ISSN: 2145 - 986 x
. Año 23 . Número XXII . 2017 .
Apoyan Programa Gestión de Proyectos Dirección de Bienestar Facultad de Ciencias Humanas Sede Bogotá
GOLIARDOS REVISTA ESTUDIANTIL DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS Numero XXII, Año 23, 2017 / ISSN 2145-986x Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias Humanas Sede Bogotá
La Revista estudiantil de investigaciones históricas GOLIARDOS,
Rector
es una publicación de los estudiantes del departamento de Historia
Ignacio Mantilla Prada
de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá, es de carácter
Vicerrector
académico con una frecuencia semestral. Busca visualizar el producto de los ejercicios prácticos y reflexivos de los estudiantes y la comunidad académica en general interesada en los estudios históricos, generando un espacio para la difusión y el debate académico.
Jaime Franky Rodríguez Director Bienestar Sede Bogotá Oscar Oliveros Coordinadora Programa Gestión de Proyectos Elizabeth Moreno Decana de la Facultad de Ciencias Humanas Luz Amparo Fajardo Uribe Director Bienestar Ciencias Humanas
Contacto GOLIARDOS reihgol_fchbog@unal.edu.co GoliardosUN/
Eduardo Aguirre Dávila Director Departamento de Historia Gisela Cramer
@GoliardosUN COMITÉ EDITORIAL Editor Docente Paolo Vignolo Universidad Nacional de Colombia Cra 45 No 26-85 Edificio Uriel Gutiérrez Sede Bogotá www.unal.edu.co
Dirección Gustavo Lozano Edición Nicolás Katz / Sebastián Mesa / Daniela Velandia / John Gómez / Nicolás Arias Ángela Micán / Javivi Ruiz /Gabriela Gómez / María José Contreras Daniel Rodríguez / Lina Comba / Jaszir Rusinque / Laura Linares / Marloly Manrique / Edwin Herrera / Tatiana Hernández / Mónica Chacón
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Equipo de Colaboradores Julián Gómez Muñoz / Carlos David Ballén Ladino / Laura Angel García Imagen portada Maqueta de un aula en la universidad de Bolonia, 2017, Juan Camilo Murcia Corrección de Estilo Diana C. Luque V. Diseño y Diagramación Nicole Angie Calderon Castaneda (PGP) Impresión GRACOM Gráficas Comerciales
Los textos presentados en la siguiente publicación expresan la opinión de sus respectivos autores y la Universidad Nacional no se compromete directamente con la opinión que estos pueden suscitar.
Derechos de Autor y Licencia de distribución. Atribución – No comercial - Sin Derivar.
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Estados y transiciones en la educación superior colombiana en los siglos xviii y xix
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Cristian Palma
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Una mirada a “la Academia de San Carlos”
Carlos E. Rangel Chávez
El colegio agustino de san pablo de méxico, una aproximación
María del C. Carrasco López
Mónica Chacón Gustavo Lozano
Editorial
Breve historia de la autonomía universitaria
Juan C. Murcia Galindo Jessica T. Piratova Silva
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edito r i a l
Mónica Chacón Gustavo Lozano Directores Comité editorial
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uando se piensa en la Universidad Nacional de Colombia y en los 150 años que celebramos en este 2017, no solo se reflexiona sobre su campus, sus facultades, su ranking o su calidad; se piensa en el país y en su historia. Nadie puede negar el rol de esta, nuestra universidad, en la configuración de la nación colombiana, en los avances tecnológicos, científicos y humanos que, a lo largo de este tiempo, han contribuido en el bienestar de la sociedad. Para llevar ello a cabo, el trabajo de la Universidad se ha hecho de forma consciente y con una independencia intelectual envidiable, acercándose a las complejas realidades del país; esto ha fortalecido el lazo que ha unido la academia con el país. A su vez, muchos de los que pasaron por sus aulas han incidido en nuestra historia de manera activa y critica. Por lo anterior, se puede decir que la Universidad Nacional ha cumplido, con todo mérito, la función que debe desempeñar una institución de educación socialmente.
En los últimos años, se ha evidenciado un cambio en el pensamiento de las nuevas generaciones, el cual trae consigo una renovada concepción de Universidad; surgen nuevas preocupaciones sobre la infraestructura del campus, el cuidado que se debe tener, la pertinencia del conocimiento que se imparte, las demandas del mundo de ahora, entre otras. También hay permanencias, como los continuos debates que giran en torno a las representaciones que existen y han existido en las paredes de la Cuidad Blanca, el recorte en los presupuestos y la amenaza de la privatización. Los iconos van cambiando con el tiempo y, aunque los nuevos estudiantes se sientan o no identificados con los personajes que abanderaron las luchas estudiantiles en el pasado, el respeto debe ser primordial para la construcción de Universidad, especialmente, si pensamos que este debe ser un espacio donde todos podamos sentirnos incluidos. Reconociendo este concepto de universidad, y pensando en un merecido homenaje a la Nacional en su sesquicentenario, se escogió el tema: La Historia de la educación superior para este número. En el artículo de apertura, a cargo de Camilo Murcia y Jessica Piratova, se podrá ver un recuento por la historia de las primeras instituciones universitarias en nuestro país, incluyendo
los comienzos de la UN. Luego, María del Carmen Carrasco y Carlos Rangel presentarán dos casos de cambios históricos de instituciones en México; los cuales mostrarán la importancia e incidencia de estas en el ámbito educativo, y en el contexto social y político de este país. Finalmente, Cristian Palma hace un recorrido histórico, en el marco de un concepto fundamental para la constitución y permanencia de las Universidades; la autonomía, donde se ahondará en la concepción, sus cambios y permanencias, presentando las problemáticas que se viven actualmente por la aplicación de la misma. Desde el comité editorial de Goliardos, somos conscientes de la responsabilidad que pesa sobre cada uno de nosotros, los que estudiamos en esta Universidad. Debido a que siempre se dice que ésta es una Colombia a escala, entendemos la importancia de no dejar perder un espíritu comprometido con nuestro país, más ahora en la coyuntura actual; pues es responsabilidad del estudiante de la Nacional apropiarse de las problemáticas del presente y responder como agente de cambio que vele y devuelva, al país, todo lo que el alma mater ha sembrado en cada uno de nosotros. Con esta última reflexión dejamos este número en sus manos, esperando que sea del agrado de cada uno de ustedes, nuestros lectores.
G o l i a r d o s
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T E M A P R I N C I P A L
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10 Goliardos Escalera de caracol, 1900, Anรณnimo
Juan Camilo Murcia Galindo Jessica Tatiana Piratova Silva Estudiantes de Historia Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá jucmurciaga@unal.edu.co jtpiratovas@unal.edu.co
ESTADOS Y TRANSICIONES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR COLOMBIANA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX
Resumen El presente escrito aborda las dinámicas en torno a la educación superior en el Nuevo Reino de Granada, así como la conformación y la transición de algunas de las universidades ubicadas en Santa fe entre el siglo XVIII y XIX. Inicialmente, el proyecto de universidad fue creado por órdenes religiosas católicas, las cuales incluyeron nuevos oficios y ciencias con la llegada del siglo XIX. Estos cambios generaron una transformación en la estructura, dando pie a la fundación de una universidad pública que abordará los roles sociales de los que se encargaban las órdenes religiosas desde la colonia.
Keywords: Universidad, Santa Fe, compañías religiosas, Universidad Nacional, artes y oficios.
Abstract This text aims to review the different dynamics around the upper education (university) in the Nuevo Reino de Granada as well as the configuration and transitions of some Santa Fe's Universities in the XVIII and XIX centuries. University project created, at the beginning, by the catholic religious orders, which would include new arts and professions with the entrance of the XIX century. Those changes caused a transformation in the structure, which allows the foundation of a public university related with the social roles that since the colonial age the religious orders had occupied.
Palabras clave University, Santa Fe, religious orders, Universidad Nacional, arts, professions.
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12 Goliardos
introducción
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l presente trabajo pretende dar respuesta a la pregunta: ¿Cómo se gestó la creación de universidades en la transición del Nuevo Reino de Granada1 a Colombia, en el siglo XIX? Pues, consideramos que es pertinente explorar el tema de la creación de dichas instituciones en este país y cómo se formaron sus primeros ilustrados y científicos,, ya que antes los ciudadanos viajaban a Europa a estudiar para luego volver y compartir el conocimiento adquirido en un entorno intelectual.2 Escritos sobre estos temas hay diversos, aunque en general son historias institucionales. Por una parte, existen crónicas referentes a las actividades científicas y técnicas desarrolladas en el “nuevo continente”, las cuales se caracterizan, en su mayoría, por ser obras dispersas, elogiosas y comprometidas con la historia de instituciones y las personalidades que siguieron los lineamientos de la visión ilustrada. Por otra parte, los primeros ensayos históricos latinoamericanos sobre las ciencias fueron publicados a finales del siglo XIX y a comienzos del XX en Argentina, Colombia, México y Perú; presentando, en su mayoría, estudios en el campo de la historia y en el desarrollo de la medicina. Estos se han desarrollado aún más hasta nuestros días, de la mano de historiadoras como Estela Restrepo Zea o de las múltiples escuelas de Estudios sociales de la ciencia y la tecnología. En este caso, pretendemos abarcar la pregunta partiendo de la indagación sobre cuáles fueron las primeras profesiones ofrecidas por los Colegios mayores y, posteriormente, por el modelo de universidad del siglo XIX, y qué organizaciones o autoridades generaron este movimiento de creación de estas instituciones. Para el desarrollo de este trabajo, hemos decidido dividirlo en 3 apartados: el primero tratará sobre la educación de los ilustrados neogranadinos antes del siglo XIX, el segundo sobre las universidades al mando de las órdenes religiosas, y el tercero sobre la Universidad Nacional de Colombia.
antes del siglo xix
Si bien podemos observar que muchas de las primeras instituciones educativas en América son incluso más antiguas que algunas europeas, se puede rastrear un antecesor, un modelo, para estas. Así, es como se llega a la Universidad de Salamanca, la cual fue protagonista a la hora de recrear el mundo de la investigación en el nuevo continente.3 Las Universidades buscaron dos líneas principales: la conversión del indígena y la transfor1 Entiéndase Nuevo Reino de Granada en esta ocasión solo como el territorio que actualmente conforma Colombia. 2 Rodríguez Cruz, Agueda María. Historia de las universidades hispanoamericanas: período histórico. (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1973). 3 Delgado Criado, Buenaventura. Historia de la educación en América y España. (Madrid: Ediciones SM, 1993).
mación a la vida civilizada, ya que fueron fundadas con una fuerte relación con la religión y con la Corona, normalmente por Real Cédula, Bula o Real Provisión.4 Por ello, a cambio, se realizaba la catequización y conversión efectiva de los infieles que se ubicaban en la zona concedida para el funcionamiento de dicha institución.5 Para ello, las órdenes, entre ellas La Compañía de Jesús, se expandieron creando instituciones en –como hoy denominamos esos territorios– Filipinas, El Salvador, México, Perú, Colombia, entre otras, de las cuales, las principales fueron: la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, Santo Domingo, la Real y Pontificia Universidad de San Marcos, la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, la Universidad de San Jerónimo, y la Real y Pontificia Universidad de México. La Compañía de Jesús cumplió un papel primordial en este continente; aunque fueron expulsados del Imperio Español en 1767, fueron, en gran parte, autores del fenómeno de expansión de las universidades y colegios en todo el territorio. En cabeza de Ignacio de Loyola, esta orden se encargó de fundar varias universidades, las cuales rindieron cuentas a la Corona, a la Orden y al Papa a través de las annuas: Una de las políticas establecidas por la Compañía de Jesús fue ordenar a los provinciales que escribieran anualmente la crónica de los acontecimientos de sus respectivas jurisdicciones. Estos relatos se conocen con el nombre de Cartas Annuas e iban dirigidos al general de la compañía en Roma. Las Cartas Annuas del siglo XVII de la provincia del Nuevo Reino y Quito, específicamente las que hacen referencia al colegio de Cartagena narran hechos relacionados con los africanos traídos al Nuevo Mundo como esclavos. De allí, que las Cartas Annuas hubieran elaborado representaciones sobre los etíopes, especialmente en lo relacionado con su religiosidad. Evidencian todo un imaginario desde donde los jesuitas crearon un método propio de catequización. Igualmente, desarrollaron una visión de la ciudad y puerto de Cartagena desde la perspectiva geográfica y antropológica.6 Dos periodos iniciales se dieron en Colombia. El primero fue la formación (1580-1736), en el cual, la Real Audiencia vio la necesidad de fundar centros que cumplieran con las labores antes mencionadas (1550); como respuesta de ello, en 1580, se dio inicio a los estudios superiores, al igual que a las primeras universidades: la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, de la comunidad de Santo Domingo en 1580;la Pontificia Universidad de San Francisco Javier, de 4 Rodríguez Cruz. 1994. 5 Delgado Criado. 1993. 6 Navarrete, María Cristina. “La representación jesuítica de los etíopes del siglo XVII desde las cartas annuas”, Memoria & Sociedad (2006): 85-106.
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la comunidad de los jesuitas en 1623, y la Universidad San Nicolás de Mira, de la comunidad de los agustinos calzados en 1703. Cada una de ellas, administró un colegio; por ejemplo, el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, creado en 1653 y administrado por la Orden de Santo Domingo. En este período, la universidad colonial se orientó a formar abogados y sacerdotes, por esto el clero administró las universidades con la filosofía escolástica como método. El segundo período atendió a los principios de modernidad en la universidad neogranadina, con fuertes antecedentes de la ilustración. En este contexto, desde 1767, de la mano del fiscal Moreno y Escandón, se buscó generar la primera universidad pública del virreinato. Este logró llevar a cabo su propuesta por un período de 4 años –1774-1779–, donde el estado tuvo, por primera vez, el control sobre el método y el contenido enseñado; no obstante, la comunidad dominica ganó la disputa y retornó esta institución al modelo escolástico. También conviene tener en cuenta las constituciones y los planes de estudios que elaboró Eloy Valenzuela –un ilustrado criollo– para la Universidad de Mompox. Finalmente, se debió, igualmente, a la expedición botánica y a su dirigente José Celestino Mutis, pues fue quien se dio a la tarea de influir e introducir las ideas de Newton y Copérnico en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. universidades de órdenes religiosas
El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario fue, simultáneamente, un colegio de enseñanza de las primeras letras, con estudio de gramática, y un colegio mayor, es decir, una residencia y un centro universitario con cátedras de artes, leyes, cánones, teología y medicina. De esta manera, se puede considerar como un Colegio Mayor Universitario en el que prevaleció la educación para un grupo privilegiado como fue el de los descendientes de los conquistadores españoles,7 quienes ocuparon los cargos públicos en los gobiernos civil y eclesiástico.8 Empero, muy diferente a lo que era de suponerse, dicho grupo recibió una educación gratuita debido a que el fundador de la institución dejó los recursos suficientes para costear las cátedras, el sueldo de los catedráticos y el mantenimiento del claustro. Cuando el dinero fue insuficiente, la Corona proporcionó 500 ducados anuales.9 Es importante resaltar que a la institución solo podían ingresar varones seculares, pues los regulares de cualquier comunidad estaban excluidos,10 al igual que las mujeres. Así, el Colegio Mayor
7 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Título I, Constitución I. 8 Guillén de Iriarte, María Clara. “Educación y poder. El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 1653-1823”, Revista de la Universidad del Rosario 582.92 (1999): 49-72. 9 Fajardo, Luis Eduardo; Villaveces, Juanita y Cañón, Carlos. Historia económica de las haciendas. 1700-1870, (Bogotá: Centro Editorial Rosarista, 2003). 10 Aunque en 1802 se hizo una excepción y se les permitió a algunos frailes hospitalarios oír, como asistentes, las lecciones de
del Rosario subsanó, en buena parte, la falta de una universidad real en el Nuevo Reino de Granada. Posteriormente, en la época republicana, el gobierno contó con las cátedras gratuitas del Colegio para suplir la ausencia de una universidad estatal. En cuanto a los estudiantes, se les diferenciaban de acuerdo consu posición de interno o externo, si eran becados o pagaban por su vivienda y alimentación. Así, utilizaban un vestuario determinado, con el cual se les identificaba. Los estudiantes que pagaban una suma de dinero por su alimentación y hospedaje se les denominaba colegiales porcionistas o comensales. Mientras que dentro del grupo de los becados se hallaban dos modalidades, los becados por el Colegio (llamados colegiales formales, de primera fundación) y los que disfrutaban de una beca fundada por una persona en particular (llamados colegiales supernumerarios).11 No obstante, durante los siglos XVIII y XIX, todos los estudiantes que vivían en el Colegio fueron denominados colegiales y podían ser becados o se hacían cargo de su sostenimiento. A pesar de ello, los estudiantes que vivieron al interior del colegio, ya fueran formales, supernumerarios o porcionistas, usaron el mismo uniforme y vivieron bajo ciertas normas similares a las establecidas en los colegios mayores,12donde sus estudiantes tenían la facultad de elegir a los catedráticos.13 Mas, el mayor privilegio lo tuvieron los estudiantes becados por la institución y los que contaron con beca supernumeraria, puesto que tuvieron el derecho de elegir a los directivos, rector, vicerrector, consiliarios y dos colegiales que ejercían las funciones de maestro de ceremonias y procurador. Los colegiales formales eran quince, los colegiales supernumerarios diecisiete y los familiares cuatro. En cuanto a los convictores o porcionistas y alumnos externos, no tenían limitación.14 Para ingresar como estudiante interno al Colegio Mayor del Rosario, ya fuera como porcionista o becario, eran necesarios tres requisitos: el primero era un certificado15 de “limpieza de sangre”16, tanto para colegiales como para familiares,17 asimismo, debía demostrarse la calidad de hidalguía y nobleza para los colegiales18 y, finalmente, se debía presentar un examen de co-
la recién abierta facultad de Medicina. 11 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Titulo III, Constitución VI. 12 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Título III, Constituciones VII. 13 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Título III, Constituciones VIII. 14 Libro primero de colegiales, p. 2. 15 Para demostrar esa condición se presentaban partidas de bautismo y de matrimonio de progenitores y antepasados. 16 Los “limpios de sangre” eran los cristianos viejos que pertenecían a la religión católica, apostólica y romana. 17 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Titulo III, Constitución III. 18 La población noble estaba conformada por hidalgos españoles, con derecho a usar el apelativo “don”, el cual sería eliminado en 1810 cuando se dio inicio al proceso separatista de España en Santafé. Así, durante el periodo académico de 1814 y 1815, los alumnos de
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nocimientos o el título correspondiente.19 Aunque en las constituciones no se encuentra registro alguno de la edad para ingresar al Colegio, por regla general –para la facultad de Filosofía– el promedio era de 12 años. También se registra que para los cursos de gramática tardaban entre ocho y diez años, o más, para graduarse.20 En cuanto a los directivos, dicha institución era dirigida por un rector, siendo la máxima figura de autoridad del establecimiento; bajo este, se encontraba el grupo directivo, el cual era conocido como ''claustro'' y estaba conformado por el vicerrector y los consiliarios, quienes, en número de tres, operaban como consejeros del rector en asuntos académicos y administrativos.21 El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario contaba con cinco facultades: la de Artes o Filosofía, Derecho civil, Derecho canónico, Medicina y Teología. Además, se dictaban clases de latín con el nombre de gramática o latinidad para instruir a los jóvenes que iniciarían sus estudios de Filosofía. El sistema de enseñanza se basaba en la lectura de un texto22 que, posteriormente, era explicado por el catedrático y complementado con conclusiones; este sistema se consideraba clave para memorizar lo aprendido y explicarlo. Las cátedras de la mañana eran denominadas de “prima” y las de la tarde de “vísperas”.23 Finalmente, el año escolar iniciaba el 14 de octubre y terminaba a mediados de julio, a causa del horario implantado en la Península, por ser la época de verano. El horario fue establecido por el fundador, quien distribuyó el tiempo de la siguiente manera: Ordenamos, que sean las primeras obligaciones de los Colegiales, consagrarse a la oración, disponiendo el día de manera que estén levantados a las seis. Se junten a las siete a rezar el rosario de Nuestra Señora, debajo de cuya protección viven. Cátedra de prima. Desde las ocho a las diez vayan a lección y confieran lo que hubieren oído. A las diez asisten al Santo Sacrificio de la Misa, y lo que restare de tiempo hasta las doce se recojan a estudiar. A las doce tañan a comer, cerrando las puertas, como es de uso en los colegios mayores. Después de haber comido, y dado gracias a Dios en la Iglesia, se podrán entretener hasta las dos, o, parlando o, jugando juegos no molestos como: son ajedrez, damas, tablas, más no bolos, argolla ni pelota. filosofía fueron registrados como “ciudadano”, término retomado en el primer año de la Republica. Posteriormente, a partir de 1819, se anteponían al nombre únicamente los títulos académicos como bachiller, licenciado, maestro o doctor, como sinónimo de estatus social. 19 Los jóvenes tenían que saber leer y escribir correctamente en castellano y latín para iniciar los estudios de filosofía. Si la intención era ingresar a las facultades de Teología, Derecho civil, Derecho canónico o Medicina, con la presentación del título de bachiller en filosofía bastaba. 20 AHUR, Informe del rector Domingo Tomás de Burgos, 1791, caja 11, folios 111-114. 21 AHUR, Libros de Consulta. 22 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor del Rosario, Título V, perteneciente a los catedráticos, Constitución III. 23 El salario de los catedráticos era de 300 pesos para los catedráticos de prima, 200 pesos para las vísperas y 200 para el de artes.
Cátedra de vísperas. Volverán a lección a las dos, hasta las cuatro, como a la mañana. Desde las cuatro hasta las seis, se recogerán a estudiar. A las seis se juntarán a conferencia. A las siete tornarán a rezar el rosario, el cual acabado se pondrán juntar a cenar, y parlarán, o, se entretendrán hasta las diez, que se tocará a recoger. Y los Prelados los visitarán, y castigarán a quien a las diez y media no estuviere acostados; y este será el cotidiano ejercicio, y gobierno de sus obligaciones.24 de los colegios mayores a las universidades: los jesuitas en el ámbito de la educación superior
Siendo la iglesia una de las instituciones centrales de la Compañía en el Antiguo Régimen, los colegios se convirtieron en la base de su retorno durante el siglo XIX. Asimismo, fueron el punto de roce más sobresaliente entre las fuerzas de Estado e Iglesia, ya que la educación se convirtió en el tema controversial más importante en el contexto laico que se establecía en Occidente. Gracias a los colegios, los jesuitas regresaron, por lo general, a los países en los que antes fueron reconocidos por su labor educativa. La estructura académica de la Universidad Javeriana era simple, pues se trataba de una universidad pequeña con cuatro facultades mayores: Teología, Artes, Derecho civil, Canónico, y una menor, la de Lenguas. El claustro Javeriano estaba conformado por el Rector, el Director de Estudios, el Secretario, los Catedráticos, los Pasantes, los alumnos y los bedeles. El Rector era la cabeza visible de la Universidad y debía gobernar teniendo como base las constituciones y estatutos establecidos. En la Escalera de caracol (imagen inspirada en grabados del siglo XVIII),25 podemos observar la jerarquía que los jesuitas plantean para el conocimiento. En esta ilustración, Dios se encuentra como base de la escalera y la astronomía como el último escalón, atravesando por la fuerza, la belleza, la retórica, la lógica, la geometría, entre otros. de la universidad central a la universidad nacional de los estados unidos de colombia
La Universidad Nacional de Colombia, como proyecto de educación pública y de amplia cobertura, ha tenido dos etapas, la primera como la Universidad Central, y la segunda, la actualmente conocida Universidad Nacional de Colombia. Cabe aclarar que entre la primera y la segunda etapa hubo una serie de sucesos que provocaron que no fuera continua la actividad de esta institución. 24 De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. Constituciones del Colegio Mayor del Rosario, Titulo IV, de las obligaciones de los colegiales. Constitución I. 25 Anónimo, Escalera de caracol, ca. 1900(inspirada en grabados del siglo XVIII). En: Frau Abrines, Lorenzo. Diccionario enciclopédico de la masonería. Edición corregida y aumentada de Luis Almeida. Colección Libros Antiguos y Raros, Biblioteca Francisco Xavier Clavigero, Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Barcelona, 1890.
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primera etapa, la universidad central
La ley del 18 de marzo de 1826 creó tres grandes instituciones enfocadas enla tarea de brindar educación con epicentro en las capitales de los tres departamentos del territorio en el momento: Cundinamarca, Venezuela y Ecuador. Se organizó de la siguiente manera: Para la clase de Filosofía y Ciencias naturales, tenían que cursar las cátedras de astronomía, mecánica analítica y celeste, botánica y agricultura, zoología y mineralogía, arte de minas y geognosis; para la clase de Literatura, las cátedras eran historia literaria, antigua, moderna y bibliografía; en la clase de Jurisprudencia, debían aprobar, para obtener el título, los cursos: principios de legislación, historia e instituciones de derecho civil romano, derecho patrio, economía política, derecho público político y leyes constitucionales, historia y elementos de derecho público eclesiástico, instituciones canónicas y disciplina e historia eclesiástica; para la clase de Teología, debían aprobar los cursos de fundamentos de religión y lugares teológicos, instituciones teológicas y morales, sagrada escritura, disciplina e historia eclesiástica, y suma de concilios, derecho público eclesiástico, instituciones canónicas y estudios apologéticos de la religión. Para la Escuela de Medicina, se destinó un lugar aparte de las dos anteriores mencionadas, como está escrito en el artículo 44 de la ley del 18 de marzo de 1826. A los estudiantes de estas escuelas se les enseñó sobre medicina, cirugía y farmacia a través de las siguientes cátedras: anatomía general y particular, fisiología e higiene, patología general y anatomía patológica, terapéutica y materia médica, clínica médica, cirugía y clínica quirúrgica, farmacia, farmacia experimental, y medicina legal y pública. Además, el artículo 47 de la ley anteriormente nombrada ordenaba que las escuelas de medicina estuvieran dotadas de una biblioteca pública, un anfiteatro y un gabinete anatómico, un laboratorio químico y farmacéutico, una colección de instrumentos quirúrgicos y un jardín de plantas medicinales. La Universidad Central fue clausurada debido a lo que Jaime Jaramillo Uribe llamó la “política romántica de los liberales del 50”,26 puesto que los federalistas y radicales argumentaron que las universidades eran monopolios de enseñanza y de trabajo que atentaban contra la libertad individual. Por esta razón, se produjo la clausura de la Universidad Central con el artículo 16 de la ley del 15 de mayo de 1850, donde dice: Suprímase las Universidades. Los edificios, bienes y rentas de que hoy disfrutaban, se aplican para el establecimiento de los Colegios nacionales; exceptuando el Colegio Mayor de Rosario de Bogotá, cuyo edificio, bienes y rentas serán administrados como de establecimiento provincial, según las reglas que dé la Cámara de provincia.27
26 Universidad Nacional de Colombia. Universidad Nacional de Colombia: génesis y reconstrucción (Bogotá: Unibiblos, 2001), 259. 27 República de Colombia. Ley del 15 de mayo de 1850, Artículo 16.
segunda etapa, la universidad nacional de los estados unidos de colombia
En la segunda etapa, la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia fue creada por la Ley 66 del 22 de septiembre de 1887. Donde se propuso que se establecieran 6 escuelas: la Escuela de Derecho, la Escuela de Medicina, la Escuela de Ciencias naturales, la Escuela de Ingenieros, la Escuela o Instituto de Artes y oficios y la Escuela de Literatura y filosofía. Se decretó que cada una de estas escuelas debía limitarse a enseñar lo que le es estrictamente atribuido. La Biblioteca Nacional quedó adscrita a la universidad en general, mientras, el Observatorio Astronómico Nacional y el Museo Nacional quedaron adscritos a la escuela de ciencias naturales, y el laboratorio quirúrgico, el Hospital de la Caridad y el Militar quedaron adscritos a la escuela de medicina. Los primeros catedráticos de la universidad fueron nombrados por el poder ejecutivo y, en adelante, sería la universidad quien los nombrará. Las rentas de la universidad consistían encuatro fuentes para la época: del Colegio San Bartolomé, de las sumas que la Asamblea de Cundinamarca y la Municipalidad de Bogotá destinarán a la universidad, de las cantidades que diera el Congreso para el sostenimiento del Instituto de artes y oficios, y de lo que anualmente se destinará nacionalmente para cubrir el déficit que resultaba en los gastos del sostenimiento de la universidad. La Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia era de enseñanza gratuita para quienes lo solicitaran, como enuncia el apartado 7 de la misma ley. También estaba en el poder del Congreso aceptar los alumnos internos, lo que implicaba la alimentación y la instrucción gratuita de hasta 72 personas, 8 por cada uno de los Estados de la Unión. Para ellos, era obligatorio estar en la Escuela de Ingenieros, en la de Ciencias naturales o en la de Artes y oficios. Es de resaltar que, para la época, la escuela o facultad de Teología estaba presente en toda universidad; no obstante, por las reformas educativas de 1870 y los movimientos liberales, se decidió no tener en cuenta esta escuela en la creación de esta universidad estatal. Para la rectoría de la Universidad Nacional, se sugirió a Ezequiel Rojas, pero este no aceptó y, entonces, fue nombrado Manuel Ancízar, un político, periodista y escritor colombiano. En el primer año de la universidad, se inscribieron 335 alumnos y participaron 35 personas como docentes. Acorde con lo decretado en la Ley 66, la Universidad comenzó su funcionamiento con las escuelas de Ingeniería, Medicina, Artes y oficios, Derecho, y Ciencias naturales.
CONCLUSIONES Las instituciones de educación superior, en el territorio colombiano, en el siglo XIX, fueron promovidas por las órdenes religiosas y por el movimiento radicalista. Por lo que, por una parte, se dio por el método escolástico, y por otra, se vio influenciada por la ilustración.
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20 Goliardos
Dichas instituciones estaban conformadas, principalmente, por seis escuelas: la Escuela de Derecho, la Escuela de Medicina, la Escuela de Ciencias naturales28, la Escuela de Teología, la Escuela o Instituto de Artes y oficios, y la Escuela de Literatura y filosofía; no obstante, la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia innova con la Escuela de Ingeniería, al incluirla en un megaproyecto universitario, al tiempo que saca, del proyecto, la carrera de Teología. Igualmente, el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario dictó cursos de latín, con el nombre de gramática o latinidad para instruir a los jóvenes que iniciarían sus estudios de Filosofía. La constitución de una institución llamada universidad, en el territorio colombiano, fue una negociación y adaptación de la antigua concepción de la educación superior a los nuevos saberes. Fue así como se sumaron cátedras a cada profesión para incluir técnicas y teorías recientes, lo que más tarde provocaría la incursión de nuevas ramas, como la especialización o separación de un campo de saberes, generando el campo de la Ingeniería en la Universidad Nacional de Colombia. A pesar de ello, también debemos resaltar el rol de las compañías de misiones que encarnaron el rol educativo en sus labores y posibilitaron el auge de estos espacios, sin los cuales no habría posibilidad de inclusión de nuevos saberes y adaptación de la institución a lo que conocemos hoy en día.
Bibliografía Fuentes primarias República de Colombia. Ley del 15 de mayo de 1850. Bogotá: imprenta nacional República de Colombia. Ley y Reglamentos Orgánicos de la Enseñanza Pública en Colombia del 18 de marzo de 1826. Bogotá: Manual María Viller-Calderón. 1826.<http://bit.ly/2y2UFOB> Congreso de los Estados Unidos de Colombia. Ley 66 del 22 de septiembre de 1867. Bogotá. 1867.<http://bit.ly/2sajZCf> Archivo Histórico de la Universidad del Rosario (AHUR). Informe del rector Domingo Tomás de Burgos, 1791, caja 11, folios 111-114. Archivo Histórico de la Universidad del Rosario (AHUR). Libro primero de colegiales. Archivo Histórico de la Universidad del Rosario (AHUR). Libros de Consulta. De Torres, Christoval D. Fr. Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Madrid. 1666. FrauAbrines, Lorenzo. Diccionario enciclopédico de la masonería. Edición corregida y aumentada de Luis Almeida. Colección Libros Antiguos y Raros, Biblioteca Francisco Xavier Clavigero, Universidad Iberoamericana Ciudad de México. sBarcelona. 1890.
Fuentes Secundarias Bartolomé Martínez, Bernabé. Historia de la educación en España y América. La educación en la Hispania antigua y medieval. Ediciones Morata, 1994.
28 La escuela de Ciencias Naturales no se vio formada en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en el siglo XIX.
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22 Goliardos Academia San Carlos (perspectiva), 2012, Raymundo Perera
María del Carmen Carrasco López Licenciada en Pedagogía Universidad Nacional Autónoma de México ita_2319@hotmail.com
UNA MIRADA A “LA ACADEMIA DE SAN CARLOS”
Resumen La siguiente investigación es un trabajo de corte descriptivo que aborda la historia de creación de la Academia de San Carlos, una institución artística que se creó a finales del siglo XVIII en la Nueva España. El objetivo de la misma es hacer un análisis de la importancia de dicha institución desde una perspectiva educativa, para lo cual se centra en su momento de creación y primeros años, terminando con la huelga que provocó un cambio radical en su funcionamiento. Todo esto con el objetivo de difundir su importancia como una institución educativa y su influencia en la historia de las escuelas artísticas en México.
Keywords: Historia, Academia de San Carlos, educación, huelga, México.
Abstract The following research is a descriptive work about creation of the Academy of San Carlos, an artistic institution that was created on the XVIII century in New Spain. The aim of this work is to make an analysis about the importance of the institution since a perspective education; that’s way it focuses on the moment of creation and its first years, ending with the strike that provoked a radical change in its functions. All of this has the aim to promote the importance of this educational institution and its influence on artistic schools in Mexico.
Palabras clave History, San Carlos Academy, education, strike, Mexico.
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planteamiento del problema
L
a Academia de San Carlos es una institución de educación superior, que tiene su origen en el México Colonial a finales del siglo XVIII; su historia es importante para el desarrollo de la educación, no solo porque fue la primera Academia de arte que se instauró en América Latina, sino porque, a pesar de que fue creada hace más de dos siglos sigue vigente hasta la actualidad. Se puede hablar de la historia de La Academia de San Carlos desde diferentes aristas; podríamos empezar haciendo un recorrido desde el florecimiento de las Academias en Europa o desde la necesidad de instaurar una institución para capacitar la mano de obra de la Nueva España o simplemente hacer un recorrido histórico por las distintas instituciones de educación superior en México. Lo cierto es que tiene una historia tan amplia que se podrían hacer infinidad de escritos sobre ella. El presente trabajo busca resaltar la importancia de esta institución desde un enfoque educativo, siendo su principal objetivo hacer una descripción de su instauración en la Nueva España, enfatizando en sus primeros años y su época de florecimiento hasta llegar a los primeros años de declive, siempre resaltando su intervención dentro del campo de la educación. De igual manera, la presente investigación tiene como propósito resaltar la importancia de la historia a través del ámbito pedagógico dado que es un campo que aún se puede explorar a mayor profundidad.
fundación de la academia de san carlos
Se puede decir que la idea de una institución dedicada al arte nació el 4 de noviembre de 1781, cuando el virrey de Nueva España, don Martín de Moyorga Ferrer, decidió comenzar el proceso de aprobación para dicha institución. No fue una casualidad que Martín Moyorga propusiera una institución justo en este momento, sino que las circunstancias por las que estaba pasando Nueva España favorecían bastante la idea de una escuela. Esto se debe, principalmente, a la estabilidad económica con la que se contaba en aquella época. Especialmente, porque, a partir de 1775, el tesoro mexicano se vio altamente elevado debido a la riqueza de las minas, la producción de materia prima y al comercio interno que variaba entre la pólvora, las peleas de gallos y el tabaco. Para la segunda mitad del siglo XVIII, se había alcanzado un estado de prosperidad económica sin precedentes, consolidándose grandes fortunas clericales y civiles; este hecho benefició a la iglesia, la cual se convirtió en uno de los patrocinadores más importantes de las bellas artes, heredando la visión de los católicos españoles, quienes, a diferencia de los ingleses que relacionaban el arte con el lujo, la aristocracia y los privilegios, creían firmemente que la apatía por las artes era la precursora de la decadencia social.
Así fue como el reino de Nueva España estuvo, en ese preciso momento, mejor preparado financiera e intelectualmente para apoyar una Academia de arte que en cualquier periodo anterior de su historia. «La última mitad del siglo XVIII fue una época propicia para la educación, especialmente para aquellas Academias especializadas cuyas actividades venían del exterior pero que eran sostenidas dentro de los límites tradicionales de la enseñanza universitaria»1. Fue a mediados del siglo XVIII, en el gobierno de Carlos III, cuando comenzó a perfilarse la creación de una institución de bellas artes para la Nueva España con el propósito de elevar la producción de la nación, invirtiendo en la mano de obra que allí se encontraba. El inicio de La Academia se dio en el año de 1778 cuando Jerónimo Antonio Gil llegó al Puerto de Veracruz acompañado por sus dos hijos, Gabriel y Bernardo, y dos estudiantes de La Academia de San Fernando2,con quienes iniciaría el proyecto que le fue asignado por Carlos III, la creación de una escuela de grabado, misma que comenzó en la Casa de Moneda (donde se elaboraban las monedas de Nueva España). Gil fue enviado a América con la misión de establecer una escuela de grabado; esto debido, principalmente, a que Fernando Mangino–encargado, en aquel entonces, de la Casa de Moneda– se quejaba de la escasez de grabadores preparados. Por su parte, Humboldt3nos cuenta que Fernando Mangino acuñaba un promedio de 12 a 13 mil marcos de plata diarios y que tenía solamente dos aprendices pensionados en las artes de vaciado y fundido de grabado, por lo que resultaba de vital importancia capacitar mano de obra para solventar la demanda que se exigía. Fue así como, a tan solo tres días de la llegada de Gil, comenzó a funcionar la escuela de grabado en la Casa de Moneda, bajo el título de Escuela Provisional de Dibujo; el 1º de noviembre de 1781 celebró sus primeras clases. Pronto el número de alumnos que acudían con la intención de aprender el dibujo, base de toda la ocupación artesanal, rebasó el espacio de la escuela. San Carlos jugó un papel secundario que fue el dar instrucción útil a los artesanos y artistas para mejorar su competencia en la labor diaria y en la industria artesanal. Los artesanos cuyas habilidades abarcaban desde dorar […] hasta albañilería y trabajos de sastrería, asistían a las clases y supuestamente se beneficiaron de ellas, aunque hubiera sido imposible medir el resultado de tal aprendizaje en su producción final […] La Academia procuró cubrir las necesidades de la artesanía y la industria coloniales, al impartir enseñanza y conocimientos prácticos para estos trabajos4
1 Brown, ThomasA. La Academia de San Carlos de la Nueva España. Fundación y Organización. Vol. 1.(México: SepSetentas, 1976): 33. 2 Academia de San Fernando, quien se convirtió en la madre de todas las academias español. as y el principal antecedente de la creación de la Academia de San Carlos en la Nueva España. 3 Humboldt, citado en: Brown (1976), Vol. 1: 16. 4 Brown (1976), Vol. 1: 18.
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Para el año de 1783 se contaba ya con 300 estudiantes, por lo que además de que hacía falta más personal comenzaba a necesitarse un espacio más grande y una institución más capacitada para cubrir la demanda no sólo del grabado sino de las artes en general.5 Tras sopesar esta posibilidad y debido al éxito de la Casa de Grabado, surgieron los primeros movimientos para la fundación de una escuela pública de bellas artes, donde se enseñara algo más que dibujo y grabado. Tanta fue la insistencia de Antonio Gil a Fernando Mangino que para el 21 de agosto de 1781 se estaba entregando el proyecto de la Academia de San Carlos para conseguir la aprobación real, junto con una carta para el virrey Martín Mayorga, en donde se establecían las normas bajo las cuales se conduciría La Academia de San Carlos, estipulando la dirección y el requerimiento económico que se solicitaba para su funcionamiento. Es cierto que Fernando Mangino y Antonio Gil apuntaban alto, puesto que pedían que la escuela no estuviera subordinada a La Academia de San Fernando, sino que se rigiera a partir de una junta que se elegiría después y estuviera bajo el cargo de Martín Mayorga, y no bajo la tutela de Carlos III; esto debido, principalmente, a la distancia, dado que La Academia de San Carlos estaría dentro del continente americano y, por lo tanto, debía de funcionar bajo su normatividad. Para darle peso a su solicitud, los grabadores solicitaron apoyo y donaciones de otras instituciones; fue así como su proyecto fue avalado por los tribunales reales de Comercio y Minería, el arzobispo, los obispos, el consejo eclesiástico y los ciudadanos adinerados; de esta forma, se veía el interés no solo de los grabadores, sino de los habitantes de la Nueva España en general: Ningún proyecto es más valioso que éste […] ya que, al impartir educación artística para crear medios para ganarse la vida, liberará a multitud de familias de la indigencia” […] sugiriendo que la escuela contribuiría a hacer de México una ciudad de prósperos artesanos y tenderos. En esto se veía la huella de Campomanes y las sociedades económicas: luchar por medio de la educación, con la pobreza y la mendicidad; enseñar al pueblo a dibujar y ponerlo a trabajar.6 Así fue como el 25 de diciembre de 1783, Carlos III aprobó la fundación de una Academia real titulada San Carlos de la Nueva España: La esperanza del rey es proporcionar a sus amados vasallos instrucción en las nobles artes y otras que dependen de ellas […] para terminar con la pereza; para abrir una 5 Báez Macías, Eduardo. Historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Antigua Academia de San Carlos, 1781- 1910.(México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2003): p. 24 6 Brown (1976), Vol. 1: 66.
puerta para que tantos individuos talentosos puedan dejar atrás la miseria y disolución y, aplicándose, lleguen a ser útiles a sí mismos, a sus familias y a su público.7 Tras recibir la sanción real, ya era un hecho el establecimiento de La Academia de San Carlos; empero, para comenzar a fungir como institución real, debían esperar hasta que fueran aprobados y promulgados en España los estatutos y el comunicado de fundación, los cuales llegaron el 5 de noviembre de 1785, casi dos años después de la aprobación. Sin embargo, este acontecimiento cambió el estado legal de la escuela, dándole mayor prestigio, estabilidad financiera y una base para desarrollarse. Varios artistas de este tiempo ayudaron, con sus conocimientos, a la organización de La Academia de San Carlos y, antes de que llegaran a Nueva España los maestros europeos, encontramos ya trabajando en ella a los pintores José Alcíbar y Francisco Clapera,8 así como al escultor Santiago Sandoval. Los cambios traídos por La Academia de San Carlos a la Nueva España se pueden analizar desde el punto de vista educativo, social y económico, y se engloban desde cuatro perspectivas diferentes: 1. Estilísticamente. Existió un cambio en la arquitectura de la ciudad; La Academia de San Carlos acabó con el periodo barroco, instaurado durante 150 años. 2. Académicamente. Quizá fue en el ámbito en el que tuvo más impacto, institucionalizó los saberes, ayudó a muchos artesanos con técnicas, brindó conocimientos a diversos sectores e, incluso, permitía a los indígenas estudiar. 3. Profesionalmente. Estableció un orden a la enseñanza de las artes dentro de la Nueva España, dotándolas de uniformidad. 4. Imperialmente. Enlazó el arte oficial y formal de Nueva España con el de España, más íntimamente que en cualquier otro tiempo de la historia del virreinato decadencia y huelga de la academia de san carlos
La Academia de San Carlos es una institución que ha prevalecido durante muchos años en la historia de México; por eso se puede hablar de momentos de auge, estabilidad y crisis. Uno de los momentos críticos ocurrió en el año de 1810, debido a la guerra de Independencia; durante
7 Brown (1976), Vol. 1: 96. 8 José Alcíbar (1730-1803). Pintor mexicano. Uno de los artistas más activos y representativos de la escena pictórica de Ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XVIII. Francisco Clapera. Académico supernumerario de San Fernando de Madrid, quien había llegado a la Nueva España desde el Perú. Al fundar La Academia de San Carlos, Gerónimo Antonio Gillo nombró corrector de pintura.
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esta época, México perdió casi todo el apoyo que recibía de la Casa Real Española, por lo que se vio forzada a cerrar sus puertas en1821. Fue hasta 1824 que logró establecerse de nuevo –esto gracias al apoyo del ministro Lucas Alamán–,sin embargo, no recuperó el esplendor que la había caracterizado durante sus primeros años. Con el Decreto del 02 de octubre de 1843, promulgado durante la gestión de Antonio López de Santa-Anna, La Academia de San Carlos se vio sujeta a algunos cambios, por ejemplo, se requerían directores de escultura, grabado y pintura traídos desde Europa; además, se otorgaban los beneficios de una lotería, con dicho apoyo se prometía: • • • • •
Dar manutención a 6 jóvenes en el viejo Continente para que perfeccionen sus técnicas en las artes. Aumentar el número de pensionados. Premios anuales. Formación de galerías. Restauración de la sede de La Academia9
También se establecieron sueldos fijos de directivos y maestros; se otorgaron ayudas económicas para estudiantes de alto rendimiento; por lo que fue necesario cambiar de nombre;10 ahora, a Lotería de la Academia de San Carlos. Fue de esta forma que la institución recibió un gran apoyo económico y estuvo funcionando bastante bien durante una época relativamente larga. En 1846, llegaron los directivos europeos; para el colegio de Pintura, el Director Pelegrín Clavé y, para el de escultura, el Director Manuel Vilar; gracias a ellos, La Academia de San Carlos tuvo un cambio en su plan de estudios, antes únicamente se basaban en la copia de láminas; pero, con los cambios, se introdujo el dibujo al natural, el anatómico, la perspectiva y el paisaje; se volvieron a emplear los modelos vivos y algo bastante innovador fue la introducción de maniquíes articulados. «Otro cambio significativo fue la aprobación del plan de estudios de la carrera de arquitectura en1858, de igual forma se agregaron las cátedras de historia del arte e historia de la arquitectura».11
9 Báez Lira, Fernando y Báez Rentería, Patricia. La Academia de San Carlos en México: Los actores de la Independencia(México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2010): 4. 10 Sufrió varios cambios a lo largo de su historia, el primero de ellos comenzó en 1810 a causa de la guerra de Independencia, durante esta época perdió casi todo el apoyo que recibía de la casa real española, por lo que se vio forzada a cerrar sus puertas en 1821, las que pudo volver a abrir hasta 1824, gracias al ministro Lucas Alemán. Después de la Independencia, cambió su nombre a Academia Nacional de San Carlos y durante el gobierno de Santa Anna recibió el apoyo necesario (por parte de la lotería) para recuperarse, además de que se le concedió el permiso para su restablecimiento, gracias a lo cual cambió su nombre. 11 Garibay, Roberto. Breve historia de la Academia de San Carlos y de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. (México: UNAM, 1990):12.
En febrero de 1861, La Academia de San Carlos perdió la lotería –al igual que el nombre adquirido gracias a dicha remuneración– y volvió a estar sin suficiente apoyo. Las cosas no mejoraron y un año después, el gobierno pidió su disolución, debido a la situación política del país –las tropas francesas habían entrado a territorio mexicano–. Tras este acontecimiento La Academia de San Carlos no cerró, pero su situación interna reflejaba la externa, todo era bastante desorganizado y los cambios dependían del presidente en turno. Para1867, al triunfo de la República, Benito Juárez regresó de su exilio y con él se instauraron nuevos procedimientos dentro de la institución, por ejemplo: […] suprimió la lotería que le había dado autonomía financiera y ésta pasa a depender del subsidio estatal del ministerio de instrucción pública y cultos; disolvió la Junta directiva nombrando como director al pintor Santiago Rebull y le cambió el nombre por Escuela Nacional de Bellas Artes.12 Estos cambios se dieron bajo la consigna de otorgarle identidad a La Academia de San Carlos, ya que los rasgos e influencia europea aún se notaban tanto en su arte como en su ideal educativo. La institución buscaba el reconocimiento extranjero más que el nacional, lo que la llevó a entrar en conflicto con el gobierno de Benito Juárez, quien pretendía enaltecer los valores nacionales y demostrar que los mexicanos eran capaces de crear e innovar. Sin embargo, La Academia de San Carlos no seguía estos ideales, por lo que, durante el último cuarto de siglo fue objeto de críticas; muchos la calificaban de anacrónica pues mantenía a los estudiantes en un letargo académico sin posibilidades de desarrollo. Al respecto, Ignacio M. Altamirano13comentó: «la Academia ha permanecido estacionaria, consagrada a la tarea imitativa».14 Durante el Porfiriato, La Academia de San Carlos tuvo otra reestructuración; una de las principales características del gobierno de Porfirio Díaz era el Estado unificador, es decir, que la base del Estado descansaba sobre un solo poder que, en este caso, era el ejecutivo, lo cual se vio reflejado en la unificación y centralización, tanto de la cultura como de la educación. Esto produjo un desajuste dentro de La Academia, dado que existían alumnos que estaban a favor de los métodos tradicionales y otros que buscaban un cambio en la forma de producción plástica.
12 Báez Lira y Báez Rentería. (México, 2010): 6. 13 Nació en Guerrero, en 1834, fue un escritor, periodista, político y maestro, además de ejercer como historiador literario y crítico. 14 González Matute, Laura. Escuelas libres de pintura al aire libre y centros populares de pintura. (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1987): 20.
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[…] los artistas plásticos fueron construyendo las bases para el desarrollo de una pintura que con los años adquirió una nueva identidad. La ENBA fue punto de encuentro de una diversidad de estilos y entusiasmo por promover el arte mexicano […] se redujo la ayuda económica […] incluso las promesas posteriores del gobierno no fueron iniciativa de las autoridades, sino presión de los artistas mexicanos.15 La cita anterior nos muestra cómo había controversias dentro de la escuela, la cual no tenía que ver tanto con los métodos, sino con la forma en la que los estudiantes querían expresar el arte, algunos querían mantener una visión europea, mientras que otros buscaban expresar algo más nacionalista. Con el desarrollo del movimiento revolucionario y con la partida de Porfirio Díaz del poder, los estudiantes de La Academia de San Carlos encontraron el momento para exigir los cambios que habían estado deseando: por un lado, los pintores, grabadores y escultores mostraron su apoyo a la lucha armada, mientras que los estudiantes de arquitectura hicieron patente su repudio a los revolucionarios; también demostraron la inconformidad que sentían por el método de enseñanza y evidenciaron la lucha de clases que existía dentro de la escuela: estaban los pintores, escultores y grabadores, quiénes representaban la clase media; mientras que, por el otro lado, están los arquitectos quiénes representan la clase alta. Todos estos problemas internos fueron dados a conocer por diversos periódicos, uno de ellos es el llamado El Diario, en el que nos explican algunos cambios solicitados por los estudiantes: 1. Que se ampliara a dos años el curso de Anatomía. 2. Que se impartiera el curso de Anatomía en el anfiteatro de medicina, ya que el maestro actual solo les dejaba hacer sus trabajos a partir de calcas (Vergara Lope). 3. Que se instaurara un método de dibujo a mano suelta o libre que estuviera al nivel de los alumnos, ya que el que se impartía era demasiado básico.16 Por su parte, el periódico El Demócrata señalaba: 4. Que se reincorporen los libros de Anatomía que fueron retirados por el profesor Vergara Lope. 5. El problema entre el alumnado se remonta a varias generaciones atrás, señalando que, desde mediados del siglo XIX, los alumnos de arquitectura recibían un respal do mayor que el resto del estudiantado: 15 Quiroz Trejo, José Othón. “La Exposición de 1910 y la Huelga de 1911 en La Academia de San Carlos: ¿Vanguardias Artísticas o Políticas?”<http://bit.ly/2wbLtKy> (25 de noviembre del 2012). 16 González Matute (México, 1987): 32.
La ley de educación establecía que sólo las carreras de arquitectura y maestro de obras, tenían derecho a título, pero no así los de escultura, grabado y pintura […] las carreras artísticas se dejaban más libres pues no se tenía una idea precisa de su utilización ni del lugar que ocupaban dentro del proyecto educativo positivista17. Al respecto de esta serie de exigencias, los alumnos propusieron diversas soluciones; una de ellas fue que La Academia de San Carlos se dividiera en dos escuelas distintas, una para arquitectura y la otra para la pintura, escultura y el grabado, cada una de ellas con un director propio. No obstante, la respuesta de la dirección fue que, en vez de eso, se creara una subdirección que estuviera a cargo de las escuelas de pintura, escultura y grabado, pero siempre bajo la dirección del director general, a lo cual los estudiantes contestaron con una negativa. Por ello, los estudiantes publicaron un desplegado dirigido al Ministro de Instrucción Pública, Francisco Vázquez Gómez, con fecha del 24 de junio que incluía sus peticiones, además de la destitución del director Rivas Mercado, debido a sus métodos dictatoriales y poco parciales en contra de los alumnos. Empero, los alumnos no obtuvieron respuesta por parte del ministro, por lo que la situación en La Academia de San Carlos empeoró; Antonio Rivas Mercado siguió con sus métodos dictatoriales, no permitía que la Sociedad de Alumnos llevará a cabo sus juntas dentro de las instalaciones, además, a todos los que habían firmado el desplegado les retiraron el apoyo económico que recibían.18 En síntesis, entre los diversos factores que provocaron la huelga de La Academia de San Carlos destacan: 1. La inconformidad con los métodos de enseñanza. 2. La falta de apoyo en las propuestas de nuevas alternativas plásticas. 3. El descontento de los alumnos de pintura, escultura y grabado en contra de su Director, Antonio Rivas Mercado. 4. Todo lo anterior enmarcado en el rechazo general de la reelección de Porfirio Díaz. La Academia de San Carlos inició su huelga el 29 de julio de 1911; y como muchos movimientos estudiantiles, la huelga de San Carlos estuvo llena de diferentes opiniones y posturas, por ejemplo, Siqueiros comentaba: «[…] pidieron la división de la escuela de Arquitectura y la de Pintura, Escultura y Grabado. La solicitud era justa en mi concepto de hoy, pero en realidad en el
17 González Matute (México, 1987):33. 18 González Matute (México, 1987): 34.
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fondo del conflicto había una razón fundamental de carácter clasista y político»;19 esto muestra la existencia de una división entre los alumnos de la Academia, en especial los de arquitectura (a quienes se pensaba se les daba más privilegios) con los de pintura, escultura y/o grabado; sin embargo, esta no necesariamente era provocada por ellos mismos, sino que era el resultado de roces externos, los cuales terminaban impactando en ello. Incluso, hubo un altercado con el director Rivas Mercado, donde los huelguistas lo atacaron con jitomates y huevos podridos; las autoridades tuvieron que intervenir y como último recurso se decidió expulsar, de manera inmediata, a los responsables del hecho. ¿Cómo respondieron ante este hecho los estudiantes? Mientras estaban sin escuela, el Comité Directivo de la Huelga y los huelguistas decidieron continuar con sus prácticas de dibujo y pintura en diversos parques de la ciudad; además, para recabar fondos, hacían exposiciones de sus obras, organizaban festivales y representaban obras de teatro. Mientras la huelga seguía su curso, el funcionamiento de La Academia de San Carlos continuaba bajo la dirección de Rivas Mercado, hasta el mes de noviembre de 1911, cuando el Ministro de Instrucción Pública, López Portillo y Rojas,20 aprobó que se creara y que se dirigiera una Nueva Academia bajo la dirección de Alfredo Ramos Martínez. Dicho plantel fue fundado por el Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, dependiendo directamente del gobierno de la República. En respuesta a esto, Antonio Rivas Mercado proclamó, mediante un cartel pegado en la entrada de La Academia de San Carlos, que esa era la única y verdadera institución y que cualquiera que tuviese la intención de formar parte de “La Academia Libre” no tendría derecho a becas, pensiones ni materiales para su aprendizaje. Poco después de este incidente, la huelga llegó a su fin –tras 11 meses y 21 días–y el director Antonio Rivas Mercado presentó su renuncia el 19 de abril de 1912, siendo su sucesor Manuel Gorozpe, quien el 17 de octubre de ese mismo año fue reemplazado por Jesús Galindo y Villa. Tras este altercado, los directivos, aún fieles a Antonio Rivas Mercado, proclamaron como directores a otros maestros, dejando fuera a Alfredo Ramos Martínez.21 No obstante, la crisis seguía, por lo que el 15 de agosto de 1913 Jesús Galindo y Villa nombra por segunda vez a Alfredo Ramos Martínez director de La Academia de San Carlos. Cuando Ramos Martínez tomó la dirección, se mostraron cambios en su metodología casi inmediatamente; se promovieron nuevas técnicas pictóricas, como la copia del modelo en vivo, los paisajes y el retrato; se implementaron cambios en las técnicas como la abolición del sistema Pillet y se fomentaron los temas nacionales.
19 González Matute (México, 1987): 36. 20 Quiroz Trejo [web]. 21 González Matute (México, 1987):42.
Poco a poco, se perfilaba más la idea de crear un “dibujo mexicano” que estuviera libre de los rasgos académicos. Esta idea imperó tras los años revolucionarios, y con las ideas de José Vascon22 celos y de John Dewey se logró modificar la metodología en la enseñanza del dibujo:«[…]se pusieron en marcha diferentes proyectos […] a partir de la idea […] de las Escuelas de Pintura al Aire Libre, provocando una transformación que se convertiría en el más destacado experimento de la época».23 Después de la huelga, La Academia de San Carlos pasó por diversos cambios, sus métodos fueron menos rígidos; se centraban más en la visión del arte mexicano; se dejó de buscar la aprobación de la visión europea; hubo cambios en el ambiente, los cuales ayudaron a establecerse hasta llegar a estructurarse como la conocemos hoy en día. Podemos ver que su influencia, tanto en el arte como en la educación de nuestro país es indudable, especialmente por toda la trayectoria que tiene, los profesionales que nos ha dado y por los que aún nos dará. Cuando se declaró la autonomía de la Universidad Nacional en 1929, La Academia de San Carlos se dividió en la Escuela Nacional de Arquitectura y en la Escuela Central de Artes Plásticas, posteriormente, conocida como Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). conclusión
Tras este recorrido podemos darnos una idea de la importancia que La Academia de San Carlos tuvo dentro de la Nueva España; a pesar de que su función era proporcionar instrucción técnica a los pintores, escultores, grabadores y arquitectos, esta nunca se limitó; pretendía dar educación a todos los ciudadanos de la colonia española; buscaba dar instrucción útil a los artesanos y artistas para mejorar su desempeño laboral y elevar, así, la calidad de la industria artesanal. La Academia de San Carlos es una institución con carácter humano, cuyo principal fin era llevar el arte a quienes se interesaban en él, acercándoselos a través de la educación. Aunque existe la falsa idea de que era una institución medieval sobreviviendo en una época ilustrada, tras analizarla, es fácil encontrarse con el error de la anterior premisa. Tras este recorrido, encontramos que la Academia de San Carlos no fue un proyecto espontáneo, sino que fue el resultado de un largo proceso y de una serie de acontecimientos, los cuales marcaron su historia y sirvieron de base para la creación de nuevas historias, ello demuestra
22 Filósofo americano que postula la “experiencia estética”, la cual relaciona el arte con la vida cotidiana. Las experiencias estéticas son manifestaciones de nuestras emociones. La importancia del arte no radica en el producto que se creó, sino que se realiza cuando el ser humano coopera con el producto, de modo que su resultado sea una experiencia gozada a causa de sus propiedades liberadoras. Para John Dewey, todas las personas pueden tener experiencias estéticas. (Augustowsky, Gabriela. El arte de la enseñanza. Editorial Paidos, Primera edición. Buenos Aires. 2012: 207). 23 Texto extraído de: Exposición de “Las Escuelas de Pintura al Aire Libre”, en el Museo Nacional de Arte (Munal) del 26 de febrero al 2 de marzo del 2014 en Tacuba 8, 3er. Piso Centro Histórico, 06010, México, D.F.
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que su influencia es innegable en el desarrollo de las Escuelas de Pintura al Aire Libre, incluso, en la creación de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”.Que este primer vistazo a la historia de La Academia de San Carlos sirva de punto de partida para el desarrollo de futuras investigaciones donde se analicen diferentes perspectivas de su creación, instauración, influencia, etc.
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36 Goliardos CHRISTI DEI OPT. MAX. VIRGINIS Q. MATRIS DEI ET COMPLIRIVM SANCTORV IMAGINES, 1576, Antoine Lafreri
Carlos Ernesto Rangel Chávez Estudiante de Licenciatura en Historia Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo karlox_de_oz@hotmail.com
EL COLEGIO AGUSTINO DE SAN PABLO DE MÉXICO, UNA APROXIMACIÓN
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resumen
El Colegio agustino de San Pablo de México fue una prestigiosa institución formadora de frailes durante la época colonial novohispana, misma que ha sido muy poco analizada debido a la falta de documentación al respecto. En el siguiente artículo, se hace una aproximación a la dinámica cotidiana de dicho Colegio a partir de sus Constituciones, las cuales, afortunadamente, perviven en la clásica Crónica del Padre Grijalva.
Keywords: Colegio, agustinos, constituciones, regla.
Abstract The Augustinian College of San Pablo de México was a prestigious forming institution of Friars during the colonial period of new Spain, same which has been little analyzed due to lack of documentation regarding about it. In the next article, an approach to the daily dynamics of this College is made from their constitutions, which, fortunately, still survive in the classic Chronicle of the father Grijalva.
Palabras clave School, Augustinian, constitutions, rule.
1 El presente texto es un avance de mi tesis de Licenciatura en Historia, titulada “Los estudios conventuales de los agustinos en Michoacán, 1540-1652”.
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introducción
P
ara el mes de abril de 1575, en reunión capitular en el convento agustino de Actopan, fray Alonso de la Veracruz resultó electo Provincial, por tercera vez, en acto oficial.2 En una carta al Consejo de Indias, el recién electo informaba el estado de las cosas con las que comenzó a trabajar de nueva cuenta en la Provincia. Entre otras cosas referentes a la administración de los sacramentos y las doctrinas, fray Alonso también mencionaba: «[…] pusiéronse los estudios necesarios: de teología uno, y tres de artes, y dos de gramática»3, los cuales, según el historiador Antonio Rubial García, fueron: Acolman e Ixmiquilpan con la Gramática; Actopan, Yuririapúndaro y Tiripetío con las Artes y el Colegio de San Pablo con la Teología.4 Sobre este último versará este breve trabajo, el cual pretende hacer un acercamiento a la vida estudiantil de la Orden de San Agustín en la Nueva España. el pleito por la parroquia de san pablo
El gran mérito en este nuevo trienio, a cargo de fray Alonso de la Veracruz, en cuanto a estudios se refiere, fue el de haber fundado una de las instituciones académicas más importantes para los agustinos en la Nueva España: el Colegio de San Pablo de México, en palabras de Antonio Rubial, cuna de insignes. Fundado en el mes de agosto de 1575,5 dicho colegio fue instituido en la parroquia de San Pablo, ubicada en el barrio del mismo nombre, en la Ciudad de México. Esta parroquia, antes perteneciente al clero secular, fue tomada por los agustinos el 30 de julio de 1575, en virtud de una Real Cédula, con fecha de diciembre de 1574, en la que se expresaba la conveniencia de que la Orden de San Agustín tuviera otro centro a donde enviar sus estudiantes, ya que el convento con el que contaban en la mencionada ciudad no daba abasto para tantas personas; se hablaba de la existencia ordinaria de aproximadamente cien religiosos, entre frailes, novicios y estudiantes.6
2 En acto oficial porque en realidad con esta sería la cuarta vez que estuvo al frente de la Provincia agustina del Santísimo Nombre de Jesús en la Nueva España, tomando en cuenta cuando fray Juan de San Román lo dejó en su puesto de Provincial por tener que salir a tratar asuntos con el Emperador Carlos V. 3 “Carta de Fray Alonso de la Veracruz a Don Juan de Ovando Presidente del Consejo de Indias, informándole sobre la situación de los Agustinos en México, donde acababa de salir electo Provincial. México, 31 de mayo de 1575”.MonumentaHistorica Mexicana. Tomus I. Seculum XVI: Documenta edita, edición a cargo de Roberto Jaramillo Escutia (México: Organización de Agustinos de Latinoamérica, 1993): 199-200. 4 Rubial García, Antonio. El convento agustino y la sociedad novohispana (1533-1630) (México: Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1989): 137. 5 Jaramillo Escutia, Roberto. “La academia agustina novohispana: estudios y magisterios. Siglos XVI y XVII”. Organización de Agustinos de Latinoamérica<http://bit.ly/2wpBJrn> (consultado el: 24, Marzo, 2015). 6 “Real Cédula para que Virrey, Arzobispo y Provincial Agustino se junten y resuelvan lo concerniente sobre la Parroquia de San Pablo que el último pretende fundar un colegio. Madrid, 23 de diciembre de 1574”.En Jaramillo Escutia, ed. (1993): 197.
La Cédula exhortaba a que las autoridades novohispanas –Virrey y Arzobispo de México– y los interesados –los agustinos, a través de su Provincial– se juntaran para acordar y juzgar si era conveniente que la parroquia de San Pablo pasase, de manos de clérigos, a una orden religiosa. Los agustinos tenían como argumento el mejor uso que se le daría con un centro de estudios y que, además, se continuaría con la administración de los sacramentos a los indios del barrio;7 el Virrey dio su parecer a favor de los ellos8, mientras que el Arzobispo, Don Pedro Moya de Contreras, se proclamó en contra, protestando y escribiendo al Rey lo inconveniente que resultaba que los agustinos se apropiaran de la parroquia.9 El pleito fue a parar hasta la Real Audiencia, la cual“ sentenció en favor de los religiosos” hacia finales de 1576.10 Aun así, el prelado jamás se quedó conforme, pues insistió en que el caso se volviera a revisar11 y todavía, hasta 1582, aparecieron protestas de él sobre ese ya viejo caso.12 el colegio de san pablo
El Colegio de San Pablo de México fue una institución académica que se fundó y sustentó con la administración que los agustinos hacían de las limosnas.13 Al principio, para edificar la casa que albergaría a los estudiantes, fray Alonso pidió al Rey que lo ayudara absorbiendo los gastos de construcción, para lo cual su Majestad mandó que se le hiciera informe sobre la necesidad y la conveniencia de hacerles merced a los agustinos novohispanos con la construcción de dicha casa. El informe fue muy en favor de los religiosos y se mandó a España. Sin embargo, la negociación se quedó inconclusa pues Grijalva advierte que «divertidos en otros negocios, y suplida por otro camino la necesidad, se quedó el negocio pendiente».14 Fray Alonso compró todos los solares y casas de alrededor de la iglesia de San Pablo, pensando en que poco a poco el colegio 7 Jaramillo Escutia, ed. (1993):197. 8 “Fragmento de una carta al Rey Felipe II por el virrey de Nueva España Don Martín Enríquez dando el visto bueno para que la parroquia de San Pablo sea entregada a los Agustinos. México, 23 de septiembre de 1575”, en Jaramillo Escutia, ed. (1993): 200-201. 9 Pueden verse: “Fragmento de una carta del arzobispo Don Pedro Moya de Contreras al Rey, sobre varios asuntos eclesiásticos. Informa sobre la parroquia de San Pablo. México, 11 de febrero de 1576” y “Fragmento de carta al Rey por el arzobispo Don Pedro Moya de Contreras, sobre varios asuntos eclesiásticos. Informa sobre la parroquia de San Pablo. México, 28 de marzo de 1576”. En Jaramillo Escutia, ed. (1993):203. 10 “Fragmento de carta al Rey…”.En: Jaramillo Escutia, ed. (1993):205. 11 “Carta al Rey por el Arzobispo Don Pedro Moya de Contreras, sobre la causa de la parroquia de San Pablo otorgada a los Agustinos, pide se vuelva a revisar el caso. México, 28 de octubre de 1577”.En: Jaramillo Escutia, ed. (1993):208. 12 “Fragmento de carta al Rey…”.En: Jaramillo Escutia, ed. (1993): 240-241. Para consultar de manera resumida este problema del Arzobispo Pedro Moya de Contreras con los agustinos por la parroquia de San Pablo, véase: Juan de Grijalva, Crónica de la Orden de N.P.S. Agustín en las Provincias de la Nueva España (México: Porrúa, 1985): 326, y Jaramillo Escutia<http://bit.ly/2wpBJrn> (consultado el: 24, Marzo, 2015): 8. 13 El cronista de la orden, fray Juan de Grijalva, nos cuenta que fray Alonso de la Veracruz logró “fundar un colegio capaz de veinte religiosos y sustentarlos sin patrón, sin renta ni más principio que las limosnas que se recogían”: Grijalva 326-327. 14 Grijalva 326-327.
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podría irse extendiendo, cosa que para los tiempos en que escribía el cronista Grijalva –1624 aproximadamente– era ya un hecho, pues […] estando a un lado de la iglesia edificado el colegio viejo, al otro lado se ha edificado otro colegio de la mayor y mejor fábrica que se halla en la Nueva España, quedando allende de esto por nuestros unos muy grandes sitios, donde poder hacer huertas, recreaciones y oficinas, las más capaces y hermosas que se pueden desear.15 Según consta, el primer Rector del colegio, puesto por fray Alonso, fue fray Pedro de Agurto, a quien encontramos primero entre la primera lista de alumnos agustinos que entraron inscritos a la Real Universidad de México y, más tarde, como catedrático de Teología en la misma institución. Además de ser Rector, fray Pedro de Agurto fungió también como Lector de Teología en el Colegio.16 Para tener el cargo de Rector en cualquiera de los colegios agustinos –así como el de Lector– se requería que la persona contara con cierto grado de formación dentro de las letras y, sobre todo, con la capacidad de hacer cumplir las constituciones y vigilar el buen desarrollo de las virtudes entre los colegiales. Ya para una segunda comunidad colegial, Roberto Jaramillo nos dice que fray Alonso de la Veracruz apareció como Rector y fray Pedro de Agurto como vicerrector; como Lector de Teología a fray Juan de San Sebastián, y de Artes a fray Juan Valdés. Asimismo, menciona como estudiantes de esa segunda comunidad a fray Miguel de Sosa, fray Juan de Guzmán y fray Diego de Contreras, entre los teólogos; y a fray Diego del Águila, fray Cristóbal de la Cruz, fray Diego Delgadillo y fray Agustín de Carvajal, entre los filósofos –o sea, en el curso de Artes–. Todos ellos aparecieron más tarde desempeñando cargos importantes, p.e., catedrático en la Universidad, provincial en alguna de las provincias de su orden, arzobispo u obispo en distintas partes de América; incluso, el asistente del Prior General de la Orden en Roma.17 Al igual que en el Colegio de Tiripetío, fray Alonso montó una gran librería –como se les solía llamar en aquel entonces a las bibliotecas– para el Colegio de San Pablo de México, ubicando en esta: sesenta cajones de libros que había traído de España años antes, libros de diversas partes y universidades, «de todas las facultades, de todas las artes y lenguas de que se tenía noticia». Además la “adornó” con todo lo necesario para el estudio de las llamadas artes liberales: mapas, globos celestes y terrestres, astrolabios, orologios, ballestinas y planisferios.18
15 Grijalva 327; Jaramillo, “La academia agustina…” 8; “Parecer del Conde de Coruña, virrey, sobre la pretensión de los agustinos del colegio de San Pablo de edificar otra casa. México, 15 de enero de 1582”, en Jaramillo, ed. Monumenta Historica 239-240. 16 Grijalva (1985): 327. 17 Jaramillo Escutia<http://bit.ly/2wpBJrn> (consultado el: 24, Marzo, 2015): 9. 18 Grijalva (1985): 327; Jaramillo Escutia<http://bit.ly/2wpBJrn> (consultado el: 24, Marzo, 2015): 9.
las constituciones del colegio de san pablo
Cosa muy importante y que vale la pena destacar respecto a este colegio, es que los estatutos o constituciones, que el fundador creó para este, se conservan íntegramente en la accesible crónica de fray Juan de Grijalva. Al observar detenidamente cada una de las Reglas contenidas, nos damos cuenta del rigor y disciplina con que vivían los colegiales. Además, en dichas constituciones, es casi palpable el interés que se tenía por exaltar las virtudes y la religiosidad más que las letras. La primera regla es muy clara al respecto y nos explica, en realidad, todas las demás, esta textualmente dice: En primer lugar, ninguno considere que habrá de vivir en el Colegio de manera distinta que en un monasterio, o que habrá de obtener alguna exención y libertad en aquellas cosas que se refieren a la substancia de la Religión, o a las ceremonias de la Orden. Declaramos y queremos que deberá observarse la disciplina y el rigor de la Orden, estrictamente, en el Colegio. De tal manera que, en tres días de la semana, domen su carne con azotes, y guarden exactamente los ayunos y silencios y las demás observancias de la Orden. Y cada semana, entren al capítulo de culpas, y en su alimentación y vestido sean semejantes a los que viven en los demás monasterios de la Orden. Exhortamos al muy venerable Rector y a los mismos Padres Lectores, que tengan mayor cuidado de la santidad y de la religión (que son más importantes), que de la doctrina y de la erudición. Y a los mismos frailes, en cuya índole pone la Orden una gran esperanza, los exhortamos en el Señor, a que la Orden les exija, mayores progresos en la virtud que en las letras.19 Se puede apreciar, en esta sola regla, la cantidad de elementos que se tienen para conocer cuál era la función de un colegio agustino de aquella época. El ascetismo, representado por los azotes, los ayunos y los silencios, era hasta cierto punto uno de los viejos preceptos de la Orden que seguía vigente dentro de los centros de formación de religiosos. Las letras, como puede notarse, significaban solo el medio para facilitar el ejercicio de las virtudes. Al parecer, este colegio estaba destinado exclusivamente a miembros de la Orden, pues se habla de exigir a los frailes mayores progresos en la virtud que en las letras. Es decir, accedían a él solo frailes y, por lo que se alcanza a percibir, recién profesos que, acabando su año de noviciado, accedían a los estudios. Al respecto, nos dice Antonio Rubial que «El noviciado duraba un año y la
19 “Primera Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 328. (La traducción de las Constituciones del latín al castellano fue hecha por Don José Pascual Guzmán de Alba, a quien se le agradece su tiempo y su favor. Las cursivas en la cita son mías).
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edad promedio para ser aceptado en él era entre los 13 y los 16 años. Una vez transcurrido este periodo de prueba se hacía la profesión religiosa y se iniciaban los estudios entre los 16 y los 22 años».20 Y aunque la Tercera Regla de las Constituciones del Colegio no es tan explícita en ello, se puede imaginar que, efectivamente, funcionaba así. Dicha regla dice que se suplica […] a nuestros Padres provinciales y a los futuros Definidores, a que seleccionen, de entre todos los adolescentes de la Provincia, para enviarlos a estudiar al Colegio, de tal manera que, para ellos, ni la amistad, ni el favor valgan, sino que, teniendo ante los ojos el bien común de la Orden, considere dignos, sólo a los que fueren de mejor índole, y a los que recomienden la probidad de costumbres, la agudeza de ingenio y el conocimiento de la lengua latina. Los que velen por el honor y el estudio del Colegio, tengan, también, razón de la edad, de tal manera que, no envíen al Colegio a estudiar, ni a los niños, ni a los jóvenes, ni a los de edad más provecta, sino a los adolescentes, cuya edad es más idónea, para las disciplinas literarias y para culminar los trabajos de los estudios.21 Se puede suponer, entonces, que “adolescente” significaba oscilar entre los 16 y 22 años, edad en la que se podía tener acceso al Colegio. Sin embargo, vemos que este no era para cualquier adolescente que quisiera estudiar en él, sino que las autoridades provinciales debían ser selectivas y dejar ingresar al Colegio, e incluso exhortar, solo a aquellos frailes adolescentes más destacados intelectualmente, a los que se pudiera comprobar que provenían de familias con las “mejores costumbres”. Además, la Cuarta Regla es clara al advertir que nadie podía ingresar al Colegio sin una preparación suficiente en Gramática Latina si se quería estudiar artes, o en artes si se quería estudiar Teología. El examen de esos conocimientos previos se encomendaba al rector, al vicerrector y a los Lectores.22 En cuanto a la disciplina dentro del Colegio, las constituciones son muy claras. Por ejemplo, la segunda regla nos habla de horarios en los cuales debía realizarse el “oficio divino”, desde que amanecía hasta que anochecía, y cuando fuera necesario (en las fiestas religiosas, por ejemplo) se llevaría a cabo incluso en la madrugada. Se exhortaba al Padre Rector […] que la tarea del oficio divino, sea ofrecida a Dios por los frailes, distinta, tranquila y puntualmente, y con gran devoción, ya que el fervor y la devoción en el rezo oral de las preces, y la oración y la meditación es una obra principal, y es un deber de aquellos que estén entregados a los estudios de las Santas Letras.23 20 Rubial García (1989): 33, (nota 73). 21 “Tercera Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 329 (Las cursivas son mías). 22 “Cuarta Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 329. 23 “Segunda Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 328-329.
No obstante, en cuanto al horario de las lecciones de teología y de artes, las constituciones eran muy laxas, pues, como puede apreciarse en la Quinta Regla, se dejaba a consideración del Rector24. El rigor de estas Constituciones se deja ver con mayor énfasis en las reglas que, en virtud de santa obediencia y bajo pena de excomunión, se obligaba a llevar a cabo ciertas actividades o se prohibían otras. Así, por ejemplo, bajo pena de excomunión mayor se prohibía que se comiera carne, peces o huevos en otra fecha que no fuera una de las permitidas para tal cosa: las fiestas del Cuerpo de Cristo, San Agustín y San Pablo. Es decir, se podía solamente comer «alimentos más ligeros, como frutos y otros semejantes».25 De la misma manera, se prohibía que cualquier otra persona ajena a colegiales, ministros de doctrina y sirvientes, permanecieran dentro del Colegio después de las ocho de la noche, hora en la que el Padre Rector debía cerrar la puerta26 y no volvería a abrirla hasta las cinco de la mañana, «a no ser que lo pida una necesidad espiritual, o de administrar los sacramentos a los indios, o de consolarlos, o de ayudarlos de cualesquier otras maneras; y, entonces el Padre Rector envíe, no a un fraile, sino a alguno de entre los ministros de los indios a subvenir a esa necesidad»27. En realidad, los ministros también eran frailes, pero es obvio que aquí se está refiriendo a que los que no debían salir a resolver dichos problemas eran los colegiales estudiantes, sino los que ya estaban capacitados para la labor pastoral. Las discusiones de lo aprendido eran muy importantes entre los estudiantes. Así, las Reglas Sexta y Séptima del Colegio se encargaban de dejar clara la cuestión de esta actividad, la cual tenían que llevar a cabo los colegiales, de manera obligatoria: «queremos que se tengan certámenes de ambas facultades [Artes y Teología], de tal modo que, en cada uno de los días de la semana, los frailes propongan y defiendan las conclusiones de las Artes y de la Sagrada Teología».28 Se exigía que los domingos y los días festivos se llevaran a cabo disputas intelectuales sobre diversos temas y en las que se invitara a gente de otras escuelas y de otras órdenes religiosas, tanto para participar en ellas como para formar parte del público. Todo esto debía estar a cargo del Padre Rector29. Por otra parte, la clausura era un importante componente de las Constituciones y de la vida del Colegio, pues los colegiales debían permanecer en él todo el tiempo que duraran los estudios; para esto, se dijo también que bajo pena de excomunión mayor, «ningún fraile, aun con licencia del Rector [quien no la podía dar], vaya a la ciudad, o entre en alguna casa, ya sea de
24 “Quinta Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 329. 25 “Octava Regla del colegio de San Pablo En Grijalva (1985): 329-330. 26 “Octava Regla del colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 329-330 27 “Décimo Cuarta Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 331. 28 “Sexta Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 329. 29 “Séptima Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 329.
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seglares, ya sea de religiosos,»30 exceptuando la casa del Virrey, si este mandaba llamar a alguno de los colegiales, o las escuelas, a las cuales podían ir a oír lecciones o disputas, pero con la condición de retornar directamente al Colegio31. Asimismo, se dejaba a consideración del Padre Rector que los colegiales asistieran a las procesiones en la ciudad o a los monasterios de la Orden durante las fiestas religiosas, para que fueran parte de los Oficios Divinos32. Se le permitía también al Padre Rector el «enviar a los frailes al campo, con motivo de distracción. Empero, salgan por el camino trazado, que conduce a Culhuacán, o por el que conduce a Chapultepec.»33 De la misma forma, podían ir los colegiales a las bibliotecas, pero solo “de ida y vuelta”, sin distraerse o pasearse en la ciudad34. Como hemos podido ver, las constituciones de cualquier institución académica colonial nos pueden dar luces sobre el funcionamiento cotidiano de la misma; mas, como lo dijo alguna vez el historiador Ricardo León Alanís, para el caso del Colegio de San Nicolás Obispo de Michoacán, […] habría que aclarar que tales constituciones y estatutos nos muestran tan sólo una parte de la dinámica del colegio, y no significa que hayan sido normas estrictamente observadas y cumplidas en su momento, por lo que preferimos hablar de una “aproximación” al conocimiento de la vida del colegio […]»35 Puesto que, como afirma Víctor Gutiérrez, las constituciones o estatutos de los colegios – desde la Edad Media– no siempre podían aplicarse cabalmente, pues todo dependía de las circunstancias –tanto de tiempo como de espacio–, lo que llevaba frecuentemente a procesos de modificaciones en tales constituciones36. Así, podemos comprender que estas constituciones que regían la vida del Colegio Agustino de San Pablo de México, funcionaron originalmente tan solo veinte años, «hasta que después se mitigó el rigor de las excomuniones».37
30 “Novena Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 330. 31 “Novena Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 330. 32 “Décima y Décimo Primera Reglas del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 330. 33 “Décimo Segunda Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985): 330. 34 “Décimo Tercera Regla del Colegio de San Pablo” En Grijalva (1985):330. 35 León Alanís, Ricardo “El Colegio de San Nicolás a través de sus Constituciones y Estatutos” En De maestros y discípulos. México. Siglos XVI-XIX, coordinado por Leticia Pérez Puente (México: Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 1998): 117. 36 Gutiérrez Rodríguez, Víctor. “Hacia una tipología de los colegios coloniales” En De maestros y discípulos. México. Siglos XVI-XIX, coordinado por Leticia Pérez Puente (México: Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 1998), 82. 37 Grijalva (1985): 327.
El colegio pervivió siendo «la máxima institución académica de los agustinos novohispanos durante toda la época colonial»;38 sin embargo, una vez llevada a cabo la división de la Provincia Agustina del Santísimo Nombre Jesús de México, tras lo cual se creó la de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, sería la primera la que se quedaría con el colegio como su principal casa de estudios, fundándose otros en Michoacán. Fue hasta la segunda mitad siglo XIX que, por efecto de las Leyes de Reforma, tuvo que cerrar.39 A pesar de que este colegio no ha sido estudiado por falta de documentación, según consta, vemos que pueden extraerse cosas muy interesantes de lo que se tiene a la mano; un ejemplo son sus constituciones, de las cuales puede hacerse una aproximación al conocimiento de su vida cotidiana y, más aún, al pensamiento agustino con respecto a la formación académica de sus miembros. conclusiones
Para 1575, estando fray Alonso de la Veracruz al frente de los agustinos de Nueva España como Provincial, se fundó el Colegio de San Pablo, institución académica que sería considerada el centro de estudios más importante para la Orden en estas tierras; sin embargo, según las primeras Constituciones de este Colegio, no tenían acceso a él todos los agustinos, sino solo aquellos “adolescentes” que acabaran de tomar el hábito y que pudieran probar “agudeza de ingenio” y buenas costumbres. Los demás podían seguir estudiando en los demás colegios que la Orden tenía en sus conventos. Esta minuciosa selección de los estudiantes de San Pablo –que tenían que llevar a cabo las autoridades provinciales– es quizá uno de los motivos por los cuales ese centro de estudios es considerado una “cuna de insignes teólogos”. Al observar de cerca todas las reglas contenidas en dichas Constituciones, nos percatamos de que la enseñanza de las virtudes espirituales ocupaba el lugar más importante de la formación en el Colegio, incluso por encima de la erudición o sabiduría intelectual. Las reglas eran muy rígidas y algunas obligaban o prohibían, bajo pena de excomunión para, así, motivar la exaltación de dichas virtudes. Es importante reconocer que, mediante las Constituciones o Estatutos –como se les solía llamar al conjunto de reglas que regían la vida de los colegios coloniales– se puede hacer una aproximación a la vida cotidiana del Colegio, lo que no significa, empero, que se llegue a un conocimiento completo de ello, pues, a veces, las circunstancias –tanto de tiempo como de espacio– hacían imposible la aplicación total de las reglas y éstas tenían que suprimirse o modificarse.
38 Jaramillo Escutia<http://bit.ly/2wpBJrn> (consultado el: 24, Marzo, 2015):8. 39 Se habla del año 1860 como fecha de su cierre, cuando apareció nombrado el último rector. Jaramillo Escutia<http://bit. ly/2wpBJrn> (consultado el: 24, Marzo, 2015): 12.
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bibliografía
Libros Grijalva, Juan de. Crónica de la Orden de N.P.S. Agustín en las Provincias de la Nueva España. México: Porrúa, 1985. Jaramillo Escutia, Roberto, ed. Monumenta Historica Mexicana. Tomus I. Seculum XVI: Documenta edita. México: Organización de Agustinos de Latinoamérica, 1993. Rubial García, Antonio. El convento agustino y la sociedad novohispana (1533-1630). México: Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1989.
Artículos de libro Gutiérrez Rodríguez, Víctor. “Hacia una tipología de los colegios coloniales”. En: De maestros y discípulos. México. Siglos XVI-XIX, coordinado por Leticia Pérez Puente. México: Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 1998. León Alanís, Ricardo. “El Colegio de San Nicolás a través de sus Constituciones y Estatutos”. En: De maestros y discípulos. México. Siglos XVI-XIX, coordinado por Leticia Pérez Puente. México: Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 1998.
Recursos electrónicos Jaramillo Escutia, Roberto. “La academia agustina novohispana: estudios y magisterios. Siglos XVI y XVII”. Organización de Agustinos de Latinoamérica. [Web]. <http://bit.ly/2wpBJrn> (consultado el 24, marzo, 2015)
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48 Goliardos AutonomĂa, 2009, Ronai Rocha
Cristian Palma Psicólogo Universidad Nacional de Colombia altazor3@gmail.com
BREVE HISTORIA DE LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA
Resumen La autonomía universitaria es una noción desarrollada en el marco de transformaciones políticas y económicas, que han atravesado las sociedades occidentales a lo largo de la historia; por lo tanto, es un constructo histórico. En consecuencia, este artículo se propone reconocer cómo se ha construido históricamente esta noción, los actores sociales implicados, sus dimensiones y los debates que han emergido alrededor de la misma.
Keywords: autonomía, universidad, autonomía jurídica, autonomía política, autonomía económica
Abstract The university autonomy is a notion developed within the framework of political and economic transformations that have crossed Western societies throughout history, therefore it is a historical construct. In consequence, this article aims to recognize how this notion has historically been constructed, the social actors involved, their dimensions and the debates that have emerged around it.
Palabras clave autonomy, university, legal autonomy, political autonomy, economic autonomy
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introducción
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a idea de autonomía es un constructo social que se ha reelaborado a través de la historia, en los conflictos entre sujetos, instituciones y en la articulación de diversos órdenes sociales, los cuales le dan sus sentidos y sus realizaciones. Como constructo social e histórico, posee múltiples dimensiones y significaciones,1 dependiendo de los tiempos, lugares y sujetos; como concepto, está estrechamente interrelacionado con la producción de significaciones dentro del campo de las interacciones sociales a través de las cuales se institucionaliza un orden social específico. Etimológicamente, la palabra “autonomía” deriva del griego nomos (ley) y autos (propios, mismo); es decir, el concepto hace referencia a una entidad que genera sus propias normas y se gobierna por ellas. No obstante, es necesario diferenciar la autonomía de la autarquía, la cual hace referencia al poder de gobernarse a sí mismo; sin embargo, las leyes no necesariamente deben venir de su propia potestad sino que pueden provenir de una instancia superior;2 se definiría, entonces, como una «descentralización administrativa representada por entes que tienen personería jurídica propia pero que se rigen por normas generales y especiales impuestas por el poder central».3 Así, es necesario situar siempre la autonomía en relación con otras instituciones o actores frente a los cuales una institución se adjudica su propia ley. Entonces, la noción de autonomía universitaria, como constructo histórico, se sitúa siempre dentro de las luchas que sostiene la universidad por gobernarse a través de sus propias normas frente a otras instituciones y agencias, tales como el Estado, la Iglesia, el Mercado, los partidos políticos y los movimientos sociales.
orígenes y primeras transformaciones
Es preciso brindar un breve contexto histórico para situar la emergencia y transformaciones de la autonomía universitaria a través de la historia de las naciones, a fin de entender cómo se sitúa actualmente este concepto y las instituciones con las que se articula. Este concepto nace con la universidad misma y con las luchas entre los sectores sociales en la Baja Edad Media y el surgimiento de un nuevo grupo social: los intelectuales.4
1 Vacarezza, Leonardo Silvio. “Autonomía universitaria, reformas y transformación social”. En Universidad e Investigación Científica. (Buenos Aires: CLACSO, 2006), 33-49. 2 Plencovich, María Cristina et al. “Algunos atributos de la autonomía universitaria en la Argentina, Brasil y México: otra vuelta de tuerca”, Debate Universitario. No. 7(2015). 3 Alejandro Taraborelli, “Servicios públicos: servicios esenciales”, citado en: Plencovich et al. (2015) 7, p. 71. 4 Le Goff, Jaques. Los intelectuales en la Edad Media (Madrid: Editorial Gedisa, 2009).
El intelectual de la Edad Media nació con las ciudades europeas, las cuales surgieron como nuevas formas de organización territorial, socioeconómica y administrativa, trayendo consigo nuevas prácticas de hábitat y nuevas formas de relación entre las clases sociales. Dentro de estas formas de asociación, surgieron las corporaciones, las cuales eran articulaciones de personas que se dedicaban a un mismo oficio y se asociaban para definir colectivamente las normas internas para la transmisión y ejecución de su oficio o arte; estas corporaciones eran, por lo tanto, autónomas, y su actividad definía la división social del trabajo en la Edad Media. Dentro de estos oficios, reconocidos socialmente, figuraba el oficio de los maestros, quienes eran clérigos dedicados a la apropiación y transmisión de la ciencia antigua, heredada de las culturas griega, romana y árabe; estos eran reconocidos socialmente como sabios y sus conocimientos eran valorados por las clases burguesas emergentes y algunos sectores de la aristocracia, a quienes les pagaban por la transmisión de su oficio. Durante el siglo XII se organizaron, en Francia, Inglaterra y Alemania, las corporaciones de intelectuales, un nuevo grupo social que no se dedicaba a los oficios de la tierra ni al comercio, la religión o al gobierno, sino que vivían del oficio de la enseñanza y fundaron una nueva forma de vida nómada, en la cual migraban de ciudad en ciudad para vender su oficio en lugares públicos. Los intelectuales habitaban en comunas, a los alrededores de las ciudades, y promovían un modo de vida basado en la cooperación, el disfrute de la ciencia y la cultura; la crítica a la iglesia, a la burguesía y la monarquía; la prédica del amor y la sexualidad con libertad, el disfrute de los placeres y las artes; su estilo de vida comenzó a generar conflictos con los comerciantes, los siervos y los señores feudales, los cuales se fueron intensificando a lo largo de los siguientes siglos. Este movimiento social comenzó a atraer a masas de jóvenes burgueses y campesinos, quienes se organizaron en las Universitas corporaciones migrantes de maestros y alumnos, las cuales, progresivamente, generaron focos de rebelión contra los poderes establecidos. Las Universitas se comenzaron a establecer en las ciudades y fueron reconocidas como talleres urbanos, semejantes a los talleres de artesanos en los que se transmitían los oficios de las ciencias y las artes, donde se formaban nuevos líderes políticos para disputar el poder con las élites. Se gobernaban con autonomía a través de los cuerpos colegiados de profesores y estudiantes, con una organización horizontal y democrática; los cuerpos colegiados controlaban el ingreso de nuevos miembros; dictaban y aplicaban sus propias regulaciones internas, estructuraban libremente sus facultades y los contenidos de sus cursos (artes, derecho, teología, filosofía y medicina). En un primer momento, las universidades fueron percibidas, por los poderes monárquico y eclesiástico, como un peligro que podía desencadenar una revolución. Se les intentó acabar mediante la represión militar, acelerando la concentración de focos de rebelión, los cuales atraían a todas las clases sociales entrando en una nueva estrategia: la captación de las universidades por los poderes gubernamentales.
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Inicialmente, fue la iglesia quien, en el siglo XIII, –a través de hábiles estrategias políticas– se convirtió en protectora de las Universitas y las transformó en un instrumento político frente a los poderes monárquicos; el Papa Gregorio IX fue el autor de la primera Carta Magna que otorgó, a una universidad, su autonomía frente al rey de Francia. Esta acepción de la autonomía otorgada significaba que la universidad podía tener su propio gobierno y darse sus propias leyes sin depender del Rey y sus funcionarios; además, podía practicar con libertad el oficio de enseñanza de las ciencias. A pesar de ello, esta autonomía ganada administrativamente significó una pérdida en los contenidos: en la doctrina de la iglesia y en las directrices del papado, los maestros debían enseñar la ciencia permitida y lo que no entraba en ese criterio se consideraba herejía. A las universidades, les fue otorgado, por el papa, el poder exclusivo de formar nuevos maestros para la enseñanza de las artes liberales, y se les dio la potestad para otorgar certificaciones a estos nuevos maestros. Durante el siglo XIII y XIV, surgieron universidades en toda Europa bajo la protección del papado, por lo que, las comunidades religiosas tomaron, progresivamente, el control de estas; mas, fue el poder monárquico quien vio, en estas instituciones, un instrumento para la formación de nuevos funcionarios de gobierno, promoviendo la creación y control de universidades nacionales laicas, otorgándoles también autonomía pero captando sutilmente sus estructuras internas de gobierno a su favor. A la vez que se diseminaron y consolidaron su legitimidad social, entraron en un proceso de decadencia, originada por la restricción de su autonomía y la reproducción del escolasticismo: el cual consistió en la reproducción pasiva y doctrinaria de las escuelas filosóficas clásicas hegemónicas durante la Edad Media, especialmente, las que cristalizaban la fusión del pensamiento griego y romano con el cristianismo en una doctrina teológica, la cual preservó el poder de la iglesia durante la Edad Media. El renacimiento y el siglo de las luces –siglo XVIII– gestaron un movimiento intelectual frente al sentido de la universidad en la sociedad que buscó recuperarla como centro de crítica y producción intelectual libre. modernidad
La culminación del anterior periodo fue El Conflicto de las Facultades de Immanuel Kant, a partir del cual se dio un nuevo sentido a la autonomía universitaria. Kant entiende la autonomía universitaria como «espacio de libertad para el ejercicio de la crítica fundada en la razón. Crítica que es ejercida por eruditos y sabios en el marco de los acuerdos propios».5 En un contexto de consolidación del poder de los estados nacionales, la crítica de Kant se dirige contra el intento, por parte del Estado, de hacer de la universidad una institución propagadora de las políticas estatales y su ideología, recuperando el concepto de autonomía como bandera de lucha por la emancipación.
5 Kant, Immanuel. “El Conflicto de las Facultades”. Colección Pedagógica Universitaria. No 37-38 (2002): 2.
Es así como defiende, por una parte, el derecho de los cuerpos colegiados de darse su propia organización y sus propias leyes internas de funcionamiento a través de las Facultades, mientras defiende el derecho y el deber de la facultad de Filosofía de expresarse públicamente sobre las cuestiones políticas y sociales, guiado explícitamente por la búsqueda de la verdad a través del ejercicio libre de la razón. En esta obra, Kant entiende la universidad como un espacio de conflictos de poder entre las Facultades por ganar la hegemonía frente al pueblo y controlar las estructuras de administración del poder; de acuerdo con él, este conflicto es inherente a la universidad y, en este, es necesario preservar un espacio para el ejercicio de la razón y la búsqueda de la verdad, el cual pueda orientar a las demás facultades sobre la virtud de sus acciones y decisiones, este lugar sería el de la filosofía. En los siglos XIX y XX, se terminaron de consolidar las universidades como instituciones modernas, principalmente, al servicio de la reproducción de las élites políticas y económicas de los estados nacionales. En Europa, se instalaron, principalmente, dos modelos de universidad: La universidad republicana, orientada a la cohesión del Estado y la formación de los sectores profesionales nacionales, y la universidad humbodltiana, dedicada especialmente a la formación de investigadores y a la producción de las ciencias. En América Latina, en cambio, se institucionalizó únicamente la universidad republicana, con un carácter marcadamente elitista y profesionalizante, bajo el estricto control del Estado. De acuerdo con Pedro Krotsch, en América Latina, al igual que en otros espacios no europeos, la universidad es una institución transferida que no vivió todo el proceso de organización espontánea de las universidades europeas. Así lo describe: Durante la colonia su existencia en la región fue precaria, una creación desde arriba, desde la Corona o el Papado, en un contexto de relaciones sociales que no requerían de una institución de estas características. En este sentido la universidad latinoamericana como momento de lo estatal concebido como lugar de lo público, no tuvo como fermento de su creación la sociedad civil, como pudo ser el caso norteamericano o de equilibrio y tensión con la sociedad civil como pudo ser el caso europeo.6 El principal referente de la lucha por la autonomía universitaria en América Latina es la Reforma de Córdoba. Este movimiento fue impulsado, principalmente, por los hijos de los inmigrantes de clase media, quienes buscaban una transformación de las estructuras universitarias para disputar el poder con las oligarquías nacionales a las cuales la universidad favorecía. De acuerdo con Pedro Krostch, esta reforma «fue posiblemente el primer y último intento de reforma
6 Krotsch, Pedro. “Los estudiantes universitarios como actores de reformas en América Latina: la cultura de los jóvenes y la crisis de la institución”. En: Avaliaçāo Revista da Rede de Avaliaçāo Institucional da Educaçāo Superior (Vol.9: No.4, 2004): 104.
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endógena de la educación superior en la región, las dos siguientes serán exógenas y vendrán del norte».7 El programa de esta reforma estaba sustentado en dos bases: la autonomía de las casas de estudio y el cogobierno estudiantil. Ambos elementos estaban estrechamente interrelacionados en el proceso de la reforma universitaria mediante la práctica de un proceso de democratización en las universidades y de legitimación de la representación estudiantil. El Manifiesto Liminar, documento con el cual se hizo pública la aspiración del movimiento estudiantil reformista, se propuso cuatro objetivos: a) Democratización en el ingreso a la universidad y ampliación para todos los sectores sociales, b) institucionalización de la libertad de cátedra y selección de los docentes por meritocracia, c) democratización del gobierno universitario, d) vinculación de la universidad con el pueblo y la nación. Estos objetivos serán el centro de las luchas estudiantiles por la reforma en toda la región durante todo el siglo XX. dimensiones
Entender la autonomía universitaria como un constructo histórico y social implica, también, definir las dimensiones que lo constituyen como tal y situarlas en las relaciones que establece la universidad con otras agencias sociales. La primera dimensión que construye este concepto es la jurídica o normativa. El significado jurídico de autonomía está delimitado por los siguientes atributos: […] capacidad para dictar sus propias normas y para autoadministrarse, y sujeción a un marco normativo superior y al control de un ente superior […] En este sentido, la universidad declarada como autónoma cuenta con la facultad del autogobierno, la decisión de políticas internas, la distribución de sus propios recursos, la determinación de los objetivos de su actividad.8 Definir la autonomía universitaria desde su dimensión jurídica implica, por tanto, reconocer la potestad que tienen las instituciones universitarias de darse su propio reglamento, definir sus objetivos internos, administrar sus recursos, respondiendo a un marco normativo que da la regulación general de su misión dentro de los órganos de control administrativo del Estado. Una segunda dimensión de la autonomía universitaria es la autonomía económica, acuñada especialmente durante las últimas décadas, la cual hace referencia a la facultad que tienen las universidades de generar sus propios recursos, sin depender totalmente del tutelaje financiero del Estado. Debido a que la universidad es un agente económico libre para ofrecer sus servicios
7 Krotsch, Pedro (Vol.9: No.4, 2004): 105. 8 Vacarezza (Buenos Aires: CLACSO, 2006): 35.
en el mercado, esta institución es libre de crear empresas propias o mixtas, ofrecer sus servicios a los sectores público y privado, patentar desarrollos, establecer convenios, etc. Esto implica dos cosas: una orientación del modelo de gobierno universitario hacia la gestión empresarial y la sujeción de la universidad a mecanismos de control de su producto –educación-servicios– mediante la evaluación de criterios de calidad frente a las demandas del mercado. Históricamente, el centro de la autonomía universitaria es la autonomía política y esta es entendida como la lucha por la autonomía frente a diversas agencias sociales, tales como el Estado, la iglesia, el mercado, los partidos políticos y los movimientos sociales. Ante esto, la defensa del poder político de la universidad se plantea en dos sentidos: autonomía para tomar sus propias decisiones internas, sin la injerencia del poder estatal, y la legitimidad como agencia rectora para decidir sobre el desarrollo de la ciencia y las profesiones en su territorio.9Por ende, la consolidación de la autonomía política de la universidad se construye a través del cogobierno universitario como democratización de la legitimidad a nivel interno para tomar las decisiones más convenientes para el bienestar colectivo, y la transformación social como misión y responsabilidad asumida de la universidad frente a la sociedad en la que participa. Es así como se entiende en tanto espacio de tensiones y luchas entre los actores universitarios y las otras agencias sociales, del cual emergen diversos significados sobre la institución, la identidad académica, el sentido de pertenencia y sobre la acción social. A partir de la identificación de las dimensiones que la constituyen, es necesario profundizaren la experiencia histórica delas universidades para entender cómo cambian los actores y las luchas en cada escenario, así como identificar los elementos en común de estas experiencias y su aporte para la comprensión de la autonomía universitaria en América Latina.
Bibliografía Kant, Inmanuel. “El Conflicto de las Facultades”. Colección Pedagógica Universitaria. No. 37-38 (2002): 1-22. Krotsch, Pedro. “Los estudiantes universitarios como actores de reformas en América Latina: la cultura de los jóvenes y la crisis de la institución”. Avaliaçāo Revista da Rede de Avaliaçāo Institucional da Educaçāo Superior.9: 4 (2004): 99-119. Le Goff, Jaques. Los intelectuales en la Edad Media. Madrid: Editorial Gedisa, 2009. Plencovich, María Cristina; Quadrelli, Silvia; Bogosián, Claudia; Picco-Plencovich, Pablo Horacio; Berbara, Ricardo; Delgadillo Macías, Javier y González Valadez, Isaí. Algunos atributos de la autonomía universitaria en la Argentina, Brasil y México: otra vuelta de tuerca. Debate Universitario, No. 7 (2015): 69-86. Vacarezza, Leonardo. “Autonomía universitaria, reformas y transformación social”. En: Universidad e Investigación Científica. Editado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Buenos Aires: CLACSO, 2006.
9 Vacarezza. (Buenos Aires: CLACSO, 2006).
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56 Goliardos La revista GOLIARDOS se terminó de imprimir en las instalaciones de GRACOM Gráficas Comerciales ubicada en la Ciudad de Bogotá, Colombia, en la carrera 69K nº 70-76 en el mes de noviembre de 2017. El tiraje es de 300 ejemplares en papel ivory de 90 gramos. Las familias tipográficas usadas fueron: DIN Next LT Pro y Pluto Sans
GOLIARDOS Revista estudiantil de investigaciones históricas Universidad Nacional de Colombia ISSN: 2145-986x Año 23 . Número XXII . 2017
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