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Goliardos - Revista estudiantil de investigaciones históricas nro. XXIII

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ISSN: 2145 - 986 x

. Año 24 . Número XXIII . 2018 .

Apoyan Programa Gestión de Proyectos División de Acompañamiento Integral Dirección de Bienestar Facultad de Ciencias Humanas Sede Bogotá


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GOLIARDOS REVISTA ESTUDIANTIL DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS número XXIII, año 24, 2018 / issn 2145-986x Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias Humanas Sede Bogotá La Revista estudiantil de investigaciones históricas GOLIARDOS, es una publicación de los estudiantes del departamento de Historia de la

Rectora Dolly Montoya Castaño

Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá, es de carácter académico

Vicerrector

con una frecuencia semestral. Busca visualizar el producto de los ejercicios

Jaime Franky Rodríguez

prácticos y reflexivos de los estudiantes y la comunidad académica en general interesada en los estudios históricos, generando un espacio para la difusión y el debate académico.

Director Bienestar Sede Bogotá Oscar Oliveros Jefe de División de Acompañamiento Integral Zulma Edith Camargo Cantor

Contacto GOLIARDOS reihgol_fchbog@unal.edu.co GoliardosUN/ @GoliardosUN goliardos_unal

Coordinador Programa Gestión de Proyectos William Gutiérrez Decana de la Facultad de Ciencias Humanas Luz Amparo Fajardo Uribe Director Bienestar Ciencias Humanas Eduardo Aguirre Dávila

Universidad Nacional de Colombia Cra 45 No 26-85 Edificio Uriel Gutiérrez

Director Departamento de Historia Gisela Cramer

Sede Bogotá www.unal.edu.co

COMITÉ EDITORIAL Editor Docente

Contacto PGP proyectoug_bog@unal.edu.co /gestiondeproyectosUN @PGPunal issuu.com/gestiondeproyectos

Stefania Gallini Dirección Mónica Chacón Edición Gustavo Lozano/ Sebastián Mesa / Daniela Velandia / John Gómez / Nicolás Arias/ Javivi Ruiz /Gabriela Gómez / María José Contreras / Daniel Rodríguez

Los textos presentados en la siguiente publicación expresan la opinión de sus

/ Lina Comba / Jaszir Rusinque / Laura Linares / Marloly Manrique / Edwin

respectivos autores y la Universidad Nacional no se compromete directamen-

Herrera / Tatiana Hernández /Laura Grisales/Kevin Chaparro /Andrés Gómez

te con la opinión que estos pueden suscitar.

Equipo de Colaboradores Julián Gómez Muñoz / Carlos David Ballén Ladino / Laura Ángel García

Derechos de Autor y Licencia de distribución Atribución – No comercial - Sin Derivar

Imagen de portada Le General Hiver, 9 de enero de 1916, En: Le petit journal Imagen de contraportada Murisia Clemarie, pintura, 1783 – 1816, Salvador Rizo Corrección de Estilo Diana C. Luque V. (PGP) Diseño y Diagramación Alejandro Sepúlveda Gauer (PGP) Impresión GRACOM Gráficas Comerciales


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José Nicolá s Ja ra m i l lo Liéva no

L au ra F lórez Hu r tado

Víc tor Ma nuel Pérez Ta lavera

ENSAYO HISTORIOGRÁFICO: LA REGIÓN COMO CONCEPTO EN LA HISTORIOGRAFÍA AMBIENTAL LATINOAMERICANA

TRÓPICO: REFERENTES, IMAGINARIOS Y REPRESENTACIONES

CONFLICTOS Y RESISTENCIA ANTE LA APLICACIÓN DE LAS POLÍTICAS FORESTALES EN LA REGIÓN DE URUAPAN MICHOACÁN DURANTE EL PERIODO CARDENISTA (1934-1940)

Tema principal: historia ambiental


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Sof ía Gra n izo A r ia s

Cr ist ia n Ca m i lo Baquero Vá squez

Nicolá s K atz Tr ia na

PAISAJE Y CIENCIA. LA FIDELIDAD DEL PAISAJE COMO MUESTRA CIENTÍFICA EN EL SIGLO XVIII Y XIX EN EL ECUADOR

LA DEMOCRACIA INCONCLUSA: NOCIONES DE CIUDADANÍA EN LA EXPERIENCIA LATINOAMERICANA

MARTÍNEZ PINZÓN, FELIPE. UNA CULTURA DE INVERNADERO: TRÓPICO Y CIVILIZACIÓN EN COLOMBIA (1808-1928). IBEROAMERICANA, 2016

Tema libre

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Reseña


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editorial

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a edición XXIII de la revista estudiantil de investigaciones históricas se enfoca en la historia ambiental. Este tema, a pesar de que puede resultar desconocido para ciertos campos profesionales, no es nuevo dentro de la historiografía, lo que probablemente no pasaría con la historia política, la historia económica o la historia social. Les tendríamos que presentar una ligera explicación sobre por qué elegir ese tema como el eje de esta edición, partiendo de la misma duda que se generó en algunos de nosotros en algún momento: ¿qué es la historia ambiental? El enfoque más reduccionista, pero no errado, podría decir que la historia ambiental es el proceso de seguimiento a la transformación del medio ambiente a través del tiempo. Lo referente al medio ambiente, como un elemento presente en las relaciones humanas, fue un factor desestimado en el desarrollo de ciertos eventos, pero de un tiempo a acá ha sido permanentemente discutido en la historia ambiental como determinante en el devenir histórico. La historia ambiental se propone, sin embargo, ir más allá: estudiar los cambios producidos en las relaciones antrópicas, la interacción de componentes biológicos externos en el desarrollo de procesos históricos, los espacios geográficos como representación de la sociedad que los habita, entre otras interrelaciones entre la naturaleza consigo misma, con el ser humano y este último en función del espacio.


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Andrés Gómez Comité editorial

¿Por qué, entonces, dedicar la vigesimotercera edición de esta publicación a ese tema? Los historiadores hemos articulado a nuestros estudios nuevos enfoques que presenten aportes al conocimiento de un proceso histórico, vinculando diferentes campos de la historiografía tradicional de manera transversal. No podemos limitar la historia ambiental a la evolución histórica del medio ambiente, sino como una herramienta que permite estudiar fenómenos históricos de manera transversal, independientemente de los aparentes límites entre corrientes historiográficas. La historia ambiental se presenta como ese aporte a la producción historiográfica. Les presentamos a ustedes, en ese sentido, un esbozo de la aplicación de esta corriente historiográfica a un escenario altamente conocido en este editorial: la Segunda Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial ha sido objeto de estudio desde la reconocida táctica militar de la Wehrmacht (“Fuerza de Defensa” en alemán) llamada Blitzkrieg (“guerra relámpago” en alemán). Lo que hacía el ejército nazi era bombardear el te-

rritorio enemigo por medio de una ofensiva aérea, que después se complementaba con una avanzada del ejército en tierra, la cual había sido altamente efectiva en la ofensiva germana. Ante las últimas conquistas en Europa Central, la dirección militar nazi decidió romper el tratado de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética. La Unternehmen Barbarossa (Operación Barbaroja en alemán), con la que se pretendió la invasión de Rusia, inició hacia junio de 1941. La técnica era la misma: un Blitzkrieg que afectara considerablemente al desprevenido Ejército Rojo y, después de la guerra relámpago, una ofensiva militar final que garantizara la conquista del territorio ruso. Los alemanes no contaron, sin embargo, con dos elementos determinantes en su ofensiva: el генерал Зима (General Invierno en ruso) y la распýтица (en ruso raspútitsa). Lo primero generó un ambiente hostil a la avanzada nazi, puesto que la falta de previsión de la armada ocasionó una carente preparación a la estación invernal. Lo segundo es un fenómeno que suele presentarse en primavera y otoño: la filtración del agua pro-


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ducto de la lluvia o el derretimiento de la nieve que convierte el suelo en lodo. Los dos fenómenos ocasionaron considerables traumatismos en el avance militar nazi, que dieron una especial ventaja al Ejército Rojo. El lector posiblemente tendrá, aún, diferentes dudas sobre esta perspectiva, por lo que les presentamos una serie de artículos que abordan lo anteriormente esbozado. Esta edición incluye, en primer lugar, el ensayo historiográfico titulado “La región como concepto en la historiografía ambiental latinoamericana”. El autor, José Nicolás Jaramillo Liévano, presenta un estudio del concepto de región, de acuerdo con las acepciones que se han realizado de este en la producción historiográfica. Teniendo en cuenta que este concepto delimita el espacio geográfico en donde se relacionan los ecosistemas y la humanidad con ellos, se supone de una especial importancia dentro de esta corriente historiográfica. El eje de su artículo es justamente el análisis de los usos de este concepto en los trabajos de diferentes historiadores, quienes presentan estudios de

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caso bajo la óptica de la historia ambiental. Este ensayo es seguido por tres artículos que componen la segunda parte de esta edición: “Trópico: referentes, imaginarios y representaciones” de Laura Flórez Hurtado, “Conflictos y resistencia ante la aplicación de las políticas forestales en la región de Uruapan, Michoacán, durante el periodo cardenista (1934-1940)” escrito por Víctor Manuel Pérez Talavera y “Paisaje y ciencia: la fidelidad del paisaje como muestra científica en el siglo XVIII y XIX en el Ecuador” bajo autoría de Sofía Granizo Arias. En tema libre, Cristian Camilo Baquero Vásquez trabaja en su artículo, “La democracia inconclusa: nociones de ciudadanía en la experiencia latinoamericana”, un estudio para el caso regional de la construcción de estos conceptos en la historia política latinoamericana desde la política y lo político. Los tres artículos trabajan en tres diferentes campos: el de los imaginarios culturales generados por la representación de determinada ubicación geográfica, el segundo vincula la historia social en el marco de las tensiones producidas


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por las políticas de extracción de materia prima en los bosques de Uruapan y, por su parte, el tercero aborda la interrelación entre el paisajismo como elemento de identidad territorial en el paso del Ecuador colonial al establecimiento de la república. Lo anterior, como puede evidenciarse, no aborda únicamente la relación causal de la interacción del medio ambiente en la producción de cambios significativos en el devenir de un proceso histórico, sino que es muestra de la multiplicidad de maneras en que el medio ambiente es factor y elemento en la historia, causa y efecto de los procesos, y objeto mismo de estudio dentro su particularidad. Los tres artículos abordan la permanente interrelación del medio ambiente con el ser humano, la misma relación que se ha encontrado presente siempre, se encuentra presente ahora mismo mientras leemos este editorial y estamos en contacto con infinidad de factores bióticos que nos rodean.

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G o l i a r d o s

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TEMA PRINCIPAL: Historia Ambiental


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ENSAYO HISTORIOGRÁFICO: LA REGIÓN COMO CONCEPTO EN LA HISTORIOGRAFÍA AMBIENTAL LATINOAMERICANA

vista de la sierra nevada de chita o de guicán tomada desde moreno Manuel María Paz - 1856


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José Nicolás Jaramillo Liévano jonjaramilloli@unal.edu.co Estudiante de pregrado en Historia Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá

RESUMEN Palabras clave:

- Historiografía ambiental - Región - Reflexión - Ensayo historiográfico - Latinoamérica - Geografía -

Este ensayo pone en discusión el concepto de región, visto desde la tradición de la geografía, con cuatro investigaciones de historiografía ambiental latinoamericana. Se plantean diferentes formas de entender el concepto propio de la geografía. Asimismo, busca qué ideas de región están presentes en los textos de historiografía ambiental, haciendo una lectura desde el propio concepto. Al final, se plantea una reflexión en torno a la importancia de la consideración del concepto para la historiografía ambiental y la historia en general.

ABSTRACT Key words:

- Environmental History - Region - Reflection - Historiographical essay - Latin America - Geography -

This essay discusses the concept of region, as seen from the geographical tradition, with four Latin American environmental historiography investigations. It proposes different ways to understand the geographical concept. Likewise, it searches which ideas of region are present in the environmental historiography texts, all by performing a reading from the concept itself. At the end it presents a reflection around the importance of the consideration of the concept for environmental history and general history alike.


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INTRODUCCIÓN

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esde comienzos del siglo XX hubo autores, dentro del campo de las ciencias sociales, preocupados por establecer una conexión entre la humanidad y el espacio que habita. Paul Vidal de la Blache, en su corto pero temprano escrito (1913), se refiere a la necesidad de abordar el territorio al momento de escribir historia; el estudio del terreno donde se sitúan los pueblos y donde «los habitantes se han sucedido desde tiempos inmemorables».1 Terreno que contribuirá para ilustrar el carácter y las tendencias de esos mismos habitantes. Más adelante, por ejemplo, Fernand Braudel adoptaría esta idea para sus estudios sobre el mediterráneo.2 De esa semilla −la relación entre la humanidad y el espacio que habita− entre muchas otras, florecería, años después, la historia ambiental. Esta ya no solo se ocupará del espacio y los humanos, sino de los

demás seres vivos (plantas, animales y otros organismos) que habitan el espacio. Teniendo presente lo anterior, el objetivo de este ensayo es reunir ambas tradiciones a través del concepto de región (muy propio de la geografía) en la historiografía ambiental latinoamericana. Para ello, se revisarán cuatro textos de historiografía ambiental,3 en cuyo marco espacial de estudio predomina la región; estos se discutirán, fijándose especialmente en cómo se trata el concepto de región, o si acaso se trata de alguna forma en absoluto. De este modo, se intentarán dilucidar los diferentes conceptos de región, presentes en la historiografía ambiental. Aunque no todos los autores lo pongan de forma explícita o no lo desarrollen a lo largo del texto, sí tienen una particular forma de tomar la región como espacio y como concepto. Por tanto, la hipótesis que se manejará es que la mayoría de la historiografía ambiental latinoa-

1  Paul Vidal de la Blache, “Panorama de la geografía de Francia”. En: Gómez,

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Estos son: Camus, Pablo y Solari, María Eugenia. “La invención de la selva

Josefina; Muñoz, Julio y Ortega, Nicolás (Eds.). El pensamiento geográfico.

Austral. Bosques y tierras despejadas en la cuenca del río Valdivia (siglos

Estudio interpretativo y antología de textos (de Humboldt a las tendencias

XVI-XIX)”. Revista de Geografía Norte Grande, No. 40 (2008): 5-22; Candiani,

radicales) (Madrid: Alianza, 1982): 250.

Vera. “The Desagüe Reconsidered: Environmental Dimensions of Class

2  Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el mundo Mediterráneo en la época de

Conflict in Colonial Mexico”. Hispanic American Historical Review, Vol. 92,

Felipe II. Trad. Mario Monteforte et al. (México: Fondo de Cultura Económica,

No. 1 (2012): 5-39; Funes Monzote, Reinaldo. De bosque a sabana: azúcar,

1995). O puede verse un ejemplo más reciente, sobre Colombia como un

deforestación y medio ambiente en Cuba (1492-1926). (México: Fondo de

«país de regiones» en: Appelbaum, Nancy P. Dibujar la Nación. La Comisión

Cultura Económica, 2004); y Soluri, John. Culturas bananeras: producción

Corográfica en la Colombia del siglo XIX. (Bogotá: Universidad de los Andes

consumo y transformaciones socioambientales. (Bogotá: Siglo del Hombre y

Fondo de Cultura Económica, 2017).

Universidad Nacional de Colombia, 2013).


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mericana o bien maneja un concepto de región natural –bastante útil para la historia ambiental– o bien no le presta mucha atención a la problematización del concepto. Para ello, primero se presentará una breve reflexión teórica desde la geografía y la historia sobre el concepto de región; una segunda parte contrastará esta reflexión con las ideas de región que aparecen en la historiografía ambiental consultada. Por último, las conclusiones apuntarán a una reflexión sobre la problematización del concepto y su utilidad para la historia ambiental latinoamericana y la historia en general.

LA REGIÓN COMO CONCEPTO La relación entre la humanidad y el espacio es problematizada desde el concepto de región; por lo que, para definir este concepto se parte de dos características principales: la funcionalidad y la cohesión. La Funcionalidad, según Etienne Julliard, se da desde el desarrollo económico y social que determina la jerarquía de los espacios; por ende, una región es, primeramente, un espacio funcional.4 Aun cuando la funcionalidad de la región es uno de sus primeros factores de cohesión, esta cohesión está marcada, principalmente, por la acción coordinadora de un centro,

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sea urbano o rural; la nodalidad que ofrece este centro actúa como la fuerza gravitacional que mantiene cohesionada una región, con periferias más que con fronteras. La región, sin embargo, también debe ser vista desde una perspectiva histórica, donde el tiempo es uno de los factores característicos de la misma. Siguiendo a Pierre Dumolard «el principio de existencia de la región es su cohesión en el espacio y en el tiempo».5 A su vez, la dimensión histórica debe ser consciente, tanto de la cultura, como de las relaciones sociales que tejen los humanos que habitan determinada región. Esto es, una región donde hay relaciones humano-espacio pero también humano-humano. Por tanto, otro aporte a tener en cuenta es el concepto de la región cultural. Según Claudio LomnitzAdler la dominación de una clase implica ciertas formas de organización de los espacios; la región cultural es un espacio donde se articula esta dominación de clases.6 En consecuencia, la región como concepto tiene diferentes dimensiones para ser analizada y problematizada; desde los niveles económicos, como la funcionalidad, hasta los culturales,

5

Dumolard, Pierre. “Región y regionalización: una aproximación sistémica”. En: Gómez, Muñoz y Ortega (Eds.) (1982): 455. Cursiva en el texto original.

6  4  Julliard, Etienne. “La Región: ensayo de definición”. En: Gómez, Muñoz y Ortega (Eds.) (1982) 293.

Lomnitz-Adler, Claudio. “Concepts for the study of Regional Culture”. En: Van Young, Eric (Ed.) Mexico’s Regions. Comparative History and Development. (San Diego: Center for US-Mexican Studies, UCSD, 1992): 72.


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como las relaciones de dominación y jerarquía; ello implica que las regiones deben ser pensadas no como un espacio geográfico de ciertas proporciones, sino como hipótesis que deben ser probadas antes que asumidas.7

LA REGIÓN Y LA HISTORIOGRAFÍA AMBIENTAL LATINOAMERICANA En su estudio sobre la deforestación en relación con el azúcar en Cuba, Reinaldo Funes dedica cierto espacio para aclarar lo que él entiende por región: «se toma como marco de referencia espacial el concepto de regiones naturales antes que el de regiones socioeconómicas, que constituyen más bien el resultado de las transformaciones en curso».8 Si bien el autor parte desde la concepción de región natural, en el desarrollo de su obra, se van a ver involucrados elementos de funcionalidad y cohesión. Por ejemplo, la mecanización y el transporte, que llegan con el desarrollo azucarero a la región, hacen parte de lo que Julliard entiende por fuerzas dinámicas que tienen su acción en el espacio, organizando una región. De igual forma, las distintas maneras

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de producción que se dieron a través del tiempo, y la misma transformación del espacio, también ayudan a definir un concepto de región que va más allá de la definición natural, aunque esta le sea útil para su argumento. En consecuencia, la región natural de Funes se ve problematizada por factores sociales, económicos y políticos enmarcados en lo ambiental, los cuales funden, en ella, una problematización y una complejidad que el autor no reconoce desde el principio, pero que sí pone implícitamente en su obra. Por su parte, Pablo Camus y María Eugenia Solari se preocupan por las relaciones entre los bosques y las tierras despejadas en la región valdiviana; por ello, la descripción fuerte de la región es desde la perspectiva natural, a pesar de no ser explícita. Puntualmente, porque la tesis central del texto conlleva la descripción misma de región natural: a la llegada de los españoles, la región tendría muchas zonas despejadas; mientras que para el siglo XIX se tendría una región altamente boscosa, que sin embargo no llevaría más de dos siglos de existencia.9 La dimensión temporal de la región se manifiesta pronto: ya que no fue una región estática, sino con una dinámica ambiental que duraría siglos. Tardíamente, aparecen fuerzas económi-

7  Van Young, Eric. “Are regions good to think?”. En: Van Young (Ed.) (1992): 3. 8

Funes Monzote, Reinaldo. De bosque a sabana: azúcar, deforestación

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Camus, Pablo y Solari, María Eugenia. “La invención de la Selva Austral.

y medio ambiente en Cuba (1492-1926) (México: Fondo de Cultura

Bosques y tierras despejadas en la cuenca del río Valdivia (siglos XVI-XIX)”.

Económica, 2004): 28.

Revista de Geografía Norte Grande. (No. 40 2008): 6.


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cas y sociales en la región, mientras aparece en el imaginario chileno como tierra virgen. Las intervenciones del hombre de manera funcional o a manera de cohesión para la región, definitivamente, no son protagonistas del concepto de región de Camus y Solari, a pesar de que su intervención en el espacio afecte de una manera u otra la idea de región natural. Otro texto es Culturas Bananeras, el cual si bien intenta ubicarse en un marco espacial transnacional, la mayoría de sus acontecimientos ocurren en la Costa Norte de Honduras. Soluri se refiere a esta como una “región específica” y ofrece, antes que nada, una descripción física y natural de la misma. De nuevo, aunque el autor no ofrezca una reflexión teórica del concepto, se pueden leer algunos factores que lo evidencian en su obra. En el caso de Soluri, se presenta una región natural, cruzada por características económicas, culturales y políticas.10 Junto con Funes, presenta mapas para ilustrar la región en cuestión. Sin duda, la dimensión temporal de la región también es protagonista en esta historia. Pero más allá, en la totalidad de la obra, se ven elementos de región funcional –producción y exportación de banano– y de cohesión, brindada

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Soluri, John. Culturas bananeras: producción consumo y transformaciones socioambientales (Bogotá: Siglo del Hombre, Universidad Nacional de Colombia, 2013): 35-38.

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por la presencia de la United Fruit Company. Se trata de una región dinámica en el tiempo, que cambia sus centros de cohesión acorde con la funcionalidad que le da la producción de banano –que no es estática y se traslada en el espacio gracias a las enfermedades e intereses económicos y científicos–. No obstante, al mismo tiempo es una región con características culturales, en la medida en que su organización y su jerarquía están impuestas por un particular sistema de trabajo y tenencia de la tierra. Además, se configura en el imaginario extranjero –particularmente estadounidense– y puede ser vista como representante ideal del resto de Repúblicas Bananeras. Por último, la región, en el texto de Vera Candiani, va a tener una mayor influencia del nivel cultural y de dominación de clases. Como los anteriores autores, Candiani no se va a preocupar por problematizar el concepto de región más allá de la mención del Valle de México como “región clave”. Una descripción histórica de la región en la introducción advierte la presencia humana y el uso del agua como interacción sociedad-naturaleza. Del mismo modo, aparece la región como problema historiográfico –Soluri también aborda esto fugazmente–. Empero, la región del Desagüe aparece como un problema de interacción de clases a nivel ambiental. La utilidad de la región se da a nivel ambiental, por el uso del agua, y se problematiza a través del conflicto de clases alrededor también del agua. La cohesión se ve reflejada en la ciudad como centro gravitacio-


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nal y con su hinterland como “periferia” que es atraída al centro. No obstante, precisamente estas relaciones de funcionalidad y cohesión son la causa de que la región se vea problematizada al nivel de la dominación y los problemas de clase. La coexistencia de dos clases sociales incompatibles en la misma región significa que la organización del espacio va a tener una incidencia directa de estos problemas; hecho del que Candiani es consciente, a pesar de que no lo exprese abiertamente. En consecuencia, la región del desagüe, como concepto, es una de las más completas ya que abarca, desde el nivel natural, hasta el cultural y de la dominación, sin abandonar la funcionalidad y la cohesión de la región.

CONCLUSIONES La hipótesis planteada al principio parecer ser errónea; puesto que si bien hay una predominancia de la región natural en la historiografía ambiental latinoamericana, el concepto no se restringe a este. No es sorprendente que en una historiografía preocupada por los ecosistemas, las plantas y los animales, y sobre todo la relación de la humanidad con ellos, exista un particular interés por describir el espacio en esos términos. No obstante, cuando se mira en perspectiva histórica y aparecen los hombres, las mujeres y las instituciones en juego, es muy difícil limitarse a un concepto de región natural. A lo anterior hay que incluirle el hecho de que el con-

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cepto de región solo aparece al inicio de los textos, muchas veces fugazmente, y su presencia en los textos es mayoritariamente implícita, alejándolo del protagonismo y restringiéndolo a ser un concepto de marco o escala espacial para las investigaciones. En ese orden de ideas, la historia ambiental se beneficiaría ampliamente de problematizar el concepto de región en América Latina, más allá de su concepción natural. Hacer explicita la existencia de una u otra región con características ambientales, sociales, políticas, económicas y culturales enriquecería mucho la historiografía. Por ello, no se debe tomar la palabra región como el área que se trabaja de momento o como un espacio geográfico más grande que una localidad pero más pequeño que un Estado; sino – como lo propone Eric Van Young para el caso de México– como una hipótesis que se debe probar en vez de ser asumida; con características teóricas particulares para cada caso, pero que resuelvan la tensión entre la generalización y la particularización.11

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Van Young (Ed.) (1992): 5.


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Bibliografía Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II. Trads. Mario Monteforte et al. México: Fondo de Cultura Económica, 1995. Camus, Pablo y Solari, María Eugenia. “La invención de La Selva Austral. Bosques y Tierras Despejadas en la Cuenca Del Río Valdivia (siglos XVI-XIX)”. Revista de Geografía Norte Grande. No. 40 (2008): 5-22. Candiani, Vera. “The Desagüe Reconsidered: Environmental Dimensions of Class Conflict in Colonial Mexico”. Hispanic American Historical Review Vol. 92, No.1 (2012): 5-39. DOI: 10.1215/00182168-1470959. Funes Monzote, Reinaldo. De bosque a sabana: azúcar, deforestación y medio ambiente en Cuba (1492-1926). México: Fondo de Cultura Económica, 2004. Gómez, Josefina; Muñoz, Julio y Ortega, Nicolás. (Eds.). El pensamiento geográfico. Estudio interpretativo y antología de textos (de Humboldt a las tendencias radicales). Madrid: Alianza, 1982. Soluri, John. Culturas bananeras: producción consumo y transformaciones socioambientales. Bogotá: Siglo del Hombre, Universidad Nacional de Colombia, 2013. Van Young, Eric (Ed.) Mexico’s regions. Comparative history and development. San Diego: Center for US-Mexican Studies, UCSD, 1992.


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TRÓPICO: REFERENTES, IMAGINARIOS Y REPRESENTACIONES

provincia de barbacoas Manuel María Paz - 1853


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Laura Flórez Hurtado lflorezh@unal.edu.co Estudiante de pregrado en Historia Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá

RESUMEN

Palabras clave:

- Trópico - Cultura - Eurocentrismo - Clima mental - Encuentro -

Este texto se propone realizar una breve aproximación a la construcción del concepto de trópico, desde el suceso ocurrido en 1492 con el Descubrimiento (o el encuentro) de América y sus consecuencias en el sistema global de existencias culturales. Teniendo como base a diversos autores que han trabajado la disciplina que hoy se conoce como historia ambiental, y partiendo desde nociones del estructuralismo y constructivismo sociológico, el artículo pretende dar cuenta del desarrollo histórico y las representaciones del concepto de trópico en la mentalidad occidental.

ABSTRACT Keywords: - Tropic - Culture - Eurocentrism - Mentality - Encounter -

This work is a brief approximation to the concept of tropics construction’s processes since the 1492 America’s Discovery (or America’s encounter) and its consequences in the global system of cultural existences. Based on various authors who have worked on the discipline now known as environmental history, and starting from notions of structuralism and sociological constructivism, this article pretends to look for the historical development and the representations of the concept of tropics in the Western mentality.


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INTRODUCCIÓN

E

n numerosas ocasiones, la historia y el conocimiento científico, en su faceta histórica, se han visto volcados inexorablemente a asumir un papel de legitimación del conocimiento y, más aún, han funcionado como un instrumento de justificación del presente para los grupos que buscan hacerse con la verdad histórica1. Para este ejercicio, visto desde un modelo enfocado en el imaginario europeo u occidental sobre el territorio americano, se toma en cuenta esta noción, a la vez que se entiende que la historia ambiental, como rama de la historia en desarrollo desde la Escuela de los Annales, ofrece las herramientas de entendimiento de la problematización planteada con respecto al entendimiento del trópico como un concepto creado en los imaginarios ambientales de Occidente respecto al Nuevo Mundo. La historia ambiental o la cuestión ambiental en la historia ha sido definida desde diferentes enfoques, los cuales han dado lugar a variedad de estudios, relacionando a los seres humanos –agentes antrópicos– con su medio ambiente. Desde los años setenta en el siglo XX, la que también ha sido denominada como

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historia ecológica se ha establecido en medio de coyunturas de crisis ambientales y movimientos ecologistas, dando espacio al medio ambiente como un factor que modela formas de vida y relación en los seres humanos2. En otras palabras, podría decirse que la historia ambiental se enfoca en el estudio comparado de los mecanismos mentales y biofísicos, en la relación de dependencia entre sistemas sociales y sistemas naturales. El eje fundamental de la historia ambiental, la cual pretende trabajar sobre la extensa duración, es la relación entre el hombre, sus actos, sus emociones y su historia, y la evolución del ecosistema que habita. Lo que interesa de manera preponderante en la elaboración de este artículo es uno de los supuestos que se han elaborado sobre esta Historia Ecológica, y que pretende afirmar que la visión que los agentes antrópicos tenemos del mundo es una construcción social que refleja, de cierta manera, la organización de la sociedad, siendo así la concepción que tenemos de la naturaleza, como una creación de nuestra mente, y así, una concepción his-

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El trabajo de los historiadores franceses evidencia este interés. En los célebres textos de Emmanuel Le Roy Ladurie, Les paysans de Languedoc (1966); y de Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en

1  Esta idea se encuentra claramente dilucidada a lo largo del texto del profesor

la época de Felipe II. (México, Fondo de Cultura Económica, 1997), se puede

Mauricio Nieto, “Poder y conocimiento científico: nuevas tendencias en

apreciar un genuino interés por establecer la influencia del medio ambiental

historiografía de la ciencia”. Historia crítica. 10 (1995): 3-14.

en las formas de vida y relación de los seres humanos.


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tórica3. Este tipo de historia refleja y da vistas sobre las representaciones e imágenes sobre el medio natural, y se enfoca en entender, desde un enfoque cultural e intelectual, cómo estas revelan rasgos característicos de la sociedad que les ha creado4. Representaciones e imaginarios se conjugan para dar paso a una aproximación para el entendimiento de la mentalidad que aquí es objeto de estudio, en una relación de significación mutua. Como construcción intersubjetiva de un objeto de estudio –para este caso, el trópico–, el imaginario trasciende al sentido de la imagen, puesto que esta se relaciona con la representación y aquella con el sentido otorgado a toda una vida de formas, sentimientos, percepciones, motivos para las acciones e interacciones, necesidades y deseos5. De acuerdo con lo anterior, este artículo se plantea reconstruir, brevemente, un concepto como el de trópico, teniendo en cuenta las nociones de la historia ambiental expuestas anteriormente, y entendiendo, para ello, el papel de los imaginarios ambientales para la configuración de un espacio geográfico en el Descubrimiento de América en 14926.

3  Un análisis más sucinto y profundo a este respecto se puede encontrar en el libro introductorio de Manuel González de Molina. Historia y medio ambiente (Eudema, 1993). 4

Esta idea es desarrollada en McNeill, John R.. “Naturaleza y cultura de la historia ambiental”. Nómadas (Col). No. 22 (2005): 13. Más información con respecto a las manera de hacer historia ambiental se puede encontrar en Meléndez Dobles, Silvia. “La historia ambiental: aportes interdisciplinarios y balance crítico desde América Latina”. Cuadernos digitales: publicación electrónica en historia, archivística y estudios sociales (Vol. 7, No.19, 2002): 1-48. También se pueden encontrar aportes interesantes en González de Molina. Historia y medio ambiente (1993).

5  Estos aportes son presentados en un interesante estudio realizado en la Universidad de Caldas, por Luz Elena Ospina y Napoleón Murcia, “Imaginarios ambientales: voces emergentes desde la vida cotidiana”. Revista Luna Azul (No. 26, 2008): 60. Un trabajo filosófico que deja claro el campo de deseo, posibilidad, significado y significante en la relación imaginario y representación, en su concepto acuñado de “pregnancia simbólica” es Ernst Cassirer, Filosofía de las formas simbólicas (México: Fondo de Cultura Económica, 1998). Claro está que, para aproximaciones más precisas respecto al concepto de trópico aquí trabajado, la importante obra de Stephen Greenblatt, Maravillosas posesiones: el asombro ante el Nuevo Mundo. (Marbot Ediciones, 2008), dicta compases adecuados para el entendimiento de la función de la imaginación en la vida humana, enfocada en los viajes y los viajeros interoceánicos del siglo XV en adelante. 6

Debe decirse que la idea de descubrimiento de América se entiende en un sentido mutuo y no excluyente. La reevaluación y crítica del planteamiento se encuentra con más detalle en O’gorman, Edmundo. La invención de América (Fondo de cultura económica, 2010).


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Con tres secciones, este trabajo pretende, en primer lugar, realizar una reflexión teórica sobre la manera de abordar el concepto de trópico, utilizando las corrientes sociológicas, expuestas en Émile Durkheim y en Pierre Bordieu, enmarcándolas en las propuestas del historiador ambiental Paul Sutter; en un segundo espacio, dar cuenta de algunos referentes o concepciones sobre la idea de trópico durante el siglo XV y XIX, planteando el largo plazo; finalmente, explicar la manera en la que estas concepciones pueden ser contrastadas en productos culturales vistos, esencialmente, en las obras literarias desde las cuales se ha erigido el ejercicio investigativo: La Divina Comedia de Dante Alighieri, divulgada pocos años antes del primer viaje de Colón; El Decamerón, obra de Giovanni Bocaccio, que da cuenta del modus vivendi en el siglo XIV, y La Tempestad, obra del inglés William Shakespeare, presentada en el siglo XVII, fundamental en el entendimiento del Nuevo Mundo desde Occidente. Por último, se ofrece una conclusión del trabajo investigativo realizado, ahondando en la reflexión esencial acerca del papel que ha jugado la historia en la construcción de los imaginarios y mentalidades colectivas en el escenario histórico del Descubrimiento de América.

EL CONCEPTO DE TRÓPICO

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abre las puertas de la interpretación a ciertas hipótesis de suma relevancia para el trabajo, pues brinda luces acerca del porqué de un imaginario. Como vuelta, el trópico es la posibilidad que Colón descubre al pasar a través de las antípodas occidentales hacia ese hemisferio inexplorado en donde se enunciarán habitantes, formas de vida y categorías mentales particularmente imaginadas. La cualidad de las antípodas es la de invertir (dar vuelta); es una especie de lógica al revés que permite imaginar mundos posibles, en el enfrentamiento con lo desconocido, pero protegiendo el andamiaje simbólico-cultural que sostiene la estructura social de la época7. En un estricto sentido biológico, el trópico hace referencia a una zona del planeta Tierra, ubicada en los paralelos que atraviesan las latitudes donde la eclíptica y la esfera de la Tierra se cruzan; además de caracterizarse, tanto por su clima, como por sus condiciones biogeográficas. Así, la palabra trópico se constituye como una categoría ecológica en un vasto y complejo espacio cultural: es tanto la vuelta como el reverso del mundo conocido; es la antípoda de conocimiento, de lo considerado sa-

7

Uno de los aportes más interesantes al respecto del estudio de las antípodas en el Nuevo Mundo es el del profesor Vignolo, Paolo. “Nuevo mundo: ¿un

Trópico, como palabra, proviene del latín tropĭcus y este, a su vez, se deriva del griego τροπικός, que significa ‘vuelta’. Esta breve revisión etimológica

mundo al revés? Las Antípodas en el imaginario del Renacimiento”. El nuevo mundo. Problemas y debates, Diana Bonnett y Felipe Castañeda (Eds.) (Bogotá: Universidad de los Andes, 2004): 23-60.


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grado, limpio y correcto, y mientras existe otorga un lugar al espacio imaginado del paraíso terrenal. En el viaje de los colonos, quienes zarpan esperanzados en la trascendencia existencial nacida de la creencia colectiva y enraizada en la misma propiedad cultural, el mito termina por ajustarse como un molde a la mentalidad de su contexto histórico, a través del rito que es el viaje en su amalgama de emociones y productos8. De esta forma, para que el conocimiento o la ciencia tengan eficacia, necesitan como fuente el mito y el principal elemento constitutivo para el estudio histórico: la obra que se da durante el viaje. Ciertamente, existe una comunidad estructurada que confía en el carácter mágico de la antípoda que es América, pues sus representaciones y productos culturales han definido imaginarios colectivos que reafirman su existencia. El ejemplo de la reafirmación por vía religiosa que acaba por construir cultura se observa con claridad en cartografías y obras literarias9. De la misma manera en la que hay interés político en el concepto,10 por el poder que sostiene, se alcanza la vía vocacional del conocimiento científico.11 La creación de ciertos imaginarios ambientales, que se mantienen en el tiempo, surge desde una suerte de esfera religiosa que se erige alrededor del trópico americano. De acuerdo con lo anterior, la colectividad, productora de cultura por la vía religiosa, permite que el imaginario se constituya en lo que hoy se llama ciencia; por lo que la ciencia es validada por la institucionalidad de la Iglesia católica, cuyo papel

8  Para más referencias sobre dichas composiciones del viaje desde sus personajes, emociones y productos, es pertinente revisar el trabajo de Martínez, José Luis. Pasajeros de Indias: viajes transatlánticos en el siglo XVI. (Madrid: Alianza, 1983). 9  Como es expuesto en Vignolo (2004)., para el caso, los mapamundi T en O representan la conciliación entre teología y geografía, antes del Descubrimiento. Así, configuran el espacio de las geografías imaginadas de las antípodas. El ejemplo es el mapamundi del “Beato de Liébana” del Burgo de Osma (1086). 10

Se puede ahondar en el significado de esta observación en Weber, Max; Aron, Raymond y Rubio Llorente, Francisco. El político y el científico (Madrid: Alianza, 1998), con una remisión específica a La ciencia como vocación y La política como vocación, ambos ensayos del científico alemán, que surgen en el marco de actos discursivos durante la revolución alemana, y recopilados en la obra citada.

11

Reflexiones en torno a esta afirmación se encuentran en Nieto, Mauricio. “Poder y conocimiento científico: nuevas tendencias en historiografía de la ciencia”. Historia crítica, No. 10 (1995): 3-14.


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es reafirmar el carácter mágico –evolucionando en religioso– del trópico. De tal forma que se establece una cultura alrededor del concepto, y es una cultura de poder.12 En el reciente desarrollo de la historia ambiental sobre los trópicos, se ha utilizado el concepto de trópico como categoría para establecer las diferencias con el resto de las zonas geográficas, ecológicas y raciales.13 Para Paul Sutter, historiador norteamericano, quien ha investigado ampliamente el problema de la comprensión del trópico como un imaginario occidental, la construcción de este concepto como categoría ambiental se ha dado en términos imperialistas por ciertos agentes antrópicos en determinados lugares de enunciación –que son las zonas templadas–.

12  Con cultura de poder se pretende referenciar, principalmente, el análisis de Pierre Bordieu, quien partiendo del materialismo histórico de Marx –y puntualmente de La crítica a la economía política –, acude al término de capital

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Sutter argumenta su visión acerca de los trópicos como una categoría ambiental que necesita ser entendida por su amplio y significante contenido histórico y cultural, y no simplemente como una descripción objetiva de un único espacio geográfico y ecológico. Reclama y aboga, en otros términos, la existencia de una historia ambiental del trópico. En su texto, clave para entender el pensamiento sobre el trópico, Sutter ubica una historia cronológica para el entendimiento de la tropicalidad, como él denomina a la manera de concebir el objeto de estudio. En referencia a esto, es importante decir que las fuentes que utiliza para dar cuenta de la evolución del imaginario ambiental, dan paso a una importante caracterización moderna de los trópicos, la cual, aunque no viene al caso para este ejercicio, existe como un importante ejercicio que, combinado con las fuentes de interés, puede dar paso a otra problematización sobre este espacio imaginado.

para brindarle desarrollo en el marco cultural. La cultura, para Bordieu, cumple con los requisitos de un mercado, contando con productores y consumidores,

CONCEPCIONES SIGLO XV-XIX

y teniendo un producto esencial: el símbolo. Cuando el símbolo es consumido, legitima a los agentes que lo crean a través de la posesión del capital; por ende, el mecanismo hipotético opera de forma muy similar: la lucha entre grupos surge en medio de la construcción simbólica del capital cultural, que enfrenta las construcciones de mundos sociales y sus representaciones para cada agente del mercado. Más al respecto se puede encontrar en Bourdieu, Pierre. Capital cultural, escuela y espacio social. (México: Siglo XXI editores, 1997). 13

Sutter, Paul S. The Tropics: A Brief History of an Environmental Imaginary. (Oxford: The Oxford Handbook of Environmental History, 2014): 179.

La emergencia del trópico como concepto y su desarrollo principal, datado entre los siglos XV y XIX, deja entrever un hecho sin el cual resulta ininteligible el encuentro de los mundos: la construcción de modelos e imaginarios sociales desde el territorio bajo las condiciones dadas en un espacio geográfico. Este es el caso del trópico como concepto y como territorio, caso


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que está mediado por el interés científico eurocéntrico, el cual toma forma de la mano de la avanzada en el dominio del territorio americano. Para tal objetivo, el entrelazamiento entre lo celestial y lo terrestre es fundamental; así, el trópico es tan agua como tierra. En el inicio de la conceptualización hacia el siglo XV, con el auge marítimo, lo tropical no podía si no ser medido por los tiempos en el agua. Por lo que la construcción del trópico como imaginario inicia con las exploraciones marinas, la llegada a territorios isleños o al cruce ecuatorial, la expectativa del descubrimiento, el bautizo y sueño tropical14. El océano es el elemento cohesionador que aporta su testimonio acerca de las gestas que proporcionan la unión de muchos mundos posibles: Nuevo y Viejo Mundo, mundo material e inmaterial, mundo natural y mental. Entendiendo que las múltiples formas de existencia del trópico están delimitadas, no solo geográficamente, sino bajo imaginarios ambientales de los agentes que le construyen, frontera es un concepto puntual para la explicación y expresión de la correlación entre agentes antrópicos y no antrópicos en la consolidación de los imaginarios colectivos con respecto a las cuestiones ambientales. La frontera, entendida desde un punto de vista geográfico, así como un concepto socialmente construido –ahí su relación

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con el concepto de trópico–, representa un punto lleno de misterio, de acciones y agentes sumamente peculiares, y de dinámicas que reflejan su diferenciación con el resto de la órbita terrestre, las cuales exponen con claridad los intereses humanos y no humanos de la tendencia al cambio en todo los sistemas. La frontera, por ende, es el espacio intangible que se carga de significados y significantes para el desarrollo de todos los acontecimientos que vienen al caso del encuentro, donde se gestan las ideas, y donde todo empieza. Es un espacio que separa y une; un lugar biológico y social de enunciación, el cual funciona de trasfondo: siempre está presente. El hambre o la imperiosa lucha por la supervivencia en un territorio que se pretende pero que no se toma como propio por estar en la frontera, conforman ejemplos válidos y dignos de recalcar. Estos elementos se establecen, en su conjunto, como aspectos claves en la construcción del espacio histórico, el cual termina por dar paso al imaginario colectivo.15 A través de entornos sociales e imaginarios colectivos, la identidad se genera como una

15

Análisis más detallados acerca de la construcción del espacio histórico en un territorio fronterizo pueden encontrarse en Vignolo, Paolo y Becerra, Virgilio. Tierra Firme: El Darién en el imaginario de los conquistadores (Universidad Nacional de Colombia, 2011); y en Mena García, Carmen. “La frontera del hambre: construyendo el espacio histórico del Darién”.

14

Sutter (2014): 181.

Mesoamérica (Vol. 24, No. 45, 2003): 35-65.


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parte fundamental de lo que se denomina referente cultural.16 Para este caso, el imaginario ambiental americano constituye el entorno social que identifica, bajo las nociones territoriales y geográficas, a los habitantes del espacio histórico. Además, el referente se establece como un modelo y acto de comportamiento en sociedad, a través de ideas estereotipadas e ideologías de control. Por ello, las situaciones históricas mediadas en la cultura y la ideología constituyen la nación, para el caso, la nación tropical; una nación imaginada y que provee identidad a través de la cultura compartida. Aunado a lo anterior, el trópico se convierte en el paraíso prometido, por las características biogeográficas que lo componen, y que dan paso a movimientos económicos y sociales en una tremenda estructura social. La creación de referentes culturales se da, entonces, desde imaginarios ambientales compartidos, creados en un centro de dominación y usados en el medio de consumo social. La existencia marcada en conceptos de superioridad nace en el encuentro, y ese es precisamente el inicio y auge del eurocentrismo. El mundo imaginado en las antípodas es posible por el clima mental de la zona de poder que lo

enuncia. Antes de América, en la mentalidad de Occidente el fin del mundo estaba cerca, y es por esto, entre otras razones, que se emprenden viajes en búsqueda del Edén. El encuentro es fascinante, la riqueza química está en las puertas de Europa, la redención del pecado original es posible; mientras que los imaginarios deben llenar el espacio dando sentido a la experiencia antes y después del viaje. Además, como son a la vez maneras de sobrevivir, se convierten maneras de relatar y narrar la historia.

16

17

Como referente cultural, se entiende la composición y el entorno de un

CONTRASTACIÓN EN PRODUCTOS CULTURALES La literatura, que para el ejercicio se funde en un supuesto aproximado al funcionalismo-estructuralismo del siglo XX,17 otorga una herramienta de estudio que profundiza más en la psicología, puesto que es uno de los medios de comprensión y explicación del mundo desde el entendimiento personal de la representación, aun cuando es mediado por la censura y el prohibicionismo. El espacio de creación de cada obra es una fuente de información muy relevante, la literatura de caballería, que alimenta y se alimenta

Para el análisis sociológico del concepto, se utilizan las tesis planteadas en

imaginario social, que brinda identidad a través de su caracterización y

Durkheim, Emile. Las formas elementales de la vida religiosa. (México: Fondo

reconocimiento.

de Cultura Económica, 2012).


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de imaginarios en representaciones colectivas, no es simple y llanamente, en esa medida, una literatura de escape al sentimiento y mentalidad fruto de la disonancia cultural del encuentro-desencuentro. En el viaje de los colonos, es literatura para dar traducir la experiencia de cara a una serie de expectativas culturales que emergen al otro lado del océano y se exacerban en el colectivo consonante.18 El instrumento tecnológico del conocimiento que se equipara a la literatura y que funciona como una fuente diversa y cargada de significantes es el mapa;19 un mapa que tiene un papel fundamental en la difusión del conocimiento antes y después del descubrimiento en América.20 En los inicios del siglo XVII, W. Shakespeare publicó La Tempestad, obra que, inmersa en la crítica a la lógica colonialista española, sugiere el ambiente tropical como una herramienta crecientemente utilizada para la locación simbólica de los paisajes y las aspiraciones idealizadas de la imaginación occidental.21 Tal imaginario ubica a América en unas ciertas antípodas de supervivencia. Después de los primeros viajes, las mutaciones biológicas concebidas en el Viejo Mundo atacan más fuerte a los propios europeos, pues han mutado nuevamente y ahora caracterizan al Nuevo Mundo, tanto como evolucionan los miedos y las ideologías impartidas en la generación de artefactos de poder. Colindan, entonces, los conceptos de conquista

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Al respecto, un texto muy interesante de análisis se encuentra en Rodríguez Prampolini, Ida. Amadises de América: hazaña de las Indias como empresa caballeresca (México: Academia Mexicana de la Historia, 1990). También, personificando esta experiencia en una obra literaria, se encuentra el texto del profesor Páramo Bonilla, Carlos Guillermo. Lope de Aguirre, o la vorágine de Occidente. Mito, selva y racionalidad (Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2009).

19

En el artículo de Gómez Martín, Jorge Ángel. “La cartografía como instrumento de poder en la época de los Reyes Católicos”. Revista de estudios colombinos (No. 11, 2015): 131-142, se pueden encontrar consideraciones importantes del mapa como instrumento tecnológico, y la cartografía como instrumento del poder.

20

Las nombradas cartografías, como fuente de estudio, deben remitirse, en primera instancia, a la enunciación del mapa: en dónde se realiza, quién lo realiza, por qué, cuándo y para qué. ¿Es un instrumento de viaje, o un medio difusor de conocimiento? ¿Un documento de uso público o privado?

21

Conceptualizaciones acerca de la obra de Shakespeare pueden encontrarse en Grove, Richard H. Green imperialism: colonial expansion, tropical island Edens and the origins of environmentalism, 1600-1860. (Cambridge University Press, 1996).


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biológica22 y de construcción de imaginarios sobre el territorio. La tropicalidad, vista desde un caso como es el americano, ligado, por ejemplo, al de la esclavitud africana –que se fundamenta en el cuerpo acorde para trabajar en zonas tropicales–, constituye un discurso en sus décadas emergentes, el cual ubica, no solo al hombre blanco, sino a la fauna, a la flora y a las características naturales europeas en la cima del mundo; el imperialismo formado desde imaginarios ambientales y culturales.23 En otros aspectos, el significado de América para el Viejo Mundo no se limita, como se ha dicho, a formas meramente económicas, políticas o sociales. La actividad tecno-científica que hace parte del cúmulo de experiencias gobernadas desde Europa ha tomado gran peso en la explicación del encuentro de los mundos en los últimos años.24 En tanto los artefactos, vistos en conjunto con el choque de saberes y la historia natural, al servir de espejo en el intento de domesticación,

22

El término de conquista biológica, muy discutido en ámbitos académicos, se encuentra acuñado en Crosby, Alfred W. El intercambio transoceánico: consecuencias biológicas y culturales a partir de 1492 (Vol. 16, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991).

23

Sutter, (2014): 183.

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El texto de Mauricio Nieto Olarte, “Ciencia, imperio, modernidad y eurocentrismo: el mundo atlántico del siglo XVI y la comprensión del Nuevo Mundo” Historia Crítica (No. 39, 2009): 12-32, brinda grandes luces acerca del problema de la comprensión del Descubrimiento.

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constituyen una manera sumamente completa de acercarse al desarrollo científico e intelectual, se termina por definir los sistemas naturales y sociales en América, así como la manera en la que estos son percibidos y tratados en adelante.

CONCLUSIÓN Las aproximaciones teóricas que se han presentado en este trabajo, el cual busca mezclar fuentes célebres, referentes al Descubrimiento de América, con recientes investigaciones en el marco de los estudios culturales, han traído consigo la presentación y el desarrollo de una hipótesis vista en un exhaustivo texto de historia ambiental sobre el trópico: que este, como categoría, ha sido construido con base en mentalidades enmarcadas en los contextos históricos de los grupos que hegemónicamente han tenido el monopolio del conocimiento. En esa misma medida, la reflexión sobre el ejercicio busca motivar al lector a desenmarañar y desprender del claustro esta historia en construcción, desde la proposición de fuentes con una especificidad no académica en algunos casos, o no canónica, en otros, para la contrastación autónoma de los postulados, necesariamente acompañada del descubrimiento de nuevos actores, agentes y sujetos que se construyen en el tiempo para la contemplación –muy útil para el ejercicio histórico– de las maneras de vivir y concebir el espacio histórico de quienes ya han escrito la historia.


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El problema de la comprensión y el estudio de un tema con tantas vertientes, aún ubicado en un periodo histórico delimitado, ha sido enunciado como un problema de índole hermenéutico, respecto a la manera en la que los problemas históricos relacionados con el Descubrimiento han sido tratados. Desde allí, que la comprensión pueda servir como una alternativa para entender la conquista del Nuevo Mundo como un problema epistemológico, en el cual las prácticas científicas jugaron un papel esencial. En la comprensión de América, está implícito un acto reflexivo que no se puede limitar al proceso de aprehensión o comprensión de algo externo, sino que se trata de un proceso en el cual participan activamente y se transforman, tanto el sujeto que comprende, como los objetos de la comprensión. Es un proceso en el cual, de manera simultánea, se construyen los agentes y los objetos de la apropiación. 1492 es una fecha en la cual debemos recordar tanto el “descubrimiento de América” como el de Europa.25 Para cerrar, las problemáticas abordadas no deben ser reducidas en determinismos; por el contrario, estas requieren un amplio espectro de visión, entre ideologías, territorialidades y rasgos biológicos desarrollados en el marco cultural, temporal y espacial del encuentro de América.

25

Nieto Olarte (No. 39, 2009): 30-31.


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CONFLICTOS Y RESISTENCIA ANTE LA APLICACIÓN DE LAS POLÍTICAS FORESTALES EN LA REGIÓN DE URUAPAN MICHOACÁN DURANTE EL PERIODO CARDENISTA (1934-1940)

sin nombre Gregorio Gutiérrez - En: Aures, 1890


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Víctor Manuel Pérez Talavera vic_aute@hotmail.com Ejecutivo del Estado de Michoacán Dirección de Archivos, México

RESUMEN

Palabras Clave:

- Forestal - Políticas - Conflictos - Uruapan - Michoacán -

El siguiente trabajo tiene como objetivo analizar la disputa por el aprovechamiento de los bosques en el municipio de Uruapan. Así como los conflictos que se dieron entre los representantes de las compañías madereras, la clase política y el gobierno federal; y, a pesar de que este último buscó organizar la explotación forestal que se realizaba en esta zona del estado de Michoacán, se enfrentó a la resistencia e inconformidad por diversos sectores de la sociedad, motivo por el cual buscó los mecanismos legales necesarios para la aplicación del marco jurídico forestal.

ABSTRACT Keywords:

- Forest - Politics - Conflicts - Uruapan - Michoacán -

The following work has aim to analyze the dispute over the use of forests in the township of Uruapan. As well as the conflicts that occurred between the representatives of the wood trading companies, the political class and the federal government; and, in spite of the latter sought to organize the logging that was carried out in this area of the state of Michoacán, it faced resistance and nonconformity by various sectors of society, for which reason it looked for the necessary legal mechanisms for the application of the forest legal framework.


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INTRODUCCIÓN

A

partir de la década de los años treinta del siglo XX, en México, se empezaron a diseñar diversas políticas enfocadas en conservar y proteger los bosques, y el estado de Michoacán fue el escenario que sirvió como base para la aplicación de los primeros lineamientos jurídicos para la organización y el aprovechamiento forestal del país, esto pude apreciarse a partir del gobierno del general Lázaro Cárdenas en Michoacán (1928-1932) y posteriormente con su ascenso a la presidencia de la República mexicana (19341940). No obstante, estas medidas de organización forestal trajeron consigo varios problemas y resistencia para acatar las disposiciones del gobierno. La inconformidad de algunos sectores como el industrial no se hizo esperar, aunado al descontento de algunas comunidades, quienes mostraron su rechazo, debido a que se sintieron vulneradas y limitadas para aprovechar libremente los recursos del bosque. Lo anterior generó una compleja relación entre los pobladores y el Ejecutivo federal, la cual se vio traducida en una pugna por los derechos del bosque. En el siguiente apartado, se aborda la problemática que ocasionó la restricción de la explotación de los montes del municipio de Uruapan, perteneciente al estado de Michoacán, México. Así como el conflicto que mantuvieron los campesinos en contra de las autoridades forestales, a quienes acusaron de obstruir, de manera delibe-

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rada, las actividades de trabajo que desempeñaban en el bosque. Asimismo, se analiza la forma en la que algunas comunidades y organizaciones civiles fueron utilizadas políticamente por actores políticos para defender sus negocios, esto como una forma de presionar al gobierno de Lázaro Cárdenas para que desistiera de imponer la restricción de la explotación a los bosques. Para este estudio, fue necesario el apoyo de la historia ambiental, entendida no solo como la relación entre hombre-naturaleza y su continuo cambio, sino también como las decisiones institucionales y la creación de normativas jurídicas relativas al manejo y la protección del medio ambiente. Es precisamente a través de esta línea de investigación que se analiza la complejidad del sector, en la zona forestal de la ciudad de Uruapan, Michoacán, tomando como punto de referencia el impacto social que generó la aplicación de las políticas forestales en el estado.

RESISTENCIA A LA APLICACIÓN DE VEDAS FORESTALES A partir de 1937 año en el que entró en vigor la veda forestal en los montes de la ciudad de Uruapan –el municipio de Uruapan a inicios del siglo XX se caracterizó por su vegetación y sus extensos bosques, localizado en la zona oeste del estado de Michoacán, situado a una altura promedio de 1,620 metros sobre el nivel del mar (msnm) con un territorio que abarca una extensión total


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de 954.17 kilómetros cuadrados–, algunos madereros en la región rechazaron inmediatamente la aplicación de dicha normativa; incluso, de manera directa, confrontaron las disposiciones del general Cárdenas a través de la conformación de organizaciones civiles, las cuales tenían como objetivo refutar públicamente la política forestal del gobierno.1 El 28 de diciembre de 1937, José Antonio Márquez, representante legal de la firma maderera “J. Antonio Márquez y Cía.”, establecida en la ciudad de Uruapan, rebatió la disposición de la autoridad y pidió que se considerara, cuando menos, no emplear la normativa en los bosques de los municipios de Uruapan y Parangaricutiro –la veda fue decretada por un lapso de 20 años y comprendía los municipios de Uruapan, Paracho, Taretan, Ziracuaretiro, Parangaricutiro, Tingambato, Nahuatzen, Cherán, Charapan y

1  Las vedas durante el periodo cardenista tuvieron como finalidad preservar los recursos forestales en aquellos lugares en donde la explotación de estos representaba un severo problema en el equilibrio ecológico. Ante esta problemática, el gobierno implementó diversos mecanismos legales para intentar detener la deforestación en la entidad. Cabe mencionar que las vedas forestales tenían fundamento constitucional a través de la Ley Forestal

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Tancítaro–, donde tenía intereses particulares. Márquez era presidente de la Liga de Comités Agrarios en Uruapan, y su capacidad como líder quedó de manifiesto cuando logró capitalizar el apoyo de la Liga de Comunidades Agrarias y de los Sindicatos Campesinos del Estado de Michoacán “mostrando músculo”, como se dice en la jerga política, y desde luego con la intención de ejercer presión al gobierno.2 José Márquez, a manera de reclamo, en una misiva que dirigió al Gral. Cárdenas, expresó su descontento con las políticas que venía aplicando en la entidad, debido a que argumentaba haber invertido una suma considerable de dinero en la explotación de los bosques en la región de Uruapan. El empresario señalaba que todos los movimientos burocráticos en su momento se habían realizado de acuerdo a los procedimientos que la Subdelegación Forestal en la ciudad de Uruapan le había exigido. Además de haber cubierto todos los lineamientos legales que contenía el marco jurídico forestal, razón por la cual estaba inconforme con el decreto presidencial.3 A manera de respuesta y para tratar de contrarrestar las políticas de la administración cardenista, José Márquez presentó, ante el Ejecutivo federal, varias consideraciones en con-

de 1926, especialmente en el artículo cuarenta y uno que establecía que la Secretaría de Agricultura y Fomento quedaba a cargo de todas las medidas necesarias para el cumplimiento de la ley, así como de formar todos los

2

Archivo General de la Nación de México (AGNM). Fondo Lázaro Cárdenas del

3

AGNM (1939): 36-39.

Río. Caja 557, Expediente 501.2/74, (1939): 36-39.

reglamentos y dictar todas las disposiciones especiales conducentes a conservar los bosques.


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tra de la suspensión de la explotación de los bosques; en estas intentaba demostrar que las vedas impuestas no beneficiaban a nadie, más bien, afectaban la economía de cientos de familias que dependían laboralmente de la explotación forestal. El maderero sostenía que la mayor parte de la población estaba siendo afectada por la normativa, en especial los indígenas, quienes dependían básicamente del aprovechamiento de los bosques. Bajo tales condiciones, reiteraba que la aplicación de las vedas afectaba más a la población rural, ya que se le privaba de la única fuente de trabajo mediante la cual podían generar recursos económicos.4 José Márquez calculaba que, de seguir en marcha el decreto presidencial, se estaría afectando, únicamente en lo que correspondía a la ciudad de Uruapan, alrededor de dos mil trabajadores, sin contar el innumerable personal que directa o indirectamente recibía los beneficios materiales provenientes de la explotación de los bosques. Desde que se decretaron las vedas forestales en Michoacán, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), las cartas y los telegramas dirigidas al presidente fueron una constante. En ellas, el gremio empresarial trataba, a través de un doble discurso, hacerse pasar por víctima, puesto que, aparentemente, su princi-

4  AGNM (1939): 36-39.

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pal preocupación era la situación laboral en la que quedarían los obreros; puntualmente, porque sabían que Cárdenas era un hombre generoso con las causas de la población rural. De ahí que, de alguna manera, se entiende la intención de ligar el interés particular con una causa general de la población. En un punto determinado, el empresario José Márquez llegó a poner en entredicho la política forestal de Cárdenas, al referir que la veda de los bosques no reportaría ningún beneficio práctico a nadie, ya que la reforestación se podía dar de forma natural, sin necesidad de aplicar ninguna normatividad al respecto. Además, desde el punto de vista económico, caería la recaudación de impuestos, debido a que la Federación recibiría un serio descalabro y merma de sus ingresos por concepto de impuestos sobre la madera: «La alarmante crisis económica que con la medida aparentemente protectora de los bosques que pretende llevar a la práctica el gobierno, debe considerarse con la mesura y detenimiento que merece la importancia del caso». 5 El maderero estimaba que solamente en lo que se refería a la ciudad de Uruapan, circulaban semanalmente alrededor de cincuenta mil pesos producto de la madera.6

5

AGNM (1939): 36-39.

6

AGNM (1939): 36-39.


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Márquez sugería que la ley debería de aplicarse en aquellos lugares donde la vegetación hubiese sido intensamente arrasada, no así en zonas donde el aprovechamiento se hacía de manera racional y se respetaba la normatividad forestal. Quizás Márquez tenía una parte de razón en su reclamo, en el sentido de que algunos madereros estaban apegados a la normatividad y eran disciplinados en cuanto a las explotaciones que realizaban. Pero creo que el actuar del gobierno fue congruente, es decir, no podía en una zona determinada hacer distinciones para la aplicación del decreto, pues le hubiese creado mayores problemas. La postura de hacerlo de manera general fue la mejor decisión que tomó el gobierno cardenista. La inconformidad de José Antonio Márquez fue defendida y respaldada por Pablo Rangel Reyes, quien era Secretario General de la Liga de Comunidades Agrarias y de los Sindicatos Campesinos del Estado de Michoacán. En un telegrama enviado el 11 de marzo de 1938 al presidente Cárdenas, este mostró su apoyo a Márquez, al mismo tiempo que expresó su descontento con la decisión que el gobierno había tomado al restringir la explotación forestal en la zona de Uruapan. No obstante, a pesar de que se decía respetuoso del Ejecutivo federal, solicitaba que únicamente se le permitiera a las personas que integraban la Liga de Comités Agrarios de la Región de Uruapan hacer uso del aprovechamiento de los bosques.7 Posteriormente, en una carta ya más extensa enviada a la oficina del presidente el 6 de abril de 1938, el representante de dichas organizaciones manifestó las afectaciones que estaban sufriendo los pobladores debido al establecimiento de las vedas forestales en la zona: Estimado general, la situación económica de los campesinos de esta región, es completamente crítica, pues son poseedores de terrenos que sólo cultivan temporalmente una vez al año, esto por carecer de las aguas necesarias para realizar cosechas de regadío. Por tales circunstancias, las cosechas que se levantan, sólo deja raquíticas utilidades que no son suficientes para satisfacer las exigencias de vida y para poder subsanarse, por lo que sea [sic] recurrido a la explotación completamente pequeña

7  AGNM (1939): 39.


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de los montes que están dentro de las planificaciones de terrenos que se tienen solicitados, y que se están tramitando los expedientes respectivos en el Departamento Agrario, explotaciones que como decimos, señor presidente no son en gran escala, únicamente se hacen tumbas de árboles completamente adultos y muy salteados entre los bosques. Árboles que se industrializan en carbón o en maderas para venderlos en la ciudad y con el producto de ellas se subsanan en gran parte las necesidades para la manutención de las familias, pero ahora estimado general, quedan limitadas esas pequeñas facilidades, con las disposiciones decretadas por usted, mandato que respetamos en todos sus aspectos, pero que no consideramos justo que las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley la lleven a cabo única y exclusivamente con los campesinos. Pues las grandes compañías madereras siguen las explotaciones de los bosques sin obstáculo alguno.8 En la carta que el Gral. Cárdenas recibió, se pueden apreciar varios aspectos de interés. Por ejemplo, al iniciar la redacción se denota un mensaje por parte del líder de las organizaciones de sentirse totalmente agraviado por la disposición que el gobierno había implementado, pues argumen-

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taba que la única fuente de ingresos que sostenía la economía de los pobladores era la venta de productos del bosque, ya que las cosechas que se realizaban eran de temporal y, por lo tanto, el aprovechamiento forestal era una opción que durante todo el año podía subsanar los gastos que se generaban; mas, al estos quedar restringidos, las comunidades quedarían en el desamparo total. Sin embargo, el gobierno cardenista había previsto toda esta serie de problemas que se pudieran generar, para lo cual implementó diversos programas enfocados para apoyar aquellas localidades que se vieran afectadas por la legislación. Estos apoyos consistían en la organización de cooperativas resineras, las cuales eran apoyadas, desde su conformación, por la Secretaría de Economía Nacional.9 Otro aspecto que llama la atención es el conocimiento que tenían sobre la normatividad forestal, pues referían que solamente hacían cortes de árboles viejos y de manera salteada, disposiciones

9

En este sentido, la Secretaría de Economía Nacional, como parte de una política sexenal, procuró darle prioridad a la conformación de cooperativas, preferentemente aquellas destinadas a la explotación de los recursos naturales del país, otorgándoles las facilidades necesarias para que, mediante una tramitación breve y fácil, pudieran integrarlas y remediar su situación precaria. –Véase, Archivo General e Histórico del Poder Ejecutivo de Michoacán (AGHPEM). Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos. XXXVI Legislatura, Año II. Tomo

8  AGNM (1939): 39-40.

II.- Núm. 2 (1 de septiembre de 1935)–.


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esenciales para garantizar la repoblación de manera natural del arbolado y que estaba contemplado dentro de la Ley Forestal de 1926, es decir, su discurso se enfocaba en trasmitir que estaban cumpliendo con lo establecido en el marco jurídico y que, por lo tanto, estaban apegados a la normativa. A su vez, resalta la queja que se hace en contra de las compañías madereras a las que señalaban de seguir explotando los bosques sin importar que se hubiese establecido una veda forestal en la zona. En otra parte de la redacción de la carta, se manifiesta la importancia que representan los bosques para el entorno natural, así como los esfuerzos que han hecho los campesinos para conservarlos: Señor presidente se toma en consideración el valor tan grande y sobre todo el beneficio que a la patria le reportan los propósitos de usted al llevar a cabo una reforestación en varias partes del país, y desde luego estamos con usted, como siempre en sus determinaciones, toda vez que creemos esos pasos son para acabar con las grandes explotaciones, pero no para que se nos quite un pequeño medio de vida a los que dependemos del campo, toda vez que cuando se asume la imperiosa necesidad de derribar un árbol, siempre se busca la forma de no afectar a la naturaleza. Además siempre se ha procurado hacer una vigilancia para evitar incendios en nuestros bosques no habiéndose presentado hasta el momento ningún incendio. Por

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todo lo expuesto, señor presidente, se le pide con todo respeto, su autorización para seguir explotando en pequeñísimas cantidades los bosques y ayudarnos así a solventar nuestra exigencia de vida familiar.10 Aparentemente, el líder de la organización, más que ver por su interés particular, lo hacía por el bienestar de las familias de los trabajadores, pues, según argumentaba, estos se quedarían sin un ingreso al quedar suspendidas las actividades forestales en la región de Uruapan. No obstante, se alcanza a percibir, de manera clara, que el maderero José Márquez utilizó, deliberadamente, las estructuras de organizaciones sociales para hacer frente a las disposiciones del gobierno. Esta misma postura de utilizar o valerse de grupos conformados para presionar a través de estos al presidente Cárdenas fue una constante, no solo por madereros sino también por la misma clase política.

CONFLICTOS POR EL APROVECHAMIENTO DEL BOSQUE La inconformidad por el establecimiento de las vedas forestales en la región de Uruapan logró que varios líderes y representantes de organizaciones civiles se unieran a un sector de la clase

10

AGNM (1939): 40-41.


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política para oponerse a la política que el presidente Cárdenas venía aplicando en la entidad. Por ello, el 6 de agosto de 1939, Ignacio Gómez, representante de las Comunidades Indígenas de la Región de Uruapan, mediante un telegrama le recriminó al Gral. Cárdenas que se habían quedado sin proveerse de alimentación ciento cincuenta indígenas, debido a que la delegación forestal les había recogido los productos forestales que los campesinos habían labrado en el monte, actividad con la cual se sostenían diariamente.11 En este sentido, Camilo Ángel, presidente de la Liga de Comunidades Agrarias de la Región de Uruapan, protestó públicamente por los atropellos que, según él, cometía la autoridad forestal en contra de los indígenas, a quienes se les había arrebatado a golpes los productos forestales.12 A pesar de lo anterior, cuando se estableció el decreto presidencial en el mes de febrero de 1937 en los montes de la región de Uruapan, se dispuso que, únicamente, los pobladores tendrían el derecho de aprovechar la madera seca como combustible doméstico. Dicha dotación debería ser regulada por la autoridad correspondiente, en este caso por el Servicio Forestal, quien asignaría las zonas en las que se podría recolectar el recurso maderable. Asimismo, en la

zona quedó estrictamente prohibida la explotación comercial de los bosques, así como el cambio de uso de suelo, es decir, se restringió para que los predios forestales no fueran cambiados por cultivos agrícolas o de pastoreo, esto con la intención de evitar el deterioro del arbolado.13 Era evidente que una parte de los campesinos se resistían a acatar las disposiciones sobre las vedas forestales que el presidente Cárdenas impulsaba, lo que creó una serie de conflictos por el libre aprovechamiento de los bosques; empero, esta inconformidad fue capitalizada y manipulada por algunos políticos, quienes también se resistían a la aplicación de la normativa, debido a que afectaban directamente sus interés particulares, lo que les valió la conformación de un bloque de protesta en contra del Ejecutivo federal. Debido a la confrontación que había entre los dirigentes de comunidades indígenas y la autoridad forestal de Uruapan, el gobierno federal decidió enviar a la zona del conflicto a un visitador que le permitiera conocer de manera general e imparcial lo que estaba sucediendo en la región. La decisión recayó en el ingeniero Fernando Opengo Escamilla, quien dependía del Departamento Forestal de Caza y Pesca, cuya misión era informar al ejecutivo sobre la problemática que se presentaba en el lugar.

11

AGNM (1939): 30.

13

12

AGNM (1939): 30.

AGHPEM, Diario Oficial de la Federación, México, tomo C, número 39, (17 de febrero de 1937): 10-11.


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El 8 de agosto de 1939, mediante un informe de actividades, el ingeniero Escamilla comunicó directamente al Gral. Cárdenas sobre los conflictos que se habían presentado entre la delegación forestal y varios infractores de la ley forestal. Al respecto, refirió que había diversas quejas en la delegación forestal por parte de algunos encargados del orden y de jefes de tenencia de los pueblos vecinos de Uruapan, sobre muchos campesinos que se dedicaban a producir tejamanil y a talar madera en el monte sin permiso alguno de la autoridad forestal o de las comunidades.14 La delegación ordenó que se hiciera una inspección de infractores de la ley como parte de la demanda atendida, dado que era recurrente que todos los días por la madrugada bajaran del cerro bestias y camiones con grandes cantidades de dicho producto.15 Como resultado de este trabajo, el visitador notificó al presidente Cárdenas que se habían incautado doscientas cincuenta herépitas16 de tejamanil ilegales. El visitador refería que, aparentemente, el producto lo hacían pasar como propiedad de los pobladores; sin embargo, este pertenecía al negocio particular que tenían, en conjunto, el presidente municipal de Uruapan, Albino Hernández de la Garza y el diputado Roberto Cerda Espinoza. Estos dos personajes, de acuerdo con la versión del visitador forestal, manipulaban a algunos pobladores, especialmente el legislador, quien tenía una gran influencia sobre diversos líderes y representantes de comunidades indígenas. Asimismo, informó que, a partir del decomiso que la delegación forestal había realizado a diversos campesinos, la reacción de estos fue violenta, evento que enardeció aún más cuando el alcalde y el diputado, acompañados de una muchedumbre, se dirigieron a las oficinas forestales donde hicieron destrozos e intentaron quemarlas.17

14

El tejamanil es una delgada lámina de madera de dimensiones variables que se usaba como material para cubrir los techos y paredes de algunas poblaciones. Era extraído principalmente del oyamel debido a que era más resistente que la madera de pino y no se torcía durante el clima cálido. –Véase, Aguirre Beltrán, Gonzalo. Problemas de la población indígena de la cuenca de Tepalcatepec (Tomo III, Vol. III. México: Ediciones del Instituto Nacional Indigenista, 1952): 202-203–.

15

AGNM (1939): 7-33.

16

Una herépita equivalía a una carga de cuatrocientos tejamaniles.

17

AGNM (1939): 7-33.


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Además, se informó al presidente Cárdenas que el diputado Roberto Cerda, después de que se dio la problemática en las oficinas forestales de Uruapan, se dirigió de inmediato a la capital michoacana para entrevistarse y enterar, a su modo, al gobernador Gildardo Magaña Cerda lo que había acontecido. En este sentido, el visitador señaló que, como resultado de esta visita, el diputado había conseguido, momentáneamente, por instrucciones del Ejecutivo estatal, no solamente la devolución total e inmediata de los productos, sino también la destitución de los empleados forestales que habían participado en la incautación del tejamanil. No obstante, el delegado forestal, quien estaba establecido en la ciudad de Uruapan, se había negado a acatar dichas órdenes, argumentando que únicamente el Departamento de Caza y de Pesca era quien tenía la facultad de dar las instrucciones.18 Ante la complejidad del problema que se suscitaba en los bosques de Uruapan, Miguel Ángel de Quevedo, en su calidad de autoridad forestal en el país, concedió, finalmente, que se entregara el producto incautado únicamente a los campesinos que verdaderamente lo necesitaran, previa la obtención del permiso correspondiente. La inconformidad ante la disposición por parte de algunos líderes de organizaciones que respaldaban, tanto al presidente municipal de Uruapan, como al diputado Roberto Cerda, se mostró in-

18

AGNM (1939): 7-33.

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mediatamente, exigiendo que toda la madera les fuera devuelta aunque no contara con los permisos. En este contexto, era un secreto a voces que el legislador Cerda estaba detrás del movimiento de resistencia a la normativa forestal, puesto que sus interés particulares se veían afectados; puntualmente porque ya no podría adquirir productos labrados en el bosque a precios bajos para revenderlos a un mayor precio.19 Poco a poco, la presión de varias organizaciones que se habían aglutinado para que Cárdenas retirara de su cargo a Eliseo Vidales, delegado forestal en la ciudad de Uruapan, y a quien acusaban de obstaculizar y encarcelar a los indígenas sin motivo alguno fue creciendo. En este sentido, el 28 de agosto de 1939 Ignacio Gómez, Presidente de Comunidades Indígenas de Uruapan, pidió al presidente Cárdenas, mediante un telegrama, su intervención para liberar alrededor de 150 indígenas que, supuestamente, se encontraban presos debido a que el delegado forestal los había retenido sin razón cuando estos llevaban leña para sus hogares, aún y cuando estos habían mostrado sus permisos.20 El 30 de agosto de 1939, Ramón Robledo, Secretario General del Sindicato de Hilanderos de la Fábrica de San Pedro, se quejó del delegado forestal debido a que despojaba a

19

AGNM (1939):7-33.

20

AGNM (1939): 22.


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los campesinos de sus productos forestales, por lo que pedía su destitución inmediata.21 A estas quejas se sumaron las de Jesús Espinosa, Presidente de la Federación Regional Obrera, quien se solidarizó con la protesta que había hecho el comité central de la Liga de Comunidades Indígenas Uruapan, en contra del delegado forestal pues refería: «viene extorsionando a humildes indígenas»22; así como las de Antonio Palomares, Secretario General de la Federación Regional de la Confederación de Trabajadores de México, quien, a través de un telegrama dirigido al presidente Cárdenas, refería: «elevo una enérgica protesta contra el delegado forestal por incalificables atropellos que ha venido cometiendo con humildes indígenas, por lo que se solicita su intervención para poner fin a tan lamentable situación».23 Para el 7 septiembre de 1939, finalmente, Cárdenas dio instrucciones para que la delegación forestal en Uruapan devolviera los productos que se habían retenido a los pobladores de esa región, pero bajo la condición de que se cambiara el sistema de labra de tejamanil, es decir, en vez de seguir cuarteando la madera, esta se pudiera remplazar por un modelo tipo, a base de tabletas o tejas hechas en aserraderos, las cuales empezaban a tener una buena aceptación en diferentes regiones del país.

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Cabe mencionar que el inconveniente que veía el gobierno con la producción del tejamanil era el despilfarro que se hacía de los árboles al momento de su elaboración, ya que de un tronco que se utilizaba con estos fines únicamente el cuarenta por ciento era utilizado y el restante se desperdiciaba en el monte.24 La alternativa que el gobierno intentó establecer entre los campesinos fue una industria de teja de madera con los adelantos modernos, a fin de fortalecer el trabajo rural, basado en evitar el destrozo y el desperdicio que originaba la elaboración del tejamanil.25 Al respecto, Cristopher R. Boyer refiere que la administración cardenista se distinguió por mostrar un pragmatismo singularmente ecológico, pues tendían a adaptar proyectos modernizadores, de acuerdo con las necesidades de comunidades específicas y con los paisajes naturales particulares, es decir, los expertos se enfocaron en diseñar programas que alteraban las prácticas campesinas con la finalidad de fomentar el desarrollo social en una forma consonante con el medio ambiente local.26

24

Peralta. M. Carlos. Los Bosques de Uruapan (Morelia: n/a, 1931): 27-28.

25

AGNM (1939):24.

26

Boyer, R. Christopher. “El manejo del paisaje social en los bosques posrevolucionarios. Una reinterpretación del cardenismo”. En: Colección

21

AGNM (1939):16-18.

del Centenario de la Revolución. Eduardo N. Mijangos Díaz y Alonso Torres

22

AGNM (1939):16-20.

Aburto (Coords) (Morelia: Instituto de Investigaciones Históricas, Facultad de

23

AGNM (1939):1-7.

Historia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2011): 455.


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CONCLUSIONES La aplicación de las vedas forestales que se implementaron en Michoacán para la protección y conservación de los bosques fue una situación compleja con la que tuvo que lidiar el Gral. Lázaro Cárdenas, debido a las diversas inconformidades que provenían, no solo del sector empresarial, sino también de los pobladores y de la clase política. Por ende, la presión de los diferentes líderes sindicales demuestra el grado de interés e importancia que representaba la explotación y la comercialización de los bosques. Al mismo tiempo, la postura del Gral. Cárdenas fue congruente y de resistencia ante los embates. Él fue un hombre tolerante que priorizó el diálogo; fiel a su estilo, no especuló ni mucho menos desistió de sus ideas. Cabe mencionar que una de las principales características de esta administración fue, precisamente, la protección de los bosques. En este sentido, las políticas implementadas por el gobierno de Cárdenas se basaron en la preservación de las zonas forestales de mayor importancia ecológica, las cuales se consideró que deberían conservarse para beneficiar, no solamente al entorno natural, sino también a la salud de los ciudadanos al propiciar un mejor clima. Finalmente, la ciudad de Uruapan, enclavada en una de las zonas forestales más importantes del país, representó una prioridad para el Ejecutivo federal, debido a los extensos terrenos de bosques que estaban en peligro de ser arrasados por las compañías madereras establecidas en la zona.


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PAISAJE Y CIENCIA LA FIDELIDAD DEL PAISAJE COMO MUESTRA CIENTÍFICA EN EL SIGLO XVIII Y XIX EN EL ECUADOR Sofía Granizo Arias s.ofy1991@hotmail.com Egresada de la Carrera de Historia del Arte Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Ecuador

murisia clemarie, pintura Salvador Rizo - 1783 – 1816


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RESUMEN

Palabras clave:

- Ciencia - Arte - Paisaje - Pintores - Científicos -

Este artículo propone centrarse en los viajes expedicionarios realizados por científicos desde Europa hasta el actual Ecuador, entre los siglos XVIII y XIX, es decir, durante el periodo colonial y republicano. Especialmente, porque el trabajo realizado por los investigadores con artistas del Ecuador permitió que la pintura de paisaje ganara espacio y se mostrará sólida, dejando reminiscencias, no solo de la forma de pintar de los artistas, sino de la intención de los científicos por generar identidad territorial; durante la Colonia, con una mirada de apropiación y explotación de tierras conquistadas por la Corona española, y durante una República enfocada en la modernidad y el progreso por medio de la ciencia. Elementos que les permitieron, a los artistas de finales del siglo XIX, crear sus propias obras, sin necesidad de seguir los estrictos lineamientos de los científicos. ABSTRACT

Key Words:

- Science - Art - Landscape - Painters - Scientifics. -

This article proposes to focus on expeditionary trips made by scientists from Europe to present-day Ecuador, between the XVIII and XIX centuries, that is, during the colonial and republican period. Especially, because the work done by researchers with artists from Ecuador allowed landscape painting to gain space and be solid, leaving reminiscences, not only of the artists’ way of painting, but of the intention of the scientists to generate identity territorial; during the Colony, with a look of appropriation and exploitation of lands conquered by the Spanish Crown, and during a Republic focused on modernity and progress through science. Those elements allowed the artists of the late XIX century to create their own works, without having to follow the strict guidelines of the scientists.


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INTRODUCCIÓN

P

ara analizar las formas en las que el paisaje se fue enraizando dentro de los géneros pictóricos del Ecuador, es pertinente recurrir al trabajo investigativo de los científicos que llegaron al país en el siglo XVIII y XIX; puesto que, en este lapso, el territorio del actual Ecuador – antes, Real Audiencia de Quito (1563-1822) – fue un blanco específico para las investigaciones emprendidas y costeadas por la Corona española. En el contexto del Ecuador como República, los viajes científicos aún se ejecutaban, esta vez, amparados por el gobierno central. Dichos científicos trabajaron conjuntamente con un grupo de acólitos, entre los que se perfilaron artistas y pintores, quienes daban vida a los documentos por medio de las imágenes. A través de la experiencia con los estudiosos, los artistas adquirieron la experticia necesaria para representar el medio ambiente en ilustraciones; esto fue un detonante para que prosperara, en el Ecuador, el género del paisaje. Por ende, se traerán a colación los ejemplos de destacados científicos, como José Celestino Mutis con un grupo de artistas americanos; Alphons Stübel y Wilhelm Reiss con Rafael Troya, y Auguste Cousin con Joaquín Pinto, cuyo trabajo para ilustrar la flora y la fauna ejemplificará la relación entre la ciencia y el arte; una relación que será analizada en el desarrollo de esta investigación.

ILUSTRACIONES ARTÍSTICAS PARA VIAJEROS CIENTÍFICOS EN EL SIGLO XVIII Y XIX Los científicos realizaron vastos estudios en las colonias españolas, tanto en el contexto de las reformas borbónicas, como su apertura al libre comercio y a la reestructuración político territorial.1 Una de las primeras expediciones fue la Misión Geodésica Francesa dirigida por La Condamine, en 1735, con el apoyo de Luis XV, Rey de Francia. Posteriormente, el prusiano Alexander Von Humboldt, científico reconocido, ejecutó un viaje expedicionario a América entre 1799 y 1804.2 Humboldt se valió de las formas visuales para documentar sus experiencias científicas. Este científico trabajó conjuntamente con otros expedicionarios como Mutis, «es también posible que el prusiano compartiera con Mutis sus enseñanzas acerca de cómo pintar la naturaleza, tan cuidadosamente científicas y, a la vez, tan sublimemente románticas.».3 Este es un antecedente de la necesidad de mostrar el paisaje, aunque

1

Kennedy, Alexandra. Artistas y científicos: naturaleza independiente en el siglo XIX en Ecuador (Rafael Troya y Joaquín Pinto) (Quito: Instituto de Historia y Antropología Andina, 1998): 85.

2

Botting, Douglas. Humboldt y el cosmos (Barcelona: Ediciones Serbal, 1981).

3

Kennedy, Alexandra. Identidades y territorios Paisajismo Ecuatoriano del siglo XIX (Quito: Museo de la Ciudad, 2001): 22.


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con fines científicos, con un espíritu romántico que persiste en los expedicionarios a finales de los siglos XVIII y XIX. Si bien Humboldt es el viajero de la América Colonial más conocido, las empresas emprendidas por el reino de Carlos III en el siglo XVIII cobran relevancia en el ámbito científico. Puntualmente, Gonzáles Suarez, en su texto Memoria Histórica sobre Mutis y la Expedición Botánica de Bogotá en el siglo pasado, expresa: «Causa ciertamente admiración y hasta una especie de asombro el número de expediciones botánicas, que, casi al mismo tiempo, formó y organizó Carlos Tercero, costeándolas y dotándolas con regia munificencia»4. Para mostrar los hallazgos de estas expediciones botánicas, los científicos, se valieron de ilustraciones, dibujos y pinturas favorecidas con el color de los pigmentos, los cuales permitieron captar la diversidad cromática de la naturaleza y plasmarla en el papel, para quienes no habían podido ver la fauna, la flora, los horizontes ni los cielos por sus propios ojos. De este modo, lograban conocer la diversidad florística y faunística de las tierras “exóticas” de la colonia. Los investigadores no solo pretendían mostrar la naturaleza con un exhaustivo detalle y realismo en las representaciones; sino que también podrían cargarlas con el peso de lo romántico, al mostrar representaciones idealizadas, es decir, donde conviven hojas adultas y jóvenes, su verso y reverso, flores maduras, flores en capullo, además de semillas y frutos. Uno de los personajes más sobresalientes en esta dinámica de representación, fue José Celestino Mutis, un explorador que utilizaba la pintura como herramienta para las ilustraciones de las especies botánicas, y quien gozó del apoyo del rey Carlos III para realizar la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granda de 1783 a 18165 (Figura 4-1).6

4  González, Federico. Memoria histórica sobre Mutis y la expedición botánica de Bogotá en el siglo pasado (Quito: Imprenta del Clero, 1888): 55. 5

Federico González Suarez, Memoria Histórica sobre Mutis y la Expedición Botánica de Bogotá en el siglo pasado (Quito: Imprenta del Clero, 1888).

6  Nicolás Cortés Alcocer, Loranthus, pintura, 1783–1816, A1877. En: Real Jardín Botánico-CSIC. “Proyecto de digitalización de los dibujos de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), dirigida por José Celestino Mutis”. Real Jardín Botánico <https://bit. ly/1i8eTOv> (Consultado el 05 de mayo del 2018).


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Esta expedición marcó una primera tendencia hacia la pintura que muestra la vegetación de un lugar específico7. Incluso, se lo consideró precursor de un nuevo estilo de pintura, el “estilo Mutis”: «este estilo se distingue por una cuidada composición artística, en la que se fusionan la búsqueda de la belleza y la fidelidad a las características del objeto»;8 Por ello, se plantea la posibilidad de ver, en el “estilo Mutis”, una estética común de lo bello. Al indagar con teorías como la de Adisson, se puede concluir que «la satisfacción que proporciona lo bello no está aliada con el entendimiento, lo bello es inmediato, no necesita reflexión»9. Esto al analizar las pinturas únicamente como obra de arte, ya que como documento científico mantienen un propósito más bien educativo e ilustrativo (Figura 4-2).

Figura 4-1. Loranthus, pintura de Nicolás Cortés Alcocer, 1783-1816. Fuente: Real Jardín Botánico.

7

Rodrigo Gutiérres, “Itinerarios de la pintura de paisaje en Latinoamérica. Siglos XIX y XX.”, en Paisagem: desdobramentos e prespectivas

8

Real Jardín Botánico-CSIC. “Proyecto de digitalización de los dibujos de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-

contemporáneas, coord. Kern Bastos y María Bulhoes (Porto Alegre: UFRGS, 2010), 37 – 59. 1816), dirigida por José Celestino Mutis”. <https://bit.ly/1i8eTOv> (Consultado el 05 de mayo del 2018). 9

Adisson, Joseph. Los placeres de la imaginación y otros ensayos de The Spectador. (Madrid: Visor, 1991): 96.


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La incidencia del trabajo investigativo de Mutis durante treinta y tres años de expedición reside, no solo en ser líder y maestro de toda una generación de botánicos, científicos y pintores, sino también en ser referente para los estudios que se harían en el futuro. Junto con Mutis, trabajaron alrededor de cuarenta dibujantes, en su mayoría, procedentes de América11. Entre estos, sobresalen cinco jóvenes quiteños: Antonio Cortés y Nicolás Cortés, hermanos; Antonio Silva, Vicente Sanchéz y Antonio Barrionuevo12, quienes pintaron con tal pulcritud y realismo que cada representación se volvía, fácilmente, una lámina de estudio. Los trabajos expedicionarios que arrojaron representaciones de flora, geografía o vulcanología pronto agruparían los elementos de la naturaleza para mostrar un paisaje.

Figura 4-2. Bromelia, pintura de Francisco Escobar, 1783-1816. Fuente: Real Jardín Botánico. 10

10  Escobar, Francisco. Bromelia, pintura, 1783-1816, A296. En: Real Jardín Botánico <www.rjb.csic.es/icones/mutis> (Consultado el 05 de mayo del 2018). 11

Real Jardín Botánico <www.rjb.csic.es/icones/mutis> (Consultado el 05 de mayo del 2018).

12

González, Federico (1888): 65.


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Figura 4-3. Guaira, pintura de Francisco Javier Cortés Alcocer, 1783-1816. Fuente: Real Jardín Botánico. 13

13

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Aun cuando los viajes no cesaron durante La República, los científicos realizaban sus expediciones con una visión eurocentrista, respondiendo a una pose imperialista, donde lo que importa de los países latinoamericanos es la tierra como materia prima de donde se extraen experimentos y productos, desconociendo los procesos internos de los países a los que pertenecían estos paisajes “exóticos”.14 Por ello, hacia el siglo XIX, sobresale el trabajo entre: los alemanes Stübel y Reiss, y el pintor ibarreño Rafael Troya; mientras los primeros llegaron al Ecuador entre 1871 y 1874, con el fin de realizar una investigación, cuyo resultado fue la primera carta vulcanológica del Ecuador15, Rafael Troya realizó, para ellos, sesenta y seis cuadros16 de volcanes de la Sierra Norte ecuatoriana. Este viaje fue apoyado por un líder político que mostró interés en la ciencia: Gabriel García Moreno, para ese entonces presidente de la República, quién estaba convencido de que, a través de los avances científicos, se encaminaba al país a la modernidad y al progreso; por ello, facilitó el proceso de excursión por los diferentes parajes ecuatorianos.

Cortés Alcocer, Francisco Javier. Guaira, pintura, 1783-1816, A2284. En: Real Jardín Botánico <www.rjb.csic.es/icones/mutis> (Consultado el 05 de mayo del 2018).

14

Pratt, Mary Louise. Imperial Eyes. Travel writing and transculturation (Nueva York: Routledge, 2008).

15

Kennedy (1998).

16

Kennedy (1998).


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A diferencia de las láminas ilustrativas mencionadas anteriormente, en esta expedición, se mostraron los resultados en cuadros, con una composición completa del paisaje natural. Poco a poco, los lienzos hechos por Troya se desligaron del propósito de documentación científica para adentrarse en una incipiente categoría del arte. Incipiente porque, a pesar de estar firmados por un artista legitimado por el gobierno y la Historia del Arte ecuatoriana, y presentarse como obras de género de paisaje, aún son utilizados con propósitos demostrativos: tanto de la diversidad natural, como de un territorio “exótico”. Este trabajo pictórico además de captar la impresión del paisaje, exponía características científicas particulares. Por ejemplo, se retrataba una montaña tal y como se mostraba ante los ojos de los viajeros. Los cuadros científicos, hechos por Troya, son una muestra de la naturaleza que prescinde de lo ideal; deja de lado aspectos, como nubes vaporosas, que podrían distraer la atención hacia lo central de las composiciones, que, en este caso, se trataba de volcanes o montañas. Estas composiciones, a su vez, tenían la peculiaridad de mostrar elementos específicos, como plantas y árboles de la zona, es decir, se podría reconocer cada especie de flora retratada. En consecuencia y a diferencia del trabajo de láminas, los cuadros no se han trabajado en taller, son obras in situ, pues Troya pintó en el lugar exacto de la expedición al aire libre.17 Es por ello que el papel que jugaba el pintor en estas expediciones sería tan importante, ya que debía seguir los lineamientos que los estudiosos exigían (Figura 4-4).

17

Kennedy, Alexandra. “Alphons Stübel: paisajismo e ilustración científica en Ecuador”. En: Las Montañas volcánicas del Ecuador retratadas y descritas geológica-topográficamente por Alphons Stübel. Carlos Camacho, Adriana Grijalva y Ximena Carcelén (eds.) (Quito: Banco Central del Ecuador, UNESCO, 2004).


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Figura 4- 4. Campamento cerca del Chimborazo, óleo sobre lienzo de Rafael Troya, 1871-1874. 18 Fuente: Alexandra Kennedy (1999: 108).

El pintor siguió al pie de la letra las indicaciones de los científicos. Por lo tanto, como menciona Stübel, refiriéndose a Troya: «el hombre tiene talento, pinta rápido y está dispuesto a cumplir mis órdenes, de manera que los cuadros son a medias mi creación».19 En efecto, el científico pidió a Troya, como parte de su entrenamiento, copiar algunos dibujos suyos para que supiera jerarquizar los elementos de una composición paisajística científica. Una vez adquiridas las instrucciones, y después de haber practicado en el taller de Stübel, el artista estaría listo para acompañarlos en los viajes donde, al encontrar la mejor hora del día y al mostrarse un paisaje apropiado, pudiera pintar del natural. Los conocimientos siguieron presentes en el pintor a lo largo de su producción artística.

18

Ubicación actual de la pintura Colección: Volkerkundliche Sammlungen im Reiss-Museum, Mannheinm, Alemania.

19

Kennedy, Alexandra. Rafael Troya 1845-1920 El pintor de los Andes Ecuatorianos (Quito: Banco Central del Ecuador, 1999).


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Alphons Stübel, asimismo, dejó una herencia invaluable a los pintores paisajistas de la época; una influencia teórica para construir una composición paisajista con el libro La teoría del paisaje de Jean Baptiste Deperthes. Obra que el mismo Stübel insistió en traducir para el periódico El Nacional;20 por ello, el diario quiteño presentó la traducción del libro, hecha e introducida por el señor Miguel Nicanor Espinoza en el año 1874, en dicha introducción, el escritor del diario, reconoce el gran talento de los pintores ecuatorianos, sobre todo de los quiteños: El genio artístico de nuestros compatriotas y en especial de los quiteños, está generalmente reconocido; pero sabido es que el genio sin el estudio no basta para producir obras inmortales, y que, si las produce, la admiración que causan viene casi siempre á menoscabarse con los defectos que descubre la sana crítica entre los aciertos hijos de la intuición de una alma privilegiada.21 Entendido desde la filosofía de Immanuel Kant, el genio en el arte es […] el favorito de la naturaleza. Es decir, el que ha sido favorecido por esta, hasta tal punto que, como ella, crea algo que parece-

20

Kennedy (1999): 77.

21

Deperthes, M. J. B. “Teoría del paisaje”. En: Miguel Nicanor Espinoza (Trad.). El Nacional (Quito: Imprenta Nacional, 1874): 1.

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ría hecho según reglas, pero sin adaptarse conscientemente a ellas; más aún: algo que sería totalmente nuevo, creado según reglas no concebidas todavía.22 En efecto, es muy probable que el texto de Deperthes esté alimentado por una filosofía de Kant. Especialmente porque, en el siglo XIX, en el que primó el pensamiento positivo e ilustrado, referirse a “genio artístico” significaba recurrir a ideas de pensadores como Kant, quien consideraba que de este genio se desprenden obras de arte inmortales, siempre y cuando sean logradas a base de estudio e instrucción.23 El texto de Deperthes, a la vez que intenta establecer un método de pintura, hace una exaltación a la naturaleza, a lo que se muestra ante los ojos de los humanos. Indica la manera adecuada de capturar el paisaje sin interrupciones y, a pesar de hacer una división del comportamiento ambiental al amanecer, por la noche y al medio día, encuentra en este último la hora precisa. Los vapores de la atmósfera se rarifican a medida que el sol se eleva sobre el horizonte y que parece acercarse al Sur. La naturaleza se levanta por grados y acaba por separar enteramente la especie de velo que intercepta una

22  Gadamer, Hans-Georg. La actualidad de lo bello: El arte como juego, símbolo y fiesta (Barcelona: Ediciones Paidós. Universidad Autónoma de Barcelona, 1991): 30. 23

Gadamer (1991).


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parte de sus encantos; de suerte que su colorido es más visible y sus rasgos se pronuncian con mayor claridad. Es, pues, hacia la mitad del día que sus producciones no se encuentran modificadas por ningún vapor intermediario, y se ofrecen a la vista revestidas de formas y de tintas que las caracterizan particularmente.24 Este tipo de textos se convirtieron en un recetario que le servía al pintor para seguir las instrucciones al pie de la letra. Por ende, Deperthes divide y explica cómo concebir la pintura de paisaje en sus diferentes clasificaciones; sus técnicas se enfatizan en tomar en cuenta la luz natural y la pintura al aire libre. No obstante, también se instruye en el paisaje, poético y romántico, para que sea testimonio de un segmento de geografía del lugar que se busca obtener en la representación, agregando detalles determinantes como el cielo y el horizonte. No cabe duda que estos textos fueron una guía para quienes incursionaban en el género del paisaje, ya sea con fines científicos o artísticos, además de impregnarse en el conocimiento de los primeros maestros, quienes seguramente heredaron en sus estudiantes los conocimientos adquiridos. A finales del siglo XIX, donde la ya establecida República del Ecuador era un objetivo para la investigación y la apertura a científicos por

60

parte del gobierno, el artista ecuatoriano Joaquín Pinto (1842-1906) trabajó con el francés Auguste Cousin «en las ilustraciones de su obra “Faune Malacologique de la République de l´Equateur” […] constituía un aporte trascendental para el conocimiento de los moluscos ecuatorianos»25. Específicamente, 36 óleos sobre papel, elaborados entre 1893 y 1897, en los que el artista detalla, con un gran apego, el color y el realismo propio de las láminas científicas. Paralela a la vasta producción artística de fauna y flora de la expedición, Pinto tiene grandes obras enmarcadas como “producción artística”. Estas acuarelas manifiestan una curiosidad científica, puesto que son retratados con la mayor exactitud y detalle, entre ellas se destacan: el estudio de frutas, con el complemento de la corteza y semilla; pájaros, como el pavo real, con el detalle de su plumaje, y, por supuesto, plantas, como la flor de diente de león.26 Todos estos estudios forman parte de una muestra científica en la que la relación con el arte se ve estrechamente vinculado, al ser un pintor quien las conciba en todo el proceso, desde su percepción del objeto, la experimentación de tal –ya sea viéndolo o conociéndolo– y su representación en papel.

25

Museo del Banco Central del Ecuador (Ed.). Joaquín Pinto: exposición antológica. (Quito, Ecuador: Banco Central del Ecuador, 1984).

24

Deperthes (1874).

26

Museo del Banco Central del Ecuador (Ed.) (1984).


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Figura 4-5. Molusco, Ăłleo sobre papel de JoaquĂ­n Pinto, 1893-1897. Fuente: Auguste Cousin (1887: 271)

61


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62

Figura 4-6. Pavo real, óleo sobre papel de Joaquín Pinto, 1893-1897. Fuente: Museo del Banco Central del Ecuador (1984: 103). 27

27

Pinto, Joaquín. “Pavo real”, 1893-1897, óleo sobre papel, pintura número 103. En: Banco Central del Ecuador, Joaquín Pinto (Quito: Banco Central del Ecuador, 1984).


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CONSIDERACIONES FINALES El paisaje, como muestra fidedigna del entorno, es una característica propia del quehacer científico. Por lo tanto, el paisaje científico muestra un detalle y realismo exhaustivo de las especies, a diferencia de los paisajes románticos, los cuales son representados con figuras generales y vaporosas, ante esto, «El paisaje cientificista, surgido del riñón de la Ilustración, había sido en parte un intento del ser humano por controlar de alguna manera el medio»28. En consecuencia, a pesar de reconocer las ilustraciones y los óleos como una representación artística de la mano de un experto, como el caso de Troya y Pinto, no es una obra autónoma, despojada de la carga de experimentación, pues solo existe en el contexto de una investigación. Los viajes científicos muestran una necesidad de identificarse con el territorio, en tanto, en el caso de los viajes encomendados por la Corona, se pretende conocer la Colonia española, y al explorarla, la hace suya. Este trabajo destinado a servir a los reyes, y a mostrar sus colonias con la riqueza de territorio y exoticidad, no estaría interesado en hacer resaltar

28

Gutiérrez, Rodrigo. “Itinerarios de la pintura de paisaje en Latinoamérica.

63

lo local, sino en documentar estudios científicos. En el contexto del Ecuador como República, la identidad territorial, a diferencia del anterior caso, está ligado con lo nacionalista y está amparada, tanto con las ideas progresistas, como con la latente convicción de que la ciencia es la puerta hacia la modernidad. Autores, como Alexandra Kennedy,29 mencionan que la pintura de paisaje fue una puerta para conocer el territorio y sentirlo propio. Como último aspecto importante, se encuentra la dualidad entre la ciencia y el arte que se evidencia con los viajes científicos, dado que la ciencia toma al arte como una herramienta para sus fines ilustrativos; es la forma idónea de revivir las especies encontradas con la fuerza del color que otorgan los pigmentos, bajo la experticia de los pintores, ya que este aspecto, en especial, es el que acerca las especies retratadas a la realidad, dejando en los artistas la curiosidad científica que los motiva a expresarla en sus obras pictóricas. Los artistas, después de sus trabajos con científicos, dejan las especificaciones rigurosas para tomar de la ciencia la temática y el realismo, y plasmarlo en los lienzos. Se podría decir, entonces, que la flora y la fauna retratada puede descubrirse desde el conocimiento científico, pero también, desde la experiencia estética artística.

Siglos XIX y XX”. En: Paisagem: desdobramentos e prespectivas contemporáneas. Kern Bastos y María Bulhoes (Coords.) (Porto Alegre: UFRGS, 2010): 37-59.

29

Kennedy (2014).


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G o l i a r d o s

X X I I I


TEMA libre


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LA DEMOCRACIA INCONCLUSA: NOCIONES DE CIUDADANÍA EN LA EXPERIENCIA LATINOAMERICANA

desfile militar- plaza de bolívar, (s.f.), anónimo


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Cristian Camilo Baquero Vásquez ccbaquerov@unal.edu.co Estudiante de Pregrado en Historia Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá

RESUMEN

Palabras clave:

- Democracia - Historia conceptual de lo político - Pierre Rosanvallon - América Latina - Ciudadanía -

El presente escrito traza una crítica reflexiva sobre las investigaciones acerca de la Historia de la Democracia y se examina la forma en la que se ha trabajado la categoría democracia sobre las investigaciones de Historia de América Latina a lo largo del siglo XX. Mediante los postulados: “la Historia Conceptual de Lo Político”, de Pierre Rosanvallon, se propone reelaborar los procedimientos para comprender el concepto de democracia desde una perspectiva histórica, rompiendo el modelo estático que se le atribuye desde la Filosofía Política y la Historia de las Ideas.

ABSTRACT Keywords:

- Democracy - Conceptual History of the Political - Pierre Rosanvallon - Latin America - Citizenship -

The following paper charts a reflexive criticism about History of Democracy’s researches and examines the way that the democracy category had been developed in Latin America’s Twentieth Century studies. Throughout the Conceptual History of The Political’s postulates, by Pierre Rosanvallon, it intends to give new formulations to the procedures to comprehend democracy’s concept in a historical perspective, breaking up the static model that the Philosophy of Politics and the History of the Ideas had attributed to democracy’s concept.


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INTRODUCCIÓN

P

arece que la política latinoamericana contemporánea se ha dado a entender como el paulatino desarrollo de unas instituciones “democráticas”, las cuales deben permitir la participación de un gran cúmulo de la población en su respectivo país. Teniendo presente esto, disciplinas como la Ciencia Política o la Filosofía Política han trabajado con el fin de plantear la democracia como un sistema de gobierno, capaz de satisfacer las múltiples expectativas de distintas comunidades políticas. Este debate sobre la democracia ha llevado a establecer un conjunto de “normas estáticas”: entendiéndolas como la clasificación mediante características que se dan a interpretar como inmutables1, en un orden semántico como también pragmático, dentro de la concepción de la democracia. Claramente, este ejercicio es efectivo en las discusiones políticas contemporáneas, ya que la lectura que realizan los teóricos sobre la democracia tiene una fuerte afinidad para dar una respuesta concreta a los malestares y tensiones que se presentan en la actualidad, en términos de legitimidad institucional y problemáticas de orden social. Por lo tanto, las respuestas y construcciones

70

que se ofrecen están bajo las creencias y lógicas que articulan los espacios de debate y acción en las comunidades latinoamericanas contemporáneas.2 A pesar de que estas discusiones han permeado algunos trabajos académicos de corte historiográfico, se considera que la imposición de una serie de elementos que caracterizan la democracia contemporánea ha generado que estas nociones se conviertan en categorías de análisis que pueden empobrecer la comprensión de este concepto desde su emergencia, a finales del siglo XVIII –para el caso latinoamericano–, en dos modos: El primero de estos se basa en la interpretación; acá la democracia es el fin que debe buscar toda comunidad política para que sus derechos y bienestar común sean visibilizados y respetados; claramente, este precepto tiene un fundamento

2

Es importante aclarar que este fenómeno no es único en el espacio latinoamericano. En el mundo occidental, puede encontrarse una tendencia muy similar para este tema. Sin embargo, las situaciones políticas que se han vivido en Latinoamérica desde principios del siglo XIX han tenido cierto grado de homogeneidad, por lo que las tensiones a las que se vieron enfrentadas todas estas comunidades pueden ser útiles como un primer ejercicio para lograr comparaciones y explicaciones sobre las diferentes vías que se tomaron en el espacio latinoamericano. El ejemplo más representativo es el período de las independencias, pero a este también se pueden unir los procesos y debates sobre las federaciones; el impacto de las

1  Ya sean procesos electorales, división de poderes estatales, instituciones

aperturas al mercado internacional a finales del siglo XIX; las dictaduras a

que promulgan el bienestar de los individuos de una polis; nociones como

mitad del siglo XX; la recepción y tensión de los Derechos Humanos (DD.HH.)

ciudadano, libertad, entre otras.

y el Derecho Internacional Humanitario (DIH), entre otros.


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teleológico. En una lectura histórica, esta proposición encaminaría las acciones y las expectativas de los distintos individuos y colectividades –que participaron en una determinada coyuntura en un período pasado– hacia una implementación de la democracia; por lo que el investigador estaría dando por sentado que dichas comunidades también consideraban la democracia como el fin que debían alcanzar. Sobre el segundo, nuevamente se hace referencia a las “normas estáticas” de la democracia. En los debates académicos contemporáneos sobre la democracia, se da a entender que algunos conceptos tienen una relación intrínseca en su diacronía. Nociones como ciudadano, libertad, igualdad, república, entre otras, se consideran que hacen parte de un “corpus” de la democracia. Aceptar esta relación promueve a que las investigaciones no reflexionen sobre la historicidad propia de cada uno de estos conceptos, por lo que se estaría evadiendo un intento de comprensión de las lógicas con las que actuaron comunidades pasadas. A partir de estas dos limitaciones para el ejercicio histórico, se considera que algunas propuestas de Pierre Rosanvallon pueden ayudar a establecer una guía teórica y metodológica que sea más pertinente para comprender la democracia desde una perspectiva histórica, evitando caer en anacronismos y juicios sobre períodos pasados. En primer lugar, es pertinente distinguir entre dos campos de comprensión que Rosanvallon propone: el primero es la política, definido

71

como el conjunto «de lo inmediato en el campo del poder, de la acción gubernamental del día a día y de la vida ordinaria de las instituciones».3 Esta convención se adecua a las instituciones “tradicionales” del ejercicio político, como el senado, el parlamento, las elecciones, etcétera. Sin embargo, hay una categoría que el autor considera más globalizante, la cual refiere más allá del campo de la política –aunque integra también este campo–, «es hablar de poder y de la ley, del Estado y de la nación, de la igualdad y de la justicia, de la identidad y de la diferencia, de la ciudadanía y de la civilidad».4 Esta noción es denominada, por Rosanvallon, como lo político, correspondiendo esta, a la vez, a un campo que: […] designa un lugar donde se entrelazan los múltiples hilos de la vida de los hombres y las mujeres, aquellos que brindan un marco tanto a sus discursos como a sus acciones.5 Así como a un trabajo donde: […] lo político califica el proceso por el cual un agrupamiento humano, que no es en sí mismo más que una simple ‘población’, toma

3  Rosanvallon, Pierre. Por una historia conceptual de lo político. Lección inaugural en el Collége de France (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2003): 20. 4

Rosanvallon (2003): 20.

5

Rosanvallon (2003): 16.


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progresivamente los rasgos de una verdadera comunidad. Una comunidad de una especie constituida por el proceso siempre conflictivo de elaboración de las reglas explícitas o implícitas de lo participable y lo compartible y que dan forma a la vida de la polis.6 De acuerdo con lo anterior, es importante examinar más allá de las instituciones que se han establecido y se entienden en el ejercicio de la política. Por una parte, hay una serie de prácticas –con base en la denominación de campo–, las cuales se inscriben en las experiencias de los sujetos, aquellas que pueden llegar a ser parte de las deliberaciones sobre distintas nociones políticas que le son cercanas. Las expresiones y manifestaciones de estas nociones pueden llegar a encontrarse en múltiples espacios de sociabilidad, denominadas por Rosanvallon como cultura política: […] el modo de lectura de los grandes textos teóricos, la recepción de la obras literarias, el análisis de la prensa y de los movimientos de opinión, el destino de los panfletos, la construcción de los discursos de circunstancias, la presencia de las imágenes, la impronta de los ritos e, incluso, el rastro efímero de las canciones.7

72

Adicionalmente, la noción de trabajo identifica la dificultad y la heterogeneidad de las comunidades políticas que se inscriben en un mismo territorio, por lo que conciliar ambas expectativas es una tarea compleja y que no puede darse por terminada, ya que el mismo devenir diacrónico puede irnos develando nuevos actores o comunidades que van emergiendo conforme a las condiciones y particularidades del espacio. Así mismo, debe tenerse en cuenta que, en el ejercicio histórico, debe darse un esfuerzo por […] reconstruir la manera como los individuos y los grupos han elaborado su comprensión de las situaciones, de enfrentar los rechazos y las adhesiones a partir de los cuales han formulado sus objetivos, de volver a trazar de algún modo la manera como su visión del mundo ha acotado y organizado el campo de sus acciones.8 Para Rosanvallon, la teoría política tiene la característica de ser esencialmente normativa.9 Es mediante un razonamiento y una deliberación pertinente que deben darse a entender los criterios universales para que una forma sea totalmente legítima, como por ejemplo la democracia. Empero, esta perspectiva no se ocupa de

6  Rosanvallon (2003): 16.

8

Rosanvallon (2003): 26.

7  Rosanvallon (2003): 48.

9

Rosanvallon (2003): 42.


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la esencia aporética de lo político; lo que debe realizarse en un ejercicio histórico es comprender los distintos funcionamientos que se le han dado a la democracia a través del tiempo, y no «buscar resolver su enigma imponiéndole una normatividad».10 Por otra parte, se encuentra la historia de las ideas, la cual se interesa por las obras fundamentales de los períodos a investigar. Aunque la historia de lo político también recurre a estas fuentes, es importante resaltar que estas no deben ser comprendidas como un corpus teórico que está fuera de las relaciones sociales –como ideas inmutables a través del tiempo–. Más bien, estas ideas deben integrarse como una materia estructurante de la experiencia social, las cuales «orientan la acción que limitan el campo de lo posible a través del campo de lo pensable y delimitan el marco de las controversias y lo conflictos».11 Estos postulados son muy pertinentes para comprender el problema de la democracia desde una lectura histórica; teniendo «como función restituir problemas12 más que describir modelos».13 Debido al gran reto que sugiere la Historia Conceptual de lo Político, el presente ensayo propone dar un pequeño acercamiento a los recientes debates en torno a la democracia en América Latina. Dentro del amplio espectro conceptual que, en la actualidad, se ha relacionado con la democracia; por ello, solamente se trabajará con la unidad ciudadano/ciudadanía; dado que esta unidad puede mostrar los dos aspectos que plantea la Historia de lo político –el campo y el trabajo–, en contraste con la Teoría Política y la Historia de las Ideas. En el primer apartado, se abordarán algunos trabajos de carácter historiográfico, para mostrar cuáles han sido las pautas que han entendido la disciplina histórica para retratar la historia de la democracia en América Latina. Seguido a esto, se señalarán algunos de-

10

Rosanvallon (2003): 42.

11

Rosanvallon (2003): 46.

12

Respecto a la noción de problemas, se entiende como las múltiples interpretaciones que han hecho distintas comunidades políticas para proyectar sus expectativas en el campo de la discusión y deliberación pública. Por ello, las emergencias de nuevas contingencias marcarán nuevos procesos en el devenir histórico; sin importar que los discursos de estos actores muestren ciertas contradicciones o elementos irresolubles para nuestra racionalidad, ya que el fin del ejercicio es comprender las lógicas por las que se enuncian estos discursos.

13

Rosanvallon (2003), 29.


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bates teóricos que se han propuesto sobre la primera década del siglo XIX en torno a la construcción de la democracia en Latinoamérica. Finalmente, se presentarán algunas conclusiones del ejercicio.

INTERPRETACIONES DE LA HISTORIA DE LA DEMOCRACIA EN LATINOAMÉRICA Algunos trabajos historiográficos de amplia difusión para el público general han intentado sintetizar la experiencia política latinoamericana mediante artículos de investigación que muestran cómo la democracia ha tenido una serie de fluctuaciones, debido a los indicadores electorales, las coyunturas económicas y la influencia de las potencias a nivel mundial. Bajo estos insumos, parece que la democracia es el medidor del desarrollo de la población de determinado país, y que los cambios y las rupturas se debieron únicamente a acontecimientos de carácter exógeno a cada país. Las relaciones que algunos autores indican de manera a priori se dirigen a dos elementos. Por una parte, eluden la comprensión que debe dársele a cada experiencia, siendo conscientes de que no puede dejarse de lado la conexión geopolítica global que interfirió en estos procesos. Por otra parte, la categorización de la democracia tiene una tendencia a ser moldeada con características y razonamientos con un sentido antinómico frente a otros sistemas de gobierno. Por ejemplo: las nociones de autoritarismo

74

y dictadura son formas actualmente concebidas como contrarias a la democracia, debido a la violación de distintas libertades individuales y políticas. Sin embargo, hubo comunidades políticas que, en tiempos anteriores, consideraron que algunas características de estas formas de gobierno podían ser complementarias. Un trabajo de Eduardo Posada Carbó, titulado Democracia, liberalismo y procesos electorales en América Latina desde 1930,14 considera como eje central el desarrollo de los procesos electorales como un medidor de la democracia en distintos países latinoamericanos. Las categorías de sufragio y electores son las características que se mantienen para indicar en qué países hubo un sistema democrático. Igualmente, se hace mención de la emergencia de otras propuestas políticas, representadas en partidos y la ampliación de quienes podían sufragar, por lo que la confluencia de votantes fue creciendo paulatinamente.15 Para Posada Carbó, las tradiciones liberales y democráticas16 tienen un punto de transfor-

14

Posada Carbó, Eduardo. “Democracia, liberalismo y procesos electorales en América Latina desde 1930”. En: Historia General de América Latina, Marco Palacios (Ed.) (Paris: Ediciones UNESCO, Editorial Trotta, 2008): Tomo VIII, 395-410.

15

Posada Carbó (2008): 398.

16

No podemos establecer con exactitud a lo que el autor se refiere con tradiciones liberales y democráticas, ya que este no presenta una definición clara acerca de estos conceptos.


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mación después de 1930, cuando hay una emergencia de varios partidos políticos, los cuales permiten la confluencia de un mayor electorado. No obstante, los procesos dictatoriales que se establecieron en algunos países latinoamericanos detuvieron el paulatino progreso de la democracia. Se sumará, a esta lista de las dificultades de la democracia, los escándalos por fraude electoral y las violaciones de algunas libertades políticas. Este ambiente de tensiones por la ilegitimidad gubernamental se extendería hasta finales de la década de 1950, con algunas excepciones.17 Adicionalmente, la Revolución Cubana implicó una nueva forma de construir una comunidad política, por lo que la misma democracia se vio detenida en dicho país. Ante lo que, Posada Carbó afirma que varios teóricos de la época discutieron acerca del carácter anómalo de la democracia que se desarrollaba en varios países, especialmente porque el modelo de democracia liberal se veía tergiversado desde la experiencia latinoamericana.18 Por último, el autor enfatiza que los procesos democráticos han sufrido de certeras anomalías, representadas en las intervenciones dictatoriales de países como Chile, «donde el régimen pinochetista puede interpretarse como el quiebre de una larga tradición democrática ya retomada

17

Posada Carbó (2008): 404.

18

Posada Carbó (2008): 405.

75

y reconstituida».19 Recalca que debe pensarse en cómo las democracias de finales del siglo XX se han pensado a nivel de participación, por lo que se trazaría al electorado en función de medidor de la democracia. Se considera que el carácter con el que el autor asocia, de manera a priori, democracia y electorado no es la norma para comprender la democracia históricamente. Adicionalmente, la mención de conceptos como liberalismo, dictadura, populismo, entre otros, son bastante ambiguos, ya que, desde una lectura histórica, estas nociones de sistemas de gobierno o cultura política no obedecen a una normatividad estática, por lo que las comunidades pasadas pudieron entender estas formas de una manera diferente y, en algunos casos, concebirlas como modos antagónicos. También, supone un problema el afirmar que es una “anomalía” que un sistema de gobierno que se considere contrario a la democracia interrumpa este último; puesto que, desde la comprensión de la disciplina histórica, estos momentos deben entenderse como eventualidades que surgieron por condiciones específicas, las cuales permitieron que estos sistemas se integraran a la experiencia de un país determinado. Afirmar que la democracia tiene una linealidad es un ejercicio netamente anacrónico. Por otra parte, Julio Cotler, en un ensayo titulado El descubrimiento de la democracia en Amé-

19

Posada Carbó (2008): 408.


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rica Latina,20 afirma que, debido a la inestabilidad política en América Latina, hubo esfuerzos infructuosos por asentar los principios democráticos.21 Esta, entendida como «fundamento de la libertad individual, los derechos ciudadanos y la necesaria convivencia de identidades e intereses plurales bajo el amparo de la ley».22 El modelo de industrialización por sustitución de importaciones permitió que varios estados tomaran las riendas de sus economías domésticas. Con las medidas proteccionistas se pudo canalizar ciertos sectores de la sociedad para la práctica política. A su vez, las concesiones burocráticas y económicas permitieron la dependencia de diferentes organizaciones sociales. Con la reapertura del comercio internacional se generaron nuevas demandas redistributivas: el incremento en la educación superior y «el desarrollo de las comunidades nacionales e internacionales se sumaron para reforzar los cambios en la composición social y cultural de América Latina».23 La incapacidad redistributiva del Estado generó múltiples malestares en las organizaciones de carácter popular, quienes responsabilizaron al blo-

20

Cotler, Julio. “El descubrimiento de la democracia en América Latina”. En: Historia General de América Latina, Estevao de Rezende Martins (Ed.) (Paris:

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que oligárquico de las situaciones que alteraban las clases populares. Las tesis de Haya de la Torre y Mariátegui postularon «que los lazos históricos de subordinación en América Latina a los poderes metropolitanos -ibéricos, británicos y norteamericanos- habían condicionado la formación de las estructuras de dominación imperante, responsables de los problemas seculares de la región».24 La emergencia de poderes dictatoriales significó, para estos teóricos, una oposición a todas las concepciones de democracia, así como de las libertades ciudadanas. Esta experiencia dejaría un mal sabor a muchos individuos y colectividades, por lo que este fue un factor que contribuyó a la búsqueda de un sistema con prácticas más incluyentes de las libertades y, en consecuencia, la democracia se fortaleció como el bastión que afianzaría y guardaría los derechos de múltiples colectividades. Por su parte, los postulados de Antonio Gramsci ayudaron a la consolidación de esta concepción en Latinoamérica, dado que esta propuesta «sostenía que las sociedades complejas contaban con una densa red asociativa, relativamente autónoma de la política y del Estado, en la que se formaba la opinión pública a través de la deliberación de sus miembros».25 Esta perspectiva dio luces para que los individuos se asumieran «como los únicos agentes históricos de la “lucha final”,

Ediciones UNESCO, Editorial Trotta, 2006): Tomo IX, 225-238. 21

Cotler (2006): 225.

22

Cotler (2006): 225.

24

Cotler (2006): 229.

23

Cotler (2006): 229.

25

Cotler (2006): 232.


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destinados a eliminar las graves injusticias existentes y erigir un nuevo orden comunicativo igualitario, fraterno y hermoso, a la vez».26 La perspectiva de Cotler presenta algunas propuestas renovadoras para comprender la democracia en América Latina, ya que integra cuestiones como las libertades ciudadanas en los acontecimientos desde 1930. Sin embargo, pensar que la renovación de la democracia fue únicamente a partir de sectores populares o de izquierda es una apuesta compleja y limitada para establecerlos como argumentos históricos generales. Las calamidades que generaron algunas dictaduras no podían remitirse a comunidades de clases bajas únicamente. En las contiendas por el poder, algunos sectores de la “oligarquía” también pudieron haberse visto afectados por las acciones de los diferentes dictadores. En general, en los trabajos historiográficos presentados, hay ciertas limitaciones para poder llegar a comprender las nociones de democracia en las experiencias latinoamericanas. El precepto de estudiar la democracia como un modelo con normas universales no permite delimitar e indicar cuáles han sido las particularidades con las que las distintas comunidades políticas se han reapropiado de estos conceptos para fortalecer y proyectar sus expectativas en el campo de la deliberación. Como se mencionó, la posibilidad de que distintos grupos

26

Cotler (2006): 234.

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concibieran nuevas formas de pensar la democracia en contraste con las concepciones “estandarizadas”, no es descabellada. Así las diferencias semánticas entre grupos políticos contemporáneos sobre la concepción de ciudadanía es una actividad constante en los escenarios de debate público.

LA CIUDADANÍA COMO ESPACIO DE DELIBERACIÓN La coyuntura política mundial de la segunda mitad del siglo XX se representaba, de manera general, en la pugna entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de Norteamérica. Las tensiones que permitieron estas experiencias influyeron en diversas esferas políticas, sociales y académicas. Por ende, el debate por los sistemas de gobierno tomaría mucha relevancia en las reflexiones políticas. Las expectativas de estas potencias estaban enfocadas en demostrar porqué los sistema que ellos aplicaban eran los más apropiados y, por ende, debían reproducirse en otros estados nacionales alrededor del planeta. El trabajo de Robert Dahl mostraría un esfuerzo por comprender el desarrollo de la democracia y su actuación en las últimas décadas del siglo pasado. No obstante, también propone posiciones críticas frente a la democracia. Algunos puntos tratados por Dahl son: en primer lugar, las “Tradiciones republicanas” propuestas por Aristóteles; las Repúblicas Romanas, y las Ciudades-Estado florentinas en las postrimerías de la Edad Media e inicios del Renacimiento, las cuales


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dieron ciertas pautas para establecer la igualdad en un proceso democrático. Por lo que los ciudadanos son comprendidos como individuos bajo un marco de igualdad para realizar el proceso electoral, gozando de las mismas libertades jurídicas y políticas.27 El autor adiciona un malestar que fue emergiendo en el devenir histórico, el cuál es: el paso de la Ciudad-Estado al Estado-Nación.28 Los intentos de constitución, bajo la figura de Estado nacional, de diversas comunidades políticas, en amplios espacios territoriales, a lo largo de los últimos trescientos años, muestra una gran complejidad, en la medida en que diversas expectativas tuvieron múltiples inconvenientes para poder convivir en un territorio significativamente más amplio, la pugna por diversos intereses ha creado un sin número de obstáculos para mantener un espacio de consenso. En segundo lugar, para Dahl, el ciudadano – como sujeto fundamental para la realización efectiva de una democracia–, va perdiendo ciertos privilegios en los procesos políticos de la era de la globalización. Por ello, las dificultades para retrotraer los procedimientos de la antigua Grecia, Roma y las Ciudades-Estado florentinas a nuestro tiempo son prácticamente imposibles. Los ciudadanos ya no pueden ejercer su soberanía y representación de manera clara, el sufragio no ga-

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rantiza una inclusión de todos los participantes. Este descenso del protagonismo del rol de ciudadano es contrastado por la emergencia de las Poliarquías, las cuales, según Dahl, son «un gobierno en que las instituciones indispensables para el funcionamiento del proceso democrático existen en un nivel que supera cierto umbral».29 En la configuración del espacio geopolítico actual, el papel de ciertas instituciones que controlan los procesos democráticos ha sobrepasado la influencia que se le atribuía a la ciudadanía como fuente de toda soberanía; una soberanía que ha sufrido un cambio de propietario, y donde las instituciones ejercerán las acciones de control y vigilancia sobre los procesos democráticos. Estas propuestas no solo tuvieron una gran recepción en el escenario académico latinoamericano, sino que también presentaron diversas reacciones; por un lado, opiniones con algunas concordancias, como las de Laurence Whitehead, quien traza una linealidad de la participación de la ciudadanía, mientras indica las divergencias en el plano diacrónico de las formas en las que un individuo podía acceder al privilegio de ser un ciudadano desde el siglo XIX.30 Empero lo anterior, Whitehead relaciona el paulatino protagonismo de algunas instituciones estatales para realizar un

29  27

Dahl, Robert Alan. La democracia y sus críticos (Barcelona: Paidós, 1993), 36.

28

Dahl (1993): 257-269.

Dahl 1993): 214.

30  Whitehead, Laurence. “Una nota sobre la ciudadanía en América Latina”. En: Historia de América Latina, Leslie Bethell (Ed.) (Barcelona: Editorial Crítica, 1997): Tomo XII, 67.


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efectivo control sobre los procesos democráticos.31 Por el otro lado, Guillermo O’Donnell difiere con respecto a la propuesta de Dahl. De acuerdo con O’Donnell, en las experiencias de muchos países latinoamericanos se encuentran prácticas y situaciones que no se acomodan al modelo de poliarquía de Dahl. Debido a que la tendencia que muestra Latinoamérica, según O’Donnell, es que, posterior a los regímenes dictatoriales, hubo un paulatino apoyo a un proceso democrático, el cual, a su vez, fue generando una “nueva especie”32 de individuo que asumía el poder ejecutivo de un Estado-Nación. Este sujeto pretendía conducir a su país solamente con sus decisiones, pasando muchas veces por alto las diferentes instituciones legislativas y de control. Este sistema de gobierno propuesto por O’Donnell lo tildaría como Democracia Delegativa.33 Dadas las condiciones de las dictaduras, los malestares de gran parte de la población exigían un cambio radical en la conducción de su país, la introducción de los procesos electorales daría un respiro a la sociedad, dado que podían elegir, por su propia voluntad, al candidato más pertinente para el nuevo cambio. Sin embargo, estos candidatos ingresaron a la escena política en papel de

31

Whitehead (1997): 71.

32

O’Donnell, Guillermo. “Democracia delegativa”. Journal of Democracy en español. No. 1 (julio de 2009): 7.

33

O’Donnell (2009): 7-13.

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“redentores”, capaces de cambiar las tensas situaciones; mas, lo que estos individuos contemplaron era que, de ser necesario, eliminarían las instituciones de control y vigilancia que interfirieran en la instalación de sus reformas. Al mismo tiempo, O’Donnell introduce un tema trascendental en el papel de la ciudadanía: la intervención en las ideas por medio de argumentos colectivos. Pensar que la influencia de la opinión pública, como ente rector de las decisiones para el bienestar común, fue necesaria para que se instauraran algunas democracias delegativas en América Latina.34

LA CIUDADANÍA: POLISÉMICA Y DISCONFORME A lo largo de este ensayo se retrataron dos escenarios indispensables para indicar las dos formas en las que se ha trabajado históricamente la democracia; formas cuyo postulados teóricos deben reflexionarse, con el fin de reelaborar procedimientos pertinentes, de modo que se comprendan las mutaciones que ha sufrido este concepto en distintos momentos, y de formas diacrónicas y sincrónicas. En primer lugar, el precepto de estudiar la historia de la democracia a partir de los procesos electorales no muestra las verdaderas formas en

34

O’Donnell, Guillermo. “Revisando la democracia delegativa”. Casa del Tiempo, Vol. 3, No. 31 (2010): 3.


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las que se ha entendido este concepto por parte de distintas comunidades políticas, ya que los diferentes sectores reelaboraron las significaciones sobre el universo conceptual que se ha construido sobre la democracia35 a partir de sus propias experiencias, generando nuevas discusiones en los espacios de opinión pública. En segundo lugar, los actuales debates teóricos sobre la democracia imponen nuevas construcciones, a medida que aumentan las reflexiones sobre este sistema de gobierno. Como consecuencia de que estas perspectivas varían significativamente, este universo conceptual siempre estará en constante construcción. Por ende, no solo estos textos teóricos sirven para describir ciertas características, sino que también muestran cuáles han sido las maneras de razonar de los pensadores contemporáneos acerca de la democracia, construyendo diferentes conceptos a partir de sus experiencias, y de las lecturas de los acontecimientos políticos de la segunda mitad del siglo XX y de la primera década del presente siglo. Las particularidades que presenta América Latina presentan un amplio espectro para dar cuenta de la dificultad de estandarizar y modelar una

35

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propuesta universal de la democracia. Los recientes informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo muestran que los estudios acerca de la democracia no solo deben tomarse a partir de las categorías que, muchas veces, se establecen de manera a priori.36 En consecuencia, la “ciudadanía” ya ingresa a un plano más complejo de análisis, en donde se multiplica a la forma de “ciudadanías”. Estas formas de análisis darán nuevas lecturas en dos direcciones: por un lado, las actuales teorías sobre la democracia tomarán en cuenta el aspecto particular de las experiencias políticas en distintos países, para dar cuenta de la variación de este concepto en un ámbito sincrónico. Por otro lado –y de manera mucho más ligada a las investigaciones históricas–, entender las culturas políticas de períodos anteriores requerirá de la reflexión sobre el cambio diacrónico de conceptos fundamentales, los cuales jugaron un papel central en los espacios de debate y pugna entre distintas comunidades políticas.

Con universo conceptual se hace referencia a que las comunidades pueden llenar de más conceptos la misma democracia, la introducción de palabras

36  Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Secretaría

como: libertad, igualdad, ciudadanía, derecho, entre otras, pueden adquirir

General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Nuestra Democracia

nuevos significados para cada comunidad, estas modificaciones de las

(México: Fondo de Cultura Económica; Programa de las Naciones Unidas para el

significaciones también pueden encontrarse a través del tiempo.

Desarrollo; Organización de los Estados Americanos, 2010): 29-98.


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BIBLIOGRAFÍA Cotler, Julio. “El descubrimiento de la democracia en América Latina”. En: Historia General de América Latina. Estevao de Rezende Martins (Ed.). (Paris: Ediciones UNESCO y Editorial Trotta, 2006): Tomo IX, 225-238. Dahl, Robert Alan. La democracia y sus críticos. Barcelona: Paidós, 1993. O’Donnell, Guillermo. “Democracia delegativa”. Journal of Democracy en español. No. 1 (julio de 2009): 7-23. _____. “Revisando la Democracia Delegativa”. Casa del Tiempo. Vol. 3, No. 31 (2010): 2-8. Posada Carbó, Eduardo. “Democracia, liberalismo y procesos electorales en América Latina desde 1930”. En: Historia General de América Latina, Marco Palacios (Ed.) (Paris: Ediciones UNESCO, Editorial Trotta, 2008): Tomo VIII, 395-410.

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Nuestra Democracia. México: Fondo de Cultura Económica, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Organización de los Estados Americanos, 2010. Rosanvallon, Pierre. Por una historia conceptual de lo político. Lección inaugural en el Collége de France. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2003. Whitehead, Laurence. “Una nota sobre la ciudadanía en América Latina”. En: Historia de América Latina. Leslie Bethell (Ed.) (Barcelona: Editorial Crítica, 1997): Tomo XII, 67-72.


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reseĂąa


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MARTÍNEZ PINZÓN, FELIPE. UNA CULTURA DE INVERNADERO: TRÓPICO Y CIVILIZACIÓN EN COLOMBIA (1808-1928). IBEROAMERICANA, 2016

una cuelga en la angostura de la candelaria, río guadalupe Enrique Price - 1853


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Nicolás Katz Triana esnicolaskatz@gmail.com, nakatzt@unal.edu.co Historiador egresado del programa de Historia Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá

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elipe Martínez Pinzón es un colombiano de 38 años, quien estudió derecho y literatura en la Universidad de los Andes, PhD en literatura latinoamericana de la Universidad de Nueva York. Fue profesor asistente en College of Staten Island de Nueva York y es profesor de Estudios Hispánicos en la Universidad de Brown. Su trabajo de investigación se enfoca en las intersecciones entre nación, cosmopolitismo y el trópico en el siglo XIX latinoamericano. Ha sido coeditor de los libros Entre el humo y la niebla y Revisar el costumbrismo. Una cultura de invernadero: trópico y civilización en Colombia (1808-1928) de Felipe Martínez Pinzón desarrolla las representaciones de las elites sobre las tierras bajas, cálidas y tropicales del territorio colombiano, analizando dinámicas de raza, producción agrícola y ecología. Este libro contribuye a la historia del determinismo geográfico colombiano, desde la formación de la república hasta entrado el siglo XX. A su vez, la particularidad geográfica colombiana es entendida bajo sistemas de representación, por lo que se asocian características imaginadas a los espacios y a quienes los habitan: el clima, la raza y la naturaleza. Empero, el trópico colombiano, históricamente, ha sido un espacio alejado, donde elites políticas e intelectuales lo representan como un obstáculo para el proyecto civilizatorio, justificando proyectos políticos que lo buscan intervenir económica y culturalmente.


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Cada capítulo del libro tiene una estructura parecida, se sigue un mismo hilo conductor, a saber, la obra de un político, intelectual o escritor colombiano: Francisco José de Caldas, José María Samper, José Asunción Silva, Rafael Reyes, José Eustacio Rivera y Laureano Gómez. A través de sus páginas, el autor muestra cómo cada personaje percibe la idea de trópico, la cual, a pesar de enfocarse en diferentes momentos y lugares, se representa como una zona muy distante; espesas y calurosas selvas, de difícil acceso, plagadas por la enfermedad; dónde vive el otro –el salvaje–, el cual debe ser exterminado o incluido forzosamente a la civilización. Con ello, Martínez muestra cómo el trópico es entendido como un lugar de tránsito, el cual no permite el asentamiento, la proliferación de la cultura, las buenas costumbres y la inversión capitalista. La naciente élite criolla –que se piensa a sí misma europea–, inspirada en los invernáculos de Londres y París, ve una solución que posibilitará el proyecto civilizatorio: tratar el trópico como uno de estos espacios artificiales. El argumento del texto desarrolla una mirada invernacular, una apuesta etnocéntrica de la élite colombiana: la higienización del trópico para hacerlo productivo. Implicando que se limpia de aquellos indeseados que habitan el trópico, y, una vez deshabitado, se importan blancos o mestizos que se adapten y civilicen el lugar. Es entonces una heterotopía –utopía espacial–, pensarlo como un jardín donde la naturaleza se puede controlar artificialmente y la violencia es el medio implícito requerido.

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El clima construido culturalmente funciona como factor que divide la civilización de la barbarie. La geografía colombiana, hace que esta construcción cultural sea vertical. En las tierras altas –como una alegoría a Suiza–, es donde se puede dar la civilización; lugares para las letras, la política y la administración. En las tierras bajas –el trópico–, el calor hace que las personas tengan comportamientos “salvajes”, indeseados, por ser moralmente contrarios a la idea civilizatoria. En el primer capítulo, se analiza a Francisco José de Caldas, quien se convierte en la base para el resto de protagonistas. Su idea de trópico será compartida, adaptada o contraria según los intereses o visión de cada uno; por ejemplo, José María Samper concibe un trópico que incluye grupos raciales, aunque continúa siendo destructiva. A su vez, la introducción de reformas liberales, deseos europeizantes y una violencia representativa son características del capítulo. Posteriormente aparece el primer escritor, José Asunción Silva, quien, con su obra, satiriza la visión de Samper, puesto que maneja un discurso con determinismos políticos, biológicos y geográficos. Por su parte, el General Rafael Reyes impulsa un pensamiento económico que, gracias a las exploraciones, plantea proyectos extractivistas y de transporte, convirtiéndose en un visionario frente al trópico, sin importar las consecuencias sociales de su proyecto económico. Más adelante, desde La Vorágine José Eustacio Rivera, Martínez Pinzón hace una crítica férrea al pensamiento


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tradicional del trópico, mostrando que el blanco se “salvajiza” en la selva; pero, sobre todo, los horrores de ‘el boom cauchero’. En la conclusión, se ve Laureano Gómez alejado totalmente del trópico, lo analiza desde la ventana de un avión –metafóricamente–, por ser impenetrable; donde los avances en transporte aéreo evitan siquiera pasar por estas zonas; una visión excluyente frente a la raza y la política. Debido a que el libro de Martínez es una compilación de 5 ensayos –publicados desde el 2010–, los capítulos no siguen una misma narrativa, cortando la fluidez de la lectura. Por lo que al analizar la conclusión, esta parece más un capítulo independiente, dónde se presenta un análisis paralelo al de Laureano Gómez; infortunadamente no se terminan de aclarar algunas ideas al final del texto. Igualmente, el autor no se toma la molestia de explicarle al lector las razones por las que escoge los personajes desde los que hace el análisis, y las temporalidades tampoco están muy bien delimitadas; a esto último se aúna el hecho de que tampoco se ubica geográficamente el “trópico” dando la sensación de que con esto se refiere a dos zonas del país: el río Magdalena y el Putumayo. Vale la pena mencionar que las fuentes utilizadas incluyen acuarelas, mapas y fotografías, por lo que el texto es retratado por las descripciones y algunas imágenes –de buena calidad– anexadas. En términos generales, Una cultura de invernadero: trópico y civilización en Colombia (1808-1928), es un buen texto; especialmente porque, desde un análisis intelectual, político y geográfico, se aporta a temas relativamente poco tratados como la historia de las selvas colombianas, las zonas de frontera, la región amazónica, los determinismo geográficos y biológicos. Y aunque el libro no pretende hacer un aporte a la historia ambiental, sí funciona para explicar el actuar de la política sobre las condiciones geográficas, las justificaciones que se dieron y las interpretaciones que se han dado.


El número xxiii de la revista goliardos se terminó de imprimir en las instalaciones de gracom Gráficas Comerciales ubicada en la ciudad de Bogotá, Colombia el mes de julio de 2018, 208 años después de que un meteorito impactara en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá. El tiraje es de 500 ejemplares en papel Ivory de 90 gramos. Se utilizaron las familias tipográficas Din Pro, Arno y Pluto


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GOLIARDOS Revista estudiantil de investigaciones históricas Universidad Nacional de Colombia ISSN: 2145-986x Año 24 . Número XXIII . 2018


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