COOPERATIVAS DE PRODUCCIÓN: LOS GIGANTES SILENCIOSOS DE LA ECONOMÍA
PARAGUAYA
Con crecimiento sostenido en patrimonio e ingresos, las cooperativas de producción consolidan su rol como motor del campo, la industria y las exportaciones, especialmente en el Chaco y la Región Oriental.
La historia económica del Paraguay no puede entenderse sin mirar el impacto silencioso, y a la vez gigantesco, de las cooperativas de producción. En vastas zonas del país, especialmente en el Chaco y parte de la Región Oriental, estas organizaciones se convirtieron en el motor que permitió organizar la producción, darle escala, industrializar y abrir mercados internacionales para sectores enteros.
Hoy, la cooperativización es sinónimo de desarrollo sostenido, formalización del campo y mayor competitividad para pequeños y medianos productores que, de forma individual, tendrían mínimas posibilidades de insertarse en un mercado cada vez más exigente.
Las cooperativas cambiaron la producción primaria y, además, con el tiempo se transformaron en plataformas de servicios, infraestructura, innovación y energía. En varias zonas del país, su presencia permitió construir caminos, acopios, industrias, plantas lácteas, frigoríficos, centros de distribución y redes eléctricas propias, generando un aporte considerable para la economía nacional. En ese sentido, desde el Instituto Nacional de Cooperativismo (Incoop) se detalla que, hasta 2024, el patrimonio neto de las cooperativas de producción tipo A en el país rondaba los US$ 1.094 millo-
nes, cuando en 2017 se encontraba en torno a los US$ 617 millones, mostrando así un crecimiento del 77% en solo siete años.
En cuanto a los ingresos del mencionado sector, en 2024 se registró casi US$ 4.000 millones, cuando en 2017 se había cerrado en US$ 2.172 millones, hablando así de un crecimiento en torno al 84%.
Modelo de éxito
El modelo de integración comunitaria es hoy uno de los pilares para explicar por qué el Chaco Central, históricamente aislado, pasó a ser una de las regiones con mayor dinamismo productivo del país. Para Orie Toews, Gerente General de la Región Oriental de la Cooperativa Chortitzer, la clave está en que la unión de productores permitió alcanzar una escala real de negociación y producción, algo imposible para un actor individual.
El caso de Chortitzer es un ejemplo emblemático de esa evolución. Con presencia industrial en los sectores cárnico, lácteo, de balanceados, granos y algodón, la cooperativa registra un crecimiento anual que se mueve entre el 5% y 10% en la última década, impulsado por avances tecnológicos, ampliación de fábricas, mejoras en eficiencia y una estrategia de expansión que acom-
paña el fortalecimiento del Chaco y las expectativas derivadas de la Ruta Bioceánica.
El rol agrícola
Dentro del rubro de alimentos, también se destaca el aporte de la Cooperativa Copronar, una entidad con fuerte enfoque productivo que, según explicó su Gerente Comercial, Silmar Primmaz, centra su actividad en la agricultura. Actualmente, la cooperativa fomenta y produce soja, maíz, canola, trigo, avena y sorgo, siendo los dos primeros los principales cultivos.
Esta diversificación no solo fortalece a los socios frente a los vaivenes del clima y del mercado, sino que consolida el rol histórico de las cooperativas como herramientas de organización y crecimiento económico en las zonas rurales. “Como cooperativa estamos acopiando entre 180.000 y 200.000 toneladas de producto de forma anual, entre los distintos cultivos. Vendemos tanto al mercado interno como a la exportación y hoy el volumen exportado ronda entre el 10% y el 15%”, detalló.
Potenciales de las cooperativas
El desarrollo de infraestructura eléctrica propia es otro capítulo clave para las cooperativas y, específicamente desde el Chaco paraguayo, a través de un contra-
to con la ANDE, se puede distribuir energía no solo a colonos sino a toda la región. En el caso de Chortitzer, el 45% de las conexiones corresponden a usuarios no socios, lo que convierte a la inversión energética en un aporte directo al bienestar general del Chaco Central y no solo de la base cooperativizada.
“La región tiene un déficit energético importante porque la oferta eléctrica no acompaña el desarrollo. Por eso pusimos en marcha dos parques solares de tres hectáreas cada uno y ahora construimos otro de cuatro hectáreas; en días de pleno sol generan entre 8,5 y 9 megavatios. Inyectar esa energía a nuestra red nos permite seguir con los proyectos industriales y productivos”, puntualizó Toews, dando a conocer otro de los potenciales de las cooperativas.
El modelo cooperativo también tiene una dimensión social y estratégica, permitiendo equilibrar la balanza productiva entre quienes tienen menos posibilidades individuales. Hoy, por ejemplo, cerca del 80% del sector lácteo nacional opera dentro de un esquema de cooperativas, lo que garantiza no solo volumen, sino previsibilidad para productores y mercados.
“Si yo solo produzco carne, leche o granos, no soy nadie para negociar. Pero si 100 productores juntamos 100 kilos cada uno, ya tenemos 10.000 kilos para comercializar. Esa es la esencia de la cooperativa, unir volúmenes y objetivos. En 10 a 20 años vamos a ver cooperativas aún más fortalecidas, dinamizadas y contribuyendo a la formalización del campo,”, señaló Toews. Hoy, el modelo cooperativo paraguayo es citado como ejemplo de integración productiva, eficiencia empresarial y desarrollo comunitario, demostrando que las cooperativas no solo distribuyen riqueza, sino que construyen regiones enteras.


