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Conexiones UVAQ No 90 Custodiar voces y rostros humanos

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CUSTODIAR VOCES Y ROSTROS HUMANOS

LE GUSTAN LOS ZAPATOS LIMPIOS…

PÁGINA 4 EDITORIAL

TENEMOS PRISA

CUSTODIAR VOCES Y ROSTROS HUMANOS

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INCULTURACIÓN NO EQUIVALE A UNA SACRALIZACIÓN DE LAS CULTURAS

PÁGINA 22

PÁGINA 6 UN AMOR QUE TRASCIENDE: DE LA ACEPTACIÓN AL BIEN COMÚN

PÁGINA 26

Mtra. Lydia Nava Vázquez Rectora

Mtra. Susana García Ramírez Secretaria Académica

C.P. María Inés Pérez Alfaro Secretaria Administrativa

Mtro. José de Jesús Castellanos López Director

LCC Pedro A. García Escamilla Edición y diseño

UVAQ

Campus Santa María

Av. Juan Pablo II, No. 555

Col. Santa María de Guido

C.P. 58090

Morelia, Michocán, México.

Los artículos publicados no necesariamente expresan la filosofía y pensamiento de la Universidad; son responsabilidad de los autores.

Febrero de 2026 www.uvaq.edu.mx

Tenemos prisa

UNA DE LAS CARACTERÍSTICAS DE NUESTRO TIEMPO, ES QUE TENEMOS PRISA. TODO LO QUEREMOS AQUÍ Y AHORA, COMO SI EL SIMPLE DESEO PUDIERA HACER EL MILAGRO DE QUE LAS COSAS OCURRAN, QUE CAMBIEN, QUE MEJOREN. SE TRATA DE LA IDEA, DERIVADA DE LA CONCEPCIÓN DE LOS SISTEMAS, DE QUE BASTA CON QUE UNA COSA SE MUEVA, PARA QUE TODO SE MUEVA. Y ELLO, SIN QUE LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS PARTICIPEN O SE ESFUERCEN EN ESAS TRANSFORMACIONES.

Esto ocurre tanto a nivel personal como social. Se piensa que un solo hecho o acción tiene la facultad de transformar el todo de una manera mecánica y automática. Es el efecto del aleteo de la mariposa al otro lado del mundo, de acuerdo con la teoría del caos, popularizada por Edward Lorenz.

Si bien es cierto que las interacciones de cualquier tipo alteran o afectan el contexto en que se producen, los cambios no ocurren tan rápido como algunos piensan. Lo peor es que se llega a considerar que un cambio afecta al todo, independientemente de la

naturaleza del mismo, pero cuando no ocurre el efecto deseado, se produce la decepción.

Un ejemplo de ello es lo que ha ocurrido con la democracia. Muchos pensaron, no solo en México sino en otros países, que la transición democrática y la alternancia en el poder, produciría, por ejemplo, cambios económicos de prosperidad y una mejora social generalizada, independientemente de lo que cada uno hiciera para ello. Y como no ocurrió, rápidamente se produjo la decepción sobre la democracia. El error fue pedir peras al olmo.

El desarrollo cibernético, sistemas de comunicación y la Inteligencia Artificial han incidido en la percepción de que las cosas se pueden obtener rápidamente y hasta sin esfuerzo, olvidando la voluntad perseverante de lo que se busca.

Pero no solo eso. También se olvidó que para que los cambios de cualquier naturaleza rindan frutos, se necesita el esfuerzo humano en la dirección deseada, de manera persistente, empeñando las capacidades y la voluntad, hasta alcanzar lo que se busca. Porque lo logrado, mientras no se consolida y permanece en el tiempo, puede perderse.

En la teoría de la transición democrática se advirtió que el peligro de la regresión era permanente y que, por lo tanto, habría que permanecer vigilantes y activos para que se lograra, porque los frutos tardan en producirse. Recordemos el dicho que dice: “una golondrina no hace verano”.

Cuando se dio la alternancia en el Poder Ejecutivo en el año 2000, muchos de quienes habían luchado y trabajado porque eso se realizara, una vez que se produjo el cambio, se dieron por satisfechos y abandonaron el campo. No tardamos mucho en ver que hemos entrado en un proceso de regresión que nos conduce al sistema autoritario que se vivió en el pasado.

La concentración del poder en el centro, la pérdida de los equilibrios entre los tres poderes, la desaparición de los organismos autónomos y los cambios acelerados en las leyes sin una meditación a fondo, con ocurrencias como la reforma al Poder Judicial, son consecuencia de la ingenuidad de creer que con un paso, ya la realidad había cambiado y podíamos descansar. Ahora estamos a punto de despertar en medio de una pesadilla, al menos por lo que se vislumbra en la reforma electoral.

Otro tanto ocurre en el caso del combate a la delincuencia organizada. Algunos piensan que con la detención o muerte de alguno de los líderes de esos grupos, el panorama ya cambió radicalmente. Las experiencias del pasado indican, en cambio, que si se da por sentado que con uno varios golpes espectaculares el problema se acaba, pero no ha ocurrido así. A veces ocurre que con la caída de una cabeza, el cuerpo se dispersa y surgen nuevos cabecillas que intentan tomar el liderazgo que detentaba el desaparecido. Incluso se produce una multiplicación de grupos que rivalizarán entre sí por el control del mayor territorio posible y se producen choques entre ellos, incrementando la violencia.

El desarrollo de la cibernética y de los procesos acelerados de los sistemas de comunicación que hoy existen, así como la aparición de la Inteligencia Artificial, que con gran velocidad producen cosas, han incidido en la percepción de que las cosas se pueden obtener rápidamente y hasta sin esfuerzo, olvidando el papel que la voluntad perseverante tiene en el logro real y consolidado de aquello que se busca. Por eso hoy ha surgido una corriente que invitar a “apresurarse lentamente”, recurriendo a la reflexión de las decisiones y a la paciencia necesaria para el desarrollo de procesos que requieren maduración, lo cual no se logra cuando el apresuramiento irreflexivo y la falta de persistencia en el esfuerzo, dan al traste con todo.

Este es un tema digno de reflexión.

José de Jesús Castellanos, Coord. Fundación Editorial Vasco de Quiroga

Al ministro acordeón le gustan los zapatos limpios…

SE ENCUENTRA EN TODAS LAS REDES SOCIALES, HA GENERADO UNA CANTIDAD IMPORTANTE DE COMENTARIOS, CRÍTICAS Y SEÑALAMIENTOS RESPECTO AL HECHO DONDE COLABORADORES DEL MINISTRO PRESIDENTE DE LA SUPREMA CORTE, HUGO AGUILAR ORTIZ, LE LIMPIAN SUS ZAPATOS EN PÚBLICO.

Gerardo Mosqueda

Reforzando visiblemente su prepotencia en un formato de jerarquía rígida y permitiendo que funcionarios de primer nivel dentro del poder judicial realicen tareas serviles, refuerza visualmente la necesidad de señales de poder; en el video está la imagen muy clara de sus manos en los bolsillos, mientras los otros se hincan para limpiarle su calzado Ferragamo, da la impresión de qué les otorga el permiso para que limpien su calzado, con lo cual consolida su estatus ante los que le rodeaban en ese momento.

Foto: Suprema

Corte de Justicia de la Nación.

Su actitud valida la conducta del subordinado, estableciendo normas implícitas de que su tiempo o su imagen son superiores a la dignidad de sus colaboradores y aunque ante los medios hizo el intento de explicar lo realmente inexplicable; la respuesta del ministro atribuye todo al acto de un accidente con café y nata… pues en realidad es una técnica clásica de reencuadre, es decir, quiso componer la situación, cuando hablaba ante los representantes de los medios de comunicación, sin lograr conseguirlo.

Está claro

que al ministro no se le da la congruencia, tampoco el respeto a la dignidad de sus subordinados. Para él, sólo valió la pena el intento de un ejercicio de control de daños, pero permitir estos incidentes en el marco de un evento donde se habla de igualdad y cercanía con el pueblo; a imagen de servidumbre rompe esa coherencia y por lo tanto debilita y contradice la legitimidad de sus mensajes institucionales.

Por si le hiciera falta al permitir actos como éste, el ministro de la corte es cada vez más vulnerable a los ataques de opinión pública, que han lanzado toda clase de calificativos, evidenciando que a este ministro presidente, todos los contenidos de austeridad, de sencillez, de identificación con los pueblos y en particular los pueblos indígenas, son falsos, al final eran más importantes sus zapatos de marca Ferragamo y para eso no le importó pisar encima de la dignidad de sus colaboradores.

Para la opinión pública, este sesgo del ministro Aguilar Ortiz confirma lo que la opinión pública ya etiquetó desde el incidente de las camionetas, estamos hablando de un cuerpo de nivel superior del poder judicial de perfil, elitista, vacío, en una palabra: hipócrita, lo hemos venido viendo en una gran cantidad de incidentes, no sólo como el presidente de la corte, también con toda la gestión política de los actores principales del oficialismo.

Creyó que con explicar era suficiente y logró consolidar la imagen negativa que en realidad ha cultivado y todas las explicaciones que da respecto al café, la nata y el Ferragamo y los pañuelos solamente consolidan que no le importa al ministro.

Todos los comentarios son una excusa, en ningún momento alcanza a ser una autocrítica, independientemente de qué pudo existir, el accidente permitió una dinámica que no refleja los valores de igualdad en la suprema corte, adicionalmente las imágenes del ministro con las manos en los bolsillos, mientras otros de rodillas, limpian sus zapatos, requiere que realice actividades donde él sea quien sirva o se encuentre en una posición de esfuerzo físico compartido no una simple explicación, porque eso no borrará la imagen del incidente que permanecerá con él en el cargo de presidente de la corte. Dicho de otro modo, no entiende que no entienden. Sólo unos cuantos meses y la inconsistencia ideológica, las contradicciones entre sus discursos de humildad y su estilo de vida actual, la banalidad con la que se llenan los espacios periodísticos, porque al ministro no se le da comunicar una explicación que refleje un mínimo de calidad humana y la patética

contradicción del mensaje de austeridad contra el lujo en el que se mueven, y los privilegios que disfrutan sólo llevan un escenario los personajes que hoy tienen la responsabilidad de administrar la justicia de nuestra nación, no han dimensionado su muy pobre contenido técnico jurídico, lo superficial y banal de sus mensajes, la austeridad en el discurso, que no en los hechos y hasta la toga indígena, que en realidad termina siendo utilizada para diferenciarse del resto de los ministros, en una permanente y patética, actitud de soberbia y de superioridad en su persona.

Asume ser depositario de la verdad absoluta, ignorando el impacto visual de tener a sus subordinados, como la directora de comunicación hincada sus pies, mientras él mantiene las manos en los bolsillos.

Por eso es muy notable la crítica que la activista Ceci Flores hizo duramente a su conducta, contrastando que mientras a él le limpian los zapatos, las madres buscadoras se los ensucian rascando tierra para buscar a sus hijos, no cabe duda de que esto es una de muchas comparaciones, que refuerzan la imagen de un funcionario desconectado de la realidad, hinchado de arrogancia, mareado de poder, borracho de petulancia, junto a una patética respuesta de incompetencia a las exigencias del cargo.

Ya no le alcanza el escueto discurso con el que se presentó originalmente de defensor de pueblos originarios, en realidad su trayectoria en el Instituto nacional de los pueblos indígenas, estuvo más bien marcada por ser operador a favor del Estado en proyectos donde él hizo la labor de subordinar a los pueblos indígenas, ante los proyectos que le cuestionaron las comunidades, por los

altos niveles de afectación a su entorno ecológico y a su modo de vida y que en realidad tuvo un móvil en la persona del ahora, ministro presidente, de su ambición de poder por encima de sus causas originales.

Por desgracia, son apenas algunas de las primeras consecuencias de tener un arrogante presidente de la suprema corte que llega al poder mediante un voto inducido por un acordeón preparado por el oficialismo, que se siente exento del escrutinio de las formas tradicionales, de respeto y de equidad.

El ministro sólo refleja una conducta de subordinación al oficialismo que se manifiesta tanto en la validación de su origen, como en la simbología de su gestión.

Su relación con el poder ejecutivo y legislativo es una alianza política, pero sobre todo una integración orgánica al proyecto de la llamada cuarta transformación; existe vínculo de deuda moral con el partido que impulsó la reforma, su victoria fue celebrada por la diligencia de morena como un triunfo propio, y se le ha visto en reuniones a puerta cerrada con los líderes oficialistas como Ricardo Monreal. No parece importarle que esto rompa la barrera de la sana distancia necesaria para la independencia judicial.

El ministro utiliza frecuentemente la retórica del ejecutivo para legitimar su posición en sus discursos oficiales, adoptado conceptos como el humanismo mexicano y la justicia social, que, si bien son términos centrales de la narrativa de la presidenta de México, son conceptos vacíos, y en el menos malo de los casos ideologizados por ese formato de socialismo trasnochado que caracteriza el oficialismo.

Su propuesta de cambiar la toga tradicional por vestimentas indígenas es una herramienta de ingeniería social, que contribuye a desmantelar la simbología del viejo régimen judicial, alineándose con el propósito del oficialismo de revolucionar las instituciones.

La paradoja de la autonomía proviene de su insistente condición de qué no habrá confrontación con el gobierno; en política, la no confrontación con el poder ejecutivo fuerte, a menudo se interpreta como una sumisión preventiva al prometer un diálogo sin rupturas, enviar la señal de qué la corte no será el contrapeso que detenga las reformas clave del oficialismo.

Ese polémico video que quedará para la posteridad de la limpieza de sus zapatos ya logró que actores del partido morena salieran a cerrar filas

en su defensa, es decir, esta protección partidista genera la percepción de que el ministro es un activo político del sistema actual, más que una autoridad independiente. El oficialismo lo defiende porque su caída sería un golpe al éxito de la reforma judicial.

Foto: Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Aguilar Ortiz actúa como un ministro de Estado, más que como la cabeza de un poder independiente, su subordinación es estratégica, utiliza su identidad y su legitimidad electoral para aplanar el camino jurídico de la administración actual, y con ello reduce la fricción entre la constitución y las metas del oficialismo. Lamentablemente.

Foto: aiplay.mx

La realidad contra los datos oficiales

EN LOS ÚLTIMOS MESES DEL AÑO 2025 HAN AUMENTADO LOS SIGNOS DE VIOLENCIA Y LAS MASACRES POR TODO EL PAÍS, INCLUYENDO A LA CIUDAD DE MÉXICO, CADA VEZ MÁS AFECTADA POR LA DELINCUENCIA, LOS ASESINATOS Y LOS DESAPARECIDOS Y NO SE TRATA DE SIMPLES “PERCEPCIONES” COMO QUIERE HACER CREER LA JEFA DE GOBIERNO.

Muchos casos que deberían causar una indignación social y unreconocimiento oficial de la gravedad en que estamos viviendo, solo pasan de ser la noticia de unos días a la indolencia gubernamental de siempre que todo lo arregla con frases como “ya se está investigando”, “ya se abrió una carpeta” y nunca llegan las acciones de la justicia.

Los casos más graves como las masacres inhumanas de jóvenes junto a una parroquia, de niños, mujeres y adolescentes en campos de futbol o en distintos lugares públicos, de turistas que pasean tranquilamente, o las desapariciones como la de los 10 mineros en Sinaloa, apenas si merecen un comentario de la señora presidente en sus conferencias matutinas, obligada por alguna pregunta incómoda de los auténticos periodistas que asisten a estos eventos de propaganda política y de propagación de mentiras todos los días.

Como muestra “un botón”: En un reciente informe por parte del Gabinete de seguridad del gobierno afirmaron que en el último año ha bajado el promedio de los asesinatos dolosos de 87 diarios a 50 y que se han detenido más de 43 mil delincuentes.

Pero no han informado que los desparecidos son más de 33 diarios, muchos de los cuales son asesinados y solo tiempo después encontrados sus restos como lo ha documentado recientemente la organización ciudadana Causa en Común, y lo constatan las madres buscadoras, con lo que volvemos prácticamente a la misma cifra de asesinatos.

Por otra parte, en el Sistema Penitenciario del país había un poco más de 233 mil presos en 2024 y en 2025 son un poco más de 236 mil, ¿dónde habrán puesto a los otros 40 mil delincuentes que dicen haber atrapado en el último año?

Las cifras oficiales no concuerdan con la realidad y hoy ya no tenemos los organismos autónomos que controlen la actuación y los informes de la autoridad, todos fueron abusivamente desaparecidos desde el sexenio pasado.

No podemos normalizar la violencia y convertirnos en una sociedad y un gobierno insensible ante la tragedia cotidiana. Debemos seguir levantando la voz para que se acabe el contubernio entre la delincuencia y los actuales gobernantes como ha quedado de manifiesto en el escandaloso caso del coordinador de un grupo parlamentario en el Senado de la República y, desafortunadamente, en muchos municipios como recientemente salió a la luz pública en Tequila, Jalisco. Es cierto que todos tenemos una responsabilidad para construir una sociedad en paz, como se afirmó en el segundo Diálogo por la Paz realizado en Guadalajara: las familias, las escuelas y universidades, los empresarios, los sindicatos, la Iglesia misma, pero la principal responsabilidad del Estado es garantizar la seguridad de sus ciudadanos, si no, no hay Estado.

Ilusos...

ILUSO: PROPENSO A ILUSIONARSE CON DEMASIADA FACILIDAD O SIN TOMAR EN CUENTA LA REALIDAD. (DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA)

Antonio Maza Pereda

Hemos tenido en las últimas semanas mucha diversión para los usuarios de las redes sociales. Temas como el libro “Ni Venganza ni Perdón”, donde se retratan conflictos internos

de la 4T. También nos informaron de importantes funcionarios, atrincherados uno en el Centro de Investigación y Docencia Económica, el otro en la Secretaría de Educación Pública, negándose a aceptar que han sido despedidos.

Imagen: paralelo-23.com

Y esto, además de los cambios y reubicaciones de servidores públicos de muy alto nivel, en las semanas pasadas. Los medios han tenido mucho trabajo para comentar estos asuntos. Se dice que son las típicas patadas bajo la mesa, que ya no están siendo tan ocultas como eran. Y algunos de la oposición están contentísimos. Muy ilusionados. Los comentaristas están haciendo un festín de toda esta información. Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, dicen algunos, se está empoderando. Otros están hablando de una guerra civil dentro de la 4T y predicen una implosión a corto plazo. Además de otros asuntos, como por ejemplo las presiones de tipo político y económico de parte del señor Donald Trump y los problemas que tiene la 4T con sus partidos aliados a propósito de la Reforma Electoral.

¿Será cierto? Supongamos que sea así. ¿Quiere decir que en automático va a cambiar la situación en nuestro país? ¿Que la oposición ganará sin tener una propuesta clara? ¿Sin tener un programa para ganar las elecciones intermedias y las del año 2030? La realidad es que estamos viviendo un sistema de gobierno, que es el autoritarismo. Un sistema que tiene por lo menos 500 años, o pudieran ser hasta 700 de antigüedad. Han cambiado las formas, tal vez la ideología, pero no el modo de gobernar. Agréguele usted uno de los parámetros de los fundamentos del autoritarismo, el hecho de que a las personas se les coloca en sus puestos exigiendo un 90 % de lealtad y un 10 % de capacidad. Como ocurrió desde la Colonia hasta nuestros días. Nada nuevo.

Hace casi un siglo, Manuel Gómez Morín, fundador del Partido Acción Nacional, y un intelectual considerado entre los más valiosos en el país, en su época, tuvo un dicho que resulta muy interesante y que se aplica a nuestra situación actual. Él decía: “Que no haya ilusos para que no haya desilusionados”. ¿A qué se refería? Hablaba de una situación parecida a la que estamos viviendo ahora. Hay muchas personas que se hacen ilusiones de un cambio sin esfuerzo, simplemente porque cambien las situaciones en el exterior o porque el gobierno actual se autodestruya. Y eso se presta, por supuesto, a grandes desengaños.

El fondo del asunto es que necesitamos responsabilidad ciudadana. Los ciudadanos, sobre todo aquellos sin partido, debemos tener una visión clara de lo que está ocurriendo. Necesitamos saber de política, entender las consecuencias de las decisiones de Estado, debatir, buscar propuestas, encontrar posibilidades, cada cual desde su lugar, todos en la medida de sus capacidades. Eso es lo que realmente nos está haciendo falta. Mientras no veamos una reacción vigorosa de la ciudadanía, tratando de desarrollarse, de formarse, de informarse, de opinar y de debatir los hechos que ocurren dentro del gobierno, como los de los últimos días, esas situaciones seguirán sirviendo para divertir a muchos y para ilusionar a otros.

Custodiar voces y rostros humanos

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA LX JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Queridos hermanos y hermanas:

El rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos, de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro. Los antiguos lo sabían bien. Así, para definir a la persona humana, los antiguos griegos utilizaron la palabra “rostro” (prósōpon), que etimológicamente indica aquello que está a la vista, el lugar de la presencia y de la relación. El término latino persona (de per-sonare) incluye en cambio el sonido; no un sonido cualquiera, sino la voz inconfundible de alguien.

El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido. Palabra que resonó primero a través de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— la hemos podido escuchar y ver directamente (cf. 1 Jn 1,1-3), porque se dio a conocer en la voz y en el rostro de Jesús, Hijo de Dios. Desde el momento de su creación, Dios ha querido al hombre como su interlocutor

y, como dice san Gregorio de Nisa, [1] ha impreso en su rostro un reflejo del amor divino, para que pueda vivir plenamente la propia humanidad mediante el amor. Por tanto, custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitable que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás.

La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.

El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros

y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos.

No renunciar al pensamiento proprio.

Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.

A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como “amiga” omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo. Todo esto puede

Imagen: vaticannews.va

desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.

En los últimos años, los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Gran parte de la industria creativa humana corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor. Mientras que las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas.

La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con

los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.

Ser o fingir: simulación de las relaciones y de la realidad

A medida que nos desplazamos por nuestros flujos de información (feeds), cada vez es más difícil saber si estamos interactuando con otros seres humanos o con “bots” o “influencers” virtuales. Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y en las decisiones de las personas. En particular, los chatbots basados en grandes modelos lingüísticos (LLM), se están demostrando ser sorprendentemente eficaces en la persuasión oculta, mediante una optimización continua de la interacción personalizada. La estructura dialógica y adaptativa, mimética, de estos modelos lingüísticos es capaz de imitar los sentimientos humanos y simular así una relación. Esta antropomorfización, que puede resultar incluso divertida, es al mismo tiempo engañosa, sobre todo para las personas más vulnerables. Porque los chatbots excesivamente “afectuosos”, además de estar siempre presentes y disponibles, pueden convertirse en arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales y, de este modo, invadir y ocupar la esfera de la intimidad de las personas.

La tecnología que se aprovecha de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino que también puede dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. Esto ocurre cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA

entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, por lo tanto, para construir a nuestro alrededor un mundo de espejos, donde todo está hecho “a nuestra imagen y semejanza”. De este modo, nos privamos de la posibilidad de encontrar al otro, que siempre es diferente a nosotros y con el que podemos y debemos aprender a relacionarnos. Sin la aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.

Otro gran desafío que plantean estos sistemas emergentes es el de la parcialidad (en inglés: bias), que lleva a adquirir y transmitir una percepción alterada de la realidad. Los modelos de la IA están moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen y, a su vez, pueden imponer formas de pensar que replican los estereotipos y prejuicios presentes en los datos de los que se nutren. La falta de transparencia en el diseño de los algoritmos, junto con la representación social inadecuada de los datos, tiende a mantenernos atrapados en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades y las injusticias sociales existentes.

El riesgo es grande. El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de “realidades” paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces. Estamos inmersos en una multidimensionalidad, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.

A esto se suma el problema de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimiento nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces

son auténticas “alucinaciones”. La falta de verificación de las fuentes, junto con la crisis del periodismo de campo, que implica un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.

Una posible alianza

Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, hay solo un puñado de empresas, aquellas cuyos fundadores han sido recientemente presentados como los creadores de la “persona del año 2025”, es decir, los arquitectos de la inteligencia artificial. Esto suscita una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia— a menudo sin que nos demos cuenta realmente.

El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.

Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

En primer lugar, la responsabilidad. Según las funciones, esta puede traducirse en honestidad, transparencia,

valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.

Para quienes están en la cúspide de las plataformas online esto significa asegurarse de que las propias estrategias empresariales no estén guiadas por el único criterio del máximo beneficio, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común del mismo modo que cada uno de ellos se preocupa por el bienestar de sus hijos.

A los creadores y programadores de modelos de la IA se les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios.

La misma responsabilidad se exige también a los legisladores nacionales y a las entidades reguladoras supranacionales, a quienes compete vigilar sobre el respeto de la dignidad humana. Una reglamentación adecuada puede proteger a las personas, de crear vínculos emocionales con los chatbots y contener la difusión de contenidos falsos, manipuladores o confusos, preservando la integridad de la información frente a una simulación engañosa de la misma.

Las agencias de noticias y los medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. La confianza del público se gana con precisión y

transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación. Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad.

Todos estamos llamados a cooperar. Ningún sector puede afrontar por sí solo el desafío de guiar la innovación digital y la forma de gobernar la IA. Es necesario, por tanto, crear mecanismos de protección. Todas las partes interesadas —desde la industria tecnológica a los legisladores, desde las empresas creativas al mundo académico, desde los artistas a los periodistas y a los educadores— deben implicarse en construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable.

A esto mira la educación: a aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; a permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.

Precisamente por esto es cada vez más urgente introducir en los sistemas educativos de cada nivel

también la alfabetización en los medios de comunicación, en los medios de información y en la IA, que algunas instituciones civiles ya están promoviendo. Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu. Esta alfabetización también debería integrarse en iniciativas más amplias de educación permanente, llegando también a las personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, que a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos.

La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes —que podrían ser imprecisas o erróneas— proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. Es importante educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen (foto y audio), el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamientos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento. Al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades,

la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA, cuáles son los mecanismos que determinan la aparición de determinados contenidos en nuestros flujos de información (feeds), cuáles son y cómo pueden cambiar los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA.

Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.

Al proponer estas reflexiones, agradezco a quienes están trabajando por los fines aquí expuestos y bendigo de corazón a todos los que trabajan por el bien común con los medios de comunicación.

Vaticano, 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales.

LEÓN XIV PP.

[1] “El hecho de ser creados a imagen de Dios significa que, al hombre, desde el momento de su creación, le ha sido impreso un carácter real [...]. Dios es amor y fuente de amor; el divino Creador también ha puesto este rasgo en nuestro rostro, para que mediante el amor — reflejo del amor divino— el ser humano reconozca y manifieste la dignidad de su naturaleza y la semejanza con su Creador” (cf. S. Gregorio de Nisa, La creación del hombre: PG 44, 137).

100 años de la Guerra Cristera

LA FE SIGUE SIENDO VISTA CON SOSPECHA EN CIERTOS DISCURSOS OFICIALES; SE TOLERA EN LO PRIVADO

En este 2026 se cumplen 100 años del inicio de uno de los episodios más dramáticos de la historia moderna de México: la Guerra Cristera. Entre 1926 y 1929, amplias regiones del país se vieron envueltas en un conflicto armado que ocasionó alrededor de 300 mil muertos, y cuyo origen inmediato fue la reglamentación legislativa de las disposiciones anticlericales de la Constitución de 1917, llevadas a su máxima dureza durante el gobierno de Plutarco Elías Calles.

La llamada “Ley Calles” criminalizó la vida religiosa cotidiana: cerró templos, prohibió el culto público, persiguió a sacerdotes, limitó derechos civiles por motivos de fe y convirtió al Estado en árbitro de la conciencia. Para millones de mexicanos, aquello fue una agresión directa a su identidad, a su comunidad y a su derecho a creer.

Los cristeros, en su mayoría humildes campesinos, no se alzaron para imponer una teocracia ni para derrocar al régimen republicano, sino para defender el derecho a vivir su fe sin ser perseguidos. “¡Viva Cristo Rey!” era su grito de guerra, dejando claro que el Estado no podía imperar sobre su conciencia. El carácter popular del movimiento, su arraigo comunitario y la brutalidad de la represión explican tanto su expansión como su persistencia. La guerra terminó formalmente en 1929 mediante arreglos que pusieron fin a las hostilidades abiertas, aunque no resolvieron de fondo el problema.

Durante años, la paz fue precaria y la tolerancia religiosa, condicionada. No sería sino hasta décadas después, con reformas constitucionales y una nueva relación entre Iglesia y Estado, que México avanzaría hacia un marco más cercano a la libertad religiosa.

A un siglo de distancia, sin embargo, persisten pendientes relevantes. En la práctica, la fe sigue siendo vista con sospecha en ciertos discursos oficiales; se tolera en lo privado, pero se cuestiona cuando busca expresarse en el espacio público. La objeción de conciencia enfrenta resistencias administrativas; la participación de comunidades religiosas en tareas sociales es a veces marginada por prejuicios ideológicos; y la laicidad, que debería ser garantía de pluralidad, con frecuencia se confunde con un laicismo excluyente que pretende expulsar lo religioso de la vida cívica.

En un país marcado por la violencia y la fragmentación social, las comunidades religiosas cumplen funciones de cohesión, mediación y reconstrucción del tejido social que el Estado no siempre alcanza. Ignorar o minimizar ese papel no sólo es injusto, sino políticamente miope.

Recordar la guerra cristera a cien años es un acto de memoria democrática para reconocer que hubo mexicanos que murieron por una causa legítima: la libertad religiosa. En tiempos en los que las libertades se erosionan, la Cristiada sigue recordándonos que la paz verdadera sólo es posible cuando el Estado respeta, de manera plena, la dignidad y la conciencia de sus ciudadanos.

La inculturación no equivale a una sacralización de las culturas ni una acomodación relativista

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV AL CONGRESO TEOLÓGICO PASTORAL

SOBRE EL ACONTECIMIENTO GUADALUPANO

Queridos hermanos y hermanas:

Los saludo cordialmente y agradezco su trabajo de reflexión en torno al signo de perfecta inculturación que, en Santa María de Guadalupe, el Señor quiso regalar a su pueblo. Al reflexionar sobre la inculturación del Evangelio, conviene reconocer el modo mediante el cual Dios mismo se ha manifestado y nos ha ofrecido la salvación.

Él ha querido revelarse no como un ente abstracto ni como una verdad impuesta desde fuera, sino entrando progresivamente en la historia y dialogando con la libertad del hombre. «Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras» (Hb 1,1), Dios se reveló plenamente en Jesucristo, en quien no sólo comunica un mensaje, sino que se comunica Él mismo; por eso, como enseña san Juan de la Cruz, después de Cristo no queda otra palabra por esperar, no hay nada más que decir, pues todo ha sido dicho en Él (cf. Subida al Monte Carmelo, II, 22, 3-5). Evangelizar consiste, ante todo, en hacer presente y accesible a

Jesucristo. Toda acción de la Iglesia debe buscar introducir al ser humano en una relación viva con Él, que ilumina la existencia, interpela la libertad y abre a un camino de conversión, disponiendo a acoger el don de la fe como respuesta al Amor que da sentido y sostiene la vida en todas sus dimensiones. Sin embargo, el anuncio de la Buena Nueva acontece siempre dentro de una experiencia concreta. Tener eso en cuenta es reconocer e imitar la lógica del misterio de la Encarnación, por el cual Cristo «se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14), asumiendo nuestra condición humana, con todo lo que ella comporta en su configuración temporal. Se sigue entonces que no puede ignorarse la realidad cultural de quienes reciben el anuncio y se comprende que la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia. Como señaló san Pablo VI, el Evangelio —y, por consiguiente, la evangelización— no se identifica con ninguna cultura en particular, pero es capaz de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 20).

Inculturar el Evangelio es, desde esta convicción, seguir el mismo camino que Dios ha recorrido: entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural. Esto implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar.

Con todo, es necesario aclarar que la inculturación no equivale a una sacralización de las culturas ni a su adopción como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico, ni puede reducirse a una acomodación relativista o a una adaptación superficial del mensaje cristiano, pues ninguna cultura, por valiosa que sea, puede identificarse sin más con la Revelación ni convertirse en criterio último de la fe. Legitimar todo lo culturalmente dado o justificar prácticas, visiones del mundo o estructuras que contradicen el Evangelio y la dignidad de la persona sería desconocer que toda cultura — como toda realidad humana— debe ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de Cristo. La inculturación es, más bien, un proceso exigente y purificador, mediante el cual el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume las semina Verbi presentes en las culturas, y al mismo tiempo purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los oscurece o los desfigura. Estas semillas del Verbo, como huellas de la acción previa del Espíritu, encuentran en Jesucristo su criterio de autenticidad y su plenitud.

Desde esta perspectiva, Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica. En ella no se canoniza una cultura ni se absolutizan sus categorías, pero tampoco se las ignora o se las desprecia: son asumidas, purificadas y transfiguradas para convertirse en un lugar de encuentro con Cristo. La Morenita manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre. En la tilma, entre rosas pintadas, la Buena Noticia entra en el mundo simbólico de un pueblo y hace visible su cercanía, ofreciendo su novedad sin violencia ni coacción. Así, lo sucedido en el Tepeyac no se presenta como una teoría ni como una táctica, sino como un criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora.

Hoy, en muchas regiones del continente americano y del mundo, la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta, particularmente en los grandes centros urbanos y en sociedades plurales, marcadas por visiones del hombre y de la vida que tienden a relegar a Dios al ámbito de lo privado o a prescindir de Él. En este contexto, fortalecer los procesos pastorales exige una inculturación capaz de dialogar con estas realidades culturales y antropológicas complejas, sin asumirlas acríticamente, de modo que suscite una fe adulta y madura, sostenida en contextos exigentes y a menudo adversos.

Esto implica concebir la transmisión de la fe no como una repetición fragmentaria de contenidos ni como una preparación meramente funcional para los sacramentos, sino como un verdadero camino de discipulado, en el que la relación viva con Cristo forme creyentes capaces de discernir, de dar razón de su esperanza y de vivir el Evangelio con libertad y coherencia.

La catequesis se vuelve una prioridad irrenunciable para todos los pastores (cf. CELAM, Documento de Aparecida, 295-300). Está llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes.

En este Congreso, ustedes han querido redescubrir y comprender cómo difundir adecuadamente el contenido teológico del acontecimiento guadalupano y, por ende, del Evangelio mismo. Que el ejemplo y la intercesión de tantos santos evangelizadores y pastores que se enfrentaron a ese mismo desafío en su tiempo —Toribio de Mogrovejo, Junípero

Serra, Sebastián de Aparicio, Mamá Antula, José de Anchieta, Juan de Palafox, Pedro de San José de Betancur, Roque González, Mariana de Jesús, Francisco Solano, entre tantos otros— les concedan

luz y fortaleza para proseguir el anuncio hoy. Y que Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización, acompañe e inspire cada iniciativa rumbo a los 500 años de su aparición. De corazón les imparto la Bendición.

LEÓN PP. XIV

Un amor que trasciende: de la aceptación personal al bien común

FEBRERO ES MUCHO MÁS QUE PUBLICIDAD ROSA Y GLOBOS DE CORAZONES. ES EL MES DONDE CELEBRAMOS EL AMOR: DESDE EL CARIÑO A NUESTROS FAMILIARES Y AMIGOS HASTA

EL ORGULLO POR NUESTRA BANDERA, QUE, POR CIERTO, ¡ES UNA DE LAS MÁS BONITAS DEL MUNDO!

Josué Herrera

Sin olvidar el origen y verdadero fin del día de San Valentín, considerado el patrono de los enamorados, San Valentín arriesgó su vida para casar cristianamente a las parejas en tiempos de persecución. Su compromiso por defender el matrimonio nos inspira a elevar el amor humano a las alturas del amor divino para el cual fuimos creados, recuperando ese sentido trascendente del amor.

Para recuperar este sentido trascendente del amor, es importante reenfocar, primero, el amor propio, (autocuidado y bienestar). Es momento de reflexionar sobre el amor a uno mismo, antes del amor a los demás y por lo tanto a la patria. No podemos dar lo que no tenemos; esta coincidencia de fechas en el mes de febrero, es una oportunidad para conectar con uno mismo, con la pareja, con la familia y las amistades, pero también con la nación y el amor por la tierra que nos vio nacer.

Este crecimiento del amor propio hasta el amor a la patria debe ser un proceso de expansión de la aceptación individual al valor de la comunidad, de la sociedad, manifestado en el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad. Este crecimiento es reconocerse como parte de algo más grande, olvidar el sentido individualista y sentirse parte de la comunidad de una casa común. Este amor a la patria se puede traducir en acciones concretas, como el respeto a las leyes, el cuidado de los recursos, del medio ambiente y sobre todo en una participación activa en la vida cívica, trabajando por la justicia y la paz, es decir, no ser ajenos o apáticos a los problemas que aquejan a la sociedad. Que, a ejemplo de San Valentín, nos comprometamos a cuidar y fomentar el amor verdadero y trascendente que se sella en el matrimonio; motivemos a los jóvenes para que no tengan miedo al amor para siempre y no solo de un momento. Que ese amor se fortalezca con la educación y el cuidado de los hijos y se refleje en una mejor sociedad, en una patria humana y generosa a la que entreguemos nuestra existencia como reza el juramento a la bandera, viviendo los principios de libertad y de justicia, que siga siendo símbolo de unidad de nuestros padres y hermanos, que siempre seamos fieles y trabajemos por una patria en donde se viven las libertades. El reto de este mes: No le tengas miedo al “ amor para siempre”. Como San Valentín, apostemos por un amor que trascienda, que construya familias fuertes y una sociedad más justa y libre.

Foto: freepik.es

El superpoder que te da escribir a mano

EN UN MUNDO DONDE LA VIDA SE MIDE EN LIKES, NOTIFICACIONES DE WHATSAPP Y TECLADOS TÁCTILES QUE COMPLETAN NUESTRAS FRASES ANTES DE QUE LAS TERMINEMOS DE PENSAR, ESTAMOS PERDIENDO ALGO MÁS QUE EL ESTILO DE LA CALIGRAFÍA: ESTAMOS PERDIENDO LA ARQUITECTURA DE NUESTRA MEMORIA.

Luz Tlāltikpakayotl

Recientes investigaciones en Japón — el país con la población más longeva del mundo— han puesto la lupa sobre un grupo particular de adultos mayores. Estos individuos, conocidos en círculos académicos como “SuperAgers”, desafían las leyes del tiempo. A sus 80 o 90 años, poseen una agudeza mental que envidiaría cualquier millennial saturado de dopamina digital. Tras años de estudios clínicos, resonancias magnéticas y seguimientos de hábitos, la ciencia ha encontrado un denominador común tan sencillo que parece revolucionario: escriben a mano todos los días.

La “Gimnasia” del Trazo:

Más allá del Papel

¿Por qué Japón? La cultura nipona siempre ha guardado un respeto sagrado por el Shodō (caligrafía). Sin embargo, el estudio no se limitó a artistas, sino a ciudadanos comunes. Los investigadores descubrieron que el acto de sostener un bolígrafo y deslizarlo sobre el papel no es una tarea pasiva. Es un ejercicio de alta intensidad para el cerebro.

A diferencia de teclear, donde cada letra es un movimiento idéntico (presionar una tecla plana), escribir a mano requiere una coordinación motora fina extremadamente compleja. Cada letra tiene una forma única que el cerebro debe planificar, ejecutar y supervisar en tiempo real.

Desde la perspectiva de la neurociencia, la escritura manual activa el sistema de activación reticular (SAR) del cerebro. El SAR actúa como un filtro para todo lo que el cerebro necesita procesar, dando prioridad a aquello en lo que nos estamos enfocando activamente. Al escribir, le estamos diciendo a nuestra mente: “Esto es importante, guárdalo”.

El Valor de la Lentitud en un México que Corre

Para los mexicanos, desde Tijuana hasta Mérida, la inmediatez es la norma. Vivimos en la cultura del copy-paste. Pero este atajo tiene un costo oculto: la erosión de nuestra capacidad de retención.

Es fundamental recordar constantemente la importancia de la ecología humana; esto incluye cuidar nuestro cuerpo y mente como herramientas para servir al bien común.

En México, donde la familia es el núcleo de la sociedad, ver a nuestros adultos mayores perder la memoria es una herida profunda. Pero este estudio japonés nos da una hoja de ruta: la prevención no está en una aplicación de “Brain Training”, sino en el cuaderno de la abuela.

“Cuando escribes a mano, el cerebro genera una huella motora en la memoria sensorial”, explica la Dra. Elena Ruiz, especialista en neuropsicología. “No solo estás recordando el dato, estás recordando el movimiento de tu mano

al crear ese dato. Es una memoria bidimensional: intelectual y física”.

Don Ricardo, un contador jubilado de 82 años de la Ciudad de México, es el vivo ejemplo de este estudio. Cada mañana, antes de que el ruido del tráfico invada la colonia Del Valle, se sienta con un café y una libreta de rayas.

“No escribo un diario de vida, eso me aburre”, rinde Don Ricardo con una sonrisa. “Escribo lo que escucho en las noticias, los nombres de mis nietos que viven fuera, o mis pendientes del mercado. Si no lo escribo con mi pluma fuente, siento que las ideas se las lleva el viento. Mi memoria es mi pluma”.

Como Ricardo, miles de mexicanos están redescubriendo que el papel es un aliado contra el olvido. Para las generaciones Centennials, esto podría parecer un retroceso, pero en realidad es una ventaja competitiva. Un estudiante que toma apuntes a mano procesa la información de manera más profunda que aquel que graba la clase o toma fotos de las diapositivas.

La Ciencia lo Confirma:

Teclear vs. Escribir Un estudio complementario de la Universidad de Princeton demostró que los estudiantes que toman notas a mano tienen una comprensión conceptual mucho mayor. Quienes usan laptops tienden a transcribir las palabras de forma literal, sin procesar su significado. En cambio, quien escribe a mano se ve obligado a resumir, parafrasear y sintetizar, porque no puede escribir tan rápido como se habla. Ese proceso de síntesis es el momento exacto donde ocurre el aprendizaje.

Un Acto de Solidaridad Intergeneracional

En México, rescatar la escritura manual es también un acto de respeto a nuestra historia. Somos un pueblo de poetas, de cronistas y de familias que guardan recetas escritas en servilletas amarillentas. Rescatar este hábito es honrar los valores de esfuerzo y atención que nos definen. No se trata de abandonar la tecnología —que es una herramienta maravillosa para la legalidad, la transparencia y la conectividad— sino de no dejar que la herramienta nos use a nosotros. La libertad humana radica en la capacidad de decidir cómo queremos moldear nuestra propia conciencia.

Propuesta:

El Reto de los 15 Minutos

La invitación para los jóvenes de hoy no es que tiren su smartphone, sino que recuperen su pluma. Integrar 15 minutos de escritura manual al día puede ser la diferencia entre una vejez lúcida o el descenso hacia el deterioro cognitivo.

1. Gratitud: Escribir tres cosas por las que estás agradecido cada mañana.

2. Planificación: Diseñar tu día en papel, no en una app de calendario.

3. Reflexión: Escribir una idea o pensamiento que te haya impactado en el día.

La memoria no se conserva por azar. Es el resultado de un compromiso diario con nuestra propia humanidad. Japón nos ha dado la evidencia; México tiene el corazón y la tradición para ponerla en práctica. Al final del día, lo que queda escrito a mano tiene un peso que los bits y los bytes nunca podrán igualar. Es la huella de nuestro paso por el mundo, grabada directamente desde el cerebro hasta la punta de los dedos.

Gabriel Zaid y el drama de la cultura católica

EN UNA ÉPOCA MARCADA POR LAS IDEOLOGÍAS OMNICOMPRENSIVAS, GABRIEL ZAID SE ALZA COMO UNA FIGURA SINGULAR: CATÓLICO Y MODERNO. SU OBRA NO SOLO CARTOGRAFÍA LAS ZONAS OLVIDADAS DE NUESTRA TRADICIÓN LITERARIA, SINO QUE TAMBIÉN OFRECE UN DIAGNÓSTICO PUNZANTE SOBRE LA FRACTURA HISTÓRICA QUE IMPIDE A MÉXICO, UNA NACIÓN CATÓLICA POR FUNDACIÓN, VIVIR OFICIALMENTE CON UNA CULTURA CATÓLICA.

Desde la filosofía personalista y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), el análisis de Zaid no es meramente literario, sino profundamente sociológico y ético, revelando cómo la exclusión y la marginación de la fe en la esfera pública constituyen una violación directa de la Dignidad Humana y del principio de Subsidiariedad, pilares esenciales para la construcción del Bien Común.

Semblanza de un crítico excéntrico: católico y laico

La figura de Gabriel Zaid es la de un crítico extraño. En el seno del influyente grupo de intelectuales que animó revistas como Plural y Vuelta, Zaid ocupó una posición excéntrica por ser el único católico entre agnósticos y descreídos. Esta dualidad, que se define como un creyente que se afirma como laico frente a la catolicidad y un ciudadano que sostiene sus creencias católicas entre la civilidad, lo convirtió en un humanista católico de nuevo tipo.

Zaid es, ante todo, un demócrata antes que un liberal. No se interesa por tradiciones políticas vastas, sino por el diseño de ideales comunidades ciudadanas. Su proyecto intelectual, que puede ser asociado a un anarquismo conservador, se enfoca en la necesidad utópica de construir la ciudad de Dios a través de la tarea cotidiana, basada en el rediseño permanente de la humanidad de las leyes (Legum humanitas).

Su método de crítica resulta tan sorprendente como eficaz: se aleja de la academia y de los esencialismos, presentándose como una suerte de moralista práctico. Su mecanismo consiste en descomponer una realidad compleja en sus partes, despojarla de

su prestigio ideológico o metafísico, y revelarla a la luz del sentido común o la reducción al absurdo. Aplicó este método tanto para analizar una antología poética como para criticar la impostura moral de las élites políticas en Centroamérica, o la superstición del progreso improductivo que la clase universitaria ofrecía como panacea. De hecho, Zaid censuró tanto el progreso improductivo como las fantasías universitarias, reivindicando una visión utilitaria de la literatura donde la inspiración y el sentido común cooperan teologalmente.

Esta vocación de sacar a las humanidades de los claustros académicos y de las torres de marfil es una estrategia de ocultamiento más epicúrea que cristiana, fiel a la andadura del estudiante medieval, un gesto que Chamfort consideraría la más tolerable de las vanidades: la falsa modestia. Zaid demostró que el catolicismo podía coexistir con la modernidad. Su visión se nutre de un optimismo evangélico que ve el espíritu reaccionario en todo milenarismo, provenga este de la derecha o de la izquierda.

Su obra, notablemente Tres poetas católicos (1997), es una pieza fundamental en la resurrección literaria de la cultura católica, al demostrar que esta tradición se encontraba prefigurada y trunca en figuras como Ramón López Velarde (en la política revolucionaria), Carlos Pellicer (en la poesía moderna) y el Padre Manuel Ponce (en el púlpito). Zaid rompe con la «tolerancia mustia» con que el México moderno había condescendido al catolicismo de López Velarde o a la inocente alegría franciscana de Pellicer, presentando al zacatecano como la figura del intelectual católico que el México moderno había echado en falta.

La muerte y resurrección: un diagnóstico de la subsidiariedad violada

El punto de partida más incisivo para comprender el drama cultural de México es el ensayo liminar de Zaid, Muerte y resurrección de la cultura católica. En este texto, publicado en 1989, Zaid confronta a un mutante de dos cabezas autófagas: el jacobinismo y el clericalismo. México, nación católica fundada en un convenio religioso (parénesis), vivió oficialmente sin cultura católica a causa de la victoria del jacobinismo.

El jacobinismo, vencedor de la Reforma y «verdugo» durante la Guerra Cristera, relegó a la cultura católica a sus extremos más lejanos: la procesión y el seminario. Esta acción estatal, violenta y arbitraria, le buscó arrancar la cabeza, intentando eliminar la fe de la esfera pública al confinarla estrictamente al ámbito privado. El clericalismo, por su parte, derrotado y humillado, se ocultó tras la mitra o buscó refugio en nuevos milenarismos, como la teología de la liberación.

Las consecuencias fueron «nefastas»: en lugar de obtener una anatomía de la espiritualidad mexicana, se produjo una teratología o monstruosidad cultural. El problema fundamental no fue la muerte de la cultura católica, sino su marginación y el truncamiento de su capacidad para el diálogo público.

La excomulgadora excomulgada y el estado invasivo

La DSI ofrece el marco conceptual para comprender la profundidad de este trauma. El conflicto histórico expuesto por Zaid es un ejemplo dramático de la violación del Principio de Subsidiariedad.

Según la DSI, el Estado es una realidad necesaria pero instrumental, cuyo fin supremo es la promoción y tutela del Bien Común. La Subsidiariedad exige que el Estado actúe como ayuda y apoyo, pero nunca debe suplantar la iniciativa y la responsabilidad de los cuerpos intermedios.

El jacobinismo actuó precisamente como ese Estado excesivamente invasivo que la DSI condena. Al buscar la supresión y marginación de la cultura católica de la esfera pública, el jacobinismo no solo oprimió a la Iglesia, sino que debilitó a la sociedad civil. La cultura católica se convirtió en la «excomulgadora excomulgada», forzada a ser silenciosa, bilingüe y bicultural, dominante en el país, pero marginal en la metrópoli moderna. Esta supresión violenta impidió que la cultura católica, pudiera ejercer su función social y su voz moral en el debate público. La DSI, por el contrario, nos recuerda que el pluralismo social y la autonomía de las expresiones de la libre sociabilidad humana son indispensables para una democracia saludable.

La resurrección cultural y la dsi: hacia el bien común

El diagnóstico histórico de Zaid, que revela la tragedia de un Estado que se transforma en fuerza arbitraria, encuentra en la DSI el camino para la resurrección de la cultura.

El primer paso es reafirmar la naturaleza limitada del poder político. La DSI advierte que la autoridad, aunque legítima en su origen, debe ejercerse dentro de los límites de la ley moral objetiva; un Estado que ignora estos límites corre el riesgo de convertirse en una fuerza arbitraria o totalitaria.

El jacobinismo fue un ejemplo de totalitarismo visible, utilizando la fuerza

para confinar una cultura. Hoy, la amenaza más sutil es el totalitarismo encubierto del relativismo ético.

El relativismo, al negar las verdades objetivas sobre la dignidad humana, hace que la democracia sin valores se convierta fácilmente en un totalitarismo, donde las decisiones políticas quedan a merced del interés particular o del arbitrio del más fuerte.

La resurrección cultural que Zaid insinúa es la superación de esta dualidad impuesta por el Estado invasivo. Se trata de la necesidad de una democracia auténtica, que debe estar fundada en valores éticos sólidos que la recta razón puede reconocer, como la dignidad de la persona y la libertad religiosa.

El llamado al laico como agente de resurrección El compromiso político y social no debe limitarse a la sacristía, un confinamiento que el jacobinismo pretendió imponer. La DSI llama a

los fieles laicos a ser los agentes de esta resurrección, actuando con base en la filosofía personalista que prioriza la persona sobre cualquier estructura.

El papel crucial del laico es impregnar las estructuras y las leyes con los valores cristianos, contribuyendo a un orden social más justo y humano. Esto exige una triple virtud: competencia profesional, honestidad, y la valentía de testimoniar la verdad y defender los principios morales fundamentales, incluso cuando esto suponga ir a contracorriente.

La resurrección de la cultura católica no es un intento de clericalizar la política, sino una exigencia de la Subsidiariedad aplicada a la ética pública.

Si el Estado falló al intentar suprimir la libertad de asociación y la expresión cultural, la DSI nos provee del manual de ecología social para garantizar que la persona y los cuerpos intermedios sean la rica y diversa flora de la que se nutre el Bien Común.

Distante de mostrarse en público, Zaid es el que esconde su rostro detrás de la revista Plural en esta reunión presidida por Octavio Paz en 1975.

Foto: El Note

En el ámbito económico, Zaid prefiguró una crítica al progreso improductivo, la cual resuena con la DSI al denunciar el economicismo y el «dogma de fe neoliberal». La DSI establece la regla de oro: la primacía de la dimensión subjetiva del trabajo sobre la objetiva. El ser humano, como sujeto que trabaja, tiene prioridad sobre el capital y el producto. Cualquier sistema que lo reduzca a una mera mercancía es intrínsecamente injusto.

Conclusión: la nobleza de una inteligencia redentora

Gabriel Zaid, al ser el escoliasta de una tradición herida y amenazada, supo ser, más que sus poetas electivos, cabalmente católico y moderno. No buscó imponer un sistema, sino ofrecer soluciones prácticas a problemas complejos, aspirando a una «inmensa ingeniería social» que se expresa a través de su vocación erasmiana de probar que la gracia y el libre albedrío colaboran felizmente en la cotidiana divinidad de lo humano.

Al hablar desde la literatura, la única posición que garantizaba su libertad en el mundo contemporáneo, Zaid nos legó una concepción utilitaria de las letras que redime a una época de sus infamias a través de la nobleza de la inteligencia.

Su diagnóstico de la Muerte y resurrección de la cultura católica sigue siendo crucial. Nos alerta sobre el peligro de un Estado invasivo que sofoca la vitalidad social (jacobinismo) y nos insta a superar la teratología resultante. La DSI, por su parte, nos ofrece la brújula moral para esta superación, insistiendo en que la justicia solo se logra si el poder es guiado por la verdad sobre el ser humano (Bien Común) y limitado por el respeto a las iniciativas sociales (Subsidiariedad).

La resurrección de la cultura católica, por lo tanto, es el imperativo de nuestra época: que los principios morales inalienables irrumpan en la plaza pública, garantizando que el futuro de la sociedad se construya con la convicción de que la dignidad humana es el criterio supremo y que el compromiso laico es la vía para construir una vida auténticamente humana.

REFERENCIAS

Domínguez Michael, C. (2025). Gabriel Zaid: católico y moderno. Latin American Literature Today, (33). [1–23]. Zaid, G. (1989). Muerte y resurrección de la cultura católica. Vuelta, 13(156), 9–16. [25–56].

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