcanzar la iluminación, teniendo especial atención a la práctica de meditación shikantaza (simplemente estar sentado).
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a la cultura tradicional japonesa y al mismo tiempo el interés de varios intelectuales sobre diversas facetas de la cultura y el pensamiento del Japón. En segundo lugar, los procesos migratorios presentes después de la Segunda Guerra Mundial, en donde se presentaron diversas olas migratorias de población japonesa a varias zonas del mundo, en especial a Estados Unidos y Europa (en el caso de Latinoamérica, al Perú y Brasil), contribuyeron incluso a la llegada de intelectuales como Daisetsu Teitaru Suzuki, mejor conocido por sus iniciales D. T. Suzuki. Él fue el autor y escritor que logró una mejor comprensión del pensamiento budista Zen a través de sus diversas obras (Suzuki, 1981; 1986). Se ha presentado una primera y superficial aproximación al budismo y a dos de sus escuelas más representativas. A continuación, se continuará con la segunda parte del trabajo, que consiste la descripción de la presencia del budismo en Bogotá y las investigaciones que existen al respecto.
Budismo en Bogotá Bogotá tiene la ventaja de ser el centro de las actividades políticas, económicas y sociales del país, lo que hace que se contradiga el hecho de existir una supuesta descentralización para Colombia, implantada en el papel de la Constitución de 1991. Por esta razón, todavía es un punto de referencia para la mayor parte de actividades que se presentan en el país y un centro de influencia de muchas acciones de origen extranjero. En el caso del budismo, todavía es muy poco lo que se ha visto en relación con su práctica y las escuelas que aquí existen según información proveniente de la web y asistiendo a estos lugares de enseñanza del pensamiento budista. A continuación se presentan los centros donde se realiza esta práctica en Bogotá: Comunidad Soto Zen de Colombia: (Soto es una de las dos escuelas más representativas del budismo Zen japonés. Su fundador se llama Dogen y se tiene como libro organizador de esta práctica el shobogenzo). Dirigida por Densho Quintero, proveniente de la escuela Aintaiji en Japón. Se realiza la práctica del Zen en horarios establecidos junto con otras prácticas como los sesshin o retiros espirituales. Centro Park Way, Bogotá: Escuela budista tibetana, línea Karma Kagyu. Se establecen horarios fijos de práctica en donde se llevan a cabo rituales y ofrendas de acuerdo a fechas establecidas por la tradición tibetana. Centro Santa Bárbara, Bogotá: Escuela budista tibetana. Maneja los mismos criterios y actividades de
práctica que la anterior. En ambos casos, su maestro espiritual o fundador es el lama tibetano Ole Nydahl, de origen danés. Centro Yamantaka: Escuela budista tibetana. Es una escuela más activa en donde, de manera semanal, se llevan a cabo rituales y celebraciones para distintas deidades del panteón tibetano. Comunidad Zen de los Andes: Escuela Zen, también proviene de la línea Soto del budismo Zen. Su director es Javier Unsho Burgos, quien fue ordenado monje en Antaiji, considerado como uno de los templos Zen más importantes de Japón. Fundación para Vivir el Zen: Proviene de la tradición Soto. Es el primer centro de meditación Zen en Bogotá. Fue abierto en la década de 1980 por el monje francés Reitai Lemort. Lo interesante en estos casos es la división entre las escuelas budistas Zen y Vairayana, al parecer dejando a un lado otras escuelas como la Theravada del sur de la India y Sri Lanka (Ceilán) u otras perspectivas de la Mahayana, como las que se mantienen en Singapur o Malasia.
Análisis desde la sociología de la religión Lo que se realizará a continuación en este trabajo es un breve acercamiento acerca de la práctica del budismo Variayana o Zen, y cómo se puede ejecutar una aproximación a ellos a través de un estudio sobre la sociología de la religión. En el caso de esta clase de estudios, el punto de referencia es el Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Desde allí se han presentado varias investigaciones por medio de la Maestría en Sociología, que cada año presenta líneas de investigación específicas. Para el caso de la investigación en sociología de la religión, los trabajos hasta ahora sustentados se basan en el estudio de grupos religiosos de origen cristiano y su participación en otras facetas de la vida social en el país. Los trabajos son pocos y la necesidad de inclusión con el llamado cristianismo evangélico pentecostal o también el cristianismo católico es el punto de partida para estas investigaciones. Por eso se considera que llevar a cabo una investigación que incluya otras religiones en el área de la sociología es conveniente para el caso de Bogotá. Esto ya se ha desarrollado en otros países de América Latina, no a través de la sociología sino de la antropología. Por medio de la maestría en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales —FLACSO— se encuentran disponibles dos trabajos. El primero con-
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siste en una estudio etnográfico sobre la práctica del budismo Zen en la Argentina (Carini, 2009). En este trabajo se busca analizar las prácticas rituales presentes en los centros de meditación Zen, también conocidos como Zendos, entendiendo la ritualidad y las prácticas de poder que de allí se originan. Un segundo trabajo de grado consiste en el estudio sobre la práctica de Zen en Quito, Ecuador (Donoso, 2009), realizado en la maestría en Ciencias Sociales de FLACSO Ecuador. A diferencia del trabajo anterior, el enfoque se da sobre dos prácticas diferentes y se estudia cómo se llevó a cabo el acercamiento del Zen en Quito y la aprehensión que se ha generado en las clases medias de la capital ecuatoriana. Las metodologías propuestas para ambos casos son útiles al proponer un trabajo para Bogotá si se considera que se requiere una interacción constante con estos grupos budistas para lograr un mejor estudio de los mismos. Al ser un trabajo más enfocado en la sociología que en la antropología, con todas las discusiones sobre las convergencias y divergencias entre ambas ciencias sociales, se ha pensado que la mejor forma de trabajar esta investigación es con base en la investigación acción participativa (IAP) del muy recordado sociólogo colombiano Orlando Fals Borda. Un estudio detallado de su propuesta metodológica, en donde la interacción con el sujeto de estudio juega un papel fundamental, es también un requisito importante para desarrollar y profundizar en una investigación de este estilo. Con esto se busca un contacto directo tanto con los que dirigen los grupos budistas junto con los practicantes que allí se encuentran, extrayendo información tanto de su permanencia como de su experiencia en la enseñanza y en la práctica.
Conclusiones Una primera conclusión permite observar que la práctica del budismo en Bogotá sigue siendo reducida y atrae a personas que por lo general buscan nuevos espacios divergentes de las tradiciones socialmente ancladas para la comprensión de diversos acontecimientos en sus vidas, Aun así, solo profundizan realmente en lo que significa una vinculación real con la práctica de acuerdo a la forma de desarrollarla por cada una de estas escuelas. Sin embargo, también parece que el budismo sigue con su tradición de no publicitarse, sino simplemente abrir las puertas a quienes lleguen a él. Como segunda conclusión, se puede considerar que existen divergencias en las formas como se puede entender la práctica del budismo y por ende en las
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creencias que se pueden construir o generar a partir de diversos espacios de práctica. Si se pudiera estudiar con más profundidad los elementos básicos para la práctica en las escuelas Vairayana o Zen, sería muy importante para analizar con mayor detenimiento los elementos filosóficos y religiosos que el budismo ha otorgado como legado para la humanidad.
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Se terminó de imprimir en las instalaciones de GRACOM Gráficas Comerciales, Ubicada en la Ciudad de Bogotá, Colombia, en la Carrera 69K N° 70-76, en el mes de septiembre de 2014. El tiraje es de 500 ejemplares en papel mate de 90 gramos. Las fuentes utilizadas, Amasis MT, Lato, Abraham Lincoln, Helvetica LT Std, Valentina.
Nº 17 // 2014 // SEM I FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS DIRECCIÓN DE BIENESTAR DIRECCIÓN DE BIENESTAR UNIVERSITARIO ÁREA DE ACOMPAÑAMIENTO INTEGRAL PROGRAMA GESTIÓN DE PROYECTOS