Alejandro Morales Mariaca
"2 de octubre. No debemos olvidar" Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay quienes luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles Bertolt Brecht
Hoy se cumplen 40 años de uno de los hechos más reprobables de nuestra historia, uno de aquellos sucesos que una vez más nos demuestran que el olvido histórico no es una opción. Para quienes no vivimos la época del 68, toda la serie de acontecimientos que desembocaron en la tragedia de Tlatelolco no deja de ser un anecdotario histórico que poco o nada tiene que ver con las nuevas generaciones. Y claro, es comprensible, mucho ha sucedido desde entonces —que ello haya significado un verdadero progreso es cuestión aparte—. Diversos autores y analistas han vertido luz sobre el tema del movimiento estudiantil del 68 y lo ocurrido en la plaza de las Tres Culturas, por su puesto que es así, ese es su deber, pero ¿qué significa realmente ese hecho histórico para el ciudadano común, para el estudiantado de hoy en día? El final de la revolución de 1910 y la instauración
del primer partido político hegemónico, con la figura del caudillo en la vanguardia nacional, no significo un cambio integral en la calidad de vida del grueso de la población, tanto así, que durante el mandato del presidente Cárdenas se cuenta que en ciertas zonas rurales no se tenia el conocimiento de que hubiese habido una revolución. La etapa posrevolucionaria fue una época violenta que sumergió al país en una severa crisis económica y social, lo cual explica, pero en nada justifica, el que cada gobernante en turno a partir de esa fecha echara mano de cualquier medio para contener posibles brotes de desgarramiento social. Para el estudioso de la historia mexicana esto no es de sorprender, desde los años 30 a los 60, tanto grupos sindicales (mineros, telefonistas, maestros, doctores, etc.) como sociales hicieron escuchar sus peticiones al gobierno mediante la movilización masiva de sus miembros, siendo en toda ocasión reprimidos —con distintos matices de brutalidad— por el gobierno en turno. Ya desde los años 50 el movimiento estudiantil había tomado cierta fuerza en el país, específicamente en lo que hoy en día es nuestra máxima casa de estudios, cuando se logró la autonomía universitaria. Pero no fue sino hasta la década del 60 cuando el movimiento alcanzó su punto más alto. Los años 60 significaron para el mundo el comienzo del descontento global