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Programa de mano · Turandot en vivo desde el MET de Nueva York

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Auditorio MATEO HERRERA

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Turandot

Ópera en tres actos de Giacomo Puccini, con libreto en italiano de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basado en la obra teatral homónima de Carlo Gozzi. Estreno mundial: Milán, Teatro alla Scala, 25 de abril de 1926. Estreno en el Met: 16 de noviembre de 1926. Estreno en México: Palacio de Bellas Artes, 8 de septiembre de 1960.

Duración : 3:20 h Actos I: 44 min Intermedio: 40 min Actos II: 45 min 2do Intermedio: 30 min Actos III: 40 min


Director orquestal Marco Armiliato

Liú Ermonela Jaho Soprano (Tirana, Albania)

Coreografía Chiang Ching

Calàf Younghoon Lee Tenor (Seúl, Corea del Sur) Timur Ferruccio Furlanetto Bajo (Sacile, Italia)

Diseño de escenografía Franco Zeffirelli

Diseño de vestuario Anna Anni y Dada Saligeri Diseño de iluminación Gil Wechsler

ELENCO

Turandot Liudmyla Monastyrska Soprano (Kiev, Ucrania)


Desde el Met A una década de su debut en el Met, la soprano Liudmyla Monastyrska encarna por primera vez a la gélida y seductora princesa Turandot. El tenor Yonghoon Lee representa al audaz príncipe decidido a conquistar el amor de la veleidosa monarca, junto a la soprano Michelle Bradley como la devota sirvienta Liù y al legendario bajo Ferruccio Furlanetto como el rey ciego Timur. Marco Armiliato dirige la orquesta, mientras que en el escenario se despliega la deslumbrante y siempre popular producción de Franco Zeffirelli.


Música Giacomo Puccini Libreto en italiano de Giuseppe Adami y Renato Simoni Turandot, odio y amor En 1921, Puccini inició con Renato Simoni y Giuseppe Adami la escritura de Turandot. La obra nació en inauditas condiciones de sufrimiento. Un cáncer de garganta mermaba las fuerzas del compositor, mas no su deseo de lograr que en esta obra —inspirada en una pieza teatral de Carlos Gozzi— el amor se impusiera al odio. Y si bien la historia de pasión, enigmas, resentimientos y fantasmas alentó al autor de Tosca en horas oscuras, éste sucumbió en Bruselas el 29 de noviembre de 1924, sin haber puesto punto final a su proyecto. Dos años después de la muerte de Puccini, Turandot fue estrenada en el Teatro alla Scala de Milán. Esa noche, desde el proscenio, luego del deceso del personaje de Liù, el célebre director de orquesta italiano Arturo Toscanini se dirigió al público y dijo: “El maestro Puccini escribió hasta aquí… y aquí termina la función”. Bajó el telón. Dos días más tarde se representó con la inclusión del dúo final que Puccini no pudo escribir. En aquella función, el papel titular fue interpretada por la soprano polaca Rosa Raisa —cuyo verdadero nombre era Raitza Burchstein—, el tenor aragonés Miguel Fleta dio vida a Calàf y la soprano italiana Maria Zamboni al de Liù.


La inconclusa Turandot fue terminada por Franco Alfano. Toscanini, a la postre director artístico de la Scala, encargó a Alfano —sobre unos apuntes dejados por Puccini— concluir el dúo final de la obra. Toscanini, en principio, rechazó dos versiones al joven compositor antes de aceptar la que ahora se conoce y la que forma parte de la ópera. Pero hay que señalar que el compositor italiano Luciano Berio hizo una nueva versión del dúo del tercer acto, que se estrenó en forma de concierto el 24 de enero de 2002 en el Festival de Música de Canarias, bajo la dirección de Riccardo Chailly. El estreno de Turandot en los Estados Unidos, en la Metropolitan Opera House, fue en 1926 y estuvo estelarizado por Maria Jeritza, Giacomo Lauri-Volpi y Martha Attwood, con Tullio Serafin en la batuta. Para Puccini, el proceso de composición resultó complicado como lo fueron casi todos los trabajos en los que rememoró eventos trágicos de su vida. En Turandot ronda el fantasma de Doria Manfredi, una joven de dieciséis años que trabajó en el servicio doméstico en casa de los Puccini y que injustamente fue señalada por Elvira Gemignani, esposa del compositor, como amante de éste, por lo que se suicidó en 1909 ante la presión y trascendencia que tomó aquel asunto. La autopsia reveló que Doria era virgen. La chica escapó de la vida en un instante de horror y Puccini la redimió en un símbolo, haciéndola llamar Liù, personaje que no existe en la obra de Gozzi. Esta ópera se estrenó en México en 1960, 34 años después de su estreno y desde entonces ha sido incorporada en diversas temporadas con importantes cantantes nacionales y extranjeros; baste mencionar los nombres de Lucille Udovick, Birgit Nilsson, Rosa Rimoch, Irma González, Hana Janku, Gilda Cruz-Romo y Eva Marton. Otras óperas basadas en este tema fueron escritas por Carl Blumenroeder, que la estrenó en Mónaco en 1810; Carlos Amadeo Reissiger en Dresde, en 1836; Johann Vesque von Püttlinger estrenó su Turandot prinzessin von skyros en Viena en 1839; Antonio Bazzini —que fue maestro de Puccini— con el título de Turanda, la presentó en 1864 en Milán, Teobaldo Rehbaum hizo lo propio en Berlín en 1888 y Ferruccio Busoni en Zúrich en 1917.

José Octavio Sosa


Acto I

Pekín, en un pasado mítico. Afuera del Palacio Imperial, un mandarín lee un edicto a la multitud: Cualquier príncipe que desee casarse con la princesa Turandot, deberá antes resolver tres acertijos. Si sus respuestas son erróneas, morirá. Su más reciente pretendiente, el príncipe de Persia, será ejecutado al salir la luna. Entre la muchedumbre se encuentra la esclava Liù, su viejo amo y el joven príncipe Calàf, que se enmascara en el anonimato y que reconoce al anciano como su padre perdido hace mucho, el derrotado Rey de Tartaria, Timur. Sólo Liù ha permanecido fiel a Calàf y cuando éste le pregunta la causa de esa devoción, ella responde que una vez, hace mucho tiempo, Calàf le sonrío. La multitud exige sangre, pero cuando la luna por fin aparece, se hace un repentino y atemorizante silencio. Mientras el príncipe de Persia camina hacia su muerte, el pueblo le suplica a la princesa que lo perdone. Turandot aparece en un balcón del palacio y sin emitir palabra alguna, ordena con un gesto que se lleve a cabo la ejecución. Subyugado por la belleza de la inalcanzable monarca y bajo las miradas aterradas de Liù y Timur, Calàf se propone hacerla suya. Llegan tres ministros de estado, Ping, Pang y Pong, que en vano intentan disuadirlo. Calàf reconforta a Liù y enseguida toca el gong que anuncia a los nuevos pretendientes.

En sus aposentos, Ping, Pang y Pong lamentan el sangriento reino de Turandot y esperan que el amor la conquiste para que así vuelva a imperar la paz. Los ministros sueñan con sus casas de campo, donde reina la tranquilidad, pero pronto regresan a la realidad por el ruido de la muchedumbre que se junta para asistir al desafío de los acertijos.

Acto II

En la sala del trono, el viejo emperador Altoum le pide a Calàf que reconsidere su participación, pero nadie logra disuadirlo. Turandot aparece y cuenta la historia de su hermosa antepasada, la princesa Lou-Ling, que fue secuestrada y asesinada por un príncipe extranjero. Como venganza, Turandot se ha vuelto contra todos los hombres y está decidida a no dejar que alguno la posea jamás. Las trompetas anuncian el comienzo de los acertijos. Turandot le hace la primera pregunta a Calàf: “¿Qué nace cada noche y muere cada amanecer?” Calàf contesta correctamente: “La esperanza.” Turandot continúa: “¿Qué parpadea, rojo y cálido como una llama, pero no lo es?” Calàf, tras reflexionar un momento, responde: “La sangre.” Estremecida, Turandot formula el tercer acertijo: “¿Qué parece hielo pero quema, y si por esclavo te acepta, te convierte en rey?” Un silencio pesado se hace sentir hasta que Calàf, triunfante, exclama: “¡Turandot!” La multitud se regocija y la princesa le ruega en vano a su padre que no la entregue al extraño. Con la esperanza de ganar su amor, Calàf le propone a Turandot otro desafío: si ella logra averiguar su nombre antes del amanecer, él ofrecerá su vida.


Por la noche, en los jardines imperiales se oye un anuncio: Bajo pena de muerte, nadie en Pekín debe dormir hasta que Turandot conozca el nombre del extranjero. El príncipe está seguro de su victoria, pero Ping, Pang y Pong tratan de sobornarlo para que huya de la ciudad. Mientras la multitud atemorizada lo amenaza para que revele su nombre, un comando apresa a Liù y Timur; el príncipe intenta convencer a todos de que ninguno de los dos conoce su identidad.

Acto III

Cuando aparece Turandot, ordenando a Timur que hable, Liù contesta que ella es la única que conoce el nombre del extranjero, pero que jamás lo revelará. Los soldados la torturan, pero ella no cede. Turandot admira su fortaleza y le pregunta de dónde saca la fuerza para resistir. Ella contesta que del amor. Cuando la tortura se hace más intensa, Liù le dice a Turandot que ella también conocerá las dichas del amor. Enseguida arrebata una daga a un soldado y se suicida. La multitud forma un cortejo fúnebre, y Timur acompaña el cuerpo de Liù. Turandot se queda sola para confrontar al príncipe desconocido quien, de forma impetuosa, la besa. Sintiendo emociones por primera vez, Turandot llora. El príncipe desconocido, sin saber aún si ha logrado conquistarla, le revela su identidad: “Yo soy Calàf, hijo de Timur”. Nuevamente frente al trono del emperador, Turandot declara que ya conoce el nombre del extraño: Su nombre: Amor.


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