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Educación reproductiva y paternidad responsable en Nicaragua

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NACIONES UNIDAS

COMISIÓN ECONÓM ICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE - CEPAL

Distr. LIMITADA LC/MEX/L.479 6 de julio de 2001 ORIGINAL: ESPAÑOL

EDUCACIÓN REPRODUCTIVA Y PATERNIDAD RESPONSABLE EN NICARAGUA

Este documento fue elaborado por el consultor Oswaldo Montoya, en el marco del Proyecto “Educación Reproductiva y Paternidad Responsable en el Istmo Centroamericano” . Las opiniones expresadas en él son de la exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de la Organización.

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ÍNDICE Página I.

IN TR O D U C C IÓ N .....................................................................................................

1

II.

EL CONTEXTO NACIONAL: POBREZA, INEQUIDAD Y VULNERABILIDAD S O C IA L ............................................................................

3

SEXUALIDAD M ASCULINA, REPRO D UCCIÓ N Y PA TER N ID A D ....

5

III.

1. 2. 3. IV.

Los hombres y la sexualidad......................................................................... Los hombres y la reproducción.................................................................... Relación de los hombres con sus hijos e h ija s............................................

5 8 11

LA LEGISLA CIÓ N N ICARA G ÜENSE RESPECTO DE LA FAM ILIA Y LA PA TER N ID A D ..............................................................................................

19

1. 2. 3. 4. 5. 6.

Constitución Política......................................................................................... Código C iv il....................................................................................................... Ley de Relaciones Padre, M adre e H ijo s.................................................... Ley de Alim entos.............................................................................................. Código de la Niñez y A dolescencia.............................................................. Ley 150 de Reformas al Código Penal y Ley 230 de Reformas y Adiciones al Código Penal para Prevenir y Sancionar la Violencia Intrafam iliar..................................................................................... C onclusiones......................................................................................................

22 23

V.

POLÍTICA N ACIO N AL DE PO B LA C IÓ N .......................................................

25

VI.

POLÍTICAS, ENFOQUES Y ACCIONES SOBRE ED U CACIÓ N REPRO D U CTIV A Y PA T E R N ID A D ................................................................

27

1. 2. 3. 4.

G obierno............................................................................................................. Organizaciones no gubernam entales............................................................. Agencias de C ooperación............................................................................... U niversidades.....................................................................................................

27 34 39 40

C O N C LU SIO N ES.....................................................................................................

42

1. 2. 3. 4.

42 44 45 46

7.

VII.

Problem as............................................................................................................ Lecciones aprendidas de las acciones realizadas........................................ O portunidades.................................................................................................... O bstáculos...........................................................................................................

19 20 21 21 22


iv

Página VIII.

PROPUESTAS PA R A U N A “IN ICIATIVA D E PA TERN IDA D ”

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1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

Introducción........................................................................................................ Objetivos generales............................................................................................ Ejes te m ático s.................................................................................................... Algunas líneas de acció n .................................................................................. Grupos m eta........................................................................................................ Características de la Iniciativa de paternidad.............................................. Estructura organizativa y actores so ciales...................................................

48 49 50 50 53 53 55

B IBLIO G RA FÍA .......................................................................................................................

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Anexos: A. Organismos que tienen relación con los temas del proyecto B. Iniciativa de paternidad - N icarag u a.......................................

61 65


I. INTRODUCCIÓN

El presente diagnóstico tiene el propósito de reunir y analizar la inform ación relevante sobre el tem a de paternidad en Nicaragua, incluyendo el com portam iento sexual y reproductivo de los hombres y la relación que establecen con sus hijos e hijas. Así, se presentan los principales hallazgos de investigaciones sociales sobre el tema, el estado de la legislación nicaragüense en materia de fam ilia y paternidad, y el apoyo institucional con que se cuenta para la prom oción de una paternidad responsable. Este trabajo constituye la prim era fase del proyecto “Educación Reproductiva y Paternidad Responsable en el Istm o Centroam ericano”, que ejecuta la Sede Subregional en M éxico de la Comisión Económ ica para A m érica Latina y el Caribe (CEPAL). El incalculable costo humano, moral y material que arroja el abandono y la irresponsabilidad paterna justifica sobrem anera la realización de este proyecto. En Nicaragua, según datos de la Encuesta N icaragüense de D em ografía y Salud (EndesaINEC, 1998), el 31% de los hogares tiene jefatura fem enina y el 35% de los niños y niñas menores de 15 años no viven con sus papás. M uchos de estos hombres se han desentendido por com pleto de la vida de sus hijos e hijas. En su tesis doctoral sobre em barazo en la adolescencia, el investigador Elm er Zelaya (1996) señala que, además de la pobreza y los bajos niveles educativos, la “búsqueda insatisfecha de am or paterno” y “ el haber vivido en una casa con padre ausente” constituían factores asociados al em barazo precoz. Por su parte, los resultados de un estudio sociocultural m uestran que la explicación más frecuente que dan las adolescentes del por qué se em barazaban fue “para com placer a mi pareja” (UNFPA, 1999). En palabras de una de la entrevistadas: “ salí em barazada porque mi compañero quería que le tuviera un hijo”. El com portamiento y las actitudes machistas de los hombres son un poderoso factor oculto que está im pactando negativam ente en la altas tasas de fecundidad adolescente, en los abortos, en la mortalidad materna y en el bienestar material y emocional de la niñez y la juventud nicaragüense. N icaragua tiene una de las tasas más altas de fecundidad adolescente en toda Am érica Latina y el Caribe. El 22% de las mujeres menores de 20 años ya son madres y otro 5% están em barazadas (Endesa-INEC, 1998). Pese a que existe un com plejo vínculo entre los procesos reproductivos y la situación de pobreza, num erosas fuentes sugieren que las altas tasas de fecundidad exacerban la pobreza. El Inform e N acional del U N FPA (1999) afirm a que las familias más pobres tienden a ser las más num erosas y que “cuando las familias pobres tienen menos hijos, disponen de m ayor cantidad de recursos para invertir en sus hijos” . Pero lo más grave del asunto se plantea cuando los padres abandonan a sus hijos, y las m adres tienen que enfrentar con un ingreso solo los gastos familiares. N icaragua es una nación de niños, niñas y jóvenes. El 43% de la población tiene menos de 15 años. El abandono paterno tam bién influye en la inserción de niños y niñas al mercado laboral, ya que se los utiliza como medio para generar ingresos a las familias. Casi uno de cada cinco


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niños(as) entre 10-14 años son parte de la población económ icam ente activa; es decir, trabajan o buscan trabajo (Encuesta N acional de H ogares sobre M edición del N ivel de V ida - EM NV, INEC, 1998). La sociedad entera, com enzando por la niñez, está pagando un alto precio por la irresponsabilidad de los hombres en cuanto a su com portam iento sexual, reproductivo y paterno. Las consecuencias de esta situación tiene ram ificaciones en los problem as de salud, educación y de inseguridad ciudadana que vive la población. D etrás de muchos jóvenes pandilleros que com eten actos delictivos hay niños resentidos con la sociedad en general y con sus padres en particular. La sociedad, las instituciones, los hombres y las mujeres adultos tienen una enorme deuda con las generaciones más jóvenes. El Estado y la sociedad civil organizada del país está im pulsando acciones y desarrollando políticas para enfrentar estos problem as sociales. Pero las m edidas tom adas hasta la fecha son insuficientes y casi no existen program as que hagan de la prom oción de la paternidad responsable una prioridad. Este diagnóstico pretende contribuir a la elaboración de propuestas concretas para un programa de prom oción de la paternidad responsable. La idea es contar con un docum ento base para la discusión entre los diferentes actores sociales del país que estén com prom etidos con el desarrollo social de Nicaragua, y en particular con el bienestar de su niñez. Para elaborar este diagnóstico se realizaron visitas a instituciones estatales y de la sociedad civil y se revisaron docum entos institucionales, reportes de investigaciones, encuestas, censos nacionales, diagnósticos de base, leyes nacionales, ponencias, artículos de profesionales y otras publicaciones relevantes sobre el tema. El período en que se realizó este diagnóstico fue entre junio y septiembre de 2000. Luego de presentar el estado del conocimiento sobre el tem a a nivel nacional, desde el punto de vista psicosocial, cultural y normativo-institucional, y luego de describir la principales acciones realizadas, el presente diagnóstico concluye con una propuesta de acciones titulada “Iniciativa de paternidad” .


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II. EL CONTEXTO NACIONAL: PO BREZA, INEQ UIDAD Y VULN ER ABILID AD SOCIAL

Con una población estimada en 4.8 millones de habitantes, N icaragua llega al año 2000 siendo una de las tres prim eras naciones más pobres de A m érica Latina y el Caribe. Según el Inform e de D esarrollo H um ano 2000, de N aciones Unidas, la mitad de la población nicaragüense vive por debajo de la línea de pobreza. El 20% de la población más pobre recibe apenas el 4% de los ingresos, mientras que el 20% de la población más rica recibe el 55%, lo que refleja la trem enda inequidad económ ica en el contexto de un país pobre. La falta de oportunidades de em pleo sigue siendo uno de los problem as más sentidos por los y las nicaragüenses (PNUD, 2000). Según la Encuesta Nacional de Hogares sobre M edición del Nivel de V ida (EM NV-INEC, 1998), existe 12% de desocupación abierta. D e acuerdo con datos del Banco Central de N icaragua (citados por U NICEF-Nicaragua, 1999) para 1998 el 13% de la población económ icamente activa estaba en el subempleo y otro 13% en el desempleo abierto. Los indicadores sobre el nivel educativo de la población son igualm ente preocupantes. De acuerdo con el últim o Censo N acional de Población y V ivienda (INEC, 1995), el 29% de la población m ayor de 6 años es analfabeta. En el campo, el analfabetism o a partir de los 6 años llega al 46%. Sólo el 35% de la población rural entre 6 y 29 años asiste a la escuela, m ientras que en la ciudad lo hace el 60%. Por su parte, la Encuesta de M edición del Nivel de V ida (EM NVINEC, 1998) revela que el 21% de la población m ayor de 10 años no tienen nivel de instrucción alguno; el 9% tiene aprobado el 4o. y 5to. año de secundaria o técnico m edio y el 5% están cursando o se graduaron de una carrera universitaria. N icaragua es un país multiétnico, con una población indígena que reside m ayoritariam ente en la región del Atlántico. En cuanto a regiones, la Costa A tlántica del país es la que presenta los indicadores más bajos en alfabetización, asistencia escolar y nivel de instrucción. L a inequidad social se m anifiesta entonces en térm inos de etnia y área de residencia. L a población cam pesina tam bién carga con el peso m ás grande de la pobreza y el retraso social. En el campo hay tres veces más analfabetism o que en la ciudad, situación grave si se tom a en cuenta que el 46% de la población vive en zonas rurales (INEC, 1995). Las inequidades sociales tam bién se estructuran desde las diferencias de género. Los ingresos de las mujeres representan sólo el 40% del ingreso de los hombres (PNUD, 2000); su participación en puestos de dirección es minoritaria, al igual que su acceso a la propiedad. Según la Encuesta Nacional de D em ografía y Salud (Endesa-INEC 1998), una de cada tres mujeres no es propietaria de bienes, una de cada tres ha recibido maltrato del cónyuge y el 50% de las mujeres deben inform ar a sus parejas sobre su movilidad personal. Prevalece una cultura patriarcal, donde el hom bre adulto establece relaciones de dominio sobre las mujeres, jóvenes y niños(as). Los valores adultistas y m achistas siguen transm itiéndose de generación a generación. A pesar de los cambios graduales en las relaciones de género, la


4 sociedad continúa asignando al hombre la jefatura fam iliar y el papel de principal proveedor económico. Del total de las personas con trabajo rem unerado en Nicaragua, el 66% son hombres y el 34% mujeres; es decir, los hombres representan dos tercios de los ocupados (EM NV-INEC, 1998). La PEA m asculina (o sea, los varones mayores de 10 de años que trabajan rem uneradam ente o que buscan trabajo) es del 74%; en cambio, la PEA fem enina es del 37% (ídem). El carácter patriarcal de la sociedad tam bién se m anifiesta en los privilegios que los hombres ejercen en el ámbito familiar. Aun cuando los hombres no tuvieran empleo, son las m ujeres quienes llevan la m ayor carga del trabajo doméstico, incluyendo el cuidado de los niños(as) pequeños(as). Así, del total de población m asculina económ icam ente inactiva sólo el 2% se dedica a los quehaceres de la casa como actividad principal, mientras que en las mujeres este segmento representa el 48% (EM NV-INEC, 1998). En general, las mujeres son responsables del 85% del tiem po dedicado a las tareas domésticas, m ientras que los hom bres se encargan apenas del 15% (Renzi y Agurto, 1997). Por último, es im portante m encionar algunos de los principales acontecim ientos que ha vivido N icaragua en las décadas recientes. L a nación entera ha sido sacudida por desastres naturales en form a repetida. El huracán M itch, uno de los ejem plos más recientes, dejó pérdidas humanas estimadas en 2 000 m uertos y 900 000 damnificados, además de los severos daños m ateriales ocasionados. La población rural ha estado sufriendo nuevam ente las consecuencias de los malos inviernos, caracterizados por sequías. Tem blores de alta magnitud en el departamento de M asaya han recordado la vulnerabilidad de toda la región del Pacífico de N icaragua ante las fallas sísmicas. A la par de los desastres naturales, el país ha atravesado por drásticos eventos sociopolíticos y económicos desde los años setenta hasta la actualidad. Los casi 15 años de continuado conflicto armado dejaron fuertes secuelas en la cultura de los y las nicaragüenses. En los años noventa, los programas de ajuste estructural y estabilización económica han im pactado negativam ente en la calidad de vida de la población, profundizando en muchos casos las desigualdades sociales. U na de las consecuencias de todas estas situaciones que ha vivido el país es el movim iento m igratorio de grandes sectores de la población, tanto del campo a la ciudad, como hacia el exterior, principalm ente a Costa Rica y los Estados Unidos. La inestabilidad y la vulnerabilidad creada en las familias nicaragüenses a raíz de esta cadena de fenómenos naturales, políticos y socioeconómicos, no pueden subestimarse. En este contexto adverso es que se sitúa el com portam iento reproductivo y sexual de los hombres y la m anera como éstos se relacionan con sus hijos e hijas. La siguiente sección aborda precisam ente el estado del conocim iento actual sobre el com portam iento masculino en los temas específicos de este diagnóstico.


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III. SEXUALIDAD MASCULINA, REPRODUCCIÓN Y PATERNIDAD

En esta sección se analizan los hallazgos de las investigaciones llevadas a cabo en N icaragua sobre sexualidad masculina, reproducción y paternidad, enfatizando la relación entre el com portam iento sexual y reproductivo de los hom bres con el ejercicio de su paternidad. En total, se presentan y com entan datos provenientes de 14 investigaciones primarias, más dos docum entos diagnósticos con inform ación secundaria. Cinco de estas investigaciones fueron realizadas exclusivam ente con participantes varones y nueve con participantes de ambos géneros.

1. Los hom bres y la sexualidad

a)

Prácticas

Los estudios revisados reflejan que los varones tienden a establecer relaciones sexuales a edades más tem pranas que las mujeres. Según la Encuesta Nacional de Dem ografía y SaludEndesa 98 (INEC, 1998), 1 la edad m ediana de la prim era relación sexual para los hombres es de 15.6 años, mientras que para las mujeres es de 18.2. A los 18 años el 85% de los hombres han tenido relaciones sexuales, en contraste con sólo 48% de las mujeres. Pero el hecho de que los hombres inicien tem pranam ente su vida sexual no significa que establezcan uniones de pareja. Los varones com ienzan su vida conyugal más tardíam ente que las mujeres. L a edad m ediana de la prim era unión en el caso de los hombres es de 22 años; en las mujeres es de 18. Por lo tanto, hay una tendencia a m ayor cantidad de relaciones sexuales prem aritales o preunión en los varones. Los mism os datos de Endesa 98 (INEC, 1998) muestran que en las mujeres no hay diferencias respecto de la edad m ediana de inicio sexual con la edad de su prim era unión; en cam bio en los hom bres hay una diferencia de 7 años, siendo m ucho más tem prano el inicio sexual que el establecim iento de uniones de pareja. Asimismo, los hom bres tienen m ayor núm ero de parejas sexuales que las mujeres. Los resultados de Zelaya (1999), 2 a partir de una subm uestra representativa de hom bres de la ciudad de León, reflejan que el 44% de los hombres entre 15 y 24 años han tenido dos parejas sexuales o más en su vida, com parado con el 10% de las mujeres. De los hombres entre 25 y 44 años, el 79% ha tenido dos parejas sexuales o más, com parado con el 25% de las mujeres. Ni el nivel de ingresos, ni la situación laboral, ni el nivel educativo de los hombres resultaron ser variables que

1 P a r a E n d e s a 98 se u tiliz a ro n 3 c u e s tio n a rio s : e n c u e s ta a h o g a re s (n = 1 1 5 2 8 ); e n tre v is ta s a m u je re s 15-49 a ñ o s (n = 1 3 6 3 4 ); y la s e n tre v is ta s a h o m b re s d e 1 5 -5 9 a ñ o s (n = 2 9 1 2 ). É s ta e s la e n c u e s ta n a c io n a l c o n la m u e s tr a m á s g ra n d e y r e p r e s e n ta tiv a d e h o m b re s e n c u e s ta d o s e n te m a s d e s e x u a lid a d y re p ro d u c c ió n . L a m ita d d e e s to s 2 9 1 2 h o m b re s so n m e n o re s d e 3 0 a ñ o s. E l 1 7 % c a re c e n d e e d u c a c ió n fo rm a l, el 4 3 % tie n e n a lg ú n n iv e l d e e d u c a c ió n p r im a ria , 3 2 % s e c u n d a ria y 8 % u n iv e rs ita ria . 2 U tiliz ó u n a s u b m u e s tr a d e 331 h o m b re s y 4 0 9 m u je re s d e L e ó n , a q u ie n e s se le s a p lic ó u n c u e s tio n a rio a n ó n im o y a u to a d m in is tra d o .


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correlacionaran con el número de parejas sexuales. El único factor asociado con tener menos parejas sexuales fue el involucram iento de los hombres en actividades religiosas. L a m ultiplicidad de parejas sexuales de los hom bres ocurre a m enudo en form a de sexo casual y de relaciones extramaritales. Según la investigación de M ontenegro (2000), 3 realizada en M anagua, el 85% de los hombres han tenido relaciones ocasionales o fuera de su relación de pareja estable, en contraste con el 19% de las mujeres. Lo que se conoce como infidelidad sexual masculina com ienza incluso desde el noviazgo. El estudio de K alk (1999) 4 con varones de M anagua entre 15 y 19 años arroja que el 52% de los que dijeron tener novia adm itieron estar teniendo relaciones sexuales con otras muchachas. M ontenegro (2000), al m ostrar datos com parativos entre hom bres y mujeres respecto de sus iniciaciones sexuales, tam bién señala el m enor involucram iento afectivo de los hombres en muchas de sus relaciones sexuales. M ientras que el 93% de las m ujeres tuvo su iniciación sexual ya sea con su novio o pareja estable, sólo el 44% de los hombres lo hizo así. L a m ayoría de los hom bres tuvo su prim era relación sexual con amigas, trabajadoras sexuales, etc. Aun más, “el 30.4 % de las m ujeres m antuvieron una relación estable con el p a rtn er con el que se iniciaron, en contraste con el 3.9% de los hom bres” (pág. 81). Estos datos coinciden con los encontrados por K alk (1999): una m inoría de los jóvenes varones (39%) tiene relaciones sexuales con sus novias y un porcentaje considerable (31%) dijo haber tenido contactos sexuales con “mujeres desconocidas” y otro 24% con trabajadoras sexuales. Esta práctica m asculina de establecer relaciones sexuales sin fuertes vínculos emocionales puede constituir en m uchos casos un factor de riesgo para el posterior abandono paterno, cuando ocurren em barazos no deseados. Com o se verá más adelante, estudios de otros países señalan que el tipo de relación que los hom bres desarrollan con sus parejas sexuales influye en gran m edida en su disposición para asum ir la paternidad. Finalmente, el sexo forzado es otra práctica m asculina docum entada en algunos estudios. El Anuario Estadístico de la Policía Nacional (1999) registró 3 905 delitos sexuales; el 54% de éstos eran denuncias de violación (incluyendo tentativas de violación y violaciones frustradas). El 98% de las personas detenidas por los delitos de violación son hombres y el 95% de las víctim as de estas violaciones son mujeres. De estas violaciones tam bién surgen embarazos no deseados que a su vez term inan en abortos o en hijos(as) sin padres. Los estudios realizados sobre abuso sexual infantil evidencian una de las prácticas paternas más dañinas, el incesto. Estos trabajos reportan que los principales victim arios son hombres adultos de la familia: padrastros, padres, tíos, hermanos y abuelos (UNICEF, 1999). Endesa (INEC, 1998) revela que el 9% de las m ujeres han sido víctim a de abuso sexual y que en el 53% de los casos de abuso infantil el ofensor había sido un m iem bro de la familia. Los niños varones tam bién son víctim as frecuentes de abuso sexual. U n estudio representativo para la

3 E s tu d io r e a liz a d o e n e l c a s c o u rb a n o d e M a n a g u a c o n u n a m u e s tr a to ta l d e 1 2 0 0 p e rs o n a s , 4 9 % h o m b re s . A p lic a ro n u n c u e s tio n a rio (d a to s c u a n tita tiv o ) y g ru p o s fo c a le s (c u a lita tiv o ). 4 E s tu d io c u a n ti-c u a lita tiv o , e n c u e s ta n d o a 4 8 2 jó v e n e s v a ro n e s d e 6 b a r r io s d e M a n a g u a (8 5 % s o lte ro s, 1 0 % y a e ra n p a d re s ) y e n tre v is ta n d o a 10 p a rtic ip a n te s .


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ciudad de León encontró una prevalencia del 20% de abuso sexual en varones y 26% en mujeres (Olsson, Ellsberg, Berglund, Herrera, Zelaya y Persson, en imprenta).

b)

Actitudes y creencias sobre sexualidad

Las prácticas sexuales descritas en la sección anterior difícilmente tendrían lugar sin un sistem a de creencias y actitudes masculinas que las sostenga. Existe bastante coincidencia en los estudios sobre las representaciones subjetivas de los hom bres nicaragüenses en torno a la sexualidad. U na de las representaciones más sobresalientes es la creencia subjetiva en la naturaleza instintiva y casi “indom able” de los deseos sexuales masculinos, vivida en form a de urgencia por tener relaciones coitales con m ujeres (Sternberg, 2000; PROSIM , 5 1999). El sentido de urgencia sexual es tal que la m asturbación se valora como una legítim a válvula de escape para evitar otras formas de satisfacción sexual socialmente condenables, como la violación o el abuso sexual. M ontenegro (2000) reporta que las razones principales que los hombres dicen haber tenido para su prim era relación sexual es “curiosidad” (43% ) y “necesidad/im pulso” (26%); en contraste, la razón principal de las mujeres es “amor” (76%). Estrecham ente ligado a lo anterior, los estudios reportan una actitud de los hombres no sólo tolerante hacia la poligam ia m asculina (UNFPA, 1999) sino tam bién jactanciosa cuando pueden dem ostrar num erosas conquistas sexuales. En el estudio de Sternberg (2000), 6 por ejemplo, el refrán masculino nicaragüense “todo lo que entra al asador es carne” fue utilizado por algunos entrevistados para explicar que los hombres siempre están dispuestos y deseosos de tener relaciones sexuales. D esde esta perspectiva, toda m ujer significa una potencial conquista sexual y si ella lo facilita “no se puede dejar pasar la oportunidad” (PROSIM , 1999). Por otro lado, los estudios que aportan inform ación sobre creencias masculinas en torno a la sexualidad (Sternberg, 2000; PROSIM , 1999; UNFPA, 1999; 7 M ontenegro, 2000) describen un discurso moral “correcto” de los hombres, en el que se valora como “buen padre” al hombre proveedor que apoya a su familia, no tiene vicios, ni es mujeriego. Contradictoriamente, este discurso coexiste con aquel que es com placiente con la poligam ia y la promiscuidad. Resum iendo los principales hallazgos respecto de la sexualidad masculina, se encuentran datos que indican m ayor precocidad y prom iscuidad sexual en los hombres, en com paración con el com portam iento sexual de las mujeres. Además, los hombres parecen involucrarse más a menudo en relaciones sexuales carentes de afecto y compromiso. En algunos casos, esta tendencia se m anifiesta en prácticas de coerción sexual.

5 E s tu d io c u a lita tiv o q u e c o n tó c o n u n a m u e s tr a d e 81 h o m b re s , q u ie n e s p a r tic ip a ro n e n g r u p o s fo c a le s (1 2 e n to ta l, ta n to e n z o n a s u rb a n a s c o m o ru ra le s ), y c o n e d a d e s e n tre 2 0 y 5 0 a ñ o s ; la m a y o ría , c a s a d o s y c o n h ijo s . 6 E s tu d io c u a lita tiv o c o n e n tre v is ta s in d iv id u a le s y g ru p o s fo c a le s a 9 0 h o m b re s e n tre 15 y 70 a ñ o s , p ro v e n ie n te s d e 8 c o m u n id a d e s (7 0 % d e lo s h o m b re s c a s a d o s /u n id o s y 3 0 % so lte ro s). 7 E s tu d io s o b re m u je re s a d o le s c e n te s , p e ro c o n s u b m u e s tra n o p r o b a b ilís tic a d e 3 6 0 v a ro n e s e n tre 10 y 19 a ñ o s. R e a liz a ro n e n c u e s ta s e n M a n a g u a , L e ó n , M a s a y a y E ste lí.


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Como contraparte subjetiva de estas prácticas sexuales, los estudios revisados indican que los hombres representan su sexualidad como instintiva y difícil de controlar, vivida en form a de urgencia natural. Idealizan la sexualidad fem enina como más m esurada y desempeñando roles pasivos. M uchos hom bres se ven a sí mism os com o los sujetos sexuales con necesidad de objetos para vaciar su deseo, función que asignan en la mayoría de los casos a las mujeres. Todas estas conductas sexuales m asculinas podrían estar influyendo negativam ente en las posibilidades de ejercer una paternidad responsable. La precocidad y prom iscuidad sexual, las relaciones sexuales sin com prom iso afectivo y la coerción sexual traen como una de sus consecuencias em barazos no deseados y hombres renuentes a reconocer su paternidad, sobre todo cuando ellos no asumen su responsabilidad en la anticoncepción.

2. Los hombres y la reproducción Antes de analizar los hallazgos sobre com portam ientos y actitudes m asculinas hacia la reproducción, se presentan algunos datos sobre los niveles de fecundidad en el país, basándose en la Encuesta Nacional de Dem ografía y Salud (Endesa-INEC, 1998). Quizás debido a los mayores niveles de escolaridad, urbanización y acceso a métodos anticonceptivos, en los últim os años la tasa global de fecundidad ha decrecido en el país, pasando de un prom edio de 4.6 hijos por m ujer a 3.9. El 60% de las m ujeres que tienen relaciones de pareja dicen usar algún m étodo anticonceptivo, pero quienes más los usan son las mujeres con mayores niveles de escolaridad que viven en zonas urbanas. En consecuencia, las tasas más altas de fecundidad se encuentran en el ám bito rural y en las mujeres con bajos niveles de escolaridad. Las m ujeres rurales tienen un prom edio de 5.4 hijos, mientras que las urbanas 3.1. Existe una clara asociación entre el nivel de instrucción formal de las mujeres y sus niveles de fecundidad, de m odo que a m enor escolaridad corresponden mayores tasas de fecundidad. Las mujeres sin instrucción tienen más de 6 hijos en promedio; un poco más de 5 las que tienen de 1 a 3 años de educación formal; y este prom edio llega a reducirse a 1.5 en mujeres con educación universitaria. Entre las mujeres m enores de 20 años, el 27% ha iniciado la procreación. El 22% ya es madre y otro 5% están embarazadas. Esta situación se agudiza al desagregarlo por área de residencia y educación. En el caso de las adolescentes rurales, el 34% ya son madres o están em barazadas, a diferencia del 23% de las adolescentes urbanas. El 54% de las adolescentes sin educación formal ya iniciaron la procreación en contraste con 9% entre las de nivel universitario. D e los hombres jóvenes entre 15 y 19 años que están unidos, el 40% ya es padre. En las mujeres unidas de esas mism as edades, el 61% ya es madre. Sólo un 4% de todos los hombres entre 15 y 19 años de edad admiten ser padres.


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a)

Prácticas anticonceptivas

Los hombres nicaragüenses tienen una participación muy limitada en la anticoncepción, lo que resulta inconsecuente con sus opiniones favorables a la planificación fam iliar (véanse datos en la siguiente sección). Según Endesa (INEC 1998), de los hombres que están en relaciones de pareja donde usan la anticoncepción, menos del 10% asumen directam ente esa responsabilidad: sólo el 6% utiliza el condón, el 2% la abstinencia periódica, el 1% el m étodo del retiro y un 0.4% se ha practicado la vasectomía. Los hombres de zonas rurales tienen un uso m enor de métodos anticonceptivos que los de zonas urbanas. Asimismo, el uso de algún m étodo anticonceptivo se eleva a medida que los hombres tienen m ayor nivel de educación. Algunos estudios confirm an un uso inconsistente del condón, pese a que los hombres conocen su función preventiva en em barazos no deseados y enferm edades de transm isión sexual. Los datos de K alk (1999) con varones de entre 15 y 19 años muestran que el 67% de los que ya son sexualm ente activos han usado el condón alguna vez, pero lo han utilizado preferentem ente cuando perciben como riesgosa una relación sexual. El 40% de ellos lo ha usado en relaciones con “m uchachas desconocidas” y el 47% con trabajadoras sexuales. En sus relaciones sexuales con novias, en la mitad de los casos nunca han usado el condón. El criterio de uso del condón sólo con mujeres “ sospechosas” y en relaciones extram aritales tam bién se constata en estudios con hom bres adultos (Grupo Hom bres Contra la Violencia, 1997; 8 Sternberg, 2000; Zelaya, 1999). Zelaya (1999) descubrió inconsistencia en el uso del condón incluso en las relaciones sexuales casuales o furtivas. Prevalece una opinión negativa de los hombres hacia el condón, que se centra en tres argumentos: i) “no se siente igual” , es decir, el condón disminuye el placer sexual; ii) no es necesario si se hace con una mujer “honesta” ; y iii) se rompen, algunos son de m ala calidad (Kalk, 1999; Sternberg, 2000; PROSIM , 1999). Y si el condón es rechazado por la m ayoría de los hombres, con m ucho m ayor razón la vasectomía, m étodo rodeado de muchos mitos y tem ores infundados. M uchos hombres piensan que la vasectom ía disminuye sus energías sexuales y hasta para trabajar (Grupo H om bres contra la Violencia, 1997), y que el hombre puede volverse afeminado, perder su virilidad y sufrir de im potencia sexual (Sternberg, 2000; PROSIM , 1999). ¿Qué relación existe entre esta lim itada participación m asculina en la anticoncepción y las posibilidades de ejercer la procreación y la paternidad de m anera responsable? D esde que existen más m étodos anticonceptivos femeninos que masculinos, los hombres participan menos en la planificación familiar. Como se expone más adelante, el sistema de salud ha fom entado que las mujeres se encarguen de los aspectos reproductivos, incluyendo la anticoncepción. U na consecuencia negativa de esto es que cuando ocurren em barazos no planeados muchos hombres no se sienten responsables y culpabilizan a las mujeres (“ella se lo buscó”) o evaden (“ese em barazo lo hizo con otro”). Algunos estudios presentados en la siguiente sección respaldan estos comentarios.

8 R e a liz a ro n e n c u e s ta s a 3 0 0 h o m b re s ( m u e s tra n o p r o b a b ilís tic a ) y 10 g r u p o s fo c a le s c o n 108 h o m b re s , e n 5 d e p a rta m e n to s d e N ic a ra g u a .


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b)

Actitudes hacia la reproducción

Los estudios revisados docum entan una opinión favorable en la m ayoría de los hombres hacia la planificación familiar, y consideran que se debe concebir solamente los hijos(as) que se pueda m antener (Endesa-INEC, 1998; Sternberg, 2000; PROSIM , 1999; Grupo Hom bres contra la Violencia, 1997). Según Endesa (INEC, 1998) “ sólo en un 4% de las parejas el esposo o com pañero está en desacuerdo con su esposa acerca de la planificación fam iliar” (pág. 73). Algunos de los hombres que se oponen a la planificación fam iliar dicen que es pecado intervenir en la voluntad de D ios respecto de los hijos que deben nacer (Sternberg, 2000). Otros argumentan que los métodos anticonceptivos son dañinos a la salud (PROSIM , 1999; Grupo H om bres contra la Violencia, 1997) y otros abiertam ente manifiestan su m iedo a que la mujer, confiada en que no saldrá embarazada, le sea infiel con otro hombre (Sternberg, 2000). El hecho de que la m ayoría de los hombres estén a favor de familias pequeñas no significa que se vean a sí mism os como corresponsables de la anticoncepción. L a prevención de embarazos sigue asignándosele a la m ujer (Sternberg, 2000; PROSIM , 1999; Abaunza, Solórzano y Fernández, 1995). 9 U na excepción a esta tendencia la presenta el estudio de Fundem uni (1997), 10 en el que el 50% de los hombres opinaron que cualquiera de los dos miembros de la pareja debe usar un m étodo anticonceptivo y otro 25% expresó que es el hom bre quien debe asum ir esa responsabilidad. N o obstante, el estudio m uestra una contradicción entre discurso y práctica, ya que sólo 3% de los hombres dicen usar el condón y 2% m étodos anticonceptivos naturales. Con respecto a la actitud de los hom bres ante em barazos no deseados, los trabajos ofrecen resultados diversos. Por una parte, el estudio de Sternberg (2000) reporta la disposición de los hombres a asum ir su responsabilidad ante un em barazo no deseado, pues lo contrario se considera una cobardía, im propia de un “verdadero hom bre” . Por otra, en el estudio de A baunza y otros (1995), algunos jóvenes varones m anifiestam ente una actitud irresponsable: “ Si ahorita dejo em barazada a la mujer, no podría hacerm e cargo, me correría, diría que es de otro...” (joven de 17 años) (pág. 125). Otros jóvenes argum entan estar exentos de responsabilidad cuando se tiene relaciones con mujeres desconocidas o con experiencia sexual previa: S i e lla v a h a h a c e r e l a m o r c o n m ig o sin c o n o c e rn o s , e lla se tie n e q u e c u id a r. S i h a g o e l a m o r c o n e lla y d e s p u é s m e v a a d e c ir q u e e s tá p r e ñ a d a [e m b a ra z a d a ], n o te n g o p o r q u é a s u m irlo . E l o tro c a so es q u e si te n g o m i n o v ia y es v irg e n , so y su p r im e r h o m b re , la r e s p o n s a b ilid a d es m ía , p o rq u e e lla n o c o n o c e n a d a d e eso y y o le a y u d o d ic ié n d o le c ó m o h a c e r p a r a q u e n o h a y a em b a ra z o . (U n iv e rs ita rio d e 2 0 a ñ o s ) ( A b a u n z a y o tro s, p á g . 125).

Tam bién existen opiniones diversas entre los hom bres sobre quién de la pareja debe decidir cuándo y cuántos hijos procrear en un matrimonio. U nos dicen que son ellos, los hombres, los que tienen el derecho de decidir, apelando a su rol de proveedores económ icos (Sternberg, 2000). Otros opinan que am bos deben decidir (PROSIM , 1999). El estudio de

9 E ste e s tu d io se re a liz ó c o n u n a m u e s tr a n o p r o b a b ilís tic a d e 2 9 5 jó v e n e s d e a m b o s se x o s y p ro c e d e n te s d e d ife re n te s r e g io n e s d e l p a ís , q u ie n e s p a r tic ip a ro n e n e n tre v is ta s y g ru p o s fo c a le s. 10 E s tu d io -d ia g n ó s tic o re a liz a d o e n 8 m u n ic ip io s s e m irru ra le s d e N u e v a S e g o v ia . C o n tó c o n u n a s u b m u e s tra d e 3 0 0 h o m b re s e n c u e s ta d o s .


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Fundem uni (1997) reporta que la opinión prevaleciente entre los hom bres es la que considera a la mujer como la que debe decidir el número de hijos. El estudio auspiciado por el U NFPA (1999), realizado con mujeres adolescentes em barazadas, presenta un dato poco divulgado con relación a la presión que ejercen los hombres en las decisiones reproductivas de las mujeres. D e las entrevistas con 80 de estas adolescentes, la explicación más frecuente que daban del por qué querían embarazarse fue “por com placer a mi pareja” . En palabras de una de la entrevistadas: “ salí em barazada porque mi com pañero quería que le tuviera un hijo” . Los autores del estudio llaman a esta fuerte influencia m asculina como el factor cultural de la “ sumisión y dependencia de la m ujer frente a la pareja” . En resumen, los estudios revisados sobre hombres y reproducción inform an de una actitud m asculina favorable hacia la planificación familiar, pero que no corresponde con su participación en ésta. Son pocos los hom bres que asumen la responsabilidad de la anticoncepción usando m étodos masculinos. El condón es rechazado y utilizado de m anera inconsistente, y la vasectom ía es tem ida casi como extirpadora de su masculinidad. Algunas interpretaciones religiosas, la creencia sobre daños de los anticonceptivos y los celos masculinos parecen obstaculizar la planificación familiar. Por último, existe una diversidad de respuestas y actitudes de los hombres ante el em barazo no deseado y ante el grado de influencia en las decisiones reproductivas. En apariencia, habría una relación entre la poca participación de los hom bres en la anticoncepción, los embarazos no deseados y el rechazo a asum ir la paternidad.

3. Relación de los hom bres con sus hijos e hijas

a)

Presencia paterna

Endesa (INEC, 1998) revela que en N icaragua un porcentaje considerable de hom bres no conviven con sus hijos e hijas. El 25% de niños(as) sólo vive con su mamá; el 3% sólo con su papá; y el 10% con ninguno de los dos progenitores. En total, esto suma al 35% de los niños y niñas m enores de 15 años que no viven con sus papás (sólo un 3% de casos se debe a que éstos ya fallecieron). En las zonas urbanas estas cifras se elevan al 41%. En otras palabras, en las ciudades de N icaragua 2 de cada 5 niños no viven con sus padres. Otro posible indicador de la lim itada presencia de los hombres en la vida de sus hijos e hijas podría ser el acelerado increm ento de los centros de protección o internamiento, patrocinados por el FON IF-M inisterio de la Familia. D e acuerdo con el “Análisis de situación de la niñez nicaragüense” (UNICEF, 1999) en 1992 había 24 centros, cuyo número se había duplicado en 1997, hasta llegar a 50 centros, en los que viven 2 339 niños, niñas y adolescentes. Entre las causas por las que estos niños son llevados a los centros de internamiento, se mencionan pobreza extrem a de madres solteras, maltrato a niños(as) por parte de padrastro o madrastra, alcoholism o de padres y abandono de hijos(as) no deseados. Pero la mayoría de los niños y niñas que son separados de sus padres no van a parar a un centro de internamiento, sino que son “regalados” o encargados a parientes, vecinos, com adres o personas con m ayores recursos. El FO N IF-M ifam ilia tam bién ofrece como alternativa transitoria


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para proteger a los niños y niñas el Program a de “H ogares sustitutos”, que a com ienzos de 1997 atendía a más de 2 000 niños(as). Se estima que por lo m enos la mitad de estos niños(as) ingresaron a este program a por abandono de los padres (UNICEF, 1999). El estudio del Grupo de Hom bres contra la V iolencia (1997) reporta que muchos de los hombres separados de sus esposas argumentan desconocer las leyes que los obliga a dar pensión alim entaria a sus hijos(as). La situación de irresponsabilidad paterna es preocupante. En Nicaragua muchos niños y niñas no sólo carecen de la presencia cercana de sus padres, sino tam bién de su apoyo material para enfrentar la dura realidad económ ica que atraviesan la mayoría de los hogares nicaragüenses. ¿Qué tipo de situaciones sociales y qué consideraciones subjetivas facilitan que tantos hombres abandonen a sus hijos e hijas? Considerando los hallazgos de las investigaciones revisadas, podría formularse la hipótesis de una cadena causal de eventos que finalm ente conduce al abandono paterno. Esta cadena com ienza con la falta de com prom iso de muchos hombres en sus relaciones sexuales (m anifestada en promiscuidad, sexo casual, poligamia), sigue con la poca participación m asculina en la anticoncepción, luego los em barazos no deseados y finalm ente el rechazo a asum ir la paternidad. L a pobreza y falta de solvencia económ ica de los hombres tam bién ejerce un efecto negativo en el reconocim iento paterno (no obstante, existen padres responsables con sus hijos a pesar de sus bajos ingresos). Estudios realizados en otros países sugieren que el tipo de relación que los hom bres tienen con la m adre de sus hijos es otro factor determ inante (Alatorre, 2000; Barker, 1997). Si los hombres están separados de la madre de sus hijos, si entre los padres separados o divorciados prevalecen relaciones conflictivas, lo más probable es que el vínculo padre-hijo(a) sea muy débil. Al respecto, en el nivel nacional se carece de datos sobre el índice de separaciones, divorcios y nuevas uniones de pareja. Las encuestas nacionales (Endesa 98; E M N V ’98) sólo ofrecen inform ación del estado civil actual de la población. Se sabe así que el 16% de las mujeres y el 7% de los hom bres entre 15 y 49 años están separadas(os) o divorciadas(os), y que el 59% de mujeres y de hom bres están casados o unidos (Endesa’ 98). Pero no se puede determ inar qué porcentaje de los actualm ente casados o en unión se habían divorciado o separado en el pasado. Lo que sí se deduce es que los hom bres se vuelven a unir o a casar con más frecuencia que las mujeres, y abandonan a los hijos de su prim era relación de pareja. 11

b)

Significado de los hijos e hijas para los padres

En franco contraste con la realidad de los padres irresponsables, algunos estudios han docum entado la alta valoración que muchos padres varones m anifiestan hacia sus hijos e hijas. En el estudio de PRO SIM (1999), los entrevistados expresan que sus hijos(as) son una fuente de am or y com prom iso (“es bonito ser padre y uno quiere darles amor, estudios, salud y todo eso”). D ecían estos hombres que sus hijos(as) les perm iten “proyectarse hacia el futuro”, continuando así con “la cadena de la vida” . M uchos hom bres consideran que sus hijos e hijas son una prioridad en sus vidas y la motivación principal de un buen comportamiento, que beneficie a los 11 S e g ú n M o n te n e g ro (2 0 0 0 ) el 4 9 % d e lo s h o m b re s d e M a n a g u a (e d a d e s e n tre 15 y 4 0 a ñ o s ) se s e p a ra /d iv o r c ia y c o n tra e n u e v a s u n io n e s d e p a re ja . E l 3 2 % d e la s m u je re s h a c e lo m is m o .


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hijos(as) y les sirva de ejemplo (M ontoya, 1998). 12 Algunos manifiestan que los hijos(as) son “el propósito de un matrim onio y de la familia” y que la imposibilidad de tenerlos significa “un fracaso” (PROSIM , 1999). U nido al sentido de responsabilidad y obligación que traen los hijos e hijas, los hombres tam bién sienten que la nueva identidad como padres consolida su madurez y reafirm a su m asculinidad (Sternberg, 2000). Algunos entrevistados tam bién com partieron que con el nacim iento de sus hijos(as) habían experim entado sentimientos mixtos de alegría y a la vez preocupación por las limitaciones económicas con que tendrían que hacer frente a su responsabilidad como padres. Otros, en cambio, m anteniendo una perspectiva más a largo plazo, perciben a sus hijos e hijas como “una ayuda cuando lleguemos a viejos” (PROSIM , 1999). En este sentido, los hijos(as) significan una especie de “ seguridad social” para el futuro.

c)

Percepción del rol como padres

Los estudios sugieren que los hombres siguen definiendo sus roles como padres dentro de parám etros muy restringidos, en particular, proveer económ icam ente y educar o disciplinar. En las entrevistas efectuadas por Sternberg (2000) sólo un hom bre dijo que “dar am or” era una función de los padres varones. El cuidado cotidiano de los hijos(as) — alimentarlos, bañarlos, lavarles su ropa, etc.— no es visto por los hombres como parte de sus funciones, aunque m anifiestan disposición de hacerlo en situaciones excepcionales (por ejemplo, cuando la m am á está enferm a) o en térm inos de “ayuda ocasional” . Las respuestas que dieron las m ujeres en la encuesta de Endesa (INEC, 1998) con respecto a quién decide en diferentes asuntos familiares corresponde con esta percepción de los hom bres en su rol paterno. Las mujeres dicen tener m ayor control en los siguientes tipos de decisiones: selección de alimentos a cocinar, cuidado de la salud y educación de los niños(as) y uso de anticonceptivos. Y reconocen tener m enos control sobre las visitas sociales, la disciplina de los hijos(as) y com prar algo costoso. En otras palabras, sugiere que los hom bres tienen poca responsabilidad en el cuidado de sus hijos pero m ucho poder sobre éstos en aspectos de disciplina. Esto no significa que entre padres e hijos(as) no existan vínculos afectivos positivos o que esta lim itada percepción de sus roles como padres los inhabilite para otro tipo de interacciones con sus hijos(as). Sternberg (2000) inform a que la m ayoría de los hombres hablan con orgullo sobre el am or que reciben de sus hijos(as) y tam bién están de acuerdo con la idea de que “jugar con sus hijos(as) es algo im portante” . N o obstante, en la práctica los hom bres parecen tener dificultades para com unicarse con sus hijos en torno a otros tem as que no sea disciplina o “dar consejos” (Sternberg, 2000).

12 E s tu d io c u a lita tiv o d e c a so s c o n u n a m u e s tr a d e 16 h o m b re s e n u n ió n c o n y u g a l o d e p a r e ja y d e d ife re n te s e d a d e s , e s c o la rid a d e s y re g io n e s d el p aís.


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d)

El trato hacia los hijos e hijas

El estudio “Perfil de desarrollo del niño y la niña nicaragüense” (1999), elaborado por el PAININ, 13 presenta los siguientes com entarios sobre el com portam iento de los padres varones con sus hijos(as) menores de 6 años: “A a lg u n o s p a d re s le s o fe n d e q u e el n iñ o se le s a c e r q u e ” . “L o s h o m b re s s o n m e n o s h o g a re ñ o s , n o tie n e n el m is m o g e n io q u e la m a m á ” . “L o s p a d re s m a lc r ía n a la s n iñ a s , so n m á s c o n s e n tid o re s ” . “E l p a d re lle v a el d in e ro y m a m á lo s c u id a ” . “L o s h o m b re s n o so n m u y n iñ e ro s , so n s im p le s ” . (p á g . 2 5 ).

Estas observaciones corresponden con la percepción del rol paterno lim itado a proveer y disciplinar, y sugieren un tipo de trato distante entre los padres varones y sus hijos(as). Existen tam bién indicios de un trato diferenciado que los hombres (y las mujeres) brindan a sus hijos e hijas (PROSIM , 1999; Abaunza y otros, 1995). Como tendencia general, este trato diferenciado es sexista y reproduce los roles tradicionales de género. Por ejemplo, los hom bres esperan que sean sus hijas las que ayuden a la madre en el trabajo doméstico (PROSIM , 1999). Abaunza y otros (1995) observa que los hom bres establecen relaciones de com plicidad masculina con sus hijos, tal como sugiere un joven entrevistado: “mi padre me com prende como hom bres que somos”. Los hom bres tienden a ser más perm isivos con sus hijos varones y en muchos casos prom ueven la iniciación de éstos en los rituales m asculinos m achistas (como tener múltiples relaciones sexuales con m ujeres o retarse a golpes con otros muchachos). Con las hijas mujeres, en algunos casos pueden ser más “consentidores”— como m enciona el estudio del PA IN IN (1999)— , pero esto se acom paña de m ayor control sobre sus vidas, y en otros casos pareciera haber relaciones más distantes e incluso desconfianza m utua (Abaunza y otros, 1995). Varios estudios revisados docum entan situaciones muy negativas con respecto al trato que reciben muchos hijos e hijas de parte de sus padres y madres. Según el “Análisis de situación de la niñez nicaragüense” de UNICEF (1999), la cantidad de casos de m altrato y abandono atendidos por el FON IF/M ifam ilia en 1997 llegó casi a 6 000 niños y niñas. Asimismo, en 1997 más de 3 000 delitos contra niños, niñas y adolescentes fueron reportados por las Comisarías de la M ujer y la N iñez de la Policía Nacional, en su m ayoría cometidos por varones (UNICEF, 1999). Al no contar con datos representativos de todo el país sobre m altrato infantil, estas cifras podrían representar sólo la punta del “iceberg” de un problem a con magnitudes m ucho más grandes. D e lo que sí hay datos oficiales es sobre la preval encia de maltrato contra las mujeres alguna vez en unión, que probablem ente repercute en el m altrato que éstas luego ejercen contra sus hijos e hijas. Endesa (INEC, 1998) revela que el 29% de m ujeres alguna vez en unión han sido maltratadas física o sexualm ente por sus compañeros. Esta prevalencia aum enta en las mujeres con m ayor número de hijos(as). Así, de las m ujeres alguna vez en unión, pero sin hijos, el 18% ha sido m altratada en alguna ocasión por su esposo o compañero, m ientras que en las mujeres con 4 hijos(as) o más la prevalencia sube al 35%.

13 Fam ilia.

PAININ: Programa de A tención Integral a la N iñ ez N icaragüense, del M inisterio de la


15 En el 57% de los casos de violencia, sus hijos(as) estaban presentes al m om ento del abuso y en otro 36% de estos casos sucedió cuando la m ujer estaba embarazada, lo que representa un maltrato directo no sólo contra la m adre sino tam bién contra los hijos(as). N o son pocas las anécdotas de hijos e hijas que adm iten haber intervenido cuando su padre o padrastro estaba m altratando a su madre. A dem ás de aum entar la prevalencia de violencia en mujeres con m ayor núm ero de hijos, Endesa (INEC, 1998), tam bién identifica m ayor violencia en mujeres urbanas y en mujeres de m enor nivel educativo. En la sección de sexualidad ya se m encionaban algunos indicadores de abuso sexual contra niños y niñas. Los estudios coinciden en señalar que la m ayoría de los ofensores son hombres en relaciones de parentesco con las víctimas: padrastros, tíos, padres, abuelos y hermanos (Endesa-INEC, 1998; Olsson y otros, en imprenta; UNICEF, 1999). La violencia contra los hijos e hijas, ya sea en form a de castigos corporales o abuso sexual, se basa en la visión adultista hacia éstos, quienes son considerados propiedad de los padres y madres. O tra de sus consecuencias es el uso de los hijos e hijas como mano de obra o fuente de ingresos, incluso desde edades muy tempranas. Con respecto a las causas del trabajo infantil, el “Análisis de situación de la niñez nicaragüense” (UNICEF, 1999) reconoce la interacción de factores económ icos (pobreza) y culturales, entre estos últimos, la práctica autoritaria de padres y madres de obligar a los hijos(as) a trabajar desde una edad tem prana bajo la justificación de que es una experiencia formadoraeducativa, en detrimento de la im portancia de la educación formal. De acuerdo con la Encuesta N acional de Hogares sobre M edición del Nivel de V ida (INEC, 1998), casi uno de cada cinco niños(as) entre 10 y 14 años son considerados población económ icam ente activa. El estudio “Cómo los niños y niñas ven su m undo” (Pineda G. y Guerra B.R., 1997) m uestra que el 21% de los niños y niñas que trabajan dijeron hacerlo porque sus padres y madres consideraban que “era parte de su educación” y otro 15% porque era “un deber fam iliar” . Los niños(as) confesaron que son m altratados si no llevaban dinero o no vendían. En la peor form a de trabajo infantil — la explotación sexual— a m enudo los padres y m adres son cóm plices al recibir dinero de los que abusan de sus hijas/os (UNICEF, 1999). Los estudios realizados por la organización no gubernam ental (ONG) TESIS revela que muchas niñas son obligadas a prostituirse por la propia familia, para aportar económ icam ente a la casa (M edrano, 1999). “Ocurren transacciones de favores sexuales de los m enores a cam bio de pago por servicios básicos o créditos en las pulperías. M uchas veces las menores son forzadas a esto por padres y padrastros”, denunció M edrano (1999) en un foro nacional sobre abuso sexual.

e)

Cómo los hijos e hijas perciben a sus padres

La perspectiva que tienen los propios hijos e hijas de sus padres varones varía notablemente. Abaunza y otros (1995), por ejemplo, señala que para algunos jóvenes sus papás son fuente de adm iración com o un m odelo a seguir, o un guía y consejero; en cambio, para otros sus papás son muy “regañones”, “im pacientes” y “enojados”, y tienen una actitud demasiado controladora.


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Con todo, los estudios parecen encontrar más percepciones negativas que positivas, de parte de los hijos(as) hacia sus papás. U na evidencia de esto son los com entarios de muchos hijos varones, al prom eter que “cuando sean padres van a ser diferentes con sus hijos” ; es decir, más cercanos y con más comunicación, reflejando así las carencias en su relación con sus propios padres (Abaunza y otros, 1995). Algunos hom bres dicen “que no van a copiar el mal ejemplo que vivieron de sus padres” (M ontoya, 1998). Las bajas expectativas que parecen tener m uchos hijos hacia sus papás sugieren tam bién una percepción negativa. Al respecto, com enta Abaunza y otros (1995): “Cuando el padre existe, por el simple hecho de existir y aportar económicamente al mantenimiento del hogar, ya se le considera un elemento muy positivo. Al padre le basta con no hacerlo del todo mal para que se interprete que lo está haciendo muy bien” (pág. 93).

L a percepción que tienen de los padrastros podría ser peor. N o hay estudios que profundicen en la relación entre padrastros e hijastros(as), pero, según Abaunza y otros (1995), los padrastros raram ente logran ganarse el respeto y la autoridad sobre los hijastros, y estos últim os manifiestan muchas quejas por el maltrato que sufre su m adre en manos de quien consideran un “extraño” . Finalmente, Pineda G. y Guerra B.R. (1997) subrayan que el 48% de los niños(as) entrevistados no tenían una figura paterna en su fam ilia y el 73% dijo tener m ejores relaciones con sus madres que con sus padres. Los niños y niñas, además, veían a sus padres como los encargados de aplicar castigos, y a sus m adres como las encargadas de dar cariño. En las entrevistas con los niños y niñas trabajadores, señalaron que era con los tíos, herm anos mayores, padres y padrastros con quienes tenían las relaciones más difíciles. D e acuerdo con los estudios sobre paternidad revisados en esta sección, el panoram a no parece muy alentador, ya que predom inan datos e indicadores de irresponsabilidad de los hom bres con sus hijos e hijas. Cuando no hay separación física entre padres e hijos(as), la distancia asume dimensiones emocionales y comunicativas. En todo esto parece influir la lim itada percepción social del rol paterno, restringida a ser proveedores económ icos y guardianes disciplinarios. Una explicación del abandono paterno podría ser que, ante la carencia de recursos económ icos para proveer, los hombres sientan que no tienen nada que aportar a sus hijos y, en consecuencia, eluden por completo su responsabilidad y vínculo con sus hijos. De extrema gravedad resultan los datos sobre maltrato infantil, abuso, explotación económ ica y sexual a los hijos e hijas. En este recuento final de los estudios revisados tam bién es im portante y justo destacar las prácticas responsables y com prom etidas de muchos hombres con sus hijas e hijos.

f)

La C osta A tlántica ausente en estudios sobre sexualidad y paternidad

N o se debe concluir una revisión de investigaciones realizadas en N icaragua en los temas de paternidad, reproducción y sexualidad, sin declarar la limitada cobertura de la gran mayoría de estos estudios, circunscritos a las regiones del Pacífico, N orte y Central de Nicaragua. D e las 14 investigaciones prim arias revisadas, solam ente la encuesta de Endesa (INEC, 1998) presenta


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resultados de la Costa Atlántica, por ser de carácter nacional. Existen otros tres estudios que mencionan haber incluido en su m uestra de participantes a población de la Costa Atlántica, pese a que no presentan ninguna inform ación al respecto. 14 L a encuesta de Endesa (INEC, 1998) ofrece datos desagregados por departam ento sobre com portam iento reproductivo. Así, las dos regiones de la Costa A tlántica están dentro de los departamentos clasificados como de niveles de fecundidad “muy alta” (RAAN) 15 y “alta” (RAAS). 16 L a R A A N es el segundo departam ento con más alta tasa global de fecundidad (TGF) en el país (6.1 hijos por mujer), superado sólo por Jinotega (6.3). L a RAAS es el séptimo más alto con 4.6 hijos por mujer. Ambas regiones superan la TGF a nivel nacional, que es de 3.9 hijos por mujer. En cuanto a fecundidad en las adolescentes, la R A A N y la RAAS presentan proporciones más altas que el prom edio nacional. En la RAAN, el 32% de las m enores de 20 años son madres o están em barazadas, y en la RAAS el 29%. L a R A A N es el tercer departam ento con más alta proporción de fecundidad adolescente. Vinculado con esta alta tasa de fecundidad en adolescentes, se observa que la RA A N es el lugar con m enor uso de anticoncepción por parte de las mujeres (36%) — mientras que a nivel nacional es del 60%— y la RAAS es el sexto departamento con m enor uso. D e acuerdo con E ndesa’98, las actitudes de los hombres de la Costa Atlántica en cuanto a la planificación fam iliar son de las más negativas, com parado con los hombres de los otros departam entos del país. D espués de Jinotega, la R A A N y la RAAS son los departamentos con m enor proporción de hombres que aprueban la planificación fam iliar (72%). Asimismo, estos son los departamentos (después de Jinotega) donde hay más rechazo a la planificación fam iliar de parte del esposo, mientras que la esposa sí lo aprueba. Y los hombres de la RAAS son los que presentan el segundo porcentaje más alto de rechazo a los mensajes de planificación fam iliar por la radio y televisión (8.3%, superado sólo por los hombres de M atagalpa, con 8.7%). ¿Cóm o explicar esta m ayor agudización de los problem as reproductivos en la Costa A tlántica nicaragüense? L a carencia de investigaciones socioculturales en estas regiones del país lim ita un análisis m ejor fundamentado. N o obstante, ha sido evidente la histórica marginación que ha vivido la población del Atlántico, en particular su población indígena. Probablem ente, las mayores tasas de fecundidad y el m enor uso y aprobación de la anticoncepción se asocien a los bajos niveles de alfabetización, asistencia escolar e instrucción que presenta la región, así como a la deficiente y limitada infraestructura de servicios de salud. El relativo m ayor rechazo de los hom bres de la Costa Atlántica a la planificación fam iliar tam bién podría estar vinculado al relativo m enor poder social que tienen las m ujeres de esa región. La RA A N es el segundo lugar con m ayor proporción de m ujeres que declaran no poseer

14 Por otra parte, se indagó con cuatro ONG de la Costa Atlántica sobre otros estudios vinculados al tema de este diagnóstico. N o se conocía de investigaciones en esta temática. 15 RAAN: Región Autónoma del Atlántico Norte. Su ciudad principal es Puerto Cabezas. 16 RAAS: Región Autónoma del Atlántico Sur. Su ciudad principal es Blueffields.


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ningún tipo de propiedad (tierra, casa, empresa, animales, bienes duraderos). El 41% de estas mujeres no poseen nada (Endesa-INEC, 1998).

g)

C onclusiones sobre el estado actual de conocim ientos en sexualidad m asculina, reproducción y paternidad en N icaragua

Los hallazgos de las investigaciones aquí revisadas perm iten aproxim arnos a la situación de los hombres nicaragüenses en relación con su sexualidad, reproducción y paternidad. Contundentem ente, estos estudios ratifican la urgente necesidad de iniciativas sociales que prom uevan cambios en la m anera como los hom bres se relacionan en estos ám bitos de sus vidas. Sin embargo, para ser efectivos, la inform ación con la que se cuenta resulta insuficiente. Al revisar los estudios, se constata un balance negativo sobre el com portamiento masculino con respecto a su sexualidad, reproducción y paternidad. Los casos positivos — de com portam ientos responsables y com prom etidos de los hom bres— parecen ser las excepciones. L a m ayoría de los estudios presentan resultados similares entre hombres con diversas características sociodemográficas. Esto podría conducir a dos posibles conclusiones. Una, que quizás existe una práctica cultural m asculina hom ogénea respecto de la sexualidad, la reproducción y la paternidad. Otra, que las investigaciones no se plantearon como prioridad identificar diferencias entre los hombres. Se im pone profundizar en el conocim iento sobre las diversas expresiones de la sexualidad masculina, sus comportamientos reproductivos y las relaciones de los hombres con sus hijos e hijas. Los grandes ausentes de los estudios nacionales son los hombres de la Costa Atlántica. Por otra parte, estos resultados m uestran que existen hombres que asumen positivam ente su paternidad y hombres que abandonan irresponsablem ente a sus hijos(as). Entonces ¿qué hace la diferencia? Será im portante identificar factores asociados a las diversas actitudes y comportamientos de los hombres ante todos estos temas, como la planificación familiar, los embarazos no deseados y las decisiones reproductivas en sus relaciones de pareja. De igual manera, es necesario acceder a la diversidad de significados y razonamientos que los hombres tienen al vivir su sexualidad reproductiva y paternidad.


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IV. LA LEG ISLACIÓ N NICARAG ÜENSE RESPECTO DE LA FAM ILIA Y LA PATERNIDAD

Partiendo de una revisión de las leyes del país y de algunos estudios de abogadas(os), se puede afirm ar que las regulaciones normativas sobre el com portam iento de los hombres en su relación con sus hijos e hijas están contenidas en los siguientes instrum entos jurídicos: Constitución Política; Código Civil; Ley de Relaciones Padre-M adre-Hijos; Ley de Alimentos; Código de la N iñez y Adolescencia; Ley 150 de Reform as al Código Penal; y Ley 230 de Reform as y Adiciones al Código Penal para Prevenir y Sancionar la Violencia Intrafamiliar. A continuación se presenta y analiza cada una de estas leyes en lo referente al tem a de paternidad, y cuando es pertinente, se m encionan vacíos o contradicciones que afectan negativam ente a los derechos de los hijos, hijas y de las mujeres madres.

1. Constitución Política Los derechos de la fam ilia se expresan en el capítulo IV de la Constitución Política, donde queda claramente establecida la obligación de los padres y del Estado en garantizar y prom over la paternidad responsable. El prim er aspecto relevante sobre paternidad aparece en el artículo 71 de la Constitución, al establecerse la plena vigencia de la Convención sobre los D erechos del N iño y la Niña. Esta Convención incluye como uno de los com prom isos de los Estados Partes el asistir a los padres para que cum plan con su obligación en la crianza y desarrollo de sus niños(as). La Convención tam bién establece el derecho de los(as) niños(as) al contacto directo y relaciones personales con ambos padres. El artículo 72 de la Constitución reconoce la unión de hecho estable, equiparándola al matrim onio y estableciendo la obligación del Estado en cuanto a su protección. U n vacío es que, aunque la Constitución ubica al matrim onio y a la unión de hecho estable al mism o nivel, no hay ley especial sobre esta últim a (M ontoya, 2000), como sí lo hay sobre el m atrim onio y su disolución. Tam poco el Código Civil regula este principio constitucional (Centro de D erechos Constitucionales, 199X). N o obstante, el Proyecto de Código de Fam ilia presentado a la Asam blea Nacional desde 1994 dedica un capítulo a la unión de hecho estable. El artículo 73 de la carta m agna establece la igualdad de derechos y responsabilidades entre el hombre y la mujer, y de m anera particular la responsabilidad que ambos padres tienen sobre la crianza de sus hijos: “ ...Los padres deben atender el mantenim iento del hogar y la form ación integral de los hijos mediante el esfuerzo común, con iguales derechos y responsabilidades”. El artículo 75 dice: “Todos los hijos tienen iguales derechos. N o se utilizarán designaciones discriminatorias en m ateria de filiación. En la legislación común, no tienen ningún


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valor las disposiciones o clasificaciones que disminuyan o nieguen la igualdad de los hijos”. Este precepto constitucional desafia la ideología m achista respecto del trato despectivo hacia los hijos considerados “por fuera” de la relación “oficial” . Pero al no existir una reglam entación sobre la unión de hecho estable, se corre el riesgo de que los hijos considerados “ilegítim os”, según el Código Civil, sean discriminados en cuanto a la sucesión de herencias (M. Jirón, com unicación personal, julio de 2000). Finalmente, el artículo 78 establece la responsabilidad del Estado en la prom oción de la paternidad responsable:“El Estado protege la paternidad y maternidad responsable. Se establece el derecho de investigar la paternidad y la m aternidad”. Este artículo abre un espacio legal para que, en casos inciertos, los hijos(as) ejerzan su derecho de saber quién es su padre y los padres de saber quiénes son sus hijos(as), a través de la investigación de la paternidad. Esta garantía constitucional es muy im portante tam bién para hacer efectiva la obligación de los padres en m ateria de alimentos, lo cual está regulado por la L ey de Alimentos. Asimismo, basándose en este artículo de la Constitución se puede exigir al Estado que tom e todas las medidas necesarias que conduzcan al ejercicio responsable de la paternidad por parte de los hom bres con hijos e hijas.

2. Código Civil Este Código data de 1904 y sigue vigente a pesar de algunas reformas realizadas. Es en este cuerpo de ley donde se han concentrado las regulaciones norm ativas referente a la familia. Patriarcal por definición, el Código Civil establece en su artículo 245 que el marido es el jefe y representante de la familia. Según esta ley, la m ujer tiene la obligación de seguir al marido dondequiera que éste traslade su residencia. El Código Civil discrim ina a los hijos en dos categorías: legítimos e ilegítimos; estos últim os son los nacidos fuera de matrim onio sin ser legitimados (art. 220). Como se describió antes, la actual Constitución Política anula este tratam iento discrim inatorio al establecer la igualdad de derechos de todos los hijos. Según el Código Civil, la “patria potestad”, entendida como la facultad de dirigir y adm inistrar los bienes de los hijos menores, es una prerrogativa del marido, que tam bién se extiende a los hijos ilegítim os reconocidos legalmente. L a m ujer es tom ada en cuenta secundariamente, pues a ella corresponde la patria potestad “en defecto del padre” (artículo 248) o cuando el m enor es un hijo ilegítimo no “reconocido” (artículo 266). Evidentem ente, el Código Civil fom enta y legitim a una cultura de m ucho poder para los hombres sobre la cónyuge, los hijos e hijas. Estas disposiciones que confieren al hombre un estatus predom inante dentro de la fam ilia entran en contradicción con leyes más recientes que tam bién regulan aspectos de las relaciones familiares.


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3. Ley de Relaciones Padre, Madre e Hijos Prom ulgada en la década de los ochenta, esta ley supera en gran m edida las concepciones patriarcales de m uchas de las norm ativas del Código Civil en materia de familia. Su intención es prom over la igualdad entre el padre y la madre con respecto a los hijos, así como la no discriminación de éstos por razones de filiación (Centro de D erechos Constitucionales, 199X). Establece deberes y facultades para la madre y el padre, como proveer a los hijos alimentación, ropa, vivienda, salud, educación, velar por su buena conducta, prepararlos para el trabajo, representarlos judicial y extrajudicialm ente, etc. Sin embargo, esta ley deja vigente las disposiciones del Código Civil en las norm as que supuestam ente no las contradice, con lo que abre la posibilidad de sentencias discriminatorias contra las mujeres (Ramos, 1993). Existe un nuevo proyecto de Ley Reguladora de Relaciones entre M adre, Padre, Hijas e Hijos, presentado a la A sam blea N acional desde 1993, que establece la protección a todas las hijas e hijos, sean por adopción, m atrim onio o lazos no matrim oniales. Tam bién propone agregar como deberes y facultades de la madre y el padre el cuidado emocional de sus hijos(as), que deben ser educados sin poner en peligro su salud y dignidad (Centro de D erechos Constitucionales, 199X).

4. Ley de Alim entos Esta ley am plía el significado legal del térm ino “alim entos”, agregando las necesidades culturales y de recreación, además de comida, habitación, vestuario, salud y educación. En el artículo 3 establece que la pensión alim entaria se fija de acuerdo con las posibilidades y recursos económicos de quien debe darlos y las necesidades de quien los recibe. En el artículo 16 define la m aternidad y paternidad responsable como “el mantenim iento del hogar, la formación integral de los hijos mediante el esfuerzo común, con iguales derechos y responsabilidades” . En el artículo 17 estipula consecuencias penales para quienes incurren en “om isión deliberada a no prestar alim entos” . Para esto, el artículo 18 fija las circunstancias mediante las cuales se dem uestra la paternidad, que incluye pruebas de grupo sanguíneo, uso del apellido del presunto padre, haber hecho vida marital con la m adre del hijo y haberle proveído en algún tiem po subsistencia y educación. Según la doctora M arvis Jirón (comunicación personal, julio de 2000), la Ley de Alim entos es un buen instrum ento para obligar a los padres a cum plir con sus obligaciones. El problem a es que actualm ente sólo existe la vía judicial para aplicarla, debido a que con el nuevo Código del Trabajo quedó derogado el procedim iento de em bargo directo al trabajador. Basándose en ese artículo del viejo Código del Trabajo se había establecido un procedimiento adm inistrativo para obligar a los padres a proveer pensión alim entaria a sus hijos(as). “Éste era un trám ite adm inistrativo ágil, gratis y efectivo”, afirm a la doctora Jirón, el cual era aplicado prim ero por lo que fue la Oficina de Protección Fam iliar durante los años ochenta y luego por el FON IF en los noventa. El M inisterio de la Fam ilia (M ifamilia) sólo puede recibir peticiones de dem andas alimentarias y m ediar para que el dem andado acepte voluntariam ente dar una pensión, pero no


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puede obligarlo. Para esto se debe rem itir el caso a los juzgados. En la actualidad hay una gran cantidad de dem andas de alimentos pero muy pocos casos culminan efectivamente. Las razones: costos de servicios legales, desconocimiento de la ley, retardo de justicia e incum plim iento de la sentencia por parte de los dem andados (M. Jirón, com unicación personal, ju lio de 2000). Evidentem ente, aquí hay m ucho trabajo por hacer para la prom oción de la paternidad responsable. Otra lim itación es que no existen juzgados especializados en tem as de familia, a pesar de que la Ley 260 de O rganización del Poder Judicial establece la creación de Tribunales de Familia. El proyecto de Código de Fam ilia tam bién contem pla la creación de los Tribunales de Familia, lo cual perm itiría la agilización de trám ites en este tipo de juicios.

5. Código de la Niñez y A dolescencia Entró en vigencia en noviembre de 1998 y regula la protección integral de las niñas, niños y adolescentes. Este Código revoluciona el concepto tradicional que se ha tenido de la niñez y adolescencia, al considerarlos sujetos de derechos, iguales ante la ley con los adultos, lo que puede ejercer un significativo im pacto en el tipo de relaciones que padres y madres establecen con sus hijos e hijas. L a responsabilidad paterna y m aterna está contenida en el artículo 24: “Es obligación de las madres y de los padres, la responsabilidad compartida, en el cuido, alimentación, protección, vivienda, educación, recreación y atención médica, física y mental de sus hijas e hijos conforme a la Constitución Política, el presente Código y las leyes vigentes”. Al igual que en otras leyes revisadas, este Código tam bién prom ueve la equidad de género, al establecer la responsabilidad com partida de hombres y mujeres en las obligaciones para con sus hijas e hijos. El artículo 26 plantea la educación de los hijos e hijas como un derecho de padres y madres, y el m antenim iento del hogar y la formación integral de los hijos(as) como un deber que padres y madres deben com partir en igualdad. Con respecto a la pensión alimentaria, el artículo 25 dice que el Estado garantizará ese derecho a través de un procedim iento judicial ágil y gratuito, lo que hasta el mom ento no se hace realidad, tal como se explicó en el apartado sobre la ley de alimentos.

6. Ley 150 de Reform as al Código Penal y Ley 230 de Reform as y Adiciones al Código Penal para Prevenir y Sancionar la Violencia Intrafam iliar L a irresponsabilidad paterna tam bién se m anifiesta desde el accionar delictivo del padre, y más aún cuando sus familiares son sus víctim as directas (M ontoya, 2000). El Código Penal ha sufrido m odificaciones en el ám bito de los delitos contra m iem bros de la fam ilia y de los delitos sexuales. La Ley 150 de reformas al Código Penal sanciona más severam ente los delitos sexuales, hace más perceptible el delito de violación, sube la edad de 12 a 14 años para establecer la


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presunción de falta de consentimiento de la víctima, y establece como circunstancias agravantes el parentesco con la víctima, el rol de tutor o encargado de la guarda o la relación de padrastro (artículo 195). Esta Ley tam bién define que el delito de seducción ilegítim a lo com ete el que tuviese una relación de autoridad, dependencia, confianza o nexo fam iliar con la víctim a (artículo 197). Sin embargo, la Ley 150 no hizo reformas sobre el delito de incesto, lo cual provoca una dualidad (Sánchez, 1999), por la siguiente razón. Por una parte, se dice que en el delito de violación son circunstancias agravantes el parentesco con la víctima, y se penaliza este delito con 15 a 20 años de prisión; por otra, el Código Penal castiga con sólo 2 a 4 años de prisión el delito de incesto. En consecuencia, tal como lo señala Sánchez (1999) “ se quitan 11 ó 16 años de prisión a un abusador sexual, aun cuando realmente se está en presencia de una violación agravada”. Por su parte, la Ley 230 (Ley de Reform as y Adiciones al Código Penal) constituye un im portante avance en brindar protección a las víctim as de violencia intrafamiliar, ya sea la ejercida entre personas adultas, jóvenes y niños(as). Entre otros cambios, reform a el artículo 102 del Código Penal m ediante el establecim iento de medidas de seguridad y protección para los familiares cercanos que puedan ser víctim as de violencia. Tam bién reform a el artículo 237 del Código Penal, y define lo que constituye la familia: “Para los efectos de este Capítulo se entiende por familia, el cónyuge o com pañera en unión de hecho estable con sus hijos e hijas, la m ujer u hombre en su papel de padre o madre solo o sola con sus hijos e hijas convivientes y los colaterales hasta el tercer grado de consanguinidad o afinidad” (artículo 5).

7. Conclusiones La legislación nicaragüense ha venido avanzando en el establecim iento de norm ativas que definen de m anera explícita las responsabilidades de los hom bres y m ujeres en relación con sus hijos e hijas. Asimismo, ha habido avances en las disposiciones conducentes a la igualdad de derechos y deberes para hombres y m ujeres en asuntos de orden familiar. L a obligación del Estado en la protección y prom oción de la paternidad responsable ha sido tam bién establecida más explícitamente en la legislación actual. Sin embargo, todavía prevalecen contradicciones en la legislación con respecto al tem a familia. En particular, contradicciones generadas entre disposiciones del Código Civil y las nuevas leyes de la década de los ochenta y noventa. Aunque se puede argum entar que las nuevas leyes han derogado, tácita o expresam ente, reform ado o am pliado las disposiciones del Código Civil (Montoya, 2000), existen vacíos jurídicos que perjudican a las mujeres, a los hijos e hijas. L a aplicación efectiva de las disposiciones jurídicas relativas a las relaciones familiares es otro obstáculo a resolver. Todavía se carece de leyes secundarias que regulen lo que dice la Constitución en m ateria de fam ilia (Jirón, 2000). Y, en el caso de leyes clave que podrían garantizar las obligaciones de los hombres para con sus hijos, como la ley de alimentos, existen barreras administrativas y vacíos norm ativos que im piden su debida aplicación. D e esta revisión se deriva claramente la urgente necesidad de contar con un Código de Fam ilia que term ine con todas las contradicciones normativas en el tema. Hay un proyecto de


24 C贸digo de Fam ilia presentado a la A sam blea Nacional desde 1994 que debe ser am pliam ente discutido por diferentes sectores sociales. La aprobaci贸n de este C贸digo por la Asam blea Nacional, una vez recogidos los aportes de diferentes sectores, se convierte en una estrategia im portante para la prom oci贸n de la paternidad responsable en Nicaragua.


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V. POLÍTICA NACIONAL DE POBLACIÓN

En diciem bre de 1997, la Com isión Nacional de Población — instancia com puesta por representantes de varios M inisterios y entidades del Estado— aprobó la últim a versión de la Política Nacional de Población. Concebida como parte de la política social del gobierno para reducir la pobreza, ésta se define de la siguiente manera: “La Política de Población del Gobierno de Nicaragua se define como un conjunto de medidas dirigidas a influir en el comportamiento reproductivo, educación, formación y salud sexual y reproductiva de la población nicaragüense, así como en su distribución espacial en el territorio, promoviendo los valores de la sociedad nicaragüense: el derecho a la vida desde su concepción en el seno materno, el acceso a la educación y salud básica, el papel central e insustituible de la familia, y la supervivencia social y cultural de las etnias”. (Política Nacional de Población, pág. 17).

Es significativa la incorporación de los conceptos de salud sexual y reproductiva y de equidad de género en la política de población, lo que refleja la influencia de las conferencias internacionales (por ejemplo, El Cairo-CIPD, 1994) en las políticas públicas. La apertura a estos nuevos enfoques podría surtir un efecto positivo en las acciones institucionales dirigidas a influir en el com portam iento sexual y reproductivo de los hombres. Tam bién es positivo que la política de población ratifique la obligación del Estado en prom over la paternidad y m aternidad responsable, fundada en la Constitución Política. Los cuatro objetivos generales de la política nacional de población son: 1) “contribuir a crear condiciones sociodem ográficas favorables para el desarrollo socioeconóm ico del país y el m ejoram iento del nivel y calidad de vida de las familias nicaragüenses” ; 2) “ dotar a la población en su capacidad de decidir en cuanto a su com portam iento reproductivo y encauzar el com portamiento sexual y reproductivo al seno de la familia, a fin de dism inuir la procreación irresponsable y precoz” ; 3) “reducir los índices de morbim ortalidad de la población y elevar la esperanza de vida” ; y 4) “propender a una distribución apropiada de la población en el territorio nacional (...)” (pág. 23). Respecto de estos objetivos, es im portante com entar dos aspectos de relevancia para el tem a de paternidad y procreación responsable. Primero, existe conciencia del im pacto negativo de las altas tasas de crecimiento poblacional en el desarrollo socioeconómico del país y en particular en la calidad de vida de las familias nicaragüenses; y segundo, prevalece como principio el derecho de las parejas, hom bres y mujeres, a decidir en aspectos reproductivos, a partir de la inform ación y los medios para ejercer ese derecho. Con respecto al involucram iento de los hombres, el inciso 7 de los objetivos específicos se propone “A um entar significativamente la participación de los hombres en la tom a de decisiones reproductivas y en la práctica de la planificación familiar, con equidad de género y solidaridad en el ejercicio de una paternidad y m aternidad responsable” (pág. 28) . Sin embargo, en las estrategias y lineam ientos generales de esta política de población, en aras de cum plir con


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dicho objetivo, sólo se propone diversificar la oferta de métodos de planificación fam iliar en los centros de salud, incluyendo los de uso masculino (inciso 11). U na de las estrategias identificadas para cum plir con la política de población es prom over la “educación sexual integral y para la vida fam iliar” . La postergación del inicio de las relaciones sexuales y de las uniones, la reducción de los embarazos tempranos, de los no planificados y de la procreación irresponsable, destacan como tem as de interés. Llevar a cabo esta política nacional de población es un gran reto; entre otras cosas, se necesita el plan de acción, que no se ha term inado de formular. Por lo tanto, hasta el m om ento los resultados y el im pacto social de esta Política son sólo una promesa. L a Secretaría de A cción Social es la entidad de gobierno que está coordinando la Secretaría Técnica de la Comisión N acional de Población (conformada por los M inistros del Gabinete Social). Esta Secretaría Técnica tiene la misión de form ular el Plan de Acción y está conformada por 22 instituciones, 8 del gobierno y 14 de la sociedad civil, com posición que tiene la virtud de ser bastante pluralista en térm inos ideológicos y representativa de diversos sectores, pero a su vez im plica procesos más difíciles de trabajo por la m ayor dificultad de llegar a consensos (N.V. M alespín, com unicación personal, julio de 2000). El Plan de A cción incluirá un subprogram a de educación de la sexualidad para la población escolar y otro subprograma de educación de la sexualidad dirigida a niños(as) y jóvenes fuera del sistem a educativo. Este últim o subprograma es muy importante, dado que muchos niños(as) y jóvenes se encuentran insertados en el m ercado de trabajo sin acceso a la educación formal.


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VI. PO LÍTICAS, ENFOQ UES Y A CC IO N ES SOBRE EDUCACIÓN R EPR O D UC TIVA Y PATERNIDAD

Esta sección está organizada de acuerdo con la naturaleza de las instituciones donde se obtuvo inform ación, que responde a los siguientes sectores: a) gobierno (central y locales); b) organismos no gubernamentales; c) agencias de cooperación, y d) universidad. Las descripciones y com entarios que se presentan sobre estas instituciones tratan de m antener la relación con los tem as de sexualidad, reproducción y paternidad; es decir, se describe de m anera particular las acciones y políticas relacionadas con la educación en sexualidad y reproducción, y al involucram iento de los hombres como padres.

1. Gobierno

a)

M inisterio de Educación, Cultura y Deporte (M ECD)

En 1999, el M ECD presentó la Estrategia Nacional de Educación, que contiene los principios, objetivos y políticas para el desarrollo de la educación nacional. En ésta no se menciona explícitamente la educación de la sexualidad, aunque el principio N° 2 de la estrategia reconoce la im portancia de la form ación en valores sociales, éticos y humanísticos, con respecto a la responsabilidad de los padres; el principio N° 4 dice que es deber y derecho de madres y padres de familia, y organizaciones de la sociedad civil, participar en la planificación, gestión y evaluación del proceso educativo. Con miras a lograrlo, contemplan como estrategia fortalecer los consejos de padres. L a licenciada Grace B endaña (com unicación personal, julio de 2000), D irectora de la D irección de Valores Hum anos del M ECD, confirm ó que la nueva política de educación de la sexualidad está en proceso de elaboración. En su opinión, el M inisterio ha tenido la política de brindar una orientación sexual integral, ya que las necesidades afectivas insatisfechas llevan a conductas sexuales a tem prana edad, y consideró que la abstinencia ha sido el elemento central en esta política. Lo que el M ECD llam a “educación de la sexualidad para el am or y la convivencia” está considerado en los planes de estudios como un eje transversal. Además, el tem a de la sexualidad se aborda de alguna m anera en las materias de ciencias naturales y de moral, cívica y urbanidad, tanto en prim aria como en secundaria. L a aspiración de constituir la educación de la sexualidad como un eje transversal no se llega a cumplir. Según talleres realizados como parte del diagnóstico de la educación de la sexualidad en la educación formal, se valoró que ésta todavía es vista como una actividad extraprogram ática y coyuntural. Sin embargo, al M ECD le corresponderá el papel rector del subprogram a de Educación de la Sexualidad Formal, que form a parte del Plan de Acción de la Política N acional de Población. Además, el M ECD participará en la coordinación del


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Subprograma de Educación de la Sexualidad N o Form al a través de una com isión tripartita junto con algunas O NG y otras instancias locales. Para la ejecución de ambos subprogramas, se supone que el M ECD trabajará en forma coordinada con ONG, organizaciones sociales, agrupaciones de mujeres, iglesias y asociaciones de padres de familia. Las diferencias de enfoque que se presentan entre estas organizaciones e instituciones para analizar la sexualidad constituyen un reto para esta coordinación. Así, la política de la abstinencia, mencionada por la licenciada Bendaña, es cuestionada por O NG especializadas en el tem a de sexualidad. De hecho, algunas fuentes consultadas com entan que en años anteriores el M ECD no perm itía que otras organizaciones im partieran charlas sobre sexualidad en las escuelas, incluyendo otras instancias de gobierno N o obstante, el M ECD tam bién ha establecido Convenios de Cooperación Técnica con el M inisterio de Salud (M INSA) para desarrollar la iniciativa de “Escuelas saludables” (estrategia prom ovida por la O rganización Panam ericana de la Salud). De esta manera, el M IN SA presta asistencia técnica en acciones de capacitación a la com unidad educativa en contenidos de salud integral, incluyendo educación sexual. U no de sus objetivos es la detección y prevención del abuso de drogas, em barazo precoz y violencia. En este convenio el M ECD se compromete, entre otras cosas, a m otivar a los padres de fam ilia a involucrarse en las actividades de promoción, prevención y tratam iento oportuno de sus hijos e hijas y a desarrollar acciones de educación para la salud integral con los padres de familia. Por su parte, el M IN SA se compromete, inter alia, a reforzar los contenidos curriculares en salud sexual y reproductiva. A juicio de la doctora Francisca Rivas (comunicación personal, septiembre de 2000), quien ha estado involucrada en esta iniciativa de Escuelas Saludables por parte del MINSA, “capacitar a los padres es un proceso lento, porque hay m uchas limitantes, siendo la más grande la presupuestaria” . Considera Rivas que se ha avanzado en lograr la motivación de los padres de fam ilia para participar en las capacitaciones. Por otra parte, muchos jóvenes estudiantes están dem andando que se capacite a sus padres, porque enfrentan problem as de m altrato y de com unicación con éstos. El cum plim iento de las metas sobre educación contenidas en el Plan de A cción Nacional a Favor de la N iñez y A dolescencia (1997-2001) tam bién es responsabilidad del M ECD, en coordinación con otras instituciones y organism os de la sociedad civil. U n objetivo específico de este Plan es “prom over una educación sexual integral con una visión objetiva, orientadora, gradual y formativa, basada en inform ación científica que contribuya al desarrollo de una sexualidad responsable” (pág. 38). El fomento de la participación de los padres de fam ilia en la gestión educativa y los programas de capacitación que a ellos se dirigen, son líneas de acción del plan. Sin embargo, no se establecen metas ni para la promoción de la educación sexual integral, ni para el fomento de la participación de los padres, ni para las capacitaciones. Cabe subrayar que la prim era estrategia del Plan de Acción Nacional a Favor de la N iñez y A dolescencia se denom ina “Fortalecim iento de la fam ilia”, y plantea lo siguiente: “ se creará m ayor conciencia en la familia, en cuanto a su responsabilidad que tiene en la promoción, protección, formación, y desarrollo de sus hijos e hijas; para ello, se les involucrará en la definición de aspectos sustantivos en la atención que reciben en educación, salud y otros programas dirigidos a la m ism a” (pág. 25 del Plan de Acción).


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Esta estrategia tam bién plantea crear “program as educativos y de orientación psicosocial a las familias, para prevenir situaciones de maltrato, abandono, violencia intrafamiliar, trasgresión, explotación sexual y m aternidad precoz, prom oviendo la paternidad y m aternidad responsables” (pág. 26). En la estrategia N° 2 (“U niversalización de la Educación”) se dice que se deberá fortalecer el program a de educación sexual integral y “las Escuelas para Padres y M adres que prom ueven un m ayor conocim iento sobre el desarrollo psicosocial de sus hijas e hijos y una m ayor participación en su educación” . Analizando la situación del M ECD con relación a la educación reproductiva y paternidad, se advierte que hay avances en los aspectos normativos y de form ulación de planes y políticas sobre el tema. Además, existe conciencia sobre la im portancia de involucrar a los padres de familia. Sin embargo, las intenciones parecen no corresponderse con la práctica institucional, y el tem a de sexualidad queda relegado a acciones puntuales y extracurriculares. N o se encontró docum entación que inform e específicam ente sobre el cum plim iento de las metas de educación contenidas en el Plan de A cción Nacional a Favor de la N iñez y A dolescencia (1997-2001). 17 Probablem ente, el carácter com plejo y polém ico de los tem as sobre sexualidad dificulta el desarrollo de habilidades en los y las maestros(as) para su abordaje con los estudiantes y padres de familia.

b)

M inisterio de la Fam ilia (M IFA M ILIA)

Las tres prim eras funciones de M inisterio de la Fam ilia (M IFAM ILIA) consignadas en la Ley 290 (de Organización, Com petencia y Procedim ientos del Poder Ejecutivo) vinculan la pertinencia de esta institución con el tem a de paternidad y educación reproductiva. Estas funciones son: a) Promover y defender la institución familiar, a través de programas sociales dirigidos a los sectores más vulnerables. b) Proponer y ejecutar políticas que ayuden a resolver en forma integral, la situación de la niñez desvalida y abandonada. c) Proponer y ejecutar políticas para la formación integral del joven que promuevan actitudes y valores que les permitan comprender y vivir la sexualidad con dignidad humana, educándolos a la vez para ejercer una maternidad y paternidad responsable.

L a doctora M aría Teresa G arcía (com unicación personal, septiembre de 2000) inform a que a través de las delegaciones departamentales y unidades locales se hace el trabajo directo con las familias. Se brinda atención casuística que permite aplicar medidas de protección especial en beneficio de las niñas y los niños; por ejemplo, ofrecer hogares sustitutos. Como limitaciones que 17 Se supone que el "Informe Nacional a la Quinta Reunión Ministerial Americana sobre el Cumplimiento de las Metas del Acuerdo de Lima y de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia", elaborado por el Consejo Nacional de Atención y Protección Integral a la Niñez y Adolescencia, debería presentar los avances en el cumplimiento de las metas del Plan de Acción a favor de la Niñez 1997-2001. Sin embargo, la información descrita sobre las acciones en educación sexual y reproductiva es muy breve y general.


30 enfrenta el M inisterio, la doctora G arcía señala la falta de recursos hum anos especializados para abordar los problem as de las familias, así como el contexto económ ico del país, de desem pleo y pobreza, que dificulta obtener resultados satisfactorios en el corto plazo. Según el “Análisis de situación” de U NICEF (1999), M IFA M ILIA desarrolla escuelas para padres de carácter preventivo y de rehabilitación, y se da prioridad al tem a del maltrato infantil. Por su parte, el últim o inform e preparado por el Consejo Nacional de A tención y Protección Integral a la N iñez y A dolescencia (agosto de 2000) reporta que M IFAM ILIA ha prom ovido desde 1996 el Program a de Atención Integral a la N iñez N icaragüense (PAININ), el cual incluye un com ponente dirigido a los padres de fam ilia que pretende capacitarlos para mejorar sus prácticas de crianza. La licenciada Elida Zelaya de Solórzano (comunicación personal, junio de 2000), D irectora General de Fortalecim iento y D esarrollo Fam iliar de M IFAM ILIA, considera que el M inisterio tiene la lim itación de estar recién fundado y contar con pocos recursos económicos. Con respecto al enfoque del M inisterio para desarrollar su trabajo, dijo que prom ueven una visión de familia, “no sólo centrado en la m ujer o en los niños, porque creemos que hay que fortalecer el núcleo fam iliar conformado por el padre y la m adre” . En este sentido, declaró que están trabajando con O NG afines a su enfoque en la formulación de nuevos proyectos, como consejerías m atrim oniales. De nuevo, aquí se refleja el im pacto de las diferencias de enfoque en las posibilidades de coordinación entre el gobierno y diferentes expresiones de la sociedad civil.

c)

Instituto Nicaragüense de la M ujer (INIM )

El Instituto N icaragüense de la M ujer es un ente descentralizado, dependiente desde un punto de vista orgánico del M inisterio de la Familia, pero con autonom ía funcional, técnica y administrativa. La licenciada M aría Teresa D elgado (comunicación personal, junio de 2000), funcionaria del INIM, inform a que en 1997 im pulsaron un proyecto de salud reproductiva, capacitando a m ujeres facilitadoras, en el que participaron algunos hombres. Entre los temas im partidos se incluía la responsabilidad del padre y la madre, y los roles de género. Tam bién com enta D elgado que en las diferentes com isiones donde participa el INIM (Comisión de Población, de Lactancia M aterna, de la N iñez) hay conciencia entre sus integrantes de la necesidad de que los hom bres asuman su responsabilidad en la salud sexual y reproductiva, y de m anera particular en la crianza de sus hijos e hijas. Sin embargo, no existen iniciativas concretas en esta dirección. Los com entarios de D elgado sugieren que el estado de opinión entre diferentes actores sociales del gobierno podría ser bastante favorable para involucrar a los hombres, pero la gran carencia es que nadie tom a la iniciativa.

d)

M inisterio de Salud (M INSA)

L a Política Nacional de Salud (1997-2002) contem pla entre sus estrategias m odificar el m odelo de atención en salud centrado en lo curativo, orientándolo hacia las acciones integrales, fortalecer las unidades de salud y entregar un paquete de servicios de salud a toda la población (Análisis del Sector Salud en Nicaragua, M INSA/OPS, 2000, pág. 62). U na prioridad de la


31 Política N acional de Salud es atender la salud de la m ujer y la niñez, reducir los índices de mortalidad m aterna e infantil, y brindar mayores opciones anticonceptivas. Con ese propósito, apuntan a m ejorar la calidad y cobertura de program as en salud reproductiva, planificación fam iliar y educación sexual, objetivos cuya ejecución corresponde al D epartam ento de Atención Integral a la Mujer, N iñez y A dolescencia del MINSA. U na debilidad del M INSA es que en la práctica el énfasis ha sido atender a la m ujer en la etapa reproductiva, y ha prevalecido en vez de un enfoque integral — que garantice el derecho de todas las personas a servicios de salud durante todo el ciclo de vida— un enfoque “m aternoinfantil” (UNFPA, 2000). Por lo tanto, se está haciendo muy poco para prom over la participación de los hombres en la salud sexual y reproductiva. N o obstante, a juicio de la D octora M aría Lourdes M artínez (com unicación personal, julio de 2000), directora del D epartam ento de Atención Integral a la M ujer, el M IN SA sí hace esfuerzos por involucrar a los hombres en las consejerías sobre planificación familiar. Como parte de la cartera de servicios en atención primaria, el M IN SA im pulsa acciones de prom oción y prevención, que en teoría incluyen actividades educativas con m adres y padres. Existe un subsistema com unitario de brigadistas, parteras y otros prom otores de salud, quienes administran las Casas Bases de Salud y las Casas M aternas. La Doctora Francisca Rivas (comunicación personal, julio de 2000), D irectora del Departam ento de Adolescencia, inform a que el M INSA prom ueve los Clubes de Adolescentes, en los que se organizan grupos culturales y educativos. Tam bién conducen un proceso de capacitación siguiendo la m etodología “de adolescente a adolescente” . En estas capacitaciones abordan tem as de m etodología para promotores, violencia, género, salud sexual y reproductiva. Sin embargo, la doctora Rivas adm ite que “hace falta incorporar el tem a de paternidad y procreación como un eje fundam ental” . En estos Clubes de Adolescentes participan tanto varones como mujeres. Existe una Comisión Nacional de Adolescentes de ambos sexos, integrada por los adolescentes organizados en los clubes. La experiencia más visible del trabajo que realiza el M IN SA con adolescentes es el Centro de Salud Reproductiva para Adolescentes del Hospital Berta Calderón (HBC). Este proyecto, que ya tiene cinco años de existencia, desarrolla tres com ponentes principales: i) servicios de salud sexual y reproductiva (SSR) para adolescentes; ii) IEC (información, educación y com unicación) en SSR, y iii) capacitación a organizaciones que trabajan con adolescentes. A unque el Centro tiene como grupos m eta a adolescentes de ambos sexos, la participación de los varones ha sido muy baja. Así, en el mes de octubre de 1996 se atendió a 800 adolescentes, de los cuales sólo el 3.6% correspondía a varones (Lautiola, 1998). Pese a que algunos varones acom pañan a las adolescentes a la consulta, muchos de ellos esperan afuera del Centro, porque creen que sólo se admite y es exclusivo para mujeres. Entre las barreras para integrar a los varones, Lautiola (1998) señala las siguientes: • La presentación del Centro como la “casita rosada” (sus instalaciones tienen color rosa por fuera), lo cual se asocia con fem enino y con mujeres.


32

•

El Centro es parte del Hospital Berta Calderón, un hospital de mujeres.

•

La m ayoría del personal m édico son ginecólogas(os).

• En el mom ento de la inscripción, el personal de recepción no tom a en cuenta al varón que llega de acompañante. Las tarjetas índice de “usuarias” no llevan el nombre de la parejavarón, sólo de los padres de la muchacha. •

Cuando se avisa el turno para consulta, se llam a sólo con el nombre de la muchacha.

Todo esto hace suponer que la atención está dirigida a las mujeres y ejem plifica la dificultad que tiene el sistema de salud para incorporar a los hombres. L a licenciada M aría José Norori (com unicación personal, julio de 2000) tam bién añadió que otra lim itación para incorporar a los varones adolescentes es que muchos trabajan durante los días de semana. L a licenciada Norori expresó que siempre se hace un esfuerzo para que participen los varones en todos los servicios del Centro. Esto se evidencia en los materiales de IEC que han producido, en los cuales los mensajes van dirigidos a ambos sexos. N o obstante, los esfuerzos por llegar a los varones no son suficientes y, sobre todo, se requiere diseñar una estrategia de captación a los varones, tom ando en cuenta sus necesidades y perspectivas.

e)

Alcaldías M unicipales

M uchas alcaldías del país im pulsan proyectos socioeducativos con diferentes sectores de la población, entre éstos, la población adolescente. U na m uestra es el proyecto de salud reproductiva con adolescentes de la A lcaldía de M anagua, que cuenta con financiam iento del UNFPA. Este proyecto capacita en derechos y salud sexual y reproductiva a adolescentes de barrios y asentamientos de M anagua. Hay un equipo técnico que capacita a prom otores adolescentes y éstos a su vez lo hacen con otros adolescentes. La licenciada M artha Lorena Chacón (com unicación personal, junio de 2000) considera que el problem a de la paternidad de alguna form a se trata cuando se les habla de sexualidad y de postergar las relaciones sexuales. Además, incluyen los tem as de autoestima, tom a de decisiones, género, pubertad, anticoncepción, ETS/VIH/SIDA, drogas, violencia y comunicación. L a licenciada Chacón adm ite que hay m ayor participación de adolescentes mujeres. Estim a que del 30% de varones que participan sólo un tercio cum ple con todo el proceso de capacitación. Asimismo, opina que el machism o de los varones afecta negativam ente su participación. “A ellos les gusta participar más por m otivaciones externas y muchos creen que dar clase es cuestión de m ujeres”, expresó. En consecuencia, los varones tienen m enos nivel de cum plim iento para m ultiplicar las capacitaciones. En este caso, al igual que en el Proyecto de Adolescentes del HBC, se observa cómo la perspectiva y las necesidades de los jóvenes varones, educados en un contexto tradicional, resultan un obstáculo para involucrarlos en acciones educativas sobre salud sexual y reproductiva.


33 f)

Ejército de Nicaragua y Policía Nacional

Contando con el apoyo del UNFPA, el Ejército de N icaragua y la Policía Nacional han desarrollado acciones educativas (IEC) y servicios en salud sexual y reproductiva dirigidos a sus miembros, a los familiares de éstos y en algunos casos a la población civil cercana a las unidades militares. Además de facilitar el acceso a servicios y educación en salud reproductiva, estas instituciones han asumido el com prom iso de prom over la equidad de género en las relaciones de los militares con sus familias y en su trabajo. Como parte de las actividades de IEC, han im pulsado acciones de educación no formal m ediante obras de teatro, talleres y ferias prom ocionales de SSR. El Ejército ha form ado a 2 000 efectivos como brigadistas, quienes al salir a misiones se encargan de educar a la población y a las tropas en tem as de salud que incluye la SSR. Además, se ha trabajado con altos mandos del Ejército y la Policía en foros sobre violencia, agresión sexual y equidad de género. La Policía ha integrado un m ódulo de género en la Academ ia Policial. Tam bién se han incorporado los tem as de SSR en los centros de form ación m ilitar del Ejército. Para esto han elaborado manuales didácticos, desarrollando los tem as de género, violencia, sexualidad, ETS, em barazo de riesgo, planificación fam iliar y procreación responsable. El M ayor José Vanegas, Coordinador del Proyecto de SSR en el Ejército, considera que están abordando el tem a de paternidad a través de varias acciones: i) incluyendo el tem a de procreación responsable en los cursos de SSR; ii) apoyando el cum plim iento y la aplicación de la ley de alimentos ante militares que son demandados por la correspondiente pensión, y iii) prom oviendo acciones educativas para lograr una m ejor com unicación con los hijos adolescentes de los militares. Entre las limitaciones que enfrentan para realizar este trabajo, el M ayor Vanegas identifica los prejuicios de los militares sobre el enfoque de género y masculinidad, y la visión estrecha de paternidad que se tiene, lim itada a proveer económ icamente. El proyecto tam bién tiene la debilidad de no contar con indicadores de cambios para determ inar el im pacto de las acciones realizadas, aunque consideran que los mensajes de planificación fam iliar y cuidado de la SSR han sido aceptados por los militares. Asimismo, el proyecto no ha logrado consolidar un equipo de facilitadores en los tem as de SSR, y se cuenta con pocos recursos humanos preparados para prom over las acciones educativas.

g)

Conclusiones del sector gobierno

Valorando la presencia del tem a paternidad y educación reproductiva con varones en el sector gobierno, es válido afirm ar que se registran avances en el nivel norm ativo y de planificación. Existen declaraciones de políticas sobre la im portancia del rol que desempeñan padres y madres para el bienestar de sus hijos(as) y sobre sus obligaciones. El M ECD, por ejemplo, contem pla en sus planes involucrar a padres en la gestión educativa y en acciones de capacitación. De igual manera, la educación en sexualidad y salud reproductiva está presente en los docum entos de los M inisterios de Educación, de la Fam ilia y Salud.


34 Aun así, las intenciones reflejadas en los planes y políticas encuentran dificultades para convertirse en prácticas institucionales. M uchos factores parecen incidir. Las lim itaciones presupuestarias de estos M inisterios representan un obstáculo. Según datos de U NICEF (1999), el gasto por estudiante es de 51 dólares anuales, el más bajo de la región. En otro orden, el gasto por habitante en salud es de 14 dólares, por debajo de lo considerado necesario por el B anco M undial para ofrecer servicios básicos. Otro factor que incide es la resistencia a nuevos enfoques de trabajo, en algunos casos debido a posiciones conservadoras mantenidas en sectores del gobierno, y en otros por fuerza de la costumbre. A título ilustrativo, en el M INSA prevalece un enfoque y sobre todo una práctica de atención materno-infantil, pese a que la institución declara un nuevo discurso de atención integral. L a experiencia del Centro de Salud Reproductiva para Adolescentes del Hospital Berta Calderón ofrece lecciones en cuanto a las estrategias para incorporar a los hom bres en los temas de sexualidad y reproducción. Por otra parte, en los Centros de Salud del M IN SA se da la participación de varones jóvenes en el trabajo de prom oción sobre SSR, pero todavía el tem a de m asculinidad y paternidad no ha tenido suficiente fuerza, lo cual es reconocido por funcionarias de estos programas. Las Alcaldías M unicipales y las Fuerzas A rm adas tam bién han desarrollado acciones sobre educación y SSR incorporando a los hom bres (que en las fuerzas armadas son mayoría), pero específicam ente el tem a de paternidad no reviste prioridad.

2. O rganizaciones no gubernam entales En esta sección se presenta inform ación de las acciones que están realizando las ONG, y se las ha agrupado para fines de este diagnóstico en dos tipos: a) O NG que trabajan en derechos-salud sexual y reproductiva, y b) O N G que trabajan con hom bres desde un enfoque de género (masculinidad).

a)

Sector de O NG que trabajan en derechos-salud sexual y reproductiva

D e m anera general, estas O NG realizan sus acciones mediante la prestación de inform ación, educación, com unicación (IEC) y servicios clínicos en salud reproductiva y planificación familiar, que en algunos casos incorpora a los hombres como participantes o usuarios de los servicios. La estrategia de la m ayoría de estos proyectos es crear redes de prom otoras y promotores, capacitándolos para que im pulsen acciones de IEC con la población y para que brinden algunos servicios básicos en salud. En este sentido muchos proyectos prom ueven en la población prácticas de autocuidado de su salud y de utilización de servicios de salud sexual y reproductiva. Las(os) prom otoras(es) im parten charlas, dan consejería y distribuyen materiales educativos, entre otras acciones.


35 La participación de los hombres como promotores en los tem as de SSR tiende a ser más baja que la de las mujeres. En PROFAM ILIA, por ejemplo, se estima en alrededor de 35% de varones promotores. En el caso de los proyectos que coordina el Centro de Estudios y Prom oción Social (CEPS), hay entre 5% y 10% de prom otores varones. U n grupo m eta privilegiado por muchas organizaciones ha sido la población joven. Se han organizado clubes o grupos juveniles en que tam bién se capacitan como prom otoras(es) para trabajar con otros jóvenes. Tam bién se prom ueven grupos culturales con jóvenes. El Centro de Atención y Recreación para los Adolescentes (CARAS) de León promueve que las mujeres adolescentes em barazadas vayan acom pañadas de sus parejas varones a los chequeos prenatales y a las capacitaciones sobre parto psicoprofiláctico. Además, alientan la presencia de los varones en el mom ento del parto de sus compañeras. Algunas ONG, por ejemplo, Dos Generaciones y PROFAM ILIA, han desarrollado acciones con los padres y madres de familia. Sin embargo, quienes asisten a estas actividades son predom inantem ente las madres. Entre los tem as im partidos en las capacitaciones a los y las promotores(as) y a la población en general se incluye en algunos casos el de paternidad y m aternidad responsable (Fundemuni, PRO FA M ILIA, Program a de A dolescentes y Jóvenes de Si M ujer). Fundemuni hace esfuerzos particulares en llegar con sus acciones a los esposos o com pañeros de las mujeres para que las apoyen en cuidar y buscar atención a sus necesidades de salud reproductiva (Castillo, 1998). Algunas organizaciones reconocen como lim itación la dificultad de involucrar a los jóvenes de menores recursos económ icos y de las zonas rurales más alejadas, pese a que paradójicam ente éstos son quienes están expuestos a m ayor riesgo. D ebido a que muchos de estos jóvenes no asisten a la escuela, es difícil captarlos. Otra recurrente lim itación son los problem as de financiam iento que tienen muchos proyectos para darle continuidad a sus acciones. Como lecciones aprendidas, sobresale la metodología de trabajar “de-hom bre-a-hom bre” y “de-m ujer-a-m ujer” en la labor promotora, utilizada por algunas organizaciones de M atagalpa. Así, los y las prom otoras(es) hacen esfuerzos particulares por llegar a personas de su mismo género. En el caso de los hombres, esto parece resultar muy funcional para la distribución de condones. Sin embargo, ello no significa que se haya desarrollado un enfoque o m etodología específica dirigida a los hombres. Otras lecciones im portantes mencionadas por muchas de las organizaciones, son: •

Evitar un enfoque acusador o culpabilizante hacia los varones.

• Por el contrario, hacerles ver la im portancia que tienen los hom bres para la salud y el bienestar de su pareja y de sus hijos(as). •

Trabajar con el varón adolescente, por tener m ayor potencial de cambio.


36

• H acer esfuerzos por llegar al joven más marginado: el que no está en el sistema de enseñanza formal.

b)

Sector de O NG que trabajan con hom bres desde un enfoque de género

Varias organizaciones han incorporado acciones educativas con hombres, llamado tam bién “trabajo de m asculinidad”, como una de sus estrategias. D esde este trabajo, el tem a de paternidad y sexualidad m asculina ha sido considerado por algunas organizaciones, aunque en la m ayoría de los casos no se ha constituido en un eje prioritario. El Centro de Inform ación y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS) actualm ente está im plem entando un proyecto de investigación-acción con grupos de hombres en las com unidades que atienden. Luego de adm inistrar encuestas y grupos focales con hombres sobre los tem as de sexualidad, reproducción y paternidad, el equipo de CISAS devuelve los resultados a los mismos participantes como insumos para la construcción colectiva de planes de acción, partiendo así de los problem as y necesidades que ellos mismos identificaron. Problem as como el alcoholismo, la violencia y la irresponsabilidad paterna son identificados por los grupos de hombres, quienes se preparan para ser agentes de cam bio en sus comunidades. CISAS es una de las pocas organizaciones que sí ha asumido el tem a de paternidad como un eje principal en su trabajo con hombres, y tam bién ha aportado sustancialmente en la producción de investigaciones primarias sobre el tema. El Centro de Educación y Com unicación Popular CANTERA ha ofrecido desde hace seis años cursos sólo para hom bres sobre identidad masculina, género, poder y violencia, además de talleres sobre sexualidad y com unicación con hombres. En estos cursos y talleres han participado centenares de hom bres procedentes de diferentes organizaciones. Sobre esta experiencia, CA NTERA publicó una guía m etodológica para facilitar talleres de reflexión entre hombres. Estos cursos de masculinidad, sin embargo, no cuentan con un m ódulo específico sobre paternidad, aunque en diferentes sesiones abordan el tema. U n aporte muy im portante de CA NTERA para el trabajo con hombres ha sido la evaluación de im pacto de estos cursos, que tom ó como m uestra a los 250 hom bres que participaron en los cursos de masculinidad desde 1994 a 1997. Estos hombres provienen de experiencias muy diversas en cuanto zona de residencia (rural y urbana), edades, niveles académicos, estado conyugal y oficio o profesión. Los participantes identificaron im portantes cambios en sus actitudes y com portam ientos como resultado de los cursos. Así, el 61% de los encuestados para la evaluación de im pacto declararon que se habían hecho m enos violentos. Sin embargo, en el tem a de paternidad y sexualidad los cambios percibidos son menores. Sobre paternidad, 49% consideró que los cursos les ayudaron para ser más responsables como padres. Sobre sexualidad, pocos hom bres adm iten haber renunciado a prácticas sexuales extramaritales (antes del curso 41% dijo hacerlas, después del curso bajó a 38%). Asimismo, en cuanto a un m ayor uso del condón con la pareja como m étodo anticonceptivo prácticam ente no se registraron cambios. El porcentaje de hom bres que siempre usan condón en su relación de pareja no subió como resultado de los cursos, se mantuvo en 5%.


37 La Fundación Puntos de Encuentro, por su parte, ha desarrollado acciones de capacitación, investigación, com unicación y apoyo organizativo para el involucram iento de los hombres en el cambio de la m asculinidad machista. Al igual que en los cursos de CANTERA, los talleres con hom bres de Puntos de Encuentro tam poco han privilegiado el tem a de paternidad, aun cuando ha sido uno de los aspectos de reflexión y discusión en las sesiones. Durante 1999, esta organización diseñó una cam paña m ultim edia dirigida específicam ente a hom bres con el objetivo de prom over m ayor responsabilidad m asculina para evitar la violencia conyugal. El lema de esta cam paña fue “V iolencia contra las mujeres: U n desastre que los hom bres sí podem os evitar” . L a evaluación de im pacto de esta cam paña (Puntos de Encuentro, 2000), que incluyó encuestas pre y postcam paña, aporta pistas im portantes para el trabajo con hombres. Sus resultados m uestran que los hombres expuestos a la cam paña (60%) opinaban en m ayor proporción que “ sí son capaces de evitar la violencia” (15% más que los hombres no expuestos) y que la violencia afecta el desarrollo de la com unidad (tam bién 15% más). L a evaluación de im pacto tam bién desagregó los resultados según tres perfiles de hombres: i) muy controladores hacia sus parejas; ii) m edianam ente controladores, y iii) poco controladores. Se descubrió que aun en los más controladores la cam paña había tenido un impacto. Otro resultado interesante fue que un tercio de los hombres encuestados platicó con su pareja sobre los mensajes de la cam paña y 60% lo hizo con otros hombres. En el otro extremo, el 9% de los encuestados dijo que los mensajes “no les sirvieron para nada”, proporción que se elevó a 15% entre los hombres “muy controladores” . Aunque esta cam paña no trataba el tem a de paternidad, sus resultados dem uestran el potencial de influencia de las campañas públicas en las opiniones y actitudes de los hombres sobre aspectos familiares. U n resultado alentador fue la respuesta de 200 organizaciones que en el nivel nacional se involucraron en la im plem entación de la campaña, distribuyendo materiales, organizando talleres, pautando cuñas radiales, etc. Ello sugiere la disponibilidad e interés de las organizaciones en im pulsar el trabajo con los hombres desde una perspectiva de género, siempre que exista una oferta concreta para hacerlo. El Grupo de Hom bres contra la V iolencia (GHCV) de M anagua ha sido otra organización clave en el trabajo con hombres. Además de ofrecer un espacio de reflexión permanente para analizar el im pacto de la masculinidad y de la violencia en las vidas de los hombres, el G HCV ha im partido talleres de capacitación y organizado encuentros nacionales de hombres, y ha tratado de divulgar sus mensajes por los m edios de comunicación. El Grupo de Hom bres fue una de las organizaciones clave para desarrollar la cam paña de Puntos de Encuentro, y tam bién participó en la validación de la guía m etodológica de CANTERA. U n resultado del trabajo del GHCV de M anagua ha sido la reciente constitución de la A sociación de H om bres contra la V iolencia (AHCV), de carácter nacional. L a A H CV se propone form ar capacitadores en tem as de masculinidad, crear una red nacional de hombres y prestar servicios de rehabilitación a ofensores. Tam poco este proyecto establece una línea de trabajo específica sobre paternidad y procreación responsable, aunque en años anteriores el Grupo de H om bres condujo una investigación sobre la participación m asculina en la salud reproductiva.


38 El Program a de Adolescentes y Jóvenes (PAJ) de Sí M ujer trabaja con varones adolescentes en Grupos de M asculinidad, que a su vez hacen una labor prom otora hacia otros jóvenes. Por su parte, el Centro de Investigación y Prom oción para el D esarrollo Rural (CIPRES), pese a que su perfil se orienta al desarrollo agropecuario y socioeconómico, tam bién ha im pulsado el trabajo de género con hombres campesinos, y llegó a conform ar en algún m om ento una red de prom otores rurales que promovía, entre otras cosas, la participación de los hombres en actividades recreativas con sus hijos(as) (Norori y M uñoz, 1998) . Existen muchas organizaciones que tam bién trabajan con hombres o han realizado proyectos específicos o talleres para sus equipos técnicos y/o su población m asculina beneficiaria. Con respecto a las cam pañas públicas que han im plem entado algunas O NG y redes de la sociedad civil es pertinente m encionar las siguientes: • La cam paña “Violencia contra las M ujeres: U n desastre que los hombres sí podem os evitar”, promovida por Puntos de Encuentro. • La cam paña “Ni golpes que duelen ni palabras que hieren” , de la Coordinadora de la Infancia, es parte de una cam paña regional en contra del m altrato infantil y dirigida a padres, m adres y educadores de niños y niñas. • La cam paña “Juntos decidimos cuándo”, llam ada tam bién la cam paña “de la parejita” , dirigida a jóvenes de ambos sexos. En conjunto, estas tres cam pañas han diseñado mensajes que incluyen a los hombres adultos o jóvenes como audiencia primaria, ya sea en sus roles de cónyuges, padres o novios, con el objetivo de sensibilizar e influir en sus relaciones con sus parejas, hijos e hijas, y en su com portam iento sexual. Cabe m encionar que según la Encuesta Nacional de D em ografia y Salud (Endesa-INEC, 1998), la exposición de la población a las campañas públicas es alta. Asimismo, la evaluación de im pacto de la cam paña de Puntos de Encuentro encontró un “efecto acum ulativo” : los hombres que habían sido expuestos a campañas anteriores sobre violencia fueron los más receptivos a los mensajes de la actual.

c)

Conclusiones del sector O N G

Las organizaciones no gubernam entales son más coherentes con el enfoque de género y el nuevo paradigm a en derechos-salud sexual y reproductiva e involucram iento de los hombres, debido a que sus discursos y planes se corresponden en m ayor medida con sus acciones. Temas como el derecho a tener o no tener hijos, el acceso a los múltiples m étodos anticonceptivos y las desiguales relaciones de poder entre los géneros son abordados más abiertamente. En el campo de trabajo sobre “m asculinidad”, las O NG son quienes tienen m ayor experiencia, prom oviendo por


39 diferentes vías la participación igualitaria de los hombres en la salud reproductiva y la no violencia en las relaciones con sus parejas, hijos e hijas. Sin embargo, en las O NG tam poco hay programas específicos o explícitos sobre paternidad, aunque sí algunos esfuerzos en educación sexual y reproductiva dirigidos a jóvenes de ambos sexos. L a excepción es el trabajo de CISAS con grupos de hombres en diferentes comunidades, en el que paternidad, sexualidad y reproducción son ejes fundamentales de su trabajo. Otra lim itación significativa de m uchas O NG es en cuanto a su lim itada cobertura, y si a esto se agrega la falta de sistematización, en algunos casos term inan siendo acciones aisladas. Se podría decir que, en el trabajo con hombres de la m ayoría de las ONG, el tem a paternidad o educación para la paternidad está subsumido en otros campos. El argum ento de muchas organizaciones es que “el tem a se m aneja de m anera integral” . Pero hay organizaciones como el CEPS (que coordina varios proyectos de SSR en Jinotega, M atagalpa y Ocotal) que reconocen “no tenem os un enfoque en paternidad responsable porque no está como objetivo, por lo que se aborda de m anera tangencial” (L. Contreras, com unicación personal, agosto de 2000). Las O N G que trabajan en el área de m asculinidad constituyen una estratégica oportunidad para prom over la responsabilidad de los hombres con sus hijas e hijos. Son un potencial que no se ha aprovechado lo suficiente.

3. Agencias de Cooperación Organismos com o el UNFPA, OPS, G TZ-PRO SIM y la Cooperación Finlandesa apoyan a ONG nacionales y entidades gubernam entales en proyectos o investigaciones en educación y salud sexual y reproductiva, que de alguna m anera incorporan a los hombres como grupos beneficiarios prim arios o secundarios. L a m ayoría de estas agencias com binan la prom oción de una dem anda m ejor inform ada en aspectos de salud reproductiva con la oferta de servicios a la población. Los hom bres en muchos casos participan en las redes de promoción com unitaria y, prim ordialm ente, son tom ados en cuenta en su rol de esposos o com pañeros de vida de las mujeres, y en m enor m edida como padres de familia. La prioridad de estos proyectos es la salud reproductiva de las m ujeres y las acciones de educación en salud sexual y reproductiva para jóvenes de ambos sexos. La Organización Panam ericana de la Salud (OPS), por ejemplo, está por finalizar un estudio sobre salud sexual y reproductiva con adolescentes varones y hom bres jóvenes, para obtener inform ación que sirva de guía en la form ulación de políticas y programas de SSR con la población joven masculina. El proyecto de G TZ-PRO SIM ha realizado investigaciones con hombres sobre conocimientos, actitudes y prácticas en sexualidad. Además, han prom ovido la paternidad responsable en el trabajo con adolescentes y jóvenes, utilizando el manual "Cómo planear mi vida" y tam bién por medio de la prom oción del uso del condón (R. M eyer, com unicación personal, agosto de 2000). Este manual contiene el ejercicio de los “bebés-huevos” , que orienta a los y las jóvenes a cuidar un huevo por una semana como si fuera su hijo para reflexionar sobre


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las responsabilidades que esto significa. El proyecto tam bién prom ueve las escuelas para padres y madres, pero, al igual que las otras experiencias revisadas, la participación de los padres es m ínim a (así, en una reunión con 40 participantes sólo había dos papás). A m anera de conclusión, es evidente la relevancia de aporte de las agencias de cooperación para incluir a los hom bres en los proyectos de educación y salud sexual y reproductiva. En estas agencias se identifica a los hom bres como un sector im portante para alcanzar las metas globales de sus proyectos. Algunas de ellas reconocen como lim itación que la oferta de servicios en SSR se quede rezagada respecto de la dem anda generada por la prom oción y que las acciones dirigidas a los hombres adultos no se les asigne la debida prioridad. Los recortes de financiam iento tam bién im pactan negativam ente en la sostenibilidad de muchos proyectos apoyados por estas agencias.

4. Universidades Gradualmente, la educación superior ha venido apoyando cambios culturales en las relaciones de género por medio de la docencia y la producción de nuevos conocimientos. Existen grupos de interés que han facilitado estas tareas, como la Comisión Interuniversitaria de Estudio de Género (CIEG-Nicaragua), que tam bién ha considerado el tem a de m asculinidad como elemento im prescindible en el análisis de las relaciones de poder entre los géneros. Algunos estudios conducidos desde las universidades nacionales han aportado inform ación específica sobre el com portamiento y las creencias de los hombres en el área sexual y familiar. U na experiencia de particular fortaleza es el Program a de M aestría en Salud Sexual y Reproductiva de la U niversidad Nacional A utónom a de N icaragua (UNAN). Con el apoyo del UNFPA, esta m aestría pretende m ejorar el nivel científico-técnico de los y las profesionales de la salud en el área de salud sexual y reproductiva, aportando al cum plim iento de los com prom isos asumidos en la Conferencia Internacional de Población y D esarrollo (CIPD) de El Cairo. Según el doctor Gustavo Sequeira (com unicación personal, agosto de 2000), coordinador de la maestría, se pretende superar la formación del médico que trata la sexualidad sólo en su interacción con las enfermedades, para concebirla de manera integral, incluyendo dim ensiones psicosociales y de género. En este sentido, la m asculinidad se considera un eje transversal de la maestría, y los tem as de paternidad y sexualidad responsable son tratados en los cursos. Sin embargo, el doctor Sequeira reconoce que como program a de m aestría no tienen acciones específicas sobre paternidad. Pero han considerado crear un program a sobre adolescencia para el diagnóstico, tratam iento y manejo adecuado de hombres y mujeres de esta edad. Respecto del im pacto de la maestría, hasta la fecha han egresado 70 profesionales, con 22% de ellos, varones. Según Sequeira, estos egresados ya están incidiendo en los programas de salud de las instituciones donde se desempeñan. El D epartam ento de M edicina Preventiva y Salud Pública de la U niversidad de León, con el apoyo de la U niversidad de U M EA-Suecia, ha brindado un im portante aporte con la producción de estudios prim arios sobre salud reproductiva e infantil. Estudios sobre em barazo en adolescentes, com portam iento sexual y violencia dom éstica han sido producidos desde la


41 U niversidad de León, que incluso han servido de insumo a las actividades de incidencia política y a los cambios legislativos. Así, el estudio sobre violencia dom éstica “Confites en el infierno” ofreció datos que influyeron en la aprobación de la Ley 230 contra la violencia intrafamiliar.


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VII. CONCLUSIONES

En este diagnóstico se han exam inado el contexto social, las investigaciones, la norm ativa y las acciones institucionales sobre el tem a de paternidad y sexualidad masculina; como conclusión, cabe destacar cuatro aspectos fundam entales para un program a de paternidad responsable. a) Problem as sociales vinculados a la m anera en que los hombres viven su sexualidad reproductiva y se relacionan con sus hijos e hijas; b) Lecciones aprendidas derivadas de las acciones llevadas a cabo en el tem a de paternidad y sexualidad m asculina por instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil; c) Oportunidades que facilitan cambios sociales tendientes a la prom oción de la responsabilidad paterna; d)

Obstáculos que limitan o dificultan estos cambios sociales.

A continuación se identifican y analizan, estos cuatro aspectos.

1. Problem as Existen problem as relacionados con la m anera en que los hombres viven su sexualidad, en particular sus actitudes y prácticas ante la reproducción, y el vínculo y las formas de relación entre padres e hijos(as). Con respecto al com portamiento sexual y reproductivo: • Los hombres tienen más tendencia a relaciones sexuales precoces, premaritales y prom iscuas con débil com prom iso afectivo, lo que unido a otros factores repercute en embarazos no deseados y en actitudes m asculinas renuentes a asum ir su paternidad. Algunos indicadores: a los 18 años, el 85% de los hom bres han tenido relaciones sexuales (m uestra nacional); de los hombres entre 25 y 44 años, el 79% han tenido dos parejas sexuales o más, com parado con el 25% de las mujeres (m uestra de León); el 52% de jóvenes con novia adm itieron estar m anteniendo relaciones sexuales con otras muchachas, y un tercio de jóvenes varones ha tenido contactos sexuales con mujeres que no conocen (muestra de M anagua). • Sólo el 9% de los hom bres participan en el uso de métodos anticonceptivos: el 6% utiliza el condón, el 2% la abstinencia periódica, el 1% el m étodo del retiro y un 0.4% se ha practicado la vasectom ía (muestra nacional). Esta baja participación influye negativam ente en su responsabilidad ante la procreación. L a m itad de los varones entre 15 y 19 años que tienen relaciones sexuales con sus novias nunca han usado el condón (m uestra de M anagua).


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• Existen hombres que rechazan que sus parejas usen métodos anticonceptivos, ya sea por desconfianza en la pareja (celos), en los anticonceptivos (percepción de daño), o por creencias religiosas. •

Existen hombres que presionan a sus parejas para que salgan embarazadas.

• Los hombres son los más frecuentes perpetradores de sexo forzado en contra de mujeres, adolescentes y niñas. De estas violaciones tam bién surgen embarazos no deseados que a su vez term inan en abortos o en hijos(as) sin padres. En el 53% de los casos de abuso infantil, el ofensor ha sido un miembro de la familia. Con respecto a la relación que los padres establecen con sus hijos e hijas: •

En el nivel nacional, el 35% de los niños y niñas m enores de 15 años no viven con sus

papás. • Se ha increm entado la dem anda de Centros de Protección Infantil y de Hogares Sustitutos. U na de sus causas es el abandono paterno y el maltrato a los niños y niñas. • Los hombres parecen tener más dificultades que las mujeres para com unicarse con sus hijos e hijas. L a interacción entre padres e hijos(as) se orienta más a aspectos de disciplina y al aseguram iento de bienes para la manutención. Según un estudio en M anagua, la m ayoría de los niños y niñas dicen tener m ejores relaciones con sus m adres que con sus padres (73%). Los niños y niñas ven a sus padres como los encargados de aplicar castigos, y a sus madres como quienes dan cariño. • Hom bres y m ujeres tratan de form a discrim inatoria a sus hijos e hijas, según los estereotipos tradicionales de género, reproduciendo la dom inación y privilegios de los hombres sobre las mujeres. • Los hijas e hijas están presentes en el 57% de casos de violencia de los hombres contra sus parejas. El 36% de las mujeres fueron maltratadas estando embarazadas. • U na de las prácticas paternas más dañinas es el abuso sexual contra niñas y niños. De una m uestra representativa en León, se reportó 26% de abuso sexual hacia niñas y 20% a niños. • M uchos niños y niñas son utilizados para generar ingresos a las familias. Casi uno de cada cinco niños(as) entre 10-14 años form an parte de la población económ icamente activa. • Existen padres y madres que reciben dinero para perm itir la explotación sexual de sus hijos e hijas. Estos problem as identificados vinculados con la sexualidad y paternidad m asculina generan otras consecuencias negativas. La más inm ediata se refleja en altas tasas de fecundidad adolescente, que en N icaragua alcanza uno de los valores más elevados de la región. El 22% de las mujeres menores de 20 años ya son madres y otro 5% están embarazadas. Otro efecto es la


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agudización de la pobreza, debido a las altas tasas de fecundidad — que com plica las posibilidades de supervivencia fam iliar— y a los menores ingresos de las m ujeres para m antener a los hijos cuando no hay apoyo de los padres.

2. Lecciones aprendidas de las acciones realizadas Algunas instituciones de gobierno y O NG han im pulsando acciones y políticas relacionadas con el tem a de paternidad y educación reproductiva. A unque las medidas tom adas hasta la fecha son insuficientes y existen pocos programas que hagan de la promoción de la paternidad responsable una prioridad, se identifican las siguientes lecciones. • Las dificultades de algunas organizaciones para integrar a los hom bres en acciones educativas obligan a considerar las m otivaciones específicas de los hombres y sus tem ores de ser asociados con “asuntos fem eninos” . Precisam ente, el color rosa de un centro de adolescentes parece ahuyentar a los varones. En otro proyecto, la im agen del prom otor com o alguien que “da clases” es valorado por algunos como “tarea para m ujeres” . H asta los hom bres adultos parecen necesitar confirm ación constante de su pertenencia al género masculino. M uchos hombres con hijos(as) en las escuelas quizás no asistan a las reuniones de padres de fam ilia porque suponen que ahí sólo van las m adres de los estudiantes. Por consiguiente, resulta muy práctico retom ar las metodologías “de-hom bre-a-hom bre” utilizadas por algunas organizaciones, las cuales validan la identidad masculina. • En la planificación de actividades educativas o servicios para hom bres tam bién hay que adecuar los horarios para dism inuir los obstáculos a su participación. El hecho de que un centro sólo brindara servicios en días de semana im pedía que muchos varones asistieran porque coincidía con sus horas laborales. • En el desarrollo de acciones con los padres de familia, es necesario tom ar en cuenta la perspectiva de los niños, niñas y adolescentes. Por ejemplo, en las acciones que ha realizado el M IN SA con adolescentes encontraron que muchos jóvenes dem andan capacitación para sus padres, porque enfrentan problem as de com unicación y de maltrato. Por su parte, el estudio “Cómo los niños y niñas ven su m undo” m uestra la visión crítica de hijas e hijos en la relación con sus padres. • U na lección im portante m anifestada por algunas organizaciones es evitar un enfoque acusador o culpabilizante hacia los hombres. Por el contrario, hacerles ver la im portancia que tienen los hombres para la salud y el bienestar de su pareja, de sus hijas e hijos. U n ejemplo concreto de este enfoque es el esfuerzo de una organización que trabaja con adolescentes en el departam ento de León (CARAS), quienes prom ueven en las adolescentes em barazadas asistir con sus parejas varones a los chequeos prenatales y a las capacitaciones sobre parto psicoprofiláctico. Además propician que los varones estén presentes al m om ento del parto de sus compañeras. • En esta m ism a dirección, otra experiencia positiva ha sido cuando se involucra a los hom bres como agentes de cam bio en procesos participativos, de m odo que ellos se sienten parte de la solución a los problem as acarreados por las inequidades de género. Los llam ados Grupos de


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Hom bres han sido una expresión de este enfoque, que prom ueve el activism o m asculino solidario con las luchas de las mujeres, mientras reivindican sus propias necesidades de cambio personal y encuentran apoyo m utuo entre hombres con sus mism as inquietudes. • Los procesos continuos de capacitación a hombres y la evaluación del im pacto de estas intervenciones son otra im portante lección que conviene replicar. Prom over cambios culturales, cambios de com portam iento y actitudes en los hombres no es fácil. Las evaluaciones de impacto realizadas por la organización Cantera en sus cursos de m asculinidad y por Puntos de Encuentro en su cam paña contra la violencia masculina, dem uestran que los retos son grandes, pero que las acciones educativas com ienzan a hacer la diferencia. Siempre que sea posible hay que m edir esos cambios para generar nuevas pistas por dónde continuar, y para evaluar las debilidades y fortalezas de las intervenciones con los hombres.

3. Oportunidades • U na oportunidad para la promoción de la paternidad responsable son los hombres padres ya responsables. Además del abandono, la negligencia y las prácticas negativas contra los hijos e hijas, tam bién existen prácticas respetuosas y positivas de parte de muchos hombres. Este sentido de responsabilidad paterna está docum entado en algunos estudios nacionales. Se ha descrito la alta valoración y prioridad que muchos padres manifiestan hacia sus hijos e hijas. Esto representa una oportunidad si se los involucra en acciones de sensibilización hacia los padres irresponsables. • El trabajo con hom bres y sobre m asculinidad, que ha tom ado diversas m odalidades — grupos de hom bres, capacitaciones, cam pañas públicas, investigaciones— , es otra oportunidad. A ún se requiere incorporar el trabajo sobre paternidad y responsabilidad de los hombres ante la sexualidad y la reproducción. El trabajo con hombres desde una perspectiva de género ha sido posible gracias al apoyo que le ha dado el M ovim iento Amplio de M ujeres. En este sentido, las organizaciones de mujeres tam bién representan una oportunidad favorable para prom over la paternidad responsable en Nicaragua. • Tam bién se debe aprovechar el trabajo con jóvenes de ambos sexos en educación y salud sexual reproductiva que prom ueven organizaciones tanto gubernam entales como de la sociedad civil. El activismo y la disposición de los y las jóvenes para trabajar en sus comunidades y educar a sus pares puede capitalizarse para profundizar la reflexión entre ellos sobre lo que significa la paternidad y la m aternidad en sus proyectos de vida. • El apoyo técnico y financiero de las agencias de cooperación y la voluntad institucional que m uestran en prom over el trabajo con hombres son una oportunidad que debe aprovecharse hacia las acciones educativas en paternidad y com portam iento reproductivo masculino. • Son relevantes los avances norm ativos vinculados con el tem a paternidad, fam ilia y sexualidad. L a Constitución Política, la Ley de Alimentos, el Código de la N iñez y la Adolescencia, la Política Nacional de Población, las políticas de los M inisterios de Educación, de


46 Salud y de la Fam ilia y el Plan de Acción Nacional a Favor de la N iñez y Adolescencia, definen con claridad las responsabilidades de los padres hacia sus hijos e hijas, los interpela a involucrarse en la crianza en condiciones de equidad y a participar en el proceso educativo de sus hijos(as). En estas norm ativas se establece la obligación del Estado en cuanto a prom over la educación de la sexualidad y la participación de los hombres en la SSR, y se aspira a crear conciencia en las familias sobre la responsabilidad hacia sus hijos(as). Se m enciona además como objetivo fortalecer escuelas para padres y brindar servicios integrales de SSR. Si estas políticas y planes se cum plieran no habría necesidad de un program a específico de prom oción de la paternidad responsable. • Sin embargo, aunque estas leyes y políticas no logren aplicarse, su existencia puede considerarse una oportunidad favorable en tanto com prom ete a las autoridades públicas. Además, la problem atización y difusión de estas leyes pueden significar un buen punto de partida para crear una cultura de derechos y sensibilizar a la población sobre la responsabilidad paterna en el bienestar de la niñez. • V alga destacar el trabajo de las universidades en la form ación de una masa crítica, de recursos hum anos con una nueva visión en el tem a de sexualidad y paternidad. Asimismo, el aporte de las universidades en la producción de nuevos conocimientos ofrece la oportunidad de fundam entar las intervenciones sociales.

4. Obstáculos Existen diversos socioeconómicos.

obstáculos

en

los

aspectos

culturales,

institucionales,

políticos

y

• En el plano cultural, ser padre no define la identidad de género de los hombres, sólo la confirma; en cambio, ser madre sí define el ser mujer. L a paternidad no es vista como la responsabilidad primordial de los hombres en la sociedad, en tanto que la maternidad sí lo es para las mujeres. Esto explica que a las reuniones de “padres de fam ilia” asistan sólo las madres. La crianza de los hijos y el trabajo doméstico es culturalm ente asignado a las mujeres. En Nicaragua, los hombres representan dos tercios de los ocupados de form a remunera. La PEA m asculina es del 74%; en cambio, la PEA fem enina es del 37%. Estas inequidades de género — expresadas en privilegios masculinos, m ayor poder de los hombres, control y maltrato a las mujeres— no fom entan la paternidad responsable. En consecuencia, a pesar de todas las declaraciones normativas sobre la igualdad de responsabilidades y derechos de hom bres y m ujeres respecto de los hijos(as), la prescripción cultural se im pone a la legal. • Asimismo, la sociedad no sanciona tan severam ente la irresponsabilidad paterna como la materna (se les dice madres “desnaturalizadas”). Por eso, en uno de los estudios revisados, los hijos(as) parecían no tener expectativas tan altas hacia sus papás. Por el solo hecho de existir y aportar económ icamente, ya era “un buen padre” . Los estudios confirm an que los parám etros culturales del rol paterno siguen siendo muy estrechos: proveer y disciplinar. Los obstáculos son aun peores si se les suma la cultura del machismo, que valoriza la prom iscuidad sexual m asculina y la capacidad de conquistar mujeres, e incluso embarazarlas, como prueba de masculinidad.


47

• En el plano institucional, los obstáculos se reflejan las resistencias a los nuevos enfoques en el abordaje de la educación, la salud sexual y reproductiva. El enfoque de salud “m aterno-infantil” dificulta percibir el im pacto del com portam iento masculino en la salud, tanto de la m adre como del infante. Por lo tanto, los hom bres no son sujetos beneficiarios de las intervenciones institucionales. • Otro obstáculo institucional es la suposición que en los proyectos de algunas organizaciones la paternidad responsable se está tratando de manera integral, por lo que no existen acciones o programas específicos sobre el tema. En la práctica, esto a m enudo redunda en un enfoque superficial del tema. En muchas organizaciones existe poca capacitación o entrenam iento especializado para encarar la sexualidad reproductiva de los hombres y los problem as vinculados con la paternidad. • En el plano político, hay dificultades de coordinación entre sectores del gobierno y organizaciones no gubernam entales. Históricamente, la cultura política del país ha sido polarizada y se m antienen las tensiones entre diferentes actores sociales por cuestiones ideológicas, sobre todo cuando se trata el tem a de la fam ilia y la sexualidad. Se registran avances y experiencias productivas de trabajo conjunto en com isiones intersectoriales, pero la desconfianza y la descalificación persisten. En consecuencia, algunas entidades de gobierno declaran que están trabajando sólo con O NG “ afines a su enfoque” . Es necesario la elaboración de una agenda social m ínim a donde todos los sectores estén de acuerdo. Enfrentar el problem a de la paternidad irresponsable podría ser una de las preocupaciones compartidas. • En el terreno socioeconómico, los obstáculos tam bién son múltiples. L a pobreza y la marginalidad de grandes sectores de hombres, en especial adultos y jóvenes campesinos, se erigen en una barrera casi im penetrable para las acciones educativas. En otro orden, los problem as de financiam iento de muchas O NG y las limitaciones presupuestarias de las instituciones del gobierno restringen los alcances de sus acciones. • Los problem as socioeconómicos que enfrentan muchos hombres nicaragüenses contrarrestan los esfuerzos educativos para que asuman un com portam iento sexual y paterno responsable. Así, por falta de oportunidades de trabajo, muchos em igran a otros lugares buscando medios de supervivencia, lo que propicia la form ación de nuevas relaciones de pareja o relaciones sexuales de las que resultan embarazos. Los hom bres difícilmente asumen su paternidad al no vivir con sus hijos(as) y al no tener solvencia económica. Ante la carencia de recursos económ icos para proveer, muchos hombres sienten que no tienen nada que aportar y, en consecuencia, eluden por com pleto su responsabilidad y vínculo con los hijos. Por otro lado, el bajo nivel escolar de la población incide en altas tasas de fecundidad. Existe una clara asociación entre el nivel de instrucción formal de las mujeres y sus índices de fecundidad.


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VIII. PROPUESTAS PARA UNA “INICIATIVA DE PATERNIDAD”

1. Introducción L a Iniciativa de paternidad que aquí se propone surge de considerar que el com portamiento sexual y reproductivo de muchos hombres y las relaciones que establecen con sus hijos e hijas, están asociados con los siguientes problemas: -

Em barazos en la adolescencia

-

Em barazos no deseados y no planificados

-

Abandono de hijos e hijas debido al rechazo de los hombres a asum ir su paternidad

- Bajo uso de métodos anticonceptivos m asculinos y presiones para que las mujeres no usen los métodos a su disposición -

Sexo forzado y presiones para que las mujeres salgan em barazadas o para que aborten

-

Ausencia de figura paterna en la vida de niños y niñas

-

Maltrato a niños y niñas

-

Pobre calidad de las relaciones entre los hom bres y sus hijos(as), lim itadas en algunos casos a ejercer disciplina y proveer materialmente -

Trato discriminatorio a hijos e hijas según los estereotipos tradicionales de género

-

Violencia contra la mujer, incluso en estado de embarazo

-

Exposición de niños y niñas a esta violencia conyugal

-

Abuso sexual contra niñas y niño

-

Trabajo infantil

-

Explotación sexual a hijas e hijo

-

Altas tasas de fecundidad, que agudizan la pobreza de las familias nicaragüenses

El Estado y la sociedad civil organizada del país están im pulsando acciones para enfrentar estos problem as sociales, pero las medidas tom adas hasta la fecha son insuficientes; existen


49 obstáculos culturales, institucionales, políticos y económicos; y faltan iniciativas que trabajen con los hombres para prom over la paternidad y procreación responsable. Sin embargo, los avances logrados hasta la fecha ofrecen im portantes lecciones aprendidas y nuevas oportunidades para el desarrollo de futuras acciones. E sta Iniciativa de paternidad pretende articular los esfuerzos para apoyar a los hombres en sus responsabilidades con sus hijos e hijas y ante la procreación. Tam bién se espera contribuir a superar los obstáculos que interfieren en la prom oción de la paternidad responsable por parte de las instituciones. Principalm ente, esta Iniciativa aspira a contribuir a la erradicación progresiva de los problem as sociales ya mencionados, en los que la niñez nicaragüense paga las peores consecuencias. Se presenta a continuación un conjunto de propuestas sobre la Iniciativa de paternidad, que fueron sometidas a debate y enriquecidas por las instituciones y personas que participaron en los Foros sobre Paternidad Responsable organizados por la CEPAL en noviem bre de 2000. Al respecto, es im portante hacer notar que entonces se la presentó como un “Program a Nacional de Paternidad Responsable” . Sin embargo, algunos participantes en los foros consideraban que lo más im portante no era crear nuevos programas o planes nacionales, sino incorporar acciones “pro-paternidad” dentro de los planes y programas que ya im pulsan las instituciones. Por lo tanto, se reelaboró esta nueva versión bajo la form a de una Iniciativa de paternidad. L a Iniciativa se concibe como un conjunto de acciones de carácter más flexible y transversal, con líneas de acción que atraviesan diversos programas y actores sociales (véase en Anexos “M atriz de la Iniciativa”). De esta manera, las organizaciones tom an o aportan a la Iniciativa de paternidad según su conveniencia y capacidad de realizar. Por último, no se compite ni se duplican program as o planes nacionales, sino que se los enriquece con la línea de paternidad.

2. Objetivos generales a) Crear conciencia efectiva en toda la sociedad, y en particular en los hombres, sobre su responsabilidad en la procreación y en la atención integral a sus hijos e hijas. b) Contrarrestar el abandono paterno ante las responsabilidades financieras, educativas y emocionales hacia los hijos e hijas. c) Prom over cambios culturales que influyan en las relaciones de los padres con sus hijos e hijas, am pliando los roles hasta ahora restringidos del padre y fom entando la equidad y el respeto de los hombres hacia los niños, niñas, jóvenes y mujeres. d) Prom over cambios institucionales y legislativos que mejoren las respuestas del Estado y las O NG ante el problem a de paternidad irresponsable y la necesidad de una educación de sexualidad integral para hombres y mujeres.


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3. Ejes temáticos Los tem as sustantivos de esta Iniciativa giran en torno a la relación de los hombres con sus hijas e hijos. Considerando el carácter com plejo y multidimensional de este fenómeno, sus causas y consecuencias, los ejes tem áticos se desglosan de la siguiente manera. ^

Reconocim iento paterno de hijos e hijas concebidos en relaciones pasadas o extramaritales. Cum plim iento por parte de los hom bres de sus obligaciones alimentarias para con todos sus hijos(as).

^

Pobreza en los hogares, principalm ente aquellos con jefatura femenina. Incidencia de factores socioculturales y dem ográficos en la agudización de la pobreza.

^

Trato y com unicación entre padres e hijos(as) (sean estos últim os biológicos o adoptivos, hijastros u otros niños(as) bajo su tutela o custodia). Participación en su crianza.

^

D erechos de las niñas, niños y adolescentes, en particular sus derechos especiales de protección y asistencia por parte de sus padres y del Estado, que perm itan garantizar su bienestar y desarrollo óptimo en la sociedad.

^

Com portam iento sexual y reproductivo de los hombres; sus relaciones de parejas y actitudes ante la procreación.

4. Algunas líneas de acción

a)

Investigación

La conducción de nuevas investigaciones primarias, como encuestas nacionales y estudios cualitativos, perm itirán profundizar y cubrir las lagunas de conocimientos e inform ación identificadas por este diagnóstico. Es importante realizar una Encuesta N acional sobre P aternidad y Comportamiento Reproductivo M asculino, dado que se necesita de una base inform ativa representativa de todo el país sobre la situación de los hombres nicaragüenses con su sexualidad, reproducción y relación con sus hijos e hijas. Es necesario docum entar el efecto positivo del padre que se involucra en la vida de los hijos e hijas. En el otro extremo, será im portante calcular los costos económ icos de la irresponsabilidad paterna, en el nivel de los hogares y de la sociedad. 18 Tam bién deben estudiarse los posibles factores que inciden en el abandono paterno, como la m igración y separaciones conyugales, y las consideraciones subjetivas de los hombres para no dar alimentos. 18 Participantes en los foros organizados por la CEPAL decían que la cuantificación de los costos económ icos de la irresponsabilidad paterna era un asunto crucial para convencer a la clase política de la importancia del tema.


51 b)

Capacitación

La promoción de la paternidad responsable necesita funcionarios y ejecutores de proyectos sensibilizados y capacitados para im pulsar acciones específicas en el tema de paternidad y procreación responsable dirigida a varones. Se desarrollarán seminarios para sensibilizar y capacitar a los funcionarios(as) públicos que dirigen y ejecutan las políticas y planes sobre educación de la sexualidad, servicios y educación en aspectos reproductivos, y escuelas para padres. Asimismo, se realizarán acciones de sensibilización con funcionarios del poder judicial y legislativo, de los gobiernos locales y las ONG. U n objetivo clave de estas capacitaciones es entrenar a los prestadores de servicios (de salud, educación, etc.) en cómo involucrar a los hombres en sus programas y cómo abordar los tem as de sexualidad y paternidad con éstos. Esta línea de acción tam bién debe incluir el trabajo educativo con hombres y jóvenes de la población. Estas acciones, no obstante, se proponen en la línea de acción d), com unicación social, como parte de las acciones de información, educación y com unicación (IEC) a nivel local.

c)

Políticas y legislación

Esta línea de acción puede tener dos responsabilidades específicas. L a primera, velar por el cum plim iento de las leyes, políticas y planes institucionales que consignan la responsabilidad paterna, la educación de la sexualidad a los jóvenes y la participación m asculina en la salud reproductiva. Precisam ente, se trata de la Constitución Política, la Ley de Alimentos, el Código de la N iñez y la Adolescencia, la Política Nacional de Población, las políticas de los M inisterios de Educación, de Salud y de la Fam ilia y el Plan de Acción Nacional a Favor de la N iñez y Adolescencia. U na debilidad en el aspecto norm ativo es que los diputados no tienen capacidad de fiscalizar la aplicación de las leyes y se limitan a aprobar nuevas leyes. Esta Iniciativa debería influir para que los diputados pudieran fiscalizar. Asimismo, con miras a encontrar soluciones se analizarán los obstáculos que impiden la aplicación efectiva de todas estas disposiciones 19 normativas. La segunda responsabilidad de esta línea de acción es la prom oción de reformas legislativas vinculadas con la paternidad. Pese a los avances registrados, la legislación nicaragüense aún contiene vacíos y contradicciones en el tem a familia. Es necesario cabildear para que el proyecto de Código de Familia, presentado al poder legislativo desde 1994, sea discutido por diferentes sectores sociales, para que luego se incorporen sus aportes y finalmente se apruebe en la Asamblea Nacional.

19 Por ejemplo, el hecho de que las demandas de alimentos deban resolverse por la vía judicial es un serio obstáculo y atraso para hacer valer los derechos de la niñez. Por otra parte, esta línea de acción puede apoyar nuevas respuestas de las instituciones ante la irresponsabilidad paterna, como el futuro establecimiento de la pruebas de A D N para investigar la paternidad por parte del Instituto de Medicina Legal.


52 Se pueden prom over otros cambios legislativos relacionados con el ejercicio de la paternidad responsable. Por ejemplo, abogar para que el proyecto del nuevo Código Penal considere el incesto como un delito de violación agravada; incidir en la form ulación de un nuevo Código Civil, ya que el actual contiene medidas discriminatorias en perjuicio de los hijos no considerados “legítim os” . Es im prescindible asegurar que la Ley General de Educación y la Ley General de Salud contengan medidas explícitas para prom over la sexualidad y paternidad responsable. Tam bién se podría im pulsar la discusión sobre los subsidios fam iliares establecidos en la Ley de Seguridad Social, a fin de considerar el pago de subsidios no sólo de maternidad, sino tam bién de paternidad. Así, los padres asalariados podrían involucrarse directam ente en la responsabilidad del cuidado de sus hijos recién nacidos.

d)

Com unicación social

En esta línea de acción se va a diseñar e im plem entar una cam paña nacional de educación pública p o r la patern id a d responsable, y la audiencia principal serán los hombres en edad reproductiva y los que tengan hijos e hijas. Las campañas m asivas a través de la televisión nacional, las emisoras de radio, vallas en carreteras, materiales impresos, etc., han probado ser un efectivo medio de com unicación y sensibilización dirigido a toda la población ante problem as sociales específicos, como el maltrato infantil, la violencia contra las m ujeres y las enfermedades de transm isión sexual. Los contenidos de esta cam paña pueden incluir la difusión de las leyes nacionales referidas a la paternidad responsable. Asimismo, se podría difundir la voz de los hijos e hijas respecto de cómo quieren que sean sus papás, considerando que aquéllos tienen una perspectiva crítica y demandas concretas hacia sus padres. U na cam paña nacional debe poner fin a la perm isividad social con que se tolera la irresponsabilidad paterna en Nicaragua, prom oviendo cambios culturales con relación a los roles de los hombres en los hogares. Aunque se debe evitar un enfoque acusador y construir mensajes positivos, los hombres deben sentir que la sociedad les está enviando un claro mensaje de apoyo a sus responsabilidades como padres, pero tam bién de rendición de cuentas. El “D ía del Padre” (23 de junio) podría ser revalorado, evitando que la fecha tenga un carácter m eram ente comercial para convertirlo en una jornada educativa a favor de la paternidad responsable. Se podría construir una estrategia de com unicación social en coordinación sobre todo con propietarios de medios de comunicación. Como parte de la estrategia de esta línea de acción, se im pulsarán actividades de inform ación, educación y com unicación (IEC) en el nivel municipal. Conviene considerar las estrategias de trabajo enfocadas a diferentes grupos m eta de hombres. Es im portante rescatar la riqueza de experiencias en acciones de IEC que han realizado m uchas organizaciones en N icaragua, que incluyen festivales culturales, talleres educativos, charlas, grupos de reflexión, visitas casa por casa y distribución de m ateriales educativos como folletos, posters y plegables. Se puede considerar la prom oción de acciones exclusivas con hombres que com parten la m ism a etapa de vida, y por ende preocupaciones similares; por ejemplo, grupos de hom bres con hijos en edad escolar versus grupos de hom bres jóvenes que aún no tienen hijos. En contraste, es


53

factible realizar acciones que prom uevan el diálogo intergeneracional entre padres e hijos, así como acciones conjuntas para padres y madres.

5. Grupos meta Se entiende por grupos m eta a los sectores específicos de la población a donde se pretende enfocar las acciones de esta Iniciativa de paternidad, de m odo que se facilitan cambios en sus prácticas, actitudes y creencias. a) H om bres con hijos e hijas. D e éstos la Iniciativa deberá tom ar en cuenta la gran diversidad de hom bres que son padres en Nicaragua: campesinos, urbanos, mestizos, indígenas, jóvenes, adultos, habitantes del Pacífico y del Atlántico de Nicaragua. En todos lo grupos meta será im portante privilegiar a los hombres cuyos hijos e hijas vivan en condiciones de pobreza. b) H om bres jóvenes que aún no son padres. Si se asume que la paternidad responsable com ienza desde la procreación responsable, consciente y voluntaria, entonces la Iniciativa deberá llegar a los varones adolescentes y jóvenes. c) Las parejas — m adres y padres en unión de hecho o m atrim onio— pueden concebirse como otro grupo meta de esta Iniciativa, de tal m anera que se desarrollen acciones para m ejorar la dinámica fam iliar en beneficio de los hijos e hijas. d) Funcionarios(as) del Estado, ONG, líderes de organizaciones sociales y los com unicadores deben ser simultáneamente grupos m eta y actores sociales de esta Iniciativa. Como actores sociales, ellos tienen que im pulsar estas acciones para prom over la paternidad responsable, pero tam bién necesitan capacitarse y sensibilizarse ante el problem a de la irresponsabilidad paterna, por lo que se convierten en otro grupo meta. Los grupos m eta del inciso a) y b) (hombres padres y jóvenes que no lo son) se refieren prim ordialm ente al nivel de intervención individual y comunitaria. Los del inciso c) (parejas) com prenden el nivel de intervención fam iliar y el d) (funcionarios, comunicadores, etc.) el nivel institucional de intervención.

6. Características de la Iniciativa de paternidad

a)

Cobertura local, nacional y regional

Se desarrollarán acciones de nivel municipal y nacional, tom ando en cuenta la diversidad étnica, geográfica y de clase social que existe en Nicaragua. Además, esta Iniciativa form a parte de un proyecto regional centroamericano, y ello significa un aporte a la integración de los países del Istmo en la solución de problemas comunes.


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b)

Integral

Se asume un enfoque sistém ico que explica cómo el contexto cultural, institucional, político y socioeconómico del país afecta el com portam iento reproductivo y paterno de los hombres. Además, se consideran diversos problem as sociales, como el abandono paterno, la violencia intrafamiliar, la explotación sexual, el trabajo infantil, el em barazo precoz, la falta de uso de anticonceptivos y limitaciones legislativas. L a Iniciativa tam bién interviene en diferentes niveles: individual, familiar, com unitario e institucional.

c)

Interinstitucional e intersectorial

Se considera la im portancia del trabajo coordinado entre diversas instituciones y sectores, como el Estado, las ONG, las comunidades, la universidad, la em presa privada y las organizaciones religiosas, procurando que se establezcan alianzas en torno a objetivos compartidos.

d)

Orientado al consenso

Se persigue la construcción de una agenda social consensuada en torno a los problemas derivados de la forma como los hombres se relacionan con la reproducción y la paternidad. Se respetan las diferencias de enfoques ideológicos procurando que éstas no paralicen las acciones. Se asume que el problem a de la paternidad irresponsable es una de las preocupaciones com partidas por todos los sectores de la sociedad.

e)

Perspectiva de género y generacional

La Iniciativa debe aportar a la equidad en las relaciones entre hombres y mujeres, y entre generaciones adultas y jóvenes. Como parte de la perspectiva de género, se incorpora el análisis de la masculinidad, para com prender la condición e identidad de género de los hombres y transform ar sus actitudes y relaciones con las mujeres y con sus hijos(as).

f)

Flexible y participativo

Ésta es una Iniciativa en proceso de construcción, sujeta a m odificaciones de acuerdo con las perspectivas de los actores involucrados y las condiciones concretas del entorno durante su implementación. Además, es una Iniciativa amplia, con una diversidad en líneas de acción para que las organizaciones se apunten en aquellas que consideren de su interés y competencia.


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g)

Sostenible

Iniciativa sostenible en dos sentidos. Primero, que tenga continuidad pese a cambios de gobiernos, para lo cual necesita del respaldo de las políticas del Estado en el tem a de fam ilia y población. Segundo, que tenga capacidad de m ovilizar recursos para llevar a cabo sus acciones.

h)

M edible y evaluable

L a Iniciativa incluirá un com ponente de evaluación de im pacto y del proceso, con acciones verificables, metas e indicadores establecidos, y se deberá vigilar y supervisar su proceso de ejecución.

7. Estructura organizativa y actores sociales Esta Iniciativa requiere de un Comité Coordinador com puesto por delegados de los diferentes sectores participantes. Se espera que la responsabilidad sea com partida pero que existan funciones específicas para cada actor social. Los representantes por cada sector deben tener poder de decisión en el interior de sus instituciones, y contar con el apoyo de sus responsables inmediatos. Tam bién deben ser miem bros permanentes del Comité. En cada una de las líneas de acción — investigación; capacitación; políticas y legislación; com unicación social, y otras que se decidan— se formarán Comisiones de Trabajo, cuya responsabilidad será planificar, poner en práctica y evaluar las acciones impulsadas. Otra alternativa de organización es a través de un Foro Perm anente de Paternidad en donde participen todos los sectores sociales interesados en aportar y coordinar sus acciones en pro de la paternidad responsable. El foro deberá contar con un calendario de reuniones de trabajo y, si se considera conveniente, se form arán Grupos de Interés según el tipo de acciones a desarrollar o la especialidad de sus miembros (por ejemplo, profesionales de la salud, abogados, comunicadores, educadores, académicos, etc.). Cualquiera que sea la estructura organizativa que sostenga esta Iniciativa de paternidad, siempre será necesario que alguna organización (gubernam ental, de la sociedad civil o agencia de cooperación) arranque el proceso y convoque al resto. L a CEPAL no podrá asum ir este rol, debido a que no tiene sede en el país. Es necesario articular todos los esfuerzos dispersos que hasta el m om ento se han realizado para prom over la paternidad responsable. Las instituciones del Estado, las alcaldías municipales, las organizaciones no gubernam entales, las universidades, las agencias de cooperación, los medios de comunicación, las iglesias y la em presa privada pueden conjuntamente colaborar para im pulsar una nueva cultura de responsabilidad de parte de los hombres con sus hijos e hijas. En el anexo A se listan las instituciones que de alguna u otra m anera abordan el tem a de paternidad y educación reproductiva. Éstos podrían ser los actores sociales para construir e im pulsar este Program a de Paternidad Responsable. En el anexo B se presenta una matriz que


56 cruza las líneas de acción con los actores sociales, para sugerir las m últiples opciones de involucram iento que tienen las organizaciones dentro de esta Iniciativa. Entre los actores de la sociedad civil, es im portante involucrar a la Asociación de H om bres contra la Violencia, a los Grupos de Alcohólicos Anónimos y a la Fraternidad de H om bres de Negocios, como organizaciones de varones. Las organizaciones y redes que trabajan en defensa de la niñez y adolescencia constituyen otro actor social clave para esta Iniciativa. En la Sociedad Civil está la Coordinadora N icaragüense de O NG que trabajan con la N iñez y Adolescencia. En el Estado funciona el Consejo Nacional de Atención y Protección Integral a la N iñez y Adolescencia, creado y aprobado recientem ente mediante la ley 351. Las organizaciones del m ovim iento amplio de m ujeres y sus diversas expresiones en distintas redes (por ejemplo, la Red de M ujeres contra la Violencia, R ed de M ujeres por la Salud, Comité N acional Fem inista) pueden estar interesadas en participar en este esfuerzo concertado, al igual que las organizaciones de la juventud nicaragüense. M iles de jóvenes están organizados en clubes y otras redes de promotores sociales en sus comunidades, y están representados en diversas instancias de coordinación juvenil, como la Comisión Nacional de Adolescentes y el Consejo de la Juventud. En el poder legislativo, representado por la A sam blea N acional, es im portante involucrar a los y las diputados(as) miem bros de la Comisión Nacional de M ujer, Niñez, Juventud y Fam ilia y de la Comisión Nacional de Población y Desarrollo.


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BIBLIO G RAFÍA

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Sweden,


61

Anexos

A. Organism os que tienen relación con los temas del proyecto

Instituciones d el Estado 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16.

Asam blea Nacional Asociación de M unicipios de N icaragua (AM UNIC) Alcaldías de los 147 municipios de N icaragua Centro de Salud Reproductiva para Adolescentes del Hospital B erta Calderón Ejército de N icaragua Instituto N icaragüense de la M ujer (INIM ) Instituto N icaragüense de Fom ento M unicipal (INIFOM ) Instituto N icaragüense de Estadísticas y Censos (INEC) Juzgados de lo Civil. M inisterio de Educación Cultura y Deporte (M ECD) M inisterio de Salud (M INSA) M inisterio de la Fam ilia (M IFAM ILIA) M inisterio del Trabajo (M ITRAB) Policía Nacional. Procuraduría de D erechos Hum anos para la N iñez y Adolescencia. Secretaría de Acción Social.

Organizaciones no gubernamentales 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18.

Acción M édica Cristiana (AMC) Asociación Centro de Prevención de la Violencia (CEPREV) Asociación de Educación y Com unicación LA CUCULM ECA Asociación por la H um anización de la Vida Colectiva GAVIOTA A sociación Pro-Bienestar de la Fam ilia N icaragüense (PROFAM ILIA) Asociación de Hom bres contra la Violencia (AHCV) Asociación de Trabajadores para la Educación, Salud e Integración Social. TESIS Casa M aterna de Jinotega Centro de Información y Asesorías en Salud (CISAS) Centro de Educación Popular CANTERA Centro de Apoyo a Program as y Proyectos (CAPRI) Centro de Derechos Constitucionales “Carlos N úñez Téllez” (CDC) Centro de Estudios y Prom oción Social (CEPS) Centro de Investigación y Prom oción para el D esarrollo Rural y Social (CIPRES) Centro de Investigación Asistencial de la M ujer A CCIÓN YA Centro de Atención IXCHEN Comisión Interuniversitaria de Estudios de Género (CIEG) N icaragua Centro M U JER Y FAM ILIA


62

19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35.

Centro DOS GENERACIONES Centro para la Atención y Recreación de los Adolescentes (CARAS) Colectivo de M ujeres de M atagalpa Fundación Puntos de Encuentro Fundación Xochiquetzal Fundación para el Desarrollo de las M ujeres y la N iñez “B lanca A raúz” (FUNDEM UNI) Instituto N icaragüense de Prom oción H um ana (INPRHU) Instituto de Protección Legal a la Fam ilia M ovim iento Comunal Nicaragüense Oficina de Prom oción Hum anitaria para el D esarrollo de la Costa Atlántica (OPHDESCA) Prom oción de la Salud Integral de la M ujer (PROSIM )-GTZ Red de M ujeres Contra la Violencia (RM CV) Red de M ujeres por la Salud Salud Reproductiva y Em poderam iento de la M ujer (SAREM ) Servicios Integrales para la M ujer (SI M UJER) Program a de Adolescentes y Jóvenes (SI M UJER) U niversidad Johns Hopkins

Instituciones académicas 1. D epartam ento de M edicina Preventiva y Salud Pública, Facultad de Ciencias M édicas. U niversidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-León. 2. M aestría en Salud Sexual y Reproductiva, Facultad de Ciencias M édicas, U niversidad Nacional A utónom a de Nicaragua, U N A N -M anagua 3. Centro de Análisis Sociocultural, U niversidad Centroam ericana (UCA) M anagua 4. Programa Universitario de Género de la UNA N -M anagua Redes e instancias de coordinación 1. Asociación de Hom bres contra la Violencia (AHCV) 2. Comité Nacional Feminista 3. Comisión Inter-Agencial de Salud Reproductiva 4. Coordinadora N icaragüense de O NG que trabajan con la N iñez y Adolescencia 5. Consejo Nacional de Atención y Protección Integral a la N iñez y Adolescencia 6. Comisión Nacional de Lucha contra la Violencia hacia la M ujer, N iñez y Adolescencia 7. Program a Regional “La Corriente” 8. Red de M ujeres por la Salud “M aría Cavalleri” 9. Red de M ujeres Contra la Violencia (RM CV)


63 Agencias de Cooperación 1. 2. 3. 4.

Organización Panam ericana de la Salud. OPS/OM S Fondo de Población de las N aciones U nidas (UNFPA) Fondo de Naciones U nidas para la Infancia (UNICEF) GTZ - Cooperación A lem ana

Gemios y otras Asociaciones 1. Asociación Padres de Fam ilia con H ijos D iscapacitados “Los Pipitos” 2. Fraternidad de Hom bres de N egocios 3. Oficina de Servicios Generales de Alcohólicos A nónim os de N icaragua


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B. Iniciativa de paternidad - Nicaragua

Grupos Metas

Algunas Líneas de Acción

4 Encuestas, datos Investigación estadísticos Estudios cualitativos A Capacitación, funcionarios sensibilización, públicos educación A hombres y jóvenes de la población Velar por aplicación Políticas de leyes... y legislación Reformas legislativas Campaña Comunicación nacional social paternidad IEC a nivel municipallocal

1. Hombres con hijos e hijas.

Ministerios de Estado, Alcaldías entes de municipales Gobierno X

ONG

2. Hombres jóvenes que aún no son padres.

3. Parejas—madres y padres en unión libre o conyugal.

ACTORES SOCIALES Instancias a Grupos de Organizaciones favor de la hombres y Medios de Agencias de comunitarias y Universidades niñez y movimiento comunicación cooperación organizaciones adolescencia de mujeres religiosas

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X

4. Funcionarios(as) del Estado, de ONG, líderes comunitarios y comunicadores.

X

Nota: Las celdas marcadas con cruz (X) son una manera de ejemplificar posibles formas de involucramiento de los actores sociales. Cada organización decidirá según sus competencias y planes cómo contribuir con esta Iniciativa. La lista de acciones y actores sociales no es exhaustiva.

Otros actores sociales


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Educación reproductiva y paternidad responsable en Nicaragua by Fundacion Justicia y Género - Issuu